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2

CÁTEDRA EXTRAODINARIA COMPLUTENSE DE


HISTORIA MILITAR

La Batalla: Análisis Históricos y


Militares

3
Primera edición: octubre, 2020

La Batalla: Análisis Históricos y Militares


© De la presente Edición: Magdalena de Pazzis Pi Corrales
Ana Sanz de Bremond Mayans
Carlos Díaz-Sánchez
©De todos los autores que componen la obra.

Impresión: Or50 S.L.

ISBN: 978-84-09-24076-0
Depósito Legal: M-26694-2020

Reservados todos los derechos


No se permite la reproducción total o parcial de esta obra sin la debida
autorización de los titulares de los derechos de propiedad intelectual.

4
CÁTEDRA EXTRAODINARIA COMPLUTENSE DE
HISTORIA MILITAR

La Batalla: Análisis Históricos y


Militares

Directora
Magdalena de Pazzis Pi Corrales

Coordinación de la edición
Ana Sanz de Bremond Mayáns
Carlos Díaz-Sánchez

MADRID, 2020

5
6
ÍNDICE

Introducción
............................................................................................................ 11

Logística y Aprovisionamiento del Ejército Romano en Hispania


Ángel Morillo Cerdán ........................................................................ 21

Queronea, 338 A.C. Revisando una batalla decisiva


José Pascual González ........................................................................ 57

Cannas: Aníbal contra Roma


Miguel de Rojas Mulet ..................................................................... 111

Los Arqueros de Asur. La documentación del Archivo Asur M 8 En


referencia a la guarnición de arqueros de la ciudad de Asur en el siglo
XIII a.C.
Jaume Llop Raduá ............................................................................ 147

Los Thetes Y la flota ateniense en el s.V: ¿Una cuestión retórica?


Miriam Valdés Guía ......................................................................... 165

Agmen et Aquila. Sobre el orden de marcha de las legiones romanas


Sabino Perea Llébenes ..................................................................... 213

Perspectivas y consecuencias principales en el Mediterráneo Occidental


tras la Batalla de Alalia
Carlos Díaz-Sánchez ........................................................................ 233

La batalla del Salado (1340). Una visión desde la Fuerça de Armas


Manuel López Fernández ................................................................. 273

7
De las Navas a Guadapero: Una aproximación al comportamiento
táctico de los ejércitos medievales en los campos de batalla
Carlos Rodríguez Casillas ................................................................ 321

El Cid Campeador en sus batallas campales


Fernando Pinto Cebrián .................................................................... 353

Batallas Frustradas: Valencia 1364


Pablo Sanhaúja Ferrer ...................................................................... 381

Los discursos del Rey para después de una derrota: Aljubarrota (1385-
1390)
Jose Manuel Nieto Soria .................................................................. 413

El uso de la caballería ligera en la conquista del Archipiélago Canario:


Las batallas de Guiniguada y Acentejo y la importancia de la
conformación del terreno
Dario Testi ........................................................................................ 443

La organización del ejército de los Habsburgo en el siglo XVI


Zoltan Peter Bagi .............................................................................. 475

Problemas de abastecimiento en el ataque a Kanizsa en 1601


Zoltan Peter Bagi .............................................................................. 495

El difícil mando de los ejércitos coaligados: El caso de Almansa (1707)


Germán Segura García ..................................................................... 515

La Campaña de Provenza (1536). El arte de ganar la contienda


eludiendo la batalla
José Manuel García-Serrano Gil. ..................................................... 563

8
Poderoso medio para divertir los progresos del ejército de Cataluña. El
Sitio de Sant Mateu (1649)
Carlos Mora Casado ......................................................................... 601

La batalla de Centla Y el inicio de la conquista de México: Análisis


histórico y militar
Carlos Moreno Amador .................................................................... 639

Asedio versus resistencia insurrecta en los fuertes del sombrero (1817)


y los Remedios (1818). Implicaciones, testimonio y óptica del Mariscal
Pascual Liñán y Dolz De Espejo
Begoña Cava Mesa ........................................................................... 675

La defensa de Cartagena de Indias


José Antonio Crespo-Francés y Valero ............................................ 737

El Plan Calleja y las reformas militares de la Nueva España en los


inicios de la Independencia de México
Ana Sanz de Bremond Mayáns ........................................................ 805

La Guerra de las Naranjas: Más allá del decimoctavo día


José María Moreno Madrid .............................................................. 851

La Construcción de Baterías Costeras en Puerto Rico en el siglo XIX


Nuria Hinarejos Martín .................................................................... 875

Los soldados del Tercio del Norte en el Conflicto de Piedra Picada


(Cuba, 1895). El nacimiento de dos héroes de la Infantería de Marina
Ana Isabel Bello Platas .................................................................... 923

La Batalla de Vitoria, Del contexto estratégico a la resolución táctica


José Pardo de Santayana .................................................................. 971

9
Conducción de la guerra y conducción de operaciones; casos prácticos
siglos XIX y XX
José Romero Serrano ...................................................................... 1003

La Batalla del Ebro


Fernando Puell de la Villa .............................................................. 1043

Stalingrado (1942-1943): La gran batalla ideologica de la Segunda


Guerra Mundial
Jorge Garris Mozota ....................................................................... 1089

La Batalla de Guadalcanal en el cine: visiones e interpretaciones en el


tiempo y el espacio
Sergio Mena Muñoz……… ........................................................... 1137

Tres batallas espejo del tránsito a la contemporaneidad: Espinosa de los


Monteros, Luchana y Somorrostro
José Ángel Lecanda Esteban .......................................................... 1161

Metodología para el análisis de una batalla


Francisco José Jiménez Moyano .................................................... 1213

Voluntad de vencer. La doctrina militar como fuente de estudio para


entender la actuación en la guerra. el caso de España en Marruecos
César Labarta Rodríguez Maribona ............................................... 1245

La guerra en la Guinea Portuguesa (1963-1974)


Alberto Rico ................................................................................... 1295

Génesis de la Legión Española: El Real Decreto


Mª Luz Martín ................................................................................ 1363

10
INTRODUCCIÓN

11
12
Un año más la Cátedra Extraordinaria Complutense de Historia
Militar con el apoyo incondicional y profesional del Instituto de
Historia y Cultura Militar presentan otra edición de sus actividades
internacionales. En este volumen se presentan los resultados del IV
Congreso, titulado La batalla: Análisis Históricos y Militares, cuya
celebración tuvo lugar los días 15, 16 y 17 de octubre de 2019, por lo
que nuestras primeras palabras han de ser de agradecimiento para los
profesionales que participaron en él y que, dedicándonos su tiempo y
su mejor saber, nos proporcionaron los textos que componen este
volumen. Gracias a ellos, es posible que, desde la Cátedra, se puedan
seguir cumpliendo los objetivos que se reflejan en el convenio firmado
entre la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Defensa
hace ya ocho años, siendo el Instituto de Historia y Cultura Militar y la
Facultad de Geografía e Historia los dos organismos encargados de dar
cumplimiento a las estipulaciones de dicho convenio. La imagen del
cartel es un óleo sobre lienzo de un episodio de la “Batalla de Tetuán”
realizado por Eduardo Rosales Gallinas en 1860 que sen encuentra en
la actualidad en el Museo del Prado de Madrid.
En esta ocasión tuvimos el honor y el privilegio de contar con
especialistas procedentes de diez universidades (Complutense (UCM),
Autónoma de Madrid (UAM), Universidad Nacional de Educación a
Distancia (UNED), Universidad de Extremadura, la de Valencia, León,
Sevilla, Deusto y la universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Y de
variadas instituciones como el Instituto de Historia y Cultura Militar, el
Archivo del Concello de Narón (La Coruña), el Instituto Universitario

13
Gutiérrez Mellado, así como instituciones y universidades
internacionales como el Archivo Regional Húngaro.
Como en otras ediciones, este congreso se ha organizado en las cinco
áreas temáticas habituales en las anteriores convocatorias, organizadas
por coordinadores especializados: Prehistoria, Historia Antigua y
Arqueología (Dra. Dª Estela García Fernández), Historia Medieval (Dr.
D. Martín Alvira Cabrer), Historia Moderna (Dr. D. José Cepeda
Gómez), Historia y Antropología de América (Dra. Dña Ascensión
Martínez Riaza) e Historia Contemporánea (Dr. D. Emilio De Diego
García), ofreciendo una secuencia temporal evolutiva desde la
Antigüedad hasta nuestros días. Con un total de catorce ponentes y
veintitrés comunicantes que han dado lo mejor de sí al compartir con
los lectores los resultados de sus investigaciones y conocimientos.
El resultado de aquella reunión científica queda reflejado hoy en este
volumen, donde el lector podrá encontrar en las siguientes páginas un
panorama que describe diferentes batallas, la logística y
aprovisionamiento del ejército en campaña, el desarrollo de las batallas
campales, el estudio de los oficiales al mando durante el transcurso de
las refriegas bélicas, el análisis de los planes y las estrategias de las
mismas o el uso de destacamentos especiales en estos acontecimientos.
Y en su conjunto, se nos ofrece diversa información de un mismo
periodo histórico, pero también permiten tener una lectura “vertical”
por la multitud de temas que aparecen en las distintas partes de este
volumen. Así, hallamos visiones generales sobre las batallas desde la
Antigüedad hasta la Contemporaneidad, observando en ellas un gran

14
abanico de estudios especializados que, sin duda, abarcan
perfectamente el panorama bélico desde múltiples perspectivas.
Para el año 2020 preparamos un Seminario Internacional que se
centrará en el armamento medieval en la Península Ibérica, siendo
organizado en colaboración con la Asociación Ibérica de Historia
Militar. Siglos IV-XVI. No obstante, por cuestiones de agenda, en vez
de celebrarse en el mes de octubre como es habitual, tendrá lugar los
días 9 y 10 de marzo. La decisión de optar por temas monográficos de
una de las áreas cronológicas de las que se compone la Cátedra parece
haber sido acogida con mucho entusiasmo por parte de los asistentes y
los especialistas, manteniendo en los Congresos, que se celebrarán los
años impares, la convocatoria abierta para todos los especialistas que
deseen participar en ellos.
Así dispuesto, entendemos que cumpliremos mejor las funciones y
actividades de la Cátedra entre las que se encuentran el intento de
generar un foro para debatir sobre las novedades en la investigación y
en la metodología de la Historia Militar, exponer y dar luz a las nuevas
investigaciones que estén en curso; y plantear un nuevo espacio abierto
a investigadores jóvenes y a los más veteranos en el que se puedan
realizar actividades propias de las tareas como investigadores.
No podemos cerrar estas páginas sin agradecer muy sinceramente a
los colaboradores que nos ayudan a organizar, preparar y difundir
nuestro quehacer, una gratitud que hacemos extensiva a los estudiantes
que se matricularon y que nos vienen siguiendo con admirable fidelidad
en cuantas actividades proponemos desde la Cátedra Extraordinaria

15
Complutense de Historia Militar. Sin ellos este tipo de actividades no
tendían sentido.

Madrid, julio 2020


Magdalena de Pazzis Pi Corrales
Ana Sanz de Bremond Mayáns
Carlos Díaz-Sánchez

16
La Batalla: Análisis Histórico
Militares

17
18
PREHISTORIA, HISTORIA ANTIGUA Y
ARQUEOLOGÍA

Coordinadora

Dra. Estela García Fernández

19
20
LOGÍSTICA Y APROVISIONAMIENTO DEL EJÉRCITO
ROMANO EN HISPANIA1

LOGISTICS AND APPROVAL OF THE ROMAN ARMY IN


HISPANIA

Ángel Morillo Cerdán


Universidad Complutense de Madrid

Resumen:
El aprovisionamiento del ejército constituía un problema táctico de
primer orden para la administración militar romana. A juzgar por las
referencias contenidas en las fuentes clásicas, el abastecimiento de
grano constituía el problema principal al que debía responder la
intendencia militar. La alusión frecuente de las fuentes literarias a la
necesidad de aprovisionar al ejército responde a una realidad que no
siempre resulta fácil de identificar en el registro arqueológico. Las
tropas romanas en campaña precisaban no sólo de alimentos básicos
como el grano, aceite, vino o salazones, sino también productos
manufacturados, caballos y bestias de carga, madera, cueros, tejidos,
etc. En el registro arqueológico la evidencia material de la existencia de
estas redes de aprovisionamiento es la aparición de envases cerámicos
y productos manufacturados (metales, vidrio, útiles óseos). Sin
embargo, no contamos con testimonios arqueológicos del transporte de
grano (en sacos o serones), ni de otros bienes como los textiles, el cuero
o los objetos de madera. A las evidencias arqueológicas de materiales
importados se van sumando el descubrimiento de edificios destinados
al almacenaje de grano, así como estudios arqueobotánicos y

1
Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto de Investigación “Paisaje y territorio
militarizado en la Hispania romana: movilidad y transferencia cultural (ss. II a.C.-IV
d.C.)” (I+D HAR2017-85929-P), concedido por el Ministerio de Ciencia e Innovación
de España, cuyos investigadores principales son Ángel Morillo y Cruces Blázquez
Cerrato.

21
arqueozoológicos nos permiten poco a poco conocer la evolución del
abastecimiento militar al ejército romano desplegado en Hispania entre
el siglo II a. C. y el siglo III d. C.

Palabras clave:
Ejército romano; abastecimiento; grano; Hispania

Abstract:
The supply of the Army was a first-order tactical problem for the
Roman military administration. Thanks to the references contained in
the classical textd, we know that the supply of grain was the main
problem to which the military intendencies should respond. The
references in the literary sources to the need to supply the Army
responds to a reality that is not easy to identify in the archaeological
record. The Roman troops in campaign required not only basic foods
such as grain, oil, wine or salt, but also manufactured products, horses,
wood, leather, textiles, etc. In the archaeological records, the material
evidence of the existence of these supply networks is the emergence of
ceramic containers and manufactured products (metals, glass, bone
tools). However, we do not have archaeological evidences of grain
transport (in sacks), nor of other goods such as textiles, leather or
wooden objects. The archaeological evidence of imported materials are
adding to the discovery of buildings destined to the storage of grain, as
well as archaeobotanical and archaeozoological studies allow us little
by little to know the evolution of the military supply to Roman army
deployed in Hispania between the 2nd Century BC and the 3rd Century
AD.

Keys words:
Roman Army; supply; grain; Hispania

22
El aprovisionamiento militar y sus problemas de identificacón
en el registro arqueológico
El aprovisionamiento del ejército, tanto si se encontraba en campaña
como establecido en acantonamientos permanentes, constituía un
problema táctico de primer orden para la administración militar romana.
Fue preciso organizar una amplia red de transporte de suministros con
destino a las tropas estacionadas en lugares muy distantes de los centros
productores tanto de artículos de primera necesidad (grano, aceite, vino,
salazones), como de productos manufacturados (ajuares domésticos,
armas y elementos de indumentaria personal, moneda).
A juzgar por las referencias contenidas en las fuentes clásicas, el
abastecimiento de grano constituía el problema principal al que debía
responder la intendencia militar. El hecho de que la base de la
alimentación en el mundo antiguo fuera el cereal y su ausencia
constituyese la causa más frecuente de descontento social y las
sublevaciones en el seno del ejército2, llevó a arbitrar un complejo
mecanismo de control estatal sobre el transporte, almacenaje y
redistribución de dicho producto. No cabe duda de que el grano (trigo,
cebada, avena, centeno), al que debemos añadir las legumbres (lentejas,
habas, garbanzos) presenta innegables ventajas en cuanto a su
conservación y distribución, efectuada en sacos. Sin embargo, el peso
de los textos clásicos y su continua referencia al cereal ha llevado a
minusvalorar la importancia en la dieta del soldado romano de otros

2
Bellum Civilum I, 72, 1; Bellum Gallicum IV, 32; Josephus, Bellum Iudaicum II, 528.
El capítulo 3 del libro III de Vegecio (De rei militari III, 3) se dedica por entero a las
necesidades tácticas del ejército de cuidar el aprovisionamiento de víveres y forraje.

23
productos como hortalizas, frutas o carne fresca, de los que es preciso
proveerse sobre el terreno. A estos productos debemos añadir la sal, el
vinagre y la miel, además de tocino de cerdo, leche, queso, hierbas
aromáticas y, por supuesto, vino, aceite, olivas y salazones (MORILLO,
2006, pp. 33-34; MORILLO, 2010, p. 157-158).
La administración militar no se ocupaba sólo de proporcionar
alimentos a los campamentos militares. Otros bienes de consumo y
productos manufacturados eran igualmente necesarios. Caballos y
bestias de carga, madera en bruto para la construcción, productos
elaborados en madera y cuero, tejidos de lana y lino, fibras vegetales
como esparto para cordajes y objetos de bronce y hierro como armas y
armaduras, hierbas y medicinas, útiles óseos, vasos de vidrio y
recipientes y elementos cerámicos de todo tipo (terra sigillata,
lucernas, cerámica común y de paredes finas, material constructivo,
etc.) (MORILLO, 2006, pp. 34-35). Todo ello forma parte de los
suministros básicos que debe recibir el ejército para mantenerse en
perfecto estado operativo y asimismo mantener alta la moral de las
tropas con un régimen de vida “civilizado”. De esta manera los
miembros del ejército pueden establecer vínculos psicológicos y
emocionales con su hogar (MORILLO, 1992, p. 61).
Los suministros pueden ser importados o producidos localmente, en
los campamentos o en sus alrededores.
El progreso en este campo ha sido notable fuera de nuestras fronteras
durante las últimas décadas (cf. MORILLO y SALIDO, 2010 con
bibliografía). Sin embargo, el carácter perecedero de muchos de estos
productos y bienes de consumo básicos limita seriamente su

24
identificación a través del registro arqueológico. A excepción de los
envases cerámicos de aceite, vino, aceitunas o salazones, sólo los
productos manufacturados (cerámica, metales, vidrio, útiles óseos)
ofrecen pistas sobre la importación de vituallas y los lugares de
procedencia de las mismas. Ni el grano, transportado en sacos o
serones, ni otros bienes como los textiles, el cuero o los objetos de
madera suelen dejar evidencia arqueológica directa. A diferencia de las
provincias septentrionales del Imperio, donde el hallazgo de objetos de
madera o cuero es algo relativamente habitual, las características de los
suelos peninsulares, muy rocosos y que mantienen poca humedad, no
facilitan la conservación de la materia orgánica. Este hecho nos priva
de una información muy valiosa para la reconstrucción de la historia
económica del ejército romano estacionado en Hispania. No podemos
olvidar que el empleo de recipientes perecederos (barriles, odres) para
el transporte en carros o a lomos de caballerías de sustancias como el
vino y el aceite se encuentra perfectamente constatado a través de las
fuentes, la epigrafía y la iconografía, además de la arqueología
(MARLIÈRE, 2002; MARLIÈRE, 2019). Esto debía ser mucho más
habitual de lo que se desprende en la historiografía arqueológica actual.
Herramientas de gran utilidad para conocer algunas especies
animales y vegetales consumidas en el ámbito de los campamentos
militares son los estudios arqueobotánicos y arqueozoológicos. Dichos
análisis se revelan especialmente útiles para conocer los tipos de
cereales y leguminosas empleados en la dieta del soldado romano, lo
que nos permite comenzar a reconstruir las redes comerciales y de
distribución a nivel local y regional. En el campo de la arqueozoología

25
resulta a veces más complicado distinguir entre especies consumidas
como carne fresca y animales empleados como bestias de carga o
iumenta. Dichos análisis se aplican de forma cada vez más sistemática
en la antigua Britania y las provincias renanas del Imperio
(KOOISTRA, 1996; MATTERNE, 2001; LEPETZ y MATTERNE,
2003; DERREUMAUX ET ALII, 2003; STALLIBRASS y THOMAS,
2008). En Hispania carecemos de estudios de este tipo aplicados a
contextos militares, a excepción de la publicación sobre los restos
faunísticos hallados en el campamento de Cidadela (FERNÁNDEZ
RODRÍGUEZ, 2003).
Más allá de las evidencias arqueológicas directas sobre la presencia
de determinados productos, como vemos a veces muy limitadas, han
sido los hallazgos de estructuras de almacenamiento en el interior de
los campamentos los que han permitido centrar la atención de los
especialistas en el tema del avituallamiento militar. La publicación de
grandes granaria exhumados en los campamentos británicos desde
comienzos del siglo XX, que a veces ocupaban casi la superficie
completa del recinto, planteó por primera vez la existencia de un
comercio de cereal a larga distancia con destino al ámbito militar. En el
interior de los campamentos existieron también grandes almacenes
genéricos donde se guardaban las materias primas y artículos
importados y elaborados en las fabricae, junto con materiales de
construcción, leña, alimentos, armas y ropa, monturas para los caballos
y animales de carga, etc. Rickman denomina a este tipo de edificios
“Baggage stores” (RICKMAN, 1971, p. 257), mientras Petrikovits se

26
refiere a ellos como “Magazine vom Hoftyp”, almacenes con patio
(PETRIKOVITS, 1975, pp. 85-86, fig. 20).
Aunque ambos tipos de edificios (graneros y almacenes) han sido
denominados en las fuentes clásicas y la bibliografía actual de forma
indistinta como horrea, en el estado actual de la investigación podemos
establecer una clara diferenciación entre ambos tipos de estructuras. El
término granero (granarium) debe reservarse para aquellas
construcciones sobreelevadas que permiten mantener las condiciones
ideales de temperatura y humedad para la conservación del cereal. En
cambio, la palabra horreum/horrea se refiere a todo tipo de estructura
destinada al almacenaje, tanto a los graneros como a los espacios donde
se guardaban bienes de consumo y manufacturados. En el registro
arqueológico la diferencia entre ambos tipos de horrea se halla en la
construcción de pavimentos sobreelevados en el interior de los graneros
que permiten conservar el cereal a medio o largo plazo (SALIDO,
2011).
Las estructuras destinadas al almacenaje suelen encontrarse en
pésimo estado de conservación. Por lo general se documentan tan solo
improntas en negativo de agujeros para los postes de sustentación y las
vigas durmientes de madera, o bien cimentaciones pétreas. Por este
motivo resulta difícil determinar la funcionalidad concreta de dichas
construcciones. La aparición de restos de pavimentos sobreelevados, a
menudo identificados exclusivamente a partir de sus soportes, la
presencia de cereal carbonizado o fosilizado y la documentación
epigráfica son los argumentos esenciales que nos permiten confirmar el
uso de un edificio como granero. En el caso de los asentamientos

27
hispanos, solamente se han podido identificar horrea a partir de los
restos constructivos. No podemos olvidar que buena parte de estas
estructuras se construyeron en madera, lo que complica sobremanera su
identificación en nuestro suelo (SALIDO DOMÍNGUEZ, 2011, pp. 50-
42).

Abastecimiento militar durante el periodo republicano


Presentamos a continuación una visión diacrónica del
abastecimiento militar al ejército romano desplegado en Hispania entre
los siglos II a. C. y III d. C., incidiendo especialmente en el análisis de
los restos constructivos ligados a graneros y almacenes en
acantonamientos militares.
El periodo republicano es uno de los peor conocidos
arqueológicamente desde el punto de vista del avituallamiento militar,
a pesar de los avances que se han realizado en este sentido durante los
últimos años (ERDKAMPF, 1998; 2010; ÑACO, 2010; ÑACO y
PRINCIPAL, 2012). El ejército ciudadano republicano, dirigido por
generales que aplican su propia idiosincrasia a la dirección de las
campañas militares, a menudo más preocupados por la búsqueda del
triunfo y del botín fácil, y que se enfrentan a los problemas con una
visión cronológica limitada a su mandato anual, genera lógicamente una
mayor temporalidad en todas sus actuaciones (MORILLO, 2008, p. 74).
El correcto aprovisionamiento militar dependía por lo tanto de la
capacidad logística de los responsables al mando en cada momento. Las
fuentes clásicas nos informan que, desde la fase inicial de conquista, el
ejército necesitó obtener los recursos en el terreno o apropiarse de las

28
reservas almacenadas en los graneros. Esta práctica, conocida como
frumentatio, es mencionada ya por las fuentes clásicas durante el
desarrollo de la guerra iniciada por Catón en el entorno de Ampurias
durante el 195 a. C. Livio menciona que el ejército romano se
aprovisionó del trigo cultivado por la población indígena3. Este dato nos
informa sobre el uso del grano almacenado anteriormente por las
comunidades locales. Pero junto al sistema de requisa o apropiación,
empleado durante las campañas, las fuentes clásicas informan de que
existían “abastecedores”, sin duda encargados de hacer llegar el grano,
probablemente desde Italia, a las tropas destacadas en Hispania4.
Ambos sistemas debieron convivir y emplearse alternativamente en las
diferentes fases de la conquista.
Las alusiones a los problemas del suministro de grano a las tropas
romanas durante la conquista de la Península Ibérica son continuas en
los textos clásicos (CADIOU, 2008, pp. 545-609). Dicha frecuencia
indicaría tal vez los problemas de intendencia y transporte de cereal que
planteaba la conquista de las regiones interiores de Hispania,
especialmente las dos Mesetas, alejadas de las vías de comunicación
marítimo-fluviales. La escasa ocupación humana de estas regiones
generaría unos recursos agrícolas muy limitados, insuficientes para que
el ejército romano se pudiera sostener sobre el terreno.

3
“Catón se detuvo allí [Emporias] (…). Coincidió que era la época del año en la que
los hispanos tenían el trigo en las eras; dijo, pues, a los abastecedores que no
suministrasen trigo, y los envió a Roma diciendo: “La guerra se autoabastece”. Salió
de Emporias y quemó y devastó los campos del enemigo, haciendo cundir el pánico
y la huida de todas partes” (Liv. 34, 9, 11-13).
4
Liv. 34, 9, 11-13.

29
Nuestra información sobre los lugares de almacenamiento del grano
y otro tipo de pertrechos para el ejército es aún más reducida. Las
fuentes no hacen mención a este tipo de instalaciones, albergadas sin
duda en las bases militares principales como Tarraco o Corduba.
Durante las campañas de César en la Galia se menciona la existencia de
un almacén público5. Por el contrario, en Hispania, el Dictador relata
que el grano se concentraba en determinadas ciudades, entre las que se
menciona específicamente Ilerda6 y Gades7 antes de enviarlo a los
campamentos8. En dichas ciudades existieron sin duda importantes
graneros, pero no podemos considerarlos específicamente militares,
aunque pudieron suministrar cereal al ejército, tal vez como impuestos
ordinarios o extraordinarios, cuando las necesidades así lo requerían.
Desde el punto de vista de la táctica militar, las tropas se mueven
continuamente sobre el terreno para conquistar y someter tribus u
oppida mediante asedio o conquista por asalto, estableciendo y

5
César, De Bello Civile 1, 36 y II 22.
6
“Se encontraban los afranianos exhaustos por la ausencia de grano y se proveían de
agua con dificultad. Los legionarios tenían algo de trigo, porque habían saqueado de
Ilerda cereal para ocho días, pero los soldados armados de rodela y las tropas
auxiliares carecían de éste, sus recursos eran escasos y no podían ni soportar peso. Así
pues, cada día se pasaban al campamento de César un gran número de ellos. Tal era
la gravedad de la situación. Pero de los dos proyectos propuestos parecía más práctico
regresar a Ilerda, porque allí habían dejado algo de trigo” (César, De Bello Civile, 1,
78).
7
“Sus preparativos consistían en ir con dos legiones a Cádiz y concentrar allí todo el
trigo y las naves; pues sabía que toda la provincia ayudaba al partido de César” (César,
De Bello Civile, 2, 18).
8
“Mientras tanto, los oscenses y los calagurritanos, que eran tributarios de los
oscenses, envían legados a César y le prometen obediencia. Hacen lo mismo los
tarraconenses, iacetanos y ausetanos y, pocos días después, los ilurgavonenses que
habitan junto al Ebro. Pide a todos estos que le ayuden con trigo. Lo prometen y,
requisando bestias de carga de todas partes, llevan trigo al campamento” (César, De
Bello Civile 1, 40).

30
abandonando diferentes campamentos durante la campaña veraniega
para volver a sus cuarteles de invierno para el armilustrium. La huella
sobre el terreno de dichos campamentos es muy liviana, por lo que
hallar restos de estructuras temporales es difícil (MORILLO, 2008, pp.
77-78).
Solamente en Hispania se han conservado restos materiales de
graneros militares romanos de época republicana. El hecho de que
dichas construcciones sean de piedra ha generado cierta confusión
respecto al origen y desarrollo de dichos edificios (MORILLO y
SALIDO, 2010, pp. 139-141). Estos se localizan en los fuertes de la
circumvallatio de Numantia: Valdevorrón y la tercera fase de Castillejo,
que correspondería precisamente con el asedio y toma final de la ciudad
arévaca por parte de Escipion en el 134-133 a. C., así como en el vecino
campamento base de Renieblas V. Todos ellos parecen seguir el modelo
ya bien conocido para época altoimperial, con varias cámaras
longitudinales adosadas (MORILLO y SALIDO, 2010, pp. 141-144).

Figura 1. Horrea militares durante el periodo republicano en Hispania (SALIDO, 2009)

31
Quizá el mejor conocido es el hallado por Schulten al norte del
campamento V de Renieblas (Soria), de que recientemente Luik ha
elaborado una nueva planimetría (LUIK, 2006). La orientación del
edificio (oeste/noroeste-este/sudeste) difiere notablemente de la
dirección de la muralla norte y del resto de construcciones del
campamento, lo que podría hacer plantearse su pertenencia a alguna de
las fases anteriores (SALIDO DOMÍNGUEZ 2009, p. 445). Es un
granero de 27, 3 x 15 m, caracterizado por la existencia de varios muros
que dividen longitudinalmente el edificio. La anchura media de estos
muros internos es de 0, 75-0, 80 m, sobre los que se hallaría un
pavimento sobreelevado para guardar el cereal. Aunque en los planos
de Schulten figuran sólo tres muros internos, él mismo informa en la
publicación que había cuatro y, posiblemente, un quinto destruido
(SCHULTEN, 1929, 158). Las excavaciones realizadas entre los años
1997-2001 han permitido documentar solamente tres.
Mención aparte merece la supuesta utilización de silos para
almacenaje de grano por parte del ejército romano. Hace algunos años
se dieron a conocer varios silos (putei, según Varrón, o siri, de acuerdo
con Columela9) excavados en la roca natural al norte del foro romano
de la ciudad de Emporiae. Estos silos tienen un diámetro de
aproximadamente 1, 20 m y una profundidad de 1, 50 m, y cada uno
podría tener una capacidad de almacenaje máxima de una tonelada de
cereal. El material recogido en su interior fecha su construcción entre

9
Varron, De rei rustica 1, 57; Columela, De re rustica 1, 6, 9-24.

32
los años 175-150 a. C. Dichas estructuras se han puesto en relación con
el praesidium establecido por Catón en las cercanías de la colonia
griega hacia el 195 a. C. (AQUILUÉ, 2007, p. 257 esp.). Sin embargo,
ni las fuentes clásicas ni las evidencias arqueológicas testimonian el
empleo de este tipo de estructura en otros asentamientos castrenses, ni
dentro ni fuera de la Península, por lo que cabría plantearse si los silos
emporitanos fueron excavados por el ejército romano (SALIDO
DOMÍNGUEZ, 2010).

Abastecimiento militar durante el periodo altoimperial


Posiblemente el sistema imperial de abastecimiento al ejército debió
quedar ya definido bajo Augusto. Hoy en día se suele aceptar que el
abastecimiento regular al ejército desplegado en las fronteras
septentrionales a través de la annona militaris se estructuraba en tres
niveles. Las competencias en ese campo eran asumidas directamente
por la prefectura annonae, encargada también de los suministros
regulares a la capital del Imperio, que coordinaba las necesidades y el
abastecimiento militar entre distintas provincias. El procurator Augusti
(Estrabón, Geog. III, 4, 20) tenían a su cargo el abastecimiento a las
tropas estacionadas dentro de su provincia, asignando una cantidad de
dinero a cada unidad militar para sus necesidades de acuerdo con el
número real de soldados y oficiales. Esta autoridad debía centralizar los
esfuerzos de los praefecta castrorum, responsables del abastecimiento
de cada legión, que podían a su vez enviar soldados (frumentarii,
primipili) en busca de provisiones a otras regiones o provincias (cf.
REMESAL, 1986; CARRERAS, 2002). Los mercatores provinciales o

33
extranjeros se ocupaban de conseguir las mercancías y hacerlas llegar a
sus destinatarios empleando el sistema de transporte público o privado
(CARRERAS, 2002, p. 75). Dentro de esta estructura administrativa
debían jugar también un papel destacado funcionarios como los
beneficiarii, inspectores encargados de controlar el tráfico comercial,
situados a lo largo de las principales vías del Imperio y en las zonas
fronterizas (CARRERAS, 1997; NELIS-CLÉMENT, 2000). Esta
organización debió irse desarrollando con el paso del tiempo para
adaptarse a las nuevas circunstancias, culminando en el 170 d. C. con
la aparición del subpraefectus annonae, encargado especialmente de los
suministros del ejército.
Posiblemente las líneas básicas de esta organización debieron quedar
fijadas por Augusto, que crea en los últimos años de su reinado la
praefectura annonae y un sistema de transporte a escala imperial
(vehiculatio). Pero es durante el reinado de Claudio cuando dicha
institución, responsable del avituallamiento militar, experimenta un
gran desarrollo, sin duda impulsado por las necesidades de suministro
de las tropas durante la conquista de Britannia (MORILLO, 2003, p.
25; MORILLO y MORAIS, 2020, e. p.), que debieron exigir mucho
mayores cantidades de productos de primera necesidad, así como una
organización más perfeccionada.
Por lo que se refiere a Hispania, las evidencias epigráficas relativas
a la organización del avituallamiento al exercitus desplegado en la
provincia hacen en su mayoría referencia a un momento posterior al
ascenso de Vespasiano al trono, cuando la legio VII gemina es la única
legión de guarnición en la Península (CARRERAS, 1997, pp. 165-167).

34
Es muy probable incluso que la primera vez que se puso a prueba el
nuevo sistema de avituallamiento militar inaugurado por Augusto fuese
durante las guerras cántabras (29-19 a. C.), que sirvieron de ensayo
general para muchos aspectos de estrategia militar, más tarde aplicados
durante la conquista de las fronteras septentrionales (MORILLO, 1996,
p. 81; MORILLO, 2014). No cabe duda que la preparación de dichas
campañas debió ser muy cuidadosa desde el punto de vista del
avituallamiento militar, ya que suponía desplazar un ejército compuesto
de varias decenas de miles de hombres (7 legiones más sus cuerpos
auxiliares, aproximadamente 50000 hombres) hacia una región aislada,
montañosa y sin posibilidad de ser abastecida por vía marítima o fluvial.
El abastecimiento sobre el terreno mediante la requisa de productos
resultaba muy difícil debido a los escasos recursos agrícolas disponibles
en la región.
Desde el punto de vista del avituallamiento, las campañas del 26/25
a. C. contra los cántabros y los astures (cf. MORILLO, 2014) debieron
revestir especial dificultad, tal y como confirma una de las escasas
referencias literarias que conservamos. Nos referimos en concreto a la
alusión a la classis Aquitanica. Según los textos de Estrabón10, Floro11
y Orosio12, dicha escuadra, procedente de los puertos aquitanos, habría
desembarcado en algún punto de la costa cantábrica durante las guerras
contra cántabros y astures. Mientras Floro y Orosio asignan un papel
estrictamente bélico a esta discutida intervención, Estrabón apunta que

10
Geog. III, 4, 18.
11
Epitome rei gestae Romanae II, 33, 46.
12
Historiarum adversos paganos VI, 21, 4.

35
la intervención de la flota se realizó debido a las necesidades de trigo y
otros víveres por parte del ejército. Los restos arqueológicos no avalan
esta temprana presencia romana en ninguno de los enclaves cantábricos
romanos hasta ahora constatados, aunque un desembarco romano
ocasional no tendría que haber dejado testimonios materiales o
constructivos visibles (MORILLO y FERNÁNDEZ OCHOA, 2003, p.
447).
Dejando al margen esta hipotética intervención desde el Cantábrico,
parece mucho más verosímil plantear que el abastecimiento, tanto de la
campaña del 26/25, como la del 19 a. C. comandada por Agripa, se
realizó principalmente a través de los centros de abastecimiento
ubicados en la costa tarraconense, donde se almacenarían las vituallas
traídas posiblemente desde Italia u otras regiones como el sur de Galia.
A través del valle del Ebro, por vía fluvial y terrestre, los pertrechos
alcanzarían los escenarios donde se desarrollaban las operaciones de
acoso y castigo contra los indígenas. Menor evidencia arqueológica
existe sobre el papel de la Bética en este sentido, pero no debemos
olvidar que las legiones destacadas en el frente occidental, que atacaron
a los astures desde el territorio galaico, debieron también ser surtidas de
todo lo necesario. Tal vez los abundantes recursos agrícolas béticos se
canalizaron hacia este teatro de operaciones por vía marítima gracias a
los navegantes gaditanos hasta las rías bajas gallegas y el curso inferior
del Miño, desde donde seguirían por tierra. La Bética debió asumir ya
en este momento buena parte del esfuerzo del suministro militar
(MORILLO, 2006, p. 38; MORILLO y MORAIS, 2020, e. p.).

36
Tal y como corresponde a un ejército en campaña, el grueso de los
pertrechos correspondería a víveres y animales, mientras los productos
manufacturados apenas tendrían alguna importancia. Los escasos restos
cerámicos hallados en los primeros campamentos de campaña y bases
legionarias confirman la procedencia foránea de dichos productos
(MORILLO, 2006, p. 38).

Figura. 2. Fuentes de aprovisionamiento al ejército de Hispania durante la época


augustea

Esta misma dinámica se mantiene tras las guerras cántabras a lo


largo del reinado de Augusto. La mayor parte de las unidades militares
partieron entre el 19 y el 15 a. C. hacia las fronteras septentrionales del

37
Imperio, mientras las tres legiones asignadas al ejército hispánico (IIII
Macedonica, VI victrix y X gemina) se asentaban en las bases
legionarias fijas establecidas en Herrera de Pisuerga, León y Astorga
respectivamente (MORILLO, 2002, pp. 77-78). Este despliegue militar
se prolonga a lo largo de todo el periodo julioclaudio y,
redimensionado, a partir de la época flavia.

Figura 3. Distribución de los campamentos romanos en Hispania durante el


periodo de la “Paz Armada” (19/15 a. C.-15 d. C.) (Á. MORILLO)

Los campamentos permanentes, constituyeron enclaves de


romanidad aislados en un territorio recién conquistado o en proceso de
conquista, que generan en torno a sí procesos particulares de
territorialización y formación de paisajes de ocupación muy diferentes
a los surgidos en torno a los núcleos urbanos conquistados o fundados
por Roma, modificando sustancialmente los parámetros de interacción
socioeconómica con el mundo indígena. Cada vez es más evidente el
38
impacto cultural del ejército romano de cara a la romanización, es decir,
a la transformación de las sociedades preexistentes y la adopción de
patrones romanos de todo tipo. Las tropas desempeñarán un importante
papel como agente de transferencia cultural de unas pautas de
comportamiento de raigambre itálica (fortificaciones, asentamientos,
producciones cerámicas, numerario, cultos, costumbres
alimenticias…), en ocasiones adaptados y reformulados por la propia
casuística derivada de vivencias y necesidades concretas13.
Las excavaciones desarrolladas en los campamentos legionarios
estables proporcionan una información considerable sobre los
productos y las redes de abastecimiento militar. Dichos
acantonamientos, instalados en regiones alejadas de los centros
neurálgicos del Imperio y de las principales vías de comunicación tanto
marítimas como fluviales deben sobrevivir en un principio de manera
casi autónoma, librados a los recursos que la administración militar
pone a su disposición y a la explotación del territorio circundante. No
cabe duda de que los productos de primera necesidad, especialmente
alimentos, debieron importarse. Las ánforas de vino, aceite y salazones
y conservas de pescado son el principal elemento para reconstruir el
sistema de abastecimiento militar. Los cereales por el contrario
permanecen en buena medida ajenos a estos análisis por los problemas

13
Esta cuestión constituye precisamente uno de los objetivos del Proyecto de
Investigación “Paisaje y territorio militarizado en la Hispania romana: movilidad y
transferencia cultural (ss. II a.C.-IV d.C.)” (I+D HAR2017-85929-P), concedido por
el Ministerio de Ciencia e Innovación de España, cuyos investigadores principales son
Ángel Morillo y Cruces Blázquez Cerrato, en cuyo marco se elabora el presente
estudio.

39
que plantea su documentación arqueológica debido al carácter efímero
tanto del grano como de los sacos, serones o fardos que los contenían.
Además de los propios envases, sólo los productos manufacturados que
los acompañaban pueden proporcionar algunas pistas sobre la
importación de vituallas y las zonas productoras.

Figura. 4. Ánfora del tipo Haltern 70 procedente de Lucus Augusti (Lugo) (C.
CARRERAS)

Los productos alimenticios debían llegar a los campamentos en


grandes cantidades para el conjunto de la tropa, una de las obligaciones
autoimpuestas por parte de la autoridad militar y cuyo coste, entre un

40
25-30% de los ingresos anuales del legionario, era detraído de los
salarios (DAVIES, 1971, 122-142). Es previsible que aceite, vino y
salazones llegaran en diferentes cantidades para suministrar a todo el
conjunto de la tropa, pero no resulta fácil calcularlas. Una ayuda
inestimable en este apartado la proporcionan los escasos textos
disponibles. Los cálculos de cantidades arrojan volúmenes
elevadísimos, más de medio millón de hectólitos para el consumo anual
de vino de una única legión, y casi 100.000 litros de aceite (MORILLO
y MORAIS, 2020, e. p.).

Figura. 5. Escena de la Columna de Trajano con transporte de barriles en barcas


fluviales por el Danubio

Uno de los escasos testimonios disponibles en estos primeros


compases de vida de los campamentos septentrionales acerca de la

41
procedencia de productos básicos con el grano, el vino o el aceite, nos
lo proporcionan las mercancías manufacturadas exhumados en los
yacimientos militares (ánforas de vino y salazones, TSI, ánforas,
cerámica de paredes finas, cerámica común, lucernas…) que,
procedentes de Italia central y meridional, el Egeo, la Bética, la Galia o
la costa tarraconense, debieron de acompañar a aquellos en su largo y
difícil recorrido hacia los acantonamientos hispanos.
Sin embargo, los elevados costes del transporte por vía terrestre de
objetos hacia los campamentos hispanos impulsan el desarrollo de un
complejo sistema artesanal dentro del ámbito castrense, destinado a
cubrir sus necesidades primarias de objetos manufacturados
(MORILLO, 1992, p. 167). Los talleres militares del periodo augusteo
debemos entenderlos como parte de una política practicada por el
ejército romano para dar respuesta a los problemas del suministro. Los
recipientes cerámicos debieron representar un capítulo esencial dentro
de la producción de los talleres militares ya que constituyen objetos de
primera necesidad, que es más fácil fabricar in situ que transportar a
largas distancias, y fundamentales para mantener un nivel de vida
netamente romano. Su fabricación se constata en los campamentos de
León y Herrera de Pisuerga. En este último campamento se realizaron
asimismo útiles óseos y metálicos, a los que debieron acompañar
posiblemente artículos textiles y de cuero (MORILLO, 2000, p. 629;
MORILLO, 2006, p. 47).
El abastecimiento del grano, el vino o el aceite estaba controlado
directamente por el Estado, que practicaba una política económica “de
mercado dirigido” (REMESAL, 1986, p. 111), orientada hacia el

42
abastecimiento de la Urbe y las fuerzas militares desplegadas en las
fronteras. El Estado debía asumir la carga económica de dicho
transporte independientemente de su costo, como servicio público
destinado al sostenimiento de su ejército, pero lógicamente intentaba
disminuir al máximo los gastos de transporte.
Como consecuencia directa, conforme avanza el siglo I d. C., el peso
del avituallamiento de dichos productos se hace recaer sobre territorios
más cercanos a los acantonamientos militares. En el caso de los
campamentos altoimperiales peninsulares, los testimonios
arqueológicos avalan la participación creciente de otras regiones de
Hispania en el avituallamiento, mientras la importación foránea va
perdiendo importancia debido a su mayor coste, aunque se mantiene un
volumen de importaciones de lujo itálicas u orientales destinadas sin
duda a la oficialidad. Es probable que las necesidades de
avituallamiento del ejército septentrional constituyeran un estímulo o
catalizador inestimable para la actividad económica de las provincias
hispanas, tanto los productos manufacturados como en productos
agrícolas como el vino, el aceite y el grano (MORILLO, 2006, p. 48).
Más difícil aún es formular hipótesis sobre el suministro de cereales,
cuya producción debió incentivarse en la mayoría de las regiones antes
descritas. La ausencia de graneros excavados y de análisis
arqueobotánicos impiden conocer el tipo de cereal consumido, así como
su procedencia, que podría ser cultivado tanto en el ager publicus de las
provincias hispanas, como en tierras de particulares. Es posible que la
Bética, que a juzgar por lo que conocemos para época de Claudio era

43
excedentaria en trigo14, cargase con al menos una parte del suministro
de cereal para las tropas militares, mientras la explotación agrícola de
otras regiones no permitió la diversificación o reorganización de las
fuentes de aprovisionamiento.
Nuestro conocimiento sobre las estructuras de almacenamiento en
las fortalezas legionarias estables, tanto las del periodo augusteo y
julioclaudio construidas sin duda en madera en su mayor parte, como
las correspondientes al periodo flavio y los siglos II-III, ya en piedra, es
casi nulo (MORILLO y SALIDO, 2010: pp. 151-152 y 155-158).
La información que disponemos en la actualidad sobre los graneros
altoimperiales documentados en Hispania se limita a los dos edificios
excavados en los campamentos auxiliares de Baños de Bande-Porto
Quintela (Orense), conocido en las fuentes escritas como Aquis
Querquennis. El fuerte, de unas 3 ha, estuvo ocupado entre finales del
siglo I d. C. y mediados del siglo II. Los horrea se hallaban en la
retentura, junto a la via decumana (RODRÍGUEZ COLMENERO y
FERRER SIERRA, 2006, pp. 98-106). Es un complejo constructivo
formado por dos naves, de los que la occidental no ha sido
completamente excavada. La cámara de almacenaje oriental mide
aproximadamente 21 m de longitud (incluyendo el vestíbulo o pórtico)
y 8, 20 m de anchura. muro. La cámara occidental tiene mayor anchura
(10, 30 m) y paredes más sólidas. Se asientan sobre un zócalo de casi 1
m de anchura. En el interior, se encontraron cinco alienaciones de
apoyos troncopiramidales, separados a una distancia media de unos 1,

14
Dión Cassio, Historia Romana 9, 24, 5.

44
25 m. Estos pilares permitían sostener un pavimento sobreelevado. Las
paredes estaban reforzadas con contrafuertes que permitían incluso
abrir vanos o ranuras de ventilación en el (SALIDO, 2011, pp. 509-
513).

Figura 6. Graneros del campamento de Aquis Querquennis (SALIDO, 2009)

No cabe duda que el campamento erigido por la legio VII gemina en


León hacia el año 74 d. C. (León III) sobre los antiguos castra de la
legio VI victrix debió de contar con graneros de gran capacidad, como
correspondería al único establecimiento legionario en las provincias
hispanas hasta el final del Imperio. Las excavaciones arqueológicas no
han permitido por el momento identificarlos. Sin embargo, ha sido
45
posible conocer una estructura para almacenamiento, edificada en
piedra sobre los antiguos barracones del campamento julioclaudio
(León II). Este edificio, situado en la retentura del campamento y
delimitado al norte por la via sagularis, en la zona conocida
actualmente como Santa Marina, era de planta regular, presentando una
distribución basada en la sucesión de ambientes rectangulares
uniformes (6/6, 25 x 4, 75 m). Estos se hallaban pavimentados con un
suelo de arcilla apisonada, a los que se accedía desde un amplio espacio
abierto, quizá porticado, mediante un vano situado en el centro de uno
de sus lados menores (MORILLO y GARCÍA MARCOS, 2006, pp.
240). En nivel de uso se halló completamente sellado por un estrato de
derrumbe datado en el tercer cuarto del siglo III, formado a partir del
colapso de las paredes y techumbre de la construcción, con abundantes
restos de tégulas e ímbrices. Este esquema de almacén genérico cuenta
con buenos paralelos en otras fortalezas legionarias, pudiéndose incluir,
en concreto, dentro de los “almacenes en torno a patio” de la
clasificación de Petrikovits (PETRIKOVITS, 1975, pp. 85-86, fig. 20).

Algunas consideraciones finales


La alusión frecuente de las fuentes literarias a la necesidad de
aprovisionar al ejército de campaña o asentado en campamentos
permanentes responde a una realidad que no siempre resulta fácil de
identificar en el registro arqueológico. Las tropas precisaban no sólo de
alimentos básicos como el grano, aceite, vino o salazones, sino también
de productos manufacturados (ajuares domésticos, armas y elementos
de indumentaria personal, moneda, etc.). En el registro arqueológico la

46
evidencia material de la existencia de estas redes de aprovisionamiento
es la aparición de envases cerámicos y productos manufacturados
(metales, vidrio, útiles óseos). Sin embargo, no contamos con
testimonios arqueológicos del transporte de grano (en sacos o serones),
ni de otros bienes como los textiles, el cuero o los objetos de madera.
Este panorama está comenzando a cambiar. La aplicación de los
estudios arqueobotánicos y arqueozoológicos y nos permiten conocer
la evolución del abastecimiento militar al ejército romano desplegado
en Hispania entre el siglo II a. C. y el siglo III d. C.
Durante la fase republicana el ejército recurrió tanto al envío de
alimentos y bienes desde regiones lejanas como la propia Italia como a
la frumentatio o adquisición de los recursos en el terreno y la
apropiación de las reservas indígenas. Sin embargo, la escasez de
evidencias arqueológicas sobre la existencia de graneros nos impide
tener una visión más detallada del aprovisionamiento militar.
El inicio de las guerras cántabras (29-19 a. C.) supuso un nuevo reto
para Roma. El desplazamiento de un ejército compuesto por 7 legiones
y sus cuerpos auxiliares requirió del aprovisionamiento de un gran
volumen de alimentos y bienes manufacturados desde otras regiones
como el sur de la Galia, Italia y la Bética, pues la zona septentrional de
la Península, aislada y montañosa, hacía muy difícil el avituallamiento
sobre el terreno mediante la requisa de productos. Esta misma dinámica,
organizada y regularizada, se mantiene durante el periodo augusteo y
julioclaudio, cuando es necesario mantener el aprovisionamiento de un
gran número de soldados en el norte de Hispania, donde permanecieron
asentadas tres legiones (IIII Macedonica, VI victrix y X gemina) en las

47
bases fijas establecidas en Herrera de Pisuerga, León y Astorga/Rosinos
de Vidriales respectivamente. El registro arqueológico de carácter
cerámico evidencia cuantiosas importaciones desde Italia central y
meridional. Durante el periodo augusteo conocemos además una
incipiente estructura artesanal, especialmente en León y Herrera de
Pisuerga, que reduce sensiblemente los costes de transporte de los
bienes consumidos por las tropas.
La profunda reorganización militar de comienzos del reinado de
Tiberio comporta un afianzamiento progresivo del sistema de
aprovisionamiento, en el que se racionalizan las fuentes de suministro,
prefiriendo siempre regiones más cercanas para ahorrar costes. Los
restos anfóricos constituyen las principales evidencias de la llegada de
productos alimenticios foráneos (vino, aceite, salazones) de origen
itálico, oriental, gálico, bético o lusitano. Junto a ellos llega cerámica
de mesa que nos indica asimismo la procedencia del comercio dirigido
hacia estos centros militares. Por lo que se refiere a las estructuras de
almacenamiento de grano, tampoco han llegado muchas hasta nosotros,
aunque debieron ser de envergadura, al menos en el caso de los
campamentos legionarios.

48
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55
56
QUERONEA, 338 A.C. REVISANDO UNA BATALLA
DECISIVA

CHAERONEA 338 B.C. REVISITING A DECISIVE BATTLE

José Pascual
Universidad Autónoma de Madrid

Resumen:
En este trabajo se estudia la batalla de Queronea, acontecida en el
verano del 338 a.C., en Grecia central, que supuso el establecimiento
de la hegemonía de Filipo II en la Hélade y, sobre todo, el final de los
intentos hegemónicos de las potencias griegas que habían caracterizado
el período clásico. Frente las hipótesis anteriores, se propone un nuevo
enfoque para intentar comprender la batalla. De este modo, ambos
ejércitos se desplegaron en dos líneas paralelas justo a la entrada de la
llanura. Filipo tuvo el ala izquierda de la formación macedonia y
Alejandro mandó el ala derecha. Combatieron las falanges macedonia
y hoplítica junto a la caballería y a la infantería ligera. Filipo hizo
retroceder su ala con el objetivo de estirar y provocar la ruptura de la
línea contraria, mientras Alejandro atacaba en su flanco. Finalmente,
los jinetes macedonios llevaron a cabo un envolvimiento de los beocios,
por lo que no es necesario postular una carga frontal de caballería.

Palabras claves:
Grecia antigua. Macedonia. Siglo IV a.C. Queronea.

Abstract:
This paper analyses the battle of Chaeronea that took place in the
summer of 338 in central Greece, which entailed the establishment of
Philip II’s hegemony in Greece, and especially, the end of the
hegemonic attempts of the principal powers that had characterized the
Classical period. In order to understand better this battle, a new

57
approach is proposed. Thus, both armies deployed into two parallel
lines just at the entrance of the plain. Philip leaded the left wing of the
Macedonian formation and Alexander the wright one. Macedonian and
hoplitic phalanges fought alongside to the cavalry and light infantry.
Philip made retreat his wing in order to stretch and cause the opposite
line to break while Alexander attacked in his wing. Finally, the
Macedonian cavalry carried out a wrapping of the Boeotians so it was
not necessary to apply for a frontal charge.

Key words:
Ancient Greece. Macedonia. Fourth Century B.C. Chaeronea.

Queronea y las tumbas colectivas de los caídos en la batalla


Dice Plutarco en su Vida de Camilo (19.5) que el mes ateniense de
Metagitnión, al que los beocios llaman Panemo, no fue propicio para
los griegos, pues el día séptimo de dicho mes, además de otras derrotas,
sufrieron un descalabro en Queronea en una batalla contra Filipo15. En
efecto, en una fecha que correspondería en nuestro calendario o bien al
2 de agosto o, más probablemente, al 1 de septiembre del año 338 a.C.,
siendo arconte en Atenas Querondas (338/7)16, en la llanura que se

15
PLUT. Cam. 19.5: ἐν Χαιρωνείᾳ μαχόμενοι πρὸς Φίλιππον ἠτύχησαν. PLUTARCO
(Cam. 19.5) data también en este mismo día y mes otros dos acontecimientos
importantes: la derrota de los griegos en la batalla de Cranón durante la Guerra
lamíaca (año 322 a.C.) y la partida del rey espartano Arquidamo a Italia, donde sería
posteriormente aniquilado (342-338 a.C.).
16
Para la fecha de la batalla vid. KROMAYER, 1903, p. 173; MA, 2008, p. 72;
CORVISIER, 2012, p. 7, n. 1. GINZEL (1911, 2, p. 579, tafel IV) sitúa el solsticio de
verano del año 338 el día 27 de junio, con lo que el año ateniense comenzaría con la
siguiente luna nueva, esto es, el 27 de julio, si las observaciones fueron correctas (vid.
BUCKLER, 2003, p. 501 n.14). Como Metagitnión es el segundo mes del calendario
ático, habría que sumar los 29/30 días del primer mes, el de Hecatombeón, y los siete
del propio Metagitnión hasta el día 1 de septiembre de nuestro calendario (sobre
ambos meses puede verse: MIKALSON, 1975, pp. 25-25). Panemo era el noveno mes
del calendario federal beocio y los primeros días de Metagitnión correspondían

58
extiende a los pies de la ciudad antigua de Queronea, en los límites de
Beocia, la región que era llamada el salón de baile (orchestra) de la
guerra17, los macedonios y sus aliados, comandados por Filipo II y el
príncipe heredero, el futuro Alejandro Magno, derrotaron a una
coalición de estados griegos, liderados por los atenienses y los tebanos.

Figura 1. Grecia central, Beocia y Queronea.

Indudablemente por sus consecuencias, Queronea fue una de las


batallas más decisivas de toda la historia de Grecia18. Significó el final

aproximadamente a los primeros días del mes beocio (cf. para una discusión
ROESCH, 1982, pp. 37-39).) Sobre el arcontado de Querondas en Atenas: DEVELIN,
1989, pp. 342-343.
17
PLUT. Mor. 193 E: πολέμου ὀρχήστραν.
18
En general sobre la batalla de Queronea puede consultarse: KROMAYER, 1903;
SOTIRIADES, 1903; HAMMOND, 1938; PRITCHETT, 1958; RAHE, 1981;

59
definitivo del poder tebano en el seno de la confederación beocia, uno
de los grandes estados griegos, que había logrado acabar con la potencia
espartana en la batalla de Leuctra en el año 37119, y que había llegado
a ser el principal poder hegemónico de la Hélade durante un corto de
período de tiempo en el siglo IV, entre los años 371 a 35620. Asimismo,
supuso el fin de todo intento hegemónico de Atenas, que acabará por
convertirse en un poder de segundo orden. Provocó, además, la
imposición de la hegemonía macedonia en Grecia y el inicio de dos
siglos de influencia predominante en Grecia21. En último término, el
sometimiento de los griegos tras Queronea hizo posible la expedición
de Alejandro.
Sin embargo, esta batalla, tan transcendental para la historia griega,
sigue siendo para nosotros enigmática y es muy poco, en realidad, lo
que conocemos de ella. Dicho de una manera resumida, no sólo somos
incapaces de reconstruirla de una manera precisa, sino que apenas
alcanzamos a intuir buena parte de sus líneas generales. Esta extrema
dificultad para reconstruir la batalla de Queronea se debe, ante todo, a
la falta de fuentes de información. De hecho, para conocer el desarrollo
de la batalla, contamos, en esencia, con un único relato incluido en el
libro XVI de Diodoro (16.84-88), un autor que escribe unos tres siglos
después de los acontecimientos, y dos párrafos de Polieno del libro IV

HAMMOND, 1994; BUCKLER, 2008; MA, 2008; CORVISIER, 2012, pp. 71-100;
GULER, 2014.
19
Todas las fechas son a.C. salvo que se indique lo contrario.
20
Cf. sobre la hegemonía tebana: BUCKLER, 1980.
21
Acerca de la historia del siglo IV en su conjunto puede verse BUCKLER, 2003;
PASCUAL, ANTELA-BERNÁRDEZ y GÓMEZ CASTRO, 2018. Sobre las
consecuencias de Queronea: CORVISIER, 2012, esp. 119-126.

60
de sus Strategemata (4.2.2, 7), una obra que fue compuesta unos
quinientos años después de Queronea. A ellos hay que sumar unas
pocas noticias de Plutarco, un párrafo de Frontino (2.1.9), que repite
básicamente a Polieno, un resumen poco útil de Justino (9.3-4) y
algunas alusiones de los oradores áticos22.
De acuerdo Diodoro (16.85.5-86.6), Filipo II llegó a Queronea con
30.000 infantes (referidos únicamente a la infantería pesada) y 2.000
jinetes y era superior en el número de soldados a sus enemigos23.
Alejandro, con los comandantes más importantes (hêgemónes), mandó
una de las alas, mientras que Filipo, con hombres escogidos (epílektoi),
sostuvo la otra. Una vez que se produjo el choque, el ala liderada por
Alejandro fue la primera en romper la línea griega y poner en fuga a sus
oponentes. A continuación, Filipo, tras rechazar a los contrarios, los
puso también en fuga. En el combate cayeron más de mil atenienses y
más de dos mil fueron hechos prisioneros24, y, del mismo modo,
murieron también muchos beocios – no se especifica su número – y no
pocos fueron hechos prisioneros. Después de la batalla, Filipo levantó
un trofeo, cedió a los muertos para su entierro, hizo sacrificios por la
victoria y recompensó a los que se habían conducido con valor25.

22
Para un resumen de los autores antiguos: CORVISIER, 2012, pp. 3-6, 130-131.
23
Sin embargo, JUSTINO (9.3.9) asegura que los atenienses eran superiores en
número.
24
Cf. DEM. 18.264; LYCUR. Leocr. 142; AEL. VH 5.10. El propio Demóstenes
participó en la batalla (AESCHIN. 3.187).
25
DIOD. 16.86.6. Sin embargo, como veremos, no era costumbre entre los
macedonios levantar un trofeo y los únicos trofeos que se erigieron en Queronea
procedían de la victoria de Sila sobre el ejército de Mitrídates en el año 86 (PLUT.
Sulla, 19.5; Mor. 318 D; PAUS. 9.40.7; CAMP, IERARDI, McINERNEY,
MORGAN y UMHOLTZ, 1992). Cf. Plut. Sulla, 15-19 sobre la batalla.

61
Polieno (4.2.2), por su parte, relata que, cuando Filipo se enfrentaba
a los atenienses en Queronea, abandonando la lucha, se retiró, y
Estratocles, general de los atenienses, no dejaba de perseguirlo gritando
que no había que dejar de acosar a los enemigos hasta encerrarlos en
Macedonia. En realidad, el rey estaba retrocediendo en orden,
lentamente, replegando la falange, y cuando, al poco tiempo, ocupó
ciertos lugares estratégicos, después de animar a los soldados, se dio la
vuelta, se lanzó contra los atenienses y los cortó. Un poco más adelante,
el mismo autor (4.2.7) apostilla que Filipo, conociendo la temeridad y
la falta de preparación de los atenienses, prolongó mucho tiempo el
combate, los desgastó rápidamente y los tuvo a su merced.
En resumen, si consideramos que las noticias de Polieno son, en
esencia, correctas y combinando ambos autores, podemos afirmar que
Filipo mandó una de las alas del ejército mientras Alejandro tuvo la
otra. El rey de Macedonia hizo retroceder su ala frente a los atenienses,
mientras Alejandro chocaba con los tebanos. En un determinado
momento, y cuando Alejandro estaba rompiendo la línea de sus
adversarios, Filipo hizo avanzar su ala y provocó la ruptura del frente
ateniense. Como puede comprobarse, desconocemos el número
concreto de efectivos del contingente aliado; también todo lo relativo a
la participación de la caballería y de la infantería ligera y la formación
precisa de la línea, esto es, el lugar que ocuparon los diferentes
contingentes sobre la llanura. No sabemos tampoco si Alejandro tuvo
la izquierda y Filipo la derecha o viceversa. En suma y como ya hemos
apuntado, nuestro conocimiento del desarrollo de la batalla no pasa de
ser un resumen esquemático.

62
Sin embargo, contamos con dos elementos que nos conectan
directamente con la batalla y con el propio campo de batalla y que hacen
de Queronea un enfrentamiento todavía más excepcional si cabe. Son
todavía visibles hoy las dos tumbas colectivas de los dos enemigos
caídos en combate en esta batalla. En primer lugar, el túmulo
(polyándrion) en el que fueron enterrados todos los macedonios que
cayeron en el curso de la lucha. Además, la tumba colectiva llamada del
León, que está actualmente rodeada por un recinto de piedra y rematada
por un león colosal que le da nombre. En este caso, estamos ante la fosa
común donde yacieron los miembros del hieròs lóchos, el batallón
sagrado, el cuerpo de elite tebano formado por trescientos hoplitas, que
fue aniquilado en el transcurso de la lucha26.
El túmulo de los macedonios se alza en la parte norte de la llanura,
junto al río Cefiso, a unos doscientos metros de su cauce actual;
mientras que la tumba de los tebanos se dispone al sur de la planicie,
cerca de la ciudad de Queronea y a unos tres kilómetros de distancia del
túmulo antedicho.
El túmulo de los macedonios fue excavado por Sotiriades en los
primeros años del siglo pasado. En su descripción, el polyándrion
formaba un montículo grande y cónico que medía siete metros de altura
y no menos de setenta metros de diámetro (SOTIRIADES, 1903, p.
306). Sus dimensiones se pueden comparar con el Sorós de Maratón, el

26
Sobre los dos polyándria: KASTORCHIS, 1879, 1880; PHYTALIS, 1880;
STAMATAKIS, PAE, 1880, 1881; FRAZER, 1898, pp. 209-210; SOTIRIADES,
1903; PRITCHETT, 1985, pp. 136-138; MA, 2008. Acerca del batallón sagrado:
PLUT. Pel. 18-19; Alex. 9.2; ATH. 13.602 A; POLYAEN. 2.5.2; RAHE, 1981;
DEVOTO, 1992; LEITAO, 2002; ROCKWELL, 2008, pp. 19-26.

63
túmulo colectivo de los atenienses caídos en la batalla, que posee nueve
metros de altura, pero solo cincuenta de ancho27, y con las dimensiones
medias de los túmulos de la necrópolis Egas (Vergina) en Macedonia
que cuentan con veinte metros de diámetro y un máximo de tres metros
de altura28. Es decir, el polyándrion de Queronea fue diseñado, por lo
tanto, como una gran estructura monumental. El túmulo cubre una
cremación en masa. Los restos de la pira poseían 0,75 metros de espesor
en el centro y se extendían a lo largo de 100 metros cuadrados de
superficie. Debajo de esta gruesa capa de ceniza, se extrajeron gran
número de huesos quemados, que se conservan el Museo de Queronea
en dos grandes cajas, y diverso armamento muy dañado por la
cremación y la humedad del suelo. Del túmulo proceden también dos
monedas de bronce, una de ellas, al menos, macedonia, vasos
cerámicos, ánforas, algunos estrígiles, hojas de cuchillo y una piedra de
moler. Un ánfora con huesos parece haber sido enterrada con
posterioridad al primer enterramiento; probablemente se trataba de los
restos de uno o varios soldados macedonios que murieron de sus heridas
tras el funeral29.

27
HAMMOND, 1968, pp. 14-18.
28
ANDRONIKOS, 1982, pp. 188-192.
29
SOTIRIADES, 1903, pp. 308-310; MA, 2008, pp. 74-76.

64
Figura 2. El túmulo de los macedonios (Records of the Pass, 1904, p. 137;
Sotiriades, Att. Mitt. 1903).

Las armas exhumadas son muy instructivas para la comprensión de


la batalla. Son únicamente ofensivas, las defensivas fueron retiradas, se
quemaron junto a los hombres y quedaron fusionadas con ellos.
Podemos suponer, por lo tanto, que la mayor parte pertenecían a los
muertos. En primer lugar, las puntas de lanzas. Algunas son muy largas,
por encima de los 38 cm y, una, la mejor conservada, posee 42 cm de
largo. Corresponden indudablemente a una versión temprana de las
sarisas (picas). Estas sarisas podían tener una longitud de 12 a 14 codos,
esto es, entre 5 y 7 metros30. Al menos una punta proviene también de
una lanza (dory) de un hoplita. La dory puede proceder de un hipaspista
de la guardia real macedonia o de un hoplita enemigo, por lo que pudo
estar alojada en el cuerpo de uno de los macedonios. Este tipo de lanza

30
SOTIRIADES, 1903, p. 309; ANDRONIKOS, 1970; RAHE, 1981, p. 84; MA,
2008, p. 75, nn. 18 y 19 con la bibliografía correspondiente.

65
medía aproximadamente unos 2-2,25 metros, lo que la colocaba en una
clara desventaja frente a las sarisas. Por lo que respecta a las espadas,
se encuentran de doble filo, del tipo xíphos, pero la mayoría son sables
curvos de un solo filo, máchairai o kopídes31. Junto a estas armas se
exhumaron, asimismo, varias puntas de jabalina y un par de puntas de
flecha, una de ellas de tres aletas, perfectamente conservada, que
debieron de estar albergadas en los cuerpos de los caídos32. El túmulo
fue señalado, desde su excavación, como el lugar donde se situó durante
la batalla el ala izquierda que habría mandado Alejandro y donde los
macedonios se encontraron con el ala derecha griega33. Esta afirmación
es, como veremos, discutible, pero más allá de ello, las armas halladas
junto a los cadáveres probarían varios aspectos importantes en relación
con la batalla. En primer lugar, las puntas de sarisas y la abundancia de
kopídes o máchairai nos devuelven el armamento habitual macedonio,
lo que revela indudablemente la nacionalidad de los que yacían en el
túmulo. Las sarisas eran empleadas por los falangitas macedonios. La
kopís era un arma empleada no sólo por la infantería, sino también por
la caballería, quizás de manera preferente34, y Sotiriades menciona la
posibilidad de que algunos hallazgos fueran partes del atalaje de un
caballo35. Esto apuntaría no sólo a la presencia de la caballería, sino

31
Vid., en general QUESADA SANZ, 1994.
32
SOTIRIADES, 1903, p. 309.
33
SOTIRIADES, 1903, pp. 304-305; HAMMOND, 1938, p. 206; PRITCHETT,
1958, p. 308; CAWKWELL, 1978, p. 145; HAMMOND, 1994, p. 151; SEARS y
WILLEKES, 2016, p. 1020.
34
PLUT. Alex. 32.10; MARKLE, 1982, pp. 99-100; QUESADA SANZ, 1994, p. 87;
HATZOPOULOS, 2001, p. 51.
35
SOTIRIADES, 1903, p. 309.

66
también a su participación efectiva en la batalla. Como hemos
apuntado, la dory puede proceder de la infantería de elite macedonia de
los hipaspistas36, aquellos que Diodoro (16.86.1) denomina epílektoi
(selectos), o de un hoplita griego. Ambos cuerpos de ejército tomaron
parte en la batalla y nos indicaría que en Queronea participaron dos
tipos de falanges, la hoplítica, armada con lanzas, y la macedonia,
dotada de picas. Las puntas de flecha y de jabalina demuestran la
participación de tropas de infantería ligera, en este caso en el bando
griego, de arqueros y de tiradores de jabalina.
El León que coronaba la tumba de los tebanos caídos en la batalla
fue descubierto a principios del siglo XIX. Se trata de una escultura de
piedra gris, de mármol local beocio. Lo que entonces se podía ver se
reducía a la cabeza y una de las patas de la estatua37. El monumento se
reconstruyó entre los años 1902 y 190438. En esta reconstrucción
moderna, la base del león posee una altura de 3 metros y una anchura
de 3,70 por 4,96 m. El león mide 5,5 m de altura39, mira hacia el túmulo
de los macedonios y refleja una tradición que databa al menos desde las
Termópilas40.

36
PLUT. Alex. 51.9; CURCIO, 8.1.45-52; HATZOPOULOS, 2001, pp. 61-62.
37
Para una descripción de la tumba colectiva de los tebanos: MA, 2008, pp. 79-82.
38
Cf. MA, 2008, p. 80: en realidad lo que ahora vemos es precisamente el monumento
de 1902-1904.
39
KASTORCHIS, 1879, pp. 486-506 (diagrama en p. 488); 1880: 320-323;
STAMATAKIS, PAE, 1880, pp. 22-26; 1881, pp. 16-20; PHYTALIS, 1880, pp. 347-
352 (plano entre pp. 398-399); SOTIRIADES, 1903, pp. 312-315; COSTANZI, 1923,
pp. 61-70; PRITCHETT, 1958, pp. 307-311; KNIGGE, 1976, p. 170, pl. 62, 2-3;
PRITCHETT, 1985, pp. 136-138.
40
HDT. 7.225.2.

67
Figura 3. El polyándrion de los tebanos (foto del autor).

La fosa común de los tebanos se excavó en 1879. Las excavaciones


revelaron un recinto de 22,55 m de ancho y 13,45 m de largo, orientado
N-NO / SSE, rodeado por un muro de períbolos construido en sillería
isodómica y que quizá se elevara hasta una altura de c. 4,26 m. En el
muro destacaba una gran plataforma de 3,65 m de ancho y 4,30 m de
profundidad que se proyectaba en el interior del recinto entre 1,30 y
1,40 m. Dicha plataforma sirvió obviamente como pedestal sobre el que

68
se alzaba la estatua del León41. La identificación de la fosa común de
los tebanos es segura a partir del relato de Pausanias (9.40.10), quien en
el camino de Lebadea a Queronea y aproximándose a la ciudad de
Queronea desde Lebadea, vio el polyándrion que denomina de los
tebanos que murieron en la lucha contra Filipo, esto es en la batalla de
Queronea42. El Periegeta continúa diciendo que dicha tumba no tiene
ninguna inscripción porque la fortuna no les acompañó de acuerdo con
su coraje, pero que se halla coronada por un León, que para nuestro
autor refleja el valor de muchos hombres. No hay ninguna razón para
dudar del testimonio de Pausanias y los hallazgos procedentes de la fosa
común contribuyen a apoyarle.
Es posible ciertamente que la tumba tuviera forma de túmulo, la
altura de muro perimetral y su estado de conservación durante la
excavación así lo sugiere. Phytalis (1880) lo consideró un túmulo
ascendente dentro del recinto cuadrangular, con el León que emergía en
la parte frontal, del mismo tipo que se excavó en la necrópolis de
Tespias43. Tal y como indica Pausanias, en el monumento falta una lista
de caídos y también un epigrama. Es posible que ninguna de las dos
cosas se realizara nunca.
En un área al oeste del León, de 4,55 por 6,30 m y a 45 cm de
profundidad, se encontraron 254 esqueletos dispuestos en siete filas.
Además, en la segunda fila, entre los esqueletos números 13 y 14, se
exhumaron un conjunto de huesos y cenizas procedentes de la

41
PHYTALIS, 1880; PRITCHETT, 1985, p. 137; MA, 2008, pp. 79-81.
42
PAUS. 9.40.10: προσιόντων δὲ τῇ πόλει πολυάνδριον Θηβαίων ἐστὶν ἐν τῷ πρὸς
Φίλιππον ἀγῶνι ἀποθανόντων.
43
SCHILARDI, 1977.

69
cremación de uno o varios hombres44. Es decir, se utilizaron ambos
ritos, inhumación y cremación, si bien esta última fue minoritaria45. Los
cadáveres incinerados fueron enterrados posteriormente y cuidando de
no dañar al resto de los caídos, por lo que podemos pensar que estamos
ante fallecidos poco después de la batalla como resultado precisamente
de las heridas recibidas en la lucha. Los esqueletos encontrados en la
fosa presentan numerosos traumatismos peri mortem como cuantiosas
evidencias de cortes en la parte baja de las piernas que reflejan un
combate a corta distancia con armas cortantes. Varios cráneos muestran
también marcas de múltiples golpes de espada. Según JOHN MA
(2008, pp. 75-76), un hombre recibió un fuerte corte en la cabeza,
seguido de un golpe de gracia en la parte posterior del parietal
izquierdo, probablemente por el efecto de un regatón del tipo
“Stabspitze”, utilizado sobre todo por los macedonios. Este golpe
produjo un pequeño agujero con una punta que perfora el cráneo,
rodeado por una marca circular más amplia y grietas radiales. Sin
embargo, quizá la herida no fuera producida por el regatón de una sarisa
de un falangita macedonio sino por el xystón de un jinete. El esqueleto
nº 16 de la tercera fila presenta también heridas compatibles con las que
pudieran ser provocadas por un jinete luchando contra un soldado de
infantería46, por la kopís, un tipo de sable que se encuentra exactamente
representado en el túmulo de los macedonios y que era también
empleada por la caballería. El único esqueleto conservado y un fémur

44
KERAMOPOULLOS, PAE, 1911, p. 159.
45
MA, 2008, pp.75-76, 81-85.
46
SEARS y WILLEKES, 2016, p. 1021.

70
de otro nos dan una altura media de c. 1,79 metros, superior a lo
habitual, lo que hablaría en favor de la presencia de un cuerpo de elite.
Los hallazgos materiales son modestos y se reducen a una gran
cantidad de botones de hueso, unas cuantas monedas, algunas cerámicas
del siglo IV, la mayor parte sin decoración, fragmentos de armas, como
dagas, espadas, puntas de lanza, de dory hoplítica concretamente, y
muchos estrígiles sencillos de hierro47. Es posible pensar que la tumba
contenía casi un estrígil por cada persona, un objeto conectado con la
vida cotidiana, pero, además, símbolo de libertad y vinculado
estrechamente a la cultura tebana que gustaba de la frecuentación del
gimnasio y de la práctica atlética48. Los cientos de botones de hueso
exhumados pueden provenir de los ojales de las botas de tipo beocio, al
parecer una forma inusualmente compleja de calzado (cf. Hdt 1.195).
Es decir, los hombres murieron y fueron enterrados con las botas
puestas y, efectivamente, el patrón de las heridas en las piernas
evidencia una falta de protección, esto es, que no usaban grebas.
Asimismo, el tipo de casco pilos colocaba a los hoplitas beocios en
desventaja frente a las sarisas macedónicas. Entre los esqueletos se
hallaron cinco puntas que pueden ser más de jabalina que de lanza y
que se conservaban entre los cuerpos, por lo que o bien fueron dejadas
en la tumba o bien estaban incrustadas en los mismos. Estamos ante
hoplitas, como prueban las puntas de lanzas de la dory, provistos de
cascos del tipo pilos y que irían sin grebas, que combatieron contra
falangitas, infantería ligera y probablemente también contra jinetes

47
STAMATAKIS, PAE, 1880, p. 18; PRITCHETT, 1985, p. 137.
48
Cf. DIOD. 15.50.5; Nepos Epam. 5.2.

71
macedonios; y, además, ante beocios por el uso de las botas comunes a
ellos. No hay ninguna razón para dudar de que la fosa no contuviera los
caídos de los trescientos hoplitas del batallón sagrado, por lo que los
cuarenta y cinco miembros faltantes podrían haber sido supervivientes,
o simplemente sus cuerpos que no fueron encontrados después.
Algunos cadáveres que fueron cremados y enterrados posteriormente
junto a los demás, por lo que los cadáveres supuestamente perdidos
serían menos. La presencia de puntas de jabalina evidencia el empleo
de tropas ligeras en el bando macedonio, probablemente procedentes de
los agrianes que Filipo y Alejandro reclutaban habitualmente49. En
suma, los hallazgos de la tumba del León ilustran también, como en el
caso del túmulo de los macedonios, las fuerzas presentes en Queronea:
los hoplitas griegos y, además, la falange macedonia, previsiblemente
la caballería macedonia, e indudablemente la infantería ligera. Estos
tres últimos cuerpos de ejército atacaron, todos ellos, a los hoplitas
tebanos que yacen en la fosa.
Es muy posible que la monumentalización de la tumba y la estatua
del león se realizaran tiempo después de la batalla, quizás a partir del
año 316, una vez que Casandro restaurara Tebas, o incluso a principios
del siglo III, cuando la ciudad era miembro de pleno derecho de la
Confederación beocia50. Ésta es también la impresión que se obtiene de
la disposición de los cuerpos. Todos ellos parecen haber sido enterrados
en una sencilla fosa común, de forma apretujada e improvisada, con

49
ARRIAN. 1.5.2-3, 6.6, 14.1; DIOD. 17.17.4; APP. Il. 14. Probablemente desde la
conquista de Peonia por parte de Filipo (DIOD. 16.32.4).
50
KNIGGE, 1976; MA, 2008, p. 84.

72
celeridad, con pocas ofrendas y sin quitarles las botas, en palabras de
FRAZER (1898, p. 210): “when the mound was cleared away the
skeletons appeared packed 'like sardines' in the enclosure, with the
marks of their wounds still visible on them”.

La hipótesis tradicional sobre la batalla de Queronea


Como hemos indicado, desde las excavaciones del túmulo de los
macedonios la batalla de Queronea se ha reconstruido tomado como
punto de referencia esencial dicho enterramiento. Por consiguiente, la
tumba colectiva de los macedonios habría marcado el extremo del ala
izquierda macedonia, que habría estado bajo el mando de Alejandro,
mientras que el monumento del León señalaría el extremo del ala
derecha macedonia, que estaría comandada por Filipo51. Como no
habría ninguna razón para trasladar a todos los muertos macedonios a
una zona pantanosa, como podría ser el lugar del túmulo, alejada de la
ruta principal que transitaba por Queronea y el sur de la llanura, la única
explicación posible sería que aquí habría tenido lugar el combate
principal52. Sin embargo, los tebanos, que en la hipótesis tradicional
habrían combatido en el flanco derecho griego frente a Alejandro,
supuestamente sí habrían sido desplazados más de tres kilómetros al
objeto de dejar libre esta zona para el túmulo de los macedonios. De
este modo, los tebanos habrían sido depositados en el lugar que
tradicionalmente se asigna a los atenienses. Esta hipótesis requiere
también una disposición de las líneas de ambos ejércitos de manera

51
SOTIRIADES, 1903, pp. 304-305, 313-315; RAHE, 1981, p. 86.
52
SOTIRIADES, 1903, p. 314. Cf. KROMAYER, 1903, pp. 166-167.

73
oblicua con respecto a la llanura y al propio campo de batalla, que
podrían trazarse en dos líneas paralelas (Sotiriades, 1903, p. 305) entre
el túmulo y la fosa del León, o formando una especie de abanico con el
ala izquierda macedonia, la de Alejandro, retrasada (Hammond, 1973,
p. 550)53. Finalmente, en esta reconstrucción de la batalla, los aliados
habrían combatido con el Paso de Kerata a sus espaldas, entendido
como una posible vía de retirada en caso de derrota54.
En primer lugar, la posición de una tumba colectiva sobre el campo
de batalla no está necesariamente sujeta a la disposición de las líneas.
Así, por ejemplo, el Sorós de Maratón se encuentra alejado del lugar
donde tuvo lugar la batalla55. En este sentido, la ubicación del túmulo
de los macedonios pudo obedecer a motivos muy distintos del recuerdo
de la situación del extremo del flanco derecho del ejército macedonio.
La tumba ocupa un lugar muy destacado justo en el centro de la llanura,
junto al río Cefiso, en una posición prominente y bien visible para
cualquier caminante que la atravesara, a lo que contribuiría su elevada
altura. Se trataba de un monumento realizado por un ejército vencedor,
de ahí su localización, que recordaba orgullosamente su victoria y su
significado: el poder macedonio y la imposición de la hegemonía
macedonia en Grecia.
El túmulo se alzaba no sólo en el centro de la llanura sino también
en lugar espacioso, capaz de acomodar unos ritos funerarios que fueron

53
HAMMOND, 1938, p. 207; HAMMOND, 1973, p. 550; 1994, p. 154. Cf.
CAWKWELL, 1978, pp. 145-146; MA, 2008, pp. 72-74.
54
KROMAYER, 1903, p. 159; SOTIRIADES, 1903, pp. 318-319; HAMMOND,
1938, pp. 187, 203; PRITCHETT, 1958, p. 309; HAMMOND, 1994, pp. 151, 155;
SEARS y WILLEKES, 2016, p. 1021.
55
Cf. HAMMOND, 1968, pp. 14-18.

74
espectaculares y que debieron implicar a todo el ejército. En primer
lugar, los caídos macedonios fueron recogidos de todo el campo de
batalla y depositados en el centro de la llanura. Diodoro (16.86.6)
menciona explícitamente los sacrificios en honor a los dioses que se
realizaron en agradecimiento por la victoria, como también relata
Arriano (5.20.1) que llevó a cabo Alejandro tras la batalla del Hidaspes.
Arriano se refiere explícitamente a los ritos con los que los macedonios
acostumbraban a honrar a sus caídos sobre el mismo campo de batalla.
En el Gránico, los muertos eran enterrados al día siguiente de la batalla
en medio de grandes honores (Arrian. 1.16.5). En Isos se sepultaron con
todo el ejército desplegado y se pronunció un discurso fúnebre (Arrian.
2.12.1). Según la tradición macedonia, se celebraban también
certámenes gimnásticos e hípicos como los que tuvieron lugar en la
ribera del Hidaspes (Arrian. 5.20.1). Es posible que estos mismos ritos
se desarrollaran tras la batalla de Queronea. Después de la recogida de
los cadáveres y los sacrificios a los dioses, todo el ejército al completo
con todo su armamento habría desfilado ante de los muertos en combate
y se celebraría después un agón funerario, con competiciones atléticas
e hípicas56, que finalizaría con el reparto de premios y condecoraciones
que nos narra Diodoro (16.86.5). Todas estas ceremonias culminaron
con una gigantesca pira, construida sobre una base de grandes piedras
y adornada con las armas los caídos, con la cremación de los cadáveres
en una espectacular e impresionante ceremonia, que tenía
connotaciones de heroización e implicaba la generalización de las

56
MA, 2008, p. 77.

75
prácticas guerreras aristocráticas y los valores homéricos a todo el
ejército. Finalmente, tuvo lugar un banquete de celebración, con cantos
y bailes por la victoria, que también recoge Diodoro (16.87.1). Después
de la cremación, se procedió a la monumentalización, esto es, a la
construcción del propio túmulo, quizás adornado con las flores de
terracota, que estarían pintadas, y que se extrajeron durante la
excavación.
Todas estas ceremonias que hemos descrito precisaban de un amplio
espacio, que sólo el centro de la llanura podría ofrecer, que no se viera
perturbado por la recogida de los cadáveres de los derrotados, en el que
pudiera participar un ejército compuesto por decenas de miles de
hombres. En definitiva, el túmulo de los macedonios pudo no guardar
ninguna relación con el campo de batalla real. En contra de lo que se ha
tendido a pensar, no se referiría a las disposiciones tácticas de la batalla,
sino a la celebración posterior de la victoria y no hay ninguna razón,
por lo tanto, para suponer que marcara ningún punto preciso de las
líneas de batalla. Pudo estar, en realidad, detrás del campo de batalla y
alejado del mismo57.
Frente al túmulo de los macedonios, fruto del ceremonial y el
recuerdo de un ejército vencedor, colocado en un lugar destacado en la
llanura y construido disponiendo del tiempo que fue necesario, el
monumento del León es de una naturaleza completamente diversa. Se
trata de una fosa que albergaba a los caídos de un ejército derrotado,
pero sólo a una parte de ellos. Cabría preguntarse la razón por la que

57
MA, 2008, p. 74.

76
Filipo permitió que los tebanos fueran enterrados aquí. Sabemos que,
de entre todos los beocios, Filipo honró únicamente a los miembros del
batallón sagrado. Plutarco (Pel.18.5) dice que Filipo, luego de su
victoria, reconoció el campo de batalla y se detuvo donde habían caído
los trescientos tebanos, que yacían todos juntos entremezclados y todos
alcanzados por delante por las sarisas, y expresamente alabó su coraje58.
Precisamente este heroísmo probado pudo ser la causa de que fueran
enterrados en el mismo campo de batalla y no llevados a Tebas 59. La
fosa común de los tebanos se ubica ciertamente en un punto
fundamental de la llanura de Queronea, a 2,5 km al este de la población
actual, en la gran ruta que llevaba hacia Tebas60, pero no es probable
Filipo dejara que fueran enterrados en un lugar prominente. De hecho,
los tebanos tuvieron que comprar el terreno donde éstos reposaron y
pagar un rescate por los prisioneros (Justin. 9.4.6). Tampoco el rey
permitiría su monumentalización y sólo más tarde la fosa sería dotada
de un períbolos pétreo y de la estatua de un león. La impresión que se
obtiene es que la inhumación parece haber sido en cierta medida
improvisada y apresurada, en una sencilla fosa común, con pocas
ofrendas, en una falange de muertos, con los cuerpos apretujados e
incluso con las botas puestas. Parecería que fueron enterrados allí donde
cayeron. Si pensamos, tal y como se ha reconstruido previamente la

58
PLUT. Pel.18.5: ὡς δὲ μετὰ τὴν μάχην ἐφορῶν τοὺς νεκροὺς ὁ Φίλιππος ἔστη κατὰ
τοῦτο τὸ χωρίον ἐν ᾧ συνετύγχανε κεῖσθαι τοὺς τριακοσίους, ἐναντίους ἀπηντηκότας
ταῖς σαρίσαις ἅπαντας ἐν τοῖς ὅπλοις καὶ μετ᾽ ἀλλήλων ἀναμεμιγμένους. Vid. también
WORTHINGTON, 2014, p. 88.
59
Puede compararse con PAUSANIAS (1.29.4) que dice, refiriéndose a la tumba de
los atenienses en Maratón, que fueron enterrados aquí, solo ellos, a causa de su valor.
60
CLAIRMONT, 1983, p. 334.

77
batalla, que los tebanos ocuparon el ala derecha de los aliados, es decir,
se dispusieron en la parte norte de la llanura, tendríamos que pensar que
o bien fueron empujados a lo largo de todo el frente de batalla, de punta
a punta, o bien fueron recogidos después y trasladados al extremo de la
línea y enterrados allí, a más de tres kilómetros de distancia y donde no
habían combatido61. La desbandada o que fueran empujados a través de
toda la línea no parece probable, puesto que sabemos que murieron
todos juntos, sin disgregarse, y aparentemente conservando su posición
o muy cerca de ella, lo que sería coherente con el testimonio de Plutarco
(Pel. 18.7) y con una unidad profesional de hoplitas que era la mejor
entrenada y más disciplinada de toda Grecia62. Se ha pensado también
que pudieron ser trasladados para dejar espacio libre al túmulo de los
macedonios, pero, como hemos indicado, el túmulo pudo alzarse en
realidad lejos del mismo campo de batalla. En suma, es posible que la
localización de la fosa esté relacionada con la última posición que
ocuparon los tebanos en la línea batalla, que pudo estar muy cerca o
incluso donde comenzaron la batalla, donde cayeron luchando rodeados
por falangitas, infantes ligeros y previsiblemente también por la
caballería macedonia, en el extremo de un ala que habría sido conducida
por el propio Alejandro63. Murieron en su posición casi hasta el último
hombre. Están aquí porque se alinearon aquí y aquí perecieron casi
todos juntos, sin ceder el terreno ni desbandarse, en el ala opuesta a la

61
RZEPKA, 2018, p. 521, n. 15.
62
RAHE, 1981, p. 86; SEARS y WILLEKES, 2016, p. 1018.
63
HAMMOND, 1938, p. 210; HAMMOND, 1994, p. 153.

78
que se ha pensado, cubriendo precisamente la ruta que llevaba a
Tebas64.
Plutarco (Alex. 9.2) anota que todavía en su época se mostraba una
encina junto al río Cefiso, que era llamada de Alejandro, donde estuvo
su tienda y que el polyándrion de los macedonios no estaba lejos de allí.
Es decir, el campamento de Alejandro habría estado en el lado
septentrional del campo de batalla, del mismo modo que lo está el
túmulo de los macedonios. A pesar de que Plutarco, como él mismo
dice, se está refiriendo una leyenda local65, que posee un valor limitado,
su relato ha sido tomado en el sentido de que Alejandro habría
combatido en el norte de la llanura, en el ala izquierda del ejército
macedonio y en la zona más próxima, por lo tanto, a la ubicación de su
campamento. Esta afirmación nos llevaría a preguntarnos por el
campamento de Filipo e incluso a postular la existencia de
campamentos separados, ya que Filipo habría combatido al sur. Sin
embargo, la división en varios campamentos es algo inusual entre
griegos y macedonios66 y, de hecho, sabemos que los aliados que se
enfrentaron a Filipo en Queronea dispusieron un campamento conjunto
(Diod. 16.85.2). Parece más oportuno considerar la idea de que los
macedonios y sus aliados se alojaron todos ellos en un único
campamento en el norte del campo de batalla, donde el río Cefiso les
abastecía de agua, en una zona despejada entre los montes Acontio y

64
Contra SOTIRIADES, 1903, p. 317, para quien el monumento del León no
constituye una prueba directa del lugar en el que habían caído los miembros del
batallón sagrado.
65
HAMMOND, 1938, p. 201: era nativo de Queronea y podía hablar con autoridad.
66
Sobre los campamentos griegos en el período clásico: ÁLVAREZ RICO, 2013.

79
Hedilio. Este campamento conjunto habría ayudado también a Filipo y
a Alejandro a definir de mejor manera la táctica a emplear el día de la
batalla. Si los macedonios acamparon todos juntos, con Filipo y
Alejandro en el mismo lugar, el príncipe pudo salir el primero del
campamento y ser el primero en formar su ala, con lo que habría
combatido en el ala derecha de los macedonios, al sur, y no en la
izquierda, al norte67.
Los griegos acamparon todos ellos en un único campamento junto al
santuario de Heracles en Queronea, cerca del cual discurría un torrente
llamado Hemón y que debía desembocar en el Cefiso68. Con pocas
dudas podemos pensar que el Heracleo estaba en la parte suroeste de la
llanura cerca de últimas estribaciones del monte Profitis Elias, que
flanquea precisamente el campo de batalla por el sur (Plut. Dem. 19.2;
Thes. 27.8). Esto significa que el campamento aliado se encontraba
alejado de las zonas pantanosas del Cefiso y de su cauce, al objeto de
evitar que, al estar situados aguas abajo del río, el enemigo contaminara
las aguas.
Esquines (3.144) afirma que la alianza entre beocios y atenienses
otorgaba la hegemonía terrestre a los tebanos y que en la batalla de
Queronea el estratego ateniense Estratocles no fue capaz de deliberar
sobre la salvación de sus propios soldados, esto es, ya que los atenienses
habrían estado sometidos al mando de los tebanos. Sin embargo,
Diodoro (16.86.2) refiere que fueron los atenienses los que asignaron

67
Para la reconstrucción tradicional de la disposición de los macedonios: SEARS y
WILLEKES, 2016, p. 1019.
68
SOTIRIADES 1903, p. 319.

80
los mandos y distribuyeron el ejército el día de la batalla y que
concedieron un ala a los tebanos, mientras que ellos retuvieron el resto.
Es posible que Diodoro refleje una fuente que destacaba el papel de los
atenienses. Se combatía en terreno beocio y quizás, a pesar de su
evidente exageración, podamos considerar creíble el testimonio de
Esquines, de manera que los tebanos tuvieron efectivamente la
hegemonía durante la campaña. Pero esto no implica necesariamente
que los tebanos combatieran en el ala derecha, el flanco
tradicionalmente reservado al hegemón. En las batallas de Leuctra
(371) y Mantinea (362) en la que también los tebanos contaron también
con la hegemonía, éstos se dispusieron en el ala izquierda, como
también en la batalla de Nemea69, y quizás esta disposición era habitual
en el ejército beocio a partir precisamente de Leuctra. Nada habría
tenido de particular, en realidad, hubieran dispuesto o no de la
hegemonía, que los tebanos y el resto de los beocios ocuparan el flanco
izquierdo del ejército, mientras que los atenienses habrían guarnecido
el ala derecha. Dadas las tradiciones de ambos contendientes, parece
probable. Como hemos visto también, la tumba del León puede
indicarnos que los tebanos combatieron en realidad en el ala izquierda.
Por último, las noticias que conservamos sobre la batalla parecen
sugerir que Filipo quería combatir contra los atenienses y su táctica
parece previamente diseñada para enfrentarse precisamente a ellos. Esta
concepción táctica habría llevado a Filipo a mandar el ala encontrada a
los atenienses, independientemente del lugar en que éstos se alinearan

69
Leuctra: PLUT. Pel. 23.1. Mantinea: DIOD. 15.85.2; Nemea: XEN. Hell. 4.3.18.

81
en el frente griego. Si los atenienses iban a la derecha, Filipo iría a su
izquierda y viceversa.
La disposición de ambas líneas en relación con la llanura, que tiene
al norte el monte Acontio y el río Cefiso y al sur los montes Profitis
Elias y Kourpekio, parece algo extraña en el habitual despliegue de los
ejércitos griegos. La posición más adecuada hubiera ido perpendicular
a la planicie con los flancos protegidos por el Acontio y las colinas
meridionales70. Más difícil aún resulta asumir un amplio espacio en uno
de los flancos del ejército, entre las alas derecha griega e izquierda
macedonia respectivamente, mientras los otros dos extremos estaban
muy próximos. Dicha disposición requeriría una marcha de
aproximación en una de las alas de los contendientes, mientras que la
otra ala estuviera ya combatiendo. Resulta todavía más difícil de
comprender que el ala retrasada hubiera sido precisamente la que
supuestamente se le asigna a Alejandro, cuando sabemos que el príncipe
fue el primero en lanzarse sobre el ala contraria (Plut. Alex. 9.2). Por
último, esta disposición de las líneas dejaba a espaldas del ejército
griego el paso de Kerata. Sin embargo, mención hecha de que
tendríamos que aceptar que los griegos se desplegaron pensando en una
posible derrota y en la posterior huida, el Paso de Kerata, más que una
posible ruta de retirada, se habría convertido, en realidad, en un cuello
de embudo que podía provocar una masacre en caso de huida. Parece
mucho más apropiado pensar, en mi opinión, que ambos ejércitos se
desplegaron en dirección aproximadamente norte-sur, entre el borde

70
Vid. CORVISIER, 2012, p. 91, carte 4.

82
occidental del monte Acontio y las proximidades del monumento del
León, en dos líneas paralelas enfrentadas.
Asimismo, la batalla no se redujo al combate de dos falanges de
infantería pesada, por más que éstas llevaran el peso principal de la
lucha, ni tampoco debemos pensar que caballería no intervino debido a
lo estrecho del terreno71 y que no pudo cargar contra una falange de
infantería pesada. Los hallazgos de ambas tumbas colectivas prueban
de manera incontrovertible la presencia y el combate de tropas ligeras,
al menos de tiradores de jabalina en el bando macedonio, y también de
tiradores de jabalina y de arqueros en el lado aliado. Además, sugieren
poderosamente la participación de la caballería. Diodoro (15.85.5)
indica que la caballería de Filipo compareció en Queronea en número
de 2.000 efectivos. También debió estar presente la caballería contraria.
Es impensable que la caballería beocia, considerada una de las mejores
de Grecia, no fuera movilizada72. De hecho, en el invierno anterior,
Demóstenes (18.216) menciona dos batallas previas que tuvieron lugar
antes de Queronea, en la Fócide, la batalla junto al río y la batalla de
invierno. En la batalla junto del río participó la caballería beocia que
batió a su homónima macedonia atrayéndola hacia una zona
pantanosa73. Esta batalla se ha datado en la primavera de 338 74, por lo
que sabemos que no sólo la caballería macedonia fue movilizada sino
también la beocia y resultaría totalmente incomprensible que esta

71
HAMMOND, 1994, p. 152 defendió que no habría lugar para que la caballería
entrara en combate.
72
TH. 2.9.3; 3.62.5; 4.95.2; XEN. Hell. 5.4.40; 6.4.10.
73
Sylloge Tacticorum 94.3; RZEPKA, 2018, pp. 518-529.
74
RZEPKA, 2018, p. 520.

83
última no estuviera presente en Queronea. Es posible que no fuera
desmovilizada en realidad en ningún momento, sino que se mantuviera
en el campo en los años 339 y 338, de ahí que Demóstenes mencione
precisamente una batalla que tuvo lugar durante el invierno. En
definitiva y en mi opinión, la caballería de ambos contendientes no sólo
estuvo presente, sino que combatió, por lo que los jinetes debieron
ocupar las alas respectivas de cada formación junto a la infantería ligera
que también, como prueban los hallazgos de las tumbas colectivas, se
desplegó y combatió.

La batalla de Queronea desde otra perspectiva


El campo de batalla
Teniendo en cuenta cuanto hemos venido diciendo, podemos
abordar ahora la reconstrucción de la batalla de Queronea desde un
nuevo punto vista y a partir de una diferente interpretación. La llanura
de Queronea se extiende unos cuatro kilómetros de largo por unos cinco
de ancho, y constituye, en realidad, una parte del valle del Cefiso, el río
que penetra en Beocia tras atravesar el estrecho paso de Parapótamos
en la Fócide75. Por el sur de la llanura transitaba la gran ruta que venía
desde la Fócide y se dirigía hacia Tebas, bordeando la orilla meridional
del lago Copaide, lago que cerraba la planicie en su lado oriental. Un
ramal de esta vía debía alcanzar Orcómeno, que estaba situada en la

75
KROMAYER, 1903, p. 158; WALLACE, 1979, p. 79: el río Cefiso nace en la cubeta
de Anficlea, en la Dóride y no en Lilea de Fócide como anotan ESTRABÓN (9.2.19) y
PAUSANIAS (9.24.2). Desde la Dóride el río atraviesa Lilea, Elatea, Parapótamos y
Panopeo y penetra en Beocia (STR. 9.2.19). Vid. también HAMMOND, 1938, p. 187.
Para la campaña previa a la batalla puede consultarse CORVISIER, 2012, pp. 59-69.

84
ladera oriental del monte Acontio. La vía que atravesaba la parte
meridional de la llanura constituía uno de los puntos estratégicos más
importantes de toda Grecia y estaba guardado en el lado beocio
precisamente por la ciudad de Queronea. La acrópolis de la ciudad se
situaba en las dos cimas de la colina llamada Petrako76, en la actual villa
de Kapraina, rebautizada Queronea.

Figura 4. La llanura de Queronea vista desde el Norte (foto del autor).

76
IG VII 3287-3465; SEG 3.367-369; TH. 4.76.3; STR. 9.2.37; PAUS. 9.40-41; 10.4.1;
PLUT. Mor.515 C; SOTIRIADES, 1903, pp. 324-326; HAMMOND, 1938, p. 186;
PRITCHETT 1958, pp. 307-311.

85
Figura 5. El monte Petraco (Queronea) visto desde el polyándrion de los tebanos
(foto del autor).

No conocemos con precisión el cauce antiguo del Cefiso, que hoy en


día entra por la parte septentrional de la llanura junto al monte Acontio.
Desde su misma entrada, el Cefiso se dirige hacia el centro de la
planicie. Sabemos por la excavación del túmulo de los macedonios que
el nivel del suelo del siglo IV se encontraba unos dos-tres metros por
debajo del actual. Sin embargo, la situación del túmulo, cercano al río,
sugiere que el presente trazado del río pudo ser similar al antiguo. Es
probable también que parte de su recorrido a través de la llanura dejara
zonas pantanosas, especialmente según se aproximaba a la orilla del

86
lago Copaide. De hecho, en la Antigüedad una buena parte del territorio
de Queronea era húmedo y pantanoso. Así, por ejemplo, la ciudad
contaba con pastos húmedos y madera y destilaba flores pantanosas
para perfumes77. Además, del Cefiso, de curso perenne, la llanura está
regada por tres pequeños torrentes, quizás la mayoría estacionales,
llamados Hemón, Morios y Molos78. El río Morios es, probablemente,
el que discurre a través del valle de Agios Dimitros y el monte Isoma,
quizás el antiguo Turio, al oeste de Queronea79. El río Hemón, quizás
anteriormente llamado Termodonte, es probablemente el río
Lykouressi, que recorre el valle del mismo nombre80 y que fluía pasado
el Heracleo donde los griegos estaban acampados, Este santuario fue
localizado por Sotiriades en el interior de este valle, en la Iglesia de
Agia Paraskevi, que está construida en parte sobre un templo y que
parece haber poseído también un pequeño gimnasio81. El Molos puede
ser el río que corre más al este, a través del paso de Kerata82. La batalla
tendría lugar entre el borde occidental del monte Acontio al norte y la
acrópolis de Queronea y el valle de Lykouressi al sur.

77
PAUS. 9.42.5.
78
KROMAYER, 1903, pp. 160-161; HAMMOND, 1938, p. 187.
79
CAMP, IERARDI, MCINERNEY, MORGAN y UMHOLTZ, 1992, con mapa en
p. 444.
80
Para una descripción de Queronea y su llanura puede verse: PLUT. Sulla,16-19; Dem.
19; Alex. 9.2; Thes. 27.6; Mor.515 C; PAUS. 9.40.5; 10.4.1; SOTIRIADES, 1903, pp.
324-326; HAMMOND, 1938, pp. 198-189; HAMMOND, 1994, p. 151; PRITCHETT,
1958, pp. 307-309. Para el Heracleo y el río Hemón: SOTIRIDADIS, 1905, pp. 113-120;
HAMMOND, 1938, pp. 205-206; PRITCHETT, 1958, p. 309.
81
SOTIRIADES, 1903, p. 319.
82
HAMMOND, 1973, con mapa en p. 550.

87
Las fuerzas de los contendientes
De acuerdo con Diodoro (16.85.5), Filipo II contaba con 30.000
infantes y 2.000 jinetes83. A ellos hay sumar los contingentes de
infantería ligera, cuyo número concreto desconocemos pero que
debieron sumar varios millares. De hecho, los hallazgos de puntas de
jabalina en la tumba del León, prueban la presencia de infantería ligera
en el bando macedonio. Sin embargo, Filipo II no parece haber
movilizado nunca infantería ligera de Macedonia, sino que recurrió para
este tipo de tropas a contingentes esencialmente de agrianes y también
odrisios, tríbalos e ilirios84. Quizás reclutara también a poblaciones de
Grecia central, del entorno de las Termópilas concretamente, que tenían
fama85. En todo caso, Filipo II empleó tropas ligeras y podemos suponer
que éstas fueron aliadas y no macedonias.
Cuatro años después de Queronea, Alejandro disponía de 3.300
jinetes macedonios (Diod. 17.17.3-5) y Filipo debió contar con una cifra
similar, por lo que la noticia que nos transmite Diodoro de 2.000 jinetes
en Queronea es verosímil. Esto indicaría que una parte de la caballería,
al menos un tercio, se había quedado en Macedonia para la defensa del
reino86. En el caso de Alejandro, del total de efectivos, llevó consigo
Asia, en la primavera de 334, 1.800 jinetes de manera que 1.500
permanecieron en Macedonia87. Es decir, partió con el 50% de sus
efectivos. Esto es, dividió la caballería en partes iguales, 1500/1500, y

83
SEARS y WILLEKES, 2016, p. 1020.
84
Vid. DIOD. 17.17.4 para los contingentes de aliados balcánicos que Alejandro lleva
a Asia y que sumaban 8.000 infantes ligeros.
85
TH. 4.100.1; DIOD. 15.85.4.
86
CAWKWELL, 1978, p. 145.
87
DIOD. 17.17.4-5.

88
añadió el escuadrón real, fuerte de 300 hombres. En este mismo sentido,
Filipo no habría movilizado en 338 el total de efectivos de la caballería
macedonia. Tampoco tenemos que suponer necesariamente que sus
2.000 jinetes eran todos macedonios; ello nos obligaría a pensar
establecer que Filipo renunció a movilizar a los jinetes tesalios que le
habían dado la victoria, por ejemplo, en 352, en la batalla del Campo
de azafrán frente a los mercenarios focidios88, y de los Alejandro lleva
a Asia 1.800, un contingente igual a la caballería macedonia 89. Esto
sería inexplicable ya que, de acuerdo con Diodoro (16.85.5), Filipo
movilizó a sus aliados para la batalla. En definitiva, podemos suponer
que una parte de la caballería presente en Queronea pudo ser tesalia y
quizás también, en un pequeño contingente, de otros aliados.
Además, Alejandro disponía en 334 de 24.000 infantes pesados, lo
que hace inverosímil que los 30.000 infantes con los que cuenta Filipo
en Queronea fueran todos ellos macedonios. Esto habría dejado al reino
completamente inerme. De los que 24.000 con que cuenta Alejandro,
desplaza 12.000 a Asia, el 50% de los efectivos totales. De este
contingente, 3.000 formaban los hipaspistas de la guardia real y el resto
eran regimientos de falangitas90. En suma, como ocurrió en el caso de
los infantes ligeros y en la caballería, Filipo no habría movilizado todos
los efectivos macedonios posibles y los 30.000 de los que habla
Diodoro representaban la suma total de su ejército, incluyendo
macedonios y los aliados91. Muchos de estos últimos debían ser tesalios,

88
DIOD. 16.35.1-6.
89
DIOD. 17.17.4.
90
DIOD. 17.17.3-5; ARRIAN. 1.11.3; HAMMOND, 1938, p. 210.
91
GULER, 2014, 133.

89
un estado que era capaz de movilizar, por ejemplo, 6.000 hombres al
principio de la Guerra sagrada92. En la campaña que sirvió de preludio
a Queronea los locrios orientales, el norte de la Fócide93, tesalios,
dólopes, enianos, aqueos del Ftiótide y etolios94 cooperaron con Filipo
y el ejército permaneció movilizado durante todo el invierno. Del
mismo modo, en la embajada a Tebas, que resultó fracasada, los
emisarios macedonios fueron acompañados por los tesalios, en el
mismo número de los macedonios, y por los enianos, dólopes, aqueos y
etolios95. El número de efectivos presentes, tan elevados, sugiere que
Filipo disponía de contingentes aliados. Ciertamente, sus aliados de
Grecia central podían movilizar escasos efectivos, pero tampoco eran
despreciables, y no parece existir ninguna razón para pensar que el rey,
que era además arconte de la confederación tesalia, no empleara la
numerosa infantería tesalia.
Desconocemos el número de soldados del contingente aliado.
Kromayer (1903, p. 195) lo fijó entre 34.000-36.000 infantes pesados y
unos 2.000 jinetes. Según este autor, Atenas habría aportado 10.000
hoplitas y 800 jinetes, los beocios 12.000 hoplitas y 600 jinetes, a los
que habría que sumar entre 8000-9000 hoplitas aliados, 5.000
mercenarios y un número indeterminado (¿600?) de jinetes aliados y
mercenarios. Otros autores han considerado que podría alcanzar 33.000
infantes y 3.800 jinetes96. En otros casos (Corvisier, 2012, pp. 77-78)

92
DIOD. 16.30.4.
93
ROEBUCK, 1948, p. 75.
94
HAMMOND, 1994, p. 144.
95
DEM. 18.177-179, 295.
96
HAMMOND, 1938, p. 206; HAMMOND, 1994, p. 147; GULER, 2014, p. 133.

90
se ha considerado que el contingente aliado era menor al de los
macedonios con 25.000 hoplitas y 1.000 jinetes. De hecho, Diodoro
(16.85.6) asegura que los macedonios aventajaban en número a sus
contrarios. Sin embargo, Justino (9.3.9) declara, en cambio, que los
atenienses, esto es, todos los aliados, superaban en número a los
macedonios. Podemos pensar que el número de efectivos de ambos
contendientes estaba bastante igualado.
Plutarco (Dem. 17.3) afirma que, en sus embajadas, Demóstenes
consiguió unir a los griegos y formó un ejército de 15.000 soldados de
infantería y 2.000 de caballería, además de las fuerzas constituidas por
los ciudadanos, se entiende que por los propios atenienses. Es posible
que Plutarco se esté refiriendo a Queronea, que fue indudablemente la
mayor movilización de la alianza ateniense, de modo que los atenienses
habrían contado con 15.000 hoplitas aliados en Queronea. Los beocios
movilizaron 7000 hoplitas en la batalla de Delión en 424 (Th. 4.93.3);
11.000 hoplitas constituían el total del contingente federal en 395 (Hell.
Oxy. 19.3); 7.000 podía movilizar Tebas en 378 (Diod. 15.26.2-5);
6.000 tebanos o beocios combatieron en Leuctra (Polyan. 2.3.12;
Diod.15.52.2); unos 6.000 beocios participaron en la campaña en el
Peloponeso en 370/69 (Plut. Pel.24); 7.000 también en el Peloponeso
en 369 (Diod. 15.68.1); 8.000 en Tesalia en el mismo año
(Diod.15.71.2) y otros 7.000 también en Tesalia en 364 (Diod. 15.80.2;
Plut. Pel.35). En suma, la cifra habitual que los beocios movilizaban
rondaba de media los 7.000 hoplitas, a veces podían ser 6.000 y rara
vez alcanzaban los 8.000. Quizás 7.000 hoplitas beocios pudieron

91
constituir su contingente en Queronea. La mayoría de ello, al menos
4.000, debían ser tebanos,
Además de los beocios, figuraron corintios, eubeos, aqueos,
megareos, leucadios y corcireos, peloponesios de la península de Acté
y acarnanios97. Los acarnanios contribuyeron con dos mil hombres,
aunque pudieron ser voluntarios, no parte del ejército federal (Aeschin.
3.94-98), pero es el único contingente de todo el bando aliado del que
conocemos sus efectivos. Los aqueos movilizaron durante la Guerra
sagrada en ayuda de los focidios mil quinientos soldados en una ocasión
y dos mil en otra (Diod. 16.30, 37; Aeschin. 3.98), por lo que es posible
que una cifra similar concurriera en Queronea. Los megareos podían
movilizar menos de mil hombres (Paus. 10.20.4). Pausanias (10.3.4)
dice que también participaron los focidios98. Es posible que debamos
pensar en el sur de Fócide, que estaría bajo control de los beocios y de

97
DEM. 18.237; Plut. Mor. 851 B; PAUS. 6.4.6-7; 7.6.5; AEL. VH 6.1, que menciona
además a los eleos, pero que no estuvieron presentes en la batalla. Cf. LYCUR. Leocr.
45; KROMAYER, 1903, 127; ROEBUCK, 1948, p. 75, n. 16, 83. No participaron los
mesenios (Paus. 4.28.2); ni los eleos (Paus. 5.4.9) ni los arcadios (Paus. 8.1.10, 6.2).
Vid. también, KROMAYER, 1903, 128. Llama la atención de ausencia de Persia en
los acontecimientos que se desarrollaban en Grecia, al menos su apoyo financiero.
Después del año 354 Artajerjes Oco envió a los tebanos trescientos talentos para
apoyarles en la Guerra sagrada (DIOD. 16.34.1-2; 40. 1-2; DEM. 23.183). Sin
embargo, en 339-338 el rey persa se negó a ayudar a beocios y atenienses, a pesar de
que había cooperado en 340 contra Filipo en el asedio del macedonio a Perinto (DIOD.
16.75.1-2; PS.-DEM. 11. 5; ARRIAN. 2.14.5; PAUS. l. 29. 10). Se ha avanzado la
idea de que, después de sus fracasos ante Bizancio y Perinto, a comienzos del año 339,
y ante la amenaza ateniense, Filipo pudo negociar un tratado con Persia
(BENGTSON, 1975, 2.333). ELLIS, 1976, pp. 278 n. 94, 286 n. 75 rechazó la
existencia de esta alianza que fue apoyada, sin embargo, por WÜST, 1938, pp. 91, 95,
97-98; CAWKWELL, 1963, p. 128 y GRIFFITH (en Hammond/Griffith), 1979, pp.
485-486. Para la datación de la alianza: KELLY, 1980, p. 82.
98
Sobre la reconstrucción de la Fócide por los tebanos y atenienses en los momentos
próximos a Queronea vid. PAUS. 10.3.3.

92
los atenienses99, pero después de la Guerra sagrada difícilmente
hubieran podido reunir más allá de unos pocos centenares de hombres
y sólo de una parte de la región. Quizás combatieron también los locrios
hesperios y los bizantinos y puede que también Ambracia y
Cefalonia100. Difícilmente entre todos ellos podrían alcanzar los 2.000
efectivos. Los corintios y los eubeos movilizaron tres mil hombres cada
uno de ellos durante la Guerra de Corinto (Xen. Hell. 4.2.17), pero es
difícil que al menos Eubea101, después de los enfrentamientos que
habían estallado en la isla en los años anteriores, pudiera contribuir con
esta cantidad. Si sumamos unos 7.000 beocios, 2.000 acarnanios,
1.500/2000 aqueos y 1.000-2.000 del resto de aliados, tendríamos, hasta
15.000, no se quedarían unos 3.000 para corinitos y eubeos
conjuntamente, una cifra verosímil.
En el mismo párrafo que hemos examinado (Dem. 17.3), Plutarco
apostilla que los aliados suministraron de buen grado dinero para el
salario de los mercenarios. De hecho, en el invierno anterior, diez mil
mercenarios se apostaron en el paso que llevaba a Anfisa, bajo el mando
de los estrategos atenienses Cares y Proxeno, si bien se retiraron sin
combatir, sorprendidos por un contingente macedonio102. En el año 338
el peligro era mayor que en el año anterior y no parece probable que los
aliados renunciaran a ellos. Asimismo, no parece que las tropas se
desbandaron durante el invierno. Todo ello nos permite suponer que un
cuerpo mercenario combatió en Queronea en el bando aliado y su cifra

99
RZEPKA, 2018, p. 519.
100
ROEBUCK, 1948, pp. 75-75, n. 16.
101
ARJONA, 2018.
102
AESCHIN. 3.146; BUCKLER, 2003, pp. 494.

93
pudo alcanzar los 10.000 hombres, como en el invierno anterior, lo que
contribuiría también a explicar el elevado número de soldados de que
disponen los aliados.
No es fácil que los atenienses dispusieran de diez mil hoplitas
ciudadanos en 338, aunque pensemos en una movilización en masa.
Quizás la cifra entre 6000 y 7000 puede ser más adecuada toda vez que
parece que en Queronea estuvieron presentes únicamente tres estrategos
de los diez que formaban el colegio y que otros permanecieron en
Atenas103. Si la cifra de mil bajas atenienses se aproxima la media de lo
que suele perder un ejército hoplítico derrotado, ca. 14-15%104,
apuntaría también a unos 6000-7000 atenienses presentes en Queronea.
La caballería aliada contaba con 2.000 jinetes, buena parte de los
cuales debían ser beocios. En Delión los jinetes beocios sumaron 1.000
hombres; el contingente total de la confederación beocia ascendía en
395 a 1.100 jinetes; 600 fueron enviados al Peloponeso y a Tesalia en
369 y otros 800 de nuevo a Tesalia en 364105, con lo que tendríamos
entre 1.000 y 600 jinetes en Queronea, quizás más cerca de la primera
cifra. El resto, hasta 2.000, serían jinetes de otros estados aliados y
mercenarios. A todos ellos habría que sumar la caballería ateniense.
Unos 600-700 constituiría un contingente correlativo al de hoplitas. En
suma, el ejército aliado contaría con unos 31.000-32.000 hoplitas y unos
2.600-2.700 jinetes. Desconocemos el número de tropas ligeras. Los
hallazgos exhumados en la excavación del túmulo de los macedonios

103
CAWKWELL, 1978, p. 148; GULER, 2014, p. 134.
104
KRENTZ, 1985.
105
Para los testimonios acerca de estas cifras vid. infra.

94
apuntarían a la presencia tanto de tiradores de jabalina como arqueros.
Al menos estos últimos, un cuerpo altamente especializado, pudieron
ser mercenarios. En todo caso, los beocios disponían de una numerosa
infantería ligera, los psilos, que ascendieron a 10.000 en la batalla de
Delión en 424 (Th. 4.93.3), y de un cuerpo de tropas ligeras que
combatía junto a la caballería, los hamíppoi pezoí, con el mismo número
de efectivos que la caballería106. En total, es posible que en Queronea
combatieran aproximadamente unos 80.000 hombres, 40.000 en cado
bando.
Los atenienses estuvieron mandados al menos por tres estrategos107,
Cares, Lisicles y Estratocles108, y entre los movilizados figuraron
Demóstenes109 y Démades, dos de los líderes de las facciones
antimacedonia y filomacedonia respectivamente. Los beocios estaban
mandados por los beotarcos, los principales magistrados de la
confederación beocia, que eran siete, aunque no sabemos si todos ellos
concurrieron en Queronea. Conocemos tan sólo el nombre de uno de
ellos, quizás el hegemónico, el beotarco tebano Teágenes, del que
Dinarco (1.74) dice que era el jefe de la falange110 y al que Plutarco
(Mor. 259 D-E) denomina general de los tebanos. Previsiblemente
debía ser el líder la facción antimacedonia de Tebas que se hallaba
enfrentado a los filomacedonios encabezados por Timolao111.

106
TH. 5.57.2; XEN. Hell. 7.5.24.
107
LYCUR. Leocr. 16.
108
AESCHIN. 3.143; DINARCH. 1.1; ROBERTS, 1982.
109
PLUT. Dem. 20.2, 21.2; Mor. 845 F; DINARCH. 1.12, 14; AESCHIN. 3.159.
110
Vid. también PLUT. Alex.17. 5-6.
111
DINARCH. 1.74; DEM. 18.48, 295; PLB.18.14.4. Timolao sería posteriormente
comandante de la guarnición de la Cadmea (ARRIAN. 1.7.1).

95
El desarrollo de la batalla de Queronea
Tomando como punto de partida una formación normal de ambos
ejércitos en dos líneas paralelas aproximadamente a la misma distancia
entre ellas, la mejor disposición, como apuntamos, quizás la única
posible, se encuentra justo a la entrada de la llanura de Queronea,
precisamente donde el río Cefiso no impide el despliegue, entre las
laderas del monte Acontio al norte y las proximidades del monumento
del León al sur. De otra forma, el río hubiera partido o comprimido las
líneas de frente de ambos o de uno de los ejércitos. La distancia
aproximada entre el monte Acontio y las colinas de Queronea es de
poco más de 2 kilómetros. Si todo el ejército macedonio se hubiera
alineado como una falange de 16 escudos en fondo, y dejando unos 90
cm por cada hombre, tendríamos una extensión de la línea de unos
1.700 metros, con espacio suficiente para acomodar la caballería y a la
infantería ligera en los flancos. No sabemos la profundidad de la falange
griega que pudo ser de 8, 12 o 16 escudos. Si se alineó de 12 escudos
en fondo, tendríamos unos 2.000 a 2.500 metros112. Sin embargo, esta
formación le parece a Jenofonte (Hell. 6.4.12) poco profunda y se podía

112
Entre 3 y 1,3 km (CORVISIER, 2012, pp. 83-85). HAMMOND, 1938, p. 206, 211:
un metro por hombre y una extensión del frente de 3 km. No sabemos cuándo la dékas,
la unidad táctica mínima de la falange macedonia, pasó de diez a dieciséis hombres,
cambio que se produjo entre el reinado de Filipo (FRONTIN. 4.1.6) y el año 324 en
época de Alejandro (ARRIAN. 7.23.3-4; HAMMOND, 1979, p. 419). CONNOLLY,
1981, p. 69, considera que esta reorganización se produjo entre 359 y 345; DEVINE,
1989, p. 105 piensa que tuvo lugar en 333. En el monte Pelión (ARRIAN. 1.12.6), en
335, Alejandro organiza la falange en ciento veinte líneas, lo que parece explicarse
mejor como múltiplo de 8, 12, 16 y no con una dékas de diez soldados. En este caso,
ya que Alejandro no habría tenido tiempo material para ello, la reorganización del
ejército en unidades de 16 escudos en fondo debería ser atribuida Filipo.

96
utilizar una más profunda de 16 escudos como ocurrió, por ejemplo, en
la batalla de Nemea en el año 394 (Xen. Hell. 4.3.18), y que se habría
aproximado a la profundidad de los macedonios, En todo caso, hay que
tener en cuenta que los tebanos, al menos, no parecen haber tenido
como costumbre alinearse de 8 o 12 escudos en fondo, sino que la
falange tebana, y posiblemente toda la beocia, era mucho más profunda.
Así, en la batalla de Delión los tebanos se alinearon en 25 escudos en
fondo (Th. 4.94.3), en Nemea en 394 hicieron la formación más
profunda (Xen. Hell. 4.3.18) y se desplegaron en 50 escudos en fondo
en la batalla de Leuctra en 371 (Xen, Hell. 6.4.12). De este modo, con
la alineación tradicional de los regimientos tebanos de unos 300
hombres, y con ellos los beocios, al menos de 25 en fondo, el frente de
combate aliado se habría acortado drásticamente113. En definitiva, una
extensión del frente de 2.000-2.100 pudo ser suficiente para acomodar
ambos ejércitos.
Por lo que se refiere a los macedonios, Filipo mandó una de las alas
y Alejandro tuvo la otra. Como los caídos tebanos tenían heridas de
sarisas y combatieron contra Alejandro, el príncipe dispuso de
regimientos de falangitas macedonios armados precisamente con
sarisas. Filipo contaba con las tropas escogidas, esto es, debemos
entender los hipaspistas, la guardia real, el contingente permanente y
profesional del ejército macedonio que alcanzaba los tres mil efectivos.
Esto significa que Filipo dividió a los macedonios en dos alas, situando
algunos, quizás la mayoría, de los regimientos de leva con Alejandro y

113
KROMAYER, 1903, p. 167, pensó que los tebanos adoptaron en Queronea una
profundidad de cincuenta escudos en fondo.

97
a los hipaspistas, armados con la dory hoplítica, y el resto de los
macedonios con él. Ello dejaría a los tesalios y a los demás aliados el
centro. Quizás Alejandro pudo tener en su flanco la caballería
macedonia y Filipo la muy experimentada caballería tesalia, que ocupó,
por ejemplo, una de las alas en la batalla del Campo de azafrán en 352.
Alejandro dispuso también en su flanco de infantería ligera y quizás
también Filipo.
El príncipe de Macedonia quedó enfrentado a los tebanos y al resto
de los beocios y Filipo a los atenienses. Frente a la reconstrucción
habitual de la batalla, los tebanos y el resto de los beocios pudieron
situarse en el ala izquierda de la formación, al sur, cerca del monumento
del León. El batallón sagrado debía ocupar precisamente el extremo del
ala de la falange beocia. Los atenienses ocuparían el ala derecha en el
norte, próximos al monte Acontio. Contra los atenienses Filipo ocupó
el ala izquierda macedonia y Alejandro sostuvo la derecha contra los
tebanos. Los aliados de ambos bandos quedaron en el centro. La batalla
se decidiría en las alas.

98
Figura 6. La batalla de Queronea (despliegue de los ejércitos).1. Queronea. 2. El
monumento del León. 3. El túmulo de los macedonios. 4. Agia Paraskevi
(¿Heracleo?). 5. Río Morios. 6. Río Hemón (Lykouressi). 7. Río Molos. 8. Paso de
Kerata.F = Filipo. A = Alejandro. AM = Aliados de los macedonios. AT =
Atenienses. AM = Aliados y mercenarios. B = Beocios.

Filipo contaba con dos elementos cruciales en los que superaba a sus
enemigos. En primer lugar, la superioridad armamentística de las
sarisas de su falange, lo que le daba mayor alcance, aproximadamente
entre dos y tres veces. Es decir, los falangitas macedonios podían herir
a sus contrarios a una mayor distancia que la dory de los hoplitas. Esta
ventaja podía utilizarse tanto para avanzar como para retroceder
ordenadamente planteando una táctica dilatoria. En segundo lugar, el
rey podía aprovechar también la mayor disciplina, experiencia y

99
preparación de los macedonios, especialmente de los tres mil hombres
de elite que componían la guardia real de infantería.
De acuerdo con Plutarco (Alex. 9.2), Alejandro fue el primero en
lanzarse contra el batallón sagrado tebano y contra los beocios en
general114. Es posible que este movimiento formara parte de una táctica
diseñada previamente por Filipo. Así, aceptando el relato de Polieno,
Filipo II pudo planear un doble movimiento con el objetivo de dislocar
la línea contraria, abriendo brechas entre los beocios y los atenienses
justo en el centro de la línea, que ocupaban los aliados115. De esta
manera, mientras Alejandro atacaba en el lado derecho, tratando de
empujar la línea tebana, Filipo hacia retroceder lentamente su ala,
planteando una batalla de desgaste, intentando atraer y alejar a los
atenienses, que serían seguidos por el centro de la formación, para
frenar su repliegue en un momento determinado y atacar cuando la línea
enemiga se hubiera estirado lo suficiente para que Alejandro pudiera
romperla116. Así, el rey retrocedió mientras los atenienses embestían
impetuosamente y cuando éstos estaban cansados, interrumpió la
retirada y les atacó. Antes, Alejandro habría abierto brecha en los
contrarios en varias partes (Diod. 16.86.3-4), lo que sería aprovechado
para provocar un envolvimiento de la línea beocia, con la falange de
frente y a la izquierda del ala y con la caballería y la infantería ligera
por el flanco derecho de la formación macedonia (Diod. 16.86.3-5). No

114
PLUT. Alex. 9.2: λέγεται πρῶτος ἐνσεῖσαι τῷ ἱερῷ λόχῳ τῶν Θηβαίων. Vid.
RAHE, 1981.
115
HAMMOND, 1938, p. 207-209; Cf. PRITCHETT, 1958, p. 310 considera un
vacío entre la derecha y el centro, en el río Hemón.
116
POLYAEN, 4.2.2, 7; FRONTIN. 2.1.9; HAMMOND, 1938, p. 208.

100
es necesario, por lo tanto, postular una carga frontal de la caballería
contra una falange de infantería pesada que hubiera roto el frente
tebano117. Luego de esta ruptura de Alejandro, Filipo, a su vez, quebró
la línea ateniense. La última parte de la batalla vio a una parte del
ejército enemigo copado, muerto o apresado. El resto huyó. El batallón
sagrado mantuvo su posición y fue completamente rodeado y
aniquilado por Alejandro. Asimismo, y de acuerdo con Justino (9.3.10),
muchos atenienses murieron de frente y cayeron donde les ordenaron
sus comandantes, otros muchos fueron hechos prisioneros, unos dos
mil, y otros más lograron escaparse. Quizás los muertos en combate
alcanzaron la cifra de 5.000118, la mayor parte de los aliados. Filipo
había ganado el día y toda Grecia.

Figura 7. La batalla de Queronea (desarrollo). 1. Queronea. 2. El monumento del


León. 3. El túmulo de los macedonios. 4. Agia Paraskevi (¿Heracleo?). 5. Río
Morios. 6. Río Hemón (Lykouressi). 7. Río Molos. 8. Paso de Kerata. F = Filipo. A
= Alejandro. AM = Aliados de los macedonios. AT = Atenienses. AM = Aliados y
mercenarios. B = Beocios.

117
RAHE, 1981, pp. 85-86.
118
CORVISIER, 2012, pp. 101-102.

101
Victorioso, el rey de Macedonia liberó a todos los prisioneros
atenienses sin rescate119. Sin embargo, el trato hacia Tebas fue diferente
y muy severo. Los prisioneros fueron entregados, pero sólo a cambio
del pago de un rescate, se dejó enterrar a los muertos en combate, pero
se exigió el pago por el terreno en que éstos descansaban (Justin. 9.4.6).
Mediante el tratado de paz, que se firmó posteriormente, Tebas tuvo
que desprenderse de Oropo, que pasó a manos de Atenas. Los
supervivientes de Platea, que los tebanos habían expulsado, fueron
reinstalados. Tespias y Orcómeno recuperaron sus derechos políticos
federales y, aunque la confederación beocia no fue disuelta, Tebas
perdió el control sobre la misma. A los tebanos se les prohibió tener
representación en el consejo anfictiónico y en cualquiera otra
institución anfictiónica y se estableció una guarnición en la Cadmea del
mismo modo que en Cálcide, Corinto y Ambracia. Los líderes políticos
antimacedonios fueron ejecutados o se vieron obligados a exiliarse y
sus propiedades fueron confiscadas. Los anteriores exiliados,
partidarios de Filipo, regresaron y juzgaron a sus conciudadanos. En

119
DEMADES 1.9; LYCUR. Leocr. 142; PLUT. Mor. 177 E-F; PLB. 5.10.4; 22.16;
JUSTIN. 9.4.4-5: los libera sin rescate y rinde honores a los caídos atenienses, que
son conducidos por Antípatro y Alejandro a Atenas. En PLUT. Mor. 849 A: permite
el rescate de los cadáveres de los atenienses caídos. Loa atenienses muertos en la
batalla tuvieron unos funerales espectaculares (LYCUR. Leocr. 45; PLUT. Mor. 838
B). Así, aquellos valientes (LYCUR. Leocr. 144) fueron enterrados en exequias
públicas en una tumba colectiva con dísticos grabados (LYCUR. Leocr. 45, 142;
AESCHIN. 3.152; PAUS. 1.29.13) y Demóstenes pronunció el discurso fúnebre en su
honor (DEM. 18.285; AESCHIN. 3.152; PLUT. Mor. 845 F). Vid. para el trato dado
a Atenas y las condiciones impuestas a la ciudad: ROEBUCK, 1948, pp. 80-82;
BUCKLER, 2003, pp. 505-506. Demóstenes pronunció el discurso en honor de los
muertos en combate (DEM. 18.285; AESCHIN. 3.152; PLUT. Mor. 845 F)

102
Tebas se estableció una oligarquía, cuyo núcleo principal residió en un
consejo formado por trescientos miembros. Filipo había tratado a Tebas
como un aliado que le había traicionado120. Tres años después la ciudad
sería completamente arrasada por Alejandro121.

120
DÉMADES 1.13; JUSTIN. 9.4.7; MOMIGLIANO, 1934, p. 159; CAWKWELL,
1978, p. 167; GRIFFITH (en Hammond/Griffith), 1979, pp. 610-611; HAMMOND,
1994, pp. 156-157; GARLAND, 2016, pp. 151-155. Sobre Oropo: DEM. 8; HYP.
3.16; SCHOL. (Dilts 176); PAUS. 1.34.1. Para las condiciones de la paz: ROEBUCK,
1948, p. 80; CAWKWELL, 1978, p. 167; HAMMOND, 1994, pp. 156-157. En
general sobre el período posterior a la batalla puede verse: ANTELA BERNÁRDEZ,
2011.
121
PLUT. Mor. 327 C.

103
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109
110
CANNAS: ANÍBAL CONTRA ROMA

CANNAE: HANNIBAL VS ROME

Miguel de Rojas Mulet


Instituto de Historia y Cultura Militar
Resumen:
Este ensayo trata de la campaña en la península Italiana de Aníbal
Barca durante la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a Cartago y a
Roma, y sobre el clímax de la confrontación, la batalla de Cannas. Tras
situar la lucha en el marco adecuado, estudiaremos la batalla,
describiendo antes las circunstancias de cada rival, y a continuación su
desarrollo y resultado. Analizaremos más adelante las consecuencias
del choque y el uso que cada bando hizo del mismo. Finalmente,
analizaremos las repercusiones que Cannas tuvo en la Historia,
incluyendo otras batallas que se desarrollaron de acuerdo con las
tácticas y procedimientos puestos en práctica por Aníbal. El trabajo
finaliza con un resumen y algunas conclusiones sobre el evento y sus
consecuencias.

Palabras clave:
Guerras Púnicas, Aníbal, Ejército cartaginés, Legiones romanas,
Cónsul, Cannas.

Abstract:
This presentation deals with the Italian Peninsula campaign of
Hannibal Barca during the Second Punic War, fought between Carthage
and Rome, and the climax of the confrontation, the Battle of Cannae.
After setting this confrontation in the proper framework, we will
analyze it, describing the circumstances of each rival. We will then
consider its development and outcome, and we will analyze the clash´s
consequences and the use that each band gave to the event. Finally, we
will study the transcendence that Cannae had in History, including other
111
battles that were fought according to the tactics and procedures put into
practice by Hannibal. The work ends with a sum up and some
conclusions on the event and its consequences.

Key words:
Punic Wars, Hannibal, Carthaginese Army. Roman Legions. Consul.
Cannae.

Introducción

Se estudia aquí la batalla de Cannas, enfrentamiento que constituyó


el clímax de la campaña de Aníbal en Italia durante la 2ª Guerra Púnica
(218-201 a.C.). El conflicto enfrentó a dos potencias rivales en el
Mediterráneo central y occidental, Roma y Cartago, y vio brillar a uno
de los mayores genios militares de todos los tiempos. Antes de pasar a
describir el choque, consideraremos brevemente los contendientes y el
contexto en el que tuvo lugar el enfrentamiento entre el pueblo semítico
y el latino. A continuación, iremos viendo cómo el acontecimiento que
nos ocupa fue el punto culminante de una campaña de ¡16 años! en
Italia, en la que el púnico mostró sus dotes como conductor de hombres,
como genial táctico y como consumado logista, y donde obtuvo la
victoria que le da un lugar preferente entre los grandes generales de la
Historia Militar Universal.

Antecedentes
a) Cartago:
Fundada por colonos fenicios procedentes de Tiro en el siglo VIII
a.C., la ciudad-estado se consolidó sobre la costa norteafricana cerca de

112
la actual Túnez, como una potencia regional comercial, económica y
militar. Desarrolló una forma de gobierno republicana, con un Senado
y dos Sufetes (Jueces) que ejercían anualmente la Jefatura del Estado,
a similitud de los Cónsules romanos. Herederos de la tradición fenicia,
se asentaron los púnicos en la región media y occidental del
Mediterráneo, y establecieron en sus costas una red de puertos seguros
que servían de refugio a su flota mercante y de base de operaciones para
sus intercambios con el interior continental.
En el litoral septentrional africano, a partir del siglo VI a. C. se
hicieron con el control de las antiguas colonias de su metrópoli y
llegaron a dominar la franja costera desde el Estrecho de Gibraltar hasta
Libia. Entre los archipiélagos de la región, ocuparon puertos en el oeste
de Sicilia, y Córcega, Cerdeña y las Baleares por completo, mientras
que en la costa europea ocuparon el sur de la Península Ibérica. Las
factorías comerciales que explotaban se convirtieron paulatinamente en
colonias de poblamiento, en un entorno de rivalidad permanente con las
vecinas colonias griegas, en particular en Córcega y Sicilia. La
prosperidad mercantil les permitió proteger, apoyar y ampliar el número
de sus establecimientos y colonias, con la cobertura armada de un
ejército profesional.

b) Roma:
Fundada según la tradición en el 753 a.C., 70 años después que
Cartago, su forma de gobierno fue monárquica los primeros dos siglos
y medio de existencia, para constituirse a continuación en República,
con dos Cónsules que ejercían anualmente la Jefatura del Estado. Los

113
romanos se adueñaron de su península en una lucha continua que ocupó
sus comienzos como nación, y que cimentó su tradición guerrera.
Asentada la nación como poder regional, sufrió invasiones de tribus
procedentes del Norte como celtas y germanos (cimbrios, teutones), y
forjó, por conquista o mediante tratados, una red de alianzas con los
pueblos vecinos en la Península (samnitas, latinos, celtas). En la Magna
Grecia (Italia meridional y Sicilia) se enfrentó (280-275) a Pirro, rey
del Epiro quien desde la orilla opuesta del Adriático apoyaba a las
“polis” helénicas de la zona, que Roma terminó sometiendo.

c) Relaciones romano-cartaginesas.
El trato entre estas repúblicas vecinas fue inicialmente pacífico, y se
reguló mediante la firma de cuatro tratados, entre el año 509 a.C. y el
279 a. C.
Mediado el siglo III a. C., Roma crecía política y económicamente,
y sus intereses chocaron con los de Cartago, que controlaba el comercio
a sus puertas, en su zona natural de expansión sobre el Mediterráneo, y
en particular sobre las islas del Tirreno. La coincidencia de una potencia
en expansión y de otra ya consolidada, derivó inevitablemente en
enfrentamiento. En 275 a. C. tuvo lugar el primer contacto físico entre
ambas, cuando los romanos alcanzaron el extremo suroccidental de la
Península, frente a Sicilia y a escasos 15 Km de los asentamientos
cartagineses de la isla. Allí, la ciudad de Messina fue objeto de disputa
entre ambas repúblicas. Diez años después, el contencioso sobre esta
metrópoli, junto a querellas locales desembocaron en el primer

114
conflicto a gran escala de los rivales, la 1ª Guerra Púnica (264-241 a.
C.). (ver figura 13).
Comenzó así una lucha por la hegemonía regional que con intervalos
se prolongaría durante casi 120 años y se materializaría en tres
enfrentamientos en los que Roma intentó anular a la potencia
cartaginesa y ocupar su lugar de privilegio comercial y militar en la
región, mientras los púnicos buscaban mantener el statu-quo y
neutralizar la acción de su rival. En el momento de su enfrentamiento,
ambas naciones contaban cada una con unos tres millones de habitantes.
En la primera de las tres contiendas, la incipiente potencia latina
consiguió hacerse con la victoria, arrebató el control de Sicilia, Córcega
y Cerdeña a sus contrincantes y terminó con la infraestructura y el
sistema comercial de éstos en el Mediterráneo Central y Occidental,
ganando a la vez la supremacía naval e imponiéndoles fuertes
indemnizaciones de guerra. La derrota provocó levantamientos en
África de los mercenarios que habían combatido al servicio de Cartago,
descontentos por la pérdida de sus retribuciones. Amílcar Barca
sometió a los rebeldes, a los que sospechaba instigados por Roma, tras
cinco años de lucha. Según cuenta Tito Livio, fue al terminar esta
campaña cuando el General hizo jurar a su hijo Aníbal, de nueve años
de edad, odio eterno contra los romanos. (Tito Livio, Ab Urbe Condita,
XXI).
Para compensar la pérdida de las islas y del entramado comercial
asociado, y hacer frente a los pagos exigidos como indemnización,
Cartago decidió hacerse con el control de la Península Ibérica
consolidando y ampliando su presencia allí. Buscó así explotar sus

115
recursos, en particular las minas de donde obtener los metales
necesarios para mantener su economía y pagar las indemnizaciones, así
como a sus tropas. La humillante derrota sufrida y las abusivas
condiciones de paz impuestas por los vencedores habían alimentado las
ansias de revancha púnicas, con lo que los nuevos territorios debían
servir, a la vez, como base de operaciones para el proyectado
enfrentamiento con su rival latino, además de constituir una fuente
importante de potencial humano para el ejército y la explotación de las
minas. Desde el 236 a.C., los púnicos se hicieron con el control de
buena parte de la Península, apoyándose en asentamientos fenicios, y
fundando Cartagena.
Roma, preocupada por estas iniciativas de los africanos, intentó
contrarrestar su influencia en las regiones orientales ibéricas al N. y S.
del Ebro, y aprovechó las rivalidades entre los pueblos autóctonos y sus
conflictos internos, formando un frente favorable a sus intereses, rival
del que apoyaba a los púnicos. Pronto surgieron rivalidades con
Cartago, que se solventaron momentáneamente delimitándose áreas de
influencia en el llamado “Tratado del Ebro”. Este adjudicaba al control
romano la región al Norte del río, y al cartaginés los situados al Sur. La
rivalidad mutua latente estalló en 219 a. C. con la toma por los
norteafricanos de Sagunto, ciudad que se había aliado con Roma, con
lo que técnicamente incurrió en una violación del mencionado tratado.
El incidente se agravó y se rompieron las hostilidades, con lo que
comenzó la 2ª Guerra Púnica. (ver figura. 1)

116
Figura. 1. Representación en mapa de la Primera y Segunda Guerra Púnica
(PIMLOTT, 1998)

Segunda Guerra Púnica (218-201 a.c.): Ejércitos cartaginés y


romano

Ejército cartaginés
Cartago no contaba con un ejército de ciudadanos y gracias a su
riqueza pudo permitirse mantener una fuerza permanente mercenaria.
Esta, en concreto, en el s. III a. C., estaba al mando de generales
profesionales, entre los que destacaba la dinastía de los Barca, que
proporcionó una saga de excelentes militares. Nombrados al frente de

117
las tropas por el Senado o la Asamblea, se hicieron con el control de
Hispania y se enfrentaron con éxito al poder romano. Los principales
protagonistas fueron:
Amílcar Barca (270-228 a.C.) Primer miembro de la dinastía, Polibio
lo considera uno de los grandes generales de la Antigüedad. En 236 a.
C. comenzó la conquista de Hispania muriendo en 228 a.C., durante las
revueltas oretanas.
Asdrúbal “el Bello” (270- 221 a.C.) yerno del primero, le acompaño
en su campaña ibérica y le sucedió como General en Jefe a su muerte.
Fundó Cartagena (Qart Hadasht, ciudad nueva), y firmó en
representación de Cartago el Tratado del Ebro con la República
Romana. Murió asesinado por un esclavo.
Aníbal Barca (247- 183 a.C.). Hijo de Amílcar, el caudillo cartaginés
pudo, según teorías apócrifas, haber nacido en las Islas Baleares, donde
su padre fue gobernador. Excelente estratega y militar, tras la muerte de
su cuñado le sucedió en el mando del ejército púnico.
Asdrúbal Barca (245- 207 a.C.). Hermano mayor de Aníbal,
combatió con éxito en Hispania, murió en Italia al frente de un
contingente destinado a reforzar a su hermano.
Magón Barca (243- 203 a.C.). Hermano menor de Aníbal, fue su
lugarteniente en Italia, donde destacó su actuación en Cannas.

Sus tropas eran de tres tipos:


 Mercenarios, combatientes aislados o agrupados
que luchaban por dinero.

118
 Aliados, tropas que colaboraban dirigidas por sus
propios mandos.
 Auxiliares, reclutados a la fuerza entre los
pueblos sometidos por Cartago.

Entre las unidades púnicas había una presencia importante de iberos,


dado que las regiones del sur de Hispania a menudo sustituían el pago
directo de impuestos por la aportación de contingentes de soldados, a
los que solían unirse voluntarios a sueldo. La primera referencia fiable
de empleo de éstos al servicio de los africanos la encontramos en el año
480 a. C, cuando se nos dice que combatieron en Siracusa (Sicilia)
contra los griegos (Heródoto. Historias. VII.165). A partir del s. IV a.
C. se extiende su empleo, en particular en la mencionada isla, que por
aquél entonces estaba en buena parte bajo control cartaginés. Ya
durante la 2ª Guerra Púnica, en todas las batallas de la misma, los
cronistas mencionan la participación destacada de combatientes
hispanos: caballería, infantería pesada y ligera, estos últimos en su
mayoría honderos baleares. Como arma principal de esta infantería se
encontraba la “falcata”, espada eficaz en el combate cuerpo a cuerpo,
que podía ser empleada como arma de filo (para asestar tajos) o de
estocada. En cuanto al resto de componentes del ejército púnico durante
la campaña, era considerable la presencia de caballería númida, y de
infantería libia y mauritana junto a numerosos contingentes celtas
procedentes de la Galia Cisalpina.

119
Ejército romano
Sobre las instituciones militares de la Antigua Roma nos habla el
historiador Flavio Vegecio Renato, en su obra del siglo V d.C., y nos
dice cómo la disciplina romana fue la causa de su grandeza:

«La victoria en la guerra no depende completamente del número o


del simple valor; sólo la destreza y la disciplina la asegurarán.
Hallaremos que los Romanos debieron la conquista del mundo a
ninguna otra causa que el continuo entrenamiento militar, la exacta
observancia de la disciplina en sus campamentos y el perseverante
cultivo de las otras artes de la guerra».

La época republicana, comenzada en 510 A.C., supuso una


revolución social, política y militar respecto a la monarquía precedente.
Fue entonces cuando se conquistó el Lacio y el Mediterráneo Central,
a partir del 261 A.C., desplazando a Cartago de la región y ocupando
su lugar.
El ejército romano era mandado por los cónsules elegidos
anualmente (2), cada uno al frente de dos Legiones, que rotaban en el
Mando supremo, “controlándose” mutuamente, y debían seguir las
instrucciones impartidas por el Senado. Esta particularidad provocó
varios fracasos significativos, sea por la inexperiencia de los cónsules
o por la rivalidad entre los mismos. Este fue el caso que se verá más
adelante, de la Segunda Guerra Púnica, que comenzó con dos cónsules
al mando y tras tres derrotas consecutivas pasó a designarse un
“Dictador” que durante seis meses ejerció el Mando exclusiva y
personalmente, teniendo a los Cónsules subordinados. Tras volver al
sistema de cónsules, enfrentados a la catástrofe de Cannas, aprendieron
los romanos de sus fallos, y en lo sucesivo nombraron como
120
comandantes solamente a soldados de probada eficacia, que ejercían el
mando, en caso de necesidad, más allá del término temporal habitual
(MOMMSEN, 2011).
Entre los generales destacados de la época, mencionaremos a los
siguientes:
Publio Cornelio Escipión “el Viejo” (¿- 211 a.C.). Fue cónsul en 218,
y combatió a los cartagineses en Italia e Hispania. Enfrentado al
caudillo púnico, fue vencido en Tesino, donde resultó herido, y volvió
a ser batido en Trebia. De vuelta a la Península Ibérica, sufrió ante
Asdrúbal una derrota que le costaría la vida en la batalla del “Betis
Superior”.
Cneo Cornelio Escipión, hermano del anterior. Fue vencido y
muerto junto a él.
Publio Cornelio Escipión “el Africano” (235 a 183 a. C.), hijo del
primero, a la muerte de éste se hizo cargo del mando de las fuerzas
romanas en Hispania, donde continuó su lucha contra Cartago. Cónsul
en 205 a.C. Vencedor en Zama (202 a.C.).
Tiberio Sempronio Longo (260-210 a. C). Cónsul junto a Publio
Cornelio, fue derrotado con él en Trebia.
Cayo Flaminio Nepote (¿-217 a. C). Cónsul en 217 a. C. Vencido y
muerto por Aníbal en la batalla del lago Trasimeno.
En el aspecto táctico, se produjo el cambio de formación de la
relativamente rígida Falange, de procedencia griega, a la más flexible
Legión Manipular. Esta articulación parece ser que la copiaron los
romanos de los samnitas, pueblo del sur de la Península Itálica al que
sometieron, después de tres guerras que se prolongaron por espacio de

121
50 años (343-290 A.C.). Se desarrollaron igualmente la capacidad de
emplear las fortificaciones de campaña y las técnicas de sitio de plazas
fuertes.
La Legión tenía una entidad de unos 4.000 hombres, y se
estructuraba en 30 manípulos. Su composición era mayoritariamente de
infantería, apoyada por tropas ligeras y caballería. Las naciones aliadas
proporcionaban unidades comparables en tamaño y procedimiento de
combate a las romanas.
En cuanto a sus efectivos combatientes, el Ejército republicano se
encontraba, en el siglo III a.C., en continuo desarrollo y
perfeccionamiento. Roma, que fue durante mucho tiempo un estado
agrario y relativamente pobre, formaba sus Legiones cuando eran
requeridas para la defensa o para conquistar nuevos territorios,
disolviéndolas al finalizar la necesidad. En esa época no existía aún la
figura del Legionario profesional, y las tropas consistían en una milicia
de ciudadanos, con mayoría de pequeños propietarios rurales,
“ciudadanos en armas”, que eran movilizados y licenciados a la vez que
su Unidad. Esta particularidad pesó en contra de los latinos que, con
tropas escasamente adiestradas, y mandadas de manera no siempre
competente, se enfrentaron a los experimentados soldados púnicos.
La Legión Manipular:
En primera línea del despliegue de esta unidad combatían los Vélites
(40 por manípulo), seguían tres líneas: una primera de Hastati, otra de
Príncipes y en retaguardia los Triarii.
Los Vélites formaban la Infantería auxiliar, dotados de espada,
venablos y escudo, y encargados de comenzar la lucha arrojando sus

122
jabalinas, dejando a continuación actuar al resto de combatientes. Estos
se escalonaban por edad, situándose en vanguardia los más jóvenes,
Hastati, con armadura ligera, espada, escudo y un par de “pila”
(jabalinas), que llevaban el peso del choque inicial. La siguiente línea,
de Princeps, la formaban hombres adultos y estaban equipados con
armamento de mejor calidad que los anteriores. Su función era
completar los efectos de estos, y su entrada en acción implicaba
normalmente que el signo del combate se resolviese del lado romano.
Por último, desplegaban los Triarii, soldados más veteranos que
combatían en retaguardia, empleando una lanza larga en lugar de las
jabalinas, y que se encargaban de proteger el repliegue de la Legión en
caso de un desarrollo desfavorable de la lucha. En las alas desplegaban
los 300 équites distribuidos en 10 Turmas, con 300 jinetes.
En la época que nos ocupa había cuatro legiones permanentes,
asignadas dos a cada cónsul, reclutándose en caso necesario unidades
adicionales. Las naciones aliadas se comprometían a aportar una legión
para apoyar a cada una de las romanas. El hecho de que los latinos
necesitasen doblar sus contingentes demuestra la carencia de fuerzas
que sufrían. A esa disfunción cuantitativa se añadía la ya mencionada
deficiente preparación de unas tropas que además contaban con escasa
o nula experiencia de combate. Con el tiempo, sin embargo, Roma
aprendió de sus errores, y Escipión en concreto entrenó en Sicilia
durante un año a sus legionarios antes de pasar a África, donde en Zama
pudo presentar un ejército bien preparado y exclusivamente formado
por ciudadanos romanos, junto a la caballería númida de Masinisa. Esta
tendencia a la profesionalización se materializaría definitivamente un

123
siglo después con las reformas llevadas a cabo por Mario (FEDERICI,
2000).
Veremos a continuación un resumen de su armamento y equipo: El
ejército romano fue perfeccionándose paulatinamente, y tomó buena
parte de sus rasgos característicos, en particular el armamento, de los
pueblos a los que combatió. Así, adoptó el casco, el escudo y la cota de
malla galos, la espada corta “gladius”, procedente del “Gladius
Hispanensis”, de origen celtíbero, espada con hoja recta y punta afilada,
cortante por ambos lados y que se utilizaba preferentemente para asestar
estocadas. Asimismo, adoptó y utilizó profusamente la jabalina samnita
“pilum”. De griegos y cartagineses, por último, copió las máquinas de
asedio y las tácticas de caballería (LIBERATI, 1992, pp. 55-56).

Segunda Guerra Púnica: La Campaña de Aníbal en la Península


Itálica

Como pretexto para declarar la segunda de las contiendas tomó


Roma la conquista de su aliada Sagunto por Aníbal. Comenzadas las
hostilidades los latinos, al conservar la supremacía naval que habían
conseguido en la Primera de las conflagraciones, y confiados en la
fortaleza natural de la barrera de los Alpes como escudo protector de su
Península, buscaron llevar la lucha a África y la Península Ibérica. Para
ello, resolvieron enviar dos escuadras a ambos Teatros de Operaciones,
con los hermanos Escipión al mando. Esta decisión de abrir frentes de
combate lejos de Roma no era novedosa, pues ya habían enviado una
expedición armada a África durante la 1ª Guerra Púnica.

124
Aníbal, en un genial movimiento estratégico, en lugar de esperar a
sus adversarios en Iberia tomó la iniciativa y emprendió la marcha hacia
la Península Itálica. Para ello debió utilizar necesariamente la vía
terrestre, dada su mencionada inferioridad naval, y al hecho de contar
entre sus fuerzas con numerosa caballería y elefantes africanos. Esta
audaz decisión y la rapidez de sus movimientos sorprendieron a los
romanos, cuya flota se encontraba en Marsella. Para contrarrestar la
maniobra del cartaginés, uno de los ejércitos, el previsto para África, al
mando de Publio Cornelio, intentó detenerle sobre el rio Ródano, y el
otro continuó, a cargo de su hermano Cneo, hacia la Península Ibérica.
El conflicto se desarrolló de manera simultánea en la Península
Itálica y la Ibérica, y a continuación vamos a centrarnos en la lucha que
tuvo lugar en la primera de las penínsulas.

Desarrollo general. (ver figura. 2)

La campaña de Aníbal en Italia es uno de los acontecimientos


militares-históricos más notables de la Historia Militar, y para
considerar su importancia debemos tener en cuenta que, por ejemplo, la
campaña de Alejandro Magno en Oriente duró 10 años. Durante su
desempeño, Aníbal dio muestras de su valía como conductor de
hombres, como táctico genial y como logista consumado.
Ejecutadas entre los años 218 y 203 a.C., se dieron durante las
operaciones numerosos enfrentamientos, escaramuzas y batallas, con
cuatro victorias consecutivas del cartaginés en los tres primeros años
del conflicto. Permaneció éste a continuación en la Península sin

125
imponerse decisivamente sobre sus rivales, y sin ser derrotado por
éstos, hasta que el desembarco de Escipión en suelo africano le obligó
a abandonar la Península.

Marcha hacia Italia. Llegada a la Galia Cisalpina

En 218 a. C, tras cruzar los Pirineos, atravesaron los africanos la


Galia meridional hacia el macizo alpino, y se impusieron en el Ródano,
al norte de la actual Aviñón, a un contingente de Volcos, galos aliados
de Roma, que le impedían el paso, en la conocida como “Batalla del
cruce del Ródano” (septiembre 218 a. C.). La progresión por los Alpes
fue problemática, por la dificultad del terreno, la climatología y el
hostigamiento de las tribus locales, que produjeron un desgaste
considerable en el ejército invasor. Este llegó, finalmente, tras 6 meses
de marcha, en otoño de 218 a.C. con un total de 20.000 infantes y 6.000
jinetes al norte de la Península, el Valle del Po.

La campaña en Italia. Estrategias de los contendientes:

Cartagineses:
Aníbal mostró en este conflicto su genio táctico y estratégico,
además de logístico. Al invadir territorio de Roma buscaba
aparentemente, más que atacar a esta directamente, desprestigiarla y
romper su política de alianzas, pues su rival, como potencia en
crecimiento que era, dependía en buena medida de su sistema de pactos
con los pueblos vecinos, conquistados o asociados, “federados”.
Comenzada su campaña, encontró el caudillo Púnico en el valle del Po,

126
habitado por celtas hostiles a la Metrópoli, una excelente base de
operaciones y fuente de efectivos, reclutando allí numerosos
contingentes. Tras su victoria en Cannas el africano, en lugar de
dirigirse contra la capital enemiga prosiguió su política de ganar
aliados, arrebatándoselos al rival, para lo que, entre otras medidas,
después de cada victoria liberaba a los prisioneros no romanos que
habían caído en su poder.

Figura. 2 (PIMLOTT, 1998).

127
La lucha se prolongó más de 15 años, lo que demuestra los
problemas del cartaginés para conseguir una ventaja decisiva sobre sus
oponentes, quienes a su vez se vieron incapaces de imponerse al
invasor, pese a combatir en suelo propio y disponer de todos los
recursos humanos y materiales de que carecía el púnico.

Romanos:
Roma buscó inicialmente la eliminación física del invasor. A medida
que esta intención se frustraba, y tras las sucesivas derrotas, se impuso
la cautela, y después de la batalla de Trasimeno se eligió de manera
excepcional como dictador a Quinto Fabio Máximo. Éste eludió la
confrontación directa con el enemigo, al que intentaba desgastar
mediante hostigamientos y escaramuzas, además de privarle de sus
fuentes de abastecimiento, procedimientos que se conocieron como
“tácticas fabianas”122.
La falta de resultados concretos provocó la impaciencia de la
población, y el Senado dio por terminada esta modalidad estratégica, se
nombraron de nuevo dos cónsules, y se buscó un choque que pretendía
ser definitivo. Sobrevino así en Cannas de nuevo otro desastre, esta vez

122
Nota: Las “tácticas fabianas” se emplearían posteriormente con asiduidad:
Vercingetórix contra Cesar en la Galia, Bertrand Du Guesclin contra los ingleses en
la Guerra de los 100 años, George Washington contra los ingleses en la Guerra de
Independencia Norteamericana, y finalmente, el ejército ruso ante la “Grande Armée”
de Napoleón durante la invasión francesa de Rusia (1812). Todas ellas seguían el
mismo modelo: ejércitos que habían sido derrotados en campo abierto o no tenían
capacidad para plantear una batalla campal, eludían la confrontación directa,
aplicaban una táctica de “tierra quemada”, acosaban las líneas de suministro y
comunicación del contrario, buscando desgastarle y desmoralizarle.

128
aún de mayor entidad que los anteriores, tras lo cual se volvió a la
confrontación indirecta original.
Con el transcurso del tiempo, al comprobar Roma que no podía
derrotar ni expulsar al cartaginés de su territorio, decidió la ya probada
estrategia de llevar la lucha a terreno enemigo, en África, con las
consecuencias que veremos más adelante.

Liderazgos

Cartagineses: Aníbal
Durante la campaña, el Bárcida se mantuvo a la cabeza de un
contingente de fuerzas heterogéneo, donde combatían hasta 10
nacionalidades, en una época en la que no eran infrecuentes los
amotinamientos de las tropas contra sus capitanes; sabemos, por
ejemplo, que un siglo antes, durante la campaña en Asia, las tropas de
Alejandro Magno se habían rebelado contra los planes de este de
proseguir combatiendo, y en las orillas del Indo le obligaron a terminar
su avance victorioso. Igualmente, al finalizar la Primera Guerra Púnica,
hemos visto cómo 20.000 mercenarios que habían combatido por
Cartago se amotinaron ante la falta de paga, volvieron sus armas contra
sus antiguos señores, y sólo fueron sometidos tras una cruenta campaña
de cinco años que provocó 50.000 bajas. Por el contrario, Aníbal, tras
ganar ya en Hispania un prestigio considerable personal, militar y
político, mostró con su carisma la capacidad de conducción de hombres,
en un entorno hostil, alejados de sus bases de operaciones, desprovisto

129
de apoyos y sin una esperanza clara de poner fin a la lucha. (CABEZAS,
2013, p. 93)123.
Romanos:
El ya explicado sistema romano de otorgar el mando del ejército, de
manera rotativa a los dos cónsules del año implicaba una sucesión de
comandantes, cuyas cualidades militares no siempre eran las adecuadas,
lo que incidía negativamente en la operatividad de sus tropas, mientras
por el contrario el Púnico gozaba de una continuidad que favorecía la
buena marcha de sus operaciones.

Logística

Desde el punto de vista del abastecimiento, el caudillo púnico


consiguió mantener operativa una fuerza considerable, con un
importante componente montado, durante un período prolongado de
tiempo, viviendo en tierra hostil sobre el terreno. Ello se logró, pese a
las dificultades encontradas, pues a la necesidad diaria de alimentar a
las tropas y a los numerosos prisioneros se añadía la carga logística de
mantener a la caballería. Al vivir “del país”, la explotación local debía
realizarse con cautela, pues si se agotaban los recursos de la zona se
corría el riesgo de enajenarse la voluntad de los habitantes a los que se
quería ganar para su causa. Ello explicaría el itinerario, aparentemente
errático, del cartaginés, obligado a cambiar a menudo sus bases de
operaciones - y de aprovisionamiento- buscando otras nuevas.

123
Citando a Quesada en Aproximación a la logística militar del ejército de Aníbal

130
Desarrollo de la campaña

La llegada de los púnicos al norte de Italia en 218 sorprendió a los


romanos en sus cuarteles de invierno, y cuando estos consiguieron
armar un ejército para oponerse al invasor, fueron derrotados
sucesivamente junto al río Tesino y en Trebia.

En el valle del Po, habitado por celtas hostiles a la Metrópoli,


encontró el general africano una excelente base de operaciones y fuente
de efectivos, y en esa región reclutó numerosos contingentes. Habiendo
penetrado en Liguria, estableció sus cuarteles de invierno junto a la
costa, donde permaneció hibernando hasta comienzos de 217.
Retomada su progresión hacia el sur, atravesó con dificultad las
marismas del Arno y alcanzó la región del Lago Trasimeno, en la Italia
central. Allí, como durante toda su campaña, se dedicó a hacer
proselitismo entre los locales, mientras hostigaba las líneas de
suministro de víveres a la capital, donde tras las dos derrotas sucesivas
habían sido elegidos cónsules Servilio Gémino y Cayo Flaminio. El
cartaginés se encontraba acampado cerca del lago Trasimeno y había
asolado la región, lo que precipitó el ataque del segundo de los cónsules,
que marchó con el contingente a su mando, sin esperar refuerzos del
resto del ejército, y sin tomar, aparentemente, las necesarias
precauciones tácticas de seguridad. Cayeron los romanos en una
emboscada preparada por Aníbal con la ayuda del terreno abrupto y el
obstáculo del lago, y sufrieron una contundente derrota, resultando
muerto su comandante, el Cónsul Cayo Flaminio (junio, 217 a.C.).

131
Roma, situada a unos 140 km., quedó desguarnecida, y sin embargo
el vencedor no se decidió a atacarla directamente. Allí, vista la
magnitud del desastre, se eligió dictador al mencionado Quinto Fabio
Máximo, quien a continuación llevó a cabo una estrategia de desgaste,
persiguiendo al cartaginés, pero evitando una confrontación directa con
el mismo. Tras penetrar más al sur en Campania, y prosiguió su marcha
hacia Apulia, donde pasó el invierno de 217-216. Continuó igualmente
su campaña de saqueo y hostigamiento a las líneas de abastecimiento
de la capital, tratando como hemos dicho, a la vez que debilitar a su
adversario, de ganar adeptos entre sus aliados al demostrar que Roma
no era capaz de defenderse a sí misma. Cuando Aníbal, cuyas fuerzas
habían pasado un invierno de privaciones, se apoderó de unos depósitos
de víveres desprotegidos en las inmediaciones de Cannas, los generales
electos marcharon con sus legiones contra el cartaginés y chocaron con
el mismo en el lugar.

Cannas: La Batalla. Desarrollo y Desenlace (ver fig. 3- esquemas


de la batalla)

Ubicación: Italia suroriental, Apulia, cerca de la costa Adriática.


Fecha: 2 de agosto, 216 a. C.
Situación previa: Aníbal, después de tres victorias consecutivas, se
encontraba con sus tropas en el Sur de Italia, donde intentaba atraer a
su causa a los pueblos aliados de Roma, a la vez que hostigaba las líneas
de suministro de víveres a la capital. En ésta, en el año 216 a.C., el
Senado no renovó el nombramiento de dictador, y eligió a los dos

132
Cónsules habituales. A disposición de éstos se puso un ejército
considerable, sin precedente en la historia republicana, que doblaba las
cuatro legiones que se encontraban habitualmente en armas, con la
esperanza de acabar de manera definitiva con la amenaza de los
cartagineses, y se enfrentaron a su ejército cerca de Cannas, en la costa
adriática.
Orden de Batalla:
Romanos: Mando: Cónsules C. Terencio Varrón y Lucio Emilio
Paulo.
Infantería: 8 Legiones de ciudadanos romanos, 8 de aliados, con un
total de 80.000 efectivos. Caballería: Entre 9.000 y 12.000 (un cuarto
romanos y el resto aliados).
Cartagineses: Mando: Aníbal Barca.
Infantería: 40.000 infantes “pesados” encuadrados en contingentes
púnicos, hispanos, galos y libios. 8.000 infantes ligeros, con mayoría de
honderos baleares. Caballería: 10.000, incluyendo númidas, hispanos y
galos.
Desarrollo del combate: Para la que sería su victoria más brillante,
el genio cartaginés situó su Infantería en el centro del despliegue, con
la caballería a los flancos. En el lado opuesto, los romanos desplegaron
en su formación clásica, aunque primaron la profundidad sobre la
amplitud del frente.

133
Figura. 3 Esquema de la batalla (PIMLOTT, 1998).

Comenzada la lucha, el momento decisivo tuvo lugar en cuando, ante


el avance romano, el cartaginés hizo retroceder al centro de su
despliegue, con lo que rodeó con sus flancos el grueso del contingente
atacante, en el llamado “doble envolvimiento”. Esta acción ha sido
considerada “la estratagema más mortal en una batalla, pues busca no
sólo derrotar al enemigo, sino rodearlo y aniquilarlo”. La masa de
legionarios, en su avance, se encontró encerrada y comprimida, incapaz
de emplear eficazmente sus armas o de maniobrar.

134
Fig. 4. Esquema de la batalla (PIMLOTT, 1998).

Una vez que la caballería númida hizo retroceder a la romana, quedó


libre para atacar a la infantería enemiga por retaguardia, lo que provocó
en esta aún mayor confusión. Inmovilizados y masificados, los romanos
fueron diezmados por los arqueros y honderos de Aníbal.
Resultado: Victoria cartaginesa, derrota romana completa. El Cónsul
Emilio Paulo resultó muerto, junto a varios senadores, y su ejército
sufrió 70.000 bajas, según Polibio o 50.000 y unos 11.000 prisioneros
si tenemos en cuenta a Livio. Las pérdidas cartaginesas se situaron entre
6000 y 8000, según estimaciones de cada uno de los escritores.

135
Consecuencias

El aplastante revés supuso un grave trauma para Roma, que quedó


por un tiempo sin un ejército operativo, y por tanto sin tropas que
pudiesen defender la capital. Esta, a su vez, fue presa del pánico y se
preparó para recibir un asalto inminente que, sin embargo, nunca llegó.
Esta inacción de Aníbal parece deberse, en primer lugar, a que sus
fuerzas estaban severamente desgastadas tras la victoria, carecía de las
armas de sitio necesarias y no estaba en condiciones tácticas ni
logísticas de asediar la capital, que aún conservaba su capacidad de
defensa, al estar dotada de buenas murallas protectoras y haberse
avituallado suficientemente. Además de ello, un ataque directo a la urbe
habría ido en contra de la intención del cartaginés, que como se ha
dicho, más que la destrucción física del adversario buscaba privarle del
apoyo de sus Aliados. De haber intentado tomar la capital, el probable
fracaso de la iniciativa habría significado un revés grave para la
estrategia del caudillo púnico, desprestigiándole a los ojos de los aliados
de Roma y echando a perder la ventaja adquirida con su serie sucesiva
de victorias, culminada en Cannas.

La pauta seguida por Aníbal se repitió varias veces en la Historia,


cuando tras imponerse de manera decisiva al adversario, el vencedor no
explotó el éxito y renunció a atacar a la capital enemiga para tomarla y
completar su derrota. En concreto, esta circunstancia se dio cuando,
aparentemente sin explicación lógica, en Octubre de 1415 (Guerra de
los Cien Años), Enrique V de Inglaterra, que acababa de imponerse de
manera aplastante sobre el ejército francés en Agincourt no se dirigió

136
hacia París, ciudad que previsiblemente habría caído con facilidad, sino
que retornó a Inglaterra veinte días más tarde vía Calais.

Otro episodio de no aprovechamiento de una victoria decisiva


ocurrió tras la derrota francesa a manos españolas en San Quintín (10
de agosto, 1557). El Rey Felipe II, que se incorporó al campo de batalla
unos días más tarde, no siguió el consejo del Duque de Saboya de atacar
París, que había quedado desguarnecida. Aparentemente, el monarca
católico no quiso dejar un foco activo enemigo a retaguardia, pues la
ciudad no había sido tomada, y prefirió ponerle cerco y asaltarla con
éxito quince días más tarde.

Un último ejemplo de la actitud estudiada lo protagonizó el rey sueco


Gustavo Adolfo en el marco de la Guerra de los Treinta Años. Entonces,
en 1631, después de batir a los imperiales de Tilly en Breitenfeld,
“…pese a la insistencia de la mayoría de sus asesores…se negó a
explotar su victoria con una marcha directa sobre la capital de los
Habsburgo, Viena.” (Connor, Gustavo Adolfo y el cruce del Lech.
Estudios del Mando en combate. US AC and GS College. Fort
Leavenworth, Kansas. pg. 6.)

Volviendo a la campaña de Aníbal, consecuencia inmediata de la


derrota romana fue que numerosas comunidades y algunas grandes
ciudades de la Italia meridional abandonaron la hegemonía romana y se
alzaron en armas contra ella, aliándose con el cartaginés. Entre las urbes
destacaban Tarento y Capua, una de las ciudades más pobladas de la
Península Itálica, además de Siracusa en Sicilia (Magna Grecia), cuyo

137
tirano Jerónimo rompió las hostilidades con Roma ese año (Polibio.
Historias. Tomo II, libro VII, capítulos 2 y 5).

Evolución posterior de la campaña. Fin de la guerra

Tras la victoria, Aníbal permaneció aún 13 años en Italia, durante los


cuales, como se ha dicho, no llegó a ser derrotado por los romanos. Ya
en 215 firmó Cartago una alianza con Filipo V de Macedonia, pese a lo
cual la estrategia de Aníbal no concretó sus frutos, pues Roma,
realizando un importante esfuerzo, mantuvo en armas cerca del 10% del
total de la población, porcentaje pocas veces alcanzado en la Historia.
Adaptando de nuevo las tácticas de desgaste “fabianas”, pero como se
ha dicho con generales experimentados al frente de las tropas, eludieron
los romanos los choques directos y consiguieron poner cerco y
recuperar un buen número de ciudades rebeldes, sin que el cartaginés
pudiese hacer nada por evitarlo. Así, aunque este batió en 212 y 208 en
varias ocasiones a sus adversarios, y sitió y se hizo con la ciudad de
Tarento, no logró obtener en definitiva una ventaja estratégica decisiva.

A todo ello se añadió la crónica falta de personal en el contingente


púnico: apremiado por la falta de efectivos, necesitaba Aníbal los
refuerzos de suficiente entidad que le permitiesen obtener un éxito
definitivo en su campaña. Esta necesidad puede explicar el intento
fracasado de su hermano Asdrúbal de incorporarse con un ejército de
refresco en 207 a.C. Éste partió del Valle del Guadalquivir, atravesó
Sierra Morena pese a ser derrotado en Baecula, cruzó los Pirineos y
Alpes, y penetró en Italia, pero fue derrotado y muerto en 207 a.C.,

138
cerca del río Metauro, en la costa del Adriático, antes de poder contactar
con su hermano.

A su vez, Publio Cornelio Escipión regresó a Italia tras su victoriosa


campaña en Iberia. Nombrado Cónsul en 205 a. C, reunió y adiestró en
Sicilia a sus tropas, en su mayoría veteranas de Cannas, que no habían
sido licenciadas. En lugar de buscar un enfrentamiento en suelo italiano
con Aníbal, pasó el romano con sus fuerzas a África, a donde le siguió
a finales de 203 el cartaginés. En el enfrentamiento final entre ambos,
en Zama (octubre de 202 a. C), se impuso Escipión, lo que puso fin a la
Segunda Guerra Púnica.

Resumen y Conclusiones

La coincidencia temporal y espacial de Cartago, república comercial


y cosmopolita ya consolidada con Roma, igualmente república, pero
agraria, provincial y en expansión, hizo que ambas se enfrentasen en
pugna por la hegemonía regional en el Mediterráneo central y
occidental. La lucha entre ambas naciones rivales se prolongó por
espacio de más de cien años, en tres guerras, y a su término Roma quedó
como vencedora indiscutible.

Tras la primera de las contiendas, las duras condiciones impuestas


por el vencedor alimentaron el deseo de revancha de los derrotados,
materializándose la Segunda Guerra Púnica. Aquí se enfrentaron las dos
potencias, una con fuerzas mercenarias y profesionales, con una
presencia significativa de iberos y otra, la pujante República romana

139
con su ejército de ciudadanos carentes de experiencia, junto a sus
aliados y que, dirigidos igualmente por cónsules en general poco
capaces, fueron derrotados en sucesivas ocasiones. Finalmente,
aprendiendo de sus errores, y bajo el mando de un brillante estratega
militar como Publio Cornelio Escipión supieron sobreponerse a los
reveses e inclinaron definitivamente la balanza de la lucha a su favor.
Aníbal, al llevar la campaña a suelo itálico, había demostrado su genio
político y estratégico, y el táctico se materializó tras vencer con
brillantez repetidamente a las Legiones romanas. Asimismo, mientras
combatía en suelo extraño supo aglutinar con gran eficacia un
contingente armado formado a base de mercenarios y aliados. Ello no
le bastó, sin embargo, para someter por completo a su adversario: de los
cerca de dieciséis años que permaneció en territorio Romano, durante
los tres primeros se enfrentó en campo abierto a sus rivales en cuatro
ocasiones con éxitos completos, y el resto del tiempo transcurrió con
choques menores o que no le proporcionaron la definitiva ventaja
estratégica. La genialidad de Aníbal no bastó para doblegar la tenacidad
de la nación romana, que se impuso finalmente. La experiencia militar
que desarrolló la República en este proceso le serviría, tras derrotar a
Cartago, para dominar a otras potencias rivales, lo que cimentó su
posterior desarrollo y consolidación.

La fatalidad de la Historia hizo que el Bárcida, pese a ganar todas


sus batallas menos la última, en Zama, recibiese en ésta el golpe
definitivo a su carrera y al poderío de su nación. Con el final de la
Segunda Guerra Púnica se apagó a efectos prácticos la estrella de
Cartago, que recibiría el definitivo golpe mortal medio siglo más tarde
140
con su aniquilación total por Roma, que continuó su expansión y
crecimiento, al dominar, colonizar y civilizar buena parte del Mundo
entonces conocido, dueña de un Imperio centrado en el mar interior que
ellos mismos bautizaron como el “Mare Nostrum”.

Por último, es de destacar que el genio militar del caudillo púnico


influyó poderosamente en los procedimientos de combate posteriores.
En el aspecto táctico, su maniobra en Cannas, pese a no ser novedosa,
se convirtió en un clásico del Arte de la Guerra, y se tomó con éxito
como modelo en varias ocasiones, tanto en el nivel táctico como en el
operacional y estratégico. Ejemplos significativos de lo primero los
encontramos en Manzikert (Anatolia, 1071), donde los turcos
Seljúcidas emplearon esta táctica y derrotaron a los Bizantinos, o en
Mohacs (1526), cuando Suleimán “El Magnífico” venció con un
procedimiento similar a un ejército cristiano junto al Danubio. Dos
siglos después, en Fraustadt (1706), en el marco de las Guerras del
Norte, el general sueco Rehnskiold aplicó el doble envolvimiento para
batir a las fuerzas combinadas ruso-sajonas en Silesia (actualmente
Polonia occidental). En el ámbito operacional, en 1866, durante el
conflicto Austro-Prusiano, en la batalla de Königgratz (Sadowa), un
contingente austriaco-sajón fue envuelto y derrotado por tres ejércitos
prusianos más pequeños, que al rodearlo impidieron su maniobra.
Durante la 1ª Guerra Mundial, y ya en el nivel estratégico, los alemanes
emplearon el “doble envolvimiento” en Tannenberg (Prusia Oriental,
1914), al cercar y derrotar a tres Cuerpos de Ejército rusos. Casi treinta
años después, en 1942, fueron los germanos y sus aliados los que
sufrieron el doble envolvimiento estratégico de los soviéticos en
141
Stalingrado, sobre el Volga, quienes tras encerrar al 6º Ejército de Von
Paulus, que asediaba la ciudad, forzaron su rendición.

142
Bibliografía
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de Horace White.
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SPEIDEL, L (2001): Media Luna y Media Verdad. Batallas de la
Historia del Mundo. Beck. Múnich.

Notas Bibliográficas
- Para los esquemas de la batalla se ha tomado como referencia el
Atlas de los Planes de Batallas de Hutchinson (The Hutchinson Atlas
of Battle Plans. Helicon. Oxford, 1998).
- Nota: Polibio (200-118 a.C.), historiador griego contemporáneo
de Aníbal. Tito Livio (59 a. C.-17 d.C.), romano que escribió unos
ciento cincuenta años tras la muerte del general. En sus crónicas sobre
la campaña de Aníbal en Italia ambos se consideran como pro-
romanos, en particular el segundo, aunque se carece de fuentes
cartaginesas con las que contrastarlas. Las informaciones se basan, en
el caso del griego, en testigos de los hechos, aunque rara vez cita sus
fuentes. Los dos discrepan en temas puntuales de sus relatos, aunque
no en el fondo, como al citar referencias geográficas y describir las
tribus celtas que encontraron los cartagineses en su camino hacia Italia.
Difieren, igualmente al determinar el lugar elegido para cruzar los
Alpes, al definir la actitud de los galos para con los invasores una vez
llegados a la Galia Cisalpina. Otros escritores notables que se ocuparon
de la figura del cartaginés son el biógrafo romano Cornelio Nepote,
nacido a principios del siglo I a.C. y que le dedica un apartado en su
obra principal “De viris illustribus” (sobre los hombres ilustres), y el
historiador griego Apiano de Alejandría (95 d.C-165 d.C.), quien narra

144
en uno de sus 24 libros de la Historia de Roma el protagonismo de
Aníbal en la 2ª Guerra Púnica.

145
146
LOS ARQUEROS DE ASUR. LA DOCUMENTACIÓN DEL
ARCHIVO ASUR M 8 EN REFERENCIA A LA GUARNICIÓN
DE ARQUEROS DE LA CIUDAD DE ASUR EN EL SIGLO XIII
A.C.

THE BOWMEN OF ASSUR. THE DOCUMENTS OF THE


ARCHIVE ASSUR M 8 REFERRING TO THE GARRISON OF
BOWMEN IN THE CITY OF ASSUR DURING THE 13TH
CENTURY BC.

Jaume Llop
Universidad Complutense de Madrid

Resumen:
En este artículo se presentan resultados del análisis de los textos
pertenecientes al archivo Assur M 8. Se aclara que las estructuras donde
se encontraron eran los grandes graneros de la ciudad. Se presenta, a
través de ejemplos, como estos documentos registran las familias de los
arqueros de Asur. Estos arqueros prestaban su servicio defendiendo las
puertas de la ciudad. Finalmente se informa sobre las armas con las que
posiblemente estaban equipados para desempeñar su función.

Palabras clave:
Periodo mesoasirio, arqueros, puertas de la ciudad de Asur,
armamento antiguo.

Abstract:
This article reviews the analysis of the cuneiform tablets from the
Assur M8 archives. It is clarified that the building in which the
documents were found served as the large granaries of the city.
Specifically, this is explained through examples which demonstrate
how the texts served to register the families of the city’s bowmen. The
bowmen listed in those texts were posted at, and defended, the gates of
Assur. Finally, the weapons used by the bowmen are also reviewed.

147
Key words:
Middle Assyrian period, bowmen, gates of the city of Assur, ancient
weaponry.

Introducción
“Ay, Asur, el bastón de mi ira, vara que mi furor maneja” (Isaías 10:
5). Nuestra visión de Asiria se halla condicionada por la narración
bíblica. Allí se nos describe Asiria como el depredador que se presenta
regularmente a las puertas de Israel y Judá, para exigir fidelidad y
tributo. Los dos reinos hebreos se verán sometidos a la constante
presión de los reyes asirios durante los siglos VIII y VII a. C. como por
ej. Tiglatpileser III (744-727 a.C.) o Senaquerib (704-681 a.C.), por
citar sólo los más destacados. Pero Asiria gozaba de una tradición más
antigua.
En el presente artículo nos remontaremos a unos 500 años antes de
los acontecimientos relatados en el Antiguo Testamento. La ciudad de
Asur (Qalʿat Šerqat) en el norte de Mesopotamia, a orillas del Tigris,
está constatada desde el tercer milenio a.C. Durante inicios del segundo
milenio a.C., comerciantes de esta ciudad se asientan en Anatolia, a más
de mil kilómetros de distancia, y harán que Asur sea rica y próspera.
Pero no es hasta el siglo XIV a.C., cuando aparece un estado territorial
asirio. Aššur-uballiṭ I (1353-1318 a. C.) es el primer rey de Asiria (šar
māt Aššur). El núcleo de Asiria es el triángulo formado por las ciudades
de Asur, Nínive y Arbela. A partir de este núcleo Asiria se expandirá
en tres direcciones principales el Noreste, hacia las montañas de los

148
Zagros, el oeste hacia los valles de los ríos Habur y Balikh y hacia el
sur, en dirección a Babilonia. Esta expansión tendrá lugar
preponderantemente durante el siglo XIII a.C., durante los reinados de
Adad-nārārī I (1295-1264 a.C.), Salmanasar I (1263-1234 a.C.) y
Tukultī-Ninurta I (1233-1197 a.C.).
Asur (Qalʿat Šerqaṭ) fue excavada por Walter Andrae entre 1903 y
1913. Los materiales de esta excavación se hallan actualmente
repartidos entre los museos de Berlín y Estambul. Entre estos materiales
se hallan entre tres y cuatro mil tablillas cuneiformes pertenecientes al
periodo asirio medio (mesoasirio), es decir, la segunda mitad del
segundo milenio a. C. El asiriólogo sueco Olof Pedersén (1985)
clasificó estas tablillas en tres bibliotecas y once archivos (Asur M 1-
14). Andrae encontró uno de estos archivos (Asur M 8) en el área
noroeste de la ciudad (sector bB6I), cerca de la llamada puerta Tabira,
en unas estructuras alargadas (2 x 14 m.) que identificó como poternas.
La mayor parte (141) de las 191 tablillas que componen el archivo Asur
M 8 permanecieron en el Museo del Próximo Oriente de Berlín, en su
mayoría, inéditas y sin estudiar, hasta 2003, casi 100 años desde su
hallazgo. En 2009, publiqué las copias de estas tablillas cuneiformes.
La edición de estos textos, debido a diversas razones, está pendiente.
En el presente artículo referiré los resultados del análisis de este
archivo cuneiforme.

149
Los arqueros de Asur según la documentación del Archivo Asur
M8
Los textos cuneiformes de Asur M 8 fueron encontrados en dos
localizaciones y pueden dividirse en dos grupos: 1) 141 tablillas muy
dañadas se encontraron en las estructuras alargadas (2 x 14 m.) cerca de
la puerta Tabira. Estas 141 tablillas habían sido afectadas por la
humedad y la presión; 2) Otras 50 tablillas, se hallaron dentro de una
jarra bajo el suelo de una casa aneja a las estructuras (LLOP, 2009, p.
4). Debido a ello, su estado de conservación era mucho mejor. Por su
contenido, estas 50 tablillas forman un conjunto coherente, y por el
nombre de personaje que aparece a menudo nombrado en ellas, se las
denomina el “Archivo de Ubru”. Las 141 encontradas en las
habitaciones alargadas son las relevantes para el estudio de los arqueros
de la ciudad, y me voy a centrar en ellas a continuación.
Tan sólo diez de estas 141 tablillas encontradas en lo que Andrae
(1913, pp. 119-122) identificó como poternas, han conservado de forma
parcial o completa la fecha de redacción. Los epónimos conservados en
esas fechas pertenecen al reinado de Salmanasar I (LLOP, 2009, p. 4).
Pero se puede suponer que el resto debían ser del mismo reinado o,
como muy tarde, del siguiente reinado, el de Tukulti-Ninurta I. Es decir,
nos encontramos en la época de mayor expansión del reino asirio
medio, durante el siglo XIII a.C.
La mayor parte tablillas de Asur M 8 encontradas en las estructuras
alargadas son listas de personal (23 textos) y listas de pago de raciones
a personal (80 textos). En estas listas, se encuentra muy a menudo (20
veces), la mención de “los grandes graneros” (karmū rabi’ūtu). Esta

150
mención va, a menudo, acompañada de la especificación: “los grandes
graneros los cuales (se hallan) a la entrada (lit. la boca) de la puerta
Tabira” (ina karmē rabi’ūte ša pî abul Tabira; FAIST y LLOP, 2012,
pp. 20-21). Es lógico pensar que el lugar en el que fueron halladas las
tablillas, era el lugar donde se producía el listado de personal y el
reparto de las raciones (80). Es decir, la identificación de Andrae, de las
estructuras abovedadas y alargadas con poternas debe ser corregida.
Estas habitaciones son lo que queda de “los grandes graneros” de la
ciudad. Esta identificación se apoya además en la identificación de
construcciones similares en otras ciudades, como por ej. en Dūr-
katlimmu (Tell Šēḫ Ḥamad), por parte de otros autores (JAKOB, 2003,
pp. 323-325).
En las listas personal y raciones de Asur M 8 la profesión que
aparece con más frecuencia es la de arquero (PAN), concretamente en
44 listas y fragmentos de lista: MVA nos. 5, 10, 11, 14, 15, 18, 19, 21,
22, 25, 27, 28, 29, 31, 32, 33, 34, 36, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 50,
55, 56, 58, 59, 60, 61, 63, 64, 66, 67, 68, 70, 71, 74, 77 102 y 103).
Muchas están dañadas por lo que esta profesión podía encontrarse en
ellas. No hay otras profesiones que destaquen.
Desde un punto de vista puramente formal, estas listas se pueden
clasificar en listas de una columna y listas de varias columnas.

A) listas de una columna


a) El tipo más abundante de listas de raciones (MVA nos. 5-43; 38
textos) indica: 1) el nombre del cabeza de familia (usualmente un
arquero) con su filiación. 2) Siguen los otros miembros de la familia sin

151
indicación del nombre de persona. Primero la esposa y/o la madre y/o
hemana(s) del cabeza de familia. Siguen los hijo/as de la familia. Para
todos ellos, se indica su capacidad para el trabajo (edad): “trabajador”
(ša šipri), ša kukulli, “aprendiz” (talmidu, talmittu), “niño/a” (tariu,
tarittu), “niño/a pequeño/a” (pirsu) y “lactante” (ša zīzi). 3) Después
aparece la cantidad de grano que recibían. 4) Finalmente, algunas listas
muestran el periodo de tiempo que es objeto de remuneración.

Ejemplo 1: MVA 10: 8-10


m
8) 10-mu-SIG5 DUMU a-bi-DINGIR PAN 1 DAM 1 DUMU ta-
ri-ú
9) 2 ANŠE 3 BÁN 5 1 DUMU šá ku-ku-li 1 DUMU.MÍ
KAR!.KID! ša KIN 1
DUMU <ša> GABA
10) 1 DUMU.MÍ ta-ri-tu 1 DUMU.MÍ pír-
su
“Adad-mudammiq hijo de Abī-ilī, arquero; una esposa; un hijo,
niño; un hijo, ša kukulli; una hija, ḫarimtu, trabajadora; un hijo,
lactante; una hija, niña; una hija, niña pequeña.
235 litros (de grano)”.
Tan solo cinco fragmentos de lista de raciones (MVA nos. 44-48)
registran, además de las familias, su lugar posiblemente de origen. Lo
que podría haber sido una rica fuente de información geográfica, si los
textos se hubieran conservado completos, resulta no serlo, debido al
grado de destrucción de estos fragmentos. Además, los escribas tenían
la costumbre de anotar el signo “ditto” ([Link]) en lugar de repetir

152
el nombre de la ciudad. En todos estos fragmentos, la primera línea se
ha perdido, con lo que es imposible determinar cuáles eran los nombres
de las ciudades.

Ejemplo 2: MVA 46 A col. I 1'-8'


A col. I?
1') ] x 1 ⸢DUMU.MÍ-su ta-ri-tu⸢
2') ]⸢ša 7 [Link]Š⸢
3') ]NE?-za? URUmal-la-du
4') ]1 ⸢DUMU-šú⸢ ⸢ša ku-kúl-li⸢
5') ]ša KIN
6') I][Link]Š
U RU
7') ] [Link]
8') ]xx[
resto roto

“...] ... una, su hija, niña pequeña. [...]... Malladu. [...] uno, su hijo,
ša kukulli. [...] trabajador/a. [...] meses. [...] la misma ciudad. [...]...”
b) Sólo seis (MVA nos. 49-54) listas de raciones contienen los
nombres de todos los miembros de la familia, y, entre ellas, tan solo una
con arqueros (no. 50).

Ejemplo 3: MVA 50
vs.
7') [m DUM]U ⸢SU?-ku-be⸢ PAN
8') [MÍ DA]M?-su mka-ar-da-šur x [ ]
9') [m š]a? ⸢ku-ku-li⸢

153
10') [m ] ⸢ta-ri-ú⸢
resto roto

“[…] hijo de …-Kube, arquero; […] su esposa; Kār-Aššur ...[...]; [...]


ša kukulli; [...] niño pequeño”.

B) Listas de varias columnas


17 listas de raciones presentan varias columnas (MVA nos. 55-71).
De ellas, 15 tienen 2 columnas en cada cara. Sólo dos listas muestran
tres columnas por cara (MVA nos. 56 y 64). En su mayoría están
severamente dañadas. Trece de estas listas, mencionan por su nombre
al cabeza de familia y cuentan al resto de miembros, sin indicar sus
nombres. Cuatro de estas tablillas multi-columna mencionaban los
nombres de todos los miembros de las familias.
Finalmente, nueve listas de raciones son fragmentos que están tan
gravemente dañados que no pueden ser clasificados en ninguno de los
grupos mencionados anteriormente.
La función de las listas de raciones puede inferirse a partir de los
resúmenes que aparecen al final de estas tablillas. En el mejor de los
casos contenían las siguientes informaciones:
1) Cantidad total de grano (cebada) distribuida.
2) Nombre del funcionario responsable de la distribución.
3) Periodo de tiempo por el que las personas eran
remuneradas
4) Lugar donde el grano era distribuido, generalmente los
“grandes graneros” cerca de la puerta Tabira.
5) Fecha.

154
Desgraciadamente, tan solo se ha conservado completo uno de estos
resúmenes:

Ejemplo 4: MVA 55 iv 1-4


col. IV
1 ⸢Š[Link]⸢ 1 ME 1 šu-ši 1 ANŠE 2 BÁN 5 qa ŠE
KÁ.GAL 3?.MEŠ
2 ša ŠU EN-PAP i+na ka-⸢ar⸢-me GAL-ú-te
3 ša pi KÁ.GAL ta-bi-ra i+na ⸢da?⸢-ri-ki
4 ša ta-ar-ba-ṣi ta-di-in
“Total: 16.125 litros de cebada son dados (para) tres puertas, de la
mano de Bēl-nāṣir, en los grandes graneros cerca de la puerta Tabira,
en el/la ... del patio”.
Los verbos documentados en estos resúmenes son dos: “recibir”
(maḫāru) y “dar” (tadānu), dependiendo de la perspectiva de la
formulación, ya sea los receptores del pago (personal) o la
administración real (la pagadora).
La mención de “tres puertas” en este resumen es interesante. Siete
de las listas (MVA nos. 3, 4, 32, 37, 49, 60, 68) presentan indicios de
una ordenación por puertas de los receptores de las raciones. En tres de
ellas (MVA nos. 32, 60, 68) se trata con seguridad de arqueros:

Ejemplo 5: MVA 68 iv 1-8


1) [ AN]ŠE? 6 BÁN? ŠE⌜x x x x x⌝ [...]
2) [ ] KÁ šu-tum4-me[ ( )]
3) [m ] x-pa PAN borrado

155
4) [MÍ DA]M-su ša KIN md
[Link]-x [DUM]U?-
šu?
5) [ta]l-me-du MÍuš-me-ia ta-ri-tu
6) [MÍ ]x-A DUMU.MÍ-su ta-ri-tu
7) [MÍ DUMU.]MÍ-su ša zi-zi
8) [ n ANŠE] 9 BÁN ŠE-⸢šu⸢
“[...] litros de cebada... [...] Puerta Šutummu.
[...]pa, arquero; [...] su esposa, trabajadora; Marduk-..., su hijo,
aprendiz; Ušmeya, niña pequeña, [...]..., su hija, niña pequeña; [...] su
hija, lactante; su cebada, [...]... litros”.

¿Dónde realizaban su actividad los arqueros? Las puertas de la


ciudad de Asur
La puerta más mencionada en los resúmenes de las tablillas de Asur
M 8 es, como se ha dicho más arriba, la puerta Tabira. Pero otras puertas
aparecen citadas con nombre en los fragmentos de lista. Estas son las
puertas Šutummu (“almacén”; ej. MVA 4 r. 1'), Mātu (“país”; ej. MVA
37 r. 7') y Amurru (ej. MVA 37: 6). Diferentes nombres de puertas son
conocidos para la ciudad de Asur a lo largo de su historia (MIGLUS,
1982), que, además, fueron cambiando de nombre con el paso del
tiempo. La puerta Tabira fue una de las primeras en ser identificada
(MIGLUS, 1982, p. 268) en el noroeste de la ciudad, extremo que
confirman los textos de Asur M 8. Las puertas Šutummu (“almacén”) y
Mātu (“país”) no han sido localizadas. Según el asiriólogo inglés
Andrew R. George (1988, p. 34), la puerta de Amurru sería la puerta de
un santuario de la ciudad. George llega a esta conclusión a partir de un

156
texto de Asur, en el que esta puerta aparece listada junto a las puertas
de Gula, Marduk, Bēl, Šu-anna, Mātu y Šutummu. Esta identificación
como puertas de santuario no acaba de ser satisfactoria, ya que las
puertas del País y Almacén no parecen ser de santuarios. Tampoco
acaba de encajar el hecho que arqueros fueran necesarios para guardar
puertas de santuarios.
Lo que sí está claro es que las puertas eran las partes débiles de la
muralla, al ser accesos que la atravesaban (MIELKE, 2011, p. 91). Es
natural pues, que allí se estacionaran fuerzas para su defensa, por lo que
es lógico, que unidades de arqueros estuvieran presentes en las puertas
de la ciudad. Arqueros durante este periodo están atestiguados en otros
enclaves del reino, como Kār-Tukultī-Ninurta (Tulul el Aqr; MARV 4,
28; etc.; POSTGATE, 2008, pp. 86-87), Harbe (Tell Huera; JAKOB
2009, p. 14) o Tell Sabi Abyad (F. A. M. Wiggermann, comunicación
personal), aunque no se especifica la parte del asentamiento donde
realizarían su servicio. En Harbe, un grupo de 43 arqueros procede de
Elam (JAKOB 2009, p. 14).
La mayoría de las listas de Asur M 8 citan la profesión de arquero
(más arriba). Ligados al arquero, aparecen el hondero (ša ušpi) y
“hombre caja” (ša kukulli; según la traducción propuesta por Postgate,
2013, p. 19). Sabemos, por ilustraciones del periodo posterior neoasirio,
que los arqueros y los honderos actuaban juntos en la batalla (ej. WA
124789, British Museum). Es muy posible que este fuera el caso ya en
el periodo mesoasirio, del que estamos hablando. Es interesante
constatar que el oficio de hondero aparece tres veces en los textos de
Asur M 8 y que está relacionado familiarmente con el de arquero.

157
Claramente en el ejemplo siguiente en que dos hermanos viviendo en el
mismo hogar son arquero y hondero. Es interesante notar que el hogar
está encabezado por una mujer:

Ejemplo 6: MVA 34: 6-8


6) [MÍ x]-ni?-a-ú-ma-at ša KIN Rasur
7) [ ( ) m]dDUMU.MÍ-a-nim-KAM DUMU-ša PAN
8) [ ( ) ] 1 DUMU-ša ša uš-pi
9) [ ( ) ] 1 DUMU.MÍ-sa ša KIN borrado? {MEŠ}
[…]… trabajadora; Mārat-Anim-ēriš, su (fem.) hijo, arquero; un hijo
suyo (fem.), hondero; una hija suya (fem.), trabajadora”.
Honderos en conjunción con arqueros en el mismo hogar, como hijo
de un arquero, en Asur M 8) están también constatados en Harbe
(JAKOB, 2009, no. 70).
El asiriólogo inglés J. Nicholas Postgate ha atribuido una función
militar también al oficio ša kukulli, que él traduce como “box? man”,
hombre caja” (Postgate, 2013, p. 19) y que supone se refiere a un tipo
de herramienta o arme comparable al arco. Este oficio aparece 35 veces
en las listas de raciones de Asur M 8, en las cuales también están
documentados los arqueros, todos ellos como miembros de las mismas
familias (coinciden en diez de ellas), siendo hijos de arqueros (véase el
ejemplo 1 más arriba).

Ejemplo 7: MVA 55 i 1-5


col. I
1) [m]ÌR?-dše-ru-a ⸢DUMU⸢ a-bu-DÙ[Link] PAN 1 DAM

158
2) 1! DUMU.MÍ ta-ri-tu 1 DUMU.MÍ pír-su ⌜1
DUMU.MÍ⌝ tal-me-tu
GIŠ
3) 1 NIN-su [Link] ⸢x x⸢ ša 1 DUMU-ša ša ku-
ku-li
4) 1 DUMU.MÍ ša KIN 1 DUMU.MÍ ta-ri-tu 1 DUMU.MÍ
pír-su
5) 4 ANŠE 5 BÁN ŠE vacio

“Urad-Šerua hijo de Abu-ṭāb, arquero; una esposa; una hija, niña;


una hija, niña pequeña; una hija, aprendiz; una hermana, ḫarimtu; ...;
un hijo suyo (de ella), ša kukulli; una hija suya (de ella), trabajadora;
una hija, niña; una hija, niña pequeña; 450 litros (de cebada)”.
No hay duda, pues, que los arqueros, los honderos y los ša kukulli,
al menos en Asur M 8, así como en Harbe (JAKOB, 2009, nos. 69: 4;
70: 11.23.54; 71: 11), formaban parte de las mismas familias y,
posiblemente, debían actuar en las mismas unidades militares.

Armamento de los arqueros


Las listas de Asur M 8 no informan sobre el armamento que usaban
los arqueros. Para ello debemos acudir a otros textos del periodo. El
arco era el arma de combate a distancia por excelencia (LLOP, 2016,
pp. 212-216). El oficio de aquero y arco se escriben logográficamente
con el mismo signo cuneiforme PAN (POSTGATE, 2008, p. 92), sólo
con determinativos diferentes.

159
La producción del arco estaba en manos de un artesano especializado
el “hacedor de arcos” (sasinnu; LLOP, 2016, p. 212). Los componentes
del arco eran: tendones (gīdu), cola (ŠE.ŠEN), madera-kiškanāu y
cuernos de ibex (turāḫu). Se trataba pues de un arco compuesto
(FRAHM, 2002, pp. 75-80). El hecho que un artesano estuviera
especializado en la manufactura de los arcos puede ser indicio que la
mayoría de los arcos fueran compuestos. Para periodos anteriores de la
historia mesopotámica era el carpintero el encargado de su
manufactura.
El arco es el arma del rey en las inscripciones reales, según las cuales
le es conferido directamente por los dioses. Los usos típicos de esta
arma son el combate y la caza (LLOP, 2016, p. 213). En la
documentación administrativa, no hay testimonio directo de su uso para
el combate. Aparece en contratos para manufactura de arcos y flechas,
o en inventarios junto a flechas. Los arcos eran tomados de los
almacenes y entregados a diversas personas. Podían ser entregados
como regalo a reyes extranjeros, o dados en préstamo (LLOP, 2016, p.
213).
En la documentación económica, los arcos pueden aparecer
determinados como “de la mano del rey” (ša qāt šarri) o como arcos
ilku (servicio obligatorio). La diferencia entre estos dos tipos de arco es
difícil de aclarar. Eckart Frahm (2002, p. 80) ha propuesto que los
primeros serían usados por las tropas reales, mientras que el segundo
tipo sería el usado por los reclutas de leva.

160
Algunas partes del arco son citadas en los textos: los arcos podían
ser producidos con caja (siḫpu) o ser entregados sin caja (pl. lā
saḫpātu). La cuerda del arco era llamada matnu. Los arcos podían ser
entregados con cuerda (sing. adi matnīša) o sin ella (LLOP, 2016, p.
213).
Evidentemente, un arco era usado para lanzar flechas (pl. lištāḫū) al
enemigo para romper su formación y debilitarlo al inicio del combate.
Una flecha estaba compuesta de una cabeza (qaqqudu = [Link]) de
metal y de un eje de caña o madera. Las puntas de flecha eran de bronce,
pero empiezan a aparecer puntas de hierro durante el periodo
mesoasirio. El peso de las puntas de flecha era de 12,45 gr. según un
documento de la época (LLOP, 2016, p.214). No está claro si este peso
estaba estandarizado para todas las puntas de flecha.
Parece ser que la longitud de las flechas era variable. En la
documentación escrita, se encuentra flechas largas (lit. “medida larga”,
namaddu arku), por lo que se puede suponer que debía haberlas cortas.
Como los arcos, las flechas podían distinguirse por ser “de la mano del
rey” o flechas-ilku (LLOP, 2016, p.214-215). En la documentación
económica aparecen por millares, a menudo mencionadas junto con los
arcos.
A diferencia de los arcos y las flechas, los carcajes (sing. išputu)
están raramente atestiguados en la documentación: sólo aparecen dos
veces (LLOP, 2016, p. 216).

161
Conclusiones
El archivo Asur M 8 pertenece a los llamados “grandes graneros” de
la ciudad. Sus documentos dan testimonio del pago de raciones en grano
a los arqueros apostados en las puertas de la ciudad durante el reinado
de Salmanasar I. Mediante estas tablillas conocemos la composición
de las familias de estos arqueros. Entre los hijos y hermanos de los
arqueros se hallan honderos y otros oficios (ša kukulli) relacionados con
estas unidades militares. El estudio del archivo permitirá ampliar
nuestro conocimiento sobre la organización de esta fuerza militar
durante el periodo mesoasirio.

162
Abreviaturas

BM = The British Museum


MARV 4 = Freydank y Fischer 2001
MVA = Llop 2009

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164
LOS THETES Y LA FLOTA ATENIENSE EN EL S.V: ¿UNA
CUESTIÓN RETÓRICA?

THE THETES AND THE ATHENIAN FLEET IN THE


FIFTH CENTURY BC: A RETHORICAL QUESTION?

Miriam Valdés Guía


Universidad Complutense de Madrid

Resumen:
Existe una larga tradición que tiende a ver en el grueso de los
remeros de la flota a los ciudadanos atenienses de la clase de los thetes,
lo que para algunos que consideran los aspectos militares como factores
para el cambio político, tiene implicaciones claras en la emergencia de
la democracia radical. Dos son las cuestiones, sin embargo, que se
critican más recientemente; por una parte la incidencia real de los thetes
y el número de estos como remeros en la flota junto con la
consideración de la participación de aliados, metecos y esclavos en ella;
en segundo lugar la hipótesis de que la relación de la flota con el demos
(y específicamente, el demos pobre, los thetes) de Atenas es una
construcción retórica, sin base real. Trataremos de analizar en este
artículo ambas cuestiones a través del análisis de las fuentes clásicas y,
especialmente, a través de estimaciones de población de la clase de los
thetes. Trataremos de mostrar la alta incidencia real de los thetes, y
especialmente de los jóvenes, en la composición de la flota hasta la
Guerra del Peloponeso que alteró significativamente el reclutamiento
de las naves (especialmente desde Sicilia). Las conclusiones a las que
llegamos refuerzan la idea de un vínculo real entre clases bajas de
Atenas y flota en el siglo V así como la importancia de los desarrollos
navales para la construcción de la identidad social del demos ateniense
en el contexto de la democracia imperialista del s.V.

165
Palabras clave:
Tripulación de trirremes, clase de los thetes, Imperio naval,
Pentecontecia, Guerra del Peloponeso, ideología del demos

Abstract:
There is a long tradition that sees the Athenian citizens of the lowest
census class in classical Athens (the thetikon class) as the bulk of the
rowers of the Athenian fleet, which for some who consider military
aspects as factors for political change, has clear implications in the
emergence of radical democracy. There are two issues, however, that
have been criticized more recently: first, the real incidence of the thetes
as rowers in the fleet along with the consideration of the participation
of allies, foreigner residents in Athens (metics) and slaves in the fleet;
secondly, the hypothesis that the relationship of the fleet with the demos
(and specifically, the poorest among the people: the thetes) is a
rhetorical construction, without a real base. In this paper I address both
questions through the analysis of the classical sources, and specially
through the population estimates of the thetikon class. I try to show the
high incidence of thetes, and specially of the young people among them,
in the composition of the fleet until the Peloponnesian war which
significantly altered recruitment in ships (especially from the
expedition to Sicily). The conclusions I reach reinforce the idea of a real
link between the lower classes of Athens and the fleet in the fifth
century and the importance of naval developments for the constructions
of the social identity of the Athenian demos in the framework of the
imperialist democracy in fifth century Athens.

Key words:
Trirremes’ crew, thetikon class, naval Empire, Pentecontaetia,
Peloponnesian War, ideology of the demos

166
Los barcos de guerra atenienses (trirremes) en el s.V estaban
compuestos por 200 tripulantes (MORRISON, 1984; GABRIELSEN,
1994, pp. 106-8; PRITCHARD, 2020, p. 7 ss)124, de los cuales
habitualmente 170 eran remeros, 10 eran infantes armados como
hoplitas (epibatai), 4 eran arqueros (toxotai) y el resto, oficiales125. La
tripulación de los barcos, incluidos los remeros cobraban en el s.V del
estado entre 3 y 4 óbolos antes de la Guerra del Peloponeso126 y 1
dracma durante la Guerra hasta el 412, momento en el que tras el
desastre militar de la expedición a Sicilia, el sueldo (misthos) desciende
a 3 óbolos (con ligeras variaciones: PRITCHETT, 1971, pp. 3-29;
LOOMIS, 1998, pp. 32-61, esp. pp. 55-57). Algunos autores
(GABRIELSEN, 1994, pp. 111-125; BAKEWELL, 2008, 146-147)
distinguen entre el pago del estado y los pagos del sector privado,

124
Dificultades con las cifras en los barcos: JORDAN, 2000 (en las evidencias muchas
veces aparecen menos de 170 remeros).
125
Hyperesia como oficiales: MORRISON, 1984; GABRIELSEN, 1994, p. 106;
PRITCHARD, 2019, pp. 82-83. Para una visión diferente: como remeros en general
(pudiendo incluir también esclavos): JORDAN, 2000; como esclavos públicos:
JORDAN, 2003. Quizás estas visiones tan contrapuestas se deben a que el término,
que designa un colectivo, puede referirse a los oficiales, pero también, tomando la
parte por el todo, a toda la tripulación de las naves (en Tucídides por ejemplo: ver
notas 10 y 11). Para arqueros ver nota 14.
126
No se sabe desde cuándo se cobra el misthos en las naves. Aunque algunas noticias
atribuyen a Pericles su introducción (Ulpiano en sch. Dem. 13.11; Plut. Per.11.4,
12.5), es probable que se pagara antes, aunque quizás no por parte del estado de forma
sistemática, sino como responsabilidad en gran medida de los trierarcos. Se tiene
noticia de pagos por parte del estado a los remeros en Salamina (Arist. Ath. Pol. 23.1;
Plut. Them. 10.4) y también de pagos a la tripulación por parte de Cimón del dinero
de los aliados (Plut. Cim. 11.2-3); por otra parte, Filocleón habla de un pago que
recibió como remero en su juventud en una expedición a Paros (Ar. Vesp. 1188-9).
Cf. SING, 2010, pp. 8-9 (con bibliografía); PRITCHARD, 2019, p. 98; este autor cree
que el misthos para remeros comenzara en los años 60, antes incluso que el dikastikon.

167
generalmente de los trierarcos (incluyendo lo derivado del botín y del
saqueo).
En la historiografía tradicional se ha asumido que la mayoría de los
170 remeros más los epibatai (10) serían de la clase censitaria de los
thetes, es decir la clase más baja de ciudadanos de Atenas, de los que
en general se piensa que no disponían de un patrimonio mayor al
equivalente a 3,6 hectáreas -o 2000 dracmas en el [Link]- (BURFORD,
1977/78, pp. 168-72; 1993, pp. 27-28, 67-72, 113-16; Gallego, 2005,
pp. 98, 107)127. Esta asunción ha llevado, además, a plantear que la
importancia de los thetes dentro del ejército desde Salamina con
Temístocles, contribuyó en gran medida al desarrollo de la democracia
radical (PRITCHARD 1994; RAAFLAUB, 1996; 1998a; 1998b; 2007).
Por otra parte, la realidad de los sueldos (el misthos) en el ámbito naval
ha llevado a postular el beneficio económico derivado del Imperio para
las clases más bajas y al mismo tiempo la idea de que la democracia
radical estaba sustentada o favorecida por el Imperio (PLÁCIDO 1997;
RHODES, 2007). Estos postulados, sin embargo, se han visto
cuestionados más recientemente. Nosotros vamos a tratar de
adentrarnos, en primer lugar, en si existe una relación real entre thetes
(como remeros) y flota, y, en segundo lugar, si este vínculo es, como se
ha postulado, una construcción retórica por parte de sectores
oligárquicos o si, por el contrario, forma parte también de la manera de

127
Para otra visión en la que los zeugitai tienen como mínimo 8,7 hectáreas, lo que
conlleva que un porcentaje muy alto de los que luchan habitualmente como hoplitas
sean de la clase de los thetes: VAN WEES 2001; PRITCHARD 2019, pp. 39-46;
PRITCHARD 2020, pp. 2-3. Ver argumentos en contra: VALDÉS-GALLEGO, 2010,
pp. 265-266, donde se reafirma la coincidencia de zeugitai y hoplitas de catálogo en
el s.V.

168
autorepresentarse el demos (especialmente de las clases bajas),
elaborándose como parte de su identidad.
En su influyente estudio sobre la flota Amit (1965, pp. 30-49), señaló
que los esclavos eran solo usados en ella en emergencias (como en la
batalla de las Arginusas128) y que los ciudadanos formaban una
considerable proporción de la tripulación, aunque no descartaba la
inclusión de una cierta cantidad de metecos y de mercenarios que, sin
embargo, permanece incierta. También Meiggs (1972, pp. 439-441)
supuso en su obra de referencia sobre el Imperio ateniense, que el
grueso de los tripulantes serían atenienses, aunque sin duda se
enrolaban también metecos y mercenarios, generalmente aliados129, sin
que se pueda precisar la cantidad; Meiggs (1972, pp. 107-108) indica
que el número de extranjeros y de metecos creció con la Guerra del
Peloponeso aunque ya debían de haberse utilizado desde antes, incluso,
de mediados del siglo V, en momentos de elevada actividad militar,
como en la campaña en Egipto en los años 50. Por su parte Hansen
(1991, pp. 45-46, 116) defiende que a finales del s.V hay una
tripartition en el ejército ateniense: en primer lugar la caballería,
compuesta por miembros de las dos primeras clases censitarias (hippeis

128
Xen. Hell. 1.6.24; Helánico FGrHist 323a F 25; sch. Ar. Ran. 33; HUNT, 1998,
pp. 87-95; HUNT, 2001.
129
Extranjeros (mercenarios) en tripulación: así parece desprenderse del discurso de
Nicias en Siracusa: Thuc. 7.63.3-4: “sois vistos como atenienses, aunque no lo
sois…”. En un decreto concerniente a la preparación para expediciones es tentador la
restauración de “aliados” (sumachon): IG I2 98. De Diodoro también se infiera que
hay summachoi en las naves: Diod. Sic. 13.2.7. MEIGGS, 1972, p. 440. Para metecos
y esclavos en las naves: ver nota 17.

169
y pentakosiomedimnoi)130, hoplitas, equivalente, grosso modo, a la
clase censitaria de los zeugitai y tropas ligeras, compuesta por thetes,
la clase censitaria más baja económicamente hablando (y
supuestamente la más numerosa), cuyos miembros sirven en la flota
como epibatai131 y como remeros. Como evidencia, Hansen aduce el
pasaje de Tucídides que alude a los muertos por la plaga (3.87.3) entre
el 430-426 y donde se alude a “la muchedumbre” (ochlos):
“Murieron, en efecto, no menos de cuatrocientos hombres en las filas
de los hoplitas y no menos de trescientos entre los de caballería
(hippeis), así como un número imposible de determinar entre la
muchedumbre restante (ἄλλου ὄχλου)”132.

130
Para las clases censitarias solonianas, con bibliografía: VALDÉS-GALLEGO,
2010.
131
Parece que estos eran habitualmente reclutados entre los thetes en Thuc. 6.43.1;
ver también Thuc. 8.24.3 y notas 41, 54 y 58. Cf. VALDÉS-GALLEGO, 2010, p. 258
(con bibliografía). Para otra interpretación reciente ver HERZOGENRATH-
AMELUNG (2017, esp. pp. 49-57); este autor considera a los epibatai hoplitas de
catálogo y por tanto no procedentes de los thetes; Sus argumentos no resultan del todo
convincentes, sobre todo porque las fuentes que aporta pueden ponerse en relación
con situaciones en las que las pautas normales de reclutamiento naval se vieron
alteradas por la guerra del Peloponeso, salvo en el caso del decreto de Temístocles (p.
55 con n. 53) que no sería una fuente fidedigna para considerar o no si los epibatai
eran habitualmente thetes pues en este caso embarcaron todos los ciudadanos de
Atenas, habiendo, por tanto, una elevada proporción de hoplitas de catálogo y de
caballeros en los barcos (un 30% de la población adulta de varones, en torno a 9000)
que lógicamente ocuparían una parte importante (más de la mitad) de los puestos de
los 4000 (20 por barco) infantes armados con armamento hoplítico en ellas (fuera o
no así habitualmente) entre 20 y 30 años. Otros harían sin duda de oficiales y también
de remeros.
132
Thuc. 8.37.3. Traducción modificada de J.J. Torres Esbarranch; a partir de aquí
para todas las traducciones de Tucídides. Referencia a estas clases según Hansen
también en Thuc. 2.31.2 y Thuc. 8.1.1 (aquí hoplitas e hippeis, aunque más adelante
-8.1.2- alude a que no había tripulantes –usa el término hyperesia de modo general-
para las naves). Hay que tener precaución, sin embargo, pues aunque los 1200
caballeros de la caballería del s.V (BUGH, 1988) pertenezcan a las dos primeras clases

170
Hansen (1991, p. 116) explica que esta muchedumbre (ochlos) eran
thetes; también interpreta como thetes a los “ἄλλος ὅμιλος ψιλῶν” (“la
restante tropa de infantería ligera”) que junto a los hoplitas aparecen en
Tucídides 2.31.2. En este caso parece que las tropas ligeras no eran más
que los remeros de las 100 naves (Thuc. 2.31.1) que se sumaron a la
contienda (al contingente de 10.000 hoplitas ciudadanos y 3.000
metecos) en la toma de la Megáride133. Hansen interpreta también como
thetes, a las “hyperesiai” (ὑπηρεσίας ταῖς ναυσὶν) que junto a caballeros
y hoplitas aparece en Tucídices 8.1.2134. La relación de las clases
censitarias con categorías militares fue postulada asimismo por Ste.
Croix (2004; contra: GABRIELSEN 2002a, p. 211), aunque el tema es
complejo y discutido, del mismo modo que lo es la propia definición
económica de estas clases, sobre todo para los zeugitai y thetes135. Está
claro que el grupo de la caballería (hippeis) no coincide exactamente
con la clase censitaria de caballeros (hippeis), por edad y por
disposición física (PRITCHARD, 2020, pp. 2-4), pero ello no significa

censitarias, sin duda no todos los de estas clases podrían (por edad y condición física)
servir en la caballería. Ver PRITCHARD, 2020.
133
Thuc. 2.31.2 (ἄλλος ὅμιλος ψιλῶν οὐκ ὀλίγος). Para tropas ligeras: TADLOCK,
2012. Hay que ser precavidos con las tropas ligeras pues Tucídides señala, para la
batalla de Delion, que los atenienses no tenían tropas ligeras (Thuc. 4.94.1),
refiriéndose con estas a ciudadanos empleados como tropas ligeras; estas tampoco son
mencionadas en la relación de efectivos al inicio de la guerra (Thuc. 2.13.6-8). La
inexistencia de tropas ligeras ciudadanas entrenadas como tal tuvo que deberse a que
los ciudadanos de categoría no hoplita estaban empleados masivamente en los barcos
(agradezco a José Pascual estas indicaciones). Esto no significa que los remeros
atenienses no pudieran desembarcar y actuar como tropas ligeras en situaciones de
necesidad o como refuerzo, como en este caso descrito por Tucídides. VAN WEES
(2002, p. 66) piensa que los remeros desembarcarían para luchar como tropas ligeras.
134
Tucídides con hyperesia se refiere probablemente al conjunto de la tripulación. Ver
nota 10. JORDAN, 2000, p. 92.
135
Ver nota 4.

171
que los miembros de la caballería no se nutrieran fundamentalmente,
como postula Hansen, de las dos primeras clases censitarias. Lo mismo
ocurriría con los zeugitai, posiblemente coincidentes con aquellos que
podían ser llamados a filas como hoplitas que combaten de forma
habitual en la infantería pesada. Es posible, incluso, que el criterio para
ser reclutado de forma obligatoria136 como hoplita en la infantería fuera
la pertenencia a esta clase censitaria, no siendo obligatorio para los
thetes, algunos de los cuales sí tendrían armamento hoplita (los que
hacían de epibatai). De este modo una mayoría importante de los thetes
no lucharían como hoplitas al uso, sino que harían de remeros en la
flota, actuarían como tropas ligeras, como epibatai (infantes en las
naves con armamento hoplita) y como arqueros, muchas veces de
manera voluntaria pero otras, quizás en situación de emergencia,
obligatoria137. Parece, por una cita de Antifonte en la que se dice “hacer
de todos los thetes hoplitas”, que los thetes no lucharían habitualmente

136
Para los katalogoi de hoplitas como listas ad hoc de reclutamiento para cada
ocasión: CHRIST, 2001. Para estas cuestiones: VALDÉS-GALLEGO, 2010.
137
Aunque no se sabe mucho de los modos de reclutamiento de remeros o arqueros
para la flota parece que puede ser, en muchas ocasiones, voluntario: Ar. Ach. 545-7;
JORDAN, 1975, pp. 101-103; PRITCHARD, 2019, 98 (solo tres ocasiones entre 480
y 387/6 en que parece que es obligatorio: PRITCHARD, 2019, sección 2.2.). Para
obligatoriedad de combatir de thetes y la posibilidad de existencia de listas ver
Gabrielsen en nota 25. Para arqueros: PRITCHARD, 2019, p. 90, quien señala que en
el decreto de Temístocles (ML 23.23–6; ver nota 25) se estipula para los 20 marinos
y 4 arqueros de cada barco se deben usar katalogoi o listas de conscripción; este autor
supone la existencia de un cuerpo de arqueros de ciudadanos en Atenas desde las
guerras médicas, aunque no serían los únicos ya que en la inscripción IG I3 138, 3, lin.
6-7 (434 a.C.) que trata sobre el reclutamiento en el Liceo, se habla de toxotai astoi y
xenoi: PRITCHARD, 2019, pp. 91-92. También en IG I3 60 se constata la presencia
de ciudadanos y extranjeros entre los arqueros. Ciudadanos como toxotai en Lys. 34.4;
IG I3 1032.168-71; cf. PRITCHARD, 2010.

172
como hoplitas138 en la infantería pesada regular, lo que casa también
con la expresión de una obra perdida de Aristófanes, Los comensales
(Daitaleis), del 427 a.C., de que los thetes “no combaten” (se entiende,
“como hoplitas”)139.
Uno de los mayores expertos en la flota ateniense del momento, sin
embargo, Vincent Gabrielsen (2002a, pp. 204-206), ha señalado que la
indicación de que los reclutados como remeros fuesen thetes se dice
sólo una vez en Tucídides (3.16.1) en el 428 cuando se menciona, en lo
que parece ser una situación excepcional de emergencia con problemas
de efectivos (ROSIVACH 1985, p. 48; GABRIELSEN, 1994, p. 107),
el embarco forzoso en 100 naves de metecos y ciudadanos, todos salvo
pentakosiomedimnoi y hippeis, es decir zeugitai y thetes. Gabrielsen
cree que, aunque había ciudadanos como remeros en las naves, esta
actividad concernía, sobre todo, a metecos y extranjeros (mercenarios)
y a esclavos140 y coincide con Ceccarelli (1993; contra MOSCONI

138
Cursiva nuestra. La obra es Contra Filino a Sicilia: Fr. 61 Thalheim = fr. 63
Sauppe: τε θῆτας ἅπαντας ὁπλίτας ποιῆσαι. Según MUNN (2000, pp. 100-101) esta
cita se da en el contexto de la expedición a Sicilia.
139
Harp. s. v. thetes kai thetikon; Fr. 248 Kassel-Austin. Para estas cuestiones:
VALDÉS-GALLEGO, 2010, p. 258. Esta concepción cuadra más con la idea de una
clase de zeugitai que incluyera, como tradicionalmente se ha considerado, a
campesinos desde las 3.6-5.4 hectáreas o 40-60 plethra (contra VAN WEES 2001:
ver nota 4). Para el complejo tema de las medidas de Aristóteles y el por qué de las
mismas: VALDÉS-GALLEGO, 2010.
140
GABRIELSEN, 2002a, p. 208 ss, con nn 28 y 29. Esclavos: Thuc. 7.13.2 (en
Sicilia); Ps-Xen, Ath. Pol. 1.11.10; IG I3 1032 (fecha incierta, posterior a 411-410
a.C.; LAING, 1965; BAKEWELL, 2008, pp. 141-142); GRAHAM, 1992, p. 269;
HUNT (1998, pp. 88-99) cree que el uso de esclavos en la flota sería al menos de un
10%, salvo en el barco Paralos (solo atenienses: Thuc. 8.73.5). Metecos: Thuc.
1.143.1; 3.16.1; Ps-Xen. Ath. Pol. 1.12; en el decreto de Temístocles: ver nota 26.
Tripulaciones aliadas: Thuc. 1.143.2. Esclavos y metecos en IG II2 1951 (inicios del
[Link]); Ar. Ran. 190-92; 693-94 (referencia a esclavos en las Arginusas: ver nota 5). A
finales del [Link] una inscripción (IG II2 505: 302 a.C.) atestigua la contribución por

173
2004) y con Van Wees (1995, pp. 158-60; cf. PRITCHARD, 2019, pp.
83-85) en que la ecuación entre demos-pobres (thetes) y poder naval es
un constructo ideológico y añade, además, que no tendría base real pues
el grueso estaría formado por extranjeros (GABRIELSEN, 2002a, pp.
209-210). Sin embargo, en una obra anterior sí admitía que la flota
estaría compuesta, en general, por thetes (sin número fijo), aunque sería
común también embarcar a metecos y esclavos (GABRIELSEN, 1994,
pp. 106-109). Otros autores, a pesar de las críticas, siguen, sin embargo,
pensando que los thetes eran frecuentemente empleados en la flota y
formarían el grueso de los remeros (STRAUSS, 1996, p. 315 ss; HUNT,
1998, pp. 123-124; RAWLINGS, 2007, pp. 109-110; ROSENBLOOM,
2016), aunque se ha señalado que una proporción estaría siempre
cubierta por esclavos141. Dentro de este panorama se han hecho también
esfuerzos por pensar qué proporción de atenienses se embarcaba en las

parte de un individuo de 12 remeros, probablemente sus esclavos, para la guerra


Lamíaca. GABRIELSEN, 1994, p. 108, con n. 9; Gabrielsen (2002a, p. 210) afirma
que “the non-citizen manpower, occasionally in a very large scale, was a prevalent
feature”. Ver también PRITCHARD, 2019, pp. 84-85, 99-101. Especialmente
importante es la inscripción citada de IG I3 1032 en la que se un 60-70% de la
tripulación es no ateniense (LAING, 1965; GRAHAM, 1998; BAKEWELL 2008;
PRITCHARD, 2019, p. 84) pero hay que tener en cuenta que la fecha es tardía
(posterior al 411), posiblemente en los años finales de la Guerra del Peloponeso
cuando Atenas tiene una población mermada y problemas de reclutamiento para las
naves de modo que el número de metecos y sobre todo de esclavos aumentaría mucho.
En esta inscripción se habla de esclavos cuyos dueños están también al frente de los
remos, lo que para Pritchard indica que no eran pobres. Sin embargo, de nuevo, hay
que considerar la situación de crisis de efectivos, lo que hizo, como en otras ocasiones,
que se embarcaran hoplitas (ver nota 41) y, muy probablemente hippeis (como en las
Arginusas: ver nota 5) de manera obligatoria.
141
Ver nota anterior.

174
naves142. Ya desde los primeros trabajos se ha intentado matizar según
las circunstancias y el periodo, cuestión que es, desde nuestro punto de
vista, crucial para poder examinar este tema con propiedad. Sin duda el
número de metecos y de extranjeros/aliados así como de esclavos debió
de crecer de forma notoria desde la Guerra del Peloponeso, en tiempos
de crisis, como en la revuelta de Mitilene o, sobre todo, durante y
después de Sicilia y en la guerra decélica.
Lo que vamos a tratar de poner de manifiesto en estas páginas es, por
una parte, si había recursos humanos suficientes entre los ciudadanos,
específicamente entre los thetes, para dotar (hipotéticamente) de
tripulación a los barcos de Atenas en diversas circunstancias. Por otra
parte, analizaremos las fuentes que asocian los barcos al demos
ateniense especialmente a las clases bajas, para dilucidar tanto la
posible relación real de la flota con los thetes como la construcción
ideológica e identitaria de esta relación.
No es fácil calcular la población de Atenas pero parece que en el s.V
durante el periodo de la pentecontecia el crecimiento fue exponencial.
Según Hansen la población posiblemente se duplicó de 30.000
ciudadanos durante las Guerras Médicas143 a unos 60.000 en el 431, en
la víspera de la guerra del Peloponeso (HANSEN, 1988, pp. 14-28)144.

142
RUSCHENBUSH, 1979, 1981; STRAUSS, 1986, p. 42; HANSEN, 1985, pp. 22-
24, esp. 24 y 1988, 16-17; HUNT, 1998, p. 88 y 97. Futilidad de estos cálculos según
GABRIELSEN, 2002a, p. 210.
143
Heródoto habla de 30.000 en las vísperas de las Guerras médicas: Hdt. 5.97.2;
también en Hdt. 8.65.1; Ar. Eccl. 1132; Pl. Symp. 175e. Esta cifra es la que defiende
JONES, 1957, p. 8 y 161; GALLEGO, 2016, p. 64 con n. 82 (con bibliografía).
144
El crecimiento es aún más asombroso si se tiene en cuenta que mucha población
(se calcula que entre 15 y 20mil) salió a las colonias y cleruquías en esos años fuera
de Atenas: JONES, 1957, p. 168 ss; MORRIS, 2005, p. 45; FIGUEIRA 2008.

175
Habitualmente se calcula que la población de Atenas por debajo del
nivel de hoplita, tanto a inicios del s.V como a finales del [Link], podría
ser de un 60-70%145. En una población de 60.000 ciudadanos como
propone Hansen146, el 70% son 42.000 ciudadanos, el 60% son
36.000147. Parece que el servicio sería en gran medida voluntario,
aunque Gabrielsen ha postulado también la posibilidad de
obligatoriedad para el servicio naval en el s.V148. En Salamina se

145
Según Diodoro Sículo (Diod. Sic. 18.18.4-5) con Antípatro a finales del [Link] fueron
expulsados 22.000 (por debajo de un censo de 2.000 dracmas equivalente grosso
modo al nivel mínimo para el hoplita: ver supra en texto); Plutarco (Phoc. 28.7 habla
de 12.000 excluidos). PODDIGHE (2002, p. 59 ss) explica las diferentes cifras de
Diodoro y de Plutarco haciendo de los 12.000 los que se reintegraron en la politeia
cuando el censo bajó de 2000 dracmas a 1000 con Casandro en el 317. En el censo
realizado por Demetrio de Falero entre 317 y 307 (Ctesicles FGrHist 245 F 1 = Ath.
6.272b-c) se señala que había en esa fecha 21.000 ciudadanos, lo que hace pensar que,
a pesar de la inclusión, habrían quedado todavía fuera de las ciudadanía unos 9/10.000
(en una población de varones ciudadanos original en el [Link] de en torno 30/31.000:
ver nota 20 y HANSEN, 1991, pp. 92-93). De este modo 22.000 ciudadanos
expulsados por debajo de 2000 dracmas hace un 70% de categoría “subhoplítica” a
finales del [Link]. Ver también GALLEGO, 2016, pp. 47-48. Por su parte JONES (1957,
pp. 8 y 161) calculó un 30% de hoplitas en Maratón, lo que deja un 70% de thetes,
aunque VAN WEES (2004, pp. 241-243) aumenta el número de hoplitas a 40% lo que
daría 60% para la clase subhoplítica en esos momentos.
146
Cálculos a partir de Thuc. 2.13.6-8. JONES, 1957, pp. 167-173; HANSEN, 1988,
pp. 14-28: HANSEN, 1991, pp. 53, 86 ss.
147
Haremos los cálculos con el 60% puesto que posiblemente durante el el s.V el
número de thetes en relación con el del censo hoplita (que, en nuestra visión coincide
con los zeugitai: ver nota 4) descendió (no así el número total de thetes que creció
enormemente con el crecimiento de la población en general), como consecuencia de
la colonización/cleruquías (ver nota 21) y del crecimiento económico y del aumento
del nivel de vida general muy relacionado con el Imperio. Ver próximamente:
VALDÉS (en preparación).
148
Gabrielsen, quien postula también catálogos de thetes -que considera que pueden
luchar también como hoplitas- y la obligatoriedad de combatir para ellos:
GABRIELSEN, 2002a, p. 205 (en Thuc. 7.16.1, por ejemplo, cuando se reclutan
tropas adicionales en el 414 para la expedición a Sicilia se habla de katalogos tanto
para infantería como para el reclutamiento para las naves), y p. 207 (en el [Link]); ver
también GABRIELSEN, 2002b. Obligación de ciudadanos para servicio naval al
menos en tiempos de guerra ya en el s.V y no solo en el IV también en HANSEN,
1985, p. 22; cf. BAKEWELL, 2008, pp. 144-145.

176
fletaron 200 barcos que requerían cada uno de ellos una tripulación de
200 personas lo que hace un total de 40.000 efectivos. En ese momento
parece que el grueso de los ciudadanos, salvo los mayores, embarcó149.
Se calcula para esa época una población en torno a los 30.000
ciudadanos varones (por encima de los 18 años)150, por lo que puede
suponerse que además de estos (de los que hay que excluir a los
mayores151) se necesitó sin duda también un porcentaje de metecos
(explícitamente mencionados en el decreto de Temístocles) y
posiblemente de esclavos (aunque estos no se mencionan).152 Estos
porcentajes no sería muy importante pues la mayor parte de la
tripulación la constituía el conjunto de los ciudadanos varones.

149
Heródoto (Hdt. 7.144.3) dice que los atenienses decidieron encontrar a los bárbaros
con sus barcos pandemei, es decir metiendo en los barcos a todo el cuerpo político
ateniense e invitando a otros griegos que quisieran juntarse con ellos. Tucídides
(Thuc. 1.18.2) señala que los atenienses con Temístoces fueron a los barcos y se
volvieron hombres de mar. Ver también Plut. Them. 4.3. Para el decreto de
Temístocles (ML 23): ver JAMESON, 1960.
150
Ver nota 20.
151
Según Hansen (1985, p. 12) la proporción de los mayores (a partir de los 18 años)
de 50 años es de un 20,6%, lo que hace en una población de 30.000 ciudadano, 6.180
personas; los mayores de 60 son el 8,7, lo que hace 2.610 de la población del total de
varones desde los 18 años. Si muchos de la franja entre 50 y 59 (11.9 %) embarcaron,
posiblemente pudieron cubrirse al menos 25.000 puestos en las naves con ciudadanos,
siendo el resto metecos (en torno quizás a 10.000) y, quizás, esclavos.
152
JAMESON, 1960, lin. 13. Jordan (2003) cree que el término Hyperesia, colectivo
de hombres que Morrison (1984) vincula con los oficiales y que aparecen en el decreto
de Temístocles (lin. 26) son, sin embargo, esclavos públicos del estado que la polis
presta para el servicio como remeros. Sin embargo los únicos esclavos públicos de
Atenas conocidos son los 300 escitas que hacen de policía. No es impensable que en
las naves entraran esclavos privados con sus amos o de parte de sus amos (ver nota
17) pero posiblemente no en un número fijo, pero esto se conoce en Atenas en el
contexto de la Guerra del Peloponeso, en época de dificultades para reclutar efectivos
entre los propios atenienses; para esclavos en naves: HUNT, 1998 pp. 83-101 y nota
17.

177
A partir de Salamina los atenienses no van a tener en
funcionamiento, al menos hasta la Guerra del Peloponeso, de forma
continuada las 200 o -en vísperas de la Guerra del Peloponeso- 300
naves153. La flota comandada por Atenas en las operaciones contra los
persas no iba provista solo de barcos atenienses sino de efectivos de los
aliados. En las mayores operaciones militares de esa época contra los
persas, como la de Eurimedonte (en los años 60), la de Egipto o la de
Chipre (en los 50), aunque hay desacuerdo en las cifras, no parece que
la flota dirigida por Atenas superara las 200 naves, de las cuales no
todos los barcos serían atenienses, como en Egipto donde es posible que
100 naves fueran de los aliados154. En otras operaciones menores como
las anteriores a Eurimedonte o las que siguieron a esta batalla se
emplearon, por ejemplo, con Efialtes y Pericles respectivamente, 30 y

153
Parece que en la vísperas de la guerra del Peloponeso (entre el 446 y el 431) la
flota había aumentado de 200 a 300: PRITCHARD, 2020, p. 7; Thuc. 2.13.8; Diod.
Sic. 12.40.4. La flota en su momento más álgido puede llegar a 300 trirremes:
GABRIELSEN, 1994, p. 126; ACTON, 2014, p. 197. En el momento de la revuelta
de Lesbos (428 a.C.) se tiene constatada una flota en activo de 250 barcos, la mayor
cifra dada por Tucídides para la flota en activo: Thuc. 3.17.2.
154
Meiggs (1972, 76-77, 107-108, 124-127) señala el desacuerdo en cifras en las
fuentes, aunque indica que con anterioridad a la Guerra del Peloponeso, el mayor
número de naves dirigidas por Atenas dado por Tucídides, en Egipto y en Chipre
(Thuc. 1.104.2, 109s: Egipto; Thuc. 1.112: Chipre), es de 200 naves, de las cuales
probablemente no todas eran atenienses, quizás solo la mitad. Este autor señala
también las inconsistencias en el relato de Diodoro en relación con Eurimedonte,
batalla en la que los atenienses y aliados capturaron 200 barcos fenicios (Thuc.
1.100.1); las cifras que da Diodoro son variadas y en cierta medida confusas (Diod.
Sic. 11.60.3-6; 11.71.5; 74.3); también Plutarco, que señala que Atenas comandaba
una flota de 200 naves (Plut. Cim. 12.2), da cifras cuestionables para las naves fenicias
según Fanodemo (600) y Éforo (350): Plut. Cim. 12.5; cf. MEIGGS, 1972, p. 77.
Según Isócrates, se perdieron 200 naves con su tripulación en Egipto y 150 en Chipre
(8.86) pero no se especifica si eran todas atenienses o si había de los aliados. Tal vez
había 100 barcos o más atenienses y aliados en la guerra contra Egina, pues los
atenienses capturaron 70 barcos en una batalla naval importante: Thuc. 1.105.

178
50 barcos (6.000 tripulantes -5400 remeros y epibatai- y 10.000
tripulantes -9000 remeros y epibatai-)155. En esos años, además, se
produce, como decíamos antes, un crecimiento importante de la
población. Además, después del cese de hostilidades con los persas en
el 449156 y hasta la guerra del Peloponeso, aunque hay operaciones (en
la guerra contra Esparta hasta el 455, o por la revuelta de Eubea o de
Samos)157, la actividad es menor. Parece en cualquier caso que se
mantuvo una flota activa de vigilancia anual con 20 barcos según
Aristóteles, o según otras fuentes 60 barcos (en este caso, con un total
12.000 tripulantes) en activo durante 8 meses; Plutarco en la Vida de
Pericles especifica que los tripulantes de estos 60 barcos era en su
mayoría ciudadanos158. Los efectivos que se necesitan para 60 naves en
los puestos de remeros y de epibatai hacen un total de 10.800 personas,
y si se añade una proporción de arqueros ciudadanos thetes -entre ellos

155
En campañas que siguieron a las Guerras Médicas como Eion, Esciro, Sesto,
Bizancio, Naxos (Thuc. 1.98) parece que las naves tripuladas por Cimón (Plut. Cim.
9) no superaban las 50 naves: UNZ, 1985, p. 25, n. 17. Para estas campañas: MEIGGS,
1972, ppp. 68-70. Para las campañas tras Eurimedonte: Plut. Cim. 13.5; MEIGGS,
1972, p. 79.
156
Para la controvertida paz de Calias, con bibliografía: VALDÉS, 2017, p. 43, con
n. 19.
157
Eubea: MEIGGS, 1972, p. 175 ss. En Samos en el 440/439 se enviaron primero 60
barcos atenienses más 25 de Quíos y Lesbos y luego otros 60 atenienses más 30 de
Quíos y Lesbos: Thuc. 1.117.1-2; MEIGGS, 1972, p. 191. El total por tanto de barcos
atenienses en esa ocasión fue de 120. Para expedición a Samos: IG I3 363.
158
Aunque Aristóteles habla de 20 barcos: Ath. 24.3. Podlecki (1998, p. 166) pone de
relieve la noticia de Plutarco (Per. 11.4), del envío anual de 60 barcos (entre los que
incluye los 20 mencionados por Aristóteles): “cada año fletaba 60 triremmes, en los
que muchos ciudadanos navegaban durante ocho meses con salario (ἔμμισθοι)”
(cursiva nuestra). Posiblemente en esos 60 barcos se encuentran los 20 de los que
habla Aristóteles, aunque es también posible que 20 fuese el número normal pero que
se incrementara a 60 en los años precedentes a la Guerra del Peloponeso con el
aumento de la tensión y de la probabilidad de la guerra.

179
había también aliados extranjeros- y quizás de oficiales, algo más (entre
500 y mil más)159. La población en ese periodo se encontraba en rápido
crecimiento, llegando casi a 60.000 ciudadanos, en la víspera de la
guerra del Peloponeso, momento en el que estaban disponibles, por
tanto –si tomamos el menor porcentaje señalado más arriba, el 60%-
unos 36.000 thetes, por lo menos en la década de los 30. Para las dos
décadas anteriores no tenemos estimaciones pero el número de thetes
pudo ser similar pues aunque la población (de ciudadanos varones
adultos) fuera algo menor el porcentaje de los thetes pudo ser mayor
(70%).
Posiblemente los que con más frecuencia se embarcaban de forma
habitual en las naves eran jóvenes (salvo en caso de reclutamiento más
importante por alguna operación de envergadura). No sólo la fuerza y
el vigor físico así lo hacen suponer, sino también el hecho de que para
los jóvenes, sobre todo entre 18 y 30 años160, podía constituir una salida
muy bien valorada para ganar un dinero extra nada desdeñable que
aportar a la familia, dejando el trabajo, en el supuesto de tener una
pequeña hacienda o un negocio (taller) familiar, al resto de los
habitantes del oikos: adolescentes, mujeres, el padre, abuelos y, en el
caso de los mejor posicionados, incluso, quizás, algún esclavo. Con más
razón podía constituir un sueldo seguro para un porcentaje de thetes sin
tierras (trabajadores manuales asalariados, jornaleros, etc) y para sus

159
Para arqueros ver nota 11. Epibatai: notas 41, 54, 58. Oficiales: ver nota 1. Es
posible que los thetes comenzaran siendo remeros de jóvenes y terminaran como
oficiales, así parece sugerirlo Ps-Xen. Ath. Pol. 1.19-20; cf. JORDAN, 2000, p. 96.
160
En el decreto de Temístocles se indica que los epibatai (20 por barco) fuesen de
20 a 30 años: ML 23.23-25: RAWLING, 2007, p. 124.

180
hijos desde los 18 años. Según los cálculos de Hansen (1985, p. 12), la
población ciudadana de adultos varones entre los 18 y los 39 años era
del 61,4%, es decir de una población de thetes de 36.000, un total de
22.104, de los cuales los que se encontraban entre los 18 y 30 años
serían un porcentaje muy elevado, desde luego más que suficiente para
cubrir las necesidades de remeros, epibatai y arqueros de la flota en
tiempos de paz o de operaciones menos relevantes y de vigilancia;
siendo también un número significativo en momentos de necesidades
mayores (fletar 100 barcos) para poder embarcar a una mayoría de
atenienses.
De este modo las necesidades de efectivos habituales de la flota
ateniense durante la pentecontecia, incluso en momento de grandes
operaciones militares como las señaladas más arriba161 hasta la Guerra
del Peloponeso, podrían haberse cubierto (lo que no significa que se
hiciera) con una mayoría de atenienses de la clase de los thetes,
especialmente, suponemos, que jóvenes entre 18 y 30 años, edad en la
que heredaban el oikos familiar y se casaban. Un porcentaje en
cualquier caso pudo cubrirse siempre con metecos, aliados y esclavos;
así se infiere de Tucídides, al menos en el contexto de la Guerra del
Peloponeso, cuando dice que sólo el barco “Paralos” tenía una
tripulación enteramente ateniense162, lo que indica que en el resto no
era así. Ese porcentaje de no atenienses subiría, como es lógico, en las

161
Ver notas 31, 32 y 34 (120 barcos de Atenas en Samos).
162
8.73.5. Otra referencia suya al inicio de la guerra hace suponer que habitualmente
embarcaban metecos y otros extranjeros: Thuc. 1.121.3 (potencia de Atena descrita
como “mercenaria”, aunque al estar puesto en boca de los corintios al inicio de la
guerra se hace sospechosa); Thuc. 1.143.1. Para esclavos en la flota: ver nota 17.

181
grandes operaciones en las que Atenas podía fletar, por ejemplo, 100
barcos, lo que requería una población para cubrir a los epibatai y
remeros (180), de 18.000 personas (20.000 para cubrir todos los puestos
en las 100 naves). Aún así en esos casos el porcentaje de thetes
ciudadanos podría haber sido muy grande (al menos había capacidad
para ello), pues, además, en esas ocasiones el servicio, que
normalmente era voluntario, pudo hacerse obligatorio para los thetes
hasta los 49 años (28.584 –el 79,4%- entre los 18 y 49 años, de una
población de thetes de 36.000 siguiendo los porcentajes de la tabla de
Hansen, 1985, p. 12).
El alistamiento de metecos, aliados y posiblemente esclavos como
remeros, aunque ya habitual, pudo incrementarse tanto en frecuencia
como en cantidad desde la Guerra del Peloponeso, donde se necesitan
más efectivos163, en momentos en los que se agrava la situación no solo
por las pérdidas humanas derivadas de la guerra sino, sobre todo, de la
la peste. Además en situaciones de emergencia podía reclutarse
también, parece que de manera excepcional, a los atenienses “del
catálogo” (hoplitas) para las naves (como remeros o como epibatai),
como indica Tucídides para el 428 momento en el que parece que
Atenas tiene simultáneamente en activo 250 naves164. En cualquier caso

163
250 naves en servicio activo en el 428 (revuelta de Lesbos), según Tucídides, el
número mayor de naves en activo fletado hasta entonces por Atenas: Thuc. 3.17.2. En
Sicilia (415-413) se fletaron 170 naves: Thuc. 7.16.2, 7.20.2. En Samos en el 411
(después de las enormes pérdidas de Sicilia) se fletaron 82 barcos: Thuc. 8.79.2. 110
naves lucharon en las Arginusas: Xen. Hell. 1.6.24. Lisandro destruye 160 de los 180
barcos atenienses en Egospótamo (405 a.C): Xen. Hell. 2.1.20.
164
Thuc. 3.16.1: con la flota en Lesbos (ver efectivos totales en nota anterior) y ante
la amenaza de Esparta los atenienses son capaces de fletar 100 barcos compuestos de
ciudadanos y metecos (no se habla de esclavos), todos salvo los de las dos clases

182
los ciudadanos entre 20 y 49 años, según Hansen, constituyen un 72,7%
de la población adulta de varones ciudadanos, lo que equivale, en una
supuesta población de 36.000 thetes (de una población total de 60.000
ciudadanos en el 431 a.C.) a 26.172 thetes; ya solo con los de esta franja
de edad (sin contar con los más jóvenes o los mayores), podrían haberse
cubierto, en una hipotética situación de emergencia y de reclutamiento
obligatorio en esas fechas, los puestos de 170 remeros+10 epibatai de
una flota de 145 barcos (y 182 barcos con toda la población adulta de
thetes hasta los 60 años). Con las visicitudes de la guerra del Peloponeso
la población fue descendiendo. Se calcula al finalizar la guerra una
población, en los cálculos más optimistas, de unos 25.000 ciudadanos
varones (HANSEN, 1988, pp. 22-23, 26, 28). Un punto de inflexión
importante fue, sin duda, la expedición a Sicilia (415-413); no sólo la
propia expedición requirió un número elevadísimo de efectivos,
muchos de los cuales serían extranjeros en la flota (MEIGGS, 1972, p.
347), sino que además en esta contienda perecieron muchos efectivos
(Thuc. 7.87.5-6; KAGAN, 1981, p. 353; HANSEN, 1988, p. 15). Estas
circunstancias pudieron alterar significativamente, en cuanto a las
proporciones, el servicio militar de los thetes pues se requerían
continuos contingentes para un número muy elevado de naves 165 con
una población decreciente. Es, por tanto, posible pensar que fuera en
esos momentos, quizás, y sobre todo, desde la expedición a Sicilia,

superiores (pentakosiomedimnoi y hippeis) claramente como excepción: ROSIVACH


1985, p. 48; GABRIELSEN, 1994, p. 107. Algo similar en situaciones de emergencia
en Thuc. 8.24.2 (hoplitas de catálogo obligados a hacer de epibatai); también se infiere
de Thuc. 3.18.3 (hoplitas posiblemente de catálogo que se hicieron cargo de los
remos). Gabrielsen (2002a, p. 207) piensa, sin embargo, que no era algo excepcional.
165
Ver algunos ejemplo en nota 40.

183
cuando se embarcaran en las naves de forma más sistemática, habitual
y en mayor número, aliados, extranjeros y, sobre todo, esclavos166,
además de los ciudadanos y los metecos. Por otra parte, estas
circunstancias llevaron a que junto a los ciudadanos que habitualmente
embarcaban, es decir, los thetes, se enrolara también, en situación de
emergencia y de manera obligatoria, a otros colectivos ciudadanos no
habituales en la flota (salvo el trierarco): hoplitas “de catálogo” y
caballeros (como en la batalla de Arginusas)167.
Una vez vista la posibilidad de que, dentro de lo hipotético de las
cifras, la flota ateniense hasta la guerra del Peloponeso pudiera cubrirse
(fuese así y no) con una mayoría de tripulación ciudadana de thetes (sin
duda, al menos, la mitad, y sin riesgo a equivocarnos, un 60 e incluso
un 70%), veamos lo que dicen las fuentes al respecto, pero antes hay
que hacer también una precisión importante. En las posturas más
críticas con la identificación real e ideológica por parte del demos de la
flota con las clases bajas uno de los argumentos que se esgrimen es la
mezcla de ciudadanos con metecos, aliados y esclavos en las naves, lo
que lleva a pensar en una multiplicidad de componentes que excluye
esa identificación thetes-flota. Sin embargo, no se tiene en cuenta que
también, por ejemplo, en las expediciones de los hoplitas en la guerra
en tierra participan de forma habitual los esclavos (como servidores de
hoplitas) y sin duda también tropas ligeras no hoplíticas que no se

166
Esto es lo que puede recoger Isócrates en el [Link] echando una mirada retrospectiva
a la situación del s.V cuando dice “en aquella época (posiblemente la guerra del
Peloponeso) embarcaban como marineros a los extranjeros y a los esclavos”: Isoc.
8.48.
167
Ver nota 41. Muchos hippeis embarcados para la batalla de las Arginusas: Xen.
Hell. 1.6.24. GABRIELSEN, 1994, p. 107. Ver nota 5.

184
consideran habitualmente o no del mismo modo que la infantería
pesada. Este componente heterogéneo de los ejércitos no resta
protagonismo a los hoplitas ni a los ciudadanos pues la victoria se
considera de Atenas, y específicamente de sus hoplitas. Cabe pensar
que lo mismo ocurría en la flota con los barcos ateniense. Los metecos,
aliados y esclavos (sobre todo estos) que reman en los barcos eran
“invisibles”; es decir, la victoria no sólo es de Atenas (sin que se
destaquen estos colectivos) sino que el mérito es fundamentalmente,
como para el caso de los hoplitas, de los ciudadanos que iban en los
barcos168 en este caso, sobre todo, thetes. No importa tanto que hubiera
más o menos ciudadanos (que posiblemente había muchos), sino que la
victoria, el mérito, el esfuerzo y la “salvación” para la ciudad, proviene
de los ciudadanos que van en las naves y en este caso, por tanto, de una
mayoría de ciudadanos thetes (al menos, en situaciones normales, una
proporción importante de remeros, especialmente los thranitai como
veremos ahora, más probablemente los 10 epibatai y una proporción de
arqueros, además de los oficiales y el trierarco).
De este modo antes de la Guerra del Peloponeso son tres los
elementos que hacen pensar en una proporción elevada de ciudadanos
thetes en las naves: en primer lugar, la capacidad demográfica de este
colectivo analizada más arriba; en segundo lugar, las expectativas de
salario (misthos) que reportaba esta actividad169; en tercer lugar,
algunas alusiones en las fuentes que veremos ahora, que parecen indicar

168
Para el orgullo del demos de Atenas de sus barcos y de su flota y la arete de esta
al mismo nivel que la de los hoplitas: ver nota 83 infra.
169
Ya probablemente desde el origen (dotado por los propios trierarcos) pero
asegurado desde el estado posiblemente desde los años 50: ver nota 2.

185
la actividad continuada y constante de atenienses en las naves durante
la pentecontecia. La Guerra del Peloponeso, después de cincuenta años
de actividad naval, pudo alterar significativamente esta práctica de
embarcar una mayoría de ciudadanos; aún así, en un momento posterior
a la expedición a Sicilia, cuando la población ya habían disminuido
considerablemente, podía emplearse todavía en las naves un número
considerable de atenienses teniendo en cuenta el déficit poblacional de
Atenas en esos momentos.
Pasemos a examinar las fuentes.
Generalmente ha sido el Viejo Oligarca la fuente principal para
esgrimir la identidad entre clases bajas y flota170 y su discurso (“el
pueblo es quien impulsa las naves y quien da su fuerza a la ciudad”) ha
sido cuestionado como meramente retórico sin base real
(CECCARELLI, 1993, VAN WEES, 1995, GABRIELSEN, 2002a).
Sin embargo, vamos a comenzar por un autor que, en nuestra opinión,
puede reflejar más fidedignamente el sentir y la visión de los propios
atenienses de las clases bajas: Aristófanes. En las Avispas que trata
fundamentalmente del beneficio que supone para los jueces el salario y
en la que se hacen muchas alusiones al Imperio ateniense como fuente
de pagos y como escenario de juicios de Atenas, se alude en dos
ocasiones a los remeros. El prototipo de los jueces, en la descripción de
Aristófanes del coro y de Filocleón, es el de un ateniense que puede

170
Ps-Xen. Ath. Pol. 1.2-3: “En primer lugar diré lo siguiente: que es justo que allí
salgan mejor librados los pobres y el pueblo que los nobles y los ricos por una razón,
y es que el pueblo es quien impulsa las naves y quien da su fuerza a la ciudad… En
cambio, cuantas magistraturas proporcionan remuneración y provecho para el propio
peculio, esas son las que procura ejercer el pueblo” (Trad. M. Rico). Ver también 1.13;
1.19-20 (ejercitándose como remeros toda la vida).

186
tener dificultades para dar de comer a su familia (302 ss) y que busca
con ansia, de forma exagerada, los sueldos que se perciben en los
tribunales; además es viejo171. Este prototipo que aparece en las Avispas
se presenta en la obra así en relación con la flota y el Imperio:
«En verdad era tan de temer yo entonces, que nada me infundía
espanto. Y desbaraté a los adversarios, navegando contra ellos con
las naves. Pues entonces ni el preparar bien el próximo discurso, ni
el extorsionar a nadie nos preocupaba: solo quién de nosotros sería
mejor remero. Por ello conquistamos muchas ciudades de los medos
y fuimos la verdadera causa de que se traiga aquí ese tributo que
roban los jóvenes».172

De esta forma, para el coro de viejos jueces, en el contexto de la


Guerra del Peloponeso, los que levantaron el Imperio y consiguieron el
beneficio económico para Atenas (el phoros) son ellos mismos de
jóvenes haciendo de remeros. Los ciudadanos de clases bajas, en esta
obra, parece que se identifican con la flota que es esencial para levantar
el Imperio, y se reconocen, específicamente, dentro de ella, como
remeros. Es posible también que el misthos al que alude el coro de

171
Es muy probable que en los sorteos, entre voluntarios, de los tribunales se
presentaran de forma masiva mayores (de 50 a 80 años) de la clase de los thetes, pero
ese es otro tema.
172
Ar. Vesp. 1091 ss. Trad. L. Gil Fernández. También se alude a los remeros junto
con el papel de los hoplitas (¿quizás como referencia a los epibatai de las naves?) en:
(corifeo) “Si nos observáis repetidamente encontraréis que en todo, en nuestra forma
de ser y en nuestro modo de vida nos parecemos muchísimo a las avispas. En lo que
respecta al sustento, somos industriosísimos. […]. Pero hay instalados entre nosotros
unos zánganos que no tienen aguijón, que sin moverse devoran el tributo (phoros) sin
haberlo ganado con fatiga. Y esto es lo más doloroso para nosotros, que se zampe
nuestro salario alguien que no haya hecho la mili, y que en defensa de esta tierra no
haya cogido remo, ni lanza, ni… ampollas. Pues bien, me parece que en adelante no
debería cobrar el trióbolo todo ciudadano que no tenga aguijón”: Ar. Vesp. 1102 ss.
Es posible que se aluda con el término hyperesia del verso 602 al “servicio como
remero” y se plantea como servidumbre (douleia): JORDAN, 2000, p. 95.

187
viejos (ciudadanos) en Lisístrata (624-628) se refiera a los pagos como
remeros como se ha resaltado últimamente173.
Dentro de los remeros de los barcos había una proporción que
desempeñaba un papel más importante por ser los más duchos y
expertos y posiblemente por dirigir en gran medida al resto de los
remeros en las maniobras más complicadas174; son los thranitai.
Tucídides dice que los trierarcos daban un bono adicional o paga extra
a los thranitai (Thuc. 6.31.3; JORDAN, 2000, p. 82). Cabe suponer que
estos fueran en su mayoría atenienses y en este sentido los presenta
Aristófanes en Acarnienses (Ach. 162-3): “gemiría el personal del remo
alto, la salvaguarda de la ciudad (ὁ θρανίτης λεὼς
ὁ σωσίπολις)”. El comediógrafo los llama “pueblo de los thranitai”
(thranites leos)175 que salvan a la ciudad176, contrastándolos con los
extranjeros que van a recibir dos dracmas. De nuevo se reivindica como
atenienses (pueblo de Atenas) a estos remeros (MEIGGS, 1972, p. 441;
JORDAN, 2000, p. 85), los más expertos e importantes dentro de las
naves, y su interés en la percepción del sueldo; además, se ratifica lo
que señalábamos de que fuese cual fuese la proporción de atenienses en

173
THONEMAN, 2019, 13. Para ciudadanos remeros como misthophoroi:
TRUNDLE, 2004, pp. 12, 18-19, 85-86; O’HALLORAN, 2019, p. 248.
174
Los thranitai son los que ocupan el banco superior de las tres hileras de remos y
manejan el remo más largo haciendo el esfuerzo mayor. Suele haber 62 thranitai (en
el nivel superior de los remos), 54 zygioi (en el nivel medio), y 54 thalamioi (en el
nivel más bajo): GABRIELSEN, 1994, p. 106; con variaciones en las cifras y
postulando dos niveles: JORDAN, 2000, p. 85 ss (thranitai arriba y abajo los
thalamioi).
175
Para pueblo de campesinos y artesanos en Atenas llamados por el heraldo a la
asamblea como leos: VALDÉS, 2004.
176
Atenienses como “salvadores de Grecia” también después de la batalla naval de
Salamina: Hdt. 7.139.5.

188
las naves (que cabe suponer alta al menos antes de Sicilia), los que
salvan a la ciudad, los que vencen, los que proporcionan la victoria son
el pueblo de los atenienses que va en las naves. Algo similar ocurriría
con los epibatai que eran siempre ciudadanos, como indica Tucídides,
y parece que eran thetes armados como hoplitas177, pero no hoplitas de
catálogo178, salvo en momentos de emergencia:
«Después de hacer todo esto, los atenienses levaron anclas de
Corcira e iniciaron la travesía rumbo a Sicilia con los siguientes
efectivos: tenían un total de ciento treinta y cuatro trirremes y dos
pentecóntoros rodios (de estas naves, cien eran atenienses, y de estas
cien, sesenta eran trirremes rápidas y las otras transportes de tropas,
mientras que el resto de la flota procedía de Quíos y de las demás
ciudades aliadas); el total de los hoplitas ascendía a cinco mil cien
(y de éstos, procedían de la misma Atenas mil quinientos hombres
del alistamiento ordinario (ek katalogou) y setecientos thetes
(seiscientos en otras versiones) que iban como soldados de
marina»179.

En otro pasaje en relación con la revuelta de Quíos en 412, justo


después del desastre de Sicilia, Tucídides señala que, como excepción,
se obligó a hoplitas de catálogo (es decir, en nuestra opinión, zeugitai )
a combatir como epibatai, lo que pone de manifiesto que no era lo
habitual180. Los epibatai podrían constituir una élite dentro los thetes.

177
Estrictamente el término epibatai se aplica solo a hoplitas que hay distinguir de
contingentes más numerosos de soldados en barcos que eran fletados para llevarlos
(hoplitagogoi, stratiotides): GABRIELSEN, 1994, p. 106-107. Ver nota 57.
178
Ver nota 8.
179
Thuc. 6.43.1. Trad. Juan José Torres Esbarranch (Gredos): para el número de
efectivos ver n. 112.
180
Thuc. 8.24.2: εἶχον δ᾽ ἐπιβάτας τῶν ὁπλιτῶν ἐκ καταλόγου ἀναγκαστούς “Y como
soldados de marina llevaban hoplitas de la lista de reclutamiento en servicio forzoso”
(Trad. J.J. Torres Esbarranch). En un decreto de 430 (IG I3 60) se pone en evidencia
que un escuadrón de 30 barcos, enviado a recolectar tributo o a realizar razias en el
Peloponeso, se dota con soldados: 5 voluntarios epibatai (lo que indica que aunque lo
normal era embarcar 10 hoplitas, no siempre pudo ser así), 40 hoplitas (distingue a
estos por tanto de los epibatai), 10 arqueros y 10 peltastas; mientras que los primero

189
Eran marinos atenienses181 que iban armados como hoplitas; en general,
aunque no siempre, 10 por barco. Algunos autores postularon que eran
armados por el estado (STE. CROIX, 2004 p. 21; HANSEN, 1991, p.
45; LOOMIS, 1998, p. 59), lo que ha sido objeto de crítica (VAN
WEES, 2006, p. 373). Es posible que al provenir, quizás, de los de una
posición económica más elevada dentro de la clase “subhoplítica” de
los thetes (de haciendas o propiedad de entre 1,8 y 3,6 hectáreas o de
1000 a 2000 dracmas en parámetros de distinción económica de este
colectivo en el s.IV182), hubieran podido costearse (especialmente los
de más nivel dentro de ellos ) el armamento pesado183 como un
elemento de diferenciación y de honra con respecto al resto de los
thetes, pero sin la obligatoriedad de entrar en los catálogos de hoplitas
184
por no pertenecer a la clase censitaria de los zeugitai . La panoplia
además se amortizaba pues pasaría de padres a hijos (RAAFLAUB,
1997, p. 54). El hacer de epibatai en las naves (posiblemente los
jóvenes) constituiría un elemento de distinción, conformando una
especie de familias de “élite” dentro de la clase de los thetes. A partir

dos grupos son atenienses, los últimos están compuestos por atenienses y aliados en
igual número: GABRIELSEN, 1994, p. 107.
181
Epibatai atenienses: Thuc. 3.95.2; también en Arist. Pol. VII, 1327b4-15 (libres y
pertenecientes a la infantería). Los 120 marinos (epibatai) matados en Etolia en 426
son descritos como los mejores de los atenienses muertos en la guerra, todos jóvenes:
Thuc. 3.98; RAWLING, 2007, p. 122. En IG I3 60 los epibatai (5) y hoplitas (40)
embarcados para recolectar tributos son todos atenienses.
182
Para esta distinción entre los miembros de la clase censitaria de los thetes:
GALLEGO, 2016, p. 53 ss.
183
El equipamiento completo cuesta en torno a los 75-100 drachmas: VAN WEES,
2004, pp. 52-53.
184
Es posible que para entrar en los catálogos de hoplitas el criterio utilizado en el s.V
(no en el IV) fuese la pertenencia a la clase censitaria de los zeugitai: ver supra en
texto y nota 4. Epibatai voluntarios: ver la nota 57. Para otra opinión (epibatai como
hoplitas de catálogo): HERZOGENRATH-AMELUNG, 2017.

190
del censo de Antípatro en el [Link] los que se encuentran en esa franja
entre 1000 y 2000 dracmas son unos 12.000; con Demetrio de Falero
los que están por encima de 1000 dracmas (equivalente en tierra grosso
modo a 1,8 hectáreas)185 se reincorporan a la ciudadanía, lo que hace de
esta cifra un primer nivel de diferenciación (GALLEGO, 2016). Si el
número de thetes en esta franja se mantuvo relativamente estable, como
piensa Gallego, desde el s.V hasta el [Link] (con propiedades entre 1,8 y
3,6 hectáreas)186, entonces, los comprendidos entre los 18 y 39 años –
contando solo estos 12.000-, según la citada tabla de Hansen (1985, p.
12), constituyen un 61,29 %, lo que equivaldría a 7.368 efectivos de
entre 18 y 39 años. Posiblemente los que se elegían eran
fundamentalmente los jóvenes (menores de 30), como se especifica en
Tucídides y en el decreto de Temístocles187, lo que bajaría esta cifra
(algo menos de la mitad). Puede conjeturarse, además, que no todos los
thetes de esa franja (con patrimonio equivalente a 1,8 a 3,6 ha) tendrían
armamento hoplítico, adquirido sólo, quizás, por los de mayor nivel
económico188.

185
Ver nota 22.
186
Aunque pudo ser más amplio en el s.V que en el IV por la prosperidad económica
derivada del Imperio relacionadas con la actividad artesanal y comercial.
187
Ver nota 37.
188
Si bajamos el porcentaje a un hipotético 30% (quitando a los jóvenes entre 18 y 20
y a los mayores de 30), de 12.000 thetes con patrimonio entre 1000 y 2000 dracmas
hacen un total de 3600, suficiente para dotar 360 naves. Posiblemente eran menos
pues no todos los de esta franja podrían costearse el armamento, quizás sólo los de la
posición más elevada (a partir de las 2,5 hectáreas); si hacemos los cálculos con la
mitad serían 1.800 (suficientes para dotar 180 naves). Esta cifra podría aproximarse
más a la realidad si tenemos en cuenta que en Mitilene, con 250 naves en activo, se
necesitó reclutar a hoplitas de catálogo (presumiblemente salidos de los zeugitai en su
mayoría) como epibatai: ver nota 41. En cualquier caso esta franja de los propietarios
entre 1,8 a 3,6 hectáreas (o en patrimonio mueble de 1000 a 2000 dracmas) pudo ser

191
El hecho de que una parte importante y significativa de la flota
estuviera constituida por ciudadanos se pone de manifiesto también,
incluso bien avanzada la Guerra del Peloponeso en Samos. Allí en el
412/411 según Tucídides (8.48.2-3) la mayoría (polloi, ochloi, hoi
pleones) del ejército (de la flota) son ciudadanos189 a los que se reúne
en asamblea para comunicarles la posibilidad de que vuelva Alcibíades
si se abole el sistema democrático recibiendo dinero del Gran Rey
(SANCHO, 2018). Así se ve más adelante en el mismo autor (8.72.2)
cuando señala que los oligarcas de Atenas (en plena revolución
oligárquica) temían que “la masa de marineros (ναυτικὸς ὄχλος) no
quisiera permanecer bajo un orden oligárquico, y que luego, tras
extenderse el mal a partir de Samos, provocaran su caída”. De aquí se
infiere que en una fecha tan tardía como el 411, en momentos en los
que ya se habían producido abundantes pérdidas humanas, una
proporción probablemente significativa de los remeros de la flota eran
ciudadanos. Considerados como “masa de marineros”, puede suponerse
que fueran de la categoría de los thetes. Además el texto indica
claramente la posición política de esta “masa de marineros” contrarios
a la oligarquía y favorables a la restauración democrática, así como su
actuación política como asamblea190.
Otro documento importante es la citada inscripción conocida como
el catálogo naval ateniense (IG I3 1032); en ella parece que solo un 30-
40 % (LAING, 1965, p. 93) de los tripulantes son ciudadanos atenienses

mayor en el s.V que en el [Link] por el crecimiento económico artesanal y comercial, lo


que alteraría los cálculos al alza.
189
HANSEN, 1985, pp. 21-23. En Samos hay 82 naves: ver nota 40.
190
Ver SEBASTIANI, 2018, pp. 507-508.

192
lo que se ha visto como un número bastante reducido; el resto serían
extranjeros -aliados y metecos- y esclavos. Sin embargo, dado que la
inscripción, de fecha incierta, corresponde a los años posteriores al 411
y posiblemente podría situarse, como hace Laing (1965, pp. 107-119)
en Egospótamo (405 a.C.), momento de deterioro evidente de efectivos
y de crisis demográfica al final de la guerra191, puede incluso
interpretarse a la inversa y considerarse como elevado el número de
ciudadanos atenienses que todavía podían embarcar en las naves. La
inscripción se refiere a 8 naves (BAKEWELL, 2008, p. 143). Sea o no
en Egospótamo (objeciones en GRAHAM, 1998; BAKEWELL, 2008,
p. 143), si consideramos el mayor porcentaje dado por Laing (40%) para
pensar en los atenienses que embarcaron en las naves en esa ocasión
(Egospótamo), momento en el que se fletaron 180 barcos, el número de
ciudadanos atenienses en esa expedición sería muy elevado (14.400)
teniendo en cuenta la mermada población de Atenas (25.000 como
máximo al final de la guerra) y por ende, de los thetes (un máximo de
15.000 en el caso de seguir constituyendo un 60% de la población y, de
ellos, sólo 5.000 “sin tierras” al finalizar la contienda)192.

191
Ver para la población calculada para el final de la guerra: HANSEN, 1988, pp. 22-
23, 26, 28. Da fe de esta situación de crisis la propia batalla naval de las Arginunsas,
un año antes, con una cantidad también de esclavos: ver nota 5. En las Arginusas se
perdieron 25 barcos con sus tripulantes, 5000 personas (Xen. Hell. 1.6.34), muchos
de los cuales serían ciudadanos.
192
5.000 “sin tierras”: Dion. Hal. Lys. 32-33; el resto serían thetes con pequeñas
propiedades que en los cálculos de Gallego (2016) para el [Link] constituyen unos
12.000 pero que también se habrían visto afectados por la mortalidad derivada de la
guerra. De los 15.000 supuestos thetes los mayores no embarcarían; por encima de 50
años constituyen un 20,6% que habría que descontar y por encima de 60 un 8,7%; hay
que quitar también a los inabilitados o discapacitados por enfermedades, daños de
guerra. Cabe suponer que en esa situación de emergencia y por la propia situación
demográfica embarcarían también, como en el año anterior, en las Arginusas, de

193
Otras fuentes llevan a suponer que, especialmente durante los
cincuenta años de la pentecontecia, muchos miembros de las clases
bajas, habían hecho del servicio militar en los barcos su forma de vida,
como se infiere de Isócrates cuando dice en Panatenaico:
«La hegemonía terrestre se ejercita con la disciplina, la prudencia,
la obediencia y otras cosas semejantes, pero el dominio del mar no
aumenta con esto, sino con la industria naval, con quienes pueden
conducir las naves y con los que, por haber perdido sus bienes, están
acostumbrados a ganarse la vida con los ajenos. Si estos individuos
caían sobre la ciudad no era dudoso que el orden establecido por la
anterior constitución se disolvería y la benevolencia de los aliados
cambiaría con rapidez, cuando a los que antes daban tierras y
ciudades se les obligara a pagar impuestos y tributos para tener una
soldada que dar a éstos a los que me referí hace un poco»193.

Estos a los que se refiere Isócrates puede inferirse que, en su


mayoría, son los ciudadanos de la más baja condición (thetes) que han
caído en la polis y que están detrás, parece, de un cambio político que
conllevó la imposición tributaria a los aliados que revierte en sueldos
para los ciudadanos. No puede descartarse que se refiera también a otros
elementos considerados como indeseables y que en otros pasajes
(extranjeros y esclavos) relaciona con la flota ateniense194. En cualquier
caso en el texto del Panatenaico Isócrates parece que describe al cambio
político previo a la guerra del Peloponeso, que provocó, según este
autor, la “entrada” en el ejército de los thetes (nautikos ochlos en

manera forzosa otras clases censitarias que tendrían que hacer de epibatai, de oficiales
e incluso de remeros (tanto zeugitai como hippeis), lo que ayudaría a explicar las
referencias a esclavos con sus amos (en mayor proporción entre los trierarcos, epibatai
y oficiales, pero también entre los remeros: GRAHAM, 1998, p. 98 ss). En nuestra
opinión, entre los oficiales y epibatai irían hippeis y zeugitai y también, al menos
zeugitai, entre los remeros.
193
Isoc. 12.115-116 (Trad. Juan Manuel Guzmán).
194
Ver nota 43.

194
términos de Tucídides195) desde Salamina (cabe suponer que
especialmente desde Efialtes). Algo similar menciona Aristóteles en la
Política refiriéndose también al nautikos ochlos cuyo ascenso se pone
en relación con la batalla de Salamina que confirió poder a la ciudad e
hizo más fuerte la democracia (Arist. Pol. V, 1304a18-24). En otro
pasaje Aristóteles en la Política considera a los tripulantes de los
trirremes en Atenas como miembros del pueblo196 y Jenofonte y
Tucídides señalan, asimismo, la experiencia de los atenienses como
marineros197. También Platón identifica a los atenienses como marinos
(Pl. Leg. 4.706c), a los que considera de baja condición social (Pl. Leg.
4.707a).
La “masa naval” aunque en realidad heterogénea, estaría compuesta,
en gran medida, quizás incluso en una alta proporción (posiblemente
más de la mitad) antes de la Guerra del Peloponeso y quizás también en
la guerra arquidámica, por ciudadanos atenienses de la clase de los
thetes. Todavía después del desastre de Sicilia la proporción de
ciudadanos era alta teniendo en cuenta el declive poblacional. Así se
infiere del pasaje citado de Tucídides sobre el nautikos ochlos en Samos
(Thuc. 8.72.3) y de los textos de Isócrates, Platón y Aristóteles.
Precisamente este autor señala en otro pasaje de la Política que la masa
naval no tendría por qué ser ciudadana (Arist. Pol. VII, 1327b7-9) pero
lo expresa como desiderátum, poniendo como ejemplo a Heraclea, sin
que sea este el caso de Atenas según lo señalado con anterioridad por el

195
Thuc. 8.72.2.
196
Arist. Pol. IV, 1291b21; en Pol. VI, 1321a6 relaciona la infantería ligera y la
marina con la democracia (y consecuentemente con las clases bajas).
197
Xen. Hell. 7.1.3-4. Thuc. 1.142.4-7.

195
mismo autor: “y a su vez, la muchedumbre que servía en las naves, al
ser causante de la victoria de Salamina y, mediante ella, de la
hegemonía gracias al poder sobre el mar, hizo más fuerte la
democracia”198. El nautikos ochlos de Aristóteles y de Tucídides es
similar al descrito como banausos ochlos y thetikon ochlon del que
habla Plutarco cuando dice que con los trabajos de la acrópolis en época
de Pericles se “asalariaba” a toda la ciudad199, o el mismo Aristóteles,
refiriéndose a la peor forma de democracia dominada por “la masa
(plethos, en este caso) de artesanos, mercaderes y thetes”200.
Estos son los que formarían el grueso de la flota, sin negar la
presencia, creciente en la Guerra del Peloponeso, de metecos,
extranjeros y esclavos. De hecho al final de la guerra el recurso a estos
grupos tuvo que ser imperioso y abundante, hasta el punto de hacerse
común y llevar a plantear, incluso, la integración ciudadana de estos
colectivos, como los esclavos remeros en las Arginusas201, o los
metecos y esclavos en la propuesta de Trasíbulo que no salió adelante
con la oposición de los seguidores de Terámenes en otro contexto no
naval, con la restauración democrática202.
La idea de que la flota es un componente importante en la auto
representación de los ciudadanos, especialmente de las clases bajas, no

198
Arist. Pol. V, 1304a18-24 Trad. M. García Valdés.
199
Plut. Per. 12. 5-7. thetikos ochlos en Plutarco asimismo cuando alude a los que
seguían a Pisístrato: Plut. Sol. 29.1.
200
Arist. Pol. VI, 1319a.
201
Ver nota 5.
202
Arist. Ath. Pol. 40.2 (a todos los que lucharon en el Pireo, incluidos los esclavos).
Metecos: Xen. Hell. 2.4.25. Para concesiones de ciudanía excepcional a finales del
s.V: HUNT, 2001, p. 367.

196
viene, pues, solo del Viejo Oligarca, que encarna la ideología
oligárquica a finales del s.V, sino principalmente de Aristófanes, como
hemos señalado más arriba. Hacer de remero o de epibates en la flota
es un orgullo y parece que existe una conciencia por parte del demos,
especialmente de las clases bajas, de su actuación como salvadores la
ciudad en este servicio. En el mismo Aristófanes se relaciona la flota
con el poderío marítimo y los sueldos con el phoros, de modo que, real
o no203, existiría una conciencia del vínculo entre posibilidades
democráticas e imperio entre los miembros del demos. Todo ello
encuentra eco también en Tucídides quien en el discurso de Pericles al
inicio de la guerra (en época de mayor potencial demográfico, militar y
económico de Atenas) señala las habilidades como marineros de los
atenienses (Thuc. 1.142.4-7) frente a la incapacidad de los espartanos
en este sentido y destaca la importancia del entrenamiento naval que no
se puede improvisar (Thuc. 1.142.7-9) indicando de los atenienses:
(vosotros) “os ejercitáis en ello desde las Guerra Médicas”, aludiendo
al periodo de la pentecontecia. Pericles continúa diciendo en el discurso
de Tucídides: “tenemos ciudadanos como pilotos y nuestra restante
marinería (hyperesia) en mayor número y mejor que la de todo el resto
de Grecia” (1.143.1)204. Estos comentarios en Tucídides vienen al hilo
de la alusión a la hipotética situación en la que con el dinero de Delfos
y de Olimpia (usado como misthos) los peloponesios lograran atraerse

203
Hay discrepancias en torno a la utilización del dinero de los aliados para el pago
de sueldos en la democracia; ver para una posición favorable a esta opción: RHODES,
2007.
204
En este texto es probable que hyperesia se refiera al conjunto de la tripulación del
barco, no a los oficiales (ver notas 2 y 11). Ver también JORDAN, 2000, pp. 91-92.

197
a marineros extranjeros como remeros, lo que indica que los atenienes
emplearían habitualmente en las naves a mercenarios, como parece
expresar, también, con alusión al dinero de Delfos y de Olimpia, otro
pasaje anterior del mismo autor citando el discurso de los corintios en
el que estos resaltan que “la potencia de Atenas es más mercenaria que
propia” (Thuc. 1.121.3). Sin embargo, en el discurso de Pericles, que se
contrapone a este, se enfatiza como veíamos la pericia de los propios
atenienses en el arte naval y se señala que, aún en el caso del uso por
parte de los enemigos del tesoro de Delfos y Olimpia, Atenas dispondría
de tripulación suficiente para su flota entre los propios atenienses y los
metecos (presumiblemente entrenados y preparados en la vida naval),
en momentos en los que Atenas dispone de 300 naves205.
Por otra parte, en el mismo Tucídides, en el discurso fúnebre puesto
en boca de Pericles por los caídos en el primer año de guerra (Thuc.
2.36 ss), se asocia estrechamente el Imperio de Atenas con la
democracia, lo que muestra que esta conexión existía en el pensamiento
del demos de la Atenas del momento (2.36.2-4 y 2.37), y, aunque se ha
señalado (LORAUX, 1981, pp. 212-214; PRITCHARD, 1998) que el
discurso honra fundamentalmente a los hoplitas, se pone, sin embargo,
en dos ocasiones, al mismo nivel el potencial potencial naval de la
ciudad que el terrestre (2.39.3; 2.41.4). También en Aristófanes se alaba
en pie de igualdad las victorias “en las batallas campales y con la hueste
naval” (Eq. 568)206.

205
Ver nota 30.
206
Para la alta valoración de la ciudad y de sus ciudadanos del potencial y la actividad
naval de Atenas ver PRITCHARD, 1998b, esp. p. 55. Enfatizado, aún más, por este
autor recientemente: PRITCHARD, 2018, pp. 10-11 (con fuentes, bibliografía y

198
Podemos concluir que Atenas durante la pentecontecia parece que
tenía efectivos suficientes entre los ciudadanos atenienses para dotar a
la flota en tiempos de paz y en expediciones no muy numerosas o de
vigilancia, e incluso, hipotéticamente, tendría efectivos para dotar de
una mayoría importante (como mínimo la mitad y posiblemente más)
de atenienses a grandes flotas (100 barcos en Egipto). El mismo
Tucídides (1.143.1) así lo indica pues en el discurso de Pericles justo
antes de la guerra se señala, como fuente de tranquilidad, que toda la
flota en esos momentos (300 naves) podía ser tripulada por atenienses
y metecos (sin mencionar a esclavos) en un supuesto escenario en el
que aliados extranjeros se cambiaran de bando (atraídos por mayores
sueldos). Las expectativas del misthos y de otras compensaciones
(botín, etc) haría de esta actividad un medio de vida habitual para los
atenienses de la clase censitaria de los thetes, y especialmente de los
más jóvenes. En momentos de grandes campañas y de necesidad (como
en Salamina, Egipto o Chipre) se emplearían, de forma habitual, más
metecos, extranjeros aliados y posiblemente esclavos, aunque en eso
casos también habría una proporción importante de atenienses. La
proporción de no atenienses posiblemente tendió a aumentar a partir de
la Guerra del Peloponeso al mismo tiempo que comenzó a decrecer la
población ciudadana de Atenas, con un punto de inflexión quizás en la
expedición a Sicilia; aún así, después de esta debacle todavía el número
de atenienses en las naves es considerable dada la merma poblacional
de los últimos años de la guerra.

discusión, con atención especial a Aristófanes). Arete de los que lucharon en batalla
naval de Salamina en Lisias: Lys. 2.33, 40, 43.

199
Hasta la Guerra del Peloponeso Atenas llevaba cincuenta años de
activa implicación marítima en la que supuestamente los atenienses de
las clases bajas pudieron alistarse sin dificultades, dado el crecimiento
poblacional y ante las expectativas de retribuciones en las naves. La
práctica marítima conllevaba la percepción de un sueldo (misthos y
otros beneficios) que se asociaba con el imperio (el phoros) y que llevó
al dominio de Grecia y, por tanto, probablemente, a una conciencia de
mérito en este sentido, independientemente de que una proporción en
las naves estuviera siempre cubierta por metecos, mercenarios
extranjeros (generalmente aliados) y esclavos (que no son mencionados
hasta más tarde). Esta asociación entre flota, democracia y poder sobre
Grecia posiblemente se gestó, por tanto, en los años de la pentecontecia
y está recogida, por ejemplo, en Aristófanes, pero también en
Tucídides. Es una ideología que pertenece al demos y específicamente
al demos de la clase más baja (como Filocleón y el coro de jueces en las
Avispas) que actúa en las naves (de remeros) y que conforma su
identidad social en relación con los beneficios derivados del misthos
asociado con el Imperio y con el éxito naval. De esta ideología se hacen
eco las fuentes oligárquicas como el Pseudo-Jenofonte, y otras
posteriores, como Isócrates o Aristóteles, en las que se pone de
manifiesto la relación entre ciudadanos pobres y masa naval (nautikos
ochlos)207. Para terminar, fuese, como hemos supuesto aquí, o no la
norma embarcar una mayoría de ciudadanos en las naves, al menos
antes de la Guerra del Peloponeso y especialmente antes de la

207
Para el uso de remeros atenienses como mercenarios fuera de Atenas por su pericia:
JORDAN, 2000, p. 93.

200
expedición a Sicilia, el mérito de la victoria redunda siempre en los
atenienses y específicamente en la mayoría de atenienses que
embarcaban, es decir, habitualmente (salvo en situaciones de
emergencia o de excepción) los de la clase de los thetes. El mérito es
suyo, pues metecos y sobre todo esclavos, no cuentan (o no del mismo
modo). Los atenienses de las naves son los elementos “visibles” en el
éxito militar, aunque en el conjunto de toda la población parece que no
tan visibles como los hoplitas en los discursos de la ciudad208. Dentro
de los ciudadanos thetes, sobre todo jóvenes, que embarcan en las naves
hemos supuesto la existencia de una élite, mejor posicionada
socioeconómicamente, de la que se nutrirían los epibatai, aunque con
las necesidades de la guerra empezó a reclutarse para esta función
también a los hoplitas de catálogo. Dentro de la flota tendrían asimismo
un papel especial y destacado los thranitai, “los del remo alto”, función
en la que tradicionalmente habría más ciudadanos que en otros puestos.
La mayor parte de los thetes embarcados, sin embargo, conformarían
esa “masa naval, anónima” de la que hablan las fuentes, a veces difícil
de distinguir de los propios esclavos o extranjeros en busca del sueldo
(al menos en el discurso oligárquico: Paiaro-Requena, 2015), con poca
tierra o sin propiedades, asalariados, jornaleros, obreros que constituían
presumiblemente en la época dorada de la pentecontecia, con el
crecimiento poblacional, una mayoría de los thetes de Atenas (Valdés,
en preparación) pero que se vio especialmente mermada al final de la

208
STRAUSS, 1996, pp. 313-14, 320 (este autor habla, en cualquier caso, de la
existencia de una ideología de los thetes forjada en su experiencia como remeros);
VAN WEES, 2004, pp. 47, 200-1, 211. Ver, sin embargo, matizaciones en
PRITCHARD, 2018.

201
guerra. La relación de thetes y flota es, por tanto, una realidad y es, a la
vez, un construcción retórica e ideológica, pero no sólo oligárquica,
sino también democrática, pues la flota es un elemento esencial en la
configuración de la identidad social del demos pobre de Atenas en el
s.V a.C.

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211
212
AGMEN ET AQUILA. SOBRE EL ORDEN DE MARCHA DE
LAS LEGIONES ROMANAS

AGMEN ET AQUILA. THE ORDER OF MARCH OF THE


ROMAN LEGIONS

Sabino Perea Yébenes


Universidad Nacional de Educación a Distancia

Resumen:
Se reúnen las principales fuentes griegas y latinas que describen las
columnas de avance del ejército hacia la batalla, o bien cuando un
ejército ha de trasladarse de una a otra parte por razones tácticas. Cada
columna de marcha ha de adaptarse a las circunstancias y al territorio
que han de atravesar. Pero el orden obedece casi siempre a patrones
comunes. La formación es generalmente en columna, agmen
quadratum. En el centro, siempre bien protegidos, van los mandos y el
águila, la insignia sagrada de la legión. En el presente trabajo ofrecemos
la versión española de un capítulo del Strategikos de Onasandro, un
texto fundamental donde se leen consejos para los generales romanos
que han de conducir sus tropas por tierras hostiles.

Palabras clave:
Agmen exercitus. Orden de marcha. Legiones romanas. Estrategia.
Onasandro.

Abstract:
We gather the main Greek and Latin sources that describe the
columns of the army's advance towards the battle, or when an army has
to move from one place to another for tactical reasons. Each March
column must adapt to the circumstances and territory to be crossed. But
order almost always obeys common patterns. In the center, always well
protected, go the controls and the aquila, the sacred insignia of the

213
legion. In this paper we offer the Spanish version of a chapter of the
Strategikos of Onasander, a fundamental text where advice is read for
Roman generals who have to lead their troops through hostile lands.

Key words:
Agmen exercitus. Order of March. Roman Legions. Strategy.
Onasander.

Al leer las fuentes antiguas que narran episodios bélicos, o libros


modernos sobre el mismo tema, vemos con frecuencia frases de este
tenor: “la legión X dejó el frente de batalla en tal sitio y marcha a tal
lugar para apoyar a otras tropas..., etcétera”. Y no pensamos realmente
acerca del extraordinario esfuerzo que supone mover muchos miles de
hombres de un escenario de guerra a otro. Se suele hablar de las legiones
romanas como de una máquina de guerra absolutamente inhumana,
anónima.
Las legiones romanas, como antes las falanges macedónicas
(WHEELER, 1979), eran una fabulosa maquinaria de guerra, formada
por hombres, animales, máquinas, carros, sirvientes, provisiones...
Ponerlas en marcha requería una extraordinaria disciplina, y un enorme
esfuerzo personal por parte de todos. En primer lugar, del general y de
los legados legionarios, luego de todos los prefectos u oficiales que
estaban al mando de cada una de las unidades.
Una columna de ejército en marcha siempre va organizada
según orden predeterminado por la jerarquía de los mandos y las
cohortes. Pero tiene dos formas, dependiendo del grado de urgencia del
ataque próximo.

214
Hay un primer grado o modo, el agmen, que designa una marcha
tranquila, la que se realiza en el camino intermedio entre dos
campamentos o posiciones u objetivos militares. En esta marcha
“tranquila” los soldados no están en alerta extrema con las armas
dispuestas y la tensión propia de un ataque inminente. Son, por así decir,
“marchas de crucero”.
Un segundo grado o modo es cuando el ejército marcha a buen ritmo,
o bien “a marchas forzadas”, al encuentro de un enemigo ya claramente
identificado y situado. Esta columna de marcha se denomina acies,
“columna en orden de batalla”. La alerta es máxima; y la tensión crece
según los legionarios se acercan a un objetivo enemigo, a una ciudad
que debe ser tomada o a un campo de batalla donde van a entrar en
combate, con el riesgo obvio de perder la vida. Ejemplo clásico de acies
bélica es la narrada por Arriano en su Ektasis katà alanôn, en tiempos
del emperador Adriano. Este ejército conducido por Arriano, constaba
de unos 13.000 hombres (GILLIVER, 1999, pp. 48 y 56; PEREA
YÉBENES, 2014-2015, pp. 96 y 98). La diferencia entre acies y agmen
es la inminencia del ataque, prioritario en la primera formación y
aplazado en la segunda (cf. Liv. 29.36.5 y 33.9.5: Phalanx, quae
venerat agmen magis quam acies aptiorque itineri quam pugnae,
vixdum in iugum evaserat).
Abandonar un campamento para ponerse en marcha requiere, ante
todo, discreción. Era costumbre levantar el campamento con las
primeras luces del día (Caes. BC 1.66; Bell. Afr. 67.1; Jos. Bell. Iud. 35;
cf. Juv. 8.12: «(ortu) Luciferi, quo signa duces et castra movebant). Una
vez despertados los soldados a toque de cornu, sabiendo que había que

215
ponerse en marcha, se esperaban tres toques distintos, y con cierta
cadencia de tiempo que indicaban tres tareas urgentes a realizas: 1)
recoger las tiendas y los objetos del soldado no tenía que transportar a
sus espaldas. 2) Cargar los carros con todo el material pesado, uncir los
animales, colocarse en la posición que determina el general en la
columna, junto a su respectivo estandarte, y a las órdenes de los
centuriones y oficiales, quedando así compuesto el agmen. 3) Iniciar la
marcha a la orden del general.
Tanto las señales de los instrumentos de viento como el ruido
producido por estos trabajos debían de ser discretos, y a ser posible en
silencio, como indica Polibio:

«Para levantar el campo se procede de la manera siguiente: cuando


se da la señal desmontan las tiendas y todos hacen su equipaje. Sin
embargo, nadie puede desmontar ni montar su tienda antes de que
lo hayan sido las de los tribunos y la del cónsul. Cuando se da la
segunda señal, colocan los bagajes sobre las bestias de carga;
cuando se da la tercera, los primeros deben ponerse en marcha, y se
han de poner en movimiento todas las fuerzas». (Plb. 6.40.1-3.
Traducción de M. BALASCH RECORT, 1981).

Los autores latinos hablan del agmen pilatum (en fila estrecha y
larga) como un tipo de formación que puede hacerse en momentos o
territorios no peligrosos. Es cuando el ejército marcha “libre y
relajado”, laxus atque solutus (Liv. 22.50.9). Polibio la describe en
detalle. La terminología militar y los rangos son los propios de su época:

«Abren la formación casi siempre los «escogidos»; detrás de ellos


marcha el ala derecha de los aliados y, a continuación, sus acémilas.
Esta columna viene seguida por la primera legión romana, que lleva
detrás su bagaje. A continuación avanza la legión segunda, seguida
también de su impedimenta y de las bestias de carga de los aliados,
que caminan en fila al final de la columna, porque el ala izquierda

216
aliada cierra siempre este dispositivo. Los jinetes, a veces, siguen al
cuerpo de infantería que les corresponde y, otras veces, cabalgan
flanqueando las acémilas, para contenerlas y conservarlas en
seguridad. Si esperan un ataque a retaguardia, los escogidos los
aliados abandonan su posición delantera y se sitúan al final; las
demás partes siguen invariables. Cada una de las legiones va delante
a días alternos, y también las alas, y las otras, detrás: así todos
participan por igual del aprovisionamiento intacto de agua y de
vituallas, por este cambio por turno en el orden de los que abren la
marcha. Pero hay otra formación cuando la situación es incierta y se
marcha por lugares planos: avanzan en paralelo las tres falanges de
los hastati, de los príncipes y de los triarii, precedidas por las
acémilas de los manípulos que van en primera posición, las que
preceden a los segundos manípulos van detrás de los primeros, y así
sucesivamente, alternando siempre acémilas y manípulos. En este
orden de marcha, si son atacados, giran a la derecha o a la izquierda
y hacen avanzar los manípulos, dejando atrás las acémilas, en
dirección hacia el lugar por donde ha salido el enemigo. Así, en muy
poco tiempo y con un solo movimiento, toda la infantería se
encuentra en orden de combate, ello cuando no es preciso que los
hastati hagan un movimiento de rotación. Las acémilas y la masa de
hombres que les acompañan, situados detrás de las filas de los
combatientes, ocupan un lugar adecuado, fuera de la lucha». (Plb.
6.40.4-14. Traducción de M. BALASCH RECORT, 1981).

Por el contrario, el llamado agmen quadratum se recomienda en caso


de riesgo, pues supone la agrupación de una sola columna en tres que
avanzan paralelas:
«La columna del ejército puede marchar en dos tipos de formación:
la cuadrada, que marcha llevando incluidos dentro los jumentos, de
forma que pueda detenerse en cualquier sitio; y la formación en fila,
sin llevar entre medio las acémilas ni jumentos, pero van los
hombres apretados para pasar más fácilmente por los lugares
difíciles, como gargantas y desfiladeros». Varrón en Servio, Ad Aen.
12, 121; cf. Séneca, Ep. 59, 7 (Tomado de GUILLÉN, 1980, p. 565).

La de a tres (triplex acies/agmen) es una formación compacta que


da seguridad a los soldados ante las emboscadas de los enemigos (Sen.
Ep. 59.7). Yendo a la batalla, o de regreso de una victoria, el ejército en
marcha nunca debe relajarse:

217
«Enseguida Mario prosiguió su camino, como había empezado,
hacia sus cuarteles de invierno... La victoria no lo había engreído ni
confiado. Marchaba en batallón cuadrado, exactamente como en
presencia del enemigo. Sila iba a la derecha con la caballería; y a la
izquierda A. Manlio con los honderos y arqueros, sin contar las
cohortes de los ligures; a la cabeza y en retaguardia colocó los
tribunos con la infantería ligera. A los tránsfugas, a los que se
apreciaba poco, pero que eran buenos conocedores del terreno, los
dispuso para que observaran la marcha de los Númidas». (Sal. Iug.
100.1-3).

Oficiales y soldados también tienen que estar atentos por si han de


replegarse (huir) tras un ataque imprevisto. Siguiendo el viejo estudio
de Marquardt (1891, p. 135), son tres las formaciones básicas de
retirada (que también se pueden utilizar para el ataque activo), a saber:
–Orbis: es una formación de un cuadrado perfecto del ejército
batiéndose en retirada cuando el enemigo es manifiestamente superior,
como indican Salustio (Iug. 95, 5), César (BG 2.25.1; 4.37.2). 5.33.3),
Livio (21.56.2); Gelio (10.9.1) y Vegecio (1.26).
–Testudo. En formación cuadrada, los soldados de la primera línea,
muy juntos unos de otros por los costados, brazo con brazo, se cubren
por delante con los escudos. Los soldados de los extremos se protegen
igualmente con sus escudos: los de la fila izquierda sujetan los escudos
con su brazo izquierdo; los de la fila derecha lo agarran con su brazo
derecho. Los que van en retaguardia llevan el escudo a la espalda. Los
hombres que marchan en las columnas dentro del perímetro del
cuadrado elevan los escudos por encima de las cabezas. Así, todos los
hombres quedan ocultos bajo “el caparazón de tortuga” que avanza así
para atacar o replegarse. Así repelen los proyectiles, y las armas
sobresalientes de los soldados colocados en el perímetro hieren a los

218
que salen a su encuentro. Esta formación es eficaz también para acercar
los soldados al pie de una muralla con la intención de asaltarla. Este
tipo de formación está muy bien documentada en las fuentes (Caes. BG
2.6.2; Virg. Aen. 9.505 y 514; Livio 34.39.6; 44.9.6; Onasandro, Strat.
20: Tácito, Ann. 12.35; 13.39; Hist. 3.27, 28, 31; 54.23; Cass. Dio
49.30).
–Globus. El “globo” era un cuerpo destacado, lanzado contra los
flancos de la formación del enemigo, para romper su orden de batalla.
Esta formación no tiene una disposición especial, parece más bien un
ataque masivo y desordenado, al que se refieren diversos autores (Livio
4.29.1; Tácito, Ann. 2.11; 4.50; 12.43; 14.61; Vegecio, 3.17 y 19).

Una columna de ejército romano puede alcanzar varios kilómetros,


dependiendo, naturalmente, del número de legiones y tropas auxiliares
que la forman. El itinerario por regiones llanas podía ser relativamente
plácido, menos esforzado; de ahí que en estas circunstancias se les
exigiese recorrer una distancia mayor. Ello supone, aun en terreno
favorable, un gran esfuerzo teniendo en cuenta el peso que cada soldado
llevaba a su espalda, a partir de la época de Mario, entre 20 y 30 kilos:
escudo, casco, armas, correajes, grebas, y las provisiones cargadas en
un saco (sarcina) hecho de piel, que durante las marchas ordinarias el
soldado colgaba de un palo acabado en forma de horca u horquilla
(furca, furcilla), que se echaba al hombro (GUILLÉN, 1981, p. 571).
Era una forma bastante incómoda de llevar mucho peso, en vez de

219
cargar el peso del saco pegado a la espalda y sujeto con correas cortas
a modo de las mochilas modernas. Además, algunos soldados podían
llevar, además de lo dicho, una sierra, una hoz, una espuerta, una azada,
un hacha y una cadena (Jos. Bell. Iud. 3.5.5).
Dependiendo de la velocidad de marcha puede hablarse de un ritmo
normal (iustum iter) estimado en recorrer una distancia de 20 a 25
kilómetros al día. En magnum iter se pedía al soldado superar esa
distancia, en tanto que ir “a marchas forzadas”, magnis / maximis
itineribus, requería un esfuerzo mucho más extraordinario, incluso no
dejar de caminar durante día y noche (Caes. BG 7.56.3: magnis diurnis
nocturnisque itineribus confectis...).
El general enviaba por delante unidades de jinetes para que
explorasen el camino. Estos exploratores experimentados en otear el
terreno, rápidos con las monturas, de buena vista, y hábiles en la lucha
cuerpo a cuerpo. A finales de la República sabemos por Salustio y por
César que la caballería, mandada por delante de agmen, tenía como
misión contener y entretener al enemigo mientras las legiones se
recolocan en su posiciones óptimas para el combate. La caballería
puede actuar en avanzadilla o desplegadas en las alas, en los flancos del
agmen.
«(Metelo) aprovecha aquel alto en el camino para modificar el orden
de batalla: sobre el flanco derecho, el más próximo al enemigo,
establece tres líneas de reserva; y reparte entre los manípulos los
honderos y los arqueros; coloca toda la caballería en las alas, y
habiendo dirigido a sus hombres una breve alocución, según lo
permitía el tiempo, hace bajar a su ejército a la llanura, conservando
el orden establecido y presentando las primeras filas en líneas
cerradas» (Sal. Iug. 49.6).

220
«Envió la caballería para que contuviera el ataque de los enemigos.
Él (César), mientras tanto, con las cuatro legiones veteranas,
dispone tres órdenes de combate hacia la mitad del collado» (Caes.
BG 1.24.1-2).

En época de César y época imperial, los jinetes de avanzadilla eran


equites extraordinarii, no equites legionis, aunque algunos de estos
hombres podían surgir de entre los jinetes legionarios. Lo más habitual
es que fuesen auxiliares, o bien de origen de origen autóctono, buenos
conocedores de la región (Figura. 1). En todo caso, se trataba de
hombres de contrastada confianza para los oficiales (Tac. Ann. 1.50.51;
Amm. Marc. 16.12).

Figura. 1. Explorador. Eques extraordinarius. Dibujo de Ronald Embleton (tomado


de EMBLETON & GRAHAM, 1984, p. 24).

Para los dos últimos decenios de la República romana tenemos


varios textos que nos informan sobre la disposición de la columna del

221
ejército romano en marcha. Era el general el que decidía la composición
de la columna, en razón de la estrategia de ese momento. Así, leemos
en César:
«César, tras enviar por delante a la caballería, la seguía con todas
sus tropas. Ahora bien, el plan y orden de la marcha era distinto al
que los belgas habían descrito a los nervios. En efecto, como se
estaba aproximando a los enemigos, César, siguiendo su costumbre,
iba al frente de seis legiones libres de bagajes; tras ellas había
colocado la impedimenta de todo el ejército; a continuación,
protegiendo el convoy, cerraban toda la columna las dos legiones
que había reclutado recientemente». (Caes. BG II.19.1-3).

En el siglo I tenemos varios textos interesantes que describen el


avance del ejército hacia la batalla. Tácito nos da el orden de la
formación de las tropas de Germánico al frente del Rin, en los primeros
años del gobierno de Tiberio, para combatir contra los usipetas y los
bructeros. Es una formación, acies, que marcha pertrechada para el
combate, incidere itineri et proelio:

«El general... tomó sus disposiciones de marcha y de combate. A la


cabeza iba una parte de la caballería y de la infantería auxiliar;
después, venía la primera legión rodeando los bagajes; el ala
izquierda estaba formada por soldados de la XXI, y la derecha por
los de la V; la legión XX se aseguraba de la retaguardia, seguida por
el resto de los aliados» (Tácito, Ann., I, 51, 5-6).

También en ese texto aparece la importancia de los bagajes: se hallan


rodeados por todas partes y confiados a la elite de los soldados (LE
BOHEC, 2004, p. 177). Basándose en las fuentes, Guillén (1981, p. 571)
ha realizado una lista detalladísima sobre los convoyes militares, es
decir, los impedimenta de que hablan las fuentes, a saber: tienda de
campaña, hechas de tela o de pieles; los equipajes de los generales y de
los oficiales, que solían ser voluminosos y pesados; los víveres
222
(provisiones de comida en salazón, y diversas bebidas, agua, vino,
vinagre, aceite) que podían complementarse con rebaños de ovejas o de
reses que acompañaban al ejército para servirles de alimento en caso
de necesidad; armas de recambio; maquinaria de guerra, y proyectiles
que se transportaban en los carros; lanzas y estacas para la empalizadas;
material y herramientas de carpintería; barcas y materiales para los
pontoneros en caso de que fuese necesarios construir puentes o pasos
flotantes para cruzar un río; herrajes y material veterinario para los
animales; equipo sanitario para los hombres. Una vigilancia especial, a
cargo de los cuestores, estaban los carros donde se transportaba el
dinero para pagar a los soldados y comprar provisiones en caso
necesario. La misma custodia requería el botín y los tesoros tomados a
los enemigos. También en carros debían de viajar los heridos y
enfermos. En una parte subsidiaria, pero no por ello menos vigilada,
iban los prisioneros, atados con cuerdas, cadenas o grillos, a los que
también había que alimentar, sin lujo pero aceptablemente, pues su
buena salud aumentaba su valor en el mercado de esclavos. Por detrás
iban los mercaderes de cualquier cosa, y las concubinas y prostitutas
que no faltaban alrededor de todo ejército; y finalmente los oficios no
militares pero necesarios en un ejército: los cocineros, leñadores,
muleros, esclavos de los oficiales y de los soldados que pudieran
pagarse ese lujo.
Todo objeto que tuviese un peso superior al que podía soportar un
hombre, se cargaba sobre las bestias. Los animales de carga, las mulas,
asnos y caballos poco aptos para el combate, se contaban por cientos.
Vegecio habla de 200 animales de carga para cada legión (Veg. Epit.

223
3.6), aunque fácilmente ese número podía duplicarse. Toda esta reata
ralentizaba extraordinariamente la marcha del ejército, impidiendo
alcanzar el ritmo normal del paso de los hombres.
Hay dos pasajes interesantes en la obra de Flavio Josefo relativos los
agmina exercitus. Uno de ellos es el avance de Vespasiano con sus
tropas desde Ptolemaida a Galilea. El relato es interesante por cuanto el
historiador fue actor y testigo excepcional de esa guerra. Es una
descripción detallada:

«Vespasiano, que pretendía él mismo invadir Galilea, organizó su


ejército para que marchara según la costumbre romana y partió de
Ptolemaida. Mandó que fueran delante las tropas auxiliares,
armadas a la ligera, y los arqueros para hacer frente a los ataques
repentinos de los enemigos y para que rastreasen los bosques que
hicieran sospechar que allí se podían preparar emboscadas. Detrás
iba un destacamento de infantería y de caballería romanas con
armamento pesado. A continuación marchaban diez hombres de
cada una de las centurias con su propio equipamiento y con los
instrumentos necesarios para medir el trazado del campamento. Les
seguían los zapadores para enderezar los caminos sinuosos, allanar
los pasos difíciles y talar previamente los árboles que impidieran el
acceso, de modo que el ejército no tuviera que soportar una marcha
difícil. Luego Vespasiano ordenó que fueran sus bagajes y los de
sus oficiales y un numeroso grupo de jinetes para que les dieran
protección. Detrás cabalgaba el propio Vespasiano con un
destacamento de soldados escogidos de infantería, de caballería y
de lanceros. A continuación iba la caballería propia de la legión,
pues cada una de éstas tiene ciento veinte jinetes. Les seguían las
mulas con las helépolis y con las demás máquinas de guerra. A
continuación marchaban los legados de las legiones, los prefectos
de las cohortes y los tribunos junto con sus soldados escogidos.
Después iban las enseñas, donde se contiene el águila, que va al
frente de toda legión romana, ya que el águila es la reina y la más
fuerte de todas las aves. Para ellos esto simboliza su poder y es un
presagio de que vencerán allí donde vayan. A estos estandartes
sagrados les siguen las trompetas y, detrás, la falange con sus
efectivos distribuidos en filas de seis. Luego venía un centurión que,
como es habitual, vigilaba el buen orden de la marcha: A la
infantería le seguía toda la servidumbre de cada legión, que llevaba
los bagajes de los soldados en mulos y en otros animales de carga.

224
Al final de todas las legiones iba la multitud de mercenarios, que
estaba protegida en la retaguardia por infantes, por soldados de
armamento pesado y por un gran número de jinetes». (Josefo, Bell.
Iud. III.115-126. Traducción de NIETO IBÁÑEZ, 1999).

El esquema lo repite el mismo autor más adelante, en un relato más


breve, al contar la marcha de Tito, hijo del emperador Vespasiano, hacia
Jerusalén:
«Mientras Tito avanzaba por tierra enemiga, iban delante de él las
tropas de los reyes y todo el contingente de aliados, a los que seguían
los zapadores y los que median los campamentos; luego iban los
bagajes de los generales y detrás de los soldados que los escoltaban
marchaba el mismo con otros hombres escogidos y con los lanceros.
A continuación se hallaba el destacamento de caballería de la legión.
Estos estaban delante de las máquinas de guerra, seguidos de los
tribunos y los jefes de cohorte con tropas selectas; después de ellos
iban las ensenas alrededor del águila, precedidos de sus trompeteros,
y a continuación el grueso del ejército en filas de seis. Le seguían
los sirvientes de cada legión, precedidos de sus bagajes, y al final de
todos marchaban los mercenarios y los comandantes de
retaguardia». (Josefo, Bell. Iud.V.47-49. Traducción de NIETO
IBÁÑEZ, 1999).

No menos importante es el texto de Onasandro, autor de mediados


del siglo I d.C., que escribió una importante obra de estrategia militar,
cuyo fin es el de instruir a los generales sobre los asuntos de la guerra.
Es, por decirlo así, un manual para profesionales de la milicia, un
tratado de teoría y de estrategia militares, escrita en griego. En esta obra,
que no está traducida al español, se habla extensamente, en el capítulo
6, de «Cómo guiar al ejército en formación», Περὶ τοῦ ἄγειν ἐν τάξει
τὸ στρατόπεδον. Por su importancia para este tema, damos aquí una
versión completa de dicho capítulo, basada en la edición del texto
griego: ABBOT (1923, pp. 394-401) y PETROCELLI (2008, pp. 38-
45):

225
«[1] El general debe liderar a todo su ejército en formación
militar, incluso si no está en el punto de batalla, sino completando
un largo viaje y una marcha de muchos días a través de un país
amigo u hostil: en un país amigo,, para que los soldados se
acostumbren a mantenerse unidos según su rango, a mantener sus
propias tropas y a seguir a sus líderes; en un país hostil, para
protegerse contra ataques repentinos de una emboscada y para que
los soldados no se vean desordenados en un momento crítico,
corriendo y tropezando unos con otros, evitando sufrir graves
pérdidas. Deben proceder del mismo modo cuando están dispuestos
a la marcha que cuando están preparados para la batalla, recordando
su contraseña y sin perder de vista a sus compañeros de armas en
las columnas.
[2] El general debe procurar que la orden de marcha de su
ejército sea compacta, y debe conducir a sus tropas a través de un
país, vigilando en la medida de lo posible la longitud y la anchura
de la columna, de modo que (en caso de necesidad) puedan
replegarse rápidamente a un lado.
[3] Las tropas así dispuestas sufren menos ataques repentinos del
enemigo y causan menos destrozo. Si el enemigo, con un frente más
amplio, se encontrara con la cabeza de la columna, fácilmente la
pondrían en fuga, del mismo modo durante una batalla se derrota a
un ejército atacándolo por los flancos cuando avanza en formación
de columna. Si el enemigo ataca el centro de la columna desde un
flanco, lo perforarán rápidamente y lo atravesarán, incluso cuando
la columna se replegase en círculo, formando en el centro una
falange; ésta, carente de profundidad, se mostrará incapaz de oponer
resistencia. Finalmente, si el enemigo atacase la retaguardia, la
batalla sería terrible y conduciría a una derrota inevitable; incluso si
los soldados de la columna se aventuraran a hacer un frente de
contención, la situación equivaldría a la citada antes para los ataques
a la cabeza de la vanguardia, es decir, que serían rodeados
inmediatamente por el enemigo.
[4] Esta ayuda sería problemática y estéril. Incluso si se intentara
que los de retaguardia fuesen en ayuda de los que están delante, o
viceversa, este movimiento sería lento e inoportuno, aunque (los
soldados) se muestren ansiosos por recorrer los muchos estadios que
hay de un extremo a otro de la formación.
[5] El orden de marcha es compacto y rectangular, no mucho
más largo que ancho, seguro y fácil de manejar para cualquier
emergencia. Una línea de marcha demasiado larga puede a veces
producir pánico y aprensión debido a la incertidumbre, ya que a
veces los que van en cabeza, tras descender de las montañas a
regiones sin árboles y llanas, observan que los que están en la
retaguardia siguen descendiendo, y piensan que han podido ser

226
infiltrados por el enemigo, de modo deben estar preparados para
atacarles como adversarios, llegando incluso a las manos.
[6] El general debe colocar su equipo médico, a los animales de
carga y todo su equipaje en el centro de su ejército, no en los
laterales. Si considera que su retaguardia no es segura y tranquila,
debe enviar allí a los soldados más vigorosos y valientes, pues la
experiencia dice que la retaguardia no es menos importante que la
vanguardia.
[7] Debe enviar a la caballería por delante, para explorar los
caminos, especialmente cuando se avanza a través de un país
boscoso o una llanura salpicada de crestas. Los enemigos llevan a
cabo emboscadas con mucha frecuencia, y el hecho de no
detectarlas causa un daño terrible a los adversarios. En cambio, si se
descubren, incluso con alguna estratagema, informan al adversario
sobre la astucia del general.
[8] Una mirada general es suficiente para explorar un territorio
llano y árido: de hecho, cuando por el día se levanta una nube de
polvo, esta delata el ataque enemigo; por la noche, los fuegos
encendidos indican que estos iluminan un campamento cercano.
[9] Aunque el momento de la batalla no esté próximo, si tiene
intención de llegar antes que los demás a un punto determinado, dé
la orden a las tropas de marchar también durante la noche, si es que
no corren riesgos. Pero si la intención es entrar en combate tan
pronto como se aviste el enemigo, la columna debe marchar
lentamente, y no hacer largos trayectos, pues ocurre en muchos
casos que antes de la lucha real, los hombres se muestran ya
cansados.
[10] Al cruzar un país aliado, el general debe ordenar a sus tropas
que se abstengan de asaltar el territorio y no robar ni dañar nada.
Porque un ejército en armas se muestra despiadado cuando tiene la
oportunidad de ejercer el poder, y la visión cercana de los objetos
deseables lleva a la codicia a los irreflexivos. Escaramuzas de poca
importancia pueden alejar la confianza de los aliados, e incluso
convertirlos en enemigos.
[11] Por el contrario, destruye, incendia y devasta la tierra del
enemigo: la pérdida de recursos y la escasez de cultivos acortarán la
guerra, del mismo modo que la abundancia la alarga. Primero debe
dejar que el enemigo sepa lo que pretende hacer; porque a menudo
la expectativa de eventos terribles inmediatos ha llevado a quienes
han estado en peligro, incluso antes del sufrimiento, a términos que
antes no hubieran deseado aceptar; pero cuando han sufrido un
revés, en la creencia de que nada puede ser peor, no se preocupan
por los peligros futuros.
[12] Si vas a acampar en territorio enemigo durante mucho
tiempo, destruye tantas campos y recursos como no necesites; pero
respeta todo aquello que te resulte útil.

227
[13] Una vez que las tropas han recuperado su fuerza, no deben
perder el tiempo quedándose en cualquier parte, ni en su propio país,
ya sea territorio aliado o conquistado, porque esto agota las recursos
y causa mayor daño a los amigos que a los enemigos. Si la situación
interna no presenta peligros, lleve sus tropas a la frontera lo antes
posibles. Porque si el país enemigo es si es fértil y rico, obtendrá
abundantes provisiones, pero si no lo es, al menos no se causará
daño a un país amigo, y aún obtendrá grandes ganancias incluso de
la angustia del enemigo.
[14] Debe ocuparse de la intendencia, del transporte de los
mercaderes por tierra y mar, de modo que se les garantice que no
corren peligro y sin temor puedan transportar las provisiones».

Poco más adelante recuerda Onasandro que un buen general siempre


ha de evitar transitar (y más aún combatir) en desfiladeros o bosques.
El desastre de Varo en Germania era el mejor ejemplo de una mala
praxis militar. En el cap. 7 del Strategikós, Onasandro da instrucciones
de cómo hay que guiar a una columna de ejército por lugares angostos
(Περὶ τοῦ ὅταν διὰ στενῶν μέλλῃ τὸ στρατόπεδον ἄγειν), y precisa:

«Cuando esté a punto de pasar por lugares estrechos o conducir al


ejército a través de áreas montañosas e incómodas para cruzar, es
necesario enviar primero una parte del ejército para proteger los
pasos y los cuellos de botella, evitando así que los enemigos lleguen
antes, ocupen el terreno alto y corten el paso» (Onas. Strategikós,
7.1).

Por otra parte, los relieves de las columnas historiadas de Trajano y


Marco Aurelio nos dan imágenes de gran valor del ejército en marcha
en el siglo II d.C., referidos, obviamente, a sendas guerras: la de Trajano
contra los dacios (LEPPER & FRERE, 1988, pp. 50-54) (Figura. 2) y
la de Marco Aurelio contra los marcomanos (BURANDT, 2017, p. 145,
escena 3) (Figura. 3). Estas representaciones solo nos dan fragmentos
de la columna de marcha, las más importantes, las que van en

228
vanguardia y las posiciones en las que marcha el emperador con si
consilium militar. Pero los relieves no escatiman detalles de otras partes
del agmen, con representación de las tropas legionarias, de los auxilia,
e incluso de las tropas aliadas. Los textos literarios que nos faltan en el
siglo II, son sustituidos por estos relieves magníficos, tan importantes
o más que las fuentes escritas. Estas representaciones muestran el
retrato vívido de la columna de marcha en las que nunca falta la
representación más sagrada de la legión, y la que simboliza todo su
poder: el águila legionaria.

Figura. 2. Orden de marcha. Escena V de la Columna Trajana. Roma.

229
Figura. 3. Orden de marcha. Escena III de la Columna Aureliana. Roma

230
Bibliografía
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III. Religión y ejército, Salamanca. Ediciones Sígueme.

231
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romains, Paris, Thorin Editeur.
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Historical Review, Vol. 11, nº. 44, pp. 625-640.
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militum legionis XII Fulminatae) probables protagonistas de la
expedición contra los alanos en tiempos de Hadriano», Aquila
legionis 17-18, pp. 91-109.
PETROCELLI, C. (2008): Onasando. Il generale. Manuale per
l’esercizio del commando, Bari, Dedalo.
WHEELER, E.L. (1979): «The legion as a phalanx», Chiron 9, pp. 303-
318.

232
PERSPECTIVAS Y CONSECUENCIAS PRINCIPALES EN EL
MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL TRAS LA BATALLA DE
ALALIA

MAIN PERSPECTIVES AND CONSEQUENCES IN THE


WESTERN MEDITERRANEAN AFTER THE BATTLE OF
ALALIA

Carlos Díaz-Sánchez
Universidad Complutense de Madrid

Resumen:
La contienda de la batalla de Alalia en el Mar Sardum ha sido
tradicionalmente estudiada a través del análisis de fuentes, centrándose
estos en la veracidad de las mismas, su ubicación o en la influencia que
esta contienda produjo en el mundo griego y tartésico. En este estudio
se pretende abordar un análisis exhaustivo de dicha batalla, tanto a nivel
documental como historiográfico, con el fin de esclarecer cuales fueron
las posibles consecuencias de este enfrentamiento, no solamente en la
Península Ibérica o en el mundo griego occidental, sino también en las
civilizaciones cartaginesa y etrusca, desplazadas habitualmente en este
tipo de investigaciones relacionadas con dicha batalla.

Palabras clave:
Alalia, Imperialismo Cartaginés, Córcega, Diplomacia.

Abstract:
The contention of the battle of Alalia in the Sardum Sea has
traditionally been studied through the analysis of sources, focusing
these on the veracity of the same, their location or on the influence that
this contention produced in the Greek and Tartessian world. This study

233
aims to undertake an exhaustive analysis of this battle, both
documentary and historiographic, in order to clarify what were the
possible consequences of this confrontation, not only in the Iberian
Peninsula or in the western Greek world, but also in the Carthaginian
and Etruscan civilizations, usually displaced in this type of research
related to the battle.

Key words:
Alalia, Carthaginian imperialism, Corsica, Diplomacy.

Planteamientos iniciales
El estudio de la batalla de Alalia se ha centrado tradicionalmente en
el análisis de las fuentes que describen dicha contienda (BENOIT,
1961; COOK, 1964; DUCAT, 1974; GRAS, 1972; 1985; 1987;
MORAL, 1996; ROLLER, 2015; PASQUALAGGI, 2016; WEAR,
2016), así como en el declive foceo frente a la coalición etrusco-
cartaginesa en el Mediterráneo Central y Occidental (GRAS, 1987;
COLONNA, 1989; LILLIU, 1992; ZUCCA, 1996). A través de estos
trabajos, se han explicado de vagamente las consecuencias más
significativas en el Mediterráneo Occidental, sin llegar a profundizar en
algunos hechos que se produjeron en la isla de Córcega que tuvieron
una mayor repercusión para las potencias etruscas y cartaginesas que
verían emerger sus dominios talasocráticos. Para poder ahondar en este
marco, se realizará un estudio de las fuentes literarias clásicas que
describan o hayan mencionado dicha batalla y de las cuales podremos
obtener algún tipo de información para, después, analizar los estudios
precedentes que, a menudo, se interpretan de la misma manera,

234
centrándose en muchas ocasiones en la repercusión helena de dicha
batalla o en la supuesta influencia que ejerció la batalla de Alalia en el
destino de Tartessos y en el cambio hegemónico del llamado Círculo
del Estrecho (WHITTAKER, 1978; GÓNZALEZ WAGNER, 1985;
1989; 1994; BARCELÓ, 1988; SCHULTEN, 2006). Es por ello que,
en las páginas de este estudio, se realiza un examen de las
consecuencias principales a nivel económico, político y militar,
observando en ellas como esta batalla fue el detonante para unos
cambios en el devenir del Mediterráneo Occidental.

Sobre las fuentes principales de la batalla y su desarrollo


La batalla de Alalia fue un acontecimiento bélico de gran
importancia para el devenir del Mediterráneo Occidental. No obstante,
no son muchas las fuentes escritas que expliquen los acontecimientos
de la propia contienda, siendo la narración de Heródoto (1. 165-167) la
que mayor información nos aporta al dotarnos de una descripción de las
causas de la misma batalla. Heródoto (1. 165) analizó la situación de
los griegos de la ciudad de Focea tras la conquista de los persas por
Harpago en el 547 a.C. Estos abandonaron su polis en busca de un lugar
la que asentarse, pensando, en un primer momento, en comprar una de
las islas de los quiotas. Ante la negativa de vender las islas Enusas por
temor a que se generase un centro comercial, buscaron refugio en una
de las colonias que habían fundado en Córcega 20 años antes de la
destrucción de su ciudad, Alalia (HDT. 1. 165). La narración de
Heródoto (1. 166) continua con la llegada de los foceos a la isla y la
convivencia con los colonos de Alalia durante un periodo de cinco años,

235
construyendo edificios y santuarios. No obstante, la venida de estos al
Tirreno supuso un incremento en la piratería y el saqueo de los lugares
limítrofes a este mar, chocando con algunas poblaciones de los etruscos
y cartagineses, quienes se aliaron contra los griegos para derrotarles en
la mar (HDT. 1. 166). Heródoto (1. 166) hace hincapié en cómo los
foceos armaron 60 barcos para enfrentarse en el mar de Cerdeña contra
la coalición etrusco-cartaginesa, consiguiendo una victoria cadmea en
esta contienda. Cuarenta de sus naves fueron destruidas y el restante
inutilizadas para el cometido de la guerra, pues sus espolones habían
quedado inservibles al doblarse, marchando a Alalia para recoger a las
mujeres y los niños y partir hacia Regio (HDT. 1. 166). Por último,
Heródoto (1. 167) hace mención a cómo los etruscos y cartagineses se
sortearon los marineros griegos de las naves destruidas para castigarlos,
siendo lapidados en Agila (Caere). Además, los etruscos consultaron a
la Pitia que hacer para reparar su falta, la cual les ordena ofrecer
sacrificios a los foceos y celebrar un certamen gimnástico. Por su parte,
los foceos que habían logrado huir hacia Regio, consiguieron marcharse
hacia Elea (Velia).
No obstante, la batalla de Alalia también es mencionada, aunque con
menos información, por otros autores. Entre ellos, Tucídides (1. 13),
mientras realiza una visión general de las flotas griegas, describió como
los foceos fundaron Marsella y vencieron en el mar a los cartagineses;
o Estrabón (6. 1. 1) quien hace eco de las narraciones de Antíoco de
Siracusa, relatando como cuando Focea fue tomada por Harpago, las
familias emigraron hacia Córcega y luego hasta Massalia bajo el mando
de Creontíades, los cuales fueron expulsados de Córcega y fundaron

236
Elea. Mientras que Pompeyo Trogo, a través del Epítome de Justino
(17. 7. 1), desarrolló como los cartagineses que salieron victoriosos en
Sicilia, marcharon a Cerdeña, donde fueron derrotados en una dura
batalla, perdiendo gran parte de su ejército. La última de las fuentes que
se hace eco de la batalla de Alalia fue Pausanias (10. 8. 6; 10. 18. 7),
quien detalla los templos que fueron donados en Delfos, describiendo
dos estatuas que donaron los massaliotas tras la batalla entre foceos y
cartagineses en el mar, así como la fundación de Elea por los foceos y
como en Delfos se hallaba una estatua cerca del león de bronce que la
donaron los massaliotas por la victoria contra los cartagineses.
La información de estas fuentes nos aporta un panorama indicado
para poder recomponer el paisaje político de la propia batalla. En el
primer fragmento de Heródoto (1. 165) podemos observar como los
foceos recurren a una de sus colonias209 para poder salvarse del yugo
persa. Asimismo, nos menciona la fundación de Alalia 20 años antes de
este hecho210, no obstante, diversos autores como Cook (1964, p. 58),
Gras (1985, pp. 402-406) o Zucca (1996, p. 48) consideran cómo el
proceso de migración no fue inmediato, sino que debió de ser en oleadas

209
Sobre las etapas de la colonización griega, se tienen noticias desde la época
mitológica donde se observa el viaje de Heracles al Occidente (GARCÍA IGLESIAS,
1979, pp. 131-140; ANTONELLI, 1990; RIDGWAY, 1992a, pp. 239-252; 1992b;
GANGUTIA, 1998; PLÁCIDO, 2003, pp. 7-18; LÓPEZ PARDO, 2004, pp. 1-42) o
los primeros contactos con el Mediterráneo Occidental (GARCÍA Y BELLIDO, 1948,
pp. 70-78; BENOIT, 1962, pp. 160-164; GRAHAM, 1982, pp. 83-162;
ROUILLARD, 1991, pp. 21-33; RIDWAY, 1992; MOREL, 1996, pp. 219-226;
MALKIN, 2004; DOMINGUEZ MONEDERO, 2006a, pp. 49-78; 2006b, pp. 253-
358; 2006c: 429-505; MOREL, 2006, pp. 358-428; 1997, pp. 31-44; HANSEN, 2006,
pp. 1-36; GRECO, 2006, pp. 169-200; D’AGOSTINO, 2006, pp. 201-237; BATS,
2012, pp. 145-156.
210
La arqueología ha demostrado como, en el lugar donde se fundó la ciudad de Alalia,
ya existía un núcleo habitacional indígena (PASQUALAGGI, 2016, p. 329).

237
desde el 565 a.C. hasta el 545 a.C. basándose en la capacidad
demográfica de la ciudad de Focea, aunque parece que la destrucción
de la ciudad fue el detonante para marchar masivamente hacia el
Occidente. Mientras que, las causas de la batalla que describe, las
relaciona con el incremento de la piratería en la región. Gran parte de
la bibliografía coincide con lo descrito por Heródoto (JEHASSE, 1962,
p. 242; GRAS, 1972, p. 703; 1987, pp. 165-166; PASQUALAGGI,
2016, pp. 328-329; WEAR, 2016, pp. 5-10, entre otros). La piratería
parece que fuera producida por la ciudad de Alalia, junto a sus aliados
massaliotas, así como por la búsqueda de recursos ante el aumento de
la demografía de la ciudad211. Sin embargo, se puede observar como la
ruta comercial entre etruscos y cartagineses se vio alterada por la
presencia griega, no ya por el aumento de la inestabilidad el Tirreno por
la piratería ya explicada, sino por la incidencia de un tercer competidor
comercial en una ruta privilegiada212 (GRAS, 1972, pp. 706-711).
Jehasse (1962, p. 246) plantea la posibilidad de que los etruscos y
cartagineses comenzaran a potenciar sus relaciones diplomáticas tras la
llegada masiva de los foceos a Alalia, donde se llegó a un acuerdo de
ayuda entre los etruscos y cartagineses para frenar al potencial enemigo
comercial213 (BENOIT, 1961, p. 160; MOREL, 1996, p. 222-223). Por

211
Shipley (2011, p. 94) describe como Alalia parece que fue el único centro de
población griego en la isla, pues no se han encontrado evidencias de otro núcleo
poblacional en el territorio.
212
Benoit (1961, p. 160) hace eco de cómo los etruscos se servían de la piratería en el
Tirreno durante el siglo VIII-VII a.C.
213
Jehasse (1962, p. 246) propone como lugar de dicha reunión el puerto de Pyrgi. En
dicho puerto se encontraron unas tablillas que atestiguan la relación de diplomática
entre fenicio-púnicos y etruscos para el siglo VI a.C. (PALLOTINO et al., 1964, p.
49-117).

238
lo tanto, parece que la inestabilidad en esta área del Mediterráneo
produjo una batalla en el mar de Cerdeña entre foceos y los etruscos de
Caere junto con los cartagineses de Malcón que habían terminado de
intervenir en Cerdeña (GRAS, 1987, p. 165).
No obstante, la información que nos aporta el pasaje de Tucídides
nos informa sobre un combate entre los griegos y los cartagineses que
ha sido interpretado cómo la batalla de Alalia por Ducat (1974, p. 69-
72), Gras (1987, p. 162), Barceló (1994, p. 5) o Wear (2016, p. 6). Estos
desarrollan como Tucídides utilizó una tradición que asociaba la
fundación de Marsella214 junto con la derrota de Focea a manos de los
persas, por lo que explica el error cronológico en su narración215,
mientras que el resto de fuentes sitúan la batalla entre griegos y
cartagineses cercana a la destrucción de Focea216. Al hilo del pasaje de
Estrabón, Roller (2015) interpreta como los foceos son los derrotados y
expulsados de la isla de Córcega al fundar Elea. Gras (1987, p. 165)
analiza las fuentes que sirvieron a Estrabón al encontrar menciones de
Córcega y de Marsella en su versión, observando la posibilidad de la
existencia de versiones neutrales en el conflicto y que no tomaron parte
de los clanes antifoceos.

214
Sobre la fundación de Massalia y las tradiciones seguidas en las fuentes históricas
(BENOIT, 1965, p. 31; DE WEVER, 1968, p. 37-58; GRAHAM, 1982, p. 140; BATS,
1998, p. 618).
215
Algunos investigadores postulan la batalla entre Marsella y Cartago en un
momento posterior a la batalla de Alalia, dando como posibilidad desde una batalla
cerca del Cabo Artemisón o en el Ebro durante la Segunda Guerra Púnica basándose
en testimonios escritos (MAZZARINO, 1947, pp. 20-21; BENOIT, 1965, pp. 312-
325; DE WEVER, 1968, pp. 44-45).
216
A excepción de las fuentes que siguen las narraciones de Tucídides para el
desarrollo de su obra.

239
Asimismo, los pasajes que están recogidos en el Epitome de Justino
mencionan la batalla de forma indirecta. Gras (1987, p. 164) interpreta
dichos pasajes como lo sucedido en la batalla de Alalia, ubicando dicho
conflicto en el mar de Cerdeña y no en Córcega217. Igualmente explica
la contradicción de lo descrito en esta fuente, al poderse observar
diversas versiones dentro de la misma narrativa218, casos como el
detonante de la batalla producido por unos barcos de pesca, la derrota
de Cartago sin mencionar al rival o el énfasis en la victoria de Marsella
(GRAS, 1987, pp. 164-165). Por último, los dos pasajes de Pausanias219
describen dos elementos cedidos por los massaliotas en Delfos,
interpretándose estos como parte de una donación ceremonial tras la
“victoria” en Alalia, aunque hay autores que desechan esta teoría220.
Wear (2016, p. 6) contempla la posibilidad de que Pausanias no se
basara en la descripción de Heródoto, sino en la de Tucídides, ya que
menciona a los massaliotas como punto principal de dicha donación221.

217
Hipótesis que ha sido seguida a posteriori por el resto de autores.
218
Gras (1987: 165) menciona como pudo existir una fuente fenicio-púnica en la
narración descrita en el Epitome de Justino (XVIII. 7. 1) al desarrollarse la relación
entre Cartago, Sicilia y Cerdeña.
219
Gras (1987, p. 165) describe como las fuentes utilizadas por Tucídides y, por ende,
de Pausanias, como algunas descritas en el epitome de Justino fueron claramente
favorables a la ciudad de Marsella, desfavoreciendo el componente etrusco-cartaginés
en dicho conflicto.
220
Benoit (1961, p. 166) describió cómo el conflicto aludido en Pausanias o en el
Epítome de Justino no correspondería a la batalla de Alalia, sino a un conflicto
posterior, llegando a relacionarlo con la Segunda Guerra Púnica.
221
Gras (1987, p. 166-172) describió como Cartago consideró esta batalla como un
desastre, basándose en la tradición recogida por Justino o Heródoto, mientras que los
marselleses lo consideraron como una dedicación a la victoria cadmea de los foceos.
Esta premisa está basada en los hallazgos arqueológicos en la terraza de Marmaria en
Delfos, donde se ha documentado no solamente la cronología, sino la influencia de la
cultura massaliota en su arquitectura (POULSEN, 1908, p. 380; DAUX 1958, pp. 358-
367; SALVIAT, 1981, pp. 7-16).

240
De esta manera se pueden destacar que en las fuentes literarias se han
constatado diversas versiones, o tradiciones, de las que parten estos
autores. La gran mayoría de investigaciones indican el motivo de esta
guerra como la piratería ejercida por los foceos en la zona del
Tirreno222, no obstante, solamente Heródoto menciona la coalición
entre etruscos y cartagineses para enfrentarse con los foceos223.
En las fuentes se destaca el conflicto entre ambos, aunque en ninguna
se resalta cual fue el desarrollo de la batalla ni cómo se enfrentaron,
amén de la tipología de barco y el armamento que estos utilizaban224,
aunque algunos autores destacan la superioridad técnica y tecnológica
de los foceos frente a los cartagineses o a los etruscos (JEHASSE, 1962,
p. 247). El resultado de la batalla según todas las fuentes escritas fue
una victoria de los griegos, aunque solamente Heródoto (1. 166) nos
describe las 40 naves destruidas y las 20 inutilizadas del bando heleno,
obviando las bajas de la coalición etrusco-cartaginesa. De igual modo,
investigadores como De Wever (1968, p. 46), Vallet y Villard (1996, p.
225) o Riera Vargas (2015, p. 210) describen este hecho como una
“victoria cadmea” por el posterior abandono de la ciudad. Sin embargo,
las diversas consecuencias de la batalla proporcionan un panorama
diferente y clave para Massalia, Cartago o las ciudades etruscas. La

222
El interés por controlar la región del Tirreno se basaba en la geografía clave de la
isla de Córcega para su comercio, así como en la explotación de recursos lignarios y
metalíferos (DÍAZ-SÁNCHEZ, 2020a; 2020b).
223
El resto de fuentes hace eco del enfrentamiento entre foceos, o massaliotas, con los
cartagineses y su posterior victoria.
224
Algunos investigadores como Mark (2008, pp. 253-272) o Rankov (2017, pp. 5 y
14) describen el uso de las penteconteras como los barcos que combatieron en Alalia
debido a la generalización de esta tipología de nave.

241
propia batalla de Alalia fue un punto de inflexión en el paradigma
político-económico en el Mediterráneo Occidental y en el Tirreno, en
parte, por las múltiples consecuencias que tuvo este conflicto y el
cambio de hegemonía. En nuestra opinión, se pueden categorizar las
consecuencias según el ámbito que influyeron para poder discernir
cuales fueron sin llegar a obviar ninguna.

Consecuencias económicas a la batalla de Alalia


Las consecuencias económicas han tenido una primordial atención
para la investigación actual, debido al grado de implicación que estos
aplican a la batalla de Alalia con el posterior impacto económico en el
Mediterráneo Occidental. Investigadores como Benoit (1961, p. 165),
Jehasse (1962, p. 277), Bendala Galán (1987, p. 123), Alvar, Martínez
Maza y Romero (1992, pp. 46-51), Vallet y Villard (1996), Bats (1998,
pp. 624-627), Domínguez Monedero (2013) Riera Vargas (2015, p.
228) o Wear (2016, p. 7), entre otros, establecen un cambio en el
paradigma comercial ejercido en el Tirreno y en la zona del Estrecho de
Gibraltar, principalmente al cambiar un modelo comercial griego por el
propio de la coalición etrusco-cartaginesa y la hegemonía púnica en la
región más occidental. A pesar de esta premisa, estos autores
desarrollan diversas hipótesis sobre lo ocurrido en estas aguas.
En referencia al mar Tirreno, Benoit (1961, pp. 167), Jehasse (1962,
pp. 277) o Vallet y Villard (1996, pp. 208-215) afirmaron que el
comercio foceo fue sustituido por las importaciones etruscas y

24