Extensión de la RSE en Cadenas de Suministro
Extensión de la RSE en Cadenas de Suministro
La globalización ha dado paso a organizaciones de gran tamaño y complejidad donde la mayor parte de empresas
cuentan con numerosos socios empresariales, proveedores y clientes, a menudo ubicados en el extranjero. Sin
embargo esta particularidad no se percibe por el consumidor final, que no diferencia entre la propia empresa y los
eslabones que forman su correspondiente cadena de suministro.
De hecho, las decisiones de compra del consumidor se suelen basar en la percepción global que tienen de una
determinada marca, siendo la gestión de la cadena de suministro un aspecto clave, pero invisible para el
consumidor final. Por tanto, dado que la buena imagen de las compañías es el intangible más valioso para una
empresa, es imprescindible establecer pautas para una responsabilidad social compartida y extendida a todos los
miembros de una misma cadena de valor.
Aunque en principio pueda parecer complicado extender la RSE a través de la cadena de suministro, es obvio que
cuando una empresa es cliente de otra está en la mejor posición para establecer condiciones al proveedor o elegir
aquel que cumple ciertos estándares éticos. En este sentido, tal y como sucedió en su día con los sistemas de
calidad, la cadena de suministro puede resultar un elemento facilitador del proceso de extensión de la RSE. Este
tema contextualiza el problema y resume los principales esfuerzos realizados, en el contexto de la agenda 2030,
para guiar este proceso de extensión de la responsabilidad; con un corolario final dedicado a observar el rol que las
PYMES pueden tener y sus estrategias posibles.
Antes de empezar con el TEMA 10 se recomienda visionar este VIDEO INTRODUCTORIO.
OBJETIVOS
OBJETIVOS
Ser consciente de la importancia de la cadena de suministro para la difusión de la RSE y conocer el
contexto de abusos que tradicionalmente se han dado en ella, especialmente por parte de empresas
transnacionales.
Conocer las facilitadores y propuestas que incentivan a las empresas a extender su responsabilidad social al
ámbito de los proveedores, tanto a la hora de su selección como de su control y auditoría.
Analizar en detalle la guía “Gestión responsable de la CDS: trasladando el compromiso por la sostenibilidad
a los proveedores" de la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas.
Conocer visiones complementarias útiles y específicas para PYMES, que permiten establecer políticas de
RSE en el ámbito de cadenas de suministro globales.
ANTECEDENTES
EXTENSIÓN DE LA RSE A LA CADENA DE SUMINISTROS: FACILITADORES
La sociedad civil
Las Administraciones públicas
Organizaciones gubernamentales internacionales
Iniciativas multistakeholder
El sector empresarial
AGENDA 2030 Y GESTIÓN RESPONSABLE DE LA CADENA DE SUMINISTRO
Los 10 principios del pacto mundial
Proceso de debida diligencia
LAS PYMES ANTE LOS ODS
Estrategias sostenibles
1. ANTECEDENTES (VIDEO)
Como se vio en el tema anterior, el concepto tradicional de la Logística en una empresa ha evolucionado hacia el
de la Gestión de la Cadena de Suministro o SCM por sus siglas en inglés (Supply Chain Management). Sin
embargo, las nuevas realidades producto del gran desarrollo actual nos llevan replantear nuevamente este
concepto. Los niveles de contaminación y el calentamiento global, el incremento del precio de los alimentos y del
petróleo, y el avance tecnológico, son todos fenómenos interrelacionados que se producen en un mundo donde
aumentan la pobreza y las desigualdades sociales, y donde los países más afectados son justamente los de menor
desarrollo tanto tecnológico como humano.
Como expone (Friedman, 2006), la globalización y los avances en las comunicaciones han posibilitado que, hoy por
hoy, se puedan recibir servicios en línea desde el otro lado del mundo de forma casi inmediata, aprovechando
incluso la diferencia horaria existente. Así, vemos como ciudadanos norteamericanos realizan sus declaraciones de
impuestos con contadores que trabajan en la India. O incluso cuando un ejecutivo requiere realizar una
presentación a una junta, puede enviar los documentos e instrucciones en la noche a una empresa ubicada en la
India, y tener en su correo electrónico la presentación lista cuando llega a su oficina al día siguiente en la mañana,
todo a costos muy inferiores a los que se tendría que pagar localmente. Por otro lado los avances tecnológicos
también han variado las formas de gestión: los sistemas de producción-inventario, que trabajan en línea y cuyos
sistemas automatizados de gestión se alimentan de información de almacenes, de producción, de recursos
humanos, de pedidos en firme, etc…permiten ahora conocer los requerimientos de toda la empresa de forma
instantánea. Este contexto, que ayuda a los proveedores a planificar mejor sus producciones y entregas a tiempo
(locales e internacionales), supone también una fuerte presión para satisfacer a sus clientes y no quedarse atrás.
De hecho, esta presión hace que muchas empresas (en especial en los países empobrecidos) que pretenden
formar parte del mercado mundial recurran a malas prácticas de gestión para cumplir con plazos y precios muy
ajustados; mientras sus socias occidentales permanecen ajenos a malas prácticas de las que, en realidad, son
responsables. Así, se mantiene al personal trabajando en jornadas extenuantes, con salarios muy bajos y/o sin
cobrar las horas extras, y a veces en condiciones prácticamente de esclavitud; algo que aunque tendemos a creer
superado, pero que en realidad sigue estando muy presente. En este VIDEO documental "Las manos invisibles"
de la Televisión Alemana DW, que SE RECOMIENDA VISIONAR EN SU TOTALIDAD, se retrata de manera muy
directa la situación terrible que se observa en los eslabones finales de muchas cadenas de suministro globales,
donde millones de personas en el mundo trabajan en régimen de semi-esclavitud o, directamente, esclavitud
medieval y que, en muchas ocasiones, incluye el trabajo infantil por ser más más barato.
En este contexto en que existen grandes corporaciones internacionales que operan en distintos países surgen
muchas cuestiones relativas a la gestión de la cadena de suministro:
¿Cómo deben establecerse las relaciones de confianza entre los actores de la cadena de suministro?
¿Qué fuerzas impulsan/deben impulsar a las empresas a controlar mejor las prácticas de sus
proveedores? ¿Cómo controlar y auditar dichas prácticas?
Toda empresa debiera responsabilizarse de sus acciones, pero también de los riesgos que se derivan de la
gestión de su cadena de suministro y todos sus eslabones, sin importar el país en el que operan. Sin embargo, en
el contexto expuesto se observa como en los países desarrollados no se exigen al nivel debido las
responsabilidades sociales, económicas y medioambientales a las corporaciones. En la globalización actual, en
que se homogeneizan los mercados pero no parece que suceda así con las legislaciones sociales y
medioambientales de los diferentes países, se hace necesario establecer por tanto Buenas prácticas también en
los procesos de internacionalización y multilocalización; de manera que las empresas adopten políticas que
vayan por delante de esta asimetría legislativa. En este sentido son necesarias metodologías que guíen el
proceso y que, especialmente en los procesos de internacionalización, debieran tener como objetivos:
1. Promover una cultura de Buenas prácticas socialmente responsables, que tengan en cuenta los intereses
y expectativas de todos los grupos de interés y que repercutan en el desarrollo humano, socio-cultural y
medioambiental no sólo de las comunidades de destino sino de todas las implicadas en la cadena
completa de valor.
2. Facilitar a las empresas una orientación con las directrices y herramientas necesarias para alcanzar el
objetivo de promover la implementación de la RSC en su cadena de suministro. Es decir: la
responsabilidad de extender la responsabilidad a los proveedores.
Un buen guion para analizar este proceso es el documento de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES)
“La RSE en la cadena de suministro de las grandes empresas ”, en donde se destacan cinco fuerzas motrices o
facilitadores que han provocado la incorporación por parte de las grandes corporaciones de criterios ambientales
y sociales en el proceso de homologación y selección de sus proveedores, y que iremos desgranando en los
siguientes apartados:
La sociedad civil
Las Administraciones Públicas
Organizaciones gubernamentales internacionales
Iniciativas multistakeholders
El sector empresarial
La sociedad civil (VIDEO)
En primer lugar como una de las fuerzas motrices del cambio que estamos presenciando estaría la sociedad civil
que, mediante iniciativas y campañas de sensibilización y presión, ha logrado impactos importantes en el traslado
de requisitos y obligaciones ambientales y sociales a lo largo de las cadenas globales de suministro.
En los últimos años se ha visto un aumento gradual pero significativo de consumidores que desean incorporar
criterios sociales, ambientales y éticos en sus decisiones de compra. Este llamado consumo responsable tiene
como objetivo recompensar a las empresas que producen bienes y servicios más sostenibles que sus
competidoras. A la hora de tomar las decisiones de compra, los consumidores generalmente no diferencian entre la
empresa dueña de una determinada marca y las distintas empresas subcontratadas que forman su cadena de
suministro y que, en muchas ocasiones, son las que incurren en malas prácticas o en incumplimientos flagrantes de
normas medioambientales y de seguridad laboral básicas. Muy frecuentemente estas realidades se observan en
fabricantes que son proveedores de empresas occidentales que gozan de una buena reputación de marca, o que
incluso se proyectan ante el mundo con la imagen de respetar los derechos humanos y la dignidad del trabajador…
hasta que algún escándalo, denuncia o campaña informativa les obliga a tomar medidas.
El tamaño, alcance y la influencia de estas campañas han crecido de forma notable en los últimos años debido a
mejoras en las tecnologías de la información y comunicación y el crecimiento de las redes sociales que permiten
movilizar muy rápidamente a la opinión pública. De hecho han proliferado plataformas web especializadas en la
denuncia social que han logrado grandes éxitos. Un ejemplo muy claro sería el caso del mega-fabricante de
productos electrónicos Foxconn (con más de un millón de empleados) y proveedor de Apple, Nokia, HP, Dell, Sony,
Sony Ericsson, Nintendo o Motorola entre otras, que compiten en el mercado occidental exigiendo a Foxconn
plazos de entrega cada vez más cortos y controles de calidad más exigentes. Es curioso cómo, este fabricante y
sus condiciones penosas de trabajo permanecían en relativo anonimato hasta que en 2012, en respuesta a una
serie de catorce suicidios de trabajadores, un reportaje realizado por universidades chinas denunció que las
fábricas de Foxconn tenían un trato de abuso generalizado hacia sus empleados, con unas condiciones de trabajo
lamentables. A partir de este escándalo las empresas clientes de Foxconn han empezado a exigir ciertos
estándares mínimos para seguir contratando con ellos.
Asimismo, en el sector textil, tuvo que difundirse a gran escala en las redes sociales un grave accidente como el del
Rana Plaza en Bangladesh para que muchas empresas de este sector reaccionasen:
Estos ejemplos vistos de Foxconn y el Rana Plaza en Bangladesh son dos de esas pocas ocasiones en que la
media ha prestado cierta atención a la gestión ética de la cadena de suministros, gracias a la presión de
determinados agentes de la Sociedad Civil. Normalmente sólo salen a la palestra hechos de gran alcance, como la
explotación infantil, la ausencia de derechos laborales, o catástrofes ambientales de multinacionales en países
empobrecidos. Siempre graves crisis que deterioran muy rápidamente la imagen de marca, y que luego implican
acciones de amplio alcance, como también se dio en su día en los sonados casos de Adidas o Nike con el cosido
de sus balones de fútbol. Sin embargo, salvo en casos de este estilo, la mayoría de empresas tardan demasiado en
reaccionar y/o asumir desde un principio la obligación de realizar un control exhaustivo sobre su cadena de
suministro.
Otro ejemplo más reciente de movilización contra una cadena de suministro global que afecta, no sólo a una, sino a
varias corporaciones, es la de la fabricación de chocolate. En este VIDEO documental se puede observar las
terribles malas prácticas que están presentes en este sector, incluyendo trabajo infantil esclavo, y explotación a un
nivel máximo; y donde Nestlé y otras corporaciones sólo están reaccionando ahora que (una parte de) los
consumidores finales, por fin, empiezan a tomar conciencia al respecto.
Las administraciones públicas pueden jugar un papel decisivo en la promoción de las prácticas responsables en las
empresas y en la incorporación de criterios y requerimientos sociales, ambientales y éticos en la cadena de
suministro. Este papel clave viene marcado principalmente por la importancia que tienen colectivamente los entes
públicos como compradores de productos y servicios; pudiendo condicionar sus compras al cumplimiento de ciertos
mínimos (o máximos) de responsabilidad social. De hecho la Comisión Europea ha iniciado un amplio debate sobre
las diversas directivas europeas de contratación pública mediante la publicación de un Libro Verde sobre la
actualización y modernización de políticas en el ámbito de la contratación pública.
Así en muchas de las licitaciones de servicios básicos diversos de, por ejemplo, ayuntamientos, universidades,
hospitales o centros de educación empieza a ser habitual la inclusión de “clausulas sociales”. Estas cláusulas en
ocasiones impiden presentarse a concurso a quien no cumple ciertos mínimos (por ejemplo puede exigirse
disponer de certificado ambiental EMAS, o algún sello de alimentación auditada externamente); y otras veces
otorgan puntos extra a la empresa que asegure ciertas condiciones, muchas veces relativas a grupos de interés no
directamente relacionados con el servicio en cuestión a licitar, como puede ser: políticas de género, condiciones
laborales, pautas saludables u otros aspectos que deseen promoverse desde la institución, como pueda ser
también la subrogación por la empresa de los trabajadores actuales con sus condiciones laborales mejoradas o al
menos intactas.
Véase como ejemplo clausulas sociales de la propia Universitat Politècnica de València para licitaciones de
restaurantes en el campus:
El poder de contratación y compra de las administraciones públicas es sumamente importante llegando a ser una
influencia más importante que las grandes empresas en algunos países de nuestro entorno. En los países de la
Unión Europea, por ejemplo, el promedio de gasto público suele situarse en valores cercanos a la mitad del PIB
nacional, siendo más de una décima parte de dicho gasto dedicado al consumo de bienes y servicios. En el
extremo alto de la distribución se sitúa Suecia donde el gasto público supone ligeramente más del 54% del PIB. En
España, el gasto público es inferior a la media aunque similarmente significativo.
Pero además de su papel como promotoras de la compra sostenible de forma directa (a través de sus propios
procesos de compra), también las administraciones públicas pueden incidir indirectamente a través de programas
de formación y sensibilización para las empresas. Así, las administraciones públicas pueden desempeñar un doble
papel en la promoción de la incorporación de criterios y requisitos ambientales y sociales en los procesos de
compra: por una parte un papel ejemplificador para favorecer que empresas y otras organizaciones sigan su
modelo, y por otra parte en su papel propio de comprador de bienes y servicios.
Las legislaciones y normativas en aspectos de sostenibilidad son cada vez más abundantes y abarcan cada vez
más a las cadenas de suministro. Leyes nacionales como la "Ley en materia de información no financiera y
diversidad" (BOE, 2018) que en España obliga a todas las empresas con más de 250 trabajadores a reportar
información sobre la gestión sostenible de sus proveedores, se hacen realidad en parte por la presión
de organizaciones gubernamentales internacionales que, lenta pero progresivamente, van convergiendo (todo ello
a pesar de lobbies como BusinessEurope y otros similares, que gastan varios millones de euros anuales en
Bruselas para defender que la responsabilidad social de las empresas sea voluntaria, algo compartido por algunos
países que también parecen querer mantener el status quo)). Estas organizaciones, cuyo objetivo es coordinar
políticas económicas y sociales, están siendo claves en la promoción de la responsabilidad social empresarial en
general y más específicamente en el traslado de requerimientos de carácter ambiental y social a lo largo de la
cadena de suministro global. Entre ellas podemos destacar el liderazgo que están ejerciendo al respecto la OECD
y la Comisión Europea; con múltiples iniciativas que luego permean progresivamente en las legislaciones
nacionales, tanto de los países que las integran como de muchos otros que acaban influenciados a largo plazo.
Fundada en 1961, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) agrupa a 34 países
miembros y su misión es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor
del mundo, ofreciendo un foro donde los gobiernos puedan trabajar conjuntamente para compartir experiencias y
buscar soluciones a los problemas comunes. De este modo, la inclusión de la RSE en la cadena de suministro en
las Directrices de la OCDE es sumamente significativa y demuestra el creciente interés en este tema desde los
gobiernos así como el sector empresarial. Es una señal inequívoca que la adopción de prácticas sostenibles de la
cadena de suministro está camino de convertirse en un tema imprescindible.
También a nivel europeo se está debatiendo una legislación relativa a derechos humanos que obligaría a las
empresas europeas a evaluar los impactos de derechos humanos en la cadena de suministro, yendo por fin más
allá de la Directiva 2014 sobre el reporte de información no financiera (EU NFRD) que establecía requerimientos
de diseminación de información sobre sostenibilidad, pero que sólo afectaba a menos de la mitad de las grandes
empresas. De hecho, este esquema de la EU no representa un estándar de preparación y diseminación de
información, solo establecía la información que debe reportarse y para ello puede aceptar estándares de terceros.
Pero ahora la obligatoriedad requeriría de estándares de referencia, y por ello se está trabajando arduamente en
consensuarlos. En este sentido, a finales del 2020 se creó un grupo de trabajo liderado por el European Financial
Reporting Advisory Group, EFRAG con la intención de regularlos para clarificar la confusión entre los estándares
existentes. La intención es llegar a un sólo estándar a nivel europeo integrando una especie de “doble materialidad”
tanto para los inversionistas, como la SASB, como para los demás stakeholders, más propia de GRI.
Iniciativas multistakeholder
Varias iniciativas multistakeholder que integran a empresas, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil han
lanzado propuestas en los últimos años para promover mejores prácticas laborales y ambientales a lo largo de la
cadena de suministro global estableciendo códigos de conducta y controlando su implementación. De hecho,
integrarse en una iniciativa multistakeholder puede ser un catalizador para las empresas que quieran mejorar el
cumplimiento de ciertos requisitos sociales, ambientales y éticos, siendo que desde varios ámbitos se han lanzado
programas e iniciativas específicas en relación al tema de la RSE en la cadena de suministro. Podemos destacar
los siguientes cuatro:
Pacto Mundial de las Naciones Unidas - El Pacto Global o el Pacto Mundial de Naciones Unidas (UN Global
Compact) fue creado en 1999 y cuenta con más 13 000 entidades firmantes en más de 170 países. Es la mayor
iniciativa voluntaria de responsabilidad social empresarial en el mundo, y tiene como objetivo transformar el
mercado global, potenciando un sector privado sostenible y responsable sobre la base de 10 principios en áreas
relacionadas con los derechos humanos, el trabajo, el medio ambiente y la corrupción. El Pacto Mundial
([Link] ha puesto en marcha un grupo asesor para fomentar la colaboración entre las
empresas signatarias y sus proveedores, expresando su apoyo a una legislación obligatoria en materia de
derechos humanos y "debida diligencia" sobre políticas en materia de diversidad, cuestiones sociales, medio
ambiente y corrupción; poniendo el foco sobre todo en sus respectivas cadenas de suministro. De hecho, su
importancia puede observarse claramente en los principios del libro blanco que la Red Española del Pacto Mundial
ha traducido como "Gestión responsable de la CDS: trasladando el compromiso por la sostenibilidad a los
proveedores" (Pacto mundial, 2021). Se ha creado incluso un portal específico para dar respuesta a las carencias
detectadas en los conocimientos y capacidad técnica de muchas empresas, particularmente las PYMES, para
integrar de manera efectiva aspectos de la RSE en su gestión operativa, en respuesta a nuevas exigencias de las
grandes empresas multinacionales. Dada la importancia de esta iniciativa dedicaremos el siguiente apartado a
ampliar información sobre la guía práctica que el Pacto Mundial ha desarrollado y que, de manera sencilla,
promueve la trazabilidad y el control de estándares de responsabilidad social a través de la cadena de suministro.
Programa CDP Supply Chain. En muchos sectores de actividad económica, como por ejemplo el de las
telecomunicaciones y distribución minorista, las emisiones de CO2 producidas a lo largo de la cadena de suministro
derivadas de actividades como el embalaje y transporte son a menudo superiores a los derivados de las
operaciones propias de la empresa. A través del Supply Chain Project ([Link] CDP
aspira a mejorar el reporting público de las grandes empresas sobre las emisiones indirectas de gases de efecto
invernadero así como de los riesgos y oportunidades derivadas del cambio climático a lo largo de la cadena de
suministro de estas empresas.
GHG Protocol Corporate Value Chain (Scope 3) Accounting and Reporting Standard. La iniciativa GHG
Protocol ([Link] fruto de la colaboración del World Resources Institute (WRI) y el World Business
Council for Sustainable Development (WBCSD) ha dado origen a los estándares más utilizados mundialmente en la
medición, gestión, comunicación y reducción de emisiones de carbono en las empresas. Recientemente GHG
Protocol ha ampliado su gama de estándares, incluyendo el nuevo Corporate Value Chain (Scope 3) Standard.
Este estándar ofrece orientación y herramientas para que las empresas conozcan el impacto en emisiones no solo
de sus instalaciones sino de toda su cadena de valor, permitiendo así identificar las opciones más eficientes para
reducir emisiones. El estándar dedica una parte importante a la medición de las emisiones provenientes de la
cadena de suministro. Además incluye estrategias y orientación para establecer alianzas con los proveedores con
el objetivo de reducir conjuntamente las emisiones de carbono de sus actividades.
La Organización Internacional del Trabajo reconoce el importante papel que desempeñan las empresas
multinacionales en las economías de la mayoría de los países y en las relaciones económicas internacionales. En
su web [Link]/business tenemos el conjunto más completo de directrices en materia de empleo y asuntos
laborales dirigidas a los gobiernos, las empresas y las organizaciones de empleadores y de trabajadores, y en su
marco la OIT ha lanzado el servicio de asistencia a empresas sobre las normas internacionales del trabajo. Dicho
servicio (gratuito y confidencial) ayuda a las empresas que quieren armonizar sus operaciones con los principios
contenidos en las normas internacionales del trabajo, respondiendo a preguntas específicas. También el sitio web
permite a los usuarios navegar con facilidad por la base de conocimientos de la OIT, la biblioteca de preguntas y
respuestas, las herramientas y los recursos relacionados con las necesidades de las empresas de todos los
tamaños. Asimismo también la iniciativa conjunta de OIT y la Corporación Internacional de Finanzas (IFC en sus
siglas en inglés) del Banco Mundial llamada Better Work Program ([Link] es muy interesante y
tiene como objetivo mejorar el cumplimiento de normas laborales y promover la competitividad en las cadenas de
suministro globales.
Un número importante de agrupaciones de grandes empresas, así como asociaciones empresariales, han
desarrollado iniciativas para promover una mayor responsabilidad social, ambiental y ética en la gestión de las
cadenas de suministro globales. Un alto porcentaje de estas iniciativas tienen un enfoque sectorial o industrial
especifica, o van dirigidas a empresas con estrechos lazos productivos o comerciales con similitudes y sinergias en
los procesos de contratación y compra. Como ejemplos tendríamos:
Pero al mismo tiempo han surgido también en los últimos años una serie de iniciativas impulsadas desde el sector
empresarial para armonizar los requisitos sociales y ambientales exigidos a los proveedores. Las grandes
empresas responden así a una de las críticas más comunes expresadas por las empresas proveedoras: la falta de
criterios comunes en materia de RSE, que dificulta en gran medida el cumplimiento en este ámbito de las PYMES,
especialmente las que son proveedores para varias grandes empresas. Estos sistemas han puesto a disposición
portales web donde las empresas pueden reportar información de manera amplia y sobre múltiples dimensiones;
de modo que el cliente (o potencial cliente) puede observar de manera transparente quien cumple ciertos
estándares y hasta qué nivel de exigencia.
Aunque hay muchas otras, tomando como ejemplo la plataforma Suppliers Ethical Data
Exchange, [Link] podemos observar la gran cantidad de información agrupada en
diferentes ítems que se comparte a través de ella.
Por un lado, Sedex ofrece PARA LOS COMPRADORES un sistema en línea para recoger y analizar información
sobre prácticas empresariales responsables en la cadena de suministro. Dispone de una serie de herramientas
para la generación de informes que permiten mantener un seguimiento del rendimiento de sus proveedores,
mediante una herramienta de evaluación de riesgos que incluye una serie de ítems customizables, como estos que
se observan:
Por otro lado, PARA LOS PROVEEDORES, Sedex proporciona un modo eficaz y económico de compartir
información ética con diversos clientes, lo que ayuda a reducir la burocracia innecesaria; así como a ahorrar tiempo
y dinero. Los proveedores cumplimentan un cuestionario de autoevaluación y pueden decidir compartirlo con varios
clientes de Sedex, junto con otra información ética relevante, como informes de auditoría y certificaciones.
Cabe señalar también que el sistema de Sedex es confidencial, por lo que los proveedores tienen todo el control
sobre quién puede ver sus datos. Al permitir a los proveedores compartir los mismos datos con numerosos clientes,
se ayuda a disminuir el número de auditorías y cuestionarios; teniendo disponibles también sistemas de
autoevaluación que permiten hacer un mejor seguimiento de las mejoras.
Uno de los hitos más importantes en la evolución y desarrollo de la RSE fue la creación de la AGENDA 2030,
aprobada el 25 de septiembre de 2015 por Naciones Unidas. La Agenda 2030 otorga un papel fundamental a las
empresas, llamadas a valorar además cuáles son los impactos de sus actividades desde un punto de vista amplio,
en las comunidades, en el medioambiente y a lo largo del tiempo. Como hemos visto, la responsabilidad de las
empresas ha ido evolucionando con el tiempo ampliando su radio de acción desde sus grupos de interés más
cercanos hasta el concepto de desarrollo sostenible, que implica a las personas, las economías y los ecosistemas
en un sentido más amplio.
Así, en el contexto de la Agenda 2030 también se ha avanzado desde trabajar la responsabilidad social
hacia apostar por que las empresas sean actores clave del desarrollo sostenible, incluyendo también nuevas
oportunidades para hacer sus negocios sostenibles. Las empresas deben definir un conjunto claro de prioridades
y seleccionar los ODS en los que se van a centrar, donde cada ODS tiene diferente relevancia para cada
empresa en función de su sector y país de actuación. Esas prioridades se definen en función de los impactos
positivos y negativos que la empresa puede causar en todas sus operaciones, cadenas de valor y comunidades
donde opera. Así por ejemplo, una empresa farmacéutica tendrá más impacto en el ODS 3 que trabaja la salud,
mientras que una de alimentación lo tendrá en el ODS 2 que trata la nutrición, y una empresa de construcción lo
tendrá en el ODS 9 que se dedica a las infraestructuras o en el ODS 11 de las ciudades.
Pero el fenómeno transversal, y común a todos los sectores, es que va aumentando el nivel de complejidad de
las cadenas de suministro globales y la interdependencia entre las empresas que las componen. Sin embargo, a
pesar del incremento de interrelación entre los múltiples agentes de estas largas cadenas de aprovisionamiento,
producción y distribución (e incluso teniendo más posibilidad de control sobre los eslabones finales gracias a
los sistemas de intercomunicación actual), prácticas como el trabajo forzoso o la explotación infantil continúan
vigentes. Según datos de la OIT, 40,3 millones de personas han estado sometidas a la esclavitud moderna,
afectando de forma desproporcionada a las mujeres, y se calcula que 152 millones de niños y niñas trabajaban
en todo el mundo; siendo cifras que afectan de manera muy desigual y concentradas de manera especialmente
sangrante en ciertos países según sectores de actividad. La siguiente figura resume los focos más importantes:
Lista de productos y países en riesgo de trabajo forzado. Fuente: Global Slavery Index Report (2018)
Es debido a datos tristes como estos que la Gestión Responsable de la Cadena de suministro se está
considerando clave en el ámbito de la sostenibilidad empresarial. Aunque las acciones realizadas por una
empresa pueden ser independientes de las llevadas a cabo por los proveedores, su responsabilidad de respetar
derechos humanos, cumplir estándares laborales, fomentar la igualdad de género o luchar contra el cambio
climático, entre otros muchos aspectos, debiera trasladarse a su cadena de suministro, y hay datos que muestran
avances en ese sentido. Una consulta realizada por la Red Española del Pacto Mundial a más de 1900 empresas
estima que un 30% de las empresas españolas dispone de un Código de conducta a proveedores y un 20%
evalúa a sus proveedores en aspectos relativos a derechos humanos. Entre las grandes empresas (más de 250
empleados/as) estos porcentajes aumentan hasta un 57% y un 40% respectivamente. A nivel internacional, en
Ecovadis (2020) podemos ver como el índice de sostenibilidad para las cadenas de suministro de todo el mundo,
ha mejorado de forma continua desde 2015; presentando un mayor rendimiento en este índice las empresas
adheridas al Pacto Mundial.
Los 10 principios del Pacto mundial son principios de carácter universal que pueden aplicarse a cualquier tipo de
organización, independientemente de su tamaño, sector de actividad o lugar de operaciones. Los 10 principios se
estructuran en cuatro áreas temáticas: los derechos humanos, las normas laborales, el medioambiente y la lucha
contra la corrupción; áreas para las que ya se establece una priorización concreta en lo relativo a la gestión de la
cadena de suministros, como se detalla a continuación.
Derechos humanos (Principios 1 y 2 del Pacto Mundial): Los derechos humanos deben ser el principal eje
sobre el que vertebra la gestión responsable de la cadena de suministro. Evaluar el impacto de los proveedores en
este ámbito resulta crucial para que la empresa se asegure de no ser cómplice de vulneraciones de derechos
humanos.
Normas laborales (Principios 4, 5 y 6 del Pacto Mundial): Garantizar el cumplimiento de las normas laborales es
especialmente relevante entre proveedores que se encuentran en países con una legislación débil. Sin embargo,
las empresas deben ir más allá, impulsando tanto en estos países como en los más garantistas aspectos como la
igualdad de género, la no discriminación laboral y la reducción de las desigualdades.
Medioambiente (Principios 7, 8 y 9 del Pacto Mundial): El respeto al medioambiente, la lucha contra el cambio
climático e impulsar sistemas de economía circular debe ser trasversal a toda la empresa, incluida la cadena de
suministro. En este sentido, la sensibilización a proveedores en estos ámbitos y su evaluación en aspectos
medioambientales son clave.
Lucha contra la corrupción (Principio 10 del Pacto Mundial): Las empresas deben asegurar que sus
proveedores disponen de sistemas de gobernanza robustos que les permitan garantizar el cumplimiento normativo
y evitar conductas corruptas o poco éticas. Además, estos mecanismos deben ser evaluados periódicamente.
A partir de estos principios del Pacto Mundial, se deriva que el compromiso de las empresas por la gestión
responsable de la cadena de suministro puede materializarse, en una primera fase de compromiso, mediante el
Código ético o de conducta a proveedores. Este puede servir para extender la cultura de derechos humanos de la
empresa a sus proveedores, como base previa para desarrollar el llamado "proceso de debida diligencia" en la
cadena de suministro , así como el establecimiento de mecanismos de reclamación a nivel operacional, para dar
solución a los impactos generados y reparar a sus eventuales víctimas.
Situación empresas españolas sobre GCS Responsable. Fuente: Pacto Mundial de Naciones Unidas (2021)
La debida diligencia consiste en identificar, prevenir, mitigar y comunicar los impactos de la empresa en el ámbito
de los derechos humanos. Este proceso se debe llevar a cabo no solo considerando las actividades propias de la
empresa, sino también las operaciones de la cadena de suministro; la integración de la debida diligencia a la red de
proveedores tiene como objeto lograr una cadena de suministro más resiliente y sostenible. Para desarrollar este
proceso es necesario llevar a cabo cuatro fases sucesivas:
3. Integración de las conclusiones y toma de medidas: Una vez llevada a cabo la evaluación a proveedores, se
integrarán los resultados identificados en las funciones y procesos internos pertinentes de la organización,
determinando qué empleados/as o departamentos deben hacer frente a estos impactos, y qué medidas se llevarán
a cabo para gestionarlos. Además, se incluirán objetivos medibles y cuantificables en el tiempo para poder medir
los avances con respecto a las acciones programadas. En definitiva, se trata de trazar un plan de acción que
incluya medidas, responsabilidades y objetivos a alcanzar, dando prioridad a los impactos más graves o que
puedan resultar irreversibles; de esta manera la empresa podrá garantizar que se abordan de una manera eficaz
todos los riesgos identificados.
4. Seguimiento y comunicación: Este último paso implica la medición y el seguimiento del plan de acción,
estableciendo diferentes indicadores de rendimiento, tanto cuantitativos como cualitativos. Los indicadores pueden
provenir de estándares internacionales, diferentes directivas o normativas o ser propios de la empresa. Una vez
completada la debida diligencia, el proceso se hará público en los diferentes canales de comunicación de la
empresa, especialmente en el informe de sostenibilidad. Este debe abarcar temas e indicadores que expliquen la
forma en que la empresa identifica y responde a las consecuencias negativas sobre los derechos humanos. Es
importante señalar que la verificación independiente de los informes sobre derechos humanos puede mejorar su
contenido y su credibilidad.
La última gráfica, que contrasta las grandes empresas frente a las pequeñas y medianas empresas (pymes)
españolas, puede ser representativo del bajo nivel global de implantación de estándares de sostenibilidad en estas
últimas. Pero las pymes suponen más del 50% del PIB mundial y desempeñan un papel central en el desarrollo
económico, por lo que no deben permanecer ajenas a todo el proceso de convergencia que los ODS están
suponiendo. En principio puede parecer que su pequeño tamaño conlleva escasa capacidad de acción, pero no
tiene porqué ser así. El reducido tamaño de las pymes les da una flexibilidad y una capacidad de reacción que las
grandes empresas no tienen. Además, se caracterizan por tener trato directo con sus grupos de interés. Al estar
mucho más ligadas al entorno cercano en el que actúan, las relaciones que establece una pyme con proveedores,
clientes, trabajadores o consumidores son, en muchas ocasiones, más directas que en el caso de las grandes
empresas. Esto hace que, en general, las pymes sean muy conscientes de los intereses, preocupaciones y
expectativas de sus grupos de interés; pudiendo entroncar de manera natural con las prácticas promovidas
desde los ODS, aunque no las tengan catalogadas de manera expresa.
Por ello, el llamamiento al sector privado para su contribución a los 17 Objetivos de la Agenda 2030 incluye
especialmente a este modelo empresarial. De hecho, el papel de estas pequeñas y medianas empresas se
considera clave para asegurar la prosperidad de los territorios, generar empleo, ofrecer oportunidades de formación
y desarrollo de carreras profesionales y, por lo tanto, contribuir a la erradicación de las desigualdades. Pero a pesar
del importante papel que desempeñan, estudios del Pacto Mundial muestran que la gran mayoría de las pymes
españolas no conoce la Agenda 2030, o sólo lo hace de forma superficial; y por ello la Red Española del Pacto
Mundial ha publicado la publicación "Guía para PYMES ante los ODS" para dar a conocer la Agenda 2030 entre las
pequeñas y medianas, estableciendo una serie de estrategias adecuadas ante el reto que suponen.
Seguramente con el ánimo de motivarlas a sumarse al proyecto, en esta guía se explica como los ODS pueden
ser para las pymes, no solo un reto para alcanzar una gestión más sostenible, sino también una oportunidad de
negocio que les puede abrir las puertas de nuevos mercados y mejorar su eficiencia y reputación. Concretamente,
se establecen las siguientes oportunidades para las pymes en el marco global de la Agenda 2030:
• Acceso a nuevos mercados. Contribuir a los ODS permite a la pyme acceder a nuevos segmentos de mercado
que serán claves en la economía del futuro, como las nuevas tecnologías, la economía circular, los negocios
inclusivos, las energías renovables o la economía ecológica.
• Ahorro en costes. El 67% de las empresas implanta con este objetivo acciones de sostenibilidad que inciden en
el ahorro energético y de agua, prácticas que pueden realizarse tanto en los procesos de fabricación como en las
oficinas.
• Generación de alianzas con otros actores y negocio con grandes empresas. Un beneficio adicional de
contribuir a la Agenda 2030 es el de establecer alianzas con otros actores, en especial, con las grandes empresas.
Éstas están apostando firmemente por la sostenibilidad, situándola en el núcleo de sus modelos de negocio. Según
un análisis de la Red Española del Pacto Mundial, el 66% de las empresas del IBEX 35 ya evalúan a sus
proveedores bajo criterios sociales y el 71% lo hace en base a criterios ambientales.
• Más facilidades para contratar con el sector público. La Ley 9/2017, de 8 de noviembre de Contratos del
Sector Público, incluye aspectos medioambientales o sociales como criterios para la adjudicación de contratos a las
empresas con la administración pública.
• Mejora de la reputación y aumento de la confianza en la marca. El 64% de los consumidores españoles tiene
en cuenta en sus compras casi siempre o a veces la sostenibilidad, es decir, los posibles impactos sociales o
ambientales negativos de los productos y servicios que compra. Por ello, el tener una estrategia basada en la
Agenda 2030 podría incrementar la confianza en la marca y aumentar las ventas.
• Adelantarse a normativas. Se espera que en los próximos años se produzca un aumento de estrategias y
normativas en materia de sostenibilidad. Las empresas que integren los ODS en su modelo de negocio encontrarán
más fácil su adaptación a las nuevas normativas.
• Más facilidades para contratar con el sector público.
Estrategias sostenibles
En la citada guía del Pacto Mundial, se establece una priorización de ODS a los que las pymes, en general, podrían
contribuir con mayor impacto. Aunque luego se detalla esta priorización por sectores concretos de actividad, se
considera una cierta jerarquía genérica que seguiría este orden de prioridades:
Por otro lado, existen muchas tendencias actuales relacionadas con la Agenda 2030 en torno a las que pueden
establecerse una serie de estrategias sostenibles, muy específicamente útiles para las pymes; en cuanto a que
pueden suponer importantes sinergias positivas, e incluso oportunidades de negocio. Entre ellas estarían las
siguientes en el marco de algunos ODS concretos que serían prioritarios:
• Salud de los empleados (ODS 3). Implementar medidas que incidan en la salud y el bienestar de los empleados
puede suponer aumentar su motivación y su compromiso con la organización y, por tanto, también su
productividad.
• Energías renovables (ODS 7). La Unión Europea pretende que, en 2030 el 32% de la energía consumida en
toda la unión, sea de origen renovable. Teniendo en cuenta esta meta, las pymes podrían comenzar su adaptación
al futuro del mercado a través de incrementar el uso de energías renovables en sus actividades o innovar con
nuevos productos y servicios que utilicen o ayuden a impulsar el uso de estas energías.
• Digitalización (ODS 9). Internet y las redes sociales son claves para el futuro de los mercados. El 63% de los
españoles ha realizado compras online desde el móvil en 2019 y el 67% de los consumidores españoles se basa
en las recomendaciones en redes sociales de otros usuarios en internet a la hora de comprar. Las pymes han de
aprovechar esta tendencia, que la pandemia ha catalizado enormemente, para lanzarse al mundo digital y sacar el
máximo partido a esta nueva forma de hacer negocios.
• Reutilización y reciclaje (ODS 12). Las pequeñas y medianas empresas pueden impulsar la reutilización y el
reciclaje de materiales como papel, plásticos o envases a nivel interno para ahorrar recursos y también crear
productos y servicios basados en materiales reutilizados y reciclados que satisfagan a los consumidores que
buscan productos más sostenibles. Asimismo, como se vio en los temas 8 y 9, ya empieza a hacer sistemas que
permiten obtener valor a partir de la recuperación de materiales y que están disponibles para las pymes.
• Transparencia (ODS 16). Cada vez se reconoce más el valor de la divulgación de información sobre
sostenibilidad por parte de las empresas; la transparencia se está convirtiendo rápidamente en un nuevo
paradigma para hacer negocios. De las 250 compañías más grandes del mundo, más del 90% de ellas informan
sobre su desempeño en sostenibilidad y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas ha pasado de 44 empresas
adheridas en el año 2000, a más de 10000 en 145 países. Esta tendencia puede hacerse extensiva a las pymes
para que sean proveedoras de las grandes empresas en la cadena de suministro, así como al resto de pymes que
quieran hacerlo de manera voluntaria.
ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS
Las PYMES suelen estar inmersas en cadenas de suministro de empresas más grandes y, sin disponer en muchas
ocasiones de departamento y funciones propios encargados a esta labor, les resulta complicado atender
requerimientos de Responsabilidad Social. Se recomiendo como actividad complementaria profundizar en la Guía
para PYMES ante los ODS. Red española del Pacto Mundial.
RECUERDA QUE...
En este tema se ha visto la importancia que puede tener la cadena de suministro en la extensión de la RSE entre
empresas de distintos sectores. Algo parecido ya sucedió con los sistemas de calidad y con los sistemas
medioambientales, por lo que es de esperar que ésta sea la principal vía de difusión de la RSE en los próximos
años. Se han revisado las fuerzas motrices que están liderando este proceso así como algunas de las iniciativas
institucionales que los están facilitando, desarrollando en mayor profundidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) del Pacto Mundial, y en concreto aquellos más relacionados con su extensión a través de la cadena de
suministro. Asimismo, es muy importante centrar esfuerzos en que las PYMES se integren en este proceso de
convergencia, dado que representan más del 50% del PIB mundial y tienen mucho que aportar.