La teoría conductista se basa en la idea de que todos los comportamientos de una
persona han sido aprendidos mediante un complejo sistema de refuerzos y
castigos que lleva dándose desde su nacimiento. A partir de esta premisa, se
desarrollan varias técnicas que pueden ayudar a modificar la manera de actuar de
un individuo.
El paradigma conductista en educación, se fundamenta específicamente en llevar
un proceso de aprendizaje acompañado de estímulos y refuerzos para así obtener
respuestas positivas por parte del estudiante, es decir siempre maneja una
estructura rígida de aprendizaje para luego ser medible cuantificada.
Según Hernández Rojas, (2010) su aporte es que, el alumno “es considerado un
receptor de las informaciones, su misión es aprenderse lo que se le enseña”
(p.114). No recurre al análisis o interpretación de la información para la
comprensión; en otras palabras, el conocimiento es producto de la repetición o
como refiere Prada (2018) es una copia o reflejo acumulativo de la realidad.
De esta teoría se plantearon dos variantes: el condicionamiento clásico y el
condicionamiento instrumental u operante. El primero de ellos describe una
asociación entre estímulo y respuesta contigua, de forma que, si sabemos plantear
los estímulos adecuados, obtendremos la respuesta deseada. Esta variante
explica tan solo comportamientos muy elementales. La segunda variante, el
condicionamiento instrumental u operante persigue la consolidación de la
respuesta según el estímulo, buscando los reforzadores necesarios para implantar
esta relación en la persona. Para las Teorías Conductistas, lo relevante en el
aprendizaje es el cambio en la conducta observable de un sujeto, cómo éste actúa
ante una situación particular. La conciencia, que no se ve, es considerada como
"caja negra". En la relación de aprendizaje sujeto - objeto, centran la atención en
la experiencia como objeto, y en instancias puramente psicológicas como la
percepción, la asociación y el hábito como generadoras de respuestas del sujeto.
No están interesados particularmente en los procesos internos del sujeto debido a
que postulan la “objetividad”, en el sentido que sólo es posible hacer estudios de lo
observable.
En palabras de Padras (2018). Uno de los aportes que menciona es que, para el
conductismo el objeto de estudio no es la conciencia, sino las relaciones que se
forman entre los estímulos y las respuestas que dan origen a nuevas conductas y
comportamientos observables. Así mismo, enfatiza que, por ser una rama de la
psicología, se basa en la observación de la conducta y el análisis de la misma.
Enfoques conductistas están presentes como por ejemplo en el empleo de
premios y castigos en situaciones contextuales en las que el estudiante guía su
comportamiento en base a evitar los castigos y conseguir los premios, sin
importarle mucho los métodos que emplea y sin realizar procesos de toma de
conciencia integrales. Hoy día hay consenso en estimar un conjunto de
aprendizajes posibles de desarrollar mediante esquemas basados en las teorías
conductistas, tales como aquellos que involucran reforzamiento de automatismos,
destrezas y hábitos muy circunscritos.
Boada y Cols señalan que una de las más grandes contribuciones del
conductismo al ámbito educativo es lo que se ha denominado enseñanza
programada, sistema pedagógico ampliamente desarrollado por uno de los
principales representantes de esta corriente psicológica: Burrus Frederick Skinner.
Desde la perspectiva de Skinner la enseñanza tradicional tiene ciertas deficiencias
que obstaculizan el aprendizaje. Una de ellas es que provee al estudiante más de
consecuencias aversivas que positivas. Otras fallas frecuentes son la
secuenciación de los materiales de instrucción y la instrucción colectiva.
El reconocimiento de estas fallas propició que Skinnner planteará una serie de
consideraciones aceptadas durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo
pasado, con el rubro de enseñanza programada. Dichas consideraciones pueden
resumirse en cinco puntos básicos:
• Se debe contar con una definición operativa del aprendizaje, lo que implica la
formulación de objetivos educativos en términos concretos conductuales.
• Según el principio de “aproximaciones sucesivas”, las tareas deben plantearse
subdivididas en sus más elementales partes para que puedan ser aprendidas.
• En el contexto educativo debe recurrirse a la objetividad, de tal forma que cada
ítem de todo programa académico debe exigir del estudiante una respuesta
observable.
• Recurrir al recurso de motivadores intrínsecos (reforzadores sociales,
básicamente), lo que implica proveer al estudiante de retroalimentación inmediata
sobre cada realización.
• Reconocer que cada escolar sigue su propio ritmo de aprendizaje.
Ya hemos visto que la parte más aplicable en el ámbito de la educación de la
teoría conductista es el uso de refuerzos y castigos para modificar la conducta. Sin
embargo, existen algunos aspectos que es necesario tener en cuenta para
comprender cómo se utiliza realmente este enfoque dentro del campo de la
enseñanza.
Según los estudios realizados sobre el condicionamiento operante, los castigos
son mucho más eficaces que los refuerzos a la hora de modificar la conducta de
una persona. Debido a ello, antiguamente era muy habitual darle azotes a un niño
que actuaba de forma “incorrecta”, humillarle verbalmente, o usar cualquier otro
tipo de castigo físico o mental.
Sin embargo, por cuestiones morales y éticas, en las últimas décadas ha
empezado a verse que, a pesar de ser eficaces para modificar la conducta, los
castigos de este tipo pueden tener consecuencias muy negativas para los niños.
Por eso, actualmente las técnicas que se utilizan suelen ser de una naturaleza
muy distinta.
Por ejemplo, hoy en día también se sabe que retirarle la atención a un niño es uno
de los “castigos” más eficaces que existen. Debido a ello, para evitar conductas
indeseadas, una de las mejores armas de un profesor o padre es precisamente
ignorar los comportamientos negativos de los pequeños hasta que estos se
extingan por sí solos.
¿Y qué pasa con los refuerzos?
A pesar de que los castigos hayan demostrado ser más eficaces, los refuerzos
también son muy útiles a la hora de modificar conductas. Por eso, se utilizan de
manera habitual dentro del ámbito de la educación.
Utilizar refuerzos en este campo puede suponer desde algo tan simple como
elogiar los buenos comportamientos de los niños, hasta usar herramientas como
calificaciones positivas, o entregarle pequeños premios a los que realicen
conductas determinadas.
Ejemplos
El conductismo en la educación es una de las herramientas más utilizadas. Debido
a ello, existen multitud de ejemplos de esta teoría dentro del campo de la
enseñanza.
Un ejemplo de refuerzo podría ser la entrega de un pequeño premio (como un
caramelo o una moneda de bajo valor) a los alumnos que sean capaces de
responder correctamente a una pregunta planteada en clase.
Por otro lado, un ejemplo de castigo bien aplicado podría ser la retirada de
atención a un alumno que esté molestando. La manera más habitual de usar esta
técnica consiste en enviar al niño fuera del aula, de tal manera que nadie le esté
haciendo caso.
El enfoque conductista en el aprendizaje y sus aplicaciones en el aula. (s. f.).
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1229/1276#:~:text=En%20este%20sentido%2C%20el%20paradigma,para
%20luego%20ser%20medible%20cuantificada.