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LUNES SANTO - Guion Celebracion Penitecial

El documento habla sobre la celebración del Lunes Santo y la importancia de la reconciliación. Explica que debemos esforzarnos cada día por reconciliarnos con Dios, nosotros mismos y los demás, buscando siempre el perdón. Además, incluye oraciones para pedir perdón y ser renovados, así como consejos para la confesión y examen de conciencia.

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LUNES SANTO - Guion Celebracion Penitecial

El documento habla sobre la celebración del Lunes Santo y la importancia de la reconciliación. Explica que debemos esforzarnos cada día por reconciliarnos con Dios, nosotros mismos y los demás, buscando siempre el perdón. Además, incluye oraciones para pedir perdón y ser renovados, así como consejos para la confesión y examen de conciencia.

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LUNES SANTO: CELEBRACIÓN PENITENCIAL 

Debemos renovar incesantemente el espíritu de conversión (CCGG. 32,1). Lo que nos lleva a
contemplar el ministerio de la reconciliación como una parte importante de nuestra vida. Por
tanto, como hermanos en Cristo debemos cada día esforzarnos por reconciliarnos con el
Señor, con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con todos los hombres (CCGG. 33,1),
y debemos buscar siempre la reconciliación, con el fin de experimentar el perdón del Señor.

En el nombre del Padre…


R. Amén.
Dios abra nuestro corazón al conocimiento de su ley, nos dé su paz y nos reconcilie entre nosotros.
R. Amén

Hermanos, en nuestro caminar cristiano todos sentimos la necesidad de paramos un momento


para pedir perdón al Señor y para hacer experiencia de su amor. Oremos para obtener la gracia del
perdón y la renovación del corazón.

Dios omnipotente y misericordioso, que nos has reunido en el nombre de tu Hijo, para damos
gracia y misericordia en el momento oportuno, abre nuestros ojos para que veamos el mal
cometido, y toca nuestro corazón para convertimos a ti. Que tu amor restablezca en la unidad lo
que la culpa ha disgregado; tu poder cure nuestras heridas y sostenga nuestra debilidad, y tu
Espíritu renueve toda nuestra vida y nos dé la fuerza de tu caridad, para que resplandezca en
nosotros la imagen de tu Hijo, y todos los hombres reconozcan en el rostro de la Iglesia la gloria de
aquel que tú has manifestado, Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén

Lc 15,

«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó
efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo
tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo
en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y
celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y
ha sido hallado”. Y comenzaron la fiesta.

Bajo el peso de esta culpa, hay que ver la actitud del padre: El padre no deja que el hijo haga todo
el camino, sino que sale a su encuentro. Tampoco le deja terminar su acusación, ni le reprocha
nada.

Sino lo besa como signo de perdón. Le da sandalias, que distinguen al libre del criado. Hace
vestirlo con el mejor traje, como honor extraordinario. Y le regala, incluso, un anillo - expresión del
poder que le confiere. Así le sigue considerando como hijo y celebra con una fiesta su vuelta a la
casa.
En el padre de esta parábola, Cristo quiere mostramos la imagen de Dios Padre. Y esta actitud del
Padre celestial se puede comprender sólo desde su amor paternal. Porque sabemos que todo el
actuar de Dios es motivado y conducido por amor y mediante amor.

Pero nosotros, quizás, confiamos demasiado en el amor justiciero de Dios: que Él nos ama en
razón de nuestros esfuerzos y méritos propios. Contamos con nuestro ser bueno, para recibir el
amor de Dios, para recibir nuestra recompensa bien merecida.

Pero cuando somos sinceros, debemos declaramos como “siervos inútiles” (Mt 25, 30). Así
debemos reconocer siempre de nuevo que somos pecadores, que quedamos con nuestras
limitaciones y debilidades, que no logramos superarlas a pesar de todos nuestros esfuerzos.
Entonces comprendemos que tenemos que vincular nuestra miseria personal con la misericordia
de Dios.

Porque lo más profundo del amor paternal de Dios es su misericordia. Él ama a sus hijos no tanto
por sus méritos, sino porque es Padre. Él no quiere más que amar a sus hijos sin límites.

Un verdadero padre no abandona, cuando uno de los suyos está en la miseria. Al contrario,
entonces lo ama con preferencia, porque sabe que necesita del padre, sobre todo en esa situación
difícil. Así lo hace el padre en la parábola con su hijo perdido. Así lo hace el Padre celestial con
nosotros, sus hijos.

EXAMEN DE CONCIENCIA

de Custodia el Corazón, Papa Francisco

CONFESIÓN Y PERDÓN DE LOS PECADOS

Por qué confesarse


¡Porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien
dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes,
habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia
de Dios. Puesto que el pecado de uno solo daña al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el sacramento
tiene también como
efecto la reconciliación con los hermanos.

Cómo confesarse
No es siempre fácil confesarse: no se sabe que decir, se cree que no es necesario dirigirse al
sacerdote... Tampoco es fácil confesarse bien: hoy como ayer, la dificultad más grande es la
exigencia de orientar de nuevo nuestros pensamientos, palabras y acciones que, por nuestra
culpa, nos distancian del evangelio. Es necesario <a Dios por medio de una vida renovada.

Qué confesar
Examen de conciencia

Consiste en interrogarse sobre el mal cometido y el bien omitido: hacia Dios, el prójimo y nosotros
mismos.

En relación a Dios
¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y
días de fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de
Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago
para crecer Espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me revelo contra los designios de
Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

En relación al prójimo
¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento
como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy
envidioso, colérico, o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los
pobres y de los enfermos? ¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte?
¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio?
¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honoro a mis padres? ¿He
rechazado la vida recién
concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

En relación a mí mismo
¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Cómo, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me
preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso?
¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones?
¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

Acto de contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y
me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo
firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el
perdón de mis pecados, y me has de llevar a la vida eterna.

LA RECONCILIACIÓN

Recordando, hermanos, la bondad de Dios nuestro Padre, confesemos con humildad nuestros


pecados para alcanzar así misericordia.
Rezamos
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos, y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios nuestro Señor.

Pidamos con humildad a Cristo, nuestro salvador y abogado ante el Padre, que perdone
nuestros pecados y nos limpie de toda iniquidad:
Te pedimos Señor:
-Que nos concedas la gracia de una verdadera penitencia.
-Que nos concedas el perdón y borres nuestros pecados.
-Que a quienes con el pecado hemos manchado nuestro bautismo, nos devuelvas la blancura
primitiva.
-Que permanezcamos, de aquí en adelante, con entrega sincera, fieles a nuestra vocación,
adheridos del todo a ti y a nuestros hermanos.
-Que renovados en la caridad, seamos testigos de tu amor en el mundo.
-Que vivamos ya desde ahora el espíritu de las Bienaventuranzas.
-Que perseveremos fieles a tu voluntad y lleguemos a la vida eterna.

Con las mismas palabras que Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados y
nos libre de todo mal.

Padre nuestro…

ACCIÓN DE GRACIAS

Omnipotente, eterno, justo y Misericordioso Dios, concédenos por ti Mismo a nosotros,


Miserables, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que,
interiormente purgados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo,
podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia,
a ti, Altísimo, que en perfecta Trinidad y en simple Unidad vives y
reinas y estás revestido de gloria, Dios omnipotente, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

DESPEDIDA

El Señor dirija nuestros corazones en la caridad de Dios y en la espera de Cristo.


R. Amén.
Para que podamos caminar con una vida nueva y agradar a Dios en todas las cosas.
R. Amén.
Y que nos bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.
R. Amén.
El Señor nos ha perdonado, vivamos en el amor y en la alegría de su seguimiento.
R. Amén.

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