2023
Semana
Santa
PA R R O Q U I A
Corpus Christi
SSS
Ubicación
Calle 57B #37 -34, Nicolás de Federmán.
Bogotá, Colombia
Semana
Santa
Programación 2023
Viernes 31 de marzo Viernes 7 de abril
6 pm Vigilia de preparación a 9 am Viacrucis
Semana Santa 3 pm Celebración de la Pasión
del Señor
7 pm Sermón de las 7 palabras
Domingo 2 de abril, 8 pm Procesión del Silencio
Domingo de Ramos *Traer una pequeña cruz personal
8 am Sagrada Eucaristía y
10 am
12 m bendición de los Ramos en
5 pm Sábado 8 de abril
7 pm todas las celebraciones
9 am Procesión con la Virgen
*No traer palmas ni plantas
Dolorosa
6 pm Solemne Vigilia Pascual
8:30 pm Solemne Vigilia Pascual
Lunes 3 de abril *No traer cirio ni agua
9 am Misa Crismal
En Catedral de Bogotá
Domingo 9 de abril,
Domingo de Resurrección
Martes 4 de abril Horarios normales
10 am Misa de Los Enfermos
Jueves 6 de abril
8 am Celebración Eucarística
10 am Compartir Eucarístico
4 pm Celebración de La Cena
del Señor
8 pm Hora Santa
7-11 pm Adoración al Monumento
Semana Santa
Se le llama también Semana Mayor
porque en ella se conmemora el amor
de Dios a través de Jesús, que acepta
su pasión, muerte y resurrección, para
salvarnos; para liberarnos del peca-
do. Para vivirla a plenitud, nos pre-
paramos, espiritualmente, durante el
tiempo de Cuaresma, purificándonos e
iluminando nuestras vidas con oración,
ayuno y limosna, como camino para
transformarnos, cambiar las acciones
que nos alejan de Dios y cumplir sus
mandatos.
4 Introducción
Triduo Pascual
Es una sola fiesta, tan importante y tan grande,
que debe ser repartida en tres días. Concentra
los acontecimientos más importantes de la vida
cristiana en los cuales se celebra: el Jueves San-
to, la institución de la Eucaristía, del sacerdocio
y el mandamiento del amor; el viernes Santo, la
pasión y crucifixión de Jesús y el Sábado Santo
la resurrección.
Jueves Santo
En este grandioso día, durante la Últi-
ma Cena, Jesús instituye el Sacramento
de la Eucaristía, el sacramento del sa-
cerdocio y el mandamiento del amor.
Es el día en que se celebra la primera
Eucaristía. La exposición de Jesús en
el monumento, simboliza la oración de
Jesús en el huerto de los olivos, en la
que pide a sus discípulos, acompañarlo
en la oración para no caer en tentación.
Estamos invitados a acompañar a Jesús,
uniéndonos a su oración.
6 Jueves Santo
Hora Santa
El amor de Dios, que se nos revela en la Eucaristía, esté
con todos nosotros.
Oración
Oh Dios, que en este Sacramento admirable nos dejaste
el memorial de Tu pasión; te pedimos, nos concedas ve-
nerar de tal modo los sagrados misterios de Tu cuerpo
y de Tu sangre, que experimentemos constantemente en
nosotros, el fruto de Tu redención.
Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del
Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
Lectura de la primera Carta de San pablo a los
Corintios
Hermanos: al recomendaros esto, no puedo aprobar
que vuestras reuniones causen más daño que provecho.
En primer lugar, he oído, que cuando se reúne vuestra
asamblea, os divide en bandos y, en parte lo creo, por-
que hasta partidos tienen que haber entre vosotros para
que se vea quiénes resisten a la prueba.
Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposi-
ble comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta
a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre,
Hora Santa 7
el otro está borracho ¿No tenéis casas donde comer y
beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que hu-
milláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga ¿Qué os
apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido
una tradición que procede del Señor y a mi vez, os he
transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iban
a entregarlo, tomó pan y pronunciando la acción de gra-
cias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo que se entrega
por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo
hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz
es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto
cada vez que lo bebáis, en memoria mía”. Por eso, cada
vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, procla-
máis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor,
indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del
Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y
beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el
Cuerpo, come y bebe su propia condenación.
V/ Palabra de Dios
R/ Te alabamos Señor.
Acogiendo la presencia viva de Jesús en la Eucaristía; su
presencia en medio de nosotros y, en un clima de ora-
ción fraterna y sencilla, dispongámonos a meditar sobre
el pan de la Eucaristía como signo de unidad, como
fecundidad en la vida, como alimento y fermento, como
eficacia para la transformación del mundo.
El pan es el signo de una comida. Pan sencillo y fraterno
de nuestra mesa. Podrá ser la mesa más o menos pobre;
8 Jueves Santo
más o menos rica; más o menos abundante; mejor o
peor preparada, pero, la mesa nos congrega en familia.
Cuando se trata de compartir algún sentimiento pro-
fundo, nos decimos: “vamos a comer juntos”. Llega una
fiesta: Navidad, Pascua, el cumpleaños, y, en seguida
nos reunimos en torno a una mesa. Cuanto más pobre
y sencilla; cuanto más humilde y fraterna, tanto más
auténtica. El pan nos une. Así ocurre siempre.
El pan que Jesús nos dejó para la vida del mundo, el
pan de la Eucaristía, también tiene que unirnos.
Es el pan de la comunidad cristiana. San Pablo siente
una enorme tristeza, porque los cristianos de Corinto,
a los cuales predicó el Evangelio y enseñó tantas veces
que tenían que estar unidos, viven, sin embargo, en con-
tinuas disensiones y luchas. Es una comunidad desga-
rrada, tensa, muy dividida. Pablo se molesta y dice: “Yo
oigo que entre ustedes hay muchas divisiones y no es
que no vea que eso es bastante natural; lo que me pre-
ocupa es que se está desgarrando desde lo más hondo,
a Cristo, el Señor. Ustedes se están reuniendo, pero,
ya no celebran la cena del Señor, es decir, la Eucaristía
del Señor, porque, por un lado, unos están padeciendo
hambre, mientras que otros comen en demasía y se em-
borrachan. Unos se adelantan, insensibles, sin esperar
a que lleguen los demás; no hay verdadera comunidad;
no hay familia ¿Y así celebran la Cena del Señor, que es
la cena de la familia, que es el pan que nos une? ¿Parti-
dos, quebrados, divididos? Eso no es la Cena del Señor.
Preguntémonos ¿Celebramos la Cena del Señor con
espíritu fraterno? Si viniera el Señor ¿Conocería que
somos sus discípulos porque nos amamos? ¿Hay en no-
Hora Santa 9
sotros un corazón sensible y abierto a las necesidades de
nuestros hermanos? ¿No nos estará sucediendo, tal vez,
que nos gusta mucho reunirnos para proclamar la pala-
bra, celebrar la Eucaristía, festejar la Pascua, y, mientras
tanto nos mantenemos cerrados al dolor y a la pobreza,
a la tristeza y la angustia de nuestros hermanos? Pasa-
mos delante, quizás, de una miseria que sentimos muy
cercana, pero no nos sacude. Y, a lo mejor, en nuestra
propia familia, estamos tensos y divididos. Así no pode-
mos celebrar la Cena del Señor, la Eucaristía.
Tengamos en cuenta que cuando San pablo narra a los
cristianos de Corinto, la institución de la Eucaristía, no
lo hace como quien está dando una lección de teología y
explica así: Miren, un día Jesucristo instituyó la Eucaris-
tía, de esta manera: tomó el pan, lo bendijo, lo repartió
y dijo a sus discípulos: “Tomen y comen que esto es mi
Cuerpo que es entregado por ustedes. Después tomó
la copa y dijo: Tomen y beban, esta es mi sangre que es
derramada como alianza nueva para el mundo”. No.
Cristo no instituyó la Eucaristía como quien dicta una
lección. Cristo la instituyó en un contexto de amor, de
entrega, de solidaridad. Y cuando San pablo explica el
misterio de la institución, advierte a los cristianos de
Corinto: “Cuidado, que cuando ustedes se reúnen, para
sus asambleas familiares y litúrgicas, más es el mal que
les hace que el bien que reciben porque los está volvien-
do insensibles; viven encerrados en sus egoísmos; no
tienen corazón fraterno; estas asambleas no son justas. Y
entonces, ¿De qué vale celebrar la Eucaristía del Señor?
Hermanos, hoy, Jueves Santo, recogemos una vez más
el mandamiento del Señor: “Ámense los unos a los otros
como Yo los he amado” ¿No será ocasión esta noche,
10 Jueves Santo
aquí, ante la presencia viva de Jesús en el Santísimo
Sacramento, para que yo quite de mi corazón algo, o
mucho, que está impidiendo la comunicación del amor?
¿No será ocasión para que yo, desde el amor empiece
en seguida a comunicar, alegría, serenidad, esperanza?
¿Por qué no me decido esta misma noche, por qué no
nos decidimos esta misma noche?
Tal vez tengamos el nombre de alguien clavado en
nuestro corazón, a quien tengamos que pedir que nos
perdone. Tal vez hay alguien a quien tengamos que
ofrecer perdón. Sí; es necesario que amplíe el espacio
que tengo reservado para los hermanos. El Señor nos
ofrece una oportunidad de cambio.
Preguntémonos ¿Quién es mi hermano? ¿Quién es el
que convive conmigo? ¿Quién es esta persona con la
que me entiendo tan bien? ¿Quién es esta persona a
quien he ayudado y que, sin embargo, me ofende? ¿No
es acaso, también, mi hermano?
Esta noche de oración ante el Santísimo, es una noche
propicia para comprometernos con el cambio en nues-
tras vidas.
¿Por qué no nos decidimos a pensar que la única fuerza
capaz de transformar el mundo, la única fuerza capaz
de crear un mundo más feliz, es la fuerza del amor?
Señor Jesús, Tú has querido quedarte en medio de noso-
tros para que nos sintiéramos de Tu familia, de Tu pue-
blo; para que, entre nosotros, nos sintiéramos hermanos.
Te pedimos perdón, Jesús, porque no vivimos la Euca-
ristía que celebramos; porque no vivimos Tus exigen-
cias de amor y solidaridad. Domingo tras domingo, nos
Hora Santa 11
congregamos en torno a Tu palabra y en torno al pan y
al vino de Tu cuerpo y de Tu sangre. Pero, no nos uni-
mos de verdad.
Perdón, Señor, porque mi corazón se abre muy poco a la
experiencia del hermano.
Perdón, Señor, porque después de recibirte en la Euca-
ristía, muchas veces he pasado, frente al hermano que
necesitaba luz y no he sabido comunicarle mi esperan-
za.
Esta noche de Jueves Santo, en este encuentro conti-
go, quiero comprometerme; quiero comprometer mi
vida para formar, en cuanto de mí dependa, la unidad.
Que haya realmente unidad en mi corazón, para que
después la lleve a mi hogar y, desde él, y con todos los
hombres, construyamos un mundo feliz y fecundo, por
la fuerza del amor.
Señor Jesús, hemos meditado en Ti y Contigo. Hemos
sentido que eres como el pan bueno; como el pan senci-
llo que nos une en familia. Preside Tú siempre, nuestros
encuentros. Borra, Señor Jesús, nuestros egoísmos que
nos separan, que nos encierran, esta noche y mañana y
todos los días.
Señor, Jesús, eres el pan bueno que nos da la vida, Tu
vida; que nos robustece; que nos alimenta.
Ven a nosotros cada día y cada noche, para que nunca
desfallezcan nuestras fuerzas; para que no nos canse-
mos en el camino, para que no nos dejemos vencer por
el desaliento en el compromiso de amarte a Ti; de amar-
te en nuestros hermanos.
12 Jueves Santo
Señor, concédenos la fuerza de Tu Espíritu que nos
transforme y nos lance al mundo muy fraternalmente,
para cambiarlo con Tu fuerza, con la fuerza de Tu amor.
Que así sea.
Oración de los fieles
Pidamos a Dios que el Espíritu de amor de su Hijo Je-
sús, nuestro hermano Jesús, presente en medio de noso-
tros en la Eucaristía, nos impulse siempre a ocuparnos y
preocuparnos por todos los suyos.
R/. Te rogamos, óyenos.
1. Por todos aquellos que padecen hambre, roguemos
al Señor.
2. Por todos aquellos que no pueden ocupar el lugar
que merecen en la sociedad, roguemos al Señor.
3. Por todos aquellos, hombres y mujeres, que son des-
preciados y marginados, roguemos al Señor.
4. Por todos los ancianos que viven en el olvido, rogue-
mos al Señor.
5. Por todos los que sufren la falta de trabajo, rogue-
mos al Señor
6. Por todos los inocentes y no inocentes que están en
la cárcel, roguemos al Señor.
7. Por todos los que se empeñan y luchan por un mun-
do más justo, roguemos al Señor.
Hora Santa 13
8. Por todos los secuestrados y desplazados en nuestra
patria a causa de la violencia y de la guerra, rogue-
mos al Señor.
9. Por todos los colombianos, para que busquemos
caminos de vida, justicia y paz, roguemos al Señor.
10. Por todos los que no te conocen, roguemos al Señor.
Dios, Padre de bondad que nos amaste, hasta entregar-
nos por amor, a Tu Hijo, escucha nuestras súplicas y
concédenos benignamente cuanto te hemos pedido. Por
nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina Contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de
los siglos.
R/. Amén.
Viernes Santo
Viacrucis *
Señor, nos disponemos a meditar el
recorrido de Tu entrega, que, por amor
a la humanidad, aceptaste padecer,
para convertirte en pan que nos ali-
menta, acompaña, fortalece y anima en
el caminar por el mundo, hasta llegar
a disfrutar de la resurrección gloriosa,
para gozar de Tu presencia. Ayúdanos
a comprender Tu amor para vivir en un
continuo agradecimiento que te alabe, te
adore y te bendiga. Amén.
*Ver Mapa en el Anexo (página 64).
Por la señal de la Santa Cruz, de nues-
tros enemigos, líbranos, Señor, Dios
nuestro. En el nombre del padre, del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de contrición.
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arre-
piento de todos los pecados que he
cometido hasta hoy, y me pesa de todo
corazón, porque con ellos he ofendido a
un Dios tan bueno. Propongo firmemen-
te no volver a pecar y confío en que por
vuestra infinita misericordia, me has de
conceder el perdón de mis culpas y me
has de llevar a la vida eterna. Amén.
60 Sábado Santo
rado Hijo. Tu alma estaba traspasada por una espada
de dolor, pero Tu fe te mantuvo firme; de pies como los
árboles que mueren de pie. Porque tu confianza en Dios
es el tronco firme y erguido que no deja derrumbar a
nadie, por más fuerte que sea la tempestad. Ayúdanos
Madre María a seguir tus huellas de valentía, de amor,
de fe, de esperanza. Ayúdanos a confiar en la mise-
ricordia infinita de Dios, que todo lo puede, que nos
ama hasta el extremo de entregarnos a su Divino Hijo,
para salvarnos, para tenernos cerca de Él. Ayúdanos a
seguir las huellas de amor de Jesús para ser capaces de
dar la vida por nuestros hermanos, así como Él dio su
vida por nosotros. Que este recorrido que hemos hecho,
nos ayude a amarte más; a tenerte como nuestra Madre
intercesora, para superar todos nuestros errores y llegar
un día a recibir tu amor en tu regazo. Amén.
Padre nuestro y 7 Ave Marías.
Pascua de
Resurrección
“¿Por qué buscáis entre los muertos al que
vive? No está aquí, sino que ha resucitado”.
62 Domingo de Pascua
E ste es el día de victoria en el que Jesús pasa de la
muerte a la vida. Celebramos, no solamente la
resurrección de nuestro Señor Jesucristo sino la resu-
rrección de la humanidad, a una nueva vida, alejada del
pecado y obediente a los mandatos del Señor. Se inicia
con la bendición del fuego, con la siguiente oración:
Oh Dios, que, por medio de Tu Hijo Jesucristo, has dado
a los fieles el fuego de Tu luz, santifica y bendice este
fuego nuevo y concédenos que la celebración de estas
fiestas pascuales, encienda en nosotros el deseo de las
cosas celestiales, para que podamos llegar con el alma
purificada a las fiestas de la eterna claridad. Por Jesu-
cristo nuestro Señor. Amén.
El cirio Pascual es símbolo de Jesús resucitado, que es la
luz del mundo. Es la alegría que nos da la seguridad de
su presencia viva en medio de nosotros. Él nos acompa-
ña, nos guía, nos habla, nos enseña, nos orienta. Nunca
nos abandona. Él, con su muerte y resurrección, nos ha
liberado del pecado; de la esclavitud a la que nos some-
te Satanás.
Las lecturas bíblicas nos recuerdan la historia de nuestra
salvación. Ellas constituyen la mesa en la que nos ali-
mentamos de la palabra de Dios, que nos enseña a vivir
para la eternidad. Nos iluminan para vivir el amor y sa-
ber que, al relacionarnos con los hermanos, nos relacio-
namos con Dios; que, al amar a los hermanos, amamos
a Dios. El pecado es una enfermedad, una ceguera que
nos impide reconocernos como hermanos. La otra mesa
que compartimos y que instituyó Jesús el Jueves Santo,
es la mesa de la Eucaristía. Jesús se somete a las humi-
llaciones y tormentos de la pasión, para convertirse en
nuestro pan. Él es el alimento de nuestras almas que nos
63
nutre y nos da vida eterna. Con razón San Pedro Julián
Eymard dice: “El precio de la Eucaristía es la pasión,
muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo”
La bendición del agua, representa una constante reno-
vación del bautismo, enrutada a la celebración de la ver-
dadera vida que nos hace pasar de la oscuridad a la luz
La renovación de las promesas bautismales significa
que somos fieles a la Iglesia, que renunciamos al error,
al vicio, al pecado, a la mentira, a Satanás, a sus obras y
seducciones. Es reafirmar que somos hijos de Dios, que
debemos ser luz para iluminar nuestras vidas y las vi-
das de nuestros hermanos; que tenemos una familia a la
que debemos servir y amar, que es la iglesia; que Jesús
es nuestra puerta por la que podemos entrar a disfrutar
de la vida eterna con el traje impecable que se nos ha
colocado en el bautismo; que somos profetas para anun-
ciar a Dios; reyes para gobernarnos y sacerdotes para
ser mediadores, intercesores ante Dios.
Felices pascuas. Feliz paso a una
nueva vida.
64
Anexo: Mapa Viacrucis
Norte
VI
VII
IV
VIII
III IX
I XV XIV
II
XIII
X
XII XI
Cll. 57 B - Cr. 38 A Cll 59 - Cr. 38 Cr. 35 A - Cll. 56
I Proclamadores VI Comunidad 5
XI Comunidad 3
y Ministros de la
Palabra Cr. 36 A - Cll .59 Cr. 36 A - Cll. 56
VII Comunidad 1 XII Comunidad 7
Cr. 46 - Cll. 57A
II Comunidad 10 Cr. 35 A - Cll. 58 A Cr. 37 - Cll. 57
VIII Comunidad 2
XIII Comunidad 6
Cr. 47 -Cll. 57 B
III Emaús Cr. 35 A - Cll. 57B Cr. 37 Cll 57 B
IX Familia XIV Effetá
Cr. 47 - Cll 58 A
IV Comunidad 9 Cr. 35 A - Cll. 57 Parroquia
X Eymardiana XV Madrinas
Cr. 45 - Cll. 59
V Comunidad 8
PA R R O Q U I A
Corpus Christi
SSS
¡Quiero ser
Sacramentino!
(+57) 3102932668
sacramentinos.colombia