GLOSARIO DE TÉRMINOS DE NIETZSCHE, Germán Cano.
Apolo y Dionisos: Los dioses griegos Apolo y Dionisos son, según Nietzsche, los dos impulsos
en lucha permanente que subyacen al modelo insuperable de la tragedia ática. Si Dioniso tiene que
ver con lo irregular, lo súbito y cruel, con una “verdad terrible” que desgarra y fragmenta al
individuo y su conciencia racional, Apolo encarna la luz y la mesura necesarias para equilibrar el
dolor de la mirada dionisíaca.
Eterno retorno de lo mismo: Aunque se trata de una hipotesis a veces desarrollada por Nietzsche
en términos cronológicos, la idea del “eterno retorno de lo mismo” tiene sobre todo un significado
ético. Al desarrollar esta posibilidad genuinamente experimental N aboga por una conciencia
modificada del tiempo, aferrada a la inmanencia y sustraída al influjo de todo marco valorativo
trascendente. Esta nueva concepción existencial implica una repetición que desborda a la
subjetividad moral tradicional y exalta la experiencia del instante.
Genealogía: Metodología histórica orientada a la crítica de los valores morales, cuyo interés se
cifra en el desciframiento de las construcciones ideales como síntomas corporales.
Moral: Para N, la “moral” es todo planteamiento que se siente obligado a combatir y denigrar por
principio la realidad más inmediata (los sentidos, el cuerpo, el lenguaje) y a interpretar, por tanto,
como una nulidad que “debe” ser superada, toda vez que no da testimonio de un conocimiento
firme y seguro. Este desprecio hacia la sensibilidad y la corporalidad invierte el orden valorativo
de la “realidad” hasta el punto que crea una auténtica estructura trascendental que no es otra que
la moral platónico-cristiana.
Nihilismo: El problema del nihilismo presenta una doble vertiente. Por un lado, N entiende por tal
expresión el proceso histórico de paulatina “desvalorización” de los valores supremos (Verdad,
bien, progreso) de la cultura occidental; por otro, el concepto hace referencia a la contraposición
moral entre un “mundo verdadero” y un “mundo aparente” que desprecia la inocencia del devenir
y erige dogmáticamente una estructura metafísico-moral nociva para el desarrollo integral de la
vida.
Resentimiento: El resentimiento se define por la debilidad de plantear el problema del valor, o lo
que es lo mismo para N, del poder. El resentido, sólo es capaz de valorar negando y desvalorizando
la vida, a saber, desmitificando, rebajando toda posibilidad de recrear y estilizar el poder de cada
cual, de gozar de él, de aumentar su fuerza, de exhibir de forma orgullosa nuestras virtudes.
Superhombre (Übermensch): El “superhombre” o “ultrahombre” no representa la exaltación
aristocrática de un sujeto “soberano” excepcional o, si quiera, una figura que recupera lo “propio”
tras el acontecimiento de la muerte de Dios. Se trata más bien de un tipo humano que, consumada
la transmutación de los valores, afronta de forma inédita el problema crítico del valor de la vida.
Este ejercicio se sitúa más allá del bien y del mal morales, y le acompaña una nueva sensibilidad
afectiva y “poderosa” que ya no se avergüenza ni se siente culpable de su voluntad.
Vida: Crítico de toda aproximación biologicista, pragmatista o utilitarista a esta dimensión
fundamental, N entiende por “vida” básicamente un potencial creativo y en continua lucha consigo
mismo, el grado de fuerza plástica de un hombre, de un pueblo o de una cultura para crecer por sí
misma, “ese poder de transformar y asimilar lo pasado y extraño, de sanar las heridas, de
reemplazar lo perdido, de regenerar las formas destruidas”.
Voluntad de poder: Surgido como contrapunto polémico de los planteamientos del ascetismo
moral cristiano, el concepto de “voluntad de poder” alude a una dimensión creativa, auto afirmativa
y jovial de la voluntad hasta ahora no problematizada que permite una reevaluación de los
problemas tradicionales.
FRAGMENTOS DE NIETZSCHE
SOBRE LA MUERTE DE DIOS
“La Gaya Ciencia”, 125, “EL LOCO”
“¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando
sin cesar: “¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!”. Como precisamente estaban allí reunidos muchos que
no creían en dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno.
¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros?
¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? - así gritaban y reían alborozadamente. El loco saltó en
medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Que a dónde se ha ido Dios? - exclamó-, os lo voy
a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Pero ¿cómo hemos podido
hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el
horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará
ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos caemos continuamente?
¿Hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia todas partes? ¿Acaso hay todavía un arriba y un
abajo? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No nos roza el soplo del espacio vacío?
¿No hace más frío? ¿No viene de continuo la noche y cada vez más noche? ¿No tenemos que
encender faroles a mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios?
¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios
ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los
asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo
nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué
ritos expiatorios, qué juegos sagrados tendremos que inventar? ¿No es la grandeza de este acto
demasiado grande para nosotros? ¿No tendremos que volvernos nosotros mismos dioses para
parecer dignos de ella? Nunca hubo un acto tan grande y quien nazca después de nosotros formará
parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca
hasta ahora”. Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo
miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se
apagó. “Vengo demasiado pronto -dijo entonces- , todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme
suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno
necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después
de realizados, a fin de ser vistos y oídos. Este acto está todavía más lejos de ellos que las más
lejanas estrellas y, sin embargo, son ellos los que lo han cometido”. Todavía se cuenta que el loco
entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternam deo. Una vez
conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: “¿Pues, ¿qué son ahora ya
estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?”.”
SOBRE LA MORAL
“Más allá del bien y del mal”
Aforsimo 108: “No hay fenómenos morales, no hay nada más que una interpretación moral de los
fenómenos”
“Cómo se filosofa a martillazos”
La moral como antinaturaleza, 4: “Voy a formular un principio. En el terreno moral, todo
naturalismo, es decir, toda moral sana está regida por un instinto de vida; se cumple un
mandamiento cualquiera de la vida mediante un determinado canon de «deberes» y
«prohibiciones», con lo que se elimina del camino de la vida un obstáculo y una enemistad
específica. La moral que va en contra de la naturaleza, esto es, casi toda la moral que se ha
enseñado, respetado y predicado hasta hoy, va precisamente en contra de los instintos, a los que
condena, unas veces de una forma solapada y otras de un modo ruidoso y descarado. Cuando
asegura que «Dios ve lo que hay en nuestro corazón», la moral está negando los deseos más bajos
y más elevados de la vida y está considerando a Dios como enemigo de la vida... El santo en el
que Dios tiene puesta su complacencia es el castrado ideal. La vida termina donde empieza el
«reino de Dios».”
SOBRE EL SUPERHOMBRE
“Así habló Zaratustra”
“¡Mirad, yo os enseño el superhombre!
El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de
la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os
hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.
Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está
cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!”
SOBRE SÓCRATES
“Cómo se filosofa a martillazos”
“El problema de Sócrates” 10: “Cuando no hay más remedio que convertir a la razón en tirano,
como hizo Sócrates, se corre por fuerza el peligro no menor de que algo se erija en tirano. En ese
momento se intuyó que la racionalidad tenía un carácter liberador, que Sócrates y sus «enfermos»
no podían no ser racionales, que esto era de rigor, que era su último recurso. El fanatismo con que
se lanzó todo el pensamiento griego en brazos de la racionalidad revela una situación angustiosa:
se estaba en peligro, no había más que una elección: o perecer o ser absurdamente racional... El
moralismo de los filósofos griegos que aparece a partir de Platón está condicionado
patológicamente; y lo mismo cabe decir de su afición por la dialéctica. Razón = virtud = felicidad
equivale sencillamente a tener que imitar a Sócrates e instaurar permanentemente una luz del día
—la luz del día de la razón—, contra los apetitos oscuros. Hay que ser inteligente, diáfano, lúcido
a toda costa: toda concesión a los instintos, a lo inconsciente, conduce hacia abajo...”
12: “¿Llegó a entender esto el más inteligente de cuantos se han engañado a sí mismos (por
Sócrates)? ¿Acabó diciéndose esto, en medio de la sabiduría de su valiente enfrentamiento con la
muerte? Y es que Sócrates quería morir. No fue Atenas quien le entregó la copa de veneno; fue él
quien la tomó obligando a Atenas a dársela... «Sócrates no es un médico —se dijo a sí mismo en
voz baja—; aquí no hay más médico que la muerte... Sócrates no ha hecho más que estar enfermo
durante mucho tiempo...»”
RELIGIÓN Y DECADENCIA
“El anticristo”
15: “Ni la moral ni la religión entran en contacto en el cristianismo con un punto cualquiera de la
realidad. Causas puramente imaginarias (Dios, alma, yo, espíritu libre, albedrío y también voluntad
no libre), efectos puramente imaginarios (pecado, redención, gracia, castigo, perdón de los
pecados). Relaciones entre criaturas imaginarias (Dios, espíritu, alma) ; una ciencia natural
imaginaria (antropocéntrica: falta completa de la noción de las causas naturales); una sicología
imaginaria (completo desconocimiento de sí mismo, interpretación de sentimientos generales
placenteros o displacenteros; por ejemplo, de los estados del nervio simpático, con la ayuda del
lenguaje figurado de una idiosincrasia religiosa-moral; arrepentimiento, remordimiento, tentación
diabólica, la proximidad de Dios); una teología imaginaria (el reino de Dios, el juicio final, la vida
eterna). Este mundo, de pura ficción, se distingue perjudicialmente del mundo de los sueños, en
que desvalora, niega la realidad. En cuanto el concepto de naturaleza fue encontrado como opuesto
al de Dios, la palabra natural debía ser sinónima de reprobable; todo aquel mundo de ficción tiene
su raíz en el odio contra lo natural (contra la realidad); es la expresión de un profundo disgusto de
la realidad... Pero con esto todo queda explicado. ¿Quién es el que tiene motivos para salir, con
una mentira de la realidad? El que sufre por ella. Pero sufrir por la realidad significa ser una
realidad mal lograda... El predominio de los sentimientos de desplacer sobre los de placer es la
causa de aquélla moral y aquella religión ficticias; pero ese predominio suministra la fórmula de
la decadencia.”
SOBRE LO APOLÍNEO Y LO DIONISÍACO
“El origen de la tragedia”
1: “Mucho es lo que habremos ganado para la ciencia estética cuando hayamos llegado no sólo a
la intelección lógica, sino a la seguridad inmediata de la intuición de que el desarrollo del arte está
ligado a la duplicidad de lo apolíneo y de lo dionisíaco: de modo similar a como la generación
depende de la dualidad de los sexos, entre los cuales la lucha es constante y la reconciliación se
efectúa sólo periódicamente. Esos nombres se los tomamos en préstamo a los griegos, los cuales
hacen perceptibles al hombre inteligente las profundas doctrinas secretas de su visión del arte, no,
ciertamente, con conceptos, sino con las figuras incisivamente claras del mundo de sus dioses. Con
sus dos divinidades artísticas, Apolo y Dioniso, se enlaza nuestro conocimiento de que en el mundo
griego subsiste una antítesis enorme, en cuanto a origen y metas, entre el arte del escultor, arte
apolíneo, y el arte noescultórico de la música, que es el arte de Dioniso: esos dos instintos tan
diferentes marchan uno al lado de otro, casi siempre en abierta discordia entre sí y excitándose
mutuamente a dar a luz frutos nuevos y cada vez más vigorosos, para perpetuar en ellos la lucha
de aquella antítesis, sobre la cual sólo en apariencia tiende un puente la común palabra «arte»:
hasta que, finalmente, por un milagroso acto metafísico de la «voluntad» helénica, se muestran
apareados entre sí, y en ese apareamiento acaban engendrando la obra de arte a la vez dionisíaca y
apolínea de la tragedia ática.
(…) Esta alegre necesidad propia de la experiencia onírica fue expresada asimismo por los griegos
en su Apolo: Apolo, en cuanto dios de todas las fuerzas figurativas, es a la vez el dios vaticinador.
Él, que es, según su raíz, «el Resplandeciente», la divinidad de la luz, domina también la bella
apariencia del mundo interno de la fantasía.
(…) Bajo la magia de lo dionisíaco no sólo se renueva la alianza entre los seres humanos: también
la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra su fiesta de reconciliación con su hijo perdido,
el hombre. De manera espontánea ofrece la tierra sus dones, y pacíficamente se acercan los
animales rapaces de las rocas y del desierto. De flores y guirnaldas está recubierto el carro de
Dioniso: bajo su yugo avanzan la pantera y el tigre. Transfórmese el himno A la alegría de
Beethoven en una pintura y no se quede nadie rezagado con la imaginación cuando los millones
se postran estremecidos en el polvo: así será posible aproximarse a lo dionisíaco. Ahora el esclavo
es hombre libre, ahora quedan rotas todas las rígidas, hostiles delimitaciones que la necesidad, la
arbitrariedad o la «moda insolente» han establecido entre los hombres. Ahora, en el evangelio de
la armonía universal, cada uno se siente no sólo reunido, reconciliado, fundido con su prójimo,
sino uno con él, cual, si el velo de Maya estuviese desgarrado y ahora sólo ondease de un lado para
otro, en jirones, ante lo misterioso Uno primordial. Cantando y bailando manifiéstase el ser
humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y está en
camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformación mágica. Al
igual que ahora los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo
sobrenatural: se siente dios, él mismo camina ahora tan estático y erguido como en sueños veía
caminar a los dioses. El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte: para
suprema satisfacción deleitable de lo Uno primordial, la potencia artística de la naturaleza entera
se revela aquí bajo los estremecimientos de la embriaguez. El barro más noble, el mármol más
precioso son aquí amasados y tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista dionisíaco
de los mundos resuena la llamada de los misterios eleusinos: «¿Os postráis, millones? ¿Presientes
tú al creador, oh mundo?».”