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Lazarillo 4

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QUETAS DEL ESCUDERO Bis de doscientos Palominos. Y, en fin, me callo otras cosas que abandoné por causa de la honra. Y vine a esta ciudad, pensando que aqui hallaria una buena ocupacién,® pero no me ha sucedido como pensé. Me he encontrado con muchos canénigos y sefiores le la iglesia, pero ‘Son personas tan tacafias que no hay quien los saque de sus habitos. Algunos caballeros de mediana fortuna también me oftecen trabajo, pero servirles es un tormento, por- que de hombre que eres te has de convertir en criado para todo, y si no, te despiden con un «Vete con Dios». Y, encima, la mayoria de las veces el pago es a largo plazo, y casi siempre lo comido por lo servido: sin ganar nada. Y cuando se arrepicnten y quieren pa- garte por tus sudores, te pasan al cuarto de la ropa y te pagan con un sudado jubén o una capa gastada o un sayo usado. Y cuando un hombre encuentra ocupacién con un sefior de titulo, también las pasa mal. Pero, :acaso no estoy yo preparado para servir y contentar a personas nobles? Por Dios, que si encuentro a uno de esos creo que serfa su mayordomo perfecto, Le harfa mil buenos servicios, porque yo sabria mentirle tan bien como el que més y agradarle a las mil maravillas; le reiria mucho sus gracias y cos- tumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca le dirfa nada que le disgustase, por més que le conviniese ofrlo. En su presencia seria muy diligente, pero no me mataria por hacer bien las cosas que no fuese a ver. Refiria a los servidores cuando él me oyese, para que pareciera que me preocupaba mucho de sus cosas; en esas rifias, hablaria con tono agudo y algo airado para que cre- yese que lo hacia en bien del culpable. A este sefior le alabaria lo que fuese de su agrado, pero seria malicioso, burlén y delator de 40 Los hidalgos solian emplearse de mayor de caballeros. domos en las cass ricas 0 de acompaantes 107 LAZARILLO DE TORMES * CAP{TULO TRES abrfa indagar y averiguar Ia gente de casa y de fuera de ella. Yo s morreos, como sabria secretos de vidas ajenas para contarle chismorteos otras cosas por el estilo que hoy en dia son costum- do esto les parece bien a los sefiores, porque no asas a hombres virtuosos; al contrario, a los 1, no los aprecian y los Ilaman necios, y les ada y que no son de fiar. Asi que, con hacer tantas bre en palacio. To: quieren ver en sus c virtuosos los aborrece! dicen que no sirven para n uno de esos sefiores, hoy por hoy es menester usar Ja astucia, co- mo yo la usaria. Pero no quiere mi ventura que encuentre a nin- guno de ellos. ‘Asi lamentaba mi amo su adversa fortuna, dandome cuenta de su valia personal. Y estando en esto, entré por la puerta un hombre y una vieja. El hombre le pidié el alquiler de la casa y la vieja el de la cama. Hicieron cuentas, y la suma de dos meses subfa mas de lo que mi amo podria reunir en un afio. Creo que le reclamaron doce o tre- ce reales. El les dio muy buena respuesta: que irfa a la plaza a cambiar una moneda de treinta y que volviesen por la tarde. Pero su ida fue sin vuelta. Por la tarde volvieron el hombre y la vieja, pero ya era tarde. Yo les dije que mi amo atin no habia vuelto. Vino la noche, pero él no. Yo tuve miedo de quedarme solo en casa, asf que me fui con las vecinas y les conté el caso, y alli dorms. Venida la mafiana, los acreedores vuelven y Iaman a la puerta guntando por él. Las mujeres le dicen: —Aqui tenéis a su criado y la lave de su casa. El hombre y la mujer me preguntaron por mi amo y yo les dije que no sabia dénde estaba, —No ha vuelto a casa desde que salié a buscar cambio —afia- di—, y con él pienso que ha huido de vos y de mi, de las vecinas, pre- 108 FRUSTRADO EMBARGO Nada mas oir esto, fueron a buscar a un alguacil y a un escri- bano.*' Vuelven en seguida con ellos, me laman, toman Ia lave, llaman a testigos, abren la puerta y entran a embargar los bienes de mi amo hasta cobrarse la deuda. Pero recorrieron toda la casa la hallaron tan vaefa como he contado. ¥ me dijeron: “Qué ha pasado con los bienes de tu amo, sus arcs, los ta- pices de las paredes y los demés muebles? —No sé de qué me hablan —contesté. —Sin duda —dijeron ellos— lo han sacado todo « Jo han llevado a algin siti. Sefior alguacil, prended a este mozo, que él sabe dénde esta todo. sta noche y {A El alguacilcumplia drdenes dela justia: embargab isha 2 Oy apresaba y en- EL algac comp renter] esribano lo acompafaba para jr constancn deo ‘sucedido por escrito y recoger testimonies. 109 - i ae LAZARILLO DE TORMES * CAPITULO TRES En esto vino el alguacil, y me eché mano por el cuello del ju- bon, diciendo: —Muchacho, tii vas preso si no amo. Yo nunca me habfa visto en otra igual, porque del cuello si me habia agarrado infinitas veces el ciego, pero suavemente, para asi que me entré mucho miedo, y lorando descubres los bienes de tu mostrarle el camino, prometi decir lo que preguntaban. LAZARO, INTERROGADO eo dijeron ellos—, pues di todo lo que sabes, y no area 2 escribano en un poyo para escribir el inventario, y e pregunté qué bienes tenia mi amo. i —Seitores —dije yo—, lo tinico que tiene, segiin me dijo, es un solar de casas muy bueno y un palomar en ruinas. —Bien esti —dijeron los cobradores del alquiler—. Por poco que eso valga, es suficiente para cobrarnos la deuda. Y en qué parte de la ciudad tiene eso? —En su pueblo —respondi. —Por Dios, que esta bueno el negocio —dijeron ellos—. :Y dénde esta su pueblo? —Mi amo me dijo que era de Castilla la Vieja —contesté. Se rieron mucho el alguacil y el escribano, diciendo: —;Como para cobrar esta deuda con esos datos! Las vecinas, que estaban presentes, dijeron: —Sefiores, este es un niffo inocente, y hace pocos dias que est con ese escudero, y no sabe de él més que vuestras mercedes. El po- brecico se viene aqui a nuestra casa, le damos de comer lo que podemos por amor de Dios, y por las noches se iba a dormir con él Vista mi inocencia, me dejaron libre. El alguacil y el escribano reclamaron al hombre y a la mujer el pago de sus servicios, pero ellos alegaron que no estaban obligados a pagar nada, pues no habia de que ni se habia hecho ningsin embargo, Entonces empe- ab entre ellos una buena disputa, a voz en grito. El alguacil y el teeribano dectan que habian dejado de ir a otro negocio que les importaba mis por vena éste. Finalmente, después de dar mu- has voces, el ayudante del alguacil carg6 con I vieja manta de [a vieja y se la lev, aunque no iba muy cargado. Y los cinco se ale- jaron dando voces. No sé en qué acabé la cost. Yo creo que la pe- iit BS - CAPITULO TRES LAZARILLO DE TORM! cadora manta pagarfa por todos, y bien merecido que se lo tenia, pues en lugar de reposar y descansar de los trabajos pasados, co- mo correspondia a su edad, volveria a alquilarse.® ‘Asi, como he contado, me dejé mi pobre tercer amo. Con él acabé de conocer mi pobre dicha, la cual se mostraba tan en con- tra mfa y contra mis intereses, que si lo habitual es que un mozo abandone a su amo, en mi caso ocurrié al revés, ya que fue mi amo el que me dejé y huyé de mi. 2 Cons bi oy Lc pore ue maa i "yagi or a ae servicio prestado, el alguacil sci edan con ella y la siguen alquilando, pese a lo vieja Fara i Ae : sribano se quedan con el 112 Lézaro se emplea con un fraile de la Merced Tuve que buscarme un cuarto amo, y éste fue un fraile de Ia Mer- ced, hacia el que me dirigieron las mujerzuelas a las que me he " referido, que tenian con él un trato muy «familiar». Este fraile era "gran enemigo de los oficios religiosos y de comér en el convento.' En cambio, se perdia por andar fuera, pues era muy amigo de asuntos mundanos y de hacer visitas, tanto que rompia él mas za- patos que todos los frailes del convento. Este amo me dio los pri- meros zapatos que rompi en mi vida,’ pero no me duraron ni ocho dias, ni yo pude resistir sus andanzas. Y por esto, y por otras cosillas que no digo, lo dejé. 1 La orden de la Merced se funds en 1218 Los frailes mercedarios se dedicaban a res~ reputacién por su scas0 esp! {rile vividor, mujeriego y has con las prostitutas). 2 Hasta entonces Lézaro habia andado descalzo, 113 Lo que pasé Lazaro con un buldero Di por casualidad con el quinto amo, un buldero.' Era el mis de- senvuelto, desvergonzado y el mejor vendedor de bulas que jamés vi ni espero ver, ni creo que nadie vio, porque empleaba maneras astutas y muy sutiles engafios. Nada més entrar en el pueblo donde tenia que predicar la bula, primero regalaba a los clérigos 0 curas algunas cosillas de poco valor y sustancia: una lechuga murciana, si era la época, un par de limones o naranjas, un melocotén, un par de duraznos,? una pe- ra... Asi procuraba tenerlos de su parte, para que favoreciesen su negocio y llamasen a los feligreses' a comprar la bula. Los curas le daban las gracias por los regalos y entonces el bul- dero se informaba de sus conocimientos. Si decfan que entendian latin, mi amo no les hablaba ni una palabra en esta lengua para 1 El buldero era un clésigo que se dedicaba a predicar y vender bulas, de las que cobraba un porcentaje. La ula era un privilegio otorgado por el Papa que dispensaba a quie- res la compraban de cumplir algunas obligaciones religiosas, como el ayuno de Cua resma. El dinero recaudado con las bulas se habia empleado en la Edad Media pat pagar los gastos de las cruzadas y de la Reconquista, pero en el siglo xv1 habia pasado 4 ser una especie de impuesto muy impopular, 2 durazno: vatiedad de melocot6n. 3 feligrés: el que pertenece a una parroquia. 114 MANAS DEL BULDERO 10 meter la pata, pero se aprovechaba de su elegante y perfecto astellano y de su Tengua desenvuelta, Pero si se enteraba de que dichos clérigos eran de los que se ordenan sacerdotes més por di- n ner y cartas de recomendacién que por conocimientos, entonces simulaba ser un santo Tomas‘ y hablaba dos horas en latin... 0 ds bien en algo que lo parecia, aunque no lo era. Cuando no le tomaban las bulas por las buenas, consegufa que Jo hicieran por las malas. Para ello causaba molestias al pueblo,’ o pleaba habiles artificios. Seria largo de contar todos los trucos ue le vi hacer, as{ que diré uno muy sutil y gracioso, con el cual probaré bien su inteligencia, En un pueblo de la Sagra de Toledo® habia predicado dos o dias, haciendo sus acostumbradas diligencias, pero no le ha- bian comprado ni una bula ni, a mi ver, tenian intencién de com- prarla. Mi amo se daba a todos los diablos con aquello y, tras “pensar qué podria hacer, decidié convocar al pueblo para el dia siguiente por la mafiana con el fin de despedir la bula. 'Y esa noche, después de cenar, él y el alguacil se jugaron el postre,’ y por cosas del juego empezaron los dos a refit y a decir- se malas palabras. El llams ladr6n al alguacil y éste lo acusé de falsario’ Entonces, mi amo tomé un lanzén que habfa en el por- tal donde jugaban y el alguacil eché mano ala espada que llevaba ala cintura. Al ruido y a las voces que todos dimos, acudieron los hhuéspedes y vecinos y se interpusieron entre uno y otro, pero 4. ser un Santo Tomés: se un sabio. ‘ 5 Como el pueblo tenia obligcion de audi ls sermones el buldero fastiiaba a la indole ala ora de wabijrem Lam ‘comarca situada al noroeste de la provincia de Tol : na coma ei ero sla it acommpanado de un alu gente convoc: 6 La Sagra es 7 En el desempefio de su cargo, el b cribano. 8 falario: mentiroso, falsificador. yun es- 115 ellos, Ilenos de ira, intentaban quitarselos de en medio para ma- tarse. Sin embargo, como la casa se habia llenado de gente a cau- sa de tan gran alboroto, ellos, viendo que no podian enfrentarse con las armas, empezaron a decirse palabras injuriosas. El algua- cil dijo a mi amo que era un falsario y que las bulas que predicaba eran falsas. Al fin, los del pueblo, viendo que no podian ponerlos en paz, decidieron sacar al alguacil de la posada y Hevarlo a otra casa, Mi amo se qued6 muy rabioso, pero los huéspedes y vecinos le rogaron que perdiese el enojo y se fuese a dormir. Asi lo hizo, y todos los demas también. Con el nuevo dia, mi amo se fue a la iglesia y mando tafser las campanas llamando a misa y al sermén para despedir la bula. El pueblo se reunié en la iglesia, murmurando de las bulas, diciendo 116 LAZARILLO DE TORMES « CAPITULO CINCO que eran falsas y que el mismo alguacil lo habia descubierto du- rante la disputa. De manera que, si ya tenfan pocas ganas de com- prarlas, con aquello las aborrecieron del todo. oo. El buldero se subié al pilpito’ y comenz6 su sermén, animan- do a la gente a que no se quedara sin los bienes ¢ indulgencias de la santa bula. Estando en lo mejor del sermén, entré por la puerta de la igle- sia el alguacil, hizo una breve oracién de rodillas y a continuacién se levanté y con vor alta y pausada comenzé a decir con muy buen juicio: —Buenos hombres, ofdme una palabra, y después ofd a quien querdis. Yo vine aqui con este echacuervo” que os predica, el cual me engaiié y dijo que le ayudase en este negocio, y que partiria- mos la ganancia. Y ahora, al ver el dafio que hago a mi conciencia y a vuestras haciendas, me arrepiento de Io hecho, y os declaro claramente que las bulas que predica son falsas, y que no le credis ni las toméis. Desde este momento yo no tengo parte en ellas, di- recte ni indirecte," y ahora mismo dejo la vara de mi autoridad y la tiro al suelo. Y si alguna vez este falsificador fuese castigado por su falsedad, vosotros seréis testigos de cémo yo no estoy con él ni Ie doy ayuda, antes al contrario, os desengafio y declaro su mal- dad. Asi acabé su razonamiento. Algunos hombres honrados que estaban alli habian querido levantarse y echar al alguacil de la iglesia, para evitar el escindalo. Pero mi amo se lo impidié y mand6 a todos que no le molestasen, bajo pena de excomunién,” 9 pulpito: plataforma pequetia y elevada desde donde se predica en las iglesias. 10 echaeuervo: charlatin, vendedor de productos a los que se atribuian poderes migicos. 11. Esto es, ‘ni directa ni indirectamente’ es expresin latina 12 excomulgar: expulsar a alguien de la iglesia catdlica y del uso de los sacramentos. 118 ACUSACIONES DEL ALGUACIL y que le dejasen decir todo lo que quisiera. Y ast, también guard6 silencio,’mientras el alguacil decia todo lo anterior. Cuan- do callé, mi amo le pregunts si queria decir algo més. Elalguacil afiadi6: —Mucho mas podria decir de vos y de vuestra falsedad, pero por ahora basta. El sefor buldero se hincé de rodillas en el pilpito, junto las mirando al cielo, dijo ast: —Seror Dios, a quien ninguna cosa se esconde, pues todo lo ve, y a quien nada es imposible, pues todo lo puede: Tt sabes la verdad y cudn injustamente soy ofendido. En lo que a mi toca, yo le perdono, para que Ta, Sefior, me perdones. No mires a este hombre, que no sabe lo que hace ni lo que dice; pero te pido y ‘manos en oracién 119 LAZARILLO DE TORMES - CAPITULO CINCO, suplico que por justicia no toleres la injuria que Te ha hecho. Porque alguno de los presentes, que quizsis habia pensado tomar esta santa bula, puede dar crédito a las falsas palabras de este hombre y dejar de adquirirla. Y como es muy grande el perjuicio que hace, yo te suplico, Sefior, que no lo disculpes, y que hagas aqui y ahora un milagro. Que sea de esta manera: si es verdad lo que él dice, que yo traigo maldad y falsedad, que este pilpito se hunda ahora conmigo y me sepulte bien hondo bajo tierra, donde quede enterrado vivo para siempre. Pero si es verdad lo que yo digo y este hombre dice una maldad porque el demonio lo ha persuadido para que prive a los que estén presentes de tan gran bien, que sea castigado para que todos conozcan su malicia. Apenas habia acabado su oracién mi devoto sefior, cuando el negro alguacil cays desmayado al suelo y se dio un golpe tan grande, que resoné en toda la iglesia, y al instante comenz6 a bramar y a echar espumarajos por la boca, y a torcerla, haciendo muecas con la cara, y a agitar pies y manos, revolcéndose en el suelo de una parte a otra. El estruendo y las voces de la gente eran tan grandes, que no se ofan unos a otros. Algunos estaban espantados y temerosos. Unos decian: «El Sefior le socorra y valga». Otros: «Bien se lo merece, por levantar tan falso testimonio». Finalmente, unos cuantos se acercaron con no poco miedo al alguacil y lo trabaron de los brazos, con los que daba fuertes pu- fietazos a su alrededor. Otros le tiraron por las piernas y entre to- dos lo sujetaron fuertemente durante un buen rato, porque no habia mula falsa” en el mundo que soltase tan recias coces, pues eran mas de quince los hombres que estaban sobre él y a todos 13. mula fata: mula que tira muchas coces. 120 LAZARILLO DE TORMES * CAPITULO CINCO repartia manotazos y patadas, hasta en los hocicos, en cuanto se descuidaban un poco. on : ‘A todo esto, el sefior mi amo estaba en el piilpito de rodillas, con las manos juntas y los ojos puestos en el cielo, concentrado en su meditacién sobre la esencia de Dios, pues ni el Ianto, ni el ruido, ni las voces que habia en la iglesia eran suficientes para apartarle de su divina contemplacion. Algunos buenos hombres se acercaron a él y lo despertaron a voces y le suplicaron que socorriese al pobre alguacil, porque se estaba muriendo, y que no tuviese en cuenta las cosas pasadas ni sus falsas acusaciones, pues ya estaba pagando por ellas. Y que si podia hacer algo para librarle del peligro y de los sufrimientos que padecia, que por amor de Dios lo hiciese, pues ellos veian muy claro que el alguacil era el culpable y que él, en cambio, era bondadoso y decia la verdad, porque, gracias a su peticidn, el Se- fior no le alargé el castigo al alguacil. El sefior buldero, como quien despierta de un dulce suefio, los miré y miré al delincuente y a todos los que Je rodeaban, y muy pausadamente les dijo: —Buenos hombres, vosotros nunca habriais de rogar por un hombre en quien Dios se ha manifestado con tanta claridad. Pero como El nos manda perdonar las injurias y no devolver mal por mal, vamos todos a suplicarle que se haga su voluntad y que per- done a ese hombre, que le ha ofendido poniendo obstaculos a su santa fe. Y, asi, el buldero bajé del piilpito y pidi que suplicasen con mucha devocisn a nuestro Sefior que perdonase a aquel pecador, y que le devolviese la salud y su sano juicio, y que lanzase de él al demonio, si es que Su Majestad habia permitido que entrase en él por su gran pecado. ORACION DEL BULDERO Todos se hincaron de rodillas delante del altar y, con los cléri- | gos, comenzaron a cantar una letania* en voz baja. Luego el se- "or mi amo se acercé al alguacil con una cruz y agua bendita, ele- ¥6 al cielo las manos y los ojos, de los que sélo se veia lo blanco, y " ;ez6 una oracién tan larga como devota, con la cual hizo Morar a toda la gente, como suele pasar en los sermones de Semana San- tro Seftor no quiere la muerte del pecador, ta. Y puesto que nues' sino su vida y su arrepentimiento, le suplicaba que perdonase a do, y le diese vida y salud, para aquel endemoniado casi moribuns que se arrepintiese y confesase sus pecados. 14. ktania: rezo consistente en una serie de alabancas aa Virgen 123 FARSA DEL ALGUACIL Y EL BULDERO. Hecho esto, mando traer la bula y la puso sobre la cabeza del acil. Poco a poco el pecador del alguacil empezé a encontrar- mejor y a volver en si. Y cuando se repuso del todo, se eché a los pies del sefior buldero, le pidié perdén y confess haber dicho aquello por boca y mandamiento del demonio: en parte para ha- cerle dato y vengarse de la ofensa, pero, sobre todo, porque el ‘demonio recibia mucha pena por el bien que dispensaba la bula a Jos que la adquirfan. El sefior mi amo perdoné al alguacil y entre ellos se restablecié a antigua amistad. Y fue tanta la prisa por adquirir la bula, que en el pueblo casi no quedé alma viviente sin ella: marido y mujer, hijos ¢ hijas, mozos y mozas. Se divulgé la noticia de lo sucedido por los pueblos de la co- marca y, cuando Legabamos a ellos, no era menester el sermén ni ir ala iglesia, porque venian a recoger la bula a la posada, como si fueran peras que se dieran de balde. De manera que en diez 0 do- ce lugares de aquellos alrededores el sefior mi amo despaché otros tantos miles de bulas sin predicar ni un sermén. Cuando se hizo aquella funcién en la iglesia, confieso mi peca- do, yo también me espantéy lo cref todo, como otros muchos. Pe- “ro al ver luego las risas y burlas que mi amo y el alguacil se trafan sobre el negocio que habjan montado, comprendi que todo habia sido maquinado por el astuto ¢ ingenioso de mi amo. Y aunque yo era un muchacho, me cayé muy en gracia, y dije para mi: «(Cudn- tos engafios deben de hacer estos burladores a la gente inocente!». Con este mi quinto amo estuve casi cuatro meses, en los cuales pasé también bastantes penalidades. 125 Lazaro sirve a un capellan Después de esto, encontré ocupacién con un maestro de pintar panderos,' para mezclarle los colores, y también con él sufri mil males. Por este tiempo yo ya era buen mozalbete. Un dia entré en la catedral y un capellan de ella me admiti6 a su servicio. Me dio un buen asno, cuatro cintaros y un latigo, y comencé a pregonar y vender agua por la ciudad? Este fue el primer escalén que yo subi para venir a alcanzar buena vida, porque el oficio me iba a pedir de boca, A mi amo le daba treinta maravedis diarios, y lo que ganaba de més y todo lo que recaudaba el sibado era para mi. ‘Me fue tan bien en el oficio que, al cabo de cuatro afios que lo ejercf, y teniendo mucho cuidado de no malgastar el dinero, aho- x6 para vestirme muy honradamente con ropa usada,’ Me com- 1 pandero: pandereta. 2 Eloficio de aguador era uno de los mas bajos y peor pagados de la época. Por otro la~ do, los clérigos que, como este capellin, explotaban un negocio, eran muy censurados por la doctrina cristiana. 3 La mayoria de la gente sencilla sélo podia comprar ropa usada. Sin embargo, Lézaro tarda nada menos que cuatro afos en reunie dinero suficiente para adquirila. 126 LAZARO, (HOMBRE DE BIEN» pré un jubon viejo de algodén y un sayo gastado, de mange ten zada y abierta por delante, y una capa que habia tenido el pelillo tizado y levantado, y una espada de las més antiguas de Cuellar.‘ Deede el momento en que me vien traje de hombre de bien, dije a mi amo que se quedase con su asno, que no queria seguir mas en aquel oficio. 4 Cugilar es una villa de Segovia donde habia espaderos famoros 127 De cémo Lazaro llegé a ser pregonero en Toledo Me despedi del capellan, y entré a servir a la justicia como ayu- dante de un alguacil.' Pero vivi muy poco con él, porque el oficio me parecié peligroso. Mayormente, porque una noche unos de~ lincuentes nos corrieron a mi y a mi amo a pedradas y a palos. Yo sali huyendo, y no me alcanzaron, pero mi amo les planté cara y ellos lo maltrataron, Por esto deshice el trato. Pensando en cémo podria ganarme la vida con una ocupacién estable, para tener descanso y ahorrar algo para la vejez, quiso Dios alumbrarme y ponerme en el camino provechoso. Y gracias al favor de algunos amigos y sefiores, logré lo que buscaba, un oficio real,? pues no hay mejor cargo. Con él encontré recompen- sa a todos los trabajos y penalidades que habia pasado. Hasta el dia de hoy vivo de él, y al servicio de Dios y de Vuestra Merced. Y es que tengo el cargo de pregonar los vinos que se venden en la ciudad, asi como anunciar las cosas perdidas y las subastas pti- blicas, y acompafiar a los que padecen persecucién por la justicia 1 El ayudante del alguacil se encargaba de llevar ala cércel alos delincuentes. 2 ofci real: cargo al servicio del rey o del ayuntamiento; funcionario, 128 [a MATRIMONIO CON UNA CRIADA declarar a voces sus delitos. En fin, que soy pregonero,’ hablan- claro. Me ha ido tan bien, y yo he ejercido el cargo con tanta habili- 1d, que casi todas las cosas relacionadas con el oficio pasan por i mano. Tanto es asi que en toda la ciudad el que quiere vender 10 u otra cosa piensa que no sacar4 ningtin beneficio si no es zaro de Tormes quien lo pregona. En este tiempo, el sefior arcipreste de San Salvador‘ oyé ha- Jar de mi habilidad de pregonero y de mi buen vivir, y me con- it6 para pregonar sus vinos. Este arcipreste, mi sefior, y servi- lor y amigo de Vuestra Merced, procuré casarme con una criada .? Yo vi que de tal persona no podia venirme més que bien y or, y accedi a hacerlo. ¥ asi me casé con ella, y hasta ahora no estoy arrepentido, porque, aparte de ser buena hija y una criada

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