EL CUENTO DEL CROMAÑÓN
Desde el punto de vista anatómico, los antepasados humanos que vivieron antes
de esta fecha decisiva eran iguales a los que vivieron después. Los homínidos
anteriores a esa línea divisoria no diferían de nosotros más de lo que se
diferenciaban de sus contemporáneos de otros lugares del mundo, ni siquiera más
de lo que nosotros diferimos de los nuestros. De acuerdo, entre las culturas de los
diversos pueblos que viven en el mundo actual también se dan diferencias
enormes, y es probable que a la sazón ocurriese otro tanto, pero no si nos
remontamos mucho más de 40.000 años. La hipótesis de que el lenguaje hubiese
surgido súbitamente no es ninguna tontería.
Todo el mundo coincide en que la escritura no tiene más de unos pocos miles de
años de antigüedad y todo el mundo está de acuerdo en que la anatomía cerebral
no cambió en correspondencia con una invención tan reciente.
En teoría, el habla podría ser un ejemplo más del mismo fenómeno, pero el
lenguaje es más antiguo que el gran salto. O tal vez, antes del salto, el lenguaje
primitivo sólo se usa para hablar de cosas que estaban presentes en el marco
físico de la conversación y un genio anónimo se dio cuenta de que se podían
utilizar ciertas palabras para referirse a cosas que no se hallaban presentes. O
quizá fue el arte representativo, del que no hay rastro en el registro arqueológico
anterior al gran salto, lo que hizo de puente hacia el lenguaje referencial.
Tal vez los antepasados, antes de aprender a hablar de bisontes que no estaban a
la vista, aprendieron a pintarlos.
EL GENERO HUMANO
El circulito con el «0» señala el antepasado común más reciente de todos los
seres humanos vivos. Hay una serie de proyectos dedicados al estudio de la
diversidad genética humana que, por increíble que parezca, son objeto de
reiterados ataques políticos, como si fuese incorrecto reconocer que los seres
humanos somos diferentes. Pongamos a este pequeño mamífero el nombre de
Henry y tratemos de demostrar que, Si Henry es antepasado mío, también tiene
que serlo del lector. Y si no lo es mío, tampoco puede serlo del lector. La
ascendencia lejana de un grupo concreto de descendientes como los seres
humanos es uno de esos problemas del tipo «todo o nada». Es perfectamente
posible que Henry sea mi antepasado y que, en cambio, su hermano Eric sea el
antepasado, pongamos, de todos los hormigueros actuales.
No sólo es posible, sino que es incuestionable que, en un momento dado de la
historia, existieron dos animales pertenecientes a la misma especie, de los cuales
uno se convirtió en el antepasado de todos los seres humanos y de ningún
hormiguero, y el otro en el antepasado de todos los cerdos hormigueros y de
ningún ser humano. presupone que Henry vivió en un pasado lo bastante remoto
como para haber generado o bien todos los seres humanos actuales o
ninguno. Sus conclusiones, y las consecuencias que de ellas se derivan, son el
fundamento de «El Cuento del Tasmano», una historia que viene particularmente
al caso en este encuentro por cuanto el Contepasado 0 es el antepasado común
más reciente de todos los seres humanos actuales.
EL CUENTO DEL TASMANO
Existen dos métodos:
Podemos ir del presente al pasado, enumerando nuestros dos padres,
cuatro abuelos, ocho bisabuelos, etcétera.
Podemos escoger un antepasado lejano y avanzar hacia el presente,
registrando sus hijos, nietos, bisnietos, etcétera, hasta llegar a nosotros
mismos.
Los genealogistas aficionados usan los dos métodos, yendo y viniendo de una
generación a otra hasta completar el árbol genealógico en la medida en que lo
permitan los libros de familia y los registros parroquiales. Este cuento, como el
libro en conjunto, utiliza el primero de los dos métodos. Si se escogen dos
personas y se retrocede en el tiempo, tarde o temprano se encuentra su
antepasado común más reciente, o ACMR. El lector y yo, el fontanero y la reina,
cualquier conjunto de individuos.