Asimetrías, el impacto de la pandemia y el costo de no apostar por el
futuro
Introducción
La economía mundial se prepara para el inicio de una fase pospandemia cuyas
características no están todavía claramente definidas, marcada por la
incertidumbre y por la profundización de las asimetrías globales. Algunas
interrogantes al respecto se plantean en el área de la salud, como aquellas que
tienen que ver con el riesgo de aparición de nuevas variantes del virus SARS-
CoV-2 o incluso de otros virus patógenos. Otras surgen del área de la
economía, como la posibilidad de que se amplíe la divergencia entre el
crecimiento de los países desarrollados y el de las economías en desarrollo.
Por otra parte, existen interrogantes relacionadas con cuestiones ambientales,
pues las promesas y compromisos de estabilizar las emisiones de carbono y
detener la pérdida de la biodiversidad del planeta no se han traducido en
acciones eficaces.
Las asimetrías tecnológicas y productivas han tendido a agravarse, lo que tiene
repercusiones políticas y sociales que generan tensiones cada vez mayores, no
solo en el mundo en desarrollo, sino también en los países centrales.
No es posible predecir qué tipo de alianzas y políticas podrían surgir en los
próximos años. A favor de un nuevo estilo de desarrollo juega el hecho de que
los costos de esta inercia van en aumento.
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) habla de
construir un nuevo futuro, conectando las respuestas de corto plazo a la crisis
de la pandemia con la necesidad de transformar el patrón de crecimiento en los
ámbitos económico, social y ambiental.
La apuesta por el futuro implica reconstruir los espacios de diálogo y las
instituciones para la cooperación en tres niveles: el nacional, el regional y el
mundial.
A. El impacto económico de la pandemia ha sido más fuerte en América
Latina y el Caribe que en otras regiones del mundo
Frecuentemente se afirma que los costos de la política pública, en particular de
la fiscal, son demasiado altos e imposibles de solventar.
El patrón de crecimiento latinoamericano se tradujo en una mayor
vulnerabilidad de la región frente al impacto de la pandemia y en mayores
pérdidas en términos de PIB y de empleo que las del resto del mundo.
1. Lento crecimiento, baja productividad y heterogeneidad: las bases
estructurales de la vulnerabilidad
La escasa resiliencia de América Latina y el Caribe frente a los choques se
origina en el hecho de que la región no tiene una estructura productiva con
sectores que compitan sobre una base tecnológica, capacidades diversificadas
e instituciones y políticas de ciencia y tecnología que apoyen y potencien el
aprendizaje.
El impacto de la crisis en la región se vio agudizado por factores estructurales
que definen la composición del empleo; en particular, el elevado peso de la
informalidad y del sector de los servicios de baja productividad en el mercado
de trabajo.
2. Centroamérica, México y República Dominicana: la especificidad
de su inserción externa
En esta sección, se destacan seis factores que dinamizaron las economías de
Centroamérica, México y la República Dominicana en 2021 y que se espera
que continúen haciéndolo a mediano plazo.
a) Expansión significativa de las exportaciones de bienes
b) Recuperación de la inversión extranjera directa
c) Reconfiguración de las cadenas globales de valor
d) Flujos cada vez mayores de remesas familiares
e) Recuperación de los ingresos por turismo
f) Estímulos económicos en los Estados Unidos como fuente de impulso
económico para los países de la subregión
3. Asimetrías en las políticas fiscales y monetarias
B. Impacto social amplificado por la matriz de la desigualdad
La inesperada crisis sanitaria y sus secuelas económicas y sociales se han
traducido en profundos efectos negativos sobre el bienestar de la población,
que no se disiparán a mediano plazo. Las asimetrías también han sido en este
caso un factor explicativo de la intensidad y la duración del choque. Desde una
perspectiva basada en la matriz de la desigualdad social, dichos efectos han
tendido a ser más agudos en el caso de las mujeres y los niños, niñas y
adolescentes, así como en el de otros grupos históricamente excluidos, como
las personas indígenas.
1. La pandemia, la salud y el proceso de vacunación: repercusiones y
respuestas asimétricas
La crisis sanitaria se ha prolongado y América Latina y el Caribe ha
demostrado ser particularmente vulnerable a ella, pues sus niveles de contagio
y de defunciones han superado los de otras regiones del mundo. Hasta fines de
octubre de 2021, América Latina y el Caribe presentaba el mayor número de
defunciones informadas por COVID-19 en el mundo: un 28,9% del total, si bien
la región representa el 8,4% de la población mundial. Se trata también de la
región que registra más defunciones por COVID-19 por cada 1.000 habitantes.
Los Estados han implementado distintas medidas de salud pública, entre las
cuales la vacuna ha demostrado ser la más eficaz.
Las respuestas no han sido uniformes. El nivel de rigurosidad respecto de las
políticas implementadas difiere en los distintos países. Algunos adoptaron
políticas más rigurosas solo en los momentos en que se registraban más casos
(durante el invierno o cuando surgían nuevas olas de contagios), y otros
mantuvieron políticas exigentes aun cuando el número de casos permanecía
relativamente bajo.
La pandemia ha afectado más a las personas vulnerables, lo que refleja el
impacto de la matriz de la desigualdad social sobre la salud en esta coyuntura.
Los mayores niveles de concentración de casos y muertes por COVID-19 se
observaron en los barrios más vulnerables y de menor nivel educativo y
socioeconómico de las ciudades de América Latina.
La crisis sanitaria también implicó que muchas personas contaran con menor
acceso a los servicios de salud.
A medida que ha ido aumentando su disponibilidad, las vacunas contra el
COVID-19 se han convertido en una herramienta fundamental para el control
de la crisis sanitaria, así como de las crisis social y económica
desencadenadas por la pandemia. A pesar de su centralidad, el acceso de los
países de América Latina y el Caribe a las vacunas ha sido lento y ha estado
marcado por la desigualdad, debido a la concentración de dosis en los países
desarrollados.
2. Empleo, pobreza y desigualdad: retrocesos sin visos de una pronta
recuperación
Las medidas de contención de la pandemia y la incertidumbre con respecto a
su duración provocaron una paralización de la vida social y económica, seguida
por un período de lenta vuelta a la normalidad, pausado, en muchos casos, por
retornos a nuevas fases de confinamiento parcial o total. En concreto, entre
2019 y 2020, el incremento del número de personas que salieron de la
actividad económica fue incluso mayor que el del número de desempleados.
En suma, la caída en el nivel de bienestar asociado a la pérdida de empleos, al
aumento de la pobreza, sobre todo de la pobreza extrema, y a la desigualdad
es un legado que rebasará la coyuntura de la pandemia. Para poder retornar a
los niveles anteriores a la crisis, será necesario realizar un esfuerzo especial en
el ámbito de las políticas públicas, ya que esta situación no se revertirá de
manera espontánea a corto plazo.
3. Retroceso histórico de la participación laboral y la calidad del
empleo de las mujeres
La persistencia de la discriminación y las desigualdades en el uso del tiempo
limita las trayectorias de ingreso, aprendizaje y productividad de las mujeres, y
conlleva costos no materiales de bienestar, más difíciles de medir, pero no
menos importantes.
Estas elevadas tasas de desocupación femenina estarían relacionadas, entre
otros factores, con los cambios previstos en la demanda de trabajo vinculados
a la necesidad de nuevas habilidades para los empleos del futuro, la
contracción de sectores muy feminizados, el aumento de la digitalización y del
uso de la inteligencia artificial, y los mejores niveles de recuperación de los
sectores económicos masculinizados (CEPAL, 2021c).
También se observa que las mujeres de los hogares más pobres se enfrentan a
mayores dificultades para conseguir empleo.
La llegada del COVID-19 y las medidas adoptadas para evitar su propagación
han acelerado la transformación digital de las sociedades de la región y su
vínculo con la economía digital. Si bien en la actualidad constituye un factor
que amplía las desigualdades, la aceleración de la digitalización también ofrece
oportunidades para impulsar un cambio estructural que ponga el foco en la
igualdad de género y en la recuperación del empleo.
C. El calentamiento global y la vulnerabilidad ambiental de la región
Junto con la grave crisis sanitaria, económica, social y humanitaria generada
por la pandemia de COVID-19, la región y el mundo atraviesan también una
emergencia climática y de pérdida de biodiversidad.
En 2020, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se redujeron,
pero con un costo socioeconómico muy elevado y no como resultado de los
cambios estructurales necesarios para una transición justa hacia economías
con bajas emisiones de carbono y sostenibles.
1. Efectos del calentamiento global: pérdidas esperadas del PIB
2. Fenómenos climáticos extremos y vulnerabilidad de la región
D. Conclusiones
La pandemia representó un choque tanto para la economía mundial como para
la de América Latina y el Caribe, y tuvo un enorme impacto económico y social.
Dicho impacto no fue uniforme y reflejó profundas asimetrías ya presentes en el
sistema internacional y dentro de cada país.
Las asimetrías en las capacidades tecnológicas y productivas de los países
explican las diferencias en el acceso a las vacunas y la posibilidad de adoptar
políticas fiscales y monetarias más fuertes para compensar los efectos del
choque. la matriz de la desigualdad amplificó los efectos regresivos de la
pandemia.
En el frente ambiental, la pandemia dio un respiro muy breve a la trayectoria
insostenible de aumento de las emisiones.
En este capítulo se ha expuesto que los costos de no actuar con una
perspectiva de largo plazo son elevados y crecientes, y que algunos de ellos
pueden ser irreversibles. Las asimetrías existentes conducen a una
acumulación de desequilibrios, cuyas consecuencias sociales, económicas y
políticas se perciben tanto en el mundo desarrollado como en los países en
desarrollo.