“De mil maestros, la cuna aquí está”.
El proceso de historización de la
escuela Normal rural de El Mexe, Hidalgo.
José Eduardo Cruz Beltrán
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
Área temática: Historia e Historiografía de la educación.
Línea temática: Instituciones.
Resumen:
El presente trabajo da cuenta de un análisis historiográfico en torno a las concepciones que se tienen de la
escuela Normal rural Luis Villarreal de la comunidad El Mexe, municipio de Tepatepec, Hgo. La intención de este
trabajo es por un lado distinguir entre la bibliografía analizada, la línea que divide a la historia de la memoria. En
este sentido, el análisis deja entrever que es a éste último punto hacia donde se dirigen los trabajos que hasta
el momento se han producido. Se analizaron artículos académicos, tesis y libros conmemorativos respecto a
esta institución. Se espera que este trabajo permita una visión retrospectiva a quienes han escrito sobre esta
institución a trascender del texto emotivo hacia trabajos que desde un enfoque académico logren brindar un
más amplio panorama de la cultura escolar vivida al interior de esta escuela Normal.
Palabras clave: Normalismo, El Mexe, Historiografía de la educación, Memoria, Historización.
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Acapulco, Guerrero 2019
Introducción: el pasado desde el presente
En diciembre de 2018 hay un cambio de régimen. No sólo es asunto de partidos sino también de
ideologías. La izquierda mexicana toma el poder Ejecutivo federal, dicho sea de paso también de la mayoría
del poder Legislativo, y comienza una reestructuración en todos los ámbitos de la administración pública,
incluido el sector educativo. Se lanza el programa Universidades del Bienestar Benito Juárez administrada
desde la sede del Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y dentro
de esta nueva política educativa para la educación superior encuentra cobijo la hasta entonces cancelada
escuela Normal rural Luis Villarreal, situada en la comunidad El Mexe, municipio de Francisco I. Madero,
Hgo., en la región conocida como Mezquital a unos 50 km de la capital Pachuca. Ahí mismo el presidente de
la República anuncia oficialmente que dicha institución volverá operará en pocos meses. Se abren espacios
virtuales para que aspirantes a alumnos y a docentes ingresen sus documentos y con ello se inauguren los
ciclos escolares.
Lo anterior fue una especie de triunfo, por llamarlo de algún modo, de todos aquellos que en años
anteriores veían cómo cerraron aquella Normal y que pugnaban porque se modificaran ciertos puntos
dentro de su organigrama con la condición de no clausurarla. Este trabajo no es un recorrido por aquellos
sucesos que dieron vida a la escuela Normal de El Mexe sino el examen de cómo ha sido vista la historia de
esta institución escolar. Su reapertura orilla a una vista retrospectiva acerca de su quehacer, pero sobre
todo, para comprenderla aún mejor, una vista retrospectiva al quehacer de quienes han escrito acerca de
ella, de lo que han expresado, y de cómo en esa producción bibliográfica han expuesto también su sentir
respecto a la escuela que los formó.
El Mexe y sus primeros textos
La Normal rural del Mexe fue inaugurada en 1926, como escuela regional campesina, por el entonces
presidente Plutarco Elías Calles. Los antecedentes de la escuela Normal en Hidalgo provienen de algunos
años atrás. En 1913 el profesor e historiador Teodomiro Manzano Campero fundó la Normal Benito Juárez
en Pachuca; en 1923 se asentó la primera Normal rural en el convento de Santa María de Molango, en la
Sierra Alta de Hidalgo. Pocos años funcionaría ahí pues fue trasladada al convento, también agustino,
de San Nicolás Tolentino de Actopan hacia 1928. Estas normales rurales dependían de la recién creada
Secretaría de Educación Pública en tanto que las escuelas regionales estaban adscritas a la de Agricultura
y Fomento. En 1932 ambas se fusionaron y la sede de la Normal de Actopan dejó el convento para funcionar
desde entonces en una hacienda agrícola que el gobierno federal le compró a la familia Requena.
El director de la escuela entre 1933 y 1934 fue Manuel Velázquez Andrade quien durante su estancia en la
institución escribió Cuadros vivos publicado por Ediciones Gamma, de Tlaxcala, e ilustrado por algunos
grabados que el editor, Agustín Velázquez Chávez, solicitó a José Clemente Orozco para ilustrar las estampas
literarias que hablan de la realidad otomí, “un grupo racial que ha vivido por siglos en un medio geográfico
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hostil, sujeto a embates físico geográficos incontenibles, a luchas con otros grupos que lo han dominado, y
queriéndolo hacer desaparecer no han podido hacerlo”. En 1984 el gobierno del estado de Hidalgo solicitó
de nuevo a Velázquez Chávez una nueva edición, titulada El Mexe. Impresiones en el Valle del Mezquital,
1934. En sentido estricto el título sólo hace referencia a que el autor Manuel Velázquez fue director de la
Regional Campesina, por lo cual los textos refieren, como ya se ha dicho, las condiciones de vida de la
región hidalguense del Mezquital (Velázquez, 1984).
Más tarde, hacia 1987, el Museo Nacional de Culturas Populares en coordinación con la Secretaría de
Educación Pública convocó al certamen de relatos y testimonios “Los maestros y la cultura nacional”. El
objetivo fue recuperar “la historia de la formación del México contemporáneo, a través de la voz de sus
protagonistas”. La convocatoria se extendió a los estados de la república, y recibiendo 124 trabajos cuya
revisión, premiación previa, estuvo a cargo de las invesstigadoras Engracia Loyo, Cecilia Greaves y Valentina
Torres Septién, todas de El Colegio de México.
Los trabajos seleccionados fueron distribuidos en cinco volúmenes repartidos por cada una de las zonas
del país de donde provinieran los trabajos y publicados con el mismo título del certamen Los maestros y
la cultura nacional, 1920-1952. En el volumen dos aparece el texto Nura mexe, del profesor, originario de
Molango, Hgo., Donaciano Serna Leal, que durante un breve periodo entre 1970 a 1971 fue gobernador
interino del estado, en tanto el gobernador constitucional, también originario de Molango, Manuel Sánchez
Vite ocupaba la presidencia nacional de su partido político. Ambos fueron egresados de la escuela Normal
de El Mexe y esto fue motivo para que Serna Leal, con cierto gusto por la escritura, decidiera enviar su
trabajo, el cual constituiría uno de los primeros textos que aborda la historia institucional de la Normal Luis
Villarreal (el que esto escribe, con autorización de la familia, ha preparado una reedición con introducción
y notas de Nura Mexe para una futura publicación dentro de la serie Letras molangueñas, reedición de
obras escritas por personajes originarios de Molango, Hgo., o cuyos temas sean relativos a esta población
serrana del estado). Posterior a este trabajo surgirían otros tanto con perspectivas académicas como de
afanes más emotivos y de recreación de la memoria, casi todos escritos por profesores egresados de la Luis
Villarreal, mexanos, como se autodenominan.
Nura mexe atiende el periodo en el cual se fusionaron las escuelas rural de Actopan con la que ya
funcionaba en la hacienda de El Mexe. Mira con benevolencia al presidente Calles que como profesor que
fue, se preocupó por los problemas del campo, según anota Serna Leal. El autor, nacido en 1919 llegó a El
Mexe a principio de los años treinta luego de haber concluido la educación primaria por lo cual pudo vivir
los primeros años de la Escuela regional campesina.
El estilo con el cual aborda el tema intenta ser imparcial sobre todo referente en la organización estudiantil;
buscó diversos testimonios a fin de comprender el juicio de ambas partes, sobre todo cuando se suscitaban
diferencias, como por ejemplo la fusión de las escuelas que estuvo a punto de los enfrentamientos entre
centralistas, que reclamaban su espacio ganado en el viejo casco de la hacienda de San Antonio El Mexe, y
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los normalistas que en sistema mixto habían caminado desde la población de Actopan para incorporarse a
su nueva escuela. Serna Leal buscó entonces a Manuel Meza Andraca ingeniero agrónomo, secretario de la
Escuela Nacional de Agricultura en 1923, y jefe del Departamento de Enseñanza Agrícola, operador de dicha
fusión, la cual señala una buena estrategia para que de acuerdo con Moisés Sáenz, los futuro profesores
“trabajaran en escuelas del campo para hombres del campo sobre cosas del campo” (Serna, 1987: 59).
Por otra parte, Serna Leal da cuenta de los años de transición de la Normal en los años cuarenta: el
gobierno de Manuel Ávila Camacho, con el ingeniero Luis Sánchez Pontón al frente de la secretaría de
Educación nombra a varios de sus colaboradores y “junto a estos se colaron los enemigos de la Escuela
Regional Campesina”; entre algunos de sus dictados fue negar que los estudiantes de las escuelas de
provincia cursaran materias en la Escuela Normal de Maestros de México. Además señaló que las escuelas
dejarían de ser mixtas, por lo que las mujeres mexanas marcharon hacia Tlaxcala y El Mexe quedó como
escuela para varones. Serna Leal atribuye este hecho a que “las actividades agropecuarias decayeron y la
disciplina sufrió mengua: los alumnos, sin el freno que representaban sus compañeras, se volvieron hoscos
y agresivos.”, como una forma quizá de historizar las marchas estudiantiles que caracterizaron a El Mexe y
de paso comprender, que no justificar, su carácter combativo (Serna, 1987: 72).
Memoria mexana: los textos de Felipe Cortés Martínez
Si algo caracteriza la bibliografía que se ha escrito para El Mexe es que esta tiene como autores a
egresados originarios de la Sierra Alta de Hidalgo que era una región que entonces no contaba con más
acceso que las brechas dejadas por los arrieros. Esta región, colindante con la Huasteca, no veía otra
salida profesional que la del magisterio. Por ello, tenemos a la figura del profesor Felipe Cortés Martínez,
originario de Calnali, Hgo que en sus años como estudiante destacó en el atletismo y posteriormente,
retirado de las lides magisteriales practicó la poesía. Cortés Martínez escribió algunos textos relativos a su
paso por El Mexe y algunos de ellos son Laudanza por mi escuela (1994) y coordinador del libro El Mexe en
la memoria colectiva de la gratitud (2012).
En el primero de ellos, entre una mezcla de poesía y prosa da cuenta de varias anécdotas vividas durante su
estancia en la institución como los aventones de ocasión (o ado), las peripecias para llegar a otras escuelas
Normales, una lista de apodos, la nómina de los compañeros de generación, los directores de las escuelas,
y cada apartado ilustrado con fotografías de la época.
Sin embargo, el trabajo más arduo, al tratarse de un libro de casi cuatrocientas páginas con más de cuarenta
colaboraciones, fue el segundo libro donde en el título lleva expresa la intencionalidad del interior. Se
entiende pues que “la memoria colectiva es lo que queda del pasado en la experiencia vivida de los grupos”,
en palabras de Maurice Halbwachs, que entiende este concepto como recuerdo o conjunto de recuerdos
de cierta experiencia vivida, en muchos casos mitificada, por una colectividad; existe, prosigue el autor, en
que detrás de la memoria hay una cierta carga sentimental por el pasado (Araujo y Quijano, 2011: 176). Tal
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es la característica de los participantes, un afecto, un escrito emotivo, nostálgico de aquello que en México
suele resumirse con “toda época pasada fue mejor”.
Uno de los trabajos, el de Salomón Nazar, señala la idea de El Mexe como “escuela producto de la revolución”
y como “forjador de hombres mexicanos de bien”, lo cual coincide con el inicio del texto de Nura mexe,
de Serna Leal: “La actual Escuela Normar Rural de El Mexe, Hidalgo, es hija legítima de nuestro movimiento
revolucionario. Sus maestros y alumnos han sustentado una ideología libertaria” (Nazar en Cortés, 2012:
52; Serna, 1987: 41). Luciano Vela Gálvez escribe sobre su presencia en la oficina del entonces secretario de
Educación Manuel Gual Vidal quien al escuchar las pretensiones de los alumnos argumentaba no tener
dinero; sin embargo Vela Gálvez respondió: “Si usted y sus colaboradores cercanos, durante uno o dos
meses, dejan de llevarse la parte del presupuesto del que indebidamente se apoderan, con eso basta y
sobra.”; más adelante señala su rutina de lunes a viernes, desde levantarse con el tres de diana y realizar
todas las actividades escolares y agropecuarias (Vela en Cortés, 2012: 58-59; 65). Por su parte, Alberto Canul
Ak, de origen maya, escribe sobre los tiempos en que se creó la Federación de Estudiantes Campesinos
Socialistas de México, en tiempos de Lázaro Cárdenas cuyo gobierno tuvo “apego a los principios socialistas,
que generaron incalculables apoyos sociales al pueblo mexicano y logró el rescate de riquezas naturales
de la nación”, en tanto justifica la creación de dicha federación estudiantil para “rescatarse la autonomía
maniatada en manos de dirigentes que la habían puesto en manos de la autoridad oficial” (Canul en Cortés,
2012: 69-70).
Fidencio Salazar señala el deber de cariño y gratitud de la juventud estudiantil izquierdista, en tanto Gordiano
Vite recuerda los apodos y regresa de nueva cuenta a la ideología mexana: “La acción revolucionaria y
progresista de la escuela Normal rural Luis Villarreal de El Mexe, Hgo., habrá de perdurar en el tiempo y en
el espacio por la profundidad filosófica de su política altamente socialista y humanitaria (Vite en Cortés,
2012: 84).
El historiador Pierre Nora comenta que la memoria colectiva es un proceso por el cual la sociedad guarda
voluntariamente sus recuerdos, los busca y los reencuentra, y en cómo ella organiza dichos recuerdos,
es decir, cómo hace uso de la memoria (Araujo y Quijano, 2011: 177). En este sentido, los textos tienen la
intención de proyectar el pasado a través del presente como señalar, en el caso de las luchas ideológicas
que se vivían al interior del plantel: por un lado los alumnos provenientes de la sierra y la Huasteca y por el
otro los del altiplano (el Mezquital y otros estados de la República, motivados, entre otros por la Revolución
cubana como escribió Dionisio Moreno (Moreno en Cortés, 2012: 133-134, 138).
Alberto Hernández niega las “supuestas presencias guerrilleras” sino como una sincera “lucha por obtener
y/o conservar un presupuesto aceptable, el sistema de internado, inscripción y más becas para nuevo
ingreso, mejoría en la planta de profesores, plaza a egresados […]” (Hernández en Cortés, 2012: 210-212).
Antolín Chávez Martínez secunda la idea: “Denostar lo construido por la Escuela de El Mexe [en los tiempos
en que fue clausurada], durante ocho décadas, echando mano del señalamiento mordaz, de ver siempre las
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cosas negativas […] fue cerrar la escuela y cortar de tajo la posibilidad de que el joven de escasos recursos
se preparara” (Chávez en Cortés, 2012: 220-221). Esto va muy de la mano con el concepto de memoria que
maneja Nicolás Offenstadt en tanto refiere que ésta es modelada por las subjetividades y los propios
desafíos de cada uno de sus participantes (Offenstadt, 2014: 94). El mismo autor señala que estas memorias
también pueden ser parciales y selectivas; el propio coordinador, en su texto correspondiente habla de
un Plutarco Elías Calles preocupado por los problemas del campo, que incluso visitó países europeos para
conocer los avances que allá tenían en materia de agricultura y ganadería, idea similar a la planteada por
Serna y que sin embargo omitieron hacer referencia de otros rubros claroscuros del personaje como fue su
participación en el conflicto contra los cristeros del Bajío mexicano (Cortés en Cortés, 2012: 275). Finalmente,
Cortés Martínez, en las reflexiones finales y a propósito de la clausura de El Mexe, señalaba con esperanza
que algún día la justicia habría de llegar a estos centros educativos, que su presencia estaba garantizada
en el porvenir de la historia de México, en la historia de la educación y en el futuro de las instituciones de
esta nación: “Entonces nuestra Alma máter como el ave Fénix resurgirá, y El Mexe proclamará con su eco
eterno: ‘De mil maestros, la cuna aquí está’” (Cortés en Cortés, 2012: 326).
Usar la historia para explicar las prácticas educativas del presente
Escribe Raymond Aron que “La historia es reconstitución, por y para los vivos, de la vida de los muertos.
Nace, por lo tanto, del interés actual que tienen los hombres que piensan, sufren, actúan en explorar el
pasado” (Aron, 1983: 14). Como muchos historiadores, Aron plantea que el ejercicio de la historia parte de
una necesidad de explorar el pasado desde el presente. Las ideas retomadas por los profesores mexanos,
expuestas en el apartado anterior, son una muestra de cómo esos testimonios grupales, memorias
colectivas, se convierten en objeto de la historia. De acuerdo con este precepto, “las funciones humanas
que nos parecen más naturales (las emociones…) […] son ‘inmediatamente’ informadas por la cultura y
poseen, en consecuencia, una historia” (Offenstadt, 2014: 80). Con esto, Halbwachs intenta diferencias los
términos: memoria es lo concreto, lo vivido, el afecto; la historia por naturaleza se torna crítica, conceptual,
problemática (Araujo y Quijano, 2011: 176-177). Por ello en este apartado habré de señalar los usos de la
memoria para esbozar trazos de la historiografía de la escuela Normal de El Mexe.
En primer lugar tenemos algunos artículos escritos para los Encuentros Hidalguenses de Historia de la
Educación. De los cuatro volúmenes publicados en cada uno existe uno u otro texto, que sin llegar a
ser estrictamente historiográfico, dan cuenta de la memoria colectiva presentada anteriormente para
desarrollar los temas. Dos hacen referencia a las historias de vida de Donaciano Serna y Felipe Cortés y
otro más a Gordiano Vite, también originario de Calnali, Hgo. Otro texto, el de Raúl Vargas expone una
experiencia metodológica de enseñanza de la historia en la licenciatura en Educación Primaria, mientras
que Alejandro Moreno realiza una historia de vida de las profesoras mujeres en la primera generación de
educación especial.
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Habré de concentrarme, sin embargo, en los textos que tocan o esbozan parte de la historia institucional
de El Mexe. El primero es de Crisantos Granados que realiza un recorrido desde su origen en “el movimiento
revolucionario de 1910”, sus antecedentes en la escuela Normal rural de Molango y Actopan, su fundación
por Calles, la fusión de la Normal con la Central Agrícola, el cambio en el plan de estudios hasta su
desaparición en 2005. El autor atribuye esa “pérdida de espíritu revolucionario” a la incomprensión de los
funcionarios encargados de la administración educativa y al abandono de las escuelas rurales. El autor
cuestiona si la escuela ha vuelto a sus orígenes, toda vez que en la sede que ocupara la Normal se abrió
una universidad politécnica y aprovecha la palabra para enaltecer a los hombres y mujeres que transitaron
por sus aulas. La idea del autor es “contribuir al reconocimiento social de aquellos que no pasaron por sus
aulas” (Granados en Amador, 2011).
El texto con el cual continua el volumen, de Martha Tenorio Sánchez es prácticamente un resumen de
Nura Mexe al tenerlo como única fuente de información y sólo una breve cita de La educación privada
en México, de Valentina Torres Septién respecto a que la educación rural mexicana tuvo como propósito
incorporar a “la masa campesina a la cultura moderna y el mejoramiento de las condiciones económicas de
los campesinos”. El dato que aporta al final de su trabajo, que no fue escrito por Serna Leal, fue el hecho de
que en 1988 el bachillerato fue trasladado al municipio de Huehuetla, en el extremo oriente del estado de
Hidalgo y colindante con Puebla y Veracruz, donde tuvo injerencia la organización de Antorcha Campesina
(Tenorio en Amador, 2011).
En segundo lugar tenemos dos tesis de doctorado en Educación realizadas por académicos de la Universidad
Pedagógica Nacional-Hidalgo. Como caso curioso también ellos con raíces familiares en la Sierra Alta de
Hidalgo y que utilizaron parte de la información histórica respecto a El Mexe para construir sus trabajos:
Marisol Vite Vargas, de Calnali, y Pablo Zapata Perusquía con raíces en el municipio de Juárez Hidalgo,
cercano a Molango.
En la tesis de Zapata Perusquía hace un breve registro de las escuelas Normales en el estado de Hidalgo,
señalando que la primera estuvo en Molango y después se trasladó al Mexe. La señala como una escuela
que más allá de formar profesores debe formar líderes ante las comunidades campesinas (Zapata, 2004:
15). Lo que el autor quiere destacar es las prácticas educativas de las Normales “muestran una pugna en
torno a las relaciones establecidas, desde la política educativa, entre instituciones formadoras de docentes,
esto es, entre Normales urbanas y rurales”, sobre todo en la homologación de planes de estudio, haciendo
hincapié en que los profesores formados en las Normales rurales estaban imposibilitados de cursar la
Normal nacional (Zapata, 2004: 32).
En tanto, en el caso de Vite Vargas, se plantea que los estudiantes que acuden a sus aulas se apropian de la
cultura institucional para con ello afianzar un sentido de identidad. Vite cita Nura mexe en aquel apartado
de la fusión de escuelas y que ante cierta renuencia de los normalistas que entonces se encontraban
en Actopan pronto se adhirieron a las actividades de la escuela agrícola de El Mexe (Vite, 2010: 23). Más
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adelante advierte, coincidente con la opinión de Zapata, que los mexanos estaban más comprometidos
“a revolucionar las comunidades que la de promover la formación de los niños” (Vite, 2010: 257). Esto tiene
relación con la idea historiográfica respecto a El Mexe: hija de la Revolución, y por ende de su ideología.
Algunas consideraciones finales
En este trabajo hemos intentado dilucidar dos aspectos: por un lado el proceso en el cual se ha
procesado la historia institucional de El Mexe a partir de la memoria de sus egresados. Los materiales
aquí estudiados tienen una fuerte carga subjetiva tal y como se define a la memoria, esto es, al recuerdo
vivido. En este sentido, la memoria se interioriza, en tanto la historia es vista desde fuera, con argumentos
críticos. Los textos referentes a las ponencias de los encuentros de historia de la educación en el estado
de Hidalgo son esbozos de una historiografía de la institución, es decir, por los alcances propios de una
ponencia, esta desde luego, no profundiza del todo los elementos para hablar de una historiografía como
tal. Son acercamientos aunque con la limitante de tener una abrumadora dependencia heurística en Nura
mexe, que se constituye como el primer y hasta el momento único documento del que han partido los
trabajos posteriores lo cual es momento de buscar en nuevas fuentes que contribuyan al conocimiento
y al debate. En segundo lugar, se abordó de manera somera el uso de la historia para explicar ciertas
prácticas educativas, más de relaciones de poder que pedagógicas en sentido estricto.
De manera implícita se deja entrever que la escuela Normal rural de El Mexe, por su ubicación en un
ámbito rural, y por ser la mayoría de sus estudiantes de escasos recursos, también provenientes de la
provincia mexicana, un sentido combativo, de revolución no como vertiente armada sino más bien como
un espacio de lucha ante las precariedades que viven estas regiones así como las desventajas que esto
representó. Quedará en el tintero un nuevo análisis, ya no historiográfico, respecto al proceso bajo el
cual fue clausurada la escuela Normal en los primeros años del siglo presente. Hay un acercamiento, el de
Adriana Pérez Téllez que también acude a Serna Leal para dar un breve panorama histórico de la institución
y estudiar al sistema educativo mexicano desde la formación de docentes de educación primaria para
responder a “quiénes son esos estudiantes que marchan, que bloquean carreteras, que secuestran autos y
nos preguntamos por qué lo hacen” (Téllez, 2005:3). Hay mucho que escribir sobre la historia de la Normal
Luis Villarreal, quizá ahora, a partir del año 2019, pueda escribirse una segunda parte.
Bibliografía
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(Tesis de doctorado en Educación). Universidad Pedagógica Nacional, Ciudad de México.
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