¿Qué es la fenomenología?
Definición: Movimiento fundado por el filósofo y psicólogo Edmund Husserl
(1859-1938). La fenomenología tiene como fin el estudio de los fenómenos,
entendiendo por fenómeno las experiencias de la conciencia (F. Alonso
Fernández), lo que está inmediatamente presente en la conciencia, sin
prejuicios, sin preconcepciones.
La empatía como punto de partida para estructurar la ética en Edith Stein
El desarrollo que Edith Stein hace sobre la persona humana está especialmente en
concordancia con los dos últimos periodos de la ética de Husserl, yaque ella al profundizar en
la persona humana no se contenta con establecer el significado de las estructuras del sujeto,
como… sino que va más allá, poniendo especial interés en las relaciones de la persona humana
o en sus vínculos intersubjetivos. Edith Stein desarrolla específicamente el tema de la persona
humana buscando establecer su estructura y su dinamismo.
Edith Stein centra su análisis de la acción humana en la vivencia relativa al conocimiento del
otro y en la constitución del ser humano como ser corpóreo, psíquico y espiritual. En el
recorrido de dicho camino, desarrolla la estructura óntica de la persona humana y su
dinamismo perfectivo, donde pone de relieve que la persona humana no puede ni
comprenderse ni constituirse como tal sin su relación con el otro. “El otro” no será una
consecuencia o un momento de la vivencia personal, sino parte esencial y constituyente. -> La
estructura intersubjetiva de la persona humana y su dinamismo que entrelaza cuerpo,
psique y espíritu, será el eje sobre el que hará su propuesta ética.
El equilibrio entre lo subjetivo y lo objetivo aportado por su análisis, establece los lineamientos
centrales y específicos para una ética que no comprende solamente a la persona en su
generalidad, sino que llega a considerarla en su dinamismo personal. En su obra Einführung in
die Philosphie Edith Stein afima: “Hay otras formas de conciencia, además de la conciencia
conoscente, y hay también otras funciones de la razón, que no son menos capaces ni están
menos necesitadas de un esclarecimiento filosófico: el sentir, el querer, el actuar. Hay una
disciplina que se orienta hacia esas tres funciones fundamentales en su cooperación: la
ética”
Por tanto, la ética tendrá como finalidad principal esclarecer la cooperación entre el sentir, el
querer y el actuar, como funciones de la razón; por lo que será, la vivencia de la interacción
entre estas tres actividades humanas la que pueda decirnos cómo llegar a formular una teoría
de la vida, -> plenitud.
El encuentro con el ‟otro‟ es un experimentar originariamente al otro, donde se pone en sí
mismo que el otro está en el presente viviendo en primera persona. No siento lo que el otro
siente, más bien siento que el otro siente y que “él” es el origen de su acto. Por tanto, no es un
sentir lo que el otro siente, ni una especie de traslación del mi yo, sino es „reconocer‟ que el
otro también es origen de su propio vivenciar, es decir que es un ser consciente, por tanto, que
es otra conciencia. Esto es lo que distingue al acto empático del consentir o de un padecer con.
La ética sustentada por Edith Stein se mueva entre los polos yo y tú, los cuales no son opuestos
sino recíprocos.
El bien como propio y ajeno
Uno de los grandes problemas teóricos de la ética está en comprender el bien no sólo como
propio, sino también como bien común (bien del otro o de los otros)
desde la concepción antropológica de la persona humana desarrollada a partir del acto
empático como acto constitutivo de la persona humana, se sigue una ética donde el otro no es
un „opuesto‟ sino recíproco.
De tal modo que el bien del otro no es sólo algo tolerable o aceptable o una consecuencia de la
comprensión del bien en sí como absoluto, sino que es indispensable para la misma
comprensión y realización del propio bien. Edith Stien, comprende que mi bien no puede
realizarse sin tú bien, y viceversa, llegando así a considerar consecuentemente el ethos
humano como esencialmente relacional y, por tanto, común.
Comprender a la persona en profundidad, como lo expone Edith Stein, es comprenderla como
un „nosotros‟: “La empatía manifiesta el estado de ánimo del otro, esto significa que por ésta
podemos comprender a los otros y abrirnos al amor hacia los otros” (Constantini, 2002, p. 146 )
De lo que se sigue que, es necesario establecer una ética que se deduzca del nosotros y no sólo
un supuesto individuo aislado, el cual es imposible e inexistente, o a lo más, condenado a la
frustración de no llegar a ser “sí mismo en el otro‟.
Dicho lo anterior podemos comprender con mayor profundidad y visualizar el alcance que
tiene la siguiente afirmación de Edith Stein en relación a la comprensión de la ética de la
persona:
El individuo humano aislado es una abstracción. Su existencia es existencia en un mundo, su
vida es vida en común. Y estas no son relaciones externas, que se añadan a un ser que ya
existe en sí mismo y por sí mismo, sino que su inclusión en un todo mayor pertenece a las
estructura misma del hombre (p. 713).
Desde esta perspectiva hablar de una ética de primera persona es una abstracción que poco
tiene que ver con la vida real. El ethos del hombre no podrá ser un ethos individual, ni
tampoco un ethos encerrado en sí mismo, en la propia realización, sino un ethos
necesariamente estructurado en la relacionalidad humana, en la relación yo-tú de la que
emerge el nosotros.
Encuentro fe católica
La fenomenología significaba para ella una purificación intelectual en la que se debían tener
todas las cosas ante los ojos sin prejuicios . Después de muchos años de renuncia a la oración,
años de reflexión alejada de la religión como atea, un descubrimiento cotidiano cambia su
forma de concebir la religión -> oración de mujer en iglesia
Como hemos dicho anteriormente, el mundo de la fe aparece ante si con
mucha fuerza especialmente a través de sus compañeros del círculo de Gotinga, de manera
particular Max Scheller, y ve la necesidad de tomarse en serio ese nuevo mundo que se le
presenta ante sí.
En problema de un Dios personal deja de ser un mero postulado para
convertirse en la posibilidad objetiva de la trascendencia. Dicho de otra manera,
se abre la posibilidad de la aceptación de la fe cómo fenómeno extra subjetivo que no puede
ser conceptualizado categóricamente por la conciencia.
Esta sed de búsqueda la mantenía en constante tensión teleológica y un día "tomó por
casualidad un grueso libro cuyo título era: Vida de Santa Teresa de Jesús, escrita por ella
misma. Se puso a leerlo y quedo cautivada y no se detuvo sino hasta el final. Cuando cerró
el libro se dijo: esta es la verdad"
Esta verdad que acababa de encontrar da sentido y significado a su existencia, clarifica el
misterio de su vida como ser humano. La existencia cobra ahora un nuevo impulso, la vida
se interpretará ahora en la clave de la fe, ha llegado a la meta: "Aquel que no encuentra a
Dios no llega tampoco hasta sí mismo ni a la fuente de la vida eterna que lo espera en su
interioridad más profunda." No podrá en adelante prescindir de lo que ella es, la felicidad
no estará fuera de esta dimensión espiritual que acaba de descubrir.
Había comprobado que efectivamente "la verdad total existe y que no todo lo que es
inaccesible al conocimiento natural es totalmente inaccesible a nuestro espíritu, en virtud
de su estructura originaria" La fe no era ya para ella una experiencia irracional sino por el
contrario un "camino hacia la verdad, es el camino más seguro hacia la verdad, puesto que
no hay mayor certeza que la de la fe" En la interioridad de su alma ve Edith Stein, que
recupera la esperanza, puede abandonarse totalmente como un niño en las manos de Dios:
La sed estaba calmada. Encuentra en la interioridad de su alma la plenitud y el sentido del
ser y de su existencia:
En este punto, el ser humano descubre que en el amor encuentra la máxima expresión de su
libertad y este se convierte en el ser humano en donación, no existe amor sin entrega. El
amor exige para su perfeccionamiento el don recíproco de las personas." Tanta libertad
hasta para aceptar voluntariamente la muerte: "Desde ahora acepto con alegría y con
perfecta sumisión a su santa Colunga la muerte que Dios me ha reservado" Y así entrega su
vida en medio de una gran serenidad, según testigos de los últimos días de su vida, el 9 de
Agosto en las cámaras de gas de Auschwitz – Birkenau.
El encuentro entre fenomenología y Tomismo
Años más tarde, profundizará en lo que se denomina "potencias del alma", de las que
distingue tres principales: conocimiento, voluntad y espíritu. Sabemos, por referencias propias
de la autora, que su actitud filosófica se revela como posición independiente pero que toma
préstamos muy claros de Santo Tomás de Aquino. En ¿Qué es la Filosofía? Un diálogo entre
Edmund Husserl y Tomás de Aquino, Edith Stein confronta entre sí la Fenomenología y la
filosofía del Aquinate. En este contexto, entendemos que la filosofía de Edith Stein es el
resultado del encuentro entre fenomenología y tomismo.
El espíritu la persona
Stein
Edith Stein intuye que todo lo que hay pertenece, o bien a la naturaleza o bien al espíritu. Y
sólo la persona humana participa eminentemente de los dos ámbitos. Aunque la persona
humana no sea puro espíritu, es el espíritu lo que hace a la persona, lo que la define. Cabe
preguntarse, entonces, ¿qué es el espíritu? Si tanta importancia tiene en el pensamiento de
Edith Stein, ¿cómo tenemos que entenderlo? La palabra alemana Geist (espíritu) tiene una
connotación intelectiva, dice relación a una actividad o facultad superior o intelectual. Para
ella, espíritu significa sencillamente "apertura". El espíritu es la dimensión de apertura de la
persona, es lo que hace que la persona sea persona.
Santo Tomas
Desde la perspectiva tomista, la persona precede la metafísica, como el ser precede el
conocer. En la persona, como el ser en su más alto grado, tienen su asiento las tres partes de la
metafísica como lectura y descubrimiento de la realidad existente: trascendental, categorial,
personal.
Santo Tomás de Aquino y Edith Stein se han ocupado del itinerario del hombre hacia Dios.
Ambos consideran a la persona humana como protagonista de un designio divino preciso, para
cuya realización ha sido dotada de abundantes recursos. En efecto, la concepción del Aquinate
integra las tres dimensiones del problema: antropológica, ontológica y teológica.
Tanto Santo Tomás como Edith Stein, giran en torno a esta intuición esencial: el hombre viene
de Dios y a él debe volver. El tiempo es el ámbito en el que puede llevar a cabo su noble
misión, aprovechando las oportunidades que se le ofrecen tanto en el plano de la naturaleza
como en el de la gracia. Ciertamente, sólo Dios es el Creador, pero ha querido encomendar a
sus criaturas, racionales y libres, la tarea de completar su obra con el trabajo. Cuando el
hombre coopera activamente con la gracia, llega a ser "un hombre nuevo", que se apoya en la
vocación sobrenatural para corresponder mejor al proyecto de Dios7 . Sin embargo, aunque
Santo Tomás y Edith Stein reconocen el máximo nivel del ser en la persona, no se puede
reducir todo su sistema a la persona. Ambos son pensadores del ser en todas sus dimensiones,
entre las cuales está la condición personal humana.