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Trabajo Práctico #10: Distribución Del Ingreso

El documento habla sobre la distribución del ingreso en América Latina y Argentina. Explica las diferencias entre la distribución funcional del ingreso (entre factores productivos) y la distribución personal del ingreso (entre personas). Luego describe cómo ha mejorado la distribución del ingreso en la mayoría de los países latinoamericanos en la última década, aunque sigue siendo desigual. En Argentina, la distribución mejoró pero sigue siendo más desigual que a comienzos de los 90.

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Trabajo Práctico #10: Distribución Del Ingreso

El documento habla sobre la distribución del ingreso en América Latina y Argentina. Explica las diferencias entre la distribución funcional del ingreso (entre factores productivos) y la distribución personal del ingreso (entre personas). Luego describe cómo ha mejorado la distribución del ingreso en la mayoría de los países latinoamericanos en la última década, aunque sigue siendo desigual. En Argentina, la distribución mejoró pero sigue siendo más desigual que a comienzos de los 90.

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Trabajo Práctico N° 10: Distribución del Ingreso

1. ¿Qué es la distribución funcional del ingreso? ¿Y la distribución personal? Indique la


diferencia existente entre ambas, teniendo en cuenta la variable que considera para medir
la distribución del ingreso en cada caso.
2. Mencione y explique las tres medidas y/o relaciones que se utilizan por lo general para
evaluar la distribución del ingreso en la sociedad.
3. Según Calcagno, ¿es posible separar el proceso de producción del de distribución, desde el
punto de vista teórico? ¿Cuál es el problema económico a resolver? ¿Qué postula la teoría
económica que afirma que esta separación es posible? ¿Quiénes, según los autores, la
defienden? ¿Cuál es la crítica que le realizan los autores a dicha corriente de
pensamiento?
4. En base a la lectura del documento de trabajo de CIFRA, “El nuevo patrón de crecimiento y
su impacto sobre la distribución del ingreso”, responda las siguientes preguntas:
a- ¿Cómo ha cambiado la distribución del ingreso en los países de América Latina en la
primera década del siglo XXI en relación con la situación vigente durante los años
1990, en los que se implementaron constantes políticas de corte neoliberal? Precise
qué países han mejorado su distribución del ingreso entre ambos períodos y cuáles la
han empeorado.
b- Detalle cómo ha evolucionado la distribución funcional del ingreso en la Argentina.
Señale las modificaciones que se produjeron durante el período de las post
convertibilidad respecto de la situación vigente en 2002.
c- Compare la distribución personal del ingreso en la Argentina existente durante el
régimen de convertibilidad con la situación que se consolidó en los años posteriores,
tras la salida del mismo.

El enfoque estadístico clásico le da importancia a cómo se desarrolla la distribución del


ingreso entre los distintos factores productivos, es decir, con qué parte se quedan los asalariados,
los empresarios y los dueños de la tierra. Esta visión se enmarca dentro de la distribución funcional
del ingreso, y sus estimaciones se aprecian en la denominada “cuenta de los hogares”, que forma
parte del sistema de cuentas nacionales de los países (aunque no todos lo hagan).
Este análisis se ha ido combinando con otro factor, el de la distribución personal del
ingreso, es decir, en cómo se distribuye el ingreso nacional entre personas, sin importar cuál es el
factor productivo que posee o utiliza para conformar su nivel de ingresos.

Para cuantificar la distribución de este tipo de ingresos se utilizan, en mayor medida, dos
indicadores: la relación de ingresos promedio de distintos quintiles o deciles, y el índice de Gini.
Un decil clasifica en una relación de orden que divide en diez partes iguales a la población.
Si nos referimos a deciles de ingresos, lo que hacen es ordenar la población de acuerdo a sus
ingresos (de menor a mayor) y dividirla en diez partes iguales. Se confeccionan rangos de ingresos
donde cada grupo (decil) está compuesto por un número igual de personas, y una vez calculados
los deciles, puede calcularse distintas medidas de desigualdad/igualdad.
La brecha de ingresos se define como la razón entre el ingreso per cápita familiar
promedio del decil con mayores ingresos y el ingreso per cápita familiar promedio del decil con
menores ingresos. De este modo, la brecha de ingresos nos permite ver la distancia entre el decil
de ingresos mayores y aquel de ingresos menores.
La curva de Lorenz es la representación gráfica de la desigualdad en el reparto del ingreso
en un país (o cualquier territorio). Cuanto más cerca esté la curva de la diagonal o recta que une
los extremos, mejor será la distribución de la renta; mientras que cuanto más alejada esté la curva
de la misma diagonal o recta, mayor será la desigualdad existente.
A través de la curva de Lorenz podemos calcular el índice o el coeficiente de Gini, que
permite medir el grado de desigualdad en la distribución del ingreso que existe en una sociedad
determinada.

Analicemos ahora la siguiente frase: “Primero hay que agrandar la torta y recién después
repartirla”. Desde el punto de vista de la economía, se refiere a los procesos económicos de la
producción (la elaboración de la torta) y la distribución del ingreso (el reparto entre los distintos
grupos sociales de las porciones de la torta) que, al parecer, advierte una secuencia temporal
donde primero se produce para después repartir.
Esto parece indicar que no queda otro camino que considerar una posible separación
entre ambos procesos, aunque en la práctica es meramente imposible. Asimismo, si abordamos
teóricamente la cuestión, vemos que esta afirmación es insostenible, puesto que todos los
grandes economistas han hecho análisis de relación entre estos dos campos como fenómenos
inseparables de la misma realidad. La contabilidad nacional, por ejemplo, toma al producto y a los
ingresos como dos definiciones de lo mismo, el “valor agregado”.
En definitiva el verdadero problema económico consiste en dilucidar cómo las condiciones
de la producción y de la distribución se determinan recíprocamente, no cómo pueden
independizarse.
En un primer momento, el planteo propone (o justifica) un determinado tipo de
distribución marginal del ingreso, acorde con la productividad marginal del trabajo, el capital y la
tierra. Es decir, que los trabajadores deben aceptar sus remuneraciones, aun si son bajas, para que
de este modo los empresarios y rentistas aumenten sus ganancias, y en seguida sus ahorros, que
finalmente serán invertidos para aumentar el producto (la torta), el empleo y la productividad
económica. Esto no parece del todo certero; se le otorga una preeminencia a la producción sobre
la distribución, cuando en realidad sucede lo opuesto: afirma que una determinada distribución es
funcional al mayor crecimiento de la producción. Esta preeminencia lógica de la distribución sobre
la producción fue desarrollada rigurosamente por Marx, quien planteaba que la distribución, antes
de serlo de productos, lo es de instrumentos de la producción y de tipos de trabajo; y que, como
marco social, la distribución determina la producción.
El principio de la demanda efectiva hace depender el nivel de la producción de las
perspectivas de ventas: los empresarios no producen si no podrán vender, y no invierten si no
esperan aumentar sus ganancias. Esto, para Marx, es un problema característico del capitalismo: la
contradicción entre las condiciones de generación de la plusvalía y las de su realización, es decir,
una distribución desigual favorece la generación de la plusvalía, pero entorpece su realización.
En cambio, si existe un acuerdo para expandir de manera concertada los ingresos de los
trabajadores será posible para los empresarios aumentar la masa de sus ganancias aunque los
márgenes sobre cada unidad producida sean menores, simplemente porque expanden sus ventas.

La desigual distribución de los ingresos ha sido un rasgo sobresaliente de la estructura


económica y social de América Latina a lo largo de su historia. Esta situación empeoró
considerablemente desde los años ochenta conduciendo a que la región presente en la actualidad
niveles de inequidad muy elevados en términos internacionales.
Al evaluar la situación imperante en cada uno de los países que componen la región se
observa que Venezuela y Uruguay son los que presentan una mayor equidad, en tanto el 40% de
los hogares más pobres perciben alrededor del 20% de los ingresos totales per cápita y el 10% más
rico no sobrepasa el 27%.
En contraposición, los países que presentan mayores niveles de desigualdad son, por un
lado, Bolivia, Honduras y República Dominicana, donde el 40% de los hogares más pobres perciben
por debajo del 12% de los ingresos totales per cápita de sus países; por otro lado, Brasil y
Colombia, donde el 10% más rico concentra alrededor del 40% de dichos ingresos.
Si se realiza un análisis de mediano plazo, considerando el período 2002-2008, se observa
que la brecha de ingresos de los hogares entre el quintil más rico y el más pobre ha tendido a
reducirse en 14 de los 18 países latinoamericanos considerados.
Dentro de este grupo, Venezuela y Nicaragua son quienes presentan una mayor reducción
de la desigualdad entre los grupos extremos de la distribución del ingreso.
A la vez, existe otro conjunto de países (Brasil, Bolivia, Paraguay, Panamá, Perú, Argentina,
Ecuador y Costa Rica) que presentan reducciones menos significativas de la desigualdad.
En el otro extremo, Guatemala, Honduras, República Dominicana y México dan cuenta de
un deterioro distributivo significativo, dado el incremento de la brecha entre el quintil más rico y el
más pobre.
El coeficiente de Gini se redujo en promedio un 5% en el período mencionado, según
CEPAL.
Como se mencionó, en términos generales, se observa que América Latina ha presentado
ciertas mejorías en la equidad distributiva a lo largo de los últimos diez años. No obstante, debe
advertirse que estos resultados no demuestran una reversión de la desigualdad estructural que
caracteriza a la región, ya que continúa siendo una de las más altas del mundo.

En el caso particular de Argentina, se observa que, si bien se encuentra entre los países
que han reducido la desigualdad en la distribución del ingreso en la última década, en la actualidad
se verifican mayores niveles de desigualdad que a comienzos de la década de 1990.
En efecto, el coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar de las personas era en el
año 2006 un 3,6% más elevado que el verificado a comienzos de la década del noventa cuando
nuestro país se encontraba aún en el marco de la crisis hiperinflacionaria.
Se debe señalar que en la Argentina la medición de la distribución funcional del ingreso
fue dejada de lado a partir de mediados de la década de 1970. Recién en 2006 volvió a disponerse
de estadísticas al respecto, a partir de la publicación de la Cuenta de Generación del Ingreso para
el período 1993-2005, por parte del INDEC. Sin embargo, la publicación volvió a discontinuarse al
poco tiempo, una vez intervenido dicho organismo.
La participación de los asalariados alcanzó su máximo histórico hacia el año 1954 y, luego
de descender, volvió a alcanzar límites similares en 1974. Desde entonces, la tendencia ha sido
–con grandes oscilaciones–, decreciente, con niveles muy bajos durante la última dictadura militar,
así como durante la crisis hiperinflacionaria de la década de 1980.
Si bien los años noventa representan una recuperación relativa respecto de la década
anterior, tras los primeros años del decenio la proporción del producto en manos de los
asalariados vuelve a descender sostenidamente.
A partir de 1993, se verifica, tanto en momentos de recesión como en las fases de
crecimiento, un deterioro en la participación de los trabajadores.
Luego de la caída acumulada hasta 1997, la participación de los asalariados tiene una
mejora relativa, aunque en los últimos años de la década se vuelve a observar una disminución.
Esta contracción no alcanza una mayor magnitud debido a que la economía está en crisis y el valor
agregado se achica al tiempo que se reduce la tasa de empleo y se deterioran los salarios reales.
Con la crisis final del régimen de convertibilidad, los asalariados perdieron varios puntos
en la distribución del ingreso nacional. De acuerdo con estimaciones propias, en el año 2001 la
masa salarial representaba el 38,5% del valor agregado bruto y al año siguiente se había reducido
al 31,4%.
Desde 2003, la generación de puestos de trabajo junto con la recuperación relativa de los
salarios, permitió que la participación de los asalariados sobre el valor agregado volviera a
incrementarse.
Se debe destacar que la participación de los asalariados quedó prácticamente estancada
desde 2006. Este proceso se explica por la limitada expansión de los puestos de trabajo
asalariados y de los salarios reales.
En el año 2009, si bien vuelve a observarse una mejora significativa en esta participación,
cabe señalar que ello obedece en parte al hecho de que la economía atravesó ese año una
recesión, consecuencia del impacto de la crisis internacional. Es decir, que la masa salarial resulta
mayor pero en relación con un valor agregado deprimido.
En síntesis, la distribución funcional del ingreso en nuestro país ha mostrado en la post
convertibilidad una mejora significativa respecto de la situación vigente en 2002. Sin embargo,
dado el deterioro persistente durante los años noventa, la participación de la masa salarial en el
ingreso total aún no habría alcanzado los niveles de los primeros años del régimen de
convertibilidad.

Tras llegar a máximos valores históricos, el nivel de desigualdad ha mostrado una


tendencia decreciente en el marco de uno de los períodos de mayor crecimiento económico de la
historia argentina.
Desde 2003, el aumento del empleo posibilitó un incremento relativamente más elevado
de los salarios de los trabajadores menos calificados. Se debe destacar, que dicho proceso resultó
potenciado o, al menos, acelerado por la política oficial de ingresos en los primeros años de la post
convertibilidad.
La disminución de la desigualdad en el ingreso de los ocupados pareció estabilizarse entre
finales de los años 2005 y 2007. En tanto, en 2008 se observa una reducción en la desigualdad.
En los últimos dos años (2009-2011), se volvió a verificar un leve incremento en la
inequidad, a pesar de la recuperación de la economía y del empleo tras el impacto de la crisis
internacional. El aumento en el ritmo de variación de los precios seguramente ha impactado
diferencialmente entre los distintos estratos de trabajadores, estando los trabajadores más
calificados en una posición más ventajosa para negociar incrementos en sus remuneraciones
nominales.
En una visión del conjunto de la etapa se observa que la disminución en la desigualdad
durante la post convertibilidad ha sido limitada.
En efecto, a pesar del extraordinario crecimiento de la economía argentina, el coeficiente
de Gini de los ingresos laborales de los ocupados se redujo sólo hasta niveles similares a los
prevalecientes a mediados de la década del noventa.
En el caso del Gran Buenos Aires, en donde se dispone de una serie de datos a largo plazo,
puede observarse que la inequidad de los ingresos de los trabajadores es todavía muy superior a la
existente a inicios de la década del noventa.
La distribución de los ingresos familiares evidencia también una disminución en la
desigualdad desde el año 2003.
El coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar de los hogares se redujo desde ese
año, aunque dicho proceso se concentró en el período que va hasta finales del año 2005, ya que
en el año 2006 hubo incluso un aumento temporal en la desigualdad.
En cambio, entre 2008 y 2010 –ya en base a información cuestionada del INDEC– el nivel
de la inequidad mostró, a diferencia de los ingresos laborales, un descenso leve.
El retroceso en la desigualdad en los ingresos familiares en este período fue mayor que en
el caso de los ingresos laborales, ya que se encuentra en la actualidad en niveles cercanos a los
prevalecientes a comienzos de la década del noventa.
Este proceso está asociado, entre otros, al incremento del empleo y al aumento de las
transferencias hacia los sectores de menores recursos por parte del Estado.

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