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Leyendas Mexicanas de Terror

1) La leyenda de la Nahuala cuenta la historia de una bruja que asustaba a las familias en Puebla de los Ángeles en 1807 tomando forma animal por las noches y robando niños. 2) Dos niños entraron a la mansión abandonada de la bruja y uno fue capturado mientras el otro pidió ayuda. La comunidad rescató al niño y la bruja desapareció. 3) El documento presenta varias leyendas mexicanas de forma concisa.

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Leyendas Mexicanas de Terror

1) La leyenda de la Nahuala cuenta la historia de una bruja que asustaba a las familias en Puebla de los Ángeles en 1807 tomando forma animal por las noches y robando niños. 2) Dos niños entraron a la mansión abandonada de la bruja y uno fue capturado mientras el otro pidió ayuda. La comunidad rescató al niño y la bruja desapareció. 3) El documento presenta varias leyendas mexicanas de forma concisa.

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LA LEYENDA DE LA NAHUALA

Era el año de 1807, en Puebla de los Ángeles, aún territorio de la Nueva


España. La historia cuenta que la bruja habitaba una mansión virreinal el
nombre verdadero de la bruja se desconoce, la llamaban la Nahuala. Parece
que la bruja de día mostraba la figura de una mujer hermosa y de noche
asumía forma animal, para asustar a quien se topara con ella y robar niños
para los rituales que hacía. Aterrorizadas, las familias se encerraban en sus
casas en cuanto el sol se ponía y caía la noche. Pasaron los años y la bruja
falleció, pero su fantasma permaneció en la casona. Un día, dos niños
curiosos, se escaparon de su casa y entraron a la mansión abandonada para
comprobar si era cierta la leyenda. La Nahuala se les apareció y capturó al
hermano mayor, mientras el pequeño pudo escapar y pedir auxilio. Al poco
tiempo el hermano menor llegó acompañado de su familia y de la comunidad,
quienes pudieron rescatar al niño secuestrado por la bruja; y esta por fin
desapareció de la faz de la tierra llevándose con ella toda su maldad.
LA LEYENDA DE LA LLORONA

En las altas horas de la noche, cuando todo parece dormido y sólo se


escuchan los gritos rudos con que los boyeros avivan la marcha lenta de sus
animales, dicen los campesinos que allá, por el río, alejándose y acercándose
con intervalos, deteniéndose en los frescos remansos que sirven de aguada a
los bueyes y caballos de las cercanías, una voz lastimera llama la atención de
los viajeros.
Es una voz de mujer que solloza, que vaga por las márgenes del río buscando
algo, algo que ha perdido y que no hallará jamás. Atemoriza a los chicuelos
que han oído, contada por los labios marchitos de la abuela, la historia
enternecedora de aquella mujer que vive en los potreros, interrumpiendo el
silencio de la noche con su gemido eterno.
Era una pobre campesina cuya adolescencia se había deslizado en medio de la
tranquilidad escuchando con agrado los pajarillos que se columpiaban alegres
en las ramas de los higuerones. Abandonaba su lecho cuando el canto del
gallo anunciaba la aurora, y se dirigía hacia el río a traer agua con sus tinajas
de barro, despertando, al pasar, a las vacas que descansaban en el camino.
Era feliz amando la naturaleza; pero una vez que llegó a la hacienda de la
familia del patrón en la época de verano, la hermosa campesina pudo observar
el lujo y la coquetería de las señoritas que venían de San José. Hizo la
comparación entre los encantos de aquellas mujeres y los suyos; vio que su
cuerpo era tan cimbreante como el de ellas, que poseían una bonita cara, una
sonrisa trastornadora, y se dedicó a imitarías.
Como era hacendosa, la patrona la tomó a su servicio y la trajo a la capital
donde, al poco tiempo, fue corrompida por sus compañeras y los grandes vicios
que se tienen en las capitales, y el grado de libertinaje en el que son
absorbidas por las metrópolis. Fue seducida por un jovencito de esos que en
los salones se dan tono con su cultura y que, con frecuencia, amanecen
completamente ebrios en las casas de tolerancia. Cuando sintió que iba a ser
madre, se retiró de la capital y volvió a la casa paterna. A escondidas de su
familia dio a luz a una preciosa niñita que arrojó enseguida al sitio en donde el
río era más profundo, en un momento de incapacidad y temor a enfrentar a un
padre o una sociedad que actuó de esa forma. Después se volvió loca y, según
los campesinos, el arrepentimiento la hace vagar ahora por las orillas de los
riachuelos buscando siempre el cadáver de su hija que no volverá a encontrar.
De entonces acá, oye el viajero a la orilla de los ríos, cuando en callada noche
atraviesa el bosque, aves quejumbrosos, desgarradores y terribles que
paralizan la sangre. Es la Llorona que busca a su hija.
La leyenda del Charro Negro

Cuando el sol comienza a esconderse y las gallinas trepan los árboles para
dormirse, las madres meten a sus hijos, las puertas de las casas son
atrancadas y los viajeros apresuran el paso mientras rezan. Nadie quiere
encontrarse con el Charro Negro. Se trata de un ente que recibe el nombre por
su vestimenta. Siempre que se aparece, porta un elegante ajuar de charro color
negro con detalles de oro o plata. Se le puede ver montado sobre su caballo:
un gran animal cuyos ojos son dos bolas de fuego que parecen hurgar en el
alma de la víctima. Adela era una joven despreocupada para su época,
mientras las mujeres permanecían en casa atendiendo a los hombres de su
familia, ella prefería la vida sin compromisos, vagaba ya entrada la noche en
quien sabe donde, a pesar de la preocupación de sus padres. Una de tantas
noches, se encontró en su camino con un hombre alto, de aspecto elegante, de
impecable traje negro compuesto por una chaqueta corta, una camisa, un
pantalón ajustado y un sombrero de ala ancha. Circulaba a lomo de un caballo
enorme y de color azabache. Que impresionó a la joven al instante por su gran
porte, mirada elocuente y palabras cálidas.Tras una amable conversación
Adela aceptó aligerar el viaje y consintió a montar el caballo. En el justo
instante que ella estuvo en el lomo del animal, este creció el doble de su
tamaño, ardiendo en llamas, le impidió el escape, al escuchar los gritos de
espanto de la joven, algunos salieron en su auxilio, solo para darse cuenta de
que ella era ya propiedad del Diablo, que en forma de charro negro cabalgaba
todas las noches por los alrededores de la Ciudad de México en busca de un
alma incauta que llevar a sus dominios. Por ella no pudo hacerse nada, solo la
vieron arder en llamas sobre el caballo, ahogándose en sus propios gritos de
dolor y desesperación. Nada malo puede decirse del Charro Negro si el viajero
se limita a permitir su compañía hacia su lugar de residencia; si se acerca el
amanecer, se despedirá cortésmente y se marchará lentamente, al igual que si
el sendero que recorre lleva a las cercanías de una iglesia.
Leyenda de las momias de Guanajuato

La presencia de nitrato y alumbre, y otras condiciones del subsuelo de


Guanajuato, ocasionaron que decenas de cuerpos se hayan momificado.
Sucedió que entre 1865 y 1989 fueron exhumados más de cien cuerpos, lo
anterior pues las familias no habían pagado para mantener los cuerpos en los
suelos de los cementerios. Cuando se hicieron los desentierros, sobre todo del
Panteón de Santa Paula, aparecieron decenas de cuerpos momificados por el
motivo que anteriormente describimos.
Sin embargo, muchas de las momias parecen llevar un halo de dramatismo en
el rostro, lo que ha llevado a la creación de leyendas en torno a este macabro
hecho, que se conserva en el popular Museo de las Momias de Guanajuato.
Cuenta la leyenda más conocida que en 1830 en la ciudad se propagó una
peste entre cuyos efectos se encontraba la paralización del organismo; las
personas desconociendo lo anterior enterraban lo antes posible los cuerpos
con el fin de que no contagiasen a más personas. Sin embargo, los “difuntos”
no estaban realmente muertos, sino en un estado parecido a un u
generalizado.
De este modo muchas víctimas de la peste, ya enterradas, despertaban dentro
de los ataúdes y morían asfixiadas, no sin antes vivir una indecible
desesperación. Por ello, se dice, es que tantas momias de las exhibidas, en
sus rostros parecieran expresar sufrimiento atroz. La anterior es una teoría no
muy descabellada luego de recorrer estos rostros, aunque hoy se sabe que la
retracción del tejido en el área de la boca hace que luzcan así sus expresiones.
LEYENDA DE LA PASCUALITA

Un hermoso maniquí llegó a Chihuahua el 25 de marzo de 1930, conocido


como La Chonita y más tarde llamado La Pascualita, debido al gran parecido
que tenía con su dueña. La Pascualita no sólo tenía una figura esbelta e
imponente sino también hermoso detalles como delicados pliegues en las
manos, grietas en las yemas de los dedos y brillo en sus ojos que daba la
impresión de estar viva. Este maniquí fue traído desde Francia según los
registros, esto por encargo de Pascualita Esparza Perales de Pérez quien, en
ese entonces, era encargada de la tienda de ropa llamada La Popular. La
Pascualita se ha convertido en uno de los grandes atractivos de Chihuahua y
de la tienda donde se exhibe, gracias a las leyendas que se escuchan, en
donde según muchos hombres han quedado impresionados con su belleza al
punto de enamorarse y perder la cordura. Una de las leyendas más conocidas ,
es que este maniquí es a hija de la señora Esparza, pues según se cuenta, La
Pascualita tenía un futuro prometedor, era una joven hermosa, inteligente y
noble, sin embargo ella murió el día que contraería matrimonio al sufrir la
picadura de un alacrán. Se dice que la señora Esparza no soportaba el dolor de
haber perdido a su hija que la decidió embalsamar, historia que hasta la fecha
no se ha confirmado ni desmentido. Al pasar los años, la tienda tuvo nuevos
dueños y La Pascualita sigue ahí, se dice que trae buena suerte a las mujeres
que están a punto de casarse, esto si compran el vestido que este maniquí
traiga puesto.
LEYENDA DE LA PLANCHADA
Se cuenta que un día, una chica llamada Eulalia entró a formar parte del
personal de enfermería en el hospital. Era una chica de buena presencia, muy
limpia, con una actitud amable y educada que demostró gran profesionalismo y
diligencia y se ganó rápidamente el aprecio de los médicos. Su vida era
realmente tranquila, todo su tiempo se dividía entre las labores en el hospital y
las atenciones hacia su familia. Sin embargo, un día todo cambió. Llegó al
hospital el Dr. Joaquín y todas las enfermeras fueron a conocerlo pero Eulalia
se quedó atendiendo a un paciente y un día la convocaron para que lo ayudase
con la extracción de una bala en la pierna de un paciente. Entonces Eulalia
quedó prendada del Dr. Joaquín al punto de que sus manos temblaban
ligeramente cuando le pasaba los instrumentos. Pasados algunos meses ella
consiguió su propósito y el Dr. Joaquín aceptó ser su novio. Sin embargo,
Joaquín no parecía amarla y se escuchaba que coqueteaba con otras chicas a
espaldas de ella.Tras poco más de un año de noviazgo, Eulalia se sorprendió
cuando cierto día Joaquín le propuso matrimonio, a lo cual ella accedió. Sin
embargo era necesario esperar para la boda, ya que antes Joaquín debía irse a
un seminario de 15 días en otra ciudad. Antes de irse él le pidió que le
planchara un traje y luego se despidió entre abrazos y besos. Un día un
enfermero le declaró su amor y le pidió que le acompañara a una fiesta como
su pareja de baile, pero ella se negó por su novio, entonces el enfermero la
miró y le dijo que no entendía cómo es que nadie le había contado que Joaquín
se había ido a un viaje de luna de miel con su nueva esposa. Eulalia agachó la
cabeza y se fue, a la mañana siguiente comprobó que todo era cierto. A raíz de
esto Eulalia jamás volvió a ser la misma descuidando a los enfermos hasta el
punto de que algunos murieron por sus negligencias. Pasaron  los años y un
día la enfermedad cayó sobre ella, antes de morir, se arrepintió de haber sido
tan mala enfermera, falleciendo sin poder perdonarse a sí misma. Tras su
muerte en el hospital comenzaron a surgir testimonios de gente atendida por
una amable enfermera que no parecía pertenecer al personal del hospital. Una
chica joven con la ropa impecable como la llevaba Eulalia en vida.
Normalmente los testimonios eran confusos porque solía atender a los
enfermos cuando dormían, se encontraban sedados o habían sido descuidados
por las otras enfermeras. Al preguntarles a los pacientes  quien les había
atendido siempre daban la descripción de una mujer rubia con cabello corto y
rostro serio, que no correspondía con el aspecto de ninguna de las enfermeras
que trabajan en el hospital.
La leyenda del conejo en la luna y el dios Quetzalcóatl

Existe una leyenda misteriosa que nos habla del dios azteca Quetzalcóatl.
Según esta leyenda, en una tarde de verano, el dios azteca Quetzalcóatl pensó
que podía ser muy buena idea ir a dar un paseo. Pero se olvidaba de que su
aspecto, en forma de serpiente emplumada, podría atemorizar al mundo. De
esta forma decidió que lo mejor sería bajar a pasear a la Tierra tomando un
nuevo aspecto humano y común.
Caminó sin parar durante todo el día el dios Quetzalcóatl disfrutando
plenamente de todos los maravillosos paisajes que le brindaba la preciosa
Tierra. Y tras mucho caminar, cuando ya parecía despedirse el Sol entre las
luces rosadas y mágicas del atardecer, Quetzalcóatl sintió un hambre terrible
que le apretaba el estómago, además de un fuerte cansancio. Pero a pesar de
todo aquel malestar, Quetzalcóatl no se detuvo en su camino.
Finalmente cayó la noche, y junto a una hermosa y casi anaranjada Luna,
brillaban miles de estrellas que eclipsaban al mismísimo dios. Y en ese justo
instante Quetzalcóatl pensó que debía parar su paseo y descansar finalmente
para reponer fuerzas. La belleza del firmamento le había hecho darse cuenta
de que el mundo merecía contemplarse con detenimiento y verdadera atención.
Tomó asiento en aquel mismo instante sobre una piedra gruesa del camino, y
al poco tiempo se le aproximó un conejito que parecía observarle con mucha
atención mientras movía los finos bigotes.
 ¿Qué comes?- Dijo el dios al conejo.
 Como una deliciosa zanahoria que encontré por el camino. ¿Deseas que
la comparta contigo?
 No gracias, no puedo quitarle su sustento a un ser vivo. Tal vez mi
verdadero destino sea pasar hambre y desfallecer como consecuencia
de ello y también de mi enorme sed.
 ¿Y por qué habría de pasar algo tan terrible si yo puedo ayudarte? –
Replicó el conejo.
 Eres muy amable, conejito. Sigue tu camino y no te preocupes por mí. –
Exclamó apesadumbrado y agotado el dios Quetzalcóatl.
 Solo soy un pequeño e insignificante conejo. No dudes en tomarme
como tu alimento cuando creas que no puedes más. En la Tierra, todos
debemos encontrar la manera de sobrevivir.
Quetzalcóatl se quedó completamente conmocionado ante aquellas
palabras del conejo y lo acarició con mucho cariño y emoción. Después lo
cogió entre sus manos y lo alzó hacia el cielo, en dirección al brillo que
despedían las estrellas en la noche. Tal alto lo subió con sus propias
manos, que su silueta quedó grabada en la gran Luna casi anaranjada.
Mientras Quetzalcóatl volvía a descender sus brazos con el conejo entre las
manos, observaba el magnífico grabado que había quedado en el cielo. La
imagen del conejito quedaría para siempre en el firmamento, para que fuese
recordada siglos y siglos por todos los hombres que habitaran la Tierra
como premio por su bondad.
Después Quetzalcóatl se despidió del conejo, y agradeciéndole nuevamente su
amabilidad, continuó su camino. El pequeño conejito no podía creer lo que
había visto. Aquel hombre tenía aspecto de humano, pero se comportaba con
una grandeza fuera de lo normal.
Y con aquella reflexión observó anonadado el brillo de su silueta en la Luna
durante mucho, mucho, tiempo.
El callejón del beso

Carmen era hija única de un hombre autoritario y violento. Ella era cortejada


por Luis, un minero pobre de un pueblo cercano. Al descubrir su amorío, el
padre de Carmen la encerró y la amenazó con internarla en un convento; él
quería que se casara en España con un viejo noble para hacerse aún más rico.
Después de llorar durante varias noches, Carmen pidió a Brígida, su dama de
compañía, que le llevara una misiva a Luis con las malas noticias. Ante ese
hecho él decidió mudarse a la casa que estaba justo enfrente de la de su
amada. Esta casa tenía un balcón que daba a un callejón tan angosto que se
podía tocar con la mano la pared de enfrente.
Un día se encontraban los enamorados platicando de balcón a balcón, cuando
escucharon que dos personas discutían. Eran el padre de Carmen y Brígida,
quien buscaba impedir que el amo entrara a la alcoba de su hija. Por fin, el
padre pudo introducirse, y al presenciar la escena, clavó enfurecido una daga
en el pecho de ella.
Se dice que, aun cuando Carmen yacía muerta, Luis no dejó ir su mano, la cual
besó tiernamente durante horas. 
La romántica y trágica leyenda ya es toda una tradición en la ciudad. Hoy
día, los turistas visitan el famoso callejón (el Callejón del Beso) y sellan su
propio destino –uno muy diferente al de Carmen y Luis– besándose en el tercer
escalón. 
la leyenda del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl
Había una vez, una princesa tlaxcalteca llamada Iztaccíhuatl que quedó
flechada por el apuesto y guerrero de su pueblo, Popocatépetl, y a éste le pasó
lo mismo. Eran tiempos de guerra entre tlaxcaltecas y aztecas, pero antes de
partir a la batalla, Popocatépetl se puso listo y pidió la mano de esa bella
doncella, el padre se la concedió con la condición de que regresara de la
guerra sano y salvo para que se pudiera casar con su hija.
Llevaron a cabo lo acordado, mientras la princesa Iztaccíhuatl esperaba
impaciente a su amado. Sin embargo, sucedió que un rival de Popocatépetl
que también estaba enamorado de la joven, engaño a Izta diciéndole que Popo
había muerto en la guerra. Ante tal noticia, fue tanto el dolor de Izta, que se
dice murió de tristeza.
Cual va siendo la sorpresa que poco tiempo después regresó Popocatépetl
victorioso de aquél combate, feliz porque se iba a casar, cuando le dieron la
fatal noticia de que su prometida había muerto. Popo lo único que quería
era honrar el amor que ambos se tenían y lo que se le ocurrió fue crear una
enorme montaña para erigir la tumba de Izta bajo el Sol. Colocó el cuerpo de
su amada en la cima de la montaña y él de rodillas velaba su sueño eterno con
una antorcha en mano.
Con el tiempo la nieve cubrió ambos cuerpos hasta que se formaron dos
montañas una junto a la otra. Se dice que cuando el Popocatépetl se acuerda
de su princesa Iztaccíhuatl, tiembla y su antorcha vuelve a encenderse, por
eso, este volcán aún sigue arrojando fumarolas de humo.
Leyenda de la Flor de Cempasúchil

Relata la historia de amor entre una pareja de jóvenes aztecas, Xóchitl y


Huitzilin. Ambos eran niños apenas cuando el romance entre ellos comenzó a
surgir, mientras jugaban felices en los alrededores de su pueblo.
Todas las tardes, los jóvenes enamorados subían a la cima de una montaña a
regalarle flores a Tonatiuh, el dios del sol. La deidad les sonreía a la pareja por
la ofrenda, asimismo, Xóchitl y Huitzilin se juraron amor eterno, sobrepasando
incluso las barreras de la vida.
La guerra llegó al pueblo y Huitzilin tuvo que ir a luchar. Tras poco tiempo
después, se le confirmó a su amada Xóchitl el fallecimiento de su pareja, lo
cual dejó a la joven con un profundo dolor.
Xóchitl fue a la cima de la montaña por última vez para rogarle a Tonatiuh, que
la uniera para siempre con su pareja. Conmovido, Tonatiuh lanzó un rayo y al
tocar a la joven desconsolada la convirtió en una flor amarilla como el sol.
En esa flor, se reposó un colibrí en el centro. La pequeña ave era Huitzilin, y
apenas él llegó, la flor se abrió en veinte pétalos. El encanto de Tonatiuh
mantuvo la unión de Xóchitl y Huitzilin para toda la vida, mientras sigan
existiendo los colibríes y las flores de cempasúchil.

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