Las partes de la oración - Ignacio Bosque
¿Cuántas clases de palabras?
En primer lugar, se ha destacado en numerosas ocasiones los insuficientes aportes de las
gramáticas romances al desarrollo de la teoría de las unidades gramaticales. Sin ir más
lejos, la clasificación, que con leves modificaciones se usó durante aproximadamente
veintidós siglos proviene del griego Aristarco y posteriormente de su discípulo Dionisio de
Tracia. Su clasificación, que podemos encontrar en la mayoría de las gramáticas romance,
consta de ocho partes: nombre, verbo, participio, artículo, pronombre, preposición, adverbio
y conjunción. No obstante, casi todos los autores modernos reconocen que esta y otras
listas parecidas de clases de palabras están basadas en una extraña mezcla de criterios.
Es significativo que no existe ningún autor ni escuela que no reconozca la dificultad de
obtener formalmente las categorías gramaticales, mientras que a su vez son unidades
básicas de análisis en casi todos los marcos teóricos. Diversos lingüistas consideran que la
típica pregunta sobre el número de “partes de la oración” no está bien formulada. Esto se
debe a la vaguedad del término “partes de la oración”. Cuando tenemos que clasificar o
enumerar las partes de algo, lo primero que deberíamos considerar o preguntar es, ¿con
qué criterio debe establecerse la clasificación?
En la misma línea, es importante tener en cuenta que determinadas unidades no
desempeñan ningún papel en la sintaxis oracional fuera de su propio sintagma. Por ende,
más que “partes de la oración” son partes de unidades gramaticales inferiores a ella. La
gramática tradicional sí confía en la incidencia sintáctica para establecer las clases de
palabra. El problema es que confía en exceso en ella y que no suele distinguir entre tipos de
incidencia. Muchas veces es el criterio único y determinante, aunque resulta tan poco útil.
Existen muchos sistemas de clases de palabras en la historia de las gramáticas romances.
Sin embargo, muy pocos de ellos contienen la necesaria justificación que los defienda ante
otros sistemas de clasificación posibles. Las propuestas oscilan entre clasificaciones de tres
categorías y de veinte, pero los sistemas más repetidos tienen entre siete y diez. La
existencia de tantas diferencias entre el número de categorías se debe a diversos factores.
Por ejemplo, los distintos comportamientos entre dos tipos de palabras obedecen para unos
gramáticos a que pertenecen a dos subclase de una misma categoría, mientras que para
otros es prueba de que pertenecen a categorías distintas. Así, varios gramáticos de nuestra
tradición postulan una clase de “partículas”. Esta postura no supone defender, sin embargo,
que la categorias que ahora llamamos proposición tenga la misma gramática que la que
llamamos conjunción, sino más bien que ambas clases comparten una o varias propiedades
(desde la ausencia de flexión hasta el carácter relacionante) suficientes para entender, en
esa opción, que pertenecen a una misma clase. La importancia que habitualmente se da a
las propiedades flexivas hace que se agrupen con frecuencia en la tradición categorías que
actualmente solemos diferenciar sintácticamente, como ocurre con el sustantivo y el
adjetivo, unidos para muchos autores clásicos porque comparten la misma morfología
flexiva. La tradición ha mantenido asimismo durante mucho tiempo los adjetivos calificativos
y los llamados determinativos en un mismo grupo, sin que las enormes diferencias
sintácticas entre ambas clases fueran al parecer motivo suficiente para separarlas. El
problema que se ha repetido durante siglos en la clasificación de las categorías es el de
determinar la importancia que el gramático debe dar a cada propiedad formal.
Cuatro clasificaciones binarias
Existen cuatro clasificaciones binarias de las categorías gramaticales que poseen una larga
tradición.
a. Categorías variables e invariables.
Esta clasificación atiende a las formas flexivas que cada elemento puede presentar si es que
admite flexión. Es, desde la antigüedad, la clasificación más repetida, y en lo fundamental es
inobjetable porque las marcas morfológicas casi nunca son opcionales y constituyen rasgos
formales siempre relevantes. Son variables los determinantes, los adjetivos, los pronombres,
los sustantivos y los verbos. Son invariables los adverbios, las preposiciones, las
conjunciones y las interjecciones.
b. Categorías pertenecientes a series abiertas y categorías pertenecientes a series
cerradas.
Esta segunda clasificación se basa en una distinción evidente: todos podemos memorizar la
lista de las proposiciones, de los artículos y de los demostrativos, pero a nadie se le ocurriría
intentar memorizar la lista de verbos o de adjetivos. Pertenecen a series cerradas los
artículos, los pronombres, las preposiciones y las conjunciones. Estas palabras actúan en
cierta forma como soporte o como engranaje de las que pertenecen a las series abiertas.
c. Categorías llenas y categorías vacías
Se basa en un criterio semántico. Está próxima a la anterior pero es algo más “escurridiza”.
Las categorías llenas son aquellas que se asocian con conceptos o ideas que pueden ser
evocadas o que poseen un contenido léxico que representa algún concepto real o
imaginario, como mesa, cantar, brillante o linealmente. Las categorías vacías no poseen
propiamente un significado léxico, y por ello son prácticamente imposibles de definir. Se les
suele atribuir un significado gramatical. La mayor parte de las categorías que pertenecen a
series abiertas son llenas, pero no es cierto que las que pertenecen a series cerradas sean
vacías. Ello se debe principalmente a que muchas preposiciones y conjunciones tienen un
contenido léxico claramente identificable, como “durante”, “por”, “aunque”, “luego”, entre
otras.
d. Categorías mayores y categorías menores
Esta clasificación tiene mayor tradición en la lingüística anglosajona, pero en parte coincide
con los resultados que se obtienen en las dos anteriores. Algunos gramáticos añaden como
criterio de esta clasificación la capacidad de las clases mayores para tener complementos.
Criterios de clasificacion e identificacion
Como ya se mencionó, las categorías gramaticales son clases formales de unidades léxicas.
Pero, los miembros de esas clases no siempre poseen todas las características que se
asocian con el grupo al que pertenecen. Por este motivo, se separan las propiedades que
distinguen a las categorías gramaticales en tres grupos: morfológicas, semánticas y
sintácticas.
a. Criterios morfológicos
Las categorías gramaticales poseen una serie de propiedades morfológicas, concretamente
flexivas, que las identifican y que en nuestra lengua son bien conocidas. Como se ha
mencionado anteriormente, las gramáticas tradicionales solían clasificar las partes de la
oración en dos grupos: variables, es decir, con flexión, e invariables. Esta clasificación es
correcta, pero debe ser matizada porque simplifica en exceso algunas distinciones. Por
ejemplo, no distingue específicamente entre las propiedades flexivas que se asocian
sistemáticamente con una categoría y aquellas otras categorías que se caracterizan porque
solo algunos de sus miembros poseen la marca en cuestión. Un ejemplo es el caso de los
pronombres, que están los que no tienen flexión como algo, que, y se; los pronombres sin
número y con genero como ninguno; y los pronombres con numero y sin género como quien
y cual. Por otra parte, también conviene distinguir entre las categorías que muestran rasgos
flexivos porque los reciben por concordancia (el verbo, el adjetivo) de las que los tienen
asignados léxicamente (el sustantivo). Finalmente, un determinado contenido puede estar
presente morfológicamente sin que se trate de una marca flexiva. Se puede decir que los
sustantivos admiten ciertos morfemas de tiempo, como “ex-embajador”, pero no puede
decirse que los sustantivos del español poseen flexión temporal. Este sistema refleja
adecuadamente la situación del latin y el griego, pero apenas es útil si consideramos otros
idiomas.
La tonicidad y la independencia sintáctica
De acuerdo con este criterio las categorías gramaticales se dividen en clíticas y no clíticas.
Las primeras se apoyan en otra forma tónica porque no tienen independencia fónica, frente
a las segundas, que sí la poseen. No obstante, no deben identificarse los conceptos de
“forma clítica” y “forma átona” porque el primero es un concepto gramatical, mientras que el
segundo es un concepto prosódico.
Si tratamos de hacer una lista de unidades clíticas del español seguramente nos vendrán a
la cabeza los pronombres átonos, que se apoyan en los verbos; pero la lista es en realidad
más larga. Figuran en ella los artículos y los posesivos, la forma “que” y ciertos auxiliares,
entre otras unidades. No existen en español conjunciones clíticas, frente, por ejemplo al
latin, que posee la conjunción enclítica -que (arma viroque cano), aunque debe tenerse en
cuenta que nuestra conjunción “y” se acerca a las unidades proclíticas más que a las
enclíticas. En “Juan y Pedro” la conjunción “y” se apoya fonológicamente en Pedro y no en
Juan.
Las unidades clíticas pueden ser, por tanto, proclíticas (el artículo, las preposiciones a y de);
enclíticas (la conjunción latina -que) o ambas cosas, como nuestros pronombres átonos. Los
elementos clíticos poseen su propia combinatoria. Se combinan a veces entre sí (de-el libro)
y se adjuntan a ciertas bases léxicas que también seleccionan. El artículo, por ejemplo, es
una forma clítica, pero no lo es de cualquier base léxica.
b. Criterios semánticos
En la filosofía aristotélica y en la escolástica se entendía que si el mundo físico constaba de
objetos (sustancias) que poseen propiedades (accidentes), mantienen relaciones, realizan
acciones y experimentan procesos, la gramática debía reflejar esta misma concepción. De
esta forma, tendríamos sustantivos para designar los objetos, adjetivos para las cualidades,
verbos para las acciones y los procesos, y partículas para las relaciones. En la Edad Media
eran particularmente frecuente este tipo de analogías que buscaban una categorización de
la realidad a partir de jerarquizaciones tomadas del mundo mítico y del religioso.
A partir de los aportes del Port Royal y de la lingüística estructural, se reconoció con
argumentos muy claros lo errado del planteamiento anterior. Los sustantivos designan
objetos físicos pero también procesos, estados o acciones. Casi la misma variedad de
definiciones puede encontrarse en otras categorías mayores. De la misma manera, se ha
comprobado que resulta sumamente difícil hacer corresponder nociones semánticas con
clases gramaticales.
c. Criterios sintácticos. Las categorías y las funciones
Es principio aceptado por todas las escuelas lingüísticas que la determinación de las clases
de palabras debe establecerse mediante criterios gramaticales. Para que una categoría
tenga una existencia real desde el punto de vista gramatical es preciso que se defina con
criterios de forma y no por criterios puramente semánticos.
Algunos lingüistas europeos de orientación funcionalista defienden actualmente una
concepción de las categorías léxicas estrechamente ligada a las funciones sintácticas
oracionales que recubren. Esta teoría gramatical asocia las categorías a las funciones de
una forma especial. Su reflejo en la lingüística española se puede encontrar en el modelo de
gramática funcional que han venido desarrollando Alarcos y otros autores funcionalistas. En
este modelo gramatical, las categorías se definen a partir de las funciones que desempeñan.
Términos como “sustantivo” o “adjetivo” no designa únicamente en esa teoría las “partes de
la oración” o las categorías léxicas, sino unidades sintácticas más complejas que tienen en
común el desempeñar la misma función sintáctica.
Si se consideran básicas las funciones sintácticas de sujeto y objeto directo, y se entiende
por sustantivo “todo aquello que puede ser sujeto” o “todo aquello que puede puede ser
objeto directo”, el análisis describiría correctamente que un nombre, un sintagma nominal y
una oración subordinada sustantiva pueden cubrir o cumplir la misma función, pero
lamentablemente no explica el hecho de que estas unidades no siempre aparecen en los
mismos contextos ni están seleccionadas por los mismos predicados. Obviamente, no existe
ningún sustantivo que no pueda ser sujeto de algún verbo, pero de eso no se deduce que
podamos llamar “sustantivo” a todo los que pueda ser sujeto.
El estudio de las relaciones entre las categorías y las funciones tiene una larga historia en la
teoría gramatical del viejo continente. Algunos de los posibles factores que tal vez hayan
influido en algunas de las concepciones de las categorías como unidades que se obtienen a
partir de las funciones sintácticas oracionales podrían ser: la tradición de las gramáticas
calidad y lo sólidos fundamentos que las gramáticas de dependencias siempre han tenido en
Europa; y el paralelismo que se ha buscado con el tipo de mecanismo sustitutorio que
permite obtener unidades mínimas en la fonología. Es cierto que es fonema todo lo que cabe
en el hueco que aparece en /ka_a/ sí permite que el conjunto distinga entidades
significativas en español. Pero este hecho indiscutible no puede extenderse
automáticamente a la sintaxis. Hemos visto que no puede aceptarse que los “huecos”
(funcionales y posicionales) designen automáticamente categorías de la gramática o que se
asocien de forma unívoca con funciones sintácticas, oraciones o no. En el salto de la
fonología a la sintaxis, el término “hueco” ha dejado de significar lo que significaba.
Síntesis
Quedó sin contestar la pregunta inicial sobre la preferencia entre los criterios formales de
identificación categorial. Es esta una cuestión compleja, y en parte sujeta a las distintas
opciones que el gramático puede postular en la función de la teoría que defienda.