5.
KANT
5.2.- Síntesis de la filosofía kantiana.
1. EL PROYECTO FILOSÓFICO KANTIANO.
La filosofía Kantiana va a consistir en una revisión crítica del funcionamiento de la razón,
para responder a la que él considera la pregunta fundamental de la filosofía: ¿QUÉ ES EL
SER HUMANO? Según KANT, esta pregunta de la filosofía se despliega en tres grandes
cuestiones:
• ¿QUÉ PUEDO CONOCER?, pregunta de la que se ocupa su obra Crítica de la razón pura (1781).
• ¿QUÉ DEBO HACER? cuestión que dilucida su Crítica de la razón práctica (1788).
• ¿QUÉ ME CABE ESPERAR?, a esta cuestión dedicó una serie de escritos sobre política y religión
–ya que nuestra esperanza en un futuro más allá de nuestra existencia se concreta en nuestros
ideales políticos y nuestra fe religiosa-, entre los que se encuentra el ensayo “Respuesta a la
pregunta ¿Qué es la Ilustración?” (1784).
Debe quedar claro, que para Kant la razón humana se despliega en dos grandes dimensiones, la
“RAZÓN PURA”, que es el uso que hacemos de la misma para conocer como es la realidad (se trata
por lo tanto de la razón científica, del conocimiento, del “ser”) y la “RAZÓN PRÁCTICA”, qué es el uso
que hacemos de la razón para determinar cómo debe ser nuestra actuación (se trata de la racionalidad
aplicada a cuestiones éticas y políticas, del “deber ser”).
2. EPISTEMOLOGÍA KANTIANA: SENSIBILIDAD Y ENTENDIMIENTO.
a) El problema de la Crítica de la Razón Pura.
¿Cómo conocemos el mundo?, ¿el mundo es tal como se presenta ante mi razón o tal como lo
percibimos por los sentidos?, ¿qué conocimientos son verdaderos y por qué? Para Kant, tanto el
Empirismo como el Racionalismo son insuficientes, el primero porque otorga tanta importancia a los
datos sensibles que minimiza el poder de la razón para organizar y dar sentido a la experiencia. Y el
segundo porque da tanto valor a la razón que desprecia la enorme cantidad de información que nos
aporta la sensibilidad y diseña una imagen de la realidad incompleta, abstracta y parcelada en
compartimentos estancos.
La solución Kantiana a esta problemática es integrar los logros de las teorías epistemológicas del
Racionalismo y el Empirismo en una SÍNTESIS que, recogiendo los aciertos de ambas, supere sus
insuficiencias. En efecto, Kant explica que el conocimiento es una construcción del sujeto que conoce,
en la que tan importante es la información procedente del exterior a través de los sentidos, como los
“contenidos innatos” de nuestra razón. Ambos elementos son imprescindibles.
Lo cierto es que Kant se plantea en la Crítica de la Razón Pura, dos cuestiones importantes:
1. En primer lugar, ¿CÓMO SE PRODUCE EL CONOCIMIENTO? Es decir, de qué modo funciona
nuestra razón para conocer cómo es el mundo.
2. En segundo lugar, pero no menos importante: ¿TIENE SENTIDO LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA?
Profundo conocedor de la física moderna y admirador de la obra de Newton, Kant era
consciente de que mientras la ciencia progresaba, la filosofía parecía permanecer atascada en
los mismos problemas. Para él era evidente que los científicos habían sido capaces de llegar a
acuerdos y verdades, y los filósofos no. De ahí, que se plantee críticamente el estatus de la
filosofía, de la metafísica.
1
b) La SENSIBILIDAD.
En relación a la primera cuestión, sobre el origen de nuestros conocimientos, la conclusión de Kant es
sorprendente e innovadora. Defiende que, en la construcción del conocimiento, el sujeto que conoce
construye y moldea activamente la información que recibe del mundo exterior. Cuando echamos agua
en una jarra de cristal, la forma del agua se adapta al recipiente, del mismo modo la información
sensible se configura de acuerdo con nuestra “FORMA DE PERCIBIR”. Esto quiere decir, que percibimos
organizando lo que captamos del exterior (las intuiciones sensibles, en vocabulario kantiano), con un
esquema ESPACIO TEMPORAL que está en nuestra conciencia. Las nociones de “espacio” y “tiempo”
no están en la realidad, sino que son nuestra forma de organizar lo que captamos de la realidad, por
eso son “FORMAS A PRIORI DE LA SENSIBILIDAD”.
FORMAS: porque es la forma en la que captamos las cosas.
ESPACIO A PRIORI: porque no están en la sensibilidad, sino en nosotros.
DE LA SENSIBILIDAD: porque es la vía a través de la cual percibimos la realidad.
TIEMPO
De hecho, son “condiciones de posibilidad” de la percepción, porque si no las tuviésemos, aunque
captásemos estímulos sensibles, no podríamos organizarlos para que tuviesen sentido. Seríamos
ciegos ante la información del mundo exterior.
c) El ENTENDIMIENTO.
Pero percibir no significa conocer, el conocimiento exige un paso más, exige la organización de lo
percibido en juicios o afirmaciones en las que se expresen ideas generales. No es lo mismo decir: “he
visto una amapola roja”, que decir: “las amapolas son rojas”. En el segundo caso hemos hecho una
afirmación de carácter universal y lo que busca la ciencia son precisamente eso: afirmaciones con
validez universal1. Pero ¿cómo alcanza nuestra razón este tipo de juicios universales?
Para Kant los juicios de la ciencia se construyen a partir de lo percibido, pero no solo con lo percibido,
es necesaria la intervención de una serie de conceptos que están en nuestra razón, son por lo tanto “A
PRIORI” y son -también- “condiciones de posibilidad” del conocimiento. Los llama las “CATEGORÍAS
DEL ENTENDIMIENTO” y les da ese nombre para distinguirlos de los conceptos, que proceden de la
experiencia sensible (por ejemplo, los conceptos de “pera” o “amarillo”). Las categorías nos permiten
establecer relaciones entre conceptos de la experiencia, para poder entenderlos.
Por ejemplo, en la afirmación “las peras son amarillas” subyacen las categorías de “relación” (hemos
atribuido un color a un elemento) y de “universalidad” (ya que nuestra afirmación, aunque parte de
un número limitado de experiencias, se aplica a todas las peras).
Para formar este juicio he necesitado usar
determinados conceptos. Unos, como “pera” o
“amarillo”, proceden de la experiencia, pues ésta
solo nos muestra realidades concretas. Pero
otros, son conceptos abstractos implícitos en ese
juicio (pluralidad, sustancia-accidente…) que no
derivan de ninguna observación empírica
concreta, sino que los posee el entendimiento
por sí mismo. Son LOS CONCEPTOS A PRIORI O
CATEGORÍAS, esenciales para poder afirmar algo
sobre el mundo con rigor.
1
Para Kant el modelo de afirmación científica de carácter universal es la ley de gravitación de Newton.
2
Del mismo modo si afirmamos que el calor causa la dilatación de los metales, estamos relacionando
dos conceptos de origen empírico (el calor y el aumento en el volumen de los metales) utilizando la
categoría de “causalidad”. Esta afirmación resulta chocante, ya que la idea común es que la relación
causal forma parte de la realidad exterior, pero para Kant es algo que pertenece a la propia naturaleza
humana, conocemos el mundo estableciendo relaciones causales entre los fenómenos. En otras
palabras, las leyes causales funcionan en la medida en la que la razón humana capta así lo que sucede,
estableciendo -precisamente- relaciones de causa-efecto2.
d) El fenómeno y el noúmeno.
Kant concluye la Crítica de la razón pura estableciendo una nítida separación entre lo que es la realidad
y lo que yo puedo conocer de ella. Mi conocimiento del mundo está condicionado por la forma en la
que yo lo puedo conocer, del mismo modo que la forma del agua depende del tipo de recipiente en el
que se vierta. Esto no quiere decir que mi conocimiento del mundo sea falso, sino que del mundo solo
puedo conocer su dimensión FENOMÉNICA, solo puedo conocerlo tal como es “para mí”.
Esto significa que no puedo saber cómo es el mundo en sí mismo, ya que todo lo que sé está
condicionado por las “estructuras a priori” de mi razón (formas a priori de la sensibilidad, y categorías
del entendimiento). Sin embargo, sí puedo pensar en la realidad de un mundo más allá de cómo este
es “para mí”. A esta realidad “en sí “, de la que no puedo elaborar conocimientos, pero en la que puedo
pensar, Kant la llama NOÚMENO. El concepto de noúmeno resulta un tanto abstracto, pero quizás
puedas entenderlo mejor con este texto del filósofo Jesús Mosterín.
"Los humanos vemos las amapolas rojas; las abejas, ultravioletas. ¿Pero cómo son las amapolas en realidad? Los
humanos, con nuestras refinadas herramientas, ¿podemos ver o captar de algún modo el mundo real?
Todos los animales vivimos en el mismo mundo real, en el mismo montaje de átomos, fotones, neutrinos, campos
gravitatorios y electromagnéticos, etc.... Pero este mundo real no es visible, ni captable, ni intuible,
ni experimentable, ni perceptible por ningún animal. Cada especie animal ha desarrollado receptores que captan
ciertos rasgos del mundo real, precisamente aquellos rasgos la captación de los cuales es relevante para la
supervivencia y reproducción de estos animales. "
J. MOSTERÍN Grandes temas de la Filosofía actual.
La amapola es una realidad diferente para un
insecto y para un ser humano, ya que nuestros
órganos visuales captan un aspecto diferente
de la flor. La pregunta ¿cómo es realmente la
amapola? Hace referencia a su dimensión
nouménica, aquella que ni la abeja ni yo
podemos captar, pero en la que yo (y una
supuesta abeja inteligente) podríamos
pensar.3
Así que ya ha respondido Kant a la primera de
las cuestiones que se planteó: el conocimiento
del mundo es posible porque éste aporta un
material empírico que, recurriendo a nuestras
estructuras o formas a priori, organizamos en
juicios cada vez más generales y universales: los juicios de la ciencia que expresan mi conocimiento del
mundo.
2
Y eso, pese al escepticismo de Hume.
3
Si entiendes este “noumeme” de la imagen, entonces has entendido a Kant.
3
e) La RAZÓN y el estatus de la metafísica.
Respecto a la segunda de las cuestiones, el estatus de la metafísica, la teoría kantiana es igualmente
original e innovadora. La filosofía racionalista había concluido con la afirmación de la existencia de tres
entidades o “sustancias”: el alma o sujeto, el mundo o realidad extramental y Dios. El empirismo había
negado la existencia de tales sustancias, por tratarse de conceptos que no tienen un origen empírico.
Kant está esencialmente de acuerdo con la conclusión del empirismo, pero matiza su radicalidad. Es
verdad que no podemos afirmar la existencia de estas tres entidades, porque no hay ninguna base
empírica para demostrar ni la existencia de dios, ni podemos atribuir nada al alma o al mundo. Si lo
hacemos así, (por ejemplo, afirmando -como hace el racionalismo- que Dios es perfecto), estamos
elaborando un juicio que tiene la misma forma que el juicio “las amapolas son rojas”, pero con la
diferencia de que estamos utilizando una categoría (la de identidad) que sólo tiene sentido si se
atribuye a fenómenos, a algo empírico. Utilizarla con un concepto que no tiene un origen sensible,
implica “usarla mal” o, mejor dicho, “abusar” de ella.
De ahí, que las ideas que produce la facultad de la RAZÓN: DIOS, MUNDO Y ALMA sean para Kant,
“NOÚMENOS”. Y aunque no pueden ser conocidas por no tener una referencia sensible, SÍ PODEMOS
PENSAR en ellas. De modo que no podemos “afirmar” su existencia, pero sí podemos “postular” que
existen. Postular, en este contexto, significa “suponer” que una idea es verdadera puesto que eso me
permite entender otras cuestiones4.
3. LA ÉTICA KANTIANA5.
Kant ya ha contestado la pregunta “¿Qué puedo conocer?”. Sin embargo, el ser humano no vive tan
solo de conocimientos. Ciertamente, el ser humano, hace un uso teórico de la razón, pero también
hace un uso práctico de ella. No solamente es un ser que conoce, sino que además es un ser que actúa
y que se vale de su razón para guiarse y orientar su acción. Así, la razón pura se convierte en razón
práctica cuando se ocupa de guiar la propia voluntad.
a) El valor de la humanidad.
Muy a menudo se valora la aportación epistemológica de Inmanuel Kant, pero se olvida, en cambio, su
no menos revolucionaria contribución ética. No solamente sentó las bases de la filosofía del
conocimiento posterior, sino que también dio un giro completo a los planteamientos de la filosofía
moral.
Y esto último todavía tiene más valor si tenemos en cuenta las palabras del propio autor: “Yo soy un
estudioso y siento toda la sed de conocimiento que puede sentir un hombre. En un pasado creía que
esto constituía todo el valor de la humanidad; entonces menospreciaba al pueblo en tanto que gente
ignorante. Rousseau me desengañó. Esta superioridad engañosa se ha desvanecido; he aprendido que
la ciencia en sí es inútil si no sirve para que se valore la humanidad”. La ciencia o el conocimiento no
son nada si no contribuyen a hacer más humano, auténtico y moral nuestro comportamiento. Y ello,
ciertamente, ya no es responsabilidad de la razón teórica, sino de la razón práctica6.
4
Un ejemplo clásico de esta manera de proceder, son los postulados matemáticos: los axiomas.
5
Este desarrollo de la ética kantiana está adaptado de HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2. Llorenç Vallmajó
Riera. Editorial Edebé. Pag. 266-269
6
Rousseau, según confesó el propio Kant, tuvo una importancia capital en su interés por la ética. Una de las
anécdotas que se explican sobre Kant puede servir para imaginarnos la influencia que tuvo el ilustrado francés
en este cambio de rumbo en la reflexión kantiana. Kant, protagonista de una vida profundamente ordenada y
rutinaria (se dice que, en Königsberg, los habitantes ajustaban sus relojes cuando Kant salía a pasear), solo llegó
tarde a sus clases en dos ocasiones, una por el estallido de la Revolución francesa y la otra cuando le llegaron las
obras de Rousseau, cuya lectura le entusiasmó tanto que perdió la noción del tiempo.
4
b) La ética tradicional “material”.
Después de reconocer que, por encima de las cuestiones teóricas, lo que realmente nos inquieta y nos
interesa son las de orden práctico, Kant intentó responder la pregunta “¿qué debo hacer?”. Antes de
ofrecer su propia respuesta, Kant hizo un análisis exhaustivo de lo que hasta entonces se había
propuesto en la reflexión ética.
Cuando analizó las éticas anteriores, Kant llegó a la conclusión de que, a pesar de la enorme variedad
de normativas éticas, todas presentan un denominador común: se trata de ETICAS MATERIALES. Kant
considera materiales aquellas éticas que acaban siendo una lista de normas o preceptos. Según el
filósofo prusiano, muchas de las éticas tradicionales lo son y, por ello, se caracterizan por tener dos
inconvenientes:
1. Son ÉTICAS EMPÍRICAS: ya que tienen contenido. Nos dicen qué debemos hacer o evitar: “has
de decir la verdad”, “has de obedecer a tus padres”, “No has de matar” …, su contenido
proviene de la experiencia y en ella comprobamos qué conductas son adecuadas para alcanzar
el objetivo que nos hemos propuesto. Son éticas que se fundamentan en un BIEN (la felicidad,
la salud…) y que establecen el camino que hay que seguir para alcanzarlo7. Por lo tanto, se
trata de éticas interesadas, ya que promueven determinadas acciones en función de la
recompensa o gratificación que se consigue con su cumplimiento. Por ello, se componen de
normas o preceptos que señalan la actuación correcta y que Kant denomina IMPERATIVOS, a
los que considera de tipo HIPÓTETICO.
Los imperativos hipotéticos ordenan o prescriben una acción en función del objetivo fijado.
Así, una norma como “no bebas en exceso” solo nos obliga si hemos aceptado que conservar
la salud es un bien al que hemos de aspirar. Se trata, por tanto, de un imperativo
CONDICIONAL: “Si quieres conservar la salud, no bebas en exceso”. Únicamente si aceptamos
la condición, la segunda parte tiene sentido.
2. Son ÉTICAS HETERÓNOMAS, porque la voluntad se halla determinada por principios que no
provienen de la razón propiamente, sino de alguna instancia externa a ella. Las éticas
materiales justifican una serie de preceptos en función de fines (la felicidad, la salud, la
perfección…) que dependen de intereses personales y ajenos a la razón.
7
Veamos un par de ejemplos de este tipo de éticas materiales:
➢ Aristóteles declara que el máximo bien para el ser humano es el desarrollo de la racionalidad, su
cualidad esencial, que la virtud máxima es el “mesostés” o moderación, definida como “hábito
de elegir el término medio”. En su Ética a Nicómaco, nos ofrece toda una amplia gama de
consejos y ejemplos para que sepamos distinguir la actitud más moderada y actuar en
consecuencia.
➢ Sin embargo, Sid Vicius, líder y cantante del grupo punk “Sex Pistols”, proponía como lema para
la vida “vive deprisa, muere joven y dejarás un bonito cadáver”, y, aunque no estamos ante una
doctrina filosófica, ni mucho menos, es evidente que Sid Vicius no compartía las ideas de
moderación de Aristóteles (alguien que, por cierto, llevó su lema a la práctica, con los
catastróficos resultados que puedes imaginar).
Son dos propuestas morales totalmente distintas, basadas en dos experiencias vitales absolutamente
dispares: la primera, la de un filósofo griego del siglo IV a.d.C y la segunda de un cantante de música
“punk” del siglo XX. Estos ejemplos nos ayudan a entender el sentido de la crítica de Kant a las éticas
materiales, el problema es que fundamentan sus mandamientos en la experiencia (son a posteriori), y,
claro, las experiencias vitales pueden ser muy diferentes y consecuentemente solo tienen validez
particular.
5
Estas dos características hacen inaceptables las éticas materiales. Para Kant, una ética auténticamente
humana ha de ser UNIVERSAL (válida para cualquier ser humano, con independencia de sus intereses)
y AUTÓNOMA (basada en la libertad y la capacidad humana para darse una ley desinteresada y
auténtica). Estas dos propiedades solo son posibles en una ética RACIONAL.
c) La ética formal kantiana.
Kant rechaza las éticas materiales (empíricas y heterónomas) porque considera que no son
propias de seres mayores de edad. La Ilustración es, sobre todo, una reivindicación de la libertad y de
la emancipación respecto a cualquier sujeción o dependencia. Como buen ilustrado, Kant comparte
esta idea y cree que ha llegado la hora de que el ser humano se haga cargo de su vida y decida por sí
mismo. Esta emancipación exige una ética autónoma en la que sea el propio ser humano quien
determine la ley moral. Se trata de algo incompatible con una ética material. Por eso, defiende la
necesidad de una ética FORMAL.
Kant, considera ÉTICAS FORMALES aquellas que carecen de contenido, es decir, que en lugar de decir
qué se debe hacer, se limitan a indicar CÓMO hacerlo. Son, por lo tanto, éticas de la FORMA: no nos
ordenan “haced esto o haced aquello”, sino que determinan la manera en la que debemos actuar.
Los imperativos de este tipo de éticas no son hipotéticos, sino que son CATEGÓRICOS: obligan y exigen
cumplimiento sin condiciones ni excepciones. Kant formula el IMPERATIVO CATEGÓRICO del siguiente
modo: “Actúa solo según la MÁXIMA que desearías que se convirtiera en LEY UNIVERSAL”.
Este imperativo, conocido también como principio de universalidad, no nos dice qué hemos de hacer
(beber o no en exceso, por ejemplo), sino que establece la forma que ha de tener cualquier máxima
para llegar a ser realmente una norma moral (ser universalizable). En el fondo, es una especie de
reformulación de la antigua “ley de oro”: “lo que no quieras para ti no lo quieras para los demás”.
Recoge una antigua consideración del hecho moral: la creencia de que la acción correcta consiste ni
más ni menos que en hacer lo que exigiríamos que hicieran los demás.
6
Kant formuló el imperativo categórico de otra forma que todavía encaja mejor con su preocupación:
“Trata a todo ser humano no como un medio, sino como un FIN en sí mismo”. 8 Esto significa que hemos
de tratar a los demás como lo que son, seres humanos con dignidad, es decir, que no pueden ser
usados como instrumentos para satisfacer nuestros deseos. Actuar de modo que tratemos a los demás
como fines y no como instrumentos significa actuar de manera desinteresada. Por ejemplo, si
elogiamos a los demás porque deseamos obtener un favor de ellos, no obramos de una manera moral,
sino egoísta.
Inmanuel Kant considera, que el comportamiento ético necesariamente es desinteresado, es decir,
una forma de actuar basada en el respeto y el amor al DEBER. Esto significa algo más que actuar
externamente CONFORME CON el deber; es imprescindible que haya un convencimiento y una
aceptación interna de este: propiamente, actuar POR el deber en sí.
Con un ejemplo, entenderemos mejor la
distinción entre actuar de acuerdo o conforme con
el deber (legalmente), y actuar por amor al deber
(moralmente). Imaginemos a dos tenderos que se
comportan de una manera honrada y legal, sin
alterar los pesos y cobrando lo que corresponde
por los productos. Uno lo hace porque sabe que,
si no, a la larga perdería sus clientes (que se irían
a comprar a otra tienda); el otro lo hace
simplemente porque considera que ese es su
deber. A pesar de que externamente los dos se
comporten de un mismo modo, solo en el caso del
segundo tendero podemos hablar de un comportamiento auténticamente moral. El otro no actúa
desinteresadamente ni trata a sus clientes como fines, sino como instrumentos para enriquecerse.
d) Postulados de la razón.
Solamente cuando lo que nos mueve es la voluntad de cumplir con nuestro deber, podemos decir que
somos morales. Ahora bien, hablar de moralidad presupone aceptar nuestra condición de seres con
capacidad para decidir nuestra actuación. Si no pudiéramos escoger entre hacer esto o aquello, entre
actuar de esta manera altruista o egoísta, ¿qué sentido tendría hablar de moralidad?
Según Kant, la LIBERTAD humana, opuesta al determinismo predominante en los fenómenos
naturales, es un atributo inalcanzable para la razón teórica. En el apartado anterior concluimos
reconociendo que la razón teórica se vuelve impotente ante determinadas cuestiones que superan los
límites de la experiencia. Todo lo que nos obliga hablar de ideas trascendentales como de realidades
últimas choca con las posibilidades intelectuales humanas9.
Sin embargo, aunque no pueda ser objeto de demostración científica, la existencia del ALMA, del
MUNDO y de DIOS se convierte en imprescindible para que podamos hablar de moral. Esto lleva a Kant
a considerar que las IDEAS TRASCENDENTALES de la razón teórica, han de entenderse como
POSTULADOS de la razón práctica. Se trata de ideas de las que no tenemos ni podemos llegar a tener
ninguna certeza, pero que debemos presuponer que existen. En definitiva, los postulados de la razón
práctica resultan científicamente indemostrables, pero necesarios desde el punto de vista moral.
8
Hay hasta 5 formulaciones diferentes del Imperativo Categórico kantiano.
9
Ante tales ideas, Kant recomendaba la posición agnóstica, pues la consideraba la única posición coherente.
7
“¿Qué me cabe esperar si hago lo que debo?”. Según Kant, si actuamos de manera desinteresada y
sin esperar nada a cambio, podemos aspirar a la felicidad. Ahora bien, esta aspiración muchas veces
no se ve justamente recompensada. A menudo observamos que, en esta vida, la virtud no siempre va
acompañada de felicidad, y que quienes, por su comportamiento, la merecen padecen graves
injusticias. Solamente la inmortalidad del alma y la existencia de Dios pueden garantizar que la virtud
conduzca a la felicidad algún día.
4. PENSAMIENTO POLÍTICO: KANT Y LA ILUSTRACIÓN.
La reflexión ética de Kant no agota su pasión por la Ilustración, periodo histórico que aparece en la
filosofía kantiana convertido prácticamente en categoría filosófica. El formalismo ético que acabamos
de ver es ya una ética ilustrada, en tanto que pretende encontrar fundamento en la razón y hace de la
autonomía uno de los máximos valores.
Se podría decir que la Ilustración está
presente en todos los textos kantianos,
sea de una forma manifiesta o latente:
la crítica que Kant asume como
definitoria de su filosofía es
probablemente el mayor signo de
Ilustración.
Sin embargo, cabría citar entre las obras
en las que la Ilustración se convierte en
protagonista títulos como “Respuesta a
la pregunta ¿qué es ilustración?”, “Idea de una historia universal con propósito cosmopolita”, o “La paz
perpetua”. En estos textos Kant trasciende el tiempo en el que vive transformándolo en un tema de
reflexión filosófica universal, que reaparecerá tiempo después en otros filósofos. Como tantas otras
veces a lo largo de la historia, el intento de responder preguntas del presente cristaliza en ideas y
propuestas con validez universal, capaces de resultar atractivas y actuales en otros tiempos y lugares.
A) En la primera obra a la que hacíamos referencia, Kant nos ofrece una definición de Ilustración:
“salida del hombre de su autoculpable minoría de edad”. El lema de la ilustración podría resumirse en
la recuperación de una antigua divisa de Horacio: ¡Sapere aude! (Atrévete a saber). La mayor
aspiración de la Ilustración se expresa, por tanto, en una palabra: AUTONOMÍA, entendida ahora no
solamente en su sentido moral, sino de una forma más amplia como capacidad de pensar por uno
mismo. Kant identifica varias barreras para que esta autonomía llegue a realizarse:
1. En primer lugar, cabría referirse a las INTERNAS: la pereza, la cobardía y también la costumbre,
pueden llevarnos a renunciar a cualquier clase de pensamiento autónomo. Es fácil confiar las
propias ideas e incluso la vida a quien asegura orientarnos correctamente. Creada esta
dependencia hundida en los orígenes de la historia, es difícil que el individuo pueda afrontar la
tarea de pensar por sí mismo: los que piensan por él le disuadirán de tal disparate, apareciendo
aquí otros de los límites a la ilustración.
2. Las barreras EXTERNAS pueden identificarse fácilmente en todas aquellas autoridades que se
benefician de la heteronomía, entre los cuales Kant cita a los tutores del pensamiento, oficiales
del ejército, sacerdotes, líderes políticos… Nadie debe decirnos qué leer o cómo pensar, sino
que hemos de emanciparnos de cualquier referencia externa: pensar por nosotros mismos
implicará al principio cometer errores, pero no tardaremos mucho en lograr criterios propios
para los ámbitos más elementales de la vida.
8
La toma de conciencia de la libertad, la autonomía y la emancipación que nos presenta Kant choca con
una contradicción: todas las invitaciones a pensar por nosotros mismos conviven con llamadas
permanentes a la obediencia. La vida social y política nos conduce a la uniformidad: cumplimos normas
y estamos sometidos a diversos poderes: económicos, militares, políticos, religiosos…
¿Cómo es posible entonces la autonomía y la libertad de pensamiento en una sociedad que
inevitablemente necesita e impone un orden, una obediencia? La respuesta kantiana establece dos
usos distintos de la razón:
1. USO PÚBLICO DE LA RAZÓN: “aquél que alguien, en calidad de docto, puede hacer de su propia
razón ante el público entero del mundo de lectores. Llamo uso público al que le está permitido
hacer de su razón a un individuo en un puesto civil, o función, que se le ha confiado”. Sería, en
consecuencia, la discusión pública y libre de todos los temas que sea necesario por parte de
personas que cuenten con una formación previa, es decir, que sepan de qué están hablando.
2. USO PRIVADO DE LA RAZÓN: “En ciertas tareas, que se emprenden en interés de la república,
es necesario cierto mecanismo, por cuya mediación algunos miembros de la república deben
comportarse de modo meramente pasivo para ser dirigidos hacia fines públicos mediante una
unanimidad artificial del gobierno, o, al menos, para impedir la destrucción de tales fines.
Entonces no está permitido razonar, sino que se debe obedecer.” El uso privado de la razón
podría entenderse, por tanto, como la obediencia racional: formamos parte de una sociedad
y eso implica cumplir normas elementales cuya desaparición podría significar la disolución de
la sociedad.
Tenemos que cumplir con nuestros deberes y obligaciones sociales, pero debemos igualmente ejercer
públicamente la capacidad de exponer y desarrollar nuestro propio pensamiento. El uso público de la
razón puede incluso cuestionar o modificar algunas de las prácticas sociales que nos vienen impuestas
por su uso privado. Pero en tanto que no sean modificadas, todos hemos de cumplir con esas normas,
en nuestra dimensión de ciudadanos, funcionarios del estado o simplemente de miembros de una
sociedad. La Ilustración se convierte así en una tendencia inherente al ser humano, a la cual no
podemos renunciar, y cualquier decisión o ley ha de estar permanentemente sujeta a la discusión
pública.
Kant entiende la Ilustración como un proceso lento, gradual y costoso. Su época no es ilustrada, dice,
sino “de Ilustración”. Las últimas décadas del siglo XVIII estaban aún lejos de los ideales de autonomía
y libertad de pensamiento. Sin embargo, una de las mayores contribuciones a la historia y al progreso
de la humanidad consiste precisamente en tomar conciencia de la importancia de la Ilustración y en
tratar de extenderla. Así, el Estado debe proteger y extender la Ilustración, que Kant entiende como
un PROCESO IMPARABLE DE LA HISTORIA.
B) Este es precisamente el tema de otra de sus obras: “Idea de una historia universal en sentido
cosmopolita”. Aquí analiza Kant la HISTORIA DE LA HUMANIDAD y propone como tesis principal que
los ideales ilustrados guían su marcha, aunque aparentemente la irracionalidad o la destrucción
primen sobre la libertad, la razón o la dignidad humana. La HISTORIA, viene a decirnos Kant, avanza
de un modo dialéctico y nos conduce hacia una gran unión cosmopolita de pueblos que está aún por
realizar pero que va apareciendo en el horizonte histórico en tanto que las naciones son cada vez más
interdependientes.10
10
La esperanza que Kant deposita en la humanidad no le convierte ni mucho menos en un idealista: en esta
misma obra ofrece concepciones muy realistas del ser humano, aludiendo a sus intereses egoístas y la necesidad
de controlar y limitar su libertad, pues de lo contrario tenderá a abusar de ella.
9
Kant se propone explicar cómo es posible y a qué obedece, que la vida humana en sociedad tome la
forma de una organización política. Y al explicar lo anterior, se propone también mostrar que la historia
social y política del ser humano sigue una cierta progresión, cuyo fin ha de ser el pleno desarrollo de
las facultades humanas. Es decir, detrás del devenir de la historia hay un PROPÓSITO: no divino, sino
de la naturaleza. Y es un propósito cosmopolita, en cuanto involucra a la totalidad del género humano.
Kant empieza por establecer, como premisa, lo que los filósofos llaman “teleología”: a saber, que lo
que existe tiene un propósito natural hacia el cual tiende. En el caso de los seres humanos ese
propósito es el pleno desarrollo de las facultades humanas: pero ese desarrollo no puede darse
individualmente, sino que tiene lugar en la especie. ¿Cómo ocurrirá ese desarrollo? ¿Cuál es
el mecanismo natural que lo impulsa? Para Kant es el antagonismo, lo que él llama “INSOCIABLE
SOCIABILIDAD”: el hecho de que en los humanos coexisten la rivalidad y la tendencia a vivir juntos. El
elemento de la rivalidad induce al hombre a ir más allá, a moverse y desarrollar sus capacidades. Pero
el desarrollo de las facultades humanas no puede darse en individuos aislados. Es por ello que al
hombre le urge unirse en sociedad. Y el gran desafío político de esto último es hallar y construir una
sociedad que administre justicia. Por ello, se encuentra el ser humano con la necesidad de un
GOBIERNO.
Ese fin sólo podrá lograrse si el objetivo de gobernar a los individuos de acuerdo con leyes se eleva
también al nivel de las relaciones entre Estados. Las mismas razones que motivan al individuo a unirse
en sociedad deberían motivar a los Estados a reunirse en una suerte de comunidad internacional. Ya
Hobbes había advertido que los Estados viven, entre ellos, en la condición natural de brutalidad y
guerra. Sería lógico entonces que celebren entre ellos el mismo tipo de pacto que han de celebrar los
hombres para salir de la condición natural. Kant establece así un fundamento ético para los esfuerzos
de unión internacional, y para la constitución de organizaciones internacionales.
C) Continuando con estas ideas sobre historia y política, se plantea
Kant en “La paz perpetua”, las condiciones jurídicas, políticas y
morales que se puede alcanzar. Según el autor alemán, los
conflictos terminarán desapareciendo con el paso de los siglos, a
medida que la humanidad tome conciencia de sus errores. Por esto,
tiene sentido concretar cómo deben ser los tratados de paz de
manera que las generaciones futuras puedan aprender de las malas
experiencias de nuestro tiempo. Igualmente se refiere Kant a las
relaciones políticas que han de darse entre los Estados para que la
paz sea una realidad y no una mera quimera. Al final del libro aborda
el problema de la relación entre ética y política, decantándose por la
primera como criterio último que ha de primar sobre cualquier
interés político. El final de la historia coincidiría con la realización de
la Ilustración en la que todos los seres humanos obrarían de forma
autónoma y con el deber como única motivación.
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