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Al-Andalus: Historia de la España Islámica

La conquista musulmana de la Península Ibérica fue rápida debido a las divisiones internas de los visigodos y las dificultades de los judíos y las clases populares. Esto dio lugar a una sociedad dominada por una minoría de árabes y bereberes y una mayoría sometida de cristianos y judíos. Tras la conquista se estableció un emirato dependiente de Damasco que luego se independizó y finalmente se convirtió en califato bajo Abd al-Rahman III en el siglo X. La ca

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Al-Andalus: Historia de la España Islámica

La conquista musulmana de la Península Ibérica fue rápida debido a las divisiones internas de los visigodos y las dificultades de los judíos y las clases populares. Esto dio lugar a una sociedad dominada por una minoría de árabes y bereberes y una mayoría sometida de cristianos y judíos. Tras la conquista se estableció un emirato dependiente de Damasco que luego se independizó y finalmente se convirtió en califato bajo Abd al-Rahman III en el siglo X. La ca

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AL-ANDALUS: LA ESPAÑA ISLÁMICA

La conquista musulmana
La conquista de la Península por los musulmanes fue un proceso rápido debido a
las luchas internas de los visigodos y a las dificultades por las que atravesaban las
clases más populares por la prefeudalización y los judíos por las medidas
segregadoras, por lo que ambos grupos recibieron a los musulmanes como
libertadores. Así, entre los años 711 y 715 toda la Península, con la excepción de la
franja septentrional, quedó en manos musulmanas.

Como consecuencia de ello, la nueva sociedad quedó conformada por una minoría
dominante de invasores árabes y bereberes y la mayoría sometida de los
conquistados: la población hispanorromana de religión cristiana (los denominados
mozárabes) que era el grupo más numeroso, aunque su número fue decreciendo
debido a las conversiones al Islam, dando lugar al que fue el grupo predominante en
Al-Ándalus, los muladíes, y por último la minoría judía.

Fase de dominio musulmán: del emirato al califato (711-1031)


Emirato dependiente (711-756): tras la conquista, se estableció para el gobierno de
la Península un emir dependiente del Califato Omeya de Damasco.

Emirato independiente (756-929): Tras la caída del Califato Omeya y el


establecimiento del Califato Abbásida, el príncipe omeya Abderramán I se refugió en
la Península, estableciendo un emirato independiente en el aspecto político, aunque
seguía dependiendo en el aspecto religioso, al menos teóricamente, del Califato
Abbásida. El nuevo emir hubo de enfrentarse a las disputas internas entre árabes y
bereberes, a las sublevaciones de mozárabes y muladíes y a los núcleos de
resistencia cristiana surgidos en el norte peninsular que, tras consolidarse, inician un
lento proceso de expansión hacia el sur.

Calitafo (929-1031): con el acceso al poder de Abderramán III el emir logra


consolidar su autoridad y restablecer la unidad territorial gracias a varias campañas
militares. Gracias a ello, en el año 929 se proclama califa, es decir, máxima
autoridad civil y religiosa, dejando de depender de los califas de Oriente. Además,
gracias a su influencia en el norte de África, consigue controlar las rutas comerciales
de la zona, y con ello el suministro de oro del Sudán a Europa, siendo esta una de
las causas fundamentales del auge económico de la época. En el terreno político, se
establece un estado autocrático, en el que el califa detentaba todos los poderes.
Además, establece un ejército profesional y una administración jerarquizada.
Territorialmente el califato se divide en coras gobernadas por un representante del
califa, el wali, y para la administración de justicia se establecen los cadíes. El
máximo apogeo del califato se registra con Al-Hakan II, entrando en crisis con
Hixem II, que delegó sus poderes en su visir Almanzor. Este y sus sucesores no
pudieron frenar los conflictos internos, que acabaron por disgregar el califato,
finalmente disuelto el año 1031.

Fase de dominio cristiano (1031-1492)


La disgregación del califato dio lugar a numerosos estados independientes, los
reinos de Taifas, sólo unificados temporalmente por la invasión de grupos integristas
procedentes del norte de África como los almorávides (1085-1147) y los almohades
(1171-1212). Coincidiendo con esta situación crítica, los reinos cristianos se ven
cada vez más fuertes para impulsar la reconquista, de la que solo sale indemne el
reino nazarí de Granada, que pervive desde el 1245 al 1492 gracias a su vasallaje
con respecto al reino de Castilla, la crisis en que cae sumido este último tras los
grandes avances del siglo XIII y su hábil diplomacia.

LA ESPAÑA CRISTIANA EN LA EDAD MEDIA Y EL PROCESO DE


RECONQUISTA
La conquista musulmana no fue efectiva en la franja norte peninsular, surgiendo allí
una serie de reinos cristianos caracterizados por su inicial debilidad y aislamiento,
pero que constituyen la base de la configuración en la Edad Media de los grandes
cuatro reinos de Castilla, la Corona de Aragón, Navarra y Portugal, que a partir del
siglo XI ganan la partida a Al-Andalus en el proceso reconquistador.

El nacimiento de los reinos cristianos y el proceso de reconquistador


El primer núcleo de resistencia cristiano surge en Asturias tras la batalla de
Covadonga (722), surgiendo el principado de Asturias, germen del reino de León, en
el que destaca la labor de Alfonso II (791-842) que inicia el proceso de expansión
hacia el sur y lo justifica autoproclamándose heredero de la monarquía visigoda,
surgiendo entonces el concepto de “Reconquista”. Del mismo modo surgen los
reinos de Navarra, Aragón, los condados catalanes dentro de la Marca Hispánica
carolingia y Castilla.

Hasta el siglo XI el proceso de reconquista es muy lento por la fortaleza del emirato
y del califato, pero tras la disgregación de este en 1031 se intensifica, siendo sus
grandes hitos la conquista de Toledo en 1085, la de Zaragoza en 1118, la victoria de
las Navas de Tolosa en 1212 y las ocupaciones de Palma de Mallorca (1229),
Córdoba (1236), Valencia (1238), Jaén (1246), Sevilla (1248) y Cádiz (1262).

Los siglos XIV y gran parte del XV son de fuerte crisis interna para los reinos
cristianos debido a las epidemias de peste y a los conflictos internos entre bandos
nobiliarios, frente a los cuales la autoridad real se ve cada vez más impotente. En
cualquier caso, esta es la época de la expansión aragonesa en el mediterráneo
occidental.

La repoblación
La repoblación es la ocupación y colonización de las tierras arrebatadas a los
musulmanes en el proceso de reconquista.

En este proceso podemos distinguir dos grandes fases: la primera, hasta el siglo XI,
marcada por la lentitud del avance, por lo que se llevó a cabo a través de la
“presura” o apropiación individual. Es decir, del ofrecimiento de pequeños lotes de
tierra a los repobladores, de manera complementaria a la colectiva llevada a cabo
por señores y monasterios; y la segunda, entre el siglo XI y XIII, en el que la rapidez
y amplitud del avance hizo que la tierra fuera entregada en grandes lotes a señores,
instituciones eclesiásticas y concejos. Una diferencia básica entre Castilla y Aragón
durante la Edad Media fue el trato a los vencidos, expulsados mayoritariamente a
partir de la sublevación mudéjar de 1264 en la primera y mantenidos en el terreno
en grandes comunidades en el segundo.

La principal consecuencia de las diferencias entre ambas fases es la desigual


estructura de la propiedad agraria en la Península, con un norte en el que
predominan las pequeñas y medianas propiedades campesinas, aunque con el
problema de un creciente minifundismo por los repartos de herencias, y con un sur
en el que predominaban los grandes latifundios y la mayor parte de la población
agraria eran jornaleros sin tierras.

Características políticas, económicas y sociales de los reinos cristianos


peninsulares en la Edad Media
Se establecen ahora las bases económicas y sociales que predominan en el Antiguo
Régimen: economía agraria de base señorial y sociedad estamental, aunque el
proceso de reconquista supuso que en los reinos peninsulares hubiera
características singulares como una mayor presencia de campesinado libre, una
mayor fortaleza e independencia de los concejos municipales y la presencia de
comunidades mudéjares y judías.

En el ámbito político, en la Edad Media se establecen unas monarquías feudales


que, en su lucha frente a nobleza y clero por asentar su poder, se van apoyando en
la burguesía ciudadana, lo que explica la importancia de las Cortes o parlamentos
estamentales. Frente a los amplios poderes de los monarcas castellanos, que
acumulan en sus manos todos los poderes y establecen un estado unificado y
centralista, en la Corona de Aragón predomina el “pactismo”, es decir, que el poder
del monarca dependía del pacto con sus súbditos, por lo que sus poderes estaban
limitados por las Cortes que los representaban. Además, la corona de Aragón era
una monarquía confederal compuesta por varios reinos (Valencia, Aragón, Mallorca,
Cerdeña, Sicilia, condados catalanes) que solo compartían al mismo monarca pero
que tenían sus leyes e instituciones propias, es decir, sus propios fueros.

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