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Moralejas de Fábulas para Reflexionar

1. La historia trata de una rosa que despreció a un sapo feo que siempre estaba a sus pies. 2. Cuando la rosa le ordenó al sapo que se marchara, comenzó a deteriorarse porque el sapo se comía las hormigas que la dañaban. 3. La moraleja es que no debemos despreciar a los demás ni creernos superiores, porque todos podemos aprender de los demás o enseñarles algo sin darnos cuenta.
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Moralejas de Fábulas para Reflexionar

1. La historia trata de una rosa que despreció a un sapo feo que siempre estaba a sus pies. 2. Cuando la rosa le ordenó al sapo que se marchara, comenzó a deteriorarse porque el sapo se comía las hormigas que la dañaban. 3. La moraleja es que no debemos despreciar a los demás ni creernos superiores, porque todos podemos aprender de los demás o enseñarles algo sin darnos cuenta.
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La Rosa Y El Sapo

Era una rosa roja y todo el mundo comentaba que no había flor más bella
que esa en el jardín. La rosa se emocionaba cuando la halagaban. Sin
embargo, quería que la vieran más de cerca y no entendía por qué todos la
observaban a distancia.

Un día notó que a sus pies siempre estaba un enorme y oscuro sapo. En
verdad no tenía nada de guapo, con su color opaco y sus feas manchas.
Además, sus ojos eran demasiado saltones y asustaba a cualquiera. La rosa
comprendió que la gente no se acercaba debido a ese animal.

De inmediato, le ordenó al sapo que se marchara. ¿No se daba cuenta de


que le daba mala imagen? El sapo, muy humilde y obediente, aceptó de
inmediato. No quería incomodarla y entonces se marchó lejos.

A los pocos días, la rosa comenzó a deteriorarse. Sus hojas y sus pétalos
empezaron a caerse. Ya nadie quería mirarla. Pasaba una lagartija cerca y vio
a la rosa llorando. Le preguntó qué le pasaba y ella contestó que las hormigas
estaban acabando con ella. Entonces la lagartija dijo lo que la rosa ya
sabía: “Era el sapo quien se comía las hormigas y te mantenía bella”.

Moraleja: Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas
que ellos,mas bellos o simplemente que no nos “sirven” para nada. Todos
tenemos algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe
despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni
siquiera seamos conscientes.

El Foso De Las Ranas


Había un gran grupo de ranas que siempre iba a divertirse al bosque.
Todas cantaban y saltaban hasta que caía la noche. Permanecían muertas de
la risa y nada las separaba.

Un día, en su salida acostumbrada, fueron a conocer un bosque nuevo.


Estaban en sus juegos cuando tres de ellas cayeron en un profundo foso
del que ninguna se había percatado. Las restantes se conmocionaron. Miraron
hacia el fondo del foso y vieron que era demasiado profundo. “Las perdimos”,
dijeron.

Las tres ranas caídas intentaron subir por las paredes del foso, pero era muy
difícil. Apenas avanzaban un metro y volvían a caer. Las demás comenzaron
a comentar que sus esfuerzos eran inútiles. ¿Cómo iban a lograr escalar
una pared tan alta? Era mejor que se resignaran. No había nada que hacer.

Dos de las ranas escucharon esos comentarios y comenzaron a rendirse.


Pensaron que las demás tenían razón. La tercera rana, en cambio, siguió
subiendo y cayendo, pero tras un par de horas, consiguió salir a la superficie.
Las demás estaban asombradas. Una le preguntó: “¿Cómo lo lograste?”
Pero la rana no contestó. Era sorda.
Moraleja: 1. La palabra tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento
compartida a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo. 2.
Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentre desanimado puede
ser lo que acabe por destruirlo. Tengamos cuidado con lo que decimos. 3. Una
persona especial es la que se da tiempo para animar a otros.

El León Temeroso
En una hermosa sabana africana, en donde un león se había perdido de su
grupo. Llevaba ya 20 días caminando de un lado para otro y no encontraba a
los suyos. Tenía hambre y sed, pero también mucho miedo al verse solo.

Por fin divisó un estanque de agua fresca. Inmediatamente corrió hacia él


con todas sus fuerzas. Estaba muerto de sed y necesitaba a toda costa tomar
un poco del líquido vital. Sin embargo, al llegar a la orilla vio sobre las aguas la
imagen de un león sediento. Entonces se retiró. “El estanque ya tiene dueño”,
pensó.

Esa noche se quedó cerca de allí, pero no se atrevía a ir de nuevo al


estanque. Si aparecía el león que era dueño del lugar, seguramente lo atacaría
por meterse con su propiedad. Y él no estaba en condiciones de enfrentarse a
nadie. Pasó un día y el sol quemaba.

Ya era tanta la sed, que el león decidió arriesgarse. No aguantaba más. Así
que se acercó cautelosamente al estaque y al llegar a la orilla vio de nuevo al
león. Era tanta su sed que no le importó. Metió la cabeza para tomar el agua
fresca. En ese momento, el león desapareció: había estado viendo solo su
reflejo. Así son los miedos: desaparecen cuando los enfrentamos.

Moraleja: La gran mayoría de nuestros miedos son imaginarios. Cuando nos


atrevemos a enfrentarlos acaban desapareciendo. No dejes que tus
pensamientos te dominen y te impidan avanzar con tus propósitos.

El Problema
Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio
[Link] día el guardián murió, y había que sustituirlo.

El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría
ese honor. "Voy a presentarles un problema dijo-. Aquel que lo resuelva
primero será el nuevo guardián del templo".

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso


florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: "Este es el
problema".

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y


raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor... ¿Qué representaba
aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.
Después de algunos minutos, un alumno se levanto, miró al maestro y a los
demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación, lo retiró del banco y
lo puso en el suelo.

"Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: Yo fui muy
claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y
fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos.

Puede tratarse de un vaso de porcelana muy raro, un bello amor que ya no


tiene sentido, un camino que debemos abandonar pero que insistimos en
recorrer porque nos trae comodidades. Sólo existe una forma de lidiar con los
problemas: afrontarlos. En esos momentos no podemos tener piedad, ni
dejarnos tentar por el lado fascinante que cualquier conflicto lleva consigo".

Afilar El Hacha
En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito
de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la
fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar
al día siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos


árboles. El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue
escasamente la mitad del primer día. El tercer día se propuso mejorar su
producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia
contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven
leñador, le preguntó: “¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?”

El joven respondió: “Realmente, no he tenido tiempo… He estado


demasiado ocupado cortando árboles.”

Es probable que “afilar el hacha” tenga un significado diferente para cada


quien. Algunos pensaran en la formación, otros en la necesidad de descansar,
o también en lo importante que es una buena organización.

El hecho es que en el trabajo, si no tuviéramos a nadie para darnos


orientaciones, es muy posible que muchos de nosotros acabáramos
esforzándonos ciegamente en tareas poco productivas, porque es muy fácil
perder la perspectiva.

El Ratón Guía
Un ratón se apoderó un día de la brida de un camello y le ordenó que se
pusiera en marcha.

El camello era de naturaleza dócil y se puso en marcha.

El ratón, entonces, se llenó de orgullo.


Llegaron de pronto ante un arroyo y el ratón se detuvo.

- ¡Oh, amigo mío! ¿Por qué te detienes?- ¡Camina, tú que eres mi guía!

El ratón dijo: - Este arroyo me parece profundo y temo ahogarme.

El camello: - ¡Voy a probar!

Y avanzó por el agua.- El agua no es profunda.- Apenas me llega a las corvas.

El ratón le dijo: - Lo que a ti te parece una hormiga es un dragón para mí.-

Si el agua te llega a las corvas, debe cubrir mi cabeza en varios cientos de


metros.

Entonces el camello le dijo: - En ese caso, deja de ser orgulloso y de creerte un


guía.- ¡Ejercita tu orgullo con los demás ratones, pero no conmigo!

- ¡Me arrepiento! dijo el ratón- ¡en nombre de Dios, ayúdame tú a atravesar


este arroyo!

El Asno Con La Piel De León


Cuando Bramadatta reinaba en Benarés, había un viejo mercader que viajaba
de pueblo en pueblo, llevando sus mercancías a lomos de un asno. Este
mercader se valía de un ingenioso ardid para alimentar a su burro. Tan pronto
como llegaba a un pueblo, lo descargaba y lo cubría enseguida con una piel de
león; luego lo soltaba en un campo de arroz o alfalfa. El asno comía hasta
hincharse y los dueños de los campos no se atrevían a echarle, ya que creían
que se trataba de un león verdadero.

Un día el mercader llegó a un pueblo, y como había hecho en los otros, soltó al
asno en un campo de verde alfalfa. El dueño, al ver lo que él suponía un león
huyó, aterrorizado, al pueblo, y contó a sus convecinos lo que estaba
ocurriendo. Sin vacilar un momento, todos se armaron hasta los dientes y
corrieron al encuentro del falso león.
Este, al ver acercarse a tanta gente lanzó un sonoro rebuzno que descubrió a
los campesinos su disfraz, y que tuvo además por consecuencia irritarlos
mucho más. En un momento cayeron todos sobre él y lo molieron a palos de tal
manera, que cuando al fin el mercader logró rescatarlo, estaba moribundo.

El hombre se tiró de los pelos al ver que por su avaricia había perdido a un
compañero fiel y útil, y mientras el pollino moría, el viejo iba diciendo:
– No es la piel lo que hace temible al león.

La Ventana Del Hospital


Dos hombres, seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación en el
hospital. A uno de ellos se le permitía estar sentado una hora todas las tardes
para que los pulmones drenaran sus fluidos. Su cama daba a la única ventana
de la habitación.

El otro hombre tenía que estar tumbado todo el tiempo. Los dos se hablaban
mucho. De sus mujeres y familiares, de sus casas, trabajos, el servicio militar,
dónde habían estado de vacaciones.

Y todas las tardes el hombre que se podía sentar frente a la ventana, se


pasaba el tiempo describiendo a su compañero lo qué veía por la ventana.
Éste, solamente vivía para esos momentos donde su mundo se expandía por
toda la actividad y color del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un bonito lago. Patos y cisnes jugaban en el


agua mientras los niños capitaneaban sus barcos teledirigidos. Jóvenes
amantes andaban cogidos de la mano entre flores de cada color del arco iris.
Grandes y ancestros árboles embellecían el paisaje, y una fina línea del cielo
sobre la ciudad se podía ver en la lejanía.

Mientras el hombre de la ventana describía todo esto con exquisito detalle, el


hombre al otro lado de la habitación cerraba sus ojos e imaginaba la pictórica
escena.

Una cálida tarde el hombre de la ventana describió un desfile en la calle.


Aunque el otro hombre no podía oír la banda de música- se la imaginaba
conforme el otro le iba narrando todo con pelos y señales. Los días y las
semanas pasaron.

Una mañana, la enfermera entró para encontrase el cuerpo sin vida del hombre
al lado de la ventana, el cual había muerto tranquilamente mientras dormía. Se
puso muy triste y llamó al doctor para que se llevaran el cuerpo. Tan pronto
como consideró apropiado, el otro hombre preguntó si se podía trasladar al
lado de la ventana. La enfermera aceptó gustosamente, y después de
asegurarse de que el hombre estaba cómodo, le dejó solo.

Lentamente, dolorosamente, se apoyó sobre un codo para echar su primer


vistazo fuera de la ventana. Finalmente tendría la posibilidad de verlo todo con
sus propios ojos.

Se retorció lentamente para mirar fuera de la ventana que estaba al lado de la


cama. Daba a un enorme muro blanco. El hombre preguntó a la enfermera qué
había pretendido el difunto compañero contándole aquel maravilloso mundo
exterior.

Y ella dijo: - Quizás sólo quería animarle.

El Cielo Y El Infierno
En un reino lejano de Oriente se encontraban dos amigos que tenían la
curiosidad y el deseo de saber sobre el Bien y el Mal. Un día se acercaron a
la cabaña del sabio Lang para hacerle algunas preguntas. Una vez dentro le
preguntaron:
Anciano díganos: ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?... El sabio
contestó:   - Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo.
Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palos que
utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el
arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración cada
vez van a más. Más tarde, el sabio proseguía: - Veo también otra montaña de
arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchas personas
alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que
sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.

En Busca De La Aguja Perdida


Una tarde, en un pueblo pequeño donde todos se conocían, un grupo de
jóvenes vio a anciana Rabiya buscando desesperadamente algo en el jardín
frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana para ver si la podían
ayudar

Rabiya, ¿Qué le pasa? ¿Qué ha perdido? ¿Le podemos ayudar? -le


preguntaron.

La anciana con  tono triste contestó – perdí mi aguja de oro…

Al oírla, los jóvenes  se pusieron a buscar, pero de repente uno de los jóvenes
dijo:

Rabiya, el jardín es muy extenso y por contra, la aguja es muy pequeña;


además pronto anochecerá, ¿Puedes decirnos más o menos por donde se le
cayó y así poder centrarnos en esa zona?

La anciana levantó la mirada, señaló hacia su casa y le contesto: Sí tienes


razón. La aguja se me cayó allí, dentro de casa.

Esto enfadó al grupo de jóvenes- Rabiya, ¿te has vuelto loca? Si la aguja se te
cayó dentro de casa, ¿Por qué andamos buscándola aquí afuera?

Entonces Rabiya sonrió y les dijo- Es que aquí afuera hay luz, cosa que dentro
de la casa no hay.

El joven que no entendía nada y pensaba que la anciana definitivamente había


perdido la cabeza dijo: Pero aun teniendo luz, si estamos buscando donde no
has perdido la aguja, ¿Cómo pretendes encontrarla? ¿No es mejor llevar una
lámpara al interior de la casa y buscarla allí, donde la ha perdido?

La anciana volvió a sonreír y contestó: sois tan inteligentes para ciertas


cosas…. ¿por qué no empleáis esa inteligencia?

Y continuó diciendo: Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas ¿cuándo


vais a emplear esa inteligencia para vosotros mismos, para vuestra vida
interior?. Miles de veces os he visto a todos vosotros buscando
desesperadamente afuera. Buscando aquello que se os ha perdido en vuestro
interior. ¿Por que buscáis la felicidad alrededor vuestro? ¿Acaso la habéis
perdido allí, o realmente, la habéis perdido en vuestro interior?
Esto es lo que nos suele pasar habitualmente en nuestras vidas, estamos tan
inmersos en buscar fuera de nosotros que nos olvidamos que la esencia del
bienestar está dentro de nosotros y nada más. Nuestra felicidad o bienestar
auténtico no pueden estar en el exterior, ni en dependencia de las
circunstancias, de otras personas o las relaciones que mantenemos. Este
bienestar auténtico para que sea real, ha de estar por encima de todo esto.
Solo se puede mantener y ser equilibrado si permanece dentro de nosotros.

Los Dos Esclavos


Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de
cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus
casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos
menos un derviche harapiento.

El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió
saber por qué no se había inclinado como los demás.

El derviche contestó:

– Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que
tú tienes : dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no
significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si soy
dueño de dos esclavos que para ti son tus señores?.

La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.

– ¿Qué quieres decir con eso?! yo soy sultán indiscutible de todas estas tierras,
todo está bajo mis dominios y todos responden ante mi!– gritó.

– Mis dos esclavos, que para ti son los señores que dominan tu vida, son la ira
y la codicia.

Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó
ante el derviche.

La Tristeza Y La Furia
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás
donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y
pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las
tonalidades del verde se reflejaban permanentemente... Hasta ese estanque
mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la
tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.  
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se
baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua... Pero la furia es
ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y
apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró... Y sucedió que esa
ropa no era la suya, sino la de la tristeza... Y así vestida de tristeza, la furia se
fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar
donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin
conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del
estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al
desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de
la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia,
ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien,
encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del
disfraz de la furia, en realidad..., está escondida la tristeza.

Todos Tenemos Grietas


Un hombre cargador de agua de India tenía dos grandes vasijas que colgaban
a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las
vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo
el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su
patrón; en cambio cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija
perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los
fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy
avergonzada de su propia imperfección, y se sentía miserable porque solo
podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le hablo al aguatero:

-“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas


solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que
deberías recibir.”

El aguatero le dijo compasivamente:

-“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que
crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja. Y en efecto, vio muchísimas
flores a lo largo del trayecto. Sin embargo se sintió apenada porque solo
quedaba dentro suyo, la mitad del agua que debía llevar.

El aguatero le dijo entonces:

-“¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino?
Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré
semillas de flores a lo largo camino por donde vas y todos los días las has
regado y por dos años yo he podido recoger estas flores. Si no fueras
exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear
esta belleza.”
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas y en nuestra educación y
experiencia las pulimos. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos
saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para
obtener hermosos resultados.

El Paquete De Galletas
Había una vez una señora que debía viajar en tren. Cuando la señora llegó a la
estación, le informaron de que su tren se retrasaría aproximadamente una
hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una
botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada
para la espera. Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y
comenzó a leer un diario.

De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de
galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería
ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que,
con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió
mirando fijamente al joven. Como respuesta, el joven tomó otra galleta y,
mirando a la señora a los ojos y sonriendo, se la llevó a la boca. Ya enojada,
ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió
mirándolo fijamente.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora


estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.
Finalmente, ella se dio cuenta de que sólo quedaba una galleta, y pensó: "No
podrá ser tan caradura" mientras miraba alternativamente al joven y al paquete.
Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos.
Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco. -¡Gracias! -
dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta. -De nada -contestó el joven
sonriendo, mientras comía su mitad. Entonces el tren anunció su partida. La
señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.

Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó:


"¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!" De pronto sintió
la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y
se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.

Reflexión: Cuántas veces nuestros prejuicios y decisiones apresuradas nos


hacen valorar erróneamente a los demás y cometer graves equivocaciones.
Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos
arbitrariamente a las personas y las situaciones, encasillándolas en ideas
preconcebidas alejadas de la realidad. Por lo general nos inquietamos por
eventos que no son reales y nos atormentamos con problemas que tal vez
nunca van a ocurrir.  

Dice un viejo proverbio: "Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no


se consigue jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y observando a los
demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se
espera".
La Casa Imperfecta
Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a
disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de
dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia.
Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las
arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la
compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo:
construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía
a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacia. Utilizaba
materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes,
era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le
extendió las llaves de la puerta principal. "Esta es tu casa, querido amigo ---
dijo-. Es un regalo para ti". Si el albañil hubiera sabido que estaba
construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente
diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Reflexión: A veces construimos nuestras vidas de manera distraída, sin poner


en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos
nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces, de repente, vemos la situación
que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos
construido. Sí lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

 Sería interesante conseguir actuar como si estuviésemos "construyendo


nuestra casa". La vida es como un proyecto de "hágalo-usted-mismo". Tu vida,
ahora, es el resultado de tus actitudes y elecciones del pasado. ¡Tu vida de
mañana será el resultado de tus actitudes y elecciones de hoy!

La Parábola Del Árbol De Manzanas


Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo
amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de el. Trepaba al árbol hasta el
tope y él le daba sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Paso el
tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del
enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le
dijo. - Estoy muy triste. - ¿Vienes a jugar conmigo? Pero el muchacho contestó:
- Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. - Lo
que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos. Lo siento,
dijo el árbol. - Pero no tengo dinero - Te sugiero que tomes todas mis
manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus
juguetes.

El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y
el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el
dinero y el árbol volvió a estar triste. Tiempo después, el muchacho regresó y el
árbol se puso feliz y le preguntó. - ¿Vienes a jugar conmigo? - No tengo tiempo
para jugar. - Debo de trabajar para mi familia. - Necesito una casa para
compartir con mi esposa e hijos. - ¿Puedes ayudarme? - Lo siento, pero no
tengo una casa, pero... - Tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa. El
joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero
el joven nunca mas volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y
solitario. Cierto día de un cálido verano, el hombre regresa y el árbol estaba
alegre. - ¿Vienes a jugar conmigo? -le preguntó el árbol. El hombre contesta. -
Estoy triste y volviéndome viejo. - Quiero un bote para navegar y descansar. -
¿Puedes darme uno? El árbol contesta. - Usa mi tronco para que puedas
construir uno y así puedas navegar y ser feliz. El hombre cortó el tronco y
construyó su bote.

Luego se fue a navegar por un largo tiempo. Finalmente regresó después de


muchos años y el árbol le dijo. - Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que
darte ni siquiera manzanas. El hombre responde. - No tengo dientes para
morder, ni fuerza para escalar. - Ya estoy viejo. Entonces el árbol con lágrimas
en sus ojos le dijo. - Realmente no puedo darte nada... - La única cosa que me
queda son mis raíces muertas. Y el hombre contestó. - Yo no necesito mucho
ahora, solo un lugar para descansar. - Estoy tan cansado después de tantos
años... - Bueno… las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para
recostarse y descansar. - Ven siéntate conmigo y descansa. El hombre se
sentó junto al árbol y este feliz y contento sonrió con lágrimas. ¿Sabes qué?
Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros
Padres.

Moraleja: Esta podría ser la historia de todos nosotros. El árbol son nuestros
padres. Cuando somos jóvenes, amamos a papá y mamá, y jugamos con ellos.
Cuando crecemos, solemos olvidarlos y solo regresamos a ellos cuando
necesitamos algo o estamos en problemas. Pero no importa lo que nos agobie,
ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.
Quizás hayas pensado que el muchacho de la historia fue cruel contra el árbol,
pero así somos muchos de nosotros. Valoremos a nuestros padres mientras los
tenemos a nuestro lado, y si ya no están en este mundo, haz que la calidez de
su amor viva siempre en tu corazón.

El Guerrero Samurai
Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a
los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que todavía era capaz de
derrotar a cualquier adversario. Cierta tarde, un guerrero conocido por su total
falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la
provocación. Esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y,
dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos,
contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás
había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para
derrotarlo y aumentar su fama. Todos los estudiantes se manifestaron en
contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío. Todos juntos se dirigieron a la
plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó
algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le gritó todos los insultos
conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante horas hizo todo por
provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose
ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y


provocaciones, los alumnos le preguntaron:
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu
espada, aún sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde
delante de todos nosotros? El maestro les preguntó: -Si alguien llega hasta
ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el
obsequio? -A quien intentó entregarlo, respondió uno de los alumnos. Lo
mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos. -Dijo el maestro, cuando no
se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

Maten Al Amor
Hubo una vez en la historia del mundo, un día terrible en el que el odio, que es
el rey de los malos sentimientos, los defectos y los vicios, convocó a una
reunión urgente de todos ellos.

Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos más perversos del
corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el
propósito... Cuando estuvieron todos habló el odio y dijo: "Los he reunido aquí
a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien"... Los asistentes
no se extrañaron mucho pues era el odio el que estaba hablando y el siempre
quiere matar a alguien... Sin embargo, todos se preguntaban entre sí quién
sería tan difícil de matar como para que el odio los necesitara a todos.

"Quiero que maten al Amor", dijo. Muchos sonrieron malévolamente, pues más
de uno le tenía ganas. El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo:"Yo
iré y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto... Provocaré tal discordia
y rabia que no lo soportará". Al cabo de un año se reunieron otra vez y al
escuchar el reporte del Mal Carácter, quedaron muy decepcionados. "Lo
siento", dijo "lo intenté todo, pero cada vez que yo sembraba una Discordia el
Amor la superaba y salía adelante"..

Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición, quien haciendo


alarde de su poder, dijo: "En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo.
Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso
nunca lo ignorará." Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima quien,
efectivamente, cayó herida. Pero después de luchar por salir adelante, renunció
a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.

Furioso el odio por el fracaso de la Ambición, envió a los Celos, quienes


burlones y perversos, inventaban toda clase de artimañas y situaciones para
despistar al Amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el
Amor, confundido, lloró y pensó que no quería morir, y con valentía y fortaleza
se impuso sobre ellos y los venció. Año tras año el odio siguió en su lucha
enviando a sus más hirientes compañeros.

Envió a la Frialdad, al Egoísmo, al Reproche, la Indiferencia, la Pobreza, la


Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el Amor
se sentía desfallecer, tomaba nueva fuerza y todo lo superaba. El odio,
convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás: "Nada que
hacer: El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo
logramos".
De pronto, desde un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido
y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro
y no lo dejaba ver. Su aspecto era fúnebre como el de la muerte. "Yo matare al
Amor", dijo con seguridad. Todos se preguntaron quién era ese que pretendía
hacer por si solo lo que juntos ninguno había podido. El odio dijo, "ve y hazlo"

Tan sólo había pasado algún tiempo cuando el odio volvió a llamar a todos los
malos sentimientos para comunicarles que, después de tanto luchar, por fin el
AMOR HABÍA MUERTO. Todos estaban felices, pero sorprendidos. Entonces,
el sentimiento del sombrero negro hablo: "Ahí les entrego el Amor totalmente
muerto y destrozado". Y sin decir más, se marchó. "Espera", dijo el odio, "en
tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor
esfuerzo por vivir... ¿¡quien eres?! El sentimiento levantó por primera vez su
horrible rostro y dijo: "SOY LA RUTINA"...

La Leyenda Del Verdadero Amigo


Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje
discutieron. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: HOY, MI
MEJOR AMIGO ME PEGO UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que


había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el
amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: HOY, MI
MEJOR AMIGO ME SALVO LA VIDA. Intrigado, el amigo preguntó: ¿Por qué
después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió: Cuando un gran amigo nos ofende,
deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se
encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo
grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde
viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Eres Una Joya Única


-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para
hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y
bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me
valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte,


debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una
pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con
más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. -E...encantado, maestro -
titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades
postergadas. -Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo
pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el
caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este
anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la
mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y
regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y
partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban


con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban
vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de
explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de
un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un
cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de
una moneda de oro, y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda
persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por
su fracaso, monto su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría
entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y
recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. -Maestro -dijo- lo
siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir
dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie
respecto del verdadero valor del anillo. -Que importante lo que dijiste, joven
amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero
valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para
saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él.
Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró
con su lupa, lo pesó y luego le dijo: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere
vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo. -58
monedas??!-exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo
podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es
urgente... El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo
sucedido. -Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este
anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte
verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que
cualquier ignorante descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a
ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

A veces, las circunstancias de la vida, hacen que nos sintamos


desmoralizados, o devaluados, pero si miramos nuestro interior, descubriremos
nuestro verdadero valor y que el hecho de que a algunas personas se sientan
opacadas por tu luz y quieran extinguirla, no significa que valgas menos, solo
se logrará si tú lo permites. Una ofensa es como un regalo, de ti depende
aceptarlo o rechazarlo, simplemente diciendo: Tú podrás pensar de mí de esa
manera, yo no pienso así de mí mismo. Tú decides si te tomas la copa que
te ofrecen con veneno y envenenarte, o suavemente rechazarla y no
contaminarte.

Uno no puede evitar que los pájaros vuelen sobre su cabeza, pero si que
hagan nido en ella.
Sabia Naturaleza
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a su casa para
poder ver a la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un
pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la
mariposa luchaba por poder salir del capullo.

El hombre vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través
del pequeño orificio en el capullo, hasta que llegó un momento en el que
pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su
intento. Pareció que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad,
decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del orificio
del capullo para hacerlo más grande, y así fue que por fin la mariposa pudo
salir.

Sin embargo la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y
dobladas. El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier
instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar el
cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de las
dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en
círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas.

Nunca pudo llegar a volar.... Lo que el hombre en su bondad y apuro no


entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo, y la lucha requerida
por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la
naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que
estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar.

La libertad y el volar solamente podrán llegar luego de la lucha. Al privar a la


mariposa de la lucha, también le fue privada su salud y su fuerza. La lucha es
necesaria en nuestra vida. Si Dios no confiara en nuestras habilidades para
salir adelante no nos pondría obstáculos. Y si no encontráramos obstáculos no
podríamos crecer y ser tan fuertes como podemos llegar a Ser.

¡Cuanta verdad hay en esto! Cuantas veces hemos querido tomar el camino
fácil para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo y
la lucha. Necesitamos recordar que todo lo que sucede en nuestra vida es una
lección y una oportunidad. Y que a través de nuestros esfuerzos nuestros
triunfos y en ocasiones nuestras caídas, somos fortalecidos, así como el oro es
refinado con el fuego.

Moraleja: Si se nos permitiese progresar en todo sin obstáculos, nos


convertiremos en inválidos. No podremos crecer y ser tan fuertes como
podríamos haberlo sido a través del esfuerzo y la constancia.

Muchas veces el camino fácil no es el camino correcto. Esforzarnos nos ayuda


a superar nuestras propias limitaciones, adquiriendo nuevas habilidades y
destrezas. Este proceso, a veces doloroso, nos permite aprender y ser mejores
cada día.
Vive El Presente
Un hombre se le acerco a un sabio anciano y le dijo:

– Me han contado que eres muy sabio. Por favor, ¿qué cosas haces como
sabio que no podamos hacer los demás?

El anciano le contestó:

– Bueno, cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo,


y cuando hablo contigo, solo hablo contigo.

El hombre lo miró con asombro y le dijo:

– Pero yo también puedo hacer esas cosas y no por eso soy un sabio.

– Yo no lo creo así -replicó el anciano. – Cuando duermes, recuerdas los


problemas que tuviste durante el día, o te preocupas por los que podrás tener
al levantarte. Cuando comes, estás pensando en qué harás después. Mientras
hablas conmigo, estás pensando en qué vas a preguntarme o cómo vas a
responderme antes de que termine de hablar.

Moraleja: El secreto es estar consciente de lo que estamos haciendo en el


momento presente, y así podremos disfrutar de cada minuto de nuestra
maravillosa vida.

La Historia De Las Semillas


Dos semillas estaban juntas en el suelo primaveral y fértil.

La primera semilla dijo:

“—¡Yo quiero crecer! Quiero hundir mis raíces en la profundidad del suelo que
me sostiene y hacer que mis brotes empujen y rompan la capa de tierra que me
cubre… Quiero desplegar mis tiernos brotes como estandartes que anuncien la
llegada de la primavera… ¡Quiero sentir el calor del sol sobre mi rostro y la
bendición del rocío de la mañana sobre mis pétalos!”

Y así creció.

La segunda semilla dijo:

“—Tengo miedo. Si envío mis raíces a que se hundan en el suelo, no sé con


qué puedo tropezar en la oscuridad. Si me abro paso a través del duro suelo
puedo dañar mis delicados brotes… Si dejo que mis capullos se abran, quizá
un caracol intente comérselos… Si abriera mis flores, tal vez algún chiquillo me
arrancará del suelo. No, es mucho mejor esperar hasta un momento seguro.”

Y así esperó.
Una gallina que, a comienzos de la primavera, escarbaba el suelo en busca de
comida encontró la semilla que esperaba y sin pérdida de tiempo se la comió.

MORALEJA: A los que se niegan a arriesgarse y a crecer los devora la vida.

El Verdadero Valor Del Anillo


Un joven fue a visitar a su anciano profesor. Y entre lágrimas le confesó: “He
venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para
levantarme por las mañanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada.
¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”. El profesor, sin mirarlo a la
cara, le respondió: “Lo siento, chaval, pero ahora no puedo atenderte. Primero
debo resolver un problema que llevo días posponiendo. Si tú me ayudas, tal
vez luego yo pueda ayudarte a ti”.

El joven, cabizbajo, asintió con la cabeza. “Por supuesto, profesor, dime qué
puedo hacer por ti”. El anciano se sacó un anillo que llevaba puesto y se lo
entregó al joven. “Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero
para pagarle”, le explicó. “Ahora ve al mercado y véndelo. Eso sí, no lo
entregues por menos de una moneda de oro”.

Una vez en la plaza mayor, el chaval empezó a ofrecer el anillo a los


mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por él, algunos se reían y otros
se alejaban sin mirarlo. Derrotado, el chaval regresó a casa del anciano. Y
nada más verle compartió con él su frustración: “Lo siento, pero es imposible
conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de
bronce”. El profesor, sonriente, le contestó: “No te preocupes. Me acabas de
dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el
valor real del anillo. Anda, ve al joyero y pregúntale cuánto cuesta. Y no importa
cuánto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo”.

Tras un par de minutos examinando el anillo, el joyero le dijo que era “una
pieza única” y que se lo compraba por “50 monedas de oro”. El joven corrió
emocionado a casa del anciano y compartió con él lo que el joyero le había
dicho. “Estupendo, ahora siéntate un momento y escucha con atención”, le
pidió el profesor. Le miró a los ojos y añadió: “Tú eres como este anillo, una
joya preciosa que solo puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que
cualquiera podía descubrir su verdadero valor?”. Y mientras el anciano volvía a
colocarse el anillo, concluyó: “Todos somos como esta joya: valiosos y únicos.
Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas
nos digan cuál es nuestro auténtico valor”.

La Roca En El Camino
En un reino lejano, hubo una vez un rey que colocó una gran roca en medio
del camino principal de entrada al reino, obstaculizando el paso. Luego se
escondió para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes más adinerados del reino y algunos cortesanos que pasaron
simplemente rodearon la roca. Muchos de ellos se quedaron un rato delante
de la roca quejándose, y culparon al rey de no mantener los caminos
despejados, pero ninguno hizo nada para retirar el obstáculo.

Entonces llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. La dejó en el


suelo y estudió la roca en el camino observándola. Intentó mover la roca
empujándola y haciendo palanca con una rama de madera que encontró a un
lado del camino, después de empujar y fatigarse mucho, finalmente logró
apartar la roca.  Mientras recogía su carga, encontró una bolsa, justo en el
lugar donde había estado la roca. La bolsa contenía una buena cantidad de
monedas de oro y una nota del rey, indicando que esa era la recompensa
para quien despejara el camino.

El campesino aprendió lo que los otros nunca aprendieron:

Cada obstáculo superado es una oportunidad para mejorar la propia


condición.

Reflexión:

Esta historia nos hace reflexionar sobre la importancia de afrontar los


obstáculos que la vida nos pone delante.

Esquivar los problemas, buscar “culpables” o simplemente quejarnos no


solucionará nada, y la “roca” seguirá estando allí. Afrontar los obstáculos,
actuar, esforzarse.. es lo que nos hará crecer como persona.

Mover las “rocas” seguramente implicará esfuerzo, sufrimiento, capacidad de


análisis, constancia ..y todo ello nos hará más fuertes y sabios. Superar los
obstáculos nos hace mejorar nuestra condición, crecer, evolucionar.

El Círculo Del Noventa Y Nueve


En un país no muy lejano había un rey muy triste, el cual tenía un sirviente que
se mostraba siempre pleno y feliz.

Todas las mañanas, cuando le llevaba el desayuno, el sirviente lo despertaba


tarareando alegres canciones de juglares. Siempre había una sonrisa en su
cara, y su actitud hacia la vida era serena y alegre.

Un día el rey lo mandó llamar y le preguntó:

-Paje, ¿cuál es el secreto?

-¿Qué secreto, Majestad?

-¿Cuál es el secreto de tu alegría?

-No hay ningún secreto, Alteza.


-No me mientas. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una
mentira.

-Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra


permitiéndome atenderlo. Tengo a mi esposa y a mis hijos viviendo en la casa
que la corte nos ha asignado, estamos vestidos y alimentados, y además Su
Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas que nos permiten
darnos pequeños gustos. ¿Cómo no estar feliz?

-Sino no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey- Nadie


puede ser feliz por esas razones que has dado.

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba furioso, no conseguía explicarse cómo el paje vivía feliz así,
vistiendo ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le preguntó:

-¿Por qué él es feliz?

-Majestad, lo que sucede es que él está por fuera del círculo.

-¿Fuera del círculo? ¿Y eso es lo que lo hace feliz?

-No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

-A ver si entiendo: ¿estar en el círculo lo hace infeliz? ¿Y cómo salió de él?

-Es que nunca entró.

-¿Qué círculo es ese?

-El círculo del noventa y nueve.

-Verdaderamente no entiendo nada.

-La única manera para que entendiera sería mostrárselo con hechos. ¿Cómo?
Haciendo entrar al paje en el círculo. Pero, Alteza, nadie puede obligar a nadie
a entrar en el círculo. Aunque si le damos la oportunidad, posiblemente entrará
por si mismo.

-¿Pero no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

-Si se dará cuenta, pero no lo podrá evitar.

-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese


ridículo círculo, y de todos modos lo hará?

-Tal cual, Majestad. Si usted está dispuesto a perder un excelente sirviente


para entender la estructura del círculo, lo haremos. Esta noche pasaré a
buscarlo. Debe tener preparada una bolsa de cuero con noventa y nueve
monedas de oro.
Así fue. El sabio fue a buscar al rey y juntos se escurrieron hasta los patios del
palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. El sabio guardó en la bolsa un
papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre.
Disfrútalo y no le cuentes a nadie cómo lo encontraste”.

Cuando el paje salió por la mañana, el sabio y el rey lo estaban espiando. El


sirviente leyó la nota) agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se
estremeció. La apretó contra el pecho, miró hacia todos lados y cerró la puerta.

El rey y el sabio se acercaron a la ventana para ver la escena. El sirviente


había tirado todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo una vela, y había
vaciado el contenido de la bolsa. Sus ojos no podían creer lo que veían: ¡una
montaña de monedas de oro! El paje las tocaba, las amontonaba y las
alumbraba con la vela. Las juntaba y desparramaba, jugaba con ellas… Así,
empezó a hacer pilas de diez monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez,
tres, cuatro, cinco pilas de diez… hasta que formó la última pila: ¡nueve
monedas! Su mirada recorrió la mesa primero, luego el suelo y finalmente la
bolsa.

“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que
era mas baja. “Me robaron -gritó-, me robaron, ¡malditos! “Una vez más buscó
en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas. Corrió los muebles, pero no
encontró nada. Sobre la mesa como burlándose de él, una montañita
resplandeciente le recordaba que había noventa y nueve monedas de oro. “Es
mucho dinero -pensó- pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un
número completo. Cien es un número completo, pero noventa y nueve.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma,
tenía el ceño fruncido y los rasgos tensos, los ojos se veían pequeños y la boca
mostraba un horrible rictus. El sirviente guardó las monedas y, mirando para
todos lados con el fin de cerciorarse de que nadie lo viera, escondió la bolsa
entre la leña. Tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo
tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien? Hablaba solo en
voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla; después, quizás
no necesitaría trabajar más. Con cien monedas de oro un hombre puede dejar
de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas de
oro se puede vivir tranquilo. Si trabajaba y ahorraba, en once o doce años
juntaría lo necesario. Hizo cuentas: sumando su salario y el de su esposa,
reuniría el dinero en siete años. ¡Era demasiado tiempo! Pero, ¿para qué tanta
ropa de invierno?, ¿para qué más de un par de zapatos? En cuatro años de
sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio Volvieron al palacio.

El paje había entrado en el círculo del noventa y nueve. Durante los meses
siguientes, continuó con sus planes de ahorro. Una mañana entró a la alcoba
real golpeando las puertas y refunfuñando.

-¿Qué te pasa? -le preguntó el rey de buen modo.

-Nada -contestó el otro.

-No hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.


-Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría Su Alteza, que fuera también su bufón y
juglar?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era


agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Reflexión:
Muchos de nosotros hemos entrado en el círculo del noventa y nueve alguna
vez: sentimos que nos falta algo para estar completos, y pensamos que
sólo entonces podremos disfrutar de lo que tenemos. Como siempre algo
“falta” parece que la felicidad deberá esperar hasta que todo esté completo… y
entramos en un círculo en el que nunca podemos gozar de la vida.

Muchas veces pensamos que la satisfacción y el bienestar llegarán “cuando


tenga un buen sueldo” o “una buena casa”, “cuando me case”, “cuando tenga
un hijo”, “cuando me jubile y tenga tiempo”, cuando consiga tal o cual meta.. sin
embargo el bienestar y la plenitud ha de venir de dentro, no desde fuera, y
estar presente a lo largo de todo el camino de nuestra vida. Nos
generamos insatisfacción y sufrimiento si nos centramos en añorar lo que nos
falta y dejamos de disfrutar de lo que si tenemos.

Esta es la trampa del círculo: no entendemos que con 99 podemos ser felices,
podemos sentirnos plenos a lo largo del camino,  si nos centramos en esa
moneda que creemos que falta y dejamos de valorar lo que tenemos nunca
estaremos “completos” siempre nos faltará algo.

No dejemos de disfrutar de lo que tenemos por añorar lo que creemos


que nos falta.

El Puente
Había una vez dos hermanos, Tomás y Javier. Vivían uno al frente del otro en
dos casas de una hermosa campiña.

Por problemas pequeños, que al acumularse sin resolverse se fueron haciendo


grandes con el tiempo, los hermanos dejaron de hablarse. Incluso evitaban
cruzarse en el camino.

Cierto día llegó a la casa de Tomás un carpintero y le preguntó si tendría


trabajo para él. Tomás le contestó:

—¿Ve usted esa madera que está cerca de aquel riachuelo? Pues la he
cortado ayer. Mi hermano Javier vive en frente y, a causa de nuestra
enemistad, desvió ese arroyo para separarnos definitivamente. Así que yo no
quiero ver más su casa. Le dejo el encargo de hacerme una cerca muy alta que
me evite la vista de la casa de mi hermao.

Tomás se fue al pueblo y no regresó sino hasta bien entrada la noche.


Cuál no sería su sorpresa al llegar a su casa, cuando, en vez de una cerca,
encontró que el carpintero había construído un hermoso puente que unía las
dos partes de la campiña.

Sin poder hablar, de pronto vio en frente suyo a su hermano, que en ese
momento estaba atravesando el puente con una sonrisa:

— Tomás, hermano mío, no puedo creer que hayas construído este puente,
habiendo sido yo el que te ofendió. Vengo a pedirte perdón. Los dos hermanos
se abrazaron.

Cuando Tomás se dio cuenta de que el carpintero se alejaba, le dijo:

—Buen hombre, ¿cuánto te debo? ¿Por qué no te quedas?

—No, gracias —contestó el carpintero—. ¡Tengo muchos puentes que


construir!

Reflexión:

Muchas veces frente a un conflicto entre dos personas solemos posicionarnos


de una u otra parte, nos sentimos incluso coaccionados para “elegir” de qué
parte estamos.. ¿Por qué no intentar construir puentes?

Este cuento refleja cómo un buen mediador puede ayudar a construir puentes
que ayuden a resolver un conflicto.

Nosotros también hemos de reflexionar sobre qué puentes podemos construir,


cosas que aceptar y  perdonar para vivir en armonía. Sin muros, rencores, ni
alimentando conflictos que lo único que producen es más y más distancia y
enemistad.

El Anillo Del Rey


Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les
dijo:

– “He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los
mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas
palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al
que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que
ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos.
Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi
anillo”.

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios,
eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un
mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un
diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus
libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los
deseos del poderoso rey.
El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que
había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su
madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.

El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

– “¿Como lo sabes preguntó el rey”?

– “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente,


y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre,
y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta
para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado


mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

– “Pero no lo leas”, dijo. “Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando


no encuentres salida en una situación”.

Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio


amenazado.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo


perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento,
llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y
un profundo valle.

Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el
camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del
enemigo.

Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí
encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento…

Simplemente decía “Esto También Pasará”.

En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.

Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o


debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un
inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.

El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro


desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió
a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su
reinado.

El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música y


baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:


– “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el
mensaje del anillo”

– “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación
de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al
enemigo”.

– “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para


situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No
es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te
sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también
para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje… “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”

Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la


muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había
desaparecido.

El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio


como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo:

– “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son


permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos
de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque
son la naturaleza misma de las cosas.”

Reflexión:

 “Esto también pasará”: Aceptación. Templanza.

Tanto la aceptación como la templanza son fundamentales para nuestro


bienestar emocional.

Como siempre digo: todas las emociones tienen una finalidad: lo


importante es vivirlas de manera adaptativa. Muchas veces ante situaciones
difíciles podemos llegar a un punto de desesperación, como le sucede al Rey
ante sus enemigos. La desesperación nos nubla, no ayuda a la hora de tomar
decisiones acertadas, y nos genera gran sufrimiento… Se nos hace todo un
mundo, y perdemos la perspectiva.

Hemos de tener en cuenta que “esto también pasará”. Ninguna emoción o


estado permanece.

Hay cosas que podemos cambiar, mejorar, podemos esforzarnos y avanzar.


Pero también hay veces en las que no podemos hacer nada porque no
depende de nosotros.

En la vida suceden fatalidades que no podemos cambiar, frustraciones cuando


las cosas no salen como nos gustaría.. Esto nos puede generar rabia, rencor,
una tristeza profunda, bloquearnos.. y para poder superarlo hemos de templar
nuestras emociones y aceptar que hay cosas que no podemos cambiar.
Nuestra mente es como un mar, y las emociones sus corrientes y oleaje: a
veces el mar está en calma, a veces hay corrientes que empujan mar adentro,
tormentas o mala mar. No podemos evitar esas olas, no podemos controlarlas:
pero podemos no dejarnos arrastrar por ellas y navegarlas manteniendo
nuestro rumbo.

A partir de la aceptación podremos recuperar la claridad y serenidad para


seguir avanzando.

Las sensaciones intensas como la rabia o la euforia nos hacen perder la


objetividad por completo, de ahí la importancia de no encallarnos en las
emociones y dejar que pasen, para poder analizar la situación presente y
tomar decisiones  desde la templanza.  No dejarnos revolcar por esas
olas. Navegar a través de la tormenta.

El luchar contra las emociones, quedarnos “enganchados” en la frustración, el


rencor y la rabia de que las cosas no sean como esperamos, nos hace más
desgraciados: es como intentar nadar a contracorriente cuando hay una
corriente de resaca que nos lleva mar adentro… nos agota y no da resultado.

Muchas veces para llegar a este punto de aceptación y templanza precisamos


realizar un trabajo interior de manera consciente, encontrar una buena manera
para mantener el rumbo aunque el mar esté agitado y surfear las olas sin que
nos arrastre. Ser conscientes de que las emociones, como las olas, vienen y
van.. “también pasarán”. Nosotros seguiremos navegando con sol o con
tormenta.

Hay un dicho que dice que:

Ningún mar en calma ha hecho experto a un marinero

Gracias a la templanza podemos aprender la habilidad de navegar entre


tormentas emocionales sin perder el rumbo ni naufragar.

El Papel Arrugado
Contaba un predicador que, cuando era niño, su carácter impulsivo lo hacía
estallar en cólera a la menor provocación.

 Luego de que sucedía, casi siempre se sentíaavergonzado y batallaba por


pedir excusas a quien había ofendido.

 Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión
de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja
de papel lisa y le dijo:

 —¡Arrúgalo! El muchacho, no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel


una bolita. —Ahora —volvió a decirle el maestro— déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por más que trataba, el papel
siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas.
 Entonces el maestro remató diciendo:

—El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu
ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

 Así aprendió a ser más comprensivo y más paciente, recordando, cuando


está a punto de estallar, el ejemplo del papel arrugado.

Reflexión:
 Este cuento pone de manifestación la importancia de controlar la ira, saber
gestionar nuestras emociones y expresar nuestro desacuerdo y enfado con
asertividad.

 No se trata de no enfadarse: sino de saber gestionarlo, y de saber expresar


nuestro malestar, disconformidad o enfado sin atacar al otro, siempre
desde el respeto, no recurrir nunca a la violencia pues es dañino tanto para
los demás como para nosotros mismos.  Es importante saber gestionar las
frustaciones o nuestro enfado sin perder los papeles. Ser sincero o expresar
nuestras emociones no justifica  hacerlo de cualquier modo, es importante
fomentar la paciencia, control de nuestras emociones y comunicación asertiva
con los demás. El respeto ha de ser un valor fundamental en nuestra vida:
gracias al respeto nos evitaremos ir  por la vida arrugando papeles

El Árbol De Las Preocupaciones


Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa
colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener
todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar
un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado


mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el
día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario
se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y


preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del
día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a
cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol
y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical:


parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada
conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al
coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 – ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y


preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 – Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy


consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no
tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa. Cuando toco sus ramas,
dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso
al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos
para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más


valiosas de su vida.

Reflexión:
Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad
difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos
permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero
no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones
durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar,
creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la
negatividad… además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos


permitan “soltar lastre” diariamente. podemos crear nuestro propio “árbol de
las preocupaciones”: hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios
mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo


cada día.

Arreglando El Mundo
Un científico, vivía con preocupación todos los problemas del mundo.

Estaba decidido a encontrar por todos los medios una solució[Link] días en
su laboratorio, en busca de respuestas.

Cierto día, su hijo de 7 años, invadió su lugar de trabajo, dispuesto a ayudarle a


encontrar esa ansiada solución.

El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a


otro lugar.

Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera distraer
su atención:

Encontró una revista, donde había un mapa del mundo, ¡justo lo que precisaba!

Con una tijera, recortó el mapa en varios pedazos y se los entregó al niño con
un rollo de cinta, diciendo: Hijo, como te gustan tanto los rompecabezas, te voy
a dar el mundo en pequeños pedazos, para que lo repares.
El científico pensaba, quizás se demoraría meses en resolverlo, o quizás nunca
lo lograse, pero por lo menos, le dejaría tranquilo por un tiempo; pero no fue
así.

Pasada algunas horas, escuchó la voz del niño: “Papá, papá, ya hice todo,
conseguí terminarlo”.

Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. ¡No puede ser, es
imposible que a su edad, haya conseguido recomponer un mapa que jamás
había visto antes!

Levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería un trabajo


digno de un niño: Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los
pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible?
¿Cómo había sido capaz?

-“Hijito, tú no sabías cómo es el mundo, ¿cómo lograste armarlo?”

-“Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la


revista para recortarlo, vi del otro lado la figura de un hombre. Así que le di la
vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo
era.

Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y me di cuenta que había


arreglado al mundo.”

PARA ARREGLAR EL MUNDO EMPIEZA POR TI

Reflexión:
Los grandes cambios se consiguen con cambios pequeños, en nosotros
mismos y nuestro entorno. Para “arreglar el mundo” hemos de empezar por
nosotros mismos.

El Coleccionista De Insultos
Un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los
jóvenes.

A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier


adversario.

Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la
casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba
que el adversario hiciera su primer movimiento, y, gracias a su inteligencia
privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante.

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla.

Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y


aumentar aún más su fama.
 Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra
la idea, pero el anciano aceptó el desafío.

Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a


provocar al viejo:

Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los


insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.

Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el
viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el
joven guerrero se retiró de la plaza.

 Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y


provocaciones, los alumnos le preguntaron:

 -¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun
sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde
ante todos nosotros?

 El viejo samurai repuso:

 -Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece


el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

 -Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-.
Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba
consigo.

Reflexión:
¿Qué pasaría si no cedemos a provocaciones, insultos e intentos de
humillación? No podemos cambiar la actitud de los demás, pero podemos
elegir no entrar en el juego, y no caer en la provocación. ¿se os ocurre algún
ejemplo de vuestro día a día en donde podáis aplicar las enseñanzas del
maestro samurai? …

La Vaca
Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a
lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

 Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar


visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos
de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los
habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin
calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera…

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En


este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio
tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío,
nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una
parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios
en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para
nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se


despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó:
“Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el
barranco.”

El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único


medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y
el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada
en la memoria de aquel joven durante muchos años.

Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que
había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que
había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles
floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en
el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella
humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el
paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor
le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en
la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con
el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para
mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió:
“Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en
adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras
habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que
puedes ver ahora.”

Reflexión:
¿Qué cosas son Vacas? Hay cosas que nos proporciona algún beneficio, pero
que a la larga nos hacen ser dependientes de ellas y no nos dejan avanzar.
Nuestro mundo se reduce a lo que la vaca nos brinda. Las vacas pueden ser
desde un trabajo que no nos motiva pero en el que seguimos porque “peor es
nada” o “es seguro” por ejemplo, son cosas que dependen de nosotros mismos
y  que no cambiamos aunque nos gustaría mejorarlas, nos conformamos
debido creencias que nos frenan, miedos que nos llevan a acomodarnos, a
estancarnos..  ¿Tenéis vacas en vuestra vida? ¿cuáles son?
La Puerta Negra
Érase una vez en un país muy lejano un rey que era muy polémico por sus
acciones.

 Tomaba a los prisioneros de guerra y los llevaba hacia una enorme sala. Los
prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la sala y el rey
gritaba diciéndoles:

-Les voy a dar una oportunidad, miren el rincón del lado derecho de la sala.

Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y
flechas, listos para cualquier acción.

-Ahora, continuaba el rey, miren hacia el rincón del lado izquierdo.

Al hacer esto, todos los prisioneros notaban que había una horrible y grotesca
puerta negra, de aspecto dantesco, cráneos humanos servían como decoración
y el picaporte para abrirla era la mano de un cadáver. En verdad, algo
verdaderamente horrible solo de imaginar, mucho más para ver.

El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:

– Ahora escojan, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¿Morir clavados por flechas
o abrir rápidamente aquella puerta negra mientras los dejo encerrados allí?
Ahora decidan, tienen libre albedrío, escojan.

Todos los prisioneros tenían el mismo comportamiento: a la hora de tomar la


decisión, ellos llegaban cerca de la horrorosa puerta negra de más de cuatro
metros de altura, miraban los cadáveres, la sangre humana y los esqueletos
con leyendas escritas del tipo: “viva la muerte”, y decidían: -“Prefiero morir
atravesado por las fechas.”

Uno a uno, todos actuaban de la misma forma, miraban la puerta negra y a los
arqueros de la muerte y decían al rey:

– “Prefiero ser atravesado por flechas a abrir esa puerta y quedarme


encerrado”.

Millares optaron por lo que estaban viendo que hacían los demás: elegir la
muerte por las flechas.

Un día, la guerra terminó. Pasado el tiempo, uno de los soldados del “pelotón
de flechas” estaba barriendo la enorme sala cuando apareció el rey. El soldado
con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó: – “Sabes, gran rey, yo
siempre tuve una curiosidad, no se enfade con mi pregunta, pero, ¿qué es lo
que hay detrás de aquella puerta negra?”

El rey respondió: Pues bien, ve y abre esa puerta negra.”

El soldado, temeroso, abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo puro de


sol besar el suelo de la enorme sala, abrió un poco más la puerta y más luz y
un delicioso aroma a verde llenaron el lugar.
El soldado notó que la puerta negra daba hacia un campo que apuntaba a un
gran camino. Fue ahí que el soldado se dio cuenta de que la puerta negra
llevaba hacia la libertad.

Reflexión:
¿qué es para vosotros la puerta negra?

Yo la asocio con nuestros miedos, sobre todo nuestros miedos a salir de


nuestra “zona de confort”. El miedo a lo desconocido, a no ser capaz, una
inseguridad que paraliza, o una frustración. Miedo a asumir riesgos.. los
soldados prefieren morir pero sabiendo lo que les va a pasar..que traspasar la
puerta sin saber. Creo que en muchos momentos de nuestra vida tenemos
puertas negras en nuestro interios ¿cuáles son las vuestras? ¿qué pasaría si
las abrierais?

Las Tres Rejas


El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de este y le dice:

 – Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…..

– !Espera! – lo interrumpe el filósofo – ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que
vas a contarme?

– ¿Las tres rejas?

– Si. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es


absolutamente cierto?

– No. Lo oí comentar a unos vecinos.

– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso
que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.

– No, en realidad no. Al contrario…

– !Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso
que tanto te inquieta?

– A decir verdad, no.

– Entonces, dijo el sabio sonriendo

– Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el


olvido.
Reflexión:
Creo que las rejas ejemplifican  muy bien algunos de los aspectos clave que
han de considerarse para valorar si algo merece o no la pena que lo tomemos
en consideración. A veces sólo nos centramos en el mensaje,  pero no
atendemos a su fiabilidad, a lo que implica para los demás o a su utilidad, a la
hora de valorarlo. Pasarlos por éstos filtros puede ser muy útil ¿no creeis? ¿se
os ocurren ejemplos? .. A mi me vienen unos cuantos a la cabeza.

Pedro Y El Hilo Mágico


Pedro era un niño muy vivaracho. Todos le querían: su familia, sus amigos y
sus maestros. Pero tenía una debilidad. – ¿Cual?

 Era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso


de la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera.
Cuando estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba
todo el día soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos
especiales de su vida cotidiana.

 Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al


rato, decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó
dormido. Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre
con voz aguda.

Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de
tener unos cien años y sus cabellos blancos como la nieve caían sobre su
espalda como una apelmazada manta de lana. En la arrugada mano de la
mujer había una pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del
agujero colgaba un largo hilo de oro.

La anciana le dijo: “Pedro, este es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él,


una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus
fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días” Pedro estaba
muy excitado por este descubrimiento. “¿Podría quedarme la pelota?”,
preguntó. La anciana se la entregó.

Al día siguiente, en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto


recordó su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su
casa jugando en el jardín. Consciente del poder del hilo mágico, se cansó
enseguida de ser un colegial y quiso ser adolescente, pensando en la
excitación que esa fase de su vida podía traer consigo. Así que tiró una vez
más del hilo dorado.

De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero
Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a
explorar las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió
a tirar del hilo, y muchos años pasaron en un solo instante. Ahora se vio
transformado en un hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba
rodeado de hijos. Pero Pedro reparó en otra cosa. Su pelo, antes negro como
el carbón, había empezado a encanecer. Y su madre, a la que tanto quería, se
había vuelto vieja y frágil. Pero el seguía sin poder vivir el momento. De modo
que una vez más, tiró del hilo mágico y esperó a que se produjeran cambios.

Pedro comprobó que ahora tenía 90 años. Su mata de pelo negro se había
vuelto blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás.
Sus hijos se habían hecho mayores y habían iniciado sus propias vidas lejos de
casa. Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido
disfrutar de las maravillas de la vida. Había pasado por la vida a toda prisa, sin
pararse a ver todo lo bueno que había en el camino.

Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de


muchacho para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el
bosque, advirtió que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles
imponentes. El bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un
trecho de hierba y se durmió profundamente.

Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se
trataba nada menos que de la anciana qu muchos años atrás le había regalado
el hilo mágico. “¿Has disfrutado de mi regalo?”, preguntó ella. Pedro no
vaciló al responder: “Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota.
La vida me ha pasado sin que me enterase, sin poder [Link] que
habría habido momentos tristes y momentos estupendos, pero no he
tenido oportunidad de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío
por dentro. Me he perdido el don de la vida. “Eres un desagradecido, pero
igualmente te concederé un último deseo”, dijo la anciana. Pedro pensó unos
instantes y luego respondió: “Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la
vida”. Dicho esto se quedó otra vez dormido.

Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quien podrá ser
ahora?, se preguntó. Cual no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a
su lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante. Pedro comprendió que
la extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez.

Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la
vida tal como había esperado. Conoció muchos momentos buenos, muchas
alegrías y triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar
el presente por el futuro y empezar a vivir en el ahora.

Reflexión:
Muchas veces descuidamos el presente por focalizarnos en los anhelos
futuros. En el mundo real por desgracia nunca tenemos una segunda
oportunidad de vivir la vida, no podemos volver a atrás como en el cuento. Es
importante llenar nuestro presente de momentos de calidad para poder
construir nuestro futuro, no dejemos pasar la vida soñándola y sin vivirla.

Nos convencemos de que la vida será mejor después de cumplir los 18 años,
después de casarnos, después de conseguir un mejor empleo, después de
tener un hijo, después que los hijos sean grandes… A veces nos sentimos
frustrados porque pensamos que las circunstancias no son las ideales, que no
es el momento perfecto, y pensamos que nos sentiremos felices cuando lo sea.
Hacer Café
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de cómo las cosas le
resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía
que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando
solucionaba un problema, aparecía otro.

 Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas
con agua y las colocó sobre el fuego. En una colocó zanahorias, en otra
colocó huevos y en la última colocógranos de café. Las dejó hervir. Sin decir
palabra.

 La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su


padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las
colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente,
coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

 Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿Qué ves?”; “Zanahorias, huevos y café”


fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo
hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo
rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió
que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

 Humildemente la hija preguntó: – “¿Qué significa esto, padre?” Él le explicó


que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua
hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al
agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto
débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina
protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior
se había endurecido. Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de
estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua. “¿Cuál eres tú,
hija?, Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes?“, le
preguntó a su hija.

 ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te
tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza
con un corazón maleable, poseías un espíritu fluido, pero después de una
pérdida, una crisis, o un problema te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves
igual, pero ¿Eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento
que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza
su mejor sabor.

 Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas
en forma positiva, sin dejarte vencer y haces que las cosas a tu alrededor
mejoren, que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y
el de la gente que te rodea. Esparces con tu fuerza y positivismo el “dulce
aroma del café”.

 ¿Y tú?, ¿Cuál de los tres eres?.

Reflexión:
A veces las adversidades nos abaten y quitan las fuerzas  y nos volvemos
“zanahorias”, otras nos hacen levantar una barrera y aislarnos del exterior y
somos como los huevos. Pero lo ideal a la hora de afrontar las adversidades de
la vida es afrontarlas proactivamente y sacar lo bueno de lo malo: que de la
crisis salga un cambio positivo y aprendamos, evolucionemos, tomemos las
riendas y cambiemos nuestro entorno para superar la adversidad.. como el
café.  ¿Qué pensáis al respecto?

Las Piedras Y El Frasco


Cierto día un motivador estaba dando una conferencia sobre gestión de
tiempo a un grupo de profesionales. Para dejar en claro un punto utilizó un
ejemplo que los profesionales jamás olvidaran.

De pie frente a un auditorio compuesto por gente muy exitosa dijo:

Quisiera hacerles una pequeña demostración…

De debajo de la mesa sacó un jarro de vidrio de boca ancha y lo puso sobre la


mesa frente a él. Luego sacó una docena de piedras del tamaño de un puño y
empezó a colocarlas una por una en el jarro.

Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras
preguntó al auditorio: ¿Está lleno este jarro? Todos los asistentes dijeron ¡Sí!

Entonces dijo: ¿Están seguros? Y sacó de debajo de la mesa un cubo con


piedras pequeñas de construcción. Echó un poco de las piedras en el jarro y lo
movió haciendo que las piedras pequeñas se acomoden en el espacio vacío
entre las grandes.

Cuando hubo hecho esto preguntó una vez más: ¿Está lleno este jarro?

Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en
voz alta: “Probablemente no”.

Muy bien contestó el expositor. Sacó de debajo de la mesa un cubo lleno de


arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre
las piedras grandes y las pequeñas.
Una vez más pregunto al grupo: ¿Está lleno este jarro?
Esta vez varias personas respondieron a coro: ¡No!

Una vez más el expositor dijo: ¡Muy bien! luego sacó una jarra llena de agua y
echó agua al jarro con piedras hasta que estuvo lleno hasta el borde mismo.
Cuando terminó, miro al auditorio y preguntó: ¿Cual creen que es la enseñanza
de esta pequeña demostración?

Uno de los espectadores levantó la mano y dijo: La enseñanza es que no


importa como de lleno esté tu horario, si de verdad lo intentas, siempre podrás
incluir más cosas.

¡No! replicó el expositor, esa no es la enseñanza.


La enseñanza es que si no pones las piedras grandes primero, no podrás
ponerlas en ningún otro momento.

Reflexión:
Me encanta éste cuento. ¿Cuáles son las piedras grandes en nuestra vida?:
Son ¿la rutina, lo que opinen los demás, el trabajo que no nos gusta,
preocupaciones cotidianas..?  o son ¿La familia, los amigos, nuestros valores
morales, la salud, las personas que queremos, las cosas que nos hacen
felices?.. Las piedras más grandes han de referirse a nuestras bases, a lo
más importante para nosotros y están relacionadas con nuestros valores,
con nuestros afectos y nos enriquecen como personas.

A veces es difícil en la rutina diaria tomar las perspectiva necesaria para


asignar bien las prioridades, a veces priorizamos las cosas más pequeñas
frente a las que tienen más valor para nosotros. Si llenamos nuestro tiempo y
nuestra cabeza de cosas “pequeñas” luego no caben las realmente importantes
para nosotros. .. No es una cuestión de “no tener tiempo”. Es cuestión de saber
organizarse teniendo siempre como base las piedras grandes y valorar
nuestras prioridades. ¿qué opinais? 

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