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Empatía

1) La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender sus experiencias y emociones. 2) Ser empático es clave para una buena comunicación y relaciones sociales. 3) Se pueden desarrollar habilidades empáticas a través de la escucha activa, dar importancia a las emociones, dejar los prejuicios al margen, y actividades como la lectura.
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Empatía

1) La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender sus experiencias y emociones. 2) Ser empático es clave para una buena comunicación y relaciones sociales. 3) Se pueden desarrollar habilidades empáticas a través de la escucha activa, dar importancia a las emociones, dejar los prejuicios al margen, y actividades como la lectura.
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Empatía: claves para desarrollar y potenciar esta capacidad

La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro

Es clave para una buena comunicación: las personas empáticas en general son más respetadas y
valoradas

Saber escuchar es una de las claves, y la afición a la lectura puede ser una ayuda fundamental.

Desde hace tiempo se destaca, en diversos ámbitos, el valor de la empatía. De manera coloquial, la
empatía se puede definir como el sentimiento de identificación con alguien, la capacidad de
ponerse en el lugar de otra persona. Como se suele decir, “ponerse en los zapatos del otro”. En
términos más precisos se puede afirmar que es “un proceso para comprender las experiencias
subjetivas de un individuo al compartir esa experiencia de forma indirecta, mientras se mantiene
una postura observadora”, tal como la definió William Zinn, investigador de la Universidad de
Harvard.

En otras esferas, como las de coaching y el liderazgo, el lugar de la empatía es preeminente,


puesto que tener empatía es clave para una comunicación más efectiva. Las personas más
empáticas son capaces de comprender mejor y más rápido lo que les pasa a los demás y de lograr
mejores relaciones sociales, lo que ayuda a que los demás se sientan mejor: más escuchados y
respetados, menos solos. Todo esto también produce beneficios para la persona empática, desde
luego, quien es respetada y valorada, lo que propicia que aumente su autoestima y su sensación
de bienestar.

Empatía y neuronas espejo

A mediados de la década de 1990, científicos de la Universidad de Parma, en Italia, descubrieron


las llamadas neuronas espejo o especulares, unas neuronas que se activan tanto cuando alguien
ejecuta una acción como cuando observa esa misma acción realizada por otro individuo. Estas
neuronas espejo (presentes no solo en seres humanos, sino también en otras especies animales)
desempeñan un papel fundamental tanto en el aprendizaje imitativo como en el desarrollo de la
empatía.

Las neuronas espejo podrían ser la explicación fisiológica de por qué impresiona ver a alguien que
sufre un golpe muy fuerte, como si el observador también pudiera sentir dolor solo por haberlo
visto. Del mismo modo, también estarían en la base de la empatía: serían las que permiten
interpretar y dar sentido a los gestos y las acciones de los demás.

Científicos de la Universidad de Cambridge, a través de un estudio cuyos resultados se publicaron


en 2018, concluyeron que en el grado de empatía de una persona también intervienen factores
genéticos. Sin embargo, la influencia de los genes no es muy elevada: el 10% del total. El otro 90%
de la capacidad de empatía de una persona depende del género (el mismo trabajo determinó que,
en general, las mujeres son más empáticas que los hombres) y del entorno de socialización de
cada persona.
Y es que la socialización es clave. Durante años se planteó la cuestión acerca de si la empatía era
una habilidad innata o si, por el contrario, era una capacidad que se puede trabajar y mejorar. En
la actualidad, ese debate no existe: hay consenso acerca de que la empatía sí puede desarrollarse
y potenciarse. ¿De qué manera? A continuación, se enumeran algunas claves.

1. Saber escuchar

La escucha atenta es una de las claves de la empatía. En un sentido, se trata de -cuando se


conversa con otra persona- dejar de estar pendiente de uno mismo e intentar entrar en el mundo
del otro. También es importante que ese otro se sienta escuchado. Para ello, es clave respetar sus
tiempos, no meter prisas, no interrumpir. Permitir que quien habla se sienta no solo en la libertad
de decir lo que quiere decir, sino también que lo haga de la manera en que lo desee, como más
cómodo se sienta.

También es clave no limitar la atención al lenguaje verbal, a las palabras: los gestos, la postura
corporal, las miradas, los silencios y muchas otras acciones del cuerpo a menudo proporcionan
más y mejor información sobre una persona que lo que ella misma dice. Incluso las acciones de
quien escucha pueden ser fundamentales: un experimento realizado por científicos de Estados
Unidos concluyó que un gesto simple como tocar el brazo de quien habla, en ocasiones, hace que
esta persona se sienta más libre de expresarse y mejor comprendida.

2. Dar mayor importancia a las emociones que a los datos

Otra de las principales herramientas para ponerse en el lugar del otro es tener en cuenta que los
mismos hechos afectan de formas distintas a diferentes personas. Algo que es casi intrascendente
para alguien puede ocasionar un derrumbe emocional en alguien más. Por eso, cuando se trata de
potenciar la empatía, no tiene mayor importancia saber qué haría uno mismo en una determinada
situación: lo que cuenta es tener la capacidad de imaginar y entender cómo vive esa situación la
otra persona (en función de su historia, del contexto que la rodea, etc.) y de qué manera resulta
afectada emocionalmente.

3. Dejar los propios prejuicios y opiniones al margen

Por razones similares a las destacadas en el punto anterior, las opiniones o ideas de la persona que
escucha en ciertas situaciones pueden ser irrelevantes. Dar opiniones cuando nadie lo pide,
“sermonear”, emitir juicios morales o de valor o pretender tener la verdad: todo eso es lo
contrario a la empatía. Los resultados de esas reacciones suelen ser contraproducentes, generan
una distancia que en muchos casos resulta insalvable. La clave pasa por procurar la tolerancia,
aceptar la mirada de los otros, comprender y respetar las diferencias.
4. Leer y ver películas

El hecho de que la lectura, sobre todo, y también el cine contribuyen con el desarrollo de la
empatía es algo que se sostiene desde hace mucho tiempo. En los últimos años, la neurociencia ha
realizado esfuerzos por corroborarlo. Por medio de estudios realizados con resonancia magnética,
científicos de la Universidad de Stanford confirmaron que, cuando una persona se compenetra en
la lectura de un texto de ficción, se activan zonas del cerebro relacionadas con lo que los
personajes hacen o sienten. Las neuronas que se trabajan cuando una persona toca algo, también
lo hacen cuando lee la descripción de una textura; las neuronas motoras actúan cuando en el
relato se habla de un movimiento.

Debido a eso, Frank Hakemulder, experto en literatura y psicología de la Universidad de Utrecht,


en los Países Bajos, asegura que la lectura de ficción se convierte en un “laboratorio moral”. El
cerebro del lector se identifica con el de los personajes y permite, por unos momentos, “ponerse
en sus zapatos”, como si pudiera probar lo que debe ser estar en su situaciones, con las
dificultades y las emociones involucradas en cada caso. Por ello, las personas que leen tienden a
ser más empáticas, ya que están habituadas a ponerse en el lugar de otros (aunque sean
personajes ficticios) y a evaluar las situaciones desde puntos de vista diferentes de los propios

Empatía.

La empatía es una competencia clave de la inteligencia emocional que se pone de manifiesto a la


hora de comunicarnos y relacionarnos con los demás. Por eso es tan importante fomentarla en
directivos, ejecutivos y responsables de equipos, ya que está relacionada con un buen liderazgo.

Sea cual sea tu puesto de trabajo, ser más empático con tus compañeros y colaboradores te
beneficiará en muchos sentidos. La empatía es la capacidad de ver el mundo como la otra persona,
para compartir y comprender sus sentimientos, necesidades, preocupaciones y estado emocional.
También se utiliza la expresión «ponerse en los zapatos del otro».

A veces confundimos simpatía y empatía, pero son dos habilidades distintas. La simpatía se centra
en la amabilidad, en encontrar algo positivo del problema que nos explica la otra persona, busca la
aprobación, se escucha para responder. Se siente el mismo estado emocional que la otra persona
pero sin necesidad de comprenderla.

La empatía, en cambio, va un paso más allá. No busca lo positivo de la situación, simplemente


busca entender a la otra persona. Se escucha para comprender, no necesita la aprobación,
reconoce las emociones sin juzgar. En la simpatía buscamos algo así como «caer bien o gustar» y
en la empatía buscamos «entender y reconocer las emociones del otro«.

En el trabajo, tanto la simpatía como la empatía nos ayudan a establecer buenas relaciones con
nuestros compañeros, aunque la empatía nos llevará a tener conexiones más duraderas y
auténticas.

Estos son algunos de los beneficios de la empatía en el trabajo:

1. Tomar el tiempo y la actitud óptimas para entender las necesidades de los colaboradores o
compañeros. Así podrás proporcionarles el apoyo que necesitan para seguir adelante, para hacer
frente a los retos o para solucionar dificultades.

2. Tener la actitud adecuada a la hora de llegar a acuerdos, para resolver conflictos. Escuchar,
entender a todas las partes y tener en cuenta el punto de vista de todos los implicados hace
mucho más fácil llegar a un acuerdo común, en vez de dar una orden de forma unilateral.

3. Entender y proporcionar a los compañeros y colaboradores lo que necesitan para avanzar crea
un sentido de confianza y fortalece las relaciones dando lugar a una mayor colaboración y mejora
de la productividad.

4. Sentirnos comprendidos, escuchados y respetados por nuestra forma de pensar ayuda a ser más
abiertos a la hora de expresar nuestras emociones. Así podremos relacionarnos de forma más
sincera y sentirnos valorados por lo que somos sin miedo a ser juzgados.

5. Gracias a las «neuronas espejo» siendo empáticos contagiaremos a los demás a serlo, creando
un ambiente de conexión que hará el entorno de trabajo mucho más agradable y enriquecedor.

Claves para ser más empático:

– Practica la escucha con la intención de entender al otro.


– Parte de la base de que tu forma de ver las cosas es única, es decir, cada uno tiene su propio
punto de vista y todos son válidos y respetables.

– Entrena la capacidad de entender tus propias emociones. Así te será cada vez más fácil entender
las de los demás.

– Evita el aconsejar si no te lo piden expresamente.

– Enfócate en comprender al otro en vez de juzgarlo.

QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LA EMPATÍA?

Llevamos años investigando y trabajando el concepto de Inteligencia Emocional (IE) en nuestro


Grupo de Trabajo, concretamente desde el modelo de John Mayer y Peter Salovey, profesores de
la Universidad de Yale. Estos autores definen la IE como “la habilidad para percibir, valorar y
expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que
faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y
la habilidad para regular las emociones facilitando un crecimiento emocional e intelectual.” Estas
habilidades, siguen una secuencia jerárquica desde los procesos psicológicos más básicos hasta los
más complejos, a saber:

1. Percepción, evaluación y expresión de las emociones: Se refiere al grado en el que las personas
son capaces de identificar sus estados emocionales y el de los demás, atendiendo a aspectos
físicos y cognitivos. La capacidad de expresar las emociones y sentimientos percibidos en uno
mismo y en los demás, de forma correcta y en el momento adecuado. Y la facultad para reconocer
la sinceridad de las emociones expresadas por los demás.

2. La habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento: Las emociones
actúan sobre el modo de procesar la información, modelan el pensamiento dirigiendo la atención
hacia aquella información más significativa e importante para el sujeto, que posteriormente podrá
desembocar en un tipo u otro de acción más o menos creativa y/o eficaz.

3. La habilidad para comprender emociones: Esta habilidad corresponde al conocimiento


emocional, por medio del cual comprendemos y etiquetamos las emociones.

4. La habilidad para regular las emociones: Este cuarto y último nivel es el más complejo y trata de
gestionar o regular las emociones adecuadamente y conseguir que las agradables se mantengan o
aumenten, minimizando o moderando las desagradables.
La IE tiene una vertiente intrapersonal, que incluye: la percepción y expresión adecuada de las
propias emociones, la conciencia y comprensión emocional y la autorregulación de las emociones,
y otra vertiente interpersonal que supone percibir adecuadamente la expresión emocional de los
demás, saber si mienten o no, relacionarse adecuadamente con los demás (habilidades sociales)
teniendo en cuenta cómo piensan y se sienten (empatía).

Precisamente a esta última, la empatía, dedicaremos este artículo; a conocer sus características y
su papel dentro de la inteligencia emocional, así como sus implicaciones en el ajuste emocional y
social.

En general, se considera que la empatía tiene fundamentalmente dos aspectos: uno cognitivo y
otro emocional. La empatía cognitiva (o toma de perspectiva), es la capacidad de ponernos en el
lugar de otra persona: de comprenderla. Esta capacidad se aplica a las relaciones reales y también
a las no reales (fantasía) como cuando vemos películas, leemos una novela, etc y nos identificamos
con los personajes.

La empatía emocional o simpatía (o preocupación empática) es la capacidad de sintonizar con los


sentimientos o preocupaciones de la otra persona. Eso puede generar sentimientos de
preocupación y tristeza ante la necesidad de la otra persona. Pero también de alegría y
entusiasmo ante lo que se nos está contando.

La empatía no se encuentra en una parte determinada ni especializada del cerebro, sino en todas y
las responsables son las neuronas espejo.

El psicólogo y periodista Daniel Goleman por su parte, señala que la empatía forma parte de la
Inteligencia Social y que tiene dos elementos: la conciencia social (lo que sentimos sobre los
demás) y la aptitud social (lo que hacemos con esa conciencia social). Dentro de la conciencia
social, se encuentra:

• La Empatía primordial: sentir lo que sienten los demás (señales no verbales).

• La Sintonía: escucha activa para conectar con el otro.

• La Exactitud empática: comprender los pensamientos, sentimientos e intenciones de los


demás.

• La Cognición social: entender el funcionamiento social, es decir, leer y comprender


adecuadamente las situaciones sociales para saber cómo actuar.
Respecto a la aptitud social, Goleman identifica:

• La Sincronía: relacionarse fácilmente a nivel no-verbal.

• La Presentación de uno mismo: saber presentarse a los demás.

• La Influencia: dar forma adecuada a las interacciones sociales.

• El Interés por los demás; interesarse por las necesidades de los demás y actuar en
consecuencia.

Por otra parte y desde nuestra experiencia profesional creemos que existe un tercer elemento que
da sentido y hace “visible” a la empatía, y es el comportamiento prosocial. Es decir, si al estar con
alguien somos capaces de observar adecuadamente qué siente, cómo se siente y porqué se siente
anímicamente así, la consecuencia a este razonamiento cognitivo y emocional es actuar. ¿Qué
puedo hacer por ti? ¿Cómo puedo ayudarte? El comportamiento prosocial supone compartir,
colaborar, consolar y ofrecer ayuda a los demás.

Igual que la empatía, el comportamiento prosocial hay que enseñarlo, practicarlo y


reforzarlo desde la niñez. Y eso supone trabajar los valores que expresan ese movimiento interno
que suscitó el comprender y sintonizar con la otra persona, si no, la empatía es algo pobre. Este es
el planteamiento del psicólogo cognitivo Paul Bloom profesor de la Universidad de Yale y que
entre otras cosas afirma que podemos tener más de la empatía cognitiva y poco de la emocional o
al revés. O que incluso, estímulos externos pueden producir involuntariamente la empatía
emocional. Bloom pone el acento en la importancia de educar los valores que deben acompañar a
la empatía tanto cognitiva como la emocional, pues según sus investigaciones, nuestra empatía
está sesgada.

Bloom afirma que se siente más fácilmente empatía por las personas atractivas y por aquellas con
las que tenemos características comunes como la misma lengua, el mismo origen étnico o
nacionalidad. Además la empatía es “insensible” a las cifras y estadísticas, a los grupos grandes, a
lo general y global, de ahí que la imagen de un niño europeo herido sea más efectiva (activa
nuestra empatía con más facilidad), que ver un campo de refugiados de un millón de personas
africanas.

Y de ahí también la importancia de darle más contenido a la empatía con los grandes valores
universales: igualdad, fraternidad, justicia, libertad, respeto, compasión, etc. Bloom destaca la
importancia de los aspectos cognitivos y cómo se expresan en el comportamiento, más incluso que
los emocionales, pues según afirma podríamos terminar llorando con los demás, sintiendo su
misma impotencia y sin hacer nada por ayudarles.
Daniel Goleman es un afamado psicólogo, autor y profesor estadounidense que es reconocido a
nivel mundial gracias a la publicación de su libro Emotional Intelligence (en español Inteligencia
Emocional) en 1995 y el desarrollo de la teoría de la existencia de este tipo de inteligencia en el ser
humano.

Posteriormente Goleman también trató la Inteligencia social, y escribió sus hallazgos en la segunda
parte del libro Inteligencia Emocional.

Trabajó durante algunos años como redactor de la sección de ciencias de la conducta y del cerebro
del periódico The New York Times. Ha sido editor de la revista Psychology Today y fue profesor de
psicología en la Universidad de Harvard, en la que obtuvo su doctorado. También es co-fundador
de la Collaborative for Academic, Social and Emotional Learning (Sociedad para el Aprendizaje
Académico, Social y Emocional) en el Centro de Estudios Infantiles de la Universidad de Yale, cuya
misión es ayudar a las escuelas a introducir cursos de educación emocional.

Para Daniel Goleman, la Inteligencia Emocional consiste en:

Conocer las propias emociones

El principio de Sócrates «conócete a ti mismo» se refiere a esta pieza clave de la inteligencia


emocional: tener conciencia de las propias emociones; reconocer un sentimiento en el momento
en que ocurre. Una incapacidad en este sentido nos deja a merced de las emociones
incontroladas.

Manejar las emociones

La habilidad para manejar los propios sentimientos a fin de que se expresen de forma apropiada se
fundamenta en la toma de conciencia de las propias emociones. La habilidad para suavizar
expresiones de ira, furia o irritabilidad es fundamental en las relaciones interpersonales.

Motivarse a sí mismo

Una emoción tiende a impulsar hacia una acción. Por eso, emoción y motivación están
íntimamente interrelacionados. Encaminar las emociones, y la motivación consecuente, hacia el
logro de objetivos es esencial para prestar atención, automotivarse, manejarse y realizar
actividades creativas. El autocontrol emocional conlleva a demorar gratificaciones y dominar la
impulsividad, lo cual suele estar presente en el logro de muchos objetivos. Las personas que
poseen estas habilidades tienden a ser más productivas y efectivas en las actividades que
emprenden.
Reconocer las emociones de los demás

Un don de gentes fundamental es la empatía, la cual se basa en el conocimiento de las propias


emociones. La empatía es la base del altruismo. Las personas empáticas sintonizan mejor con las
sutiles señales que indican lo que los demás necesitan o desean. Esto las hace apropiadas para las
profesiones de la ayuda y servicios en sentido amplio (profesores, orientadores, pedagogos,
psicólogos, psicopedagogos, médicos, abogados, expertos en ventas, etc.).

Establecer relaciones

El arte de establecer buenas relaciones con los demás es, en gran medida, la habilidad de manejar
las emociones de los demás. La competencia social y las habilidades que conlleva, son la base del
liderazgo, popularidad y eficiencia interpersonal. Las personas que dominan estas habilidades
sociales son capaces de interactuar de forma suave y efectiva con los demás.

¿Qué es la Empatía?

La empatía, es la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otro ser puede sentir.
También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona cuando se
afecta a otra.

Empatía es, según el diccionario, la capacidad de una persona de vivenciar la manera en que siente
otra, y compartir sus sentimientos. En un sentido más coloquial se trata de ponerse en la piel del
otro, entendiendo sus penas, sus alegrías, sus miedos, temores, motivaciones, actitudes,
capacidades y manteniendo una escucha proactiva para comprender y captar mejor el mensaje
que nos quiere transmitir.

Daniel Goleman en su libro “La Inteligencia Emocional” afirma que para desenvolverse en la
Sociedad se necesita tanto de la Inteligencia Racional como la Emocional, Daniel Goleman afirma
que la primera oportunidad para dar forma a los ingredientes de la Inteligencia Emocional son los
primeros años de vida, aunque estas capacidades continúan formándose en la Escuela. Las
capacidades emocionales que los niños adquieren en años posteriores se construyen sobre esos
primeros años y son la base esencial de todo aprendizaje.

Las destrezas emocionales incluyen el autoconocimiento, la identificación, expresión y manejo de


los sentimientos, el control de los impulsos y las gratificaciones demoradas, el manejo del estrés y
la ansiedad. Una habilidad clave para el control de los impulsos es conocer la diferencia entre
sentimientos y acciones, y el aprendizaje de cómo tomar mejores decisiones emocionales
mediante el control del impulso al actuar, identificando luego acciones alternativas y sus
consecuencias posteriores. Muchas de las actitudes son interpersonales: la interpretación de las
tendencias sociales y emocionales, prestar atención, resistir las influencias negativas, ponerse en
el lugar de los otros y tener el comportamiento adecuado en cada ocasión.

Tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente. Daniel Goleman

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