0% encontró este documento útil (0 votos)
67 vistas1 página

Ilustración: Movimiento Cultural del XVIII

El documento describe la Ilustración, un movimiento cultural e intelectual europeo del siglo XVIII que promovió el uso de la razón y el conocimiento científico. Los pensadores ilustrados creían que el conocimiento podía combatir la ignorancia y la tiranía para construir un mundo mejor. La Ilustración influyó en aspectos científicos, políticos, económicos y sociales y se expandió a través de nuevos medios y reuniones de intelectuales.

Cargado por

Ana Sarmiento
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
67 vistas1 página

Ilustración: Movimiento Cultural del XVIII

El documento describe la Ilustración, un movimiento cultural e intelectual europeo del siglo XVIII que promovió el uso de la razón y el conocimiento científico. Los pensadores ilustrados creían que el conocimiento podía combatir la ignorancia y la tiranía para construir un mundo mejor. La Ilustración influyó en aspectos científicos, políticos, económicos y sociales y se expandió a través de nuevos medios y reuniones de intelectuales.

Cargado por

Ana Sarmiento
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

… Buscar

Ilustración
movimiento cultural europeo del siglo XVIII

I… … …
Para otros usos de este término, véase Ilustración
(desambiguación).

La Ilustración fue un movimiento cultural e


intelectual, primordialmente europeo,[1] que nació a
mediados del siglo XVIII y duró hasta los primeros
años del siglo XIX. Fue especialmente activo en
Inglaterra, Francia y Alemania.[2] Inspiró profundos
cambios culturales y sociales, y uno de los más
drásticos fue la Revolución francesa. Se denominó
de este modo por su declarada finalidad de disipar
las tinieblas de la ignorancia de la humanidad
mediante las luces del conocimiento y la razón.[3]
Existió también una importante Ilustración española
e hispánica, la de la Escuela Universalista, aunque
más científica y humanística que política.[4] El
siglo XVIII es conocido, por estos motivos, como el
Siglo de las Luces[5] y del asentamiento de la fe en
el progreso. Importantes ideas como la de búsqueda
de la felicidad, la soberanía de la razón, y la
evidencia de los sentidos como fuentes primarias
del aprendizaje nacieron durante esta época. Ideales
tales como la libertad, Igualdad, el progreso, la
tolerancia , la fraternidad, el gobierno constitucional
y la Separación Iglesia-Estado tienen su nacimiento
también en esta época.[6] [7] [8]

Pintura de Charles Gabriel Lemonnier


que representa la lectura de una
tragedia de Voltaire, por entonces en
el exilio, El huérfano de la China
(1755), en el salón literario de madame
Geoffrin en la calle Saint-Honoré de
París. Los personajes más notables
reunidos en torno al busto de Voltaire
son Rousseau, Montesquieu, Diderot,
d'Alembert, Buffon, Quesnay, Du
Plessis y Condillac. Además, figuran
Gresset, Marivaux, Marmontel, Vien, La
Condamine, Raynal, Rameau,
mademoiselle Clairon, Hènault,
Choiseul, Bouchardon, Soufflot, Saint-
Lambert, el Conde de Caylus, Felice, el
barón de Aulne, Malesherbes,
Maupertuis, Mairan, d'Aguesseau,
Clairaut, la condesa de Houdetot,
Vernet, Fontenelle, el duque de
Nivernais, Crébillon, Duclos, Helvètius,
Vanloo, Lekain, Lespinasse, Boccage,
Réaumur, Graffigny, Jussieu y
Daubenton.

Los pensadores de la Ilustración sostenían que el


conocimiento humano podía combatir la ignorancia,
la superstición y la tiranía para construir un mundo
mejor. La Ilustración tuvo una gran influencia en
aspectos científicos, económicos, políticos y
sociales de la época. Este tipo de pensamiento se
expandió en la población y se expandió por los
hombres de letras, pensadores y escritores que
creaban nuevas formas de entender la realidad y la
vida actual. Se expandió también a través de nuevos
medios de publicación y difusión, así como en libros,
periódicos, reuniones, o en cafés en las grandes
ciudades continentales y británicas, en las que
participaban intelectuales y políticos a fin de discutir
y debatir acerca de la ciencia, política, economía,
sociología, leyes, filosofía y literatura. La Ilustración
fue marcada por su enfoque en el método científico
y en el reduccionismo, el dividir problemas y
sistemas en sus componentes al momento de
encontrar una solución y/o entender mejor cómo
funciona el sistema o problema.

Definición del término

La Ilustración significa el abandono


del hombre de una infancia mental de
la que él mismo es culpable. Infancia
es la incapacidad de usar la propia
razón sin la guía de otra persona. Esta
puericia es culpable cuando su causa
no es la falta de inteligencia, sino la
falta de decisión o de valor para
pensar sin ayuda ajena. Sapere aude
«¡Atrévete a saber!» He aquí la divisa
de la Ilustración.
Immanuel Kant, ¿Qué es la
Ilustración?

La Ilustración (Lumières, en francés; Enlightenment,


en inglés; Illuminismo, en italiano; Aufklärung, en
alemán),[9] en frase de uno de sus más importantes
representantes, D'Alembert, «lo discutió, analizó y
agitó todo, desde las ciencias profanas a los
fundamentos de la revelación, desde la metafísica a
las materias del gusto, desde la música hasta la
moral, desde las disputas escolásticas de los
teólogos hasta los objetos del comercio, desde los
derechos de los príncipes a los de los pueblos,
desde la ley natural hasta las leyes arbitrarias de las
naciones, en una palabra, desde las cuestiones que
más nos atañen a las que nos interesan más
débilmente». Esto mismo nos indica que, más que el
contenido mismo de sus doctrinas, lo original del
movimiento fue la forma de pensamiento y
valoración.

Según las interpretaciones marxistas, entre cuyas


opciones se encuentra la de Lucien Goldmann, la
Ilustración puede ser definida como «una etapa
histórica de la evolución global del pensamiento
burgués». Como tal, insertaría su filiación doctrinal
en el Renacimiento y, especialmente, en las
corrientes racionalistas y empiristas del s. XVII (de
Descartes, a Locke, pasando por Bacon, Bayle,
Galileo, Grocio, Hobbes, Leibniz, Newton, Spinoza, o
los libertinos), y basa su posibilidad sociológica de
desarrollo en las revoluciones políticas neerlandesa
e inglesa, en el empuje de la burguesía y en las
transformaciones económicas en gestación,
apoyadas en una coyuntura en alza, que
desembocarán en la Revolución francesa.

Esquema general e hispánico

Retrato de cuerpo entero de


Jovellanos, pintado por Francisco de
Goya y Lucientes en 1798, considerado
uno de los más emblemáticos
personajes de la Ilustración española.
Este intelectual español accedió al
cargo de ministro y emprendió
reformas que no llegaron a
consolidarse. En el fondo se aprecia
una estatua de Minerva, diosa de la
sabiduría, que parece estar
"bendiciéndole".

Desde Gran Bretaña, donde algunos de los rasgos


esenciales del movimiento se dieron antes que en
ningún otro lugar, la Ilustración se asentó en Francia,
donde la anglofilia fue difundida por Voltaire, y
produjo en Francia un cuerpo ideológico, el
enciclopedismo, y sus más difundidas
personalidades (Montesquieu, Diderot, Rousseau,
Buffon, etc). Ahora bien, la filosofía ilustrada más
sólida fue sin duda la más tardía alemana, que con
Kant culminará la creación del pensamiento
propiamente moderno, ya muy por encima de la
ideología enciclopedista. La Ilustración también dio
sus frutos propios en otras lugares europeos y
americanos. En ocasiones se recrearon proyectos
ilustrados más o menos autónomamente, pero en la
mayoría de casos vinculados al pensamiento inglés
y, sobre todo en lo que se refiere a la ideología
enciclopedista, a Francia (así en Países Bajos,
Polonia, Rusia, Suecia, la península italiana y la
ibérica, etc., o en sus colonias americanas). Desde
el punto de vista sociopolítico fueron frutos
condicionados por el grado de desarrollo ideológico
adquirido en el momento de lanzamiento de la nueva
ideología y por el proceso interno seguido a lo largo
de su desarrollo. Si la Ilustración alemana fue por
necesidad teórica de asimilación lenta y compleja, el
ideologismo ilustrado lo fue rápido y con la
superficialidad característica que le amparaba en la
vida mundana, de la moda y las costumbres.[10]

La Ilustración en España
Artículo principal: Ilustración en España

En España la Ilustración coincidió con los reinados


de Fernando VI y Carlos III. Si bien la situación en
que se encontraba el país obstaculizó una eclosión
inmediata, el auge dinámico de algunas de sus
zonas geográficas (especialmente Cataluña[11] ) y la
actuación coadyuvante del poder político facilitaron
la aparición de un nutrido y valioso grupo de
ilustrados (Cabarrús, Cadalso, Campomanes,
Capmany, Feijoo, Floridablanca, Jovellanos, etc.)[12]
condicionado, no obstante, por el arraigo y la
preponderancia del pensamiento escolástico
tradicional. La creación de las Reales Academias de
la Lengua, de la Historia, de la Medicina y del Real
Gabinete de Historia Natural (actual Museo Nacional
de Ciencias Naturales), son reflejo de los logros de
la Ilustración española, que ni mucho menos fue
relativa al influjo francés.[13]

La polémica acerca de la existencia o no de una


Ilustración española (polarizada en las opiniones
contrarias de Ortega y Gasset y Eugenio D'Ors[14] ),
más el añadido de una escasamente articulada
investigación posterior durante gran parte del
siglo XX, atendía a razones más políticas que
científicas y tuvo como consecuencia un gran
retraso en el reconocimiento de la existencia y
reconstrucción de una sólida e internacionalizada
Ilustración española o hispánica, tanto humanística
como científica, empirista y cristiana, progresista
pero muy escasamente política, una tardía
Ilustración universalista de gran envergadura,
encabezada por Juan Andrés, creador de la Historia
universal de las letras y las ciencias, Lorenzo Hervás
y Antonio Eximeno, constructores de hecho de la
Comparatística moderna. Se trata de una nutrida
gama de intelectuales, algunos de primer orden
(Miguel Casiri, Raimundo Diosdado Caballero, Juan
Bautista Muñoz, Juan de la Concepción, Pedro
Franco Dávila, Antonio José Cavanilles, José
Celestino Mutis, Vicente Requeno, Juan Ignacio
Molina, Pedro José Márquez, Francisco Javier
Clavijero, entre otros), en buena parte jesuitas
españoles expulsos en 1767, pero también
americanos y filipinos. Es lo que se ha venido en
llamar [[Escuela Universalista Española del
siglo XVIII]].[15]

La Ilustración en Hispanoamérica

A Hispanoamérica llegaron las ideas de la Ilustración


a través de la metrópoli.[16] Existe, junto al marbete
de Ilustración Española, el más general de
Ilustración Hispánica, que abarca tanto el español
como el hispanoamericano.[17]

En los ámbitos de la política y la economía, las


reformas impulsadas por el despotismo ilustrado a
finales del reinado de Fernando VI y durante el de su
sucesor Carlos III tenían por objeto reafirmar el
dominio efectivo del gobierno de Madrid sobre la
sociedad colonial y contener o frenar el ascenso de
las elites criollas.

Las autoridades españolas procedían a una


explotación más sistemática y profunda de las
colonias. Procuraban, además, fortalecer y aumentar
la marina de guerra y establecer unidades del
ejército regular español en las diversas regiones de
América.

En la Nueva España (México), en el ámbito de los


colegios de la Compañía de Jesús, vemos surgir un
importante grupo de científicos y filósofos
ilustrados, encabezados por José Rafael Campoy
(1723-1777), que defienden una clara separación
entre la filosofía y las ciencias naturales, una mayor
especialización en el estudio científico y una
simplificación en el método de la enseñanza
filosófica, evitando las sutilezas silogísticas, así
como la sumisión incondicional a las autoridades.
[18]
En este grupo de estudiosos que trabaja
principalmente en la Ciudad de México, Tepotzotlán,
Guadalajara y Valladolid (Morelia), destacan el
historiador y naturalista, jesuita expulsado,
Francisco Javier Clavijero (1731-1787), miembro
sobresaliente de la [[Escuela Universalista Española
del siglo XVIII]], que empleaba un método histórico
sistemático y sorprendetemente moderno; el
filósofo Andrés de Guevara y Basoazábal (1748-
1801), que se basa en Bacon, Descartes y los
censistas para plantear la necesidad de una filosofía
moderna, justificar el método inductivo y
experimental, y denunciar el abuso del método
deductivo; y principalmente Juan Benito Díaz de
Gamarra y Dávalos (1745-1783), crítico de la
escolástica y defensor de la ciencia y de la
modernidad, cuyo eclecticismo ilustrado está
principalmente regido por los valores del buen
sentido, la racionalidad, la tolerancia y la utilidad
para el hombre.

En el sur del continente, el pensamiento ilustrado


tuvo un primer gran empuje en la Real Audiencia de
Quito mediante la llamada Escuela de la Concordia,
fundada en la ciudad de Quito por el Dr. Eugenio
Espejo en 1791, y a la cual pertenecían nobles de la
élite criolla y profesionales mestizos. Los
pensamientos y debates surgidos en la Escuela de la
Concordia plantaron las primeras semillas de
nacionalismo e independencia de Sudamérica, ya
que a partir de varios sucesos ocurridos con sus
diferentes miembros, la ilustración se propagaría
hacia el resto de territorios de los virreinatos de
Nueva Granada y Perú.

Contexto histórico

Introducción

El término Ilustración se refiere específicamente a


un movimiento intelectual histórico. Existen
precedentes e incluso una propia Ilustración en
Inglaterra y Escocia a finales del siglo XVII, como
inmediatamente después en Alemania, si bien en su
vertiente política el movimiento se considera
originalmente francés. La Ilustración francesa tuvo
una expresión estética, denominada Neoclasicismo,
a diferencia de la alemana, prototípicamente
Gotthold Ephraim Lessing, que se alejaba por
completo de esta, a la que despreciaba. Desde
Francia se expandió un tipo de ilustración
sociopolítica por toda Europa y América renovando
especialmente los criterios políticos y sociales. La
Estética como disciplina es una de las grandes
invenciones dieciochistas, inglesa (Francis
Hutcheson y los empiristas) y sobre todo alemana
(especialmente a partir de Alexander Gottlieb
Baumgarten).[19]

Siglo XVII: la era de la Razón

Estatua de Newton en Trinity College,


Cambridge.

Según muchos historiadores, los límites de la


Ilustración han alcanzado la mayor parte del
siglo XVI, aunque otros prefieren llamar a esta época
la Era de la Razón. Ambos períodos se encuentran
en cualquier caso, unidos y emparentados, e incluso
es igualmente aceptable hablar de ambos períodos
como de uno solo.

A lo largo del siglo XVI y siglo XVII, Europa se


encontraba envuelta en guerras de religión. Cuando
la situación política se estabilizó tras la Paz de
Westfalia (acuerdo entre católicos y protestantes,
1648) y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía
un ambiente de agitación que tendía a centrar las
nociones de fe y misticismo en las revelaciones
«divinas», captadas de forma individual como la
fuente principal de conocimiento y sabiduría. En
lugar de esto, la Era de la Razón trató entonces de
establecer una filosofía basada en el axioma y el
absolutismo como bases para el conocimiento y la
estabilidad.

Este objetivo de la Era de la Razón, que estaba


construido sobre axiomas, alcanzó su madurez con
la Ética de Baruch Spinoza, que exponía una visión
panteísta del universo donde Dios y la Naturaleza
eran uno, en la línea de la expresión bíblica: 'En Él
vivimos, nos movemos y existimos'. Esta idea se
convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde
Isaac Newton hasta Thomas Jefferson.

La Ilustración estaba influida en muchos sentidos


por las ideas de Blaise Pascal, Gottfried Leibniz,
Galileo Galilei y otros filósofos del período anterior.
El pensamiento europeo atravesaba por una ola de
cambios, ejemplificados por la filosofía natural de Sir
Isaac Newton, un matemático y físico brillante. Las
ideas de Newton, que combinaban su habilidad de
fusionar las pruebas axiomáticas con las
observaciones físicas en sistemas coherentes de
predicciones verificables, proporcionaron el sentido
de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo
posterior tras la publicación de sus Philosophiae
Naturalis Principia Mathematica. Pero Newton no
estaba solo en su revolución sistemática pensadora,
sino que era simplemente el más famoso y visible de
sus ejemplos. Las ideas de leyes uniformes para los
fenómenos naturales se reflejaron en una mayor
sistematización de una variedad de estudios.

Siglo XVIII: el inicio de las revoluciones

Portada de Elementos de la filosofía


de Newton (1738), que Voltaire y
Émilie du Châtelet publicaron con gran
éxito. En ella, explicaron de forma
sencilla los principios básicos de los
descubrimientos de Newton en
matemáticas, astronomía y óptica,
haciendo accesible la nueva física para
el público francés.

El siglo XVIII constituye, en general, una época de


progreso de los conocimientos racionales y de
perfeccionamiento de las técnicas de la ciencia. Fue
un período de enriquecimiento que potenció a la
nueva burguesía, si bien se mantuvieron los
derechos tradicionales de los órdenes privilegiados
dentro del sistema monárquico absolutista. Sin
embargo, la historia del siglo XVIII consta de dos
etapas diferenciadas: la primera supone una
continuidad del Antiguo Régimen (hasta la década
de 1770), y la segunda, de cambios profundos,
culmina con la Revolución estadounidense, la
Revolución francesa y Revolución Industrial en
Inglaterra.

Esta corriente abogaba por la razón como la forma


de establecer un sistema autoritario ético. Entre
1751 y 1765 se publicó en Francia la primera
Encyclopédie, de Denis Diderot y Jean Le Rond
D'Alembert, que pretendía recoger el pensamiento
ilustrado. Querían educar a la sociedad, porque una
sociedad culta que piensa por sí misma era la mejor
manera de asegurar el fin del Antiguo Régimen (el
absolutismo y las dictaduras se basan en la
ignorancia del pueblo para dominarlo). En su
redacción colaboraron otros pensadores ilustrados
como Montesquieu, Rousseau y Voltaire. Por lo
demás, existen lados oscuros en la Ilustración
enciclopedista francesa: de una parte aquello que se
refiere a ciertos aspectos plagiarios en la realización
de la Enciclopedia como proyecto intelectual y las
circunstancias confusas que la rodearon; de otra el
extremado y gratuito proceso sanguinario a que
innecesariamente condujo, razón esta que llevó a
Friedrich Schiller a rechazar la carta de ciudadano
de París y elaborar una teoría de la revolución sin
violencia.[20]

Los líderes intelectuales del movimiento


enciclopedista se consideraban a sí mismos la élite
de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al
mundo hacia el progreso, sacándolo del largo
periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y
tiranía-despotismo (periodo que ellos creían iniciado
durante la llamada Edad Oscura). Este movimiento
trajo consigo el marco intelectual en el que se
produciría la Guerra de Independencia de los
Estados Unidos y la Revolución francesa, así como
el auge del capitalismo y el nacimiento del
socialismo. Frente a la dominante música del
barroco europea, las artes en Francia responderán al
movimiento Neoclásico y Rococó.

Kant en su madurez.

Otro destacado movimiento filosófico del siglo XVIII,


íntimamente relacionado con la Ilustración, se
caracterizaba por centrar su interés en la fe y la
piedad. Sus partidarios trataban de usar el
racionalismo como vía para demostrar la existencia
de un ser supremo. En este periodo, la fe y la piedad
eran parte integral en la exploración de la filosofía
natural y la ética, además de las teorías políticas del
momento. Sin embargo, prominentes filósofos
ilustrados como Voltaire y Jean-Jacques Rousseau
cuestionaron y criticaron la misma existencia de
instituciones como la Iglesia y el Estado.

El siglo XVIII vio también el continuo auge de las


ideas empíricas en la filosofía, ideas que eran
aplicadas a la política económica, al gobierno y a
ciencias como la física, la química y la biología.

En la historia nada es casual, un hecho es la


consecuencia inevitable de otros que lo
precedieron. La Revolución francesa, si bien tuvo
otras causas, no hubiera sido posible sin la
presencia del iluminismo que, poniendo luz sobre el
oscurantismo de la Edad Media se alejó de los
dogmas religiosos para explicar el mundo y sus
acontecimientos, para hacerlos a la luz de la razón.

El iluminismo tampoco hubiera existido de no


haberlo precedido un debilitamiento del poder de la
Iglesia a causa de la reforma protestante, que dividió
al mundo cristiano; y del humanismo, movimiento
filosófico que centró en el hombre el objeto de las
preocupaciones terrenales, quitando a la religión ese
privilegio y desechando el teocentrismo.

Contexto social, difusión y


pensamiento

«-¿Debéis tener, le dijo Cándido al turco, una extensa y


magnífica tierra?

-Solo tengo veinte arpendes, contestó el turco; los


cultivo con mis hijos; el trabajo aleja de nosotros tres
grandes males, el aburrimiento, el vicio y la necesidad.

-También sé, dijo Cándido, que tenemos que cultivar


nuestro jardín.»
— Voltaire, Cándido

Cesare Beccaria, padre de la teoría


penal clásica (1738-1794).

Ya se ha dicho que, socialmente, la Ilustración se


halla inscrita en el ámbito de la burguesía
ascendente, pero sus animadores no fueron ni todas
las capas burguesas, ni solamente estas. Por un
lado, tuvo sus adversarios en determinados sectores
de la alta burguesía comercial (como, por ejemplo, el
dedicado al tráfico negrero), y, por otra parte,
ciertos elementos del bajo clero o de la nobleza
cortesana (caso del conde de Aranda en España, o
de los Argenson en Francia), e incluso el propio
aparato estatal de despotismo ilustrado (Federico II,
Catalina II, José II), la apoyaron, aunque, en este
último caso, en sus manifestaciones más tímidas y,
muchas veces, como simple arma de política
internacional.

Los medios de que se valió el movimiento para su


difusión fueron múltiples (entre otros, las
sociedades secretas, como la masonería), pero, en
primer lugar, hay que señalar las sociedades de
pensamiento, específicas de la época, como los
Amigos del país en España, o conocidas ya antes,
pero potenciadas ahora, como las academias y los
salones (estos en muchas ocasiones, regidos por
«femmes de lettres», como el influyente salón de
los que Napoleón llamó «ideólogos» o Sociedad de
Auteuil). Otros vehículos de enorme importancia
fueron la prensa periódica y la internacionalización
de las ediciones. Por otra parte, la independencia
económica del profesional de las letras, antes sujeto
al mecenazgo, dio mayor autonomía a su
pensamiento.

Aunque existieron diversas tendencias entre los


ilustrados (que, a veces, dieron lugar a largas
polémicas entre ellos —por ejemplo, en torno a
problemas de la propiedad, que enfrentó a
fisiócratas y utópicos— y a enemistades duraderas,
como la de Diderot-Rousseau), reconocieron
también una línea maestra común, que los hizo
solidarios en su lucha. Su arma es la razón,
desprovista de contenido preestablecido y
convertida en un seguro instrumento de búsqueda,
cuyo poder no consiste en poseer, sino en adquirir
(libido sciendi). Con ella luchan contra la
superstición las formas religiosas tradicionales y
reveladas (llegando al deísmo o al ateísmo), al
argumento de autoridad y las estructuras políticas y
sociales anquilosadas, intentando eliminar cualquier
elemento de misterio, extrañeza o milagro; es, por lo
tanto, una ideología antropocéntrica –Pope diría que
«el estudio propio del género humano es el
hombre»–, llena de un optimismo activo frente al
futuro, porque cree en el progreso conseguido a
través de la razón, en la posibilidad de instaurar la
felicidad en la Tierra y de mejorar a los hombres, de
por sí buenos (Rousseau). En este sentido es un
movimiento entusiasta, basado no en un frío
racionalismo, sino convencido de que la
sensibilidad, como aptitud para la emoción, es una
potenciadora de la razón, si viene guiada por la
experiencia: «a medida que el espíritu adquiere más
luces, el corazón adquiere más sensibilidad», se lee
en L'Encyclopédie (artículo “foible”). Al mismo
tiempo, la Ilustración, forma de pensamiento de una
economía de intercambio basada en el contrato
comercial, tiene como rasgos distintivos el
individualismo, el igualitarismo formal, el
universalismo iusnaturalista, la tolerancia y el
postulado de la libertad.

Características

También podría gustarte