PRILIDIANO
PUEYRREDÓN
1 .- Vida y obra
Prilidiano Pueyrredón es un pintor asociado al imaginario iconográfico nacional,
unido por su arte a nuestra literatura e historia que nació en Buenos Aires en la
quinta denominada “Santa Calixta” que sus padres tenían en la actual calle Libertad
esquina Juncal, lugar conocido por el nombre de las "cinco esquinas". Siendo uno
de los cinco hijos del ex Director Supremo del Río de la Plata, Juan Martín de
Pueyrredón, de ascendencia francesa y de la patricia porteña María Calixta
Tellechea y Caviedes, su partida bautismal custodiada en la iglesia de La
Merced nos informa que: "en siete de febrero de 1823 con mi licencia, el Dr. Don
Domingo Caviedes bautizó solemnemente a un párvulo que nació el día 24 de
enero próximo pasado, y se llamó Prilidiano, hijo legítimo de Don Juan Martín de
Pueyrredón y de Doña María Calixta Tellechea, natural de esta ciudad; fueron sus
padrinos Don Manuel Martínez y García y Doña Dámasa Concepción Caviedes y
de verdad la firmo el Dr. Julián Segundo de Agüero".
Pueyrredón estudió en Buenos Aires en el Colegio de la Independencia,
demostrando desde niño tener vocación por el dibujo. A los doce años de edad, en
1835, viajó a España con sus padres y de ahí hacia Asia, regresando en 1841 luego
de seis años, pero los problemas políticos de la época y las malas relaciones entre el
gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y Francia,
hicieron que la familia tuvieran una recalada de tres años de permanencia en Río de
Janeiro, donde posiblemente asistió a la importante Academia de Bellas Artes, allí
existente. Contando 21 años, en 1844, emprendió nuevamente un viaje a
Europa, realizando estudios de pintura en Florencia y posteriormente en París
concurrió al prestigioso Instituto Politécnico, de donde regresa con el título de
ingeniero, a la vez que perfeccionó sus conocimientos pictóricos. Su formación
artística es europea, especialmente francesa, influjo éste que se percibirá
nítidamente en los aspectos formales y cromáticos de sus pinturas. Se desconocen
la mayoría de sus maestros posibles, pero indudablemente, el frecuentar museos y
talleres, pulieron su estilo y generaron esa especial sensibilidad para el color y las
texturas logradas en sus telas.
El Instituto Politécnico de París, prestigiosa Escuela donde estudiara Pueyrredón,
en vistas de mediados del S XIX
Habiendo regresado a Buenos Aires en 1848, ejerce su profesión de ingeniero
realizando obras realmente importantes, entre las que se distinguen la mansión que
le construyera a Miguel de Azcuénaga, actual Residencia Presidencial de Olivos, un
puente sobre el Riachuelo (de estructura giratoria y obviamente, hoy desaparecido,
pero que emplaza en su lugar al actual Puente Pueyrredón), las modificaciones de la
antigua Pirámide de Mayo (ampliación de su fuste, quite de la esfera que la
coronaba y colocación de la estatua actual esculpida por Joseph Dubourdieu),
reformas paisajistas, capillas internas dentro de la Iglesia del Pilar, en la
Recoleta, y la restauración, en 1858, de la Casa de Gobierno (que en modo alguno
aún era "rosada" ni configuraba un solo edificio en sí, sino que eran dos edificios
gemelos separados por una calle); aunque tuvo una cierta mala fama de inmoral,
por ser el primer retratista rioplatense de desnudos femeninos, como sus dos únicos
supervivientes conservados en el Museo Nacional de Bellas Artes: “La siesta” y
“El baño”.
Un par de daguerrotipos anónimos de 1854 muestran la pirámide de Mayo antes de
su restauración
Esquema comparativo entre la “nueva” y la “vieja” Pirámide de Mayo
Dentro de las reformas y ampliaciones que realizara en su chacra de San Isidro
(actual Museo Pueyrredón) se destaca la gran galería que da frente al Río de la
Plata, como las habitaciones en los altos donde dispuso su bien iluminado estudio,
en que pasaba varios días en total reclusión dedicado por entero a pintar.
En 1850/51 pintó el célebre retrato de Manuelita Rosas, obra que representa serias
dificultades cromáticas originadas por el predominante color punzó del traje que
debía vestir la hija del Restaurador y en respuesta de un pedido hecho por un grupo
de ciudadanos para honrar a la hija del Restaurador, y tanto la pose como la
vestimenta de la modelo fueron decididas por una comisión formada ad hoc para
velar por que la imagen fuera adecuada “a la moral y al rango” de la retratada. No
obstante pudo superar airosamente el desafío recurriendo a distintas gamas de aquel
color para pintar el tapizado del sillón ubicado a la diestra, el cortinado en el lado
opuesto y la alfombra, obteniendo un contraste neutralizante. Posiblemente la obra
más destacada de la paleta de Prilidiano Pueyrredón deba ser el retrato de su padre,
don Juan Martín, debiendo convenirse “en que el artista es, para entonces,
poseedor de un oficio muy completo” según Adolfo Luis Ribera. Nuestro
biografiado fue un hombre de gustos refinados, con una cultura poco común -tenía
conocimientos de música, letras, ciencias naturales, filosofía y dominaba las
ciencias exactas en sus disciplinas de la física, química, matemáticas y hablaba
varios idiomas -estaba rodeado de un velo de misterio, posiblemente por su
conducta reservada, casi melancólica, de estados anímicos inestables, sin llegar a
ser una persona antisociable.
Dos daguerrotipos de Manuelita rosas, con sus hijos y durante su vejez
Según nos lo describe Marcos de Estrada sus caracteres físicos eran: “altura,
corpulencia, ojos grandes e inquietos y un poco de sordera. Muy atrayente para las
mujeres, no era fácil de persuadir y estaba a la defensiva por su espíritu libre y su
deseo de consagrarse exclusivamente a su trabajo”. Dominaba a la perfección seis
idiomas y era poseedor de una vasta cultura clásica, aparte de una refinada calidad
en su profesión de ingeniero.
Fallecido su padre en 1851, el artista retorna a Europa con su madre y se instala en
Cádiz. En 1854 vuelve a Buenos Aires a bordo del vapor inglés Great Western,
dejando en España a una mujer y una hija a las que no volvería a ver. A pesar de
ello, la década del '50 y sobre todo la del '60 serían las más prolíficas de
su producción como pintor. Se conservan 223 obras de estos años, más de la mitad
de las cuales son retratos, muchos de ellos pintados por encargo para figuras de la
sociedad. Abordó también, siendo uno de los primeros en hacerlo, la temática
arrabalera y gauchesca, plasmándola de acuerdo a la doctrina romántica que había
adquirido en Europa. Varias de sus obras más famosas responden a estas escenas de
la costa del Plata o de la Pampa: Un alto en el Campo de 1861, Capataz y peón de
campo (1864), Lavanderas del Bajo Belgrano (1865) o Recorriendo la
estancia (1865).
Las famosas tres letras P (P.P.P.) con que firmaba sus cuadros e incluso utilizó en
su papel para correspondencia, originaron más de una polémica, ya que nadie ha
podido aclarar fehacientemente la misteriosa P que agregaba a las dos que le
corresponden como iniciales de su único nombre y apellido. Hay quien sostiene que
el 24 de enero, día de la Santa Patrona toledana Nuestra Señora de la Paz,
coincidente con su nacimiento, influyera para que adoptara esa otra P para invocar
su recuerdo. Otros han supuesto caprichosamente que se llamaba Prilidiano Pedro
Pueyrredón. También se conjetura que las tres P significaban “Prilidiano
Pueyrredón pinxit”, según la costumbre latina. Parafraseando un antiguo
trabalenguas español, decía de sí mismo: “Yo me llamo Pedro Pablo Prilidiano
Pueyrredón, pobre pintor que pinta cuadros por pocos pesos”.
En tren de misterios, existe una obra de Prilidiano Pueyrredón que guarda un
secreto familiar. Nos referimos al retrato de Magdalena Costa Ituarte, sobrina
segunda del pintor y su festejada, que presenta su mano derecha inconclusa -sin
pintar- detalle éste que responde a un estado anímico del pretendiente y pintor,
ocasionado por la negativa de los padres de la dama, a la solicitud de la mano, para
formalizar el matrimonio.
José León Pagano opina que el retrato de Magdalena Costa Ituarte “es una pieza
inapreciable y reveladora como organismo de puro contenido estético. No conozco
nada suyo más representativo. Es una obra de un gran colorista”. Como retratista
Pueyrredón pintó a personas pertenecientes a la clase social de la que formaba
parte, como el ya comentado de Manuelita Rosas y Magdalena Costa Ituarte, a los
que podemos agregar -para nombrar solamente algunos- los de: Adela Bustamante
de Jiménez, Cecilia Robles de Peralta Ramos y su hijo Jorge (1861), Miguel de
Azcuénaga (1864), Isidora Peralta Ramos, Estela Eastman de Barros (1865), el
brigadier Manuel Guillermo Pinto y su esposa doña Juana García, Nicolás
Avellaneda, Jacoba Cueto de Paz (1866), Juan Bautista Peña, Santiago Calzadilla,
Elvira Lavalleja de Calzadilla (1859), Juan Martín de
Pueyrredón (1870), Autorretrato; mereciendo comentario aparte los de: José
Ignacio de Iraola, Enrique de Lezica, el Canónigo Gabriel Fuentes, Francisca
Badaraco de Antola, Personaje anónimo, otros dos de damas anónimas y la
acuarela que representa el escudo del linaje Pueyrredón-Dogan, todos estos
pertenecientes a la pinacoteca del Museo Pueyrredón de San Isidro.
José León Pagano
También se dedicó a pintar escenas y costumbres rurales, paisajes tomados de la
campaña bonaerense, algunos ejecutados en San Isidro, como el autorretrato del
pintor cazando en los alrededores de la quinta, "San Isidro" (1867) y "Paisaje de la
costa", los que además de poseer una elevada fuerza de comunicación guardando
una grata armonía cromática, tienen un elevado valor iconográfico y testimonial.
Según Jorge Romero Brest “el último período de su vida, Pueyrredón no acusa
mayores influencias; parece haberse desprendido de toda preocupación estética y
abordado la expresión, tanto del hombre como de la naturaleza, libre de
prejuicios”.
Digno representante de la clase alta porteña, soltero, probablemente masón, amante
de la caza, de la buena mesa, la ópera y las mujeres (fue un hedonista que trajo a la
recatada sociedad porteña algunas costumbres francesas que resultaron
escandalosas). La convivencia en su quinta con la criada, quizás modelo de sus
desnudos, reuniones con amigos de hábitos libres como Santiago de Calzadilla, a
quién realizare uno de sus retratos mejores logrados, muestran a un tipo masculino
que hubiera concordado más con un fin de siglo que con 1850.
Retomando su vida, en 1857 había obtenido un cargo municipal, al que renunció al
poco tiempo. Un año más tarde encabezó una comisión designada para organizar
una exposición de pintura, aunque renuncia a la misma en 1859, luego de haber
sido criticado en la prensa por su inoperancia. Los años transcurridos entre esa
fecha y 1866 son los más importantes para el desarrollo de su obra pictórica, que
abarca desde retratos de la élite local hasta desnudos, paisajes, escenas
costumbristas y algunas pocas obras de tema histórico. Además de pinturas al óleo,
Pueyrredón realiza algunas litografías en el taller de Augusto Clairaux y expone en
más de una ocasión en el almacén naval de Fusoni Hnos. Hacia fines de los años 60
su salud comienza a declinar a causa de la diabetes y, debilitado de modo
progresivo por la dolencia, remata sus bienes y esperó serenamente a la muerte.
El actual Museo Pueyrredón en San Isidro. Lo conocés? Es magnífico!
Prilidiano Pueyrredón falleció soltero a los 47 años de edad, el 3 de noviembre de
1870 siendo inhumado al día siguiente en el cementerio de la Recoleta. Con su
desaparición el país perdió a uno de los grandes maestros de la pintura. Según
Bernardo Lozier Almazán, Director del Museo, biblioteca y archivo histórico “Dr.
Horacio Béccar Varela”, San Isidro lo considera con justo derecho su pintor.
El pintor de San Isidro, como justamente ha sido llamado, se formó en Europa y
plasmó en la tela los retratos de la sociedad de su época, además de paisajes de
campo.
Su formación y su talento lo ubican como referencia indiscutible para todo artista
argentino.
Un par de las salas del Museo Pueyrredón en San Isidro
2 .- El contexto político en la provincia de Buenos Aires
La vida de Prilidiano Pueyrredón (1823-1870) abarcó casi medio siglo de nuestra
historia, coincidiendo buena parte de ella con la época de las guerras civiles. La
República Argentina pasa durante estos años por distintos períodos, es una etapa
complicada de nuestro joven país, desfilan varios gobernantes: entre ellos Rosas,
también es una época en que se suceden diversos acontecimientos tales como la
sanción de la Constitución Nacional. "Es dable destacar que Prilidiano es hijo de
Juan Martín de Pueyrredón, personaje importantísimo en nuestra historia como
precursor de nuestra independencia ya que junto a San Martín planificaron el cruce
de los Andes para la liberación de Chile y Perú" dijo Pedro Krapfl, en
su Metamorfosis de San Isidro, Bs. As., 1994, pag. 37. Por esta razón es difícil
intentar separar a este pintor y a su obra del contexto local, "ya que por demás
estuvo, está y estará ligado a la historia, mostrando facetas de ella en sus cuadros, y
participando en las obras públicas y privadas como arquitecto".
Fue justamente en los años 20, cuando comenzó a delinearse el enfrentamiento
entre dos agrupaciones que marcaron a fuego varias décadas de aquel siglo
XIX: unitarios y federales. Ambas tendencias políticas reflejaron en nuestro suelo
una situación que tuvo su correlato en otras partes de Hispanoamérica. Nos
referimos a la lucha entre sectores centralistas y federalistas, que pugnaban por
encabezar el proceso que condujera a la organización nacional de los territorios
americanos, tras los movimientos revolucionarios que abrieron paso a su
independencia de España.
La existencia de dos agrupaciones políticas opuestas en materia ideológica se
materializó en una lucha continua en pos de imponer el proyecto que cada una de
ellas defendía. El centralismo de los unitarios, por un lado, y la postura
descentralizadora de los federales, por el otro, enmarcaban una contienda en la que
unos –los unitarios- apostaban a Buenos Aires como centro unificador casi
absoluto, mientras que otros -los federales- defendían a ultranza las autonomías
provinciales. Como señalamos anteriormente, esta disputa no fue exclusiva del Río
de la Plata, pero en nuestro territorio adquirió ribetes particulares durante la época
de Juan Manuel de Rosas. Desde 1820 las Provincias Unidas del Río de la
Plata estuvieron en guerra civil, intensificándose desde 1829: Buenos
Aires con Uruguay, Bolivia, Francia y Brasil, quizás desde este lugar se explica la
dureza de la mano de este personaje.
Figura controvertida si las hay, Rosas fue un estanciero y saladerista (es decir,
poseía saladeros, donde se mataba al ganado, se curtían y preparaban sus cueros,
por un lado y su carne era secada y salada para la exportación, dada la falta de
mecanismos de conservación, como se daría con la aparición del frigorífico, luego
de 1874) que devino en caudillo federal, lo cual no le impidió, paradójicamente, ser
un acérrimo defensor de los intereses de Buenos Aires. Sus dos períodos de
gobierno al frente de la gobernación de la provincia de Buenos Aires se
desarrollaron entre 1829 y 1852, con una breve interrupción entre 1832 y 1835. Es
muy común el error de algunas personas en calificar al gobierno de rosas como
Presidencia”, pues su poder era muy superior al de un gobernador común, peor
precisamente, en sus años de apogeo, fue imposible organizar al país para generar
un sistema presidencialista. Llamado a gobernar la provincia en un momento
sumamente conflictivo –el caudillo federal y entonces gobernador de Buenos Aires
Manuel Dorrego había sido fusilado por decisión de Juan Lavalle, en diciembre de
1828- se le otorgaron a Rosas amplios poderes durante su primera gestión, para
que pudiera restaurar el orden social. Una vez finalizado su mandato, en 1832,
rechazó continuar en el cargo porque debía hacerlo sin las facultades
extraordinarias (una suerte de combinación entre Poder Ejecutivo y Legislativo)
que había recibido al inicio de su gobierno.
Estampa de un saladero hacia 1865
Luego de tres años en que se sucedieron tres gobernadores de gestión poco exitosa,
el asesinato de Facundo Quiroga, el caudillo federal más importante del
Interior, provocó el retorno de Rosas al frente de la provincia y con poderes
todavía más amplios que en su primer mandato: la suma del Poder Público, un
poder casi ilimitado.
Precisamente durante su segunda gobernación comenzaron a difundirse en el Río
de la Plata las ideas románticas procedentes de Europa. Si la gestión de Rosas debió
soportar oposiciones armadas en más de una ocasión, producto de reacciones
provinciales generadas, entre otras razones, por el despotismo político de Rosas y
su persistente negativa a dar los pasos hacia la organización nacional, no fue menos
intensa la oposición ideológica originada en los seguidores rioplatenses del
Romanticismo.
Se conformó una agrupación integrada por jóvenes ilustrados, de formación
universitaria, que se reunían para debatir temas culturales y teorías sociales,
políticas y filosóficas de autores europeos de diferentes tendencias ideológicas.
Fundadores del Salón Literario, la creciente politización de esta agrupación y los
cuestionamientos al régimen rosista llevaron a que Rosas haya determinado
disolverlo. La Generación del 37, nombre con el que trascendió su época esta
agrupación, estaba liderada por Esteban Echeverría, autor del Dogma Socialista,
una suerte de declaración de principios en la que expresaban sus ideas
fundamentales. Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Mariano Fragueiro,
Vicente Fidel López, entre tantos otros, también fueron parte de ella y operaron
desde la clandestinidad tras la disolución del Salón Literario.
Retrato de Juan María Gutiérrez
Disconformes con el panorama político de entonces, los miembros de esta
agrupación proponían un retorno al pasado, más específicamente a los ideales
liberales de la Revolución de Mayo, a fin de retomarlos como camino necesario
para gestar un futuro en el que la libertad, la igualdad y la justicia no fueran una
quimera. La presión rosista obligó a muchos de ellos a dirigirse al Interior o
directamente a exiliarse en Chile, Bolivia y la Banda Oriental. Esto no les impidió
seguir difundiendo sus ideales, claramente contrarios a los rasgos principales del
gobierno de Rosas, a saber: control social, intolerancia, uniformidad política y
culto a su persona y exaltación de lo rosista.
Retrato de Esteban Echeverría joven
De esta manera, afrontando reacciones armadas de distintas provincias y la
oposición ideológica de la Generación del 37 fue transcurriendo el segundo
gobierno de Rosas, no exento de conflictos internacionales. Tal fue el caso de
potencias europeas como Inglaterra y Francia, quienes expresaron decididamente su
preocupación por mantener el equilibrio de fuerzas en el Río de la Plata y proteger
sus intereses comerciales en la región. Así, en los últimos años de su gobierno,
Rosas gobernó en medio de fuertes presiones y acciones intimidatorios, siendo el
bloqueo al puerto de Buenos Aires una de las más trascendentes. Negociaciones
mediante, el final del conflicto con las potencias europeas, en 1849 con Inglaterra y
en 1850 con Francia, fue interpretado por muchos como un éxito de Rosas, cuyo
prestigio aumentó considerablemente tras ese episodio.
Dos gigantes opuestos: Juan Manuel de Rosas y Justo José de Urquiza
Escena pintada de la Batalla de Caseros, en 1852
Sin embargo, su final -y el final de una época- estaba cerca. En 1852, el general
Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y también federal, se levantó en
armas contra Rosas en su búsqueda de defender el ascenso económico de su
provincia, cuyos intereses chocaban con la política de Buenos Aires. Brasil,
Paraguay, Uruguay y la provincia de Corrientes integraron la alianza encabezada
por Urquiza, quien derrotó a Rosas en la batalla de Caseros, comandando el
llamado Ejército Grande una fuerza compuesta por alrededor de 20.000 hombres.
Tras su derrota, consciente de que su tiempo había pasado, Rosas partió hacia
Inglaterra donde vivió hasta su muerte. Desde entonces, Urquiza adquirió un
protagonismo político fundamental en el proceso que llevó a la Organización
Nacional. Resistiendo el rechazo porteño, que no quería ceder el liderazgo a un
caudillo del Litoral, Urquiza encaró los pasos necesarios para sancionar la
Constitución Nacional, objetivo largamente postergado desde la Revolución de
Mayo. Urquiza propuso dejar atrás viejos rencores y tomó la iniciativa para que las
provincias enviaran sus representantes a la ciudad de San Nicolás, donde, en
1852, firmaron un acuerdo que estipuló la convocatoria a un Congreso
Constituyente a reunirse en Santa Fe. Fue allí donde se sancionó, al año siguiente,
nuestra Carta Magna, con la particularidad de la ausencia de Buenos Aires, que se
opuso por varias razones.
Comenzó, entonces, una etapa que duró diez años durante los cuales nuestro
territorio estuvo dividido en dos Estados, cada uno con sus propias autoridades y
leyes. Por un lado, Buenos Aires, y, por el otro, la Confederación, que nucleaba al
resto de las provincias existentes. Durante la secesión, Buenos Aires prospera
rápidamente por estos años, el trazado de ferrocarriles está en franco avance, las
calles del centro tienen luz de gas y empedrado, los porteños se deleitan en los
"gabinetes de vistas lumínicas" observando láminas coloreadas de monumentos
famosos y personajes románticos. Ambos Estados alternaron períodos de relativa
calma con otros de alta conflictividad, hasta llegar, tras la batalla de Pavón y la
firma del Pacto de San José de Flores, a la definitiva unificación política y
territorial en 1862. Buenos Aires se declaró parte integrante de la Confederación
Argentina y juró la Constitución Nacional, de la que había participado en forma
tardía en su redacción o reforma.
A partir de ese año, se inició la etapa de las Primeras Presidencias o Presidencias
Fundadoras, un período en el que Bartolomé Mitre (bajo cuya presidencia se
iniciaría la Guerra del Paraguay y fuese posteriormente, mecenas de Cándido
López, nuestro próximo pintor invitado), Domingo F. Sarmiento y Nicolás
Avellaneda ocuparon la primera magistratura sucesivamente, gobernando sobre
todo el territorio y bajo el imperio de la Constitución Nacional. Todos ellos
aplicaron un proyecto de fuerte contenido liberal, en pos de organizar un Estado
que se fortaleciera políticamente, centralizara funciones administrativas claves,
monopolizara el ejercicio legítimo de la fuerza y, a la vez, pudiera llevar adelante
un proceso de modernización económica y social. Esta etapa alcanzó su punto
culminante con la capitalización de la ciudad de Buenos Aires en 1880, momento a
partir del cual se considera terminado el proceso de organización nacional.
Comenzó, entonces, una etapa que permitirá a la Argentina insertarse en el contexto
internacional como nunca había ocurrido antes.
"Luego de Caseros podemos decir que es un momento muy importante en nuestra
organización nacional, generado por la acción de Urquiza, y que se afirma en la
obra de Sarmiento y culmina con la acción cultural de la llamada Generación del
'80, cuando consigue darse una organización política más o menos estable del país
y se supera la antinomia de urbe y campo, unitarios y federales. Surge una
generación de hombres de acción política y cultural que significan un definitivo
avance. Se miraba más hacia el por venir que hacia el pasado, la inmigración afluía,
las costumbres se renovaban, el progreso cundía", expresa María Laura San Martín,
en su Breve historia de la pintura contemporánea, ed. Claridad S.A., Sao Paulo,
Brasil, Pg. 30-37.
Pero eso es otra historia…
3 .- Panorama plástico
La Europa del siglo XlX, vivió el llamado siglo de la burguesía, generado por
grandes cambios en el proceso histórico con el triunfo de la Revolución Francesa,
que abrió paso a una sociedad de clases con la falacia del mito de la felicidad y
también con el repliegue de los grandes idealistas y románticos, quizás ahí por
primera vez el hombre se encontró solo consigo mismo y ante la naturaleza.
El individuo se opone a la inseguridad de su presente, situación que se agudizará en
el Romanticismo, se manifestará a través del ser creador y lo aboca a la búsqueda
continuada de formas artísticas que giran tanto al pasado como al futuro.
Este siglo es fundamentalmente cambiante, dinámico, de formulaciones, hay una
total ausencia de uniformidad y con una naturaleza fragmentaria de su
desarrollo. "A pesar de que en esta época tuvo lugar la aparición y consolidación de
la clase obrera cuya relevancia abrirá por cierto tiempo un espacio en la iconografía
de las artes plásticas. La burguesía es la gran protagonista que a partir de mediados
de siglo extenderá su poder a todos los ámbitos de la sociedad. El dinámico espíritu
de la burguesía que investiga sobre nuevas técnicas y materiales, también lo hace
en todos los ámbitos de la sociedad: fábricas, ferrocarriles, edificios, etc. ¿Cuál es
el objetivo? Reflejar su autosatisfacción en el retrato pero con el realismo llamado
burgués", manifestó Juan Manuel Jara, en la Historia del arte, Ed. Planeta- De
Agosti S.A., Barcelona, España: "El S. XlX", Vol. 8 Pg 1-23.
Los grandes descubrimientos arqueológicos realizados en el siglo XVlll,
impulsaron un nuevo modelo estético basado en la antigüedad greco-romana; que,
combinado con los postulados de la Revolución y el posterior desenlace en el
período Napoleónico y sus estudios del Oriente Próximo, modelaron el gusto por lo
exótico la historia de Francia en este siglo está marcada por la revolución y
eclosión del Imperio napoleónico, crearían espacios propicios para la formación de
artistas de la talla de David o Ingres como los más importantes exponentes de este
movimiento.
Jean Auguste Dominique Ingres: Madame Moitessier (1856) - Óleo sobre tela -120
× 92 cm - National Gallery (Londres)
Utilizarán al dibujo como elemento de definición de sus pinturas, para crear el
elemento básico de la forma. El realismo de los detalles de cuerpos y edificios y la
verdad psicológica que expresan sus retratos, es característico. Es importantes para
quienes participaron de este movimiento el dominio del dibujo y la composición. El
lenguaje neoclásico está basado en una búsqueda compuesta por temas antiguos
con propósitos edificantes pero también está en ellos la búsqueda de equilibrar la
síntesis entre forma y contenido. David, luego de la caída de Bonaparte crea una
escuela y sus discípulos van volcándose hacia el realismo y hacia el romanticismo.
Ingres buscó como temas de sus cuadros: la historia y literatura antiguas, también
se interesó por la Edad Media, dejando sembrada la semilla hacia el Romanticismo.
La supremacía de las formas será expresada en cualquier contenido de tipo ético-
político, peculiaridad esta, del Neoclasicismo pleno, cual es la de su
desplazamiento desde un concepto ético a otros puramente estéticos.
Según la Historia del Arte de la Editorial Salvat, Barcelona, 1994, T III, pags. 658
a 664: "Ingres, luego de conocer la obra de Rafael sintió decidida vocación por sus
pinturas, sus primeros cuadros, pintados en Italia, los realiza dentro del más puro
academicismo y sus dibujos de trazo fino realizados entonces son excelentes. El
dibujo según él, constituye el fundamento de la pintura. ... "Un buen dibujante
podrá encontrar el color que le corresponda al carácter de la obra"... "A su actitud
académica –en completa oposición a la de Delacroix- debió Ingres todos los juicios
adversos que desde el punto de vista pictórico del Romanticismo se han emitido
contra él. El proclamó que "el secreto de la belleza reside en la verdad", no por ello
merece ser considerado, en lo mejor suyo (que no son únicamente los retratos)
como un pintor verista. Lo que sí intuyó Ingres en los retratos de Rafael fue una
lección por él sabiamente empleada: que la línea no traduce la realidad, sino la
impresión que ha de recibir quién contempla la obra. Para David contó mucho la
anatomía, para Ingres lo único que interesa es el efecto visual
Para ambos pintores el imperio de la línea en una pintura es un elemento
indiscutible, para Davis está determinada por el contorno del objeto real, en Ingres
es modificada deliberadamente para reproducir la impresión recibida o para
plasmar la imagen ideal que el contorno sugiere al artista. A pesar de ello,
el Romanticismo hizo eclosión a partir de la segunda década del siglo XlX,
vinculada a movimientos revolucionarios y se expresó a través de la pintura de
carácter histórico, con alguno de sus mayores exponentes
en Delacroix y Géricault. Los acontecimientos y desarrollo de la historia de
Francia durante los años anteriores y posteriores a la Revolución dieron al
movimiento romántico de este país peculiaridades que iban a diferenciarlo de los
del resto de Europa.
Eugéne Delacroix: La Libertad guiando al Pueblo (1830) - Óleo sobre tela - 260 x
325 cm - Museo del Louvre (París)
A partir de ahora se comienza a reflejar con furor romántico los episodios políticos
de la campaña dando paso a una nueva generación de pintores que se inspiraron en
la literatura medieval y oriental tratando de reflejar en sus obras su gusto por el
misticismo, el heroísmo y lo pintoresco; criticaron a los neoclásicos diciendo que
ejemplificaban la doctrina clásica del bello ideal y que crearon un nuevo
academicismo con reglas y modelos para los pintores: Delacroix rompió con el
academicismo mediante una obra dinámica impregnada de vigoroso colorismo,
certeramente influenciado por los Venecianos y por el holandés Rubens.
Ahora encontramos una renovación temática, las obras de estos pintores están
impregnadas de gran dinamismo y cromatismo. Podemos decir que entre 1820 y
1830 se produce la separación definitiva de ambos movimientos, tras el abandono
del Neoclasicismo, el Romanticismo se convierte en el estilo del elemento artístico
progresista, paradójicamente recibiría un fuerte impulso con la revitalización de la
religión a la que el hombre romántico fue muy receptivo por su cualidad de
pertenecer no al mundo de la razón sino al del sentimiento.
Así, Géricault, manifiesta no solo un acusado realismo sino que en su aspecto
formal se guía en muchas ocasiones por principios del barroco.
Jean-Louis André Théodore Géricault, conocido como Théodore Géricault (1971-1824): La
balsa de La Medusa (1819) - Óleo sobre lienzo, 491 x 717 cm, Museo del Louvre, París.
Él será reconocido por pintar cuadros con caballos y también retratos. La imagen de
rico y brillante cromatismo se asocia aún a la victoria, al soplo épico de la
revolución. Delacroix, heredó la técnica de Géricault, pero el contenido romántico
de acción incesante de su obra ha oscurecido el protagonismo que otorgó al
color como elemento expresivo, al margen de la anécdota narrativa de la que quiso
liberarse: Delacroix pone interés en temas violentos: asesinatos, luchas entre
hombres y animales o entre animales solos, rapiñas, batallas. Todo esto que
recreaba gracias a su imaginación las inspiraba la literatura: Shakespeare, Sharon,
Dante, etc., aunque también se interesó por temas mitológicos, religiosos o
exóticos, al pintar escenas marroquíes o de serrallos, a los que desconocía
completamente.
En "La libertad guiando al pueblo", una de las pocas obras donde abandonó los
temas literarios para recurrir a un tema contemporáneo como la revolución, dio
testimonio de su adhesión a ideas de libertad y justicia, propias del período y del
compromiso con las causas justas de su momento.
Luego de la Revolución de 1848, se publicó el primer Manifiesto Comunista de
Marx, dentro de una época impregnada por grandes avances científicos, en la que
se genera la reacción del positivismo frente al idealismo de la Ilustración y
Romanticismo. En este período de descubrimientos contamos con la invención de la
litografía, entre otros.
4 .- En lo profundo de su obra y temas elegidos
Pueyrredón, a veces neoclásico, o a veces romántico, es ecléctico y no se lo puede
vincular a una sola escuela. Es un experto retratista, pero también pinta sobre el
gaucho y el campo, es un importante observador de las costumbres de la época, que
con singular perfección y detalle los vuelca en sus telas. Le agrada pintar las costas
del Río de la Plata como así también paisajes de la pampa; pero a pesar de
no poder identificarlo rígidamente con una sola escuela, es posible atribuirle una
inclinación más fuerte hacia la pintura neoclásica por la composición de sus
cuadros, la claridad, la firmeza del dibujo. El Neoclasicismo surge a raíz de grandes
descubrimientos arqueológicos que impulsan a este nuevo modelo estético basado
en la antigüedad greco-romana. David es un artista que se identifica con esta
escuela, su pintura se caracterizó por la disposición a modo de relieve de la
decoración y las figuras y por la creación de una luz excesivamente fría y áspera
utilizadas para crear un efecto de dura solidez. Ingrés utiliza al dibujo como
elemento básico de la forma, el realismo de los detalles de cuerpos y edificios y la
verdad psicológica de sus retratos. Se demostrará que Pueyrredón se identifica
claramente con los recursos y cánones utilizados por los pintores de la escuela
mencionada; aun cuando su producción presente elementos del Romanticismo. Tras
la Revolución, los pintores franceses se inspiraron en la literatura medieval y
oriental, tratando de reflejar en sus obras su gusto por el misticismo el heroísmo y
lo pintoresco. Delacroix, rompe con el academicismo imperante hasta el momento,
mediante una obra dinámica impregnada de vigoroso colorismo.
Pueyrredón toma del Romanticismo el color y la definición y del Neoclacisismo el
dibujo y ciertos cánones, que a lo largo de su producción irá abandonando.
Tampoco se puede negar que tiene ingredientes realistas en sus pinturas, sobre todo
en los paisajes y escenas de campo o ciudad, aunque falta el ingrediente político,
revolucionario que es lo que inspira a este último movimiento en Francia. A pesar
de ello, también realizó retratos devocionales o imágenes religiosas, de profunda y
conmovedora tradición hagiográfica medieval, al pintar santos con sus atributos y
expresiones absolutamente despojadas de mundanidad, pero inmersas en la
Revelación y la Fe, como su San Antonio y el niño Jesús.
Luego de los datos expresados se fundamentará en esta investigación que Prilidiano
Pueyrredón es un pintor eminentemente neoclásico, fuertemente influenciado por
el Romanticismo y con elementos realistas. Pueyrredón contaba con 27 años y
mucho aprendizaje en la técnica pictórica en Francia cuando resuelve consagrarse a
la pintura; todos cuantos han estudiado los orígenes de la pintura Argentina
coinciden en afirmar que él se reveló no sólo como artista de talento sino también
como el más encumbrado cultor de este arte. En la ejecución de retratos obtuvo sus
más célebres triunfos, también pintó muchas escenas y paisajes de la época: además
del célebre retrato de Manuelita Rosas (asimilable en cuanto a composición,
tamaño y estructura pictórica al que pintara Ingres: Napoleón, Primer Cónsul),
pintó el retrato de Celia Robles de Peralta Ramos, y su hijo Jorge, Rosa Anchorena
de Ibáñez y su hijo, Manuel de Ocampo, Miguel de Azcuénaga: presidente del Club
del progreso al que asistía Pueyrredón, etc.. Hasta aquí es sencillo notar que escoge
como tema el retrato de personajes de alcurnia, de la clase alta a la que el
pertenecía, pero también era un eximio conocedor del campo y del gaucho, dejó
maravillosos cuadros del ámbito rural bonaerense, uno de los más importantes: "Un
alto en el campo", "La pulpería", etc. También pintó formidablemente paisajes de
la costa de San Isidro, como centro temático de sus telas, recurrentemente hay un
elemento constitutivo del paisaje: el ombú, símbolo de identidad de la llanura
pampeana.
Lo que sí es de notar, es que en sus desnudos, la mujer no aparece como una Eva
abstracta o una mujer cuya desnudez no causa sensación de inmoralidad. La mujer
desnuda de Pueyrredón es una mujer provocativa, carnal, lasciva, infinitamente
reconocible y deseable. Algo inadmisible para sus años, pero que el tópico sería
retomado en el Impresionismo o durante el Realismo, donde las prostitutas
retratadas mirarían al observador del cuadro o mostrarían sus desnudeces incitando
a la lujuria sin miramiento alguno. En su obra se advierten las relaciones y mutuas
influencias que en esa década entablaron el daguerrotipo y la fotografía con la
pintura, los desnudos concordarían con las series eróticas de daguerrotipos, y
algunos de sus retratos están basados en fotografías.
Como todos los artistas, Prilidiano transitó por diversos periodos, es quizás más
conveniente dividir sus obras por etapas. Los retratos conforman la parte más
importante de su producción, y se hace imposible no pensar en Ingres al
compararlos y eso que estamos pensando en el máximo exponente del clasicismo,
como opuesto al romanticismo de Delacroix. Una observación atenta del retrato de
Manuelita corroboraría esta suposición: en Prilidiano hay algo menos esteriotipado
y sofisticado, pero más fuerte que en Ingres. El retrato de Manuelita es algo más
que un simple retrato en los anales del género. El trabajo en rojos, las diferentes
texturas del vestido y el paño del sillón, la expresión dulce del retrato, lo hacen uno
de los grandes retratos de la historia de la pintura, pleno de delicadezas en los
pliegues y transparencias, dignas del Rococó crujiente de Watteau o de la magia de
El Greco en las vestiduras de El entierro del conde de Orgaz.
El Greco: El entierro del Conde de Orgaz (1587) – Óleo sobre lienzo – 480 x 360 cm –
Iglesia de Santo tomé – Toledo – España
En los paisajes se produce la misma dualidad: "Lavanderas del bajo Belgrano" es
más romántico que "Un alto en el camino" que es más clásico. Entre ambos acentos
destacó sus desnudos: "La siesta" rotundo por la opulencia de sus formas y la
sensualidad de su contenido
"Otro dato distintivo es que hay en sus obras un importante trabajo de composición,
en sus cuadros de campo, estancias, poblaciones pampeanas, recurrentemente hay
un elemento constitutivo del paisaje: "el ombú", símbolo de identidad de la cultura.
Por otra parte, al igual que Ingres o David, vemos que muchas veces organiza el
retrato de la tela, como así también el resto de los temas que va a plasmar en las
mismas", al decir del Estudio preliminar al completísimo Catálogo que la Editorial
Zurbarán hiciera en 1990 de su obra.
Como ya hemos mencionado antes, Prilidiano aumenta y sostiene su prestigio sobre
los retratos que realizó, a pesar de haber pintado buena cantidad de paisajes y
escenas campestres, alternó su labor entre temas de la vida de salón de la clase alta
a la que él pertenecía y la de la vida agreste de los gauchos y los humildes en las
tareas de un campo que rodeaba a la ciudad a pocos pasos de su centro urbano.
María Laura San Martín dice al respecto en la obra antes citada que la pintura de
Pueyrredón es realista y de factura académica por asimilación de escuelas, pero de
ella trasciende un fuerte espíritu romántico, sobre todo en los panoramas y fondos
de algunos retratos donde la realización es más libre y la inspiración más lírica, sus
características salientes son el correcto dibujo, la buena factura de los volúmenes y
la delicada contención que pone en su oficio, de una inteligencia clara y sagaz de
penetración psicológica.
Prilidiano fue un pintor que produjo obras fundamentalmente decorativas,
figurativas y realistas, con los ribetes propios de los movimientos por los que
transitó, aunque también ha realizado retratos de próceres, que si bien son
decorativos, destinados para decorar edificios públicos, o similares dependencias,
también produjo algún que otro cuadro histórico cuyo destino es el de preservar
en la memoria de la gente determinado evento o darlo a conocer a quienes no
vivieron en esa época, sin embargo el fuerte de su obra fue realizada con el fin de
decorar, embellecer ambientes de casas de familias de se entorno social, retratos,
cuadros de costumbres, cuadros con escenas de campo, etc.
"Los pintores de lo nuestro, europeos, alguno, y formados en Europa, otro como es
el caso de Pueyrredón, reflejaban dos vertientes, por un lado el horizonte excesivo
que incita la libertad, el desenfreno y la duda sobre la propia identidad, y por otro
los tímidos intentos por construirnos, vale decir, el intento de convertirnos en algo
más que una batalla o una conquista. Algunos de estos precursores intentan mostrar
la pampa inacabable y el sentimiento de orfandad que engendra la violencia, otros
optaron por rastrear en nuestras costumbres un elemento apacible,
una actitud replegada. Una imagen reveladora de este movimiento es "Un alto en el
campo" de Prilidiano, su composición nos revela en la figura femenina con su falda
arrepollada, que halla refugio en las blanduras del ombú. Se supone que el cuadro
muestra a un grupo de vecinos acomodados que van de viaje. El gesto del gaucho
que lleva la mano hacia el sombrero para saludar a la patrona expresa respeto a la
condición social. Ese árbol con sus raíces en forma de vísceras y a
la mujer contenida dentro de las raíces, son la metáfora de una intimidad ante la que
un mundo viril comienza a inclinarse.
Si la bañista de Prilidiano se encoge pequeñita bajo un inmenso sauce que vela por
ella (otra imagen de mano protectora que envuelve a la mujer), sus retratos
participan de una atmósfera pulida, apaciguada por el dinero, por la cultura, por el
reflejo de Europa y fruto del horror a la barbarie, como es el caso de los retratos de
los esposos calzadillas: ella de apariencia endomingada y mirada tranquila, el:
robusto, con sus pantalones tan impecables como su conciencia de comerciante
próspero, la señora con sus moños y sus volados, no parece guardar relación alguna
con el humo de la hoguera que se cierne sobre el pasado Argentino. Así como la
actitud de dandy con que Enrique Léxica cruza las piernas enfundadas en
pantalones del tono e sus bigotes que niegan con su sola existencia los rojos de
Manuelita, y hasta la hija de Rosas inclina hacia el costado la cabeza y el talle, con
una suerte de resistencia pasiva frente a sus terciopelos se sangre, escondidos en su
interior como el ombú a la viajera, el enigma de su mirada”, según las palabras de
Alicia Dujobne, Sylvia Iparraguirre y Laura Malosetti Costa en Proyecto Cultural
Arte para Todos, Pintura Argentina –Período 1810-2000; volumen dedicado a Los
precursores ll Pg. 9 a 21, Ediciones Departamento de Cultura del Banco Velox,
Julio de 2001.
Los temas de su obra
Quizás hoy en día los temas que pintó Pueyrredón en sus cuadros no parezcan del
todo importantes, pero para la época eran relevantes, para una sociedad agraria en
expansión y que debía sus principales fuerzas económicas al campo. Desde los
retratos que nos están mostrando no sólo caras y cuerpos sino una realidad social y
económica bonaerense. Los cuadros de costumbres dejan en las generaciones
venideras una imagen de realidad vivida en aquella época, el campo, el gaucho, los
animales, la rivera, sus desnudos, que si se quiere revolucionan este aspecto de la
pintura o el tratamiento que se le daba hasta entonces. Si, de todas maneras creo
que los temas por él elegidos para plasmar en sus telas son importantes y que son
un legado muy generoso para las sociedades venideras, desde el punto de vista
artístico y desde el punto de vista histórico; a pesar de las críticas que se le hacen
de mostrar una realidad si se quiere matizada por su condición social acomodada,
de todas maneras creo que es un testimonio sumamente valedero. Sus cuadros no
son complicados de entender, peor están cargados de símbolos y referencias
culturales, que si el espectador no está mínimanente informado, puede perder gran
parte de su intensa riqueza pictórica.
El 10/09/1865 los redactores de la revista "El correo del domingo" visitan el taller
del artista, y concluyen luego de verlo componer un cuadro en pocas horas en que:
su fama como retratista no debe ser discutida su consagración era unánime y uno de
los motivos de su éxito estaba dado por esa cualidad que poseía de poder reproducir
en la tela los rostros de sus modelos con un parecido tan evidente que apenas
diferían del original, él en poco tiempo reproducía los rasgos esenciales y el gesto
típico de cada naturaleza, sin embargo sus obras maestras han sido trabajadas lenta
y cuidadosamente, ya que pintaba y retocaba sus telas sin prisa y sin fatiga en los
casos que consideraba necesarios con el fin de lograr la perfección, un caso es el
retrato de su padre, tela que trabajó por años. Cuando pintaba a una persona de
su amistad sabía imprimirle el sello fisonómico característico y también mostraba
la expresión de su mundo interior, a través de rasgos expresivos. Él logra que el
personaje vibre en la tela con el ritmo propio de su corazón y su alma, incluso
pintando “de memoria”, retratos de personas ya fallecidas, que hacía que se dijera
que con ese retrato “Prilidiano había traído de vuelta a sus familias al ser
querido”.
Autorretrato (detalle)