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Transformacion-Como Sucede

Este documento describe la transformación espiritual como un proceso que requiere deseo, disciplina e intimidad con Jesús en lugar de soluciones rápidas. También requiere fe y obediencia mientras el Espíritu Santo produce el cambio.

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Transformación: ¿Cómo sucede?

Nancy DeMoss Wolgemuth


"No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente."
 (Romanos 12:2 NVI)

Recientemente me encontré con una mujer a la que no veía desde hacía varias semanas. Casi no
la reconocí. Su cabello, generalmente rubio, se había vuelto completamente blanco. La
transformación fue increíble, ella parecía una persona diferente. ¡Todo lo que necesitó fueron 40
minutos y  un poco de tinte!

Si tan sólo la transformación espiritual fuera tan fácil. Solo lee un libro, ve a un consejero, asiste a
una conferencia, haz un nuevo compromiso, decide ser diferente, derrama algunas lágrimas en un
altar, memoriza unos versículos . . y listo! Te conviertes en una cristiana madura y piadosa.

Por el contrario, la experiencia de muchos creyentes es la siguiente:

Haces el compromiso. Fallas. Confiesas.

Vuelves a comprometerte. Fallas de nuevo. Confiesas de nuevo.

Vuelves de nuevo a comprometerte. Fallas de nuevo. Te das por vencida.

Después de toda la lucha y el esfuerzo, tendemos a querer una "solución rápida" —un libro, una
conferencia, un consejero, un encuentro, una liberación milagrosa, un programa —algo que sea
efectivo, y preferiblemente sin dolor. Queremos que Dios (o alguien más) haga algo por nosotros
de una vez por todas para que no tengamos que seguir luchando con los problemas de siempre.

En mi propio caminar con Dios, he descubierto algunos principios útiles acerca de cómo el cambio
espiritual se lleva a cabo.
1. El cambio espiritual, profundo y duradero, es un proceso. Rara vez sucede de una vez.
Envuelve entrenamiento, pruebas y tiempo. No hay atajos.

©Aviva Nuestros Corazones. Usado con permiso.


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Escuchamos hablar de personas que se liberan dramáticamente de las drogas o la adicción al
alcohol, y nos preguntamos, "¿Por qué Dios no hace eso por mí? ¿Por qué tengo que luchar contra
esta adicción a la comida, contra la lujuria, la preocupación y el miedo, o con una lengua
desenfrenada?”

De vez en cuando Dios permite una victoria instantánea, pero más a menudo nos lleva a través de
un proceso que requiere obediencia, fe, disciplina y tiempo. Dios está comprometido a ganar los
corazones y desarrollar corazones y a desarrollar el carácter de Su pueblo.
2. El cambio espiritual requiere deseo. Tenemos que preguntarnos: ¿Realmente deseo
cambiar, o estoy a gusto en permanecer como soy? ¿Qué tan importante es para mí ser
como Jesús? ¿Qué precio estoy dispuesto a pagar para ser piadosa?

Los hijos de Dios tienen un profundo deseo de agradarle. Ese deseo se nutre de la oración
(reconociendo nuestra dependencia de Él) y meditando en Cristo, el objeto de nuestro deseo.

Al leer la Escritura y contemplar al Señor Jesús, yo deseo ser como Él -—humilde, santa,
compasiva, rendida a la voluntad de Dios, atenta a la guianza del Espíritu.

Cuando nuestro deseo de ser santo es mayor que nuestro deseo de permanecer donde estamos,
hemos dado un gran paso hacia la transformación espiritual.
3. El cambio espiritual fluye de una relación íntima con Jesús. Queremos complacer a
aquellos que amamos, y nos afligimos cuando les ofendemos. Cuanto más amamos a
Jesús, más grande será nuestra motivación de obedecerle y de tomar las decisiones que
le agradan.

La cuestión fundamental en la vida es qué o a quién adoramos. El proceso de cambio verdadero


tiene lugar a medida que somos destetados de nuestro amor y adoración por el yo, por el placer y
por el mundo; y cuando nuestros corazones son enteramente devotos a Cristo.
4. El cambio espiritual requiere disciplina. Recuerdo cuando era estudiante universitaria,
sentada durante horas y horas en pequeñas habitaciones sin ventanas, escuchando la
misma pieza de música una y otra vez. Yo sabía que nunca llegaría a mi meta —la de hacer
hermosa música —sin una disciplina rigurosa.

La disciplina con el propósito de alcanzar la  piedad no es lo mismo que el esfuerzo propio. Más
bien, significa conscientemente cooperar con el Espíritu Santo—dependiendo de Él, para que Él
pueda transformarnos a la imagen de Cristo.

El problema es que queremos el resultado sin el proceso. Queremos la victoria sin la guerra.

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Orar con la esperanza de un cambio espiritual es inútil si nos sentamos pegados a un televisor o
descuidamos los medios que Dios ha provisto para nuestro crecimiento en gracia. El estudio de la
Biblia, la meditación, la adoración, la oración, el ayuno, la responsabilidad y la obediencia son las
disciplinas que producen una cosecha de justicia en nuestras vidas.
5. El cambio espiritual lo produce el Espíritu Santo, cuando ejercitamos la fe y la obediencia.
Entonces, ¿cómo es la cosa? ¿Dios hace el trabajo, o lo hacemos nosotros? Según la
Escritura, la respuesta es "sí", "Ocúpense de su salvación. . . pues Dios es quien produce
en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad" (Fil.
2:12-13).

Un verdadero cambio espiritual se inicia y es capacitado por el Espíritu de Dios que mora en
nosotros; se produce por toda la gracia que recibimos a medida que perseveramos en humildad,
obediencia y fe.
6. El cambio espiritual es posible (y está asegurado) a causa de la nueva vida que recibimos
cuando nacimos de nuevo. De acuerdo a la Palabra de Dios, en el momento de la
regeneración nos convertimos en "una nueva criatura: lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo
nuevo!" (2 Corintios 5:17.). Para los creyentes, la vida santa no es cuestión de esforzarse
más, sino más bien de caminar en la realidad de un cambio sobrenatural que ya ha tenido
lugar.

La santificación es el proceso por el cual el cambio de Dios que ha obrado en nosotros es


trabajado en nuestra experiencia diaria, ya que "estamos siendo transformados a la semejanza [de
Cristo]" (2 Cor. 3:18). Es un proceso —y a veces doloroso — de toda la vida. Pero tenemos la
confianza de que un día la transformación será completa, y "seremos semejantes a él, porque le
veremos tal como él es" (1 Juan 3:2).

© Usado con permiso. Extraído de DECISION magazine, Mayo 2001, Billy Graham Evangelistic Association, 2001. 

©Aviva Nuestros Corazones. Usado con permiso.


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