CATEQUESIS SOBRE EL PURGATORIO
El purgatorio
Estado transitorio de purificación necesaria para aquellos que, habiendo muerto en gracia de Dios y
teniendo segura su salvación, necesitan mayor purificación para llegar a la santidad necesaria para entrar en
el cielo. Esta purificación es totalmente distinta al castigo del infierno. El purgatorio es doctrina de fe
formulada en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580).
Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están
seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad
necesaria para entrar en la alegría del cielo.
- CEC 1030
Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador viéndole en la Gloria. Sin embargo todos
hemos pecado y en esa condición no se puede entrar en el cielo, pues nada manchado puede entrar en el
Cielo; por lo cual, todos necesitamos la redención de Jesucristo para poder ir al cielo. Jesús nos purifica con
el poder de su Sangre para poder ser admitidos al cielo. La salvación es posible sólo por medio de Jesucristo.
Si morimos en gracia de Dios es porque hemos recibido esa gracia por los méritos de Jesucristo que murió
por nosotros en la cruz. La purificación del purgatorio también es gracias a Jesucristo.
El purgatorio es necesario porque pocas personas se abren tan perfectamente a la gracia de Dios aquí en la
tierra como para morir limpios y poder ir directamente al cielo. Por eso muchos van al purgatorio donde los
mismos méritos de Jesús completan la purificación.
Dios ha querido que nos ayudemos unos a otros en el camino al cielo. Las almas en el purgatorio pueden ser
asistidas con nuestras oraciones.
Fundamento Bíblico
La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia, cuando esta se sabe
interpretar correctamente:
El texto del 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte.
Los protestantes no reconocen que este libro es parte de la Biblia porque Lutero lo quitó de su Biblia
precisamente porque él sabía que se refería al purgatorio.
Sin embargo el Nuevo Testamento hace referencia a 2 Macabeos. Por ejemplo, Hebreos 11,35
"Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor"
Los únicos que en el Antiguo Testamento a quienes se aplica este pasaje es a los mártires macabeos, que
fueron torturados por conseguir la resurrección (2 Mac. 7:11, 14, 23, 29, 36).
Asimismo las palabras de nuestro Señor:
Mt 12,32: El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo
no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro.
Lucas 12,58-59: Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no
sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que
no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
En estos pasajes Jesús hace referencia a un castigo temporal que no puede ser el infierno ni tampoco el
cielo.
Se llega a semejante conclusión en la carta de San Pablo, 1 Corintios 3, 12-13:
“Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno
construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno
vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego
probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en
cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego".
De manera que hay un fuego después de la muerte que, diferente al del infierno, es temporal. El alma que
por allí pasa se salvará. A ese estado de purgación le llamamos el "purgatorio".
Compare 1 Cor 15,29 con 2 Macabeos 12,44 y verá la similitud.
Muchas almas a la hora de la muerte tienen manchas de pecado, es decir merecen castigo temporal por
pecados mortales o veniales, ya perdonados en cuanto a la culpa. La Iglesia entiende por purgatorio el
estado o condición en que los fieles difuntos están sometidos a purificación.
Las almas de los justos son aquellas que en el momento de separarse del cuerpo, por la muerte, se hallan en
estado de gracia santificante y por eso pueden entrar en la Gloria. El juicio particular les fue favorable pero
necesitan quedar plenamente limpias para poder ver a Dios "cara a cara".
El tiempo que un alma dure en el purgatorio será hasta que esté libre de toda culpa y castigo.
Inmediatamente terminada esta purificación el alma va al cielo. El purgatorio no continuará después del
juicio final.
Las penas del purgatorio
Aunque no sea doctrina-definida, se mantiene como doctrina común que el sufrimiento mayor del
purgatorio consiste en la "pena de ausencia", porque las almas están temporalmente privadas de la visión
beatífica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del infierno. El purgatorio es
temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con
paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. Lo aceptan generosamente por amor de Dios y
con perfecta sumisión a su voluntad.
Las penas del purgatorio son proporcionales al grado de pecado de cada persona. Es probable que las penas
del purgatorio vayan disminuyendo gradualmente y aumente en ellas la alegría de la cercana entrada en el
cielo. Estas almas tienen total certeza de la salvación y poseen fe, esperanza y caridad. Saben que ellas
mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia.
Testimonios de los Padres
Son muchos. Aquí solo presentamos unos pocos:
- Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se
olviden de ofrecer oraciones por mi alma".
- A San Agustín le preguntaron: "¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?". El respondió:
"Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada
uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a él".
- San Gregorio Magno: "Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo
ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios
perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte,
para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso".
- San Gregorio ofreció 30 misas por el alma de un difunto. Más tarde ese difunto se le apareció en
sueños a darle las gracias ya que por esas misas había logrado salir del purgatorio.
- En otra ocasión, San Gregorio, estando celebrando la Misa, elevó la Hostia y se quedó con ella en lo
alto por mucho tiempo. Sus ayudantes le preguntaron después por qué se había quedado tanto
tiempo con la hostia elevada en sus manos y el les respondió: "Es que vi que mientras ofrecía la
Santa Hostia a Dios, descansaban las benditas almas del purgatorio".
El mismo Catecismo cita a Gregorio Magno, en el 1031:
1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del
castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en
los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo
referencia a ciertos textos de la Escritura, (por ejemplo, 1 Co 3,15; 1P 1,7) habla de un fuego purificador:
Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador,
según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra
el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,31). En esta frase
podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo
futuro.
1032 […] Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido
sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, (cf DS 856) para que, una vez purificados, puedan
llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de
penitencia en favor de los difuntos:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el
sacrificio de su padre, (cf. Jb 1,5) ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los
muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer
nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41,5).
Jesucristo “descendió a los infiernos”, “Creo en la vida eterna”.
Dos artículos dentro del Credo, en la fórmula de fe de los apóstoles, se topan con el purgatorio:
“fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó…”
“Creo en el Espíritu Santo […] la resurrección de la carne y la vida eterna.”
De este segundo ya se habló arriba. De la frase descendió a los infiernos alguien podría entender que Jesús
estuvo donde Satanás y sus ángeles fueron lanzados, al igual que todas las almas réprobas; y que, además,
hay más un infierno de condenados. Sin embargo no se refiere a ninguna de estas dos.
Infierno quiere decir “lo que está debajo”.
Dice el Catecismo sobre este artículo de fe, en el 633:
La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de
muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios.
En la Summa Daemoniaca del padre Fortea, en la cuestión 168 ¿Cuáles fueron las moradas de los infiernos a
los que descendió Jesús tras morir?, se sugieren cuatro infiernos de los cuales solo tres son aceptados
totalmente por la Iglesia. Estos son: el Seno de Abraham, el purgatorio, el limbo de las almas perdidas, el
infierno de los condenados.
Del Seno de Abraham dice que es donde estaban las almas de los justos purificados de la pena temporal,
pero sin ver la esencia de Dio todavía. Esta morada ya no existe. Este infierno está mencionado en Lc 16,
22a, en la parábola del rico y del pobre Lázaro.
Del purgatorio dice que es donde estaban las almas de los que se purificaban de su reato de culpa.
Del limbo de las almas perdidas menciona que era donde estaban los que habían muerto alejándose de la
Luz, pero sin rechazar a Dios. Este es el infierno que no está aceptado como tal, ni hay referencia de su
origen en el libro.
Por último el infierno de los condenados, en donde están los réprobos por toda la eternidad.
Siguiendo con el numeral 633 del CEC,
Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que
Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos. Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los
condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían
precedido.
Ahora bien, el Catecismo solo nombra que fueron librados los que estaban en el seno de Abraham, sin
embargo, en la Summa Theologiae III Pars. C.58, a.8, sol. Santo Tomás de Aquino nos dice que también hubo
algunas almas del purgatorio que se vieron libradas:
Como se ha expuesto muchas veces, el descenso de Cristo a los infiernos tuvo poder para liberar en
virtud de su pasión. Pero su pasión no tuvo una virtud temporal y transitoria sino perpetua, conforme a
aquellas palabras de Heb 10, 14: <<Mediante una sola oblación perfeccionó para siempre a los
santificados>>. Y, por este motivo, resulta evidente que la pasión de Cristo no tuvo entonces una
eficacia mayor que la que tiene ahora. Y, en consecuencia, los que se encontraron en la condición que
tienen ahora los que están retenidos en el purgatorio, no fueron librados del mismo por el descenso de
Cristo a los infiernos. Mas si entonces se encontraban allí en unas condiciones semejantes a las que
tienen los que ahora son librados del purgatorio por el poder de la pasión de Cristo, nada impide que
los tales fueran librados del purgatorio por el descenso de Cristo a los infiernos.
El Catecismo no dice que Jesús no haya bajado al infierno de los condenados, bajó ciertamente a todos los
infiernos, pero no a todos por igual, como de lo expresa la ST III Pars. C. 52, a.2., Sol.:
De dos modos se dice que algo está en un lugar. Uno, por su poder. Y, de esta manera, Cristo bajó a
cualquiera de os infiernos; pero no a todos por igual. Pues, al bajar al infierno de los condenados, su
eficacia se tradujo en impugnarles por su incredulidad y por su malicia. En cambio, a los que estaban
encerrados en el purgatorio les dio la esperanza de alcanzar la gloria. Y a los santos Patriarcas, que
estaban encerrados en el infierno solamente por el pecado original, les infundió la luz de la gloria.
De otro modo se dice que algo está presente en un lugar, por su esencia. Y de esta manera el alma de
Cristo descendió solamente al lugar del infierno en que estaban retenidos los justos, a fin de visitar en
su morada, con el alma, a los que interiormente había visitado por la gracia con su divinidad. Y así,
estando en una parte del infierno, de algún modo hizo llegar su efecto a todas las partes del mismo, a
la manera en que, habiendo padecido sólo en un lugar de la tierra, libró al mundo entero con su pasión.
El Catecismo termina este artículo con una Antigua homilía sobre el grande y santo Sábado:
Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey
duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado
a los que dormían desde antiguo […] Va a buscar a nuestro primer Padre como si éste fuera la oveja
perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo
Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva […] <<Yo soy tu Dios, que
por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu Hijo. A ti te mando: Despierta, tú que
duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos,
pues yo soy la vida de los muertos>>.