Cuando contemplamos una obra de arte antigua sin restaurar, observamos como los colores
están apagados en el caso de las pinturas al óleo, la escultura parece estar sucia o los metales
han perdido su brillo debido a la humedad. Esto es debido al envejecimiento natural del material
con el que están realizadas las obras de arte, un debilitamiento o alteración que se produce con
el paso del tiempo. Estamos hablando de la pátina.
La pátina en pintura, sobre todo al óleo es un debilitamiento del color, en escultura se observa
un cambio de color debido al hierro que puede tener la roca donde está esculpida; en papel la
pátina es un amarillamiento de este y en los metales, la pátina adquiere un aspecto
característico.
La pátina dota de personalidad a las antigüedades. Nos habla del tiempo que ha transcurrido
desde su realización, y aquí es, cuando entra la controversia y la discusión, ¿es necesario quitar
la patina cuando restauramos una obra de arte, o es mejor, dejarla tal cual?
Es importante diferenciar este envejecimiento natural, de los depósitos de suciedad
superficiales. Cuando se restaura una obra, se limpia esta suciedad adquirida por el tiempo, pero
hay que tener especial cuidado en no eliminar la pátina, ya que es un proceso irreversible e
irrecuperable. La pátina es un componente más de la obra y por lo tanto la restauración debe
respetarla.