Autonomia Del Paciente y Responsabilidad Penal Medica
Autonomia Del Paciente y Responsabilidad Penal Medica
Resumen Abstract
El trabajo plantea, que dentro de los This article puts forward that, within
principios que rigen el actuar médico, el the principles ruling the medical actions,
principio de autonomía del paciente goza the most legally binding principle is the
de mayor fuerza vinculante. Presupuesto patient’s autonomy principle, which is
del ejercicio de dicha autonomía es la based on the fact that the attending doc-
entrega de información veraz, oportuna, tor delivers truthful, timely, complete and
completa y adecuada de parte del médico thorough information. This autonomy is
tratante. Manifestación de su existencia evidenced by the fact that medical surge-
es la punibilidad de las intervenciones ries that affect the physical integrity or the
médicas que afecten la integridad corporal health or even the patient’s life, without
o la salud o, incluso, la vida del paciente, the patient’s consent, as well as the can-
que no cuenten con el consentimiento cellation of the basis of the regulations
del mismo, así como la cancelación del against euthanasia - concept, classification
fundamento de la antinormatividad de and requirements of which are develo-
la eutanasia, cuyo concepto, clasificación ped - are punishable. This autonomy is
y requisitos se desarrollan. Manifestación also evidenced by the early expression of
adicional de su existencia es la expresión will or living will, legislative proposal of
de voluntades anticipada o testamento which in the Chilean legal system will be
vital, cuya propuesta legislativa en el orde- addressed.
namiento jurídico chileno se aborda.
Keywords
Palabras clave Consent – Medical negligence –
Consentimiento – Negligencia mé- Euthanasia – Requested homicide – Early
dica – Eutanasia - Homicidio a reque- expression of will – Living will.
rimiento - Expresión de voluntades
anticipada - Testamento vital.
1
Los casos de responsabilidad penal del médico pueden extenderse a muchos otros
ámbitos diversos de los que aquí pasarán a abordarse. Así, por ejemplo, el Código Penal
chileno contempla figuras que establecen como sujeto activo al médico o a quien ile-
galmente ejerce como tal, como los crímenes y simples delitos contra la salud pública
(artículo 313 a ss. CP).
2
Dichos principios se basan en el trabajo de Beauchamp, Tom L. - Childress,
James F., Principles of Biomedical Ethics (4ª edición, New York, Oxford, Oxford Uni-
versity Press, 1994), pp. 120 ss. Estos autores agregan el principio de justicia (cfr. pp.
326 ss. de la citada obra), cuyo contenido se aleja de las consideraciones que son objeto
del presente análisis.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 373
3
Se hace énfasis en la aceptación o rechazo de intervenciones médicas que afecten
la integridad corporal o la salud del paciente, pues son imaginables intervenciones mé-
dicas que, desde un punto de vista penal, queden fuera de dicho concepto, por ejemplo,
colocar vendajes, medir la presión arterial, etc. Atendida la falta de relevancia penal de
dichas intervenciones para el bien jurídico integridad corporal o salud, su realización
sin el consentimiento del paciente en principio no puede ser castigada a título de lesio-
nes, sin perjuicio de la aplicación de otros tipos penales.
4
Cfr. en ese sentido Quante, Michael - Vieth, Andreas, Welche Prinzipien brau-
cht die Medizinethik? Zum Ansatz von Beauchamp und Childress, en Düwell, Marcus
- Steigleder, Klaus (editores), Bioethik (Frankfurt am Main, Suhrkamp, 2003), p.
137.
5
Cfr. Schneider, Christian, Tun und Unterlassen beim Abbruch lebenserhalten-
der medizinischer Behandlung (Berlin, Duncker & Humblot, 1997), p. 226. Lo sosteni-
do es sin perjuicio de supuestos excepcionales de “tratamientos médicos obligatorios”,
impuestos en interés de otras personas, como las medidas sanitarias para impedir epide-
mias. Cfr. al efecto Hernández, Héctor, Consentimiento informado y responsabilidad
penal médica: una relación ambigua y problemática, en Cuadernos de Análisis Jurídico,
Colección Derecho Privado, VI (Santiago, Universidad Diego Portales, 2010), p. 172.
6
Véase en ese sentido Quante, Michael - Vieth, Andreas, cit. (n. 4), p. 137.
7
Cfr. en esa línea, si bien con ciertos matices a propósito del Derecho español,
374 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
12
Cfr. Schroth, Ulrich, Ärztliches Handeln und strafrechtlicher Maßstab, en
Roxin, Claus – El Mismo (editores), Handbuch des Medizinstrafrechts (4a edición,
Stuttgart, Boorberg, 2010), p. 23. Véase también para la discusión Cancio Meliá,
Manuel, Autonomie und Einwilligung bei ärztlicher Heilbehandlung, en Heinrich,
Manfred - Jäger, Christian - Achenbach, Hans - Amelung, Knut - Bottke,
Wilfried - Haffke, Bernhard - Schünemann, Bernd - Wolter, Jürgen (editores),
Strafrecht als Scientia Universalis, Festschrift für Claus Roxin zum 80. Geburtstag (Ber-
lin, Walter de Gruyter, 2011), I, pp. 513 ss. De más está decir, que las intervenciones
médicas contra la voluntad del paciente también constituyen lesiones punibles.
13
De ahí que Romeo Casabona, Carlos María, Las transformaciones del Derecho
penal en un mundo en cambio, (Arequipa, Adrus, 2004), II, pp. 5 s. y 21, aluda al “con-
sentimiento informado” del paciente.
14
En particular, a propósito de la entrega de información errónea e incompleta de
parte del médico tratante, la jurisprudencia y doctrina alemanas han planteado como
causal de justificación el denominado “consentimiento hipotético”, el cual excluiría el
castigo penal del médico (por lesiones corporales). Según esta tesis, el médico sólo re-
sultaría castigado en caso de que el paciente, pese a la entrega de información correcta y
completa, de todas formas hubiese rechazado el tratamiento curativo en cuestión. Cfr.
a favor de este planteamiento, por todos, Kuhlen, Lothar, Objektive Zurechnung bei
Rechtfertigungsgründen, en Schünemann, Bernd - Achenbach, Hans - Bottke,
Wilfried - Haffke, Bernhard - Rudolphi, Hans-Joachim (editores), Festschrift für
Claus Roxin zum 70. Geburtstag (Berlin, Walter de Gruyter, 2001), pp. 332 ss. Crítica
de esta teoría, en cambio y con razón, Puppe, Ingeborg, Die strafrechtliche Verantwort-
lichkeit des Arztes bei mangelnder Aufklärung über eine Behandlungsalternative – Zu-
gleich Besprechung von BGH, Urteile vom 3. 3. 1994 und 29. 6. 1995, en Goltdammer´s
Archiv für Strafrecht (2003), pp. 764 ss.
376 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
15
Cfr. en esa línea Novoa Monreal, Eduardo, Curso de Derecho Penal Chileno,
Parte General (Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 2005), I, p. 392. Cfr. asimismo,
desde una perspectiva más general, Geppert, Klaus, cit. (n. 10), p. 954.
16
Cfr. en el mismo sentido el artículo 24 del Código de Ética del Colegio Médico de
Chile de 2008.
17
En ese sentido, el artículo 27 del Código de Ética del Colegio Médico de Chile de
2008 establece: “La opinión del menor de edad deberá ser considerada, atendiendo a su
edad y grado de madurez”. Cfr. en la misma línea Neumann, Ulfrid, § 216, en Kind-
häuser, Urs - Neumann, Ulfrid, - Paeffgen, Hans-Ullrich (editores), Nomos-
Kommentar zum Strafgesetzbuch (3ª edición, Baden-Baden, Nomos, 2010), II, número
marginal 14, a propósito del homicidio a requerimiento.
18
Cfr. Lenckner, Theodor, Die Einwilligung Minderjähriger und deren gesetzli-
cher Vertreter, en Zeitschrift für die gesamte Strafrechtswissenschaft, 72 (1960), p. 458.
19
Cfr. en esa línea el artículo 24 del Código de Ética del Colegio Médico de Chile de 2008.
20
Cfr. en ese sentido los artículos 24 y 25 del Código de Ética del Colegio Médico de
Chile de 2008, que aluden a “riesgo” en términos generales, sin limitarse exclusivamente
a riesgos para la salud del paciente.
21
Cfr. en ese sentido la sentencia del Bundesgerichtshof en Bundesgerichtshof St.
12, p. 379 (p. 383), que alude al deber del médico de informar al paciente sobre la “cifra
de mortalidad” de la intervención médica de que se trate, por ejemplo, en caso de una
cirugía.
22
Cfr. en ese orden de ideas Engisch, Karl, Die rechtliche Bedeutung der ärztlichen
Operation, en Stich, R. - Bauer, K. H. (editores), Fehler und Gefahren bei chirurgis-
chen Operationen (Jena, Veb Gustav Fischer Verlag, 1958), II, p. 1526.
23
Cfr. en esa línea la sentencia del Oberlandesgericht Hamburg de 19 de noviem-
bre de 1974 en Neue Juristische Wochenschrift (1975), p. 603 (p. 604). En el mismo
sentido Engisch, Karl, cit. (n. 22), II, p. 1526. Véase asimismo, desde una perspectiva
más amplia Tenthoff, Christian, Die Strafbarkeit der Tötung auf Verlangen im Lich-
te des Autonomieprinzips (Berlin, Duncker & Humblot, 2008), p. 102.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 377
24
Cfr. Romeo Casabona, Carlos María, cit. (n. 13), II, p. 21. A su juicio, dichas
características del consentimiento no se rompen por el hecho de que el paciente renun-
cie a la información y preste, pese a ello, su consentimiento. Este supuesto es denomi-
nado el derecho a no saber, por ejemplo, respecto de enfermedades graves e incurables
o infecto-contagiosas. Cfr. para ello la p. 39 de la obra citada. El mismo principio se en-
cuentra establecido en el artículo 24 del Código de Ética del Colegio Médico de Chile
de 2008, según el cual, deberá respetarse la voluntad del paciente de no ser informado.
25
Cfr. Ríos, Jaime, El consentimiento en materia penal, en Política criminal, 1
(2006), A6, p. 12 [visible en internet: [Link]
a_6.pdf]. Véase también Novoa Monreal, Eduardo, cit. (n. 15), I, p. 392, con espe-
cial referencia al vicio de error.
26
Así también el artículo 24 del Código de Ética del Colegio Médico de Chile de
2008, según el cual, deberá ser respetada la voluntad del paciente “de delegar en otra
persona la información”.
27
Cfr. desde una perspectiva más general Garrido Montt, Mario, Derecho Penal,
Parte General (4ª edición, Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 2005), II, p. 164; y Ge-
ppert, Klaus, cit. (n. 10), p. 954. Sólo en caso de que la obtención del consentimiento
no sea posible (cfr. en esa línea la sentencia del Bundesgerichtshof en Bundesgerichts-
hof St .16, p. 309 [p. 312]) y que de la falta de intervención médica pueda derivarse
un mal mayor para el paciente (por ejemplo, si peligra su vida, cfr. al efecto Bundes-
gerichtshof St. 12, p. 379 [p. 382]), el médico puede intervenir al paciente en base a
su consentimiento presunto, construcción que Puppe, Ingeborg, La justificación de la
intervención médica curativa, en InDret 1/2007, p. 4 [visible en internet: [Link]
[Link]/pdf/404_es.pdf] califica como un caso especial de estado de necesidad. A
juicio de Romeo Casabona, Carlos María, cit. (n. 13), II, pp. 48 ss., los únicos casos
en los cuales la actuación médica que afecta la integridad corporal o la salud y que no
cuente con el consentimiento del paciente seguirá siendo lícita y, consiguientemente,
no punible, son aquellos en los cuales o bien su otorgamiento es irrelevante por hallarse
en juego intereses colectivos superiores o bien su otorgamiento –por sí o por terceros
autorizados– no es posible y de esperar a obtenerlo se produciría un mal mayor.
28
Cfr. Schneider, Christian, cit. (n. 5), p. 228.
378 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
está facultado a evaluar las razones del paciente que rechaza someterse a una
determinada intervención29, pero está obligado a informarle las consecuencias
médicas que puedan derivarse de su negativa30. A fin de cuentas, el ejercicio
de la autonomía supone estar informado también sobre las posibles conse-
cuencias –eventualmente dañinas– para la integridad corporal o la salud o
incluso para la vida del paciente, que pueda acarrear la negativa a someterse
a una determinada intervención en el ámbito sanitario.
Fuera del atentado contra la ética médica que pueda implicar la contra-
vención del principio de autonomía del paciente31, en caso de que el médico
tratante intervenga a un paciente sin su consentimiento o estando su consen-
timiento viciado, su inobservancia puede acarrear, asimismo, responsabilidad
penal para el facultativo32. No obstante existir coincidencia en cuanto a los
efectos del consentimiento del paciente respecto de una intervención médica
que afecta su integridad corporal o salud, a saber, excluir la sanción penal del
médico tratante, no existe consenso en cuanto al fundamento y a la naturaleza
jurídica del consentimiento en este contexto.33. Para la jurisprudencia penal
29
Cfr. en ese sentido Arruego Rodríguez, Gonzalo, cit. (n. 7), p. 11. Véase
asimismo la sentencia del Bundesgerichtshof en BGHSt., 11, p. 111 (p. 114), según la
cual, nadie puede juzgar bajo qué condiciones una persona razonablemente ha de mos-
trarse dispuesta a sacrificar su integridad corporal a fin de recuperar su salud. En sen-
tido análogo ya se pronunciaba el fallo del Reichsgericht alemán en RGSt., 25, p. 375
(p. 378). Cfr. asimismo Geilen, Gerd, Euthanasie und Selbstbestimmung (Tübingen,
Mohr Siebeck, 1975), p. 8, a juicio del cual, la decisión del paciente respecto del rechazo
de un determinado tratamiento médico ha de ser respetada incluso cuando aparezca
como abiertamente “irracional”. En la misma línea Roxin, Claus, Zur strafrechtlichen
Beurteilung der Sterbehilfe, en El Mismo - Schroth, Ulrich (editores), Handbuch
des Medizinstrafrechts (4a edición, Stuttgart, Boorberg, 2010), pp. 92 s., quien sostiene
que debe respetarse la voluntad del paciente aun cuando ello resulte “irresponsable” a
juicio del médico.
30
Así, el artículo 28 del Código de Ética del Colegio Médico de Chile de 2008.
31
Ello se desprende del artículo 25 del Código de Ética del Colegio Médico de Chile
de 2008, según el cual: “Toda atención médica deberá contar con el consentimiento del
paciente”.
32
Cfr., fundado en la vulneración del derecho constitucional (español) a la integri-
dad física y psíquica (o “moral”), Arruego Rodríguez, Gonzalo, cit. (n. 7), p. 11.
Véase asimismo Arzt, Gunther, § 216 Sterbehilfe, Selbstmord, en El Mismo - We-
ber, Ulrich - Heinrich, Bernd - Hilgendorf, Eric, Strafrecht Besonderer Teil (2a
edición, Bielefeld, Gieseking, 2009), número marginal 7; y Engisch, Karl, Konflikte,
Aporien und Paradoxien bei der rechtlichen Beurteilung der ärztlichen Sterbehilfe, en
Jescheck, Hans-Heinrich - Lüttger, Hans (editores), Festschrift für Eduard Dreher
zum 70. Geburtstag (Berlin, Walter de Gruyter, 1977), p. 322.
33
Para el estado de la discusión en la dogmática chilena cfr. Hernández, Héctor,
cit. (n. 5), pp. 168 ss.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 379
34
Cfr. fundamentalmente RGSt., 25, p. 375 (p. 378); en el mismo sentido BGHSt.,
11, p. 111 (p. 112) y BGHSt., 43, p. 306 (pp. 308 s.), así como la sentencia del Bundes-
gerichtshof de 29 de junio de 1995 en Neue Zeitschrift für Strafrecht (1996), p. 34 (p.
35), del Oberlandesgericht Hamburg de 19 de noviembre de 1974 en Neue Juristische
Wochenschrift (1975), p. 603 (p. 604) y del Oberlandesgericht Hamm de 18 de diciem-
bre de 1962 en Monatsschrift für Deutsches Recht (1963), p. 520.
35
Cfr. Baumann, Jürgen, Körperverletzung oder Freiheitsdelikt? en Neue Juristis-
che Wochenschrift (1958), p. 2093; Fischer, Thomas, Strafgesetzbuch und Nebenge-
setze (58a edición, München, Beck, 2011), § 223, números marginales 12 s.; Weber,
Ulrich, cit. (n. 10), número marginal 99.
36
Con todo, en general, en caso de que no pueda obtenerse el consentimiento del
paciente, por ejemplo, porque aquél se encuentra inconsciente, y que la intervención
médica que afecte la integridad corporal del mismo sea valorada como necesaria, basta-
ría con un consentimiento presunto. Cfr. en ese sentido Bollacher, Florian y Stoc-
kburger, Jochen, Der ärztliche Heileingriff in der strafrechtlichen Fallbearbeitung,
en Juristische Ausbildung (2006), p. 911. Cfr. asimismo en la jurisprudencia alemana
BGHSt., 35, p. 246 (p. 249). El análisis de la necesidad de la afectación de la integridad
corporal implica una ponderación de intereses. Así, por ejemplo, puede considerarse
como necesaria la amputación de una pierna de una paciente que está inconsciente
como forma de salvarle la vida. Cfr. en ese sentido Ríos, Jaime, cit. (n. 25), p. 14.
37
Cfr. al efecto, solamente, Eser, Albin y Sternberg-Lieben, Detlev, § 223, en
Schönke/Schröder Strafgesetzbuch, Kommentar (28ª edición, München, Beck, 2010),
número marginal 30.
38
Cfr. en ese sentido Niese, Werner, Ein Beitrag zur Lehre vom ärztlichen Hei-
leingriff, en Bockelmann, Paul - Gallas, Wilhelm (editores), Festschrift für Eber-
hard Schmidt zum 70. Geburtstag (Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 1961), pp.
364 s.; Schmidt, Eberhard, Comentario de la sentencia del BGH de 28 de noviembre
de 1957, en Juristische Rundschau (1958), p. 226; Ulsenheimer, Klaus, § 138, en
Laufs, Adolf - Kern, Bernd-Rüdiger (editores), Handbuch des Arztrechts (4ª edición,
München, Beck, 2010), número marginal 5.
39
El texto del § 223 StGB. también se manifestaría en este sentido, pues concibe a
las lesiones corporales, no como una “intervención corporal”, sino que como un “mal-
trato” o “daño” corporal, cuestión que poco tendría que ver con el “sentido” de una
actuación médica curativa.
380 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
médica para que no sea considerada típicamente como lesión corporal, los
seguidores de este planteamiento se encuentran, sin embargo, divididos: para
la teoría del resultado, debe distinguirse entre acciones exitosas y no exitosas.
Si la intervención médica es exitosa, no debe quedar subsumida dentro del
tipo de lesiones corporales, atendido a que no se habría producido una lesión
de la salud del paciente, en todo caso, si se considera la intervención médica
en su conjunto40. Es decir, para determinar si existe o no una lesión corporal
no deben considerarse los actos médicos por separado (como inyecciones,
cortes, amputaciones, etc.), sino que el resultado total sobre la salud, cuyo
bienestar se ha visto, sino aumentado, al menos mantenido. En cambio, si la
intervención médica fracasa, esto es, si implica que el paciente se halle en un
estado de salud peor al que tendría sin la intervención del médico, sí existiría
una lesión corporal típica que, sin embargo, podría quedar justificada en
caso de que concurra el consentimiento del paciente41. Problemático de este
planteamiento es, por una parte, la compleja determinación del concepto
de resultado total o global sobre la salud que pueda tener una intervención
curativa42, por ejemplo, tratándose de pacientes que son intervenidos durante
un largo periodo de tiempo. Problemático de este planteamiento es, por otra
parte, que sólo asigna valor al consentimiento del paciente como causal de
justificación respecto de intervenciones médicas fallidas, no así respecto de
intervenciones médicas exitosas no consentidas, cuestión que contraviene
el principio de autonomía del paciente.
Para la teoría de la intervención médica de acuerdo a la lex artis, toda
intervención médica llevada a cabo de acuerdo con la lex artis médica, inde-
pendientemente de su éxito o fracaso, no es penalmente típica, puesto que
una intervención médica llevada a cabo de manera correcta y tendiendo al
40
Cfr. en esa línea Bockelmann, Paul, Strafrecht des Arztes (Stuttgart, Georg
Thieme Verlag, 1968), p. 67; Hardwig, Werner, Betrachtungen zur Frage des Heile-
ingriffes, en Goltdammer´s Archiv für Strafrecht (1965), pp. 162 ss.; Maurach, Rein-
hardt, Schroeder, Friedrich-Christian y Maiwald, Manfred, Strafrecht Besonderer
Teil, Straftaten gegen Persönlichkeits- und Vermögenswerte (10a edición, Heidelberg, C.
F. Müller, 2009), I, § 8, número marginal 24.
41
Esta formulación del consentimiento como causal de justificación es apoyada por
la doctrina alemana mayoritaria. Según dicha posición, la lesión de un bien jurídico
se encuentra en principio prohibida y sólo excepcionalmente autorizada en virtud del
consentimiento del ofendido. Cfr. en ese sentido, por ejemplo, Amelung, Knut - Ey-
mann, Frieder, Die Einwilligung des Verletzten im Strafrecht, en Juristische Schulung
(2001), pp. 938 s.; Mitsch, Wolfgang, § 17 Rechtfertigungsgründe, en Baumann, Jür-
gen - Weber, Ulrich - El Mismo, Strafrecht Allgemeiner Teil (11ª edición, Bielefeld,
Gieseking, 2003), números marginales 93 ss.; Frister, Helmut, Strafrecht Allgemeiner
Teil (4ª edición, München, Beck, 2009), 13/3.
42
Cfr. en esa línea Schneider, Christian, cit. (n. 5), pp. 233 s.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 381
43
Véase en ese orden de ideas Engisch, Karl, Ärztlicher Eingriff zu Heilzwecken
und Einwilligung, en Zeitschrift für die gesamte Strafrechtswissenschaft, 58 (1939), p. 5;
y Niese, Werner, cit. (n. 38), pp. 364 s. Véase asimismo: Politoff, Sergio - Griso-
lía, Francisco - Bustos, Juan, Derecho penal, Parte especial, Delitos contra el individuo
en sus condiciones físicas (Santiago, Editorial Jurídica Congreso, 2006), p. 273.
44
Cfr. al efecto el § 110 del Código Penal Austríaco.
45
Véase el artículo 150 en relación con el artículo 156 del Código Penal portu-
gués.
46
También crítico de la doctrina chilena Hernández, Héctor, cit. (n. 5), pp. 171
s.: “[L]a pretensión de legitimidad general de las intervenciones médicas por el sim-
ple hecho de estar desde un punto de vista técnico indicadas y de ser ejecutadas de
modo técnicamente correcto, en un contexto en que lo técnico y lo correcto se define
en términos que son patrimonio privativo de los facultativos, sólo puede entenderse
desde una visión paternalista y hasta autoritaria del estatus y de la función social de la
profesión médica, que no se limita a reconocerle a quienes la profesan una innegable su-
perioridad de conocimiento en lo pertinente, sino que además les concede un derecho
de decisión sobre el cuerpo y la salud del paciente”.
47
Para más detalles sobre dicho planteamiento, así como para las críticas de la or-
denación sistemática del consentimiento como criterio de atipicidad o como causal
de justificación cfr. Kindhäuser, Urs, Reflexiones de teoría de las normas acerca del
consentimiento en el Derecho penal, en El Mismo, Teoría de las normas y sistemática del
delito (Lima, Ara Editores, 2008), pp. 32 ss. y pp. 13 ss. respectivamente. Cabe hacer
presente que las consecuencias que dicho autor extrae a propósito de la aplicación de
la tesis indicada a los supuestos de provocación de la muerte de una persona por mano
ajena son diversas de las que aquí se plantean a propósito de la eutanasia activa directa
(cfr. punto I. 3.). Respecto del consentimiento como causal de cancelación del funda-
382 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
mento de de la prohibición, ya Dölling, Dieter, cit. (n. 7), p. 84, anteriormente había
sugerido una tesis en el sentido de la cancelación de la norma prohibitiva respectiva
gracias al consentimiento, al afirmar, que el consentimiento de la víctima “cancela” la
prohibición de actuar en un caso concreto. Su planteamiento, sin embargo, carece de
mayor profundización y sistematización, limitándose a lo indicado.
48
Así Kindhäuser, Urs, cit. (n. 47), pp. 33 s.
49
Así Politoff, Sergio - Grisolía, Francisco - Bustos, Juan, cit. (n. 43), p. 273.
A juicio de estos autores, la norma especial del artículo 491 del Código Penal chile-
no alude a la provocación de un mal a las personas por negligencia culpable, esto es, a
un desempeño técnico inadecuado del facultativo. Sin embargo, el hecho de que dicha
norma no resulte aplicable a los casos de intervenciones médicas (técnicamente) ade-
cuadas sin el consentimiento del paciente, no implica que otras normas protectoras de
la integridad corporal o de la salud no puedan ser aplicadas al médico tratante.
50
Por ejemplo, en virtud de la amplitud del artículo 399 CP. (lesiones menos gra-
ves), es posible llegar a dicha conclusión.
51
En contra, sin embargo, Künsemüller, Carlos, Responsabilidad penal del acto
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 383
54
Cfr. Schroth, Ulrich, Die strafrechtliche Verantwortlichkeit des Arztes bei Be-
handlungsfehlern, en Roxin, Claus - El Mismo (editores), Handbuch des Medizins-
trafrechts (4a edición, Stuttgart, Boorberg, 2010), p. 128.
55
En contra, sin embrago, Künsemüller, Carlos, cit. (n. 51), p. 263. Cfr. asimis-
mo: Vargas Pinto, Tatiana, La imprudencia médica. Algunos problemas de imputa-
ción de lo injusto penal, en Revista de Derecho Universidad Católica del Norte, Sección:
Estudios, 17 (2010) 2, pp. 99-132 [visible en internet: [Link]
php?pid=S0718-97532010000200005&script=sci_arttext], quien, en el resumen de
dicho artículo (p. 99), sostiene que la finalidad curativa explica que las conductas do-
losas llevadas a cabo por el médico sean excepcionales y que la responsabilidad penal
médica se centre en el examen de la imprudencia.
56
Cfr., respecto del Derecho alemán, Chatzikostas, Konstantinos, Die Dis-
ponibilität des Rechtsgutes Leben in ihrer Bedeutung für die Probleme von Suizid und
Euthanasie (Frankfurt am Main, Peter Lang, 2001), p. 25. Cfr. asismismo, Politoff
L. - Sergio, Matus A. - Jean Pierre - Ramírez G., María Cecilia, Lecciones de Derecho
Penal Chileno, Parte Especial (2a edición, Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 2005),
p. 117, que si bien no se plantean el caso aquí propuesto, sí sostienen expresamente: “Al
no limitar la ley los modos de comisión de esta figura [de lesiones] (como sí lo hace en
los supuestos agravados), ha dejado abierta la posibilidad de castigar a título de lesiones
menos graves la comisión por omisión de cualquier clase de lesión –con independencia
de la gravedad del resultado–, siempre que se cumplan los requisitos de esta clase de
delitos, básicamente: asunción efectiva de la posición de garante y equivalencia de la
comisión con la omisión” (cursiva en el original).
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 385
57
Cfr. Schroth, Ulrich, cit. (n. 54), p. 129.
58
Cfr. en ese sentido Ulsenheimer, Klaus, § 140, en Laufs, Adolf - Kern,
Bernd-Rüdiger (editores), Handbuch des Arztrechts (4ª edición, München, Beck,
2010), número marginal 17.
59
Véase en ese sentido la sentencia del Bundesgerichtshof en NJW (2000), p.
2754 (p. 2758). Cfr. asimismo Frister, Helmut, Lindemann, Michael - Peters,
Alexander, Arztstrafrecht (München, Beck, 2011), número marginal 82; Quaas, Mi-
chael - Zuck, Rüdiger, Medizinrecht (2ª edición, München, Beck, 2008), § 72: “Be-
handlungsvertrag und Strafrecht”, número marginal 6; Sternberg-Lieben, Detlev,
Rationierung in der Medizin und strafrechtliche Haftung des Arztes, en Geisler, Clau-
dius - Kraatz, Erik - Kretschmer, Joachim - Schneider, Hartmut - Sowada,
Christoph (editores), Festschrift für Klaus Geppert zum 70. Geburtstag (Berlin, Walter
de Gruyter, 2011), pp. 726 ss.
386 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
60
Sobre el principio de confianza como fundamento de la delimitación de los ám-
bitos de responsabilidad en los delitos imprudentes cfr. Sternberg-Lieben, Detlev,
§ 15, en Schönke - Schröder, Strafgesetzbuch, Kommentar (28ª edición, München,
Beck, 2010), números marginales 148 y 151; y Vogel, Joachim, § 15, en Laufhütte,
Heinrich Wilhelm - Rissing-van Saan, Ruth - Tiedemann, Klaus (editores), Stra-
fgesetzbuch, Leipziger Kommentar, Großkommentar (12a edición, Berlin, De Gruyter
Recht, 2007), número marginal 232, ambos con especial referencia a la aplicación del
principio de confianza a los supuestos de división del trabajo en el ámbito sanitario.
Cfr. asimismo Vargas Pinto, Tatiana, cit. (n. 55), pp. 118 ss. y, desde una perspec-
tiva más general, Stratenwerth, Günter y Kuhlen, Lothar, Strafrecht Allgemeiner
Teil I, Die Straftat (5ª edición, Köln, Carl Heymanns Verlag, 2004), § 15, Das fahrläs-
sige Handlungsdelikt, números marginales 66 ss.
61
Cfr. en ese sentido Ulsenheimer, Klaus, cit. (n. 58), número marginal 20.
62
Cfr. en esa línea Ulsenheimer, Klaus, cit. (n. 58), número marginal 20.
63
Cfr. en ese sentido Puppe, Ingeborg, División del trabajo y de la responsabili-
dad en la actuación médica, en InDret 4/2006, p. 2 [visible en internet: [Link]
[Link]/pdf/382_es.pdf], según la cual, “[s]i varios intervinientes han contribuido
por igual a un daño mediante infracciones del deber de cuidado, ninguno de ellos puede
exonerarse de responsabilidad alegando que ha confiado en el cuidado de los demás”.
64
Cfr. en ese sentido Ulsenheimer, Klaus, cit. (n. 58), número marginal 19.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 387
65
Cfr. en esa línea Ulsenheimer, Klaus, cit. (n. 58), número marginal 19.
66
Cfr. Puppe, Ingeborg, cit. (n. 63), p. 3.
67
Véase en ese sentido Schroth, Ulrich, cit. (n. 54), p. 134.
68
Cfr. Puppe, Ingeborg, cit. (n. 63), p. 2.
69
Véase Beauchamp, Tom L. - Childress, James F., cit. (n. 2), p. 259.
388 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
70
Cfr. Ulsenheimer, Klaus, cit. (n. 58), número marginal 14; y Frister, Helmut
- Lindemann, Michael - Peters, Alexander, cit. (n. 59), número marginal 156. En
sentido análogo Knauer, Christoph - Brose, Johannes, § 211 y 212, en Spickhoff,
Andreas (editor), Medizinrecht (München, Beck, 2011), número marginal 7.
71
Cfr. Ulsenheimer, Klaus, cit. (n. 58), número marginal 15, con referencias
ulteriores sobre otras fuentes de la posición de garante del médico, como por ejem-
plo, las órdenes jerárquicas o la participación en una estructura organizada con reparto
de responsabilidades, como podría ser el caso de un centro asistencial. Cfr. asimismo
Frister, Helmut - Lindemann, Michael - Peters, Alexander, cit. (n. 59), número
marginal 159.
72
Cfr. la consagración de dicho derecho en el artículo 23 del Código de Ética del
Colegio Médico de Chile de 2008.
73
Cfr. en ese sentido Schreiber, Hans-Ludwig, Das ungelöste Problem der Sterbe-
hilfe, en Neue Zeitschrift für Strafrecht (2006), p. 474.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 389
74
En el Derecho penal alemán, sin embargo, razones históricas han llevado a aban-
donar el término eutanasia y a reemplazarlo por el de Sterbehilfe o “ayuda a morir”. Cfr.
al efecto solamente Chatzikostas, Konstantinos, cit. (n. 56), pp. 24 s., quien destaca
el carácter más preciso del concepto “Euthanasie” frente al de “Sterbehilfe“.
75
Para los conceptos de eutanasia pasiva, eutanasia activa indirecta y eutanasia acti-
va directa cfr. en la doctrina portuguesa Figueiredo Dias, J., A “ajuda à morte”: uma
consideração jurídico-penal, en Revista de Legislação e de Jurisprudência, 137 (Março-
Abril 2008), N° 3949, pp. 207 ss., quien, sin embargo, no habla de eutanasia, sino que de
ayuda a la muerte, cuestión que fuera del ámbito alemán (cfr. la nota a pie de página an-
terior) puede resultar compleja a la hora de delimitar la eutanasia del auxilio al suicidio.
Cfr. asimismo, en la doctrina chilena Zúñiga Fajuri, Alejandra, Derechos del paciente
y eutanasia en Chile, en Revista de Derecho (Valdivia). [online. dic. De 2008, vol.21, no.2,
p.111-130 [visible en internet: [Link]
arttext&pid=S0718-09502008000200005&lng=es&nrm=iso&tlng=es], con refe-
rencia, entre otras cosas, a la eutanasia activa y pasiva, directa e indirecta. Véase tam-
bién, distinguiendo entre eutanasia activa, indirecta y pasiva Verrel, Torsten, Richter
über Leben und Tod?, en Juristische Rundschau (1999), p. 6. Cfr. para una perspectiva
más filosófica del concepto de eutanasia Tugendhat, Ernst, Aufsätze (Frankfurt am
Main, Suhrkamp, 2001), p. 48. Críticos de la distinción entre eutanasia activa y pasiva
y directa e indirecta, por ejemplo: Merkel, Reinhard, Früheuthanasie (Baden-Baden,
Nomos, 2001), pp. 174 ss.; y Neumann, Ulfrid, Vor § 211, en Kindhäuser, Urs -
Neumann, Ulfrid - Paeffgen, Hans-Ullrich (editores), Nomos-Kommentar zum
Strafgesetzbuch (3ª edición, Baden-Baden, Nomos, 2010), II, números marginales 94
ss. Crítico asimismo de la clasificación tradicional de la eutanasia Fischer, Thomas,
Direkte Sterbehilfe. Anmerkung zur Privatisierung des Lebensschutzes, en Heinrich,
Manfred - Jäger, Christian - Achenbach, Hans - Amelung, Knut - Bottke, Wil-
fried - Haffke, Bernhard - Schünemann, Bernd - Wolter, Jürgen (editores), Stra-
frecht als Scientia Universalis, Festschrift für Claus Roxin zum 80. Geburtstag (Berlin,
Walter de Gruyter, 2011), I, pp. 571 s.
390 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
76
En la misma línea Schreiber, Hans-Ludwig, cit. (n. 8), p. 340.
77
Cfr. en ese sentido Knauer, Christoph y Brose, Johannes, § 216, en Spic-
khoff, Andreas (editor), Medizinrecht (München, Beck, 2011), número marginal 15.
En un comentado fallo de 25 de junio de 2010 el Bundesgerichtshof incluyó expresa-
mente dentro del concepto de eutanasia no punible tanto la omisión, como la limitación
y aún la interrupción de un tratamiento médico bajo la concurrencia de determinados
presupuestos (cfr. BGHSt., 55, p. 191 [número marginal 33]), nivelando de esta forma
la distinción entre acción y omisión en este contexto. Crítico de tal nivelación en dicho
fallo Joerden, Jan C., Die neue Rechtsprechung des Bundesgerichtshofs zur Sterbehil-
fe und der Knobe-Effekt, en Heinrich, Manfred - Jäger, Christian - Achenbach,
Hans - Amelung, Knut - Bottke, Wilfried - Haffke, Bernhard - Schünemann,
Bernd - Wolter, Jürgen (editores), Strafrecht als Scientia Universalis, Festschrift für
Claus Roxin zum 80. Geburtstag (Berlin, Walter de Gruyter, 2011), I, pp. 597 s. De
acuerdo con el Bundesgerichtshof en este punto, en cambio, Eidam, Lutz, Wider die
Bevormundung eines selbstbestimmten Sterbens. Zugleich Besprechung von BGH, Urteil
vom 25. 6. 2010, en Goltdammer´s Archiv für Strafrecht (2011), pp. 239 s. Cfr. también
a propósito del análisis de este fallo Verrel, Torsten, Ein Grundsatzurteil? Jedenfalls
bitter nötig!, en Neue Zeitschrift für Strafrecht (2010), pp. 672 s.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 391
78
Cfr. Bascuñán, Antonio, La píldora del día después ante la jurisprudencia, en
Estudios Públicos, 95 (invierno 2004), p. 83 [visible en internet: [Link]
[Link]/dms/lang_1/doc_3389.html], quien alude al principio de revocabilidad del
consentimiento relativo a la afectación de la incolumidad corporal, principio que ló-
gicamente supone el estadio previo a la revocabilidad o decisión autónoma sobre la
afectación de la incolumidad corporal. Cfr. asimismo el artículo 25 del Código de Ética
del Colegio Médico de Chile de 2008.
79
En Chile, aborda este tema con referencias a la jurisprudencia española, Zúñiga
Fajuri, Alejandra, cit. (n. 75).
80
De la misma forma como se indicó en el punto I. 1., el paciente no está obligado a
señalar los motivos de rechazo del tratamiento ya iniciado ni el médico está facultado a
evaluar si dicho rechazo es o no racional (cfr. en ese sentido Schreiber, Hans-Ludwig,
cit. [n. 8], p. 341), sin perjuicio del deber del médico de informar al paciente sobre las
posibles consecuencias de dicho rechazo.
81
Cfr. Bascuñán, Antonio, cit. (n. 78), p. 83.
82
Cfr. en esa línea Arzt, Gunther, cit. (n. 32), número marginal 7 y Engisch,
Karl, cit. (n. 32), p. 322.
83
De ahí que Noll, Peter, cit. (n. 7), p. 76, sostenga que entre consentimiento y
requerimiento existe una diferencia gradual. Cfr. en la misma línea Eser, Albin, § 216,
en Schönke - Schröder, Strafgesetzbuch, Kommentar (28ª edición, München, Beck,
2010), número marginal 5.
392 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
84
Los siguientes requisitos coinciden con la norma alemana de homicidio a re-
querimiento, su vigencia es, sin embargo, aplicable a los casos de eutanasia que aquí
se analizan, pues apuntan a determinar la voluntad efectiva del paciente en orden a la
provocación de su muerte.
85
Cfr. en esa línea Jähnke, Burkhard, § 216, en El Mismo - Laufhütte, Hein-
rich Wilhelm - Odersky, Walter (editores), Strafgesetzbuch, Leipziger Kommentar,
Großkommentar (11a edición, Berlin, De Gruyter, 2005), V, número marginal 6.
86
Cfr. en ese sentido Jähnke, Burkhard, cit. (n. 85), V, número marginal 6.
87
Cfr. en esa línea Neumann, Ulfrid, cit. (n. 17), II, número marginal 13; Ren-
gier, Rudolf, Strafrecht Besonderer Teil II, Delikte gegen die Person und die Allge-
meinheit (12a edición, München, Beck, 2011), § 6: “Tötung auf Verlangen”, número
marginal 6; Schneider, Hartmut, § 216, en Joecks, Wolfgang - Miebach, Klaus
(editores), Münchener Kommentar zum Strafgesetzbuch (München, Beck, 2003), III,
número marginal 18.
88
Cfr. al efecto Puppe, Ingeborg, cit. (n. 27), p. 4. Véase asimismo Horn, Eckhard
y Wolters, Gereon, § 223, en Rudolphi, Hans-Joachim - Horn, Eckhard - Gün-
ther, Hans-Ludwig - Samson, Erich (editores), Systematischer Kommentar zum
Strafgesetzbuch (7a edición, München, Luchterhand, estado agosto de 2003), II, nú-
mero marginal 36.
89
Cfr. Chatzikostas, Konstantinos, cit. (n. 56), p. 174; y Hoerster, Norbert,
Rechtsethische Überlegungen zur Freigabe der Sterbehilfe, en Neue Juristische Wochens-
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 393
unida al deber de bienestar del paciente que pesa sobre el médico, obligará a
éste último a establecer la voluntad efectiva del enfermo o a llevar a cabo las
actuaciones que resulten aplicables de acuerdo con la lex artis si el estableci-
miento de la voluntad efectiva del enfermo resulta imposible.
b) En segundo lugar, el requerimiento del paciente en orden a que se
lleve a cabo la eutanasia debe ser serio. El requerimiento es serio cuando
está conscientemente dirigido a la muerte sobre la base de una decisión
previamente meditada90 libre y responsable91 del paciente. Para determinar
la seriedad del requerimiento, carece de relevancia el estadio de avance de
la enfermedad, así como el tipo de enfermedad de que se trate92. Para que el
paciente esté en condiciones de realizar un requerimiento serio en orden a
renunciar a medidas de mantenimiento de su vida, esto es, un requerimiento
que suponga una conciencia de las consecuencias irreversibles que conllevaría
la ejecución de su voluntad por parte del médico tratante, es necesario que éste
le otorgue información veraz, oportuna, completa y adecuada93 respecto de su
diagnóstico y del tratamiento a que puede ser sometido, de sus posibilidades
de mejora y pronóstico de vida y, en general, de todas aquellas circunstancias
que, según el caso, puedan considerarse objetivamente relevantes para la
realización del requerimiento por parte del enfermo.
c) Finalmente, para que el requerimiento expreso y serio del paciente tenga
validez jurídica debe estar exento de vicios, como error o coacción94.
Atendidas las consecuencias que acarrea la eutanasia, será necesaria la
verificación de la concurrencia de los requisitos indicados, no sólo por el
médico tratante, sino que por otros facultativos95. Más allá de las formalidades
concretas que se exijan para la procedencia no punible de la eutanasia, resulta
96
La regulación holandesa de la eutanasia, en cambio, exige solamente que el médico
en cuestión hubiese consultado al menos con otro médico independiente que también
haya visto al paciente y haya emitido un dictamen sobre la concurrencia de los demás
requisitos de la eutanasia no punible. Para mayores referencias sobre dicha normativa
cfr. Janssen, André, Die Regelung der aktiven Sterbehilfe in den Niederlanden. Ein
Novum, en Zeitschrift für Rechtspolitik (2001), pp. 179 ss.
97
Cfr. Kutzer, Klaus, Vorausverfügter Verzicht auf lebenserhaltende Maßnahmen
und das Verbot der Tötung auf Verlangen, en Bernsmann, Klaus - Fischer, Thomas
(editores), Festschrift für Ruth Rissing-Van Saan zum 65. Geburtstag (Berlin, Walter de
Gruyter, 2011), p. 339; y Tenthoff, Christian, cit. (n. 23), p. 211, a propósito de la
definición de la eutanasia activa directa.
98
Véase Chatzikostas, Konstantinos, cit. (n. 56), pp. 27 s.
99
Cfr. en ese sentido Birnbacher, Dieter, Tun und Unterlassen (Stuttgart, Re-
clam, 1995), pp. 338 s., quien establece una vinculación entre la eutanasia y la finalidad
de aminorar el dolor, pero no entre la eutanasia y el hecho de encontrarse en un proceso
de muerte o de padecer una enfermedad terminal. Asimismo Knauer, Christoph y
Brose, Johannes, cit. (n. 77), número marginal 15. Hoerster, Norbert, cit. (n. 89),
p. 1790, p. 1792, en cambio, vincula expresamente el concepto de eutanasia (activa
directa) con el carácter incurable de la enfermedad que padece el paciente. En la misma
línea Engländer, Armin, Von der passiven Sterbehilfe zum Behandlungsabbruch. Zur
Revision der Sterbehilfedogmatik durch den 2. Strafsenat des BGH, en Juristen Zeitung
(2011), p. 513. En los términos de Roxin, Claus, cit. (n. 29), p. 83, el supuesto aquí
planteado correspondería a la eutanasia en sentido amplio, en oposición a la eutanasia
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 395
sos que puede conllevar dicho ejercicio101, resulta indispensable que respecto
de la eutanasia activa directa concurran todos y cada uno de los requisitos
indicados con anterioridad. Si ese es el caso, debe respetarse la autonomía
del paciente y tenerse, en virtud de ella, por cancelado el fundamento de la
antinormatividad del actuar del médico.
b) Armonización entre la cancelación del fundamento de
la antinormatividad de la eutanasia y otras figuras de la parte
especial 102 u otros intereses penalmente relevantes. El consenti-
miento del paciente constituye un presupuesto indispensable para tener por
cancelado el fundamento de la antinormatividad de la eutanasia. Dicho de
otro modo, la eutanasia pasiva o activa directa llevada a cabo sin o contra
el consentimiento efectivo del paciente, manifestado en su requerimiento
expreso y serio, no puede seguir siendo catalogada de eutanasia y debe
ser castigada a título de homicidio, en su caso calificado. En tal supuesto,
mantiene plena vigencia la norma prohibitiva de matar, cuyo fundamento
no ha resultado cancelado en virtud del requerimiento del paciente. De lo
anterior se deduce, que el término “eutanasia” en el sentido aquí empleado
siempre supone, entre otras cosas, el consentimiento del paciente, a diferencia
del homicidio, que supone la provocación activa o pasiva de la muerte del
enfermo sin o contra su voluntad103. De lo anterior se desprende, asimismo,
que tanto la “eutanasia” practicada respecto de recién nacidos con graves
malformaciones físicas (eutanasia precoz o “Früheuthanasie”), así como
de pacientes que se encuentran en estado de coma o inconsciencia104, son
101
En particular, suele argumentarse que permitir la eutanasia podría llevar a que
pacientes terminales, cuyo tratamiento provoca grandes gastos, sean presionados a re-
querir que se ponga término a sus vidas (cfr. crítico de dicho planteamiento Jakobs,
Günther, cit. [n. 9], p. 20). Cfr. asimismo mayores referencias al respecto en Schrei-
ber, Hans-Ludwig, cit. (n. 8), p. 340, con especial alusión a los enfermos ancianos que,
al sentirse como una carga para su entorno, pueden requerir que se ponga término a su
vida. En base a lo planteado en el punto I. 1, el consentimiento manifestado en casos
como los descritos no sería libre y, por lo tanto, carecería de efectos jurídicos en orden
a eliminar la punibilidad del médico tratante.
102
Para mayores referencias sobre la armonización entre la cancelación del funda-
mento de la antinormatividad de la eutanasia y el homicidio o el homicidio a requeri-
miento cfr. el punto III.
103
En ese sentido, el denominado programa de eutanasia del régimen nacionalso-
cialista alemán suponía la comisión de homicidios o “aniquilamientos de vidas que no
valían la pena ser vividas” y nada tiene que ver con la eutanasia, si se quiere, consentida,
cuya punibibilidad aquí se discute. Cfr. en esa línea Figueiredo Dias, J., cit. (n. 75),
p. 204.
104
Cfr. en ese sentido Merkel, Reinhard, Teilnahme am Suizid, Tötung auf Ver-
langen, Euthanasie, en Hegselmann, Rainer - Merkel, Reinhard (editores), Zur
Debatte über Euthanasie (2ª edición, Frankfurt am Main, Suhrkamp, 1992), p. 97. El
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 397
caso de los pacientes inconscientes que han llegado a ese estado producto de una huel-
ga de hambre es particularmente complejo, pues si bien cuando alguien comienza una
huelga de hambre se plantea la posibilidad de la muerte, su voluntad en orden a depo-
nerla puede cambiar una vez enfrentado, efectivamente, a la posibilidad cierta de morir.
Existiendo dudas sobre la voluntad efectiva del paciente inconsciente, el médico tiene
el deber de alimentarlo en base al principio de bienestar del enfermo. Cfr. mayores refe-
rencias sobre este supuesto en Muñoz Conde, Francisco, Einige Fragen des ärztlichen
Heileingriffs im spanischen Strafrecht, en Roxin, Claus - Schroth, Ulrich (editores),
Handbuch des Medizinstrafrechts (4a edición, Stuttgart, Boorberg, 2010), pp. 885 s.
105
En virtud del principio de bienestar, el médico debe evitar o suprimir los menos-
cabos que afecten al paciente, en particular, aliviar el dolor que implica el mal que lo
aqueja. Dicho principio no impone al médico un deber de mantener la vida del pacien-
te (cfr. en esa misma línea Merkel, Reinhard, cit. [n. 75], p. 639), sino que de realizar
aquellas actuaciones que favorezcan el bienestar del enfermo.
398 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
enfermedad grave y que no esté en condiciones de acabar con su vida por sus
propios medios. En tal caso, la actuación del médico constituirá una mera
superación de dicho déficit contingente que, de esta forma, realizará, si se
quiere, físicamente, la voluntad del paciente. Finalmente, será necesaria la
verificación de la concurrencia de los requisitos indicados, por parte de otros
facultativos. La sola lectura de las exigencias aquí planteadas respecto de la
eutanasia deja en claro el diverso sentido que ella tiene respecto del auxilio
al suicidio. Éste, si bien la mayoría de las veces supone la concurrencia de
padecimientos al menos psíquicos en la persona que decide quitarse la vida
y que es auxiliada por un tercero, constituye una conducta que no requiere
la presencia ni mucho menos la verificación de los requisitos planteados a
propósito de la eutanasia.
Quienes plantean que, pese a la concurrencia de los requisitos de la
eutanasia indicados precedentemente, el actuar del médico sigue siendo
punible, ya sea mediante la figura de homicidio a requerimiento o, a falta de
esta, de homicidio, en su caso calificado, sostienen que la decisión autónoma
del paciente colisionaría con otros intereses, en principio, de mayor valor y,
consiguientemente, preponderantes. Una primera posible colisión de inte-
reses es la que puede darse entre los intereses del paciente y los intereses de
terceros, incluida la sociedad en su conjunto. Se ha sostenido que tratándose
del bien jurídico vida “[...] puede ir en interés de la generalidad declarar
irrestrictamente vinculante el estándar generalizado del tabú de matar a
otro”106. De esta forma, se fundamentaría el castigo, en su caso atenuado, de
la provocación de la muerte en un interés colectivo, a saber, el interés de la
sociedad en la continuidad de la vida107. Dicho interés sería, en principio,
más importante que el interés del paciente de no continuar con su vida como
manifestación de su autonomía. Un planteamiento como el indicado resulta
erróneo si se considera el hecho de que en nuestro ordenamiento jurídico
–como en el alemán– matar a otro no es un tabú, sino que se encuentra
expresamente autorizado en determinados supuestos, como el de la legítima
defensa108. Consiguientemente, no existe en nuestro ordenamiento jurídico
una prohibición irrestricta de matar a otro. A ello se agrega el hecho de que
resulta inaceptable utilizar al paciente como medio –afectando de esta for-
106
Kindhäuser, Urs, cit. (n. 47), p. 35. Cfr. asimismo sobre este supuesto “tabú”
en la dogmática alemana: Herzberg, Rolf Dietrich, Der Fall Hackethal: Strafbare
Tötung auf Verlangen? en Neue Juristische Wochenschrift (1986), p. 1644; y Geppert,
Klaus, cit. (n. 10), pp. 953 s.; y en la doctrina suiza: Noll, Peter, cit. (n. 7), p. 76.
107
Cfr. Weigend, Thomas, Über die Begründung der Straflosigkeit bei Einwilligung
des Betroffenen, en Zeitschrift für die gesamte Strafrechtswissenschaft 98 (1986), p. 66.
108
Cfr. Bascuñán, Antonio, cit. (n. 78), p. 67 y Hoerster, Norbert, cit. (n. 89),
p. 1791.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 399
109
De ello se desprende, que si un médico interviene en la provocación de la muer-
te de un paciente que, por ejemplo, se lo ha requerido expresa y seriamente, pero no
concurren los demás requisitos de la eutanasia no punible, dicha conducta podría ser
punible como auxilio al suicidio o como homicidio, en su caso calificado.
110
Véase Kindhäuser, Urs, cit. (n. 47), p. 35.
400 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
desde un punto de vista físico, de terminar con sus vidas, caso en el cual se
estaría impidiendo el ejercicio de la autonomía del paciente en base, entre
otras cosas, a un interés difuso de la sociedad en la continuidad de la vida111.
Incluso si la prohibición de matar a otro basada en el interés colectivo difuso
de la sociedad en la continuidad de la vida efectivamente existiera, ella tendría
que verse desplazada por las normas constitucionales sobre las que se basa la
autonomía del paciente112. En la medida en que el tercero (médico) (sólo)
permita el ejercicio de la autonomía del paciente asegurada en la Constitución
y que, de no mediar su intervención, dicho ejercicio fuese imposible, el actuar
de ese tercero, supuesta la concurrencia de los requisitos de la eutanasia, no
puede ser catalogado como delictivo. La intervención del tercero no debe ser
entendida como una lesión (del bien jurídico) de “otro”113, sino que como
la (única) forma físicamente posible de que ese “otro” ejerza la autonomía
que le reconoce la Constitución Política.
Una segunda posible colisión de intereses, es la que puede darse entre
diversos intereses del propio paciente. En ese sentido, podría creerse, que
existe una suerte de superioridad del derecho a la vida del paciente respecto
de la autonomía de ese mismo paciente. Dicha idea podría encontrar su
fundamento en el hecho de que la autonomía del paciente presupone la vida
y no a la inversa. Es decir, puesto que sólo gracias a la existencia de la vida
es que los restantes derechos fundamentales son siquiera imaginables, es
que el derecho a la vida gozaría de una suerte de rango superior respecto de
cualquier otro interés. Un planteamiento como el indicado es, sin embargo,
erróneo. En primer lugar, pues parte de un concepto meramente biológico de
la vida114 y, de lo que aquí se trata, es de un concepto jurídico de vida. Efecti-
111
Si el paciente no se encuentra imposibilitado, ya sea total o parcialmente, desde
un punto de vista físico de terminar con su vida, y decide suicidarse, el médico no puede
interponerse en el ejercicio de su autonomía. En un caso como el descrito, no puede
imputársele al médico la muerte por omisión del paciente, pues no puede establecerse
un deber de garante del médico respecto de un bien jurídico del cual el paciente, en
ejercicio de su autonomía, está legítimamente disponiendo. Al mismo resultado llegan
Dölling, Dieter, Zur Strafbarkeit der Mitwirkung am Suizid, en Bloy, René - Böse,
Martin - Hillenkamp, Thomas - Momsen, Carsten - Rackow, Peter (editores),
Gerechte Strafe und legitimes Strafrecht, Festschrift für Manfred Maiwald zum 75. Ge-
burtstag (Berlin, Duncker & Humblot, 2010), p. 130; y Roxin, Claus, cit. (n. 29), pp.
93 s.
112
Cfr. arriba el punto I. 1.
113
Como destaca Schneider, Christian, cit. (n. 5), p. 226, el Derecho penal prote-
ge frente a atentados que terceras personas pueden llevar a cabo contra nuestros bienes
jurídicos, pero no a los ciudadanos respecto de sí mismos.
114
Arruego Rodríguez, Gonzalo, cit. (n. 7), p. 5, también se muestra crítico
respecto de la conceptualización del Tribunal Constitucional español de la vida huma-
na como una realidad meramente biológica.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 401
115
Cfr. Jakobs, Günther, cit. (n. 9), p. 13. En la misma línea Schreiber, Hans-
Ludwig, cit. (n. 8), p. 341.
116
Cfr. en esa línea Tenthoff, Christian, cit. (n. 23), p. 86. Véase también Müs-
sig, Bernd, Mord und Totschlag (Köln, Carl Heymanns, 2005), p. 353.
117
Si el bien jurídico vida tuviese preeminencia respecto de la autonomía, entonces
el ordenamiento jurídico tendría que contemplar normas destinadas a proteger la vida
incluso a costa de la autonomía, por ejemplo, obligando a ceder un órgano o sangre a
un tercero para salvarle la vida (cfr. Bascuñán, Antonio, cit. [n. 78], p. 83). Que ello
no ocurra confirma la tesis aquí planteada.
402 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
118
Entre los principios de bienestar del paciente y de no dañarlo también pueden
surgir conflictos. Cuando el daño o la lesión de la integridad corporal o la salud del
paciente sea inevitable, el médico tendrá que elegir, con el consentimiento del paciente,
entre el menor de dos males (por ejemplo, entre someterlo o no a una determinada
intervención). Cfr. al efecto Quante, Michael - Vieth, Andreas, cit. (n. 4), p. 138.
119
Cfr. Stratenwerth, Günter, Sterbehilfe, en Schweizerische Zeitschrift für
Strafrecht, Revue Pènale Suisse 95 (1978), p. 69, a juicio del cual, aun en estado de ne-
cesidad, el respeto por la decisión responsable del afectado tiene, inequívocamente,
preeminencia. Cfr. mayores referencias sobre el principio de autonomía del paciente
en lo que dice relación con la afectación de su incolumidad o intangibilidad corporal
en el punto I. 1.
120
Podrá argumentarse contra ello, que incluso de estar penalmente prohibida di-
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 403
cha conducta, la pena jamás podría ser aplicada en caso de que el acto fuese consuma-
do. Sin embargo, lo que debe interesarnos no es el caso en el cual la pena no se aplica,
porque el sujeto ha dejado de existir, sino que aquellos en los cuales, por ejemplo, su
conducta resulta frustrada: dicho supuesto también resulta impune, porque las con-
ductas suicidas no se encuentran prohibidas para el sujeto que, autónomamente, decide
terminar con su vida.
121
Cfr. dicha argumentación en Vossenkuhl, Wilhelm, Ethische Grundlagen
ärtzlichen Handelns. Prinzipienkonflikte und deren Lösungen, en Roxin, Claus -
Schroth, Ulrich (editores), Handbuch des Medizinstrafrechts (4ª edición, Stuttgart,
Boorberg, 2010), p. 6, si bien excluyendo el carácter vinculante del consentimiento
precisamente en virtud de la existencia de la prohibición expresa del homicidio a reque-
rimiento del § 216 StGB.
122
Si bien la norma alemana no excluye expresamente de la punibilidad a los supues-
tos de eutanasia pasiva o activa directa, la doctrina alemana se plantea si cabe efectuar
excepciones a la norma del § 216 StGB. basada, por ejemplo, en el principio de ultima
ratio o –en la línea de lo aquí sostenido– en la autonomía del paciente para decidir
libremente sobre la continuidad de su vida (cfr. dichas consideraciones en Schneider,
Christian, cit. [n. 5], pp. 225 s., si bien para fundamentar la exclusión de la punibi-
404 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
penal alemán establece una excepción al principio volenti non fit iniuria,
según el cual, quien lesiona un bien jurídico individual con el consentimien-
to previo de su titular, no realiza injusto penal alguno123. El artículo 83 del
Anteproyecto de Código Penal chileno de 2005, elaborado por la Comisión
Foro Penal, propone, por su parte, la sanción, también con una pena menor
a la del homicidio, al que “por motivos piadosos mate a otro que lo ha solicitado
expresa e inequívocamente”. Es decir, se trata de una figura mucho más espe-
cífica que la alemana, en la cual no se castiga de manera atenuada cualquier
homicidio a requerimiento, sino que sólo aquél basado en motivos piadosos.
De esta forma, la propuesta chilena nos plantea concretamente la posibilidad
de castigar atenuadamente con respecto al homicidio al médico que, frente a
la solicitud expresa e inequívoca del paciente, provoca pasiva o activamente
su muerte, esto es, plantea la posibilidad de castigar atenuadamente con
respecto al homicidio a la eutanasia.
En base a lo expuesto precedentemente, la conducta del médico que pro-
voca pasiva o activamente la eutanasia del paciente, no es subsumible en una
norma como la indicada, porque la provocación de la muerte en el sentido de
la eutanasia no es un “homicidio” (a requerimiento) en el sentido de “matar
a otro” contra su voluntad, esto es, en el sentido de disponer de la vida del
paciente por parte de un tercero124. Por el contrario, de lo que aquí se trata,
es de la disposición de la vida del paciente por parte de él mismo, sólo que
posibilitada, si se quiere, físicamente, por el médico tratante. Puesto que es
el paciente quien, en ejercicio de su autonomía, decide acabar con su vida,
resultaría absurdo catalogar de víctima a quien decidió libremente poner fin a
su existencia. Consiguientemente, de acogerse la norma de homicidio a reque-
lidad de los casos de suspensión de una intervención médica que provoca la muerte
del paciente). Cfr. asimismo Kubiciel, Michael, Tötung auf Verlangen und assistierter
Suizid als selbstbestimmtes Sterben? en Juristen Zeitung (2009), p. 605, quien sostiene,
por su parte, que el § 216 del Código penal alemán protege el derecho a la vida frente
al fundado peligro (abstracto) de ser víctima de un plan de muerte que no ha sido lo
suficientemente reflexionado ni se encuentra suficientemente maduro. En el mismo
sentido así como crítico de dicha disposición: Jakobs, Günther, Zum Unrecht der
Selbsttötung und der Tötung auf Verlangen, en Haft, Fritjof - Hassemer, Winfried
- Neumann, Ulfrid - Schild, Wolfgang - Schroth, Ulrich (editores), Strafgerechti-
gkeit. Festschtrift für Arthur Kaufmann zum 70. Geburtstag (Heidelberg, C. F. Müller,
1993), pp. 467 s.; asimismo von Hirsch, Andrew - Neumann, Ulfrid, Indirekter«
Paternalismus im Strafrecht am Beispiel der Tötung auf Verlangen (§ 216 StGB), en
Goltdammer´s Archiv für Strafrecht (2007), pp. 686 ss., con especial referencia al es-
tándar de vida y a la calidad de vida como intereses que, en caso de verse gravemente
afectados, debiesen prevalecer sobre la criminalización del homicidio a requerimiento.
123
Véase en ese sentido Neumann, Ulfrid, cit. (n. 17), II, número marginal 1.
124
Así, sin embargo, Jähnke, Burkhard, cit. (n. 85), V, número marginal 1.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 405
125
Cfr. dichas normas en el punto I,1.
126
Cfr. para dicho concepto el punto I, 3, a).
127
Véase en ese sentido Schreiber, Hans-Ludwig, cit. (n. 73), p. 477.
128
Cfr. al efecto Kutzer, Klaus, cit. (n. 97), pp. 345 ss.; y Quaas, Michael - Zuck,
Rüdiger, cit. (n. 59), § 68: Einzelfelder der Biomedizin, números marginales 160 ss.
Véase también Eidam, Lutz, cit. (n. 77), pp. 235 s.
129
Cfr. Reus, Katharina, Die neue gesetzliche Regelung der Patientenverfügung und
die Strafbarkeit des Arztes, en Juristenzeitung (2010), p. 80.
130
Cfr. Knauer, Christoph / Brose, Johannes, cit. (n. 77), número marginal 19.
406 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
131
Dicho inciso establece, además, que el consentimiento presunto del paciente
deberá determinarse en base a elementos concretos, como manifestaciones escritas u
orales, que el paciente hubiese realizado con anterioridad, sus convicciones éticas o re-
ligiosas, así como otras valoraciones personales del enfermo.
132
Cfr. en esa línea Schreiber, Hans-Ludwig, cit. (n. 73), p. 477.
Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica 407
representante legal, por no existir o por no ser habido”. Con ello, el proyecto
de ley chileno se aleja de la norma alemana sobre la “Patientenverfügung”
que, acertadamente, no exige que el paciente se encuentre en estado de salud
terminal. Pues si de lo que se trata es de respetar la autonomía del paciente en
lo que dice relación con su incolumidad o intangibilidad corporal, no resulta
acertado establecer limitaciones en cuanto a la naturaleza de la enfermedad o
a su estado de avance133. Por otra parte, también resulta criticable la formula-
ción establecida al principio del proyecto, en orden a que el paciente puede
manifestar su voluntad de someterse, pero no de rechazar desde un principio
el procedimiento o tratamiento vinculado a su atención de salud134. Pues,
si bien la voluntad del paciente en orden a someterse a un procedimiento o
tratamiento vinculado a su atención de salud es revocable, puede que dicha
revocación no sea posible con posterioridad, por ejemplo, si el paciente se
encuentra inconsciente. Es más, probablemente lo más común será que el
paciente desee manifestar anticipadamente su voluntad en orden a que un
determinado tratamiento médico no le sea aplicado, por ejemplo, por ser
demasiado invasivo, doloroso, contrario a sus convicciones religiosas o éticas,
etc. Finalmente, la formulación del proyecto de ley chileno resulta demasiado
amplia, pues señala que el paciente puede manifestar su voluntad en cuanto
a someterse a “cualquier procedimiento o tratamiento vinculado a su atención
de salud”. A propósito del testamento vital efectuado al momento de ser in-
ternado en el centro asistencial, si bien no es necesario que la manifestación
del paciente se extienda expresamente a todas las posibles intervenciones
médicas que pudiesen afectar su integridad corporal o salud, él debe ser in-
formado de las intervenciones programadas al momento en que manifiesta su
consentimiento, debiendo el médico señalarle todas aquellas circunstancias
que, según el caso, puedan considerarse relevantes para el otorgamiento del
consentimiento por parte del enfermo135. Por otra parte, el consentimiento
que el paciente otorga dice relación específicamente con la afectación de su
integridad corporal o salud, y no con “cualquier procedimiento o tratamiento
vinculado a su atención de salud”.
Si bien la expresión de voluntades anticipada o testamento vital en nin-
gún caso constituye una solución a la punibilidad del médico que provoca
activa y directamente la eutanasia del enfermo, ella sí puede constituir una
133
En ese sentido, la norma no abarcaría el caso de un paciente que se encuentra en
estado de inconsciencia y sin riesgo vital producto de un accidente, que previamente
hubiese manifestado su voluntad de rechazo de un determinado tratamiento médico.
134
Ello además concordaría con lo establecido en el artículo 28 del Código de Ética
del Colegio Médico de Chile de 2008, que sí establece el derecho del paciente a rechazar
total o parcialmente una prueba diagnóstica o un tratamiento.
135
Cfr. el punto I,1.
408 Revista de Derecho XXXVII (2º Semestre de 2011) Laura Mayer Lux
Bibliografía
136
Cfr. en ese sentido, si bien en otros términos, Schreiber, Hans-Ludwig, cit.
(n. 73), p. 477.
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