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Conversión de Saulo en Damasco

Saulo, que perseguía a los discípulos de Jesús, experimentó una visión de Jesús mientras viajaba a Damasco y quedó ciego. Dios le dijo a Ananías que fuera a ver a Saulo y le devolviera la vista. Ananías encontró a Saulo orando y le impuso las manos, devolviéndole la vista a Saulo y bautizándolo, marcando el comienzo de su conversión de perseguidor de cristianos a apóstol de Cristo.

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Conversión de Saulo en Damasco

Saulo, que perseguía a los discípulos de Jesús, experimentó una visión de Jesús mientras viajaba a Damasco y quedó ciego. Dios le dijo a Ananías que fuera a ver a Saulo y le devolviera la vista. Ananías encontró a Saulo orando y le impuso las manos, devolviéndole la vista a Saulo y bautizándolo, marcando el comienzo de su conversión de perseguidor de cristianos a apóstol de Cristo.

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Hechos, 9

La Biblia de Jerusalén

1
 Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los
discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote,
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 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si
encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los
pudiera llevar atados a Jerusalén.
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 Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de
repente le rodeó una luz venida del cielo,
4
 cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me
persigues?»
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 El respondió: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú
persigues.
6
 Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.»
7
 Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto;
oían la voz, pero no veían a nadie.
8
 Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía
nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco.
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 Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber.

 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en


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una visión: «Ananías.» El respondió: «Aquí estoy, Señor.»

 Y el Señor: «Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de


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Judas por uno de Tarso llamado Saulo; mira, está en oración


 y ha visto que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las
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manos para devolverle la vista.»

 Respondió Ananías: «Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y


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de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén


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 y que está aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a
todos los que invocan tu nombre.»
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 El Señor le contestó: «Vete, pues éste me es un instrumento de
elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de
Israel.
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 Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre.»

 Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saúl,


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hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el


camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del
Espíritu Santo.»

 Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista;
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se levantó y fue bautizado.

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