0% encontró este documento útil (0 votos)
90 vistas4 páginas

Batalla de Caseros: Fin del Rosismo

La batalla de Caseros en 1852 marcó el fin del gobierno de Juan Manuel de Rosas y el comienzo de la organización nacional argentina. Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, formó una gran alianza contra Rosas que incluyó tropas de Brasil, Uruguay, Corrientes y exiliados unitarios. En la batalla, el ejército de Urquiza derrotó fácilmente a las fuerzas de Rosas, forzando su renuncia y exilio. Esto permitió que Urquiza liderara el proceso

Cargado por

Gomez Valeria
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
90 vistas4 páginas

Batalla de Caseros: Fin del Rosismo

La batalla de Caseros en 1852 marcó el fin del gobierno de Juan Manuel de Rosas y el comienzo de la organización nacional argentina. Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, formó una gran alianza contra Rosas que incluyó tropas de Brasil, Uruguay, Corrientes y exiliados unitarios. En la batalla, el ejército de Urquiza derrotó fácilmente a las fuerzas de Rosas, forzando su renuncia y exilio. Esto permitió que Urquiza liderara el proceso

Cargado por

Gomez Valeria
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA BATALLA DE CASEROS (1852):

El 3 de febrero de 1852 es una fecha clave en la fundación de la Argentina moderna, en


la que se conmemora la batalla de Caseros, batalla que contó con el mayor despliegue
armado latinoamericano hasta ese momento y es un hecho trascendental que marcaría el
final del rosismo a manos de un ex aliado federal, que precisó de ayuda internacional
para conformar su ejército.
Hasta ese momento, Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado
de las relaciones exteriores de la Confederación argentina, mantuvo una enorme
influencia sobre todo el país, que duraría más de 20 años.
El federalismo rosista había sido capaz de consolidar una unidad política en el país, pero
siempre manteniendo la hegemonía porteña.
Durante su mandato se rehusó a organizar constitucionalmente al territorio, lo que
hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras con el resto del país, también fue
determinante en denegar la libre navegación de los ríos interiores por buques
extranjeros, lo cual perjudicaba los intereses comerciales del litoral. Además, Rosas,
durante la llamada Gran Guerra en el territorio oriental apoyó a las fuerzas del general
Oribe durante el largo sitio de Montevideo, en donde el general Fructuoso Rivera se
mantenía con el apoyo incondicional de los emigrados unitarios y del imperio del Brasil,
que decidió intervenir para impedir que la Banda Oriental se integre a la Confederación
argentina y así mantener el comercio navegable mediante los ríos interiores del litoral.
En 1850, el emperador de Brasil Pedro II firmó una alianza con el presidente de
Paraguay, Carlos Antonio López, en el cual declararon oficialmente rotas sus relaciones
diplomáticas con el gobierno de Buenos Aires. En respuesta, Rosas declaró la guerra al
imperio del Brasil y nombró como jefe de un ejército de observación para tomar parte
en una eventual guerra al gobernador federal de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, al
que le envió armamento y refuerzos de hombres.
A pesar de que la ciudad de Montevideo estaba sitiada y en guerra con la Confederación
argentina, Urquiza logró mantener abierto los puertos en su provincia para el comercio
con la Capital Oriental, de esta forma evitaba el control de Buenos Aires y los gastos
extras de la aduana porteña.
Rosas permitió que la provincia de Entre Ríos continuará manteniendo un comercio
libre
con el exterior para mantener su alianza con Urquiza, aunque le prohibió el comercio de
los productos del saladero. De esta forma, Rosas mantenía el monopolio sobre el sector
protegiendo los intereses comerciales de la oligarquía bonaerense, aunque perjudicaba
gravemente los intereses económicos de Entre Ríos.
Cabe destacar que Rosas, de 56 años de edad, desde hacía años que presentaba su
renuncia a la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación,
argumentando razones de salud, pero la legislatura bonaerense, año tras año, rechazaba
su renuncia.
Todo cambiaría el 1º de mayo de 1851, cuando Urquiza, por medio de su famoso
pronunciamiento, aceptaba la renuncia de Rosas y asumía la conducción de las
relaciones
exteriores de la Confederación argentina.
Urquiza se contactó con los enviados del gobierno de Montevideo y del imperio del
Brasil, como así también formó alianza con el gobernador de Corrientes, Benjamín
Virasoro.
En julio de ese mismo año, Urquiza, junto a tropas correntinas y brasileñas invadieron el
territorio uruguayo, lo que precipitó en la renuncia de Oribe. El elegido para asumir la
presidencia fue un aliado de Urquiza, Eugenio Garzón, pero éste falleció antes de
asumirlo, por lo que en su lugar fue nombrado Juan Francisco Giro.
Tras levantar el sitio de Montevideo, Urquiza comenzó a formar a su tropa, a la que
llamó “Ejército Grande Aliado de Sudamérica”, en el cual contaría, además de su propio
ejército entrerriano, con tropas de la provincia de Corrientes, del Uruguay a cargo del
coronel César Díaz, también contó con fuerzas del ejército de Buenos Aires conducidos
por exiliados unitarios, en los cuales se destacaron dos futuros presidentes argentinos
como Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, que participó como cronista de
la expedición. El emperador de Brasil, Pedro II, aportó cuatro mil soldados a cargo del
brigadier Manuel Marqués de Souza, además contribuyó con dinero para solventar los
gastos bélicos. Aunque dicha ayuda no sería gratis, el caudillo entrerriano tuvo que
hipotecar el territorio argentino en garantía a sus contribuciones.
Urquiza concentró su ejército en Diamante, Puerto de Punta Gorda, en la provincia de
Entre Ríos. El 6 de enero de 1852, el Ejército Grande cruzó el río Paraná en buques
militares brasileños, desembarcando en Coronda, provincia de Santa Fe, en donde su
gobernador Pascual Echagüe, fiel a Rosas, abandonó la provincia con su ejército con la
intención de sumarla a las fuerzas rosistas en Buenos Aires. Pero la tropa se sublevó y,
en su lugar, se unió a las fuerzas de Urquiza.
Mientras tanto, Rosas había instalado su campamento militar en Santos Lugares, su
estrategia fue la de esperar a Urquiza en Caseros, decisión que motivó la renuncia del
general Ángel Pacheco, que estuvo en desacuerdo con su pasividad.
Rosas decidió asumir la conducción del ejército que contaba con diez mil infantes, doce
mil hombres de caballería y sesenta cañones. Sus lugartenientes fueron Jerónimo Costa,
Hilario Lagos y Martiniano Chilavert, ex unitario que se pasó al bando rosista para
combatir a las fuerzas extranjeras.
Por su parte, Urquiza reunió nueve mil infantes, quince mil soldados de caballería y
cincuenta cañones.
Finalmente, el 3 de febrero de 1852, ambos ejércitos se encontrarían en la estancia de la
familia Caseros, a las nueve de la mañana comenzó la batalla, cuando Urquiza lanzó a
su caballería del ataque.
Rosas, herido durante el combate en su mano derecha, lideró a su tropa, pero la
desorganización y el caos prosperaron en el ejército porteño y éste se desbandó
fácilmente.
El coronel Chilavert resistió con la artillería hasta quedarse sin municiones, pero la
suerte de Rosas ya estaba echada, las últimas formaciones rosistas se rindieron
incondicionalmente a las 3 de la tarde.
Horas después, Rosas escribía su renuncia con su mano izquierda y se embarcó hacia su
eterno exilio en Southampton, Inglaterra, junto a su hija Manuelita.
Recién el 20 de febrero, Urquiza y el Ejército Grande entraron en la capital porteña a
pedido de la escuadra brasileña, para ingresar triunfante a Buenos Aires. Ese día era el
aniversario de la victoria argentina en la Batalla de Ituzaingó, que se dio durante el
transcurso de la Guerra del Brasil en 1827. Esta sería la revancha brasileña por
Ituzaingó.
Urquiza nombró a Vicente López y Planes como gobernador interino y el 31 de mayo
firmó el acuerdo de San Nicolás, que establecía una reunión de un Congreso General
Constituyente en Santa Fe a partir de agosto de ese mismo año, que al año siguiente
llevaría a la sanción de la Constitución Argentina de 1853. El acuerdo fue aceptado por
todas las provincias, excepto por Buenos Aires que rechazó el nombramiento de
Urquiza como director provisorio de la Confederación Argentina.
La batalla de Caseros significó la caída definitiva de Juan Manuel de Rosas y el
comienzo de la organización nacional.

También podría gustarte