¿QUE ES EL HOMBRE PARA SAN AGUSTÍN?
Se afirma que la filosofía agustiniana se centra en dos temas esenciales: Dios
y el hombre. Para llegar a Dios primero tenemos que preguntar al mundo, después
volverse hacia uno mismo y por último trascenderse.
El mundo responde que él ha sido creado y el itinerario continúa; se procede a
la ascensión interior, y el hombre se reconoce a sí mismo intuyéndose como ser
existente, pensante y amante. Puede por ello ascender a Dios por tres vías: la vía
del ser, de la verdad y del amor. Se trata de trascenderse a uno mismo, de poner
nuestros pasos "allí donde la luz de la razón se enciende".
Ahora bien, llegaremos a un Dios incomprensible, inefable. Dios es el ser
sumo, la verdad, y eterno amor. San Agustín, explora el misterio del hombre, su
naturaleza, su espiritualidad y su libertad.
El ser humano está compuesto por un cuerpo y el espíritu. Teniendo en cuenta
que la cárcel del alma no es el cuerpo humano, sino el cuerpo corruptible; por lo que
el alma no puede ser dichosa sin el cuerpo. El alma fue creada de la nada y es el
complemento del cuerpo, ayuda a entender el misterio del hombre en su creación a
imagen de Dios. La creación del hombre a Imagen y semejanza de Dios, se ha
deformado por el pecado y será la gracia la que se encargara de restaurar la
correcta relación de Dios con el hombre. El hombre sólo adhiriéndose al ser
inmutable puede alcanzar su felicidad. En este encuentro de Dios y el hombre, San
Agustín examina la delicada cuestión de la gracia y la libertad. San Agustín defendió
la libertad contra los maniqueos y la existencia de una sola alma y una sola
voluntad: era yo mismo quien quería, yo quien no quería; yo era yo.
Por último, también exploró el tema de las pasiones, reduciéndolas a la raíz
común del amor. En las pasiones advierte tres posibilidades: ausencia de pasiones,
orden en las pasiones y desorden o concupiscencia, la cual le hace llegar a una
guerra civil." Se debe recobrar la mirada al hombre apartándose del sentido y
retornando a la interioridad. Nos enfrentamos a un asunto de notable complejidad.
San Agustín no sistematizó su reflexión sobre el hombre. No era él pensador de
sistema ni disciplinado como escritor y la magnitud del tema demanda estudio
ulterior.
El hombre es ser problemático. San Agustín lo considera desde la filosofía y la
teología. Como filósofo agita multitud de cuestiones que aquí sólo puedo enumerar:
1-. El puesto del hombre en el mundo: entre Dios y el hombre. Como una de
las síntesis más importantes de la existencia del hombre.
2-. El lenguaje, cuya teoría sintetiza, como sistema de signos convencionales.
3-. La en el alma, amplísimamente estudiada en, resonando el viejo tema de la
asimilación de Dios.
4-. La inmortalidad del alma, preocupación de sus obras juveniles y en la que
fluctúa y vacila; su obra la considera él mismo oscura y apenas inteligible.
5-. La voluntad, determinada por el dinamismo originario del querer y del amor,
de modo que rectitud del amor es correcta voluntad.
6-. La libertad: «nuestra voluntad no sería voluntad si no fuera libre». Libertad
que de joven defendió, frente a los maniqueos (especialmente en De libero arbitrio),
y de mayor delimitó, frente a los pelagianos, armonizándola con la gracia.
7-. La muerte, pena trágica del pecado, huella reveladora de finitud,
desgarramiento que para nadie es un bien, y a la que tenemos desde el inicio
mismo de nuestro vivir. Es un mero muestrario de problemas. En torno a Dios, es
que gira todo el pensamiento de San Agustín, lo toma como un ser supremo,
creador y fuente de todas las realidades. Como verdad suprema y luz intelectual del
hombre, fuente de la verdad de todas las cosas. Como Bondad suprema y fuente de
bondad en todas las cosas.
El hombre como ser es incapaz de hacer cada una de las cosas de manera
correcta o pensar algo verdadero si no cuenta con el auxilio divino. Demostrar la
existencia de Dios, no tenía ningún problema para San Agustín, pero colocaba en
duda la propia existencia del mundo antes que Dios.
San Agustín piensa que el hombre tiene la idea de Dios como el autor del
mundo y todo lo que existe en él. Dios se muestra como existencia evidente ante la
razón del hombre, lo que se puede probar y afirmar con certeza, ya que se conoce
la existencia de Dios, por los grados de ser, por la contingencia, por la casualidad o
finalidad. En la prueba noológica de la existencia de Dios, no se propone partir de la
filosofía, sino que siempre se debe conducir a la comprensión de la fe, para
comprender lo que se cree. No se trata de indagar si Dios existe, sino como se
revela la existencia de Dios. El hecho de la conciencia de que tú eres, que tú vives y
que tú comprendes. Por lo que se comprende un orden ascendente, de lo simple a
lo profundo, de lo exterior a lo interior. La comprensión siempre ocupa el lugar más
alto en la jerarquía, donde se puede dar la facultad de juzgarlos, por lo que San
Agustín analiza la facultad de conocimiento humana.
El hombre siempre percibe el mundo exterior con el funcionamiento de cada
uno de los órganos de los sentidos, el sentido interno coordina estas percepciones.
Para que se dé el conocimiento se debe dar la razón sea algo donde se tenga en
cuenta que para llegar a Dios, debe estar demostrado que no puede ser superado
por nada.
La razón siempre debe brindarnos la prueba, de que existe algo que sea
común a todos los entes que están dotados de razón, que el hombre puede ver a
través de la razón y el entendimiento. Se puede demostrar que la razón conoce lo
eterno y lo inmutable y que es distinto a los objetos de su conocimiento, ya que la
razón puede ser duda mutable. San Agustín elige el número en el entendimiento
que se desarrolla en el hombre, ya que las leyes matemáticas son patentes a todo
pensamiento, donde se pueden aceptar o se puede equivocar, donde siete más tres
siempre darán como resultado diez.
San Agustín siempre llega a la conclusión de que existe una verdad inmutable,
que contiene todo aquello que es verdadero, como una luz secreta y universal. La
razón encuentra en sí algo absoluto, eterno e inmutable: donde la verdad es Dios, él
es el fundamento de todas las verdades.
La prueba noológica y la teoría del conocimiento que es la iluminación siempre
forman una unidad. La noología y la teoría del conocimiento dependen de la
concepción de la verdad que para San Agustín es más que una idea. La verdad
siempre se debe tomar como algo ontológico: es lo que es. Dios, es verdad, es
causa del ser y causa del conocimiento. La prueba noología implica que Dios es una
realidad que supera el pensamiento humano.
El itinerario existencial siempre tiene que ver con:
1-. En Cada una de las cosas exteriores del mundo corpóreo quien se
pregunta si puede encontrar al Dios que busca. Donde las cosas siempre le
contestan: No somos tu dios, Dios está sobre nosotras.
2-. En el fondo de su alma encontrara el hombre la verdad y el bien. Dios está
por encima de los sentidos y la memoria. Por lo que es íntimo y a la vez
trascendente al hombre: tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tú
estabas dentro de mí y yo te buscaba fuera. Que Dios sea incomprensible no impide
hablar de él por analogía. Por lo que Dios es la verdad suprema inteligible: por
mucho que nos esforcemos nuestras facultades cognoscitivas siempre serán
diferentes para llegar a Dios. Por ser superior a nuestro pensamiento, los nombres y
predicados que le atribuimos a Dios son deficientes e inadecuados: no se puede
atribuir nada positivamente. Dios es inefable, se le conoce más ignorándolo.
Dios es trascendente y absolutamente incognoscible y la realidad suprema
principio y fuente de todos los seres: el nombre que mejor expresa su naturaleza es
el que Él se dio a sí mismo: “Yo soy el que soy” Dios es la sola y única realidad
absoluta. Dios es la Esencia inmutable: nada puede adquirir, ni perder. Es perfecto y
se basta absolutamente a sí mismo. Es la esencia de todo.
No hay más que un solo Dios y un solo principio de todas las cosas. Es la
bondad suprema: es el, todo lo que es bueno, es bueno para él, en el caso de la
Trinidad, en el principio de que Dios es trino. Donde se afirma la trascendencia y la
unidad divina, provienen de la doctrina cristiana. Por medio de la antología San
Agustín se propone llegar al conocimiento del Dios trinitario teniendo en cuenta el
autoconocimiento del hombre. Sometiendo a la conciencia como tal a un análisis
filosófico, soy un ser que conozco y que quiero, conozco que soy y que quiero, y
quiero ser y conocer.
San Agustín, Platón, Plotino: DIOS.
1-. El argumento de Dios como condición de las verdades eternas, las que
reciben su valor de verdad de Dios, repite el argumento con que Platón demostraba
la existencia de las ideas, sostenidas por la idea del bien.
2-. La idea platónica, modelos ejemplares de la obra del Demiurgo, se
transforma en San Agustín: en Dios, en el Verbo Eterno.
3-Procede de Plotino la afirmación de Dios como Unidad, como principio
trascendente de todo ser. Quisiera recordar a todos, en especial a los gobernantes
que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico y social del mundo,
que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona
en su integridad: “Pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida
económico social”
La antropología de San Agustín suscita tres problemas principales que son:
Primero es su misma terminología fluctuante. Asunto grave que afecta a los
componentes del hombre: o bien sobre lo que él mismo designa como “lo superior
en el hombre” que intenta aclarar sin excesivo éxito.
San Agustín parece ser consciente mientras busca una clarificación sobre
términos como, en los que cree hallar, finalmente, orden y concierto. El segundo
gran problema es el del origen del alma.
La perplejidad acompañó aquí toda su vida a San Agustín, según reiteradas
indicaciones suyas. El tercer problema es el del ser mismo del hombre, sus
componentes y su mutua relación. Para tener una idea el hombre es su alma que se
sirve del cuerpo como de instrumento y al que se vincula tan extrínsecamente. Para
San Agustín la corporeidad es también componente del hombre, ¿qué unión
pregunta? También hay aquí oscilación. Otros, propugnan una unión más exterior y
accidental entre dos sustancias completas.
Es honrado y honorable hacer esta constatación. Parecida oscilación ocurre
entre los intérpretes actuales. El Hombre Interior. La concepción agustiniana
obedece a la dinámica profunda del trascender, al “deseo de infinitud”, traducida en
cierta orientación “personalista” o en un “humanismo abierto” regido por una ley. En
el centro está el hombre interior, cuya realidad y virtualidad filosófica descubrió San
Agustín, dice él mismo, en el platonismo ratificando expresiones paulinas, y también
la tendencia general interiorista del cristianismo. El hombre es un ser con nueva
dimensión de realidad, modo inédito de ser que le permite obviar todo determinismo
absoluto y todo “naturalismo” en general, se posee y vuelve sobre sí, retorna desde
su exterior. Interioridad es distintivo de la filosofía de San Agustín, “el más
agustiniano de todos los conceptos” Cabe distinguir tres niveles:
1) nivel vivencial o psicológico, al que corresponde la actitud descriptiva de
San Agustín, el reconocimiento de la geografía interior, su descollante
fenomenología del yo y cuyo mérito es universalmente reconocido como caso único
en el pensamiento antiguo.
2) nivel gnoseológico en el que la interioridad se hace vía, modo, método de
conocimiento como encuentro con la verdad o sede del “maestro interior”.
3) nivel ontológico o realidad peculiar, modo originario de ser, propio del
hombre. No cabe, pues, reducir la interioridad agustiniana a simple método.
Por su sentido de reflexividad y apelación al primado de la subjetividad, se
insiste en que San Agustín patrocina a Descartes y a la modernidad. San Agustín
contrapone a veces con extrema tensión autobiográfica hombre exterior e interior.
Sin embargo, lo exterior ha de colaborar en el conocer, pues la verdad. Hay, así,
una secuencia ascensional del trascender, a Dios, a la luz. Hombre y Verdad. La
ilustración. ¿De dónde viene a la mente la verdad inmutable cuando todo es
mutable, incluida la mente misma? Si la verdad se descubre, la luz de la verdad se
halla.
San Agustín salva la contradicción entre interioridad y trascendencia de la
verdad con una nueva propuesta: la iluminación, conciliando a la vez ojo interior y
luz superior. Esta teoría, como se advierte, es difícil de entender. Veamos dos
puntos: planteamiento y modo. No se trata de la iluminación por fe sino del
conocimiento normal de la razón humana; tampoco de la actividad creadora y
conservadora de la mente por parte de Dios. San Agustín establece una
dependencia respecto de Dios en cada acto de conocimiento, que cubra una
deficiencia natural del entendimiento. El modo de iluminación es muy discutido, no
habiendo sido explicado quizá suficientemente por San Agustín. San Agustín, Vida,
Escritos y su Filosofía.
El Pensamiento Filosófico Cristiano: El cristianismo no es una filosofía
propiamente dicha, sino una religión que, tal como queda expresado en los dogmas
de la Iglesia católica, fue fundada por Jesucristo, hijo de Dios, enviado como
Mesías, para salvar a los hombres según habían anunciado los profetas.
La designación de cristianos se dio por primera vez a los habitantes de
Antioquía que profesaban la fe predicada por San Pablo. La religión cristiana se
convirtió en menos de tres siglos en la religión oficial del Imperio romano y se
arraigó profundamente en la cultura occidental que logró sobrevivir a la caída del
propio imperio y convertirse en el substrato básico de la civilización occidental. Los
pensadores que aportaron los elementos decisivos para permitir que el cristianismo
se configurara como religión oficial del Estado.
La esencia definitoria del cristianismo como religión es un monoteísmo
trascendente la creencia en la existencia de un solo Dios. Esta concepción
monoteísta, cuya proyección actual es casi universal entre todos los creyentes, fue
en un principio elaborada exclusivamente por la civilización israelita, que la
consideraba verdad exclusiva y revelada directamente por Dios. En la historia
sagrada del pueblo judío se encuentra el núcleo básico de la gestación del
cristianismo.