BIBLIOTECA DE CIENCIAS BÍBLICAS
Y ORIENTALES
dirigida por Julio Trebolle Barrera Título original: A History of the Ancient Near East ca. 3000-323
BC , 3rd ed.
© Editorial Trotta, S.A., 2020
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Wiley & Sons, Inc.
© Sara Arroyo Cuadra y Andrés Piquer Otero, traducción, 2020
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ISBN (e-pub): 978-84-9879-982-8
Depósito Legal: M-23678-2020
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2
ORÍGENES: EL FENÓMENO DE URUK
4000– Período de Uruk Antiguo
3500
3500– Período de Uruk Tardío
3100
3400– Nivel de Uruk IV, recinto del Eanna,
3100 Uruk
3100– Nivel de Uruk III, recinto del Eanna,
3000 Uruk
A finales del cuarto milenio, el Próximo Oriente alcanzó un momento
crítico en su historia. Varios procesos de la prehistoria culminaron en
numerosas innovaciones de importancia trascendental para la vida de las
personas, entre ellas, las ciudades, los estados y la escritura, que revelan la
existencia de una sociedad urbana con una jerarquía social y mano de obra
especializada. Los desarrollos fueron un fenómeno en todo el Próximo
Oriente y en muchas regiones, desde Anatolia hasta el oeste de Irán,
observamos como las poblaciones comenzaron a vivir en comunidades
mayores, que eran económica y socialmente más complejas que antes. Pero
fue en el mismo sur de Mesopotamia, cerca del golfo Pérsico, donde a partir
del 3500 crecieron hasta tal punto que podemos identificar la primera
ciudad propiamente dicha. En el apogeo de su desarrollo, esa ciudad, Uruk,
dejó su huella en todo el Próximo Oriente.
Una indicación de los cambios apareció en un utensilio cotidiano, la
cerámica. A principios del cuarto milenio en todo el Próximo Oriente,
toscos platos, cuencos y vasijas sin decorar que parecen haber sido
puramente utilitarios, reemplazaron a los recipientes cuidadosamente
diseñados y decorados de las culturas previas (figura 2.1 ). Su aparición fue
el resultado de un cambio en la sociedad: más personas conviviendo
necesitaban más vasijas, y la producción masiva satisfacía la creciente
demanda. Lo que ocurrió en el período de Uruk, que se prolongó durante
todo el cuarto milenio y fue enteramente el resultado de las fuerzas
indígenas, resultó tan radical que los especialistas solían referirse a ello
como «la revolución urbana», estableciendo un paralelo con la Revolución
Industrial del siglo XIX e.c. El término ‘revolución’ puede ser un nombre
algo inadecuado para un proceso que ocurrió hace más de mil años, pero los
cambios afectaron a la mayoría de los ámbitos de la vida y no solo al origen
de las ciudades. Muchas otras innovaciones en otros aspectos de la
sociedad, la economía, la tecnología y la cultura fueron igualmente
significativas para la humanidad. En consecuencia, al estudiar el período,
los antropólogos, por ejemplo, se centran en el desarrollo del estado y
enfatizan la relación entre los asentamientos y sus alrededores. Los
historiadores subrayan los orígenes de la escritura, que nos proporciona un
nuevo medio de acceso a los pueblos que estudiamos. Los historiadores del
arte se centran en el surgimiento del arte monumental, reflejo de una
relación completamente nueva entre el arte y la sociedad. El hecho de que
estas innovaciones coincidieran ciertamente no fue accidental. Sin embargo,
las analizaremos por separado para entender más claramente lo que sucedió.
Figura 2.1 . Pila de cuencos de borde biselado. Característicos de la cerámica del período Uruk son
los denominados cuencos de borde biselado, que se fabricaban en masa en tamaños estándar y que
aparecen en todos los yacimientos arqueológicos de la época. Su función exacta no está clara, pero se
pudieron haber usado para entregar raciones a los dependientes del templo. Estos proceden de Susa,
en el oeste de Irán. Museo del Louvre, París.
Créditos: © RMN-Grand Palais/Franck Raux.
2.1. EL ORIGEN DE LAS CIUDADES
No es fácil definir en términos absolutos qué es una ciudad. Intuitivamente
pensamos en un gran número de habitantes que viven muy cerca unos de
otros y en edificios monumentales, pero estos son conceptos relativos que
dependen de las circunstancias históricas. Mientras que hoy consideramos
que una comunidad de treinta mil personas es una ciudad pequeña, para los
griegos clásicos, por ejemplo, habría sido una gran ciudad. A esto se une
que los monumentos por sí solos no constituyen una ciudad, sino que tienen
que formar parte de los entornos que los sustentan y que se benefician de
ellos, incluidas las personas a ellos asociadas y que viven en las
inmediaciones. Una característica fundamental de una ciudad es que no
existe de forma aislada. No solo atiende a las necesidades de sus propios
residentes, sino que también es importante para las personas que viven a su
alrededor en pequeños asentamientos, ciudades y pueblos. Estos quizá no se
dirijan a la ciudad para cubrir las necesidades cotidianas, pero cuando
necesitan artículos y servicios especiales, dependen de ella. Una ciudad
actúa como mediadora entre las personas, tanto las que viven dentro de sus
límites como las que se encuentran en asentamientos permanentes o
estacionales en los alrededores; actúa como punto de recogida y
redistribución de bienes y presta servicios centrales. La ciudad es un centro
neurálgico en su entorno geográfico, el punto focal tanto para sus propios
habitantes como para las personas que viven en el campo. A la inversa, una
ciudad necesita su hinterland para sobrevivir.
La mayoría de los historiadores cree que la primera auténtica ciudad en
la historia universal apareció en el sur de Mesopotamia, en Uruk, un
asentamiento masivo en el último cuarto del cuarto milenio, de un tamaño
quizá diez veces superior al de cualquiera de sus contemporáneos. Algunos
argumentan que hubo precedentes en las llanuras mesopotámicas del norte a
principios de ese milenio, pero, aunque se trataba de grandes asentamientos,
no alcanzaron las proporciones verdaderamente urbanas que se encuentran
en el sur. Resulta frustrante que esa área siga siendo arqueológicamente
poco conocida. Solo en una zona se han excavado niveles relevantes del
período Uruk, es decir, en el propio Uruk, pero incluso allí solo se ha
descubierto la arquitectura monumental. Pero hay otra fuente de
información, que en realidad revela los patrones hacia la urbanización
mucho mejor que la excavación de un solo lugar: la prospección de los
asentamientos. Según este enfoque, los arqueólogos caminan por el campo
y recogen los restos de cerámica para determinar dónde vivía la población y
fechan su presencia sobre la base de los estilos de cerámica utilizados por
los residentes. La técnica permite a los arqueólogos calcular el tamaño de
los asentamientos en diferentes momentos y, utilizando el tamaño como
indicador de importancia, nos permite establecer una jerarquía. Los
yacimientos mayores y centrales pueden considerarse ciudades, los
poblados más reducidos como pueblos y los más pequeños como aldeas.
Este es el método que revela el crecimiento de las ciudades de
Mesopotamia en el cuarto milenio. En el período de Obeid, que duró unos
dos mil años, el número de asentamientos se incrementó gradualmente y
comenzaron a mostrar una diferenciación en su tamaño. Algunos eran
pequeños centros con aldeas subsidiarias a su alrededor, lo que sugiere la
presencia de jefes locales con autoridad sobre las tierras circundantes. A
principios del cuarto milenio, con el comienzo del período de Uruk, el
número y el tamaño de las poblaciones aumentó repentinamente en todo el
Próximo Oriente. Sin embargo, había diferencias entre el norte y el sur. En
el norte de Mesopotamia aparecieron asentamientos centrales densamente
poblados con un círculo de poblaciones más pequeñas a su alrededor. Con
el tiempo, estos se fusionaron en grandes asentamientos, como, por
ejemplo, Tell Brak, con unas dimensiones de 130 hectáreas. Estos
asentaminetos estaban dispersos en una amplia área con grandes espacios
abiertos entre ellos. En contraste, los habitantes del sur de Mesopotamia se
asentaron a lo largo del campo. A principios del período de Uruk el número
total de habitantes parece haber sido casi igual en el centro y en el sur de
Babilonia, pero en la Babilonia central vivían en tres centros de 30 a 50
hectáreas, mientras que en el sur dominaba un solo asentamiento, con un
tamaño de unas setenta hectáreas: Uruk ( mapa 2.1 ). El rápido aumento de
los asentamientos de población en ese momento no puede explicarse con
certeza, pues parece demasiado rápido como para haber sido el resultado
solo del crecimiento de la población indígena, incluso si las nuevas
condiciones agrícolas hubieran fomentado la expansión demográfica. Pudo
haberse producido un aumento en la sedentarización de pueblos
seminómadas previamente irreconocibles en el registro arqueológico, o
pudieron haber entrado en la región pueblos foráneos debido a cambios
climáticos u otras razones.
La primera ciudad propiamente dicha apareció en el Período de Uruk
Tardío y en una sola región, el sur de Babilonia. Después de mediados del
cuarto milenio, el aumento de la población permanentemente asentada en
Babilonia central fue menor y puede explicarse como resultado del
crecimiento natural. Sin embargo, en el sur, alrededor de la ciudad de Uruk,
hubo un enorme incremento del área ocupada por los asentamientos
permanentes. Una gran parte de ese aumento tuvo lugar en la misma Uruk
que, ya con una extensión de 250 hectáreas, se convirtió en un verdadero
centro urbano rodeado no solo por un único nivel de asentamientos
secundarios, sino por una jerarquía dentro de los mismos: pueblos, aldeas y
aldeas más pequeñas. A pesar de que las estimaciones sobre la población no
son notoriamente fiables, los estudiosos suponen que los habitantes de Uruk
aún podían mantenerse a sí mismos con la producción agrícola de los
campos que rodeaban la ciudad, a los que podían desplazarse diariamente.
Pero la dominante extensión de Uruk en toda la región, muy superior a la de
otros asentamientos, indica que era un centro regional y una verdadera
ciudad. Su existencia provocó una reestructuración del modo de vida de la
población en una gran área. El número de personas que residía en su órbita
era tan grande que no pudieron haber llegado solo de Babilonia, sino que
algunos parecen haber emigrado desde el oeste de Irán y el norte de
Mesopotamia hacia el sur.
Mapa 2.1 . Cambios en los patrones de asentamiento en Babilonia durante los períodos Obeid y Uruk
Según Susan Pollock, Ancient Mesopotamia: The Eden That Never Was (Cambridge University
Press, Cambridge, 1999), pp. 56-58.
El aumento masivo del número de personas conviviendo naturalmente
tuvo repercusiones en el funcionamiento de la sociedad. En las primeras
comunidades prehistóricas había pocas disparidades de riqueza y poder
entre las familias, cuyos miembros se ocupaban principalmente de las tareas
agrícolas. Pero con el paso del tiempo se desarrollaron diferencias, como
muestran los tamaños de las casas y la cantidad de bienes depositados en las
tumbas que nos ofrece el registro arqueológico. En las sociedades urbanas
de decenas de miles de habitantes existía una compleja jerarquía, con las
élites controlando a los demás y una especialización de las actividades
económicas. Una muestra de ello son los restos excavados en Uruk. Dos
áreas en su centro contenían materiales del cuarto milenio cerca de la
superficie, ambas con una arquitectura monumental: un complejo llamado
Eanna, «Casa del Cielo», con una secuencia de estratos numerados de
Eanna XIV (el más antiguo) a Eanna III (el más reciente) y asociados a la
diosa Inanna y un área en la que se llevó a cabo el culto al dios del cielo
Anu. Las estructuras del complejo del Eanna fueron las más elaboradas y se
reconstruyeron varias veces en el período de Uruk IV (distinguimos los
niveles IVb más antiguos de los IVa posteriores). Dentro de un área rodeada
por un muro perimetral, varios edificios enormes estuvieron en uso
simultáneamente. No solo eran grandes, del orden de 50 por 80 metros, sino
que también estaban decorados con una técnica típica del período de Uruk
Tardío: en las paredes se insertaban conos de arcilla de color blanco, negro
y rojo que formaban mosaicos con patrones geométricos en la superficie.
En un edificio estos conos eran de piedra, un material más difícil de obtener
en la región de Uruk que la arcilla. El templo de Anu —o Blanco— se
construyó sobre una plataforma artificial repetidamente levantada en el
período de Uruk y que finalmente alcanzó los 13 metros de altura. En su
base había un edificio de piedra caliza de 25 por 30 metros que había sido
traído desde el lejano desierto.
La disposición arquitectónica de ambos complejos muestra que se
trataba de lugares de culto y que el acceso a parte de ellos estaba
restringido. Su monumentalidad nos dice mucho sobre la sociedad en Uruk.
Solo pudieron haber sido construidos por una gran fuerza laboral que
requería organización y liderazgo. Los arqueólogos han calculado que, por
cada complejo, trabajaron unos quince mil obreros diez horas al día durante
cinco años 1 . Aunque los sentimientos religiosos les pudieron haber
inspirado en parte para hacerlo, probablemente también hubo algún tipo de
coerción. Si bien estos proyectos solo podían tener éxito en las grandes
comunidades, también fortalecían los vínculos sociales entre las personas
que estaban involucradas o que tenían parientes que lo estaban, generando
un sentimiento de propósito común.
La agricultura siguió siendo la base de la economía, y lo fue durante el
resto de la historia del Próximo Oriente antiguo, pero proyectos
constructivos como estos requerían que algunas personas reorientaran su
atención hacia otras tareas y se especializaran en ellas. La especialización
del trabajo es una característica de una sociedad urbana y podemos
observarlo tanto en las tierras como en la ciudad de Uruk. Uruk estaba
situado justo en el interior de las marismas, a la cabecera del golfo Pérsico.
Su agricultura se basaba en el agua de riego que proporcionaba el Éufrates,
lo que permitía el cultivo abundante de cereales y productos hortofrutícolas,
especialmente dátiles. Entre las zonas de irrigación se encontraba la estepa,
donde, además de la caza, se practicaba la ganadería ovina y caprina. En las
inmediaciones se encontraban las marismas, con un abundante suministro
de peces y aves de caza, donde se pastoreaban los búfalos de agua para la
producción de leche y donde se podían cosechar los juncos para el forraje
animal. Los diferentes nichos ecológicos fomentaban la especialización
laboral de los productores: pescadores, agricultores, hortelanos, cazadores y
pastores eran más productivos si dedicaban la mayor parte de su tiempo al
cuidado de los recursos que tenían a su disposición. Algunos avances
tecnológicos también pudieron hacer la especialización más deseable. Así,
la invención del arado de vertedera, un instrumento que deposita las
semillas en el surco mientras se está arando, hizo la labranza más difícil y
requirió la mano de un experto.
La gran mayoría de la población se mantuvo activa en la agricultura,
incluso los que vivían en la propia ciudad, pero un segmento de la sociedad
urbana comenzó a centrarse en tareas no agrícolas como resultado del
nuevo papel de la ciudad como centro en su entorno geográfico. Dentro del
sector productivo, los artesanos se convirtieron en especialistas. Ya en el
Período de Uruk Antiguo, el cambio a la cerámica utilitaria no decorada fue
probablemente el resultado de la producción masiva especializada. En el
nivel XII de la secuencia del Eanna en Uruk, datado a comienzos del cuarto
milenio, aparece un estilo cerámico que es el más característico de este
proceso, el denominado cuenco de borde biselado (figura 2.1 ). Se trata de
un cuenco bastante poco profundo que se fabricaba toscamente en un
molde, y, por tanto, solo en un número limitado de tamaños estandarizados.
Por alguna razón desconocida, muchos fueron descartados, a menudo aún
intactos, y se han encontrado cientos de miles en todo el Próximo Oriente.
El cuenco de borde biselado, de cuyo uso se hablará más adelante, es uno
de los hallazgos más reveladores para identificar un yacimiento del período
de Uruk. En este caso es importante el hecho de que fue producido
rápidamente en grandes cantidades, probablemente por especialistas, en una
localización céntrica.
Una variedad de documentación indica que los artesanos hábiles
también producían en masa otros bienes, mientras que anteriormente cada
familia los fabricaba para uso privado. Algunas imágenes muestran grupos
de mujeres que participaban en el hilado de tejidos, una actividad que
sabemos por textos posteriores del tercer milenio que fue vital en la
economía y que se administraba de forma centralizada. Podría haberse
excavado un taller de fundición de metal en una pequeña área en Uruk, pues
contenía una serie de canales alineados por una secuencia de agujeros de
unos quinientos centímetros de profundidad, todos ellos con marcas de
quemaduras y llenos de cenizas. Esto se ha interpretado como los restos de
un taller donde los especialistas recogían el metal fundido del canal y lo
vertían en moldes en los agujeros.
Los propios objetos muestran que eran obra de profesionales
cualificados. En el Período de Uruk Tardío, apareció por primera vez un
tipo de objeto característico de Mesopotamia a lo largo de toda su historia:
el cilindro-sello. Se trataba de un pequeño cilindro, generalmente de no más
de 3 centímetros de alto y 2 centímetros de diámetro, de concha, hueso, loza
o una variedad de piedras (por ejemplo, cornalina, lapislázuli, cristal), en el
que se tallaba una escena en espejo. Cuando se hacía rodar sobre un
material blando —principalmente la arcilla de bullae , tablillas o terrones
adheridos a cajas, frascos o cerrojos— la escena aparece un número
indefinido de veces en relieve, fácilmente legible (figura 4.4 ). El cilindro-
sello fue una importante herramienta administrativa de cuyo uso se hablará
más adelante. Los conocimientos tecnológicos necesarios para tallarlo eran
muy superiores a los de los sellos estampillados, que habían aparecido a
principios del Neolítico. Desde la primera aparición de los cilindros-sellos,
las escenas talladas pueden ser muy elaboradas y refinadas, lo que indica el
trabajo de canteros especializados. Del mismo modo, el Período de Uruk
Tardío muestra el primer arte monumental, el relieve y la estatuaria de bulto
redondo, realizados con un grado de maestría tal que solo un profesional
podría haberlos producido.
Con esta especialización de la producción, la necesidad de intercambio
se hizo imperativa y es aquí donde Uruk adquirió su verdadero estatus de
ciudad, coordinando dichos intercambios respecto a su entorno. Los
productores agrícolas intercambiaban sus variados productos y obtenían así
herramientas y artículos de lujo, mientras que los artesanos obtenían sus
alimentos a través de este sistema. Se requería algún tipo de autoridad para
organizar esto y esta autoridad tenía que apoyarse en una base ideológica
compartida por los participantes en el sistema para que fuera aceptable para
ellos y que estos contribuyeran con parte de su producción a cambio de algo
más en el futuro. En el período de Uruk de Mesopotamia, la religión
proporcionaba esa ideología: el dios de la ciudad recibía los bienes y los
redistribuía a los habitantes. El templo monumental, casa del dios y
construido por la comunidad, fue la institución central que hizo funcionar el
sistema. Sus edificios presentaban una vista impresionante y un enfoque
visual de los alrededores de Uruk, que se encontraba en una región
extremadamente plana. Tenían un papel de culto en el que los bienes se
ofrecían a los dioses. Una de las principales obras de arte de la época, el
vaso de Uruk (figura 2.2 ; véase el recuadro 2.1 ), expresa pictóricamente el
papel del complejo del templo Eanna en la sociedad de Uruk: recogía los
productos de la tierra como si fuera una ofrenda a la diosa. Un humano,
distinguido de los demás por su altura y su vestimenta, actuaba como
intermediario. Lo más probable es que podamos identificarlo con el jefe de
la organización del templo, tal vez referido por el título «señor», EN en
sumerio.
Figura 2.2 . El vaso de Uruk. La talla de esta vasija ceremonial muestra como el líder de la
comunidad de la ciudad provee a la diosa Inanna de los productos de la tierra. Encontrado dentro del
complejo del templo de Uruk, el vaso representa el papel de ese edificio en la recolección de los
recursos de la región para su redistribución a la comunidad. Museo de Iraq, Bagdad.
Créditos: M. van de Mieroop, The Ancient Mesopotamian City (Oxford University Press, Oxford,
1999), p. 32.
El papel del templo en la recolección y redistribución de bienes creó la
necesidad de un tipo de especialista completamente nuevo: el
administrador. La economía se volvió tan compleja que se necesitaban
mecanismos de contabilidad para registrar las entradas y salidas de
mercancías de la organización central. Esto requería las habilidades de
personas capaces de trabajar con las herramientas y técnicas de una
burocracia. Se habían establecido medidas estándar para las cantidades de
productos secos y líquidos, para la tierra, para la mano de obra y para el
tiempo, y se había creado la escritura, la tecnología de registro para futuras
consultas. Al considerar los cambios en la sociedad, es importante darse
cuenta de que toda esta actividad burocrática estaba en manos de un grupo
especializado de personas.
Recuadro 2.1. EL VASO DE URUK
En un depósito de objetos de culto de los niveles de Uruk III se encontró un vaso de alabastro,
de aproximadamente un metro de altura, cuya superficie está totalmente grabada con una
elaborada escena (figura 2.2 ). Representa una procesión de hombres desnudos que llevan
cuencos, recipientes y canastas que contienen productos agrícolas. Los granos de cereales y
las ovejas y cabras en el registro inferior representan sumariamente la agricultura de la región.
El punto culminante de la historia del relieve es aquel en el que una figura femenina se
encuentra con el gobernante humano masculino, vestido con gran ornato y con un asistente
que porta la cola de sus vestiduras. En algún momento posterior, la representación del hombre
fue eliminada de la escena, pero podemos reconstruir su apariencia a partir de
representaciones contemporáneas de otros objetos. Los símbolos que se encuentran detrás de
la mujer la identifican como la diosa Inanna: los denominados «fardos de cañas en forma de
anillo», que actuaban como postes en las casas de caña de la época, fueron la base de la
escritura del nombre de Inanna en escritura cuneiforme. Detrás de sus símbolos hay animales
y tarros de almacenamiento, así como dos pequeñas figuras humanas en pedestales,
probablemente estatuas. Una mujer tiene el símbolo de Inanna detrás de ella, mientras que un
hombre tiene en sus manos un montón de cuencos y algo semejante a una caja, que juntos dan
forma al signo cuneiforme de «señor», EN en sumerio. Ese signo es el más común en las
tablillas de la época y parece indicar un alto funcionario del templo. Aunque no está inscrito
con un texto, el relieve del vaso de Uruk puede leerse como la descripción del gobernante
humano que ofrece los productos de la región a la diosa.
La especialización del trabajo que caracterizó al establecimiento de la
vida urbana en el sur de Mesopotamia provocó una reestructuración
fundamental de la sociedad. El proceso de diferenciación social culminó
con la existencia de una sociedad estratificada en la que la ocupación
profesional determinaba en primer lugar el rango en la jerarquía. La gran
mayoría de las personas seguían siendo agricultores, pescadores, pastores,
etc., que vivían en comunidades con poca diferenciación social más allá de
la de la familia individual. Estas comunidades probablemente mantenían
una relación tributaria con la ciudad y le proporcionaban parte de sus
ingresos, pero por lo demás seguían siendo socialmente libres y poseían la
tierra que trabajaban. Muchos de los residentes de la ciudad (no podemos
determinar qué porcentaje, sin embargo) eran parte de la organización del
templo, cuyos miembros dependían totalmente de los primeros para su
supervivencia. Estaban organizadas de manera estrictamente jerárquica. El
elemento más indicativo de la jerarquía urbana es un texto llamado Lista
estándar de profesiones (documento 2.1 ). Apareció primero al final del
Período de Uruk Tardío y, por tanto, entre los primeros textos escritos y fue
copiado fielmente durante unos mil quinientos años, siendo las versiones
posteriores más claras para nosotros que las precedentes.
La lista contiene varias columnas con los títulos de los funcionarios y
los nombres de las profesiones ordenados en una jerarquía que comienza
con el rango más alto. Aunque la primera entrada no es del todo
comprensible para nosotros, más tarde los babilonios la equipararon con la
palabra acadia para rey, que probablemente sería una forma anacrónica de
hacer referencia al más alto funcionario de la tierra. Las siguientes entradas
en la Lista estándar de profesiones contienen un número con el elemento
NAM 2, que creemos representa al «líder» y con el signo GAL , que significa
«grande». Los títulos incluyen términos como «líder de la ciudad», o «del
arado» y «grande de la ganadería», o «de los corderos». La lista contiene
términos para sacerdotes, jardineros, cocineros, herreros, joyeros, alfareros
y otros. Aunque no se comprenda del todo, es evidente que proporciona un
inventario de las profesiones especializadas dentro de las ciudades.
En la cima de la sociedad de Uruk, por tanto, había un hombre cuyos
poderes derivaban de su papel en el templo. Los eruditos lo llaman a
menudo ‘rey-sacerdote’. En la parte inferior de la escala social de los
dependientes del templo estaban las personas involucradas en la
producción, tanto agrícola como de otro tipo. La extensión de este grupo
sigue siendo imposible de determinar, pero a través de una proyección de
las condiciones del tercer milenio asumimos que el templo tenía un personal
lo suficientemente grande como para atender todas sus necesidades. En el
tercer milenio, los trabajadores dependientes recibían raciones, cantidades
fijas de cebada, aceite y tela, como recompensa por sus servicios. Es
probable que tal sistema ya existiera en el Período de Uruk Tardío. Las
tablillas de Uruk IV contienen relación de granos distribuidos a los
trabajadores, que parecen ser precursores de listas de raciones posteriores.
La entrega de raciones a numerosas personas puede explicar la abundancia
del cuenco de borde biselado en el registro arqueológico. Estos cuencos, en
un número limitado de tamaños, posiblemente funcionaban como
contenedores para medir las raciones de cebada. La semejanza del primer
signo cuneiforme de ración (NINDA ) y el cuenco de borde biselado
respaldan esta sugerencia. Si es correcto, la primera aparición del cuenco de
borde biselado a mediados del cuarto milenio atestiguaría la presencia de un
sistema de distribución del grano ya existente en ese momento. Tenía lugar
una oposición fundamental en este primer período entre los dependientes
del templo, mantenidos pero no libres, y los habitantes del campo, libres
pero sin seguridad frente a desastres como las malas cosechas. Sin embargo,
el templo, situado en la ciudad, era un punto focal para todos, y a través de
su recaudación de tributos atrajo a toda la región. A finales del cuarto
milenio se había desarrollado, aunque pequeño, un estado en el que la
ciudad detentaba el control organizativo.
2.2. EL DESARROLLO DE LA ESCRITURA Y LA ADMINISTRACIÓN
La burocracia permitió el control de la economía regional en los centros
urbanos. En el Período de Uruk Tardío existía un sistema de registro
mediante textos que fue la base de toda la escritura cuneiforme
administrativa posterior utilizada durante el siguiente período de más de
tres mil años. La escritura de Uruk se llama protocuneiforme porque los
signos se dibujan en la arcilla con líneas finas en lugar de ser impresionados
con cuñas, como sucedió con la escritura cuneiforme posterior. Sin
embargo, no hay necesidad de ver una diferencia conceptual entre la
primera escritura y los desarrollos posteriores. Esta es la primera vez en la
historia en la que los seres humanos desarrollaron un sistema de escritura y
la evidencia más antigua de escritura real proviene de la ciudad de Uruk.
Las primeras tablillas aparecen en los estratos arqueológicos Uruk IVa y III
del recinto del Eanna (figura 2.3 ). Estos términos han acabado utilizándose
para hacer referencia a etapas en el desarrollo de la escritura en sí, y, como
tales, se aplican a textos hallados fuera de Uruk.
Las cuentas proporcionan dos conjuntos de datos: un registro de
cantidades y una identificación de la persona u oficio involucrado en la
transacción como participante o supervisor. Además de la escritura, hay
otras técnicas que pueden indicar el segundo elemento. Los sellos, por
ejemplo, pueden implicar un supervisor, y estaban en uso mucho antes del
Período de Uruk IV. A partir del séptimo milenio, los sellos impresos en
frascos o en trozos de arcilla adheridos a los contenedores identificaban a la
autoridad que garantizaba el contenido. A mediados del período de Uruk el
cilindro-sello reemplazó al sello de estampillar. Permitió una cobertura
mucho más rápida porque el sello podía rodar sobre la superficie en un
delicado movimiento. Se han atestiguado numerosos sellos con una gran
variedad de imágenes pictóricas. Cada sello pertenecía a un funcionario o a
una oficina administrativa cuya identidad podía reconocerse a través del
diseño. La profusión de sellos distinguibles demuestra la presencia de una
clase de funcionarios en la ciudad de Uruk que supervisaban las
transacciones y garantizaban su legitimidad con su marca de autoridad.
Los sellos no revelaban la cantidad o el contenido real de una
transacción. Al parecer, se llevaron a cabo al mismo tiempo o en rápida
sucesión varias técnicas para registrar esa información y se han
documentado en diversos lugares de todo el Próximo Oriente. En Uruk la
estratigrafía arqueológica es demasiado confusa para establecer una
secuencia de técnicas. En el yacimiento iraní occidental de Susa, sin
embargo, vemos, antes del nivel correspondiente a Uruk IV, un nivel en el
que aparecieron por primera vez las bullae , seguido por otro con tablillas
numéricas. Las bullae son esferas de arcilla huecas con improntas de sellos
rodados por toda su superficie que contienen colecciones de pequeños
objetos que llamamos fichas. Estos últimos son objetos geométricos de
piedra y arcilla, en forma de conos, esferas, discos, cilindros y muchas
otras. Se cree que estos registran la medida de un artículo en particular
(bienes, animales, seres humanos). La recepción de tres unidades de cebada,
por ejemplo, podría haberse confirmado mediante la entrega de tres fichas
que representarían una unidad cada una. Es probable que las fichas mayores
de la misma forma indicasen una unidad superior en un sistema
metrológico. Se guardaban juntas en el sobre de arcilla, que se sellaba para
garantizar el contenido a través de la autoridad de quien lo sellaba.
Figura 2.3 . Tablilla de Uruk III. Este recuento de cereales, escrito alrededor del año 3100 a.C., sigue
siendo principalmente un conjunto de números que indican cantidades de trigo y cebada utilizando
círculos de varios tamaños. En el lado que se muestra aquí, el contador registró los totales de los
desembolsos efectuados. 6,2 × 4,7 × 1,65 cm.
Créditos: © 2014 The Metropolitan Museum of Art/Art Resource/Scala, Florencia.
Como la consulta de estos registros era imposible sin romperlos, surgió
la idea de imprimir marcas en la superficie exterior. Simultáneamente
aparecen bullae sobre las que se hicieron impresiones, muy probablemente
por las fichas insertadas en el interior, y tablillas sólidas con conjuntos de
signos numéricos trazados en ellas. Las «tablillas numéricas» no nos
revelan qué elementos se contabilizan, pero el sistema metrológico y la
forma de los números debieron de proporcionar esa información a las
personas que las utilizaban. Estos dispositivos de registro fueron
encontrados en Uruk y otros lugares hasta los que se extendió su influencia.
Solo en Uruk y en Susiana, al oeste de Irán, finalmente aparecieron
registros que acabaron con esta ambigüedad: los números se combinaban
con uno o dos signos que indicaban lo que estaba en juego, ovejas, granos,
textiles, etc. Mientras que las dos regiones compartían el mismo sistema,
inmediatamente después desarrollaron sistemas distintos e independientes
de verdadera escritura: en los niveles arqueológicos de Uruk IVa y III,
apareció la escritura protocuneiforme; algo más tarde, el protoelamita
apareció en Susiana.
Gráfico 2.1 . Ejemplos de sistemas de pesos y medidas utilizados en las cuentas del período Uruk.
Créditos: basado en Hans J. Nissen, Peter Damerow y Robert K. Englund, Archaic Bookkeeping:
Early Writing and Techniques of Economic Administration in the Ancient Near East (University of
Chicago Press, Chicago y Londres, 1993), pp. 28-29.
Sistema de recuento sexagesimal para objetos discretos, incluidos animales, humanos y pescado
desecado
Sistema de recuento bisexagesimal para productos cerealísticos procesados, queso y pescado fresco
Sistema de medidas de áreas El protoelamita sigue sin descifrar porque las escrituras posteriores en la
región tienen un carácter muy diferente y no muestran formas posteriores de los signos utilizados. El
sistema de Uruk se entiende mejor porque sus prácticas continuaron en una escritura cuneiforme
posterior y bien conocida. La escritura contenía dos tipos de signos para indicar números y palabras.
La existencia de un sistema de signos numéricos era fundamentalmente importante, ya que el 90 por
ciento de las tablillas protocuneiformes eran de cuentas. Había que registrar el número de bienes,
animales, seres humanos y tiempo. Las notaciones de Uruk IV nos parecen complicadas porque se
utilizaron simultáneamente siete sistemas diferentes, en los que variaba la forma física de los
números según lo que se midiera. Por ejemplo, un sistema sexagesimal, basado en unidades con
incrementos de seis y diez, se utilizó para contabilizar animales, humanos y peces secos, entre otras
cosas. Para productos de granos procesados, queso y pescado fresco se utilizó un sistema
bisexagesimal, que difiere del anterior en el hecho de que sus unidades también muestran
incrementos de dos. Los volúmenes de grano o las superficies de los campos se medían de manera
diferente. De este modo, la secuencia básica de las unidades variaba de un sistema a otro (gráfico 2.1
). Aunque la forma de los signos numéricos puede diferir de un sistema a otro, las mismas formas se
pueden encontrar en varios sistemas, pero a veces con valores diferentes. Por ejemplo, • indica 10
cuando se contabilizan objetos discretos, pero 18 cuando se mide la superficie de un campo. En total,
había sesenta signos numéricos diferentes.
Un grupo mucho más grande de signos, unos novecientos, designaba
conceptos no numéricos. Cada signo representaba una palabra, una entidad
física como la cebada o la vaca, o una acción como la distribución o la
recepción. El origen de las formas de los signos es objeto de controversia.
Las ideas de que se basaban en dibujos de los objetos que significan o que
eran representaciones bidimensionales de las formas de las fichas no
explican por sí solas las formas de todos los signos, sino que hubo varias
fuentes de inspiración. Algunos de los contornos reflejaban el objeto físico
representado o parte de él, como una cabeza de buey para un buey. Otros
eran de forma puramente arbitraria, como un círculo con una cruz para
indicar una oveja. Se crearon nuevas señales combinando varias básicas,
inclinándolas o trazando partes de ellas en forma de cruz. Por ejemplo, el
área de la boca de una cabeza humana estaba marcada con sombreados para
indicar la palabra boca , o el signo para agua se añadía al de la cabeza para
indicar el verbo beber . Para que el sistema funcionara, todos los usuarios
tenían que conocer el significado de estos signos y las convenciones ya
debían existir para que cualquiera pudiera reconocer la intención del
escritor y guiar la creación de nuevos signos.
Los signos con valor ideográfico son la preocupación central del
segundo grupo de tablillas que se encuentran en Uruk, los textos léxicos,
que constituyen el 10 por ciento del corpus de Uruk. Son listas de palabras
que designan ciudades, funcionarios, animales, plantas y productos
manufacturados, siempre en la misma secuencia. Su función era mostrar a
los escribas cómo escribir signos, y muchos manuscritos son el trabajo de
los estudiantes que copiaban partes de una lista. Estos textos siguen
formando parte del corpus mesopotámico durante toda su historia, que
luego se amplió a miles de entradas con traducciones a uno o más idiomas.
Los textos léxicos son una parte fundamental de la tradición cultural
mesopotámica, reflejando una organización del vocabulario con fines
prácticos. Sin embargo, las preocupaciones ideológicas también influyeron
en el orden dado. En primer lugar, la agrupación de palabras en la misma
lista indica que existía un sistema de clasificación. En segundo lugar, el
orden de las palabras en una lista podía ser importante: la interpretación de
que la Lista estándar de profesiones refleja la jerarquía social sugiere que
los rangos de los funcionarios y su importancia relativa se habían
sistematizado.
Documento 2.1. LISTAS LÉXICAS
Desde los comienzos de la escritura en Mesopotamia las tablillas incluían un género que
llamamos textos léxicos. Proporcionaban largas listas de palabras de las mismas categorías,
tales como designaciones de profesiones, animales, objetos, etc. Las listas siguieron siendo
una parte central de la escritura hasta el final del uso de la escritura cuneiforme y en el primer
milenio incluían compendios con miles de entradas. Aparecieron no solo en Babilonia, sino en
todas las áreas donde se escribía cuneiforme a partir del tercer milenio. Al principio eran
monolingües en sumerio, luego añadieron traducciones a otros idiomas, especialmente al
acadio, e indicaban cómo pronunciar los términos sumerios. Un importante ejemplo temprano
fue una lista de designaciones profesionales, la Lista estándar de profesiones , que aparecería
a partir del Período de Uruk IV en adelante y fue fielmente copiada en el período
paleobabilónico, mil quinientos años después. Proporciona una secuencia de unos ciento
veinte términos, que creemos que estarían organizados para reflejar una jerarquía que
comienza con el funcionario más importante. Sin embargo, debido a la antigüedad de la lista
no podemos traducir la mayoría de las palabras. La popularidad de la lista fue enorme, a pesar
de que muchos de los términos encontrados en ella no se utilizaban en documentos
contemporáneos. Aparecieron manuscritos de la misma en numerosas ciudades babilónicas
durante todo el período desde Uruk IV hasta principios del segundo milenio. Fuera de
Babilonia aparecieron ejemplares en Ebla, al oeste de Siria, y en Susa, al oeste de Irán. En
Ebla la lista se utilizó como base para otra que enseñaba a los escribas a pronunciar los signos
sumerios (el silabario de Ebla).
En sus primeras cinco líneas en sumerio leemos lo siguiente: NAMEŠDA (escrito con los
signos ŠITA.GIŠ.KU) NÁM KAB
NÁM DI NÁM NÁM
NÁM URU
Los significados de estos términos son vagos para nosotros, ya que las palabras no aparecen
en el contexto y no se proporciona ninguna traducción a otra lengua que se entienda mejor.
Sin embargo, aunque la lista ya no se copió después del período paleobabilónico, los términos
de la misma aparecen en textos léxicos posteriores cuando los escribas incluían una guía de
pronunciación y una traducción al acadio. Escribieron, por ejemplo, para la línea 1: eš-da
ŠITA.GIŠ.KU šar-ru .
La última palabra es el término acadio para ‘rey’, y sugiere fuertemente que la primera entrada
sumeria en la Lista estándar de profesiones de Uruk hacía referencia al más alto funcionario
de la sociedad urbana.
Los signos protocuneiformes muestran poca conexión con la lengua
hablada, pero hay indicios de que fueron desarrollados por los hablantes de
la lengua sumeria. Representaban la palabra sumeria para madre, AMA, por
ejemplo, dibujando una estrella en un signo en forma de caja. Como la
estrella podía ser leída AM, sugería la pronunciación de todo el signo. El
valor fonético de los signos permitía su uso para indicar términos más allá
de los nombres de objetos concretos. El principio de rebus se empleó para
ampliar su alcance. Por ejemplo, el signo «caña» se usaba para indicar el
verbo retornar , ya que ambas palabras sonaban igual en sumerio, GI. La
mayoría de las palabras sumerias eran monosilábicas. Por consiguiente, los
signos para escribirlas también pueden utilizarse para representar
silábicamente una palabra más larga o un elemento gramatical. El nombre
de una persona puede ser deletreado con varias sílabas. Sin embargo, la
escritura cuneiforme nunca tuvo la intención de dar una representación
fonética completa de un texto, aunque tuviera la capacidad de hacerlo. A lo
largo de su historia, un solo signo podía registrar una palabra, como rey ,
independientemente del idioma del texto o de la forma gramatical de la
palabra. Fue ya a mediados del tercer milenio cuando se escribieron los
marcadores de la conjugación de los verbos sumerios, y solo a principios
del segundo milenio, cuando el sumerio era ya probablemente una lengua
muerta, se hizo un esfuerzo considerable por registrar todos los elementos
gramaticales en una oración. Es importante tener en cuenta que el
cuneiforme es una escritura, no un idioma. Al igual que el alfabeto latino
tiene el potencial de poner por escrito cualquier idioma, la escritura
cuneiforme podía hacer lo mismo y un gran número de lenguas antiguas del
Próximo Oriente fueron escritas con ella (recuadro 2.2 ). Solo podemos
determinar la identidad de la lengua basándonos en la escritura silábica de
las palabras o en elementos gramaticales. La escritura inventada en el
Período de Uruk Tardío tenía todos los componentes de la escritura
cuneiforme. Se desarrolló reduciendo aún más el número de signos,
aumentando el uso de sílabas y cambiando los signos mismos,
reemplazando las líneas curvas trazadas en la arcilla por otras cada vez más
rectilíneas impresas en ella. Una sola línea se parece a un triángulo porque
el escriba primero presionaba la cabeza de una caña contra la arcilla y luego
empujaba hacia abajo su borde fino para crear una marca. Esta forma llevó
a nuestra moderna designación de la escritura como cuneiforme, es decir, en
forma de cuña.
Recuadro 2.2. LENGUAS DEL PRÓXIMO ORIENTE ANTIGUO
En el Próximo Oriente siempre convivieron personas que hablaban distintas lenguas. No todas
las lenguas vernáculas llegaron al registro escrito y a menudo solo la onomástica nos da una
idea del idioma que hablaban. Todas las lenguas podían escribirse en escritura cuneiforme,
que fue siempre el sistema de escritura dominante en la región hasta los últimos siglos del
primer milenio a.e.c. En ese milenio las escrituras alfabéticas comenzaron a ser usadas en todo
el Próximo Oriente y reemplazaron lentamente a las cuneiformes.
Las lenguas más ampliamente escritas de Mesopotamia fueron el sumerio y el acadio. La
primera era una lengua sin parientes conocidos y con una gramática y un vocabulario únicos.
Se habló a lo largo del tercer milenio en el sur de Mesopotamia. A principios del segundo
milenio, solo los burócratas y el personal del culto lo seguían utilizando; la fecha de su
desaparición como lengua hablada sigue siendo incierta. El acadio era una lengua semítica
relacionada con el hebreo, el árabe y muchas otras lenguas del Próximo Oriente, pero con una
estructura gramatical algo diferente. Su sistema verbal permite clasificarla como una lengua
«semítica oriental». El acadio se escribió y habló desde mediados del tercer milenio hasta
finales del primer milenio en una amplia región geográfica. Había dos dialectos principales:
asirio en el norte de Mesopotamia y babilonio en el sur. Ambos dialectos presentan
variaciones léxicas y gramaticales a lo largo del tiempo y según el género de los textos.
Usamos los términos paleo-, medio-y neobabilonio, y paleo-, medio-y neoasirio para las fases
cronológicas y babilonio estándar para referirnos a un dialecto literario que se encuentra tanto
en el sur como en el norte. Se utilizaron versiones anteriores del acadio antes del segundo
milenio. Hablamos de acadio antiguo para los dialectos que se encuentran en los textos de las
dinastías de Acad y Ur III. Las huellas de la lengua semítica que se encuentran en textos
anteriores a estos períodos son más difíciles de identificar y se utiliza el término protoacadio
para referirse a ellas. El babilonio fue el idioma de la cultura y la diplomacia en todo el
Próximo Oriente durante la segunda mitad del segundo milenio: se utilizó desde Anatolia
hasta Egipto, desde el Levante hasta los montes Zagros, siempre escrito en cuneiforme sobre
tablillas de arcilla. Existía paralelamente a las lenguas y escrituras nativas, como el ugarítico,
una lengua semítica occidental registrada bajo la forma de escritura alfabética en la Siria
occidental.
A mediados del tercer milenio, varios de otros dialectos semíticos fueron escritos en
escritura cuneiforme, siendo el de Ebla el más conocido. El idioma muestra afinidades
gramaticales con las lenguas semíticas occidentales posteriores, pero también con el acadio de
la Babilonia de la época. Una lengua semítica occidental que se hablaba comúnmente a
principios del segundo milenio era el amorreo, que se encontraba desde el oeste de Siria hasta
el sur de Babilonia. Sin embargo, no se conservan textos completos escritos en ese idioma y se
conoce principalmente por la onomástica. Lo mismo ocurre con el arameo, lengua semítica
occidental del primer milenio, que tuvo una gran difusión como vernáculo. Se registró
principalmente como escritura alfabética sobre materiales perecederos y se conocen
relativamente pocos restos. Solo un par de textos arameos en cuneiforme han sobrevivido.
Durante el segundo milenio, los hititas de Anatolia central utilizaron una gran variedad de
lenguas, varias de las cuales estaban escritas en cuneiforme. Entre ellos se encontraban el
hitita, una lengua indoeuropea, y el hurrita, relacionado lingüísticamente solo con el urarteo,
una lengua utilizada en el primer milenio al este de Anatolia. El hurrita se utilizó en el norte
de Siria a partir del tercer milenio y fue muy importante en esa área hasta finales del segundo
milenio, pero se conservan pocos textos escritos en dicha lengua.
Finalmente, el elamita se escribió desde el tercer hasta el primer milenio en el suroeste de
Irán. Era lingüísticamente distinto de los otros idiomas del Próximo Oriente y evolucionó con
el tiempo. En ciertos períodos, el acadio lo sustituyó como lengua de la administración en el
Irán occidental. Los persas todavía escribían elamita en el siglo V , pero estos gobernantes
utilizaban otras lenguas en todo su vasto imperio, incluido el antiguo persa, escrito en una
forma simplificada especialmente desarrollada de cuneiforme.
Para que la contabilidad funcionara correctamente, también tenía que
existir una metrología completamente desarrollada. En el Período de Uruk
Tardío apareció un sistema completo de pesos y medidas que sentó las bases
para todos los sistemas mesopotámicos posteriores. Las unidades básicas se
inspiraron en los fenómenos naturales y se ordenaron con una mezcla de los
sistemas sexagesimal y decimal que caracterizaba a los numerales.
Respecto al registro del tiempo, un año estaba constituido por doce meses
de treinta días cada uno, a los que se añadía un mes adicional
intermitentemente para ajustar el ciclo al año solar. En pesos, la carga que
un hombre podía llevar, un talento, se subdividía en sesenta minas, cada una
de las cuales contenía sesenta siclos. Las longitudes utilizaban el codo
como unidad básica, subdividida en treinta dedos. Seis codos formaban una
caña. En ese momento se estableció un conjunto de equivalencias para
facilitar el intercambio de bienes medidos de diferentes maneras. Estas
equivalencias permanecieron esencialmente iguales durante toda la historia
mesopotámica: un siclo de plata = un gur de grano = seis minas de lana =
doce silas de aceite de sésamo.
Por lo tanto, no hubo una evolución de los precursores de la escritura,
de las bullae con fichas a las tablillas con signos impresos en ellas, como
muy a menudo se sugiere. Estas supuestas etapas coincidieron y deben ser
vistas como intentos diferentes y competitivos de conceptualizar el entorno.
El de más éxito e importante de estos intentos terminó siendo el sistema de
escritura cuneiforme. Proporcionó una nueva forma de dar significado al
mundo físico que rodeaba a sus usuarios, y organizó ese mundo como un
sistema lógico que podía expresarse a través de la escritura. El desarrollo de
la escritura fue un avance conceptual, no meramente administrativo.
Las herramientas de la burocracia —escritura, sellos, medidas y pesos—
continuaron desarrollándose en la historia posterior del Próximo Oriente
sobre la base de los cimientos establecidos en el período de Uruk. En gran
medida, estos elementos definen el Próximo Oriente antiguo: la escritura
cuneiforme en tablillas de arcilla, el cilindro-sello y la mezcla de unidades
decimales y sexagesimales en los numerales. Aunque hubo variaciones y
cambios locales a lo largo del tiempo, la continuación de los elementos que
observamos por primera vez en el Período de Uruk Tardío muestra lo
importante que fue ese período para la formación de la cultura del Próximo
Oriente.
Mapa 2.2 . La expansión de Uruk.
Según Michael Roaf, Cultural Atlas of Mesopotamia and the Ancient Near East (Equinox, Oxford,
1990), pp. 64-65.
2.3. LA «EXPANSIÓN DE URUK»
Los acontecimientos que se acaban de describir ocurrieron en el extremo
sur de Mesopotamia, en los alrededores de la ciudad de Uruk. No podemos
determinar si tuvieron lugar procesos similares de manera independiente en
otras partes del sur de Mesopotamia debido a la falta general de
excavaciones de los niveles del período de Uruk en esas zonas. Sin
embargo, el tamaño de Uruk, aproximadamente 250 hectáreas, sugiere que
fue un centro inusual cuya complejidad llevó al uso de la escritura y a la
organización de una ciudad-estado. Irónicamente, proviene mucha más
información arqueológica sobre el período de Uruk de regiones no
pertenecientes al sur de Mesopotamia, especialmente del oeste de Irán, el
norte de Siria y el sur de Turquía.
A mediados del cuarto milenio, los avances locales se vieron influidos
fundamentalmente por el sur de Mesopotamia. Se ha podido atestiguar una
variedad de interacciones entre las poblaciones locales y las de la región de
Uruk y entre algunas de las preguntas difíciles por determinar se incluye
por qué estas interacciones tuvieron lugar y hasta qué punto los impulsos
locales o extranjeros causaron el cambio.
Justo al este de la Baja Mesopotamia está el área del suroeste de Irán, en
sí misma una llanura aluvial a los pies de los montes Zagros, a menudo
llamada Susiana por el gran enclave de Susa en su centro. Aunque es
geográficamente similar al sur de Mesopotamia y está cerca de allí, el viaje
entre las dos regiones es difícil, ya que están separadas por marismas,
siendo las estribaciones de los Zagros, que rodean las marismas, la vía de
acceso más cercana. Las dificultades de comunicación podrían explicar por
qué las culturas de las dos áreas permanecieron diferenciadas hasta el cuarto
milenio. Probablemente debido a las fuerzas indígenas de principios del
cuarto milenio, surgió un gran centro en Susa, pero durante el Período de
Uruk Tardío la cultura material de Susa se vio totalmente influenciada por
el sur de Mesopotamia. Encontramos grandes cantidades de cerámica típica
del Período de Uruk Tardío y muestras de los precursores de la escritura
protocuneiforme: bullae con fichas, tablillas numéricas, y tablillas con
números y signos de una o dos palabras. Aparentemente inspirada por Uruk,
Susa se había convertido en una ciudad por derecho propio, con recursos de
toda la región de Susiana. Además, Susa extendió su influencia cultural a
una amplia zona de Irán, como lo demuestra la aparición del cuenco de
borde biselado en lugares de todo el país. Se han excavado muestras en los
montes Zagros (por ejemplo, Godin Tepe, Choga Gavaneh), en el norte (por
ejemplo, Tepe Ozbaki, Tepe Sialk), en el centro (por ejemplo, Tepe Yahiya)
y en el sur de Irán (por ejemplo, Nurabad) e incluso, en la costa del Pakistán
moderno (Miri Qalat). Algunos de estos lugares estaban a más de mil
kilómetros de Susa, que asumimos fue el punto de tránsito de las influencias
de Uruk, ya que los contactos entre estos lugares y Susa sobrevivieron
después de que la expansión de Uruk hubiera cesado.
La situación en el norte era diferente. En el norte de Iraq, Siria y el sur
de Turquía aparecieron elementos de la cultura de Uruk desde mediados del
cuarto milenio, pero varió el grado en que estos afectaron a las culturas
locales. La influencia del sur había disminuido después del período Obeid y
las culturas locales atestiguadas se subsumen bajo el nombre de Calcolítico
Tardío (gráfico 1.1 ). En la primera mitad del milenio surgieron en la región
grandes centros con arquitectura monumental que dominaban los recursos
de su entorno inmediato como resultado de los avances locales hacia el
poder centralizado. Algunos especialistas las llaman ciudades, pero su
crecimiento se estancó a mediados del cuarto milenio, mientras que Uruk en
el sur aumentó masivamente en tamaño y complejidad. La nueva ciudad del
sur estableció estrechos vínculos con el norte, aunque su influencia variaba
de un lugar a otro. En algunos lugares aparecieron asentamientos de
proporciones urbanas en suelo virgen con un conjunto cultural importado
masivamente del sur de Mesopotamia, como Habuba Kabira en el Éufrates
Medio, que era una ciudad densamente habitada y fortificada. La mayoría
de los estudiosos piensan que los inmigrantes del sur fundaron estas
ciudades como colonias.
En otros lugares, los pobladores de Uruk se establecieron en
asentamientos existentes, creando enclaves para sí mismos. Su interacción
con las poblaciones locales introdujo innovaciones en el contexto de las
tradiciones nativas. Por ejemplo, en Tell Brak dominó la cerámica del sur,
incluido el cuenco de borde biselado, y los artesanos usaron mosaicos de
conos pintados, bullae selladas y tablillas de notación numérica, todos ellos
elementos inspirados en las influencias del sur, aunque no sustituyeron
totalmente a los productos locales. En otros lugares, la presencia de Uruk
estaba restringida a unos pocos edificios, en los que la influencia sobre las
poblaciones locales pudo ser drástica. En Arslan Tepe, en el sur de Turquía,
por ejemplo, las élites locales parecen haber imitado las prácticas del sur y
construido un enorme edificio monumental. Por último, había antiguos
asentamientos, como Kenan Tepe en Turquía, donde la influencia de Uruk
estaba completamente ausente.
Los elementos culturales de Uruk que aparecieron en esta región son las
plantas de construcciones y la decoración, la cerámica (especialmente el
cuenco de borde biselado) y los precursores de la escritura, las bullae con
fichas y las tablillas numéricas. La escritura protocuneiforme, encontrada en
los niveles de Uruk IVa en el sur, no se abrió camino hacia el norte, por lo
que los contactos debieron haber cesado justo antes de este desarrollo. Estos
elementos materiales son menos importantes que el cambio social causado
por la expansión de Uruk. Los centros urbanos surgieron repentinamente
con la concomitante jerarquía social y organización económica. No queda
claro qué fue lo más importante en este proceso, si la evolución indígena o
la influencia extranjera. Las tendencias locales hacia asentamientos
mayores y una jerarquía de asentamientos precedieron a la expansión de
Uruk, de modo que la influencia de esta última pudo haber acelerado un
proceso que tenía sus raíces en las culturas locales. Por otro lado, la masiva
influencia extranjera observada en una ciudad como Habuba Kabira
muestra claramente la inspiración meridional.
Algunos aspectos de la cultura de Uruk penetraron más allá de las áreas
donde su impacto era directo. El cuenco de borde biselado se encuentra, por
ejemplo, en varios lugares cerca de la costa norte de Siria. Lo más intrigante
es la posibilidad de que Uruk influyera en el Egipto más antiguo, donde a
finales del cuarto milenio aparecieron una serie de características culturales
similares a las de Mesopotamia: arquitectura de ladrillos de adobe con
entrantes y salientes, conos de arcilla decorativos, algunos estilos de
cerámica, cilindros-sellos y ciertos motivos artísticos. El hecho de que estos
elementos aparezcan en el centro de Egipto y no en el norte sugiere que los
contactos se hicieron a través de viajes por el golfo Pérsico y el mar Rojo en
lugar de a través de Siria por tierra.
El reto más difícil sigue siendo explicar por qué se produjo esta
expansión. ¿Por qué razón la joven ciudad-estado o los estados del sur de
Mesopotamia decidieron enviar emisarios a lugares lejanos para instalarse
allí, trayendo consigo su bagaje cultural? La mayoría de los estudiosos
sugieren que los habitantes de Uruk querían acceso a recursos raros o
ausentes en el propio territorio, y enfatizan que Babilonia carece de madera,
piedra y metales. Sin embargo, esa deficiencia es exagerada, ya que había
materiales disponibles localmente para compensarla. Parece más apropiado
tener en cuenta los cambios demográficos e ideológicos fundamentales que
se produjeron en la Mesopotamia meridional del período de Uruk. Los
estados se habían desarrollado con un nuevo tipo de ideología y una nueva
estructura social. Ciertas personas ocuparon puestos de importancia
inexistentes hasta el momento e influyeron en la vida de muchos. Las
nuevas élites emergentes pudieron haber deseado el acceso a materiales
exóticos, cuya posesión los distinguía del resto de la población. Muchos
artículos de lujo solo estaban disponibles fuera de Mesopotamia: piedras
semipreciosas, oro, plata, etc. Los asentamientos al este y al norte podrían
haber sido colonias de pueblos meridionales, que aseguraban el acceso a
estos recursos a través de la interacción con las poblaciones locales.
Además, la convicción de que un dios tenía influencia más allá de los
límites de la ciudad pudo haber contribuido a una ideología expansionista.
No solo el entorno inmediato, sino también las regiones lejanas pudieron
haber sido consideradas como dependientes del dios patrón de la ciudad.
Tales elementos ideológicos, aunque imposibles de determinar en la
documentación, no se deben ignorar por completo en nuestra interpretación
de la expansión de Uruk.
2.4. LAS REPERCUSIONES DE URUK
El final del período de Uruk llegó con cambios fundamentales en el país y
en el extranjero. Aquellos que tuvieron lugar fuera del sur de Mesopotamia
son los más claros para nosotros, ya que vemos una interrupción repentina
de los contactos. Habuba Kabira, el puesto al sur de Siria, desapareció por
razones desconocidas. En los lugares donde las culturas locales habían
adoptado las prácticas de Uruk, las tradiciones indígenas resurgieron. La
vida en las aldeas y la organización social volvieron a ser la norma en el
norte de Mesopotamia y Siria. En Susiana, los inmigrantes de los montes
Zagros parecen haberse apoderado del centro de Susa. En lugar de la
fragmentación política, como en el norte, la región se convirtió en un estado
equivalente a lo que encontramos en el sur de Mesopotamia. Lo llamamos
estado protoelamita porque parece haber sido el precursor de entidades
políticas posteriores en la zona. La cultura protoelamita mantuvo algunas
tradiciones de Uruk, pero las adaptó como locales. Desarrolló una escritura
distinta, que difería de la del Uruk contemporáneo y se utilizó en una
amplia zona de Irán durante unos doscientos años. Las tablillas inscritas con
la escritura protoelamita fueron excavadas a 1200 kilómetros de Susa. La
centralización del poder inspirada por la de Uruk en la región de Susa
condujo a un estado competidor que ha sido culpado de cortar el acceso del
sur de Mesopotamia a la meseta iraní y a áreas más al este. El momento del
colapso del sistema de Uruk está indicado por la interrupción de las
prácticas contables en el norte y el desarrollo independiente de una escritura
en Susiana. Los precursores de las tablillas protocuneiformes se encuentran
en todas partes, pero no se trata de las tablillas tipo Uruk IV. Estas últimas
solo se encuentran en Uruk al final de la época (en el nivel arqueológico
IVa), por lo que parece que los contactos con las zonas periféricas se habían
interrumpido justo antes.
Lo que sucedió en Uruk es más difícil de discernir. Los edificios
monumentales que dominaban el complejo del Eanna fueron arrasados y
toda la zona fue allanada. En la parte superior, en el nivel III, se construyó
un nuevo conjunto de edificios en los que se encontraron muchas tablillas,
más elaboradas que las de Uruk IV. En Jemdet Nasr y Uqair, en el norte de
Babilonia, se encontraron pequeñas cantidades de tablillas estrechamente
relacionadas. Arqueológicamente, este período se llama Jemdet Nasr por el
lugar donde se descubrió por primera vez su conjunto cultural. La ciudad de
Uruk continuó siendo de tamaño considerable, pero también se
desarrollaron otros centros babilónicos a medida que la población se
trasladó a ellos desde el campo, posiblemente como resultado de trastornos
sociales o invasiones. Los contactos lejanos de los siglos anteriores cesaron,
pero la cultura Jemdet Nasr penetró más profundamente en las regiones
cercanas, como el valle del río Diyala, que antes había sido marginal.
Además, se atestigua el contacto directo con la zona del golfo Pérsico. Se
produjo así una reorganización de la sociedad en el sur de Mesopotamia en
más y más centros de escala similar con una influencia más profunda en las
áreas cercanas. Así, las bases para un mayor desarrollo político en la región
ya estaban establecidas.
Debate 2.1. ¿POR QUÉ CIUDADES?
¿Qué inspiró a los pueblos a moverse en grandes cantidades para vivir en pequeños espacios
con mucho ruido, suciedad y enfermedades? Las ciudades antiguas eran trampas mortales con
tasas de mortalidad tan altas que muchos estudiosos creen que no podrían haber mantenido sus
niveles de población sin una inmigración constante. Si en el período de Uruk los habitantes de
toda Babilonia, si no más lejos de hecho, se trasladaron a Uruk y sus alrededores, debió de
haber algo que los animara a hacerlo —a menos que aceptemos que fue un resultado
accidental de muchas personas haciendo lo mismo (Ur, 2014)—.
Los especialistas modernos tienden a no plantearse la pregunta en estos términos, sino que
se centran en los procesos que dieron origen a las sociedades urbanas, que también fueron los
primeros estados en la historia del mundo (ver Rothman, 2004 y Ur, 2014, para estudios sobre
el tema). El breve libro de Robert Mc. Adams, The evolution of urban society (1966), en el
que comparó la Mesopotamia más antigua con México en el primer milenio e.c., fue pionero.
Vio el desarrollo de las ciudades como resultado de la diversidad ecológica, que alentaba la
especialización de la producción agrícola y hacía necesario el intercambio. La variedad
ambiental se acentúa aún más en investigaciones muy recientes que muestran como las
primeras ciudades de Babilonia se insertaron en un paisaje pantanoso y dependieron en gran
medida de sus recursos (Pournelle, 2013). La especialización de la mano de obra en la
agricultura, la manufactura y la administración llevó a que estos trabajadores se apegaran más
a sus compañeros profesionales que a los miembros de su familia y a una sociedad
verdaderamente urbana, que era muy diferente de las comunidades de las aldeas anteriores.
Mientras que otros especialistas reconocen la importancia del medio ambiente, se centran,
sin embargo, en diferentes elementos como motores principales hacia el urbanismo. Algunos
ven un desarrollo universal de la regulación burocrática y enfatizan la proliferación de
herramientas de administración (Wright y Johnson, 1975). Otros ven el intercambio a larga
distancia como fundamental y enfatizan las interacciones de Uruk con áreas distantes. El
control del acceso a la madera, las piedras semipreciosas, etc., proporcionó a las élites urbanas
su legitimidad (Algaze, 2005). El estudio más reciente y extenso utiliza una perspectiva más
local y considera fundamental el aumento de la productividad de la mano de obra
especializada y la necesidad de intercambio, así como la presencia de una excelente
infraestructura para ello en las vías fluviales (Algaze, 2008). La mayoría de los especialistas
piensan que un pequeño segmento de la sociedad, la élite, se benefició de las nuevas
condiciones. Algunos retratan la ciudad como un medio para dominar y explotar al pueblo
(Pollock, 1999). Pero no todos están de acuerdo; también se ha sugerido que la sociedad de
Uruk era muy igualitaria e intentaba distribuir la riqueza de la manera más democrática
posible (Charvát, 2002). ¿Fueron las raciones un servicio social para todos o un medio para
vincular a los trabajadores con quienes les daban trabajo?
También hay voces que nos advierten de que no debemos ver a la sociedad urbana como
el resultado necesario de una mayor complejidad social. Siempre hubo personas que vivían
fuera del alcance de las instituciones urbanas y estas no buscaban hacer las cosas más
complejas, sino más bien más sencillas (Yoffee, 2005). Es notable, sin embargo, cómo en las
fuentes disponibles para nosotros a través de la historia de Mesopotamia se veía a la ciudad
como el centro estándar de la actividad política, económica y religiosa, de modo que no se
aprecia una alternativa a la misma o nostalgia hacia la vida no urbana.
Para volver a la pregunta de por qué los grupos habían preferido vivir en las ciudades,
podemos trazar un paralelo con la historia posterior. Durante la Revolución Industrial del siglo
XIX e.c., la vida en las ciudades inglesas era verdaderamente miserable, como demuestran los
escritos de Friedrich Engels y Charles Dickens. Sin embargo, la gente acudía a ellas porque
había más oportunidades de trabajo allí que en el campo. Quizás la situación habría sido
similar en la Babilonia del cuarto milenio a.C.
1. Algaze, 2013: 78-79.