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Dimensiones de la Afectividad Humana

Este documento habla sobre la afectividad humana. Discuta la afectividad corporal y psíquica, y menciona que los sentimientos pueden clasificarse en sentimientos sensibles, sentimientos corporales, emociones y sentimientos. También explora la relación entre los sentimientos y la expresión corporal.

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Dimensiones de la Afectividad Humana

Este documento habla sobre la afectividad humana. Discuta la afectividad corporal y psíquica, y menciona que los sentimientos pueden clasificarse en sentimientos sensibles, sentimientos corporales, emociones y sentimientos. También explora la relación entre los sentimientos y la expresión corporal.

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LA

AFECTIVIDAD
1. Introducción.
2. La afectividad corporal.

Contenidos
3. La afectividad psíquica.
4. El corazón y la
afectividad espiritual.
El mundo de la sensibilidad comunica e
introduce con otro de los mundos de la
realidad personal: el de los sentimientos y
la afectividad. Y aquí, lo primero que hay
que afirmar es que se trata de una
dimensión esencial. No podemos concebir
una persona sin afectividad, sin

Introducción sentimientos, le faltarí algo fundamental


que la haría inhumana en un sentido muy
profundo. Von Hildebrand ha señalado, por
ejemplo, que se tiende a estudiar los
sentimientos como realidades en sí
mismas, separándolos del objeto que los
causa, pero no se advierte que al actuar
de esta manera pierden su sentido y su
valor.
Los sentimientos de una persona pueden descontrolarse
dando lugar a posturas inauténticas y falsas. Hay
personas que exageran sus sentimientos. Otros pueden
tener reacciones de tipo histérico, es decir, una
afectividad que reacciona de manera desproporcionada
ante estímulos mínimos. Y otros, en fin, pueden caer en el
sentimentalismo, en el deseo de sentir por sentir, en la
dependencia incontrolada de los sentimientos o en el
recreo introvertido en los estados de la subjetividad.
Todo esto es cierto y posible, pero no justifica nada
frente a los sentimientos. Que una realidad se puede
deformar o ejercitar de manera defectuosa no quiere
decir que no sea valiosa y digna, pues si reflexionáramos
de este modo, ¿qué podríamos decir de la inteligencia o
de la libertad? ¿No se han cometido las mayores tropelías
precisamente gracias a ellas? Y no por eso dejan de ser
sumamente dignas y relevantes.
La escasa atención que la Aristóteles, en concreto, designa
filosofía ha dedicado a la con el término pasión (páthe)
afectividad por las razones que «los movimientos del apetito
acabamos de analizar se ha sensitivo por la aprehensión del
saldado fundamentalmente con bien y del mal, con alguna
un resultado: su confusión con mutación corpórea del estado
otras áreas de la actividad natural al no natural», definición
humana y su infravaloración. que tiene dos implicaciones
Esta conexión entre sentimientos fundamentales:
y subjetividad dio lugar, a su 1) una excesiva identificación
vez, a otra consecuencia muy entre sentimiento y tendencias
importante: la disociación de la 2) la exclusión de los
inteligencia y, sobre todo, sentimientos del ámbito de la
de la voluntad. Se empezó a espiritualidad humana y su
considerar a la afectividad como confinamiento en el
una realidad autónoma y área de lo sensible.
originaria que debía entenderse
desde sí misma y no por
referencia a otros aspectos de
la persona.
La afectividad corporal
El mundo de la afectividad comienza muy cerca de las estructuras más
esenciales y primarias de la persona: el cuerpo y los sentidos. Y aquí
aparece ya la polisemia de los sentimientos. Sentir frío o calor es, en cierto
modo, un sentimiento; y también lo es sentirse bien físicamente, despierto,
activo, excitado. Son realmente sensaciones que afectan a nuestra
subjetividad pero que tienen un status muy distinto del que pueden tener
las vivencias que calificamos más habitualmente como sentimientos: el
miedo, la tristeza o la alegría.

Por lo que se refiere a los fenómenos psíquicos, la cuestión resulta clara: se debe
usar la palabra sentimiento. Pero, si nos referimos a las realidades corporales, la
situación se hace más confusa. Si me siento bien físicamente, ¿se trata de una
sensación o de un sentimiento? Si afirmo que se trata de una sensación quizá esta
palabra resulta algo pobre. Mientras que, por el contrario, frente a sensaciones
muy elementales como una presión corporal, utilizar la palabra sentimiento no
parece que tenga mucho sentido. Como se ve, el problema no es de fácil solución
pero, ante la necesidad ineludible de optar, hemos decidido titular a este epígrafe
«afectividad corporal» y utilizar las expresiones «sentimientos sensibles» y
«sentimientos corporales» para referirnos a las realidades que queremos englobar
dentro de él.
fundamentalmente, dos tipos de
sentimientos (o sensaciones)

Los sentimientos sensibles: Los sentimientos corporales:


El primero está ligado a las El segundo tipo de afectividad corporal
sensaciones que captamos con lo comprenden aquellos sentimientos
los órganos de los sentidos y con que se caracterizan por afectar al
otros receptores corporales y lo cuerpo en su totalidad y por no estar
integran experiencias como el localizados. Son, por ejemplo, las
dolor y el placer, el calor o el sensaciones que mi cuerpo me
frío, la cinestesia, es decir, la proporciona en determinadas
sensación de movimiento. Los circunstancias y como resultado de
sentimientos sensibles son, situaciones específicas. La razón última
además, actuales, es decir, se e que son, como dice Von Hildebrand,
dan solo en presente y en «la voz de mi cuerpo» pero no la voz de
relación con el estímulo que los mi yo. No es lo mismo estar cómodo o
provoca. Podemos recordarlos o incómodo que triste o desesperado; en
rememorarlos pero entonces ya el primer caso se trata de una
son otro sentimiento. situación esencialmente corporal, en el
segundo, de una situación del yo.
Los sentimientos corporales y los impulsos en el hombre no son, ciertamente, experiencias
espirituales, pero son sin lugar a dudas experiencias personales» .Por otro lado, ya hemos
visto que ambos tipos de sentimientos influye sobre la persona pero hay situaciones en las
que esa influencia puede ser especialmente importante y difícil de controlar.

La primera se da : El segundo caso :


En algunos sujetos que pueden De dependencia se da cuando
tener una dependencia excesiva determinadas alteraciones
de las sensaciones como quien corporales inducen un cambio
tiene pánico al dolor o necesita psíquico pero sin que el sujeto
condiciones muy especiales para llegue a darse cuenta de que el
poder trabajar con un mínimo de origen no es psíquico sino
concentración porque cualquier corporal.
pequeño movimiento o ruido le
altera.

la actividad psíquica
Emociones, sentimientos, pasiones
Ya hemos mencionado el problema terminológico que se planteaba para la afectividad corporal.
Ahora, debemos enfrentarnos con el mismo problema para la afectividad psíquica, aunque aquí la
cuestión es algo diversa. Antes todo se traducía en la conveniencia o inconveniencia de usar el
verbo sentir, ahora el problema radica en que existen bastantes palabras que se usan en este
ámbito –emoción, sentimiento, afecto, conmoción, pasión, etc. una emoción es un «estado de
ánimo producido por impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos que con frecuencia se traduce
en gestos, actitudes u otras formas de expresión». Más en concreto, nosotros vamos a entender
por emoción una vivencia subjetiva que posee una cierta intensidad, carácter puntual y
manifestaciones fisiológicas patentes. Si me dan una mala noticia, por ejemplo, me emociono, mi
pulso y mi corazón se aceleran, me pongo tenso, etc. El sentimiento se diferencia de la emoción en
que es más persistente, más profundo y más espiritual, y su manifestación externa es más débil . Es
un estado habitual del alma, del yo, más que una reacción ante algo que nos sucede. La alegría,
por ejemplo, es sobre todo un sentimiento, no una emoción.
Qué son los sentimientos
La dimensión corporal de los sentimientos tiene, además, otro aspecto de tanta importancia
comola reacción fisiológica: la manifestación o expresión externa. Si estoy alegre, sonrío o
me río a carcajadas y si, por el contrario, estoy enfadado, me enfurruño y adopto una
posición facial muy determinada. De igual modo, si tengo pánico, puedo hacer todo tipo de
aspavientos esconderme, taparme la cara con las manos para no mirar, etc. Este tipo de
reacciones remite al lenguaje corporal del que ya hablamos en su momento. De todos
modos, la relación emoción-expresión corporal no siempre es sencilla ni directa.

De hecho, a veces, podemos Es cierto que la alegría, por ejemplo, se


da habitualmente como un estado del
darnos cuenta de que estamos
alma, pero también hay noticias que nos
tristes pero no sabemos por suponen una gran alegría y, en ese
qué y debemos hacer un sentido, comparten las características de
esfuerzo de introspección y de las emociones: intencionalidad,
análisis retrospectivo para manifestaciones físicas como dar saltos,
llorar, etc.
identificar los motivos.
Por lo que respecta al rostro Parece, en efecto, que en todas las culturas
los sentimientos fundamentales (alegría, enfado, sorpresa, etc.) se
expresan del mismo modo de manera que personas de culturas muy
diferentes pueden determinar sin error la emoción que expresan los
rostros de niños o de adultos de otras culturas. Por eso, si por un lado se
ha dicho que «la cara es el espejo del alma», también se ha dicho que
«no hay arte que descubra en el rostro la construcción del alma». Se
necesita una especial sensibilidad, una empatía, para llegar a conocer
con certeza los sentimientos de la otra persona a través de su expresión,
algo en lo que parecen descollar las mujeres.

Vivencia interior
La reacción corporal es, de todos modos, el reflejo de algo más profundo y
decisivo: la vivencia interna del sentimiento. La afectividad, como hemos visto, es,
sobre todo, algo que afecta a mi subjetividad, a mi yo, y que por tanto vivo como
algo profundamente personal e íntimo. En la emoción hablamos de una reacción
puntual y más bien pasajera, en el sentimiento, por el contrario, estamos ante una
actitud asentada que constituye un estado de ánimo, y es, por eso, más persistente
y duradero hasta el punto de que puede llegar a influir de modo determinante en
mi personalidad.
la objetividad de nuestro conocimiento a partir de una
constatación experimental sobre lo que vemos pero,
¿cómo discutir sobre mi dolor o sobre mi alegría? Es más, Las teorías de James-Lange y de
¿cómo sé, si expreso lo que siento, que los demás lo han Cannon-Bard
comprendido realmente o que yo lo he descrito de El psicólogo estadounidense Williams
manera adecuada? James y, de modo independiente, el
psicólogo danés Carl Lange propusieron,
a finales del XIX y principios del siglo XX,
Un mundo misterioso, enigmático y ambiguo en el una primera interpretación que, en
que nunca es posible tocar fondo de manera definitiva principio, parece chocar contra los
principios de la lógica y del sentido
y en el que la incertidumbre siempre tiene un peso común. Para estos psicólogos, la emoción
importante. surge con posterioridad a las
modificaciones fisiológicas que se
producen en el cuerpo; en otras palabras,
La formulación sintética y paradójica de esta teoría la dio el primero es el estímulo, después las
ismo Williams James: «no lloramos porque estamos tristes sino que reacciones fisiológicas y en tercer lugar la
estamos tristes porque lloramos» emoción, que tiene lugar cuando el sujeto
toma conciencia de esas modificaciones.
responde a una característica intrínseca de nuestro ser personal. Nada más nacer, el
niño comienza a clasificar la realidad de acuerdo con sus preferencias. Quizá le
gusta el chocolate pero no la leche y rápidamente esos objetos pasan de neutros a
tener una coloración afectiva a la que acompaña una valoración y una actitud
específica de atracción o rechazo. A estos objetos simples seguirán otros más
valiosos y más complejos (colegio, actividades, aficiones, amigos, etc.) hasta que, al
final, elabore un criterio subjetivo y afectivo de ordenación de la realidad, o, dicho
de otro modo, el conjunto de lo que le rodea tiene unas connotaciones de valor
personales que yo he ido estableciendo con el tiempo y que condicionan su
actividad. De igual modo, que a mí me gusten los colores suaves y a otro los colores
chillones es algo que tampoco tiene (ni tiene por qué tener) explicación lógica, sino
que se sitúa en el ámbito de las preferencias de la subjetividad y de la sensibilidad.
La importancia del gusto y la educación sentimental
La necesidad de educar los sentimientos nace, fundamentalmente, de la imposibilidad de que la
arquitectura sentimental tenga como criterio único y definitivo los gustos y preferencias del
sujeto. En algunos aspectos (quizá en bastantes), esas preferencias sí pueden considerarse
incuestionables hasta el punto de que puede resultar casi irracional pretender cuestionarlas
desde el exterior ¿Significa esto que la afectividad debe ser dejada a sí misma? Lo que significa
más bien es que tiene sus propias reglas y su propia fuerza y que, en vez de un enfrentamiento
directo (que en algunos casos será necesario e inevitable), la tarea más productiva y valiosa es la
educación (o reeducación si es el caso)[33]. Hay que educar a las personas para que les guste lo
que les conviene, lo que es afectivamente elevado y rico. De ese modo, la afectividad se podrá
desplegar con espontaneidad y la persona se beneficiará de ese despliegue. Esa tarea debe
realizarse principalmente en la infancia y en la adolescencia porque es cuando el sujeto forma y
fragua su personalidad. Después solo cabe una tarea de reeducación mucho más difícil, aunque
no imposible, porque no es lo mismo formar que modificar algo ya consolidado.
El corazón y la afectividad espiritual
Las características de la afectividad espiritual

Existe, por último, un tercer tipo de afectividad más elevado que la corporal y los
sentimientos al que se puede denominar afectividad espiritual. Esta modalidad afectiva
es la que llega a las zonas más profundas, o más altas, del hombre, y toca con sus dedos
el corazón. Un acceso de ira nos afecta e, incluso, nos puede alterar de manera
importante pero no nos conmueve ni alcanza los estratos más profundos de nuestro ser.
Permanece en la superficie, quizá como una gran tormenta que cambia todo en la faz
del mar pero deja inmutadas las profundidades. Por el contrario, la muerte de un ser
querido, de un amigo, de una hermana, de nuestra madre, sí toca las fibras más
profundas de nuestro ser pero no a través de nuestra inteligencia o de nuestra libertad,
sino del otro núcleo espiritual que las personas poseen: el corazón. n otras ocasiones, la
afectividad espiritual surge no de una acción nuestra, sino de la conmoción que provoca
en nuestro interior la contemplación de acciones ajenas. Vemos un acto de humildad
heroico o valiente y nos emocionamos, nos sentimos «afectados por» esa acción que
otras personas han realizado y en la que vemos brillar destellos de la dignidad humana.
El corazón como centro espiritual.
La existencia de este conjunto de experiencias afectivo-espirituales conduce, por
último, al corazón, el gran olvidado de la filosofía, como su centro y su raíz. Resulta
realmente curioso cómo una realidad tan presente en la vida personal y colectiva
ha despertado, sin embargo, tan poca atención en el mundo filosófico. Y resulta
aún más curioso si lo contraponemos al amor. Se ama con el corazón, pero
mientras que el amor ha sido muy estudiado (aunque no tanto como la
inteligencia) no ha ocurrido lo mismo con el corazón. Sin embargo, está claro que
el corazón no es la voluntad ni tampoco se puede identificar con el yo.
En este segundo sentido, el corazón lo debemos entender como
uno de los centros espirituales de la persona (junto a la inteligencia y a la libertad), un centro
que, en ocasiones, se constituye como el elemento último y decisivo del yo El corazón también
resulta decisivo en la felicidad. Josemaría Escrivá lo ha dicho de manera muy hermosa: «Lo que
se necesita para conseguir la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado».
Con una voluntad férrea se puede conseguir riquezas, poder, prestigio, pero todo ello no da
necesariamente la felicidad, esa es una prerrogativa del corazón. Y lo mismo sucede con las
relaciones personales. En la relación yo-tú, en la relación no instrumental ni profesional sino en la
que nos enfrenta con la profundidad de otra persona y su misterio lo decisivo es que los
corazones se encuentren y sean capaces de comunicarse.
Gracias por
su atencion

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