0% encontró este documento útil (0 votos)
987 vistas475 páginas

DEL Argentina: General EN LA

Cargado por

Jian Oog
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
987 vistas475 páginas

DEL Argentina: General EN LA

Cargado por

Jian Oog
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

HISTORIA

DELARTE
GENERAL
EN LA
ARGENTINA

Academia Nacional de Bellas Artes


B U E NOS AIRES - A R (i E N T I N A
HISTORIA GENERAL DEL ARTE EN LA ARGENTINA

Tomo II
HIS
TORIA
GENERAL DEL ARTE
EN LA

ARGENTINA

Academia Nacional de Bellas Artes


B c E X O S A J R E S A R (, E T X A
NOTA PRELIMINAR
Acabado de imprimir el primer tomo de la HISTORIA GENERAL
DEL ARTE EN LA ARGENTINA a fines de junio de 1982, apa­
rece a los nueve meses su segundo volumen. Se completa así la PRI­
MERA PARTE del plan de la publicación, la cual cubre el período que
va desde los comienzos arqueológicos del arte en nuestro país, hasta
fines del siglo xvin.
Los temas de este volumen complementan los tratados en el ante­
rior. Figuraban allí el Arte precolombino en la Argentina, La
música aborigen, La arquitectura colonial, Retablos y púl-
pitos, e Imaginería. Se continúa ahora con Pintura, Grabado,
El mobiliario en el Río de la Plata, La música culta en el
período hispano, y Platería.
Mientras tanto, entran en sus etapas finales las tareas prepa­
ratorias de la Segunda Parte; esto es, la que cubre el lapso que
abarca el siglo XIX hasta 1876, fecha de la creación de la Sociedad
Estímulo de Bellas Artes, escogida por el hito que representa en el
desenvolvimiento de las artes plásticas locales.
De lograrse los propósitos de la Academia Nacional de Bellas
Artes, el próximo tomo saldría de las prensas luego de un intervalo si­
milar al que medió entre los dos ya publicados. Nuestra Corporación
tiene grandes esperanzas en que el reconocimiento de los alcances de la
obra —cuya acogida inicial superó toda expectativa— encuentre un
apoyo análogo al que hizo posible la etapa cumplida.
DESDE LOS COMIENZOS HASTA
FINES DEL SIGLO XVIII

PINTURA
GRABADO
EL MOBILIARIO EN EL RÍO DE LA PLATA
LA MÚSICA CULTA EN EL PERÍODO HISPANO
PLATERÍA
PINTURA
Héctor H. Schenone
Entre los fenómenos de trasculturación pro­
Tal situación nos lleva a efectuar un replanteo
ducidos por la conquista española se puede ad­ del arte americano posterior a la conquista, y
vertir, en el caso de la pintura, como en el de las por ende, a la formulación de juicios de valor
otras artes, la imposición rápida y definitiva de adecuados a las nuevas circunstancias.
temas, formas y procedimientos europeos que El tema dominante de la pintura hispano­
suplantaron a aquellos que eran propios de los americana es el religioso, aunque también se
aborígenes americanos. Tan radical fue el des­ cultivaron otros géneros.
plazamiento de las técnicas artísticas autócto­ La pintura religiosa no sólo estaba destinada
nas, que son pocos los ejemplos que escapan a a las iglesias y capillas, sino también servía de
este hecho. ornamento en las casas particulares, alhajando
Desde los primeros momentos llegaron al las salas de recibo, además de las habitaciones
Nuevo Mundo artistas y pinturas, siendo posi­ interiores.1
ble establecer entre los primeros una variada Dentro de esta temática, aunque no privativa
escala de valores. En cuanto a las obras, ocu­ de ella, es frecuente la pintura seriada, que se
rre otro tanto, pues si bien hubo algunas de presenta de dos maneras distintas: como narra­
mano maestra, fueron éstas las menos numero­ ción cronológica de la vida de un personaje o de
sas, si se efectúa una comparación con la gran un hecho, o bien como repetición sistemática de
cantidad de obras de taller, cuya importancia un mismo tema o tipo.
radica en que, junto con los grabados, se consti­ El retrato es otro género que interesó; pero,
tuyeron en modelos para muchas generaciones en este caso, por razones sociales. Por lo gene­
de pintores americanos. Entre aquéllas deben ral, no es posible advertir una particularidad o
incluirse tanto las series, de valor dispar, cuanto novedad en su tratamiento que lo diferencie de
la gran cantidad de imágenes devocionales, de lo que en ese entonces se solicitaba eti Europa.
tipología reiterada, y los paisajes flamencos eje­ Son escasos los temas costumbristas y mitoló­
cutados con fines comerciales. gicos: más aquéllos que éstos; y si bien en algu­
Dicha producción llevaba en sí misma el ger­ nas regiones no es posible documentar su mate­
men de la cosa mediana y sin brillo, lo cual ex­ rialización en obras pictóricas, en cambio se
plicaría en cierta medida por qué los artistas pueden señalar ejemplos importantes en Méxi­
americanos pudieron recrear, en algunos casos, co y en el Perú. Para el primero de los virrei­
otras formas de expresión con caracteres pro­ natos, Francisco de la Maza ha registrado nu­
pios. Tal sería el ejemplo de la pintura mexi­ merosos testimonios de personajes mitológicos
cana y de algunos pocos maestros sudameri­ en las arquitecturas efímeras, murales y cua­
canos. dros. Con respecto al Perú, son los investiga­
Sin embargo, de ese quehacer pictórico de dores Mesa y Gisbert quienes nos informan de
tipo imitativo surgió otro, cuyos fundamentos, que aun en el siglo xvn 1 mantenía su vigencia el
sin ser exclusivamente estéticos, estaban en con- gusto por las representaciones de temas clá­
sonancia con un medio social nuevo y distinto. sicos.
14

Virgen con Niño. Retablo mayor, iglesia de Yavi, provincia


de Jujuy.

Virgen. Museo del Seminario, Catamarca.

La Ultima Cena, detalle. Museo Enrique Udaondo, Lujan,


prox’incia de Rueños Aires.
15

también se caracteriza por su falta de coheren­


cia, y que por ello se presenta más que como
una orgánica evolución de fenómenos artísti­
cos, como una poco discriminada sumatoria de
piezas.
Al margen de la actividad realmente creado­
ra de los talleres de las Misiones Jesuíticas, que
se manifestó sobre todo en los trabajos escultó­
ricos, se puede asegurar que en la zona de nues­
tro territorio, durante los siglos xvii y xvm, la
actividad artística fue meramente receptiva.
Siempre se acudió, sea al Perú, sea a Europa,
buscando satisfacer las necesidades locales sin
dar origen a una producción con caracteres
propios.
Tratando, pues, de reunir organizadamente
tan variado material, haremos referencia, en
primer término, a las pinturas traídas desde Eu­
ropa o desde otras regiones de América, agru­
pándolas cronológicamente, y, en segundo lu­
gar, nos ocuparemos de las obras y de los maes­
Ecce Homo. Museo Enrique Udaondo, Luján, proinncia de tros que trabajaron en las diferentes regiones
Buenos Aires. que forman nuestro país. En ambos casos se­
leccionamos los ejemplos más significativos, lo
Agregaremos que también fue poco común el cual no implica que sean necesariamente los de
interés por obras referidas a hechos históri­ mayor valor artístico.
cos. Entre las de este género pueden citarse la
serie de la conquista de México, las batallas de LOS CUADROS IMPORTADOS
Alejandro Farnesio o, entre nosotros, la entre­
vista del gobernador Matorras con el cacique Algunas pinturas del siglo xvi
Paikin, una versión casi objetiva del histórico Se tienen noticias de que desde muy tempra­
encuentro. no se trajeron pinturas; y ello es lógico, si se
Refiriéndonos concretamente al territorio de piensa que las imágenes eran necesarias para
la República Argentina, debemos advertir en los actos litúrgicos, o como objetos de devoción
primer lugar que el proceso de la pintura du­ de los primeros habitantes de las poblaciones
rante el período de la dominación española recién fundadas.2
16

De aquellas obras, muy pocas son las que han


llegado hasta nosotros; y su importancia estaría
determinada, no tanto por su valor artístico, si­
no más bien por el hecho de que son las más
antiguas que se conservan desde la época colo­
nial. Su número es tan escaso, que permite ha­
cer referencia detallada de ellas, debiéndose ci­
tar en primer término una tabla de la Virgen
con el Niño del siglo X\ 1, en el coronamiento del
retablo mayor de la capilla de Yavi, y que no ha
Piedad, detalle. Convento de San Francisco, Córdoba.
sido mencionada en la literatura respectiva.
Parece haber sido obra muy querida por los an­
tiguos poseedores de la iglesia, marqueses del
Valle de Fojo, dada la jerarquía del lugar don­
de fue colocada; pero la altura, la oscuridad y el
def iciente estado de conservación impiden emi­
tir un juicio más amplio.
Habría que añadir unas tablas de la Colección
Gneco (Museo de Luján), que originariamente
formaron parte de un retablo en alguna iglesia
de la provincia de San Juan, y el fragmento de
una Natividad en el Museo del Seminario de
Catamarca; pinturas todas de la misma época,
y, por consiguiente, los restos más viejos conser­
vados en la Argentina.
Existen, además, otras piezas del siglo XVI; pe­
ro, como los datos que se poseen acerca del mo­
mento de su llegada al país son muy dudosos,
las citamos haciendo la salvedad de que se igno­
ra si vinieron en los primeros tiempos de la do­
minación hispana o mucho después.
Ellas son dos tablas alemanas, de San Cristó­
bal y de un santo monje cisterciense —proba­
blemente, de la escuela de Suabia— exhibidos
hoy en el Museo de Jesús María, que antes ha­
bían pertenecido al Seminario; un Ecce Homo
sobre tabla, correcto, pero impersonal, y varios Ecce Homo. Museo Sobre Monte, Córdoba.
17

óleos sobre cobre en el Museo Sobremonte; un


San Esteban, español, de mediados del siglo, en
la capilla de San Roque, y el Descendimiento de
San Francisco, del cual se tratará más adelante.
Del santo diácono, que fue buena pintura,
poco se puede decir, ya que de lo original que­
dan algunos fragmentos, después de los irres­
ponsables repintes que lo han malogrado.
Otro caso sería el de la tabla de la Catedral de
Buenos Aires, española al parecer, y de técnica
muy acabada, pero en la cual, la figura doliente
del Nazareno denota la mano de un pintor in­
fluido por el manierismo italiano y los conven­
cionalismos de ese estilo.
La referencia a la importación de pinturas
europeas son más concretas a partir del siglo
XVII, y abundan las relativas a la centuria siguien­
te. Los países de donde procedían, fueron Ita­
lia y Flandes, y sobre todo España. Ello no im­
plica que también pudieron haber sido traídas
desde otros lugares, como Francia, por ejemplo?
Cuando se trataba de adquirir este tipo de
obras en otras regiones de América, se recurrió Nazareno. Catedral, Buenos Aires.
invariablemente al Perú, y difícilmente se pue­
de decir que hubo importación desdé el territorio de cuatro series de los Profetas, cuyas fuentes
del Alto Perú o del Paraguay, pues ambos per­ iconográficas —probablemente, grabadas— sir­
tenecían al Virreinato del Río de la Plata. Ca­ vieron, asimismo, para realizar la de la iglesia
sos como el de la Inmaculada del colombiano de la Compañía de Quito. Dos de esas series
Gregorio Vázquez, existente en Córdoba, son incompletas se encuentran en dependencias del
excepciones, y deben ser relacionados con cau­ Seminario de Córdoba; cuatro Profetas, en la
sas fortuitas. Al contrario de lo que ocurrió sacristía del santuario de Luján? y otros, cuyo
con la escultura quiteña, cuya difusión hacia el paradero se ignora, que eran de tamaño menor
sur del Continente está bien probada, no se co­ que los anteriores, estaban años atrás en depósi­
nocen, ni se tienen noticias de la adquisición de tos del convento de San Francisco de Buenos
telas del Ecuador. Sin embargo, se debe seña­ Aires. Todos son de factura muy similar, y pro­
lar la existencia de lienzos que formaron parte bablemente de los últimos años del siglo XVIII.
18

go hacia otros centros más importantes, donde


hubiera posibilidades de un mercado más in­
tensivo y una sociedad capacitada para valorar­
las. En ese momento, Buenos Aires no era ni
lo uno, ni lo otro.
Documentalmente sabemos de otros óleos
que han desaparecido o no pueden ser identifi­
cados, como el San Pablo, Primer Ermitaño,
que llevó a Córdoba el jesuíta Cristóbal de Alta-
mirano; los cuadros que poseía Catalina de So-
lís, y la Virgen del Buen Suceso que en 1647
tenía Alonso Luján de Medina.6 Ignoramos
cuál pudo haber sido la calidad de estos tra­
bajos; pero, en cambio, conocemos la buena fac­
tura del San Ignacio que se conserva en la capi­
lla de Candelaria, una de las estancias que los
religiosos de la Compañía tuvieron en la pro­
vincia.
También son importantes las pinturas pedi­
das por el obispo San Alberto a Madrid a fines
del siglo xviii. Estaban destinadas a los nuevos
edificios eclesiásticos cordobeses, y entre ellas
venía un gran lienzo de la Asunción, para el
recién construido altar mayor de la Cate­
Invención de la Virgen de Nieva. Catedral, Córdoba. dral. Aún se encuentra en el lugar, y está re­
suelto con la habitual corrección de los trabajos
Pinturas españolas europeos contemporáneos. Otro gran lienzo
Entre los aportes de la pintura española debe donde San José se aparece a Santa Teresa de
destacarse en primer término, por lo infrecuen­ Jesús, a juzgar por noticias de Ambrosio Funes,7
te, el envío que hizo Zurbarán de quince lienzos también pudo haber sido encargado por el mis­
de Santas Vírgenes, quince de reyes y hombres mo Obispo a un taller peninsular. En él, San
insignes, y veinticuatro de Santos y Patriarcas, José, apoyado sobre nubes, desciende hacia
todos ellos figurados de cuerpo entero. Ve­ Santa Teresa, mientras señala el convento fun­
nían, además, nueve paisajes flamencos, colores dado por la Carmelita, y del cual fue protector y
y pinceles/' patrono. La factura denota habilidad, siendo
De todo ello no han quedado rastros en Bue­ la cabeza del Santo una de las partes mejor pin­
nos Aires, y suponemos que han pasado de lar­ tadas.
19

Son mucho más valiosas las encomendadas en


años posteriores por otro diocesano, el doctor
Ángel Mariano Moscoso, quien solicitó a la Real
Academia de San Fernando dos lienzos para los
retablos laterales del crucero, y cuatro más con
la historia de los milagros de la Virgen de Nie­
va, advocación mariana a la cual este eclesiástico
tenía particular devoción. De los dos prime­
ros, el mejor es el de San Jerónimo, aunque se
repite la iconografía de costumbre, y que mani­
fiesta, al igual que su compañero, el de San Pe­
dro, la presencia de una mano muy bien adies­
trada y vigorosa. Estas obras, que es de lo
mejor que se trajo de España, merecen un estu­
dio particularizado que aún no se ha hecho.
La serie de la Virgen de Nieva 8 está integra­
da por cuatro grandes composiciones: Apari­
ción de la Virgen al pastor Pedro Amador; el
obispo de Segovia don Alfonso de Frías extrae
la imagen de Nuestra Señora de Nieva del piza­
rral de Santa María; un leñador es librado de la
muerte por invocar a Nuestra Señora; defendi­
do por el escapulario de la Virgen, un campesi­
no resulta indemne al caer un rayo. Todos
responden a las tendencias plásticas habituales Milagro de la Virgen de Nieva. Catedral, Córdoba.
en España a fines del siglo xvm, y son indiscuti­
blemente producto de un mismo artista. Del oficial, con el personaje de pie, mirando al es­
conjunto se destaca el primero por su compleji­ pectador, vestido con el traje episcopal, jerar­
dad compositiva, bien resuelta, y todas ellas, quizado por el tratamiento del color, los ampu­
por su calidad. losos cortinados recogidos, la vedutta convencio­
Citaremos, asimismo, entre las obras de ori­ nal y la mesa con la imagen de Santa Tere­
gen español, el retrato de fray José Antonio de sa. Es evidente que hay mayor interés en el
San Alberto que está en la clausura de las Tere­ rostro del personaje, en el que se vislumbra un
sas, ejecutado en Madrid en 1782 por Joaquín detenido y minucioso tratamiento expresivo, a
de Inza, y del cual existen buenas réplicas en la diferencia del resto, que, estando correctamen­
Catedral y en el Colegio de las Huérfanas. te pintado, no tiene mayor relevancia.
Reitéranse en él las notas propias del retrato De la misma centuria fue una Divina Pastora,
20

traída a Buenos Aires desde Sevilla, lugar origi­


nario de esa devoción, por Jerónimo Matorras,
y destinada a la Catedral. Este lienzo, hoy de­
saparecido, podemos conocerlo en sus aspectos
compositivos por el dibujo conservado en el Ar­
chivo de Indias, y que curiosamente reproduce
un planteo iconográfico que fue común en la
producción americana, ya que pequeñas figuras
de diversos Santos rodean la central de la
Virgen.9
En el mismo templo porteño, la Hermandad
de los Dolores encargó en Madrid un cuadro
que hasta hace pocos años sirvió de velo de la
imagen titular de dicha cofradía, y que fue colo­
cada en el altar construido por Hernández el
año 1795. La Dolorosa, de pie, sobre nubes y
San Juan Evangelista. Iglesia de la
Concepción, Buenos .Mies.
rodeada de ángeles, intercede por las ánimas del
Purgatorio, que aparecen en la parte inferior.
La figura de la Madre de Dios fue tomada de
una estampa muy divulgada en la época,1" tanto
en la Península como en América.
Un Nazareno que se encuentra en poder de
las monjas Clarisas es el retrato de una tradicio­
nal imagen sevillana, una de las tantas repre­
sentaciones de imágenes vestidas, cuya devo­
ción era difundida por grabados. Con la técni­
ca del brocateado se han reproducido las labores
de la túnica y los elementos de plata que ador­
nan la figura, lo cual prueba que dicho procedi­
miento no es privativo de los talleres america­
nos. La pintura conserva, además, el marco
original, y es de 1792.
Cataremos por último otra composición
—probablemente, traída de Sevilla—, que re­
produce una escena muy querida por los reli­
San Felipe. Iglesia de la Concepción,
giosos Mercedarios: la muerte o tránsito de San
Buenos Aires. Pedro Nolasco. Está aún en la Merced, y sirvió
21

con corrección y soltura, y conforme al tene-


brismo propio de la época.

Cuad ros i la ha nos


Hubo también pinturas italianas, aunque su
número pareciera ser menor que el de las pro­
venientes de España.
Con frecuencia, dichas oblas se encontraban
en las casas (pie poseía la Compañía de Jesús; y
probablemente ello se debiera a la relación de
esos religiosos con los Padres Generales, más
estrecha (pie la mantenida por otras congrega­
ciones con sus Superiores romanos.
Entre los papeles que han quedado de los an­
tiguos archivos de la Orden, hay bastantes refe­
rencias de pedidos de lienzos y cobres, no sola­
mente para las propias iglesias, sino también
para particulares, respecto de los cuales los Je­
suítas actuaban como intermediarios."
En Buenos Aires hubo una serie de cuadros
de gran tamaño, pero de valores muy poco rele­
vantes en comparación con lo que se producía
Joaquín de Inza: Retrato del obispo San Alberto, detalle. en Europa. Pertenecieron a los Jesuítas, y des­
Monasterio de Santa Teresa, Córdoba. pués de la expulsión de éstos pasaron a otros
edificios religiosos porteños. Los temas de di­
de modelo para el relieve del mismo tema que a chas pinturas eran la Familia de la Virgen y el
comienzos del siglo XIX hizo Juan Antonio Gas­ tránsito de Santa Teresa, que fueron derivados
par Hernández para un retablo de la iglesia, a la Catedral por la Junta de Temporalidades;
acerca del cual se trató en otro capítulo de este la Glorificación de las Ordenes religiosas, don­
trabajo. de se reitera el tema de los carros triunfales, y
Debe hacerse referencia finalmente a los San Pedro encuentra el óbolo en la boca de un
once lienzos que se encuentran en la parroquia pez. (Hoy se encuentran en la sacristía del Co­
de la Inmaculada Concepción, con los bustos de legio del Salvador.)
los Apóstoles, cada uno de ellos portando su Dentro de esa tipología y de valores similares
atributo iconográfico respectivo. Si bien no eran los cuadros del Tránsito de la Virgen, los
son obras de primera calidad, están pintadas Santos de la Orden y la Piedad conservados en
22

San Ignacio hasta 1955. Como las que antes se norte de Italia, y suponemos, por su formato
citaron, nada agregaban al esclarecimiento de la apaisado, que ha de haber sido una predella de
pintura en nuestra ciudad, a pesar de ser co­ altar. En el refectorio de esa misma casa se
rrectas, y por muchos conceptos superaban lo conserva todavía una Adoración de los Pasto­
que aquí se hacía. res, del siglo xvm, prácticamente perdida por
Se deben destacar también dos lienzos: una una reciente y desafortunada limpieza.
Flagelación, en la Casa de Ejercicios, y una esce­ De más alta calidad son las del convento de
na bíblica, en la Merced; pero sospechamos que Santo Domingo: una muy buena copia de la
esta última obra ha sido donada a la iglesia de primera versión de los Peregrinos de Emaús,
los Mercedarios durante el siglo pasado. del Caravaggio, de la que frecuentemente se
Respecto de la Flagelación, son muy relativas hicieron réplicas durante el siglo xvii, y una Vir­
las apreciaciones que se pueden hacer de ella, gen del Rosario con los Santos de la Orden.
por el pésimo estado de conservación. Pare­ Esta última, firmada en Roma en 1724 por Plá­
ciera tratarse de una obra de los talleres del cido Costanzi, presidió su retablo, ubicado en
una de las naves laterales de la iglesia hasta
principios de este siglo; pero fue reemplazada
luego por el relieve que hoy existe.12 Esta tela
fue alterada por restauraciones posteriores; en­
tre ellas, la de Fernando García del Molino en
1862, anulando muchos de los positivos valores
que originariamente poseía.
Debe citarse, además, una Huida a Egipto, en
la Concepción, bien compuesta, aunque lamen­
tablemente incompleta.

Cuadros importados de Flandes


La importación de cuadros flamencos fue
más intensiva durante el siglo xvn, momento en
que la gran actividad de los talleres de ese país
derivó, en algunos casos, en un tipo de produc­
ción masiva destinada al comercio.
Los inventarios de sucesiones estudiados por
Altamira consignan la gran cantidad de cuadros
que había en las casas cordobesas, indicándose
con frecuencia el origen flamenco de muchos
Imágenes diversas. Iglesia de Uquía, provincia de Jujuy. de ellos. Las representaciones religiosas eran
23

Píramo y Thisbe. Museo Sobre Monte, Córdoba.

preponderantes; pero no faltaron los típicos Más interesante es el que representa la muer­
paisajes, y algunos pocos de tema profano.” te de Píramo y Tisbe, no por sus valores pictóri­
En el Museo Sobremonte de Córdoba hay un cos, sino por el tema, un tanto insólito; pues, si
conjunto de ese tipo de pinturas. Son pe­ bien no se ignoraba a estos célebres amantes, su
queños y anónimos óleos sobre cobre, como los representación debe de haber sido aceptada
que suponemos había en las viviendas, sobresa­ con reservas, y más aún por la parcial desnudez
liendo un Cristo caído bajo el peso de la Cruz, y de la heroína.
otro, una versión tomada de un muy difundido Los más importantes conocidos son los cinco
grabado de Rubens, en el que aparecen los Doc­ lienzos que han pasado al Museo Fernández
tores de la Iglesia Latina y la Eucaristía. Blanco, parte de una serie numéricamente
24

mayor dedicada a historiar los acontecimientos


destacados de la vida de María: Natividad,
Presentación en el Templo, Visitación, Huida a
Egipto, y Muerte. Hasta 1955 existía una sex­
ta pintura, la última de la serie, con la Corona­
ción de la Virgen por la Santísima Trinidad.
Son trabajos de excelente calidad debidos a
un maestro flamenco, no identificado aún, del
último tercio del siglo xvi o de comienzos del
siguiente; un romanista en el que las influencias
italianas del momento se unen a la tradicional
vocación de los pintores de Flandes por lo anec­
dótico y lo cotidiano.
Pertenecieron hasta fines de la pasada centu­
ria a la iglesia de la Merced, y se ignoran las
razones de su traslado al convento dominicano,
junto con la sillería de coro y otros objetos. Se
sabe que en el de los Mercedarios había dos
series de la vida de la Virgen, y otra dedicada a
la de San José, integradas todas ellas por doce
historias. Una de las primeras fue realizada en
1774 por Antonio Velazco, maestro del cual
sólo se conoce su nombre; pero ni la fecha, ni
las medidas de los cuadros —dos varas—, coin­
ciden con las pinturas en cuestión. Deben de
ser, sin duda, parte de los otros doce repartidos
en todos los pilares [de la iglesia], con sus marcos
dorados, que fueron donados o comprados en­
tre 1788 y 1791.14
Imágenes diversas. Museo Isaac Fernández Blanco,
Buenos Aires. PINTURAS AMERICANAS
La zona del noroeste del territorio argentino,
no solamente recibió el influjo de la producción
pictórica peruana y altoperuana, sino que ese
tipo de obras se difundió por todo el país hasta
bien entrado el siglo xix.
Natividad de María. Museo Isaac Fernández Illanco, Buenos Aires.

El tránsito de la Virgen. Museo Isaac Fernández Blanco, Buenos Aires.


26

las viviendas de la época, sería la consecuencia


de la religiosidad de los comitentes, y también
de la aceptación de esos temas, no tanto por su
contenido, sino más bien por ser pinturas; pin­
turas que tenían sentido como tales, y por ende,
se podían ofertar, tasar y comprar.
El caso de Mauricio García y Delgado es quizá
el más significativo. Gracias a los documentos
hallados por Cornejo Bouroncle, es posible sa­
ber que en julio de 1754, juntamente con Pedro
Nolasco y Lara, se comprometieron a pintar
435 lienzos para Gabriel Rincón —probable­
mente, uno de los tantos mercaderes de cua­
dros—, comprometiéndose a entregarlos siete
Angel arcabucero, detalle. Iglesia de Casabindo, meses más tarde. Algunos de ellos debían te­
provincia de Jujuy. ner buenos adornos de curiosidades, y estar broca-
teados con oro fino. Si a esta sorprendente canti­
A juzgar por el número de piezas cuya proce­ dad le sumamos otras 212 pinturas para Miguel
dencia es posible detectar por alguna inscrip­ Blanco, es posible imaginar el taller de García,
ción, podemos afirmar sin correr el riesgo de como otros tantos del Cuzco de ese momento,
elaborar una tesis desafortunada, que los dos como verdaderas fábricas, donde pintores y
centros a los cuales principalmente se solicita­ aprendices repetían sistemáticamente tipos y
ban pinturas, fueron el Cuzco y Potosí.15 Esto composiciones.
se justifica por el hecho de que la mayoría de las Esa obligación de producir rápidamente y a
obras pertenecen al siglo xvm, centuria en la cual bajo costo, reiterando tipologías aceptadas por
tanto una ciudad como la otra fueron los luga­ los comitentes, llevó a los pintores a industriali­
res de producción masiva que tuvieron directa zar el producto de manera tal, pues se han en­
relación comercial con el Noroeste de nuestro contrado lienzos preparados a modo de cuadrí­
país. cula, en los cuales se repiten idénticas imágenes
Frecuentemente se hace referencia al gran que debían ser cortadas a medida que avanzaba
número de pinturas que circularon por el terri­ la venta.17
torio argentino, cosa que parece indicar necesa­ Abundan, como antes dijimos, las pinturas
riamente una fuerte demanda, originando un procedentes del Perú y de las zonas del Norte
proceso de comercialización y de producción en del Virreinato que hoy forman parte de Bolivia;
serie.16 El hecho de que las telas que represen­ y tantas hay, que será menester hacer una selec­
taban una temática sagrada abundaran no sola­ ción cuidadosa de ellas.
mente en iglesias y conventos, sino también en En la ciudad de Salta se destaca del conjunto
27

por los maestros cuzqueños. No se conocen


prototipos europeos pintados en los cuales se
originen estas representaciones, bastante difun­
didas en la zona andina a partir de la segunda
mitad del siglo xvn. Tanta fue la aceptación
que tuvieron, que se los solicitó en regiones
alejadas del Cuzco, como Trujillo,29 en el norte
del Perú, y nuestra Casabindo, en la altiplanicie
jujeña.
Sabemos que en Yavi existían hacia 1785 cin­
cuenta pinturas, muchas de las cuales represen­
taban ángeles; y se ha llegado a suponer, no sin
razón, que éstos, de los cuales tratamos, pudie­
ran ser algunos de aquéllos. Tal aseveración
Angel arcabucero. Iglesia de Casabindo, provincia de Jujuy. queda por ahora como simple hipótesis, por
cuanto en el inventario de dicha iglesia no se
de obras anónimas —que no tienen relevancia, señala ninguna particularidad que permita
y no aportan por ello mayor interés para nues­ identificarlos.21
tro estudio— el San Francisco de Asís de la sa­ Las primeras series conocidas documental­
cristía del convento del mismo título, obra de mente son las que se encargaron al cuzqueño
fines del siglo xvi o principios del siguiente. Basilio de Santa Cruz en 1661; pero ignoramos
Parece relacionada con la producción de Ber­ también si estaban dedicadas a reunir figuras
nardo Bitti, jesuíta activo en el Perú y en el Alto de ángeles militares.
Perú, en cuanto al tratamiento de los paños fa­ Los más antiguos conservados serían los del
cetados, así como por la actitud de la figura que grupo de Calamarca (Bolivia), estudiados por
quiebra el cuerpo de modo muy particular, pe­ los investigadores Mesa y Gisbert, quienes los
ro lo desmañado de las manos y de los pies hace ubican alrededor de 1670.22 Originariamente
pensar en la obra de un seguidor,18 o bien en llegaban al significativo número de treinta y
poco afortunadas restauraciones. seis, frecuente entonces, cuyo impulso procedía
Pasando ya a las pinturas de época más avan­ de conjuntos similares, como aquellos salidos
zada, haríamos referencia a un conjunto de im­ del taller de Zurbarán, y enviados a América.21
portancia: los ángeles de la iglesia de Casabin- Junto a otras características, debemos señalar
do, ocho en total y quizá parte de una serie la riqueza imaginativa de quienes inventaron
mayor, ya que se han podido documentar otras personajes tan curiosos y de insólita iconogra­
que superaron las treinta figuras.19 fía. Estos ángeles, rara mezcla de seres andró­
Los ángeles arcabuceros, militares y músicos, ginos y valientes militares, proceden del con­
son uno de los temas creados probablemente cepto medieval y oriental que concebía a Dios
28

como a un monarca rodeado de ministros, mili­


cias e intermediarios entre El y los hombres,
encargados de trasmitir su voluntad.
Los había, pues, adoradores, cortesanos, gue­
rreros, justicieros o conductores de las almas.
Esta interpretación tan particular de sus perso­
nas como defensores de la ciudad celestial al
mando de San Miguel, se prestó, sin duda, a
representaciones de este tipo. Cabe, pues,
preguntarse: “Si a dicho arcángel se lo vistió, a
fines de la Edad Media, con armadura y arreos
militares de la época, y a partir del Renacimien­
to. con el traje heroico tomado de los guerreros
romanos —tanto, que hasta hoy se lo sigue re­
presentando con dicho atuendo—, ¿por qué
Arcángel Baraciel. Monasterio de Santa Catalina de Siena,
nuestros ingeniosos pintores coloniales habrían Córdoba.
de tener inconveniente en patentizar el peculiar
carácter de estos personajes adjudicándoles el aniñado, que los pintores renacentistas y aun
traje del momento?” Más aún, si pensamos en más los barrocos otorgaron a las figuras angéli­
los intereses didácticos que se proyectaban a cas. Sin embargo, el porte y la vestimenta les
través de la pintura. restituyen la virilidad que les atribuía la tradi­
Por otra parte, cuando los artistas coloniales ción religiosa.
abordaron este tema, la cristiandad había supe­ Su iconografía, simplificada desde el punto
rado hacía muchos siglos la dificultad de repre­ de vista del empleo de atributos, sigue, sin em­
sentar a seres de hecho irreproducibles por su bargo, tan variable e indefinida como antes, a
calidad de espíritus puros, y por lo tanto, incor­ excepción de los tres arcángeles canónicos reco­
póreos e invisibles. Paradójicamente, estos nocidos por la Iglesia. La variedad radica par­
pintores llevaron hasta sus últimas consecuen­ ticularmente en las actitudes, manteniéndose
cias la materialización de estos seres, que sólo se con dificultad los rangos establecidos por el
identifican con los tradicionales porque mantie­ protocolo celestial que ordenaba los nueve co­
nen en su mundanidad su atributo característi­ ros señalados por el seudo Dionisio, y manteni­
co: las alas. dos y aceptados por otros autores.24
Son jóvenes rubios, como exigía la iconogra- En realidad, parecen representar a los arcán­
fía medieval, ya que ese color de pelo era sinó­ geles y ángeles, aunque es posible pensar, con­
nimo de belleza y virtud, así como el negro ca­ forme a algunos atributos advertidos en ciertos
racterizaba a los demonios. Mantienen el ca­ ejemplos (cetros, coronas y corazones), que po­
rácter andrógino y un cierto afeminainiento drían reproducir algunos rangos superiores,
29

como los Principados y las Dominaciones, a


quienes, asimismo, se les atribuía carácter gue­
rrero.
A diferencia de la Iglesia Oriental, inclinada
desde muy temprano a la veneración de estos
seres celestiales, la Católica —sobre todo, a par­
tir de los Concilios de Letrán (746) y de Aquis-
grán (789)— decidió aceptar únicamente a Mi­
guel, Rafael y Gabriel, citados en los libros del
Antiguo y del Nuevo Testamento, rechazando
los demás, por aparecer en textos considerados
apócrifos, como el de Enoch y el Libro Cuarto
de Esdras. Sin embargo, ello no impidió que
tanto en Europa como en América se siguiera
representando a todos, canónicos o no, y aun a
algunos cuyos nombres señalan el seguimiento
de otros textos, además de los ya citados.
En la pintura peruana y altoperuana se de­
ben distinguir dos series diferenciables por la
indumentaria: una de ellas son los personajes
vestidos según la moda del momento, que tam­
bién recibió un tratamiento convencional; va­
riante curiosa que recuerda los figurines de bal­
let, con las faldas y sobrefaldas ahuecadas, y la
profusión de encajes y moños.
El otro corresponde a los militares, entre los
que hay que diferenciar aquellas series donde
los personajes están individualizados por una
leyenda pintada, y otras, como la de Casabindo, Arcángel San Miguel. Monasterio de Santa Catalina de
que parecieran reproducir simplemente a una Siena, Córdoba.

compañía de las tantas que integran las huestes


celestiales. Todos están vestidos lujosamente con el traje
En tales casos, manejan sus arcabuces, los ce­ español masculino y cortesano de comienzos del
ban o los apuntan, o bien llevan banderas, siglo xvni, a veces enriquecidos con el típico bro-
trompetas, tambores, espadas, y los implemen­ cateado, aunque pareciera que en el atuendo se
tos necesarios, como mechas y polvorines (caja sigue la moda americana, que, como sabemos,
para guardar la pólvora fina). presentaba ciertas diferencias con la peninsular
30

Arcángel l’riel. Arcángel Rafael.


Iglesia de Uquía, provincia de Jujuy.

Arcángel Yeriel. Arcángel Salamiel.


Arcángel Osiel. Arcángel Hosiel.
32

contemporánea. Llevan amplia chaqueta de


brocato con mangas partidas que dejan ver la
camisa de lino con puños de encaje. Debajo de
ella, el chaleco, ceñido a la cintura por una larga
banda de seda terminada en galones y asoman­
do por debajo de la casaca; calzón corto, medias
de seda de colores, y calzando zapatos adorna­
dos a veces con moños. Completa el traje un
amplio sombrero de fieltro con plumas multico­
lores. al igual que las alas, y a veces aparecen
coronados con rosas.-"' Los fondos son planos
y neutros, y las sombras proyectadas de las pier­
nas son, juntamente con espadas, dagas y arca­
buces, las que establecen referencias con un es­
pacio tridimensional. Virgen de Belén, con donantes. Iglesia de Cochinoca,
Ignoramos cuál fue el número originario de provincia de Jujuy.
Casabindo. Algunos se encuentran ya en esta­
do lamentable; están pintados al óleo sobre una mayor refinamiento técnico, pero asimismo
delgada imprimación, o casi a la prima sobre más alejados de nuestra sensibilidad. Lo cu­
una tela parecida a la bayeta con franjas grises y rioso del caso es que las formas abultadas de las
azules. En algunas pinturas, la sequedad del vestimentas, que parecieran necesitar de un cla­
clima ha dejado sus señales, produciendo grie­ roscuro contrastado para poner en evidencia su
tas profundas. Mantienen, a pesar de ello, el ampulosidad, están resueltas en tintas casi pla­
colorido primitivo; y a diferencia de otros más nas, texturadas por el dibujo del brocato.
suntuosos del Perú, las orlas y labores de las Otra serie de ángeles militares se encuentra
telas han sido ejecutadas con ocres y amarillos, en la iglesia de Uquía (provincia de Jujuy).
brindando a la superficie una textura ricamente Está incompleta, y, aunque su factura es apa­
pictórica. rentemente mejor que la de los anteriores, re­
Más sencillos que sus congéneres peruanos, sultan un tanto estereotipados. A pesar de
son de interés por la sabia elaboración de la que llevan sus respectivos nombres, se destaca
forma concebida como grandes ritmos curvos, San Miguel como capitán de los tercios celestia­
que armonizan con los pliegues diagonales de les, porque lleva peto y adarga. Las orlas de
las chaquetas. flores, el colorido de las banderas y de los trajes,
Son formas macizas, de una arquitectura es­ hacen de esta serie una de las secuencias pictóri­
pontánea, pero no por ello menos lograda; y cas más atractivas que han llegado hasta nues­
esta particular sabiduría de la composición hace tros días.
que se lo distinga de otros, quizá realizados con Del grupo de pinturas de este tema, y de pro-
33

piedad de las Dominicas, de Córdoba, es la serie pintores cuzqueños, tomados de los Evangelios
de figuras angélicas, canónicas unas, y otras Apócrifos, o leyendas medievales, como la del
apócrifas, que corresponden al tipo de las vesti­ trigo que creció milagrosamente para ocultar a
das como figuras de ballet. El número conser­ la Sagrada Familia mientras huía de los solda­
vado nos dice que esta serie tampoco ha llegado dos de Herodes, y la caída de los ídolos al paso
íntegra a nuestros días, y, entre los pocos que del Redentor recién nacido. No falta, tampo­
quedan, se destaca Baraciel, con rosas en su fal­ co, la nota sentimental del ángel con un al­
da recogida, y sus ropajes muy volados y colo­ mohadón que acompaña a María.
ridos. Merecen también atención ciertos lienzos, co­
En la iglesia de Humahuaca se puede ver el mo los de Cochinoca y de Casabindo. En
conjunto de doce cuadros que agrupa a Reyes y
Profetas de Israel, realizado en el Cuzco por
Marcos Zapata, uno de los maestros del siglo
xvm más solicitados, pues también hay otra serie
suya en Santiago de Chile.
Reflejan la manera de este artista, y al mismo
tiempo los convencionalismos propios de la pin­
tura cuzqueña de la segunda mitad de la centu­
ria, cuyo adocenamiento nos dice de una pro­
ducción que tendía cada vez más a la cantidad
en desmedro de la calidad artística, acentuado
ello por una paleta empobrecida, en la que do­
minaban el azul ultramar y el bermellón. La
firma del autor está en el cuadro de Josafat, el
piadoso rey de Judá: Se pintaron estos 12 lienzos
/ en el Cuzco el a[ño] 1764.
Grupo interesante es el de Tilcara con episo­
dios de la vida de María: los Desposorios, la
Visitación, la Natividad, Epifanía y Huida a
Egipto, asimismo obras cuzqueñas, donde una
vez más se refleja la importancia de los modelos
grabados. La calidad es pareja, denotando la
presencia de una misma mano, no identificable,
poblados de elementos anecdóticos, como en las
escenas de la Visitación y la Huida a Egip­
to. En este último lienzo se reúnen los hechos Inmaculada Concepción. Iglesia de Cochinoca,
incluidos habitualmente en este tema por los provincia de Jujuy.
34

Profetas y reyes de Israel. Iglesia de Humahuaca,


provincia de Jujuy.

aquella iglesia, la llamada Virgen de Belén es de


gran interés para nuestro trabajo, por los retra­
tos de los donantes: Juan José Campero y su
mujer Clemencia de Obando, pintura ejecutada
entre los años 1693 y 1707, los únicos conserva­
dos en la zona.
Como antes se dijo, ya sea por razones piado­
sas o sociales, el tema religioso es el dominante.
Por lo menos, no quedan obras de tema profa­
no. y los pocos retratos que se han podido docu­
mentar, han desaparecido, como el del marqués
del Valle de Tojo y su hijo, que se encontraba
en la casa de Yavi. En el inventario de ésta
había pinturas en un número que sobrepasaba Josafat.
las necesidades devotas de la familia, e incluso
se puede suponer que pertenecían a ese género
trece grabados con sus marcos. La única refe­
rencia a temas profanos aparece respecto de un
biombo muy viejo pintado de historias, tasado en
diez pesos.26
Volviendo a la pintura en cuestión, diremos
que la figura de la Virgen es el traslado al lienzo
de una imagen escultórica vestida, a la manera
de las innumerables estampas importadas pro­
pagadoras de diferentes devociones marianas.
Los retratos —según entonces se decía a este tipo
de reproducciones—, como las Vírgenes de Po-
mata, Cocharcas, Guadalupe, el Señor de los
Temblores, etcétera, tenían su valor piadoso, no
tanto en el parecido, sino en la participación con el
prototipo.27
La Virgen de Belén, que puede ser también
de la Almudena, es una pintura bien compues­
ta, un simple ordenamiento triangular obligado
por la figura de María, en la que predominan
los ocres del traje, y los grises celestes y amari­
llos suaves del fondo, dejando los valores bajos, Moisés.
35

farol). /.ararías.

Salomón. Isaías.
36

y por lo tanto más pesados, para las figuras de


la parte inferior. Algunos toques más intensos
—por ejemplo, el rojo de los moños, y los rosa­
dos y azules de los atributos— contribuyen a
romper la posible monotonía de la entonación
general.
En la parte baja se ha colocado una leyenda
que tiene gran interés para la historia de esta
iglesia, y dice así: El M[aestr]o De Campo D[o]n
J[ua]n Joseph Campero de Herrera, Cau[aller]o de
la Ord[e\n de Calatra\y\a i su Esposa D[oñ]a Cle­
mencia de Obando Encomenderos de este Pueblo Cos­
tearon la Af[ayo]r Parte de esta Iglesia i Retablo i
Puso la Primera Piedra el Año 1682 junto con el
Vicario Antonio de Godoi su Cura y se Aca[b]o el año
de 1693 siendo Cura i Vzc[ari]o el B[achille]r
Dom[ing]o Viera de la mo[t]a Comisario de la Santa
Cruzada.
De igual origen —y seguramente de la misma
mano— parece ser la Purísima conservada en
ese lugar, en la que se repite un tipo definido en
el siglo xvi, cuyo antecedente directo es el llama­ Virgen con la Eucaristía. Iglesia de Yavi,
provincia de Jujuy.
do Tota Pulchra. Los símbolos que rodean la
figura de la Madre de Dios proceden de fuentes
literarias tales como las Escrituras, Letanías, a fines de la Edad Media, en las que María apa­
Himnos, etcétera.28 La entonación dorada do­ rece como sacerdotisa y como oficiante, presen­
mina también en este lienzo; pero los atributos, tando la Eucaristía o el cáliz a la Divinidad.
y el uso de los verdes y rojos en los paños, per­ Quizá las Vírgenes ostensorios, prohibidas por
miten una más rica variedad de color. el Concilio de Trento, puedan relacionarse con
En Yavi se destaca una Inmaculada soste­ esta idea.
niendo la custodia con la Eucaristía, pintura de En el caso del cuadro de Yavi, María, con
muy buena calidad que recrea un modelo ico­ todos los atributos de la Purísiñia Concepción,
nográfico común en ese momento, en una zona sostiene la custodia con un paño humeral, al
muy vasta, puesto que se lo halla tanto en Co­ igual que los sacerdotes. Los conceptos de Ma­
lombia como en el Alto Perú. dre de Dios y de Corredentora eran claros y didác­
Conocemos en España algunas obras con una ticos para un público a quien le era familiar la
idea similar en el período románico,29 y también rebuscada simbología de una época en la cual
37

abundaban las series grabadas que ilustraban y les merecen especial atención dos de ellos: el
difundían las sutilezas teológicas en boga. San Juan y el San Mateo; no así los otros, que
También son cuzqueños un Cristo con San­ son muy endebles. Los primeros proceden de
tos, fechado en 1773, y una Virgen de las Mer­ los modelos pintados por Pérez Holguín en
cedes, orlada con un rico marco con su dosel, 1714, aunque con algunas diferencias. San
ambos de Yavi. Es igualmente curiosa, aun­ Juan ha sido representado de manera muy se­
que no rara, la alegoría de Jesús tocando la mejante a los lienzos de Sucre y de La Paz, con
campana para despertar a las almas pecadoras y la actitud remilgada y la expresión bobalicona
prevenirlas de la muerte que acecha, cuyas fre­ con que en la época se quería expresar el enaje­
cuentes versiones van acompañadas, en algunos namiento y la inspiración divina.
casos, con significativos versos: Despierte el al­ Las divergencias son aun mayores en el San
ma dormida, que la muerte presto asoma... Mateo, ya que el Evangelista se dirige al ángel,
Ejemplo de las muchas obras traídas del Alto que está a la izquierda, en una posición que no
Perú es el Vía Crucis que se encuentra en la es la frecuente entre los prototipos del maes­
iglesia de San Francisco de la ciudad de Jujuy, tro. Otro tanto se puede decir respecto de la
debido al hasta ahora desconocido pintor Diego ubicación de los accesorios; y sobre todo, del
de Aliaga, quien lo pintó entre 1776 y 1777, por águila de San Juan, que aparece en una actitud
encargo de María Josefa de Urrutia. Es una combativa atacando a la serpiente que sale del
serie que sobrepasa el número habitual de las cáliz. En ambos, el colorido es rico, aunque sin
estaciones del Vía Crucis, en las que se mani­ matices tonales; correcto el claroscuro, y firme
fiesta un detenimiento particular en el dolor el dibujo, si bien con las limitaciones que se ad­
exacerbado de Cristo, que contrasta con la tri­ vierten en la pintura andina, incluso en sus des­
vialidad de los soldados y de los personajes inte­ tacados representantes.
grantes de la comparsa.30 Entre los posibles autores de estos lienzos no
En el Museo del Cabildo de Salta se encuen­ quedan por ahora muchos nombres para elegir,
tra un San Pedro de Alcántara producido por inclinándonos por Nicolás Cruz, por ser el más
un seguidor de Melchor Pérez Holguín, pues lo identificable entre los discípulos de Holguín.
prueban el modo en que ha sido tratada la figu­ En el San Marcos debemos señalar su cabeza
ra del Santo, la relación entre la figura y el pai­ bien dibujada, mas no así el resto, que es con-
saje, el claroscuro, y los contrastes de luz y som­ trastadamente pobre; tanto, que pareciera de la
bra. La expresión del rostro, que recuerda la mano que pintó el San Lucas, tela desprovista
producción holguinesca, es, sin embargo, en de valor. Ello no es extraño, si pensamos que
cuanto a su factura, mucho más seca y de me­ era frecuente el trabajo en equipo, en los talle­
nor calidad, y refleja la manera del maestro. res del momento.
Cuatro lienzos inéditos hay en la iglesia de Entre las obras existentes en Córdoba, son de
Rinconada, donde tuvimos ocasión de estudiar­ enorme interés para nuestro estudio dos gran­
los. Representan a los Evangelistas, de los cua­ des cuadros que se conservan en el Convento de
Santas Vírgenes. Iglesia de Humahuaca,
provincia de Jujuy.

los Franciscanos. Uno de ellos, ubicado en el


antiguo refectorio, representa la caída de los
ángeles rebeldes, tema no muy repetido en la
pintura del Cuzco, cuya composición, quizá
procedente de una estampa, ha sido trasladada
al lienzo por un artista de aquella ciudad rela­
cionado con Diego Quispe Tito.
Se debe lamentar que tanto de esta pintura
como de otra, también de gran tamaño: la Pre­
sentación del Niño en el Templo, poco se pueda
agregar, ya que por su colocación en locales pe­
numbrosos y por el oscurecimiento de los barni­
ces oxidados, solamente se pueden emitir jui­
cios no definitivos.
A partir de 1711 se tienen datos de la llegada
a esa ciudad de grandes cantidades de lienzos
procedentes del Cuzco, y es frecuente la alusión
a series, ya sean de ángeles, de la vida de la
Virgen o de Santos, etcétera. Las telas que
existen, confirman lo dicho anteriormente; so­
bre todo, si pensamos en las varias colecciones
que se han podido conservar en los monasterios
de las Catalinas y Teresas. En el primero hay
dos series dedicadas a la titular del Convento, y
otra a Santa Rosa, que probablemente sea la
regalada por Fernando de Córdoba y Espinosa
de los Monteros a su hija Gabriela, profesa en
esa religión. La más valiosa desde el punto de
vista artístico es la de Santa Catalina de Siena,
repartida en diferentes dependencias.
Son cuadros de gran tamaño, donde se rela­
tan los acontecimientos más importantes de la
vida de la célebre terciaria sienesa. Es eviden­
te que son obras de taller en las cuales participa­
ron varios pintores, pues se puede constatar la
diferencia de tratamiento de las cabezas y de las
Santa Apolonia. manos, muy finas en relación con los paños, que
Sania liáibara. Santa Grulla.

Santa Dorotea. Santa Úrsula.


40

resultan abultados y duros, lo cual es compro­


bable en la escena de los Desposorios Místicos.
Se encuentra también en la sacristía del Con­
vento de Monjas Dominicas una Virgen del Ro­
sario que reproduce la famosa imagen limeña,
revestida con el traje que hasta hace poco se le
colocaba. La enmarca un retablo fingido reali­
zado en oro, con dibujos ornamentales y peana
en sepias y tierras; composición que le brinda la
apariencia de una enorme estampa colorida,
suntuosa e irreal.
Entre las piezas excepcionales enviadas desde
el Cuzco debe considerarse la Santa Catalina de
Siena, hoy en el Museo de Jesús María, y que
procede de la anterior colección del Semina­
rio. Es un lienzo de primerísima calidad, con
marco de la época, tallado y dorado. La icono­
grafía es la tradicional, pues la Santa aparece
con sus atributos conocidos: corazón, crucifijo,
lirio, corona de espinas, rodeada por los instru­
mentos de penitencia y los alusivos a su perso­
nalidad. Arriba y a la derecha hay un rompi­
miento de gloria con el Espíritu Santo rodeado
por ángeles. San Mateo. Iglesia de Rinconada, provincia de Jujuy.
La novedad está en otro aspecto de la pintu­
ra, pues sobre la izquierda se alza un cortinado bién se encuentran en Córdoba, debemos citar
que deja ver el interior del claustro de un con­ en primer lugar una Magdalena firmada en La
vento de monjas, con su doble arquería, la fuen­ Plata (Sucre) por Manuel Oquendo, fechada el
te que surte de agua, las religiosas que transi­ año 1770, y parte de las colecciones del antes
tan, jaulas con pájaros, macetas con flores, y citado Museo de Jesús María. Este maestro, o
palomas que se posan sobre el tejado. Toda la ha conocido el grabado de Sadeler, o bien ha
obra es finísima, muy rico el brocateado, ele­ visto personalmente el cuadro de Antonio Mer-
gante el trazo de las formas, destacándose en mejo que se guarda en el Monasterio de Carme­
particular la cabeza sumamente expresiva de la litas de aquella ciudad boliviana. Sea como
Santa. fuere, la obra de Oquendo disminuye su interés
En el valioso conjunto de cuadros que corres­ por el gran deterioro sufrido al correr de los
ponden a la producción altoperuana y que tam- años, sus colores desvaídos, y los cortes que han
41

mermado gran parte del paisaje del fondo. advertimos que éstos no son dignatarios ecle­
Pasajes de la vida de Cristo han sido reprodu­ siásticos, sino, simplemente, un examinador si­
cidos en una secuencia de cuadros que se guar­ nodal y una monja.
dan en la clausura de las Teresas, producto asi­ Volviendo a los retratos, el mejor resuelto es
mismo de los talleres altoperuanos, de la cual, la el del doctor Juan de Molina Nabarrete y Ca­
más interesante escena es la que describe el mo­ brera, oriundo de Córdoba, pues el de la reli­
mento anterior al Nacimiento, cuando el posa­ giosa, sor María Teresa del Carmen Isassi, es
dero indica a los padres del Redentor la cueva evidentemente una estereotipia. Es posible
donde éste nacerá. El detalle de los ángeles pensar que Nabarrete y Cabrera, al ir al Cuzco,
preparando el pesebre donde reposará el Niño donde fue designado canónigo, se hizo retratar,
Dios, es gracioso por su ingenuidad. y desde allá envió el cuadro a Córdoba. Ya
De los mismos años, y de procedencia a veces que se hace referencia a este género pictórico,
difícil de discernir, son unos lienzos con orantes debemos mencionar las series de Obispos que
propiedad de las Dominicas, y cuyas figuras ocuparon la sede cordobesa y la de Pontífices,
principales son la Virgen del Carmen y San Vi­ guardados hoy en el Museo Juan de Tejeda.
cente Ferrer. De las primeras, una está en la Catedral, y
Los personajes en actitud de oración ubica­ otra se exhibe en dependencias del Seminario.
dos a los pies de las imágenes sagradas son fre­ Son conjuntos de dispar calidad, debidos a va­
cuentes en la pintura colonial de casi toda Amé­ rios pintores; y era habitual que el número de
rica, arcaísmo que se mantuvo hasta muy entra­ cuadros aumentara, obviamente, con el trascur­
do el siglo xix. En el caso concreto del primero so del tiempo.
de los cuadros aludidos, deben agregarse otros, En el Museo Sobremonte existe otro lienzo;
como la tipología de la Virgen, también de as­ en este caso, del obispo de Arequipa, Diego Sal­
cendencia medieval y que corresponde a las lla­ guero de Cabrera, nacido en Córdoba; firmado
madas de Misericordia o protectoras, y sobre to­ por Jacinto Villaroel, activo en Chuquisaca, y
do, los dos insólitos sepulcros colocados sobre fechado en 1767. Es interesante por el modo
los ángeles. como ha tratado los elementos que acompañan
En la iconografía de la Edad Media, y tam­ a la figura; pero, en última instancia, no se dife­
bién en algunos cuadros americanos, aparece el rencia, por lo repetido, de lo que entonces se
tema de los tronos ubicados en la región celes­ hacía en los talleres de las Provincias del Norte.
tial que aluden a sitios o asientos destinados a los Otro conjunto está reunido en la Sacristía de
justos en el Paraíso; pero en este óleo se trata de Canónigos de la Metropolitana de Buenos Ai­
típicos monumentos funerarios medievales con res, de calidad desigual, y en los que se deben
arcosolios trilobulados que cobijan figuras ya­ distinguir los ejecutados en el Alto Perú de los
centes de obispos. Pareciera que hacen refe­ traídos del Cuzco. De esta última ciudad pro­
rencia a la paz santificada que en el Cielo goza­ cedería el que a nuestro juicio es el más intere­
rían los retratados; pero surge la duda, cuando sante de todos: el de fray José de Peralta, nove-
42

San Juan Evangelista. Iglesia de Rinconada, provincia de Jujuy.


43

Diego de Aliaga: La flagelación de Cristo. Iglesia de San Diego de Aliaga: La Verónica en el camino del Calvario.
Francisco, Jujuy. Iglesia de San Francisco, Jujuy.

no obispo de Buenos Aires, religioso dominico pondiente a la zona antes mencionada y traída a
de destacada actuación en los medios eclesiás­ Buenos Aires, debemos señalar en primer tér­
ticos.31 mino dos grandes lienzos en forma de lunetos
Este Prelado había sido provincial de la Or­ otrora existentes respectivamente en las sacris­
den en el Perú; y es probable que de paso por el tías de San Francisco y de Santo Domingo, am­
Cuzco hacia nuestra ciudad haya hecho pintar bas pinturas cuzqueñas del siglo xvm, y que, por
su retrato, siguiendo las costumbres del mo­ su similitud de forma y tema, parecieran origi­
mento. narse en un encargo común. En ambos se reu­
Se debe señalar, además, que el autor del cua­ nían las figuras más destacadas de esas Ordenes
dro poseía mayor habilidad expresiva en cuanto alrededor de la Inmaculada, en un caso, y de la
a la captación del carácter del personaje, lo cual Virgen del Rosario, en el otro.
se nota en el rostro de éste, cuya individualidad Caracteres semejantes poseía otro cuadro hoy
está dada por una correcta modulación del vo­ desaparecido, del Convento de Franciscanos,
lumen. El resto presenta diferencias con este en el cual, a manera de árbol genealógico, se
tipo de obras, pues los detalles, las texturas y el aludía a las glorias de las familias religiosas fun­
tratamiento general de los objetos que ambien­ dadas por los santos Domingo y Francisco. De
tan al personaje, evidencian una mayor fuerza y éstos brotaban dos ramas que se unían hasta
cuidado en el dibujo. convertirse en un rosal rematado por la Virgen
En cuanto a la producción americana corres­ del Rosario, y cuyas flores, repartidas simétrica-
44

Santa Catalina de Siena, y detalles de este lienzo. Museo de


Jesús María, provincia de Córdoba.

mente, establecían un paralelismo entre las fi­


guras de Santos, Doctores y Santas que de ellas
surgían.
Recuérdase aquí al San Fermín conservado
en la iglesia matriz de Santa Fe, y firmado por
Mauricio García, quien lo ejecutó en el Cuzco el
año de 1751. Según los investigadores Mesa y
Gisbert, formaba parte de un conjunto destina­
do a José Domingo Zunzunaga y Aramburu,
pues han sido hallados otros lienzos destinados
al mismo devoto.
Pintura altoperuana hubo mucha, de la cual
quedan pruebas en las iglesias, además de otro
tipo de obras cuyo origen es difícil de precisar,
pues reflejan el conocido intercambio entre los
distintos talleres de la zona del antiguo Perú.
45
46

La más interesante es la serie de las Sibilas 32 de


la parroquia de San Telmo, donde también hay
un San Martín de Tours colocado en el altar del
Calvario, cuya apreciación resulta difícil, por la
altura en que se encuentra.
De la Casa de Ejercicios son una Virgen del
Rosario con San Francisco y Santo Domingo,
rodeada de quince medallones con los respecti­
vos misterios, y una Piedad de composición si­
milar, donde se relacionan las horas del día con
los sufrimientos de Cristo durante la Pasión.
Existe en la catedral de Catamarca, en la capi­
lla dedicada a las Animas, un interesante lienzo Retrato de fray José de Peralta, obispo de Buenos Aires.
que responde a las nuevas corrientes europei­ Catedral, Buenos Aires.
zantes introducidas en ciertos talleres chuquisa-
queños a fines del siglo xvm. Es una barroca
composición, copiada quizá de un grabado ita­
liano que representa a la Virgen del Carmen
entre el Ángel de la Guarda y San Bernardino.
En la parte inferior, a ambos lados de una
movida tarjeta, un sacerdote oficia una misa
por las Ánimas del Purgatorio que son liberadas
por San Miguel.
En la mencionada cartela se lee una inscrip­
ción que nos informa de que tanto el obispo de
Charcas, José Antonio de San Alberto, como el
del Tucumán, Ángel Mariano Moscoso, conce­
den indulgencias a quienes rezaren ante esa
imagen, encargada por Bernardino Xerez y Pa­
lacio. Lamentablemente, el resto de la inscrip­
ción está oculto por el marco, lo cual impide
una lectura total de la leyenda, que probable­
mente nos informaría acerca del autor y de la
procedencia de esa pintura, semejante a la ma­
nera de Manuel Gumiel.
Debe agregarse al estudio de las obras proce­
dentes de otras partes de América, un óleo de Detalle del cuadro anterior.
47

particular importancia, por ser obra de uno de


los más destacados artistas del Continente.
Trátase de una Inmaculada debida al neogra-
nadino Gregorio Vázquez, nacido en Santa Fe
de Bogotá, y discípulo del célebre maestro Bal­
tasar de Figueroa.
La Virgen, de pie sobre un orbe donde apa­
rece la escena de la expulsión del Paraíso, ocupa
el centro de una composición simétrica, dividi­
da a su vez en dos zonas: la superior, donde está
ubicada la Trinidad, y otra inferior, ocupada
por San Joaquín y Santa Ana, que se destacan
sobre un fondo de paisaje.
Vázquez repite en este caso no solamente una
alegoría muy difundida, sino también los tipos
por él creados, similares a los que muestran
otros cuadros suyos, como los del Museo de Ar­
te Colonial de Bogotá, y en los que se manifiesta
la influencia de la pintura sevillana de la época.
Se ignora cómo llegó este lienzo a la ciudad de
Córdoba, donde se exhibe en la sacristía del
Convento de San Francisco.

LO PRODUCIDO EN
NUESTRO TERRITORIO
La pintura en la región del Noroeste
Entre los autores más importantes que tra­
bajaron en la zona del Noroeste argentino, po­
demos citar el nombre de Gabriel Gutiérrez,
quien debió certificar el sudor milagroso de la Mauricio García: Martirio de San Fermín. Catedral,
pintura de la Virgen de las Lágrimas que se Santa Fe.
encuentra en la Catedral de Salta, realizada por
el hermano Grimau, de la Compañía de Jesús,
al cual nos referiremos más adelante.
El que se destaca entre todos sus contemporá­
neos es Tomás Cabrera, por su obra La entrevis-
48

ta del gobernador Matorras con el cacique Paikyn, de de idéntica hechura, se encontraba en poder de
1774, cuya atribución es históricamente justifi­ una congregación religiosa.
cada por la noticia que nos brinda uno de sus Un tercer ejemplar de parecida composición
más antiguos poseedores, Pedro de Angelis. se halla en la capilla de Huacalera, en la quebra­
Debe señalarse la diferencia de calidad con da de Humahuaca; pero su factura menos de­
otras telas firmadas por Cabrera; diferencias purada haría pensar en un seguidor.
que solamente pueden explicarse por el hecho Miguel Solá 35 hace referencia a dos pintores
de que quizás hayan sido objeto de malas res­ que se agregan a los nombrados, y que trabaja­
tauraciones, hasta convertirlas en productos de ban en Salta a mediados del siglo xvm. Admi­
un pintor aficionado?3 tiendo lo dicho por este autor, es lógico pensar
Es importante destacar el hecho de que es que en una ciudad de la importancia de ésta
ésta la única obra que responde al género histó­ deben de haber existido artistas que satisficie­
rico, y escenifica un acontecimiento ocurrido en ran las necesidades inmediatas, y no todo podía
la región del Chaco salteño. Está dividida en ser importado.
dos partes: una superior, con la Virgen de la Los nombres y las obras consignadas por Solá
Merced rodeada de querubines y de los santos son los de Manuel Villagómez y Adrigó, a quien
Francisco de Paula y Bernardo, mientras que en se debe el Cristo de la Viña, que reproduce un
la inferior se brinda una vista del campamento grabado de Wierix, y Felipe de Ribera, autor de
en plano rebatido. Éste ha sido tomado de di­ la Divina Pastora con el retrato de Juan Vidart
bujos de Julio Ramón de César, ingeniero que Linares, fechado en 1764. Cita, además, a un
acompañó a Matorras en la expedición. La es­ anónimo autor de una Virgen del Rosario de
cena del encuentro, según apreciaciones de 1802, con los retratos de los donantes: Pedro
contemporáneos trasmitidas por tradición oral, José Saravia y Bárbara Martínez de Tineo, ape­
es un fiel reflejo del hecho. llidos enraizados en el ámbito salteño desde el
La composición está enmarcada por una orla siglo XVII.
rococó que incluye tarjetas asimétricas con ins­ En la vasta región que incluye las poblaciones
cripciones alusivas, redactadas por Jerónimo de Oratorio, Casabindo, San Juan de Oro, San­
Tomás Matorras, sobrino del Gobernador.^ to Domingo, Susques y Coranzulí, se encuen­
Realizados también en Salta y atribuibles a los tran los únicos ejemplos de pintura mural, de
Cabrera son otros dos cuadros de la Virgen del factura muy esquemática e ingenua, como las
Rosario. Uno de ellos perteneció a la familia de las capillas de las últimas localidades citadas.
de Girondo, y en el cual figura la siguiente ins- En Casabindo, Oratorio, San Juan de Oro y
cripción: N. S. D[E] EL ROSARIO / A Santo Domingo, las obras han sido ejecutadas
D[EV]OCION / D. / GASPAR SA[?] BRAVO SAL­ con pigmentos al temple directamente sobre el
TA A[ÑO] !...[?], que representa a la Virgen revoque, imitando repisas, marcos para lienzos,
rodeada de los santos Francisco, Domingo, José columnas y cenefas, con los cuales se pretendía
Y Gertrudis. El otro, de mayor tamaño, pero enriquecer el muro con un retablo o una arqui-
49

Sibilas. Iglesia de San Pedro González Telmo, Buenos Aires.


50

tectura ficticia. Las decoraciones de dichos


edificios son atribuibles a un mismo autor pro­
cedente del Perú: Manuel Alyo, quien firmó las
pinturas de la iglesia citada en último término,
en 1777, por encargo de Gabriela Gonza (¿o
González?) de Cañizares.
En Casabindo, los elementos arquitectónicos
se repiten a lo largo de la nave, imitando colum­
nas, zócalos y arcos de mármol. En Oratorio,
lo fundamental de la composición ha sido re­
suelto con tarjetas también de estilo rococó que
encierran los símbolos de la Pasión. Otro
maestro cuyo nombre no conocemos y formado
ya en las corrientes neoclásicas, ejecutó trabajos Virgen del Rosario (destruido). Convento de San Francisco,
Buenos Aires.
similares en la iglesia de Tafna, probablemente
en los primeros decenios del siglo xix.
Según versiones recogidas en el lugar por va­ les, con la diferencia de que, en estos casos, se
rios investigadores, los murales de la iglesia de imitan la composición y los temas de las piezas
Susques se deben al pintor boliviano Gregorio
similares hechas en telas, ya sean de brocato,
Solís en 1872.36 Aunque hechas en momento bordadas o de cordobán.
muy avanzado del siglo xix, estas curiosas pintu­
La zona central del territorio
ras siguen siendo coloniales.
Referidos también a este tema son los fronta­ El núcleo más importante de la región central
les de altar y las cruces pintadas, en las que se del territorio argentino es la ciudad de Córdo­
alternan elementos figurativos con tintas pla­ ba, que se destacó hasta el siglo xvm, no sólo en
nas. Una, muy interesante, y de rigurosa abs­ lo político y económico, sino también en lo cul­
tracción, tiene los brazos cubiertos de bandas tural. Si bien decayó en algún sentido cuando
paralelas de colores rojo, azul, blanco y negro, Buenos Aires pasó a ser la capital del Virreina­
destacándose en el centro el paño de la Veróni­ to, nunca perdió su prestigio y su valor tradicio­
ca, sintéticamente tratado. En otra, guardada nal. Las circunstancias antes señaladas, permi­
en Rodeo, aparece la figura de Cristo, y debajo, ten explicar la abundancia de pinturas que aún
el busto de la Dolorosa, como se acostumbraba existen en esa provincia; hecho, por otra parte,
en piezas de esta naturaleza. El resto ha sido confirmado por la documentación recogida.37
resuelto en varios colores. Habitualmente .se atribuye a Juan Bautista
En cuanto a los frontales, como el de la iglesia Daniel un Descendimiento, en San Francisco,
de Susques, la técnica empleada es la misma que atribución insostenible a partir del hallazgo por
se usó para efectuar las ornamentaciones mura- parte de los estudiosos bolivianos Mesa y Gis-
51

bert de dos pinturas, las cuales, por estar firma­


das, permitieron caracterizar su estilo.3”
Efectivamente, la crónica señala que la viuda
de Daniel dejó en su testamento un lienzo con el
tema del Descendimiento, que debía de ser muy
querido para el matrimonio y que estaba en el
estrado: ... y es advertencia que un lienzo grande
con su marco de madera del Descendimiento, que ten­
go en mi estrado, se ponga en el altar de dicha capilla
[Capilla de la Vera Cruz, para cuya construc­
ción Isabel de la Cámara dejó tres mil pesos a
los Franciscanos], y mientras no se obrare y acabare,
mis albaceas lo pondrán en parte segura, o de la
Iglesia de San Francisco, o en otra parte, si los Reli­
giosos no lo quisieren recibir, que si quisiesen tenerlo
en la Iglesia mientras se acabe la Capilla, es mi vo­
luntad que lo tengan y mis albaceas se lo entreguen; y Gregorio Solís: Santa ('.alalina de Alejandría.
los clavos para ponerlo se busquen y compren con Iglesia de Susques, provincia de Jujuy.
plata de mis bienes, que así lo mando y es mi volun­
tad; pero siempre con el gravamen de no poderlo pres­
tar, o enajenar o trocar.39
Es sugestiva la similitud existente entre el
apellido del pintor, Daniel, y el lugar de su naci­
miento, Dania, la actual Dinamarca, que forma­
ba parte del reino de Noruega, lo cual hace
pensar que no era ése su verdadero nombre.
Había entrado por el puerto de Buenos Aires
alrededor de 1606, sin permiso de Su Majestad,
suponiéndose que pasó luego a Córdoba. Sin
embargo, nada sabemos en concreto del desa­
rrollo de sus actividades en el lapso comprendi­
do entre el momento de su llegada y 1615,
cuando se casó con Isabel de la Cámara. De
ese período son la Sagrada Familia (1610) y el
Cristo (1613), ambos en colecciones privadas de
Bolivia, lo cual hace pensar en un posible viaje a Gregorio Solís: Santa Lucía. Iglesia de Susques,
esas tierras. provincia de Jujuy.
52

Tomás Cabrera: Entrevista del gobernador Matorros con el cacique Paykin.


Museo Histórico Nacional, Buenos Aires.
Tomás Caloría: Enlievista del gobernador .Valorías ion el cacique Paykín. detalle de la parte superior
Museo Histórico Nacional, filíenos Aires.

Tomás Cabrera: Entrevista del gobernador Matorros con el cacique Paykín, detalle. Museo Histórico Nacional, Buenos Aires.
54

En Córdoba, donde se afincó, pudo lograr A partir de los cuadros dados a conocer por
una holgada posición económica, desarrollan­ los mencionados investigadores bolivianos, así
do, al parecer, una intensa producción, a juzgar como por el antes citado, se le puede atribuir el
por el crecido número de cuadros que tenía en retablo de la capilla de una estancia cercana a la
su casa y en una finca; tantos, que su mujer dejó ciudad de Córdoba —hoy, en el Museo Sobre­
a los Franciscanos 150 de ellos. monte—, con paneles pintados en las alas y en
Su deceso ocurrió en fecha no precisada aún; el fondo, y se cierra reconstruyendo un prisma
pues, según Altamira, ocurrió antes de 1662, y, que contenía una imagen de bulto. Los del
en opinión del padre Furlong, con anterioridad fondo representan a cuatro querubines, y los
a 1673. laterales, a Cristo, la Virgen y Santos francisca­
Debe agregarse a los hallazgos antes mencio­ nos. Es la imagen de la Madre de Dios la que
nados el descubrimiento de un nuevo e intere­ permite relacionar este retablo con la tabla en­
sante lienzo existente en una colección particu­ contrada en Bolivia.
lar, que representa el taller de Nazaret, firmado La hipótesis antes sustentada permitiría asig­
I0HANIS BAP[TIST]A [D]ANIEL faciebat 1609 nar a Daniel un gran lienzo que se guarda en la
[?], siendo por lo tanto la pintura más antigua clausura de las Dominicas. Representa a la
conocida entre las realizadas en nuestro país. Virgen del Rosario con Santo Domingo y Santa
La tela, de regular tamaño, muestra con fres­ Catalina, protegiendo a las monjas de la Orden
cura y no poca ingenuidad una típica escena ubicadas a sus pies, cobijadas bajo su amplio
hogareña en la que María cose junto a una chi­ manto sostenido por ángeles, siguiendo la arcai­
menea, mientras San José trabaja en su mesa de ca fórmula de las Vírgenes de Misericordia. El
carpintero, rodeado de las herramientas pro­ mal estado de conservación no impide, sin em­
pias de su oficio. El Niño Jesús y su primo bargo, establecer una clara correspondencia
Juan juegan en el suelo, donde han caído las con el ya citado retablito.
virutas, y en un ambiente en el que se conjugan Otras pinturas se pueden agrupar alrededor
lo anecdótico y la sencillez evangélica. de la figura de Daniel, por estar de algún modo
La figura de la Virgen repite la tipología relacionada con su manera. Serían los retratos
creada por Daniel, y junto con la de la colección de las monjas Catalina de Cristo y Teresa de
Anaya, de Bolivia, permitirán definir progresi­ Jesús, en las caras interiores de las puertas del
vamente el carácter de este pintor, facilitando la retablo de la Capilla del Fundador, y un Cristo
identificación de otras obras que con el tiempo atado a la Columna, con San Pedro arrepenti­
aparezcan. do, todas en el Monasterio de las Carmelitas.
Puede deducirse por lo conocido hasta ahora, La última, de pobre factura y con evidentes sig­
que su formación ha sido realizada en círculos nos de haber sido retocada, hace pensar más
cercanos o influidos por la pintura de Flandes, bien en un discípulo o seguidor, que sabemos
y que su calidad no pasa de ser la de un discreto los tuvo durante sus años de actividad en la ca­
maestro provincial. pital mediterránea.
55

Juan Bautista Daniel: El hogar de Nazaret. Colección particular, Córdoba.

Entre los pintores que trabajaron en Córdoba Sin embargo, Sas dejó la ciudad de Córdoba,
durante el siglo xvn, conocemos los nombres de pues en 1612 lo hallamos en Potosí, donde aún
Diego Muñoz, discípulo del pintor noruego, y, trabajaba en 1623. Pareciera que su partida
según contrato de 1626, a Rodrigo Sas o de Sas, no respondió a los dictados de la Real Cédula,
flamenco que figura en documentos muy tem­ sino más bien al hecho de que la villa altoperua-
pranos. En 1606, al expedirse la Real Cédula na era un centro muchísimo más activo y pro­
por la que se expulsaba a los flamencos del te­ misorio, un mercado surtido por la producción
rritorio americano, el gobernador Alonso de local, y atractivo tanto a los artistas de otras re­
Ribera solicitó su permanencia, porque hace su giones como a una clientela adinerada.
oficio y de el se sigue fruto... porque no hay otro pintor Sabemos también de la existencia de pintores
que pinte cosas de consideración y hace muchas imá­ doradores, cuya actividad era necesaria para la­
genes para las iglesias y otras devociones. "' bores ornamentales, como Juan Pérez Cabral,
56

Frontal para misa


de difuntos. Museo
Franciscano,
Catamarca.

portugués, muerto en 1650, y Nicolás Palacios, dan referencias concretas sobre cuál era exacta­
que intervino en el dorado de la iglesia de la mente su profesión: artistas o simples pintores
Compañía. A éstos habría que agregar el de paredes.
nombre de Ignacio de Córdoba, que aparece en Se han dejado para el final los cuadros de la
un documento de 1684.41 iglesia de la Compañía de Jesús. Nos referi­
De la centuria siguiente son los nombres de mos a los del retablo mayor, de las bóvedas del
Hermenegildo de Eguibar, maestro de escultu­ templo y de la Capilla Doméstica.
ra en madera, autor de un dibujo que represen­ Como se indicó en otra parte, el altar mayor
ta a la Catedral, y Francisco Javier del Sacra­ estaba construido para recibir pinturas que hoy
mento, nacido en 1749, pardo libre cuyo nom­ han desaparecido, ya que fueron reemplazadas
bre figura en varios escritos. a comienzos del siglo XX por hornacinas e imáge­
Sería de su mano el marco que a modo de nes de bulto. Sabemos cuáles eran los temas
retablo oculta una ventana en la capilla del Fun­ de dichos cuadros, pero no su calidad. Llama
dador, del Monasterio de las Teresas. Consta la atención que en la calle central existiera un
de un cuerpo superior o ático, cuya pintura ori­ San Ignacio con un marco de espejos, que en los
ginal falta en la actualidad, y de dos puertas con inventarios levantados con motivo de la supre­
los retratos de las monjas Teresa Luisa de San sión de la Orden figura con un precio alto.
Angel y María de la Madre de Dios. Son tra­ Las iglesias jesuíticas de Córdoba, Santa Fe y
bajos de factura muy primaria, lo cual acentúa Salta estaban cubiertas con una bóveda de ma­
el arcaísmo de esta obra, y si no estuviera fecha­ dera ornamentada con pinturas, siendo éstas,
da en 1768, como consta en el friso, un observa­ juntamente con los ya citados del Norte y los de
dor desprevenido la ubicaría en un momento las Misiones, los pocos ejemplos de pintura or­
mucho más temprano. namental conocidos en nuestro medio.
Más información poseemos acerca de Manuel Las bóvedas de cañón corrido de los recintos
Javier Garay, Pintor y arquitecto de afición, pardo cordobeses, están constituidas por una sucesión
o mulato que pintó una Ninfa, recostada sobre las de arcos de medio punto, recubiertos por
armas de Córdoba, para el túmulo de los funera­ franjas separadas entre sí por nervaduras, con
les de Carlos III. También efectuó trabajos motivos fitomorfos realizados en tintas planas, y
relacionados con retablos, por lo cual se puede cuyo colorido se combina con el de los nervios,
deducir que fue hombre activo en varios ofi­ lográndose una equilibrada unidad tonal.
cios; pero en ninguno de ellos se destacó como Sobre el crucero de la iglesia cabalga una cú­
un artista consumado.42 pula que se apoya sobre pechinas, y todo el
Durante la segunda mitad del siglo xvm y co­ conjunto descansa sobre un friso corrido en el
mienzos del xix aparecen los nombres de varios que se alternan lienzos con tableros tallados y
pintores pardos o mestizos —algunos, esclavos, dorados. En las pechinas se ubicó a los Evan­
y otros, libres—, acerca de los cuales nada se gelistas, como era habitual en estos casos, mien­
puede decir, pues los datos recogidos no brin­ tras que en la cúpula ascendían teorías de ánge-
57

Juan Bautista Daniel (atribuido): Retablo. Museo Sobre Monte, Córdoba.


58

Nuestro Señor Jesucristo


y San Juan Bautista
Niños. Museo de
Santiago del Estero.

les en registros superpuestos, cuyo tamaño se


adecuaba a los gajos triangulares. Las figuras
de la parte inferior eran ángeles músicos de me­
dio cuerpo, a los que seguían otros volando y
cabezas de querubines. Todos convergían
hasta el remate, donde se había pintado la Co­
ronación de la Virgen por la Trinidad.
Respecto de los lienzos colocados en el friso
de la nave y en la base de la cúpula, sólo se
puede decir que son personajes importantes de
la Compañía de Jesús, entre los cuales puede
distinguirse un supuesto retrato del beato Ro­
que González de Santa Cruz, atribuido sin nin­
gún fundamento al hermano Bernardo Rodrí­
guez,43 obras todas de muy mediana calidad.
La ornamentación del techo de la Capilla Do­
méstica es mucho más rica por la complejidad
Florero. Museo de Santiago del Estero. de los elementos vegetales, el agregado de tarjas
sostenidas por ángeles, la composición central
de la Virgen cobijando a religiosos jesuítas, y en
general también por el tratamiento del color.
Lo que se debe señalar es que tanto esas pintu­
ras como las de la iglesia han sido tomadas, pro­
bablemente, de dibujos o grabados que no co­
rresponden a la época en que fueron ejecu­
tados.
Las Misiones Jesuíticas
Es conocida por todos la actividad desarrolla­
da por los misioneros jesuítas en las Reduccio­
nes que fundaron en el territorio sudamericano
durante los siglos xvn y xvili. Ya se ha hecho
referencia en los capítulos precedentes de los
trabajos de imagineros, doradores y retablistas.
Al tratar de comprender el problema de la
pintura que se hizo en los talleres de las Misio­
Angel. Museo de Santiago del Estero. nes, nos encontramos con la difícil circunstancia
59

Hermano José Grimau, S. JVirgen de las Lágrimas. Virgen. Museo Enrique Udaondo, Luján, proi’incia de
Catedral de Salta. Buenos Aires.

de que al desaparecer la casi totalidad de esa ducciones en 1714) y Acacio Negle (bávaro, ac­
producción, nos hallamos impedidos de elabo­ tivo en las Misiones y en Córdoba), no conoce­
rar planteos cualitativos y estilísticos respecto de mos la actividad específica en el campo de las
obras que no existen. Ello nos obliga, asimis­ artes.
mo, a limitarnos a la documentación escrita re­ Del hermano Gonzalo Ruiz, el Catálogo III
cogida, que brinda una gran cantidad de nom­ de la provincia del Paraguay señala que en 1617
bres de religiosos dedicados al ejercicio de la se hallaba en Córdoba dedicándose a las activi­
pintura. dades artísticas; y en ese mismo registro, pero
De los hermanos Felipe Viveros (Bruselas, en otro número, se habla del hermano Blas Gó­
1605; actuó en Yapeyú, Loreto y Encarnación, mez, santafesino, al cual se lo llama pintor y
donde murió), Antonio de la Cuesta (español, escultor. De ambos tampoco sabemos en con­
natural de Tarragona), el padre José Gómez creto qué hicieron.
(porteño, nacido en 1667, que estaba en las Re­ El hermano Bernardo Rodríguez, español,
60

Hermano Luis Berger, S. J.: Virgen de los Milagros. Iglesia de la Compañía, Santa Fe.
61

Aspecto parcial del techo de la Capilla Doméstica, Compañía de Jesús, Córdoba.

nacido en 1574, vino desde el Perú a pedido del Descendimiento que se conserva en la Com­
padre Diego de Torres para realizar obra en el pañía de Santa Fe.
Colegio de Santa Fe, para cuya iglesia hizo un Otro religioso, el hermano Luis Berger, es el
gran lienzo que servía de retablo mayor. De autor de una obra conocida: la Virgen de los Mi­
éste se desconoce su calidad, su tamaño, y el lagros, ejecutada en 1636. Parece ser que entre
tema representado. También fue autor de las actividades que desarrolló antes de su llega­
una imagen de la Virgen llamada la Conquistado­ da a nuestras tierras, la pintura ocupó un lugar
ra, que llevaron los mártires del Paraguay: bea­ destacado; pero, como ocurre frecuentemente,
tos Roque González, Alonso Rodríguez y Juan los juicios de valor vertidos en documentos no
de Castillo, y que fuera destruida por los in­ coinciden muchas veces con la realidad, pues la
dios. Se le atribuye sin fundamento alguno el nombrada imagen no pasa de ser obra correcta,
62

que, de no tener el dato concreto de la autoría,


se hubiera unido a ese conjunto de obras des­
personalizadas que abundan en nuestras igle­
sias.
Para ejecutar la Virgen de los Milagros, el
hermano Berger utilizó evidentemente un gra­
bado, el cual, a su vez, sirvió de fuente para
imágenes esculpidas, tales como las tres que se
conservan en la ciudad de Segovia (España),44 y
la que está en San Ignacio (Paraguay).
L’na reciente y acertada limpieza ha permiti­
do que se pueda ver mejor esta obra. Para va­
lorarla correctamente serían necesarias otras Virgen Passaviense. Museo Sobre Monte, Córdoba.
pinturas del Hermano; pues, en el caso de esta
Virgen, el punto de partida es equívoco, por
cuanto la composición no le pertenece. De lo
que se puede tratar, entonces, es del color, que
es delicado —sobre todo, el de la túnica, en una
rica gama de rosa—, y del dibujo, que es correc­
to y propio de un pintor con oficio, aunque
seguidor de principios que en Europa ya no
tenían vigencia.
Todo hace pensar que no fue su intención
primordial hacer una obra de arte, sino una ima­
gen devota, cosa que consiguió plenamente.
Berger, como otros jesuítas enviados a tierras
de misión, utilizaron sus conocimientos pictóri­
cos con un fin que trascendía los puramente
artísticos.
Se agregan a esta obra sus pinturas sobre los
Novísimos, que, según las Anuas de 1618-19,
habían llamado mucho la atención; los siete Ar­
cángeles ejecutados para la Reducción de
Tayaoba, y un cuadro de San Carlos Borromeo
que había en la iglesia del pueblo de ese nom­
bre; dato, éste, tomado del padre Techo.45 El Patriarca San José con el Niño Jesús en brazos. Museo
Además de su actividad de pintor, el hermano Sobre Monte, Córdoba.
63

jesuíta se dedicaba a la enseñanza de la música y


de la danza, y a hacer algo de orfebrería.
En 1602, en Hainaut (Bélgica),'6 nació el her­
mano Luis de la Cruz, quien estuvo en las Re­
ducciones, donde, según el padre Sepp, pintó
en Yapeyú, y según Altamira, en Loreto. Las
Cartas Anuas de 1669 a 1672 registran su activi­
dad como pintor.
Probablemente, mucho más fecundo y más
activo fue el hermano José Brasanelli, milanés
nacido en 1659 y muerto en la reducción de
Santa Ana en 1728, que fue escultor, arquitecto
y al parecer pintor. Dirigió la ejecución de
una serie de la vida de San Ignacio que se reali­
zaba en Ytapúa, dato que conocemos por una
carta de 1718 enviada por el padre José de As-
tudillo al provincial Luis de la Roca.
Entre los muchos religiosos de la Compañía
de Jesús que se dedicaron al ejercicio de la pin­
tura, estaba José Grimau, autor del famoso lien­ Virgen. Monasterio de Santa Catalina de Siena, Córdoba.
zo de la Virgen de las Lágrimas que se conserva
en la Catedral de Salta, pero que fue realizado talmente para el presente trabajo. No pode­
en la ciudad de Córdoba, pintada al óleo sobre un mos dejar de reconocer la importancia de su
papel reforzado con lienzo de Bretaña. Es copia de famosa obra Hacia allá y para acá, y la de sus
una Purísima que existía a mediados del Siglo XVIII ingenuas ilustraciones, que brindan datos valio­
en el Colegio Máximo, reproducción, a su vez, de sos acerca de la botánica, la zoología, las cos­
una muy difundida imagen italiana.” tumbres, etcétera; pero carecen de verdadero
Actuó en las Misiones de San Miguel, San interés plástico.
Luis y Santa Rosa, y estando en la Candelaria en Es inútil recordar la actuación de indígenas
1767 sobrevino la expulsión de los religiosos de en los medios misioneros. Desde luego, esto
la Compañía de Jesús del territorio americano. trasciende el campo de la pintura, en el cual se
Los inventarios labrados por consecuencia del han recogido datos muy escasos.
suceso mencionado, demuestran la modestia de Como ya se señaló en el capítulo dedicado a
medios de su taller. estudiar la Imaginería, las enseñanzas iniciales
El valor de los dibujos realizados por el padre impartidas por los religiosos a los indios, contri­
Florián Panelee es sumamente relativo desde el buyeron a formar los talleres que mantuvieron
punto de vista artístico, que interesa fundamen- su actividad a través del tiempo, aunque no fue
64

continua, ni tuvo lugar en todos los pueblos.


Volviendo nuevamente al padre Furlong,
nuestro inolvidable maestro, él nos explica que
los religiosos "...fueron los iniciadores de las diver­
sas artes, y establecieron o mejoraron los talleres que
había en cada pueblo, y sabemos que cada taller u
oficina tenía un jefe, con el nombre de Alcalde, y éste
tenía una tabla en la que estaban escritos los nombres
de todos sus dependientes. Así había un Alcalde de
tejedores, otro de carpinteros, otro de tornilleros, otro
de pintura, etcétera. Era el responsable de la buena
marcha de la oficina y, por eso, debía mirar por la
conservación de los instrumentos o maquinaria, debía
preservar la existencia de las materias primas, debía
conocer la demanda interna o externa de los productos
a fabricarse, debía distribuir el trabajo entre sus su­
bordinados y debía mirar por la bondad o perfección
de los productos”.48
Respecto de lo señalado en segundo término,
nos sirven las palabras del padre Bernardo
Nussdorffer:
"Lo que toca a las manufacturas de retablos, esta­
tuas, pinturas, herrería y otras semejantes, estuvieron
en las Doctrinas algunos Hermanos de la Compañía
enseñando a los indios a hacer estatuas y retablos en
unos 3 Pueblos, de los cuales los demás o compraron
sus retablos, o procuraron imitar lo que vieron hacer;
Miguel Aucell: Resurrección (destruido). Convento de San
pero en acabando de hacer retablo para su Pueblo, y Francisco, Buenos Aires.
estatuas que han menester en sus iglesias, ya esta ofici­
na se deja, porque rarísimas veces se hace de esto para Aunque es difícil emitir juicios de valor apro­
otro Pueblo. piados, a causa del restringido número de pie­
"En las pinturas habrá unos 3 Pueblos, en que zas conocidas; parecería que en la práctica de la
hacen alguna cosa de más lustre, aunque nunca lle­ pintura los indígenas no llegaron a los mismos
gan a las pinturas de los indios del Cuzco, ni se ha­ niveles de creación como en la escultura. La
llan los colores, sino a mucho precio comprados; en los cita antes trascrita del padre Nussdorffer así lo
demás Pueblos lo más que saben pintar son algunos confirmaría. Por lo menos, las obras pictóricas
Romanos y florones.” 49 carecen de notas formales o de color que las
65

caractericen, permitiendo una fácil identifica­ este dato: y en no pocos colegios se lo recuerda con
ción. Tal sería el caso del San José de las Cata­ gratitud por las imágenes que pintó en ellos.
linas de Córdoba, así como de otros cuadros Referencias directas a obras, y no ya a nom­
citados más adelante. bres, serían en primer término los murales de la
Diremos del pequeño óleo del Museo de capilla de Loreto en el pueblo de Santa Rosa:
Luján, procedente de la Colección Peña, que las estaban tan perdidos en la actualidad, que su
reservas son de otra índole, pues su notoriedad apreciación era difícil, a tal punto que para te­
está relacionada con la inscripción: J • M • Ka- ner idea acerca de ellas, se necesitaba recurrir a
biyú = Fecit Ytapua 1618. Dicha leyenda está viejas fotografías.
escrita con caracteres del siglo pasado, sobre Actualmente se está restaurando esta pintu­
una tabla suelta e independiente de la pintura, ra, por lo cual se la podrá apreciar mejor. Las
lo cual no es prueba de una necesaria corres­ escenas están relacionadas con la leyenda pia­
pondencia entre ambas. dosa de la traslación de la Santa Casa de Naza-
Llama la atención lo temprano de la fecha, ret, y eran presididas por la imagen de la Vir­
pues el pueblo de la Candelaria de Itapúa había gen de Loreto, título mariano del que los Jesuí­
sido fundado sólo tres años antes, y si además tas eran muy devotos, causa de que construye­
hubo de ser trasladado de lugar,50 las circuns­ ran junto a varias de sus iglesias americanas,
tancias no eran del todo adecuadas para el ejer­ una capilla especial dedicada a esta advocación.
cicio de la pintura. El mejor ejemplo de ello es la muy suntuosa de
Hay además otro elemento que probaría que Tepotzotlán (México).
no pudo ser hecha en 1618, y es el Corazón de Las escenas están dispuestas en registros se­
María colocado en el centro de la parte supe­ parados horizontalmente por molduras y guar­
rior, pues se sabe que esta devoción mariana das, y, en sentido vertical, por pilastras fingidas,
fue promovida por San Juan Eudes unos cin­ cuyos capiteles son iguales a los de las construc­
cuenta años más tarde, y es a partir de esa época ciones de esos pueblos.
cuando se comienzan a organizar los elementos El abandono y el maltrato que sufrió esta
simbólicos de la advocación. obra han dejado sus huellas. No obstante, hay
Reproduce un supuesto retrato de la Virgen partes menos perdidas, como las que represen­
dentro de un marco de molduras fingidas, con tan a Dios Padre enviando al Espíritu Santo,
roleos laterales, dos rosas en los ángulos supe­ rodeado de ángeles adoradores, y junto a quien
riores y el citado Corazón de María. Está pin­ está el arcángel San Miguel con sus huestes,
tado casi sin imprimación, sobre un delgado abatiendo al dragón infernal. En otra parte se
lienzo de Bretaña, tensado sobre un bastidor puede ver el traslado de la Casa a Loreto.
moderno. Hay también una curiosa escena del taller de
Otro nativo, de nombre Esteban, fue discípu­ Nazaret, en la que la figura principal es Jesús,
lo del hermano Berger, y figura en las Anuas de provisto de una maza de carpintero, labrando
1649 entre los fallecidos de ese año, agregando un panel adornado con estrellas, que aluden,
66

quizás, a su condición de Creador. A su iz­


quierda, dos ángeles colaboran en la tarea, uno
de ellos provisto de la sierra.
El tema es rarísimo desde el punto de vista
iconográfico, pues las representaciones que for­
man parte del ciclo de la Infancia, muestran a la
Sagrada Familia en la intimidad de la Santa Ca­
sa, y, en tales casos, Jesús aparece siempre como
un Niño que ayuda a San José o a su Madre, o
juega con Juan Bautista, su primo.
Los Evangelios Canónicos, primero, y los es­
critores ascéticos, después, fueron muy pruden­
tes, y evitaron dar explicaciones aventuradas so­
bre los años de vida oculta del Salvador, aleján­
dose de las fantasiosas narraciones de los Apó­
crifos. Estos, por otra parte, siguieron gozan­
Miguel Aucell: San Ignacio de Layóla. Iglesia de San
do en América del mismo favor que en el Me­ Ignacio, Buenos Aires.
dioevo.
Generalmente, se acepta que Cristo inició su —probablemente, similar a la otra—, un retablo
misión alrededor de los treinta años de edad, pintado, que es posible apreciar gracias al rele-
señalando el padre Rivadeneyra que después vamiento hecho por el señor Hugo Stella, dado
de la muerte de San José, ejerció por sí aquel mis­ a conocer en los Documentos de Arte Argentino, de
mo oficio de carpintero, porque no solamente fue lla­ la Academia Nacional de Bellas Artes.
mado hijo de carpintero, sino también carpintero.5' A pesar del poco espacio existente entre el
La concordancia de esta pintura con dicho altar y la pared, el señor Stella ha logrado tras­
texto es muy sugestiva, y nada impide aceptar, mitir los caracteres de esa obra, insólita en nues­
aunque extrañe su rareza, que representa a Je­ tro medio, lo cual nos permitiría atribuirla a un
sús ejerciendo humildemente el oficio de su pa­ maestro formado en los talleres de las Reduc­
dre en la casa de Nazaret, antes de comenzar su ciones Jesuíticas.
prédica, integrándose así con el tema principal Hay elementos ornamentales cuya factura
de la capilla. coincide con otros parecidos de edificios levan­
Durante la restauración de la iglesia del Pilar tados en esos pueblos, como los capiteles y las
de Buenos Aires, efectuada tan meritoriamente basas de las columnas, los ángeles atlantes, las
por el ingeniero Andrés Millé, se descubrieron orlas, etcétera; pero se debe señalar que des­
pinturas murales detrás de los altares de la Vir­ conciertan los adornos de estilo rococó que co­
gen de Luján y de la Dolorosa. Las primeras ronan la hornacina.
son restos de un conjunto de mayor tamaño La fecha de 1735 aparece en una de las guar-
67

das inferiores, es muy temprana en relación con


nuestro medio, y a ello se debe agregar que
dicho estilo se difundió poco en los talleres de
las Misiones.
Es también curioso el cuadro riportato ubicado
en la parte superior, del cual queda un frag­
mento, y, por lo que aún se puede ver, sería la
versión abreviada del tema de la Parentela de
María, que mucho se difundió por toda Amé­
rica.
También son valiosas para nuestro estudio las
pequeñas tablas de la Colección Gancedo, en
Santiago del Estero. Formaban parte, con mu­
chas otras, de la cubierta de la iglesia de San
Ignacio Guazú, que fuera demolida a principios
de siglo. Reproducen un florero, un ángel
Miguel Aucell (atribuido): San Juan Xepomuceno. Iglesia de
arrodillado con ramo de flores en la mano, Je­ San Ignacio, Buenos Aires.
sús y San Juan Bautista niños, dentro de una
tarjeta elíptica. Son todas al temple sobre im­ período de la dominación española; entre otras,
primación de yeso, cuyas formas han sido obte­ varias obras relacionadas con la producción que
nidas mediante trazos sintéticos, lo cual es bas­ se estudia.
tante frecuente en la pintura ornamental de las Son ellas un San Juan Berchmans, en el Mu­
Misiones, como las de San Cosme. seo de Jesús María, evidente reproducción de
La iglesia fue rehecha en 1804 por Tomás un grabado, y que presenta ciertas semejanzas
Mármol; pero es muy posible que las referidas con un San Javier guardado en el Seminario de
tablas procedan del edificio anterior levantado la Compañía de Jesús. Deben sumarse a ésta
por los misioneros de la Compañía de Jesús.52 dos pequeñas tablas de San José y una Virgen
En los templos de las Reducciones había mu­ con el Niño, conocida como Nuestra Señora Pas-
chos lienzos; pero no se ha precisado el dato de saviense, muy divulgada por los talleres de las
si todos ellos fueron producto de los talleres Reducciones, y cuyo prototipo original es una
locales. Se sabe que pinturas europeas e inclu­ pintura de Cranach.53
so cuzqueñas decoraban los recintos sagrados Todas estas obras han sido resueltas con una
de los pueblos indígenas. Una versión de la técnica particular, que se caracteriza por el uso
Virgen de San Lucas se conserva en el Monaste­ de muy poca materia pictórica, además de la
rio de Santa Catalina de Córdoba, ciudad que, tendencia a la planimetría y a la acentuación de
como ya se advirtió en otro lugar de este capítu­ grafismos.
lo, tiene el más rico conjunto de pinturas del Mención especial se debe hacer de un gran
68

lienzo de San Francisco de Borja ubicado en el


crucero de la iglesia de San Isidro (Jesús Ma­
ría); producto local que debe relacionarse con
los antes citados, ya que tiene con ellos eviden­
tes conexiones.

Buenos Aires
Buenos Aires, por su ubicación geográfica,
distante de los centros americanos más activos
de la producción artística, y ciudad - puerto
muy conectada con el exterior, tuvo durante los
siglos coloniales un relativo desarrollo cultural.
Desde el período prehispánico, su vincula­
ción con otras regiones de influencia del Conti­
nente era escasa. Consumada la conquista,
mantuvo su aislamiento respecto del interior
del territorio, y sirvió como lugar transitorio de
recepción de obras, que se llevaron a zonas mu­
cho más ricas. Esto no niega, como en algún
momento se supuso, que no haya habido talle­
res para satisfacer las necesidades del ámbito
porteño.
La actividad pictórica estuvo en manos de es­
pañoles y de extranjeros que se desempeñaron
con mayor o menor fortuna; pero, a juzgar por
sus obras, se puede decir que no fueron creado­ Miguel Aucell: Aparición de Cristo a San Luis, rey de
res, aunque dominaban la técnica de la pintu­ Francia (destruido). Capilla de San Roque, Buenos Aires.
ra. El único de verdadera relevancia en este
panorama de escaso aliento es el italiano Angel Aquí en Buenos Aires casó dos veces, y por
María Camponeschi. 1778 vivía en la calle de las Torres. Estaba de­
En 1754 se estableció un valenciano, Miguel dicado al ejercicio del comercio, lo cual le brin­
Aucell o Ausell, de cuya formación nada sabe­ dó una desahogada posición económica, figu­
mos; pero de que conocía el oficio es prueba rando entre los noventa y ocho vecinos más
segura el hecho de que el Cabildo, apenas llega­ acaudalados de la ciudad, cuando se confeccio­
do, le encargó dos retratos de los Reyes, cuyo nó la lista de los posibles contribuyentes para
rastro se ha perdido, y por los cuales recibió la suf ragar los gastos que demandaría la construc­
suma de noventa y cinco pesos. ción de un muelle.
69

En su momento debió de haber sido conside­ pesar de estar en el altar mayor de la iglesia
rado el mejor pintor de Buenos Aires, ya que se homónima: se trata de un lienzo corredizo que
le encomendó el retrato de Pedro de Cevallos, habitualmente está oculto detrás del retablo.
primer virrey del Río de la Plata, que no pudo Representa al Santo de rodillas, con la sigla de
efectuar, dada la negativa del personaje.54 Jesús en el pecho, y dirigiendo su mirada a la
Las tres obras que nos permiten conocer la Trinidad, que aparece en la parte superior.55
manera de Aucell, son: la Resurrección de Cris­ Entre ésta y la figura del Santo fundador, el
to, firmada y fechada en 1760; el San Luis Rey espacio se completa con nubes y figuras angéli­
de Francia, y el San Ignacio de Loyola, anterior cas, como es habitual en la pintura de la época.
a 1767. En todos los casos particulariza su esti­ La cabeza de San Ignacio está tomada de su
lo un peculiar tratamiento de las luces que face­ retrato, lo que es frecuente en su iconografía, y
ta las formas. No matiza el color ni modela los la zona que ocupa, es el sector donde la luz es
volúmenes, sino que los determina por fuertes más intensa, razón por la cual se destaca de la
golpes de luz, creando las sombras casi directa­ atmósfera bastante tenebrista que lo rodea.
mente sobre una imprimación rojiza. Del San Luis, poco se puede decir, ya que era
Es indudable que se sirvió del apoyo de gra­ una obra bastante mediocre, en la que aparecía
bados para realizar sus obras; pero no supo el Santo Rey de rodillas y recibiendo la cruz de
trasladar al óleo los valores que le brindaban los las manos de Cristo. No faltaban las nubes y
modelos, consiguiendo, por lo tanto, resultados los consabidos ángeles, los atributos reales, la
bastante pobres. Concretamente, en el caso de vista de un puerto lejano —alusión a la Cruza­
la Resurrección, se trata de un grabado'de Pie- da—; pero denotaba la mano de un copista y no
rre Drevet, y en el cuadro de San Ignacio, la de un pintor, y todo hacía suponer que también
Trinidad ha sido parcialmente tomada de otro en este caso Aucell se había limitado a ampliar
que ilustra un misal romano. una estampa.
La Resurrección era su mejor obra, y mostra­ Había sido hecha en 1761 para la capilla de
ba a Cristo elevándose a los cielos ante la sor­ San Roque, pues sabemos que San Luis Rey fue
presa y la conmoción de los soldados. La tea­ una de las más destacadas glorias de la Orden
tralidad de la escena ponía de manifiesto la cla­ Tercera de San Francisco. Desapareció junto
ra inspiración barroca del modelo seguido. En con muchas otras obras en el incendio de 1955.
planos posteriores, el ángel que había removido Dichas características permitirían asignarle la
la piedra sepulcral y las Santas Mujeres que se Trasfiguración —versión parcial del cuadro de
acercaban. Rafael— y la Epifanía, ambas en San Ignacio.
La entonación general no se diferenciaba de Dos telas, también de gran tamaño y en el mis­
la de otras obras suyas, y, como en ellas, escasea­ mo lugar: la Aparición de Cristo a San Ignacio y
ban los azules y los verdes, privando, en cambio, la Muerte del Santo, han sido tan modificadas
las tierras, los ocres y el bermellón. por la intervención de E. Eberle en 1890, que es
El San Ignacio es pintura poco conocida, a imposible emitir opinión sobre ellas.
70

Otras cuatro pinturas serían de su mano: El otro era el velo del retablo de San Juan
una Anunciación procedente del Convento de Nepomuceno en San Ignacio, y también copia­
Predicadores, hoy en el Museo Fernández Blan­ ba un grabado.56 Con este cuadro había otro
co, y dos lienzos corredizos. Uno de ellos esta­ en el nicho donde se encontraba la estatua ya­
ba en el altar de Santo Tomás de Aquino, de la cente del Mártir, y del cual solamente se tienen
iglesia de Santo Domingo, y en él, dos ángeles lo noticias documentales.57
ceñían con el cíngulo de la castidad en presen­ También en la iglesia de los Jesuítas, en el
cia de la Virgen y el Niño, que contemplaban la altar de San Estanislao de Kostka, un pequeño
escena. lienzo —hoy en colección particular— reprodu­
ce la célebre estatua de Pierre Le Gros para la
cámara mortuoria del Santo, en el Noviciado de
San Andrés en el Quirinal (Roma). Se podía
leer en el reverso la siguiente leyenda: Para el
altar de San Estanislao de Kostka de la Iglesia de San
Ignacio de Buenos Ayres, hoy oculta por el reente­
lado. Esta pintura también denota la mano de
Aucell; pero su factura es más cuidada.58
Los datos recogidos sobre este pintor llegan
hasta 1787, en que se sabe estaba en España,
donde pudo haberse quedado definitivamente,
pues en Buenos Aires no se tienen de él noticias
posteriores.59
Junto con el de Aucell aparece el nombre de
un tal José Simón. Ambos tasaron las pinturas
y dorados del Colegio de los Jesuítas, en el mo­
mento en que los miembros de la Orden debían
salir del país. En 1768 ejecutó treinta retratos
de Carlos III, que se enviaron a los pueblos de
las Misiones.6U
Contemporáneo era Francisco Pimentel, au­
tor de un retrato de este mismo Rey que el Ca­
bildo de Buenos Aires le encomendó en 1772.
Asimismo, pintó otro escudo con las armas de la
ciudad, y retocó el viejo. Ignoramos cuál pudo
haber sido el valor de su obra, por ser éstas las
José de Salas: Retrato de sor María Antonia de la Paz y únicas referencias conocidas.61
Figueroa. Casa de Ejercicios, Buenos Aires. José de Salas, madrileño, además de pintor,
71

Mariluz Urquijo nos informa que aún vivía


en 1816, teniendo en ese momento ochenta y
un años de edad.63
Al año siguiente, en 1773, pintó y doró los
escudos reales de las armas de Castilla para la
Administración de Correos, y en 1777 se ocupó
en trabajos decorativos en las habitaciones del
Virrey en el Fuerte.
Otra obra importante fue la Virgen de la
Merced para el retablo mayor de esa iglesia,
pintada en 1789, y reemplazada en el siglo pa­
sado por la que existe hoy, obra del francés De-
lorme, hecha en 1852."'
Miguel Aucell (atribuido): Santo Tomás de Aquino. Iglesia Parece ser significativo dentro de su produc­
de Santo Domingo, Buenos Aires. ción el que constantemente alternara la realiza­
ción de obras de envergadura con trabajos de
fue dorador y ornamentista. Gozó de fama en menor cuantía, pues nuevamente en 1790 hubo
nuestro medio, y Lozano Mouján nos ha dejado de pintar las armas reales y las de la ciudad para
una versión novelada de su vida, con datos re­ el estandarte. Un año después ejecutó una
cogidos probablemente por tradición oral.62 Santa Bárbara —regalo del doctor Juan José de
Sabemos que en 1772 estaba en Buenos Ai­ Rojas—, un Cristo Crucificado, una Trinidad y
res, pues de ese año es el San Vicente Ferrer una cortina para la ventana del testero; labores
para la Orden Tercera de Santo Domingo, que todas para la Catedral. Su última tela fechada
sirvió de velo en el altar del mismo Santo. De­ conocida es el retrato de Fernando VII, que
saparecida en 1955, se trataba de una buena hizo en 1809 para el Real Consulado, y también
pintura, académica, correcta, pero poco per­ perdida. Se recuerdan una copia de una de las
sonal. Purísimas de Murillo, hecha para el canónigo
La llegada de Salas debe de haber tenido lu­ Maciel, y un retrato de Nicolás del Campo; pero
gar algunos años antes, y es muy probable que si se pintaron, han desaparecido con el tiempo,
sea el mismo que aparece colaborando con Au­ y no existen elementos de juicio para aquilatar
cell en la tasación de los cuadros de los expulsos sus valores. En cambio, se conocen el retrato
Jesuítas, pues en otros documentos también fi­ de sor Antonia de la Paz y Figueroa, y el del
gura como José Simón. Es el caso del recibo canónigo Miguel de Riglos y Alvarado, éste en
conservado en el archivo de la Orden Tercera el Museo de Luján, y aquél en la Casa de Ejerci­
de Santo Domingo, donde se consigna: 56 pe­ cios, en Buenos Aires. El del doctor Riglos es
sos a José Simón Salas, por la hechura del Cuadro de una obra de calidad, por el tratamiento de la
San Vicente. luz, el color y el modelado. Pese a ello, es ne-
72

cesario aclarar que son muy pocos los datos cuantos trabajaron en esta ciudad durante el
brindados por estas pinturas como para permi­ período de la dominación española.
tirnos emitir un juicio de valor en cuanto á las Hacia 1809 declaraba ser soltero, como de
dotes del artista y a la ubicación total de su pro­ cuarenta años de edad y de oficio retratista.
ducción. Su primera obra firmada (1803) es el San Vi­
Hacia fines de la centuria, en 1794, se encon­ cente Ferrer, que, procedente del Monasterio
traba en Buenos Aires, Martín de Pietris, a de Santa Catalina de Siena, se encuentra hoy en
quien el Consulado le encargó los retratos de el Museo Isaac Fernández Blanco. Dentro de
los Reyes de España, que debía copiar de los un óvalo aparece la figura del Santo, con hábito
originales enviados desde la Península, y según de la Orden de Predicadores, señalando con su
la opinión del pintor italiano, eran de muy bue­ mano derecha el cielo, y sosteniendo con la otra
na factura. un libro. Sobre su cabeza, la llama, que es su
Martín de Pietris fue el autor, en 1794, de la signo iconográfico. Abajo, en un papel, la si­
primera miniatura hecha en Buenos Aires. Es guiente leyenda: Ego Sum Angelus Apocalipsis
una acuarela sobre marfil, muy fina de color, Sanctus Vicentius Ferrerio / Ordinis Praedicatorum
que ubica a la retratada, Francisca Silveira de Hispaniarum Apostolus: / Angelus María Campo­
Ibarrola, en un ambiente íntimo que denota las neschi Romanus pinxit ex mandato Domini Francisci
modificaciones del gusto de un públiqo que ha Letamendi: / Sua devotione in Civitate Bona -
aceptado los cambios producidos en Europa, y Aerensi anno Domini MDCfCCIII].
que se traducen en el mobiliario, la vestimenta y Al año siguiente trabajó para el Convento de
los objetos que responden a la usanza de fin de Santo Domingo su obra de mayor jerarquía, y
siglo.65 sin duda la más importante pintura colonial
Su actividad de pintor se desarrolló paralela­ porteña: el retrato del lego fray José de Zembo-
mente con otras, pues él debió tasar los aparatos rain, demostrativo de su capacidad de buen re­
de física que tenía en su poder Martín de Alto- tratista conocedor de su oficio. .En dicho cua­
laguirre y quería vender al Colegio de Montse­ dro hay, además, algo que lo diferencia de los
rrat. En esa tasación aparece nuestro artista hasta ahora nombrados, y es el hecho de que el
registrado como pintor romano; inventario y ta­ fondo que enmarca la figura del Religioso sea
sación hechos el 26 de julio de 1796, fecha en una vista con el Convento de Santo Domingo,
que aún se encontraba en Buenos Aires, porque donde él vivió sus últimos años. Es una figura
al año siguiente se lo halla establecido en Santia­ ascética, severa, cuyo rostro muy probablemen­
go de Chile, donde organizó una escuela de di­ te haya sido obtenido en su lecho de muerte.
bujo —la Academia de San Luis— y pintó retra­ La factura es rica, y el cielo es una nota de color
tos de importantes personajes. que se separa de los ocres, castaños, negros y
En los primeros años del siglo xix actuó en grises del resto. A los pies han sido colocados
nuestro medio otro pintor italiano: Ángel Ma­ el escudo familiar y el de la Orden de Predica­
ría Camponeschi, el más importante y capaz de dores, este último rodeado de instrumentos de
73

José de Salas: Retrato del canónigo Miguel de Riglos y Alvarado, detalle.


Museo Enrique Udaondo, Luján, provincia de Buenos Aires.
74

hombre joven —tenía treinta y seis años—, de


facciones regulares y firme expresión.
En 1808 el Cabildo lo comisionó para que
hiciera el retrato del rey Fernando VII, facili­
tándole copias grabadas, lo que realizó satisfac­
toriamente, por lo cual se le pagaron treinta
onzas de oro.
Para la misma institución municipal, pero de
Montevideo, pintó los retratos de la pareja real,
y también en el mismo año de 1808, una her­
mosa miniatura con la efigie de Eugenia Escala­
da de Demaría, existente en el Museo Histórico
Nacional, y a pesar de lo poco agraciado del
modelo, una obra digna del pincel de Campo-
neschi.
Con motivo de la pintura que le encargó Le-
tamendi, en la correspondencia de éste con el
cordobés Ambrosio Funes se dan algunas noti­
cias sobre la actividad del pintor, y se trascriben
Martín de Pietris: algunas expresiones atribuidas a éste. Así se
Retrato de Francisca Silveira de ¡barróla.
Museo Histórico Nacional, Buenos Aires. dice que el italiano había trabajado para los be-
tlemitas, y pensaba acabado el invierno irse a París
penitencia y coronado por la estrella de Santo porque en estos Payses se distingue poco lo bueno de lo
Domingo. malo.66 Esto implica, por una parte, poner en
Al igual que en el San Vicente Ferrer, ha imi­ tela de juicio la capacidad valorativa de los por­
tado un viejo papel, sobre el cual se lee lo si­ teños, lo cual indicaría, a su entender, carencias
guiente: La regular observancia y demás edifican­ para discernir adecuadamente en materia de
tes virtudes del / Herm['ÁVi\o [Link] Zemborain Lego arte, y por otra, el considerar a Europa el mer­
en este [Convento] de Predicad[ore\s movieron la cado más importante, y el tener conciencia de
devoción de algunos fieles a costear este fiel retrato. / su propio valor como artista.
Nació en Alfaro villa de Castilla la Vieja. Murió el Otros nombres aparecen ya entrado el siglo
22 de octubre de 1804. xix; pero ninguno de ellos determina un cambio
Firmó dos años más tarde el hermoso retrato fundamental que modifique las premisas esta­
en miniatura de Juan Martín de Pueyrredón, blecidas en este estudio. Son los de José Cañe­
resuelto con la habilidad que lo caracteriza. te, que en 1803 pintó el escudo español en una
En ella nos muestra al futuro director supremo bandera blanca destinada a la plaza de toros, en
de las Provincias del Río de la Plata como un el Retiro, y en 1813, el escudo de la Asamblea
75

Angel María Camponeschi: San Vicente Ferrer. Museo Isaac Fernández Blanco, Buenos Aires.
76

General Constituyente; Nicolás Pabón, a quien En la época se los denominaba velos, estando
el Consulado ofreció en 1805 el cargo de direc­ relacionada esa costumbre con la idea de sepa­
tor de la Escuela de Dibujo, y Fermín Gayoso, ración de lo que es sagrado, de aquello que posee
un mulato esclavo del futuro director supremo, una plenitud, una dignidad cualitativa, y que no
Juan Martín de Pueyrredón. puede ponerse en el mismo plano con otros valores.66
Un documento de 1737 nos ilustra acerca de
Los lienzos corredizos esa práctica, y del ceremonial que se efectuaba
Años atrás pudimos verificar que en algunos en Luján, cuando la Virgen era descubierta.
de los retablos del siglo xvm había pinturas o En enero de ese año, el canónigo Francisco de
lienzos corredizos que por su especial ubicación los Ríos cumplía una visita encomendada por el
permanecieron ignorados hasta casi nuestros Cabildo Catedralicio de Buenos Aires, inician­
días.1’7 do su cometido con el rezo de la misa en la
capilla, “con la Santa Imagen descubierta, con cua­
tro velas encendidas y otras tantas en el altar...”
Al finalizar la visita dejó establecido, entre
otras providencias, “que ninguna persona eclesiás­
tica ni secular se atreva a descubrir el velo de la
Santísima Virgen, si no fuera el Capellán, o por su
defecto el Cura de este Partido, preveniéndose a dicho
Capellán que si alguno por su devoción pidiese se le
descubra el dicho velo, haya de poner precisamente
cuatro velas de media libra, para encenderlas en el
altar, y otras cuatro de a cuarta para alumbrar a la
Santísima Virgen, y de costear el incienso que se gas­
tare en el incensario; con lo cual y dichas luces descu­
brirá la Santa Imagen, vestido de sobrepelliz, o de los
ornamentos sacerdotales, si fuere al tiempo de la misa
y que esta función se haga con repiques de campanas
al correr y cerrar dicho velo, que así conviene para la
veneración y culto de esta Soberana Señora”.
Señala más adelante que el vestuario de la
Virgen debería ser cambiado por el Capellán
cada tres meses, estando revestido de sobrepe­
lliz y sola la capilla, así como las festividades en
que se podía correr el velo.
Ángel María Camponeschi:
Retrato de Juan Martín de Pueyrredón. Las cortinas, que aún siguen en uso en las
Colección particular, Buenos Aires. iglesias de pueblos cuya lejanía permite mante-
77

Angel María Camponeschi:


Retrato de Eugenia Escalada de Demaría. Museo Histórico Nacional, Buenos Aires.
Angel María Camponeschi: Retrato del
hermano lego'José de Zetnborain, O. P.,
y detalles de esta pintura.
Convento de Santo Domingo, Buenos Aires.
ner vivas ciertas tradiciones, fueron reemplaza­
das —al menos, en nuestra ciudad— por las
pinturas que se estudian, y que eran corridas en
circunstancias similares. Si bien no hay cons­
tancia de que la manifestación de las imágenes
fuera acompañada de iguales ceremonias, la f i­
nalidad era la misma: mantener la separación,
el misterio y la devoción de los fieles.
Viene al caso trascribir parte de una carta que
el 26 de julio de 1799 escribía Antonio de Leta-
mendi, desde Buenos Aires, al cordobés Am­
brosio Funes: "‘Celebro mucho hayan V[uestras]
w[erce]J[e]5 empezado la obra de renovación de la
Capilla de Nuestra Señora, habiéndola trasladado al
Altar mayor y si después hubiesen de colocarla en el
mismo Altar, me parece combendria hacerla un reta­
blo nuebo; y quitando los vidrios del nicho y poner en
su lugar un velo con el retrato de la misma Imagen,
no descubriendo ésta, sino en sus funciones: asi que­
darían sus Alajas, y la devoción con más aumento”.69
Los lienzos eran tensados en bastidores que
se deslizaban sobre correderas ubicadas detrás
del retablo, y con ellos se cerraba completamen­
te la hornacina, ocultando la imagen.
Debían ser colocados, obviamente, antes de la
terminación del altar, y se les destinaba un espa-
80

ció entre el nicho y el marco, donde estaban las en Madrid la de San Fernando, y pocos años
correderas, que permitían deslizar los lienzos después, las corrientes ilustradas, al pasar a las
en sentido horizontal o vertical, según convi­ posesiones de ultramar, dan origen en 1783 a la
niera. de San Carlos de México, que contó entre sus
Las imágenes reproducidas en las pinturas profesores a personalidades tan destacadas co­
eran siempre las propias de la dedicación del mo Manuel Tolsá y Rafael Gimeno y Planes.
altar, como lo prueban la cita de Letamendi y En el último tercio del siglo se proyecta la de
los muchos casos documentados en nuestra San Hermenegildo en Lima; pero la propuesta
ciudad. no tiene éxito, y más tarde, ya entrada la si­
Algunos de estos lienzos se siguieron usando guiente centuria, comenzó a funcionar la de La
hasta hace pocos años, durante la Semana Santa Habana.
o para otras celebraciones litúrgicas. Proba­ Todas ellas, las europeas como las america­
blemente, dieron lugar a las orlas de madera nas, respondían a esa nueva corriente raciona­
tallada y dorada que rodean el vano de los ni­ lista que pretendía someter las actividades artís­
chos, y que servían como marcos cuando los ticas a principios fijos e inmutables que se basa­
cuadros eran corridos. ban en un renovado clasicismo y en las enseñan­
Esta modalidad es española, y probablemente zas derivadas de los grandes maestros del pasado.
comenzó a difundirse a partir de mediados del Sin embargo, los contenidos estéticos de este
siglo xvm, pues los casos que hemos estudiado en sistema no fueron la única precupación de los
iglesias peninsulares datan de esa misma época. creadores de las escuelas que se estudian. La
Bástenos citar como ejemplo los lienzos corredi­ mayor parte de las aulas abiertas en el Imperio Es­
zos de los retablos de estilo rococó del templo pañol. .. fueron patrocinadas por entidades cuyo prin­
de las Capuchinas de Sevilla, aunque también cipal cometido era promover la industria y las organi­
puede ser un antecedente de este uso la pintura zaciones mercantiles, y, aun cuando el dibujo era en­
de Claudio Coello, del altar de la sacristía del señado en organismos ajenos a los comerciantes, no se
Escorial, que sirve de velo a la reliquia de la perdía de vista su utilidad práctica.10
Sagrada Forma, que en él se venera. Estas mismas ideas las hallamos claramente
expresadas en la Memoria redactada por Ma­
La enseñanza del dibujo nuel Belgrano en 1795: Los buenos principios los
Quedaría por tratar un aspecto relacionado adquirirá el artista en una escuela de dibujo que sin
con la evolución de las artes plásticas en el Vi­ duda es el alma de las artes, algunos creen inútil este
rreinato del Río de la Plata, y es aquel que se conocimiento pero es tan necesario, que todo menestral
refiere a la enseñanza del dibujo. la necesita para perfeccionarse en su oficio: el carpin­
En el siglo xvm se organizaron las Academias, tero, cantero, bordador, sastre, herrero y hasta los za­
y con ellas hace su aparición un nuevo sistema pateros no podrán cortar unos zapatos con el ajuste y
de pedagogía artística, regido y organizado por perfección debida sin saber dibujar.1' No es otro el
la Nación. Siguiendo esas tendencias se creó modo de pensar de José de Salas, cuando pro­
81

pone sus enseñanzas a los Oficiales y Aprendices nando con diversas alternativas hasta 1811, por
de todas Artes y Oficios.'2 lo menos.
Dichas teorías fundamentaron la apertura de Nueve años más tarde se inauguraba en Bue­
las escuelas de los pueblos de indios mojos y nos Aires la creada por el Consulado, a partir
chiquitos, y, en Buenos Aires, las creadas por el de una idea de Manuel Belgrano. El escultor
Consulado y el pintor Salas. Juan Antonio Gaspar Hernández, el más cons­
Las primeras son los resultados de una serie picuo representante entre nosotros de las nue­
de esfuerzos del inquieto y dinámico goberna­ vas tendencias, presentó un proyecto en febre­
dor don Lázaro de Ribera, quien ya en 1786 ro de 1799. Proponía instalar un instituto
había llevado un pintor para que hiciera los on­ donde se enseñara geometría, arquitectura,
ce retratos de Carlos III que los indios admira­ perspectiva y todas las demás especies de Di­
ron, y tres años después, en 1789, informaba a bujo. El reglamento provisional fue redactado
la Real Audiencia de Charcas que el maestro por Belgrano y Hernández según lo establecido
Manuel de Oquendo se ofrecía para ir a Mojos por el Consulado, que introdujo algunas en­
con el fin de realizar los retratos del nuevo so­ miendas.
berano, Carlos IV, y regentar la escuela de di­ La asistencia, inicialmente propuesta de cin­
bujo. cuenta alumnos, se elevó al poco tiempo a se­
El primero de aquéllos se instaló solemne­ tenta y cuatro, otorgándose los premios en abril
mente a comienzos de 1790 en el pueblo de San de 1799, siendo expuestos los trabajos al públi­
Pedro, el más activo y famoso por sus artesa­ co en octubre de ese mismo año.
nías, y ya a fines de dicho año se enviaron a la A pesar de las expectativas, la escuela duró
Real Audiencia seis dibujos efectuados por los poco. La renuncia de Hernández en 1800; la
discípulos, conforme a lo establecido por esta posterior designación de uno de los hermanos
corporación en oportunidad de aceptar la pro­ Cañete, que no se hizo cargo, más las modifica­
puesta del Gobernador. ciones introducidas en el reglamento que pro­
Cada uno de los trabajos lleva el nombre del vocaron la repugnancia de los alumnos de continuar
alumno que lo realizó, y entre ellos figura el de por la tarde, decidieron la suerte del instituto.
Pablo Heugene, a quien años más tarde (1796) Las tentativas del Consulado para lograr la
lo vemos dirigiendo las aulas, pues Oquendo no aprobación de la escuela por parte del Rey fue­
se encontraba en esa provincia. ron vanas. Sin embargo, la enseñanza del di­
Las enseñanzas se siguieron impartiendo des­ bujo continuó en Buenos Aires.
pués del alejamiento de Ribera, no solamente Las academias de Salas y del padre Castañeda
en San Pedro, sino también en Concepción en el Convento de la Recoleta, fueron en cierto
—que era dirigida por Javier de Valdivieso—, modo las continuadoras de la noble iniciativa de
así como en San Ignacio, Trinidad, Loreto, San Belgrano. A ellas se debe agregar la presenta­
Joaquín, Exaltación de la Cruz y San Ra­ ción del dibujante irlandés Hipólito Briton ante
món. Todas estas escuelas siguieron funcio­ la Junta de Gobierno, que no se llegó a concretar.
82

Dibujo ejecutado
por un indio
de las
Misiones de Mojos.

En setiembre de 1801, José de Salas publica­ leza, y mediante el dibujo y el color se producen
ba un aviso en el Telégrafo Mercantil, donde imágenes tridimensionales en una superficie
anuncia la apertura de su escuela; informa que plana, que son imitación de lo visible.
había sido alumno de la Real Academia de San Contemporáneamente a la creación de estas
Fernando, y que era conocido por sus excelentes instituciones porteñas se establecieron otras si­
obras. Las clases se impartirían poco después del milares en algunos pueblos de la provincia de
toque de las Oraciones, y cobraría dos pesos men­ Chiquitos, debidas a la propuesta del porteño
suales; módica suma, si se tiene en cuenta que Miguel Fermín de Riglos, que ocupó el cargo de
por la misma cantidad había pintado antes un gobernador.
manto real que servía de fondo al escudo de la En 1804 había un pintor en el pueblo de San
Administración de Correos. Miguel que trabajaba juntamente con veinticin­
También daría clases privadamente; pero en co oficiales, y entre 1805 y 1807 había otra es­
ese caso la suma se elevaba a seis pesos. Hay cuela en San Ignacio, dirigida por el maestro Mi­
versiones de que habría enseñado a los estu­ guel P ocubes o Pocuves, y ala cual concurrían de 6 a
diantes de varios conventos, cosa que, por otra 8 discípulos.
parte, era bastante común en la época. Al igual que en el caso de Oquendo, hallamos
Interesan para nuestro estudio las considera­ a comienzos de 1809 al pintor altoperuano José
ciones que acompañan ai aviso. Aparte de Gregorio de Villaroel con el encargo de realizar
señalar los beneficios que se derivarían de su los retratos de Fernando VII, y de enseñar di­
magisterio, hace una breve historia del origen bujo, escultura y carpintería, actuando con el
de la pintura. Dice que el hombre primitivo beneplácito de la Real Audiencia, por lo menos
no pudo hacer aquellos registros de que es capaz la hasta el año siguiente.
industria humana, a causa de la necesidad de mu­ En todos los establecimientos los cursos se re­
dar continuamente de lugar; pero con los egip­ ducían a copiar fielmente modelos grabados o
cios y sus Hieroglíficos se inicia esa noble prácti­ dibujados, careciéndose de noticias de que se
ca. Fue menester inventar posteriormente haya recurrido a los vaciados de estatuas anti­
otros signos para representar el discurso o imprimir guas, como en las Academias europeas o en la
el pensamiento, y de aquí tuvo su origen la Zografía, mexicana. El modelo vivo no interesaba a este
ó escritura viva que llamamos Pintura. Esta nació, tipo de enseñanza, basado en un ideal que sólo
pues, de la necesidad de reproducir gráfica­ se podía hallar en aquellas obras clásicas que
mente no sólo los objetos, sino también las pasio­ reunían lo más perfecto de la naturaleza. Era,
nes, los afectos, las acciones y todas aquellas demostra­ pues, una sola manera de ver, y en la que no
ciones difíciles a la palabra. participaba el temperamento del alumno. Lo
Los demás conceptos no logran definir esta curioso del caso es que tales modelos se propu­
empobrecida y parcial versión de la teoría de la sieron indiscriminadamente tanto en el ámbito
mimesis. El claroscuro es el alma de este Arte porteño, formado por europeos y criollos, co­
Liberal que imita las proporciones de la natura­ mo en las poblaciones indígenas.
83

En esta escuela del pueblo de San Pedro, los que reproducen con mayor o menor fortuna los
grabados utilizados reproducían obras de Anni- accidentes geográficos de esta parte del mundo,
bale Carracci y de Charles Le Brun, y, aunque sus ciudades y sus costumbres. Deben ser cita­
no sabemos de cuáles de los modelos se sirvie­ dos los dibujos de Piercy Brett, teniente de na­
ron en la del Consulado, el hecho de que se vio de la escuadra comandada por George An­
entregaron premios para los dibujos de cuer­ son, quien tomó cuidadosos apuntes de los lu­
pos, cabezas, narices y bocas, y ojos, nos indica gares en que la escuadra hacía escala. Las ex­
que se trataba de esa serie de láminas del tipo pediciones del comodoro Byron y del francés
que aún siguieron circulando hasta muy avan­ Bougainville, dieron lugar a la publicación de
zado el siglo X1X. En el caso del pintor Salas, él libros ilustrados, cuyas láminas son otros tantos
mismo había confeccionado las láminas, cosa documentos de gran interés para nosotros.
que era de esperar, tratándose de un ex alumno Pero para este trabajo cobran singular impor­
de la Academia de San Fernando. tancia los dibujos y acuarelas ejecutados duran­
Cabe, por último, hacer referencia a una se­ te la extraordinaria expedición de Alejandro
rie de dibujos y acuarelas de gran interés icono­ Malaspina; excursión científica y también políti­
gráfico, realizados algunos de ellos para ilustrar ca que recorrió no sólo las vastas costas de Amé­
crónicas o viajes, y otros son producto de artis­ rica, sino también los mares de Oceanía, en un
tas que acompañaron expediciones científicas o viaje de casi cinco años de duración.
políticas. Para un trabajo como el presente, in­ Los artistas elegidos para integrarla fueron
teresan más aquellas obras que se destacan por José del Pozo y José Guío en una primera ins­
sus valores artísticos; pues, si bien hay otras que tancia; menos hábil el segundo de los nombra­
poseen un inapreciable valor documental, al ser dos, y que se dedicó a reproducir elementos de
realizadas por aficionados de buena voluntad, interés científico. José del Pozo fue separado
no justifican su estimación desde el punto de de la expedición al llegar al Callao, radicándose
vista estético. en Lima, donde dejó obras de envergadura, co­
Citaremos entre las más antiguas, las que ilus­ mo la decoración del camarín de la Virgen del
tran las crónicas de Schmidel, Drake y otros, Rosario. Su ausencia y la falta de capacidad de
ejecutadas por grabadores que basándose en los Guío, motivaron la venida de Fernando Bram-
textos de aquéllos, son, sin embargo, intérpre­ bila y de Juan Ravenet, quienes se unieron a la
tes lejanos de una realidad histórica. Le si­ excursión en el puerto de Acapulco. Mientras
guen otras del siglo xvii, entre las que se destaca tanto, suplían la falta de artistas el tripulante
la acuarela de Vingboons, conservada en la Bi­ José Cardero y Tomás de Suría, español que
blioteca Apostólica Vaticana, que representa a actuaba en esos momentos en la Academia de
la ciudad de Buenos Aires vista desde el río. Bellas Artes de México. También efectuó tra­
En el siglo xvm, el creciente interés científico y bajos el alférez de fragata Felipe Bauzá.
la mayor facilidad de las comunicaciones favo­ Pozo nos dejó, entre otros, muy acabados di­
recieron la multiplicación de dibujos y acuarelas bujos que reproducen tipos patagones, como el
84

cacique Junchar y la india con su hijo. De cuyos descendientes la conservan hoy en Ingla­
Bauzá son los apuntes de la Casa de la Cumbre; terra.
Puente del Inca; la Posta del Rincón de Bustos, a El desconocido maestro que la realizó —qui­
orillas del río Tercero, y las Pampas incendiadas, zá, un europeo, o bien un criollo que seguía las
realizados durante su viaje por tierra desde nuevas tendencias establecidas por la pintura
Santiago de Chile en compañía del teniente de chuquisaqueña en esos años—, nos ha dejado
navio José de Espinosa, y que sirvieron a Bram- uno de los pocos documentos gráficos conoci­
bila para realizar otras tantas magníficas obras, dos de la vestimenta usada por indígenas y mes­
las más interesantes pinturas que reproducen tizos de las diferentes regiones integradas en la
tempranamente paisajes argentinos.’3 Audiencia de Charcas.
A este pintor, que luego- ocupara destacado Uno de los cuadros ha sido destinado a repre­
lugar en la Corte, se deben, asimismo, dos fa­ sentar a un gaucho del Tucumán y a su pareja,
mosas vistas de la ciudad de Buenos Aires: cuyos respectivos trajes son los menos intere­
santes desde el punto de vista formal, ya que
una desde el río, y otra desde la playa, con ca­
carecen del exotismo y del colorido de los otros.
rretas en primer plano; las primeras reproduc­
Sin embargo, se destaca del conjunto por su
ciones más o menos fieles de la fisonomía de proverbial condición de eximio jinete. Sus dos
nuestra ciudad. infaltables instrumentos también han sido repre­
Súmanse a estas vistas grabados y dibujos de sentados para caracterizarlo: el caballo que apa­
tipos y costumbres que documentan a paisanos rece junto a él, y el cuchillo metido en la bota
cazando perdices, o bien grafican el modo de derecha, de cuero de potro.74
inmovilizar el ganado antes de sacrificarlo. Se Ya del siglo xix es la serie de grabados de inte­
debe agregar la acuarela atribuida a Ravenet rés histórico relacionados con las Invasiones In­
que muestra a un Guazo de Buenos Ayres enlazan­ glesas, acontecimiento que conmovió la tranqui­
do un toro, una de las iniciales representaciones la vida de los porteños, y que originó toda una
del gaucho, juntamente con la que integra la serie de publicaciones sobre nuestro territorio.
serie de óleos realizados en la ciudad de La Pla­ Son de la misma época las láminas acuareladas
ta (Bolivia) a fines del siglo xvni. que representan a los soldados de los diferentes
Esta interesantísima colección perteneció al regimientos entonces creados, firmada una de
Encargado de Negocios de Gran Bretaña que ellas por Justo Doldán, más conocido por sus
residió en Buenos Aires entre 1825 y 1832, y actividades como dorador y pintor de imágenes.75
Notas y Bibliografía
1. L. R. Altamira, Córdoba..., tomo II, cap. III. 21. M. Solá, “La hacienda...”, pág. 51.
2. Se carece de información acerca de la llegada al país de 22. J. de Mesa y T. Gisbert, Pinacoteca Nacional.
tres lienzos para la iglesia de San Nicolás, en Buenos Aires, dos 23. P. Gunard, Zurbarán et les peintres espagnols...
de ellos firmados por Angelo Nardi. Por tal motivo, no han
24. San Pablo establecía cinco coros. San Gregorio, Santa
sido incluidos en este trabajo.
Hildegardis y Santo Tomás de Aquino, y junto con ellos la
3. L. R. Altamira, Córdoba..., tomo II, cap. III, pág. tradición medieval, aceptaron la clasificación del seudo Dioni­
322. (Siete laminitas de pinturas francesas extravagantes que po­ sio, según la cual había nueve coros: Serafines, Querubines,
seía Antonio Arrascaeta en 1737...) Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Ar­
4. Recientemente hemos hallado con la señora Iris Gori otro cángeles y Ángeles.
ejemplar de los Profetas. Se trata de Amós, y debajo de la 25. J. de Mesa y T. Gisbert, Historia..., fig. 137.
tarjeta se lee la firma Pinto. Es propiedad de la parroquia de la
26. M. Solá, “La hacienda..."
Concepción de Buenos Aires.
27. J. Plazaola, S. J., El arte..., cap. XVI.
5. M. L. Caturla, “Zurbarán exporta...”
28. M. Trens, María..., págs. 153 y 154.
6. L. R. Altamira, Córdoba..., pág. 313.
29. Sobre el tema de María Sacerdotisa, cf. M. Trens, Ma­
7. L. R. Altamira, Córdoba..., cap. VII, pág. 366, nota 16.
ría..., págs. 443 y 445. Lo mismo para la simbología mariana, a
8. L. R. Altamira, Córdoba..., cap. III. la que se hizo referencia en nota anterior.
9. J. Torre Revello, “Un cuadro de la Divina Pastora..." 30. En la estación número doce se lee: Didacus de Aliaga me
10. A. L. Ribera y H. Schenone, “Los lienzos corredizos...”, Pingeb[a]t a[nn]o 1711; y en la número catorce: Un Padre
págs. 337 y sigs., láms. II, IV y V. N[uest]ro y un AVE MARIA p[o]r la hermana de la 3a Ord[e]n
11. Cf. A.G.N., División Colonia, Sección Gobierno, Com­ £)[oñ]a María J[osep]/w de Urrutia año de 1116 ab Aliaga m[e]
pañía de Jesús, varios legajos. Entre las pinturas desapareci­ /[eci]t.
das en el incendio intencional de la Curia de 1955, se destacaba 31. La inscripción que aparece en la tarjeta elíptica, dice
un gran lienzo de la Anunciación, pintado y firmado por el así. Illmo. .SJeñor] D[o]n F[ray] ¡ose de Peralta natural de Lima del
florentino Lorenzo Lippi (1606-65). Orden Predicadores 3 veces Provincial del Perú noveno ()b[is]po de
12. Plácido Costanzi nació en Roma en 1688, y murió en la Buenos Ayres y electo de la Paz murió el 11 de novfiembre] de 1146.
misma ciudad en 1759. Discípulo de Benedetto Lutti, dejó 32. Casi todos los cuadros de esta serie fueron restaurados
obras importantes en la iglesia de la Magdalena de Roma. (Cf. en el siglo XIX, y algunos de ellos, como el de la Sibila Tiburtina,
Bónózit, tomo I, pág. 1020, París, 1924, y L. Mortario, 5. María reemplazado por una copia.
Maddalena, s/f.) 33. Se trata de la Virgen de la Merced entregando el escapu­
13. L. R. Altamira, Córdoba..., pág. 308. lario a San Pedro Nolasco, de 1785, en la colección Magnín
14. Fr. J. Brunet, O. de M., "Los Mercedarios en la Argenti­ (Córdoba), y la Piedad de 1786, de la colección Aubone (Buenos
na...”, págs. 56-57. Aires). (Cf. R. Trostiné, Tomás Cabrera...)
15. J. de Mesa y T. Gisbert, Holguín... 34. R. Trostiné, Tomás Cabrera..., y P. de Angelis, Colección...,
16. G. Gasparini, “Análisis crítico...", pág . 51 y sigs. tomo V.
17. Ejemplares conservados en el Museo Fernández Blanco, 35. R. Solá, "La ciudad de Salta", pág. 18.
de Buenos Aires, y en el retablo mayor de la iglesia de Uquía 36. Cf. A. S. Bolsi, R. Gutiérrez, A. Peyró y R. Raffín, "Sus-
(pcia. de Jujuy). (Cf. D.A.A., Cuad. II, De Uquía a Jujuy, Bue­ ques...”, págs. 23 y 25.
nos Aires, 1939, lám. IX.) Para Mauricio García y Delgado, cf. 37. L. R. Altamira, Córdoba...
J. de Mesa y T. Gisbert, Historia... 38. J. de Mesa y T. Gisbert, “El pintor...”, n" 13, pág. 91,
18. En la Pinacoteca de San Francisco (La Paz, Bolivia) se figs. 1, 2, 3 y 4; "Otras obras...”, n” 14, pág. 97, figs. 1 y 2.
conserva un cuadro similar al de Salta, y es probable que ambos 39. L. R. Altamira, Córdoba..., cap. II, pág. 98.
sean réplicas de un original de Bitti. (Cf. J. de Mesa y T.
Gisbert, Pinacoteca de San Francisco, págs. 11, [23] y 51.) 40. L. R. Altamira, Córdoba..., pág. 83; J. de Mesa y T. Gis­
bert, "El pintor...", en A.I.A.A.I.E., n" 13, pág. 93, nota 11.
19. Cf. J. de Mesa y T. Gisbert, Pinacoteca Nacional, lám. 5.
41. L. R. Altamira, Córdoba..., pág. 75.
20. Durante el viaje al Perú realizado en 1962, tuve la opor­
tunidad de estudiar una serie muy interesante, en la clausura de 42. L. R. Altamira, Córdoba..., págs. 102-12.
las Religiosas Clarisas, formada por lienzos de regular tamaño y 43. L. R. Altamira, Córdoba..., pág. 28.
de una factura muy peculiar. 44. En la iglesia de la Trinidad, y dos en la Catedral, ubicada
86

una en el parteluz de la puerta de los pies, y otra en el retablo de 74. B. del Carril, “Acerca de las primeras pinturas..."; L. G.
una capilla. G. Ramsey, “Dress and customs...”
45. G. Furlong, S. J., Misiones..., págs. 496-97. 75. A. L. Ribera y H. Schenone, El arte de la imaginería...,
46. L. R. Altamira, Córdoba..., págs. 35-36; G. Furlong, S. J., págs. 93-99.
Misiones..., págs. 498 y 506, e Historia social y cultural..., El tras­
plante cultural: Arte, pág. 231.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
47. M. Solá, “La ciudad de Salta”, pág. 19.
48. G. Furlong S. J., Misiones..., pág. 453. Academia Nacional de Bellas Artes: Documentos de Arte Argenti­
49. G. Furlong S. J., Misiones..., pág. 454. no. Buenos Aires, 1939-46.
50. G. Furlong S. J., Misiones..., pág. 136. Actis, Pbro. FranciscoC.: Actas y documentos del Cabildo Eclesiás­
51. F. J. Sánchez Cantón, Nacimiento..., pág. 181. tico de Buenos Aires. Buenos Aires, 1943-44.
52. R. Gutiérrez, Evolución urbanística..., págs. 139-40. ------ Historia de la parroquia de San Isidro y de su Santo Patrono
(1730-1930), [San Isidro], Institución J. S. Fernández,
53. H. Berlín, "Relaciones...”, págs. 31-33; A. L. Ribera, “La [1930],
pintura...”, B.I.H.A.A., pág. 504.
Altamira, Luis Roberto: Córdoba, sus pinturas y sus pintores.
54. A. L. Ribera, “Los pintores...”, pág. 98.
Córdoba, Universidad Nacional, Instituto de Estudios Ame­
55. H. Schenone, "Un pintor...” ricanistas, Facultad de Filosofía y Humanidades, 1951 y
56. Hay en el Museo Colonial de Santa Fe una versión idén­ 1954.
tica, pero de menor tamaño, de este lienzo corredizo. ------ Génesis del culto a Nuestra Señora de Nieva o la Soterraña —
57. Cf. “Tasación e inventario de la iglesia de San Ignacio”, Para la historia de la Catedral de Córdoba. Córdoba, 1947.
en [Link]., n" 2, nota 2, pág. 110. Angulo Iñíguez, Diego: Historia del Arte Hispanoameri­
58. Cf. “Tasación e inventario de la iglesia de San Ignacio”, cano. Barcelona - Madrid, Salvat Editores S.A., 1955.
en [Link]., n" 2, nota 38, pág. 115. Araujo, Joáo Hermes Pereira de: “El arte luso - brasileño en
59. A. L. Ribera, “Los pintores...”, pág. 99. el Río de la Plata", en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n° 21.
60. A.G.N., Colegio de San Ignacio, 9-3-2, fol. 381 vta.; Archivo General de la Nación: Acuerdos del extinguido Cabildo
Temporalidades (1760-68), leg. 1; Misiones (1765-71), IX, 19- de Buenos Aires. Buenos Aires, 1907.
2-7. Argañaraz O. P., Abraham: Crónica del Convento Grande de N.
61. A. L. Ribera, “Los pintores...”, pág. 100. P. San Francisco de Buenos Aires. Buenos Aires, 1889.
62. J. M. Lozano Moujan, Apuntes... Bedoya, Jorge M., y Noemí A. Gil: El arte en América latina.
63. V. Martínez de Sucre, La educación..., pág. 29. —J. M. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1973.
Mariluz Urquijo, “La copia de un cuadro...”, en A.I.A.A.I.E., Beguiriztáin S. J., Justo: La Beata de los Ejercicios. Buenos Ai­
n° 8, notas 2 y 3. res, 1933.
64. A. L. Ribera, “Los pintores...”, pág. 101. Berlin, Heinrich: "Relaciones artísticas transatlánticas”, en
65. A. L. Ribera, “Los pintores...”, pág. 103; R. Trostiné, A.I.A.A.I.E., n" 20, 1967.
“La miniatura...” Berticioli, Simón, y Esteban S. Bajac: La Virgen de ¡latí. Co­
66. E. Martínez Paz, Papeles..., carta del 26 de abril de 1803. rrientes, 1900.
67. A. L. Ribera y H. Schenone. “Los lienzos corredizos...”, Bolsi, A. S.; R. Gutiérrez, A. Peyró y R. Raffín: “Susques:
en R.J.H.E.A., pág. 333. Notas sobre la evolución de un pueblo puneño”, en D.A.N.,
68. J. Plazaola, S. J., El arte..., pág. 7. n“ 2, 1974.
69. E. Martínez Paz, Papeles..., pág. 5. Bonet Correa, Antonio: “El túmulo de Felipe IV, de Herrera
70. J. M. Mariluz Urquijo, “La escuela de dibujo...”, en Barnuevo”, en A.E.A., Madrid, n“ 136, 1961.
A.I.A.A.I.E., pág. 37. ------ "Retablos del siglo vn en Puebla”, en A.E.A., Madrid,
71. A. L. Ribera, “Las escuelas de dibujo...”, en A.A.N.B.A., n" 143, 1963.
pág. 3. Brabo, Francisco Javier: Inventario de ios bienes hallados a la
72. Telégrafo Mercantil..., pág. 96. expulsión de los Jesuítas... Madrid, 1872.
73. B. del Carril, Monumento..., láms. I a XXVIII; “Acerca Brunet O. M., José: “Los Mercedarios en la Argentina y el
de las primeras pinturas..." Convento Grande de San Ramón de Buenos Aires (1535-
87

1965)", en Archivum, Buenos Aires, J.H.E.A., tomo 11, 1969. Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Investigaciones His­
Buschiazzo, Mario J.: Bibliografía de arte colonial argentino. tóricas: Documentos para la Historia Argentina. Buenos Ai­
Buenos Aires, I.Á.A.I.E.. 1947. res, 1929. Tomo 11, Territorio y población — Padrón de la
ciudad de Buenos Aires (1778); tomo 12, Territorio y población —
Cabrera, Pablo: Tesoros del pasado argentino — Cultura y benefi­ Padrón de la campaña de Buenos Aires (1778); Padrones comple­
cencia. Córdoba, 1925. mentarios de la ciudad de Buenos Aires (1806, 1807, 1809 y
Camón Aznar, José: La pasión de Cristo en el arte español. Ma­ 1810), y Censo de la ciudad y campaña de Montevideo (1780),
drid, Biblioteca de Autores Cristianos, Serie Cristológica, to­ Buenos Aires, 1919; tomo 20, Iglesia — Cartas anuas de la
mo III, 1949. provincia del Paraguay, Chile y Tucumán de la Compañía de Jesús
Capará S.J., Joaquín: “Santuario de Nuestra Señora de la Con­ (1615-1637).
solación de Santiago del Estero", en El Mensajero del Corazón Fasolino, Mons. Nicolás: “La Hermandad de San Pedro en la
de Jesús, Buenos Aires, año VII, n" 1, págs. 118, 240, 339, antigua diócesis de Buenos Aires", en Archivum, Buenos Ai­
423 y 519, enero de 1923. res, J.H.E. A., tomo 2, Cuad. 2, julio - diciembre de 1944.
Carbia, Rómulo D.: La iglesia de Ntra. Sra. de Balvanera. Bue­ Fourcade Estrella, María: "Justina Cárdenas, imaginera men-
nos Aires. 1906. docina”, en Cuadernos de Historia del Arte. L'.N.C., 5, Men­
doza, 1965.
----- San José de Flores (1806-1906), Buenos Aires, 1906.
Furlong S. J., Guillermo: Arquitectos argentinos durante ¡a domi­
Cardiel, P. José: Declaración de la verdad. Buenos Aires, 1900.
nación hispánica. Buenos Aires, 1946.
Carril, Bonifacio del: “Acerca de las primeras pinturas sobre
------ Entre los lules del Tucumán. Buenos Aires, 1941.
la Argentina”, en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n" 8, 1955.
----- Entre los mocobíes de Santa Fe. Buenos Aires, 1938.
----- "El camilucho", en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n” 16,
1963. ----- Historia del Colegio del Salvador y de sus irradiaciones cultura­
les y espirituales en la ciudad de Buenos Aires (años 1617-
----- La expedición Malaspina en los mares americanos del sur (1789-
1943). Tomo 1, 1617-1841. Buenos Aires, 1944.
1794). Buenos Aires, 1957.
------Historia social y cultural del Río de la Plata (años 1536-
----- Monumento iconográfica — Paisajes, ciudades, tipos, usos y cos­ 1810). Tomo 1, El trasplante cultural — Ciencia; tomo 2, El
tumbres en la Argentina (1536-1860), con notas biográficas de
trasplante social, y tomo 3, El trasplante cultural — Arte. Bue­
Aníbal Aguirre Saravia. Buenos Aires, Emecé, 1964.
nos Aires, T.E.A., 1969.
Castellano, Uladislao: La milagrosa imagen de N. Sra. del Mila­ ----- “Juan Manuel López, arquitecto e ingeniero”, en A.l.
gro. Córdoba, 1891.
A.A.I.E., Buenos Aires, n" 3, 1950.
Caturla, María Luisa: “Zurbarán exporta a Buenos Aires”, en ------ Los Jesuítas — Su origen — Su espíritu — Su obra. Buenos
A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n" 4, 1951.
Aires, 1942.
Concolorcorvo: El lazarillo de ciegos caminantes — Desde Buenos ------ Los Jesuítas y la cultura rioplatense. Montevideo, 1933.
Aires a Lima Buenos Aires, 1942.
----- Misiones y sus pueblos de guaraníes. Buenos Aires, 1962.
Corbet France, Eugenio: “La Hermandad del Santo Cristo en
Buenos Aires”, en Archivum, Buenos Aires, J.H.E.A., tomo 2, ----- Nuestra Señora de los Milagros. Buenos Aires, 1936.
Cuad. 1, 1944. ------ “Un pintor escandinavo en la Córdoba del 600", en Suecia,
I, Buenos Aires, 1947.
Chacón Torres, Mario: Arte virreinal en Potosí. Sevilla,
------ “Una réplica artística del Cabildo de Buenos Aires en
E.E.H.A., 1973.
1760”, en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n” 3, 1950.
De Angelis, Pedro: Colección de obras y documentos... Buenos
Galarce, A.: Bosquejo de Buenos Aires, capital de la Nación Argen­
Aires, 1836.
tina. Buenos Aires, 1886.
De Santos Otero, Aurelio: Los Evangelios Apócrifos. Madrid,
García, J. Uriel: "Imagineros y tallistas del Cuzco colonial”, en
Biblioteca de Autores Cristianos, 1975.
el diario La Prensa, Buenos Aires, 7 de febrero de 1937.
Espín Rael, Joaquín: “De la vida y de la obra del escultor Gasparini, Graziano: "Análisis crítico de las definiciones de
murciano Roque López (1747-1811)”, en B. de la S. E. de E., arquitectura popular y arquitectura mestiza”, en B.C.I.H.E.,
Madrid, año LV, I y II Trimestres, 1947. Caracas, Universidad Central de Venezuela, n" 3, junio de
Estrada, Santiago L.: Nuestra Señora del Pilar o sea la Recoleta — 1965.
Leyenda histórico - religiosa. Buenos Aires, Imprenta Ameri­ González Acha, Carlos: Templo y Convento de San Francisco de
cana, 1859. Santa Fe. Buenos Aires, 1940.
88

González Garaño, Alejo B.: Iconografía argentina anterior a ------ “Los doce profetas de la iglesia de Humahuaca”, en
1820... Buenos Aires, 1920. B.I.I.H., tomo 29, año 23, julio de 1944 - junio de 1945,
Grenón S. J., Pedro: El fundador de Córdoba, don Gerónimo Luis Buenos Aires, 1947.
de Cabrera. Córdoba, s/f. Márquez Miranda, Fernando: “La primitiva iglesia de Hu­
----- El histórico origen del Colegio de las Huérfanas. Córdoba, mahuaca y sus cofradías coloniales”, en B.I.I.H., Buenos Ai­
1942. res, tomo 16, años 11 y 12, nos. 55 a 57, 1933.
----- La escultura en piedra sapo. Buenos Aires, 1940. Martínez Paz, Enrique: Papeles de don Ambrosio Funes, publica­
dos por... Separata de la Revista de la Universidad de Córdoba,
----- Lo del milagro de la Virgen del Milagro — Córdoba — No se
Córdoba, años 4 y 5, 1918.
prueba que sí y se prueba que no. Córdoba, s/f.
Massioti, Antonio B.: Alrededor del mundo — Buenos Aires anti­
------Una vida de artista —■ H. Luis Berger, S. J. (1588-1641) — guo. Buenos Aires, 1900.
Relación documental. Córdoba, 1927.
Mateos S. J., F.: Historia de la Compañía de Jesús en la provincia
(.nevara S. J., José: “Historia del Paraguay, Río de la Plata y del Paraguay. Madrid, 1946.
Tucumán”, en A.B., Buenos Aires, tomo 5, 1908.
Mesa, José de, y Teresa Gisbert: “El pintor Diego Quispe Ti­
Guinard, Paul: Zurbarán et les peintres espagnols de la vie monasti- to”, en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n° 8, 1955.
que. París, Les Editions du Ternps, 1960.
------ “El pintor Juan Bautista Daniel”, en A.I.A.A.I.E., Buenos
Gutiérrez, Ramón: Evolución urbanística y arquitectónica del Pa­ Aires, n" 13, 1960, y “Otras obras de Juan Bautista Daniel
raguay (1537-1911). Resistencia, Chaco, Departamento de en Bolivia”, en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n” 14, 1961.
Historia de la Arquitectura, Universidad Nacional del Nor­
------ Escultura virreinal en Bolivia. Academia Nacional de
deste, s/f.
Ciencias de Bolivia, publicación n° 29, La Paz, 1972.
Hernández S. J., Pablo: Organización social de las Doctrinas Gua­ ------ Historia de la pintura cuzqueña. Buenos Aires, [Link].,
raníes de la Compañía de Jesús. Barcelona, 1913. Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacio­
Historia del Señor de los Milagros que se venera desde setiembre de nal, 1962.
1803 en la Basílica del Socorro. Buenos Aires, 1930. ------ Holguín y la pintura altoperuana del Virreinato. La Paz, Bi­
blioteca Paceña, Serie Arte y Artistas, 1956.
Kelemen, Pal: Baroque and Rococo in Latin America. Nueva
------ Holguín y la pintura virreinal en Bolivia. Librería Editorial
York, 1951.
Juventud, La Paz, 1977.
Lafone Quevedo, Samuel A.: Historia de la Virgen del Valle. ----- “La escultura en la Audiencia de Charcas”, en A.I.A.A.I.E.,
Catamarca, 1897. Buenos Aires, n“ 11, 1958.
Larrouy, P. A.: Historia de Nuestra Señora del Valle (Compendio). ------ “La pintura boliviana en el siglo XVII”, en Estudios America­
Primera Parte, “Nuestra Señora del Valle en el siglo xvn”. nos, Sevilla, n" 52, 1956.
Buenos Aires, 1916. ------ “Nuevas obras y nuevos maestros en la pintura de) Alto
Lascano González, Antonio: Monumentos religiosos de Córdoba Perú”, en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n° 10, 1957.
colonial. Buenos Aires, 1941. ------ Pinacoteca de San Francisco. La Paz, Universidad Mayor
Lozano Mouján, J. M.: Apuntes para la historia de nuestra pintura de San Andrés, 1973.
y escultura. Buenos Aires, 1922. ------ Pinacoteca Nacional. La Paz, Dirección Nacional de Infor­
López García, Ricardo: “La ermita de Nuestra Señora de la maciones de la Presidencia de la República, Biblioteca de
Soledad en Puebla de Montalbán”, en A.E.A., Madrid, Arte y Cultura Boliviana, Serie Arte y Artistas, 1961.
n" 99, 1952. Miranda, Pbro. Alberto S.: Historia popular de la Virgen del Va­
Lugones, Rainerio J.: La Virgen del Valle. Catamarca, 1893. lle. Buenos Aires, Editorial Guadalupe, 1980.
Mortario, Luisa: S. María M adda lena. Roma, s/í.
Maeder, E. J., y R. Gutiérrez: “La imaginería jesuítica en las
Museo Histórico Provincial: Exposición de Arte Religioso Retros­
Misiones del Paraguay", en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires,
n" 23, 1970. pectivo. Rosario, 1941.
Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez.
Mariluz Urquijo, José María: “La copia de un cuadro de Salas
Primer Salón de Arte Sagrado y Retrospectivo. Santa Fe, Minis­
realizada por varios pintores guaraníes (1793)”, en
terio de Instrucción Pública y Fomento, 1940.
A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n’ 8, 1955.
----- “Las escuelas de dibujo y pintura en Mojos y Chiquitos”, Navarro, José Gabriel: La escultura en el Ecuador Siglos XVI a
en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n“ 9, 1956. XVIII. Madrid, 1929.
89

Noel, Martín: “Las artes", en Historia de la Nación Argentina. ----- “Las escuelas de dibujo del Consulado de Buenos Aires”,
Buenos Aires, A.N.H. (J.H.N.A.), 1938, vol. 4, Sección 2, en A.A.N.B.A., Anuario 2, 1974.
Parte 1, cap. 4. ----- “Los pintores del Buenos Aires colonial", en [Link].A.I.E.,
Buenos Aires, n“ 1, 1948.
Olivier, Ernesto Luis: “El Cristo de Buenos Aires”, en Archi-
vum, Buenos Aires, J.H.E.A., tomo 2, Cuad. 1, 1944. Ribera, Adolfo Luis, y Héctor H. Schenone: El arte de la imagi­
nería en el Río de la Plata. Buenos Aires, Facultad de Arqui­
Onelli, Clemente: Ensayo de hagiografía argentina. Buenos Ai­
res, 1916. tectura y Urbanismo, Universidad Nacional de Buenos Ai­
Otero Tuñez, Ramón: "El estilo y algunas esculturas de Fe- res, ed. I.A.A.I.E., 1948.
rreiro”, en A.E.A., Madrid, tomo 26, n” 101, 1953. ----- El arle luso - brasileño en el Río de la Plata. Catálogo de la
exposición homónima realizada en el Museo de Arte Decora­
----- “Un gran escultor del siglo xvni: José Ferreiro”, en A.E.A.,
tivo, Buenos Aires, octubre de 1966.
Madrid, tomo 26, 1951.
------ “Los lienzos corredizos y breve noticia sobre el pintor Mi­
Pagano, José León: El arte de los argentinos, tomo I. Buenos guel Ausell”, en Archivum, Buenos Aires, tomo 2, Cuad. 2,
Aires, 1937. julio - diciembre de 1944.
----- Historia del arte argentino desde los orígenes hasta el arte actual. ----- Tallistas y escultores del Buenos Aires colonial — El maestro
Buenos Aires, 1944. Juan Antonio Fernández. Separata de la Revista de la Universi­
Pastells S. J., Pablo: Historia de la Compañía de Jesús en la provin­ dad de Buenos Aires, Buenos Aires, Cuarta Epoca, año II,
cia del Paraguay. Madrid, 1912. n“ 3, 1948.
PauckeS.J., Florián: Hacia allá y para acá — Una estada entre los Romero, Carlos Gregorio: La imagen de Ntra. Sra. de la Cande­
indios mocobíes (1749-1767). Traducción castellana de Ed­ laria de la Viña (Salta). Salta, 1940.
mundo Wernicke. Buenos Aires, 1942.
Sáenz de la Calzada Gorostiza, Consuelo: “El retablo barroco
----- Iconografía colonial rioplatense (1749-1767) — Costumbres y
español y su terminología artística — Sevilla”, en A.E.A., Ma­
trajes de españoles, criollos e indios. Introducción por Guiller­
drid, Instituto Diego Velázquez, n° 115, págs. 211-42, 1956.
mo Furlong S. J. Buenos Aires, 1935.
Saldaña Retamar O. P., Reginaldo de la Cruz: La Virgen del
[Peña, Enrique], Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires:
Santísimo Rosario, de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires —
Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de la ciu­
Antigüedad de su culto. Buenos Aires, 1922.
dad de Buenos Aires. Tomo 4, Catedral — Fundaciones religio­
sas. Buenos Aires, 1910. Salvaire, P. Jorge: Historia de Ntra. Sra. de Luján. Buenos Ai­
Pinero, Tulia: “Belgrano en la creación de la Escuela de Dibu- res, 1885.
xo”, en La Nación, Buenos Aires, 26.6.1960. Samperio, Pbro. Manuel J.: Apuntes históricos de la capilla e ima­
Plazaola S. J., Juan: El arte sacro actual. Madrid, Biblioteca de gen de Santa Lucía en Barracas. Buenos Aires, 1933.
Autores Cristianos, 1965. Sánchez Cantón, F. J.: Cristo en el Evangelio. Madrid, Biblio­
Presas, Juan Antonio: Nuestra Señora en Luján y Sumampa. teca de Autores Cristianos, Serie Cristológica, tomo II, 1950.
Estudio crítico - histórico, 1630-1730. Buenos Aires, Edi­ ----- Nacimiento e infancia de Cristo. Madrid, Biblioteca de Au­
ciones Autores Asociados Morón, 1974. tores Cristianos, Serie Cristológica, tomo I, 1948.
Sato, Alberto: “Rutas históricas en la Puna jujeña”, en Auto-
Quesada, Vicente G.: “El Cristo de Buenos Aires", en R.B.A.,
Buenos Aires, tomo 6, 1867. club, revista del Automóvil Club Argentino, Buenos Aires,
año X, n" 55, págs. 63-65, diciembre de 1970.
----- “Noticias históricas sobre la fundación y edificación del
Schenone, Héctor H.: El arte después de la Conquista — Siglos
templo y convento de San Francisco", en R.B.A., Buenos
Aires, tomo 6, 1864. XVII y XVIII. Catálogo de la exposición del mismo nombre
realizada en el Instituto Torcuato Di Telia, Buenos Aires,
Ramsay, L. G. G.: “Dress and customs of colonial Latin Ame­ n" 1, junio de 1964.
rica in a series of unique paintings”, en The Connoisseur, April ----- “La imaginería del pesebre”, en La Navidad y los pesebres en
1954. la tradición argentina, dirigida por Rafael Jijena Sánchez.
Ribera, Adolfo Luis: “La pintura en las Misiones Jesuíticas de Buenos Aires, 1963.
guaraníes”, en B. del I. de H. A. y A., año XVI, tomo XVI, ----- Prólogo del catálogo de la muestra Devoción y Sugestión de
n" 26, Buenos Aires, 1980. las Imágenes de Vestir, con la colaboración de Iris Gori. Mu­
----- "La platería en el Río de la Plata”, en A.I A.A.I.E., Buenos seo Municipal de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández
Aires, n" 7, 1954. Blanco, Buenos Aires, noviembre de 1970.
90

------“Tallistas portugueses en el Río de la Plata”, en A.I. ------ “Ensayo sobre las artes en la Argentina durante la época
[Link]., Buenos Aires, n" 8, 1955. colonial", en B.I.I.H., Buenos Aires, año 9, tomo 10, n“ 45,
------ “Tasación e inventario de la iglesia de San Ignacio” (tras­ págs. 45-66, 1930.
cripción y notas), en [Link].A.I.E., Buenos Aires, n" 2, 1949. ------ “Fray Pedro de Carranza, primer obispo de Buenos Ai­
----- “L'n pintor del siglo xvm, Miguel Ausell”, en el diario La res”, en Archivum, Buenos Aires, J.H.E.A., tomo 2, Cuad. 1,
Prensa, Buenos Aires, 23 de marzo de 1941. págs. 5-48, 1944.
------ “L'n retablo de Gregorio Cañas (1795)”, en A.I.A.A.I.E., ------ “La vivienda en el Buenos Aires antiguo”, en A.I.A.A.I.E.,
Sección Relaciones Documentales, Buenos Aires, n” 3, Buenos Aires, n“ 10, 1957.
1950. ----- Los artistas pintores de la expedición Malaspina. Buenos Ai­
------“Una carta del escultor Bartolomé Ferrer”, en A.I. res, 1944.
[Link].. Buenos Aires, n" 10, 1957. ------ Los Santos Patronos de Buenos Aires y otros ensayos históricos.
----- "L'na escultura atribuida a José Ferreiro”, en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, 1937.
Buenos Aires, n" 4, 1951. ------ “Noticias de algunos artistas coloniales”, en Síntesis, Bue­
Schiaf'ino, Eduardo: La pintura y la escultura en la Argentina. nos Aires, año 2, n” 18, 1928.
Buenos Aires, 1933. ------ “Un cuadro de la Divina Pastora llevado a Buenos Aires
Sepp S. [., Antonio: Vtagem as Missóes Jesuíticas e travalhos apos­ por Jerónimo Matorras y breve noticia de este personaje”, en
tólicos. Sao Paulo, 1943. B.I.I.H., Buenos Aires, año 9, tomo 12, n" 47-48, 1931.
Solá, Miguel: Historia del arte hispano - americano. Barcelona, ------ “Un envío de imágenes con destino a las Misiones Jesuíti­
Labor, n’ 371-72, 1933. cas”, en B.C.N.M.M.L.H., Buenos Aires, año 1, 1939.
----- “La ciudad de Salta”, en D.A.A., Buenos Aires, A.N.B.A., ------“Un escultor del Buenos Aires del siglo xvm" en A.I.
Cuad. 6, 1942. [Link]., Buenos Aires, Sección Relaciones Documentales,
----- “La hacienda de San Francisco de Yavi”, en [Link]., n" 7, 1954.
Buenos Aires, n” 10, 1957. Toscano, Pbro. Julián: El primitivo obispado del Tucumán y la
Soprano, Pbro. Pascual: La Virgen del Valle y la conquista del iglesia de Salta. Buenos Aires, tomo 1, 1906.
antiguo Tucumán. Buenos Aires, 1889. ------ Historia de las imágenes del Señor del Milagro y de N. Señora la
Soria, Martín S.: “La pintura en el Cuzco y en el Alto Perú”, Virgen del Milagro. Buenos Aires, 1901.
en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n” 12, 1959. Trelles, Manuel Ricardo: “Diccionario de apuntamientos”, en
----- “Una nota sobre pintura colonial y estampas europeas”, R.P.P.A., Buenos Aires, tomo 5, 1892.
en [Link]., Buenos Aires, n“ 5, 1952. Trens, Manuel: María — Iconografía de la Virgen en el arte es­
Stastny, Francisco: La presencia de Rubens en la pintura colonial. pañol. Madrid, Plus Ultra, 1947.
Sobretiro de la Revista Peruana de Cultura, Lima, n“ 4, enero Trostiné, Rodolfo: La enseñanza del dibujo en Buenos Aires desde
de 1965. sus orígenes hasta 1850. Buenos Aires, 1950.
Tejeda, Luis José de: Fundación del Convento de Religiosas Car­ ------ "La miniatura en Buenos Aires”, en Estudios, Buenos Ai­
melitas Descalzas de San Joseph de la ciudad de Córdoba del Tucu­ res, tomo 77, nu 419,. 1947.
mán. Córdoba, 1934. ------ Miniaturas y miniaturistas del período hispánico. Tirada
Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del aparte del B.D.E.E.C.S.F., República Argentina, Santa Fe,
Río de la Plata (1801-1802). Reimpresión facsimilar, Bue­ 1948.
nos Aires, Junta de Historia y Numismática, 1914. ------ “Tomás Cabrera, pintor colonial salteño”, en Estudios, to­
Toledo O. M., Bernardino: Estudios históricos. Provincia Merce- mo 83.
daria de Santa Bárbara del Tucumán (1594-1918). Córdoba, ------ Tomás Cabrera, pintor colonial salteño. Buenos Aires, 1950.
tomo 1, 1919. ----- “Un retablo de Gregorio Cañas (1795)”. en A.I.A.A.I.E.,
----- La Merced del padre Oliva — Primer centenario (1826- Buenos Aires, n" '3, 1950.
1926). Córdoba, 1926.
Torre Revello, José: “Algunas obras de arte enviadas al Nue­ Udaondo, Enrique: Crónica histórica de la Venerable Orden Ter­
vo Mundo en la época colonial", en el diario La Prensa, Bue­ cera de San Francisco en la República Argentina. Buenos Aires,
nos Aires, 22 de mayo de 1938. 1920.
----- Reseña histórica del Monasterio de Santa Catalina de Buenos
“Arte popular en el antiguo Buenos Aires”, en A.I.
A.A.I.E., Buenos Aires, n' 9, 1956. Aires. Buenos Aires, 1945.
91

----- Reseña histórica del templo de Ntra. Sra. del Pilar. Buenos Verdaguer, Pbro. José Aníbal: Historia eclesiástica de Cuyo.
Aires, 1918. Milán, 1931.
----- Reseña histórica del templo de San Ignacio. Buenos Aires, Vergara, Can. Miguel Angel: Estudios sobre historia eclesiástica
1922. de Jujuy. Tucumán, 1942.
------ “San Bernardo de Salta, ermita, hospital y monasterio”,
Vargas Ugarte S. J., Rubén: Ensayo de un diccionario de artífices
en B.I.S.F.S.E.H.S., Salta, tomo 5, n’ 17, 1946.
coloniales de la América colonial. Buenos Aires, 1947.
Villalobos, Delia: “Imaginería popular mendocina”, en Cua­
----- Historia del culto de María en Iberoamérica, y desús imágenes y
dernos de Historia del Arte, U.N.C., 5, Mendoza, 1965.
santuarios más celebrados. Buenos Aires, 1947.
Vázquez Basavilbaso, Roberto: “Sobre un cuadro de De Pe- Wethey, Harold E.: “Retablos coloniales en Bolivia", en
tris", en A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n" 6, 1953. A.I.A.A.I.E., Buenos Aires, n° 3, 1950.
Vera Vallejo, Juan Carlos: Breve historia del Monasterio de Santa Xarque, Francisco: Insignes misioneros de la Compañía de Jesús en
Catalina de Siena en la ciudad de Córdoba. Córdoba, 1942. la provincia del Paraguay. Pamplona, 1687.

CLAVE DE SIGLAS Y ABREVIATURAS

A.A.N.B.A.: Anuario de la Academia Nacional de Bellas Artes. B. del I. de H.A. y A.: Boletín del Instituto de Historia de
América y Argentina.
A.E.A.: Archivo Español de Arte.
B.I.I.H.: Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas.
A.I.A.A.I.E.: Anales del Instituto de Arte Americano e Inves­
tigaciones Estéticas. B.I.S.F. S.E.H.S.: Boletín del Instituto de San Felipe y Santia­
go de Estudios Históricos de Salta.
A.N.B.A.: Academia Nacional de Bellas Artes.
D.A.A.: Documentos de Arte Argentino.
A.N.H.: Academia Nacional de la Historia.
D.A.N.: Documentos de Arquitectura Nacional.
B.C.I.H.E.: Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y
Estéticas. E.E.H.A.: Escuela de Estudios Hispano - Americanos.
I.A.A.I.E.: Instituto de Arte Americano e Investigaciones Es­
B.C.N.M.M.L.H.: Boletín de la Comisión Nacional de Museos
y de Monumentos y de Lugares Históricos. téticas.
J.H.E.A.: Junta de Historia Eclesiástica Argentina.
B.D.E.E.C.S.F.: Boletín del Departamento de Estudios Etno­
gráficos y Coloniales de Santa Fe. R.B.A.: Revista de Buenos Aires.

B. de la S.E. de E.: Boletín de la Sociedad Española de Excur­ R.P.P.A.: Revista Patriótica del Pasado Argentino.
siones. U.N.C.: Universidad Nacional de Cuyo.

El autor de estos capítulos


agradece al profesor Adolfo Luis Ribera
las sugerencias y los datos que le brindara,
y a la señora Iris Gori,
todo el afecto y la generosidad de su colaboración.

La Bibliografía citada en páginas 86 a 91


comprende tanto la Sección PINTURA de este volumen, como la Sección IMAGINERÍA del Tomo I.
GRABADO
Adolfo Luis Ribera
95

EL GRABADO EN LAS Es interesante revisar los juicios y opiniones


MISIONES GUARANÍTICAS que durante dos centurias se formulan acerca
Las primeras manifestaciones del grabado en de esta cualidad del aborigen misionero, del
nuestro país se tienen en la zona misionera; es cual, asimismo, muchos han escrito que era in­
decir, en el extenso territorio dividido actual­ capaz y falto de condiciones como para in­
mente entre la Argentina, el Brasil y el Para­ ventar.
guay, donde los Jesuítas fundaron treinta Re­ Años más tarde que Xarque, Antonio Sepp,
ducciones, la mitad de las cuales estuvieron en quien los conoció bien, pues vivió junto a ellos
las provincias de Corrientes y de Misiones. La entre los años 1691 y 1733, no vacila en afirmar
práctica del grabado se inicia simultáneamente que los guaraníes “no pueden inventar ni idear
con la introducción de la imprenta, cuando a absolutamente nada por su propio entendi­
principios del siglo xvm la Provincia Jesuítica del miento o pensamiento, aunque sea la más sim­
Paraguay consiguió instalarla, logrando obte­ ple labor manual, sino siempre debe estar pre­
ner lo que desde 1633 había intentado en vano. sente el Padre y guiarlos; debe darles, sobre to­
Pero antes de la construcción de las prensas do, un modelo y ejemplo. Si tienen uno, él
tipográficas, los indígenas copiaban los textos puede estar seguro que imitarán la labor exac­
impresos en Europa con una fidelidad tal, que tamente. Son indescriptiblemente talentosos
merecían la alabanza de cuantos los contempla­ para la imitación. Aunque no pueden inven­
ban, y, aun hoy, aquellos sencillos guaraníes tar lo más mínimo con su propia mente, son
despiertan en nosotros una gran admiración, capaces de confeccionar cualquier cosa, por
por la exactitud con que reproducían todo lo más difícil que sea, según un modelo... Aquí
que veían. hay un misal, una impresión de Amberes, de la
Francisco Xarque, autor del libro Insignes mi­ mejor calidad; allí hay un misal copiado por un
sioneros de la Compañía de Jesús en la provincia del indio: no se puede reconocer cuál es el misal
Paraguay, impreso en Pamplona en 1687, con­ impreso y cuál es el copiado..." 2
signa que los indios que escriben, “llegan con su No es otro el parecer del francés Pierre -
pluma a imitar tanto la mejor letra, que copian Fran^ois - Xavier de Charlevoix, cuando escri­
un Misal impreso en Antuerpia con tal perfec­ bió' “J'ai déja dit quils [los guaraníes] copient
ción, que es necesaria mucha advertencia para tres exactement des manuscrits & on eu voit aujour-
distinguir cuál de los dos escribió la mano del d'hui á Madrid un tres grande, de la main d’un Iri­
indio, y con este acierto copian una sacra, de las dien, qui ferait honneur au meilleur copiste, & pour
que sirven para la misa, estampada en Roma, la beauté du caractére, & pour l’exactitude”/
con varias imágenes de la Pasión y Santos, toda Sólo tres años vivió entre los guaraníes el pa­
la dibuja su pluma, como si fuera de mol­ dre José Manuel Peramás; pero tuvo oportuni­
de. Así, en parte, suplen los Misioneros la fal­ dad de comprobar personalmente el carácter
ta que hay de imprenta alguna en toda aquella imitativo de sus obras. Escribe en su Diario del
provincia”.' destierro (1768):
96

“Lo que hacen es copiar e imitar lo impreso, su Excelencia la que gustase para que un indio
sacando el traslado tan semejante al original, le sacase un traslado; su Excelencia escogió, y
que es menester mucho cuidado para distinguir llamando a un indio el P. le dijo: «Toma, N.;
el uno del otro; y a veces no se puede distinguir, dentro de tanto tiempo sácame otra como ésta
como sucedió en el siguiente caso. Cuando con la pluma». La tomó el indio y la sacó de tal
fue el Capitán General de Buenos Aires a visitar modo, que poniendo las dos en la mano del
las misiones, después de ver varias curiosidades Capitán General, le dijo el P. que viese su Exce­
de los indios, le sacaron los PP. unas estampas lencia cuál era el original: mas su Excelencia no
de humo de Alemania y le dijeron que escogiese supo cuál fuese y quedó pasmado...” *
Como en las Doctrinas había “escuelas de leer
en su lengua, en español y en latín, y de escribir
de letra de mano y de la de molde”, según in­
forma el padre José Cardiel; no es extraño que
los indios supieran imitar casi a la perfección las
impresiones europeas, porque —hay que reco­
nocerlo— algunos cronistas han exagerado un
tanto ese talento natural, pues se conocen diver­
sos manuscritos que, si bien excelentes, no pue­
den confundirse con los impresos mecánicos de
la época.
Entre los más curiosos, hay uno en la Biblio­
teca Nacional de Madrid que es una copia de la
Historiae Provinciae Paraquariae Societatis lesu,
que el padre Nicolás del Techo compuso entre
los años 1682 y 1687. Según el padre Furlong,
el manuscrito lleva la firma autógrafa del autor;
y como éste murió en el pueblo de Apóstoles en
1685, el singular libro debe de haber sido hecho
antes de esa fecha. De los innumerables di­
bujos que lo exornan, algunos parecen copiados
de modelos europeos, en tanto que otros, por
su carácter ingenuo, podrían ser considerados
creaciones originales. Se advierten distintas
manos, y las letras capitales, los títulos, etcétera,
Dedicatoria al Presidente del Consejo de Indias. presentan dibujos muy expresivos, que reme­
Manuscrito de la Historia del padre Techo, ilustrada
por indios de las Misiones Jesuíticas del Paraguay.
dan la técnica del grabado.
Biblioteca Nacional de Madrid (España). De concepción artística más elevada y de eje-
97

PR/EFATIO

k res P-waquAri» Sociriaiis leíb prouinci* fti


berr ig^rcdrrer muh^ me rallones abílerretm
Retirrtndi Paires Frairrl^, cariíTimi. Videbam enl
ir» hai barbarie ip me adrmruculü deftituendum
Cju* ad poliie cukrcy Icribeudum r^[Link]
cución superior a la que exhiben los anteriores
. ignoraban! iti tanta vaítnaic icrrirmn difAcilU. es la ornamentación que acompaña a la dedica­
Manuscrito de la Historia del padre Techo, ilustrada toria: Reverendissimo / in Christo Patri / P. Carolo
por indios de las Misiones Jesuíticas del Paraguay, folio 6. de Noyol- I le I Prepósito Generali / Societatis lesu,
Biblioteca Nacional de Madrid (España).
puesta al comienzo de un manuscrito guaraníti-
co, reproducido por el padre Furiong en su His­
toria y bibliografía de las primeras imprentas riopla-
tenses (I, p. 53). La tarjeta ovoidea está sosteni­
da por dos ángeles de pie, en tanto que en lo
alto un par de querubines eleva otra menor,
con su correspondiente leyenda.
Semejantes a estos manuscritos debían de ser
otros que circularon entre los Misioneros y los
indios guaraníes; algunos, escritos en el idioma
de los aborígenes, y otros, en latín o en español,
según nos cuenta el ya citado padre Sepp:
“Pero hay aquí algunos misales escritos a mano
por los indios, y que no son diferenciales de
Manuscrito de la Historia del padre Techo, ilustrada una impresión de Amberes, como ya muchos
por indios de las Misiones Jesuíticas del Paraguay, folio 9.
Biblioteca Nacional de Madrid (España).
Padres se han confundido en esto y tomado el
escrito por una impresión en cicero”?
Es el mismo Religioso quien, en Continuación
de las labores apostólicas, precedida de una carta
fechada el 8 de diciembre de 1701, nos relata
que “hace un año, el R. P. Juan Bautista Neu-
mann, de la provincia de Bohemia, introdujo la
tipografía tan necesaria y tan anhelada por no­
sotros en nuestro país, e imprimió el Martyrolo-
gium Romanum”? Este precioso dato permite
afirmar que después de muchos años los misio­
neros jesuítas pudieron ver concretado su anhe­
lo de tener una imprenta propia, y que fue el
austríaco Juan Bautista Neumann quien la
construyó. A él y al padre José Serrano co­
Manuscrito de la Historia del padre Techo, ilustrada por
indios de las Misiones Jesuíticas del Paraguay, folio 924. rresponde la gloria de haber sido los iniciadores
Biblioteca Nacional de Madrid (España). del arte tipográfico en la República Argentina:
z cap.12..ve catetts rctti Koraeri virti
98 bus.
ua. c*.p. [Link]. [Link] tnomur &•
tmdatut.
iri [Link]* ftitut..

Viñeta del manuscrito


de la Historia del
padre Techo,
ilustrada
por indios de las
Misiones Jesuíticas
del Paraguay.
Folio final del Index
capitum. Biblioteca
Nacional, Madrid.

ellos armaron la primera prensa, fundieron los no, y simultáneamente o un poco después, el
tipos necesarios, y dieron a la publicidad los pri­ Flos Sanctórum del padre Rivadeneira, traducido
meros libros argentinos.7 Como bien ha seña­ al guaraní por Serrano. Ninguno de estos dos
lado el padre Guillermo Furlong, que dedicó libros se ha conservado, habiéndose salvado de
largos años al estudio de este tema, sólo el papel desaparecer el considerado tercero, cronológi­
fue traído de Europa, porque la prensa fue camente, aunque por sus méritos artísticos sea
construida en la zona; los tipos metálicos, de el primero. Es un texto de Juan Eusebio Nié-
estaño y plomo, fundidos en el mismo lugar, y remberg traducido al guaraní por el padre Se­
hasta la tinta se elaboró con materias primas rrano, y cuyo título es De la diferencia entre lo
locales. temporal y eterno, crisol de desengaños, con la memo­
Instalada la imprenta, quizá en el pueblo de ria de la eternidad, postrimerías humanas, y principa­
[Link], en 1700 vio la luz el Martirologio Roma­ les misterios divinos. El pie de imprenta no pre-

Manuscnto de la Historia del padre lecho,


ilustrada por indios de las Misiones Jesuíticas del Paraguay.
Página final del Líber undécimas. Biblioteca Nacional, Madrid.
99

Alegoría. Grabado anónimo del libro Diferencia entre lo temporal y eterno,


del padre Juan Eusebio Niéremberg. Misiones Jesuíticas del Paraguay, 1705.
Colección Horacio Portel, Buenos Aires.
100

Viñeta. Grabado del


libro Diferencia entre
lo temporal y eterno,
del padre Niéremberg.
Misiones Jesuíticas
del Paraguay, 1705.
Colección Horacio
Porcel, Buenos Aires.

cisa en qué pueblo se imprimió, porque dice La calidad del grabado no es pareja: hay al­
Impreso en las Doctrinas Año de [Link].V, en vez gunos de técnica muy segura, que revelan la
de Loreto, Santa María la Mayor o San Francis­ presencia de un auténtico creador, cuyo domi­
co Javier, lugares que se indican en los impresos nio del buril le permite plasmar imágenes de
posteriores, con lo cual se plantea el interrogan­ sugestiva fuerza; otros, en cambio, trasmiten
te de si hubo una o varias imprentas. débilmente el vigor de las estampas que les sir­
Furlong, analizando los impresos conocidos, vieron de modelo. Los artistas guaraníes tu­
ha determinado que hubo tres o más talleres vieron ante sus ojos un ejemplar del libro de
con cajas propias, provistas de toda clase de le­ Niéremberg, impreso en Amberes en 1684, con
tras, tipos y adornos gráficos, aunque sólo exis­ grabados de Bouttats, los cuales copiaron más o
tió una prensa que sirvió hasta 1727, cuando se menos libremente, invirtiendo, por ignorancia,
tiró la Carta de Antequera, último impreso misio­ en algunos casos, la imagen original.
nero conocido. Puede que ésta haya seguido De todas las láminas, nos parecen superiores
funcionando unos años más; pero es difícil pro­ en lo artístico la segunda, que antecede a la de­
barlo. Lo cierto es que durante veintisiete dicatoria al Espíritu Santo; la cuarta, con el re­
años la primera imprenta argentina realizó tra­ trato del padre Tirso González; la novena, con
bajos tipográficos de primer orden, y coincidi­ la representación de la muerte del rico, y la dé­
mos con Bartolomé Mitre en que “la aparición cima, que figura en el capítulo once del libro
de la imprenta en el Río de la Plata es un caso primero.
singular en la historia de la tipografía, después Todas las estampas poseen un valor iconoló-
del invento de Gútenberg. No fue importada, gico muy marcado, que no es éste el lugar ade­
fue una creación original. Nació o renació en cuado para desentrañar; pero hay en algunas
medio de selvas vírgenes, como una Minerva de ellas referencias a las dos potestades: la espi­
indígena, armada de todas sus piezas, con tipos ritual y la terrenal, como se observa en la prime­
de su fabricación, manejados por indios salvajes ra, que f unciona como anteportada, y en la se­
recientemente reducidos a la vida civilizada, gunda, donde el interés de la composición se
con nuevos signos fonéticos de su invención y centra en el águila bicéfala, con el escudo es­
hablando una lengua desconocida en el Viejo pañol con corona imperial. La curva de las
Mundo”. alas explayadas se continúa en nubes que limi­
Desde nuestro punto de vista, el libro De la tan hacia arriba el espacio celestial, presidido
diferencia entre lo temporal y eterno tiene el valor por la paloma del Espíritu Santo, cuyos rayos
de ser el primero totalmente ilustrado por artis­ centrífugos descienden sobre la tiara papal y
tas autóctonos, pues sus láminas y viñetas no cinco capelos cardenalicios. Detrás del águila,
son obra de un solo grabador. Ascienden las y en la línea central, el orbe terráqueo. En el
primeras al número de cuarenta y tres, en tanto plano inferior, dos figuras alegóricas: una con
que las segundas son sesenta y siete, siendo és­ los atributos de la Religión, la cruz y la iglesia en
tas en su mayor parte xilográficas. la mano; la otra, con media armadura, y armas
101

[Link] GONZALEZ
PREPOSITO GENERALI
, SOCIETATIS1ESK-
। IcMr.füfxznJatlpS- Doerrintrlaraqnariee t

Juan Yapari. Retrato del padre Tirso González, prepósito general de la Compañía de Jesús.
... libro Diferencia entre lo temporal y eterno, del padre X'iéremberg.
Misiones Jesuíticas del Paraguay, ¡705. Colección Horacio Porcel, Buenos Aires.
102

Letras capitales. Grabados del libro Diferencia entre lo


temporal y eterno, del padre Niéremberg. Misiones Jesuíticas
del Paraguay, 1705. Colección Horacio Porcel, Buenos Aires.

ofensivas y defensivas. La primera ostenta alguna publicación anglosajona no identificada


una filacteria con la inscripción Cebas domus tuae todavía. Además, debemos indicar que este
comedit me, y la segunda, otra con la leyenda grabado es el único que tiene el nombre del
Labor et fortitudo omnia uincunt. Entre ambas fi­ autor: Joan yapari Sculps. — Doctrinis Paraqua-
guras, un alto basamento arquitectónico que riae, desconociéndose otros datos sobre este ar­
sirve de fondo al escudo de la Compañía de tista, que por la muestra era un grabador de
Jesús. probada capacidad, y de técnica rigurosa, equi­
Hay que reconocer en esta estampa la habili­ parable a la de tantos maestros europeos que
dad del grabador indígena, y su innato sentido sobresalían entonces —fines del siglo xvn y prin­
artístico. Conoce muy bien las posibilidades cipios del xvi 11— en el noble arte de Durero y de
de la plancha de cobre y el buril; es preciso en Rembrandt.
las líneas de contorno, y maneja sabiamente los De los otros grabados, nos parecen destaca-
distintos valores, graduando desde los más altos bles, no tanto por lo técnico como por lo icono­
a los más bajos con refinado gusto. gráfico, los dedicados a las Postrimerías; por
La lámina siguiente, con el Espíritu Santo en ejemplo, el del triunfo de la muerte, con su orla
un rompimiento de gloria, el globo terrestre y de calaveras, o los que relatan los tormentos del
el escudo de la Orden en el eje de simetría, y los infierno, y cuyos epígrafes rezan Os inferni aper-
santos Ignacio de Loyola y Francisco Javier a los tum ad devorandum semper; Vermis perpetuas corro-
costados, con teas encendidas en las manos, no dens cor; Dolor meus perpetuas, et plaga desperabilis,
alcanza el nivel de la estampa anterior. renui curari, etcétera. En estos temas el artista
En cambio, debemos detenernos en la inme­ ha logrado trasmitir con pavorosa verdad las
diata posterior, con la dedicatoria A. R. P. Tyrso sensaciones dolorosas que el fuego y los mons­
González, Praeposito Generali Societatis lesa, cuyo truos del Averno causan a las almas conde­
busto aparece de tres cuartos, en marco ovala­ nadas.
do, y destacado sobre una arquitectura clási­ Los espacios cuadrados de las iniciales (35 x
ca. Arriba, y en menor tamaño, dos ángeles 35 mm.) se ilustran con motivos bíblicos en su
tenantes, con la corona de espinas, en cuyo cen­ mayor parte. La A es destacada sobre un fon­
tro está el Niño Jesús con los atributos de la do con Aarón y el ara del sacrificio; la C encie­
Pasión y el I.H.S. Abajo, y en el medio, un rra la figura del Niño Dios; la I está flanqueada
reloj con su esfera y cúpula. por las efigies de San Pedro y de San Pablo, con
Dos precisiones hay que hacer con respecto a sus atributos característicos; la M presenta al
esta ilustración. Una está referida a los ánge­ evangelista San Marcos con el león; en la N se
les que llevan sendos escudos: uno el de la Com­ muestra la adoración del nombre de Cristo,
pañía de Jesús, cuya explicación huelga, y el cuya persona, con la Cruz a cuestas y la Veróni­
otro, el de Inglaterra, cuya presencia en De la ca, se ven en la inicial Q; la Virgen Dolorosa.
diferencia entre lo temporal y eterno nadie ha podi­ con el pecho atravesado por siete grandes espa­
do explicar, salvo que la estampa sea copia de' das, ornamenta la letra O, y la escena de la ele-
Alegoría de la Muerte. Grabado anónimo del libro
Diferencia entre lo temporal v eterno, del padre
Niéremberg. Misiones Jesuíticas del Paraguay. 1705.
Colección Horacio Porcel. Buenos Aires.

La muerte del rico. Grabado anónimo del libro


Diferencia entre lo temporal y eterno, del padre
Niérembeig. Misiones Jesuíticas del Paraguay, 1705.
Colección Horacio Porcel, Buenos Aires.

Ilustración del libro Diferencia entre lo temporal y


eterno, del padre Niéremberg. Grabado anónimo.
Misiones Jesuíticas del Paraguay, 1705.
Colección Horacio Porcel, Buenos Aires.
104

Tormentos del infierno.


Grabado anónimo del libro
Diferencia entre lo temporal
y eterno, del padre Niéremberg.
Misiones Jesuíticas del
Paraguay, 1705. Colección
Horacio Porcel, Buenos Aires.

Repulsa 7/Tapacc anima [Link] sum [Link].3.16

La Inmaculada Concepción.
Grabado anónimo del libro Diferencia
entre lo temporal y eterno, del padre
Niéremberg. Misiones Jesuíticas
del Paraguay, 1705. Colección
Horacio Porcel, Buenos Aires.

vación, según la liturgia de entonces, se descri­


be en la inicial T.
Sería engorroso enumerar los adornos y viñe­
tas con que los indios, en planchas de cobre o en
tacos de madera, mostraron su capacidad de
grabadores. Muchos de los temas no son origi­
nales, por cuanto fueron imitados de otros eu­
ropeos; pero siempre supieron infundir a sus
trabajos un sello particular, inconfundible, co­
mo sucedió con sus esculturas y pinturas. Tormentos del infierno. Grabado anónimo del libro
Diferencia entre lo temporal y eterno, del padre
Nunca imitaron servilmente los modelos que les Niéremberg. Misiones Jesuíticas del Paraguay, 1705.
dieron: variaron las proporciones, alteraron las Colección Horacio Porcel, Buenos Aires.
105

composiciones, v les inf undieron un estilo que


impide confundir sus obras con las que se tra­
bajaron en otros talleres indígenas.
En Santa María la Mayor se imprimió el sépti­
mo de los libros misioneros, que fue la Explica­
ción de el Catechismo en lengua guaraní (1724). en
cuva portada hay un pequeño grabado con la
Virgen y el Niño," cuyo interés radica más en su
iconografía que en su arte.
Ahora bien; después de las estampas de 1705,
nada semejante se hizo en las Misiones Guaraní-
ticas. si descalificamos el S. Joannes Nepomuceno
Martyr, cuya calidad de grabado es incuestiona­
ble. Se trata de un único ejemplar conocido,
sobre papel de época (430 x 550 mm.), impre­
so con una plancha de 395 x 485 mm. El
Santo en el centro, con dos angelitos portando
uno la cruz y el otro la palma del martirio, y
fondo de la ciudad y puente apoyado sobre seis
pilares.
El marco lo forma, en su mitad inferior, una
serie de motivos rococó, y en la mitad superior, Portada de Explicación de el Catechismo en lengua
guaraní, por el indio Nicolás Yapuguai. Santa María la
unas cortinas recogidas. Arriba de éstas y se­ Mayor, 1724. Ex Colección Enrique Peña, Buenos Aires.
parado en dos partes por una especie de balda­
quino o de dosel, la inscripción: Fecit por el como se ha visto en los casos anteriores. ¿Qué
indio Thomas Titeara en la misión de San Ignacio — finalidad persiguieron los religiosos al tirar es­
Provincia Paraguay — 1728. Debemos advertir tos grabados? (Debieron de ser varios, pues de
que esta leyenda no está grabada como el resto otro modo no se justificaría su impresión.)
de la estampa, sino que está escrita con pluma y La redacción del texto manuscrito da motivos
tinta, con lo cual se significa que fue añadida de dudas razonables. Por de pronto, dice:
después de la impresión. Fecit por el indio Thomas Titeara. Si toda la ins­
A continuación analizaremos una serie de in­ cripción está redactada en español, ¿por qué el
terrogantes que se nos plantean al estudiar más vocablo latino? Este se explica en la firma de
detenidamente el ejemplar. En primer lugar, pinturas, pero no en la de los grabados, donde
nos desconcierta el tamaño del grabado, y el la costumbre era colocar junto al nombre del
hecho de constituir una pieza autónoma, no grabador el término seulpsil, como lo hizo Juan
una lámina para ilustrar un texto determinado, Yapari.
106

Extraña, por otra parte, el apellido Tilcara, Francisco de Borja y San Luis Gonzaga. Arri­
que no es guaraní, y la aclaración de su condi­ ba, en el centro, como en una mandorla, la In­
ción de indio. Asimismo, la mención del lugar maculada Concepción, y abajo, también en el
de impresión, o Misión de San Ignacio, sin de­ medio, en una cartela circular, un busto de San
terminar cuál de los dos pueblos era: si San Ig­ Buenaventura. Por la composición y la icono­
nacio Guazú, o San Ignacio Miní. grafía, la estampa aparenta del siglo xvn, aun
A estas irregularidades corresponde agregar cuando su realización pudiera ser posterior, si
una objeción de carácter estilístico: el marco ro­ fuera copia de un modelo más viejo.
cocó, que no corresponde a la fecha 1728. Esa La otra lámina es más sencilla, porque la
orla nos parece demasiado definida en su estilo, mayor parte está destinada al título: Proemio,
para haberse grabado en 1728; la disimetría de colocado en un óvalo sostenido por un par de
la rocalla está muy marcada, como para perte­ putti en la zona inferior. Otros sostienen un
necer a una época tan temprana, y, aun cuando grueso festón en lo alto de la composición.
admitiéramos que el grabado en su totalidad es Por el carácter de estos grabados, por su téc­
copia de un prototipo extranjero, aun así el ar­ nica y por el lugar donde fueron hallados, no es
gumento es válido. improbable que sus autores hayan sido indios
No hay duda de que otros grabados en made­ de las reducciones guaraníticas.
ra o en cobre han sido hechos en los pueblos
guaraníticos, de los cuales sólo nos quedan refe­
EL GRABADO EN BUENOS AIRES
rencias documentales, como de unos “clichets
primitivos grabados en madera por los Jesuítas La segunda imprenta argentina funcionó en
y que les servían para ciertas impresiones”, que Córdoba, donde se publicaron unos pocos li­
formaron parte de la colección de obras de arte bros, pues apenas instalada, sobrevino la expul­
y curiosidades de Juan Cruz Varela.” sión de la Compañía de Jesús, que la había he­
El padre Furlong dio a conocer hace algunos cho traer de Italia.10 A partir de 1767 quedó
años unas láminas puestas al f rente de un volu­ arrumbada en los sótanos del Colegio de Mont­
men manuscrito que perteneció al padre Ra­ serrat, de donde la sacó el ilustre virrey Juan
món Toledo, jesuíta que enseñó en la Universi­ José de Vértiz, para trasladarla a Buenos Aires
dad de Córdoba. y ponerla al servicio de la Casa de Expósitos en
Una de ellas es una portada de carácter ar­ 1780.
quitectural, cuyo espacio central quedaba en Coincide la instalación de la imprenta con la
blanco, para colocarse el título de la materia o aparición del grabado en nuestra ciudad, por­
del contenido del apunte, lo cual debía de ir que los primeros se estima que fueron hechos
manuscrito. Este marco, a modo de retablo, por el carpintero y tallista lusitano Pedro Car-
presenta cuatro hornacinas laterales con otras mona a fines de 1780, para ilustrar el Almanaque
tantas imágenes de Santos de la Compañía: San y Kalendario General diario de cuartos de luna, se­
Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San gún el meridiano de Buenos Aires — Año de
108 ALMANAK
i
KALENDARIO GENERAL
Dúrro de quitos de Lun» según el
Meridwnn de Buenos-Ayrei.

LiiFiettasde Pretepto voo de letnbft»


tarriill* > y con cna ataal *}* Portada del Almanaque
Laten que tepuerfe trabajar, de la mh»*
letra con esta f y i cd de cbligacicn ¿f y calendario general.
oír M'tJ.
EN BVENOS-AYRES.
Diario de cuartos
de Luna según el
En 1» Real Imprenta ¿a los Nirtnt
Meridiano de Buenos-
«HALLARA EN LA LTRRER'ADE Ayres. Viñeta de
J>ON JCtfIF DE SILVA, Y A GUIAR
Pedro Carmona.

1781. Ejecutó una Luna grande, doce signos En realidad, la única individualizada es el Espí­
del zodíaco y cuatro docenas de pequeñas lu­ ritu Santo, pues tiene en el pecho la paloma, y
nas, que no ofrecen más interés que el histórico, alrededor de la triple corona, las lenguas de
pues representan las primeras xilografías por­ fuego. Las otras Personas parecen figuras si­
teñas. métricas, sin atributo alguno particular. Las
Al mismo artesano se deben cuatro túmulos tres apoyan sobre nubes, en cuyo centro se ade­
—así llamados en la documentación de la Im­ lanta un orbe terráqueo que pende de una ca­
prenta de Niños Expósitos—, usados en esque­ dena. En la parte inferior: El Illmo. Sr. Obis­
las de convite para honras y entierros, con te­ po de Buenos Ayres concede 200 días de Indulgencia
mas muy sencillos y sin mayor atractivo." como se ve de este Trisagio; y en los ángulos supe­
Casi al mismo tiempo, el platero español Juan riores, dos cabezas de querubines.
Antonio Calleja Sandoval abrió en cobre una Calleja Sandoval era un platero que gozaba
lámina que se publicó en 1781, acompañando en Buenos Aires de merecida fama, autor de
un impreso en 16", escrito por Fr. Eugenio de la algunas obras finamente labradas, que, como
Sma. Trinidad. La portada anuncia que es una excepción, se han conservado, y de las cuales se
reimpresión, de la que a su vez se hicieron otras trata en el capítulo correspondiente.
en 1784 y en 1798. La calidad del grabado no está a la misma
El Trisagio seráfico, para venerar a la muy Augus­ altura que las piezas de orfebrería conocidas,
ta, y Santa Trinidad, es un folleto extremada­ aunque —debemos reconocer— es preciso en el
mente raro, pues se conocen sólo dos ejempla­ trazo de un dibujo tosco e ingenuo. No obs­
res: uno en la ex Colección Antonio Santamari- tante, cobró por este trabajo $ 45, suma muy
na, y otro en la de Guillermo H. Moores, dona­ alta en aquella época, en que dos onzas de oro
da a la Municipalidad de Buenos Aires, que la superior se valuaban en $ 40.”
ha destinado al Museo Histórico Cornelio de Muchos otros grabados se han tirado por la
Saavedra. El primero no tiene ilustración, la Imprenta de Niños Expósitos, desconocidos
que, en cambio, figura en el otro. hoy, y sin saber si las planchas fueron grabadas
Cuando se imprimieron en 1781, se tiraron en la ciudad o eran importadas. En la docu­
ejemplares con estampa y sin ella, según se ad­ mentación antigua se mencionan estampas de
vierte por la declaración del encuadernador San Luis Gonzaga y de San Eloy (1783), y el
Antonio López (25.4.1783): “... que de dichos numismático Alejandro Rosa recuerda que Ca­
trisagios, los que llevan estampas se han dado rranza tenía una antigua que representaba al
siempre a dos reales y medio, y los que no la Santo Patrono de los orfebres distribuyendo la
llevaban, a dos reales...” 12 medalla que el gremio de plateros bonaerense
La lámina muestra, en un rompimiento de acuñó para la jura de Carlos IV (25.6.1790).
gloria, las tres personas de la Trinidad, repre­ Ya al finalizar el siglo, la imprenta había au­
sentadas en forma humana, tocadas con sendas mentado el número de su colección de plan­
tiaras destacadas sobre el nimbo triangular. chas, que se enumeran en un inventario de
109

1799. Son ellas Cristo. Jesús Nazareno, Nues­


tra Señora del Pilar, San Pedro de Alcántara,
San Pascual Bailón, Nuestra Señora de las An­
gustias y San Luis, todas éstas de a folio; en
cuarto había únicamente un San Francisco; y en
8", 12" y 16", una Virgen del Rosario, la Santí­
sima Trinidad y la Virgen del Carmen, respecti­
vamente.
Tampoco de éstas se puede afirmar cuál era
su origen, y difícil es creer que fueran argenti­
nas; lo que parece probable, en cambio, de una
plancha que fue propiedad del doctor Adolfo
M. Díaz, y cuyo paradero ignoramos. En ella
hay ocho imágenes: cuatro de la Virgen María,
y otras tantas de Santos religiosos: el jesuita Es­
tanislao de Kostka, y los mercedarios San Pedro
Nolasco, San Pedro Pascual y San Ramón No­
nato.
El padre Furlong piensa que esta plancha pu­
do haber sido burilada durante el período en
que los frailes de la Merced adquirieron pre­
ponderancia en Buenos Aires, y en que el culto
a San Estanislao se reactivó, como consecuencia
de la devoción particular que hacia él tuvo sor
María de la Paz y Figueroa. Propone Furlong
la fecha aproximada de 1794 para esta serie de
estampas, muchas de las cuales, por su icono­
grafía, parecen derivar de un prototipo es­
pañol.
Corresponde considerar ahora otro grabado
porteño de 1783, cuya plancha original estuvo Juan Antonio Callejas y Sandoval. La Santísima Trinidad.
Buenos Aires, 1781. Ex Colección Guillermo H. Moarés.
en la colección de Enrique Peña, y hemos visto Museo Municipal Cornelia Saavedra, Buenos Aires.
en casa de su hija, la señorita Elisa Peña. La
leyenda, puesta al pie de la lámina, dice: Sn.
Benito de Palermo, mandado grabar pr. la cofradía
de este nombre, sita en el conhto. Grande de N. P. Sn.
tranco, de Bs. Ays. y lo dedican los hermanos al R. P.
Guardián y su Sta. Comunidad. En 1783.
110

El Santo está representado de rodillas, hacia sentación superior y la cartela de abajo, sosteni­
la izquierda, delante de una aparición de la Vir­ da lateralmente por un par de querubines.
gen, que ocupa el ángulo superior dere­ Manuel Rivera era comandante del cuerpo
cho. Angelitos, nubes y rayos ocupan total­ de artilleros veteranos, y director de la maes­
mente los espacios restantes. Muy débil la ana­ tranza de la Real Fortaleza de Buenos Aires; y
tomía de los personajes, y no muy jerarquizados posteriormente fue designado maestro mayor
los valores claroscurísticos, es, sin embargo, una de armeros del Real Cuerpo de Artillería (1807)
de las mejores estampas trabajadas en el Bue­ y director de la Fábrica de Armas de Córdoba
nos Aires colonial. (1814).
Anónima la lámina de San Benito de Paler- Según el padre Salvaire, Rivera enfermó gra­
mo, no lo es, empero, la conocida por Verdadero vemente, y prometió a la Virgen, si curaba, gra­
Retrato de la Milagrosa Ymagen de Na. Sa. de Lu- bar su efigie para que su imagen pudiera divul­
xán; porque está firmada, abajo y a la derecha: garse, aumentando entonces la devoción de los
Manuel Rivera Por deboción; y abajo y a la iz­ fieles. De ahí el grabado, y la curiosa explica­
quierda: Me grabó en Bs. Ayres Año 1789. ción que ostenta junto con la firma.14 Por lo
La leyenda es más extensa, y hace referencia tanto, hay que reconocer que el autor no es un
al santuario y a las indulgencias que concede el profesional del grabado, sino un aficionado,
obispo Azamor y Ramírez, que en la figura re­ que algún conocimiento tenía del trabajo del
producida en el libro de José Toribio Medina, metal, por su condición de armero. El dibujo
se aclara que son 120 días de indulgencias. es muy elemental, aunque no inexpresivo, y
Como en la plancha original que se custodia además, posturas forzadas e incomprensión de
en el Museo Histórico Nacional y que fue pro­ las formas limitan las posibilidades artísticas de
piedad del doctor Angel J. Carranza, la inscrip­ esta antigua estampa de la Virgen de Luján,
ción carece de esas líneas que hemos trascrito que, modificada en parte, fue copiada por la
más arriba; se supone que deben de haber exis­ litografía del siglo xix.
tido dos láminas de cobre grabadas por Manuel Un renglón aparte merecen los blasones o es­
Rivera. Comparando las dos estampas, se ad­ cudos de armas usados en los impresos de Ex­
vierten, además, algunas variantes que no alte­ pósitos, muchos de los cuales fueron ejecutados
ran en lo fundamental el dibujo primitivo. Es en Buenos Aires, indudablemente, aunque des­
una composición simétrica, con la imagen vesti­ conozcamos el nombre de quien o quienes los
da a la antigua usanza, dentro de una hornacina grabaron.
rematada en un arco de medio punto, ocupan­ De tal circunstancia, hay prueba documental
do las enjutas dos angelitos que recogen unas en uno solo: el del marqués de Loreto, que fue
cortinas. Otro par de ellos flanquean la peana virrey del Río de la Plata entre 1784 y 1789.
en que está puesta; y debajo de ésta hay una En el Diario de gastos del Virrey del Río de la
cabecita alada que sirve de nexo entre la repre­ Plata Marqués de Loreto (1783-90), que redactó
111

„S . Benito de Palermo,
MANDADO «RADAR l’- LA COFRADIA DE ESTE NOMBRE, -SlTA EN VA.
CbNMTO6’nA'rni; de N. P - -SN. Fkakc“ de B® Av . ^»z lo dedican los
Hermano* at. R . P . 6'wmvdian, sv S™ Cómmvnidad . en lí'e'i»

Anónimo. San Benito de Palertno. Grabado. Buenos Aires, 1783.


Ex Colección Enrique Peña, Buenos Aires.
112

Anónimo. Sello
del virrey Loreto.
Buenos Aires, 1787.
Archivo General de la
Nación, Buenos Aires.

su secretario, Andrés de Torres, y que dio a dugs. a qn. resare un Padre nro. delante de esta
conocer el doctor José M. Mariluz Urquijo, lee­ Ymagen.
mos lo siguiente: “Al platero, por la suya El texto de esta leyenda induce a pensar que
cuenta nu 3, del sello que abrió de nuevo para la lámina fue abierta en Buenos Aires después
los pasaportes... 56 ps.” (11.5.1787). Asimis­ de 1803, porque el señor Lué ocupó la sede ese
mo, en otra posterior: “De grabar un escudo año. Dos reparos hacemos a esto: en primer
de armas de S. Exa., según recibo n° 70... lugar, no conocemos artista alguno establecido
50 ps.” (31.1.1789). entonces en la ciudad tan diestro en el manejo
El referido sello con las armas del Marqués, del buril, y es inconcebible que cuando en 1808
dentro de un óvalo bien proporcionado, es un el Cabildo mandó grabar un retrato de Fernan­
dibujo grabado, de definición no muy precisa. do VII y la denominada Lámina de Oruro, haya
Por analogía, atribuimos al mismo platero el encomendado la labor a Juan de Dios Rivera,
sello del sucesor de Loreto, virrey Nicolás Anto­ buen platero, pero grabador aficionado, vivien­
nio de Arredondo, que ejerció el cargo entre el do en el lugar un eximio grabador.
4 de diciembre de 1789 y el 16 de marzo de Por otra parte, el estilo general de la estampa
1795. no coincide con la fecha probable de su realiza­
El grabador, casi con los mismos elementos ción hasta hoy admitida. La ornamentación
empleados en el sello de Nicolás del Campo, utiliza los elementos de la rocalla francesa, con
compuso el de Arredondo, también dentro de sus gráciles curvas y sus asimetrías característi­
una elipse, aunque no de la misma proporción. cas, motivos que hacia el año 1803 estaban ya
Si de los grabados estudiados hasta ahora he­ fuera de moda, pues tanto en la escultura orna­
mos puesto de relieve su relativo mérito artísti­ mental (retablos, púlpitos, etcétera), como en el
co, al tratar de la plancha con San Eloy, de la mobiliario y en la orfebrería, el estilo rococó
Colección Peña, no vacilamos en ensalzar sus había sido reemplazado ya por lo que entonces
valores plásticos, pues se trata de la pieza de se decía a la moderna, o sea el neoclásico. Y no
estilo más definido y de ejecución más elabora­ sólo es rococó la orla, sino la misma figura del
da. Su autor, desconocido para nosotros, es Santo, cuya postura general y dibujo de las ma­
un artista del buril, con un conocimiento muy nos, capa pluvial, báculo y mitra, participan de
acabado de los secretos técnicos de la calcogra­ las características del estilo.
fía. De pequeño tamaño, la estampa nos De haber sido grabada en Buenos Aires, la
muestra al Santo Obispo de Noyon con sus atri­ estampa de San Eloy, por su aspecto formal,
butos episcopales, en tanto que las herramien­ debe ubicarse hacia 1780: no mucho después,
tas de su arte coronan el marco rococó que lo porque desde entonces los orfebres porteños
rodea. Debajo, la inscripción: Sn. Eloy qe. se manifestaron interés por lo simple, arquitectó­
venera en la Yglesia de las Catalinas a la devosión de nico y con escasa ornamentación.
los Plateros. El Yllmo. Sr. Dn. Benito de Lué y Cabe la posibilidad de que la plancha sea an­
Riega Obispo de Bs. Ayrs. Concede 40 días de Yn- terior al obispado de monseñor Lué, que la car-
IB

Anónimo. Sello
del virrey Arredondo.
Buenos Aires, c. 1790.
Archivo General de la
Nación, Buenos Aires.

tela estuviera en blanco, y que posteriormente Pablo Núñez de Ibarra, correntino nacido en
se cubriera con el texto conocido. En este ca­ 1782.
so, el cobre pudo haber llegado a Buenos Aires El primero es autor del grabado que ilustra
ya burilado en algún taller europeo. De cual­ un folleto de los Niños Expósitos (1808), referi­
quier modo, con los elementos disponibles en la do a la Lámina de Oruro, “una digna lámina de
actualidad es imposible formular un juicio defi­ plata piña guarnecida de oro, de dos varas de
nitivo. elevación geométrica proporcionada, con ins­
Ya casi al concluir la dominación española ha­ cripción sencilla y alusiva”, que la villa de Oruro
llamos en nuestra ciudad dos orfebres que acci­ obsequió a Buenos Aires por su triunfo sobre
dentalmente practican la calcografía. Son las armas inglesas. Rivera reproduce, con al­
ellos Juan de Dios Rivera, potosino establecido gunas variantes, el trabajo altoperuano, no ha­
en la Capital en la década del 80, y Manuel biendo, por lo tanto, una creación personal; y si

Manuel Rivera. Nuestra Señora de Luján.


Grabado sobre cobre. Buenos Aires, 1789. Museo Histórico Nacional, Buenos Aires.
114

Anónimo. San Eloy,


que se venera en la
iglesia de las Catalinas.
Grabado. Buenos Aires (?).

la figura de la Fama flaquea en su anatomía, el


resto del grabado mantiene una discreta correc­
ción. La dedicatoria, encabezada por Gloria a
la Sma. Trinidad, se inscribe en un proporciona­
do rectángulo sostenido por una arquitectura
que ostenta en su base las armas de don Santia­
go de Liniers y Brémond. A los lados, caño­
nes, tambores y banderas, dos de ellas con los
escudos de España y de Buenos Aires, en tanto
que el de Oruro campea en lo alto, pendiente
de la trompeta de la alada Fama. El grabado
está firmado abajo: Sculp. Mentor Joan. Dei Ri­
vera. B. A' Anno 1808. Cobró por su hechura
doscientos once pesos corrientes.
A fines de 1808. el mismo Juan de Dios Rive­
ra realizó el Vale Patriótico, encargado por el
gobierno de Liniers para conjurar la crisis del
erario. El escribano Justo José Núñez certificó
el 7 de diciembre de 1808 haber acompañado al
alcalde don Martín de Alzaga a la tienda de
platería del referido Rivera, a quien hallaron
grabando en una lámina de bronce del tamaño o
dimensión de poco más de cuartilla de papel las Ar­
mas Reales después de otros dibujos que tenía ya gra­
bados por sus extremos. Según declaró Rivera,
era para imprimir Vales Reales. Dentro de una
orla con dibujos de tipo caligráfico hay un escu­
do español y las palabras Vale Patriótico. Es de
notar en este grabado la precisión del trazo y la
limpieza de ejecución, virtudes que no se obser­
van en los otros grabados de Rivera.
Con motivo de la jura del rey Fernando VII,
que debía efectuarse el 21 de agosto de 1808, el
Cabildo encomendó a Rivera grabar un pe­
queño retrato del nuevo Monarca, que no estu­
vo terminado para las fiestas, sino un mes ina> Juan de Dios Rivera. Lámina de Oruro. Grabado. Buenos
tarde, porque en la sesión del 6 de octubre el Aires, 1808. Ex Colección Enrique Peña, Buenos Aires.
115

secretario del Consulado de Buenos Aires, que do con la leyenda: Viva Fernando VII Rey de
lo era Manuel Belgrano, hizo presente una serie España y de sus Indias. Año 1808. Remata el
de estampas con la efigie del Rey, que su autor medallón la corona real, perfilada sobre un fon­
obsequiaba a los miembros de la institución. do claro, en tanto que poco menos que la mitad
Los retratos fueron impresos en seda y en pa­ inferior del rectángulo total se oscurece para
pel, pasando de mil cada una de las tiradas. destacar temas heráldicos españoles: castillo,
Hasta principios de 1810, el Ayuntamiento león campante, granada y lises. Del castillo o
no había abonado el trabajo, lo que se decidió como torre se desprende un gallardete con Viva
en el acuerdo del 23 de febrero, cuando los España.
cabildantes determinaron “que debe abonársele Las observaciones críticas se reducen a poco,
el trabajo de la plancha y el que se considere y, en comparación con el grabado de Juan de
corresponderle por tirarlas en tórculo y la im­ Dios Rivera, estimamos que sale ganando este
portancia de la tinta y colores”. Asimismo, de­ último, por cuanto hay una mejor caracteriza­
bía pagársele una Lámina de las Armas de la Ciu­ ción del Monarca y una mayor unidad en la
dad grabada en cobre, que todavía el maestro no composición, centrada en la figura real, sin de­
había cobrado. talles anecdóticos que desvirtúan el motivo
El retrato de Fernando VII es una pequeña principal, porque aun la corona que Rivera co­
estampa en forma de óvalo (56 x 68 mm.) con loca junto al busto del personaje, tiene poco re­
el perfil izquierdo del Rey, de busto, con traje lieve.
militar, condecoraciones y corona real a la iz­ En cuanto a la inscripción circular, debe de­
quierda. Un marco o moldura muy simple ro­ cirse que está invertida, como si el inexperto
dea a la figura, destacada sobre un fondo oscu­ grabador no hubiese calculado las modificacio­
ro, bien caracterizada en su perfil borbóni­ nes que se operan con las imágenes cuando se
co. En la mitad superior del óvalo, dentro del trasladan de la plancha al papel. No sucede lo
mismo y siguiendo su curvatura: Fernando Vil mismo con las palabras puestas en el gallardete,
Rey de España y sus Indias. Fuera del marco y que, a excepción de la N, son correctas.
en cursiva: Se Juró en Buenos Ayres el / 21 de Inútil intento descifrar el misterio de este
Agosto de 1808. grabado. ¿Se trata de un grabado solicitado
Obviamente, el buril de Rivera reprodujo al­ por el Cabildo a un platero distinto, y que no
gún grabado español de los tantos que circula­ fue aceptado?... Sin embargo, hay algo de lo
rían entonces por Buenos Aires, y que no ha que sí estamos seguros: su autor no es Juan de
sido posible identificar, lo mismo que acontece Dios Rivera.
con otro retrato fechado en 1808, y cuya plan­ Ya a punto de terminar el Virreinato, apare­
cha original pertenece a la Colección Peña. De ce en la Capital un correntino que dio pruebas
mayor tamaño que el anterior (83 x 98 mm.), de su habilidad en el ejercicio de la orfebrería y
el busto del Rey está representado en su perfil el grabado hasta 1824, cuando regresó a su pro­
derecho, dentro de un medallón circular, orla­ vincia, donde murió de más de ochenta años.
116

De su actividad porteña y correspondiente al Rita de Cassia Vencedora de Imposibles; y debajo:


período que estudiamos, quedan dos láminas Bs. As. 1809. Un correntino la dibujó y La Grabó
que se identifican: Sta. Rita de Cassia Vencedora Manuel Pablo Núñez. A ambos lados de la base
de Imposibles y S. Telmo Patrón de los Navegantes, hay dos angelitos reclinados.
ambas fechadas en 1809 y de distinto mérito. Es un trabajo muy elemental, aunque cierto
La Santa Rita, con el hábito oscuro de las primitivismo le confiere un encanto particular,
agustinas, crucifijo en la mano derecha, y la pal­ mayor en la otra estampa, que está firmada: Bs.
ma con triple corona en la izquierda, figura es­ As. 1809. Manuel Pablo Núñez. En ésta, el
tar colocada en una hornacina, cuyas pilastras o fondo no es arquitectónico, sino una vista del
columnas de un impreciso estilo le sirven de mar, con su encrespado oleaje, y un barco pe­
marco lateral. En la peana, la inscripción: Sta. queño a la izquierda. El Santo dominico está
de pie, y se arquea graciosamente, llevando en
una mano el cirio encendido, y en la opuesta,
un gran navio.
No podemos considerar la lámina como a un
modelo en su género; pero debemos reconocer
que Núñez de Ibarra ha logrado realizar, con
una técnica muy rudimentaria, una estampa de
muy sutil encanto.
Se conocen [Link] grabados que esta­
ríamos tentados de incluir entre los antiguos de
Buenos Aires; pero consideramos prudente no
hacerlo sin contar con razones más convincen­
tes. No obstante, hay una plancha de cobre en
el Archivo y Museo Histórico del Banco de la
Provincia de Buenos Aires, que actualmente
mide 230 x 116 mm. y que merece destacarse.
En una de sus caras ostenta el grabado del
primer billete de banco argentino, hecho por
José Rousseau en 1822, y en la otra presenta
parte de una imagen de la Virgen del Rosa­
rio. Ésta es la que nos interesa, por su carácter
artístico, y aunque no está fechada, por ser obra
del siglo xvm. Como en otras estampas religio­
sas de la época, la Virgen simula una imagen de
Manuel Pablo Núñez de ¡barra. San Telmo, Patrón de
los Navegantes. Grabado. Buenos Aires, 1809.
vestir colocada en un nicho de un retablo, por
Convento de Santo Domingo, Buenos Aires. lo cual la enmarca una arquitectura neoclásica.
117

¡uan de Dios Ritiera.


Fernando V¡1, Rey de
España y sus Indias.
Grabado. Rueños Aires,
1808. Museo Histórico
Nacional, Buenos Aires

No parece una efigie rioplatense, pues por el do trazar su historia, sirven para mostrarnos las
vestido, la peana y la doble aureola de rayos, se dificultades con que se tropieza cuando se ini­
asemeja más a las españolas tradicionales. Cla­ cian nuevas técnicas. Las láminas de cobre y
ro está que la plancha pudo haberse grabado en los tacos de madera serán desplazados en el si­
Buenos Aires copiando un modelo hispánico. glo xix por la piedra Biográfica, que introduci­
Desde 1700 hasta 1810 no son muchos los rán Juan Bautista Douville y César Hipólito Ba-
ejemplos que se han podido presentar de calco­ cle, sirviéndose del invento de Senefelder para
grafías y xilografías ejecutadas en territorio ar­ ilustrar los aspectos más representativos de la
gentino; pero las pocas que han podido ser res­ ciudad y el campo de Buenos Aires.
catadas del olvido y de las cuales se ha consegui­
Notas y Bibliografía
1. F. Xarque, Insignes misioneros..., pág. 343. ----- Orígenes del arle tipográfico en América, especialmente en la
2. A. Sepp, Relación de viaje..., pág. 215. República Argentina. Buenos Aires, 1947.
3. P. P. - F. - X. de Charlevoix, Hisloire du Paraguay, tomo Heras, Carlos: Orígenes de la Imprenta de Niños Expósitos. La
II, pág. 50. Plata, 1943.
4. ). M. Peramás, Diario del destierro, págs. 139-40.
Medina, José Toribio: Historia y bibliografía de la imprento en el
5. A. Sepp, Relación de viaje..., pág. 188. antiguo Virreinato del Río de la Plata. La Plata, 1892.
6. A. Sepp, Continuación..., pág. 269.
7. G. Furlong, S. J., Orígenes..., pág. 136. Peramás, José Manuel: Diario del destierro, en Guillermo Fur­
long, S. ].,José Manuel Peramás y su Diario del destierro
8. A. L. Ribera, “La pintura...”, págs. 503-5.
(1768). Buenos Aires, 1952.
9. “Remate de la colección de Juan Cruz Varela”, en La
Tribuna, pág. 2. Buenos Aires, 8.5.1870. Ribera, Adolfo Luis: “La pintura en las Misiones Jesuíticas de
10. A. L. Ribera, La primera..., págs. 447-51. guaraníes”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Ame­
ricana, año 16, tomo 16, n" 26. Buenos Aires, 1980.
11. C. Heras, Orígenes..., págs. 47, 79, 104, 127, 129, 192,
193 y 196. ------ “La primera imprenta que hubo en Buenos Aires fue de
procedencia italiana”, en Estudios, n” 409. Buenos Aires,
12. C. Heras, Orígenes..., pág. 182.
julio de 1946.
13. C. Heras, Orígenes..., pág. 47.
14. J. Salvaire, Historia..., tomo II, págs. 337-39. Salvaire, Jorge: Historia de Nuestra Señora de Luján. Buenos
Aires, 1885.
Sepp, Antonio: Continuación de las labores apostólicas. Buenos
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA Aires, s/f.
Carranza, Anjel Justiniano: La Lámina de Oruro y la Guirnalda y ------ Relación de viaje a las Misiones Jesuíticas. Buenos Aires,
Palma de Potosí, depositadas en la Sala de Audiencias del Superior 1971.
Tribunal de Justicia de Buenos Aires. Buenos Aires, 1866.
Torre Revello, José: “El Vale Patriótico de Liniers”, en Boletín
Charlevoix, P. Pierre - Fran^ois - Xavier de: Histoire du Para­ del Instituto de Investigaciones Históricas, año 12, nos. 58-60,
guay. París, 1757. págs. 446-51. Buenos Aires, 1933-34.
Trostiné, Rodolfo: El grabado en la Argentina durante el período
De Paula, Alberto S.J.: “Obra de dos grabadores sobre una hispánico. Buenos Aires, 1949.
plancha de cobre”, en Anales del Instituto de Arte Americano e ------ El grabador correntino Manuel Pablo Núñez de ¡barra (1782-
Investigaciones Estíticas, n" 24, págs. 80-87. Buenos Aires,
1862). Buenos Aires, 1953.
1971.
------ “El retrato de Fernando VII grabado en Buenos Aires por
Furlong, S. J., Guillermo: Historia y bibliografía de las primeras Juan de Dios Rivera en 1808”, en Amicitia — Revista de Uni­
imprentas rioplatenses (1700-1850). Buenos Aires, 1953-59. versitarios de Filosofía y Letras, n” 29, págs. 22-25. Buenos
----- José Manuel Peramás y su Diario del destierro (1768). Bue­ Aires, 1946.
nos Aires, 1952.
Xarque, Francisco: Insignes misioneros de la Compañía de Jesús en
----- Misiones y sus pueblos de guaraníes. Buenos Aires, 1962. la provincia del Paraguay. Pamplona, 1687.
EL MOBILIARIO EN EL RÍO DE LA PLATA
Adolfo Luis Ribera
123

EL MUEBLE EN LOS Con el adelantado Mendoza vinieron los ase­


SIGLOS XVI Y XVII rradores Juan de Aznaga, Bras Pires y Francis­
co Figueredo, éste portugués, como lo era tam­
Para estudiar los orígenes del mobiliario rio- bién Luis Simón, carpintero que ayudó a hacer
platense ha de recurrirse exclusivamente a la la iglesia del puerto de Buenos Aires. En ésta
información documental, por cuanto no se han y en las de Corpus Christi y de la Asunción
conservado ejemplares de los muebles caracte­ trabajó Alonso Bastián; no así el carpintero por­
rísticos del siglo xvi que puedan ser identificados tugués Hernando Pérez, pues, muerto en 1539.
con aquellos que llegaron a la Argentina por sólo pudo hacerlo en las primeras. Y en las
entonces. Los primeros que se usaron en el armadas posteriores, de Alvar Núñez Cabeza
país fueron traídos por los conquistadores, y de Vaca, Sanabria, Ortiz de Zárate y Orúe, se
con ellos alhajaron sus rústicos hogares levanta­ anotan los nombres de conquistadores que en
dos en las nuevas ciudades que fundaban en los su patria ejercitaron oficios relacionados con el
extensos territorios del Río de la Plata, el Para­ trabajo de la madera: Jorge de Candía, Pedro
guay y el Tucumán. Díaz, Pedro López de Aviega, Juan Bernal, San­
Si bien la mayoría de ellos habían sido fabri­ cho de Almirón, Araujo y Hernando de Salas.
cados en España, no se descarta la posibilidad Aserradores, carpinteros de blanco y de ribera,
de que ya en la decimosexta centuria llegaran a ninguno de ellos se documenta como mueblero;
nuestras playas muebles de otras proceden­ pero es de creer que éstos, una vez reparados
cias. José Torre Revello ha mostrado como los navios y construidas las viviendas, deben de
entre los años 1534 y 1586 se enviaron al Nuevo haber provisto de los muebles indispensables:
Mundo, y desde el puerto de Sevilla, cofres y asientos, mesas y camas, a todos los expedicio­
cajillas de Flandes, escritorios de Bruselas, y bu­ narios. De unos carpinteros tallistas: los her­
fetes y escritorios de Alemania, cuya existencia manos Francisco y Hernando de Brecianos, se
se constataba aun en 1645 en el Virreinato de sabe que labraron las puertas de la casa de Ca­
Nueva España, según publicó Manuel Tous- beza de Vaca, que había armado el carpintero
saint.' Algunos de ellos serían similares a los Miguel Gonceras.
que se inventariaron en 1553, en la villa de Ma­ No porque creamos que haya habido oportu­
drid: “Mas otro escritorio de Alemania forra­ nidad de poner en práctica su habilidad, desta­
do de fuera de cuero negro, que se abre la camos la presencia de dos tejedores de terciope­
puerta al revés para arriba. Mas otro escrito­ lo, ambos toledanos: Juan Xuárez y Alonso de
rio pequeño de madera, de Alemania, con cua­ Chaves, éste venido con Ortiz de Zárate, y
tro cantoneras de madera que tira a leonado, aquél, participante de la expedición a Los Reyes
con sus cerraduras doradas y su funda de ba­ (1543) y viviendo aún en la Asunción en
queta forrada en paño colorado, y en la fronte­ 1564. Y así como se afirma la presencia de
ra de los cajones de dentro tiene algunas figuras maestros carpinteros, del mismo modo se ad­
y medallas de bulto, de plata”. vierte la de artesanos que trabajaban los cueros.
124

Escritorio. Ebaño,
carey y bronce
dorado. España,
siglo Al//. Convento
de San Francisco
(sacristía). Córdoba.

Con Cabeza de Vaca llegó el curtidor Miguel de media; en cambio, un banco bien hecho podía
Fuente Alencina, y con Ortiz de Zárate, otro de costar hasta dos reales y medio. Estos arance­
nombre Hernando de Gilambres y el guadama- les, en años sucesivos, fueron modificados en
cilero Juan Flores. No fue éste el primero de favor de los carpinteros,2 y son el índice cierto
su oficio en pisar las tierras del Río de la Plata, de una sostenida actividad artesanal de un nivel
porque ya en las naos de Pedro de Mendoza lo inferior, que lo bajo de los precios pone de ma­
había hecho el cordobés Francisco Pérez. nifiesto.
Los muebles que usaron los primitivos pobla­ En 1611, el Cabildo de Buenos Aires, a su vez
dores fueron muy sencillos: tal es lo que se des­ —quizá por el abuso de los carpinteros frente a
prende de la lectura de los inventarios antiguos la demanda local—, se ve precisado a fijar los
que hemos consultado; y si bien es cierto que las aranceles siguientes: cuatro pesos tanto por una
piezas de calidad debían de proceder de Euro­ silla de sentarse como por un bufete clavado
pa, ya desde los primeros tiempos de la coloni­ con tres pies o por un escaño sin barandillas.
zación las autoridades locales fijaron los arance­ “Un estrado con sus barandas y manconillas la­
les para los carpinteros. Así, en 1575, apenas bradas a mano o torneadas”, se valuaba en vein­
dos años después de la fundación, los ediles de te pesos. (Es ésta la segunda vez que en el Río
Santa Fe establecieron que por la hechura de de la Plata se menciona el estrado, del que nos
un arca grande, de siete palmos, se debían pa­ ocuparemos más adelante.)
gar cuatro reales; tres por una mesa de gonces, y Relativamente pobre es el mobiliario de la
cuatro por una cama con pilares. Si la cama época, del cual nos informan numerosos testi­
era llana, el precio se reducía en dos reales, va­ monios documentales. Está reducido a sillas,
lor igual al que tenía una escalera de vara y mesas, cofres, baúles, bufetes y escaños, poco

Mesa de estilo
Renacimiento
español. Río de la
Plata, siglo Al'//.
Museo Histórico
Nacional.
Rueños Aires
125

más o menos que lo usado en la Península por


esos mismos años, claro está que en las vivien­
das de familias distinguidas, y de posición eco­
nómica desahogada. En 1605, Francisca Ro­
dríguez Valdés y de la Vanda aporta como dote,
entre otros bienes, seis sillas, una mesa, un co­
fre, un bufete y tres cajones con cerraduras y
llaves; en 1606 el licenciado Fernando de Horta
posee un catre de palo santo del Brasil, dos baú­
les sevillanos, un bufete de jacarandá, y cuatro
sillas por armar, con sus cueros y clavos.
Otro inventario de 1622 señala entre las per­
tenencias de Mateo de Grado: un bufete, un Mesa de estilo español. Río de la Plata, siglo Al til.
Complejo Museográfii o Enrique Udaondo.
escaño, dos sillas de jacarandá, cuatro sillas, una Lujan (provincia de Buenos Aires).
caja, dos cofres y peinador, y una cama “de cor­
tinas de jergueta de Castilla, vareteada, los ba­ viejas, y tres cujas. En la misma ocasión donó
laustres y barandilla de jacarandá”. al Convento de San Francisco dos mesas gran­
En 1643, Jerónima de Contreras, hija de des “para adorno de la iglesia y monasterio”, y
Juan de Garay y mujer de Hernandarias de por el codicilo del 23 de junio de 1645 confirmó
Saavedra, al redactarse su testamento en la ciu­ la entrega a su hija Isabel de dos escritorios,
dad de Santa Fe, declaró entre sus pertenen­ “uno grande y otro pequeño labrados con
cias: “diez cajas grandes y otras pequeñas con marfil”.’
un escritorio pequeño”, seis sillas nuevas y otras Al promediar el siglo xvii, era Juan de Verga-

Ai esa de estilo
Renacimiento
español. Río de la
Plata, siglo ai//.
Convento de San
Francisco.
Santa Fe.
126

ra uno de los vecinos más poderosos de Buenos que en la chacra grande en el río de las Conchas
Aires, cuyas casas de la ciudad y chacra del río había “un bufete de jacarandá, más otro bufeti-
de las Conchas habían sido provistas de muy 11o de jacarandá marchetado de marfil, más
valiosos muebles, que se especifican en el inven­ otro bufete de jacarandá quebrado..., más otro
tario y testamento de los años 1649-50. Como bufete de cedro, más el estrado con balaustres
no creemos ocioso y falto de interés el conoci­ torneados de jacarandá, más la cuja grande de
miento detallado de cuanto atesoraban sus vi­ cedro que está en la sala...” 1
viendas, damos a continuación los pormenores Cuando en 1664 murió doña María de la Ve­
dei mobiliario y su valuación: ga, viuda del general Pedro de Rojas y Acevedo,
De las sillas que se inventariaron, cuatro esta­ al procederse a inventariar sus bienes, se halla­
ban en buen estado, y un par, quebradas ($ 12); ron en su casa, que constaba de catorce habita­
una cuja ($ 20); un bufete de jacarandá con ciones, “una cuja grande bronceada de granadi­
cuatro cajones, con sus cerraduras y llaves, don­ no, pabellón de quijos”, y un armario con cua­
de se guardaban papeles y libros ($ 30); un es­ tro alacenas. El resto de los muebles estaban
caparate grande de madera de Portugal, labra­ hechos de jacarandá, madera que se traía desde
do, con sus puertas y cerraduras ($ 100). En el el Brasil, lo mismo que el palo santo y otras.
dormitorio, además de la cuja de nogal, con sus Había un escritorio, taraceado en marfil y con
colchones, almohadas, cojines, sábanas y fraza­ mesita de ocho paletas; dos bufetes, dos conta­
das de Castilla, y el pabellón de cumbe grande dores, seis taburetes y “dos cajas de la India
con su cenefa ($ 460), había una caja grande adornadas con clavos”. En la sala, “un estrado
con su cerradura, donde se guardaban una al­ grande de jacarandá, con balaustres y moldu­
fombra de estrado; dos tapetes, “uno de la In­ ras, y tres tarimas para el mismo”, como tam­
dia fino, cortinas y aderezo de cama verde ape­ bién dos docenas de sillas, asimismo de jacaran­
lillado y cinco cojines de terciopelo carmesí de dá y con respaldos de vaqueta negra.
dos haces y borlas grandes, algo usadas, y más La mención de muebles hechos en el Brasil es
de setenta cuerpos de libros”, todo lo cual fue continua en los inventarios de la época, aunque
tasado en $ 600. En el mismo lugar estaban en algunas ocasiones el toponímico califica a la
un cofre grande, alto, con dos llaves y todo madera con la cual están hechos, siendo sinóni­
guarnecido de cintas de hierro; “un escritorio de la mo lo más probable de madera de jacaran­
tercera pintado o dibujado grande, con muchas dá. En el detalle de las pertenencias de Fran­
bujetas y la del medio todas con llave...” cisco Gaete, en 1665, figuran seis sillas del Brasil,
($ 70). Se declararon también muchos cofres de madera de jacarandá ($14 c/u.); dos cajas
más, donde se guardaban vestidos, ropa de ca­ con cerradura, de madera del Brasil ($ 41); y en
ma, pinturas, papeles y libros, como asimismo la dote de Isabel González (1694), una cuja del
“un escritorio de jacarandá hecho en el Brasil”. Brasil se tasa en $ 20.
Y aunque no manifestó como procedentes del Pero desde los inicios del mismo siglo es cons­
Brasil, Juan de Vergara dijo en su testamento tante la penetración en el Río de la Plata de los
127

carpinteros portugueses, que no ha de cesar si­


no a principios del siglo xix. En 1601, un tal
Blas Gómez (anisado, natural de Azambuxa,
arribó a Buenos Aires, donde se estableció, ca­
sando con una hija y nieta de c onquistadores. lo
que le permitió su permanencia definitiva, que
también se autorizó a Domingo Castro en Ib 19.
por ejercer un cilicio útil a la comunidad,
l auto éste como su hermano Manuel Antonio
entendían de carpintería —quizá no tanto c < uno
Antonio de Rocha o Antonio de la Roc ha Bau­
tista—, como también se nombra a un portu­
gués nacido por 1586, cuya presenc ia en la ciu-
dad se documenta entre los años 16 16 v
1643. Oficial de carpintería o maestre de caijmi
Escritorio citn incrustaciones de marfil. l erendo y abierto. Río feria, fue examinador de carpinteros por man­
<lr la Plata ti'). sucio Al///. Complejo .\l [Link]áf ico [Link]
l'daondo. Lujan {provincia de Rueños Aires). dato del Cabildo. En 1640. el mismo c uerpo lo
designé) perito para dictaminar sobre unos ban­
cos hechos para la sala capitular. Consideran­
do que no estaban bien fabricados, los ediles
mandaron que “vuelvan al oficial que los hizo y
los adereze de modo que los balaustres ajusten y
no se caigan, y, acabado de hacerlos, los vea
Antonio de Rocha, oficial carpintero, para que
vea las maderas y si están de recibir, y el portero
de este Cabildo los lleve al maestro carpintero
que los hizo”. '
Este Rocha estuvo casado con una criolla, hija
de Mendo Álvarez y Dominga Barbosa, cuya
dote fue de $ 1.100, base inicial de un mayor
patrimonio, constituido por casas, chacra, 1.500
cabezas de ganado mayor, 500 ovejas y dos es­
clavos. Este mismo maestro fue llamado a dar
su parecer sobre las casas que eran propiedad
de la ciudad, en 1628, junto con el portugués
Soisa Caraballo, del cual se carece de otra infor­
mación, y que no puede ser confundido con el
128

Marco de madera
tallada y dorada.
.Alto Perú, .siglo VI III.
Maseo de Arte
1 / i.s/)anoameri( ano
Isaac Fernández
Illanco. Buenos Aires.

lusitano Alfonso Carvallo o Carvalho, estante cemos otros documentos en que figura Alfonso
en Buenos Aires por la misma época. Ya en Carvallo; pero no tienen relación con el tema
1630 está asociado con Luis de Villegas, carpin­ nuestro, excepto uno del 23 de enero de 1632,
tero y ensamblador, y en 1631, por faltarle bue­ por el cual se obligó a enseñar el oficio a un
na madera, compra la mitad del pataje Las Áni­ mulato llamado Diego.
mas del Purgatorio, invirtiendo en ello la suma de El padre Furlong, que se ha ocupado deteni­
1.865 pesos, cantidad considerable para su mo­ damente sobre los artesanos coloniales, escribió
mento. Al año siguiente dio fianza carcelaria que el sucesor de Antonio de Rocha en la con­
en favor de otro carpintero, un tal Simón Gue­ fianza del Cabildo fue el portugués Jácome Fe-
rra, y también salió garante de Felipe Cáceres, a rreira Feo, y que la actuación de este maestro
fin de que éste abriera una carpintería. Cono­ fue enorme. En los autos y diligencias sobre
129

Minen de iiiadeia
tallfida v dotada. i
/toi inenm
em les/xiiidienle. Alio
Peni. siidu X l ///.
Museo de ,1i te
1 lis/lUIKKIIIiei K (HUI
Isaac Fernández
Illanco. Huellos Alies.

registro y desarme de los portugueses de la ju­ y agregó que era hijo de Jácome ferreira y de
risdicción de Buenos Aires (1(543), Ferreira Feo Francisca Fernández, nacido en San Salvador
está inscrito con el número 32 y como carpinte­ de Fricimundi, casado con Luisa Bautista, hija
ro ensamblador. Tenía entonces diecinueve de Juan Jurado y de Juana Bautista, y padre de
años, y era natural de Oporto, casado con crio­ dos hijos. Documentada su actividad hasta
lla, hija de padres castellanos, y no tenía más 1669, dos años antes fue nombrado para presu­
bienes que su oficio, unas casas en que vivía y puestar las obras necesarias para concluir la Ca­
tres esclavos, lo que había recibido como dote tedral.
de su mujer, y todo lo cual valuaba en 2.000 Ferreira Feo había entrado en Buenos Aires,
pesos. En el padrón de 1664, anotado con el sin permiso, en 1637, y en el mismo lugar don­
número 62, se tituló ensamblador y arquitecto, de lo declara se asienta que Antonio Fernández,
130

nacido en Lisboa por 1621, había llegado como


grumete de la nao de Riberola en 1641. La-
fuente Macháin escribe que era carpintero de
ribera; no así el padre Furlong, que lo llama
Domingo Fernández y lo califica simplemente
como carpintero, añadiendo que para 1643 aún
era soltero y sin caudal alguno.
Entre los empadronados en 1664, se anota
con el número 131 Pantaleón Deniz o de Nis,
oriundo de Oporto, casado con Isabel Pimentel,
Silla. Asiento \ de la cual había una hija. De este carpintero
respaldo de cuero
labrado. Río de ¡a no sabemos en qué obras intervino; pero de
Plata, siglo Win. otros dos lusitanos: Andrés Fernández y José de
Convento de San
Francisco, Lemos, está comprobada su participación en
Santa Fe. importantes encargos de fines del siglo xvn, co­
mo los del Convento de San Francisco, por cuya
razón el Ayuntamiento, en virtud de represen­
tar ambos oficios mecánicos útiles a la república,
solicitó no se les aplicara la orden de expulsión
decretada contra todos los portugueses.
Los individuos de esta nacionalidad, si bien
entraban por el puerto, no todos arraigaban
aquí, sino que marchaban hacia el Norte, que­
dando algunos en las ciudades y villas del cami­
no. Así el carpintero Antonio Machado, estan­
te en Córdoba (1695), fue exceptuado, por in­
tervención del procurador general, de ser echa­
do de la jurisdicción; Domingo Enríquez tra­
bajó por 1656-57 en las obras del hospital de
Santiago del Estero; y Diego Hernández, asi­
mismo lusitano, contrató con la Matriz de Jujuy
Silla. Asiento y (1640-48) la provisión de tablas de cedro, y en
respaldo de cuero
labrado. Río de la este último año se comprometió a hacer es­
Plata, siglo ,\\ni. caños, puertas, cajón para ornamentos, facistol,
Convento de San
Francisco.
hacheros, púlpito, etcétera.6
Santa Fe. No era portugués el carpintero Alonso de la
131

Plaza, artífice de la antigua iglesia mayor de ranja; las puertas para la capilla y sacristía, y las
Jujuy, según su declaración de 1612, en la que ventanas con sus medias rejas, el coro con siete
afirmó haberla hecho con sus manos. Enton­ sillas y dos escaños.
ces se le adeudaban 20 pesos por ese trabajo, y Todos estos maestros carpinteros, aunque a
otros 30 por la confección del púlpito. En veces se especializaban en determinadas labo­
1610 había hecho los bancos de madera para el res, cumplían su oficio tanto en obra de blanco
Cabildo, que los ediles calificaron de muy buenos. como de fuera, y aun, en algunos casos, no des­
Por 1638, una nueva iglesia reemplazó a la deñaban ser carpinteros de ribera o de prieto.
vieja de Alonso de la Plaza, figurando entonces A los artesanos citados, agregamos el nombre
un carpintero llamado Diego de Solís, quien se del indio peruano Juan Quisma, quien, al hacer
obligó a techar la construcción, tanto del templo su testamento en San Miguel de Tucumán el
como de la sacristía. Se comprometió a ir a los año 1608, recordó que el capitán Andrés Juárez
bosques, junto con los indios auxiliares, a cortar de Hinojosa le adeudaba 20 pesos de un sillón
la madera menuda y gruesa necesaria, y a “que que le había hecho y que aún estaba en su po­
la madera sea cedro, que sea el techo con tiran­ der. Asimismo, declaró que para Melián de
tes, tijeras y tablazón; que tenga tres puertas, Leguizamo y Guevara había trabajado una ca­
dos laterales y la del perdón, cuatro ventanas rreta; para Andrés de Medina, unas barras nue­
grandes, facistol, tres escaños grandes, púlpito, vas, y una silla para Bernabé Ortiz. A Francis­
con cubiertas, rejas para el bautisterio y la cu­ co Pérez le fabricó una silla de brida; a Ana
bierta para la pila”. Muñoz, una silla jineta, y otra al herrero Diego.
No era el primer trabajo de importancia que Señal de que en la región no escaseaban los
realizaba este maestro de carpintería, por cuan­ encargos es la presencia de otros carpinteros,
to ya el 26 de octubre de 1610 y en Tucumán, como Diego Abad Chavero, Lorenzo Duárez de
Diego de Solís prometió hacer las casas de Pe­ Ludueña y Lucas Alejandro. Los dos prime­
dro Fernández de Andrada, “hasta las cubrir ros, en 1609, constituyen una sociedad para
todas en costilla que se entiende poner las vigas montar una carpintería, y el otro, en la misma
y soleras y tijeras y canes y cintas arriba, y hacer fecha, hizo una atahona para Miguel Alvarez
las puertas, que son nueve pares, y cuatro pares Dávila, y lo que ello importó, lo donó a la Com­
de ventanas, con sus puertas y balaustres tor­ pañía de Jesús.
neados, y un estrado y una tinajera, todo lo cual El padre Pedro Grenón publicó el contrato
trabajando personalmente hasta tanto que se celebrado entre Juan de Tejeda Mirabal y el
acabe”. carpintero Gonzalo Carvallo (4.2.1620) sobre la
Quizá sea este mismo Solís el que reaparece obra de la iglesia mayor de Córdoba; no de la
por 1629 en Jujuy, actuando en el templo de la catedral, porque aún la sede episcopal estaba en
Merced. El cuerpo de la iglesia, aparte las pa­ Santiago del Estero. El contrato dice:
redes, debía ser de tablazón llana y tijeras; la “Yo, Gonzalo Carvallo, me obligo a hacer y
<■ capilla mayor, de lazos con labreo y media na­ que haré toda la obra de carpintería de la dicha
133

Armario anterior, con la puerta superior izi/uierila abierta.

Iglesia Mayor, así de capilla como de cuerpo de estancia, v que en 1664 lo armó en el lugar defi­
ella, puerta, ventanas, en esta manera: nitivo.
”La cobertura ha de ser de tablazón, de la Cuatro años antes había muerto en Santiago
suerte y manera que va cubierta la Iglesia de del Estero el coadjutor jesuita Claudio Flores,
Santo Domingo de esta ciudad. Y la culata de nacido en Artois en 1576 y llegado al Río de la
la capilla de chanflón. Plata en 1608. Carpintero y tonelero, el pro­
”Y ha de hacer las tres puertas grandes de la vincial Diego de Oñate señalaba en 1615 que
dicha Iglesia. Las cuales han de ser de madera era “muy mortificado y buen religioso, y muy
de nogal o cedro y no de otras maderas...” obediente; es carpintero y albañil, y muy indus­
Luego el contrato estipula que se le debían trioso para todos los oficios de casa, y es nues­
dar seis indios carpinteros y cuatro aserradores, tros pies y manos”. En 1626 se dice que era
y que la fábrica le debía facilitar las hachas y arquitecto, y corría con el cuidado de la estancia
azuelas, en tanto que las demás herramientas de Caroya.
correrían por cuenta de Carvallo.7 También proveniente de la provincia jesuíti­
Agustín Zapata Gollán, buscando documen­ ca galobelga era Juan Conti, nacido en Saint -
tar los primeros oficios en la vieja ciudad de Omer en 1663. En Córdoba, en 1697, se lo
Santa Fe, cuyos restos pueden contemplarse en clasifica como carpintero; pasó más tarde a Ta­
Cayastá, encontró los nombres de los carpinte­ nja, donde murió en 1740.
ros Baltasar Jerónimo, con casa y taller en el Muchos otros maestros y oficiales carpinteros
barrio de la Merced, y Juan Cabrera, que fabri­ debieron de actuar por entonces en la ciudad y
có la vivienda del capitán Juan de Vargas Ma­ vecindades de Córdoba, donde la presencia del
chuca (1646). hermano Felipe Lemer, autor de la techumbre
De la ciudad de Corrientes se rescata el nom­ de la iglesia de la Compañía, favoreció el apren­
bre de Marcos Gómez Durán, que construyó el dizaje de las prácticas artesanales relativas a las
campanario de la iglesia matriz en su propia artes de la madera.
134

Silla. Respaldo de
cuero labrado, con
motivo de águila
bicéfala. Río de la
Plata, siglo xvm.
Complejo
M useográfico
Enrique Udaondo.
Luján (provincia de
Buenos Aires).

Silla. Asiento y
respaldo de cuero
labrado. Río de la
Plata, siglo \l ///.
.Museo de Arte
11 ispanoamertcano
Isaac Fernández
Blanco. Ciudad de
Rueños Aires.
135

En Buenos Aires, además de los artífices lusi­


tanos, el padre Furlong anota, para el siglo XVII,
los siguientes maestros: Hernando de la Cue­
va (1596-1616), Pedro Ramírez (1608-13), Pe­
dro Simbrón (1616-19), Pascual Ramírez
(1618), Pedro Biabo (1619), Antonio Marques
(1631), Juan Tapia de Vargas (1631), Domingo
Fernández Rateño (1632), Felipe Cáceres
(1632), Diego López de Salazar (1632), Manuel
Coello (1636), Juan Farfán de los Godos (1639),
Antonio Ferreyra (1645), Indio Juan (1648),
Juan Elias (1662), Francisco de León (1680), y
el mulato Francisco (1680). Como aprendices
se señalan el indio Felipe (1613), Pedro García
(1616), el mulato Diego (1632), el mulato chile­
no Gabriel (1636) y Francisco Manrique
(1648). Agreguemos a estos nombres los de
los negros Juan Chico y García (1649), carpinte­
ros, y el de un sillero fulano Melgar, inquilino de
una tienda y trastienda propiedad de Juan de
Vergara (1649).

LOS CARPINTEROS DEL SIGLO XVIII


Durante el siglo xvm, como es sabido, el creci­
miento de la población y el desarrollo de las
actividades económicas determinaron una
mayor demanda de los productos locales, de tal
manera que es dable constatar el incremento
del número de los artesanos dedicados al arte
de la madera. Por otra parte, la mayor docu­
mentación conservada nos permite una mejor
ilustración del tema, con un aporte más destaca­
do de noticias referidas no sólo a los artistas y
artesanos, sino también a las obras que durante Sillón de coro. Buenos Aires, segunda mitad del siglo ,\\ ///.
Procede del convento de San Francisco, de Buenos Aires.
aquella centuria trabajaron. Por lo pronto, se Complejo Museográfico Enrique U(blondo.
posee un padrón de los “tallistas, carpinteros y Lujan (provincia de Buenos Aires).
136

[Link]áii í/irovinaa (le Buenos Aires).

estatuarios, silleteros y toneleros y aserradores y


peineros”, comenzado el 1° de agosto y termi­
nado el 2 de setiembre de 1780.”
Para el siglo xvm hemos identificado 582 car­
pinteros, incluyendo en este número el de todos
aquellos que de un modo u otro intervenían en
las diversas etapas de la preparación y acabado
de las obras de carpintería. En esta cifra se
incluyen 40 aprendices; y en cuanto al origen
de los artesanos, debemos decir que la mayoría
corresponde al elemento español, peninsular o
criollo, no faltando los italianos, los franceses y
uno que otro inglés.
Es de señalar, porque interesa al tema, la pre­
sencia de 52 artesanos portugueses, europeos o
americanos; y a pesar de que la cifra no indica
más que casi un 10 por ciento de lusitanos y
brasileños, ese porcentaje cobra mayor signifi­
cación si lo referimos en gran parte a los tallistas
y ebanistas; es decir que de un total de 582 car-
138

Silla de brazos.
Madera tallada y
cuero labrado. Alto
Perú, siglo xvttl.
Maseo de Arte
Hispanoamericano
Isaac Hernández
HIanco. Hlíenos Aires.

pinteros, entre los que se cuentan los carpinte­


ros de ribera, obra negra y blanca, etcétera, la
cantidad de 52 debe ser vista casi como de tallis­
tas, escultores y muebleros. Este último térmi­
no, como el de ebanista, no es empleado en la
documentación de la época: sólo el vocablo sille­
ro o silletero es usado para indicar a un mueble­
ro especializado; para lo demás es corriente ha­
blar de carpintero o de tallista."
Para el siglo xvm se han identificado hasta
ahora 21 silleteros, siendo el más antiguo el
francés Daniel Remigio, que en 1738-44 vivía
en un rancho en la calle de San Bernardo; naci­
do a comienzos del siglo, estaba casado, y era
padre de cuatro hijos. En 1748 se agregan dos
silleteros más: Juan Pablo Maidana y Gregorio
Balenti, el primero de los cuales censó a los de
su gremio.
En los padrones de la ciudad del año 1778 y
en el de silleteros de 1780 se comprueba el au­
mento de estos artesanos. Toribio Aramburu
era maestro silletero desde 1768, más o menos
hacia el mismo tiempo en que era oficial José
Luis Barbachano; éste porteño, no así Francisco
Caravia, que era asturiano y oficial de silletero
desde 1777.
En carácter de maestro ejercía el oficio el
francés Antonio Cerro, pues en 1780 declaró
que lo practicaba hacía veintiocho años. Cen­
sado como Antonio Cero en 1804, afirmó ser
viudo, y no poseer ninguna clase de bienes.
Del mismo origen era el maestro silletero
Juan Sol, que en 1778 confesó tener cuarenta
años de edad, y estar casado en Buenos Aires
Nicho de jacarandá. Estilo Don ¡osé. Hílenos Aires, con María Rodríguez, de la cual había tres hijos.
segunda mitad del siglo xvtll. Procede del monasterio
de Nuestra Señora del Pilar, de lineaos Aires,
Habitaba en casa propia, y era maestro desde
(.olección Horacio Portel. Hílenos Aires. hacía veintidós años.
139

Silla de brazos. de
madera tallada y cuero
labrado, y />oi inenoi
< orres/nindiente. Alto
Perú, siglo Al til.
Com/dejo Aluseográ/ico
Enrique l'daondo.
Elijan (provincia de
Huenos Aires).

En el mismo padrón y junto a Sol figuran el Renglón aparte merece Baltasar López, de la
francés Juan de Molin y un tal Simón Mellao: Plaza, pues se indica en el padrón de 1780 que
éste, de dieciséis años de edad, y aquél, de se­ era natural de la provincia de Alava, soltero;
senta. vivía en la calle “que va a S" Nicolás en cassas
Conocemos un documento del año 1777 que propias”, y era maestro de camoncillos y taburetes
nos informa que Juan Sol hizo cuatro docenas hacía 30 años. El padrón de 1778 añade que en
de sillas de paja, doradas y pintadas, para el esa fecha tenía cincuenta y ocho años de edad.
palacio del Virrey. Se le pagaron entonces 138 Es el único maestro de esa especialidad, e im­
pesos, a razón de 23 reales cada una.'" porta a nuestro estudio, por cuanto es índice de
En 1778-80 había dos artesanos gallegos: Pe­ una demanda lo suficientemente significativa
dro Montes y Andrés Samar; uno de Castilla la como para permitir que un individuo se dedica­
Vieja, Raimundo Peña, que era maestro sillete­ se a ellos con exclusividad.
ro desde hacía diez años; dos porteños: el maes­
tro Juan de Dios Pabón y el oficial Domingo
LAS MADERAS INDÍGENAS
Pabón; un mulato: Tomás Quiroga, y dos blan­
cos, cuyo origen no se precisa: Narciso Pajín y Para la confección de los muebles, en el Río
Nicolás Gallinar. de la Plata se usaron maderas locales que abun-
140

daban en la zona, o si no, se importaron del


Brasil. Particularmente rica era la región del
Paraguay, de la cual da abundante información
el padre Sánchez Labrador en su obra inédita
Paraguay natural, manuscrito fechado en Rave-
na el año 1772. Trascribimos a continuación
lo que escribimos hace años, y que está tomado
de la fotocopia del original:
“El guabiray, madera de un bello color blanco
—nos dice—, era estimada por los torneros y los
entalladores, para estatuas o manos de ellas.
También útil para imágenes eran elyuatiy, que
se empleaba asimismo para rosarios y embuti­
dos diversos; el ibiraucay y el urundey, árbol alto
Escritorio de
cocobolo tallado.
Alto Perú, siglo X\ill.
Museo de Arte.
Hispanoamericano
Isaac Fernández
Illanco. Ciudad de
Hítenos Aires.

Escritorio de
madera tallada y
dorada. Alto Perú,
siglo XVIII.
Museo de Arte
H ispanoamertcano
Isaac Fernández
Flanco. Ciudad de
Huenos Aires.
141

v durísimo, que parecía un hierro. De este últi­ rillento, y es bueno para obras de torno y cu­
mo. nos asegura que es el mismo jacarandá negro riosas...”
de los portugueses del Brasil, y cuyo color natural “Las maderas del sahúco, guapoy e higuera, se­
es morado oscuro con sutiles vetas pálidas. gún su grosor —nos dice el mismo religioso—
"Pero de todas las maderas, la más buscada se podían usar con buen éxito. De los nudos
era el igary, o cedro de estos países, y es verdad, del árbol curiy los guaraníes labraban rosarios y
porque la mayoría de imágenes, muebles y ta­ bellísimas imágenes; pero debían ser pequeñas,
llas misionero - jesuíticos que conocemos, han como de un palmo. Este árbol es el pinheiro do
sido labradas en esta madera. Para estatuas Brasil, árbol de las Misiones o Araucaria brasi-
pequeñas recurrían muchas veces al guabiyuy, liensis.”
madera bien f uerte; al tembetary guazú, al arazay, El padre Guevara, al ocuparse de estos pinos,
al añangapiry, al ibampopiy, y también al querandy, expresa que “su madera es de las mejores que
siempre que estuviera seco, porque si no, se puede desear la Escultura para el lucimiento y
rajaba al tallarlo. El querandy es de color ama­ delicadezas. Es dócil a los instrumentos, se

Anón. Madera taraceada y nácar. Río de la Plata, principios de! si^lo \\ III.
Convento de San Francisco. Sania Fe.
142

Silla de brazos.
Asiento y respaldo
de cuero labrado.
Río de la Plata,
mediados del siglo
xviii. Museo
Nacional Jesuítico
de Jesús María.
Córdoba.

deja labrar fácilmente y sin resistencia admite ”E1 chambae o palo blanco se emplea en tijeras,
cualquiera figura al gusto del diestro Maestro y vigas y puertas, también en tablitas hechas de
delicado Estatuario. Como el corazón está pe­ esta madera en lugar de papel escriben algunos
netrado de humor colorado, con sólo aplicar la niños pobres que van a la escuela. Con sólo
Estatua al calor del fuego, transpira el jugo a la rasparlas superficialmente, sale lo escrito y que­
exterior superficie, y la barniza de purpúreo da otra vez esta nueva especie de papel apta
encendido con un esmalte natural que jamás para escribir. Del ibirapitá hay árboles grandes
pierde, y conserva siempre la pieza con lustre y chicos, su madera es fuerte y el color del cora­
agradable y vistuoso”." zón encarnado sirve para tablones de trapiches,
En la obra citada de Sánchez Labrador hay ruedecillas de carretas pequeñas. Del corazón
una observación interesante que conviene des­ del chico se tornean rosarios hermosos y se ha­
tacar: cen obras vistosas... El ibirayepiro es palo media­
“Si la obra ha de ser dorada, como cándele- namente fuerte, bueno para obras de torno, va­
ros, ciriales y otros tales, sirve el igary, y las ma­ sos, jicaras, etc.”
deras porosas, que reciben bien el aparejo del Sánchez Labrador agrega algunas observa­
yeso y bol. ciones interesantes para nuestro tema, con res­
”E1 campeche, el curupay, y todas la maderas pecto al urundey o jacarandá negro:
lisas y sólidas, aptas para el torneado, si no se “El color negro lustroso es artificial con vina­
rajan, pueden emplearse para construir hache­ gre, en que hayan estado limaduras de hierro,
ros. Para balaustres y candeleros se buscaban principalmente viejo y con herrumbre. Se
las maderas siguientes: guabiray, arazay, chambae baña varias veces el urundey y toma un color
o palo blanco, naranjo, peral, nogal y guayabí, árbol negrísimo, que después se bruñe y queda lus­
bellísimo para embutidos y obras curiosas, por troso a maravilla. También quieren que sea
el buen hilo de su madera y por el color, que
especie de jacarandá negro el árbol llamado curu­
tira a negro lustroso.
pay. En la iglesia de San Francisco de la ciudad
”E1 igary se empleaba en la construcción de
de Buenos Aires, hallándome yo en esta ciudad,
retablos, lo mismo que el apeteribí, especie de
se colocó un retablo en el altar mayor, traído del
cedro blanco, y el timboy. Del apeteribí dice que
Río Janeiro, labrado en jacarandá negro por
hay blanco y negro o pardusco, tiénense por
maestros portugueses. En Buenos Aires hay
especies de salsafrás. Aseguran que no les en­
muchos inteligentes en maderas del Paraguay,
tra la carcoma, ni la polilla da en la ropa guar­
que por el río bajan a este puerto. Vieron el
dada en cajas hechas de su madera; sirve casi
famoso retablo de jacarandá y conocieron que
como el igary o cedro, y trabajan bellos barriles
era el urundey y curupay. Confesaron esto mis­
de estos palos. El aguay tiene la madera de co­
lor blanco y sirve para embutidos; el anguay, mo los oficiales portugueses que no ignoraban
que es árbol grande y derecho, se presta para la lengua guaraní y habían venido desde el Ja­
todas obras de carpintería y torno. neiro a levantar y armar el dicho retablo.
143

Fuera de esta prueba, que no deja duda, hay vigas. Hay tembetary blanco y negro, y de su
otra no menos convincente: madera se trabajan hermosas cajas de escopeta,
“Al pueblo de la C buz de neófitos guaraníes de pistolas, etc., por su bella hebra o hilo y por
enviaron desde Buenos Aires tres sillas de coro su color agraciado. El tembetary guazú es apto
muy bellas, también de ¡acarando negro, labradas para todo género de tablas, y dura mucho tiem­
en el Río Janeiro. El color era morado oscuro, po. El yuatiy es palo de corazón encarnado,
con betas pálidas profundas, que es el color na­ hermoso para bellas obras de imágenes, rosa­
tural de este jacarandá. Cuantos las vieron, y rios, embutidos, etc.”
los excelentes carpinteros, tallistas v torneros de Continúa Sánchez Labrador escribiendo que
la Cruz, que saben muy bien discernir las made­ “si se hubiere de hacer obra de arquería, son a
ras, contestaron que eran de curnftay, árbol de propósito para el cuerpo de los arcos las tablas
los más conocidos del Paraguav. de ayuy y guaycay, y las de igary. Para puert as y
”E1 tayatí es palo alto y grueso, la madera es ventanas de iglesias y de otros edificios impor­
amarilla y fuerte, buena para estar debajo de tantes, también para cajas, mesas de importan­
tierra y para obras de tornos y para tirantes y cia, estantes, armarios y cosas semejantes, son

Silla de brazos. Silla. Asiento de cuero


Madera y cuero labrado. Buenos Aires,
labrado. Tachas y siglo xvill. Procede de
perillas de bronce. Río la iglesia de la
de la Plata, primera Merced, de Buenos
mitad del siglo xvill. Aires. Ex Colección
San Miguel de Dardo Rocha.
Tucumán. Colección A. L.
Colección privada. Ribera. Buenos Aires.
144

Silla de jacarandá.
Asiento de cuero
labrado. Pata de
cabra. Estilo Don José.
Buenos Aires, tercer
cuarto del siglo xvm.
Colección María
Teresa A. de González
Garaño. Buenos Aires.

muy usadas las tablas de igary, de apeteribí, de


timboy y de sasafrás; este último vi muy hermosas
tablas en las Misiones de Chiquitos. Para escri­
torios, cajas chicas y otras obras curiosas se em­
plea el igary, el querandy, el tayatí, el temborary y
otros.
”Para puertas y ventanas de casas de indios y
oficinas comunes, y para cajas, mesas y cosas
ordinarias sirven las tablas de guaycay, ibirapitá,
zuinanday guazú, izapiy y ibitingy...
"Tablones gruesos con que hacer sillas, el
guayaypon. Sirven para sillas grandes el curu-
pay y el urundey, que son el famoso jacarandá.
Para sillas ordinarias el igary, el apeteribí y el
guaycay. Para sillas humildes, pero cómodas y
livianas, el zuinanday guazú y el miní, esto es el
grande y el pequeño, también el caberay o rago."
Aun hay más en este extraordinario manus­
crito que es el Paraguay natural, de Sánchez La­
brador:
“Vese por lo dicho, y más claramente en lo
que se dirá, que nada hay despreciable en los
árboles a quien sabe estimarlos y valerse, aun de
sus más mínimas partes, como de los Nudos, co­
mo se ve en las bellísimas imágenes y rosarios,
que labran los indios guaraníes de los del árbol
curiy, sobre todo acarrea innumerables utilida­
des la madera con su flexibilidad, docilidad pa­
ra recibir combas, y arqueaduras, como tam­
bién henderlas siguiendo su hilo o beta, éstos no
son otra cosa que la textura de sus venas, fibras
o canutillos, según lo dicho en otra parte. Los
ebanistas logran maderas escogidas de muchos
colores, las cuales saben contornear, perfilar y
Escritorio de madera con marquetería. Norte argentino,
siglo xvm. Museo Histórico Provincial acomodar a la idea, que les agrada. Sacan be­
Marqués de Sobremonte, Córdoba. llísimos embutidos, que llevados del Paraguay
145

Silla. Asiento y respaldo de cuero


labrado. Río de la Plata, siglo \\III.
Monasterio de Santa ('.alalina de
Siena. Rueños Aires.

propio a otras provincias son estimados. Los


ensambladores taracean y reducen a tablas con
facilidad palos muy a propósito para pavimen­
tos, artesonados, armarios, bancos, escaños, si­
llas y otras obras semejantes. No intento reco­
rrer todos los usos, que en el Paraguay se hace
de la madera, porque fuera asunto muy prolijo
y dilatado, pero se hace indispensable la super­
ficial noticia de algunos árboles que son los más
conocidos y de los cuales echan mano los oficia­
les para sus obras.”
En su libro Hacia allá y para acá — Una estada
entre los mocobíes (1749-67), el padre Florián
Panelee, S. J., se ocupa de las maderas, y da
útiles informaciones acerca de su trabajo y
aprovechamiento. Trascribimos a continua­
ción parte de sus noticias:
“He sido informado que en esa ciudad se ha­
cen de madera de naranjos los armazones de
sillones hasta los ejes para los carros cargueros.
Ellos crecen tan altos y gruesos como en nues­
tros países el tilo, que un hombre no puede
abarcarlos con los dos brazos. Esto lo he visto
yo mismo y especialmente en las ciudades de
Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y de las Siete
Corrientes; en estas ciudades he estado por me­
ses los dos primeros años en seguida de mi lle­
gada a las Indias, antes de partir a las misiones.
Los citrones o naranjas ácidas son llamados en
lengua mocobí Coniogoé itimé, las dulces Coniogoé
loite.
”E1 algarrobo negro o schwarzer Algarrobo, lla­
mado por los mocobíes Navete lalacaic, es en
parte también del tamaño del primer algarro­
bo, generalmente más chico o más bajo. La
madera es clara anaranjada, buena de labrar,
especialmente en la silla del tornero, sirve
146

mejor para arcos de ruedas porque no es dema­ neo. En frecuentes ocasiones yo comenzaba
siado quebradiza. en el bosque a tallar diferentes cosas cuando
”E1 espinillo blanco (Acacia cavenia) tiene la tenía tiempo porque a veces permanecía en él
madera pesada y dura como hueso, negri - por ocho y aun más días; yo tallaba de ella mu­
roja, muy lisa y brillante, sirve mejor debajo de chos carretes para las hiladoras en la aldea para
tierra donde endurece aun más. Se usa tam­ obsequiárselos, cucharas grandes y chicas, tanto
bién para cercos del ganado. Los españoles la para revolver las comidas como para la sopa,
conceptúan igual al hierro, pero sin embargo es hice también un pequeño violín de palo y otras
madera. Su mayor utilidad es para empaliza­ semejantes minucias. Cuando mis indios vie­
das en las fortalezas y durante cincuenta años y ron esto, comenzaron también en sus horas li­
más no habría que componer una brecha. El bres a tallar semejantes carretes y cucharas para
árbol tiene bien bajo de la corteza una madera sus mujeres y parientes.
blancuzca que no puede resistir mucho a la pu­ "Árboles especiales los hay más allá hacia la
trefacción, pero el grano (el cuerpo leñoso) que ciudad de Tucumán, en cuya región los bosques
en término medio tiene a veces un cuarto y aun están ocupados fuertemente por el nogal, ése es
un cuarto y medio de vara está muy tardíamen­ el Nussbaum. Estos nogales silvestres son de
te sometido a la podredumbre. Los indios una madera excelente que es muy buena de la­
usan en la agricultura esta madera para hacer brar; tiene vetas parejas, es de color de oliva y
las puntas de los arados, hacen puntas para sus mezclado por vetas, sirve para bellos sillones de
flechas, fuertes garrotes para matar, también respaldares, marcos de puertas y mesas, tam­
pala de puntear para cavar la tierra. Sería her­ bién para trabajo de revestimiento. Pintado y
mosa madera para trabajo de revestimiento en pulido con aceite o con cera tiene un bello brillo
mesas, cajones de ropa y semejantes. Sirve y un color más oscuro.
muy bien para torno de tornero, pero daña a ”Los españoles lo llaman mora, los indios ete-
muchas herramientas. La fuerza de esta ma­ velgaic, el árbol rizado, porque él tiene el aspec­
dera hace saltar frecuentemente al primer ha­ to como si estuviera erizado. Esto lo ocasionan
chazo el acero de las hachas si ellas no han sido sus muy pequeñas, delgadas y singulares hojitas
templadas como para batir hierro. Los moco- que son muy parecidas a las del algarrobo. La
bies dan a este árbol el nombre de Apigni. madera es fuerte, de color amarillo, sirve para
”La madera del molle montés es pálidamente trabajo de ebanistería y para camas de ruedas,
rosada y buena para revestir labores de ebanis­ también es buena para tablas para las barcas y
ta... La madera se raja igualmente y yo tenía un pequeños buques, aprieta tan firmemente los
gran placer ante estos árboles por el bello color clavos metidos que sin un gran esfuerzo apenas
rojo de su madera. Cuando yo estaba en los se pueden retirar con la tenaza.
bosques a cortar madera de construcciones, tra­ "Otro [árbol] que los mocobíes llaman abedag-
taba siempre con diligencia de traerme de esta nic, tiene una buena madera granujosa, la fruta
madera, hacía de ella diversas labores de tor­ que es redonda y del tamaño de un guisante es
147

Respaldo de cuero
labrado. Tucumán.
segunda mitad del
siglo xvm. Museo Sillón de madera
Histórico Provincial tallada. Patas de
Marqués de garra. Salta (?),
Sobremonte. siglo XVIII. Palacio
Córdoba. arzobispal de Salta.

algo agradable para comer... La madera es bue­ madera citrina y se llama por los españoles lan­
na para tornear; sirve también para cubos para za; él no crece ni grueso ni alto, pero es de
las ruedas. excelente fuerza para los ejes de los carros.
”A alrededor de treinta y cuatro leguas de mi Los indios hacen del guayabi y de ésta bellas
reducción y a nueve leguas de la reducción del lanzas que tienen un bello color amarillo; son
Santo Hierónymi, hallaba yo bellos árboles que muy fuertes y mucho más seguras para matar
los españoles denominan guajacán, pero los mo- los tigres que otras maderas de las cuales hacen
cobíes uanalieaic; ellos tienen una corteza blanca sus lanzas; pues las otras aunque son duras co­
y manchada verde - blanca. La madera es ne­ mo huesos quiebran más fácilmente que éstas.
gra o rojo - parda y muy pesada; estando aún También sirve para armazones de bellos sillo­
verde y fresca es buena para labrarla; pero es­ nes, para trabajo de revestimientos en cosas de
tando reseca es dura como un hueso; cuanto ebanistería y para arcos de flecha.
más se trata con las manos más color oscuro ”Uno de los árboles más apreciados es aquel
toma, hasta que parece ser casi negra, sin em­ que los españoles llaman lapacho, los mocobíes
bargo conserva algo de un rojo muy oscuro, enedagangat laté; se hallan bosques enteros de
también llega a ser muy lisa y brillante... Cuan­ ellos... La madera es completamente verde loro
do verde es excelente para ser torneada, pero oscuro... (se hacen carretas, remos); a la vez sir­
seca pagan los hierros (al trabajarla). ve para todo tanto para tornear como para tra­
"Mora: Este árbol tiene en realidad un nom­ bajo de ebanistería; se la usa también para la
bre igual al de la mora sobre la cual ya he escrito, edificación, pero no con tanto agrado porque el
pero no iguales propiedades. Es un árbol árbol es muy pesado.
grande y grueso; la madera tiene el más bello ”Cuando me visitaban los indios salvajes
color de naranja. Yo probé una vez cuando traían grandes pedazos de palo santo para obse­
hice abatir tales árboles, y tomé agua, coloqué quiarme, que yo generalmente usé para tra­
en ella astillas junto con lana blanca. A las bajos de tornero. Una vez recibí de ellos cinco
veinticuatro horas ésta estaba bien amarilla. bastones bellamente labrados que yo pronto re­
De la madera [hice] cubos para ruedas, lo de­ galé a algunos españoles y les hice un agradable
más dediqué al trabajo menor en la ebanistería presente.
como también para tornear. ”Las tablas del cedro sirven para todo trabajo
"Hay también un árbol muy bueno que tiene de ebanistería y muy bien para la escultu-
148

ra. En España usan para obra de escultura el El padre Antonio Sepp añade que “los cedros
pino o también el cedro, porque allá no tienen se usan para todas las cosas que han de tener
tilo alguno. Yo obtenía muy buen resultado oro o plata, y para todo género de tablas y ca­
con el cedro porque él es muy suave y blando noas. El timboy para canoas y tablas, es palo
para cortar y los hierros bien afilados no necesi­ muy grueso”.13
tan mucha fuerza para hacer un corte bien li­ Félix de Azara ha dejado también observacio­
so. Yo tenía un lindo cofre grande (los Es­ nes sobre las calidades y el uso de las maderas
pañoles lo llaman baúl) que he traído desde las regionales. Tomamos de él lo siguiente:
Indias hasta Ollmütz, en el cual yo guardaba mi “La madera del Uruadeiirai se emplea en
ropa y mi vestimenta; lo regalé allá a un buen muebles preciosos, porque es durísima de fon­
amigo. do amarillazo con vetas tan vivas, negras rojas y
”... la madera es muy liviana y el cepillo la amarillas, que quizás ninguna madera le iguala
labra con mucha limpieza. El taller se llena en esto. Verdad es que se confunden y oscure­
por completo con su olor. Hay dos clases de cen con el tiempo, pero se preservarían con al­
cedros: uno de un color más colorado, otro de gún barniz. Es árbol de primera magnitud co­
[color] rojo oscuro; el colorado es más blando, mo el otro Yrundel...
el oscuro necesita de mayor fuerza para ser cor­ ”Del Tataiba o moral silvestre hacen tablas y
tado, pero no tiene un olor tan fuerte como el muebles por su bello color amarillo... Del cedro
más colorado, pero sin embargo se vende uno al que es muy diverso al del Líbano, asierran mu­
igual del otro y ninguno por precio más caro, si chísima tablazón para todo uso. También lo
bien el rojo oscuro es más durable que el otro. usan para naos y forros de embarcaciones, y
”La región de la ciudad Paraguay envía fre­ aun para remos, por la facilidad con que se tra­
cuentemente algunos miles de troncos a la ciu­ baja, pero no hay madera tan sensible a lo seco y
dad de Buenos Aires, para la venta. La made­ a lo húmedo, y sus tablas se separan siempre
ra baja hacia allá ni por tierra ni en naves sino aunque estén bien unidas.” H
que ellos construyen jangadas que cargan con En otras zonas del país se utilizó el algarrobo
cedros y diversos otros árboles de los desde muy antiguo. Es interesante el comen­
mejores.” 12 tario sobre esta madera que hace Sarmiento en
149

(.ontador de tres cuerpos, de madera taraceada, y pormenores


correspondientes. Alto Perú, siglo X\lll. Museo de Arte
Hispanoamericano Isaac Fernández Illanco, Hítenos Aires.
150

su hermoso libro Recuerdos de provincia: “Dos


mesas de algarrobo indestructibles, que vienen
pasando de mano en mano desde los tiempos
en que no había otra madera en San Juan que
los algarrobos de los campos, y algunas sillas de
estructura desigual, flanqueaban la sala...” 15
Hay también otros escritores que al describir
las regiones del Plata y del Paraguay han dejado
sus recuerdos e impresiones sobre el problema
que tratamos. Entre ellos, el jesuíta Peramás y
el paraguayo Mariano A. Molas; sobre todo, es­
te último en un muy bien informado artículo
que dio a conocer en 1866, y que copiamos a
continuación:
“En las montañas de que abunda la provincia
[del Paraguay], hay muchas maderas de dife­
rentes clases, cuyos nombres en la mayor parte
se ignoran. Las más conocidas y las que más se
Cómoda de madera tallada.
veían, son los Cedros de magnitud singular. Alto Perú, último cuarto del siglo XVIII.
Los Cedrorás, semejantes a los verdaderos. Museo Histórico Provincial de Rosario Doctor Julio Marc.
Los lapachos (Tayí), de tres clases; Ibiraró, Peteri-
bí blanco, hasta de treinta varas de largo, y Negro cujas, mesas, escaparates o papeleras, camonci-
(Zarzafrás); Urundeis, de dos calidades; Palo llos, taburetes, canapés, marcos de cuadros y
blanco, Morozimo, Tatané. El Guayaibí, muy se­ otras obras que han sido apreciables en las pro­
mejante al corazón del nogal, útil para balaus­ vincias de abajo, así como las otras maderas,
tres, pilares, testeras de cujas y otras obras. El arriba dichas; pero ya nada se trabaja hoy de
Guayacán, muy duro, fragante, pero fino y lus­ esta madera, desde que se descubrió el Morosibó
troso, sirve para trapiches, que son de mucha amarillo, que es mucho mejor que el Urundei­
duración. El Timbó, que hay en abundancia, pará."
gruesos y corpulentos desde diez y seis cuartas Al pie de la página, una nota con las iniciales
hasta treinta, bien que los de este grosor son A. J. C. completa el pensamiento del autor ante­
raros, de que se hacen canoas y bateas. Todas rior. Dice de la madera del urundeipará que
las dichas maderas son útiles para embarcacio­ “es negra, aunque diferente por sus vetas ove­
nes, para edificios, para muebles y trastos de ras, que a causa de su resistencia se ha confundi­
casa, tablazones y tiranterío. Hay un árbol lla­ do siempre con el jacarandá, tratándose de los
mado Urundeipará (overo), de unas vetas parti­ vetustos muebles llamados de pie de sátiro o de
culares, del cual se fabrican cómodas, sillas, vaqueta (por su asiento) y cuya escasez hace que
151

sean buscados hoy con pasión y como objetos de po, con centro de dispersión en el norte del
curiosidad y lujo por los aficionados a las anti­ Virreinato; un segundo, que se desarrolló en el
guallas. Además del Paraguay construían di­ territorio de las Misiones guaraníticas, y un ter­
chos muebles en Tucumán, sobre todo en Río cero, en la zona del Litoral, con Buenos Aires
de Janeiro, de donde venían los más prolijos y como foco de irradiación.
acabados trabajos de talla y mosaico en palo de El primero está caracterizado por una pre­
rosa, nogal y duro, para adornar con ellos los ponderancia del mobiliario hispano - peruano,
ostentosos y monumentales estrados de nues­ y en particular del mueble policromado. En
tros antepasados que cedían el lugar de prefe­ un primer momento —y esto es válido para las
rencia al grave damasco español y al sólido es­ tres zonas en que consideramos puede dividirse
pejo veneciano, de marco de cristal con arabes­ el país— no hay diferencia entre el mueble es­
cos alindados, incrustaciones de metal amarillo pañol y el fabricado en la región. La variante
y cornucopias de azófar”.16 la da, como dijimos, la calidad inferior de la
pieza, la mayoría de las veces por la inexperien­
cia del artesano en la interpretación del modelo
LOS MUEBLES EN EL NORTE
peninsular. El repertorio es reducido, como lo
El mobiliario rioplatense, en los comienzos de es el mobiliario de entonces: la silla, el sillón
la dominación española, fue el mismo que se frailero, la mesa, el arcón, la cama, el escaño, el
usaba en la Metrópoli, y buena parte de él pro­ contador, el bargueño... A través de ellos pene­
cedía de allá. El trabajado aquí, mucho más tró la influencia española, y con ella la flamenca
sencillo y pobre, fue paulatinamente distin­ y la italiana, que en los primeros tiempos de la
guiéndose del peninsular, debido a la peculiar conquista pesaban sobre la ebanistería peninsu­
mano de obra, a la diversa calidad de las made­ lar. Tampoco hay que olvidar la presencia de
ras empleadas, y a las diferentes formas artísti­ los talleres mudéjares, cuyo influjo sobre el arte
cas que sobre él operaron. Cabe decir que los español, y en particular en la carpintería, es tan
muebleros y ebanistas rioplatenses no crearon notable.
ningún nuevo tipo de mueble, y repitieron las Desgraciadamente, la documentación es esca­
formas europeas, fueran españolas, inglesas, sa; pero no faltan algunos escritos que señalan
portuguesas o francesas, imitando los esquemas la existencia y conocimiento de buenas made­
ornamentales puestos de moda en aquellos cen­ ras, como también la presencia de artesanos ex­
tros creadores, o introduciendo nuevos mode­ pertos. Un texto de 1685 —cuyo autor es el
los, por cierto no fáciles de imponer, dado el vicario y juez eclesiástico de la dóctrina de Ma­
carácter conservador de la sociedad de otrora. rapa (jurisdicción de Tucumán), presbítero Eu­
En nuestro mobiliario pueden distinguirse genio Verdugo Garnica— dice:
tres tipos perfectamente caracterizados, que “Pero el oficio principal de estos indios era el
coinciden, por otra parte, con las corrientes ar­ de carpinteros, lo que se explica por la abun­
tísticas indicadas en este libro. Un primer ti­ dancia de finas maderas que había en las faldas
152

Canapé de madera policromada y dorada. Alto Perú, siglo XIIII.


F\ Colección Celina González (¡araño.
.Musco de Arte 11 ispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires.

Cama de madera policromada y dorada. Alto Perú, siglo .W'lll.


F.x Colección Celina González Garaño.
¡Museo de Arte l/ispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires.
153

boscosas de la sierra y por la fabricación de ca­ las, y se fabricaban 2.000 pellones, 500 ponchi-
rretas que venía siendo, desde el siglo anterior, llos, 1.500 varas de picotes de colores, 4.000
la industria más afamada y extendida de San varas de lienzo de algodón, etcétera. Se afir­
Miguel de Tucumán. En tal oficio descolla­ ma que también se trabajaban en abundancia
ban, entre otros, los indios del pueblo de Mara­ las maderas, en especial aserrando en tablas el
pa, con tanta afición a la carpintería que según cedro y el nogal, en cantidades de 2.000 a
el padre Verdugo Garnica, hasta los chicos de 3.000; en fabricación unas 1.000 bateas, sillas,
10 y 12 años sabían, antes de rezar, andar ya cajas, cujas, mesas y escritorios en cantidades
manejando hábilmente la azuela, la sierra y el variables.19 De lo que vendía Tucumán —es
hacha. Los de Lacquime y Silípica también decir, las tablas de cedro, bateas, taburetes, me­
eran carpinteros, pero medio chambones, nunca sas, cujas y cajas de nogal— en distintos lugares
como los marapeños que eran de primera. y con preferencia en Buenos Aires, quedaba un
Acapianta tuvo en sus tiempos muchos maes­ margen de 9.000 pesos.20
tros de carpintería. Los de Famaillá eran bue­ Una noticia del Semanario de Agricultura, In­
nos para hacer carretas. Como lo fueron los dustria y Comercio (1804-05), informa:
de Tafí y Amaicha, trasladados al llano, al pue­ “Hace siglos que de las manos de los artistas
blo llamado de los Lules, donde desde muchos de la Ciudad de Tucumán sale escasa forma en
años atrás tenían sus encomenderos unas car­ abundante materia; trabaja el carpintero sillas
pinterías. Y eran estos indios tan hábiles que toscas; unas cujas, cuyos pilares pueden servir
entre otras cosas fabricaban una carreta por se­ de poderosos atlantes al firmamento... Cuando
mana.” 17 pudiera esta rica ciudad, a beneficio de los in­
En una memoria de 1790, debida al Goberna­ mensos montes de ricas y varias maderas, que
dor de la intendencia de Salta del Tucumán, al posee, fijar una época de honor y de fama in­
dar cumplimiento a una real ordenanza de mortal a costa de la delicada mano del carpinte­
1789 que mandaba se remitiesen a España ro, del tallista, ¿cómo dejarán las otras poblacio­
muestras de las maderas que había en la juris­ nes de su inteligencia, de resentirse de la falta
dicción, citaba las 78 especies, cuyas muestras se de muebles que necesitan o de la precisión de
acompañaban, describiendo sus utilidades. Fi­ comprar en los talleres de Tucumán una doce­
guraban en la lista: quebracho blanco y colora­ na de sillas que llena toda una sala? ¿Pregun-
do, algarrobo blanco y negro, arrayán, lapacho, taráse acaso en qué consiste que el carpintero
nogal, cebil blanco y colorado, sauce, cedro, ta­ tucumano, a imitación de los de la Capital de
la, urundé, espinillo, chañar, pino, etcétera.18 Buenos Ayres, no afina sus obras, y los medios
Un informe del Consulado de Buenos Aires, que se deberán poner para que de hoy en ade­
del 25 de octubre de 1796, explica que en com­ lante sean apreciables a todas las poblaciones
paración con otras regiones, San Miguel de Tu­ del cordón, y uno de los ramos de comercio el
cumán era una ciudad muy industriosa. Allá más grueso de aquella población? Supuesto el
se curtían anualmente de 13.000 a 14.000 sue­ efectivo expendio de las obras pulidas de talla y
154

llanas, lo que nadie dudará a presencia de la sillas, cujas y aserradero de tablas que se debe
extracción que hace aquella ciudad de muebles fabricar en la hacienda de los lules, se mantenga
caseros para Córdoba, Santiago del Estero, Sal­ corriente. Para lo que debería el Capataz o
ta y otras partes del Perú bajo, que aunque de Mayordomo de esta hacienda aprontar sufi­
ninguna pulidez tales muebles no deja de ser de cientes maderas en los meses de junio, julio y
alguna consideración, sólo resta decir, que el agosto, que es el tiempo de cortes y saca de la
carpintero de la ciudad de San Miguel, jamás madera...” 22
dará a luz una pieza bien acabada, en cuanto no Para 1796, las sillas con espaldar de suela se
se establezca en ella una casa en que se congre­ cotizan a $ 40 la docena; las tablas de cedro, a
guen todos los oficiales de carpintería, bajo la 10 reales, y las de nogal, a $ 2.23 Sin embargo,
dirección de dos maestros aprobados, y a las no todo habría sido de calidad inferior, porque
órdenes de un Administrador que ha de cuidar en unas cuentas de 1800 referentes al moblaje
de proveer de toda herramienta y materiales; de las cajas reales de Salta, se halla un recibo de
recojer las obras, sea de la clase que fueren, seis sillas de nogal, de brazos, con sus asientos
pero acabadas a la perfección, darlas expendio, estofados, fabricadas en Tucumán por el maes­
y pagar a cada individuo según su mérito: esta tro carpintero Fernando Bustos.24
idea parecerá en parte inútil, y en parte imprac­ Esta actividad artesanal, en la cual desem­
ticable, pero no es así ciertamente: la razón es peñaron fundamental papel las industrias de la
clara...” 21 madera y del cuero, se mantuvo en vigor hasta
Que la actividad principal de la región era la mediados del siglo xix, según nos deja ver una
de hacer cierto tipo de muebles corrientes y ca­ carta de Sarmiento al ministro de Tucumán,
rretas, se deduce de lo expuesto y de otros tex­ don José Posse, en la cual expresa:
tos, como el que ordenó el 2 de noviembre de “... la única cooperación y recompensa que
1768 la autoridad a los capataces o mayordo­ exijo de tu gobierno, salvo algún queso de Tafí,
mos de las haciendas de los expatriados Jesuí­ y algunos muebles de maderas ricas de Tucu­
tas. Dice así: mán para mi gabinete” (14.7.1853).
Que la carpintería de carretas y carretones, Si se repasan detenidamente las piezas del
155

Papelenta de madera polii ramada, y pormenor correspondiente. Alto


Perú, fines del siglo xvtll. Ex (dilección Celina (¡onzález (¡araño. ¡Museo
de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Illanco. Buenos Aires.
156

Sillón de madera
tallada, policromada
y dorada. Alto
Perú, siglo xviii.
Museo Histórico
Provincial de
Rosario Doctor
Julio Marc.

mobiliario de las casas porteñas del siglo xvm, se ya que en el inventario de los bienes del señor
advierten una gran cantidad de muebles proce­ Miguel de Gaona Carrizo (1683) se consigna la
dentes de Tucumán. Así, en 1778, entre los existencia de “un escritorio pequeño, de largo
bienes de María Antonia Escobar y Gutiérrez, de dos tercios y media vara de alto, con nueve
había “doce sillas del Tucumán”; y en 1781, la gavetas, al parecer hecho en esta provincia”.26
casa de José López Miranda tenía “siete tabure­ Las actas capitulares de la misma ciudad nos
tes hechura del Tucumán”. dan algunas noticias acerca del tema. Así, por
Una información más precisa nos proporcio­ ejemplo, la del 1° de octubre de 1745 indica
na una tasación efectuada el año 1782, cuando que la obra de la casa del Cabildo necesitaba
murió Juan Bautista Cora, porque, al declarar­ urgentemente de carpinteros, y suponemos que
se una docena de sillas de vaqueta, “que así las debían de escasear en el pueblo, desde el mo­
llaman”, se explica que “en realidad son tabure­ mento que los cabildantes mandaron se hicie­
tes llanos a la moda de Tucumán”. ran venir de las poblaciones indígenas los arte­
Otro inventario posterior (1784) habla de sanos indispensables. En 15 de junio del año
“dos docenas de taburetes hechura del Tucu­ siguiente, la escasez de mano de obra se hace
mán, con asiento y espaldar de vaqueta cincela­ sentir de modo tal, que el cuerpo decide por
da y tachuelas amarillas”. unanimidad se obligue a todos los carpinteros
Estos taburetes, que se los encuentra todavía libres para que acudan a la obra, pagándoseles
con regular frecuencia, eran de cedro o de no­ nueve pesos por mes y la comida.
gal, maderas con que debían de fabricarse, asi­ En 1754 el Cabildo decide la compra de me­
mismo, los escritorios y cajas que se remitían a dia docena de taburetes y una sobremesa para
la capital del Virreinato. la sala capitular, y en 25 de agosto de 1786 man­
La presencia de carpinteros y muebleros está da hacer un escaparate para archivo de los pa­
documentada en otras ciudades del Interior, peles, y dos bancas o canapés para asiento de
aunque sus trabajos respondían nada más que a sus miembros, como también un dosel de da­
satisfacer las necesidades locales. Del año masco para el retrato del Rey. Para 1794 se
1789 es una cuenta del Cabildo de Salta por una determina la compra de una banca, no para el
silla poltrona y cojín correspondiente, con sus mismo ayuntamiento, sino para la iglesia ma­
adornos de galón de oro fino y seda carmesí, en triz, por ser la antigua indecente y corta, que “no
lo que invirtió un total de $ 106. El mismo caben los individuos y otros que tienen asiento
maestro Francisco Torán, que hizo los bastido­ en ella”.
res para la referida poltrona, ejecutó un escañi- Más al norte la industria del mueble tenía sus
to y una mesa para los maceros del Cabildo, por características peculiares, y como ha probado
lo que se le pagaron trece y seis pesos, respecti­ Mariluz Urquijo, la provincia de Mojos fabrica­
vamente.25 ba en pequeña escala muebles finos que se colo­
Desde el siglo xvn se señala la presencia de caban en el mercado altoperuano, y aun en te­
carpinteros en la ciudad de Santiago del Estero, rritorios situados más al sur, pues creemos ser
157

de esa procedencia una relativamente gran can­ por los que poseía el marqués del Valle de Tojo,
tidad de arcas o bargueños que se encuentran cuyo inventario de 1781 muestra los que tenía
en la Argentina desde tiempo atrás. en sus haciendas de San Francisco, en Yavi, y de
En una relación sobre los pueblos mojeños se Santa Rosa, en el valle del Tojo. En la primera
afirma que en Concepción se hacían obras de había “un escaño de cedro ($ 12); cinco camon-
carpintería, tomo y ataracea; que los indios de cillos de badanillael forrados, viejos ($ 5); dos
San Joaquín en sus obras de escultura y embuti­ sillones bordados de terciopelo, el uno musgo y
dos daban idea de su industria y aplicación, y el otro verde, con un chapeado de plata, ambos
que en el pueblo de San Pedro las obras de muy usados ($ 90); tres sillas con su clavazón de
torno, talla y ensambladuras eran primoro­ bronce ($ 2 cada una); una docena de sillas de
sas. La especialidad de la región eran las labo­ espaldar y asiento de cuero labrado, de brazos
res de taracea con conchas de los ríos, y el mis­ ($ 24)”. Se inventariaron varias mesas de ce­
mo autor citado trae la noticia de que en un dro: una redonda, que fue tasada en $ 8; otra
bienio de fines del siglo xvm se vendieron fuera forrada la cubierta de baqueta, de tres varas de
de Mojos 34 escritorios y atriles embutidos.27 largo, con su sobremesa de cumbe, justiprecia­
También el Alto Perú abastecía de materia da en $ 20; otra, que se encontraba en la habita­
prima para la carpintería. Se aprovechaban el ción contigua a la sala, medía vara y media de
cedro y el naranjo, y se fabricaban puertas, alta­ largo y una de ancho, y fue valuada en $ 5. En
res, ventanas, coros, bargueños, mesas, catres, cuanto a las camas, había dos: “una cuja dorada
escaños, ataúdes, sillas, etcétera. Según el Te­ ya vieja, con sus colgaduras de algodón y corti­
légrafo Mercantil de 1801, la vara de lapacho, nas de fondo carmesí y su cenefa de lo mismo,
viraró y urunday se vendía a cuatro reales en con su galoncito al canto ($ 50), y una cuja
viga, y dos reales en tirante; el cedro valía ocho grande ($ 20) con su ropaje de cama en velillo
reales la vara de trozo, y tres reales el tablazón.2H bordado en tafetán amarillo, usado ($ 80)”;
Por último, diremos que Cochabamba poseía otro “ropaje de damasco carmesí en forma de
talleres donde se labraban sillas para ser vendi­ pabellón, con sus cortinas de fondo carmesí,
das hasta en pueblos alejados de este centro uno y otro muy usado, con su encaje y franjita
productor, y que también fabricaba otro tipo de de oro falso ($ 25)”.
muebles, cuyo volumen debía de ser relativa­ Como piezas curiosas destacamos dos cómo­
mente importante para que el Telégrafo Mercan­ das de madera, con cuatro cajones cada una,
til, en un informe relativo al movimiento co­ con barniz verde al frente, con sus chapas y
mercial del Alto Perú, indique que el de Cocha- tiradores de plata ($ 125); un biombo muy
bamba giraba con un volumen de 54.000 pesos viejo, pintado en historia ($ 10); un baulito forra­
“por sus lienzos de algodón o tocuyos, suelas do de suela pintada, viejo, y ocho petacas de
curtidas, jabón, coca y muebles..." suela curtida y labrada ($ 16).
Muy reducido es el número de muebles que En la hacienda de Santa Rosa se conservaban
entonces se usaban, como es dable comprobar una caja grande chuquisaqueña, con sus “cornisas
158

muy viejas y suelo de angaripola”; una mesa tivo de variedad en un mueble tan austero.
grande, forrada en baqueta, y otra chica de es­ En algunos casos, sólo se tornean las patas del
trado; una docena de sillas de brazos, con su frente de la silla, siguiendo las traseras el rígido
asiento y espaldar de cuero labrado, clavazón esquema primitivo. Los montantes suelen ter­
de hierro; otra mesa de dos y media varas de minar o coronarse por una ménsula invertida, o
largo, y vara y cuarto de ancho, con su tapete de también acompañando la clavazón de bronce
baqueta; “una cuja llana blanqueada de yeso, y que fija el cuero a la estructura del mueble,
su pabellón del Cuzco”; una frasquerita cuadra­ unas perillas de metal amarillo, cuando no de la
da, de a tercia, holandesa, con nueve frascos de misma madera torneada. En otras sillas el
cristal blanco; otras dos portuguesas, de a dos asiento también es de madera; a veces, en un
tercias de largo y media vara de ancho, la una solo plano, y en otras, quebrado en dos, para
con diez frascos de vidrio y la otra con tres; dos mayor comodidad del usuario. En este caso, el
pares de petacas; un par de sillas de ceremonia; respaldo se reduce a un ancho travesaño, con
un estante para libros...29 tallas o sin ellas, colocado arriba y acompañado
Por lo trascrito, la silla es el mueble más co­ de un simple madero horizontal a la altura de la
mún entonces, y lo es, por lo menos, desde cintura. Dentro de estas variantes de diseño
principios del siglo xvn, porque hemos anotado caben multitud de combinaciones, señalándose
que en el inventario de la dote de Francisca también las que se obtienen bajando la ubica­
Rodríguez Valdés y de la Vanda, de 11 de octu­ ción del asiento, y trasformando la silla común
bre de 1605, se mencionan seis sillas. Estas de­ en ratona, en cuyo caso las dimensiones genera­
bían de ser de las más sencillas, con patas rectas, les se achican.
con asiento y respaldo rectangular, cubiertos De esquema semejante es el sillón llamado
quizá por suela o cuero, y en el mejor de los frailero o silla de brazos, mueble de típica as­
casos, labrado. Este modelo perduró hasta cendencia renacentista, y que se difundió ex­
bien avanzado el Virreinato, aunque haya sido traordinariamente en la América española.
desplazado en parte por otros más evoluciona­ Son innumerables los ejemplares que conoce­
dos. En algunos ejemplares, las patas delante­ mos, y en los cuales se marcan también las di­
ras se adornan con estrías verticales o motivos versidades de los estilos. Algunos se caracteri­
geométricos de diseño muy simple. A veces, zan por tener el asiento muy estrecho y los bra­
los travesaños, que en un primer momento son zos colocados a corta distancia de él —es decir,
también rectos, se tornean —sobre todo, a par­ bajos—, lo que, unido a la verticalidad del espal­
tir de la segunda mitad del siglo xvn—, técnica dar, hace de este sillón un mueble no muy có­
que luego se utilizará para las patas, en particu­ modo. Los brazos se curvan en espiral hacia
lar en el mueble lusobrasileño. La chambrana delante, y las patas del frente, vistas de perfil,
o pieza que une las patas delanteras, cúando no son de diseño ondeado. El travesaño frontal,
es torneada, suele recortársela según un contor­ colocado a un tercio de la altura, presenta en
no ondeado o mixtilíneo, añadiendo así un mo­ general adornos simétricos tallados, que en el
159

Silla de madera
policromada y dorada.
Alto Perú, siglo XVIII.
(dilección Celina
González (¡araño.
Museo de Arle
Hispa noamericano
Isaac Fernández
Illanco. Huertos Aires.

caso de los sillones norteños se dibujan como curva la caja donde apoya el tablero, y se ador­
ondas dispuestas en hileras paralelas, a ambos na con motivos tallados que siguen los linca­
lados de una flor circular. La mayor parte de mientos del estilo, en lugar de los temas geomé­
ellos tienen el asiento y el respaldo de cuero tricos que repetidos la oYnamentaban en los
labrado, con motivos fitomorfos y zoomorfos, ejemplares anteriores. En particular se decora
aunque no son raros los que se adornan con el faldón, muchas veces con una gran venera,
motivos heráldicos, y en particular el águila bi­ de la cual se desprenden a ambos lados estiliza­
céfala. En otras ocasiones, las menos, tanto el ciones vegetales. El adorno de las patas se con­
asiento como el respaldo son de terciopelo, en centra en la extremidad inferior y en la conve­
cuyo caso el primero no está tenso, sino curva­ xidad superior: en la primera es muy usada la
do, para comodidad mayor. De este tipo de­ pata de garra, y en la otra, el motivo puede ser
bían de ser los que poseían los Campero en su de muy complicado diseño.
hacienda de Yavi, y que hemos citado no hace Junto con la mesa de centro se dan la de arri­
mucho. Sólo que éstos estaban chapeados de mo y la enana o ratona, que también, como en
plata, ejemplos auténticos que no han llegado las otras, puede presentar cajones. Cuando
hasta nosotros. son policromadas, se utilizan maderas inferio­
Otro tipo de asiento corriente en el Norte fue res, que al recibir el mástique disimulan sus im­
el escaño, el cual también era pieza común del perfecciones. En estas ocasiones, a más del co­
mobiliario eclesiástico. Los más conocidos son lor —en particular, el verde— se emplea el oro
los que tienen el espaldar y el frente formados para realzar los motivos tallados. No siempre
por una serie de balaustres torneados, cuya el color de fondo es unido, sino que también se
marcada verticalidad es interrumpida por un simulan el jaspe y el mármol veteado, del mis­
largo madero horizontal con tallas menudas de mo modo como se usa en los retablos.
origen vegetal y de acentuado carácter barro­ El paso del barroco al rococó se marca única­
co. Otros son más simples, y se reducen a una mente en la decoración, conservando los mue­
gran banca cuyo asiento constituye un verdade­ bles la estructura anterior, y reemplazándose
ro arcón, ya que es levadizo, funcionando como los temas de un estilo por los del otro. Apare­
tapa. Por lo común, este tipo de mueble es de cen así el motivo de la rocalla francesa y las
uso conventual, y rara vez pertenece al mobilia­ ornamentaciones asimétricas, que en muebles
rio civil. posteriores contribuyen a realzar las líneas de
En cuanto a las mesas, diremos que las más piezas que responden a los esquemas del estilo
antiguas son de patas rectas o de perfil ondula­ Luis XVI. Abierta la corriente neoclásica, las
do, cuando se miran de costado. El tablero líneas curvas son sustituidas por las rectas, y las
también es de contorno recto; pero la influencia patas de doble curvatura, por las verticales es­
del barroco determinará que su perímetro se triadas; y gracias a la riqueza de la decoración,
ondule, desapareciendo los ángulos rectos de que sigue utilizando los temas anteriores, se evi­
las esquinas, que se redondean. Asimismo, se ta la frialdad o la rigidez en que podía haber
160

Silla de madera
torneada y tallada.
Asiento y respaldo
de cuero labrado.
Portugal o Brasil,
fines del siglo xvn.
Colección privada.
Buenos Aires.

caído un estilo, por otra parte, no bien com­ biente popular hasta bien entrado el siglo
prendido por el ebanista hispanoamerica­ xix. La cómoda de tres cajones o de cinco, si el
no. Y como en realidad el mueble que respon­ superior es sustituido por un par, se presta para
de a los tipos del Norte no es un mueble de una decoración pictórica mucho más que las
superior calidad, la madera no queda a la vista, mesas, y de ahí que aparezcan algunas con pai­
ni se utilizan los recursos de los ebanistas euro­ sajes o escenas de género, en medio de una gra­
peos, sean éstos la marquetería o la aplicación ciosa orla y guías florales multicolores. En los
de bronces cincelados, sino que se sigue con la muebles de jerarquía, los herrajes—es decir, los
práctica del dorado y policromado, como en la tiradores y bocallaves— son de plata, y en los
etapa anterior. otros casos, simplemente de hierro o de metal
Aunque no en gran cantidad, en la segunda amarillo.
mitad del siglo xvm aparece la cómoda, mueble Conócense, asimismo, ejemplares de comodi-
que progresivamente ha de ir desterrando al tas, o como pequeñas cómodas - escritorios; es
arcón tradicional, si bien éste perdura en el am­ decir, piezas en las cuales sobre la tapa se alza

Escaño de madera lomeada y tallada. Alto Perú, siglo XVIII.


Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires.
162

Silla de madera
torneada y tallada.
Asiento y respaldo
de cuero labrado.
Portugal o Brasil,
fines del siglo xvn.
Colección privada.
Buenos Aires.

un segundo cuerpo con cajones y divisiones in­ imperaba en Portugal y en sus posesiones ame­
teriores que desaparecen a la vista, por estar ricanas, el cual inspiró la casi totalidad de los
cubiertas por una tapa abatible. Un buen muebles porteños del siglo xvm.
ejemplo de ello es la simpática comodita que fue No sólo se trajeron muebles de Portugal y del
de Celina González Garaño, y que hoy está en el Brasil, sino que se trasladaron a Buenos Aires
Museo Fernández Blanco. los mismos artesanos portugueses, bien desde
En realidad, este tipo sustituye al contador, el comienzos de la decimoséptima centuria. Y no
mueble de tan arraigada tradición española, y sólo a Buenos Aires, sino que también a otros
que tan bien se aclimató en tierras americanas. puntos del interior del país, como a Córdoba,
Los hay de muy diversos tipos; pero en general donde no vacilaron en aplicarse a las distintas
responden a esquemas bien definidos. Es una artesanías. Buena prueba de ello es el texto de
caja prismática rectangular con varios registros una súplica al Rey que hace el obispo Abad Illa-
de cajones, de dos a cinco, según el tamaño, na, desde Córdoba, el 23 de agosto de 1768,
pudiendo ser de igual medida o no. En este pidiendo se establezcan oficios mecánicos, dado
último caso, la distribución es simétrica, casi que los españoles consideraban indecoroso el
siempre alrededor de un compartimiento cen­ ejercicio de los oficios manuales. Dice el
tral mucho mayor y con distinta decoración. Obispo:
La cajonera queda escondida a veces por una “Posible es que los Padres Jesuitas tenían
tapa que se abate hacia abajo, y se cierra con obraje, ¿y no los podían tener los españoles?
herrajes adecuados en la parte superior. La Los portugueses que vienen a avecindarse en
decoración puede ser tallada, con incrustacio­ estas partes ejercitan las artes mecánicas de sas­
nes o con pinturas, reservándose por lo general tres, zapateros, plateros y otros, con provecho
lo más rico de ella para el interior del mueble, suyo y utilidad nuestra.”
pues en muchos casos la sencillez externa no Corresponde, entonces, indicar cómo eran
hace presumir la exuberante ornamentación in­ los muebles portugueses de la época que nos
terior. ocupa, porque ellos han sido los modelos que se
imitaron en el antiguo Virreinato. Del mueble
portugués anterior al siglo XVI poco es lo que
INFLUENCIA DEL MUEBLE se conserva, y el del 500 no ofrece particular
LUSOBRASILEÑO interés, pues se parece bastante al de España.
La región del Litoral, con Buenos Aires como No es sino en el siglo xvn cuando adquiere ras­
foco de irradiación, por su misma situación geo­ gos particulares que lo señalan a la considera­
gráfica, más abierta a recibir influencias ex­ ción del estudioso. Y en verdad su acento na­
tranjeras, aceptó modalidades estilísticas no co­ cional se afirma a partir de la liberación de Es­
nocidas en España, asimilándolas y aun trasfor­ paña. Desde 1580 hasta 1640, Portugal estuvo
mándolas conforme a sus necesidades. Y con bajo el dominio de los Austrias españoles, lo
esto nos referimos particularmente al estilo que cual explica en parte su ausencia de originali-
163

dad. El mobiliario de entonces, dominado por de él puede seguirse en el trascurso de los años
el modelo renacentista italiano, cederá el lugar, una evolución marcadísima. Comienza por
después de la ruptura de la unidad peninsular, ser macizo, colocado más alto que los travesaños
a formas cada vez más típicas, hasta llegar a laterales, y constituido por una moldura semi­
constituir una expresión cabalmente lusitana. circular que se enrosca en los extremos, y que
Utilizáronse entonces, con preferencia, las enmarca un motivo central: concha, flor u ho­
maderas de castaño y de nogal, y se emplearon jas. A fines del siglo se aligera al introducirse
también las maderas pesadas que el comercio los calados, como se ve en un sillón del Museo
de ultramar llevaba a Portugal: el jacarandá, el Nacional de Arte Antiguo de Lisboa. Otras
palo santo y el ébano. Y para los muebles em­ veces, esta chambrana se forma por dos eses
butidos o adornados con marquetería, llamados entrelazadas; pero asimismo se dan muebles
indoportugueses, añadíase el palo de rosa, la con el travesaño frontal simplemente torneado,
caoba, el marfil y el nácar. como en la silla del Museo Histórico Nacional.
Del mobiliario de esta época importa el estu­ La utilización del procedimiento mecánico de
dio de las sillas, mesas, camas y contadores, por­ tornear, acaecido hacia 1650, generalizó el uso
que de ellos se conservan buenos ejemplares de la madera trabajada con esa técnica, lo que
desde el período colonial, y no introducidos explica su empleo en patas y travesaños, tanto
modernamente. de sillas como de mesas. Las patas delanteras
La silla de principios del siglo xvn sigue el mo­ terminan en distintos tipos de pie: de cebolla,
delo de la similar española, con cuatro patas enrulado y de pincel, llamado este último Spanish
rectas, casi sin decoración, y unidas por trave- foot en Inglaterra y en los Estados Unidos. En
saños sencillos, reducidos a un madero plano cambio, las patas posteriores, aunque también
con recorte geométrico. El asiento es rectan­ torneadas, acaban en prismas cuadranglares
gular, y el respaldo no muy grande, enmarcado inclinados hacia atrás.
por montantes rectos terminados por perillas Como está dicho, el respaldo se destaca por
de bronce. Es común el uso del cuero en el su tamaño, y termina en su borde superior si­
asiento y en el respaldo; pero se encuentran a guiendo una línea curva o mixta. El cuero la­
veces sillas tapizadas en tela, y en ambos casos, brado, con una decoración profusa y de inspira­
el cuero o la tela fijos al armazón mediante ta­ ción naturalista, recubre el respaldo y el asien­
chas de bronce. to, clavados a la madera con gruesas tachas de
De este mueble fuertemente arquitecturado y metal. Los motivos utilizados en su ornamen­
de una austeridad conventual, se pasa a otro en tación se disponen simétricamente dentro de
el cual el respaldar adquiere gran importancia, una orla o guarda, y son generalmente hojas
y el travesaño delantero o chambrana se destaca como de acanto, ángeles, niños o figuras de
de tal modo, que pareciera como si todo el inte- mujeres vestidas a la usanza de la época. Otras
rés de la pieza se concentrara en ese elemento. veces, un vaso con flores sostenido por niños,
El cambio de estilo se anuncia allí, y a través tema inspirado quizá en los azulejos que a fines
164

Silla de madera torneada, con detalle del respaldo. Asiento y


respaldo de cuero labrado. Portugal o Brasil, principios del
siglo xvm. Museo Histórico Nacional. Buenos Aires.

del siglo se hicieron en Lisboa imitando los de influencia holandesa y el uso común del al­
Delft. Más raramente el cuero fue policroma­ mohadillado concurren a quebrar las superfi­
do, a la manera de los guadamecíes españoles. cies planas de la caja, con el propósito de lograr
Junto a las sillas se encuentran sillones y ban­ efectos de claroscuro. Cabezas de ángeles, car­
quetas: éstas, similares a las primeras, pero sin telas o repisas, y también cenefas de almocára­
respaldo, repiten en ambos frentes el travesaño bes calados en el borde inferior, permiten a los
esculpido. Por su parte, los sillones añaden al ebanistas portugueses desarrollar su fantasía.
esquema de las sillas un par de brazos que, ya Los travesaños espiralados atan las patas en
por influencia del estilo barroco, son curvos. su tercio inferior, sirviendo de enlace gruesos
En cuanto a las mesas, diremos que las hay cubos muchas veces lisos, y otras decorados con
rectangulares y redondas. Las primeras, estrías oblicuas paralelas o algún otro tema geo­
apoyadas sobre cuatro patas torneadas, son de métrico.
formas macizas y severas. Las patas se compo­ Otra modalidad contemporánea es la mesa
nen de distintos elementos yuxtapuestos: discos con dos alas plegadizas y patas giratorias que
de variado espesor, bolachas, torzadas y espiras. encajan en muescas practicadas en los trave­
Los bordes tienen molduras de sección convexa saños que unen las otras fijas.
con gajos oblicuos, o se adornan con estrías pa­ Dentro del mismo estilo, otro mueble impor­
ralelas o dispuestas en espigas. Los rizados de tante es el contador que apoya sobre un alto
165

Mesa de jacarandá.
torneada v tallada.
Portugal o Hrasd.
c. 1700. Museo
Histórico Nacional,
liuenos Aires.

Mesa de jacarandá.
torneada y tallada.
Portugal o Hrasd.
c. 1700. Complejo
M useográ/ico
Enrique l’daondo.
Lujan (provincia de
Huenos Aires).

bufete, semejante en todo a las mesas, pero de mentos esculpidos. La riqueza ornamental es­
menor tamaño. Es una trasformación del ar­ triba en la utilización de maderas raras: caoba,
ca, que mantiene su forma prismática, la tapa teca, etcétera, o de materiales preciosos: marfil,
superior amovible y cajones en el frente. La carey, nácar, embutidos y recubriendo las su­
decoración, análoga a la de las mesas, utiliza el perficies de complicados dibujos.
almohadillado y las molduras rizadas. El más monumental de los muebles corres­
Otra variante de este mueble se encuentra en pondientes a este período es la cama con balda­
Portugal desde el siglo xvi: son los contadores quino, apoyado sobre postes angulares de di­
indoportugueses, de los cuales algunos ejem­ seño barroco. Utilízanse los discos y bolachas,
plares se han hallado en Buenos Aires. las espiras y otras formas torneadas. Los res­
El intenso tráfico con Oriente, desde la época paldos, muy altos, se ordenan en registros su­
de Alfonso de Albuquerque, que facilitó el in­ perpuestos, el inferior generalmente de balaus­
tercambio artístico, introdujo en Europa for­ tres, y los superiores con tallas caladas o repi­
mas exóticas, muchas de las cuales arraigaron tiendo los elementos de la zona inferior. Peri­
definitivamente. Dentro del mobiliario, las llas de madera o de metal acentúan su verticali­
más divulgadas son las arcas y los contadores. dad, completándose con cenefas, cortinas y un
Éstos se apoyan sobre un pie de cajonería con cielo de ricas telas.
patas antropomorfas en los ángulos, únicos ele­ Es importante aclarar que durante la primera
166

Silla de estilo inglés. Río de mitad del siglo xvn fue escasa la importación de
la Plata, mediados del siglo
xvtll. .Museo Histórico muebles europeos en Portugal. Sólo se puede
Provincial Marqués de hablar de piezas traídas de España y de los Paí­
Sobrenionte. Córdoba. ses Bajos, lo cual se explica por la unidad políti­
ca existente a la sazón. Pero el matrimonio de
Catalina de Braganza con Carlos II de Inglate­
rra, en 1662, determinará una relación más in­
tensa entre los dos países en el terreno que nos
ocupa; influencia que perdurárá durante el si­
glo xvm, especialmente durante los reinados de
Juan V y de doña María.
El mobiliario inglés de principios del siglo de­
cimoctavo se caracteriza por un elegante dibujo
y una sobria decoración. Según M. Olivar
Daydí, los ejemplares de este período son crea-
167

ciones que evidencian la seguridad de una arte­


sanía muy versada en su técnica, y el tino de una
verdadera burguesía refinada. La pata sinuo­
sa o cabriole leg, elemento llegado de Holanda
hacia 1686, y en un estado que a ojos vistas
revela su origen oriental, es una de las noveda­
des constructivas. Se adapta en pocos años, y
su evolución puede seguirse a través de la varie­
dad de formas de los pies de esas patas curvas.
Esta época corresponde al reinado de Ana
Estuardo (1702-14), y de ahí la designación del
estilo: Queen Anne, que se perpetúa durante el
gobierno de su sucesor Jorge I (1714-27), aun­
que no deja de manifestarse la influencia del
mueble francés (estilo Regencia), y también del
italiano. Se inicia entonces el ciclo georgiano,
Mesa de juego de jacarando, de influencia inglesa. Río de la
que ocupa todo el siglo xvm y el primer cuarto Plata, primera mitad del siglo XVill. Complejo Museográfico
del 800. Enrique Udaondo. Lujan (provincia de Rueños Aires).
Mientras Juan V (1706-50) ocupó el trono de
Portugal, el mueble inglés gozó de general ses, que se lasaron en cien pesos, y una cuja in­
aceptación, no obstante perdurar formas tradi­ glesa, con cortinas de damasco musgo, con roda­
cionales que sobrevivirán todavía mucho tiem­ piés y colcha también de damasco, en $ 108.
po en el Brasil. En 1752, entre los bienes del tesorero de la
En el Río de la Plata existen muebles del tipo Real Hacienda, Francisco de la l orie e Ibarra,
inglés que suponemos se deben al comercio con se incluyen dos taburetes ingleses ($ 12), y en
el Brasil, y a la presencia de muebleros lusitanos $ 185 fue valuada una papelera de dos cuerpos,
que en cantidad realmente significativa vinie­ inglesa, acharolada, que se encontró en la sacris­
ron a nuestro país. Pero también afirmamos tía de la iglesia de San Ignacio cuando la expul­
que se trajeron muebles directamente desde la sión de los Jesuítas en 1767.
(irán Bretaña, y a título de ejemplo señalamos Un catrecillo inglés, cuyo valor se estimó en
que en 1725 se adquirieron en Londres, para $20, fue inventariado en 1783, año en que
las Monjas Catalinas de Buenos Aires, una do­ también se hizo la sucesión de José Arroyo, en­
cena de sillas laqueadas, por las cuales se paga­ tre cuyos bienes había un escritorio inglés o papele­
ron diecisiete libras. ra, vieja y maltratada. Más detallada es la des­
En 1740, en la carta dotal de María Teresa cripción de una papelera inglesa que había per­
Robles con motivo de su casamiento con Juan tenecido a Juan José Moreno (1785), pues se
de Narbona, se mencionan dos escaparates ingle- dice que tenía dos gavetas grandes y dos pe-
168

Silla de estilo Chippendale. Río de la


Plata, segunda mitad del siglo xviu. Museo
Histórico Nacional. Buenos Aires.

Silla de jacarando. Asiento de esterilla.


Estilo Hepplewhite. Brasil, fines del siglo
xvm. Perteneció a la familia de Marcó del
Pont. Museo de Arte Hispanoamericano
Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires.

quenas, como también varias interiores. En el


testamento de Antonio de los Llanos (1801)
aparece un escritorio mediano, a la inglesa, con tres
gavetas talladas y sus tiradores de metal amarillos.
(¿orno las sillas son las piezas del mobiliario
rioplatense más destacadas por su número, no
extraña que también dentro de la importación
inglesa sean los ejemplares más mencionados. Silla de estilo Chippendale. Río de la
En 1777, entre las pertenencias de Juan Manuel Plata, segunda mitad del siglo xvm. Museo
de Arte Religioso Juan de Tejeda. Córdoba.
de Lavardén se anotan 12 sillas inglesas; y en
1789, entre las de Manuel Caviedes hay doce
sillas inglesas antiguas doradas y tres dichas de no­
gal, grandes, inglesas, asiento de paja, doradas y con
forma de taburete.
169

Siete sillas de madera inglesas y una de ellas de mental, como son las cornucopias y espejos.
brazos, con pintura colorada, se declararon en la Así, entre los muchos objetos dejados por la fi­
testamentaría de Mariano Izquierdo, en 1807; y nada Ana Joaquina Kely (1784), aparecen dos
ocho sillas a la inglesa, altas, embarnizadas blanco espejos grandes, marcos a la inglesa, remates dorados,
con filetes dorados; y otras nueve pintadas de ver­ valuados en $ 60, y cuatro cornucopias, también
de se tasaron en 1808, cuando murió la esposa inglesas, con mecheros de metal, en $ 20.
de Bartolomé González: las primeras, en $ 7, y Seis años después, entre los bienes de Anto­
las segundas, en $ 5. nio Ribero de los Santos se declararon dos espejos
En otro juicio sucesorio (1810) figuran 16 si­ grandes, de luna de una vara de largo y 2/3 de an­
llas inglesas; y en el de Antonia Asturiano cho, marco a la inglesa, remates dorados, asimismo
(1814), tres docenas de sillas inglesas a 6 pesos cada tasados en $ 60; cantidad superada por los tres
una. espejos grandes ingleses, con sus marcos de madera de
Por último, cuando murió Hipólito Vieytes, nogal y la concha dorada que dejó Jerónimo Ma-
en 1815, se declararon 32 sillas inglesas de sala, torras a su mujer Manuela de Larrazábal. La
10 sillas inglesas en el cuarto del despacho de la suma de $ 225 en que se los valuó en 1789 indi­
Policía, y 13 sillas, también inglesas, pertene­ ca que eran piezas excepcionales, y por la des­
cientes a un británico que vivía en Corrientes. cripción nos parece que pudieran ser del estilo
La importación inglesa no sólo se redujo al Chippendale.
mueble práctico, de imprescindible necesidad, El mismo año, en otra sucesión, se anotan
como eran las sillas y las camas, sino que tam­ cuatro cornucopias inglesas, con remates y tres cuar­
bién abarcó el renglón de lo suntuario y orna­ tas de alto, luna de media vara.

Canapé. Río de la Plata, segunda mitad del siglo xvm.


Museo Histórico Nacional. Buenos Aires.
170

Silla de jacarandá.
Patas de burro, y
asiento de cuero
labrado. Estilo Don
Juan V. Buenos
Aires (?), mediados
del siglo xvm.
Ex Colección Luis
García Lawson.

Nos queda por hacer un comentario más los casos se indica que las mesitas eran de jaca­
acerca del mueble inglés, y es el que atañe a las randá, queda descartada la procedencia ingle­
mesas. En la documentación que hemos utili­ sa. Pensamos que eran pequeños muebles con
zado, observamos que no hay mención directa a tres patas, distintos de los lusobrasileños, que
la importación, sino al estilo inglés. Veamos tienen tapa rectangular y cuatro patas.
algunos ejemplos: Algunos de estos muebles ingleses o de estilo
En 17(52 se anota una mesa de jacarandá, re­ inglés quedan todavía en la Argentina. En el
donda. sobre un pie a la inglesa, la misma que Museo Histórico Sobremonte, de Córdoba, se
vuelve a ser mencionada en 1785; en 1805 en­ exhiben unas sillas de estilo Queen Anne, y en el
contramos una mesita redonda de jacarandá, de un de Arte Religioso Juan de Tejeda, también de la
pie a la inglesa, y en 1788, como novedad, una misma ciudad, hemos visto otras, pero de estilo
mesita de juego a la inglesa. Como en casi todos Chippendale. Tanto las unas como las otras
pueden haber sido fabricadas en el Río de la
Plata, lo mismo que una serie Hepplewhite pro­
piedad del difunto José Marcó del Pont, y un
curioso ejemplar de estilo Windsor que está en
la Casa de Ejercicios, y que usó hasta su muerte
(1799) sor María Antonia de la Paz y Figueroa.
Volviendo a las sillas lusobrasileñas de la épo­
Silla de jacarandá. Patas
de burro, v asiento de ca de donjuán V, de las cuales hay unos cuan­
cuero labrado. Estilo Don tos ejemplares en museos y en colecciones pri­
Juan U. Buenos Aires,
mediados del siglo xvm.
vadas, diremos que están fabricadas con made­
Complejo M useográ/ico ra de jacarandá o de nogal, y todas ellas tienen
Enrique l.'daondo. patas curvas terminadas en pie de garra o de
Luján (provincia
de Buenos Aires). burro. El respaldo, que es alto, lo forman dos
curvas laterales que arrancan de la prolonga­
ción de las patas traseras, y se unen arriba, don­
de forman el remate. Un tablero vertical, en
silueta de jarrón o de violín, sujeta la parte su­
perior del respaldo al asiento. La ornamenta­
ción escultórica, de estilo barroco, se concentra
en el coronamiento del respaldo y en el faldón
anterior. En el primero, los largueros se aco­
dan en la parte alta, y terminan en un par de
volutas unidas por un penacho o remate folia­
do. Los asientos son de bastidor, y se tapizan
en cuero o en tela.
171

Las mesas que corresponden a este tipo de simplicidad, con aristas vivas, sostenidas por ba­
sillas son pesadas a comienzos del siglo; pero, al ses rectangulares sobre bolas o cortas patas
estilizarse su forma, ganan en ligereza y ador­ curvas.
nan su caja rectilínea con pronunciados faldo­ A partir de 1754, cuando Thomas Chippen-
nes de perfil recortado, con talla de conchas, dale publicó The gentleman and cabinet - maker’s
volutas y hojas de acanto. Las patas se unen a director, se difundieron tanto en Portugal como
la caja, igual que en las sillas, en un pronuncia­ en el Brasil y en el Río de la Plata algunas de sus
do ángulo, a diferencia de las del período poste­ creaciones, especialmente sillas. En el Con­
rior, en que el perfil de la mesa se continúa en vento de San Francisco hemos hallado unas, en
la doble curvatura de la pata. regular estado de conservación, que por la ar­
Las papeleras correspondientes a esta época, quitectura y el diseño de los respaldos indican la
igual que en Portugal y en el Brasil, son de gran fuente inspiradora del artesano que las trabajó.

Silla de jacarandá. Patas


de burro, y asiento
tapizado de seda. Estilo de Silla de jacarandá. Patas
transición entre el Don de burro, y asiento
Juan V y el Don José. tapizado de seda. Estilo
Buenos Aires, tercer Don Juan V. Buenos
cuarto del siglo .vi tu. Aires, segunda mitad del
Museo de Arte siglo XVIII. Museo de Arte
Hispanoamericano Isaac 11 ispa noa m erica n o Isa a c
Fernández Blanco. Fernández Blanco.
Buenos Aires. Buenos Aires.
172

A mediados de la decimoctava centuria pene­ pesadas, se calan los tableros centrales del res­
tra decididamente en Portugal y en el Brasil, y paldo.
luego en el Río de la Plata, la influencia del Aunque continúan empleándose los pies de
rococó f rancés. Conservando la estructura ge­ burro, la pata característica del estilo del reinado
neral del mueble de la primera mitad del siglo, de don José (1750-77), al cual nos estamos refi­
se altera su decoración, sustituyéndose los ador­ riendo, es la de cabra, curvada con gracia y que
nos propios del barroco por la rocalla. El paso termina en dos volutas, continuación de los file­
siguiente significa el cambio, no sólo de la orna­ tes laterales, colocados simétricamente a ambos
mentación, sino también de la arquitectura y las lados de la prolongación de la arista de la pata.
proporciones del mueble. Las sillas reducen la Normalmente, la labor del tallista se concen­
altura del respaldo, que gana en anchura; pero tra en la parte superior del respaldar y en el
al mismo tiempo, porque podrían resultar muy frente del asiento, aunque a veces también inva-

Pata de cabra. Pata de burro.


173

El sofá tal cual lo entendemos hoy no nos


consta que se usara sino bien avanzado el si­
glo. En cambio, se emplearon las llamadas si­
llas encadenadas, que reemplazaron al antiguo
escaño. (La silla encadenada resulta de asociar
en una misma pieza varias sillas respaldadas, a
veces con asiento continuo, y otras mantenién­
dose la división original.)
Un tipo de asiento raro en el Río de la Plata
—conocemos un solo ejemplar— es la denomi­
nada silla esquinada o de ángulo. Es un mueble-
Pata de garra. de origen inglés, naturalizado en Portugal y en
el Brasil durante el siglo xvm, por lo cual se lo
de la rodilla de la pata. La rocalla y con menos encuentra con las decoraciones propias de los
frecuencia las flores y hojas de los adornos, pa­ diversos estilos de la centuria. En realidad,
recen como modelados más que tallados, con son sillones, porque tienen brazos, los cuales
un sentido plástico muy peculiar. Utilización son continuación del respaldo; pero lo que las
de curvas y contracurvas, formas que se enro­ distingue es el hecho de tener el asiento esqui­
llan, motivos abiertos, sinuosos y complejos, a nado, de modo que una pata está colocada de
veces asimétricos, podrían definir el estilo de la frente y en el medio del mueble.
decoración. Cuero o seda recubre los bastido­ La evolución de los estilos se muestra también
res de los asientos, y en no pocos casos, los table­ en las camas y catres, en los cuales se mantiene
ros del espaldar. una estructura idéntica a las del período ante­
Refiriéndonos a los muebles de asiento, con­ rior, aunque variándose la decoración. El res­
viene destacar que en el Río de la Plata se usa­ paldo se organiza como un ancho marco que
ron corrientemente sillas ratonas, taburetes y encierra un medallón tapizado. Se destaca por
camoncillos, como asimismo sillas encadenadas su importancia el coronamiento, con un gran
y sillones. Los camoncillos, banquetas rectan­ penacho; pero es en definitiva el mismo ele­
gulares de poca altura, se fabricaron en abun­ mento de las sillas y sillones, aunque aumenta­
dancia, de tal modo que nos consta la existencia, do. Los postes con estrías se retuercen en espi­
en Buenos Aires, en 1780, de un tal López de la ral, y se continúan en las patas de doble curva­
Plaza que hacía treinta años era maestro carpinte­ tura terminadas en pies de cabra. Las hay
ro de camoncillos y taburetes, y por los mismos años también de menor tamaño, con patas plegadi­
se debía al pueblo de Itatí (Corrientes) el impor­ zas y con respaldo abatible.
te de una docena de camoncillos. Estos dos Un mueble característico de esta época es la
ejemplos sirven para demostrar la difusión de cómoda - escritorio, de sólida contextura, con
tal tipo de mueble. cajones superpuestos, siguiendo la ondulación
174

de su planta y con ochavas anteriores. La de­


coración tallada se distribuye en las patas, en las
cartelas de los chaflanes, en el frente de los cajo­
nes v en los ángulos de los paneles laterales y de
la lapa volcadiza, que oculta gavetas y pequeños
cajones, también ricamente ornamentados.
Abundan también los nichos u oratorios des­
uñados a guardar las imágenes religiosas. Son
de poca profundidad y de planta trapezoidal,
con puertas en el (rente, y a veces, las menos, en
los costados. El mayor interés escultórico se
t onc entra en un elevado adorno frontal que re­
pite los va citados motivos del estilo don José. Papelerita. Jacaranda. Estilo Don /osé. Río de la Plata,
comienzos del último cuarto del siglo X\lll.
Las mesas, mesas ratonas y de arrimo no Complejo Museográfico Enrique l'daondo.
ofrecen variantes constructivas. Unicamente Lujan (provincia de Rueños Aires)

Canapé. Jacaranda
y terciopelo. Estilo
Don fosé. Patas de
cabra. Rueños
Aires, c. 1700.
Iglesia catedral de
Rueños Aires.
175

Silla de ángulo,
/acarandá v runo. Patas
ile cabra. .Mueble de
influencia inglesa. Rio de
la Plata, fines del siglo
\\ III. Perteneció a!
fuesbítero doctor .Manuel
Alberti. [Link]
Museográ/ico Enri<¡ue
l ’daondo. Lujan
(firoviiu la de
Hílenos Aires).

las distingue su decoración y su mayor elegan­ geométricos. Las curvas ceden lugar a las lí­
cia. por cuanto son más livianas que las de la neas rectas, y el mueble en general se torna más
época anterior. liviano y menos austero. Se conocen ejemplos
Durante el reinado de doña María y la regen­ de sillas cuyo diseño aparece grabado en The
cia de Juan VI (1777-1816), el neoclasicismo cabinet maker and [Link]’s gaide, de George
triunfa sobre el rococó, y el mueble lusobrasi- Hepplewhite, cuya primera edición de 1 788 f ue
leño aceptará las influencias de los estilos co­ seguida de otras dos (la última, de 1794). Es­
rrespondientes en Inglaterra y en Francia. De tas sillas, a las que nos referimos, son de madera
Inglaterra, el Adam, Hepplewhite y Sheraton, y de jacarandá, y pertenecieron desde antiguo a
de Francia, el Luis XVI. la familia Marcó del Pont, de Buenos Aires.
Empléanse maderas más claras —especial­ La vigencia de este estilo en el Río ríe la Plata
mente, las que se prestan para trabajos de mar­ fue mucho menor que la del don José. Con él
quetería—; disminuye el uso de la talla, conce­ acaba la influencia del mobiliario lusobrasileño
diéndose mayor importancia al efecto pictórico, en la Argentina, en el momento en que también
y, cuando se usa la escultura, se eligen guirnal­ Portugal y el Brasil dejarán de producir piezas
das de flores o de telas, vasos, filetes y adornos con caracteres propios.
176

EL ESTRADO EN EL VIRREINATO

Según Covarrubias, el estrado era el lugar


donde las señoras se sentaban o recostaban so­
bre cojines y recibían las visitas. Por su parte,
el marqués de Lozoya explica que el estrado,
con su tarima alfombrada, sobre el cual las da­
mas se reclinaban en almohadones, según la
costumbre morisca, era una tradición musulma­
na que subsistió hasta el siglo xvm. Agregamos
nosotros que aquí, en el Río de la Plata, dicha
moda perduró hasta avanzada la decimonona
centuria, según documentan Domingo F. Sar­
Mesa de estrado. Segunda mitad del siglo xvm. miento, Lucio V. Mansilla y José Antonio
Complejo Museográjico Enrique L’daondo.
Lujan (provincia de Buenos Aires).
Wilde.
El primero de ellos, cuando recuerda la casa
paterna, en San Juan, refiere que la tarima ocu­
paba un costado de la sala, con su chuse y sus
cojines, y que el lugar estaba reservado para las
mujeres, en cuyo espacioso ámbito se reclina­
ban sobre almohadones.
“¿Por qué se ha consentido —escribe Sar­
miento— en dejar desaparecer el estrado, aque­
lla poética costumbre oriental, tan cómoda en la
manera de sentarse, tan adecuada para la hol­
ganza femenil, por sustituirle las sillas en que
una a una y en hileras, como soldados en for­
mación, pasa el ojo revista en nuestras salas mo­
dernas?”
Para el general Mansilla, en cambio, aquello
era seco, frío y aburrido. Según él, la tarima
Mesa de estrado. Jacarandá. Estilo Don José. Herrajes
modernos. Buenos Aires, c.1770. Museo de Arte ocupaba un testero del salón; en algunas casas
Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires. era de ladrillo o de adobe, y generalmente se
cubría con alfombras y cojines. Enfrente se
colocaban las sillas en semicírculo, y en ese sofá
o como sofá se sentaban las señoras princi­
pales. 11
177

fombra grande de estrado, y unas esteras gran­


des de estrado de junco blanco y negro traídas
de Lisboa”.’2
También de jacarandá era el estrado grande,
con balaustres y molduras, y tres tarimas para el
mismo estrado que tenía la casa de María de la
Vega, en 1664. Años después (1715), en la
mansión más importante de la ciudad —la de
Miguel de Riglos, que constaba de treinta y nue­
ve habitaciones— había un estrado y dos sitia­
les, forrados de tafetán dorado carmesí, con su
X'icho. Jacarandá. Estilo Don José, lilíenos Aires, /mes del guarnición de oro y sus cortinas de tafetán car­
siglo XVlll. Ex Colección Luis García Lawson.
Colección 4. L. Ribera. mesí, y en cada uno de dichos doseles, un cruci­
fijo de marfil encarnado, y un biombo de estrado.
Para estudiar el estrado en la Argentina se con balaustres de jacarandá, con sus perillas de
cuenta con una documentación relativamente bronce “de ocho bastidores pintados de monte­
abundante, que nos permite afirmar que el es­ ría y batallas”.
trado ordenó la decoración de la sala de recibo El estrado se adornaba también con pinturas,
desde principios del siglo xvn y hasta mediados generalmente de tema religioso, como se ve en
del siglo xix, o sea durante casi tres centurias. el que poseía doña Isabel de la Cámara, en su
El ejemplo más antiguo que conocemos se re­ residencia de Córdoba, quien a 5 de setiembre
monta al año 1610, cuando el maestro carpinte­ de 1672 legó a los Franciscanos 3.000 pesos pa­
ro Diego de Solís, en Tucumán, se comprome­ ra que edificaran una capilla dedicada a la Vera
tió a hacer las casas de Pedro Fernández de An- Cruz, en cuyo altar debía ponerse un lienzo
drada, incluyéndose un estrado. grande con el Descendimiento, obra de su di­
Lo sigue en orden cronológico el arancel de funto marido, el pintor Juan Bautista Daniel.
carpinteros establecido por el Cabildo de Bue­ Dicha pintura, según el testamento de la donan­
nos Aires en 29 de agosto de 1611, que estipuló te, era “la que tengo en mi estrado”.”
que “un estrado con sus barandas y manconilla En otro documento de 1740, relativo a la dote
labradas a mano o torneadas” valía veinte pesos. de María T. de Robles, se citan “dos alfombras
El hecho de ser mencionado en este arancel, de estrado; dos arrimos de estrado; dos biom­
significa que el estrado era de uso corriente por bos, el uno pintado y el otro de damasquillo, y
entonces, lo cual se confirma en documentos dos tarimas de estrado”.
posteriores. Al benedictino Antonio José Pernety, que
Juan de Vergara, en testamento del año acompañó como capellán a Bougainville en su
1649, declaró de su pertenencia “un estrado expedición a las islas Malvinas en 1763, le llamó
con balaustres torneados de jacarandá, una al­ la atención, al conocer la casa del Gobernador
178

Silla de estrado.
Jacarandá y cuero
labrado. Estilo Don
José. Patas de
cabra. Buenos
Aires, c. 1770.
Museo de Arte
Hispanoamericano
Isaac Fernández
Blanco. Ciudad de
Buenos Aires.

de Montevideo, la disposición y el mobiliario de y a Montevideo, sino que se extendió al resto


la sala de recibo, observaciones que estampó en del país, según demuestra la documentación
su Journal historique du voyage fait aux isles Ma- consultada. Así, por ejemplo, en la tasación de
louines et au detroit de Magellan. Dice así: los bienes de Isabel López, fechada en Luján el
“Al fondo [de la sala de recibo], frente a la 14 de mayo de 1778, se menciona una mesa de
única ventana que la alumbra, se ve una especie estrado; en el mismo lugar, pero a 17 de agosto
de estrado, ancho de seis pies, cubierto de pieles de 1801, cuando se hace el inventario de las
de tigre, y en cuyo centro hay un sillón para la pertenencias de Juan Pablo Núñez, se consig­
señora Gobernadora y a cada lado seis tabure­ nan doce sillas de jacarandá, pie de cabra y
tes, tapizados, lo mismo que el sillón, de tercio­ asiento de vaqueta labrada, destinadas al estra­
pelo carmesí. Toda la decoración consiste en do. Estos asientos fueron apreciados en 96 pe­
tres malos y pequeños cuadros y algunos gran­ sos; es decir, a 8 pesos cada uno, por lo cual las
des planos, mitad pintados, mitad coloreados, doce sillas chicas para estrado que se declararon
todavía más malos en cuanto a la pintura. Los en la testamentaría de Juan Pablo Ferreyra
asientos para los hombres ocupan los otros dos Méndez, en la villa de Luján, el 20 de marzo de
lados de la sala, formados por sillas de madera 1802, debieron de ser de calidad inferior o ha­
con un respaldo muy elevado, semejantes a las llarse en peor estado de conservación, ya que,
de la época de Enrique IV, teniendo dos colum­ aun cuando eran de jacarandá y vaqueta, fue­
nas torneadas que sostienen un cuadro que ron tasadas en 48 pesos. En el mismo escrito
adorna el centro, el cual es tapizado en cuero se consigna la existencia de “doce varas y cuarto
estampado con bajos relieves lo mismo que el media saraza, de bastante uso, en el respaldo
asiento... La señora de la casa es la única que del estrado”.
toma asiento en el estrado, cuando no hay más En el inventario de bienes del difunto José
que hombres en su compañía, a menos que ella Peñalba, hecho en el Pasaje de los Arrecifes el 5
no invite a algunos, especialmente, a sentarse de octubre de 1782, figuran seis sillitas de paja
en los taburetes al lado de ella.” 34 para estrado, “maqueadas de azul”, y seis tabu­
Llaman la atención en la descripción de dom retes “de asiento de tabla que no tienen espal­
Pernety las pieles de tigre que cubren el estra­ dar... para estrado”. Y en el de Francisco Cas­
do, porque generalmente lo hacen alfombras y co (19.4.1792), en Capilla del Señor, aparecen
esteras de diversas calidades. diez sillas de estrado con asientos de paja, la
La afirmación del viajero francés es corrobo­ misma cantidad que había en la casa del finado
rada por la declaración del marqués de Sobre­ Isidro Fernández, de San Nicolás de los
monte acerca de sus bienes. El documento, fe­ Arroyos (22.9.1800). Documentación se­
chado en Montevideo el 5 de setiembre de mejante prueba el uso corriente del estrado en
1781, consigna entre ellos “quince pieles para los siguientes lugares: Arroyo Ramallo (1800),
estrado”, que se tasaron en 60 pesos. Puerto de las Conchas (1802), Alto de San Pe­
El uso del estrado no se limitó a Buenos Aires dro (1805), Partido del Pilar (1806), San Anto-
179

nio de Areco (1807), Paraje de la Pescadería tasar sus pertenencias, encontrándose que ha­
(1809) y Cañada de Giles (1810). bía dejado, entre otros muebles, “una docena
Hasta aquí hemos aportado pruebas de la de sillitas pequeñas de estrado, de la misma fá­
existencia del estrado en algunas regiones ar­ brica, con asientos de badana”; “una tarima de
gentinas; pero también las hay para el norte del madera de cedro de 2 varas de largo y su am bo
país, porque se lo documenta en Jujuy a fines correspondiente”, y “una alfombra de estrado
del siglo xvin. A la muerte del marqués Juan de buen uso, con cinco y media varas de largo v
José Campero, en el inventario de sus bienes dos y cuarta de ancho, de lana de una sola
practicado en 1785 por el doctor Francisco labor”.
Martínez de Hoz, se señalan “dos tarimas de La tarima del estrado era cubierta con alfom­
madera, para estrado, de dos varas de largo ya bras o esteras, conforme a las estaciones; xaija­
viejas; una mesa chica de estrado" (Hacienda de ban de tamaño, según las dimensiones de aqué­
Santa Rosa del Valle de Tojo), y un “espaldar lla, y procedían de distintos lugares. En la su­
de terciopelo carmesí usado que sirve en el es­ cesión de Francisca Sorartc (19.8.1784) se espe­
trado de cuatro y media varas, y una tarima de cifican “dos alfombras de estrado, en una pieza,
cuatro y media varas que sirve de estrado" (Ha­ con diez paños, de tripe, al parecer de Turquía,
cienda de San Francisco de Yavi). '’ con 37 varas y media” ($ 75); en la de Manuel
También al fallecer el contador ministro Alfonso de San Ginés se califica a una alfombra
principal de la Real Hacienda de la provincia de de turquesca, y estaba destinada a cubrir el estra­
Salta, Francisco Javier Carbajal, se procedió) a do (1785). De tamaño grande era “una alfom-

Camoncillo. Jacarandá y cuero labrado.


Estilo Don José. Patas de cabra, ¡filenos Aires, c. 1770.
Complejo Museográfico Enrique l'daondo.
Luján (provincia de Buenos Aires).
Mano de madera tallada y dorada.
Alln Perú. tercci iiiiuto del agio wiii.
Musco de .lr/r H ispanuamci n ano Isaai l eí náudi’Z Blanco.
Bill líos Alies.

('.aja <le nácm y piala. Perú, segunda rnitad del siglo XVIII.
Museo de Alte Hispanoamericano Isaac Pernández Planeo. Buenos Aires.
181

.Marco di' inadcia tallada 1 dorada.


Alio Perú. tercer < ion io del siolo \\III. .Musco
de Arte //is/ianoameiuano Isaai Pernández Illanco, lineaos Aires.

bra bordada de estrado”, propiedad de la suce­ utilizadas en los estrados, aunque nada parece
sión de José Antonio de Amigorena y Rodrí­ oponerse a creerlo.
guez, pues medía más de ocho varas de largo, y Sobre la tarima se colocaba siempre una rnesi-
dos y media de ancho; como también la que ta de madera de cedro, de nogal o de jacarandá,
consigna el testamento de juana María Narbo- de forma redonda o cuadrada, comúnmente
na, y que fue valuada en $ 90. De distintos con un cajón con cerradura. Las patas varia­
talleres americanos había ejemplares en las ca­ ban según los estilos de moda, siendo las más
sas de Buenos Aires, como una alfombra de es­ antiguas las torneadas, siguiéndoles las de pie
trado cumbe del Cuzco en casa de Francisca So­ de burro, de garra o de cabra. Como excep­
carte, donde también se usaba “una estera para ción se anota la mesa de estrado que perteneció
estrado, de paja de Chile”, ejemplar parecido al a María del Carmen Carrasco, pues era con da­
declarado en la testamentaría de Fernando Ca- mero (1807).
viedes (1783). En cuanto a los asientos que se colocaban en
No íaltaban, asimismo, los trabajos peruanos, la tarima alfombrada, diremos que se limitaban
que eran de muy buena calidad, como “la estera a sillas, taburetes y camoncillos. Las sillas eran
de palma fina, con labores, de las que vienen de de menor tamaño que las comunes, trabajadas
Lima para estrado” (1785). Y aunque no igno­ en madera de jacarandá, nogal, cedro, peteribí
ramos que en Buenos Aires existían alfombras y o sauce, y con asientos de vaqueta, paja, damas­
chuses de Córdoba, del Perú y de Inglaterra, co o terciopelo.
esteras de Cataluña y del Paraguay; no posee­ Cuando se revisan los inventarios de la época
mos la prueba documental de que hayan sido virreinal, llama la atención el número elevado
182

de estos muebles. En la casa de José Buchardo


(1779) había “doce sillas dejacarandá, veintisie­
te ídem doradas y veinticuatro ídem con asien­
tos de paja”; y en la de Jerónimo Matorras
(1789) se inventariaron “18 sillas dejacarandá,
con asientos de vaqueta labrada, 12 camoncillos
de estrado, de dicha madera, 6 taburetes portu­
gueses, 12 dichos de nogal, claveteados con pe­
rillas de bronce, seis taburetillos de espaldar de
madera del Paraguay, y seis chicos, más gran­
des, madera del Tucumán”.
Además de las sillas, en las casas coloniales
abundaban los taburetes, siendo los de caoba y
de jacarandá los más finos. En la dote que lle­
va al matrimonio la esposa de Manuel Alfonso
de San Ginés (1762), se anotan “24 taburetes de Mesita de cedro. Córdoba, segunda mitad del siglo xviti.
jacarandá, tallados de la última moda” ($ 720), Monasterio de Carmelitas Descalzas de San José. Córdoba.
y “doce taburetillos de estrado, de jacarandá,
bien curiosos, armados en clin” ($ 170). Los camoncillos, que son definidos por el Dic­
En la sucesión de Eufracio José Bouso se, cionario oficial como taburetillos de estrado, al
mencionan doce taburetes de caoba, “pie de ca­ igual que los otros asientos, variaron según los
bra, espaldar y pies dorados, sus asientos de estilos dominantes en las diversas épocas, y su
damasco de seda carmesí”; “media docena de evolución puede seguirse especialmente en las
camoncillos ordinarios, pies torneados..., sus modificaciones que sufrieron las líneas y termi­
asientos forrados en lienzo y sobrefundas de naciones de las patas, aunque muchas veces en
terciopelo carmesí con fleco de seda”; y otra las salas de recibo y en el estrado alternaran
“media docena de taburetes de vaqueta clave­ muebles de distintos períodos: sillas, taburetes y
teados con tachuelas amarillas” (1784). camoncillos torneados, de pie de cabra, de bu­
Más curiosos son los taburetes que se indican rro o de garra. Veamos algunos ejemplos to­
en la testamentaría de Ignacia Rodríguez de la mados de los viejos inventarios de Buenos Ai­
Higuera: “una docena de taburetes dejacaran­ res: “seis camoncillos de palo blanco, torneados,
dá de dos caras, para estrado” (1798); y los que con sus forros de damasco carmesí” (1764); “10
llevó como dote Juana María de Larrazábal y camoncillos de pie de cabra, 10 camoncillos tor­
Quintana, futura esposa de Rafael de Sobre neados” (1778); “6 camoncillos de sauce llanos
Monte: “doce taburetes de jacarandá, hechura con asiento de paja” (1782); “cuatro camoncillos
de pie de cabra, con asiento de damasco y suela, de pie de cabra con cubierta de piel doradas”
para usar el que convenga” (1781). (1801); “once camoncillos de vaqueta tornea­
183

dos” (1783); “12 camoncillos de nogal con forro tán, damasco y aun de papel pintado (estos últi­
de raso liso amarillo de seda” (1790); “una do­ mos eran los de inferior calidad). En algunos
cena de camoncillos de jacarandá, pie de garra” casos, el decorado se completaba con espejos
(1791), y “seis camoncillos de cedro, torneados, dorados y arañas de cristal.
teñidos de negro” (1801). Pero no solamente esta costumbre estaba ge­
En esos mismos inventarios se nombran otros neralizada entre los vecinos de posición acomo­
muebles que integraban el estrado, aunque su dada, sino que también era de uso corriente en
presencia es menos común, como las cajas de casas de familias de menor figuración. Al res­
estrado y las rinconeras: “una cajita de estrado pecto es interesante el testimonio del viajero in­
jaspeada” (1800); “una cajita de costura, de es­ glés John Miers, quien recorrió parte del país
trado, con cerradura” (1808); “una rinconera entre los años 1819-24, y nos describe la recep­
de estrado, pie de cabra, de vetas” (1807). ción que tuvo a su llegada a la posta de Achiras,
En cambio, es corriente en esos documentos en la jurisdicción de Río Cuarto:
virreinales la mención de cenefas de estrado, que “La dueña de casa, con sus tres hijas grandes,
en las amplias salas hacían juego con las que ocupa el amplio estrado cubierto de alfombras,
decoraban puertas y ventanas. Eran simples donde, con gran aparato, recibe a los pasajeros
varillas de madera (cedro, nogal o jacarandá), y no pierde oportunidad de distraerlos con el
que a veces se adornaban con motivos tallados, relato de sus importantes parentescos y detalles
y se doraban o se pintaban. de la gran ciudad de Córdoba. Ninguna de
En casa de Isabel Martínez (1778) había ocho ellas se moverá de su sitio (sobre el cual se sien­
cenefas de nogal, “las dos de estrado y las de­ tan con las piernas cruzadas) para ofrecer al
más de puertas y ventanas”; la misma cantidad viajero cualquier elemento que pueda nece­
que se declara en la testamentaría de Martín de sitar...” 311
Altolaguirre (1782), y que se tasan en 64 pesos. El mismo cronista documentó que en la posta
De jacarandá eran las cenefas de estrado in­ de Santa Bárbara, en uno de los extremos del
cluidas entre los bienes de Pascual Ibáñez rancho había “un bonito estrado, un amplio ban­
(1783), y de madera dorada las que aparecen en co elevado construido con adobes, sobre el cual
la sucesión de Tomás Insúa (1802), y en la de habían tendido una alfombra limpia, según la
Bernardina de la Cruz y Gago (1800) (“una ce­ moda morisca...” 37
nefa de estrado dorada y de penachos que toma Por desgracia, no ha llegado hasta nosotros
todo el estrado”). pintura o representación gráfica alguna que
Completa el arreglo del estrado un arrimo, nos ilustre cómo eran los estrados de antaño, y
respaldo, espaldar o friso, que así se llamaba a de ahí que debamos acudir a los testimonios
las colgaduras de tapicería, largas y angostas, escritos para intentar una reconstrucción. De
que se colocaban en las paredes, a manera de los textos citados anteriormente se desprende
frisos, para arrimar a ellas las espaldas. Abun­ que el estrado se ubicaba en un lugar preferen­
daban los respaldos de angaripola, zaraza, tafe­ te del salón de recibo, que estaba sobreelevado,
184

Sillón de jacarandá, y
pormenores correspondientes.
Estilo Don José. Patas de
cabra. Buenos Aires, c. 1770.
Museo de Arte
H ispanoamericano Isaac
Fernández Blanco,
(dudad de Buenos Aires.

y que era cercado con una barandilla o con una


especie de biombo, llamado rodastrado. Bajo
dosel se colocaba un Cristo o alguna pintura de
tema preferentemente religioso, rodeándose el
muro con el arrimo o espaldar, que muchas ve­
ces era de damasco carmesí o amarillo, y excep­
cionalmente de guadamecí.
No siempre se pusieron muebles sobre la tari­
ma. En algunos casos, sólo se distribuían los
cojines, que podían ser de terciopelo o de gua­
damecí. En otros, la presencia de sillas, tabu­
retes y camoncillos determinaba la utilización
de mesas y algún otro mueble de adorno.
Que la costumbre tradicional no se abandonó
durante el siglo xix se prueba por la importación
de sillas de estrado. En 1800, el marqués de
Avilés autorizó al señor Mateo Magariños a
traer de Río de Janeiro una docena y media de
186

sillas grandes, e idéntica cantidad de sillas de


estrado. '" Dos décadas más tarde, el bergantín
americano Hannah Rebeca, que zarpó de Filadei-
fia el 4 de agosto de 1821, condujo a Buenos
Aires “37 docenas de sillas de estrado”; en tanto
que el Venus, procedente de Baltimore y con
carga varia —en particular, muebles—, llegó el
28 de enero de 1822 trayendo 78 docenas de
sillas de estrado, además de 34 cajas con mue­
bles y 4 docenas de banquillos para niñas. To­
davía en 1825 hallamos en La Gaceta Mercantil
un aviso publicado por la firma G. P. Ford y
Cía., que ofrece al público porteño diversos ar­
tículos de importación; entre ellos, sillas de es­
trado.

LOS MUEBLES DE BUENOS AIRES


EN EL SIGLO XVIII
Cama. Jacarandá tallado. Estilo Don ¡osé. Patas de cabra, La circunstancia de haber quebrado, hizo que
liucnos Aires, mediados del siglo xviit. Complejo M useográfico
Enrique L’daondo. Lujan (provincia de Hílenos Aires).
se inventariaran los bienes de Miguel de Riglos,
poderoso comerciante y general de la Caballe­
ría del Presidio de Buenos Aires. Por esta ra­
zón poseemos una descripción de su casa habi­
tación, la más importante de la ciudad en ese
entonces y aun después, cuando fue comprada
por la Compañía Inglesa concesionaria del trá­
fico de esclavos.
En 1715, la casa de Riglos, edificada en un
solar entero de 75 varas cuadradas, estaba com­
puesta de treinta y nueve cuartos, con techos
labrados de cedro; cincuenta y una puertas, en­
tre grandes y pequeñas; doce escaleras, con sus
barandillas de balaustres torneados; siete venta­
nas con rejas de hierro, dos alacenas grandes
Cama. Jacarandá tallado. Estilo de transición entre el Don
Juan V y el Don José. Huertos Aires, mediados del siglo XVIII. con puertas torneadas, dos armazones de tien­
Museo Histórico Nacional. Buenos Aires. das, un sótano de dos cuartos, etcétera.
187

Silla . Jacarandá
Silla. Jacarandá tallado. Asiento y
tallado. Asiento respaldo tapizado de
tapizado de seda. Estilo seda. Estilo Don José.
Don José. Patas de Patas de cabra.
cabra. Buenos Aires, Buenos Aires, c. 1780.
c. 1710. Museo de Arte Museo de Arte
Hispanoamérica no H ispanoamericano
Isaac Fernández Isaac Fernández
Blanco. Buenos Aires. Blanco. Buenos Aires.

Si la importancia de la residencia asombra a ras de ancho por tres de altura, con un San
los que piensan en un Buenos Aires colonial Miguel y al pie todos los diablos”. Otro del
excesivamente pobre, más aún maravilla la can­ mismo tamaño con la efigie de Nuestra Señora
tidad y calidad de los excelentes muebles e im­ de la Merced y los Santos de la Orden, y otros
portantes obras de arte que atesoraba la man­ dos, uno de ellos con la conversión del Rey de los
sión. japoneses por la Compañía de Jesús. Añádase a
Por la descripción conocida, pareciera que el ellos una pintura de la Virgen en su misterio de
mueble más significativo de la casa era la cama, la Asunción, otra del Descendimiento de la
porque el inventario la describe así: “Una cuja Cruz, y una de la Ascensión de Cristo, etcé­
torneada a lo salomónico, de madera de grana- tera.’9
dillo, con más su colgadura de damasco carme­ En 1730, entre los expolios del obispo Pedro
sí, guarnecida con pasamano de oro, alamares y Fajardo se declararon una cantidad apreciable
flecos de oro, que se compone de cielo con dos de muebles de distinta calidad y procedencia, y
cenefas, una dentro y otra fuera, seis cor­ así se hallaron tres mesas pequeñas, cuatro
tinas...” grandes y una redonda torneada; “dos mesas
En el resto de la casa se distribuían muebles de cedro de vara de ancho y dos varas de largo
muy variados, entre los cuales había sillas de con sus pies torneados”; un escritorio viejo de
nogal con clavazón de bronce, mesas y escrito­ palo de rosa con embutidos de marfil; un escri­
rios de jacarandá, y en la gran sala, con su buen torio de jacarandá embutido de marfil, algo mal­
estrado, dos sitiales forrados de tafetán dorado tratado; un atril de palo amarillo, con embutido
carmesí, con su guarnición de oro y sus cortinas de concha nácar; una cuja vieja y sus cortinas de
asimismo de tafetán carmesí, y en cada uno de damasco carmesí, con cielo y rodapiés, además
ellos un crucifijo de marfil encarnado, de vara de una colcha de damasco chino carmesí.
de alto. Había también un biombo de estrado Es notable la gran cantidad de sillas que se
con balaustres de jacarandá, con sus perillas de anotan: una de terciopelo, y más de veinte “con
bronce, y ocho bastidores, pintados de montería sus asientos y espaldares de lienzo de algodón
y batallas. bordado de hilo de lana”; y la presencia de unos
Muy importante era la colección de pinturas, muebles misioneros: “una caja de cedro hechu­
entre las que sobresalían las de temas religiosos, ra de las misiones con sus balaustres torneados,
aunque no escaseaban las de otros motivos, co­ un escritorio hecho en las misiones con diez ga­
mo una serie de cuadros con los emperadores vetas, y otro dicho, a modo de caja, también
romanos, austríacos y otomanos; otro con la fá­ fábrica de las misiones, con doce gavetas y en
bula del Espín de Calidonia, y aun con el duque una de ellas las bulas pontificias de dicho Ilus-
de Florencia. Tampoco faltaba un retrato del trísimo y Reverendísimo Señor Obispo”.4"
rey Felipe V, y varios con asuntos del Viejo Tes­ Diez años más tarde hallamos un documento
tamento. No podía faltar una imagen pintada que también nos indica cuáles eran los muebles
del Santo Patrono: “Un cuadro de cuatro va­ que se usaban entre las personas de alta posi-
188

ción social. Trátase de la carta dotal de María


Teresa Robles con motivo de su casamiento con
Juan de Narbona (28 de julio de 1740).
Primeramente se declaran dos docenas de si­
llas de brazos, una docena de ellas con tachuelas
doradas ($ 216); cinco cajas grandes ($ 130);
dos cajuelas de costura ($ 20); dos baúles tachona­
dos ($ 30); dos escaparates ingleses ($ 100); dos
escritorios embutidos ($ 40); tres escribanías
pequeñas ($ 15); un espejo ($ 15); nueve mesas
grandes v pequeñas ($ 90); una cuja inglesa con
cortinas de damasco musgo, con rodapiés y col­
cha ($ 108); otra cuja de jacarandá, con su pa­
bellón azul y rodapiés ($ 80); otra cuja ordina­
ria con sus cortinas ($ 25); cuatro alfombras,
dos de iglesia y dos de estrado ($ 82); una doce­
na de cojines de calamaco ($ 48); un nicho de
Nuestra Señora del Pilar ($ 20); otro con dife­
rentes advocaciones del Nacimiento ($ 140);
otros dos nichos, uno con San Juan y el otro con
la Dolorosa ($ 20); dos arrimos de estrado, de a
seis varas ($ 18); dos biombos: uno pintado, y el
Armario. Aladera con incrustaciones de nácar. Paraguay,
otro de damasquillo ($ 40); un brasero de bron­ segunda mitad del siglo XV///. Procede de Corrientes. Ex
ce ($ 12); dos tarimas de estrado ($ 30); cuatro Colección Antonio Muniz Barreta. Buenos Aires.
esteras: una de Lima, y las otras del Paraguay
($ 85); una colgadura de Bretaña ($ 16), y las clavos dorados ($ 72), dos taburetes ingleses
antipuestas de la sala y aposento, y argollas de las ($ 12), dos baúles ($ 22), un espejo pequeño y
ventanas ($ 60)." cuatro cornucopias doradas ($ 48 y un real).'2
Y aun cuando trascurran los años, el elenco Muebles más importantes se encontraban en
de los muebles no se modifica, como se ve en la las iglesias de la ciudad, como en la de los Jesuí­
lista de bienes del tesorero de la Real Hacienda, tas, donde, a la expulsión, se hallaron tres sillas
Francisco de la Torre e Ibarra. Figuran en de brazos, de madera, forradas de terciopelo,
primer lugar una cama colgada de damasco claveteadas con clavos de plata y remates de talla
($ 85); una mesa redonda grande ($ 8); tres dorada, con tres almohadones de terciopelo
más del mismo tipo, pero de menor tamaño carmesí, que fueron valuadas en 350 pesos.
($ 24); dos sillas poltronas ($ 25), cuatro sillas También se tasó una papelera de dos cuerpos,
de brazos ($ 12), una docena de taburetes con inglesa, acharolada, en 185 pesos.
189

Por esos mismos años, el Obispo diocesano larmente significativa. Cuando gobernaba
encargó al canónigo Juan Baltasar Maciel levan­ don José de Andonaegui, desde la Colonia, bien
tar una información sobre la suma que debía defendida militarmente, el contrabando ad­
necesitar un prebendado para su digno susten­ quiere dimensiones inusitadas, amparándose
to. El Canónigo consultó a nueve testigos en­ en las franquicias que para importar muebles a
tre los vecinos distinguidos, todos los cuales Buenos Aires autorizara el Gobernador, de
coincidieron en que las personas de figuración acuerdo con el marqués de Valdelirios.
usaban los muebles de jacarandá, o cuando me­ A fines de 1799, el bergantín Brillante trajo
nos de nogal. Para una casa, entendían, se ne­ del Brasil varias sillas, un canapé, una cómoda
cesitaban dos docenas de sillas, que, siendo de de jacarandá y un catre de la misma madera; y
jacarandá, valían en 1769, año de la encuesta, en mayo de 1800, el virrey Avilés concedió au­
$ 25 cada una, y de nogal, $ 12. torización al doctor Mateo Magariños para que
Eran necesarias cuatro mesas, que de nogal pudiera adquirir en Río de Janeiro 18 sillas
costaban $ 25 cada una, y de jacarandá, el do­ grandes de sala, 18 sillas de estrado, tres catres,
ble. Además, debía calcularse una suma relati­ un canapé y diez espejos grandes, destinados a
vamente importante para los cortinajes de las amueblar una nueva casa.1'
puertas y ventanas, como asimismo para la cuja Otras piezas eran oriundas de Inglaterra, co­
y su respectiva colgadura, que “siendo de da­ mo se ha visto precedentemente a través de nu­
masco, como se usa en esta ciudad, o de algún merosos ejemplos; pero ya desde fines del siglo
género de seda, costará de $ 200 a $ 400”/’ xvm comienzan a importarse muebles desde los
El valor de los muebles se mantuvo estable Estados Unidos, como ha probado el doctor
durante mucho tiempo, porque tenemos a la Mariluz Urquijo. A principios de 1800 se reci­
vista una rendición de cuentas de la catedral de bieron de Filadelfia 108 sillas llanas, 17 sillas de
Buenos Aires, del año 1795, donde leemos que brazos y 9 canapés. Estos venían consignados
por ocho sillas de nogal, con los asientos forra­ a Francisco del Sar, en tanto que Manuel de
dos de raso verde, se pagaron $ 80 (más o me­ Almagro recibió cuatro docenas de sillas de ma­
nos, el valor de las de 1769). dera y cuatro canapés.
No todos estos muebles eran trabajados en el Por setiembre del mismo año ancló en la en­
lugar, pues por testimonios de la época y docu­ senada de Barragán la fragata Gladiator, con 14
mentos que se han conservado, nos consta que cajones que procedían de Boston, y dos meses
algunos procedían de distintos lugares. Conco- después la fragata Angela Ana, procedente de
lorcorvo cuenta que las casas de Buenos Aires Nueva York, desembarcaba 20 docenas de sillas
estaban bien edificadas, “con buenos muebles, y dos canapés.
que hacen traer de la rica madera del Janeiro, A Montevideo arribaron 50 sillas en abril de
por la Colonia del Sacramento”." 1800, y más tarde, en la fragata Superior, varios
Este dato está confirmado por otro que es muebles para Francisco del Sar. El bergantín
indicativo de una corriente comercial particu­ La Rosa trajo 16 cajones que contenían mesas de
190

arrimo, mesitas de costura, cómodas, taburetes pias, baúles, etcétera. Desde 1783, por lo me­
con asiento de cerda, cenefas doradas de made­ nos, y hasta 1806, hay testimonios de cómodas,
ra de pino, y otros muebles; una clave fortepiano, entre las cuales se destacan algunas, como una
una litera, un coche...'16 de nogal con interior de pino, que en 1790 se
Más extraña es la noticia del arribo de mue­ valuó en $ 35, y otra, forrada en nogal, que en
bles procedentes de colonias africanas: tal el ca­ 1795 se estimó en $ 30.
so de lo remitido en la misma época a Francisco Había también en Buenos Aires cujas y catres
Antonio de Beláustegui desde la isla Mauricio, catalanes, todos de madera policromada, de los
posesión francesa. Beláustegui recibió en esa cuales la descripción más detallada corresponde
ocasión varias mesitas, cómodas y armarios con a un mueble de la sucesión de don Manuel
embutidos, casi simultáneamente con dos Huarriz (1784): una cuja camera catalana, la tabla
arañas de cristal que estaban consignadas a Ca­ de la cabecera dorada, como también los filetes y lo
simiro Francisco de Necochea. demás pintado de azul; pues de los otros sólo se
No es muy amplia la información con respec­ indica que eran catres chicos dorados (1790), catre
to a la introducción de muebles españoles, que catalán verde (1809) o catre catalán de tijera
probablemente se realizó durante toda la domi­ (1796).
nación hispánica, pues es de creer que los fun­ Merecen especial atención una camasilla de
cionarios designados por la Corona para ocu­ Barcelona, maltratada, con su cajón (1797), que,
par los altos cargos en la administración colo­ por su precio ($ 25), no podía ser un mueble
nial, trajeran consigo su moblaje; pero también muy fino; y las cinco cornucopias doradas de la
es lógico pensar que una vez cumplidas sus fun­ sucesión de Juan Ferreyra (1802).
ciones aquí, retornarían a la Península o ascen­ Muebles de poca importancia se recibieron
derían a cargos más elevados en otros puntos de Holanda a fines del Virreinato en especial.
del inmenso Imperio, y llevarían todas sus per­ Encontramos en 1770 una mesita holandesa re­
tenencias. Poco es lo que resta y que sea carac­ donda (su valor, $4 y 4 reales); en 1788-98,
terístico del mobiliario español, que, por otra sillas de enea; y en el inventario incluido en la
parte, durante el siglo xvm no se distinguió por testamentaría de Domingo Lynch (15.12.1788),
un espíritu creativo ni por su elevada calidad. tres docenas de sillas con asientos de paja, a la hechu­
Alguna noticia hallamos en los viejos inventa­ ra como las que vienen de Holanda, que fueron
rios, como en uno de 1794, que indica la exis­ tasadas en $ 3 cada una.
tencia de nueve sillas de nogal de España, y en otro Entre los años 1777 y 1808, que es el período
del año 1800, que especifica las particularida­ que se ha estudiado más detenidamente, halla­
des de cuatro sillas pertenecientes a la testa­ mos en la Metrópoli una relativa abundancia de
mentaría de María Magdalena Márquez: de no­ cajas de La Habana, que eran de madera de ce­
gal, pie de burro, sevillanas. dro, tenían cerradura y servían para guardar
Hay más datos sobre muebles de Cataluña: ropa. Sus medidas variaban entre una vara y
cómodas, camas, mesas, papeleras, cornuco­ una vara y media de longitud, como la que se
191

En 1790 advertimos en un juicio sucesorio dos


cujas de palo a vetas del Paraguay, lasadas en
$ 140, y en otro del mismo año, doce sillas de palo
a vetas del Paraguay ($ 108).
También se hacían taburetillos, cómodas (dos
cómodas chicas del Paraguay, año 1803), cajas y
escritorios, siendo estos dos últimos muebles los
que más abundaban. Encontramos citadas las
referidas cajas paraguayas en inventarios de
1778, 1779, 1785 y 1790: eran fabricadas con
madera de cedro o de nogal, y generalmente
tenían cerraduras.
En 1779, una caja de cedro hechura del Para­
guay, de una y media vara de largo y media de alto y
dos tercios de ancho, con cerradura y llave, estaba
justipreciada en $ 6; valor inferior al de otra,
muy parecida, también hechura del Paraguay,
que figura entre los bienes de Francisco Merino
Sillón. Jacarandá tallado. Asiento y respaldo tapizado de (1790).
seda. Estilo Don José. Patas de burro.
Hítenos Aires, c. 1770. Museo de Arte De los escritorios poseemos información des­
Hispanoamericano Isaac Fernández Illanco. Hítenos Aires. de 1762 hasta 1803, de lo que deducimos que
eran muebles de tamaño regular, pues los había
describe en un inventario de 1790: otra caja de grandes (vara y media) y pequeños (una tercia);
vara y cuarta de largo, de cedro, al parecer hechura trabajados en cedro o en palo de vetas; tenían
de La Habana ($ 10). gavetas y a veces cajoncitos, y los más finos lu­
Las buenas maderas y una activa artesanía cían incrustaciones de nácar. Uno de 1762 po­
favorecieron la exportación de muebles para­ seía seis gavetas, y otro de 1785, nueve, igual
guayos, que, si bien no tuvieron el alto nivel de número que tenía un escritorio del Paraguay ($ 5),
lo lusobrasileño, no por ello fueron excluidos de la testamentaría de Garlos de Sandoval.
de las mansiones de Buenos Aires; antes bien, Veamos otros ejemplos, pues es interesante
fueron apreciados y relativamente cotizados. advertir las diferencias. En un documento de
En 1762, cuando la mujer de Alfonso de San 1784 aparece una cajita con su cajoncito, nueva, a
Ginés iba a casarse, entre las piezas que compo­ especie de escritorio, obrada en el Paraguay, de dos
nían su ajuar llevó una cama que se compone de tercias de largo y uno de alto ($ 4). En otro de la
tres bancos de madera fuerte del Paraguay, y tallas de misma fecha, un escritorio hechura del Paraguay,
cedro, para cama Imperial, con sus herrajes y varillas con ocho gavetas, dibujado todo con labores de la
de fierro, lienzo crudo y tachuela. misma madera, cerradura y llave ($ 8). Un texto
192

Papelera de dos
cuerpos, y pormenores
correspondientes.
Madera con embutidos
de nácar. Paraguay,
segunda mitad del
siglo xvtll. Museo
Histórico Nacional.
Huenos Aires.
193

del año 1786 valora en $6 un escritorio de una Paraguay o no. En los expolios del obispo
tercia, con tres cajones embutidos, del Paraguay, con Fajardo (1730) se habla de dos. ambos embutidos
cerradura y llave corriente; trabajo similar al que en marfil: uno de palo de rosa, y otro de jacaran­
se declaró en la sucesión de Miguel Caviedes dá. En la carta dotal de María Teresa Robles
(1789); un escritorio con 12 cajones embutidos en (1740) aparecen dos escritorios embutidos
concha, de madera del Paraguay, de más de una vara ($ 40). En la sucesión de Rosa Álvarez (1778)
y media, siete octavas de largo y cinco octavas de alto, se declara un escritorio mediano enconchado
sus tiradores de plata, antiguo y descompuesto ($ 6). ($6). En 1778, entre los bienes de Juan de
Hay algunos ejemplares que no están bien Olivera y su esposa se menciona un escritorio co­
descritos; pero el valor que se les asigna, nos mo de tres cuartas con seis gavetas enconchadas; y en
hace pensar que debían de ser piezas de buena otro papel de 1780 aparece un escritorio embutido
ebanistería. Por ejemplo, un escritorio nuevo de con concha, con su llave.
palo de vetas del Paraguay (1794) es tasado en Como se ve, la lista de ejemplos es larga, y no
$ 18, y otro escritorio de cajoncitos del Paraguay, añade nada de interés, excepto en algún otro
embutido, $ 16. documento más detallado, donde hay porme­
Muchos escritorios más revela la documenta­ nores que justifican su trascripción. De 1785
ción del siglo xvin, sin precisar si provenían del es uno relativo a un escritorio que tenía tres
194

en 1779, que era redonda y de madera de ce­


dro, igual que otra del año 1783, pero que tenía
una gaveta, u otra de 1785, que llevaba dos
cajones. También se mencionan mesas de tije­
ra, hechas de pino o de jacarandá; y aun unas
que servían para colocar las luces: en 1786, una
mesita de nogal para las luces, con su caja ($ 12); y
en 1811, otra, redonda y con los pies torneados.
Vale la pena detenerse un poco en las mesas
de comedor, y hacer alguna reflexión. Sólo a
fines del siglo xvm hallamos mencionados estos
muebles. En 1796 se hace referencia a tres me­
sas de cedro con ala cada una, para el comedor, usa­
Me .a de /(itaiandá. Estilo Don José. Patas de burro. Buenos
Ai>e\. segunda mitad del siglo XVIII. Museo de Arte das ($ 36), y en 1797, lo mismo al escribirse que
ííisj/anoameruano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires. había una mesa para comer en el comedor, de 2 '/2
varas de largo y 1 V2 de ancho, sobre banquillos
cuartas de largo, media vara de ancho, con seis gave­ ($ 7).
tas, con embutidos, su cerradura y llave ($ 6); otro Los demás ejemplos corresponden ya al siglo
de 1789 valúa un escritorio de medio cuerpo, hechu­ xix, y se escalonan entre los años 1801 y 1808,
ra del Paraguay, en $ 20; y uno más, del año haciéndose notar la existencia de bancos para
1793, fechado en el partido de Areco, consigna comer, y no de sillas, que tanto abundaban.
un escritorio de cedro, de tres cuartas de largo, poco Así, en 1801 encontramos una mesa de cedro en el
menos de media vara de ancho y media vara de alto, comedor ($ 25) y dos bancos con sus espaldares para
con cinco cajones pequeños, embutidos en nácar, y sentarse a comer en dicha mesa ($ 24); en 1802,
floreaditos dos frentes de todos, avaluado en 25 pesos. una mesa redonda, de alas, que sirve para comer, de
Una última cita, por cierto no común: un escrito­ cedro, con los pies torneados, con su cajón, de cedro,
rio usado, de ébano, con su mesa, obra dicha que sirve de tres cuartas de largo; en 1805, una mesa grande
para comer (1794). de cedro con bancos para comer, y en 1807, una
Las mesas más corrientes eran de jacarandá, mesa en el comedor, de madera de cedro, con un
nogal o caoba; pero no son muebles que en la banco para sentarse.
actualidad abunden. Las había de un solo pie: Como se ha observado, ninguno de estos
una mesa redonda, de un pie, de jacarandá (1779); muebles era obra de ebanistería, sino más bien
una mesa redonda chica, madera de jacarandá, sobre de carpintería, presentando características to­
un pie a la inglesa (1785); y también para ser talmente distintas los tres ejemplos que a conti­
colocadas en los ángulos de las habitaciones: tres nuación se citan. En 1784 hallamos una mesa
mesitas rinconeras a $ 4 cada una (1804). Otras de caoba, pie de cabra, 'filetes y pies dorados, con dos
tenían las patas torneadas, como una descrita gavetas ($ 35); modelo que no hemos visto en
195

nuestros museos o colecciones privadas. En la na calidad, cuyas características pueden sinteti­


sucesión de Catalina de Herrera (1799) figura zarse brevemente.
una mesita de jacarandá embutida en marfil, y en Las mesas se construían en caoba o en jaca­
1809 se menciona una mesita figura de estrella randá, y podían ser redondas o cuadradas, con
redonda recortada. alas o sin ellas, hechura de libro, y a veces f orradas
No faltan en las casas coloniales mesas con en paño verde. En 1797 se anota una mesita de
tapas plegadizas que, por otra parte, podemos revesino, de pie de cabra, de jacarandá, con tabla de
ver en algunos museos de Buenos Aires. Los doblar, de cinco pies de largo, con un tablero para
documentos antiguos nos hablan de tres mesas jugar a las damas..., el cajón con su cerradura \
redondas con ladillos de doblar, como de una vara y chapa de bronce.
cuarta de lado (1778); una mesa redonda de cinco No es necesario acudir a las fuentes doc u­
cuartas, de tres hojas de doblar, con su cerradura y los mentales para comprobar que las mesas de an i­
pies torneados, con dos cajones de cedro (1797), y mo fueron de los muebles más construidos en el
una mesa ochavada, de cinco cuartas de largo, con un Río de la Plata, y que en el siglo x\ m gozaron del
cajón, de cedro. favor de los porteños adinerados. No obstante
En las mansiones porteñas, uno de los pasa­ haberse conservado un sinnúmero de estas pie­
tiempos preferidos era el juego, contándose en­ zas, vale la pena repasar los inventa) ios de la
tre los más difundidos el chaquete, el de damas época, para confirmar los juicios hechos acerca
y el revesino. Para ellos los ebanistas habían de ellas.
diseñado mesas especiales, algunas de muy bue- Las mesas de arrimo se ejecutaban en made­
ras corrientes en la Colonia: jacarandá, nogal,
cedro, madera de vetas, etcétera, variando su
precio, conforme a la madera y la ejecución,
entre los $ 8 y los $ 80. Las más caras que co­
nocemos, fueron justipreciadas en 1777 en
$ 160, pues eran dos; y otras dos, que eran de
jacarandá y de calidad superior, sólo alcanzaron
la suma de $ 120 en 1803, aunque debemos
conceder que era un valor excepcionalmente al­
to. En 1778 se anota una con dos cajones y forma
de otros dos, con pie [Link] labrado; y en 1779 se
declaran en el mismo documento un par de me­
sas de arrimo: una hecha de jacarandá ($ 50), y
otra de nogal ($ 30).
Estos muebles, por lo que se lee, parecen co­
Mrsa de jacarandá. Estilo Don José. Patas de cabra, liuenos rresponder a los lincamientos del estilo lusobra-
Aires, c. 1780. Museo Histórico Nacional, liuenos Aires. sileño; no así otras mesas descritas en 1807,
196

neoclásicas e influidas por otras corrientes eu­


ropeas: una mesa dorada de arrimo, con la piedra de
estuco imitando jaspe ($ 60), y cuatro mesas de arri­
mo con su cajón cada una, embarnizadas, de madera
de cedro, en blanco con filetes dorados, con sus cerra­
duras, con bocallaves y tiradores de metal amarillo
($ 52).
Entre los muebles más representativos de las
casas porteñas están las papeleras, que las hubo
de distinto tipo y fabricadas con diversas made­
ras, que prueban su procedencia. A las made­
ras tradicionales ya citadas, se añaden la raíz de
olivo, el roble, el palo blanco, el pino y la cane­
la. Algunas hay con enconchados y marque-
Mesa de arrimo. Jacarandá tallado. Estilo Don José. Patas
teados, en tanto que otras reciben una policro­
de cabra. Buenos Aires, c. 1770. Museo de Arte mía al estilo oriental. Distinguiremos entre
Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires. ellas las de pequeño formato —en la época de­
nominadas papeleritas, y también, papeleras de so­
bremesa—, las papeleras simples, y las de dos
cuerpos.
Las papeleritas servían para escribir, y tenían
sus gavetas y cajones correspondientes, varian­
do su precio, según su calidad y su estado de
conservación, entre $ 1 y $ 80. Esta diferencia
tan marcada nos indica las variantes posibles de
este pequeño mueble, tan común en el Río de la
Plata.
En 1783 hallamos tres papeleritas chicas de ce­
dro, la una enconchada, todas viejas ($ 12); en
1786, una papelera chica de dos cuerpos, de sobre­
mesa, que por su precio debía de tratarse de una
obra excepcional ($ 80); en 1801, una papelera
de sobremesa, de jacarandá, con sus cajones y gavetas
correspondientes; y junto con ésta, otra de sobreme­
sa, de jacarandá ($ 40); y en 1801, una papelenta
Mesa de arrimo. Madera tallada. Alto Perú, segunda mitad
del siglo xviu. Complejo Museográfico Enrique Udaondo. de nogal, de buen uso, con sus herrajes ($ 50).
Lujan (provincia de Buenos Aires). Las papeleras de dos cuerpos son, por su-
197

Papelerita. ]acara nrlá


tallado. Estilo Don
/osé. Buenos Aires,
c. 1775. Museo de Arte
11 i.s/ia noamericano
Isaac Fernández
Blanco. Buenos Aires.

puesto, muebles de mayor tamaño, menos Si en la lista anterior aparecen papeleras de


abundantes y de ebanistería más elabora­ muy buena factura, es en la que a continuación
da. Una acharolada, de fabricación inglesa, de se enuncia, donde figuran los ejemplares selec­
dos cuerpos, se tasa en 1767 en $ 165; otra, por tos. En 1777 hallamos dos papeleras de jaca­
estar maltratada, en 1782 es valuada en $60, randá, que valían $ 120 cada una; en 1781. en
advirtiéndose que era de dos cuerpos y con cris­ la dote de María Juana de Larrazábal y Quinta­
tales; y una de jacarandá, con cinco gavetas, con na, futura mujer de Rafael de Sobre Monte, se
cerradura y llave, tiradores y chapas amarillas, y en el consignan dos que debían de ser piezas únicas
segundo cuerpo, doce gavetas, fue justipreciada en por su precio ($ 500): dos papeleras grandes de
$ 100. jacarandá, con sus cajones correspondientes, llaves y
Más valiosa fue la papelera de jacarandá tallada, tiradores; y entre los bienes de Francisca Sorarte,
mencionada en un documento del año 1785 y en 1784, aparecen dos papeleras iguales de jaca­
relativo al señor Manuel Alfonso de San Ginés. randá ($ 450), y otra dicha de lo mismo ($ 95).
Esta era de dos cuerpos, con dos espejos, de vara y Atención aparte merecen una de jacarandá...
cuarta de alto cada uno de ellos, con cuatro gavetones con herrajes dorado fino, con 5 cajones, que en 1784
grandes y otros diferentes pequeños adentro, con tira­ se valoró en $ 150; y otra que al año siguiente se
dores y escudos de bronce dorados a fuego con oro fino caracterizó como un mueble a la inglesa, con dos
($ 350). gavetas grandes y dos pequeñas, y otras varias interio­
En un escrito de 1786 descubrimos una pape­ res, y así las primeras como dicha papelera con sus
lera de nogal, con cinco gavetas, y en su segun­ correspondientes llaves.
do cuerpo, cinco chicas; y en otro en 1794, una El número de cajones interiores era a veces
papelera de dos cuerpos con un nicho en medio, muy elevado, como en uno de estos muebles,
donde está colocado un Niño Dios. que tenía doce del lado de adentro, y cinco del lado
A veces, la papelera se combina con la cómo­ de afuera (1788), o en el que se describe en 1789,
da, como una que se declara en 1805, cuando cuando se dice: una papelera de jacarandá, con tres
escriben que había una papelera cómoda de dos cajones grandes y dos pequeños, con cerradura y cha­
cuerpos, con espejos ($ 35), lo que no es novedad pa de metal amarillo, su escritorio adentro, con doce
para la época, por cuanto en 1781 ya se había cajoncitos y una cuarta de alto ($ 80).
anotado una cómoda o papelera de nogal, de cinco Por desgracia, la información que nos sumi­
cuartas de alto y cuatro de largo, con cuatro gavetas nistra la documentación relativa a la sucesión de
grandes, comente y bien tratada ($ 60). Importa Jerónimo Matorras es muy parca en detalles,
señalar que en este mismo texto se mencionan porque nos hubiera gustado saber cómo eran
dos papeleras más, ambas de cedro: una de ocho muchas de las piezas que integraban el mobilia­
cuartas de largo, cuatro de ancho y alto, con dos rio de su casa, que alhajó —suponemos— de
gavetas y sus cerraduras de buen uso, torneados los acuerdo con su mujer, doña Manuela de Larra­
pies ($ 16), y otra con pies de cabra, de cinco cuartos zábal. Los muebles inventariados tienen pre­
de largo y tres de ancho ($6). cios muy altos, que debían de estar en relación
198

con el refinamiento de ellos. Las dos papeleras Rica es también la información acerca de las
de jacarandá, de medio cuerpo, con tiradores y chapas cómodas, que se hicieron de jacarandá, nogal,
de metal doradas, tuvieron de costo $ 500; canti­ caoba, cedro, madera de vetas y aun de vinháti-
dad que sólo alcanzó el par que llevó de dote la co, una especie brasileña. Todas tenían cajo­
esposa del marqués de Sobre Monte. nes, que variaban en número, según el diseño:
Precios inferiores tienen otras papeleras, que tres grandes y dos chicos, cuatro, cinco, y aun
por alguna particularidad las citamos: en 1799 hay un ejemplar con cinco gavetas y tres cajon-
figura una con unos embutidos de distintas maderas, citos encima; ésta, de nogal y embutida (1807).
y en 1800, otras dos, que tenían nichos: una se La mayor parte de estos muebles fueron eje­
tasó en $ 150, y otra, en $ 35. cutados aquí, no obstante indicarse en un caso
que su principal costo en Cádiz fue de $ 70 (1790);
y en otro, que la madera con la cual estaba he­
cha era biñatreo, madera del Brasil, lo que prueba
su importación, porque es el único ejemplo que
conocemos del uso de esta madera en Buenos
Aires, cuyo nombre correcto es vinhático.
La madera brasileña más usada era el jaca­
randá, con la que se fabricaban los muebles más
finos. El año 1798 figura una tasada en $ 110,
que era de cuerpo entero.
Encontramos, asimismo, cómodas de caoba
embutida (1805), de pino enchapada en nogal
(1806), de nogal embutida (1807) y una de cedro
con tres cajones y escribanía (1807). Aparece una
con sus gavetas y un estante para encima; otra con
su castillejo de 3 V2 de ancho con su mesita sobre que
está sentada, todo de cedro (1804); y por último,
una dicha de dos cuerpos sin cristales (1809).
De menor categoría eran las rinconeras y los
estantes, ya que para su fabricación no se usa­
ban las maderas finas, como el jacarandá o la
caoba: en la mayoría de los casos se empleaban
el cedro y el nogal, y aun el pino en los más
ordinarios.
Las rinconeras podían carecer de puertas;
Detalle de una papelera de jacarandá. Estilo Don José.
Buenos Aires, c. 1770. Ex Colección Antonio Muniz pero casi siempre las tenían, siendo éstas de ce­
Barreto. Colección Carlos Pedro Blaquier. losía o de enrejado de alambre. En 1786 encon-
199

Papelera. Jacarandá
/aliado. E\/Uo Don
José. Huellos Aires,
c. 1770. Museo de Arle
/ lispanoamericano
Isaac Fernández
lila neo. 11 nenas Aires.

iranios citada una ovalada, de dos varas de alto, tingue bien entre ropero y guardarropa; mue­
hechura fina ($ 25); en 1789, otra de medio punto bles demasiado parecidos en las sucintas rela­
v de muy buena calidad, porque se valuó en ciones que nos han llegado, pues ni el tamaño ni
$ 55; v en 1791 anotamos dos: una rinconera de el precio sirven de ayuda. Anotamos algunos
dos cuerpos, usada y maltratada ($ 16), y otra de ejemplos de roperos, que van de 1787 a
nogal, con remate de talla y mesa delante 1810. El primero corresponde a un mueble
($ 20). Hay algunas de pie de cabra, como la que medía dos varas y media de alto, v una v
inventariada en 1801: de cedro, de 2 Vi varas de dos tercios de ancho ($ 45); el segundo se ref ie­
alto, con sus pies de cabra y su penacho ($ 40). re a un ejemplar realizado en caoba, con cuatro
[.os estantes cumplían diferentes funciones. cajones, dos puertas y sus chapas de bronce y cerradu­
A veces se los encuentra en el comedor, como el ra ($ 85); y el tercero, a un ropero de caoba, con
que aparece en un texto de 1802: un estante para lustre ($ 60).
comedor, de cedro, de 2 Vz varas de alto, con sus El uso del guardarropa parece datar de una
puertas de divisiones adentro y dos cajones abajo; en época anterior, porque en un documento de
el dormitorio (1789): un estante para guardar ro­ 1784 se cita uno, de madera del Brasil, hechura
pas. de cedro, de dos cajones y sus llaves, con sus antigua; aunque podrá argüirse que era más
cortinas ($ 25), o en otro lugar de la casa, para bien una cómoda que cumplía las funciones
guardar libros (1809): sobre un cajón figura de propias del otro mueble. Lo cierto es que en
cómoda ($ 30). Pueden tener puertas o no, a 1779 hay constancia de uno pequeño ($ 8); en
veces de enrejado de alambre (1790) o de vidrios; 1783, de otro de pino pintado ($ 30), y en 1785,
y sus patas pueden ser torneadas o de cabra. de un guardarropa grande, de cedro, con dos cajo­
Los escaparates figuran en nuestros docu­ nes, cerradura y llave ($ 60).
mentos de Buenos Aires desde 1649 y hasta Otro ejemplo ilustrativo es el que nos facilita
1810, siendo los más antiguos uno pertenecien­ una escritura de 1796; un guardarropa de buen
te a don juán de Vergara, y un par de escapara­ uso, madera de cedro, con cuatro estantes para vesti­
tes ingleses de doña María 1 cresa de Robles dos, cuatro cajones y dos puertas ($ 40). Este mue­
($ 100). En 1777 se cita un escaparate con ble pertenecía a la sucesión de Juan José Núñez,
puertas de vidriera y dos cajones ($ 25); y en en la cual también se declaró uno ídem, más chico,
1 784, uno pintado de azul y colorado..., con su cajón con sus divisiones interiores, puerta de dos manos
y gavetas dentro, con dos cerraduras y llaves ($ 80). ($ 20).
No siempre servían para custodiar objetos di­ Buena calidad debían de exhibir dos guarda­
versos, puesto que conocemos el caso de uno de rropas mencionados en 1802: uno de madera de
estos muebles que se utilizaba para guardar ro­ cedro, nuevo, con 4 divisiones, 3 cajones y sus respec­
pa, pues tenía cinco cajones, de 2 % de alto, de tivas llaves ($ 45), y otro, también de cedro, como
cedro ($ 40). de 2 Vi varas de alto por medio con 2 cajones abajo y
La documentación consultada y correspon­ divisiones adentro, con su herraje ($ 54).
diente a la segunda mitad del siglo xvm no dis­ Las maderas que se estilaban, eran el jacaran-
200

dá, la caoba, el cedro, el pino, y, como única


excepción de su uso en el mobiliario rioplaten-
se, se cita la madera de retama, que, por el pre­
cio asignado, debía de constituir un ejemplar Cómoda de jacarandá tallado, y pormenor correspondiente.
sobresaliente: un guardarropa de retama, con 2 Estilo Don José. Hílenos Aires, c. 1770. Ex Colección Celina
cajones ($ 110). González (¡araño. Museo de Arte Hispanoamericano Isaac
Fernández Blanco. Buenos Aires.
Camas, cujas y catres no podían faltar en los
inventarios de las casas porteñas, que determi­
nan con bastante precisión las maderas emplea­
das en su fabricación. A las tantas veces cita­
das, como el jacarandá, el nogal, el cedro, el
pino, la madera de vetas, se añaden el granadi­
no y el urundey; este último, distinguido del
jacarandá en un texto del año 1800, que expre­
sa: una cuja de urundey, de vetas grandes ($ 50) y
una id. de jacarandá, antigua ($ 35).
También hay referencias a muebles más ordi­
narios, en los cuales se usaban el lapacho, y una
madera de la tierra, que no nos animamos a espe­
cificar.
Generalmente, son los catres las piezas infe­
riores, algunos de tijera, con asiento de cuero
de vaca, de lona y aun de rejilla, que se emplea
en un solo caso del año 1787: un catre de palo
pintado, antiguo, con asiento de esterilla; la colgadu­
ra de dicho catre que es de filipichín, de buen uso.
Si comparamos los precios adjudicados a es­
tos muebles, según las estimaciones que posee­
mos y que abarcan desde 1740 hasta 1810, nos
encontramos con que los valores más altos co­
rresponden a las piezas siguientes:

$ 500: Cama de jacarandá, de buena hechura, tornea­


da y tallada, con su colgadura, colcha y rodapiés de da­
masco en hoja. Dote de la mujer del marqués de
Sobre Monte (1781).
$ 200: Una cuja de jacarandá, camera, de pie de cabra
(1803).
201

$ 150: Una cuja de jacarandá, con su colgadura de


lana amarilla y su sobrecama de lo mismo (1747).
$ 120: Una cuja dorada de caoba (1777).
$ 108: Una cuja inglesa, con cortinas de damasco mus­
go, con rodapiés y colcha, todo de damasco (1740).
$ 85: Una cama colgada de damasco (1752).
$ 80: Una cuja de jacarandá, con su pabellón azul, su
rodapiés... (1740).
$ 70 cada una: Dos cujas de vetas del Paraguay
(1790).
$ 60: Una cuja de palo de vetas, con varillas de palo y
hierro para colgaduras y sus perillas (1798).
$ 55: Un catre fino de jacarandá, de tijera y buen uso,
con su espaldar de damasco, tomillos de bronce, varillas
de hierro y tablillas de madera en el piso (1797).
$ 50: Un catre del Geneiro [sic], con sus pies de cabra y
su cabecera tallada, y otra de mudar de damasco (1797).
$ 50: Una cuja de urundey de vetas grandes (1800).
Las cujas se distinguen, como hoy, por su ta­
maño: las hay grandes, las cujas cameras, y pe­
queñas, para una sola persona. Cómoda. Jacarandá con incrustaciones de marfil. Brasil,
fines del siglo XV///. Museo Histórico Nacional. Buenos Aires.
Larga es la lista de estos muebles que podría­
mos analizar; pero, en homenaje a la brevedad, licromada y dorada; patas torneadas, de cabra o
daremos unos pocos ejemplos. En 1798 hay un de garra; columnas salomónicas, y muchos
catre camera con su marco y pies torneados, de cuero; otros detalles, indican los cambios de esti­
en 1808, una cuja camera de madera blanca, de pie los. Pero esas diferencias formales se mani­
de cabra, con los pilares torneados, pintada de negro, fiestan también en los textos antiguos, que no
con la cabecera tallada, con su medallón de damasco dejan de señalar cuando un mueble no respon­
viejo, con tornillo ($ 36). de al gusto del momento. En 1787 se escribe
Entre las de una plaza, seleccionamos un ca­ que una cuja de jacarandá es de moda antigua; y
tre de jacarandá, que en 1800 se llama de soltero en 1790 se hace la distinción entre una vieja y
($ 35), y una cuja de idéntica madera, que en otra nueva: una cuja de jacarandá torneada anti­
1806 se individualiza de una persona, de pie de gua ($ 20) y una cujita de jacarandá de moda
cabra, con sus pilares, varillas y espaldar ($ 36). ($ 65). En este mismo año, en un documento
Como ya se ha escrito, los muebles reflejan que se refiere a José Santos Inchaurregui y a
también las variaciones del gusto de una socie­ María Josefa Ruiz de Gauna, figura una cuja de
dad que, aunque no tan atada a las modas como madera de jacarandá nueva, hecha en esta ciudad,
la actual, no era ajena a los cambios de la época. con sus correspondientes cortinas, cielo y cenefa de
Camas, cujas y catres, de madera lustrada o po- damasco carmesí de Italia.
202

Cama - baúl.
Jacarandá torneado
y tallado. Río de la
Plata, primera
mitad del siglo XVIU.
Museo de Arte
H ispanoamericano
Isaac Fernández
Blanco. Buenos
Aires.

De los muebles de asiento, de las sillas gran­ Algunas otras excepciones hay que apuntar.
des y pequeñas, de los taburetes y de los camon- En 1806 encontramos una docena de sillas de paja,
cillos, en las páginas anteriores hay ya estudiado nuevas, con espaldares de balaustres torneados
lo suficiente como para que el lector pueda for­ ($ 36); en 1789, una silla de jacarandá, de des­
mar su propio juicio acerca de la importancia canso, muy vieja y antigua; en 1810, una silla para
de este sector del mobiliario colonial; pero, así y mujer ($16)... Ya pesar de no ser raras las sillas
todo, faltan algunos pormenores que completa­ poltronas, una de las cuales, en su condición de
rán el panorama total. En la época final del nueva, es tasada en $ 60 (1781), son únicos los
siglo xvin hay mención bastante seguida sobre las ejemplares que citamos: en 1782, una silla pol­
sillas de tijera; por ejemplo, referencias a cinco trona con ruedas y forrada en tafilete encarna­
sillas de vaqueta, de tijera, en 1789; a 21 sillas de do ($ 10); en 1796, dos sillas poltronas de escrito­
jacarandá, de tijera, para hombre ($ 105), en 1790; rio, de madera de nogal ($ 24), y en 1808, tres
y siete años más tarde encontramos otras seis, poltronas de vuelta, de madera de nogal y asientos
valuadas en $ 30. de damasco carmesí ($ 120).
También se muestra en los inventarios por­ Otros muebles para sentarse eran los escaños,
teños la perduración del modelo que nosotros que comúnmente estaban destinados al ámbito
llamamos sillón frailero, pero que entonces se co­ eclesiástico, aunque también se los hallaba en
nocía como silla de brazos. Desde 1740, en la las viviendas civiles, como se advierte en algu­
carta dotal de María Teresa Robles, donde se nos juicios sucesorios fechados en 1779, 1783 y
ven dos docenas de sillas de brazos, la una docena con 1802, en los cuales se citan un escaño torneado, un
tachuelas doradas ($ 120), hasta 1798, cuando en­ escaño largo con espaldar de cedro y un escaño de
tre los bienes de Francisco de Espinosa se indi­ balaustres, respectivamente.
can doce sillas de brazos, con asientos y espaldares de En cuanto a los canapés, la más antigua men­
vaqueta, viejas. Quizás a este modelo respondía ción conocida, y referente a Buenos Aires, se
la que en 1799 se catalogó como una silla de remonta al año 1777, en documentos compro­
brazos a la moda antigua, distinta, seguramente, bantes de los gastos ocasionados con motivo de
de las que en un texto de 1800 figuran como 24 la recepción del virrey Cevallos.
sillas a la moda ($ 14). Estos muebles medían dos o tres varas de lar­
No todas las sillas eran hechas con ricas ma­ go, y eran de tres o cuatro asientos, pudiendo
deras, de modo que pudieran lucir su tersa su­ tener respaldo o no. Cuando se hizo la decla­
perficie abrillantada por el encerado o el lustre, ración de bienes correspondiente a la sucesión
porque existían otras de maderas inferiores que de Juan José Núñez, se precisó que había “un
eran pintadas y doradas, y en algún caso, muy canapé grande de nogal, con respaldo y asiento
raro, plateadas, según se ve en el testamento de de damasco carmesí, de medio uso” ($ 50); “tres
Juana Paulina Vázquez de la Barrera (1797): canapés sin respaldo, de madera de cedro, para
sillas pintadas y plateadas que se hallan en la sala dormitorio, con sus bastidores de cerdas aforra­
principal. dos en lienzo crudo, y funda de sarasa” ($ 36).
203

Que este mueble reemplazaba en parte a las que hay variantes estilísticas (pie de burro, pie
sillas de época anterior, puede inducirse del he­ de cabra), diferencias en las maderas utilizadas
cho de que un número relativamente grande de (cedro, caoba, nogal, madera de vetas), y en los
ellos estaban colocados en un mismo ambiente,. tapizados (“vaqueta claveteada con tachuelas
como advertimos en la mención siguiente: “5 amarillas”, damasco, terciopelo, tafilete, “paja
canapés en la sala, con asientos de damasco, de tejida”).
madera de vetas” ($ 150), del año 1801, en tan­ Otros muebles de menor importancia se
to que en otra de 1804 aparecen cuatro cana­ señalan en la documentación revisada, como
pés, sin respaldo, de madera de vetas ($ 40). cunas, hamacas, tocadores y algún posapié.
Para no alargar demasiado el tema, diremos Tampoco faltan espejos de vestir, algunos con

(.ama. Jacaranda tallado. Estilo de transición del Don José al Doña María,
liuenos Aires, fines del siglo xvtll.
Ex (,olección Adela Napp de Eumb. Colección A. E. Ribera.
204

marcos dorados (1803), y otros “grandes, en


cuadros de cristal” (1807).
La decoración de los ambientes porteños más
distinguidos se completaba con pinturas y lámi­
nas grabadas, espejos y cornucopias, que en
gran cantidad engalanaban las paredes. Las
pinturas del Perú estaban enmarcadas por ricas
molduras doradas, con relieves y calados de ex­
quisito gusto, estimadas por los conocedores
más que las mismas telas. En la actualidad,
.'michos de esos marcos han sido destinados a
espejos, cuando en su origen sirvieron de mol­
duras para las interesantes pinturas coloniales.

Corrientes, fines del siglo \\ lll.


Iglesia de la ¡Merced. Corrientes.

Con el fin de informar adecuadamente al lec­


tor acerca de cómo eran los espejos y las cornu­
copias en las casas de Buenos Aires en la segun­
da mitad del siglo xvm y principios del siguiente,
acompañamos una lista cronológica de los ejem­
plos más significativos:
Año 1762: Cuatro espejos de cuatro y media pal­
mas de alto y lo correspondiente de cuadro, con
marco y coronación de jacarandá, de talla ($ 320):
cuatro cornucopias de más de una vara de alto, con
marcos y coronación de jacarandá. de talla, y sus
candeleros para tres luces, de metal dorado a fuego
($ 180).
Año 1783: Diez cornucopias, marcos dorados
($ 17, 4 rs.). Un espejo como de tres cuartas-de
alto, con marco de jacarandá ($ 6).
Cama. Jacarandá tallado. Estilo Don /osé. Hrasd (?), Año 1785: Cuatro espejos de una vara de alto de
Buenos Aires (?), tercer cuarto del siglo \\ni. ¡Museo de Arte luna y dos tercias de ancho, con marcos y capiteles
Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires. de cristal con labores ($ 160).
205

Silla ile brazas.


Jacarandá y cuera
labrada. Buenos Aires,
mediadas del sigla W'lll.
Perteneció al obispo
José Antonia Bazurco y
Herrera (1761).
Complejo ,\¡useográfico
E arique [Link].
Lujan (provincia de
Buenos Aires).

Año 1788: Dos espejos de cuerpo entero, con


marcos de cristal ($ 160). Doce cornucopias de id.,
con iguales marcos (S 168).
Año 1789: Tres espejos grandes ingleses, con sus
marcos de madera de nogal y la concha dorada
($ 225); cuatro dichos grandes con marcos de jaca­
randá ($ 340); seis cornucopias compañeras de di­
chos espejos, con sus candilejas de metal amarillo
($ 96); cuatro espejos con todo el marco dorado
($ 200), y ocho cornucopias doradas ($ 80).
Año 1789: Cuatro cornucopias inglesas, con re­
mates y tres cuartas de alto, luna de media vara
($ 16); un espejo de una vara y tercia de alto, y
tercia de ancho, con su guarnición dorada de made­
ra, y la luna de tres cuartas de largo ($ 15); nueve
cornucopias, marcos dorados ($ 27).
Año 1790: Cuatro espejos grandes, con cinco
cuartos de luna y tres cuartos ancho, con marcos de
cristal, cada uno 75 p. ($ 300); doce cornucopias
sanas, de dos mecheros, con poca adición y media
vara de largo de luna ($ 192); ocho cornucopias con
marcos de pino, un tercio de luz, de cristal, doradas
($ 48).
Año 1790: Dos espejos grandes, de luna de una
vara de largo y dos tercios de ancho, marco a la
inglesa, remates dorados ($ 60).
Año 1797: Dos espejos de cristal, todo con sus lu­
nas de Alemania, tasado por un inteligente a 125 p.
cada uno ($ 250); dos ídem más chicos, de a dos
varas de largo, id., tasado por id. a 85 p. ($ 170);
doce cornucopias compañeras de los espejos, de a
vara, con sus mecheros, tasado por ídem a 16 p.
($ 192).
Año 1799: Siete espejos de luna entera y catorce
cornucopias, cuatro de cristal y las demás con marco
de madera como los espejos.
Año 1800: Ocho cornucopias con marcos dora­
dos, correspondientes a los espejos, con candeleras
de metal ($ 64); dos espejos de cuerpo entero, con José. Ciudad de Córdoba.
marcos dorados ($ 100); dos id. de cuerpo entero,
con marcos id., con las lunas rotas y no tan grandes
($ 80); cuatro cornucopias medianas, con las lunas
inservibles.
Año 1802: Dos espejos grandes con la luna de una
vara de largo y otra de ancho, marcos de pino, con
206

algunas polillas, ramos de talla alrededor, dorados


($ 60).
Año 1802: Dos espejos de medio cuerpo, con sus
marcos y penachos dorados, y el uno de ellos con el
penacho y cantoneras de los lados rotas y viejos los
dos ($ 20); cinco cornucopias con sus lunas y mar­
cos dorados, viejos y algunos penachos rotos ($ 5).
Año 1803: Dos espejos de sala con seis cornuco­
pias de marco de cristal ($ 280); tres dichos con
marcos de jacarandá ($ 16); una araña de cristal
($ 90).
Año 1804: Doce cornucopias de cristal ($ 48).
Año 1805: Cuatro espejos grandes, con doce cor­
nucopias de cristal ($ 650); una araña de cristal
($ 50).

Canapé. Cedro. Asiento y respaldo tapizado de terciopelo. LAS HABITACIONES DE LOS


Córdoba, segunda mitad del siglo x\til.
Museo de Arte Religioso Juan de l'ejeda. Córdoba.
VIRREYES EN EL FUERTE
DE BUENOS AIRES
Con motivo del arribo del primer Virrey de
Buenos Aires, las autoridades de la ciudad deci­
dieron reacondicionar las habitaciones que los
gobernadores ocupaban en la Real Fortaleza, y
a tal fin encomendaron a los cabildantes Fran­
cisco Antonio de Escalada y Pedro Díaz de Vi­
var la confección del presupuesto de costum­
bre, que fue aprobado en sesión del 23 de abril
de 1777, con excepción de la compra de las ce­
nefas.
Por considerarlo de interés, trascribimos en
su totalidad dicho documento:
Canapé. Cedro. Asiento y respaldo tapizado de tela.
Córdoba, segunda mitad del siglo xvm. Presupuesto que han formado los Diputados de este
Museo de Arte Religioso Juan de l'ejeda. Córdoba. Y. C. para inteligencia de los gastos, que concep­
túan necesarios en el adorno interior del Palacio, a
saber:

Salón principal
Un Dosel de damasco carmesí, con su flecadura del
mismo color, toda de campanilla, su sitial y silla co­
rrespondiente que ya está mandado hacer.
207

Canapé. Cedro. Asiento tapizado de terciopelo.


Córdoba, segunda mitad del siglo XVIII. Museo de Canapé. Cedro. Córdoba, segunda mitad del siglo
Arte Religioso Juan de Tejeda. Córdoba. xvitt. Convento de San Francisco. Córdoba.

Un juego de espejos y doce cornucopias, bien sean Una docena de sillas de nogal y las cornucopias que
doradas, maqueadas o de cristal. se pudieren acomodar.
Dos arañas de cristal.
Las esteras necesarias para todo el salón.
Gabinete
Ciento y ochenta varas de damasco carmesí para
colgar las seis puertas que tiene el salón, inclusa la Ciento y veinte varas de damasco que se necesitan
ventana en donde debe habitar el paje, bien enten­ para tapizar y colgar este gabinete, incluso el forro
dido que se podrán ahorrar en esta pieza cincuenta del canapé.
varas siempre que se quieran las colgaduras de Seis sillas de nogal y las alfombras y cornucopias
perspectiva. que se puedan acomodar.
Cinco cenefas con sus cordones, borlas y garruchas
para que forme el cortinado pabellón.
Antedormitorio
El cuarto que sigue Sesenta y siete y media varas para colgaduras que se
Setenta y dos varas de damasco carmesí que se nece­ necesitan en esta pieza, en la que se puede hacer lo
sitan para las tres puertas, que hay en esta pieza, la mismo que en el salón, esto es ponerla de perspecti­
cual se podrá colgar como la sala y se evitará de va y se evitará el gasto de casi la mitad.
gasto veinticinco varas. Media docena de sillas de nogal.
Tres cenefas como las anteriores. Esteras y cornucopias las que se necesitaren.
1 odas las esteras que fuesen necesarias. Tres cenefas como las antecedentes.

Escaño. Cedro torneado y tallado. Corrientes, segunda mitad del siglo Al///.
liasílica de ¡Muestra Señora de Itatí. Corrientes.
208

Silla. Jacarandá
tallado. Asiento
tapizado de seda. Estilo
Don José. Patas de
cabra. Buenos Aires,
c. 1780. Museo de Arte
H ispa noamericano
Isaac Fernández
Blanco. Buenos Aires.

Dormitorio de vidriera El importe de todo esto llegará sobre quinientos


Un catre cuja que con sus sábanas, colchón, almoha­ pesos más o menos, a cuatro mil quinientos pesos
das y colgaduras se conceptúa importará 700 pesos. según han tirado la cuenta dichos Diputados...
4500.
Ciento y treinta y media varas de damasco para col­
gar todo el dormitorio, inclusa la cortina de la ven­ B' Ay' y Ab1 15 de 1777.
tana. Pedro Díaz de Vivar. Frarí" Ant" de Escalada.
Un espejo de vestir.
Una silla poltrona.
Un S. Pedro, o en lugar de éste dos cornucopias. Por supuesto que los cálculos previstos resul­
I .as alfombras precisas para esta pieza. taron inferiores a la suma que hubo que inver­
tir, pues el total de gastos ascendió a $ 12.753
Corredores con 7 lA reales. Claro está que se incluyen en
l odas las cornucopias que se necesitan para ilumi­ esta cantidad los balcones nuevos de hierro del
nación.
Cabildo; el sitial, la mesa y los almohadones de
Para la mesa y piezas interiores cuatro docenas de
sillas de paja pintadas. los maceros, y el palio del recibimiento. Sólo
Un farol grande para la escalera y los hachones de en el “aseo, cama imperial y dosel de palacio”,
cera necesarios para las tres noches de función. se invirtieron $ 6.523 con 6 ¥4 reales.

Mesa. Jacarandá tallado. Estilo Don José. Patas de cabra. Buenos Aires, c. 1880.
Sacristía de la basílica de Nuestra Señora del Pilar. Buenos Aires.
209

Mesa de arrimo,
jacarandá tallado.
Estilo Don /osé. Patas
de cabra. Hítenos
Aires, c. 1770. Ex
Colección Gustavo
Bárrelo. Complejo
M useográ/ico Enrique
Udaondo. Lujan
(provincia de
Buenos Aires).

Sillón. Jacarandá tallado. Asiento y respaldo tapizado de


terciopelo. Estilo Don José. Patas de cabra. Buenos Aires,
<. 1770. Convento de San Francisco. Buenos Aires.
210

El maestro de talla José Pereyra hizo la silla


de dosel, por lo cual se le pagaron 97 pesos; y
debió de ser muy importante, por cuanto en esa
época una silla de las comunes y corrientes, de
jacarandá —madera con la que se construyó la
del Virrey—, se valuaba en veinte pesos.
Cuarenta pesos costaron doce cornucopias a
la chinesca y un espejito; cien pesos, dos arañas
de cristal lapidadas, con ocho mecheros cada
una; veinticinco pesos se pagaron al maestro
pintor José de Salas por “poner a la chinesca los
dos espejos grandes del palacio”, y seis pesos
por “pintar los dos estantes de S. E. y hacerles el
dibujo para imitar las rinconeras”. Se compra­
ron tres varas y cuarta de paño verde para las
mesas de juego; y además de la gran cantidad
de damasco carmesí, se adquirieron, para otros
diversos fines, damasco amarillo de Valencia y
terciopelo carmesí de Italia.
El canapé y sus almohadones fueron tapiza­
dos en la misma tela carmesí por José Bonifacio,
autor también de una funda para dicho mue­
ble: por ésta recibió dos pesos, y por lo otro,
ocho pesos.
Al maestro silletero Juan Sol se le encargaron
cuatro docenas de sillas de paja, pintadas y do­
radas, a razón de 23 reales cada una, lo que
totalizó 138 pesos corrientes. Y al maestro Jo­
sé González se le abonaron 111 pesos el 25 de
abril de 1777, por doce sillas de nogal; es decir,
a nueve pesos y dos reales cada una.
Mayor cantidad de dinero hubo que invertir
en la cama para el Virrey, pues además de los
120 pesos que costó la cuja de caoba dorada, se
pagaron al maestro tallista Tomás Saravia 360
pesos y 5 reales por lo que a continuación se
detalla:
211

Sillón de jacarandá
tallado, y
pormenores
correspondientes.
Asiento y respaldo
tapizados de
damasco. Estilo Don
/osé. ¡Sitas de
cabra, ¡ilíenos
Aires, c. 1777.
Iglesia catedral (li­
li nenos Aires.
212

5 cenefas de tallas doradas, a $ 28 $ 140


238 varas de listón dorado, a
cuatro reales la vara ....................... $ 119
por el imperial de la cama de
SE........................................................... $ 30
por dorar dicho imperial ............... $ 35
por lustrar la cuja caoba, dorar las
bolas de abajo y reparar la... talla
que le falta ........................................ $ 12
por los herrajes de las cenefas $ 7, 4 r.
por 18 tornillos para las garru­
chas de la cama ................................ $ 2, 2 r.
por el trabajo de un oficial, 17 días $ 12, 2 r.
por el trabajo de 3 días de otro
oficial ................................................... $ 2, 5 r.

Además, se hicieron para su colocación otros


gastos, como las 35 perillas de plomo para la
cama imperial que por ocho pesos y seis reales
trabajó el platero portugués Manuel Rodríguez
del Nascimiento Aragón, y los que cobró el he­
rrero Salvador Caban por 26 cajas de rondanas;
dos varillas grandes de tornillo y sus cuatro
tuercas, para dicha cama, y dos varillas y dos cha­
pas con sus machos y dos tornillos para mantener
el cielo de la cama. En total, $ 36.17
Como detalle complementario informamos
que se compraron seis cuadros con marcos do­
rados: Historia del casto José; seis pinturas, con
marcos de pino imitando ébano ($ 102); otros
cuatro espejos y doce cornucopias ($ 632), y seis
floreros de vidrio cuajado, con destino al cuarto
de gabinete ($ 12).
El mismo maestro Saravia hizo la mesita para
el almohadón de los mace ros, y la tarima y me­
seta para el sitial del Virrey en la iglesia cate­
Silla. Jacarandá tallado. Asiento tapizado dral, que iba cubierto de terciopelo galoneado;
de tela. Estilo Don José. Patas de cabra.
Huertos Aires, c. 1780. Colección Jaime no así la carpeta y los almohadones, que se hi­
Llavallol. Buenos Aires. cieron de damasco.
213

La silla, que debía de ser importante, fue ta­ bastante aproximado al porteño. (Es extraño
llada por el portugués Pedro Carmona, escultor que tan buenos ejemplares hayan permanecido
oriundo de Mariana y establecido en Buenos ignorados hasta la fecha por los estudiosos del
Aires antes de 1771, pues ya ese año figura en­ tema que nos ocupa.)
tre los portugueses avecindados. También
aparece en el padrón de 1780, cuando declaró OI ROS TALLISTAS DEL SIGLO XVI11
ser soltero, vivir en el barrio de San Nicolás, y Y DE PRINCIPIOS DEL SIGUIENTE
ser maestro carpintero desde hacía veintiocho A los nombres de los tallistas a los cuales he­
años. mos hecho referencia con anterioridad cabe-
Atribuimos a este maestro la hechura del her­ agregar el de otros que, dado el carácter de este
moso sillón que existe en la Catedral de Buenos trabajo, no es posible tratar con detenimien­
Aires; sillón que, sin ningún fundamento histó­ to. En primer lugar, parece oportuno mencio­
rico o estilístico, fue adjudicado al hermano je­ nar al bávaro José Schmidt, eximio ebanista se­
suíta José Schmidt. Y a propósito de este mue­ gún la documentación conocida, pero del cual,
ble, que se considera de excepcional calidad, desgraciadamente, no ha sido posible identifi­
diremos que en la iglesia de San Francisco de car obra alguna. De él trataremos en particu­
Córdoba se custodian tres ejemplares para misa lar en la sección dedicada a las Misiones guara-
cantada, de diseño muy semejante, y de valor níticas.

Sillón. Xoglll tallado.


Estilo Don José. Patas de
cabía. En el coronamiento
del respaldo ostenta el
escudo de la ciudad de
Hílenos Aires. Hílenos Silla. Cedro tallado.
Aires, c. 1780. Perteneció Asiento lapizado de
al Cabildo de la Cuidad y terciopelo. Estilo Don
a la iglesia de San /osé. Patas de burro.
.Sicolás de Hari. donde Huenos Aires, c. 1780.
/lie destruido en el Colección .1. /..
incendio de 1955. Ribera. Huenos Aires.
214

Ignoramos el apellido de un maestro Luis


que fue el autor de una cajonería para la sacris­
tía de los Betlemitas (1771), cuyo valor ascendió
a $ 370; pero conocemos el de otros artífices,
algunos muy importantes, como José de Sosa o
Souza, autor de retablos importantes, y ya estu­
diado en el capítulo correspondiente; o Jaime
Sabater, catalán, residente entre nosotros los
años 1794 y 1832, y que hizo un bufete para el
Real Consulado (1805), por el cual cobró $ 97 y
2 reales. Asimismo, para la Catedral fabricó
dos banquitos para las mesas colaterales del al­
tar mayor (1815) y el facistol del coro (1815),
trabajo éste valuado en $ 450.
Portugués era Tomás Alfonso Nogueira, lle­
gado a Buenos Aires en 1754, y que compuso
en 1791 los hacheros grandes de la Catedral; no
así Pedro Bassi, que era veneciano, documenta­
do entre nosotros a partir de 1790, pero que,
según su declaración de 1807, estaba desde
1788. Trabajó para el convento de la Merced,
siendo autor del facistol (1791), labor que se
ajustó en $ 250; de la sillería de coro, y del ni­
cho y sillón para la imagen de la Virgen de la
Merced, según la costumbre de la Orden, en el
coro de los frailes. Por este trabajo recibió
$ 100, y por unos escaños que hizo simultánea­
mente, $ 50. Sillón. Jacarandá tallado. Asiento
Un miembro de otra corporación religiosa: el de cuero. Estilo de transición entre
el Don José y el neoclasicismo,
franciscano Miguel Burguete, confeccionó una liuenos Aires, c. 1800. Complejo
mesa para celebrar las Juntas del Real Consula­ Museofrrájico Enrique Udaondo.
do, por lo cual recibió de premio 100 pesos. Luján (provincia de
Buenos Aires).
Juan José Guerrero, para el mismo Tribunal
y el mismo año (1806), ejecutó, entre otras
obras, dos estantes de jacarandá, de dos cuer­
pos —el primero, cerrado, y el segundo, con
215

puertas vidrieras ($ 120)—, y una silla de bra­


zos, de resorte, también de jacarandá ($ 38).
Otro maestro fue el mestizo Miguel Leiba, del
cual sabemos que, entre otros muchos trabajos
para la catedral de Buenos Aires, hizo un facis­
tol (1795), labor que no debe de haber sido muy
importante, ya que estaba forrado de nogal, y
sólo se le abonaron $ 41 con 7 ‘/¿ reales.
Dejamos ex profeso para el final las noticias Sillón. Jacarandá tallado. Asiento y respaldo
relativas al maestro Francisco Arellano, porque tapizados de damasco. Estilo de transición
entre el Don José y el Doña María. ¡Sitas de
es el artista que labró la sillería de coro de nues­ cabra. Perteneció a la iglesia de Belén
tra iglesia metropolitana, obra importante den­ (actualmente, llamada de San Telmo). cuyo
escudo aparece en el respaldo. Buenos Aires,
tro de la modestia de las sillerías del Virreinato. c. 1790. Museo de Arte Hispanoamericano
Un documento que dimos a conocer en parte Isaac Fernández Blanco. Buenos Aires.
hace años, prueba que el diseño de las sillas lo
dio el brigadier de ingenieros José Custodio de
Saa y Faría, y que el costo del conjunto ascendió
a la suma de 1.712 pesos. El texto completo
del precitado documento es el siguiente:
N” 5 — Las obras que he trabajado para el Coro de
la Catedral de orden del S‘” 1)” Manuel de Basas ¡b a­
so, Mayordomo y Tesorero de dicha fábrica, con
quien y con el Sr Brigadier D" J',h Custodio de Saa v
Faría las he ajustado, a saber:
Veinte y cuatro sillas de pie de cabra, con
talla, conforme al diseño que me dio dicho S'
D" Ji,h Custodio, a treinta pesos ..................... 720
Una dicha más grande para el 111"'’ S' Obispo
en .......................................................................... «2
Veinte y cinco pesos de gratificación por la
obra de los brazos duplicados que se aumento
después en diez y siete de dichas sillas del
frente y los testeros........................................... 25
Diez escaños que se hicieron para dicho coro,
que no se pusieron en él por que se dispuso
últimamente se hiciesen otros de parapeto, y
quedaron éstos para colocarse en la nave
mayor de dicha iglesia, a veinte pesos ........ 200 Sillón. Jacarandá. Asiento y respaldo
tapizados de terciopelo. Estilo neoclásico.
Cuatro escaños grandes de parapetos para di­ Buenos Aires, c. 1800. Museo Histórico
cho coro, a cincuenta pesos............................. 200 Nacional. Buenos Aires.
216

Dos puertas grandes para la entrada a dicho


coro por los lados, con sus marcos y guarni­
ciones, a ciento y diez pesos ........................... 220
Dos dichas vidrieras más chicas para la entra­
da al mismo coro por el trascoro, con guarni­
ciones dobles, a ciento veinte y cinco pesos
cada una ............................................................... 250
Cuatro cerraduras a dos pesos ....................... 8
Diez y seis alcayatas capuchinas grandes he­
chas a propósito, a tres y medio reales........ 7

1.712
Una tarimita para la silla del 111"" S' Obispo . (...)
Dos escalones para las puertas vidrieras .... (...)
Según parece de la antecedente cuenta, importan
las obras que he hecho para el expresado Coro de la
Iglesia Catedral, mil setecientos doce pesos corrien­
tes y habiendo recibido de dicho Sor D" Manuel de
Basavilvaso mil cuatrocientos y cincuenta pesos co­
rrientes en varios tiempos y partidas, de que he da­
do recibos, se me restan doscientos sesenta y dos
pesos (S. Y.)
Buenos Aires, 1" de enero de 1791.
Bran'° Arellano.*3

De este conjunto se conocen varios ejempla­


res que están en el Museo de Luján y en el
Fernández Blanco. Tienen un alto respaldo
rectangular, con coronamiento semicircular, y
remate tallado y calado con gran pluma central.
La decoración del espaldar se reduce a unas
simples molduras, rectas y curvas, que rodean
una roseta central. El asiento es rectangular,
Sillón. Jacarandá. Estilo
con un pequeño faldón adornado con tallas.
portugués de pie de cabra. Las patas posteriores son rectas; no así las ante­
Buenos Aires, 1790. Diseño del riores, que se presentan curvadas. Los brazos
brigadier José (custodio de Saa
y Enría, y talla de Francisco terminan en pronunciadas volutas, y los dos lar­
Arellano. Museo de Arte gueros verticales, en sendas perillas de bronce.
Uispauoamericano Isaac
Bemández Blanco.
De otro carpintero llamado Francisco Chan-
Ciudad de Buenos Aires. teiro se sabe que fue maestro mayor de carpin-
217

tería de la ciudad; que era natural de la villa de


Ares, en Galicia; hijo de Mateo Chanteiro y de
Francisca Freyre; casado en primeras nupcias
con Teresa de Dueñas, y en segundas, con Ma­
ría Bernarda Solivan. Nacido en 1743, estaba
en Buenos Aires ya el año 17(58, y su actividad
se documenta hasta 1818. Se poseen los com­
probantes de que en 1786 hizo para el Cabildo
una mesa, el dosel y unos escaños.

LOS MUEBLES EN CÓRDOBA


Y EN MONTEVIDEO EN EL
SIGLO XVIII Y PRINCIPIOS DEL XIX
El conocimiento de alguna documentación
relativa a muebles, nos permite aseverar que
hubo en Córdoba algunas piezas de calidad ex­
cepcional: tal el “escritorio de ébano, de dos
cuerpos, con láminas de cristal y adornos de
bronce”, que perteneció a los Jesuítas antes de
1767, y que fue tasado en la importante suma
de 800 pesos.
De los mismos y de su iglesia llamada de la Respaldo del .sillón episcopal. Madera tallada. Córdoba,
tercer cuarto del siglo W'lll. Catedral de Córdoba.
Compañía eran tres sillas de brazos, forradas en
terciopelo carmesí con galón de oro, justiprecia­
das en 150 pesos, y otras tres de lo mismo, pero tados, presentan círculos de bronce inc i lista­
con galón de plata, que fueron valuadas en 90 dos en el frente. Miden m. 1,2 1 de ancho y m.
pesos. Había, además de otras piezas de relati­ 0,655 de alto.
va importancia, 24 sillas de brazos, de baqueta, De excepcional calificamos las dos hermosas
tasadas en 48 pesos, y destinadas a la iglesia cajoneras de la sacristía, una de las cuales mide
catedral, pero a la que únicamente se entrega­ m. 4,94 de largo y m. 1,25 de alto, y está consti­
ron once.1'' tuida por tres cuerpos de cajones enmarcados
La iglesia de San Francisco posee una serie de por columnas salomónicas, cada uno de los cua­
muebles antiguos de muy buena calidad; entre les tiene una docena de cajones, distribuidos en
ellos, dos papeleras o contadores españoles del dos registros. La otra, un poco menor en lon­
siglo xvii, de madera de ébano, con adornos de gitud, está formada por dos partes, cada una de
carey y de bronce. Con taraceas en los cos- las cuales presenta dos grupos de seis cajones,
218

enmarcados lateralmente por un par de puertas


o tableros esculpidos, que en sentido vertical
encierran tres cajones cuadrangulares cada
uno. Es de destacar en este hermoso mueble
la importante talla lateral, casi cuadrada, con un
motivo simétrico de una jarra con asas, de cuyo
interior brota una tupida vegetación curvilínea,
\ en los ángulos inferiores exhibe dos aves.
Estos muebles, por su estilo, pertenecen al
bat toco altoperuano, y se los puede ubicar en la
primera mitad del siglo xvm, lo mismo que un
armario, que se guarda en idéntico lugar. Mi­
di m. 1,82 de alto por m. 1,59 de ancho, y tiene
ia forma de un prisma rectangular, con cuatro
puertas iguales y dos cajones en el frente.
Es de destacar que todas las puertas tienen la
parte interior tallada con un motivo simétrico
formado por una flor central, de la cual irra­
dian pétalos u hojas centrípetas. Por su estilo, Cajonera de madera tediada, y pormenor correspondiente.
es semejante al par de cajoneras ya estudiadas. Alto Perú, primera mitad del siglo AI III.
Es de señalarse a la consideración de los lecto­ Sacristía de la iglesia de San Francisco. Córdoba.
res la hermosa mesa de la sacristía, de casi dos
metros de largo por m. 1,32 de ancho. Alzada de cabra; un mueble de sobremesa con adornos
sobre un zócalo no muy alto, tiene patas curvas de talla dorada y de estilo rococó; tres antiguos
terminadas en garra y bola que se unen por un sillones fraileros, con las chambranas caladas
travesano en X. El perfil de la caja es muy con motivos de volutas afrontadas, y en particu­
movido, y los adornos de talla, no excesivamen­ lar los tres singulares sillones de misa cantada,
te abundante, son de fina ejecución. que hemos mencionado ya al referirnos al gran
En la sacristía también se custodia una gran sillón de estilo don José que hay en la catedral
cómoda - escritorio, al parecer de cedro, con ta­ de Buenos Aires. Estos sillones de San Fran­
pa volcadiza que, al abrirse, deja ver una serie cisco miden m. 1,72 de alto y m. 0,72 de ancho.
de gavetas y cajoncillos. Tiene patas curvas, y Además de otros muebles antiguos que hay
presenta en el frente siete cajones de distinto dispersos por el convento, en el coro alto está la
tamaño. Parece trabajo lugareño, y de media­ sillería del siglo XVII, de factura muy primitiva, y
dos del siglo xvm. el gran facistol, con un buen crucifijo en el re­
En el convento se encuentran algunas mesas mate.
de arrimo del mismo siglo; seis banquetas pata Dado que no podemos extendernos demasia-
219

do, no trataremos del mobiliario que existe en


la Catedral, en el Museo Juan de Tejeda y en el
Provincial Sobremonte, aunque sí queremos
señalar en este último la existencia de una pre­
ciosa cómoda - escritorio con cuatro amplios
cajones en el frente, patas apenas curvadas, y
tapa superior abatible. Lo que más llama la
atención en ella es la calidad de la talla; sobre
todo, en la tapa, donde el escultor ha desarro­
llado un motivo asimétrico entre dos columnas:
una gran rocalla sirve de apoyo a una figura
humana, y de sostén parcial a un león corona­
do. Las bocallaves y las manijas de los cajones
están colocadas en el centro de unos adornos de
talla del más puro estilo rococó, y casi todos son Pormenor de otra cajonera de la sacristía de San lian/imu.
asimétricos y desiguales. Es realmente un de Córdoba. Alto Perú, primera mitad del siglo wnt.
mueble fuera de lo común, no tanto por su es­
tructura, que es muy simple, sino por lo primo­
roso y delicado del tallado.
Para estudiar cuáles eran los muebles que ha­
bía en una casa cordobesa de la época colonial,
utilizaremos el inventario practicado en 1804
cuando el deán de la Catedral, doctor Nicolás
Videla del Pino, fue electo obispo del Paraguay.
Se indicó allí que poseía una mesa de jacarandá
con pies torneados ($ 50); una cuja de jacaran­
dá superior, con cabecera y pilares, cielo, vari­
llas de hierro, tornillo y abrazaderas de metal
para armar y desarmar, con su caja donde se
acomoda ($ 100); veinticuatro taburetes de palo
de naranjo torneado, con asientos y espaldares
de suela labrada ($ 80), y tres sillas de brazos,
con asientos y respaldos también de suela labra­
da ($ 15).'"
Por la correspondencia cambiada entré el
cordobés Ambrosio Funes y su representante Armario. Madera tallada. Alto Perú, primera mitad del siglo
en la capital del Virreinato, Francisco Antonio XVIII. Sacristía de la iglesia de San Francisco. Córdoba.
220

de Letamendi, nos enteramos de que desde


Córdoba se habían encargado a Buenos Aires
una cómoda - escribanía y un par de mesas de
arrimo: aquélla, para Ambrosio Funes, y éstas,
para su hermano Domingo. Inferimos que en
esos momentos en la ciudad del Interior no ha­
bría muebleros que realizaran piezas de buena
calidad, desde el momento que hubo que hacer­
las fabricar en Buenos Aires.
La cómoda era de maderas de veta, y costó
$ 127 sin el embalaje y conducción, según se
desprende de la nota de remito, donde también
Madera tallada. Córdoba. mediados del siglo x\tti. se indican las instrucciones para la apertura del
Xm [Link] de la iglesia de San Fraiuisco. Córdoba. cajón, y se dan detalles de la construcción del
mueble. Por parecemos interesante, la trascri­
bimos:
“La cómoda - escribanía lleva la tapa en el
frente de los cajones, y la marca A debe venir a
quedar arriba al tiempo de bajar el cajón de la
carreta. Lleva en el cajón de arriba 122 velas
de cera para bujías; para sacar el cajón se abrirá
con la llave primero, después se tira por parejo
de las dos manijas o tiradores, y luego que salga
afuera lo que diese por sí, se le abrirán o desen­
cajarán las dos aldabitas que tiene por detrás, y
luego caerá la frente del cajón a formar la mesa
para escribir. Lo que parece cenefitas de los
huecos para papeles son cajoncitos de secretos
para cosas menudas. Es bueno, y del caso, fre­
gar toda la cómoda con un pañito, porque irá
empañada con el polvo.” 91
Papelera. Cedro. Córdoba, segunda mitad del siglo XVIII. La cómoda fue del agrado del comitente, mas
Sacristía de la iglesia de San Francisco, Córdoba. no así las mesas de arrimo, que eran con festo­
nes y doradas, porque no se ajustaron al mode­
lo aprobado por Letamendi, de manera que és­
te se ofreció a efectuar un nuevo pedido al arte­
sano, que se haría cargo de la diferencia que
221

Sillón; Madera
tallada. Asiento y
respaldo tapizados.
Córdoba. mediados
del siglo XVIII. Museo
de Arle Religioso
Juan de Tejeda.
C.órdoba.

podría perderse entre el costo original y el pre­ El padre Furlong escribió con respecto a estos
cio de una posible venta en Córdoba. muebles lo siguiente: “Aquel tallista adquirió
En cuanto a la ciudad de Montevideo, han las maderas de los maestros carpinteros Juan
llegado hasta nosotros los diseños del canapé y José Brid, Martín de Iriarte y Pablo Gibert, y los
los sillones que el carpintero Pablo Guixeras fa­ clavos, chapas y planchuelas, de los maestros
bricó en 1795 para el Cabildo. En verdad, rea­ herreros Jerónimo Bacigaluz y Juan Almirón.
lizó dos canapés, de tres varas de largo cada Este le hizo una planchuela grande, dos en for­
uno, y tres sillas, grandes y de brazos, y su costo ma de cruz y cinco pequeñas, y aquél le trabajo
total fue de 222 pesos con 5 reales. Por los doce chapas grandes, ocho chicas y 87 tornillos,
dibujos, que publicó hace años Carlos Seijo y mientras que Brid le vendió dos trozos de urun­
que luego reprodujo el padre Furlong, sabemos day con vetas, Gibert doce tablas de pino e
que los canapés no tenían brazos, y que tanto Iriarte otras maderas. Sabemos que para re­
éstos como los sillones estaban inspirados en‘los llenar los asientos y los respaldos compró 600
modelos de muebles de la época de Luis XVI, oolas de vaca y para el forro interior compró
ostentando los sofaes unos adornos de talla muy 17 !Zi varas de bramante, y para clavar los fo­
del estilo rococó. rros adquirió 1.650 tachuelas, y para remojar

Sillón. Madera
tallada. Asiento y
Sillón. Madera respaldo tapizados.
tallada. Estilo Don Córdoba, m ediados
José. Buenos Aires, del siglo XVlll. Museo
c. 1780. Iglesia de de Arte Religioso
San Francisco. Juan de Tejeda.
Córdoba. Córdoba.
222

parte de cerda, a fin de que crespase en el hor­


no, pagó 4 reales por dos frascos de vina­
gre. Hasta el damasco de seda carmesí y no en
pequeña cantidad, pues necesitó 20 ‘A varas,
pudo Guixeras hallar en Montevideo”.32

LOS MUEBLES EN LAS


MISIONES JESUÍTICAS DEL
PARANÁ Y DEL URUGUAY
Sillón. Madera “Difíciles sobre toda ponderación fueron los
lomeada y tallada.
Asiento y respaldo
primeros tiempos en la vida de las Reducciones
tapiza i los. Córdoba, guaraníticas, y sólo a fines del siglo xvn habían
mediados del siglo alcanzado el maravilloso desenvolvimiento que
X\ fll. Museo de Arte
Religioso Juan de tanto las caracterizó.” Tales son las palabras
Te/eda. Córdoba. que escribió hace años el padre Guillermo Fur­
long; juicio que compartimos plenamente, por­
que todos los testimonios contemporáneos así lo
prueban.
Aunque no es inédito, reproducimos, por no
ser muy conocido, el del Obispo de Buenos Ai­
res, que en carta del 5 de enero de 1677 escribía
al padre Tomás Dombidas, entonces provincial
de los Jesuítas, encareciéndole el envío de las
maderas necesarias para la obra de la catedral y
de su residencia: “En este Cabildo no veo ras­
tros de celo, ni inclinación a estas cosas y así
Sillón. Madera vuelvo los ojos a esas Reducciones donde, me
tallada y dorada. dicen, que es grande la abundancia de madera
Asiento y respaldo
tapizados. Córdoba,
de todas calidades, y que sobra la gente así para
segunda mitad del cortarla como para labrarlas, porque para todo
siglo xvm. Museo de hay indios inteligentes y maestros”.33
Arte Religioso Juan
de Tejeda. Córdoba. Carpinteros y herreros los hubo en todas las
Reducciones, y no sólo hasta 1767, fecha de la
expatriación de la Compañía de Jesús, sino has­
ta muchos años después, pues las doctrinas no
decayeron inmediatamente, como suele creer-
223

Sillón de madera talíadn.


I>oli( t omada v dot ada, y
l>oi menores
i orres/iondientes.
Córdoba, mediados del
siglo X\ lll. Museo de Alte
Religioso Juan de Tejeda.
Ciudad de Córdoba.

se. Gracias a los inventarios de los pueblos, le­ cepillos, un martillo, cinco azuelas y un compás.
vantados en 1768 y que Francisco Javier Brabo Además de estos artesanos, en el pueblo había
publicó en Madrid en 1872, conocemos qué retableros, estatuarios y un tornero, cada uno
pueblos mantuvieron sus oficinas o talleres, y de los cuales poseía un respetable instrumental.
cuáles herramientas usaban. Así el inventario En San Borja, como en los otros pueblos, la
del pueblo del Santo Ángel nos informa que los carpintería estaba en el segundo patio, y en ella
carpinteros que estaban a las órdenes de Ber- se inventariaron treinta y tres escoplos, entre
nardino Tayaare disponían de veintiún esco­ grandes y chicos; ocho hachas, nueve barretas,
plos, diez gubias, cuatro sierras, una tenaza, veinticuatro azuelas, siete sierras, veintiocho ce­
una lima, siete cepillos, seis azuelas, un martillo pillos, diecisiete gubias, quince limas y diez ba­
y dos barrenas. En cambio, los de Basilio Para- rrenas.
poti tenían trece escoplos, dos gubias, cuatro Había también carpinteros y aun retableros y
barrenas, una sierra y un cepillo, y los de Félix escultores en Trinidad, Mártires, Candelaria,
Guiray contaban ocho escoplos, tres gubias, dos San Ignacio Miní, San José, San Nicolás, Ya-
224

pevú, Corpus, Santiago, San Luis, San Lorenzo, que disponía de siete escoplos, dos compases,
San Javier. La Cruz, San Carlos y Apóstoles. dos azuelas y un tornillo de hierro para tornear
Muv importante debía de ser la actividad del cosas cóncavas; y el barrilero Juliano Yeyú, en
pueblo de Santiago, porque se mencionan seis cuyo poder se encontraron tres azuelas, un
bancos en la carpintería, uno de ellos con su compás, una sierra, un cepillo y un hacha.
prensa; v a más de las herramientas que había Han llegado hasta nosotros diversos inventa­
< u ella, se suman las que usaban los carpinteros rios posteriores a los de 1768, todos inéditos,
¡!¡ afuera. disididos en dos bandas; es decir, las que comprueban cómo después de la expulsión
empleadas por los estatuarios, y las que tenían los talleres de las Doctrinas del Paraná y del
í<-'. que fabricaban las carretas y los barcos. Uruguay siguieron activos, y aun algunos tuvie­
l n San Nicolás, el carpintero Angelo Yaracui ron un desarrollo mayor. Tal el caso de las
usaba cinco hachas, catorce azuelas, dieciséis es- carpinterías de Yapeyú y de San Borja. En la
(opios, míese cepillos, tres gubias, cuatro sie­ primera, el año 1786, se declararon once hojas
rras. dos picos de mano s dos barretas; s Jeróni­ de cepillos nuevas, sesenta y siete limas nuevas
mo Ari, dos escoplos buenos y una ¡rubia. Allí tam­ —media caña, planas, triangulares y redon­
bién trabajaban el tornero Estanislao Cuminde, das—, cuarenta v dos usadas, cuarenta v cuatro
’ 1 J

Papelera de jacarandá tallado, y pormenor correspondiente. Estilo Don José. Buenos Aires,
c. 1770. Museo Histórico Provincial Marqués de Sobremonte. Córdoba.
225

Sillón de cedro
policromado, y pormenor
correspondiente. Estilo
barroco. Misiones
Jesuíticas del Paraguay,
mediados del siglo xvm.
Museo Histórico
Nacional. Huenos Aires.

formones planos nuevos, dieciocho de media mientas para los carpinteros, y quince para el
caña, cuarenta y cuatro pequeños, dos hojas de tornero. Muchas más, en cambio, aparecen en
sierra grandes nuevas y dieciséis medianas, el inventario de San Borja del año 1777, porque
veinticuatro barrenas medianas y chicas, un se­ se anotaron diecisiete limas nuevas, tres barre­
rrucho de mano nuevo, nueve formones y gu­ nas pequeñas, una docena de formones, veinte
bias, seis piezas entre molduras y cepillos, tres gubias chicas y grandes, tres pequeñas, cuatro
formones pequeños, un martillo, cuatro barre­ cepillos armados, siete cuñas de cortar maderas,
nas, una lima, un batador, una escuadra y un un escoplo de media bocina, cinco machetes,
codo. Además, se agregan, en el mismo docu­ tres limas viejas, una clavera, un compás, tres
mento, otras dos hachas usadas, tres escoplos, punzones pequeños, un taladro y seis azuelas.
un compás, tres azuelas, seis garlopas, dos sie­ Todo lo antecedente estaba en el almacén
rras, dos serruchos, una lima y dos bancos. principal, y figura aparte de lo que tenían los
Por su parte, el tornero disponía de una prensa carpinteros Gregorio Guayrumba y otro de
de madera, cinco fierros de tornear, dos com­ nombre Saturnino. El primero tenía cuatro
pases, un serrucho, una azuela pequeña, una azuelas de martillos, una pequeña, una de ca­
lima y una rueda de tornear con sus aperos. bestrillo, seis formones, siete gubias, un com­
En las “Cuentas formadas por D. Carlos Rua­ pás, un taladro, una sierra pequeña, un cepillo
no... desde el 13 de agosto de 1784 hasta el 27 armado y dos soldadores. En poder del se­
de enero de 1786”, correspondientes al pueblo gundo se hallaban una azuela grande, tres me­
de Santa María la Mayor, figuran treinta herra­ dianas, tres cepillos armados, seis hierros de
228

Sillón. Cedro tallado. Estilo


barroco. Misiones Jesuíticas
del Paraguay, mediados del
siglo xvm. Complejo
Museográfico Enrique
Udaondo. Luján (provincia
de Buenos Aires).

ción fue llevada a cabo mediante la entrega al


convento de un esclavo justipreciado en 500 pe­
sos, y el resto habría de librarse directamente al
padre José Masso, procurador de misiones de la
Compañía.53
En 1728, la Hermandad de San Pedro esta­
blecida en la catedral de Buenos Aires adquirió
un retablo hecho en las Misiones, cuyo precio
fue de 600 pesos, de los cuales sólo se entrega­
ron 500, en razón de que el retablo recibido
no fue el que originariamente se había contrata­
do. En efecto, el que recibió la cofradía fue
uno destinado a la capilla del Fuerte, en tanto
que el proyectado para la catedral fue ubicado
en la iglesia de San Ignacio con la advocación de
la Virgen de los Dolores.36
Para la Merced de Santa Fe encargó Gabriel No todos los muebles que se encontraban en
de Arandia un altar al pueblo de Loreto en 30 las Reducciones eran fabricados en éstas, por­
de abril de 1720; 37 y para la iglesia de La Rioja, que se sabe que los hubo de diversas proceden­
el padre Juan Nicolás Aráoz encomendó al pa­ cias; pero lo cierto es que la mayoría de ellos
dre José Rodríguez, del pueblo de la Candela­ fueron trabajados en el mismo lugar, y destina­
ria, lo siguiente: “... y con esos 25 pesos para el dos a alhajar la iglesia y sus dependencias: de
Hermano Fuente, que se los remito pidiéndole ahí que todo el mobiliario tenga un carácter
nos haga una urna en que depositar el Señor el marcadamente religioso. No nos corresponde
Jueves Santo...” 39 Y aunque ya hemos escrito ocuparnos de los púlpitos, confesonarios y reta­
sobre los bienes del obispo Pedro Fajardo, vol­ blos, pues en otro capítulo se trata de ello; pero
veremos a comentar que muchos de los muebles sí hemos de referirnos a los muebles de sacris­
eran fabricados en las Misiones, como los dos tía, que eran los más importantes que se hacían.
escritorios con diez gavetas cada uno; “otro a Así, la sacristía del pueblo de Santa Ana, per­
modo de caja también, fábrica de las misiones fectamente acabada y dorada, tenía dos cajonerías:
con doce gavetas” y “una caja de cedro hechura una de los ornamentos, y otra de varios menes­
de las Misiones con sus balaustres torneados”. teres, adornada con “cuatro estatuas de medio
A modo de complemento diremos que entre sus cuerpo de los doctores de la Iglesia”. En el
pertenencias se hallaron, asimismo, “una ima­ mismo pueblo había dos escritorios embutidos
gen de la Concepción de tres cuartas de alto y con talco; tres sillas nuevas de terciopelo carme­
dos niños Jesuses, casi del mismo tamaño, he­ sí, con galones de plata, doradas y pintadas;
chura de las Misiones”.39 otras tres de damasco carmesí: una con galón
veintidós taburetes, con asientos y espaldares de
baqueta; once sillas viejas de brazos; once catres
de guascas, y en dos de ellos, dos rodapiés de
angaripola.
Menos importantes parecen los muebles del
pueblo de la Candelaria, ya que sólo se desta­
can, en la sacristía, “un cajón largo para orna­
mentos, que coge todo lo largo de ella”, y dos
escritorios, cada uno de ellos con diez cajones.
El inventario de 1768 señala que había tres cu­
biertas para el cajón largo: una de seda fina y
dos de seda de la China, con la cual estaba hecha
una sobremesa que también se menciona. En
el inventario de 1777, como pieza curiosa se
advierte “un marco de jacarandá para espejo,
con su remate de una concha”.
de oro, y las otras dos con su punta de plata; otra Importante era la cajonera de la sacristía del
vieja de terciopelo verde, y seis taburetillos de pueblo de San Carlos, pues constaba de una
tripe listado para los monaguillos. mesa larga de revestir el sacerdote, y “con uno
En la Reducción de Apóstoles se encontraron como retablito con Nuestra Señora del Pilar,
en 1768 “dos escritorios dorados que sirven en dorada, y treinta y dos gavetas mayores y cuatro
la sacristía para guardar las cosas”; un escritorio menores”. El órgano de la iglesia tenía “su
de madera muy bien hecho, y 234 chapas de bron­ caja bien compuesta y tres angelitos y una esta­
ce, doradas a fuego, “para la cajonería de la tuilla del santo rey David”. Cubiertas con lien­
sacristía; unas son para las llaves mayores y me­ zo se conservaban tres sillas de terciopelo con
nores, y otras con manijas y sus tornillos”. galón de plata, éstas doradas; otras dos de da­
Del pueblo de San Borja conocemos tres in­ masco con galón de plata, y seis chicas de lo
ventarios, correspondientes a los años 1768, mismo.
1777 y 1785, y en los cuales figuran cantidad de De la doctrina de Concepción, lo único que se
diversos muebles. En el primero de ellos se destaca son cuatro confesonarios “con follajes
destacan “una silla de primores de Francia, que de madera, pintados y dorados”. En cambio,
se usa el sábado”, y otras seis chicas, de lo mis­ en Corpus, además de los dos confesonarios
mo, para los muchachos. En el inventario de “grandes, jaspeados, plateados y dorados res­
1777 se anotan en las casas principales dieci­ pective a las molduras”, parece de destacar el
nueve mesas, entre grandes y pequeñas, y algu­ púlpito, “cercado de balaustrada, jaspeada, y
nas con cajones; seis estantes, y algunos con sus dorado todo él desde el pie de la columna hasta
gavetas; un escritorio, con su cerradura y llave; la coronilla del tornavoz”.
in

Sillón de cedro tallado y


policromado, y pormenor
correspondiente. Estilo
barroco. Misiones Jesuíticas
del Paraguay, segunda
mitad del siglo xvtll.
Iglesia del pueblo
de San Cosme (Paraguay).

madera sobredorada”, y cuatro sillas antiguas


de tripe; pero sí en el de Santa Rosa, cuya sa­
cristía contaba varias cajoneras, una dorada y
otra embutida, además de una tercera “de pers­
pectiva, hermosa y curiosamente labrada y em­
butida, en que están fijas y como embutidas dos
láminas romanas y una estatua pequeña de Ma­
ría Santísima”. Allí se conservaban “cuatro es­
critorios ingleses dorados y barnizados, con sus
chapas y manijas de metal dorado todo a fue­
go”; y en el presbiterio, “dos mesas inglesas do­
radas y barnizadas, que sirven como de asiento
o basa a los espejos grandes”, de los cuales, en el
mismo lugar había un par de más de vara de
alto, con sus marcos dorados, y seis grandes: rios, un órgano y un púlpito nuevamente com­
“dos con águilas doradas por remate y los cua­ puesto; ocho mesas, entre grandes y medianas;
tro restantes con marcos y remates de jaca­ dos cajones grandes y otros cuatro medianos;
randá”. un arca y cuatro escritorios grandes. Había,
En el nicho de Santa Rosa se distribuían siete además, “tres sillas grandes con terciopelo y
espejos medianos y veintidós pequeños, todos franja nueva de plata para el respaldar, tres si­
dorados, y a ambos lados de la hornacina, dos llas más chicas con damasco y franja nueva de
más grandes, “con mucha variedad de frutas y plata en el respaldar, seis taburetes con tercio­
nueve arandelas de metal dorado cada uno”. pelo y franja en el respaldar y con persiana nue­
Extraordinaria parece la cantidad de espejos va en el asiento”. Se hallaban también diez
que había en este pueblo de Santa Rosa, puesto bancos grandes de madera, con respaldar, en
que además de los ya mencionados se encontra­ que se sienta el cabildo.
ban un número apreciable de ellos en las capi­ Los muebles que componían el ajuar de la
llas de Loreto y de San Isidro. Así en la prime­ sacristía de Santo Tomé estaban todos taracea­
ra de ellas, en el camarín, se veían nueve espejos dos, según se desprende del texto del inventa­
grandes, como de vara, “fijos y colocados en las rio: “Una cajonería para las casullas, con em­
paredes y textera de la capilla, con sus marcos butiduras; un cajón con embutiduras, en que
charolados con barniz muy lucido”; y nueve pe­ están los frontales, y un sagrario; un cajón para
queños, “con sus marcos dorados y estofa­ las alhajas de plata, con embutidos; una cajone­
dos”. La segunda capilla ostentaba siete es­ ría de cajoncitos, todo embutido”.
pejos grandes, “con marcos y remates, platea­ El inventario de Yapeyú en 1786 menciona
dos y charolados con barniz fino”. diecinueve taburetes, con espaldar y asiento de
El pueblo de Santiago poseía lies confesona- baqueta; cuatro sillas de brazos; tres cujas o ca-
233

tres, “el uno camero pintado v el otro de jaca­ bajaba en el Colegio Grande de Buenos Aires,
randá; una silla forrada en terciopelo carmesí, cuando lo sorprendió la expatriación. Había
tachonada con tachuelas amarillas y guarneci­ nacido en un pueblito de Colonia, e ingresado
das con galón de oro mosquetero"; un estante o en la Compañía de Jesús en 1727, a los treinta
armario de madera, y dos escaños grandes. años de edad. Desde 1753 estaba en el Colegio
La gran mayoría de estos muebles que alhaja­ de Buenos Aires, al frente de cuya carpintería
ban las iglesias y sacristías fueron fabricados se encontraba. Esta contaba entonces con seis
por los mismos indios misioneros, instruidos en bancos largos para trabajar, con sus tornos de
el oficio por los padres y hermanos jesuítas, al­ hierro; diez sierras de mano; cuatro docenas de
gunos de los cuales gozaban de excelente presti­ cepillos, gubias y escoplos; seis martillos, cuatro
gio en la práctica de determinadas artesanías. docenas de barrenos, seis escuadras, cuatro do­
En el caso que nos ocupa destacamos los nom­ cenas de escoplos, y una piedra de amolar.
bres de los hermanos Gerardo Letten, José Pero, sin lugar a dudas, de todos los coadjuto­
Schmidt y José Ott, todos de origen germánico, res carpinteros que vinieron al Río de la Plata,
que durante el siglo xviu, en la provincia jesuítica fue el hermano José Schmidt el más destacado,
del Paraguay, instruyeron a los neófitos en el y así lo ha probado el padre Guillermo Furlong
arte de la carpintería. en varias de sus monografías. De él son los
José Ott, natural de Lebruc, en Alemania, párrafos que se trascriben:
desterrado en 1768, volvió a su tierra natal, des­ “A José Schmidt se le ha considerado arqui­
pués de haber trabajado incansablemente en tecto, y aun eximio arquitecto, y hasta los con­
Tucumán durante quince años. temporáneos así le califican; pero ningún hecho
Gerardo Letten, a quien sus contemporáneos concreto autoriza a contarle entre los alarifes,
calificaban de carpintero y ebanista eximio, tra­ aunque hay abundantísimos documentos que
234

Mesa. Cedro
tallado. Corrientes,
segunda mitad del
siglo xvm. Ex
Colección Antonio
Muniz Barreta.
Museo de Arte
Hispanoamericano
Isaac Fernández
Blanco. Ciudad de
Buenos Aires.

comprueban que era un eximio carpintero, gusto; más, y sino hubiera esto, como estuvie­
l odos los catálogos oficiales, desde el de 1720 ran los indios tanto tiempo fuera de sus ca­
hasta el de 1748, le califican de sculptor, escultor, sas. Está empeñado el Pe. Lázaro en llevar él a
\ dicen que su oficio es sculptoria, cosas de escul­ ese colegio los estantes, y por eso todo el día está
tura. Habremos, pues, de decir que ante todo en la obra...
\ sobre todo era tallista y retablista.” ”La semana pasada estuve en el Real, y fui
.Nació en Middelheim (Baviera), el 17 de fe­ para beber el agua de Santa Bárbara y ver la
brero de 1690. e ingresó en la Orden de San obra, que es cosa buena. Los carpinteros serán
Ignacio el 23 de febrero de 1717. En 1720 fue como 30 o 36, y es gusto el verlos trabajar, para
destinado a la provincia de Córdoba, y al año lo cual hicieron de propósito una ramada gran­
siguiente, trasladado a Salta, donde permaneció de y hermosa, de tres naves, en fin todo como
hasta 1732. Desde allí fue trasferido a las Re­ ideada del Pe. Lázaro...”
ducciones del Paraguay (Candelaria), donde se Hasta fines de 1735 permaneció el hermano
lo encuentra en 1733 ocupado en dirigir la Schmidt en la Reducción de Candelaria, cuan­
construcción de la estantería para la biblioteca do la abandonó para acompañar a los indios
del Colegio de Córdoba. Por carta del herma­ que se enviaban a Bruno Mauricio de Zabala
no Francisco Leoni al hermano Pedro Felipe de para luchar contra los comuneros del Paraguay.
Ibarlucea, fechada en Candelaria el 27 de mar­ Las Cartas Anuas comentan que mientras se en­
zo de 1733, nos enteramos de lo siguiente: contraban acampados a orillas del Tebicuarí,
“Los estantes para la librería de este Colegio los indios f ueron ocupados por el citado religio­
se hacen en el Real de Santa Bárbara con la so en trabajar hermosos muebles para la iglesia
asistencia del H" José Schmidt, por eso saldrá de la Compañía de Córdoba. Luego pasó a la
cosa buena, que quiera, y sin quizá, no habrá residencia de Buenos Aires, donde se lo men­
cosa semejante en todo este reino, pues por su ciona en 1739 dedicado a obras de talla. Mien­
adorno de molduras, florames, hasta cabezas de tras estuvo en el Colegio de Belén, no sólo se
ángeles y columnas con sus capiteles, parece un ocupó en las construcciones que se hacían allí,
retablo. Dichos estantes se acabarán en este sino que dedicó parte de su tiempo a las obras
mes, y luego emprenderá la mesa y los asientos, del santuario de Luján, asesorando sobre las
y todo estará hecho con primor. Su conduc­ maderas que se debían adquirir en Corrientes
ción para este colegio será lo más presto que para llevar adelante la edificación de la capi­
fuere posible, y por lo que toca al Pe. Superior y lla. En eso estuvo atareado hasta su muerte,
a mí no tardará mucho, pero sepa mi H” que no acaecida en 1752.
se pueda todo lo que uno quiera y desea. No ha sido posible identificar obra alguna
”E1 Pe. José Lázaro se ha hecho sobrestante realizada o dirigida por el hermano Schmidt; y
de la obra y todo es para rastrear y hacer men­ el hermoso sillón de la catedral de Buenos Ai­
guas y meter bulla, aunque bien sabe mi H" que res, que durante mucho tiempo se lo tuvo como
sin esto el indio no está contento ni trabaja con de su mano, es labor indudable de un artista
235

lusobrasileño y de época posterior a la actua­ te policromía. No parecen obra de ebaniste­


ción de nuestro Religioso, pues su estilo, el don ría, sino más bien de escultura, a semejanza de
José, se manifestó en el Río de la Plata mucho los retablos, confesonarios, púlpitos y marcos
después de su muerte. de los cuadros. Muchos de estos muebles —tal
En cuanto a los muebles misioneros guaraní- el caso de los escaparates, mesas y sillones—
ticos, debemos decir que estudiando algunos de presentan un trabajo de la madera no muy per­
los pocos ejemplares que se han conservado, feccionado, que se justifica porque debían reci-
son de factura muy sencilla, realizados la mayo­ bir el mástique previo al dorado y policro­
ría de ellos en madera de cedro y con abundan­ mía. En otros casos, como en las piezas con

Sillón, (ledro tallado y


policromado. Estilo barroco.
Misiones Jesuíticas del
Paraguay, mediados del siglo
Al///. Procede del pueblo de
Trinidad. Museo de l.a
Plata (provincia de
liuenos Aires).
236

Mueble de sacristía, de
cedro policromado, y
pormenor
correspondiente.
Corrientes, 1768.
Museo de la basílica de
Nuestra Señora de
Itatí. Corrientes.

enconchado o taracea, la labor de la madera se motivos fitomorfos, que cubren los espacios li­
termina a la perfección, y el acabado se comple­ bres entre los maderos verticales de las patas.
ta con un suave lustre a la cera. Y aunque no corresponde a las Misiones Je­
Se conservan algunos muebles en el Museo suíticas, porque se trata de un pueblo fundado
de La Plata y en el de Santiago del Estero (Co­ por los Franciscanos; interesa indicar cuáles
lección Gancedo). En el primero hay un bar­ muebles había en el siglo xvm en Itatí (Corrien­
gueño y un sillón que proceden de la Misión de tes). Según un inventario del año 1772, en la
Trinidad: aquél tiene incrustaciones de marfil y iglesia se guardaban “tres sillas bordadas de oro
tallas figurando animales, y presenta siete en terciopelo, con sus guarniciones de encaje de
cajoncillos con manijas de metal, de los cuales, oro”, además de otra de “terciopelo azul, galo­
el central ostenta una Cruz incrustada. neada de plata, con su flocadura de lo mis­
El sillón es bastante pesado, con respaldo rec­ mo”. Había otras tres sillas de pie de cabra,
to terminado en un motivo de talla. Rectos talladas y doradas; dos escaparates para la sa­
son también los brazos; pero terminan en un cristía, y una mesa de pie de cabra con cuatro
roleo muy acentuado, sobre el que descansa cajones y un sagrario. Asimismo, se anotan
una cabeza de angelito. Las cuatro patas, vis­ una mesa con cajones y un escaparate con ni­
tas de costado, presentan una doble curvatura, cho, escritorio y divisiones para libros —todos
como de volutas afrontadas. los cajones con cerraduras y llaves—; dos doce­
Más elegante es el sillón de la colección Gan­ nas y media de taburetes, y tres cujas para las
cedo, en forma de frailero, con estructura muy posadas de los huéspedes.
simple, montantes rectos y brazos curvados ha­ El inventario de 1779 añade datos más preci­
cia delante. Tanto el frente como los laterales sos: “Una mesa grande ovalada y pie de cabra y
presentan unos paneles tallados y calados, con tallada con cuatro cajones. Una mesa ovalada
237
238

con cajones y estante con tres nichos y varias cromado, que responde en gran parte a la des­
gavetas y separaciones, todo tallado, con sus ce­ cripción de alguno de los inventariados en
rraduras y tiradores de hierro. Un estante o 1772, 1779 y 1785. Se trata de una mesa de
escaparate grande todo tallado, con varios cajo­ arrimo con cinco cajones, sobre la cual se alza
nes y repartimientos ocupados con alhajas de la un cuerpo constituido por tres sectores: los late­
iglesia. Una rinconera con tres molduras, dos rales abiertos y con estantes, y el del centro con
cajones, puertas, cerraduras y llave. Una mesa el tercio inferior abierto, y la parte superior ce­
torneada con dos cajones y un estante que hace rrada con puertas. El coronamiento presenta
de escritorio y caja de reloj, todo tallado y pinta­ en el medio una hornacina, donde quizá hubie­
do. Doce taburetes con sus espaldares y asien­ ra una imagen religiosa, rodeada por dos ador­
tos de suela”. nos de talla con motivos vegetales, y en el rema­
El inventario de 1785 agrega dos atriles de te superior el escudo franciscano. El mueble,
pie de cabra; un facistol, también de pie de ca­ que es policromado, está fechado en 1768, se­
bra, pintado y dorado, y “un escaparate de tres gún se advierte en un relieve circular, puesto
y tercia varas de ancho, una y tres cuartas de arriba y a la derecha, con ornamentación pro­
alto, con veinte cajones, para sacristía, de made­ pia del rococó, estilo que inspira muchos deta­
ra de cedro, todo tallado, con sus remates de lles del mueble, y que el artesano ha interpreta­
ella, y una prensita de pliegos al lado”.61 do muy ingenuamente.
En una de las dependencias interiores de la Menos visible está el modelo europeo en los
iglesia de Itatí se halla un mueble de cedro poli­ dos importantes escaños, también en el santua­

Cajonera. Cedro
tallado. Corrientes,
segunda mitad del
siglo xvni. Iglesia de
la Merced.
Corrientes.
239

rio de Itatí, que en el siglo xvm estaban pintados


con varios colores y oro. Son dos, y miden
3,65 m. de largo; tienen patas rectas y sin ador­
no alguno, el cual se concentra en el faldón de­
lantero y en el respaldo. Este se aligera por el
empleo de columnillas abalaustradas que sopor­
tan una ancha faja horizontal con pronunciados
relieves, y que no es idéntica en las dos bancas,
porque en una el tema del faldón se repite am­
pliado: motivos ondulados simétricos, con pal­
metas o como palmetas en realce; y en la otra,
aquéllos adquieren mayor importancia, pues
sólo dos ocupan todo el largo del respaldo, ex­
cepto en el centro.
La talla es muy definida, produciendo acen­
tuados contrastes claroscurísticos, los que tam­
bién se aprecian en algunos muebles conserva­
dos en la Merced de la ciudad de Corrientes,
como son un armario y una cajonera de sacris­
tía. En el primero, lo más destacado es el fren­
te, con sus dos macizas puertas, divididas en
Respaldo de silla, Cuero labrado con el motivo del águila
tableros cuadrangulares con ángulos curvos bicéfala. Tucumán, segunda mitad del siglo \vtii.
cóncavos, que permiten la ubicación de relieves Complejo Museográfico Enrique Udaondo.
Luján (provincia de Buenos Aires).
con estilizaciones vegetales, y que parecen ha­
ber sido aplicados sobre el fondo plano. Dos
cajones bombés en la base y en una misma línea, ARTESANÍA DEL CLERO EN EL
cubiertos totalmente por tallas, rompen un tan­ VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA
to la austeridad de la estructura. En nuestro antiguo territorio tuvo singular
La cajonera es muy simple, de forma prismá­ desarrollo la industria del cuero, centrándose
tica, dividida en tres cuerpos, de los cuales el del en las zonas de Tucumán, Catamarca, Salta,
centro es más ancho. Los doce cajones que tie­ Córdoba y Cuyo la actividad más importante.
ne, presentan en sus frentes unas esquemáticas De la producción de la primera es índice una
tallas para apoyo de los tiradores. Más gracia instrucción fechada el 2 de noviembre de 1768,
tiene el pequeño cuerpo superior, de diseño un respecto de los bienes secuestrados a los expul­
tanto renacentista, cuya rigidez se suaviza por el sos Jesuitas, sobre que “el esclavo lomillero tra­
avance y retroceso de pilastras y cajones alter­ baje continuamente en su oficio y enseñe a otro
nados. para que le ayude, por ser preciso los lomillos...
240

para los peones de campaña... y dichos lomillos


se hacen de las suelas de desecho y asimismo los
asientos y espaldares para las sillas o tabu­
retes”.65
Hacia 1796, según el diputado Álvarez Con-
darco, Tucumán producía de 13.000 a 14.000
suelas y 1.000 pellones, utilizándose el tanino
del cebil, y la cal de Córdoba y de Catamar-
ca. En esta provincia, además de las suelas, se
hacían cordobanes, que entonces se considera­
ban superiores a los de Tucumán, y que se en­
viaban a las ciudades de Córdoba y de Buenos
Aires.'" De la primera refiere Sobre Monte en
un informe de 1788, que con los cueros de
ovejas y cabras se hacen muy buenos tapetados y
cordobanes... Los cueros de las reses se sacan pa­
ra Buenos Aires, aunque emplean muchos en
petacas, tipas, etcétera. ,
En todos estos lugares se usaba el cebil, cuya
corteza era rica en tanino; pero en San Luis se
empleaba la cáscara del molle, que poseía la
misma virtud.
En Cuyo se trabajaban suelas y cordobanes,
que se remitían a la capital del Virreinato, y aun
llegaban a Chile.
Se llama cordobán a la piel curtida de macho
cabrío o de cabra, y su nombre deriva del de la Respaldo de silla. Cuero labrado con el motivo del águila
bicéfala. Tucumán, segunda mitad del siglo xviu.
Córdoba española, que fue famosa, desde los Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.
tiempos de la dominación musulmana, por la Ciudad de Buenos Aires.
calidad de su artesanía. Es de suponer que los
cordobanes inventariados en los pueblos guara- bañes; en Santa María la Mayor, ocho, y en San­
níticos, en 1768, procedían de alguna de las tiago, “tres docenas y media de cordobanes y
provincias que hemos mencionado antes, por­ entapetados”.
que no sabemos que se practicara el oficio en las Más interesante es el dato aportado por el
reducciones del Paraná y el Uruguay. Así, en­ inventario de la Candelaria, pues da a conocer
contramos en Itapúa “una petaca con algunos que allí había dos sillas de vaqueta con almohada
cordobanes”; en San Carlos, veinticinco cordo- de cordobán."''
241

El comercio de Buenos Aires, al respecto, era las pertenencias de donjuán de Vergara (1649)
muy activo, según vemos en algunos documen­ se distinguen, además de “dos cordobanes y
tos del año 1785, pues entre los bienes dejados uno colorado de Chile, tres o cuatro badanas,
por Jerónimo Martínez había “ochocientos se­ grandes y chicas; un cojinillo de guadamecí, nue­
tenta y cinco tapetados de Córdoba y doscientos y vo, dorado un lado”, y “dos cojines de guadamecí
sesenta cordobanes de lustre chilenos” dorados”, que costaron cuarenta pesos.7"
Hacia 1804, un tal Lorenzo Insiarte, natural En las iglesias, tos guadamecíes eran utiliza­
de la villa de Macaya, en la baja Navarra, de dos para frontales o para adornar las columnas
oficio tornillero y almacenero de suelas y cordobanes, o pilares. En 1737, la capilla dedicada a la Vir­
tenía casa propia, cuatro esclavos, y “como cosa gen de Luján tenía uno plateado, ya viejo; 71 en
de cuatro mil pesos en dinero y efectos en su 1767, en la iglesia de Belén, residencia que fue
almacén”.''1 Y el mismo año, otro navarro, de de tos Jesuitas, anotamos “un frontal de guada­
nombre Bernardo Mayeta, declaraba ser tala­ mecí”, y “en otro altar, adornada la pared de
bartero y poseer una casa propia en la plaza de guadamecí y con dosel de papel de labores”; 7- y
Montserrat, y cuatro criados. por esos mismos años, de tos bienes dejados por
Asimismo, y gracias a los datos aportados por tos expulsos, se aplicaron a la catedral de Cór­
los padrones de la ciudad, estamos en condición doba “un frontal de guadamecí muy rico, bordado
de afirmar que en Buenos Aires había un cierto en oro, plata y matices", que se tasó en $ 300.71
número de tornilleros y petaqueros que ejercían También de tos Jesuitas —mejor dicho, de tos
la artesanía del cuero, aunque estos oficios no pueblos por ellos fundados en las reducciones
llegaron a alcanzar la significación de otros. del Paraguay— recordamos, en el de Santa Ma­
Una de las formas más artísticas del empleo ría la Mayor, “un Santo Cristo en su dosel de
del cuero ha sido el guadamecí, cuero adobado guadamecí”; en Nuestra Señora de Fe, “para to­
y adornado con dibujos de pintura o de relieve, das las columnas hay guadamecíes, que sirven
que tos árabes introdujeron en España, en cuya para cubrir en tos días más solemnes”; y en San­
Córdoba adquirió un extraordinario desarrollo. ta Rosa, “cinco frontales de guadamecí, y un
Aquí, en el Río de la Plata, ya con la expedi­ guadamecí y un sobrealtar de angaripola, para
ción de Pedro de Mendoza vino un tal Francisco cubrir y defender el frontal”.7'
Pérez, cordobés, de oficio guadamacilero; y en la En estas Doctrinas, entre tos muebles de tos
de Ortiz de Zárate, un llamado Juan Flores, na­ Padres, figuraron algunos baúles de Moscovia:
tural de Guereses, en Aragón, afirmó ejercer en la reducción de la Cruz (1786), “6 baúles
ese oficio. aforrados en vaqueta de Moscovia, con su clava­
No sabemos si efectivamente lo practicaron zón amarilla”; y en la de Santa Rosa, “un baúl
en estas latitudes; pero lo cierto es que guadame­ grande de vaqueta de Moscovia, con dos cerradu­
cíes encontramos en tos inventarios coloniales, ras y llaves, todo tachonado”.
tanto en las residencias privadas como en tos Pero el trabajo más corriente en el que se
ámbitos eclesiásticos. Así, por ejemplo, entre empleaba el cuero era el de tos asientos y respal­
242

dos de las sillas y otros muebles semejantes, de del viajero francés Julián Mellet, que a princi­
los que ya se ha escrito detenidamente. En pios del siglo xix escribió que a los sillones de
particular, todas las sillas y taburetes que proce­ cuero “les daban un aspecto majestuoso junto
dían de Tucumán utilizaban el cuero labrado, con vista muy agradable, aquellos grabados de
generalmente sin policromar, estando la deco­ oro o plata y la diversidad de los colores y di­
ración reducida a simples motivos géométricos bujos con que los adornan”.75
que se repetían regularmente ocupando toda la Mayor posibilidad decorativa brindaban a los
superficie del cuero, o también se organizaba artesanos del cuero las superficies de las arcas,
alrededor de un motivo central que, sobre un arcones y baúles, muchos de los cuales presen­
fondo liso, resaltaba en el enmarcado que le tan una tapa combada que se ornamentaba en
prestaba una cenefa formada por pequeños te­ su totalidad, lo mismo que los rectángulos de la
mas iguales. caja. El cuero se labraba y se policromaba; pe­
En la larga serie de asientos y respaldos que ro muy raramente el cuero es repujado. Los
hemos visto, se advierte también la persistencia ejemplares más sobresalientes tienen decora­
de algunos motivos que, originariamente herál­ ción muy barroca, con hojas, flores, pájaros y
dicos, pasaron a formar parte del léxico común otros animales, que llenan todos los espacios en
de los artesanos, como el tema del águila bicéfa­ composiciones, a veces, de ascendencia rena­
la, tan utilizado en el arte del cuero, la orfebre­ centista.
ría y demás. No escasean, por supuesto, las Como complemento de estos muebles, otros
ornamentaciones barrocas de ramazones y fo­ artesanos agregaban sus artísticos herrajes en
llajes curvilíneos, dispuestas, con frecuencia, si­ hierro, bronce y aun en plata, cuyos diseños
métricamente alrededor de un eje vertical. despiertan hoy el aprecio de los entendidos.
Asientos de estos tipos despertaron la atención

Baúl de cuero labrado y


policromado, y pormenor
correspondiente Alto
Perú, siglo Mili. Museo de
A ríe 11 ispa noa merica no
Isaac Fernández Blanco.
Buenos Aires.
243
Notas y Bibliografía
1. J. Torre Revello, “Mercaderías...", en Estudios, n" 427, 26. G. Furlong, S. J., Artesanos argentinos..., pág. 53.
pág. 121; Manuel Toussaint. Arte colonial.... pág. 179. 27. J. M. Mariluz Urquijo, El Virreinato..., pág. 299.
2. G. Furlong, S. J., Artesanos argentinos..., págs. 39-40. 28. P. S. Martínez, Las industrias..., pág. 60.
3. R. A. Molina. Hernandarias..., págs. 358. 488 y 490. 29. M. Solá, “La hacienda...’', en Anales del Inst. Arte Amer. e
4. R. A. Molina, “Juan de Vergara...", en Boletín de la Arad. Invest. Estéticas, n" 10, págs. 47 y 77.
Nac. Historia, vols. XXIV-XXV, págs. 83 y sigs. 30. D. F. Sarmiento, Recuerdos..., pág. 217.
5. G. Furlong, S. J., Artesanos argentinos..., pág. 45. 31. L. V. Mansilla, Mis memorias..., pág. 96.
6. Pbro. M. Á. Vergara, Estudios..., págs. 154-55. 32. R. A. Molina, Juan de Vergara..., págs. 69, 83, 88 v 93.
7. Padre P. Grenón, S. J., “La Catedral...", en Boletín Com. 33. L. R. Altamira, Córdoba..., pág. 98.
Nac. de Museos y de Mon. y Lug. Hist., año III, n" 3, págs. 72-73.
34. A. J. Pernetty, “La vivienda", en J. L. Busaniche, Estam­
8. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Tri­ pas..., págs. 199-200.
bunales, Sala IX, C. XXXVIII, A. 7, leg. 13, exp. 15, y Hacienda, 35. M. Solá, “La hacienda...”, en Anales del Inst. Arte Amer. ■■■
Correos, Aduana, Peticiones, Cabildo, Sala IX, C. XXVII, A. 1, Invest. Estéticas, n” 10, págs. 62, 63 y 73.
n" 3.
9. En el padrón de 1780, las variantes del oficio se especifi­ 36. J. Miers, Viaje al Plata..., pág. 78.
can del siguiente modo: carpintero (maestro, oficial o apren­ 37. J. Miers, Viaje al Plata..., pág. 174.
diz), tallista (maestro, oficial y aprendiz limpiante), tornero, ase­ 38. J. M. Mariluz Urquijo, El Virreinato..., pág. 299.
rrador, cedacero, peinero, tornero de obra negra, estatuario, 39. R. A. Molina, “Miguel de Riglos...”, en Historia, año III,
escultor, tonelero (maestro y oficial), silletero, maestro carpinte­ n" 11, págs. 26-27.
ro de hacer carretillas, maestro de talla y coches, maestro de
40. Enrique Peña, en Municipalidad de la Ciudad de Bue­
camoncillos y taburetes, maestro de fabricar instrumentos,
nos Aires, Documentos y planos..., tomo V, págs. 19, 20, 108, 113,
maestro de carpintero de lo blanco, oficial de carpintero arqui­
132, 134 y 137.
tecto, taconero, carretero, carpintero de ribera, oficial de cala­
fate y maestro guitarrero. 41. A. Millé, La Recoleta..., págs. 337-38.
10. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Ca­ 42. J. Torre Revello, La casa.... Segunda Parte, separata de
bildo de Buenos Aires, Propios (1777-82), Sala IX, C. XIX, A. 8, la Rev. Univ. Bs. Ai., Tercera Epoca, año III, n" 4, pág. 293.
n° 5, leg. 4. 43. J. Probst, “El costo de la vida...”, en Contr. est. hist. de
11. Padre J. Guevara, S. J., "Historia del Paraguay...”, en América — Homenaje al doctor E. Ravignani, pág. 436.
Anales de la Biblioteca, tomo V, pág. 72. 44. Concolorcorvo, El lazarillo...
12. F. Paucke, S. J., Hacia allá..., tomo III, Segunda Parte, 45. J. M. Mariluz Urquijo, El Virreinato..., pág. 299.
págs. 246-66. 46. J. M. Mariluz Urquijo, El Virreinato..., págs. 299-300.
13. G. Furlong, S. J., Antonio Sepp..., pág. 111. 47. La documentación respectiva se conserva en el Arch.
14. F. de Azara, Descripción..., págs. 44-46. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Cabildo de Buenos
15. D. F. Sarmiento, Recuerdos:.., pág. 209. Aires, Propios (1777-82), leg. 4.
16. M. A. Molas, “Descripción histórica...”, en Revista de Bue­ 48. Arch. Curia Ecl. (Buenos Aires), Notaría, leg. 71, n" 199.
nos Aires, tomo IX, págs. 541-42. 49. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Venta de propiedades
17. M. Lizondo Borda, Historia..., pág. 96. (1802-35), Sala X, C. XXVII, A. 5, n” 1.
18. P. S. Martínez, Las industrias..., pág. 59. 50. J. M. Biedma, "Los bienes...”, en Bol. Inst. Invest. Hist.,
19. E. O. Acevedo, La intendencia..., pág. 241. nos. 101-4, págs. 200-1.
20. E. O. Acevedo, La intendencia..., pág. 275. 51. E. Martínez Paz, Papeles..., págs. 19-20.
21. M. Lizondo Borda, Historia..., págs. 172-73. 52. G. Furlong, S. J., Artesanos..., págs. 156-57.
22. J. F. de Lázaro, "Las temporalidades...”, en Trabajos y 53. G. Furlong, S. J., Historia del Colegio..., tomo I, pág. 215.
Comunicaciones, n“ 1, pág. 115. 54. Ymbentario de los bienes existentes del pueblo de San Borja en
23. E. O. Acevedo, La intendencia..., pág. 251. la formación de cuentas de su administrador Dn. José Medina por fin
del año de 1785; Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia,
24. J. M. Mariluz Urquijo, El Virreinato..., págs. 298-99.
Gobierno (1777-85), Temporalidades, San Francisco de Borja, Inven­
25. A. Aguirre Saravia, “Acerca de las obras...", en Anales del tario, Sala XIII, C. XXVII, A. 1, n“ 9.
Inst. Arte Amer. e Invest. Estéticas, n“ 20, págs. 103 y 107. 55. A. Millé, La Orden de la Merced..., pág. 181.
246

56. Mons. Dr. N. Fasolino, “La Hermandad...”, en Archivum, Aronson, Joseph: The encyclopedia of fumiture. Nueva York,
tomo II, Cuad. 2, pág. 277. 1945.
57. Fray B. Toledo, Estudios históricos..., tomo I, pág. 420. Azara, Félix de: Descripción e historia del Paraguay y del Río de la
58. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Plata. Buenos Aires, 1943.
Compañía de Jesús (1760-65). Biedma, Juan Martín: “Los bienes y la biblioteca del deán de
59. E. Peña, en Municipalidad Ciudad Bs. As., Documentos y la catedral de Córdoba, doctor Nicolás Videla del Pino, al ser
planos..., págs. 20-21. electo obispo del Paraguay”, en Boletín del Instituto de Investi­
60. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, gaciones Históricas, nos. 101-4, págs. 194-226. Buenos Aires,
Compañía de Jesús (1760-65). 1947.
61. F. J. Brabo, Inventarios..., pág. 279. Brabo, Francisco Javier: Inventarios de los bienes hallados a la
62. G. Furlong, S. J., Artesanos..., pág. 109. expulsión de los Jesuítas... Madrid, 1872.
63. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Brito, Nogueira de: Enciclopedia pela imagem — O nosso mobiliá-
Compañía de Jesús (1723-34), n" 790. rio. Porto, s/f.
64. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Au­ Busaniche, José Luis: Estampas del pasado — Lecturas de historia
tos, Testimonios... (1708-1803), Sala IX, C. XI, A. 9, n° 5. argentina. Buenos Aires, 1971.
65. J. F. de Lázaro, “Las temporalidades...”, en Trabajos y Buschiazzo, Mario J.: “Mobiliario lusobrasileño en el Río de la
Comunicaciones, n" 1, pág. 115. Plata — Siglo XVHI”, en Anales del Instituto de Arte Americano e
Investigaciones Estéticas, n” 23, págs. 67-80. Buenos Aires,
66. P. S. Martínez, Las industrias..., pág. 70. 1970.
67. F. J. Brabo, Inventarios..., pág. 259.
Catre ño, Virginia: Ensayo sobre el mobiliario rioplatense desde la
68. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno,
conquista hasta nuestros días. Buenos Aires, 1961.
Tribunales, Sucesiones, leg. 6257.
Cescinsky, Herbert: English fumiture from gothic to Sheraton.
69. Documentos para la historia argentina, tomo 12, pág. 141.
Nueva York, 1968.
70. R. A. Molina, “Juan de Vergara...”, en Boletín de la Acad.
------ English fumiture of the eighteenth century. Nueva York,
Nac. Historia, vols. XXIV-XXV, págs. 85, 89 y 90.
1910.
71. P. J. Salvaire, Historia de Ntra. Sra. de Luján, tomo 2,
Concolorcorvo: El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aí­
Apéndices, pág. 29.
res hasta Lima. Buenos Aires, 1908.
72. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno,
Costa, Lucio: “Notas sobre a evolutjáo do mobiliário lusobra-
Temporalidades de Buenos Aires, Sala IX, C. XXIII, A. 6, n" 1.
sileiro”, en Revista do Servido do Patrimonio Histórico e Artístico
73. Arch. Gen. Nación (Buenos Aires), Colonia, Gobierno, Nacional, n" 3, págs. 149-62. Río de Janeiro, 1939.
Venta de Propiedades, 1802-35, Sala IX, C. XXVII, A. 5, n“ 1.
74. F. J. Brabo, Inventarios..., págs. 148, 357 y 394. Chippendale, Thomas: The gentleman cabinet - maker's director.
75. J. Mellet, Voyage... Nueva York, 1966.
Duarte, Carlos F., y Graziano Gasparini: Arte colonial en Vene­
zuela. Caracas, 1974.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Eberlein, Harold Donaldson, y Roger Wearne Ramsdell: The
practical book of I¡alian, Spanish and Portugúese fumiture. Fila-
Acevedo, Edberto Oscar: La intendencia de Salla del Tucumán en delfia y Londres, 1927.
el Virreinato del Río de la Plata. Mendoza, 1965.
Aguirre Saravia, Aníbal: “Acerca de las obras de reconstruc­ Fasolino, Mons. Dr. Nicolás: “La Hermandad de San Pedro
ción del Cabildo de Salta en el siglo xvnr. en Anales del en la antigua diócesis de Buenos Aires”, en Archivum, revista
Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, n“ 20, de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, tomo 2, Cuad.
págs. 100-18. Buenos Aires, 1967. 2, págs. 249-84. Buenos Aires, julio - diciembre de 1944.
Altamira, Luis Roberto: Córdoba — Sus pintores y sus pinturas — Fontecilla Larrain, Arturo: “Guadameciles, cueros de Córdo­
Siglos XVII y XVIII. Córdoba, 1954. ba y cordobanes durante la Colonia”, en Boletín de la Acade­
Araujo, Joáo Hermes Pereira de: “El arte lusobrasileño en el mia Chilena de la Historia, año IX, n“ 21, págs. 61-
Río de la Plata”, en La Nación, de Buenos Aires, 16.10.1966. 82. Santiago de Chile, segundo trimestre de 1942.
247

Furlong S. J., Guillermo: Antonio Sepp y su gobierno temporal Molas, Mariano A.: “Descripción histórica de la antigua pro­
(1732). Buenos Aires, 1962. vincia del Paraguay”, en Revista de Buenos Aires, tomo 9.
----- Artesanos argentinos durante la dominación hispánica. Bue­ Buenos Aires, 1866.
nos Aires, 1946. Molina, Raúl Alejandro: Hemandarias — El hijo de la tierra.
----- Historia del Colegio del Salvador. Buenos Aires, 1944. Buenos Aires, 1948.
----- Historia social y cultural del Río de la Plata (1536-1810) — El ------ “Juan de Vergara, señor de vidas y haciendas en el Bue­
trasplante cultural — Arte. Buenos Aires, 1969. nos Aires del siglo xvn”, en Boletín de la Academia Nacional de la
Historia, vols. 24-25, págs. 51-143. Buenos Aires, 1950-51.
Gilda, Rosa: / mobili nelle civiche raccolte artistiche di Milano.
Milán, 1963. ------ “Miguel de Riglos, el hombre que llenó medio siglo de
Buenos Aires, y su biblioteca histórica”, en Historia, año 3, n”
Grenón S. J., Pedro: "La catedral de Córdoba”, en Boletín de la 11, págs. 20-44. Buenos Aires, enero - marzo de 1958.
Comisión de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, año 3,
n” 3, págs. 71-133. Buenos Aires, 1941. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires: Documentos y
planos relativos al período edilicio colonial de la ciudad de Buenos
Guevara S. J., José: “Historia del Paraguay, Rio de la Plata y
Aires, tomo 5. Buenos Aires, 1910.
Tucumán”, en Anales de-la Biblioteca, tomo 5. Buenos Aires,
1908. Museo Nacional de Arte Decorativo: El arte lusobrasileño en el
Río de la Plata. Buenos Aires, 1966.
Hardendorff Burr, Grace: Hispanic fumiture. Nueva York,
1943. Museu de Arte de Sao Paulo Assis Chateaubriand: Artistas e
artífices do Brasil — Séculos XVI, XVII y XV11I. San Pablo,
Hepplewhite, George: The cabinet - maker & upholsterer's guide. noviembre de 1977.
Nueva York, 1969.
Nascimento, J. F. da Silva: Leitos e camilhas portuguesas — Subsi­
Janneau, Guillaume: Les meubles. París, Flammarion, s/f. dios para o seu estudo. Lisboa, 1950.
Lázaro, Juan F. de: “Las temporalidades de Tucumán a fines Olivar Daydí, M.: Historia del mueble inglés. Barcelona, 1949.
del siglo XVtn”, en Trabajos y Comunicaciones, n" 1, págs. 109-
Oliver, Ernesto Luis: “Historia del mueble colonial”, en Rosa­
19. La Plata, 1949.
linda. Buenos Aires, marzo - octubre de 1939.
Lizondo Borda, Manuel: Historia del Tucumán — Siglos XVII y
Orduña Viguera, Emilio: Arte español — La talla ornamental en
XVIII. Tucumán, 1941.
madera. Madrid, 1930.
Lozoya, Marqués de: Muebles de estilo español, desde el gótico...
Barcelona, 1965. Paucke S. J., Florián: Hacia allá y para acá — Una estada entre los
Mansilla, Lucio V.: Mis memorias. París, 1904. mocobíes (1749-67), tomo 3, Segunda Parte. Tucumán -
Buenos Aires, 1942.
Mariluz Urquijo, José María: El Virreinato del Río de la Plata en
la ¿poca del marqués de Avilés (1799-1801). Buenos Aires, Pernetty, Dom: Histoire d’un voyage aux Isles Malouines, fait en
1964. 1763 & 1764, avec des observalions... París, 1770.
Márquez de la Plata, Fernando: Los muebles en Chile durante los Pinto, Augusto Cardoso, 8c J. F. da Silva Nascimento: Cadeiras
Siglos XVI, XVII y XVIII. Santiago de Chile, 1933. portuguesas. Lisboa, 1952.
Martínez, Pedro Santos: Las industrias durante el Virreinato Pinto, María Elena Mendes: “Móveis”, en Artes decorativas por­
(1776-1810). Buenos Aires, 1969. tuguesas no Museu Nacional de Arte Antiga — Séculos XV -
XVIII, págs. 21-142. Lisboa, 1979.
Martínez Paz, Enrique: Papeles de Ambrosio Funes publicados
por... Córdoba, 1918. ------ "Rela^óes entre o mobiliário portugués e estrangeiro”, en
Boletim do Museu de Arte Antiga, vol. 5, n” 2, págs. 44-
Mellet, Julien: Voyage dans l'Amérique méridionnale á l'intérieur
51. Lisboa, 1966.
de la cote -ferme el aux iles de Cuba el de la Jamaique depuis 1808
jusqu’en 1819. Agen, 1823. Piñero, Tulia: “Belgrano en la creación de la Escuela de Dibu-
xo", en La Nación, Buenos Aires, 26.6.1960.
Miers, John: Travels in Chile and La Plata, vol. I. Londres Ribera, Adolfo Luis: "El estrado en el Río de la Plata”, en Aca­
1826.
demia Nacional de la Historia — Bicentenario del Virreinato del
Millé, Andrés: La Orden de la Merced en la conquista del Perú, Río de la Plata, tomo 2, págs. 205-25. Buenos Aires, 1977.
Chile y el Tucumán, y su antiguo convento del antiguo Buenos Aires ----- “Los escultores de la selva misionera", en Academia Nacio­
(1718-1804). Buenos Aires, 1958.
nal de Bellas Artes — Anuario, n“ 5, págs. 3-10. Buenos Ai­
----- La Recoleta de Buenos Aires. Buenos Aires, 1952. res, 1977.
248

Ribera, Adolfo Luis, y Héctor H. Schenone: “Tallistas y escul­ Sociedad Española de Amigos del Arte: Catálogo de la Exposi­
tores del Buenos Aires colonial — El maestro Juan Antonio ción de Mobiliario Español de los Siglos XV, XVI y Primera Mitad
Hernández”, separata de la Revista de la Universidad de Buenos del XVII. Madrid, 1918.
Aires, Cuarta Epoca, año 2, n° 5. Buenos Aires, 1948. Solá, Miguel: “La hacienda de San Francisco de Yavi”, en Ana­
----- Platería sudamericana de los Siglos XVII-XX. Hirmer Verlag, les del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, n°
München, 1981. 10. Buenos Aires, 1957.
Rodrigues,}. W.: “Móveis antigos de Minas Gerais”, en Revista Symonds, Ralph H.: “English eighteenth century furniture
do Servido do Patrimonio Histórico e Artístico Nacional, n° 7, exports to Spain and Portugal”, en The Burlington Magazine,
págs. 79-96. Río de Janeiro, 1943. vol. 78, págs. 55-60 (febrero de 1941).
Rodrigues, J. Wasth: “Mobiliário”, en As artes plásticas no Bra­ ------ “Furniture from the Indies”, en The Connoisseur, vol. 93,
sil, págs. 179-200. Río de Janeiro, 1952. págs. 283-9 (año 1934).
----- Mobiliario do Brasil antigo. San Pablo, 1958. ------ “Giles Gredey (1693-1780) and the export trade of Eng­
Romero de Terreros y Vinent, Manuel: Las artes industriales en lish furniture to Spain”, en Apollo, vol. 22, págs. 337-42 (año
la Nueva España. México, 1923. 1935).
Santos, José de Almeida: Mobiliário artístico brasileiro. San Pa­ Taullard, A.: El mueble colonial sudamericano. Buenos Aires,
blo, 1963. 1947.
----- “O estilo brasileiro D. Maria ou colonial brasileiro”, en Toledo, Fray Bernardino: Estudios históricos — Provincia merce-
Revista do Servido do Patrimonio Histórico e Artístico Nacional, daria de Santa Bárbara del Tucumán (1594-1918), tomo 1.
n“6, págs. 321-35. Río de Janeiro, 1942. Córdoba, 1919.
Santos, Reynaldo dos: Historia del arte portugués, Capítulo 15, Torre Revello, José: “La casa y el mobiliario en el Buenos
“El mobiliario”. Barcelona, 1960. Aires colonial”, separata de la Revista de la Universidad de
Sarmiento, Domingo F.: Recuerdos de provincia. Buenos Ai­ Buenos Aires, Tercera Epoca, año 3, n“4. Buenos Aires,
res, 1927. 1946.
Schenone, Héctor H.: “Tallistas portugueses en el Río de la ------ “Mercaderías introducidas por los españoles en América
Plata”, en Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones (1534-86)”, en Estudios, n“ ,427. Buenos Aires, marzo -
Estéticas, n“ 8, págs. 40-56. Buenos Aires, 1955. abril de 1948.
Smith, Robert C.: “Brasilian colonial sacristy cupboards and Toussaint, Manuel: Arte colonial en México. México, 1948.
cabinets”, en The Connoisseur, agosto de 1971, págs. 260-8.
Vergara, Pbro. Miguel Ángel: Estudios sobre la historia eclesiásti­
------ "Portuguese furniture of the seventeenth century”, en The ca de Jujuy. Tucumán, 1942.
Connoisseur, vol. 143, n“ 577, págs. 194-7 (abril de 1959), y
n“ 579, págs. 268-71 (junio de 1959). Wasth Rodrigues, J.: Véanse Rodrigues, J. W., y Rodrigues, J.
----- The art of Portugal. Nueva York - Londres, 1968. Wasth.
LA MÚSICA CULTA EN EL PERÍODO HISPANO
Francisco Curt Lange
251

A MANERA DE INTRODUCCIÓN ta la aparición de las primeras obras orgánicas,


que vieron la luz desde 1930 en adelante.
No faltaron autores inclinados a magnificar
El conocimiento de la actividad musical du­ el ejercicio musical durante el período colonial
rante el período colonial argentino permaneció argentino, basándose, al desconocerlo, en la
durante mucho tiempo en tinieblas. Los hom­ descollante actividad que la Argentina acusa en
bres del siglo xix, entregados por entero a la el presente. Olvidan o desconocen que no hu­
difusión de las expresiones europeas de su bo nexos entre la actividad musical de ios siglos
tiempo —la música de salón y la operística— o xvi a xvm y la del siglo pasado, dado que ambos
inclinados a un tanteo nacionalista basado en períodos se hallan separados por acontecimien­
formas y estilos de su época, no revelaron in­ tos políticos, económicos, sociales y filosóficos,
quietud alguna por el pasado. Queda en su señalando etapas divididas por agudos contras­
favor el haber construido la plataforma sobre la tes: al absolutismo siguió el liberalismo, y al pre­
cual la Argentina pudo convertirse en la nación dominio de la música religiosa, la profana. So­
latinoamericana más desarrollada en enseñan­ bre las cenizas de una se levantó la otra, sin
za, creación, interpretación y consumo musica­ alimentarse de aquéllas.
les, y en su contra, el haber facilitado la pérdida Hay que recordar, asimismo, la paupérrima
total del patrimonio artístico musical, manuscri­ situación material que prevaleció durante mu­
to e impreso, que podía haber demostrado chos años en la capital dos veces fundada, ca­
fehacientemente el grado de interés por el de­ rente de recursos materiales, poblada por redu­
sarrollo musical, la procedencia de obras y el cido número de habitantes, y constituida por
gusto individual o colectivo durante los tres si­ edificios públicos y moradas particulares rudi­
glos de administración hispánica que ésta pro­ mentarias, que de manera alguna podían repre­
veía a sus dominios más distantes. sentar a la España de los siglos xvi y xvm, ni a las
De un período de tres siglos, sobresalieron florecientes capitales de algunos Virreinatos.
apenas, como hechos notorios, revelados por La Argentina y Chile figuran en las postrime­
historiadores, la trascendencia nada común da­ rías del corolario de conquistas de España en el
da por la Compañía de Jesús al ejercicio de la Nuevo Mundo. Complementarias como fue­
música en los pueblos de Misiones y en sus cole­ ron, no aportaron a las ya existentes —algunas,
gios, y el período operístico introducido en de recursos espléndidos— sino capitanías de
Buenos Aires después de la Independencia en notoria pobreza, en la que faltaron durante mu­
que nació soberana la Nación Argentina. Con cho tiempo los elementos más indispensables
estos hechos históricos, y la incursión en aconte­ para que un relativo bienestar de una sociedad
cimientos musicales y figuras relevantes del pe­ en cierne permitiese desenvolverse saludable­
ríodo musical reciente —a su vez, insuficiente­ mente hacia las artes.
mente investigados—, tuvieron que conforínar- En lo que respecta a la Muy Leal Ciudad de la
se el profesorado y el alumnado argentinos has­ Santísima Trinidad Puerto de Santa María de
252

Buenos Aires, poseemos un testimonio del pa­ res hasta Lima —vía de fundamental importan­
dre músico Antón Sepp, personalidad de la cia para las comunicaciones durante todo el pe­
mayor importancia en el desarrollo espiritual y ríodo colonial— podría modificar nuestra ase­
artístico de las Reducciones de Indios. Llega­ veración sobre el tardío desenvolvimiento artís­
do en 1691 a Buenos Aires, nos relata en sus tico musical de la Capital y de las poblaciones
Memorias que ésta constaba sólo de dos calles, del Interior, si aplicáramos este temperamento
abiertas en encrucijada.1 a la región lindera con el Alto Perú, la actual
Una situación notoriamente inferior llegó a Bolivia, región de las más ricas de las posesiones
prevalecer en Montevideo, fundada cuarenta españolas de ultramar, donde la actividad musi­
años más tarde —y que no puede ser desglosa­ cal alcanzó un extraordinario desenvolvimien­
da del territorio colonial argentino—, donde las to, que en nada tenía que envidiar a la que po­
viviendas eran sin excepción de cuero. Será día ostentar la Madre Patria en sus catedrales
f ácil imaginarse, sobre el filo de ese siglo agoni­ de mayor rango y tradición.
zante, la situación económica, social y urbanísti­ Por la misma ley de la demanda y la oferta, e
ca imperante en el hinterland, aun incluyendo a inclusive por natural imitación, las regiones ar­
Córdoba. El desenvolvimiento que trajo a la gentinas próximas a Potosí y a La Plata —más
capital de la Gobernación un mejor bienestar tarde, Chuquisaca, y al presente, Sucre— debe­
material y social, sólo vino a beneficiarla arqui­ rían haber recibido beneficios directos de esta
tectónica, cultural y musicalmente bien entrada situación de privilegiada vecindad, haciendo su­
la segunda mitad del siglo xvm. Hasta esta altu­ poner que en períodos anteriores a la segunda
ra, Córdoba había asumido justificadamente la mitad del siglo xvm, su vida musical podría ha­
función de capital material y espiritual del país. ber sido más rica que la de Buenos Aires. No
Si trazamos una línea recta entre Buenos Ai­ poseemos documentación alguna que lo com­
res y Mendoza, dividimos el territorio en dos pruebe, salvo cierta actividad musical sorpren­
sectores, de los cuales el sureño se hallaba ocu­ dente en la pequeña Humahuaca, pueblo de
pado por tribus salvajes, cuyos malones llega­ indios de la quebrada del mismo nombre. Hu­
ron a causar pánico y efectos trágicos hasta me­ bo, desde luego, introducción de variados obje­
diados del siglo xix. Sólo lo que se hallaba si­ tos de culto, pero supuestamente en forma cada
tuado al norte de esta línea imaginaria pertene­ vez más débil, a medida que aumentara la dis­
cía a una región parcialmente pacificada, si ex­ tancia entre las fuentes de suministro y Jujuy,
cluimos los episodios sangrientos protagoniza­ Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba,
dos por los indios del Chaco —tobas y moco- Santa Fe y Buenos Aires. Debido a los ingre­
bies—, y las huestes calchaquíes, que en un sos en extremo magros, tampoco se contaba con
tiempo comandaba el falso inca Bohórquez. los recursos en metálico para efectuar transac­
En esta región, la paz sólo llegó a establecerse ciones de importancia.
cerca de 1750. No existe información alguna sobre migra­
La diagonal que conducía desde Buenos Ai­ ción de músicos, instrumentos musicales y pa­
253

peles de solfa. Se sabe que la Compañía de tud, para sufrir en el siglo xix nuevas modifica­
Jesús adquiría en Europa, a través de sus procu­ ciones y ornamentaciones que respondieron al
radores, los elementos que no podían ser cons­ afán de renovación y modernización de la épo­
truidos o elaborados en sus pueblos de Misiones. ca, como lo comprueban las catedrales de Jujuy,
Estas compras se centralizaban en España y en Salta, Tucumán, Córdoba, Santiago del Estero
Italia. Y su portentoso comercio en yerba, y Rosario, y muchas iglesias conventuales. En
muías y esclavos representaba transacciones en el trascurso de estas reedificaciones, pocos li­
dinero, dado que los Jesuitas habían llegado bros de ingresos y gastos, inventarios, visitas,
muy rápidamente al establecimiento de fuentes etcétera, fueron conservados. Puede decirse
propias de producción. que es escasísima la documentación fragmenta­
Partiendo del hecho de que la música religio­ ria que se conserva del siglo xvn y de la primera
sa predominaba notoriamente sobre las demás mitad del siglo xvm.
manifestaciones de sus congéneres cultas a lo Una pérdida aun mayor se produce en las
largo de todo el período colonial argentino, se­ Cofradías de Legos, donde los libros de admi­
ría justificado pensar en la existencia de una nistración pasaron con cada renovación de au­
ponderable cantidad de obras que atestiguasen toridades a otras manos, siempre particulares,
un reflejo, aunque débil, de la asombrosa activi­ sabiéndose que fueron precisamente estas orga­
dad desarrollada en lo que es hoy territorio de nizaciones religiosas las que más contribuyeron
la nación boliviana. Sin embargo, ha sido ca­ en la ornamentación y en las festividades de los
racterística de las edificaciones religiosas del pe­ templos. Y en un grado mucho mayor aún se
ríodo colonial argentino, tanto en Buenos Aires perdieron partituras y partes, cuya tenencia era
como en el Interior, lo endeble y primitivo de manejada por el encargado del servicio musical,
sus estructuras. Construidas al principio de y en las catedrales —hablamos siempre del pe­
adobe, sufrieron modificaciones y ampliacio­ ríodo colonial, y por tanto, de las de Buenos
nes; luego, demoliciones, para dar lugar, a me­ Aires y de Córdoba—, por los maestros de capi­
dida que crecían las poblaciones, a edificios más lla, que sólo en raros casos existieron. Cada
espaciosos y sólidos, que a su vez fueron nueva­ uno imponía sus gustos, desdeñando materiales
mente sometidos a reformas y embelleci­ acumulados por los antecesores.
mientos. Estos papeles sucumbieron a la acción del
Es insignificante el número de iglesias argen­ tiempo o a la incineración dispuesta ex profeso.
tinas que conservan algunos de sus rasgos pri­ De esta manera hemos quedado privados del
mitivos, incluyendo los primeros materiales em­ conocimiento de las características de la activi­
pleados en su obra. Sobresalen la iglesia del dad musical; del repertorio empleado; de los
Colegio Mayor de la Compañía en Córdoba y cantores e instrumentistas que actuaban en ser­
varias de sus estancias. En el correr del siglo vicios regulares y extraordinarios, religiosos y
xvm, los templos, ya por segunda vez demolidos, profanos; de la condición social de esta grey
dieron lugar a otros de mayor solidez y ampli­ anónima que sirvió de abono para una Argenti­
254

na musicalmente mejor; de los órganos instala­


dos con inmensos sacrificios; de sus reparacio­
nes en el correr del tiempo, y de su presencia
breve o prolongada ante la comunidad de
creyentes; de organeros y organistas; de fundi­
dores de campanas, el instrumento sonoro por
excelencia que marcaba el ritmo de una colecti­
vidad; de procesiones acompañadas por música
y danzas. Y de otros aspectos fundamentales
del aparato musical culto, tanto más, porque la
documentación de los cabildos civiles también
fue víctima de depredaciones de toda especie.
Además, no ha sido sólo la renovación de las
iglesias del clero secular y regular la que con­
dujo a la pérdida de valiosísima documenta­
ción. Fueron varias las ciudades que al poco
tiempo de fundadas debieron ser trasladadas
de lugar, sea por la presencia de tribus agresi­
vas, o por inconvenientes impuestos por la na­
turaleza: inundaciones, terremotos, regiones
insalubres... De ello nos hablan las historias co­
rrespondientes a Salta, Santiago del Estero,
Santa Fe, la propia Córdoba, los primeros tiem­
pos de Buenos Aires, el terremoto de Mendoza
en el siglo pasado, y el de San Juan en el presen­ Ángel con trompeta. Detalle del altar de la Virgen
te. También se suma a la pérdida de preciosos de Nieva, en la catedral de Córdoba.
documentos el incendio de la Curia Metropoli­
tana, de San Francisco, de Santo Domingo y de su expulsión en 1767. Estos traslados y la refe­
otros templos de Buenos Aires, provocados en rida expulsión infligieron daños irreparables a
1955. los archivos, ocasionando la dispersión, merma
De la historia de conventos e iglesias del clero o pérdida total de valiosísimos documentos, an­
regular también pueden extraerse referencias tes que historiadores competentes pudiesen
sobre accidentes y alteraciones en su difícil exis­ realizar un trabajo exhaustivo de investigación.
tencia. Mercedarios, dominicos y jesuítas pa­ Después del extrañamiento de los Jesuítas,
decieron conflictos graves, que culminaron al sólo restaron de las reducciones en la Mesopo-
retirarse de varias ciudades las dos primeras ór­ tamia argentina y al este del río Uruguay las
denes, y respecto de la Compañía de Jesús, con ruinas del otrora esplendoroso templo de San
255

Ignacio Guazú, el primero y mayor de los pue­ vento de Nuestra Señora de la Merced se inau­
blos de indios formados, y del sector cedido al guró en 1750; la de San Francisco, en 1764,
Brasil, os sete Povos das Missdes, cuyos ornamen­ mientras que la de Santo Domingo fue bendeci­
tos fueron trasladados a Porto Alegre al comen­ da en 1751 y concluida en 1779, si bien le falta­
zar el siglo xix. ban la fachada y la torre. Queda de esta mane­
La única comunidad religiosa que se mantu­ ra confirmado que una cierta estabilidad, segui­
vo inalterablemente en el sitio escogido para da de un firme progreso, se produjo a partir de
propagar la fe y servir a la comunidad, fue la la segunda mitad del siglo xviii, aunque pode­
Orden Seráfica de San Francisco; pero con ex­ mos estar seguros de que los servicios de música
cepción de la iglesia de Santa Fe, restaurada sólo se pudieron consolidar en muy pocas igle­
hace unos decenios, nada queda de sus antiguas sias, de esos años en adelante, puesto que la
edificaciones, reformadas al correr de los siglos, mayoría, inclusive la catedral de Córdoba, se­
tanto en Santiago del Estero, Catamarca, La guían luchando con los mismos problemas ori­
Rioja, Jujuy, Salta y Córdoba, como en Mendo­ ginados por la falta de recursos y la consiguien­
za. Ni una sola página de música de los siglos te ausencia de músicos competentes.
xvi a xviii ha sobrevivido en sus espesos muros. Hubo durante muchos años cierta propen­
Cuando trabajé en el archivo de San Francisco sión a adjudicar exclusivamente a la Compañía
de La Rioja, los Padres confesaron haber que­ de Jesús una actividad musical descollante, des­
mado música muy vieja que se hallaba en una conociéndose que la enseñanza de la música
antigua petaca. culta, realizada en forma sistemática, no se cir­
El archivo musical que pudimos rescatar de cunscribió a los pueblos de Misiones y a las más
San Francisco de Tucumán, cubierto por un es­ dotadas de sus colectividades de indios; es de­
peso manto de polvo y hollín, abandonado so­ cir, en sitios muy distantes de las ciudades y
bre una escalinata que conduce a la torre, perte­ mantenidos deliberadamente aislados de toda
necía en su integridad al siglo xix; es decir, al injerencia de españoles y criollos, que siempre
tiempo de la Gran Misa, de imponente instru­ intentaban alterar la paz platónica y los fines de
mental y de una melódica afectada por la profu­ instrucción espiritual y manual de sus habitan­
sión de la ópera italiana y la zarzuela española. tes, trazados con mano firme por los Padres.
Los únicos documentos introducidos durante Hubo, asimismo, una profunda diferencia en
el siglo xviii en la Argentina colonial, proceden­ cantidad y calidad entre los conjuntos que ac­
tes de Italia y que consisten en dos partituras de tuaban en esas reducciones, y los que habían
subido valor artístico, pertenecen a nuestro ar­ sido creados, en número bastante menor, en los
chivo personal, y fueron adquiridos de manos colegios de la Compañía, en el Mayor de Córdo­
particulares en Santiago del Estero el año 1934. ba, y en los de Buenos Aires y de Santa Fe, para
Para finalizar, agreguemos que la catedral de nombrar los más importantes y dejar a un lado
Buenos Aires se derrumbó en 1752; San Igna­ sus residencias, que contaban apenas uno o dos
cio fue reedificado en 1729; la iglesia del con­ esclavos músicos, aunque hayan sido dotados
256

siempre de órganos procedentes de los talleres des—, cantores e instrumentistas solían ser afi­
de las reducciones. Y si bien los apologistas de cionados, cuya ocupación correspondía a los
la Compañía atribuyen también a la música del oficios habituales: herreros, carpinteros, albañi­
Colegio Mayor de Córdoba cualidades que la les, sastres... Bien pueden haber sido algunos
colocaban por encima de manifestaciones simi­ de estos pobladores, profesionales de rudimen­
lares —al menos, en esta ciudad—, no puede taria formación, dotados de buena voluntad,
olvidarse que los cantores e instrumentistas fue­ pero imposibilitados de vivir sólo de este arte, o
ron sin excepción esclavos, instruidos en uno o de perfeccionarse en su técnica, por la carencia
varios oficios, a fin de aprovechar más ventajo­ de profesionales auténticos o de escuelas de
samente, ínter muralis, los servicios que esta gen­ música.
te de tez oscura debía prestar a la comunidad La pobreza de cada medio, tampoco permitía
religiosa. Rarísima fue la dedicación exclusiva contratar a músicos de mayor categoría. Nin­
al ejercicio musical. guno de ellos abandonaría su labor lucrativa en
Aun adjudicando cierto fundamento a las medios musicales más elevados, para iniciar un
afirmaciones de la superioridad musical jesuíti­ largo peregrinaje que le resultaría muy pronto
ca —hechas desde fuera, y sin el indispensable funesto. Ni las autoridades civiles ni las ecle­
conocimiento de la complejidad estructural de siásticas se hallaban en condiciones de estipular
esta Orden—, la actividad musical en la Argen­ rubros con fines de mejorar los servicios de mú­
tina no se circunscribía sólo a la Compañía de sica, y menos aún para soportar erogaciones
Jesús, sino que se extendía a todas las demás dignas de un maestro de capilla y de todo un
poblaciones de un vastísimo territorio, a través aparato musical constituido por cantores e ins­
de los cleros secular y regular. En todos los trumentistas.
templos, los jóvenes esclavos que mostraban po­ Podríamos suponer que el hábito de contar
seer condiciones para el ejercicio de la música, con esclavos músicos que resultaban baratos a
eran destinados a su servicio, si bien se sabe que un convento o una iglesia matriz, se habría vuel­
actuaban en la mayoría de los casos de oído, sin to costumbre o abandono; pero el fondo del
haber recibido siquiera la enseñanza mínima problema residía siempre en la carencia de re­
para cantar y tocar por notación. Dejemos cursos. Las quejas amargas de los obispos en
constancia, además, de que por insuficiente que sus memoriales fueron tan ciertas con respecto
haya sido el servicio musical, buena parte del a la pobreza reinante, como ha sido sistemática
clero tenía plena conciencia del beneficio que la la obstinada resistencia de los Padres a ser en­
participación de la música significaba en los viados a sitios distantes y aislados en la pampa,
acontecimientos religiosos, y también en la vida la región cordobesa y la precordillera andina.
privada, como elemento de educación y eleva­ Respecto de la actividad musical en las ciuda­
ción espiritual. des situadas a lo largo de los Andes, fundadas
En pueblos más distantes —ante todo, en la en buena parte por adelantados y capitanes
región precordillerana, a lo largo de los An­ provenientes de Chile, aparte la dependencia
157

eclesiástica de aquella región, los nexos comer­ Sin embargo, leyendo con atención los capí­
ciales y sociales tuvieron que ser más estrechos tulos que siguen, el lector encontrará una mar­
entre Mendoza, San Juan y otros puntos, y la cada propensión hacia la música en toda la po­
capital chilena, a pesar de la mole pétrea que blación, desde la popular a la culta, no sólo co­
separa a esas poblaciones. En vista de que mo consecuencia de su aislamiento, y de la ne­
Santiago luchaba con problemas económicos si­ cesidad de diversiones, expansiones y elevacio­
milares, y aun cuando su catedral fue mejor nes para su cuerpo y su espíritu, sino porque
servida en música que la de Buenos Aires, debi­ siguió conservando la identificación con la mú­
do a algunos suministros humanos y materiales sica que tanto distingue a los hombres del Me­
procedentes del Perú; ningún reflejo de este dioevo, el Renacimiento y el Barroco.
estado de cosas pasó a beneficiar a Mendoza, La vida musical en el período colonial argen­
San Juan, La Rioja y Catamarca: estas últimas, tino es comparable con un paisaje modes­
situadas completamente fuera de la ruta de co­ to. Incorporados a él descubrimos poco a po­
municación que pasaba por Santiago del Estero co muchos encantos. Cuando se ha llegado a
y por Tucumán. leer tantas páginas amarillentas de los viejos có­
Un exacto reflejo del desamparo en que se dices, extrayendo penosamente informaciones
desenvolvía La Rioja trasunta claramente de la musicales, se queda admirado ante los esfuerzos
carta que envió el padre Juan Ondícola al padre muchas veces sobrehumanos realizados por in­
Joseph Angulo en 1763, recordando la respues­ dividuos y colectividades, para mejorar la vida
ta negativa remitida por éste, al decir que ni aun de esta aliada tan querida de su terrenal exis­
como obispo le agradaría ir a ese destie­ tencia que ha sido la música. Veamos algunos
rro.2 En 1770, fray Joseph Martínez, comisa­ ejémplos que parecen inverosímiles.
rio visitador de la Orden de San Francisco, Como consecuencia de haber asesinado los
comprobó que la iglesia amenazaba derrumbar­ indios a los jefes de la expedición realizada en
se, con peligro de muerte para los feligreses, 1784-85 por las costas patagónicas, se practicó
razón por la cual ordenó su inmediata recons­ un inventario de bienes. En el que correspon­
trucción. En 1824, el convento de Santo Do­ día al jefe de la expedición, donjuán de la Pie­
mingo no tenía más de cinco celdas, “el techo de dra, comisario superintendente del Fuerte del
dos de éstas tan desechas, que se llueven entera­ Carmen (Río Negro), efectuado en la casa de su
mente”; y si tenemos en cuenta que la población morada, el 6 de febrero de 1785, se mencionan,
de Todos los Santos de la Nueva Rioja fue fun­ además de 49 libros de diferentes autores no
dada por Ramiro de Velasco en 1591, y que este especificados, un arpa y un violín.
Convento ya existía en los 160 años que prece­ En el inventario de los bienes pertenecientes
dieron