Reseña de la Guerra Fría y Ejércitos Históricos
Reseña de la Guerra Fría y Ejércitos Históricos
Modelismo
La infantería de la Guerra
contra el Brasil
Marcelo D. Molina
In Memorian
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NUESTRA PORTADA
Equipo Editorial
De la mano eximia de Gabriel Popolizio, destacado miembro
Año 2 – Número 8 - 2021 de la SHM, ofrecemos en nuestra portada a un soldado de la compañía
de carabineros del Batallón de Cazadores N.°1, conocido como “Caza-
Dirección y Redacción dores de Coquimbo”, del Ejército de la Patria Nueva de Chile; lo vemos
Diego Argañaráz aquí en los prolegómenos de la decisiva victoria independentista de
Maipú, en abril de 1818.
El renacido ejército chileno comenzó a conformarse a poco del
Consejo de Edición triunfo de San Martín en Chacabuco; se hizo necesario crear una fuerza
Marcelo Molina armada que complementara al Ejército de los Andes y, a la vez, alentara
el espíritu chileno en el afán de apoyar la causa y los planes de invadir
Leonardo Diego Muñoz (SHM Córdoba)
el Perú. En un primer momento no escasearon los contingentes que fue-
Miguel Escalante Galain
ron llenando las filas de las nuevas unidades; una de ellas comenzó a
Diego Alejandro Núñez
organizarse en Coquimbo, localidad a poco más de 500 kilómetros al
Alejandro Millán Seeber norte de Santiago. Su oficialidad provino en su mayoría del componente
rioplatense del Ejército Unido de los Andes y Chile, como había comen-
zado a denominarse oficialmente a las dos fuerzas; a través de remesas
Colaboradores de a un centenar de hombres de la provincia de Coquimbo fue remon-
Carlos A. Piñero tándose el batallón, que en agosto de 1817 recibió la denominación de
Alejandro Canaval N.°1 de Cazadores de Infantería de Chile (para diferenciarlo del N.°
Rodrigo Galeano 1 de Cazadores de los Andes), fuerte de más de 700 plazas al mando del
Oscar Turchi Hache (SHM Córdoba) Cnl. Luis de la Cruz.
Tras el fracaso frente a Talcahuano, San Martín reconcentró
Daniel Castiglione
sus fuerzas, entre las que se hallaba el Cazadores de Coquimbo, tocán-
Gabriel Popolizio
dole en suerte sufrir el descalabro de Cancha Rayada. Reorganizado fe-
Cristián Fernández
brilmente el Ejército Unido, para Maipú el batallón contaba con 27 jefes
Roberto Ávila y oficiales y 736 de clases y tropa, al mando del Cnl. Isaac Thompson y
Mariano De Nucci encuadrado en la brigada de Las Heras. Se destacaría en la batalla, donde
fueron heridos la mayor parte de sus oficiales y tropa.
El uniforme representado es una mezcla de vestuario de cuar-
Miembros Honorarios de la SHM tel y para gala, propio de la situación de emergencia tras la derrota de
Alberto del Pino Menck marzo. Luce chaqueta de paño “de la estrella” (un paño de segunda ca-
Terry Hooker lidad) azul con divisa verde; charreteras de lana propias de una compa-
John Fletcher ñía de preferencia, así como dobles sardinetas en las bocamangas, dado
que los carabineros equivalían a los granaderos de línea en los batallones
ligeros. Bajo la chaqueta, chupín (chaleco) blanco de brin, pantalón de
bayeta azul con botines de loneta negra y zapatos de cuero. El morrión
o chacó es de suela, forrado con paño negro, banda superior con cinta de
lana verde, sin los adornos típicos del instituto (ha conservado el pom-
pón, pero no los cordones, aunque puede que fueran rojos por ser com-
pañía selecta), corneta de latón al frente. El equipamiento es de correajes
de cuero de ante, mochila de cuero de chivo y, enrollado, un capote de
bayetón gris.
Bibliografía
Barni, R. J. (comp.); Maipú. Un abrazo para la historia, EUDE, Buenos
Aires, 2017.
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ÍNDICE
Junio - Julio 2021
Uniformes Banderas
21 Uniformes del Ejército de la 59 Bandera del Batallón Restauradores
Provincia de Buenos Aires. Rodrigo Galeano – Diego Argañaráz
La visión de Louis de Beaufort
Diego Argañaráz Uniformes
61 Rgto. de Dragones de la Patria
1815
Diego Argañaráz
Los editores no se hacen responsables de las opiniones vertidas por los co-
laboradores en sus trabajos y bajo ningún punto de vista representan la opi-
nión de esta publicación.
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In Memoriam
Marcelo Daniel Molina
1955-2021
Proemio
Marcelo Molina nació en La Plata, el 17 de febrero de 1955. Fue además la ciudad de sus amores, la
que eligió para vivir. Creció en una familia de trabajadores y, tempranamente, también él empezó hacerlo:
pequeños trabajos primero, luego fue albañil y, más tarde, carpintero, un oficio cuyo conocimiento le propor-
cionó un placer que siempre guardó con él.
En 1989, ya era padre de sus dos hijos mayores cuando se recibió de Profesor en Historia en la Facultad
de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP. Desarrolló una extensa carrera docente en Ciencias
Sociales de la Facultad de Ciencias Médicas, en Historia de la Arquitectura en la Facultad de Arquitectura y
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Urbanismo, ambas de la UNLP, y fue profesor fundador y figura emblemática del CEBAS N.°1 de La Plata, un
bachillerato de adultos orientado a la enfermería y la salud, donde cada 9 de julio plantó un árbol con cada
promoción que egresaba y preparó su mítico locro. Mientras todo esto sucedía vinieron al hogar otros dos hijos.
De sus trabajos intelectuales destacamos sus Seminarios de Posgrado para Médicos sobre epistemolo-
gía, que incluían un ejercicio de estrategia y planificación frente a una situación de pandemia, y sus Syntagmas
en la Facultad de Arquitectura, donde se abordaban las relaciones entre la arquitectura, la música, la pintura y
otras artes a través de conceptos abstractos, que permitían cruzar distintas épocas y culturas. Realizó una Espe-
cialización en Historia de la Arquitectura en la FADU-UBA y participó de numerosos congresos, escribiendo
artículos sobre historia de la arquitectura y las cuestiones sociales y la medicina.
Formó una biblioteca personal que se fue acrecentando con los años. En ella ocupan un lugar muy
especial sus libros de Historia Militar y los vinculados con el pasatiempo del coleccionismo de soldaditos de
plomo. En los últimos años se dedicó a lo que más le gustaba: escribir sobre Historia Militar para Calacuerda,
la pintura de su colección de soldaditos, escala 1/56, 28mm, conformada a lo largo de décadas, y la creación de
escenarios de juegos de guerra.
La lectura y la escritura ocuparon un lugar central en sus intereses intelectuales, dejando dos novelas
que serán publicadas de manera póstuma, además de cuentos, poemas y papeles dispersos. En cuanto a la fic-
ción, en sus mencionadas novelas, que serían parte de una saga de aventuras, el protagonista vivía su juventud
a finales del siglo XIX y principio del XX, construía una casa en la naciente ciudad de La Plata y, por supuesto,
en las peripecias de la narración participaba de combates, en la Guerra de la Independencia de Cuba primero y,
luego, en la Guerra Anglo-boer.
Testimonio
Marcelo tuvo siempre el metejón por los soldaditos, eso lo supe desde un comienzo. No puedo olvidar
su relato sobre la mudanza familiar a la edad de 6 años, en que se perdieran su primera colección de juguete.
Durante varios años solo pudo imaginar este pasatiempo, ya que los avatares de la vida no le permitían ejercerlo
en la realidad. Sin embargo, hace treinta y seis años, cuando comenzamos a estar juntos, empezó a plasmar en
La Plata, en soledad, su afán por los soldaditos. Nuestras salidas a Buenos Aires nos llevaban por Florida a Beau
Geste de los Roume y Donzino y al final de la calle en la Galería del Este, a un negocio donde había juegos de
guerra de mesa. También pasábamos por Lo de Janson y terminábamos visitando a un amigo que partió tem-
pranamente, Eduardo Curotto.
Eduardo me enseñó los rudimentos en el uso de los pinceles y los colores y, en el apasionamiento de
Marcelo, llegué a pintar una colección de samuráis, que por supuesto permanece en casa. Otras veces mi trabajo
me llevaba a Buenos Aires y yo lo ayudaba a conseguir los medios de pago para encargar los soldaditos. Por
aquel entonces no había forma de hacerlo desde La Plata y ni soñar con la facilidad de realizar pedidos sentados
frente a una computadora.
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Hubo también pequeñas aventuras. Recuerdo el rescate de los soldaditos que quedaron atrapados en la
Aduana en Ezeiza, que nos llevó juntos a un viaje interminable en el colectivo 8, que como incautos platenses
tomamos en Plaza de Mayo un 2 de enero. Triunfamos y un amigo que allí trabaja aún, nos rescató a su vez y
nos trajo con nuestro tesoro de regreso a la casa familiar en Gonnet, La Plata.
Luego se formó el Club Modelismo La Plata, que Marcelo integró desde su fundación y el pasatiempo
se encausó con amigos. Los sábados partíamos juntos al Club, donde yo lo dejaba para pasarlo a buscar inva-
riablemente entre las 19 y las 19 .30. El Club se mudó varias veces de lugar y muchos socios pasaron y se fueron
y otros quedaron a lo largo de tantísimos años.
De todas esas etapas, hubo una muy significativa, cuando se organizó el grupo de juegos de rol, que él
integró, alentó y disfrutó intensamente. También fue el momento en que se sumó Sabino, uno de sus hijos y en
el último año Juma que había alcanzado la edad para entender y participar.
Muchos años después, Marcelo trabó amistad con Carlos Piñero y ambos compartieron la pasión por la
historia nacional y los juegos de guerra. Marcelo fue miembro fundador de la Sociedad de Historia Militar y se
dedicó a plasmar sus inmensos conocimientos sobre la misma, que abarcaban distintos épocas, civilizaciones y
naciones, en artículos para la Revista Calacuerda, cuyo Consejo Editor integró. Siempre le decía que debió
haber sido profesor de Historia Militar.
Si bien ninguno de los cuatros vástagos resultaron, al menos por ahora, “maqueteros” o coleccionistas
al menos, todos se sumaron al pasatiempo de alguna manera: Gerónimo, que de niño tenía un fuerte hecho de
maderas, Sabino y Juma en los juegos de rol, Dedé, con los de fantasía, de El Señor de los Anillos. Marcelo era
Bocha, un enano. En casa quedan las plantillas en las que se registraban los elementos que permitían construir
los personajes y avanzar en el juego.
Recuerdos de un lejano 2002, los hijos menores de Marcelo en plena faena de dar vida a las ba-
tallas de la Tierra Media “tolkieniana”
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Y todos disfrutando de las figuras pintadas que llegaban en los últimos años, todos los meses y de las
maquetas y máquinas que Marcelo imaginaba y Guillermo Centeno les daba forma: así ahora disfrutamos del
“transformador de zombies” y del “templo de Menhotep”, en cuyas fotos, algunos desprevenidos, creyeron ver
algún templo real egipcio que habían visitado en un viaje reciente.
Las idas en familia o simplemente las escapadas entre semana al cine con Dedé, la hija más pequeña,
terminaban invariablemente en la Galería San Martín de nuestra ciudad, donde una juguetería tenía lo más
similar al coleccionismo, pero de juguete y a veces nos llevábamos algo de recuerdo. En una ocasión, todos
habíamos vuelto del cine de ver “la segunda” de El Señor de los Anillos, Las dos Torres y de pronto con la
“colección de corchos de champán” y el juego de bloques, se había recreado en el piso de la sala, la batalla final.
Un momento compartido, y el legado de la pasión por los juegos de guerra, la historia y la fantasía.
En casa quedarán su colección de libros de Historia Militar, con obras en castellano, inglés y francés, y
la colección de soldaditos históricos y de fantasía, sus maquetas, los barcos y el submarino.
A mí me queda agradecerle que me haya elegido para compartir la vida, elección que devolví siempre,
con el mismo amor y la misma devoción que tuvo hacia mí.
Agradecemos las palabras de la Sra. Marcela Sansoni, en este pequeño, pero sentido homenaje a su
compañero de vida y al amigo entrañable de muchos de los miembros de la SHM. Su legado y hom-
bría de bien quedara por siempre en la memoria de aquellos que llegaron a conocerlo.
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Historia y Geoestrategia
Entre los historiadores existe un amplio consenso que los inicios de la Guerra Fría se encuentran vinculados con la tensión entre la
Unión Soviética y los Estados Unidos y sus aliados, con el fin de la Segunda Guerra Mundial; se llamó la Guerra Fría porque no se activó
la guerra entre ambos, probablemente por temor a una escalada nuclear (sería devastadora). La misma dominó la segunda mitad del
siglo XX y fue muy importante en las relaciones internacionales durante casi medio siglo; fue un período de tensión constante, de
enfrentamiento político, ideológico, social y cultural, que nunca llegó a estallar en una confrontación abierta.
Antecedentes y causas
El presidente estadounidense T. Roosevelt había tenido la esperanza después de Yalta, de un mundo en
el que las dos superpotencias que surgían de la posguerra, Estados Unidos y la Unión Soviética, pudieran cola-
borar pese a representar sistemas económicos, políticos e ideológicos tan diferentes. Lo cual fue efímero y la
ruptura resultó inevitable; el ambiente tenso entre ambas potencias comenzó a visualizarse en la Conferencia de
Potsdam (1946).
Las potencias vencedoras mantuvieron también por poco tiempo diversas acciones comunes como ser,
los juicios de Núremberg, que significaron el juicio y condena de los altos dignatarios nazis acusados de críme-
nes contra la humanidad o los tratados de paz de París, firmados en 1947 con los antiguos aliados de Alemania
e Italia son ejemplos de ello.
8
El presidente Truman toma la decisión, luego que Gran Bretaña resuelve que es incapaz de seguir ayu-
dando financieramente a Turquía y la guerra civil griega, de demandar la aprobación de una ayuda de 400
millones de dólares para Grecia y Turquía, lo que sentó las bases de la doctrina de política exterior, conocida
como “Doctrina Truman”: EE.UU. ayudaría a cualquier gobierno que hiciera frente a la amenaza comunista; el
presidente norteamericano proclama la voluntad de su país de aplicar una política de contención de comunismo
(containment). Su principal desafío estaba en Europa occidental.
George Keennan fue un diplomático y consejero estadounidense, responsable intelectual de la Doctrina
Truman, así como de la política estadounidense de contención citada. Esta estrategia geopolítica se convirtió en
doctrina en la primera mitad de la Guerra Fría y su influencia se extendió hasta el final de la misma. Veamos
un análisis de los hechos de manera sincrónica.
9
zonas de ocupación por URSS, EE.UU., Francia y Gran Bretaña, y la desmilitarización de Alemania. Se am-
pliaron las fronteras rusa y polaca a costa de Alemania (Polonia desplazada sus fronteras hacia el oeste, aunque
cedería en el oriente los territorios que habían quedado bajo el dominio soviético tras el pacto de no agresión
germano-soviético en 19391); se estableció que un tribunal internacional juzgaría a los principales comandantes
alemanes nazis, lo que serían los Juicios de Núremberg.
En la Conferencia de Potsdam, iniciada a finales de julio de 1945 y finalizada el 2 de agosto, emergieron
las primeras diferencias relevantes acerca de Alemania y la Europa del Este. Los participantes de la conferencia
no ocultaron sus antipatías, y el uso de un leguaje belicoso confirmó las intenciones mutuamente hostiles que
defendían cada vez con más ahínco. Durante esta conferencia, Truman informó a Stalin de que los Estados
Unidos habían creado una nueva arma. Stalin, que ya estaba al tanto de los avances estadounidenses en el desa-
rrollo de la bomba atómica, expresó su deseo de que aquella nueva arma fuera usada contra Japón. Una semana
después de finalizar la conferencia, los Estados Unidos lanzaron la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.
En esta conferencia se estableció la desmilitarización alemana, en especial la industrial; Austria también fue
dividida en cuatro zonas como Berlín, se alentaba el restablecimiento de las libertades civiles y la legalidad de
los partidos políticos y sindicatos; se crea el Tribunal internacional de Núremberg para juzgar a los criminales
nazis y todas las organizaciones nacional-socialistas debían ser disueltas. Al principio Stalin quería la ruptura
de las relaciones con el gobierno de Franco en España, pero se acordó que los aliados se opondrían al ingreso
de España en la ONU. Se planteó la rendición incondicional de Japón en un ultimátum. Estas dos últimas con-
ferencias fueron las más importantes y serán el punto de partida de un mundo y una Europa divididos en dos
zonas opuestas2.
1
https://www.dipublico.org/3692/acuerdos-de-la-conferencia-de-yalta-411-de-febrero-de-1945/
2
Material didáctico La Guerra Fría, Concepto, Orígenes. Seminario Guerras del Siglo XX. Clases 2020.
10
Los firmantes se comprometieron a mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar entre las naciones
relaciones de amistad y promover el progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos. Las
Naciones Unidas empezaron a existir oficialmente el 24 de octubre de 1945 (el Día de las Naciones Unidas se
celebra todos los años en esa fecha). También se establecería un Consejo de Seguridad, un Consejo Económico
y Social que funcionara bajo la autoridad de la Asamblea General; el tercer organismo sería una Corte Interna-
cional de Justicia y el cuarto una Secretaría.
Europa había quedado en un estado de agotamiento general que había que cambiar: se habían producido
dos grandes guerras en el espacio de apenas treinta años, y los costos habían sido devastadores en lo económico
y humano. Deseosos de evitar otro conflicto bélico y contener el posible expansionismo comunista, la mayoría
de los países estuvieron de acuerdo en crear las Naciones Unidas3.
3
https://www.un.org/un70/es/content/history/index.html
https://economipedia.com/definiciones/acuerdos-de-bretton woods.html#:~:text=Los%20acuerdos%20de%20Bret-
ton%20Woods,entre%20los%20pa%C3%ADses%20m%C3%A1s%20industrializados.
11
El Banco mundial
El Grupo Banco Mundial trabaja con los países en desarrollo con el fin de reducir la pobreza y aumentar
la prosperidad compartida y promover el desarrollo sostenible. Con el mismo compromiso lo integran cinco
instituciones: el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), la Asociación Internacional de Fo-
mento (AIF), que proporciona asesoramiento en materia de políticas y asistencia técnica a los Gobiernos de los
países en desarrollo de ingresos medios y con capacidad crediticia y la AIF a los países más pobres.
La Corporación Financiera Internacional (IFC), el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones
(MIGA) y Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) centra sus activida-
des en el fortalecimiento del sector privado de los países en desarrollo5.
5
https://www.bancomundial.org/es/about/history/the-world-bank-group-and-the-imf
6
https://es.scribd.com/document/16279779/Tratado-Interamericano-de-Asistencia-Reciproca-TIAR
7
Nota de Autor. Su paternidad es atribuida al escritor ruso Vasili Rozanov, que la emplea en 1918 refiriéndose a la revo-
lución bolchevique en su libro "El Apocalipsis de nuestro tiempo": "Tintineando, rasgando y chirriando, un telón de acero
cae sobre la historia de Rusia". 12
la base de la expansión soviética al occidente del continente. El nuevo ambiente de enfrentamiento provocó la
expulsión de los ministros comunistas, que participaban en gobiernos de coalición en París, Roma y Bruselas
en el período de marzo a mayo de 1947.8
Algunos de los momentos más álgidos de la temprana Guerra Fría tuvieron como escenario la Alemania dividida; en un principio nin-
guno de las superpotencias tuvo en claro que curso debía tomar la futura Alemania, siquiera si debía permitirse su continuidad como
Estado soberano. Pronto, la lógica de disputa interbloques coadyuvó para que Estados Unidos se decidiera a refundar el país y trans-
formarlo en un bastión industrial y político como freno al percibido expansionismo soviético (foto, Deustche Welle).
El Plan Marshall
Al quedar Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial y ante la imposibilidad financiera de com-
prar productos norteamericanos, Estados Unidos lanzó el Plan Marshall para el cual debía existir coordinado
con los países europeos; por ello se reunieron en la Conferencia de Paris en septiembre de 1947. Se invito a la
URSS, que declinó la invitación y obligó a sus países satélites a hacer lo mismo, alegando que el plan era un
instrumento del imperialismo y la hegemonía americana. La Conferencia tenía como objetivo impedir la insol-
vencia europea que hubiera tenido malas consecuencias para el crecimiento de la economía norteamericana,
prevenir la expansión del comunismo en Europa (frenar el posible acceso al poder de partidos comunistas como
ser Francia o Italia) con la creación de una estructura que favoreciera la implantación y el mantenimiento de
regímenes democrático.
Este plan, cuyo nombre oficial fue European Recovery Program (se desarrolló entre los años 1948 y 1952),
anunciado por el entonces secretario de estado norteamericano George Marshall en un discurso en la
8
THOMSON, David (1969) historia mundial de 1914-1968. Fondo de Cultura Económica. México. (218-248pp.).
13
Universidad de Harvard el 5 de junio de 1947. Se calcula que en total el Plan tuvo una ayuda de 13.000 millones
de dólares aproximadamente entre 1947 y 1952. El éxito del plan fue esencial para la recuperación económica
y el asentamiento de los regímenes democráticos en Europa Occidental9.
9
https://economipedia.com/definiciones/plan-marshall.html
10
Nota de Autor. En septiembre de 1947, el informe Jdanov o doctrina Zhdánov, que toma el nombre de Andréi Zhdánov,
tercer secretario del partido comunista de la URSS, reconoce la división del mundo en dos campos: las fuerzas imperialistas,
dirigidas por los Estados Unidos, y los antiimperialistas dirigidos por la URSS.
11
https://www.cvce.eu/education/unit-content/-/unit/55c09dcc-a9f2-45e9-b240-eaef64452cae/7cdb6d5c-4347-4afe-bb5f- 14
1853b8eeae71
El Bloqueo de Berlín
Stalin también se mostró muy crítico con el Plan Marshall porque temía que dichas ayudas provocaran
un rearme de Alemania, que fue una de sus mayores preocupaciones respecto al futuro de Europa central tras la
guerra. En junio de 1948, y como represalia por los esfuerzos de los occidentales por reconstruir la economía
alemana, Stalin cerró las vías terrestres de acceso a Berlín Occidental, imposibilitando la llegada de materiales
y otros suministros a la ciudad. Este hecho, conocido como “el Bloqueo de Berlín”, precipitó una de las mayores
crisis de principios de la Guerra Fría. Ambos bandos usaron este bloqueo con fines propagandísticos: los sovié-
ticos para denunciar el supuesto rearme a Alemania, favorecido por Estados Unidos, y los estadounidenses para
explotar su imagen de benefactores, como en la llamada Operación Little Vittles, donde los aviones que contra-
rrestaban el bloqueo de Berlín lanzaron dulces para los niños berlineses.
El puente aéreo organizado por los aliados, destinado a proveer de suministros al bloqueado sector
occidental de la ciudad, superó todas las previsiones, desbaratando los presupuestos soviéticos de una rendición
del sector occidental ante el oriental por falta de suministros. Finalmente, el bloqueo se levantó pacíficamente
en mayo de 194912.
El Tratado de Varsovia
El 14 de mayo de 1955 el Tratado de Ayuda Mutua del este de Europa (Tratado de Varsovia) se constituyó la
alianza militar del bloque comunista; lo firmaron la URSS, Albania (se retiró en 1968), Bulgaria, Hungría,
Polonia, Checoslovaquia, Rumania y La República Democrática de Alemania: la Alemania Oriental. Los países
miembros se comprometían, por un período de veinte años, a prestarse ayuda militar mutua en el caso de que
cualquiera de ellos fuese atacado por una potencia extranjera.
12
https://es.slideshare.net/alcainoser/el-bloqueo-de-berln-25964216
13
https://elordenmundial.com/mapas/paises-otan/
15
La única acción militar del Pacto de Varsovia
fue dirigida contra un Estado miembro: Checoslova-
quia. En el otoño de 1956, la URSS llevó a cabo la
invasión de Hungría14, que duró desde el 23 de octu-
bre hasta el 10 de noviembre de 1956. En agosto de
1968, como respuesta a una serie de reformas promul-
gadas por el gobierno checoslovaco, conocidas como
“la primavera de Praga”, tropas de la URSS, Polonia,
Hungría, Bulgaria y Alemania Oriental invadieron
Checoslovaquia y forzaron el retorno al régimen pro-
soviético.
Los soviéticos temían que Estados Unidos
utilizara a la Europa occidental como base para atacar
a su país. Con los años, aparecieron nuevas crisis,
pero no fueron a más en la mayoría de los casos, por-
que se quería evitar el estallido de una nueva guerra
Mundial.15
Estas potencias desarrollaron una carrera ar-
mamentista nuclear; las nuevas armas sirvieron para Cartel de propaganda del Pacto de Varsovia, c.1980.
14
La guerra del Sinaí, llamada también crisis de Suez, o bien guerra de Suez, fue una contienda militar librada sobre
territorio egipcio en 1956, que implicó a la alianza militar formada por el Reino Unido, Francia e Israel en contra de Egipto,
el cual contó con el apoyo en mayor o menor medida de los países que actualmente conforman la Liga Árabe. Fue una
victoria militar para los tres aliados, pero también una derrota política, ya que la gran presión diplomática por parte de los
Estados Unidos y de la Unión Soviética forzó a los interventores a retirar sus ejércitos. A cambio de retirarse del Sinaí,
Israel obtuvo indirectamente de Egipto el compromiso de detener sus envíos de armamento a las guerrillas que luchaban
contra Israel. Obsérvese que la fecha es coincidente con la situación de Hungría; Estados Unidos sabía que se iba a desatarse
este conflicto, y presionaba a Londres para no atacar, ya que presumía que al sacar el conflicto húngaro de la tapa de los
diarios la URSS desataría una brutal represión, que terminó pasado cuando Londres hizo caso omiso de la advertencia.
16
15
POWASKI, Ronald (2000) La Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión Soviética. 1917-1991. Crítica. España (80-110
pp.)
16
https://enciclopediadehistoria.com/guerra-fria/
Océano Pacifico, en la Polinesia francesa. El equilibrio entre los dos bloques se sostuvo en el mutuo temor de
un conflicto nuclear que provocaría la destrucción de ambos. Se desencadenó, especialmente en la sociedad
occidental, una fuerte sensación de miedo a una guerra nuclear. El momento de máxima tensión fue la Crisis de
los misiles en Cuba (1962)17.
La competencia entre los bloques se evidenció en otras áreas como la cultural y la tecnológica. Una de
estas manifestaciones fue la carrera espacial, una competencia para la exploración y la conquista del espacio,
que duró aproximadamente entre 1955 a 1975.
En las sociedades, el conflicto se sostenía a través de los enormes aparatos de propaganda de los blo-
ques. Para las potencias eran tan importantes los logros obtenidos como su comunicación, ya que los triunfos y
los fracasos de las misiones se percibían como triunfos o fracasos de un modelo político o de un Estado sobre
el otro.
Balance estratégico
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, las dos potencias vencedoras disponían de una enorme varie-
dad de armas, muchas de ellas desarrolladas y mejoradas durante el conflicto. Tanques, aviones, submarinos y
otros avanzados diseños de navíos de guerra, constituían las llamadas armas convencionales. Después del
17
Material didáctico La Guerra Fría, Concepto, Orígenes. Seminario Guerras del Siglo XX. Clases 2020.
17
conflicto, la diferencia numérica no era tan abrumadora, pero aún su flota no podía competir en condiciones de
igualdad con la de Estados Unidos. La armada soviética disponía de muchos menos buques que la estadouni-
dense y, además, sus naves eran de menor tamaño y no disponían de portaaviones, por lo que su inferioridad
resultaba manifiesta, a pesar de que intentaron cubrir esa brecha en los sesenta y setenta con buques portaaero-
naves que, de todas formas, no eran comparables a sus contrapartes norteamericanos.
Para la URSS, más problemático aún
que la falta de portaaviones, era la carencia
de una red mundial de bases de aprovisiona-
miento abiertas durante todo el año. Mientras
que Estados Unidos podía atracar sus buques
en diversos puertos europeos y asiáticos, los
soviéticos no podían sacar sus barcos de
puertos propios durante varios meses al año,
pues sus puertos estaban helados o podían ser
fácilmente bloqueados por los aliados, como
por ejemplo la flota del Mar Negro.
En la aviación convencional, tanto
en número como en calidad, los nuevos cazas
y bombarderos soviéticos, no solo estaban a
la altura, sino por encima de los occidentales
en algunos parámetros. Pese a que el Pentá-
gono siempre afirmaba poseer aparatos supe-
riores a los de cualquier otro país, los enfren-
Prueba nuclear estadounidense, en su propio territorio a finales de los
tamientos vividos en Corea y Vietnam de-
cincuenta. La sensación de seguridad de Washington se vio sacudida en
mostraron las capacidades de los aviones so- 1949, con la primera explosión atómica soviética. Comenzó así una ca-
rrera por la primacía nuclear que, a pesar de la propaganda propia de
viéticos. Estados Unidos sobre la amenaza que representaban las “nukes” rojas,
Moscú recién pudo llegar a una paridad y verdadera capacidad de repre-
Pero eran las denominadas armas no salia a finales de la década de 1960.
convencionales más difíciles de fabricar y
extremadamente caras. El principal armamento era el nuclear, sin olvidar el desarrollo de agentes químicos y
biológicos. Al principio de la Guerra fría, solo EE.UU. disponía de estas armas, lo que aumentaba significati-
vamente su peso bélico. La Unión Soviética inició su propio programa de investigaciones para producir también
tales bombas, algo que consiguió en cuatro años, ayudándose del espionaje18.
Conclusiones
18
https://www.ecured.cu/Ej%C3%A9rcito_Rojo#:~:text=El%20Ej%C3%A9rcito%20Rojo%20fueron%20las,desinte-
graci%C3%B3n%20de%20la%20Uni%C3%B3n%20Sovi%C3%A9tica.
18
Tanto la Unión Soviética como Estados Unidos quisieron imponer sus ideologías al resto del mundo.
Esta polarización del mundo en procomunista y anticomunista llevo al mundo a una tensión muy fuerte, con la
obligación a alinearse a una u otra ideología. Se consolidó el dominio soviético sobre los países de Europa
oriental y la injerencia de EE.UU. en la política interna de otros países.
Además, los dos bloques, representaban modelos económicos antagónicos que trataron de propagar por
el mundo y su creciente industria les hacía competir por los recursos naturales, buscando ampliar sus zonas de
influencia lo máximo posible. Estados Unidos defendía el sistema político de gobierno democrático y el capi-
talista y la Unión Soviética propugnaba un sistema totalitario y comunista.
Las dos potencias tenían enormes aparatos de propaganda para transmitir los triunfos y los fracasos de
las misiones se percibían como triunfos o fracasos de un modelo político o de un Estado sobre el otro. Los
enfrentamientos fueron indirectos, utilizando terceros países para solucionar los conflictos. Durante la guerra
fría, gracias a la competencia entre ambos bloques, se alcanzó un nivel de desarrollo tecnológico inimaginable
unas décadas atrás.
La doctrina Truman alentaba a los estados europeos occidentales a calificar a sus enemigos de comu-
nistas, identificaba al enemigo ideológico del mundo libre y unirse frente a esta amenaza. Además esta doctrina
afirmaba que EEUU tenía el deber de ayudar a todos los pueblos libres a proteger dicha libertad.
El plan Marshall estableció que los países europeos que aceptaran la ayuda se comprometieran con el
bloque occidental y capitalista, además de la necesidad de vender sus productos (EEUU) a los países europeos
de posguerra (segunda guerra mundial).
El Kominform (URSS) pretendía imponer obediencia a sus países satélites para que no aceptasen al
bloque occidental. Sin embargo, los soviéticos creían que la estabilidad habría de basarse en la integridad de las
propias fronteras de la Unión Soviética. Este razonamiento nace de la experiencia histórica de los rusos, que
habían sido invadidos desde el Oeste durante los últimos 150 años. El daño sin precedentes infligido a la URSS
durante la invasión nazi (alrededor de 27 millones de muertos y una destrucción generalizada y casi total del
territorio invadido) conminó a los líderes moscovitas a asegurarse de que el nuevo orden europeo posibilitara la
existencia a largo plazo del régimen soviético, y que este objetivo solo podría conseguirse mediante la elimina-
ción de cualquier gobierno hostil a lo largo de la frontera occidental soviética, y el control directo o indirecto
de los países limítrofes a esta frontera, para evitar la aparición de fuerzas hostiles en estos países.
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20
Uniformes
Introducción19
Primeramente, evoquemos a esta insigne personalidad, uno de los grandes promotores de la
uniformología mundial y, en el aspecto que nos atañe, la argentina en particular. Louis de Beaufort nació en
Estambul, Turquía, el 23 de septiembre de 1914. Ya en Francia, en su juventud estudio arte y dibujo en París y,
luego de la Segunda Guerra, trabajó de diseñador de modas para una prestigiosa firma. Residió en nuestro país
varios años, durante la década de 1950 y en esta primera estradíia aprovechó para dar rienda suelta a su afición
por los uniformes y la historia militar. Llegó a conocer y trabar amistad con Alfredo Villegas con el que, a
mediados de la década, fundieron su investigación, encargándose Beaufort de reconstuir con su pincel los datos
hallados en el Archivo General de la Nación. Fruto de esa labor, entre 1952 y 1959 Louis de Beaufort llegó a
producir más de dos centenares de láminas sobre los uniformes rioplatenses, tanto de Argentina como de
Uruguay, abarcando desde el período colonial (s.XVIII) hasta 1900.
La mayoría de esas láminas se conservaron, luego, en la vasta colección de la A.S.K. Brow Military
Collection, en la Rhode Island University, Estados Unidos; gracias a las trativas de Rodrigo Galeano, miembro
de la SHM y experto en las pesquizas necesarias para llegar a estos verdaderos “tesoros”, hemos podido tener
acceso para los archivos de la SHM a las referidas láminas.
Beaufort regresaría a Francia en 1959 o 1960, donde desplazado de su anterior fuente laboral, se volcó
de lleno a la uniformología, abriéndose camino hacia prestiogas publicaciones como “Le Briquet” o “Le
Sabretache”. Volvería a la Argentina en dos oportunidades, en 1974 y en 1980, aunque nunca había perdido el
contacto con sus amistades de este lado del Atlántico. Continuaría con su labor hasta casi el final, cuando ya
casi nonagenario, falleció el 14 de mayo de 2004, dejando como legado una inmeso trabajo, tanto de valor
histórico como artístico.
En cuanto a este artículo, hemos tomado como base para ilustrarlo, la referidas láminas de Beaufort
sobre este período. Acotamos el margen desde el surgimiento de Buenos Aires como provincia autónoma a la
concreción, de corto plazo y condenada a naufragar en la contienda civil, del Estado central, abocado a sostener
la guerra que se desataría contra el Imperio del Brasil por la integración de la Banda Oriental a las Provincias
19 Para este proemio hemos utilizado, a modo de resumen, la presentación de Julio M. Luqui-Lagleyze, en su reciente obra
“La Gobernación y Virreinato del Río de la Plata 1700-1805”, Ed. El Húsar, Bs. As., 2020; además de los apuntes de
Cristian Fernández, miembro benemérito de la SHM y que conoció personalmente a Louis de Beaufort.
21
Unidas. Para ello acudimos a dichas láminas, que han sido iluminadas por el autor a partir de fuentes editas, en
particular el exaustivo trabajo de Luqui-Lagleyze, de manera de dar color a las soberbias imágenes de Beaufort.
Iniciaremos, primeramente, con una breve reseña del contexto político que motivó la caída del Estado
centralizado, de manera de ofrecer un marco para la presentación de la organización militar del Buenos Aires
de “la feliz experiencia”.
22
Buenos Aires contra los caudillos
En el litoral, Francisco Ramírez y Estanislao López (Artigas había perdido su peso político de la mano
del acoso victorioso de los luso-brasileños), con sus espaldas salvaguardadas por estos acontecimientos,
procedieron a operar sobre Buenos Aires. Tras la dislolución del Ejército Auxiliar y el abandono de las
Provincias Unidas por parte del de Los Andes, quedaban en la guarnición de la capital y su campaña pocas
unidades, la mayoría de milicias.
Como veteranos contaba el Brigadier Rondeau con
el Bón. N.°2 de Cazadores, el Bón. de Aguerridos, los restos
del Rgto. de Granaderos de Infantería, el Dragones de la
Patria, los Blandengues en la campaña y destacamentos de
la Artillería de la Patria. De las milicias, en la urbe estaban
la Brigada Cívica de Infantería, constituida por tres Tercios
(los 1.° y 2.° de blancos y el 3.° de libertos), el Tercio de
Imaginaria (del gremio de artesanos y con carácter de
milicias pasivas). En el medio rural, el Rgto. de Guardia
Nacional de Caballería, el de Voluntarios de la Frontera y
los regimientos de milicias de caballería de la campaña.
El ejército directorial era derrotado en Cepeda (1
feb. 1820), salvándose sólo la infantería, que logró volver a
la capital. Allí, el vencido Director Rondeau debió ceder a
los acontecimientos: el poder político había pasado al
Estanislao López (por Pellegrini), gobernador de Santa
Fe por dos décadas, se manejo habilmente entre los dis- Cabildo, que logró organizar dos ejércitos de alrededor de
sensos internos para hacer primar los intereses de su
3.000 hombres, uno en la ciudad y otro en el campo, éste a
provincia.
ordenes del Brigadier Soler. Ramirez y López buscaron
imponer sus condiciones, negociando con los otros actores políticos, antes que con el ya desdibujado Directorio.
Finalmente, a mediados de febrero, el Cabildo ordenó cesar en funciones al Congreso y al Director.
23
permanecía en la campaña al mando de poderosas fuerzas y Ramírez (la cabeza de los federales litoraleños,
ahora con Artigas ya caído en desgracia) comenzó a presionar para derrocar a Balcarce.
Sarratea fue repuesto en su cargo, pero cayó nuevamente de la mano de la Junta de Representantes el 1
de mayo, al alentar la persecusión política de los directoriales, por medio de un tribunal especial. La lucha
entonces se trabó entre el Cabildo, en su estertor político, la Junta de Representanes (que había nombrado
gobernador a Idelfonso Ramos Mejía) y Soler, nombrado a su vez gobernador por el ejército extramuros y el
Cabildo de Luján. Presionados por la situación, la legislatura provincial reconoció al último como líder del
ejecutivo el 23 de junio.
Estanislao López se decidió a invadir nuevamente Buenos Aires, en busca de que se cumpliran los
acuerdos del Pilar, a la vez que Ramírez estaba ocupado en dilucidar la primacía del liderazgo federal con
Artigas, opuesto éste a los tratados citados. El caudillo santafecino terminó derrotando a los porteños de Soler
en Cañada de la Cruz, el 28 de junio, tras lo cual el gobernador huyó a Montevideo. Al día siguiente, Buenos
Aires nombraba al Coronel Manuel Dorrego como interino del ejecutivo, quien prontamente salió a campaña
contra Carlos de Alvear, provisonalmente aliado de López y declarado gobernador del medio rural bajo la
presión de sus bayonetas. El 2 de agosto Dorrego batió a las fuerzas de Alvear en San Nicolás, tras casi cuatro
horas de duros combates en la localidad, despejando el territorio de la provincia de fuerzas contrarias; sin
embargo, aunque federal a conciencia, Dorrego
consideraba que Buenos Aires debía estar en una
posición de fuerza para negociar, y se aprestó a
invadir Santa Fe.
Estanislao López debía actuar solo, con
Ramírez aún disputando el dominio de la
Mesopotamia; Dorrego avanzó con sus fuerzas,
derrotando a López sobre el arroyo Pavón el 12 de
agosto. Envalentonado por las victorias, el
gobernador consideró que sus fuerzas eran
suficientes para dar un castigo ejemplar a sus
contrarios, por lo que desisitó de aguardar los
refuerzos de Juan Manuel de Rosas, comandante
de campaña y del Brigadier Martín Rodríguez.
Dejando a su infantería en San Nicolás, Dorrego
penetró en territorio santafecino con apenas 600 de
caballería y una pieza de artillería, para ser
aniquilado por los hombres de López el 2 de Trompa del Rgto. N.°5 de Milicias de Caballería de Campaña, los
famosos “Colorados del Monte”, c.1820 (anónimo, MHN); la férrea
septiembre, en el combate de Gamonal. disciplina social y militar impuesta por Rosas a sus hombres motivó
que su conducta fuera aplaudida por la opinión pública.
La derrota anuló a Dorrego como figura
politica, aunque con febril activiad había lograro
24
recomponer sus fuerzas, basado en San Nicolás; por entonces, la Junta buscaba una figura moderada que pudiera
avenirse a un acuerdo y terminar el estado de guerra con Santa Fe. El cargo recayó en Martín Rodríguez, general
de mediocre valía según sus contemporáneos (y que a posteriori reafirmaría en la guerra contra el Brasil). Rosas,
nuevo actor político de primer orden, dio su visto bueno a la elección: se había dado una mutación de los
intereses continentales de los directoriales, a un eje centrado en el bienestar económico y tranquilidad política
bonaerense. Cuando al fin parecía avisorarse cierta quietud, sectores federales disisentes, junto con algunos
resabios del viejo Cabildo alentaron al Coronel Manuel Pagola a lanzar un movimiento revolucionario.
Apoyado en los Tercio Cívicos, Pagola se lanzó al ruedo el 1 de octubre, logrando que se le sumara el
Bón. Fijo. La reacción fue pronta y sirvió para dar el último empujón a la figura política de Rosas, decidido a
transformar a la campaña en baluarte del orden provincial. Cuatro días después, Martínez y Rosas se lanzaron
a la toma de los atrincheramientos levantados por Pagola, venciendo tras cruentos combates.
Con el orden restablecido (donde la prensa porteña ponderó el buen comportamiento de los hombres
del Rgto. N.°5 de Caballería de Milicias de Campaña, los famosos “Colorados del Monte”), comenzaron la
tratativas para llegar a un arreglo con Santa Fe. El 24 de noviembre de 1820 se firmaría el Tratado de Benegas,
que selló la paz entre ambas provincias y cerró así, ese fatídico “Año XX”.
25
que, junto con el antes citado Voluntarios de la Frontera, formarían la Brigada de Patricios de Caballería, el
todo al mando del Coronel Mayor Juan Ramón Balcarce. En abril de ese año, fueron disueltos los Húsares del
Orden, que pasaron a formar, junto con plazas de carabineros de las milicias de campaña, el renacido Rgto. de
Blandengues, con guarnición en la Guardia del Monte.
Ese mismo 1822, la reforma del ejército llevada adelante por el gobierno estableció por ley del 1 de
julio la formación “permanente” (veterana o sea de línea) de la provincia; la infantería debía estar formada por
dos batallones, uno de blancos y otro de negros. El primero nació del cambio de denominación del 1.° de Línea,
que pasó a ser el Bón. de Fusileros, que debía contar con una plana mayor de comandante, sargento mayor, dos
ayudantes y un abanderaro; la fuerza debía ser de 4 compañías de a 125 plazas. La unidad de negros se levantó
como Bón. de Cazadores, con la misma plana mayor. La caballería quedaba constituida por los dos regimientos
existentes, Húsares y Blandengues, y la artillería debía organizarse en un batallón de a 4 compañías de 80 plazas.
El 19 de marzo de 1823 tuvo lugar el levantamiento encabezado por Gregorio García de Tagle, en contra
de las medidas laicisitas del gobierno. Aunque rápidamente reprimido, el sacudón político movió a la
reorganización de parte de las milicias porteñas, como el Rgto. de Infantería del Orden, que pasó al mando
interino del Teniente Coronel graduado Manuel Arroyo. En junio de ese año, se autorizó por ley la creación de
un tercer regimiento de caballería de línea, con una plana mayor de coronel, teniente coronel, comandante de
escuadrón, sargento mayor, ayudante y un porta estandarte por escuadrón; no obstante, este cuerpo no llegó a
levantarse por el momento. Por ley del 5 de diciembre, volvió a establecerse la plana mayor del ejército, a
conformarse por cuatro oficiales generales, seis
oficiales jefes y doce subalternos, para la atención
de las diveras mesas de armas.
26
el escenario para que diversas agrupaciones indígenas aprovecharan el vació de fuerzas para llevar adelante
incursiones de saqueo en el oeste de la provincia, como en noviembre de 1820 cuando fue asaltada la población
de Lobos, o en diciembre de ese año, en el que Yanquetruz y sus ranqueles entró a saco en Salto, en conjunción
con las fuerzas de José Miguel Carrera, patriota chileno contrario a O´Higgins y San Martín, que buscaba la
victoria de sus aliados federales para, así, obtener su ayuda para retornar al poder en su país.
Este último suceso motivó la organización de una campaña punitiva a finales de 1820, en la que
Martínez con 1.600 milicianos e “indios amigos” avanzó hasta las cercanías de Tandil; allí fue atacado el 16 de
enero de 1821 por los indígenas, cuando se hallaba acampado. El asalto fue rechazado, pero Martínez debió
abandonar la campaña ante la amenza de los federales contra Buenos Aires.
La segunda campaña tuvo como contexto ahora el entendimiento entre los gobiernos de Buenos Aires
y Santa Fe. Rodríguez partió desde Monte a principios de marzo de 1823 con las siguientes fuerzas:
Reconstrucción moderna del Fuerte Independencia, en las sierras del Tandil. Prácticamente,
fue la única consecuencia de valía de las campañas de Rodríguez al sur de la provincia (en La
Opinión de Tandil, 26 feb. 2018).
27
Llegados a la zona del arroyo Tandil a finales de marzo, la fuerza expedicionaria permenció hasta
principios de mayo levantando el fuerte “Independencia”, fundándose además el pueblo de Tandil. Luego las
tropas continuaron la campaña: más allá del Tandil debían reunirse con una grupación de “indios amigos” que,
por el contrario, buscaron robar las caballadas. El acoso de los que los que se preveían aliados, la deserción
creciente de las milicias y otros factores motivaron que para principios de agosto se finalizaran las operaciones.
La expedición retrocedió por donde viniera, sin otro objetivo logrado que la fundación del fuerte Independencia.
Ante la continuidad de las depredaciones indígenas, Martín Rodríguez planeó una campaña mucho más
ambiciosa: extender la frontera hasta el río Negro y fortificar la misma, de manera de asegurar todo el amplio
espacio de la provincia de Buenos Aires, además de dejar una frontera militar en el mencionado río paragónico.
A finales de 1823 comenzó la reunión de hombres y materiales y, a principios de enero de 1824 comenzó la
expedición, con el gobernador Brigadier Rodríguez al frente, y al comando del ejército, el Brigadier Rondeau:
-Bón. N.°1 de Infantería de Línea, 500 hombres al mando del Cnl. Correa
-Milicias de Infantería, montados, 400 hombres
-Rgto. de Blandengues, 500 hombres al mando del Cnl. Manuel Ibarrola
-Rgto. de Húsares de Buenos Aires, 200 hombres al mando del Sgto.My. Friedrich Rauch
-Esc. de Húsares de la Muerte (milicias entrerrianas), 120 hombres al mando del Sgto.My. A. Medina
-Esc. Dragones de Entre Ríos, 200 hombres al mando del Sgto. My. A. Morel
-Escs. veteranos de los Rgtos. De Caballería de Campaña, 600 hombres al mando de los comandantes Sayos e Ibarra
-Esc./Rgto. de Voluntarios de Caballería, 100 hombres al mando del comandante Miguens
-Rgto. de Colorados de las Conchas, 250 hombres al mando del Tcnl. José M. Vilela
-Cía. de Artillería, 80 hombres con 4 piezas
-Parque y bagajes, 260 carretas
-Ganado de remonta, 6.000 cabezas
El 8 de enero se llegó a Tandil, donde, tras un tiempo para recomponer las fuerzas, el 28 de ese mes se
continuó hasta las Sierras de la Ventana, bajo el acoso de los indígenas, que robaban caballos e incendiaban los
campos por los que transitaba el ejército. Tras pasar las sierras, una vanguardia de 500 hombres con ambos
generales al frente enlazó con una pequeña escuadra marítima, enviada al efecto, en las cercanías de Bahía
Blanca. Considerado inviable el levantar un fuerte o población por lo inhóspito de la zona, la fuerza regresó,
pero transitando por malos campos, inundados y cruzados de arroyos, que dificultaron la travesía. Tas casi dos
meses, se arribó nuevamente a Tandil, con multitud de enfermos e inválidos, por las congelaciones. Finalmente,
en julio de 1824, sin haber conseguido objetivo alguno, el ejército fue licenciado.
28
plazas; el personal de banda se compondría de 4 suboficiales y 16 soldados. La milicia pasiva formaría de igual
forma, pero sin plazas veteranas. La caballería, toda activa, la formarían cuatro regimientos de a cuatro
escuadrones de a 2 compañías de 70 plazas. En la milicia activa los hombres servirían por 8 años y, cumplidos
el tiempo de serivicio o al llegar a los 45 años de edad, pasarían a la pasiva. El Rgto. de Milicia Activa de
Infantería se formaría sobre la base de la Legión Patricia mientras que, en la caballería, el 1.° Rgto. se constituiría
a partir del 1.° y 2.° de Patricios de Caballería, el 2.° de los 2.° y 3.° de Milicias de Campaña, el 3.° de los 1.° y
5.°, y el 4.° con los 4.° y 6.°.
La ley que habilitaba al gobierno a crear un tercer regimiento de caballería verterana no se había
cumplimentado, por lo que el 18 de agosto de 1824, a condición se realizar esto se autorizaba levantar un cuarto
regimiento. Recién en noviembre de ese año, con el Teniente Coronel Juan Galo Lavalle al frente, comenzó a
organizarse el tercer cuerpo de la provincia, denominado Rgto. de Coraceros.
La reorganización de 1825
La reunión del Congreso General Constituyente del año anterior comenzó sus deliberaciones en el
contexto de las crecientes tensiones generadas por la cuestión de la Banda Oriental. Invadida desde 1816 por
los lusitanos y, en 1822, bajo la órbita del ahora independiente Imperio del Brasil, la opinión pública, acicateada
por la prensa, protestaba por la situación de los hermanos de la otra banda del Plata. A mediados de abril, la
penetración de patriotas orientales en la “Provincia Cisplatina”, desató el levantamiento de la campaña, que
rápdimente se adhirió al llamado del General Juan Antonio Lavalleja, caudillo oriental. Reunido un congreso
en la localidad de la Florida, este manifestó la voluntad de los orientales de volver a la unidad con las Provincias
Unidas. Lógicamente, el Brasil consideró la situación como una declararión de guerra, por lo que se percibía el
enfrentamiento como inevitable.
Por ley del 11 de mayo de 1825 se organizaba el Ejército de Observación, sobre el río Uruguay, con el
fin inicial de impedir la violación del territorio de las Provincias Unidas por fuerzas imperiales. Estuvo
constituido en un principio por:
-2 cías./Bón. de Cazadores
-3.° Esc./Rgto. Húsares de Buenos Aires
-1.° Esc./Rgto. de Coraceros de Buenos Aires
-Bía. de Artillería (2 piezas )
-Esc. Granaderos a Caballo (Entre Ríos)
-Dragones de Mandisoví (E.R.)
-Bía. de art. con 2 piezas (E.R.)
-1 bón. de Infantería (E.R.)
A estas fuerzas se le irían sumando lentamente algunos cuerpos desde el resto de las provincias. En
tanto, el 31 de mayo se aprobaba la ley para la organización del Ejército Nacional. Por la misma se disponía que
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“El Juramento de los Treinta y tres orientales”, por Blanes (Museo Municipal de Bellas Artes, Montevideo); la cruzada contó con
apoyo indisimulado desde Buenos Aires, donde la prensa acicateaba al gobierno a tomar medidas más enérgicas, a la vez que los
principales voceros del federalismo porteño, Dorrego en particular, criticaban a viva voz la pasividad ante la situación oriental.
el ejército debía formar 4 batallones de infantería, de a 6 compañias de a 100 plazas. La caballería estaría
constituída por 6 regimientos de a 4 escuadrones de a 2 compañías de 100 plazas. La artillería se organizaría en
un batallón de a 6 compañías de 70 plazas, siendo la 1.° Cía. de zapadores. El reclutamiento se haría por
contingentes, según la población de cada distrito y su normativa al respecto.
Como complemento a la estructuración del ejército permanente, se procedió a ejecutar algunas
modificaciones a la ley de milicias de 1823; así, el 15 de julio se procedió a organizar el regimiento de infanteria
de milicia activa sobre la base de la Brigada de Infantería Patricia, con lo que las unidades que la componían
desaparecieron; el regimiento debía formar con 3 batallones de a 6 compañías de a 150 plazas, más una
compañía de artillería de 120 plazas para cada batallón. Adicionalmente, el 7 de septiembre el gobierno autorizó
la formación de un 4.° Bón. de Infantería de Milicias, a constituirse con libertos; debía organizarce con 6
compañías de a 120 plazas, más una compañía de artillería con 100 plazas.
Estas fueron las últimas modificaciones de ese año, en que se preparaba a las Provincias Unidas para el
nuevo conflicto contra el Brasil; en lo sustancial, exceptuando algunos pocos contingentes remitidos por las
provincias, la masa del Ejército Republicano, como también se lo llamó en contraste con el monárquico
brasileño, corrió por cuenta de Buenos Aires, tanto en lo que respecta a sus sostenimiento como en recursos
humanos.
30
Láminas de Louis de Beaufort
1 2 3 4
31
5 6 7 8
32
9 10 11 12
33
13 14 15 16
34
17 18
35
Como se dijo al incio de este trabajo, las láminas corresponden a la obra del uniformólogo Louis de
Beaufort, iluminado por el autor a partir de las investigaciones de Julio Mario Luqui-Lagleyze, excepto cuando
se especifique lo contrario. Así mismo, a algunas de las figuras le hemos variado la identificación puesta por
Beaufort, dado que no coincide con la documentación de los investigadores.
1. Cazador, Bón. Fijo de Infantería de Buenos Aires, 1820. Este cuerpo se creó en base al existente 2.° Bón.
de Cazadores, en mayo de 1820; su uniforme era para la tropa de casaquilla azul con solo vivos granam barras
blancas y ojal de cinta amarilla al cuello. El centro de paño azul con botines negros en invierno y de brin blanco
en verano, chacó para cazadores y fusileros, la compañía de granaderos llevó gorras de pelo. Las insignias entre
compañías era para fusileros de caponas verdes con medialuna verde y estrellas amarillas en las barras; los
cazadores con caponas ¿grana con medialuna verde?, cornetas amarillas en barras; los granaderos, caponas
verdes con medialuna amarilla y granadas en los faldones. La figura de Beaufort lleva una combinación de traje
de parada con gorra de diario, que lleva una corneta de paño amarillo como distinción del instituto.
2. Fusilero, Bón. N.°1 de Infantería de Línea, de parada, 1821-1822. Luego del levantamiento de Pagola de
octubre de 1820, al que se sumó parte del Bón. Fijo, el cuerpo fue borrado de las listas militares, cambiando su
nombre a 1.° de Línea. El cambio en el uniforme se vió acotado a que el cuello y las vueltas pasaron a ser verdes,
mientras que los vivos de las gorras cuarteleras pasaron a llevar vivos verdes. Este fusilero lleva uniforme de
parada de invierno, con centro azul; es notable la chapa del correaje, que suponemos con el número del cuerpo.
El chacó lleva los adornos de fusileros y la chapa del estilo que empezó a imponerse durante la década de 1820,
de escudo nacional con trofeos y medialuna, de inspiración napoleónica y española.
3. Teniente Coronel, Bón. Fijo de Infantería de Buenos Aires, de parada, 1820. Este personaje lleva
uniforme de oficial de granaderos, con el estilo de gorra de la década pasada y que, según la documentación
hallada por Luqui-Lagleyze, se usaron ya que se consiguieron “unas baratas”. Sin embargo, por tratarse de un
oficial jefe, debería usar elástico, y no la gorra de un oficial de compañía.
4. Coronel, Bón. N.°1 de Infantería de Línea, de parada, 1821-1822. Lleva el uniforme modificado en el
color de la divisa, de parada. Creemos, sin embargo, según los colores del mismo que Beaufort (en el origianl
las solapas y las carteras de los puños son blancos) confundió la figura con otra de su autoría, específicamente
a un oficial jefe argentino del Rgto. N.°4 de Infantería, del ejército del Perú en 1822. Aquí lo hemos modificado
para cumplir con los parámetros del traje de este cuerpo: solapas y carteras de vuelta azules. El escudete blanco
en el brazo izquierdo corresponde a un escudo o premio militar, que no identificamos. Lleva el elástico de oficial
superior y las charreteras del grado.
5. Sargento Mayor, Legión Patricia, de parada, 1820-1825. En noviembre de 1820 los Tercios Cívicos,
nacidos una década antes, fueron transformados en un regimiento de 3 batallones, de a 6 compañías de 100
plazas los dos primeros batallones, y de a 80 plazas el tercero. La plana mayor debía formar con coronel
veterano, teniente coronel comandante del 1.° bón., 2 tenientes coroneles sin sueldo como jefes de los otros
36
batallones, sargento mayor, ayudante 1.°, ayudante 2.°, 3 abanderados (1 por batallón) sin sueldo, tambor mayor
y tambor de órdenes. Cada compañía con un cuadro veterano de sargento 1.°, cabo 1.°, 2 cabos 2.° y un tambor.
El uniforme fue diseñado según los parámetros que se consideraban en el momento, de lo que había sido el traje
de los Patricios de 1806: azul con cuello grana y vivos blancos, cabos amarillos.
6. Cazador, 2.° Bón. de Cazadores, de parada, 1820. Soldado de compañía de centro para un batallón ligero,
de parada. Este cuerpo se formó en 1816 y llegó a participar en las campañas civiles; formó con 1 compañía de
carabineros y 5 de cazadores. Fue suprimido el 18 de mayo de 1820.
7. Fusilero miliciano, Legión Patricia, de parada, 1820-1825. Miliciano de los viejos Tercios, de parada.
Nótese el escudo de manga, resemblanza del llevado por los Patricios de las jornadas de 1807. La tropa habría
llevado chaquetas y no casaquillas.
8. Granadero, Bón. N.°1 de Infantería de Línea, 1820-1822. La compañía de granaderos de este cuerpo,
heredero del Fijo, siguió llevando las gorras de pelo, conseguidas a bajo costo. No obstante, estas eran “gorras
de pelo con mangas como los antiguos”, o sea del estilo llevado desde antes de1810; aquí, Beaufort la
reconstruye siguiendo el perfil de las gorras de pelo europeas, casi napoleónicas, con cordones y chapa al frente.
El resto de traje es el que corresponde, con sardinetas de granaderos en las vueltas y las caponas del cuerpo.
Nótese los calzoncillos cribados bajo los pantalones de brin.
9. Miliciano del Rgto. de Infantería del Orden, 1820-1825. Cuerpo formado en octubre de 1820 a partir del
Tercio de Imaginaria, una unidad de milicias pasivas de infantería creada en 1816 y constituida por profesionales
y artesanos de la ciudad. Estuvo al mando inicialmente del Cnl. Félix de Álzaga y, en 1823, pasó a integrar
junto a la Legión Patricia la Brigada Patricia, de infantería. Su uniforme es de casaquilla azul con vivos y forro
amarillo, cabos amarillos, centro blanco con botín igual, sombrero redondo (denominación contemporánea de
nuestra “galera”) con penacho blanco y cucarda.
10. Moreno voluntario de infantería de los Rgtos. de Caballería de Milicias de Campaña, 1821. Estos
regimientos se habían formado a principios de 1816 en la campaña bonaerense, en número de seis y permane-
cerían en activo durante todo el gobierno de Rosas, transformándose en la masa de la caballería federal. A demás
de los escuadrones montados, contaban con plazas de libertos, que actuaban como infantería. El uniforme de
éstos era de chaquetas azules con vivo y botón blanco, centro azul y blanco, según estación, sombrero armado
con penacho blanco. Probablemente fueran descalzos, pero Beaufort lo ilustró con botas de potro.
11. Soldado del Rgto. de Blandengues, 1822. El antiguo cuerpo rioplatense había sido disuelto en 1820, pero
un par de años después fueron recreados para suplir a la defensa de la extensa frontera sur de la provincia. Para
su regeneración se reclutó toda tropa veterana de los escuadrones y compañías de línea de la campaña. Su
uniforme era de sombrero redondo con penacho grana, chaqueta azul con vivos y vueltas grana, botón amarillo,
37
chupín grana, pantalón azul o blanco, poncho de bayeta azul con carteras grana. Correajes barnizados de ama-
rillo.
12. Soldado veterano de los Rgtos. de Caballería de Caballería de Milicias de Campaña, 1821. Este hombre
representa al elemento montado de esos cuerpos, en los que se encuadraban las compañías o piquetes de volun-
tarios, como el moreno antes descrito. Su traje de sombrero armado con cucarda, penacho y número del cuerpo
sobre la primera, chaqueta azul con vivos grana, cabos blancos, pantalón azul con chiripá de bayeta verde,
poncho azul con carteras grana. Como veterano, o sea carabinero, lleva la tal arma de fuego.
13. Cabo 2.° miliciano, Rgto. de Milicia Activa de Infantería, 1825. La ley de milicias de1823 estableció que
la infantería porteña tenía que formar un regimiento de a 3 batallones a 6 compañías de 80 plazas; el cuadro
veterano sería de coronel comandante, sargento mayor, 3 ayudantes, 21 sargentos, 21 cabos y 10 tambores. Sin
embargo, la orgánica no fue aplicada, dado que la Brigada de Infantería Patricia continuó existiendo, hasta la
reforma de 1825 a la ley de milicias, que aumentó las plazas de las compañías. El uniforme de la infantería
activa debía ser de paño encarnado con divisa verde y vivos blancos, cabos amarillos, sombrero redondo con
cucarda y penacho blanco; lleva en la manga la tira de grado, según botón.
14. Trompa veterano, Rgtos. de Milicias de Caballería, 1825. Estos regimientos se constituyeron a partir de
los existentes regimientos de caballería de campaña, creados en 1816 (que les pervivieron); debían formar con
4 escuadrones de a 2 compañías. El cuadro veterano era de coronel, teniente coronel o sargento mayor coman-
dante, 2 ayudantes, 8 sargentos, 8 cabos y 4 trompas. El uniforme era encarnado con centro blanco para parada,
y de paño azul para diario, bota fuerte; los trompas se distinguían por las jinetas o ángulos de paño azul en las
mangas.
15. Fusilero, Bón. de Fusileros, 1822-1826. La ley de 1822 estableció el ejército de línea, con la infantería con
dos batallones, uno de blancos y otro de negros. El 1.° de Línea pasó a ser el Bón. de Fusileros, con una plana
mayor de coronel o teniente coronel comandante, sargento mayor, 2 ayudantes y abanderado; su fuerza de 4
compañías era para cada una de capitán, teniente 1.°, teniente 2.°, subteniente, 125 de clases y tropa. Su uniforme
continuó siendo el mismo que el del 1.° de Línea: aquí vemos la versión de diario o campaña, con chaqueta toda
azul con vivos grana, sardineta amarilla, charreteras para fusileros en lana, gorra de plato, pantalones y botines
de brin.
16. Soldado, Rgto. N.°5 de Caballería, 1825. Por ley del 31 de mayo de 1825 se reorganizaba el ejército
permanente nacional que, lógicamente, en un principio estuvo basado en las unidades de línea de la provincia
de Buenos Aires. Los regimientos de caballería debían contar con una plana mayor de coronel, teniente coronel,
3 comandantes de escuadrón, sargento mayor, ayudante, y 4 portaestandartes; las compañías con capitán, te-
niente, 2 alféreces. El uniforme reconstruido parte del decreto del 5 de octubre de 1825 para toda la fuerza del
38
ejército que, creemos, no llegó a implementarse o por lo menos no en su totalidad; para el RC.5 ordenaba casaca
corta recta azul con cuello amarillo, vueltas encarnadas, vivos amarillos, cabos amarillos, una chaqueta de diario
con igual configuración, ambas con el número del cuerpo en seda amarilla en la manga izquierda, centro azul o
blanco, gorra cuartelera azul con adorno amarillo. Para abrigo poncho de bayeta azul con vivo amarillo.
17. Coronel, Bón. N.°2 de Cazadores. 1820. Este uniforme era similar al llevado en esa época por una unidad
del Perú creada por San Martín, el Bón. de Cazadores del Ejército. Existe el retrato del comandante de éste
último por el “pintor de Libertadores” Gil de Castro, el entonces Coronel José María Aguirre, donde se aprecian
los detalles del traje.
18. Sargento Mayor, Bón. de Artillería de Buenos Aires, 1823. La ley de 1822 establecía un batallón de
artillería de 320 plazas en 4 compañías, denominado “de Buenos Aires”. Su uniforme es de casaca recta azul
con cuello y vueltas granas con galón oro, barras azules, vivos grana, granadas oro en cuello y faldones, centro
azul con galón, chacó con cordones oro y penacho grana.
Bibliografía
Best, F.; Historia de las guerras argentinas, Tomo II, GRAFICSUR SRL, Buenos Aires, 1983.
Cdo. En Jefe del Ejército, Reseña Histórica y Orgánica del Ejército Argentino, T. I y III, Círculo Militar, Buenos Aires,
1972.
Domínguez, E.; Colección de Leyes y Decretos militares, Tomo I,
Floria, C.A., García Belsunce, C.A.; Historia de los argentinos, Larousse, Buenos Aires, 2001.
Luqui-Lagleyze, J.M.; La Gobernación y Virreinato del Río de la Plata, Ed. El Húsar, Buenos Aires. 2020.
- Los Cuerpos Militares en la Historia Argentina, Mater Dei, Rosario, 1995.
Walter, J.C.; La conquista del desierto, EUDEBA, Buenos Aires, 1970.
39
Ejércitos y Unidades
Introducción
Hace diez años, entré en el apasionante mundo de la recreación histórica, lo que me permitió acercarme
a la historia desde otro lugar. El grupo al que pertenezco, el Círculo de Recreación Histórica Siglo XIX recrea,
entre otros, al Batallón Nro1 de Cazadores de los Andes, que formara parte del ejército creado por San Martín
con el objetivo de llevar a cabo su gesta emancipadora. Además de recrear los combates que marcaron nuestra
historia, llevamos a cabo continuamente tareas de investigación y de divulgación histórica. Una parte de éstas
las publicamos en nuestra página de Facebook. Hace un tiempo, desde Chile nos llegó un comentario que des-
pertó mi curiosidad. Un señor, que decía ser miembro del Cuerpo de Infantería de Marina de Chile, nos relataba
que en el Himno creado en 2018 para conmemorar el bicentenario de la creación de ese cuerpo, se mencionaba
40
a los “Cazadores de los Andes”, y nos preguntaba si se trataba de la misma unidad que nosotros recreábamos.
Esta consulta me sorprendió, y comencé a investigar.
El primer escollo fue encontrar la letra del himno. Fue imposible hallar la lírica, y los intentos de contactar
con autoridades chilenas que pudieran ser de ayuda fueron infructuosos. Recurrí finalmente a nuestros amigos
de la Asociación Histórico Cultural “Guerra de la Independencia de Chile”, un grupo de recreación histórica e
investigación del hermano país trasandino. Finalmente pudimos encontrar un video sobre este himno, titulado
“Bravos soldados del mar” y luego de verlo varias veces pudimos reproducir la letra cuyo tercer párrafo se
transcribe a continuación:
Efectivamente, se mencionan a “veinticinco Cazadores de los Andes”, así que continué investigando,
hasta que di con el Museo Marítimo Nacional, de Valparaíso Chile, y pude contactarme con su curador, Eduardo
Rivera Silva quien había publicado, oh casualidad, un pequeño artículo sobre la génesis del Cuerpo de Infantería
de Marina de Chile en un libro de distribución interna dentro de la armada chilena, editado durante 2018 para
conmemorar el bicentenario de este cuerpo. Acompañaba el artículo la ilustración de la fig. 2, que gentilmente
me cediera para compartirla. Esta confirmación me decidió a indagar con mayor profundidad.
20
Disponible en línea en el canal oficial de la Armada de Chile:
https://www.youtube.com/watch?v=f0dm9D9FXYU&t=91s
21
Mitre, B., Historia de San Martín y de la Emancipación Sud-Americana, Tomo I, Félix Lajouane Editor, Buenos Aires,
1887, p. 494
22
Nellar G. y otros, Reseña histórica y orgánica del Ejército Argentino, Tomo I, Círculo Militar, Buenos Aires, 1971, pp.
41 171-172
Llegado el momento del cruce de Los
Andes, el batallón tendría una plantilla de
unos 594 hombres. Luego de la distribución
de fuerzas efectuadas por San Martín, a los
Cazadores les corresponderá marchar con el
grueso del ejército en la vanguardia a cargo
del general Soler, por Los Patos. Lo harán
como parte del segundo escalón, cuyo mando
fuera confiado a Alvarado, iniciando la mar-
cha el día 10 de enero de 1817, un día después
que lo hiciera el primero23.
Durante la batalla de Chacabuco, el 12
de febrero, formó parte del ala derecha del
Ejército de los Andes, que intervino en un mo-
vimiento envolvente que aseguró el triunfo,
teniendo sólo una baja24. Participó luego en
numerosos hechos bélicos, entre ellos el
Desastre de Cancha Rayada, el 19 de marzo
de 1818, y de la batalla de Maipú, el 5 de abril
de 1818. En febrero 1819 el batallón regresa
junto a San Martín a Mendoza como parte de
una división compuesta también por Granade-
ros y Cazadores a Caballo, artillería y el cuar-
tel general. El resto del ejército quedará en
Chile al mando de Las Heras.
El batallón de Cazadores se acantonará
Soldado del Bón. N.°1 de Cazadores de los Andes, en campaña (por Gi- en San Juan, donde debían iniciar un proceso
llermo Roux). de reorganización para convertirse en drago-
nes25. Mientras tanto se la anarquía se propa-
gaba en las Provincias Unidas. Rondeau, nuevo Director Supremo, decidió utilizar todos los medios militares a
su alcance para someter a los caudillos federales del litoral. San Martín, que no deseaba participar de una guerra
civil, renuncia a su cargo de comandante del Ejército de los Andes y a principios de 1820 regresa a Santiago de
Chile. El 8 de enero se sublevará el Ejército del Norte, en Arequito, y el 9, los Cazadores de los Andes. Si bien
23
Ornstein, L., La Campaña de los Andes a la luz de las doctrinas de guerra modernas, Talleres gráficos del Instituto
Geográfico Militar, Buenos Aires, 1931, pp. 302-303.
24
Ibídem. p. 354.
25
Soldados que hacía el servicio alternativamente a pie o a caballo, es decir, combatían como infantería o caballería.
42
Alvarado marchó desde Mendoza, a reprimir a los sublevados, decidió a pedido del Cabildo, no hacerlo para
evitar sufrimientos a la población civil. El motín fue finalmente desactivado diplomáticamente, pero no se pudo
recuperar el batallón, que fue disuelto, reincorporándose la mayoría de los oficiales al Ejército Unido, regre-
sando por orden de San Martín a Chile con Alvarado y los restos de la división.
26
Santibáñez, H.T., Cerda, M.T., Los parques nacionales de Chile: una guía para el visitante, Colección Fuera de serie,
Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2004, pp. 49-50.
27
Vicuña Mackenna, B., Juan Fernández. Historia verdadera de la isla Robinson Crusoe, Rafael Jover Editor, Santiago
de Chile, 1883, p. 301.
28
Ib., p. 404.
43
segura prisión a los cómplices que hayan tenido parte en la primera revolución, o en la continuación de ella
como motores o cabezas, i asimismo a los miembros del gobierno revolucionario, los cuales se enviarán a Juan
Fernández hasta que, formulada la correspondiente sumaria, se les juzgue según las leyes, con lo cual se quita
el recelo de que puedan volver a conspirar” 29.
Y si bien Osorio había ofrecido garantías, en las oficinas del gobierno se comenzó a elaborar una lista de
las personas sobre las que caería la represión. El obispo electo, José Santiago Rodríguez, haría lo mismo con
los nombres de los religiosos que colaboraran con los patriotas chilenos durante este breve período indepen-
diente30. Prácticamente todos los patriotas detenidos lo fueron en sus casas, entre el 7 y 9 de noviembre, debido
a que confiando en la promesa de Osorio, no habían tomado las precauciones del caso. Sobre aquellos detenidos
considerados como motores o cabezas de los movimientos de la Patria Vieja, se procedió al destierro a Juan
Fernández. Osorio había hecho los deberes, haciendo habilitar nuevamente el presidio.
El 10, los patriotas fueron enviados caminando hasta el puerto “sin más ajuar que la ropa que llevaban
puesta, ni mas alivio en tan penoso viaje que el que podían adquirir de sus guardas, con el poco oro que el
acaso les permitió llevan consigo cuando fueron prendidos…”31. Finalmente se enviarán a Juan Fernández a
prisioneros de tres clases: los desterrados por su participación en los sucesos revolucionarios, los condenados
por insurgentes (es decir, que habían participado en hechos de armas contra la corona) y los presos comunes,
condenados por asaltos, asesinatos, violaciones y un largo etcétera32.
Una vez instalados en Juan Fernández, el aprovisionamiento de víveres y demás sería llevado a cabo cada
dos meses por la corbeta Sebastiana. En San Juan Bautista, el poblado (único de las islas) donde estaba el
presidio, los prisioneros vivirían miserablemente. Las mejores edificaciones se reservarían para la guarnición y
el clero. Para los prisioneros, el resto. Algunos, los más afortunados (por tener oro con qué negociar) fueron
albergados en “chozas miserables cubiertas de paja, expuestas al viento y a la intemperie”33. Los menos afor-
tunados, habitarían en grutas que fueran excavadas por otros prisioneros muchos años atrás. Todos los presos
sin distinción sufrirán el ataque constante de avispas y ratas, constituidas en plagas de la isla.
A eso habría de sumarle los padecimientos de los presos políticos, acostumbrados a la comodidad y a no
lidiar con la violencia que demostrarían los presos comunes. Además, la escasez de abrigo, elementos esenciales
y de víveres será siempre una constante, que agudizará el padecimiento de todos los prisioneros. La corrupción
se hizo carne en la guarnición, a la que se le debían varios meses de sus sueldos, a tal punto que el mismo
gobernador les vendía a los prisioneros los alimentos y artículos enviados por sus familias.
Para colmo de males, el 5 de enero de 1816 se produjo un incendio de grandes proporciones en el Presidio.
Una consecuencia fue la destrucción de algunas de las mejores edificaciones y la pérdida de algunas vidas. Y a
pesar de que el 12 de febrero de 1816, el Rey Fernando VII había concedido un indulto general en beneficio de
29
Barros Arana, D., Historia General de Chile, Tomo X, Santiago de Chile, Rafael Jover Editor, 1889, p. 22.
30
Romo Sánchez, M., Prisión de los patriotas chilenos en Juan Fernández, 1814-1817, Apostrophes Ediciones, 2004, p.6.
31
Vicuña Mackenna, B., op. cit., p. 415.
32
Romo Sánchez, op. cit., p. 15.
33
Barros Arana, D., Historia General de la Independencia de Chile, T. III, Santiago de Chile, Imprenta del Ferrocarril,
1857, p. 50. 44
todos quienes hubieran sido procesados y desterrados, Marcó del Pont (que había sustituido a Osorio en 1815)
se dio maña para no obedecer la orden real.
Estos abnegados patriotas deberán esperar al triunfo de las armas patriotas en Chacabuco, el 12 de febrero
de 1817. El 16, Bernardo O'Higgins es elegido Director Supremo de Chile, y entre sus primeras preocupaciones
estará la de liberarlos. La primera complicación para lograr este objetivo fue carecer de una embarcación ade-
cuada para tal cometido. El Teniente Coronel Rudecindo Alvarado, jefe del Batallón Nº 1 de Cazadores de los
Andes, que fuera nombrado Gobernador Político y Militar de Valparaíso en febrero de 1817, ordenó mantener
ondeando las banderas españolas de las baterías del puerto de la ciudad, con el objeto de engañar a cualquier
embarcación española que, ignorando el triunfo de las armas patriotas, quisiera atracar en dicho puerto. Esta
estratagema dará resultado el 26 de febrero, cuando el bergantín español Águila de 220 toneladas penetró, en-
gañado, en el puerto. El alta del Águila (fig. 4) como buque de la armada española había ocurrido en 1796,
cuando el bergantín (en ese momento estadounidense) con el nombre de Eagle, fue capturado en Coquimbo
cuando se determinó que venía desde Buenos Aires con un contrabando de lencería. El barco, ya con nueva
tripulación, fue llevado a Valparaíso y reacondicionado como una nave de 50 cañones34. Luego su derrotero se
pierde en la bruma de la historia hasta ese día.
Volviendo al momento de su captura en
1817, al ingresar al puerto, y apenas
echada el ancla fue capturado por tropas
chilenas enviadas por Alvarado35. Una vez
armado con 16 carronadas36 requisadas a
los mercantes que se encontraban en el
puerto (al parecer había sido despojado de
sus 50 cañones en algún momento), se
confió el mando a un oficial del Ejército
de los Andes, Raimundo Morris. Este ofi-
Bergatín realista Águila em 1817, óleo de Guillermo Grossmacht, 1931. cial fue quien había comandado a los sol-
dados que tomaron por asalto el Águila
abordándolo desde un bote. En virtud de la audacia y desenfado con el que llevó a cabo la acción, se ganará el
sobrenombre de “El Loco” 37.
34
López Urrutia, C., Historia de la Marina de Chile, Ed. Lulu, 2008, p. 22.
35
Mitre, B., Historia de San Martín y de la Emancipación Sud-Americana, Tomo II, Félix Lajouane Editor, Buenos Ai-
res, 1889, p.284
36
Las carronadas eran piezas de artillería navales más pequeñas que los cañones, y de menor precisión, pero muy efica-
ces en combates cerrados.
37
Mackay Schiodtz, E., “El teniente Raymond Morris, comandante del primer buque de la armada de Chile”, En: Revista
45 de Marina Nº 956, 2017, Santiago de Chile, pp. 14-19
El enigma Morris, y un hallazgo asombroso.
Ahora bien, ¿quién era este Morris? Sabemos con seguridad que, con sólo 25 años, se convirtió en el
primer comandante del primer barco de la flamante Armada de Chile. Y también se conoce que su nombre
previo a la castellanización (práctica común en la época) era Raymond Harvey Morris. Su origen, es controver-
sial. Algunos historiadores sostienen que era estadounidense, otros afirman que su origen era irlandés y que
había servido en la Royal Navy. Mitre refiere que arribó a Chile como parte del Ejército de los Andes38, y
Schiodtz, agrega que lo hizo “comandando una compa-
ñía de artillería”39. Todos coinciden, eso sí, en que su
comportamiento en la batalla de Chacabuco fue tan no-
table que llamó la atención de O’Higgins, quien enterado
de su carrera como oficial naval lo destinó a Valparaíso.
Buscando en los documentos del Archivo General
de la Nación Argentina, finalmente llegué a un hallazgo
asombroso: Morris, no sólo pertenecía al Ejército de los
Andes, sino que además era oficial del Batallón N° 1 de
Cazadores de los Andes. En un oficio del 18 de enero de
1817 (es decir, previo al cruce de los Andes) se informa
haberse expedido (con fecha del día anterior) de, entre
otros, el despacho de teniente segundo de la 1.° compañía
del Batallón N° 1 de Cazadores de los Andes al subte-
niente de la 4.° a Don Reimundo (sic) Morris40. Esto en-
tonces colocaría a los Cazadores de los Andes no sólo
como origen de la Infantería de Marina de Chile, sino
también como el cuerpo que proporcionó el comandante
al primer barco de la Marina Chilena, duplicando el mé-
rito de este cuerpo en la formación de la armada del país
hermano allende los Andes.
Retornando a la misión de rescate, una vez comi-
sionado Morris al mando del Águila, como segundo se
Subteniente de Cazadores de los Andes, por Jorge H. Fer-
nombró al chileno Pedro de la Cruz y como pilotos a nández Rivas, en “Uniformes del Ejército Argentino”.
Santiago (James) Hurrel y Juan (John) Young, estos úl-
timos ingleses. La tripulación se completaba con 25 marineros ingleses y 18 chilenos. El gobierno, el 3 de marzo
le ordenaría a Alvarado lo siguiente: “Luego que reciba V. ésta, dispondrá que a la mayor brevedad se apronte
el bergantín Aguila, incluyendo en él víveres bastantes para alimentar por espacio de dos meses a doscientos
38
Mitre, B., op. cit. , Tomo II, p.284
39
Mackay Schiodtz, E., op. cit. p. 15.
40
Archivo General de La Nación (en adelante AGN), Sala X, Legajo 428, folios 135-136.
46
individuos y la aguada suficiente para llegar a Juan Fernández.- Cuidará V. de que su tripulación sea de la
mayor confianza y deberán ir a bordo veinticinco Cazadores armados y municionados, al mando del oficial
Morris o de otro que sea de plena satisfacción, dándome pronto aviso en el momento en que esté todo dis-
puesto”41. Estos 25 Cazadores, no serían otros que los integrantes de un piquete del Batallón N°1 de Cazadores
de los Andes, al mando de un oficial de ese cuerpo, de nombre Antonio Martel.
Martel era un veterano de las campañas de la “Patria Vieja” en Chile, ya que había formado parte como
cirujano, del contingente cordobés que se sumaría en Mendoza a otras tropas que, con la denominación de
Batallón de Auxiliares de Chile, cruzaría la cordillera para combatir junto a los patriotas chilenos contra los
realistas42. Luego de la derrota de los chilenos en Rancagua, los Auxiliares argentinos les brindarían a los emi-
grados chilenos que cruzarán los Andes rumbo a Mendoza la protección necesaria para que lo hicieran sin ser
molestados. Una vez en esa ciudad, los Auxiliares formarán la base del Ejército de los Andes, y pasarán a ser el
núcleo del Batallón N° 11 al que pertenecerá, en un principio Martel. Para 1815 era uno de los dos cirujanos
encargados de la pata médica de la selección de hombres para el Ejército de los Andes43. A partir de la formación
del Batallón N° 1, pasará a revistar dentro de sus filas. Es en este batallón, donde servirá en Chacabuco, y luego,
en su doble calidad de cirujano y oficial, será enviado a Juan Fernández, para además de comandar el piquete
de Cazadores, controlar la salud de los prisioneros liberados.
El Águila llevaría a bordo también al comandante realista teniente coronel de artillería Fernando Cacho
(que había sido tomado prisionero en Chacabuco) y a José Antonio Rodríguez Aldea (ex hombre de confianza
de Osorio que luego de Chacabuco pasaría a colaborar con O’Higgins) para acordar con el gobernador español
de la isla la entrega de los prisioneros. Debido a la falta de viento, el Águila pudo zarpar desde Valparaíso recién
el día 18 de marzo. A Morris, se le darán, entre otras, las siguientes órdenes:
41
Romo Sánchez, M., op. cit.0, pp. 54-55.
42
Ferrero, R., Córdoba y los Auxiliares argentinos de 1813, Asoc. Cultural la Vuelta del Guerrero, Córdoba, 1999, p.
43
Carelli A., Historia de los servicios médicos para el ejército de los Andes durante la campaña libertadora del general
San Martín, Casa Ceylan, Buenos Aires, 1946, p. 65.
47
Una vez llegados a destino el 24 de marzo, a las 11 de la mañana, Morris hizo que el bergantín anclara
fuera del alcance de los cañones del presidio, y envió al grupo que oficiaría de parlamentarios, junto a un nutrido
grupo del piquete de Cazadores de los Andes, perfectamente equipados y amunicionados, como elemento extra
de presión. Apenas desembarcado, el teniente coronel Cacho puso en conocimiento del capitán del regimiento
Talavera, Ángel del Cid gobernador del archipiélago, de una comunicación que O’Higgins le ordenara transmi-
tirle. En ella se le indicaba “que tres mil prisioneros de guerra españoles con sus jefes y el presidente Marcó
del Pont, responderían por la seguridad de los desterrados y su inmediata entrega al coronel Cacho; que el
gobernador podría acompañarlos, si así le convenía, en cuyo caso sería recibido con hospitalidad y remitido
al punto que designase”44.
Ante tales condiciones, suponiendo que en el bergantín habría más Cazadores embarcados, vencedores
en Chacabuco prestos a entrar en acción, el gobernador aceptó los términos de la rendición y se embarcó junto
con los patriotas rescatados. A cargo interinamente de la gobernación, quedó un capitán realista perteneciente a
la guarnición del presidio, de apellido Puga, con un piquete de cuarenta soldados, para custodiar a un grupo de
delincuentes comunes que permanecerían en la isla. Se les prometió enviar cuanto antes otra nave para hacerlos
retornar al continente, debido a que la capacidad del Águila estaba a tope.
Los preparativos para el viaje se produjeron en tiempo récord, partiendo la nave de regreso el día 25 a la
tarde, un día y medio después de haber llegado al archipiélago. Durante el retorno hubo de lamentar en un primer
momento “dos días de un viento contrario, y repetidas calmas”45 del mismo. Pero la complicación mayor no
fue lo imponderable del clima, sino la actitud de la marinería inglesa que trajo muchos dolores de cabeza, no
sólo a Morris, sino a Martel, el oficial a cargo de los Cazadores embarcados en el Águila, y a los pasajeros.
Durante la travesía de vuelta al continente, varios de los tripulantes ingleses cometieron excesos, “llegando su
atrevimiento al término de tomar las armas contra sus oficiales y la tropa que guarnecía el buque; introdu-
ciendo la confusión y el temor entre los señores que venían de la isla, robándoles su equipamiento y, por último,
sin obedecer autoridad alguna”46. Los Cazadores se impusieron finalmente a la marinería revoltosa, pudiéndose
evitar el derramamiento de sangre. Sin embargo, al verse impedidos de tomar las armas de los Cazadores, se
dedicarían a la sustracción de dinero y efectos personales a los pasajeros.
Finalmente, el Águila arribará a Valparaíso el 31 de marzo de 1817, trayendo de vuelta al continente a
unas 154 personas (la copia del informe presentado por Morris presente en el Archivo General de la Nación
Argentina determina esta cifra, mientras que en el archivo O´Higgins contabiliza 15247. He elegido la primera
debido a que pude tener en mis manos el documento y fotografiarlo, mientras que lo que figura en el segundo
es una transcripción moderna del oficio real al que no pude acceder).
44
Colección de Historiadores y de Documentos relativos a la Independencia de Chile, Tomo XII, Imp. Cervantes, San-
tiago de Chile, 1904, p. 351.
45
AGN, Sala X, Legajo 428, folio 248
46
Archivo De Don Bernardo O’Higgins(en adelante ABO), Tomo XIX, Editorial Universidad Católica, Santiago de
Chile, 1959, pp. 434-435.
47
ABO, Tomo XIX, op. cit., pp. 425-430. 48
Sugetos (sic) destinados a dicha Isla por el gobernador realista48……….78
Personas que acompañaban a sus padres…………………………………..4
Criados de ambos sexos para su servicio…………………………………14
Oficiales realistas (incluyendo al gobernador)…………………………… 3
Otros empleados……………………………………………………………4
Tropa realista (discriminados por cuerpo)
Talavera (incluye dos esposas)..………………………………………….6
Infantería de Concepción (incluye 4 esposas)……………………………12
Artillería de Valparaíso (incluye 2 esposas)……………………………….5
Presidiarios………………………………………………………………..20
Mujeres solteras……………………………………………………………7
Don Bartolo Fuenzalida……………………………………………………1
Total 154
Este último personaje, era un “pobre hombre, de alta condición social [que] estaba sin condena y sin
saberse su delito ni tiempo”49.
Morris en su informe a O´Higgins, reconoce que “no pudiendo desentenderse de los clamores de todos
los habitantes de aquel Presidio que me pedían también la libertad, tuve que admitir a bordo a los que también
se expresan con distinción en la misma relación, persuadido firmemente que la generosidad de V. E. no tiene
límites quando se trata del alivio de la humanidad oprimida”50.
El 1 de abril, O’Higgins enviará un oficio a San Martín informándole que: “La Aguila ha regresado
felizmente de Juan Fernández, trayéndonos el precioso cargamento de 78 ciudadanos ilustres que gemían en
aquel destierro, bajo la tiranizante conducta de los peninsulares, como anuncian los papeles adjuntos. V. E. se
complacerá conmigo por tan interesante adquisición, recibiendo de nuevo la gratitud de Chile por esta reite-
rada victoria que corona las gloriosas fatigas del Ejército de los Andes”51. En otro oficio, esta vez dirigido al
Director Supremo de las Provincias Unidas, además de informar de la liberación de los prisioneros y de su
llegada sanos y salvos a Valparaíso, calificará al hecho “como un nuevo triunfo debido a las valerosas Armas
Argentinas”52. Ese día se festejará el hecho haciendo replicar las campanas de la capital, y disparando el cañón
de la fortaleza. Unos días más tarde, San Martín remitirá también un oficio al Director Supremo de las Provincias
Unidas, junto con el parte del gobernador de Valparaíso. Desde el gobierno se decide publicar la noticia en la
Gaceta de Buenos Aires, dándosele una amplia cobertura en el número 17, aparecido el 26 de abril53, incluyendo
el nombre de todos los liberados.
48
La lista incluye nueve sacerdotes desterrados allí por adherir a las ideas revolucionarias.
49
Romo Sánchez, M., op. cit., p.60.
50
AGN, Sala X, Legajo 428, folio 248.
51
ABO, Tomo XIX, op.cit., p. 432.
52
AGN, op. cit., ff. 248-250.
53
Gaceta de Buenos Aires (1810-1821), Reimpresión Facsimilar, Junta de Historia y Numismática Americana, Tomo V,
49 Cía. Sudamericana de Billetes de Banco, Buenos Aires, 1914, pp. 99-100.
Dentro del contingente de prisioneros liberados por
la acción del Águila se encontraban, entre otros patriotas
que dejarán una huella profunda en la historia chilena, Juan
Egaña (principal redactor de la Constitución Chilena de
1823) y Manuel Blanco Encalada, primer comandante de la
Armada de Chile, y primero en ostentar el título de presi-
dente de la república de Chile.
A pesar de considerarse a esta acción como génesis
del Cuerpo de Infantería de Marina, se tomará como fecha
de nacimiento tanto de este cuerpo como de la Armada Chi-
lena el 16 de junio de 1818, cuando O´Higgins firmó el de-
creto que designó el primer mando en Jefe a Flote, nom-
brando al capitán John Higginson como comandante inte-
rino de la primera flotilla de la Armada54.
58
Academia de Historia Naval y Marítima de Chile, Disponible en línea en http://historianaval.cl/programas/inicio/in-
dex.php?opcion=bm90aWNpYXNfZGV0YWxsZQ%3D%3D&id_pub=NTAz
59 Mackay Schiodtz, E., op. cit., p. 19
60 Documentos del Archivo de San Martín, Cancharayada y Maipú, Tomo IV, Impr. de Coni Hermanos, Buenos Aires,
1910, p. 88.
51 61 Ibídem
desde San Juan a Chile para formar parte de la expedición libertadora que se embarcará hacia el Perú 62. Para
ese entonces, contaba con el grado de capitán de ejército. A partir de allí, su nombre se desvanece en las brumas
del tiempo.
El último gobernador realista de la isla, el capitán del Talavera Ángel del Cid, seguirá un tiempo más en
Chile, solicitando por medio de una serie de oficios sueldos atrasados y recomposición de los caudales robados
para poder embarcar y volver a España. Finalmente, debido a “que la exhaustez y apuros del erario desisten
erogación más generosa” 63 se le darán 200 pesos y un pasaporte, para que pueda cruzar los Andes y embarcar
en Buenos Aires, rumbo a Europa.
Sobre Fernando Cacho (el prisionero enviado por Alvarado a conferenciar a Juan Fernández) se conoce
bastante más. En un oficio reservado enviado al gobierno central del 14 de mayo de 1817 por San Martín, éste
reconoce que, si bien le había prometido liberarlo y dejarlo partir hacia Lima a cambio de su ayuda en favor de
los prisioneros, no podría finalmente cumplir con lo prometido, debido a que “siendo la salud pública la Su-
prema Ley, y considerando que los conocimientos de Cacho en el servicio de los enemigos deven [sic] perjudi-
car a la causa de la América”64. Es por ello que enviará un oficio a Belgrano para que, una vez llegado a
Tucumán, en vez de dejarlo partir hacia Lima por el Alto Perú, lo enviara a Buenos Aires, para que pasara “a la
Península en alguno de los Buques ingleses que zarpen para Inglaterra”65.
Y si bien el gobierno central le responderá a San Martín que le dará la libertad, cuando Cacho llega a
Buenos Aires, es detenido y llevado a Las Bruscas, el principal campo de detención de prisioneros realistas en
el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. De este centro de detención, ubicado a orillas de la
laguna Santa Elena, cerca de la actual ciudad de Dolores, y habitado en su mayor parte por realistas capturados
en las campañas de Chile y Montevideo, huirá Cacho. Pasará primero a Montevideo y luego a Río de Janeiro,
para después seguir viaje al Alto Perú, a través de una dura marcha por el Mato Grosso. Llegará a Arequipa en
agosto de 1818, y finalmente a Lima. Continuará siendo comandante de artillería, siendo ascendido a coronel
graduado por la defensa del Callao contra Cochrane. En 1824, con el grado ya de Brigadier, comandará la
artillería realista en la batalla de Ayacucho. Luego de la capitulación, se embarcará hacia España, continuando
en el servicio de las armas del rey hasta 1854, cuando fallece.
62 Documentos del Archivo de San Martín, San Martín, Belgrano, Balcarce y Monteagudo, Tomo VI, Impr. de Coni
Hermanos, Buenos Aires, 1910, pp. 243-244..
63 ABO, Tomo XI, Editorial Universidad Católica, Santiago de Chile, 1952, p. 444.
64 AGN, Sala X, Legajo 428, folio 248.
65 Ibídem.
52
soldados pasaron a formar parte permanente de la dotación las naves, comenzando a utilizarse la denominación
de “infantes y artilleros de marina”66 para referirse a ellos. Incluso se los menciona en el primer documento
naval del gobierno de la “Patria Nueva”, el Reglamento Provisional de Marina, fechado el 17 de noviembre de
1817, como Batallones de Marina y Brigada de Artillería.
Acción entre la Lautaro y la Esmeralda, óleo de G. Grossmacht, 1931; en la nave patriota combatirían hombres
de los Cazadores de los Andes (en repositorio digital, Archivo y Biblioteca de la Armada Argentina).
El gobierno de Chile había incorporado a la naciente armada al capitán de artillería del Ejército de los
Andes, William Miller, quien se encargó de completar, a partir de los Cazadores, la dotación de infantes y
artilleros con soldados y milicianos, en un número cercano a la compañía, de la flamante fragata Lautaro, en
abril de 1818.
Pocos días después, el 26 de abril, la Lautaro enfrentó a la fragata española Esmeralda, en el combate
naval que pusiera fin al bloqueo de Valparaíso. Ya para esa ocasión, los infantes de marina y artilleros utilizarían
uniformes adquiridos a comerciantes ingleses y que pertenecían a un regimiento de esa nacionalidad. Despoja-
dos incluso de sus antiguos uniformes, los Cazadores serán formalmente incorporados a la Armada chilena el
25 de septiembre de 1818, decretándose la creación de una brigada de artillería “para el servicio de la Marina
del Estado y teniendo ya conocimiento en esta arma el piquete del Batallón Nº 1 de Cazadores que, desde hace
meses pasados ha existido a bordo de la Escuadra […] Se declara a todos sus individuos que constan de un
Toledo Leal, G., “Continuidad histórica y orgánica de la Infantería de Marina en la Armada de Chile”, En: Revista de
66
53
sargento, tres cabos y treinta y un soldados por incorporados, empezando a considerárseles en ese servicio
[…] desde el día primero de octubre, en cuya fecha serán dados de baja en el Batallón a que han pertenecido”67.
Infantes y artilleros servirán a las órdenes de William Miller, ascendido a sargento mayor graduado, quien
se ocupará de convertirlos en una fuerza capacitada tanto para el combate a bordo como para realizar desem-
barcos. Es así que, el 28 de octubre de 1818, lucharán ya no como Cazadores, sino como infantes de marina y
artilleros de la marina chilena, en el célebre combate naval de Talcahuano. En dicha acción efectuarán un des-
embarco en apoyo de la toma de la fragata española María Isabel, y luego participarán de la toma de cinco
transportes españoles con tropas enviadas como refuerzo desde Cádiz.
Estos veinticinco Cazadores de los Andes, se habían convertido ya, como dice la canción, en Bravos
soldados del mar.
67
Ibídem, p. 528.
54
Modelismo y Juegos de Guerra
55
Como nos tiene acostumbrados Diego Núñez, de su
importante y soberbia colección, una excelente figura de
Roume, en este caso titulada “Infantería de Línea, Guerra
del Brasil 1826”. Claramente, la inspiración para la misma
fue la reconstrucción realizada en su momento, por el gran
Eleodoro Marenco, como vemos en la imagen que acom-
paña el artículo. El artista se basó en las investigaciones
pioneras de Enrique Udaondo, a través de una concienzuda
investigación, que dio como fruto uno de los primeros tra-
bajos científicos sobre la uniformología nacional. Esta obra
iniciática en la materia fue la base para varias de las poste-
riores reconstrucciones de los uniformes “históricos” lleva-
dos por unidades del Ejército Argentino.
Lamentablemente, la mayoría de las propuestas de
Udaondo pecaban de errores de interpretación, involunta-
rios lógicamente, que tenían que ver con la equivocación en
ciertos términos de época, así como la aplicación de modas
anacrónicas al corte de las prendas.
Un ejemplo es el que ilustra este artículo: como se men-
ciona en otro de esta revista, el Congreso Nacional reunido
en 1824 promulgó una ley del 31 de mayo de 1825 que es-
tablecía la constitución del Ejército Nacional, en vista del
inminente conflicto con el Brasil por la Banda Oriental.
Esta ley disponía que el mismo estaría formado por un ba-
tallón de artillería, cuatro de infantería y seis regimientos
de caballería; posteriormente se determinó que la infantería permanente fuera de “cazadores de línea” que, sin
embargo, no implicó una especialización en la instrucción de infantería ligera más allá de la que ya se aplicaba
en el ejército.
Se sucedieron entonces, varias ordenanzas en lo respecto al uniforme del ejército permanente, siendo
uno de los más detallados el del 5 de octubre de 1825, que establecía el traje de oficiales, tropa, cantidades,
abrigos, etc. No obstante, por otro decreto del 18 de agosto de 1826, finalmente se ordenaron los trajes del
ejército, aunque sólo en lo referido a las prendas de gala. El mismo establecía para los batallones de cazadores:
“Casaca corta azul, vivos carmesíes, collarín, vuelta y solapas verdes, cornetas en los faldones, centro blanco y
azul, con botines y zapatos, casco con guarniciones doradas, cordones verdes y chapa con el número del Bata-
llón.”
56
Este uniforme aparece claramente reflejado en el retrato de
Manuel Dorrego, de 1828, donado por la Junta de Representantes al
gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, luego de que
la crisis generada por el levantamiento “decembrista” de Lavalle se
resolviera. En la pintura se observa el corte de las prendas y sus
líneas, claramente siguiendo las modas militares post-napoleónicas;
otro ejemplo para ver la tipología de estos tipos de uniformes son el
retrato del entonces Coronel Mayor Lucio Mansilla, del período.
No obstante, el punto álgido de la reconstrucción de los ves-
tuarios llevados durante la guerra contra el Brasil fue la cuestión de
los cubrecabezas: como se desprende del decreto, el término
“casco” fue interpretado literalmente por Udaondo. El investigador
asimiló la descripción a una pieza original existente en el Museo de
Luján, un casco metálico “a la Minerva”, con carrilleras y cimera,
pero que en realidad data de mediados del siglo XIX; el error es de
conceptos de época: durante las tres primeras décadas de los 1800,
el actual morrión o chacó era conocido por “casco de parada”, “go- Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y
Encargado provisional de las Relaciones Exte-
rra de parada”, por ende, ningún cuerpo del Ejército Republicano riores de las Provincias Unidas, Coronel Ma-
llevó ese tipo de prenda. nuel Dorrego, en su uniforme de oficial jefe de
infantería de línea, c.1828.
Arriba, una imagen en detalle de la reconstrucción del “casco” por Marenco, siguiendo a Udaondo: si bien
representa a un soldado de caballería, es el mismo que el representado para la infantería. A la izquierda,
una reconstrucción por Carlos J. Hochstetter de un soldado de Colorados de las Conchas, regimiento de
milicias transformado en veterano y partícipe de la contienda. Si bien no luce carrilleras y la posición de
la escarapelo parece demasiado baja, sigue los lineamientos del tipo de chacó usado en la época.
57
Ilustración de Louis de Beaufort (ASK Brown Univer-
sity, gentileza R. Galeano) de un oficial superior y un
soldado del Bón. N.°5 de Cazadores. Aquí se repre-
senta con mayor veracidad el uniforme para infantería
del Decreto del 18 de agosto de 1826. Desconocemos
por qué la cantidad excesiva de botones en las solapas,
que en el período llevaban siete por solapa, así como
el uso de botas por el cazador. Este cuerpo fue el único
que actuó activamente en la batalla de Ituzaingó; es-
tuvo al mando del Cnl. Félix de Olazábal y era fuerte de
poco más de 400 plazas en una compañía de Carabine-
ros, una de Volteadores y cuatro de Cazadores. En la
batalla sufrió 1 oficial y 2 soldados muertos y, heridos,
1 oficial y alrededor de 10 clases y tropa, además de
15 dispersos. El resto de los batallones sufrieron me-
nos de una decena de bajas cada uno, todos heridos,
aunque varios fallecieron en las semanas posteriores,
debido a las limitaciones sanitarias.
Bibliografía
Baldrich, J.A.; Historia de la Guerra del Brasil. Contribución al estudio razonado de la Historia Militar Argentina, EU-
DEBA, Buenos Aires, 1974.
Cdo. en Jefe del Ejército; Reseña Histórica y Orgánica del Ejército Argentino, Tomos I, III, Círculo Militar, 1972.
Luqui-Lagleyze, J.M.; Los Cuerpos Militares en la Historia Argentina. Organización y Uniformes 1550-1950, Fundación
Mater Dei, Rosario, 1995.
Palombo, El Regimiento de Artillería Ligera en la guerra con el Brasil, Ed. del autor, Buenos Aires, 1995.
58
Banderas
59
plaza en su rango en el 4.° Batallón de Cívicos de
Pardos y Morenos Libres, de Buenos Aires. Con la
reestructuración del ejército porteño tras la crisis de
1820, pasaría aún como capitán a la Legión Patricia
(puede verse el uniforme de ese cuerpo en este nú-
mero de la revista); apoyaría al partido federal en
1828 y en 1831 recibiría los despachos de Sargento
Mayor de milicias, pasando a servir como coman-
dante del recién creado Batallón Defensores. Firme
seguidor de Don Manuel, en 1835 sería premiado
con el ascenso a Teniente Coronel. Un año después,
con 55 años, fallecería en Buenos Aires.
La enseña tiene una longitud de 1,88 metros
por 1,35 metros de ancho, un tamaño fuera de lo co-
mún para una bandera de cuerpo. Se la construyó
con lanilla y presenta cuatro gorros frigios en los
extremos, así como un sol en la banda blanca, todos
pintados con rojo encarnado. Presenta impreso en
tinta negra la leyenda “Viva la Federación” y “1.
Batallón Restauradors” (sic), aunque aún no en la
tipología presente en posteriores enseñas; el número
Teniente Coronel Manuel Macedonio Barbarín, en su traje de pa-
rada del Bón. Restauradores, 1835 (por D. Argañaráz). El retrato uno pueda significar la intensión de futura de elevar
es puramente conjetural, pero el uniforme sigue los parámetros
el batallón a regimiento de milicias, lo que final-
del decreto que estableció el vestuario para el cuerpo, aquí en
versión de oficial, con las charreteras de grado, según la orde- mente no se concretó.
nanza vigente.
Bibliografía"
Alonso, J.L., Peña, J.M.; “Una desconocida bandera federal”, en surcosenlahistoria.wordpress.com, 14 de sept. 2016.
60
Uniformes
Este cuerpo se creó sobre la base de un cuerpo de dragones que actuaba en la Banda Oriental, a princi-
pios de 1811. El 23 de mayo de ese año, su comandante, José Rondeau, propone al superior gobierno la deno-
minación de “Dragones de la Patria”. El 20 de diciembre se había aprobado un reglamento para la organización
de las unidades de caballería, que establecía que los regimientos debían formar con 4 escuadrones de a 3 com-
pañías con la fuerza total de 852 plazas.
Los Dragones, que habían continuado su proceso de organización, pasando a Buenos Aires tras la firma
del acuerdo con los lusitanos. En esta banda intervinieron repartidos en destacamentos por los diversos teatros
de operaciones, volviendo al Uruguay para la segunda campaña contra Montevideo. Tras la toma de la plaza,
los dos primeros escuadrones fueron enviados al Ejército Auxiliar del Perú, mientras que el resto continuó
combatiendo en la cada vez más cruda guerra civil contra el litoral.
Posteriormente, los escuadrones del norte pasaron a formar en otras unidades; el regimiento quedó li-
mitado a los de la guarnición de Buenos Aires. En mayo de 1818 se autorizó la recreación de los dos escuadrones
perdidos, continuando su accionar comprometido en los conflictos internos hasta ser reorganizado en 1820, ya
a nivel de escuadrón como Dragones de Buenos Aires.
En la lámina presentamos el uniforme llevado en 1815; el cuerpo llevo varios trajes en su dilatada vida,
cambiando por lo general el color de las divisas y otros detalles. Según un listado de provisión del 4 de marzo
de 1815, se entregaron para el regimiento medio millar de juegos de chaquetas azules con cuello y vivos ama-
rillos, botón blanco, camisas, pantalones de paño, pares de zapatos, chacós con chapa y carrilleras, gorras de
cuartel, recados, pellones, maletas, mantillas azules con galón amarillo, espuelas de hierro. Según la documen-
tación, este fue el primer tipo de traje llevado por la unidad, de azul con divisa amarilla entre 1811 y 1815; en
1816 cambiarían a divisa verde. Aquí vemos a un teniente con sus atributos de galones en las vueltas, el detalle
del pantalón a la sajona, chupa de paño blanco y gorra de plato con visera con galón plata.
El soldado lleva su uniforme de campaña, la lista determina que las chaquetas tenían diez botones: esto
podría ser ocho para el cierre y dos para las hombreras o directamente todos para el primero. El trompa usa
chaqueta grana, pero con el color de la divisa como la tropa y el chacó o gorra de suela; la chapa nos resulta
indeterminada.
Bibliografía
Fernández Rivas, J.H.; Uniformes del Ejército Argentino 1810-1820, Ed. ALL-COP, Buenos Aires, 1972.
AGN, Sala X-8-5-23.
61
62
El Batallón N.°11 surge de los “Auxiliares de los Andes”, formación creada por el gobierno de
las Provincias Unidas en respuesta a la ayuda brindada por el Chile de la “Patria Vieja”, cuando el
gobierno revolucionario transandino envió una fuerza de 300 hombres, que sirvió en el Plata en 1811-
1813. Estos Auxiliares se constituyeron con 13 oficiales y 244 de clases y tropa, reclutados en Córdoba
y Mendoza, el todo al mando del Sgto.My. Juan Gregorio Las Heras.
Tras destaca actuación allende los Andes, a su regreso, luego de la caída de Chile ante los
realistas, estos veteranos fueron el núcleo para la constitución de un batallón de línea en Cuyo que, por
Decreto del 8 de noviembre de 1814 del superior gobierno, recibieron “la denominación del número
11”. El 23 de ese mes era nombrado el Tcnl. Las Heras como comandante de la unidad. Con una disci-
plina férrea y constante instrucción, para octubre de 1815 el batallón era fuerte de unas 400 plazas con
1 compañía de granaderos, 1 de cazadores, 4 de fusileros y una banda de música.
En enero de 1816 se decidió elevar a regimiento al 11 de Línea, ascendiendo Las Heras a coro-
nel graduado, mientras que el 2.° bón. era puesto al mando del teniente coronel graduado Sgto.My. Juan
Manuel Cabot. Para julio de ese año el cuerpo ya contaba con más de 900 hombres, pero en agosto San
Martín decidió para el mejor servicio que el 2.° bón. fuera separado del regimiento, pasando a constituir
el Bón. N.°1 de Cazadores. Así inició la campaña de liberación de Chile, en la que nuevamente se cubrió
de gloria, como en la siguiente al Perú, para la cual abandonó el suelo chileno abordo, la mayor parte,
en el transporte Dolores.
El 8 de septiembre de 1820, a eso de las cuatro de la madrugada, en las cercanías del pueblo de
Pisco, desembarcó vestido de parada y por compañías el Bón. N.°11, seguido a poco del 2.° de Chile y
el 7.° de Los Andes, junto con un piquete de Granaderos a Caballo. Quedaban por delante la campaña
de la Sierra, la batalla del Cerro de Pasco, las campañas a Intermedios, el sito de Lima. Tras duros años
de gastar los caminos del Perú, la noche del 5 de febrero de 1824 vio la ignominia del motín de El Callao,
que resultaría en la disolución de los restos del 11 de los Andes.
En la lámina vemos, de izquierda a derecha, a un granadero de diario en 1816, con gorrete de
manga en el que lleva una granada de paño blanco (debería ser grana, pero al ser la vuelta de ese color,
no se destacaría; también podría haber llevado el número 11 en paño blanco); un capitán de fusileros en
orden de parada, 1816-1820, con casaca larga con las mismas divisas, el detalle de las vueltas en pico y
otros adornos, como las bigoteras de seda blanca en los calzones y el galoneado de las botas; un cabo
2.° de fusileros en campaña, 1817-1818, con pantalones de invierno, botines de paño azul y el chacó o
gorra de suela con adornos de fusileros: los granaderos llevaban otra con manga y cordones y penacho
granas o encarnados; un tambor de cazadores, 1817-1820, en campaña con el gorrete con el forro de piel
usado en 1817 y la chaqueta con adornos, además de las sardinetas por fuera de las bocamangas de
cazadores. El dibujo del tambor es puramente conjetural, constando del escudo de la Asamblea del Año
XIII con banderas y trofeos.
Bibliografía
Fernández Rivas, J.H.; Uniformes del Ejército Argentino 1810-1820, Ed. All-Cop, Buenos Aires, 1972.
Luqui-Lagleyze, J.M.; Los Cuerpos Militares en la Historia Argentina. Organización y uniformes 1550-1950, Fund.
Mater Dei, Rosario, 1995.
63 Rebech, A.; Los leones invencibles de Las Heras, Círculo Militar, Buenos Aires, 1964.
Batallón N.°11 de los Andes
1816-1820
64