UNIVERSIDAD SANTIAGO DE CALI - USC
PRESENTADO POR: GUSTAVO ANDRÉS TORRES VARGAS
PRESENTADO A: ANDRÉS ROSLER
¡BASTA YA! COLOMBIA: MEMORIA DE GUERRA Y DIGNIDAD
Difícil creerlo, pero a duras penar el Tribunal de Justicia Especial para la Paz ha dado
estatus de crímenes de lesa humanidad a las aproximadamente 300.000 víctimas de
entre otros crímenes, a más 220.000 muertes ocurridas entre enero 01 de 1958 y
diciembre 31 de 2012 y a pesar de tantos decesos, se da reconocimiento a victimas solo
desde 1985. 11.238 víctimas documentadas entre 1958 y 1984 excluidas de los registros
legales y 166.069 civiles registrados como muertes atribuibles al conflicto armado
colombiano desde 1985, lo que nos deja un triste saldo de 81.5% muertes civiles y 18.5% 1
de muertes que corresponde a combatientes, lo que es poco más de 40.000 individuos.
Podríamos pensar que, sin el contexto adecuado, los anteriores datos son solo números,
pero infortunadamente no lo son, es la muestra de la marca que va a quedar por muchos
años en la memoria de los colombianos, son los muertos que, así círculos políticos y de
la sociedad colombiana quieran negarlo o invisibilizarlo, deberíamos recordar a diario,
porque es el resultado de inoperancia y de la permisividad del Estado en casi todos los
niveles lo largo de décadas, y no son muertos “buenos” o “malos” como le gusta decir a
ciertas personas, son muertos colombianos, son personas que nacieron y compartieron
nuestro territorio, si no con nosotros, si con nuestros padres o abuelos, por lo mismo
deberían dolernos sin mirar de que parte del conflicto estaban, más aun los civiles,
personas en su gran mayoría neutrales, ajenos a la confrontación de las fuerzas del
1
Centro Nacional de Memoria Histórica. ¡Basta Ya! Colombia Memoria de Guerra y Dignidad. Bogotá
Imprenta Nacional, 2013
Estado y los grupos al margen de la ley y que lo único que querían era vivir tranquilos en
sus terruños.
Sumado a esto y hablando de terruño, encontramos el chocante número de desplazados
causado por este mismo conflicto, que como bien esta mostrado en el informe, dan una
cifra oficial de 4´774.046 personas, lo que aun hoy, casi diez años después de
presentado el informe, dejaría a este grupo de personas como el segundo asentamiento
poblacional más grande del país, casi cinco millones de personas que tuvieron que salir
de sus hogares, dejando atrás no solo propiedades materiales, también dejaron atrás
sueños, amigos, familiares, trabajo y tranquilidad, para llegar en su mayoría a las grandes
urbes, en donde difícilmente podían encontrar estas cosas juntas y pasaron en su gran
mayoría a engrosar los cinturones de miseria de estas ciudades, como se puede observar
por ejemplo en las localidades de Bosa, Usme y Ciudad Bolívar en Bogotá y en Soacha,
municipio vecino de esta. Pero bueno, que se puede hacer si el principal causante de
este éxodo fueron los grupos denominados paramilitares, algo plenamente identificado y
que surgieron como método para controlar a los grupos armados de izquierda y como
medida de autoprotección de los grandes terratenientes y poderosos, que estaban
veladamente avalados por la “conveniente” inoperancia del Estado, y sobre todo de la
fuerza pública, que con mirada cómplice, permitía que estos grupos se disputaran los
territorios con las guerrillas a cualquier costo, con el fin de expandir respectivamente sus
áreas de influencia.
En los años 80´ todo esto ocurría bajo el ojo avizor de poderosos narcotraficantes que
utilizaban a uno y otro bando con el fin de poder hacerse con los mejores terrenos para el
ejercicio de sus actividades ilícitas y posteriormente a mediados y finales de los 90´
después del desmembramiento de los grandes carteles colombianos de droga, quisieron
hacer suyo este rentable negocio, lo que innegablemente desvirtuó aún más, si cabe
mencionarlo el carácter social de la guerrilla y el afán protector del paramilitarismo, dando
como resultado las disputas territoriales mencionadas anteriormente, en las cuales los
principales afectados eran la población civil, que se veía inmiscuida, sin haberlo pedido,
en una guerra en la que tomar un bando u otro, o incluso no tomando partido en absoluto,
por lo general terminaba en situaciones lamentables.
Pero más lamentable que las infames actuaciones de los actores armados hacia la
población, ha sido la mirada cómplice que ha tenido el Estado ante estos hechos, quien
no ha hecho mucho más allá de dar discursos y reprobar actuaciones violentas, porque la
pregunta es ¿En dónde estaban Fuerzas Armadas siempre que ocurría una masacre de
los paramilitares? Pareciera que a las Fueras Armadas, o no les interesaba lo que
ocurriera con la población o peor aún, convenía con una facción de estos actores
armados ilegales para que las cosas fueran así, lo que infortunadamente quedó
demostrado en múltiples ocasiones y lo que es peor aún, no solo los militares, sino
algunos cuantos, de los llamados padres de la patria, que también desde sus cargos, la
mayoría en el Congreso de la República, realizaban componendas para su propio
beneficio con estos grupos.
Pero del otro lado, estaban los guerrilleros, porque esto no fue solo que los paramilitares
masacraron, expropiaron, desplazaron y desaparecieron población civil, la guerrilla,
especialmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC, también
tuvieron una altísima cuota de sangre acumulada en este conflicto, y si bien no
asesinaron directamente a tantos colombianos como lo hicieron los paramilitares, también
pusieron su gran cuota de terror en la población, teniendo en cuenta que la guerrilla
efectuó otro tipo de repertorios que con el tiempo se volvieron frecuentes y característicos
de su accionar como lo fueron los secuestros específicos y los masivos, la propaganda
armada, el reclutamiento de menores, la denuncia, los daños a la infraestructura pública o
la violencia aleccionadora, que a su modo impusieron la zozobra en la población en la
misma medida que los paramilitares.
Pero pasados más de 60 años de conflicto, para bien o para mal se efectuaron acuerdos
con cada uno de los bandos armados principales en el conflicto, la Llamada Ley de
Justicia y Paz para los paramilitares, con sus claras limitaciones y modificaciones
posteriores para que se lograra de alguna forma cumplir con lo prometido en cuanto a
reparación de las víctimas, y el Acuerdo de Paz con las FARC, que también ha
presentado serios inconvenientes en su implementación, que en su momento se vio
afectado por la soberbia e irreductible voluntad de miembros del partido político “Centro
Democrático”, de no ceder ante la voluntad de paz del pueblo colombiano.
Ante esto más que volver a enumerar y mencionar los dolorosos hechos pasados,
considero personalmente, que es mejor insistir en qué se puede poner en práctica para
poder contar con la llamada “paz estable y duradera” que tanto se proclamó en el
segundo mandato de Juan Manuel Santos, y el llamado plan de “paz total” que desea
implementar el actual mandatario de los colombianos, lo que nos lleva a poner en
práctica lo que se ha conocido como las medidas de reparación y no repetición, como
políticas de Estado, teniendo por definición que las medidas de no repetición son aquéllas
que se acogen por parte del Estado, con el fin de evitar que las que una población o un
conglomerado de víctimas vuelvan a ser objeto de violaciones a sus derechos y para
favorecer la prevención o evitar la repetición de actos de la misma naturaleza. Estas
medidas generan garantías de no repetición en donde es la sociedad en general quien se
ve beneficiada con esa no repetición de violaciones a derechos además de resarcir,
aunque sea en una mínima parte, todo el daño causado por los actores del conflicto
armado.
Ahora bien, estas medidas y garantías de no repetición, parten de un proceso de
restablecimiento de derechos y de la finalización de un conflicto que en últimas es el
generador de estas violaciones o lo que comúnmente se denominaría justicia transicional,
la cual apunta a generar políticas públicas y jurídicas con el fin de restablecer derechos,
dignidad y no llegar a hacer caso omiso a las diversas manifestaciones de violación a los
derechos humanos, generando compromisos serios, realizables y verificables por parte
del Estado. Observando que Colombia ha tenido un conflicto interno que a pesar de tener
firmados unos acuerdos de paz, no cesa del todo, al contrario, con el anterior gobierno de
Iván Duque Márquez, se vio una intensificación a la vulneración de derechos a la
población más sensible, de tal forma que se hizo imperioso establecer un conjunto de
normas que sirvieran de engranaje para lograr una reivindicación del Estado en favor de
todos aquellos a quienes le han sido violentados sus derechos fundamentales.
Dentro de todo ese marco normativo tenemos que se han formulado e implementado
diversos mecanismos la llamada justicia transicional. Así se puede verificar que entre el
año 2005 a la fecha, se han expedido distintas leyes, formulado políticas públicas y
puesto en marcha mecanismos de justicia transicional tanto al interior de la justicia penal
y rendición de cuentas de los excombatientes, como de esclarecimiento de la verdad y
construcción de memoria no judiciales y de reparación a las víctimas2.
2
Justicia Transicional – Ministerio de Justicia. Disponible en: http://www.justiciatransicional.gov.co/Justicia-
Transicional/Justicia-transicional-en-Colombia
Así tenemos que mediante la ley 975 de 2005, conocida como ley de Justicia y Paz, el
gobierno de la época facilitó la presunta desmovilización de 31.472 combatientes de las
llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Para la desmovilización de los
combatientes paramilitares rasos se adoptó la Ley 1424 de 2010, que nos indica que esta
ley es un “mecanismo que establece beneficios judiciales para los desmovilizados en
función de delitos muy específicos como concierto para delinquir, porte de armas, uso
indebido de insignias y uniformes de la Fuerza Pública. No puede tener alcances distintos
a esos ni cobijar ningún otro delito cometido por los que dejaron las filas de los grupos
armados ilegales, señalando además entre otros, que la información revelada por el
desmovilizado solo puede usarse como verdad histórica y no como prueba para otros
procesos judiciales”3. Es decir que esta ley brinda beneficios para aquellos
desmovilizados que hubieran cometido delitos menores, dentro de la organización
paramilitar, así como permitía que las confesiones que realizaran, fueran pasadas por
alto para el surgimiento de nuevos procesos penales, siempre y cuando sirvieran para la
reconstrucción de la memoria histórica del conflicto y para el esclarecimiento de la verdad
para las víctimas y los familiares de estas.
Por su parte, en junio de 2011 se adoptó la ley 1448 de Víctimas y Restitución de Tierras,
que, según el Estado, constituye un hito histórico en la atención y reparación integral de
las víctimas en el país, victimas que se convierten en reclamantes y son sobre las que
están cometiendo homicidios de manera indiscriminada y con total impunidad. Con la ley
1592 de 2012, se introdujeron reformas estructurales a la Ley de Justicia y Paz, tanto en
la investigación y persecución penal como en la reparación a las víctimas, teniendo en
cuenta que la gran mayoría de los paramilitares desmovilizados hicieron caso omiso a
3
Centro Internacional para la Justicia Transicional-Justicia, verdad, dignidad. Disponible en:
https://www.ictj.org/es/news/la-ley-1424-de-2010-tiene-problemas-en-su-diseno
reparar a sus víctimas, aduciendo no tener recursos para hacerlo, además de que las
cabecillas, en su mayoría fueron objeto de extradición a los Estados Unidos de
Norteamérica, en donde purgaron penas irrisorias por delitos como narcotráfico o lavado
de activos, a cambio de información, y ahí sí, de entrega de bienes y dineros, que
supuestamente no tenían para reparar a sus víctimas aquí en Colombia.
Ahora bien, teniendo en cuenta que los mecanismos de no repetición son aquellos que
permiten que el Gobierno Nacional garantice que no habrá más violaciones a los
derechos humanos por parte de agentes del mismo Estado y se evitará el surgimiento de
nuevos conflictos que perpetúen estas vulneraciones a la sociedad en general, a la vez
que se permita la reparación o compensación a víctimas con el fin de mitigar los daños
causados, es decir, creando un doble propósito por parte del estado hacia la sociedad y
las victimas como los son la prevención y la reparación, sumados a la voluntad del actual
presidente Gustavo Petro Urrego, de generar más recursos para la implementación de la
denominada “paz total” a la vez de que se generen políticas de Estado que conlleven
entre otros a la protección a los profesionales de la salud y periodistas; esto por cuanto
en poblaciones apartadas, en donde se ha focalizado el conflicto armado, los médicos
eran por llamarlo de alguna manera, objetivo militar, por cuanto eran en su momento,
objeto de secuestros para que prestaran sus servicios a los alzados en armas y los
periodistas, teniendo en cuenta que por la misma naturaleza de su profesión eran y son,
susceptibles de ser violentados por las partes del mismo conflicto y la especial protección
de los defensores de los derechos humanos.
Sabiendo que, a la fecha en lo transcurrido del 2022, van por lo menos 144 líderes
sociales y defensores de derechos humanos asesinados, es imperativo, por parte del
gobierno nacional establecer políticas más fuertes y solidas de protección a estos líderes,
lo que redundaría en confianza de la sociedad civil hacia el Estado y sus políticas de
restablecimiento del orden pacifico de cosas en Colombia y establecer un modelo de
educación, que abarque a todos los sectores de la sociedad, impartiendo una catedra de
Derechos Humanos, retomando las materias de historia y de democracia, por lo menos
para impartir un mínimo conocimiento de nuestra historia lejana y reciente en las
próximas generaciones, con el fin de que ellos conozcan que fue el conflicto y se puedan
empezar a dar las herramientas necesarias para que surja un crecimiento trascendental
de Colombia como sociedad pacífica.
Sumado a lo anterior, es necesario fortalecer la presencia de la Fuerza Pública, en
regiones que por tradición han sido olvidadas por el Estado, ya sea por su lejanía por
falta de medios de comunicación eficientes. Esto acompañado por la suficiente
capacitación y entrenamiento de los efectivos, sea de las Fuerzas Armadas o Policía
Nacional, con el objetivo de que sean vistos por la población civil como unos aliados y
reales servidores públicos, y no como un medio de coacción y coerción del Estado.
Bibliografía. -
Centro Nacional de Memoria Histórica (2013). Informe general, Grupo de Memoria
Histórica. ¡Basta ya!: Colombia: memorias de guerra y dignidad. Imprenta Nacional,
Bogotá