Antigona Editada
Antigona Editada
Antígona
Sófocles
© Pehuén Editores, 2001. )1(
SÓFOCLES ANTÍGONA
PERSONAJES
ANTÍGONA
ISMENA
TIRESIAS, adivino.
CREONTE, rey de Tebas.
EURÍDICE, esposa de Creonte.
*EMÓN, hijo de Creonte y Eurídice y prometido de Antígona.
UN CENTINELA.
UN MENSAJERO.
CORO DE ANCIANOS.
OTRO MENSAJERO.
EL CORIFEO.
ACCION ISMENA:
¿Qué hay? Parece que tienes entre manos algún proyecto.
La acción transcurre en el Ágora de Tebas, ante de la puerta del
ANTIGONA:
palacio de CREONTE. La víspera, los argivos, mandados por
Creonte ha acordado otorgar los honores de la sepultura a uno
POLINICE, han sido derrotados: han huido durante la noche
de nuestros hermanos y en cambio se la rehúsa al otro. A Etéocles,
que ha terminado. Despunta el día. En escena, ANTIGONA e
según parece, lo ha mandado enterrar de modo que sea honrado
ISMENA.
entre los muertos bajo tierra; pero en lo tocante al cuerpo del
Polinice, también se dice que ha hecho pública una orden para
todos los tebanos en la que prohíbe darle sepultura y que se le
llore: hay que dejarlo sin lágrimas e insepulto para que sea fácil
ANTIGONA:
presa de las aves, siempre en busca de alimento, cualquiera que
Tú, Ismena, mi querida hermana, que conmigo compartes las
infrinja su orden, morirá lapidado por el pueblo. Esto es lo que yo
desventuras que Edipo nos legó ¿qué edicto es ese que
tenía que comunicarte..
nuestro jefe, según dicen, acaba de promulgar para todo el
pueblo? ¿has oído hablar de él, o ignoras el daño que preparan
ISMENA:
nuestros enemigos contra los seres que no son queridos?
Pero, infortunada, si las cosas están dispuestas así ¿qué ganaría yo
desobedeciendo o acatando esas órdenes?
ISMENA:
Ninguna noticia, Antígona, ha llegado hasta mí, ni agradable ni
ANTÍGONA:
dolorosa, desde que las dos nos vimos privadas de nuestros
¿Me ayudarás? ¿Procederás de acuerdo conmigo? Piénsalo.
hermanos, que en un solo día sucumbieron el uno a manos del
otro.
ISMENA:
¿A qué riesgo vas a exponerte? ¿Qué es lo que piensas?
ANTÍGONA:
Estaba segura de ello, y por eso te he hecho salir del palacio para
ANTÍGONA:
que puedas oírme a solas.
¿Me ayudarás a levantar el cadáver?
ISMENA: ANTIGONA:
Pero ¿de verdad piensas darle sepultura, a pesar de que se haya No insistiré; pero aunque luego quisieras ayudarme, no me será
prohibido a toda la ciudad? ya grata tu ayuda. Haz lo que te parezca. Yo, por mi parte,
enterraré a Polinice. Será hermoso para mí morir cumpliendo ese
ANTÍGONA: deber. Así reposaré junto a él con el amado hermano; rebelde y
Una cosa es cierta: es mi hermano y el tuyo, lo quiéras o no. Nadie santa por cumplir con todos mis deberes piadosos.Tú, si te
me acusará de traición por haberlo abandonado. parece, desprecia lo que para los dioses es lo mássagrado
ISMENA: ISMENA:
¡Desgraciada! ¿A pesar de la prohibición de Creonte? No desprecio nada; pero no dispongo de recursos para actuar en
contra de las leyes de la ciudad.
ANTÍGONA:
No tiene ningún derecho a privarme de los míos. ANTÍGONA:
Puedes alegar ese pretexto. Yo, por mi parte, iré a levantar el
ISMENA: túmulo de mi muy querido hermano.
¡Ah! Piensa, hermana, en nuestro padre, que murió cargado de
odio, después que por los pecados que en sí mismo descubrió, se ISMENA:
reventó los ojos con sus propias manos; piensa también que su ¡Ay, desgraciada!, ¡qué miedo siento por ti!
madre y su mujer, pues fue las dos cosas a la vez, puso ella misma
fin a su vida con un cordón trenzado, y mira, como tercera ANTÍGONA:
desgracia, cómo nuestros hermanos, en un solo día, los dos se No tengas miedo por mí; preocúpate de tu propia vida.
han dado muerte uno a otro, hiriéndose mutuamente con sus
propias manos. ¡Ahora que nos hemos quedado solas tú y yo, ISMENA:
piensa en la muerte aún más desgraciada que nos espera si a pesar Pero por lo menos no se lo digas a nadie. Manténlo secreto; yo
de la ley, si con desprecio de ésta, desafiamos el poder y el edicto haré lo mismo.
del tirano! Piensa además, ante todo, que somos mujeres, y que,
como tales, no podemos luchar contra los hombres. En cuanto a ANTÍGONA:
mí se refiere, rogando a nuestros muertos que están bajo tierra Yo no. Dilo en todas partes. Me serías más odiosa callando la
que me perdonen, obedeceré a los que están en el poder, pues decisión que he tomado que divulgándola.
querer emprender lo que sobrepasa nuestra fuerza no tiene
ningún sentido.
ISMENA:
Tienes un corazón de fuego para lo que hiela de espanto.
ANTÍGONA:
Pero sé que soy grata a aquellos a quienes sobre todo me importa
agradar.
ISMENA:
Si al menos pudieras tener éxito; pero sé que te apasionas por un
imposible.
ANTÍGONA:
Si continúas hablando así, serás el blanco de mi odio y te harás
odiosa al muerto a cuyo lado dormirás un día. Déjame afrontar
este peligro, ya que nada me sería más intolerable que no
morir con gloria.
ISMENA:
Pues si estás tan decidida, sigue. Sin embargo, ten presente una
cosa: te embarcas en una aventura insensata; pero obras como
verdadera amiga de los que te son queridos.
CORIFEO:
Tales son las disposiciones, Creonte, hijo de Meneceo, que te
place tomar tanto respecto del amigo como del enemigo del país.
Eres dueño de hacer prevalecer tu voluntad, tanto sobre los que
han muerto como sobre los que vivimos.
CREONTE:
Velad, pues, para que mis órdenes se cumplan.
CORIFEO:
Encarga de esta comisión a otros más jóvenes que nosotros.
CREONTE:
Ya hay guardias colocados cerca del cadáver.
MENSAJERO:
CORIFEO: Quiero primero informarte de lo que me concierne. La cosa no
¿Qué otra cosa tienes aún que recomendarnos? he sido yo quien la ha hecho, ni he visto al autor: no sería, pues,
justo que yo sufriese castigo por ello.
CREONTE:
Que sean inflexibles con los que infrinjan mis órdenes. CREONTE:
¡Cuánta prudencia y cuántas precauciones tomas! Voy creyendo
CORIFEO: que tienes que darme cuenta de algunas novedades.
Nadie será lo bastante loco como para desear la muerte.
MENSAJERO:
CREONTE: Cuesta mucho trabajo decir las cosas desagradables.
Y tal sería su recompensa. Pero por las esperanzas que despierta
el lucro se pierden a menudo los hombres. CREONTE:
(Llega un MENSAJERO, uno de los guardianes colocados cerca del cadáver ¿*Hablarás al fin y dirás tu mensaje para descargarte de él?
de Polinice. Después de muchas vacilaciones, se decide a hablar.)
MENSAJERO: CORIFEO:
Voy, pues, a hablarte. Un desconocido, después de haber sepultado Rey, desde hace tiempo mi alma se pregunta si este acontecimiento
al muerto y esparcido sobre su cuerpo un árido polvo y cumplidos no habrá sido dispuesto por los dioses.
los ritos necesarios, ha huido hace rato.
CREONTE:
CREONTE: Cállate, antes que tus palabras me llenen de ira. Dices cosas
¿Qué es lo que dices? ¿Qué hombre ha tenido tal audacia? intolerables, suponiendo que los dioses puedan preocuparse por
ese cadáver.
MENSAJERO: ¿Cuándo has visto tú que los dioses honren a los malvados? No,
Yo no sé. Allí no hay señales de golpe de azada, ni el suelo está ciertamente. Pero desde hace tiempo algunos ciudadanos se
removido: la tierra está dura, intacta, y ningún carro la ha someten con dificultad a mis órdenes y murmuran en contra mía
surcado. El culpable no ha dejado ningún indicio. Cuando el moviendo la cabeza, pues no quieren someter su cuello a mi
primer centinela de la mañana dio la noticia el hecho nos produjo yugo, como convenía, para acatar de corazón mis mandatos. Son
triste sorpresa; el cadáver no se veía; no estaba enterrado; aparecía estas gentes, lo sé, las que habrán sobornado a los centinelas y les
solamente cubierto con un polvo fino, como si se lo hubieran habrán inducido a hacer lo que han hecho. De todas las
echado para evitar una profanación. Ni rastro de fiera ni de perros instituciones humanas, ninguna como la del dinero trajo a los
que lo hubieran arrastrado para destrozarlo. Su opinión fue que hombres consecuencias más funestas. Es el dinero el que
había que comunicarte lo que pasaba y no ocultártelo. Esta idea devasta las ciudades, el que echa a los hombres de los hogares, el
prevaleció, y fui yo, ¡desgraciado de mí!, a quien la suerte que seduce las almas virtuosas y las incita a acciones vergonzosas;
designó para esta buena comisión. es el dinero el que en todas las épocas ha hecho a los hombres
cometer todas las perfidias y el que les enseñó la práctica de todas
las impiedades. Pero los que, dejándose corromper, han cometido
esta mala acción, tendrán en plazo más o menos largo su castigo.
MENSAJERO: MENSAJERO:
¿Me permitirás decir una palabra, o tendré que retirarme sin decir ¡Sí; que se descubra al culpable ante todo! Pero que se le coja, o
nada? que no, pues es el Destino quien lo decidirá, no hay peligro de
CREONTE: que tú me veas jamás volver por aquí, y ahora que, contra toda
¿No sabes ya cuán insoportables me resultan tus palabras? esperanza y contra todos mis temores, logro escapar, debo a los
dioses una gratitud infinita.
MENSAJERO:
¿Es que ellas muerden tus oídos o tu corazón? (El GUARDIÁN se retira.)
CREONTE:
¿Por qué quieres precisar el lugar de mi dolor? (Llega de nuevo el CENTINELA trayendo atada a ANTÍGONA.)
MENSAJERO: CORIFEO:
El culpable aflige tu alma; yo no hago más que ofender tus oídos. ¡Qué increíble y sorprendente prodigio! ¿Cómo dudar, pues la
reconozco, que sea la joven Antígona? ¡Oh! ¡Desdichada hija del
CREONTE: desgraciado Edipo! ¿Qué pasa? Te traen porque has infringido los
¡Ah! ¡Qué charlatán has salido desde tu nacimiento! reales edictos y te han sorprendido cometiendo un acto de tal
imprudencia?
MENSAJERO:
Por lo menos no he sido yo quien ha cometido ese crimen. CENTINELA:
¡*He aquí la que lo ha hecho! La hemos agarrado en trance de
CREONTE: darsepultura al cadáver. Pero, ¿dónde está Creonte?
Pero, ya que por dinero has vendido tu alma...
(Llega CREONTE.)
MENSAJERO:
¡Ay! ¡Gran desgracia es juzgar por sospechas, y que las sospechas CREONTE:
sean falsas! ¿Qué hay?
CREONTE: CENTINELA:
¡Vamos! ¡Ahora te vas a andar con sutilezas sobre la opinión! Si Rey, vuelvo, pues, a despecho de mis juramentos, y te traigo a
no me traes a los autores del delito, tendrás que reconocer, a no esta joven que ha sido sorprendida en el momento en que
tardar, que las ganancias que envilecen causan graves perjuicios. cumplía los ritos funerarios. La suerte, esta vez, no ha sido
consultada, y este feliz hallazgo ha sido descubierto por mí solo
y no por otro. Y ahora que está ya en tus manos, rey, interrógala
y hazle confesar su falta. En cuanto a mí, merezco quedar suelto y
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SÓFOCLES ANTÍGONA
para siempre libre, a fin de escapar a los males con que estaba
amenazado.
CREONTE:
¿En qué lugar y cómo has apresado a la que me traes?
CENTINELA:
Ella misma estaba enterrando el cadáver; ya lo sabes todo. ¿*hablo
concretamente y con claridad?.
CREONTE:
¿Cómo la has visto y cómo la has sorprendido en el hecho?
CENTINELA:
Pues bien, la cosa ha ocurrido así: cuando yo llegué, aterrado
por las terribles amenazas que tú habías pronunciado, barrimos
todo el polvo que cubría al muerto y dejamos bien al
descubierto el cadáver, que se estaba descomponiendo. Después,
para evitar que las fétidas emanaciones llegasen hasta nosotros,
nos sentamos de espaldas al viento, en lo alto de la colina. Allí, cada
uno de nosotros excitaba al otro con rudas palabras a la más
escrupulosa vigilancia, para que nadie anduviera lento en el
cumplimiento de la empresa. Permanecimos así hasta que el orbe
resplandeciente del Sol se paró en el centro del éter y el calor
ardiente arrasaba. En este momento, una tromba de viento,
levantó del suelo un torbellino de polvo; llenó la llanura, devastó
todo el follaje del bosque y obscureció el vasto éter. Aguantamos
con los
ojos cerrados aquel azote enviado por los dioses. Pero cuando la CREONTE (Dirigiéndose a ANTÍGONA.):
calma volvió, mucho después, vimos a esta joven que se lamentaba ¿Conocías prohibición que yo había promulgado? Contesta
con una voz tan aguda como la del ave desolada que encuentra claramente.
su nido vacío, despojado de sus polluelos. De este mismo modo,
a la vista del cadáver desnudo, estalló en gemidos; exhaló sollozos ANTÍGONA (Levanta la cabeza y mira a CREONTE.):
y comenzó a proferir maldiciones contra los autores de eso. Con La conocía. ¿Podía ignorarla? Fue públicamente proclamada.
sus manos recogió en seguida polvo seco, y luego, con una jarra de
bronce bien cincelado, fue derramando sobre el difunto tres CREONTE:
libaciones. Al ver esto, nosotros nos lanzamos sobre ella ¿Y has osado, a pesar de ello, desobedecer mis órdenes?
enseguida; todos juntos la hemos cogido, sin que diese muestra del
menor miedo. Interrogada sobre lo que había ya hecho y lo que ANTÍGONA:
acababa de realizar, no negó nada. Sí, porque no es Zeus quien ha promulgado para mí esta
prohibición, ni tampoco Niké, la que ha promulgado
(Una pausa.) semejantes leyes a los hombres; y he creído que tus decretos,
como mortal que eres, puedan tener primacía sobre las leyes no
CREONTE (Dirigiéndose a ANTÍGONA.): escritas, inmutables de los dioses. No son de hoy ni ayer esas
¡Oh! Tú, tú que bajas la frente hacia la tierra, confirmas o niegas leyes; existen desde siempre y nadie sabe a qué tiempos se
haber hecho lo que éste dice? remontan. No tenía, pues, por qué yo, que no temo la voluntad
de ningún hombre, temer que los dioses me castigasen por
ANTÍGONA: haber infringido tus órdenes. Sabía muy bien, aun antes de tu
Lo confirmo, y no niego absolutamente nada. decreto, que tenía que morir, y ¿cómo ignorarlo? Pero si debo
morir antes de tiempo, declaro que a mis ojos esto tiene una
CREONTE (Al CENTINELA.): ventaja. ¿Quién es el que, teniendo que vivir como yo en medio
Libre de la grave acusación que pesaba sobre tu cabeza, puedes ir de innumerables angustias, no considera más ventajoso morir?
ahora a donde quieras. Por tanto, la suerte que me espera y tú me reservas no me causa
ninguna pena. En cambio, hubiera sido inmenso mi pesar si
(El CENTINELA se va.) hubiese tolerado que el cuerpo del hijo de mi madre, después de
su muerte, quedase sin sepultura. Lo demás me es indiferente.
Si, a pesar de todo, te parece que he obrado como una
insensata, bueno será que sepas que es quizás un loco quien
me trata de loca.
CREONTE (Dirigiéndose al CORO.): ojalá me disgusten siempre, ya que a ti mis actos te son odiosos.
Ésta ha sabido ser temeraria infringiendo la ley que he promulgado ¿Qué hazaña hubiera podido realizar yo más gloriosa que de dar
y añade una nueva ofensa a la primera, gloriándose de su sepultura a mi hermano? Todos los que me están escuchando me
desobediencia y exaltando su acto. En verdad, dejaría yo de ser colmarían de elogios si el miedo no encadenase sus lenguas.
hombre y ella me reemplazaría, si semejante audacia quedase Pero los tiranos cuentan entre sus ventajas la de poder hacer y
impune. Pero que sea o no hija de mi hermana, y sea mi más decir lo quieren.
cercana parienta, entre todos los que adoran a Zeus en mi hogar, CREONTE:
ella y su hermana no escaparán a la suerte más funesta, pues yo Tú eres la única que ve las cosas así.
acuso igualmente a su hermana de haber premeditado y hecho
estos funerales. Llámenla. Hace un rato la he visto alocada y ANTÍGONA:
fuera de sí. Ellos las ven como yo; pero ante ti, sellan sus labios.
ANTÍGONA: CREONTE:
Ya me has apresado. ¿Quieres algo más que matarme? Y tú, ¿cómo no enrojeces de vergüenza de disentir de ellos?
CREONTE: ANTÍGONA:
Nada más; teniendo tu vida, tengo todo lo que quiero. No hay motivos para enrojecer por honrar a los que salieron del
mismo seno.
ANTÍGONA:
Pues, entonces, ¿a qué aguardas? Tus palabras me disgustan y CREONTE:
¿No era también hermano tuyo el que murió combatiendo contra
el otro?
ANTÍGONA:
Era mi hermano de padre y de madre.
CREONTE:
Entonces, ¿por qué hacer honores al uno que resultan impíos
para con el otro?
ANTÍGONA:
No diría que lo son el cadáver del muerto.
CREONTE: correr lágrimas de amor por su hermana. Una nube de dolor que
Sí; desde el momento en que tú rindes a este muerto más honores pesa sobre sus ojos ensombrece su rostro enrojecido, y baña en
que al otro. llanto sus lindas mejillas.
CREONTE: ISMENA:
Pero al hombre virtuoso no se le debe igual trato que al malvado. Sí, soy culpable, si mi hermana me lo permite; cómplice soy suya
y comparto también su pena.
ANTÍGONA:
¿Quién sabe si esas leyes tuyass son santas allá abajo? ANTÍGONA (Vivamente.):
Pero la Justicia no lo permitirá, puesto que te has negado a
CREONTE: seguirme y yo no te he asociado a mis actos.
No; nunca un enemigo mío será mi amigo después de muerto.
ISMENA:
ANTÍGONA: Pero en la desgracia en que te hallas no me avergüenza asociarme
No he nacido para compartir el odio, sino el amor. al peligro que corres.
CREONTE: ANTÍGONA:
Ya que tienes que amar, baja, pues, bajo tierra a amar a los que ya *Hades y los dioses infernales saben quiénes son los responsables.
están allí. En cuanto a mí, mientras viva, jamás una mujer me Quien me ama sólo de palabra, no es amiga mía.
mandará
(Se ve llegar a ISMENA entre dos esclavos.) ISMENA:
*Hermana mía, no me juzgues indigna de morir contigo y de
CORIFEO: haber honrado al difunto.
Pero he aquí que en el umbral del palacio está Ismena, dejando
ANTÍGONA: ISMENA:
Guárdate de unirte a mí muerte y de atribuirte lo que no has Sin embargo, la falta es común a ambas.
hecho. Bastará que muera yo.
ANTÍGONA:
ISMENA: Tranquilízate. Tú vives; pero mi alma está muerta desde hace
Y ¿qué vida, sin ti, puede serme aún apetecible? tiempo y ya no es capaz de ser útil más que a los muertos.
ANTÍGONA: CREONTE:
Pregúntaselo a Creonte, que tanta solicitud te inspira. Estas dos muchachas, lo aseguro, están locas. Una acaba de perder
la razón; la otra la había perdido desde el día en que nació.
ISMENA:
¿Por qué quieres afligirme así, sin provecho alguno para ti? ISMENA:
Es que, ¡oh rey!, la razón con que la Naturaleza nos ha dotado no
ANTÍGONA: persiste en un momento de desgracia excesiva, y en ciertos casos,
Si te mortifico, ciertamente no es sin dolor. aun el más cuerdo acaba por perder el juicio.
ISMENA: CREONTE:
¿No puedo al menos ahora pedirte algún favor? El tuyo, seguramente, se perdió cuando quisiste ser cómplice de
unos malvados.
ANTÍGONA:
Salva tu vida; no te envidio al conservarla. ISMENA:
Sola y sin mi hermana, ¿qué será para mí la vida?
ISMENA:
¡maldita sea mi desgracia! ¿No podría yo compartir tu muerte? CREONTE:
No hables más de ella, pues ya no existe.
ANTÍGONA:
Tú has preferido vivir; yo en cambio, he escogido morir. ISMENA:
Y ¿vas a matar a la prometida de tu hijo?
ISMENA:
Pero al menos te he dicho lo que tenía que decirte. CREONTE:
Hay otros surcos donde poder labrar.
ANTÍGONA:
Sí, a unos les parecerán sensatas tus palabras; a otros, las mías. ISMENA:
No era eso lo que entre ellos se había convenido.
CREONTE:
No quiero para mis hijos mujeres malvadas.
ISMENA:
¡Oh *Hemón bienamado! ¡Que gran desprecio siente por ti tu
padre!
CREONTE:
Me están resultando insoportables tú y esas bodas.
CORIFEO:
¿Verdaderamente privarás de la boda a tu propio hijo?
CREONTE:
Es Plutón, no yo, quien ha de poner fin a esas nupcias.
ISMENA:
¿De modo que, según parece, su muerte está ya decidida?
CREONTE:
Lo has dicho y lo he resuelto. Que no se retrase más. Esclavos,
llévenlas al palacio. Es preciso que queden bien sujetas, de modo
que no tengan ninguna libertad. Que los valientes, cuando ven
que Hades amenaza su vida, intentan la huida.
CORIFEO:
Pero he aquí a Hemón, el menor de tus hijos. Viene afligido
por la suerte de su joven prometida, Antígona, con quien debía
desposarse, y llora su boda frustrada.
HEMÓN: HEMÓN:
Padre, te pertenezco. Tus sabios consejos me gobiernan, y estoy Padre: los dioses, al dar la razón a los hombres, les dieron el bien
dispuesto a seguirlos. Para mí, padre, ningún casamiento es más grande de todos los que existen. En cuanto a mí, no podría
preferible a tus justas decisiones. ni sabría decir que tus palabras no sean razonables. Sin embargo, me
es fácil escuchar en la sombra cómo la ciudad compadece a esa
CREONTE: joven, merecedora, se dice, menos que ninguna, de morir por haber
Esta es efectivamente, hijo mío, la norma de conducta que ha de cumplido una de las acciones más gloriosas: la de no consentir
seguir tu corazón: todo deberá pasar a segundo término ante las que su hermano muerto en la pelea quede allí tendido, privado de
decisiones de un padre. Por esta razón los hombres desean sepultura; ella no ha querido que fuera despedazado por los perros
tener y conservan en el seno de sus hogares hijos dóciles: hambrientos o las aves de presa. ¿No es, pues, digna de una corona
para que se venguen de los enemigos sus padres y prosigan de oro? *He aquí los rumores que circulan en silencio.
honrando a los amigos como lo hizo su padre. No pierdas,
jamás hijo mío, por atractivos del placer a causa de una mujer, los
sentimientos que te animan, porque has de saber que es muy frío el
abrazo que da en el lecho conyugal una mujer perversa. Pues, en
efecto, ¿qué plaga puede resultar más funesta que una
compañera perversa? Rechaza, pues, a esa joven como si fuera un
enemigo, y déjala que se busque un esposo en el Hades. Es mejor,
si es preciso, caer por la mano de un hombre, que oírse decir
que hemos sido vencidos por una mujer.
HEMÓN:
CORIFEO: No, en lo que no sea justo. Aunque sea joven, no es mi edad, son
Rey, conviene, cuando se nos da un consejo oportuno, tenerlo en mis consejos los que hay que tener en cuenta.
cuenta. Tú escucha también a tu padre. ¡Tanto el uno como el
otro han hablado bien! CREONTE:
¿Y tu consejo es que honremos a los promotores de desórdenes?
CREONTE: HEMÓN:
¿Es que a nuestra edad tendremos que aprender prudencia de un Nunca te aconsejaré rendir homenaje a los que se conducen mal.
hombre de sus años?
CREONTE:
Pues esta mujer, ¿no ha sido sorprendida cometiendo una mala
acción?
HEMÓN:
No; al menos así lo dice el pueblo de Tebas.
CREONTE:
¡Cómo! ¿Es la ciudad la que ha de dictarme lo que debohacer?
HEMÓN:
¿No te das cuenta de que acabas de hablar como un hombre
demasiado joven?
CREONTE:
¿Es que incumbe a otro que a mí el gobernar a este país?
HEMÓN:
No hay ciudad que pertenezca a un solo hombre.
CREONTE:
Pero ¿no se dice que una ciudad es del que manda?
HEMÓN: HEMÓN:
Únicamente en un desierto tendrías derecho a gobernar solo. Hablo por ti, por mí y por los dioses infernales.
CREONTE:
CREONTE: Jamás te casarás con esa mujer en vida.
Está bien claro que te has convertido en el aliado de una mujer.
HEMÓN:
HEMÓN: Ella morirá, pero su muerte acarreará la de otro.
Sí, si tú eres una mujer; pues es por tu persona por quien me CREONTE:
preocupo. ¿Me amenazas?
CREONTE: HEMÓN:
¡Y lo haces, miserable, acusando a tu padre! ¿Es amenazarte refutar tus malas decisiones?
HEMÓN: CREONTE:
Porque te veo violar la Justicia. Insensato; vas a pagar con lágrimas tus elecciones.
CREONTE: HEMÓN:
¿Es violarla hacer que se respete mi autoridad? ¿Es que quieres hablar tú solo, sin escuchar nunca a nadie?
HEMÓN: CREONTE:
Empiezas por no respetarla tú mismo hollando los honores ¡Vil esclavo de una mujer, basta ya de aturdirme con tu charla!
debidos a los dioses.
HEMÓN:
CREONTE: Si no fueras mi padre, diría que desvarías.
¡Oh, ser impuro, esclavizado por una mujer!
CREONTE:
HEMÓN: ¿De veras? Pues bien, por el Olimpo, has de saber que no tendrás
Nunca me verás ceder a deseos vergonzosos. motivo para regocijarte por haberme dirigido reproches
ultrajantes. (Dirigiéndose a los guardianes.) ¡Qué traigan aquí a esa
CREONTE: mujer odiosa! ¡Que muera al instante en presencia de su prometido!
En todo caso, no hablas más que en favor de ella.
HEMÓN:
No; de ninguna manera en mi presencia morirá. Y, en cuanto a ti,
te digo que tampoco tendrás ya jamás mi cara ante tus ojos. Te (Aparece ANTÍGONA conducida por dos centinelas y con las manos
dejo desahogar tu locura con aquellos amigos tuyos que a ello se atadas.)
presten.
CORIFEO:
(HEMÓN se va.) Y yo también ahora, al ver lo que estoy viendo, me siento inclinado
CORIFEO: a desobedecer las leyes y no puedo retener mis lágrimas
Rey, ese hombre se ha ido despechado y enojado. Para un contemplando cómo Antígona avanza hacia el lecho, el lecho
corazón de esa edad, la desesperación es terrible. nupcial en que duerme la vida de todos los humanos.
CORIFEO:
Y ¿de qué muerte quieres que muera la otra?
CREONTE:
La llevaré por un sendero estrecho y abandonado y la encerraré
viva en caverna de una roca, sin más alimento que el mínimo
necesario, que preserve de esa mancha a la ciudad entera. Allí,
implorando a Hades, el único dios al que ella adora, obtendrá
quizás de él escapar a la muerte, o, cuando menos, aprenderá que
rendir culto a los muertos es una cosa superflua.
(CREONTE se va.)
CORIFEO: CORIFEO:
Pero te vas hacia el abismo de los muertos revestida de gloria y de Te has dejado llevar por un exceso de audacia, y te has estrellado
elogios, sin haber sido alcanzada por las enfermedades que contra el trono elevado de la Justicia. Pagás, sin duda, alguna
marchitan ni sometida a servidumbre por una espada victoriosa; falta ancestral.
sola entre todos los mortales, por tu propia voluntad, libre y viva,
vas a bajar al Hades. ANTÍGONA:
¡Qué pensamientos más amargos has despertado en mí al
recordarme el destino demasiado conocido de mi padre, la ruina
total que cayó sobre nosotros, el famoso destino de las Labdácidas!
¡Oh fatal casamiento materno! ¡Unión con un padre que fue el
ANTÍGONA: mío, de una madre infortunada que le dio la vida! ¡De qué
¡Ay! ¡Te burlas de mí! ¿Por qué, en nombre de los dioses paternos, padres, desgraciada, nací! Voy hacia ellos ahora, desventurada, y
ultrajarme viva sin esperar a mi muerte? ¡Oh patria! ¡Oh muy sin haber sido esposa, voy a compartir con ellos su mansión. Y tú,
afortunados habitantes de mi ciudad! ¡Sean ustedes al menos hermano mío, ¡qué unión funesta has formado! ¡Muerto tú, me
testigos de cómo sin ser llorada por mis amigos y en nombre matas a mí,que vivo aún!
de qué nuevas leyes me dirijo hacia el calabozo bajo tierra que me
servirá de insólita tumba! ¡Ay, qué desgraciada soy! ¡No habitaré CORIFEO:
ni entre los hombres ni entre las sombras, y no seré ni de los Honrar a los muertos es ser piadoso sin duda; pero el que tiene la
vivos ni de los muertos! llave del poder no puede tolerar que se viole ese poder. Tu carácter
altivo te ha perdido.
ANTÍGONA:
Sin que nadie me llore, sin amigos, sin cantos nupciales, me veo
arrastrada, desgraciada de mí, a este inevitable viaje que me
apremia. ¡nadie llorará sobre mi suerte; ningún amigo se lamentará
por mí!
(Entra CREONTE)
CREONTE:
(A los guardianes que conducen a ANTÍGONA.):
Llevenla sin demora. Encienrrenla, como he dicho, en aquella
cueva abovedada. Dejenla allí sola, abandonada; que se muera, o
que permanezca viva, sepultada bajo ese techo. Nosotros
quedaremos exentos de culpa, en lo que a la joven se refiere, de la
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SÓFOCLES ANTÍGONA
CREONTE:
¡Oh anciano Tiresias! ¿Qué hay de nuevo?
TIRESIAS:
Voy a decírtelo y tú obedecerás al adivino.
CREONTE:
¿Qué hay? Me estremezco al pensar qué palabras van a salir de
tus labios.
TIRESIAS:
Las que vas a oír. Estaba, pues, en mi viejo asiento, desde
donde observo todos los presagios, cuando de repente oí extraños
graznidos que con funesta furia lanzaban unas aves; comprendí
en seguida, por el retumbante batir de sus alas, que con sus
garras, y sus picos se despedazaban unas a otras.
CREONTE: CREONTE:
Anciano, vienen todos como arqueros contra el blanco y disparan No quiero devolver a un adivino injuria por injuria.
sus flechas contra mí. Y ni siquiera me han ahorrado el arte
adivinatorio. TIRESIAS:
Jamás pondrán a Polinice en la tumba. Ni por miedo a esa Y, sin embargo, así lo haces acusando a mis predicciones de
muchacha que se le diese sepultura. Sé muy bien además que falsas.
ningún hombre tiene el poder de contaminar a los dioses.
CREONTE:
La sangre de los adivinos es ávida de dinero.
TIRESIAS: CORIFEO:
Me obligarás a decir lo que hubiera querido guardar en mi corazón. Rey: ese hombre se ha retirado después de haber anunciado cosas
espantosas, y yo he visto, desde que cambié mis negros cabellos
CREONTE: por, estos blancos que peino ahora, que este adivino jamás predijo
Descúbrelo; pero que no sea la codicia la, que te inspire. a la ciudad oráculos falsos.
TIRESIAS: CREONTE:
¿De modo que crees verdaderamente que, al hablarte así, lo hago También yo lo sé, y mi mente se debate en un mar de confusiones.
sólo movido por el interés. Es duro ceder; pero no lo es menos resistir y estrellarse contra la
desgracia.
CREONTE:
Por ningún precio cambiaré la idea. CORIFEO:
Es necesaria prudencia, Creonte, hijo de Meneceo.
TIRESIAS:
Pues bien, es preciso que sepas que las ruedas rápidas del Sol no
darán, muchas vueltas sin que un heredero de tu sangre pague
su muerte otra muerte; porque tú has mandado bajo tierra a
un ser que vivía en su superficie y la has obligado a vivir en un
sepulcro, y retienes aquí arriba un cadáver lejos de los dioses
subterráneos, sin honras fúnebres y sin sepultura. Y tú no tienes
derecho a hacer eso; ni
CREONTE: CORIFEO:
¿Qué debo hacer? Dímelo, que yo obedeceré. ¿Quién ha matado? ¿Quién ha muerto? ¡Habla!
CORIFEO: MENSAJERO:
Ve de prisa, saca a la joven de su prisión subterránea y prepara ¡Hemón ha muerto! Una mano amiga ha derramado su sangre.
una sepultura para quien permanece al aire libre.
CORIFEO:
CREONTE: ¿La mano de su padre o bien la suya propia?
¿Eso crees que es lo que debo hacer? ¿Tú quieres que ceda?
CORIFEO: MENSAJERO:
Sí, rey; y lo más pronto posible. La venganza de los dioses tiene Se mató por su mano, enfurecido contra su padre por la muerte
rápido el paso, alcanza a los males por los caminos más cortos. que había ordenado.
CREONTE: CORIFEO:
¡Lo siento! Con gran pena, renuncio a mis propias leyes; ¡Oh adivino Tiresias! ¡Tus predicciones se han cumplido sin
pero, sin embargo, sigo tus indicaciones. Es vano obstinarse en demora!
luchar contra la necesidad.
MENSAJERO:
CORIFEO: Ya que así es, conviene pensar en todo lo que puede suceder.
Ve, pues; corre, y no fíes el cumplimiento de estos cuidados más (Se ve a EURÍDICE, que sale por la puerta central.)
que a ti mismo.
CREONTE:
Voy al instante yo mismo. Vamos, corred, servidores, los que
estáis aquí y los que no estáis; corred con hachas en las manos
hasta el lugar arbolado que ven desde aquí. (Dirigiéndose al CORO.)
Y yo, puesto que ya he cambiado de parecer, desde que con mis
manos até a Antígona, quiero ir en persona a libertarla.
Entra en mensajero
CORIFEO:
¿Qué nuevo infortunio de nuestros reyes vienes a anunciarnos?
MENSAJERO:
Han muerto, y son los vivos los que los han hecho morir.
CORIFEO:
Pero veo que se acerca la desgraciada Eurídice, la esposa de
Creonte. ¿Sale del palacio porque sabe la muerte de su hijo o
porcasualidad?
(Entra EURÍDICE.)
EURÍDICE:
Ciudadanos todos, aquí reunidos; he oído vuestras palabras cuando
iba a salir para hacer mis plegarias a la diosa Palas. El susto me
hizo caer de espaldas en brazos de mis sirvientas, y helada de
espanto me desmayé. Pero ¿qué decían? Repítanme vuestras
palabras: estoy acostumbrada a oír desgracias
MENSAJERO:
Amada reina: te diré todo aquello de que yo he sido testigo. La
verdad es siempre el camino más derecho. Acompañaba y guiaba
yo a tu esposo hacia el sitio elevado de la llanura en donde,
sin piedad y despedazado por los perros, yacía todavía el
cuerpo de Polinice. Allí, después de hacer nuestras preces
primero a la diosa de los caminos y a Plutón, para que
contuviesen su cólera y nos fueran propicios, lavamos el
cadáver con agua lustral y quemamos los restos que quedaban
con ramas de olivo recién cortadas. Por fin con la tierra natal,
amontonada con nuestras manos, hicimos un túmulo elevado.
Nos fuimos en seguida hacia ese antro de piedra en donde se
hallaba la joven. Desde lejos uno de nosotros oyó un grito lejano y
agudos gemidos que salían de ese sepulcro privado de honras
fúnebres y se lo dijo
CORIFEO:
¿Qué hemos de pensar de esto? La reina, sin decir palabra ni
favorable ni nefasta, se ha retirado.
CORIFEO: MENSAJERO:
¡Ay, qué tarde me parece que ves la Justicia! Puedes verla, pues ya no está en el interior.
MENSAJERO: CREONTE:
Tu mujer ha muerto. La madre del difunto que lloras, ha muerto, ¡Ay! ¡Ay! ¡Enloquezco de horror! ¿Por qué no ha de haber nadie
la desgraciada, por la herida mortal que acaba de asestarse. para hundirme en pleno corazón el doble filo de una espada? De
todas partes me veo sumido en la desgracia.
CREONTE:
¡Oh tú, mensajero de aflicciones, ¿qué otra desgracia vienes a MENSAJERO:
anunciarme? ¡Cuando yo estaba casi muerto vienen a Ella, al morir, sólo a ti te imputaba su muerte y la de sus hijos.
descargarme el golpe mortal! Pero ¿qué dices, amigo mío? ¿Esa
nueva noticia que me anuncias es la muerte de mi esposa; una CREONTE:
víctima más que añadir a la muerte de mi hijo? ¿De qué modo se dio muerte?
MENSAJERO:
Ella misma se hundió una espada debajo del hígado, así que supo
el deplorable fin de su hijo.
CORIFEO:
Por el momento no formules ningún voto, pues ningún mortal
podrá escapar a las desgracias que le están asignadas por el
destino.
CREONTE:
Lleven muy lejos al ser insensato que soy; al hombre, que, sin
quererlo, te hizo morir, ¡oh hijo mío, y a ti, querida esposa!
¡Desgraciado de mí! No sé hacia quién de estos dos muertos debo
dirigir mi vista, ni a dónde he de encaminarme. Todo cuanto