Historia
Las crónicas europeas sobre el imperio incaico [editar]
Los primeros vestigios escritos sobre el imperio incaico lo constituyen las crónicas
registradas por varios autores europeos (posteriormente existieron
cronistas mestizos e indígenas que también recopilaron la historia de los incas); estos
autores recopilaron la «historia incaica» basándose en relatos recogidos por todo el
imperio.3 Los primeros cronistas tuvieron que enfrentar varias dificultades para poder
traducir la historia incaica ya que, además de existir una barrera idiomática, se enfrentaron
al problema de interpretar una manera de ver el mundo totalmente distinta a la que
estaban acostumbrados.3 Esto condujo a que existan varias contradicciones entre los
textos coloniales y un ejemplo de ello lo representan las cronologías sobre los gobernantes
incas; así, en muchas crónicas se atribuyen las mismas hazañas, hechos y episodios a
distintos gobernantes.3
Sobre las crónicas del imperio incaico, es importante acotar que sus diversos autores
tuvieron ciertos intereses al escribirlas. En el caso de los cronistas españoles, su interés
fue «legitimar la conquista a través de la historia», para esto en muchas crónicas se señala
que los incas conquistaron usando enteramente la violencia y por lo tanto no tenían
derechos sobre los territorios conquistados. En otro caso los cronistas ligados a la Iglesia
católica buscaron legitimar la evangelización describiendo a la religión incaica como obra
del demonio, a los incas como hijos de Noé y tratando de identificar a las deidades
incaicas con las creencias bíblicas o el folklore europeo. 3 Igualmente existieron otros
cronistas mestizos e indígenas que también tuvieron un interés de ensalzar el imperio o
alguna de las panacas con las cuales se emparentaban, como el caso del Inca Garcilaso
de la Vega, en su obra "Comentario reales de los incas" quien mostraba un imperio incaico
idealizado donde no existía la pobreza, se repartía la riqueza y los recursos se explotaban
racionalmente.4
Las fuentes históricas incaicas[editar]
Los ayllus y panacas tenían cantares especiales mediante los cuales narraban su historia.
Estos cantares se ejecutaban en determinadas ceremonias frente al Inca. Estos relatos, a
manera de memoria colectiva, constituyen los primeros registros históricos recogidos en
las crónicas.3
Otro recurso utilizado para registrar la historia fueron unos mantos y tablas que contenían
pinturas representando pasajes heroicos. Estos documentos fueron guardados en un lugar
denominado Poquen Cancha. Se sabe que el virrey Francisco de Toledo envió al rey
Felipe II cuatro paños que ilustraban la vida de los incas añadiendo con sus propias
palabras que «los yndios pintores no tenían la curiosidad de los de allá». 3
Además, algunos hechos pasados fueron almacenados en los quipus, aunque no se sabe
cómo pudieron utilizar estos sistemas de cordeles y nudos para almacenar hechos
históricos existen varias crónicas que describen que los quipus servían para evocar las
hazañas de los gobernantes. 3
En general, en el imperio incaico se recordaban los hechos que les parecían importantes
de recordar y no era necesaria la precisión. Además, los gobernantes podían ordenar
excluir intencionalmente de los registros históricos algunos hechos que pudiesen
molestarles. María Rostworowski denomina a esta cualidad de la historia incaica una
«amnesia política» que era asumida por todo el vulgo pero que era recordada por las
panacas o ayllus afectados, un factor que contribuyó a las futuras contradicciones en las
crónicas europeas sobre los incas.3
La reinvención de tradiciones[editar]
Luego del encuentro de la cultura hispana y la andina, se estableció la escritura como
medio de transmisión y registro de información; además se inició un proceso de mestizaje
y sincretismo que dieron lugar a la recreación de tradiciones y la invención de otras. 3
El aporte para esta recreación e invención de tradiciones fue tanto hispano como andino;
esto se evidencia en las crónicas del siglo XVI en donde se describen personajes como el
caso de Tunupa y Huiracocha con los apóstoles Tomás y Bartolomé, describiéndolos como
hombres blancos y barbados que impartieron enseñanzas. Igualmente el imaginario
europeo buscó, e incluso creyeron encontrar, «el dorado» y el «país de las amazonas» en
el nuevo mundo. En otros casos, afirmaban que el Cuzco tenía el perfil de un león
americano (puma), poniendo similitudes con algunas ciudades del renacimiento europeo
que tenían perfil aleonado. 3 Más recientemente, en el siglo XX, aparecen otros elementos
de esta reinvención de tradiciones, como son los casos de la bandera del imperio incaico y
la ceremonia cuzqueña del Inti Raymi.5 Cabe indicar que todas estas reinvenciones, son
parte de un proceso natural en todas las culturas, pero para entender la historia incaica es
necesario diferenciar cuales son los aspectos sincréticos o inventados y cuales no lo son. 3
Antecedentes de la fundación del Imperio Incaico[editar]
Artículo principal: Imperio Wari
Durante el Horizonte Medio los waris y tiwanacotas predominaron la región, tras el declive de éstos,
dio origen a varias sociedades centralistas, incluida la inca.
Hacia el año 900 d. C. se inicia la decadencia de los estados Huari y Tiahuanaco en el
área central andina. En el caso de Huari, la ciudad de Wari empieza a perder poder político
en contraposición a alguna de sus ciudades periféricas, como lo demuestra el caso
de Pachacámac situado frente al mar.6 En tanto en el caso de Tiahuanaco, el proceso de
decadencia se inicia en sus colonias de la costa de manera sangrienta, como lo evidencia
el caso de Azapa;7 en el Collao, en cambio, Tiahuanaco fue perdiendo su poder
gradualmente y mientras perdía hegemonía su población fue emigrando y fundando
poblaciones nuevas.7
Como una hipótesis sobre la decadencia de Huari y Tiahuanaco, existen evidencias de un
prolongado periodo de sequía que duró desde el año 900 d. C. hasta el 1200 d. C. en los
Andes centrales.6 Arqueológicamente, existen evidencias de largos procesos migratorios
de población a lo largo en los andes durante los periodos post-huari y post-tiahuanaco. La
arqueología revela que en los valles interandinos, la población construyó sus
asentamientos en lo alto de cerros procurando la seguridad, lo que nos habla de un
prolongado periodo de enfrentamientos étnicos. En la costa, en tanto, varios grupos
alcanzaban estabilidad política, como lo demuestran los casos de chincha, chimú y
los ychsma.6
Este periodo histórico fue plasmado en leyendas y mitos andinos de diferentes maneras.
En las tradiciones orales de los Andes se hace referencia a que en el principio los pueblos
realizaron largas caminatas buscando tierras fértiles, surgiendo héroes míticos que eran,
por lo general, semi-divinos y que iban siendo guiados por seres sobrenaturales (el sol, la
luna, etcétera). Estos héroes míticos generalmente tenían algún poder. De esa manera
surgen las figuras de Manco Cápac, en el caso fundacional del Cuzco; o Pariacaca en el
caso de Huarochirí.4