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Cuentos

Los tres cerditos construyen casas de materiales diferentes - paja, madera y ladrillos. Un lobo feroz sopla y derriba las casas de paja y madera, pero no puede con la de ladrillos. Los cerditos aprenden que es mejor construir con materiales más resistentes. Cenicienta sufre maltrato de su madrastra y hermanastras, pero su hada madrina la ayuda a ir a un baile real donde conoce al príncipe. Huye a medianoche perdiendo una zapatilla de cristal. El príncipe la bus
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Cuentos

Los tres cerditos construyen casas de materiales diferentes - paja, madera y ladrillos. Un lobo feroz sopla y derriba las casas de paja y madera, pero no puede con la de ladrillos. Los cerditos aprenden que es mejor construir con materiales más resistentes. Cenicienta sufre maltrato de su madrastra y hermanastras, pero su hada madrina la ayuda a ir a un baile real donde conoce al príncipe. Huye a medianoche perdiendo una zapatilla de cristal. El príncipe la bus
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Cuento de los tres cerditos

En un pueblito no muy lejano, vivía una mamá cerdita junto con sus tres cerditos.
Todos eran muy felices hasta que un día la mamá cerdita les dijo:
—Hijitos, ustedes ya han crecido, es tiempo de que sean cerditos adultos y vivan
por sí mismos.
Antes de dejarlos ir, les dijo:
—En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, deben aprender a trabajar para lograr
sus sueños.
Mamá cerdita se despidió con un besito en la mejilla y los tres cerditos se fueron a
vivir en el mundo.
El cerdito menor, que era muy, pero muy perezoso, no prestó atención a las
palabras de mamá cerdita y decidió construir una casita de paja para terminar
temprano y acostarse a descansar.
El cerdito del medio, que era medio perezoso, medio prestó atención a las
palabras de mamá cerdita y construyó una casita de palos. La casita le quedó
chueca porque como era medio perezoso no quiso leer las instrucciones para
construirla.
La cerdita mayor, que era la más aplicada de todos, prestó mucha atención a las
palabras de mamá cerdita y quiso construir una casita de ladrillos. La construcción
de su casita le tomaría mucho más tiempo. Pero esto no le importó; su nuevo
hogar la albergaría del frío y también del temible lobo feroz...
Y hablando del temible lobo feroz, este se encontraba merodeando por el bosque
cuando vio al cerdito menor durmiendo tranquilamente a través de su ventana. Al
lobo le entró un enorme apetito y pensó que el cerdito sería un muy delicioso
bocadillo, así que tocó a la puerta y dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito menor se despertó asustado y respondió:
—¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo feroz se enfureció y dijo:
Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de paja se vino al piso.
Afortunadamente, el cerdito menor había escapado hacia la casa del cerdito del
medio mientras el lobo seguía soplando.
El lobo feroz sintiéndose engañado, se dirigió a la casa del cerdito del medio y al
tocar la puerta dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito del medio respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de palo se vino abajo. Por
suerte, los dos cerditos habían corrido hacia la casa de la cerdita mayor mientras
que el lobo feroz seguía soplando y resoplando. Los dos hermanos, casi sin
respiración le contaron toda la historia.
—Hermanitos, hace mucho frío y ustedes la han pasado muy mal, así que
disfrutemos la noche al calor de la fogata —dijo la cerdita mayor y encendió la
chimenea. Justo en ese momento, los tres cerditos escucharon que tocaban la
puerta.
—Cerdita, cerdita, déjame entrar —dijo el lobo feroz.
La cerdita respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y soplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas, pero la casita de ladrillos resistía
sus soplidos y resoplidos. Más enfurecido y hambriento que nunca decidió trepar
el techo para meterse por la chimenea. Al bajar la chimenea, el lobo se quemó la
cola con la fogata.
—¡AY! —gritó el lobo.
Y salió corriendo por el bosque para nunca más ser visto.
Un día cualquiera, mamá cerdita fue a visitar a sus queridos cerditos y descubrió
que todos tres habían construido casitas de ladrillos. Los tres cerditos habían
aprendido la lección:
“En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, debemos trabajar para lograr nuestros
sueños”.
Cuento de la cenicienta
Érase una vez una hermosa joven que vivía con su madrastra y dos hermanastras
que la obligaban a hacer todo el trabajo de la casa. La pobre joven tenía que
cocinar, limpiar y también lavarles la ropa.
Cansada de trabajar, la joven se quedó dormida cerca a la chimenea y cuando se
levantó con la cara sucia por las cenizas, sus hermanastras se rieron sin parar y
desde entonces comenzaron a llamarla Cenicienta.
Un día llegó a la casa una invitación del rey a un baile para celebrar el cumpleaños
del príncipe. Todas las jóvenes del reino fueron invitadas y Cenicienta estaba muy
feliz. Sin embargo, cuando llegó el día de la fiesta, su madrastra y hermanastras le
dijeron:
—Cenicienta, tú no irás, te quedarás en casa limpiando y preparando la cena para
cuando regresemos.
Las tres mujeres salieron hacia el palacio, burlándose de Cenicienta.
Cenicienta corrió al jardín y se sentó en un banco a llorar. Ella deseaba con todo
su corazón poder ir al baile. De repente, apareció su hada madrina y le dijo:
—No llores Cenicienta, tú has sido muy buena y mereces ir al baile.
Agitando su varita mágica, el hada madrina transformó una calabaza en un coche,
tres ratones de campo en hermosos caballos, y a un perro viejo en un cochero.
¡Cenicienta no podía creer lo que veía!
— ¡Muchas gracias! —exclamó Cenicienta.
—Espera, no he terminado todavía —respondió el hada madrina con una sonrisa.
Con el último movimiento de su varita mágica, transformó a Cenicienta. Le dio un
vestido y un par de zapatillas de cristal, y le dijo:
—Ahora podrás ir al baile, sólo recuerda que debes regresar antes de la
medianoche ya que a esa hora se terminará la magia.
Cenicienta agradeció nuevamente al hada madrina y muy feliz se dirigió al palacio.
Cuando entró, los asistentes, incluyendo sus hermanastras, no podían parar de
preguntarse quién podría ser esa hermosa princesa.
El príncipe, tan intrigado como los demás, la invitó a bailar. Después de bailar toda
la noche, descubrió que Cenicienta no sólo era la joven más hermosa del reino,
sino también la más amable y sincera que él jamás había conocido.
De repente, las campanadas del reloj se hicieron escuchar, era la medianoche.
Cenicienta se estaba divirtiendo tanto que casi olvida las palabras del hada
madrina.
—¡Oh, no!, debo irme— le dijo al príncipe mientras corría fuera del salón de baile.
Ella salió tan de prisa que perdió una de sus zapatillas de cristal en la escalinata.
Decidido a encontrar a la hermosa joven, el príncipe tomó la zapatilla y visitó todas
las casas del reino.
Cuando el príncipe llegó a casa de Cenicienta, sus dos hermanas y hasta la
madrastra intentaron sin suerte probarse el zapato de cristal. Él se encontraba a
punto de marcharse cuando escuchó una voz:
—¿Puedo probarme la zapatilla? —dijo Cenicienta.
La joven se probó la zapatilla y le quedó perfecta. El príncipe sabía que esta era la
hermosa joven que estaba buscando. Fue así como Cenicienta y el príncipe se
casaron y vivieron felices para siempre.

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