LA
VIDA
DE
CRISTO
EL SERMON DELMONTE
ABRAHAM AGUIAR 4203. JEFFERSON VELANDIA 4210.
Sermón del Monte
El Sermón del monte o de la montaña fue, de acuerdo con el Evangelio de Mateo, una
predicación ofrecida por Jesús de Nazaret a sus discípulos y a una gran multitud (Mt 5, 1; 7,
28).
Para muchos, el Sermón del monte contiene las disciplinas principales del cristianismo.
Una multitud seguía a Jesús, y al verla él subió a un monte y se sentó. Sus discípulos se le
acercaron, y él tomó la palabra y les enseñaba.
Las Bienaventuranzas
(Mateo 5:1-12)
“Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los
cielos” (Mateo 5:3)
El campo de las Bienaventuranzas empieza donde acaba el Decálogo. Jesús nos invita a un
desasimiento efectivo. Pide a los menos favorecidos que cierren resueltamente su corazón a
toda codicia. Ordena a los privilegiados que se desprendan de lo superfluo en beneficio de
quienes no tienen bastante y les invita a superar esta medida obligatoria, pues un cristiano
no practica la virtud de caridad por el mero hecho de socorrer a los demás: tan solo empieza
a amar a sus hermanos en el momento en que se priva él mismo de algo en su favor. Claro
que no cabe hablar de desinterés, sino únicamente de honradez y de justicia, cuando la
probidad y el respeto de los derechos ajenos provoquen más de una vez un notable
empobrecimiento.
“Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados” (Mateo 5:4).
Este grupo está muy relacionado con el primero. Habla de los que se arrepienten y lloran
profundamente por sus pecados, por la forma en que sus acciones han ofendido a Dios y
han causado una brecha entre ellos y Dios. Una vez más, son personas que reconocen su
necesidad de Jesús y claman ante él con corazón contrito. Pablo habla de este sentir cuando
dice. La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación (2
Corintios 7:10).
“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.”
(Mt 5:5)
Esta bienaventuranza hace referencia al Salmos. Allí se habla de alguien que confía
plenamente en Dios y no se deja llevar por las actitudes de otros o por las injusticias que ve
a su alrededor. El de espíritu manso y humilde no reacciona impulsivamente ante las
situaciones, sino que espera con paciencia la dirección de Dios para actuar de acuerdo con
su voluntad.
La persona humilde o mansa sabe que Dios tiene todo el control, confía en él y se aferra a
él y a sus promesas. Es alguien que espera sin dudar, con la confianza de que Dios cumple
lo que dice y que su mover siempre resulta en un bien para sus hijos. La recompensa para el
humilde: recibirá la tierra como herencia.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán
saciados” (Mateo 5:6)
Este grupo de personas anhela que haya justicia y que sea la justicia de Dios la que se
manifieste en la tierra. No es un deseo sin más: es una gran fuerza y es por eso que buscan
participar activamente para que haya justicia. Se acercan a Dios en busca de su justicia no
solo para ellos sino también para las circunstancias que les rodean.
Reconocen que la verdadera justicia viene de Dios porque la han experimentado en sus
vidas. Han recibido su perdón y le siguen en santidad y en obediencia. Saben que aun en
medio de todo lo que parece injusto en este mundo, Dios obrará tarde o temprano con su
justicia y esta certeza los impulsa. La promesa para ellos es que serán saciados. Verán la
manifestación de la justicia de Dios.
“Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzaran misericordia”
(Mateo 5:7)
El corazón transformado por el amor y el perdón de Dios mostrará misericordia y
compasión, se identificará con el dolor ajeno y se compadecerá. Esto no quedará sin
recompensa. El que muestre compasión por los demás también recibirá compasión cuando
la necesite. Es como un bumerán. ¿Cómo se expresa la compasión? Siguiendo el ejemplo
de Dios. Él nos abrió el camino hacia la vida eterna a través de Jesús cuando aún éramos
pecadores.
El compasivo se esfuerza en entender la situación de los otros sin ignorar o dejar pasar los
errores que hayan cometido. Les da las herramientas necesarias para que descubran y usen
el potencial que Dios ha puesto en ellos. Mantiene los ojos fijos en lo que Dios quiere hacer
y no en los errores que las personas hayan cometido.
“Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” (Mateo 5:8)
Tener un corazón limpio es tener un corazón que se inclina hacia las cosas que agradan a
Dios. Quien tiene un corazón limpio busca la santidad y no se deja contaminar por
sentimientos o actitudes que entristecen a Dios. Es puro el corazón que pertenece única y
exclusivamente a Dios, que no pone a nada ni a nadie más en el trono. Dios es su Rey
excelso, el que dicta y reina sobre cada sentimiento y cada pensamiento. ¡Y es por eso que
verá a Dios! (Salmo 24:3-4).
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de
Dios” (Mateo 5:9)
Esta bienaventuranza es para los que trabajan activamente a favor de la paz. No se refiere a
los que viven en paz: puedo vivir en paz porque me mantengo aislado de los demás o no me
meto en la vida de nadie. Pero eso no quiere decir que esté colaborando intencionalmente
para que haya paz, porque sé que forma parte de la misión que Dios me ha encomendado.
La paz a la que se refiere es la paz interna, la de saber que somos hijos de Dios, que hemos
sido reconciliados con él por medio de la obra de Jesús en la cruz. Para los pacificadores, su
misión es reconciliar al mundo con Dios, ayudarle a vivir en su paz. Ellos serán llamados
hijos de Dios.
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10)
Son bienaventurados los que son perseguidos porque actúan a favor de la justicia. Estas son
las personas que no se quedan calladas cuando ven que se maltrata a un indefenso. Son los
que levantan su voz y actúan a favor de los derechos de los que no se pueden defender
porque saben que cada vida tiene valor ante Dios. Trabajan en busca de soluciones para que
todos vivan en paz y reciban respeto.
A estos también, al igual que a los pobres en espíritu, les pertenece el reino de los cielos.
Desde ya disfrutan de su recompensa. ¿Por qué? Porque el reino de los cielos se acerca
cuando somos guiados por la justicia que viene de Dios.
“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y
digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo” (Mateo 5:11)
Los que son perseguidos por causa del Evangelio tendrán una gran recompensa en el cielo.
Hoy día hay muchos hermanos que no tienen la libertad de ir a reunirse como Iglesia o ni
siquiera pueden tener la Biblia en sus hogares. Son forzados a vivir su fe en solitario y con
mucha cautela. Muchos están en prisión; sufren aquí, pero serán recompensados por la
eternidad.
Debemos apoyarles en oración pidiendo a Dios que les fortalezca y que ellos puedan sentir
su paz en medio de las dificultades que enfrentan diariamente.
La sal de la tierra
(Mateo 5:13)
Primeramente, podemos decir que la sal era muy usada en el mundo antiguo, era tan
importante que los soldados del ejército romano recibían una porción de sal como parte de
pago, el término que utilizaron en latín para esta porción de sal era “salarium”, del cual
proviene la palabra en español “salario”.
Por otra parte, dentro del pueblo de Israel se utilizaba como condimento (Job 6:6), en los
sacrificios consumados en el altar de Dios (Lev 2:13; Esd 6:9; Mc 9:49), como ingrediente
del incensario sagrado (Ex 30:35) y para hacer estéril el campo de los enemigos (Sof 2:9).
La sal en la antigüedad tenía muchos usos, pero en este estudio tocaremos tres
características fundamentales por la cual el Señor Jesús llamó a sus discípulos “la sal de la
tierra”.
Características de la Sal relacionadas con la Iglesia
Los tres tipos de características que relacionan la sal con la Iglesia son:
1. Previene la corrupción
2. Produce Sed
3. Da Sabor
La Sal Previene la Corrupción
En la antigüedad para preservar alimentos como carnes y peces era utilizada la sal como
preservativo, ya que la sal impide que estos alimentos se echaran a perder.
Nosotros como cristianos no podemos acabar con la corrupción de este mundo, porque la
sal no acaba con la corrupción, sino que impide que los alimentos se descompongan.
De igual manera la iglesia de Cristo esta llamada para que con su influencia de santidad,
mansedumbre, amor y predicación de la palabra, pueda evitar que este mundo se corrompa
más de lo que está.
La Sal Produce Sed
Todos sabemos que cuando se consume sal o alguna comida muy salada inmediatamente se
va a sentir sed.
De esta forma, el Señor nos enseña por medio de su palabra que nosotros con nuestro
testimonio de vida, debemos crear sed en las demás personas, para que puedan venir a
Cristo. De tal manera, que el inconverso pueda decir “yo quiero conocer el Dios en quien
tú confías”.
La Sal da Sabor
En la actualidad todos sabemos que la característica más importante de la sal es para dar
sabor a las comidas. Es un condimento muy utilizado en la cocina, ya que si no se le coloca
sal a los alimentos saben insípidos y sin gusto.
Por lo tanto, el cristianismo en este mundo es lo mismo que la sal es para las comidas. Sin
la influencia de la iglesia Cristo en este mundo, las personas no tienen significado o
propósito. Porque las personas no comprenden que lo que les da el verdadero significado a
sus vidas es Jesucristo.
De tal manera que, sin Cristo, una persona vive insípidamente2 probando todo en esta vida
tratando de llenar sus vacíos. Al igual que el Rey Salomón, luego de apartarse de Dios para
tratar de llenarse de los placeres del mundo llegó a la conclusión de que todo era vanidad
(vanidad es algo hueco o vacío), y que nada puede satisfacer al hombre sino solamente la
presencia de Dios (Ec 12:8, 13).
La luz del mundo
(Mateo 5:14-16)
Primeramente tenemos que decir que al hablar de la “Luz” en la Biblia es sinónimo de
Jesucristo, porque Él es la única fuente de luz y solo con Cristo en nuestras vidas podemos
ser Luz.
Efesios 5:8
“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como
hijos de luz”.
Nosotros como servidores de Cristo tenemos que mostrar la luz que hay en nuestras vidas a
través de nuestra conducta. Pero también, debemos denunciar el pecado y las obras de las
tinieblas (Ef 5:11), de la misma forma que Juan el Bautista denunciaba el pecado en su
momento, el cual, era luz que resplandecía en medio de su generación.
Juan 5:35
“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un
tiempo en su luz”.
Por otro lado, El Señor Jesús les dijo, “la luz no se enciende para ponerse debajo de un
almud sino sobre un candelero y sirva para alumbrar a los demás” (Mt 5:15).
Enseñando de esta manera, la función principal de la luz, la cual es alumbrar todo lugar que
está en tinieblas. Porque resultaría ilógico que se encienda una luz para taparla con una
caja. De esta manera, no podemos esconder la luz que hay en nosotros callando la verdad,
haciendo lo que el mundo hace, dejando que el pecado empañe nuestra luz o no fijándonos
de las necesidades de los demás.
El Señor Jesús también nos dice que “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,
para que vean nuestras buenas obras, y Glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos” (Mt 5:16). Por esta razón, la Biblia dice que “somos hechura suya, creados en
Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas” (Ef 2:10).
En conclusión, solo en teniendo un encuentro con Jesucristo y permitiendo que Él cambie
nuestras vidas, el hombre puede ser verdadera Luz para otros. Porque no se puede ser luz
estando en idolatría, fornicación, adulterio, inmoralidad o cualquier tipo de pecados que
anda el mundo, debido que Dios es Luz y no tinieblas en Él.
1 Juan 1:5-7
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas
tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas,
mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz,
tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo
pecado.
Jesús y la ley
(Mateo 5:17-20)
Nos queda claro que aquí Jesús se está refiriendo a cumplir la verdadera ley de Dios; sin
embargo, para esta época los escribas y fariseos tenían un concepto muy diferente de lo que
esto significaba ya que habían incluido entre los mandamientos del Señor una serie de
interpretaciones que ellos le daban a los mandamientos y los habían convertido en parte de
la ley. Cuando Dios le entrego los Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí, también
le dio una serie de leyes sacerdotales, civiles y morales que en total sumaban alrededor de
613 leyes. Estas leyes formaron parte de los principios y normas que regían la vida de los
judíos, sin embargo, esto no significa que los cristianos estamos obligados a someternos a
todas ellas. En el caso de las leyes sacerdotales estaban orientadas a legislar la adoración a
Dios, los sacrificios y demás ceremonias en las que el pueblo participaba a través de la
ministración de los sacerdotes. En la actualidad estas leyes ya no se aplican ya que es a
través del sacrificio de Cristo que tenemos entrada al lugar santísimo. Con respecto a las
leyes civiles, si bien es cierto nos dejan una gran enseñanza, difícilmente la mayoría de
ellas podría aplicarse a nuestras vidas ya que fueron dadas a un pueblo que vivió hace
muchos años en el desierto y que tenía un gobierno teocrático. Ahora bien, cuando
hablamos de las leyes morales esto es cosa diferente. La ley moral aún está vigente, no solo
para los judíos, sino también para todos los cristianos.
Jesús y la ira
(Mateo 5:21-26)
Cuando Jesús dice: Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás, se refiere a uno de los
diez mandamientos que Moisés le dio al pueblo en el monte Sinaí. De acuerdo a sus leyes,
si alguien era acusado de matar a una persona este era llevado a juicio donde era condenado
por un jurado que el mismo pueblo había escogido para estos casos, y si era encontrado
culpable se sentenciaba a muerte. En la mente de los judíos no quedaba duda que este
pecado era tan grave que se pagaba con la muerte; pero ahora viene el divino Maestro y
lleva la interpretación de la ley a otro nivel y dice que la ira es un pecado tan grave como el
matar. Generalmente el ser humano suele darles a los pecados una clasificación de grave y
leve, por ejemplo, pecados como el resentimiento, mentir, murmurar, llevarse folder o clips
de la oficina sin permiso o abusar del tiempo y recursos de la empresa (lo cual al final es
robar) no se consideran pecados tan graves, es más, ni siquiera existe la consciencia de que
lo sean; pero al final son tan graves que merecen el castigo eterno como el homicidas,
violadores, homosexuales o drogadictos.
Efesios 4:26
Santiago 1:20.
Jesús y el adulterio
(Mateo 5:27-30)
Increíblemente nuestros ojos juegan un papel muy importante en cuanto a la
consumación del pecado. En 1 Juan 2:15-17 el apóstol Juan nos advierte que uno de los
medios por donde somos tentados son los ojos y lo llama los deseos de los ojos. Fue a causa
de los deseos de los ojos que el rey David cometió el pecado de adulterio y posteriormente
el de homicidio, 2 Samuel 11:2. También Acán cayó en pecado por los deseos de los ojos,
Josué 7:21, Eva fue cautivada por el fruto porque veía que, Génesis 3:6. Y nuestro Señor
Jesús nos advierte que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella
en su corazón. El apóstol Santiago advierte que antes que el pecado sea consumado éste es
concebido en el corazón de la persona por su propia concupiscencia y obviamente una
forma en la cual la tentación puede entrar a nuestra vida es por medio de nuestros ojos.
Jesús y el divorcio
(Mateo 5:31-32)
Es importante también comprender la tradición judía en cuanto al trato matrimonial. Para
los judíos existían tres niveles de compromiso. En primer lugar, estaba el compromiso. Este
se hacía a menudo cuando la pareja no eran más que niños. Lo hacían corrientemente los
padres y se hacía a menudo sin que los que formaban la pareja se hubieran visto nunca. El
matrimonio se consideraba que era un paso demasiado serio para dejarlo a los dictados del
corazón humano. Luego estaba el desposorio. Este era lo que podríamos llamar la
ratificación del compromiso que ya había contraído la pareja. Hasta este momento, el
compromiso que se había establecido por medio de los padres o encargados, se podía
romper si una de las dos partes no quería continuar con él. Pero una vez que se llegaba al
desposorio era absolutamente vinculante. El desposorio duraba un año. Durante ese año la
pareja se consideraban marido y mujer, aunque todavía no tenían esa relación. El
desposorio no se podía dar por concluido de ninguna manera más que por el divorcio.
Finalmente, la tercera etapa era el matrimonio propiamente dicho, que tenía lugar al final
del año de desposorio. Por tanto, desde el desposorio mismo el vínculo no se podía romper
a no ser por el divorcio. Ahora bien, este divorcio se daba si a la mujer se le encontraba
culpable de “algo indecente”. Por tal motivo Jesús les aclara que la única cosa indecente
por la cual el hombre podía darle carta de divorcio es la fornicación.
Jesús y los juramentos
(Mateo 5:33-37)
Los escribas y fariseos habían creado una versión de este mandamiento y
enseñaban que estaba mal usar el nombre de Dios para jurar ya que podían no cumplirse los
votos; pero podían jurar por cualquier otra cosa y no cumplir la palabra y nada malo
pasaba, de tal manera que a menos que se jurara por el nombre de Dios, el judío estaba
completamente obligado a cumplirlo. No obstante Jesús les dice que el jurar por el cielo, o
por la tierra, o por Jerusalén o incluso por los cabellos de su cabeza y no cumplir sus
promesas es tan grave como jurar por el nombre del Señor. La prohibición no gira alrededor
de no jurar, sino en no cumplir lo prometido. Jesús les dice que no es necesario estar
jurando por cualquier cosa, sino que nuestro “sí” debería ser “sí” y nuestro “no” debería ser
“no”. Los hijos del reino de Dios tienen que ser conocidos por ser personas de palabra. Las
Escrituras exhortan a los creyentes a hacerlo de esta forma.
“Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún
otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en
condenación”.
Santiago 5:12
El apóstol Santiago reafirma la enseñanza de Jesús al amonestarlos para que en
lugar de andar jurando en sus conversaciones cotidianas sean hombres y mujeres que
cumplan sus palabras. El deseo de Dios es construir un reino basado en la verdad, ya que Él
ama la verdad: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo”, (Salmo 51:6) y Jesús mismo
afirmo ser la Verdad (Juan 14:6). Por tanto, sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo
que es más de esto, de mal procede.
El amor hacia los enemigos
(Mateo 5:38-48)
Jesús rompe con las tradiciones rabínicas una vez más, y cambia el concepto de prójimo a
toda persona sin distinción, aumenta el perdón hasta setenta veces siete, pero en esta
ocasión va todavía más allá, pues iguala el amor al prójimo con el amor a Dios; y no
conforme con eso, lo amplía al enemigo, rompe con la división que hasta entonces se tenía,
amigos-enemigos, la declara inviable y anticuada; pues para el que ama como Cristo, no
hay más que hermanos, pues somos hijos todos del mismo Padre.
Cuántas veces hemos escuchado o incluso hemos pronunciado la frase: “perdono, pero no
olvido”. En el fondo esta frase esconde dolor y odio, resentimientos que no permiten que
realmente podamos sanar desde dentro y tener paz en el corazón; y a final de cuentas,
somos nosotros mismos los que nos hacemos daño. Perdonar sí, pero llegar a amar al
enemigo… hace falta madera de santo o temple de héroe, y cuánto cuesta llegar a ese nivel,
pero pensemos que Jesús no nos manda lo irrealizable, aunque claro está que demanda un
gran esfuerzo, sobre todo de doblegar nuestro ego y nuestro orgullo.
Hoy tenemos un reto: mostrar que la perfección consiste en amar como Dios nos ama. No
hay distinciones posibles en la disposición de amar; no amo desde mis planteamientos, sino
que amar se funda en el mismo amor de Dios, si nos dejamos amar primero por Él, Dios se
encarga de ir abriendo camino desde su amor que es perfecto y el único modelo válido,
otros modelos, sólo son imitaciones y acaban por terminar.
Jesús y la limosna
(Mateo 6:1-4)
El vivo interés de Jesús por hacer notar a sus seguidores, la importancia de la no
prepotencia resalta aquí, debido a sus palabras Jesús dijo: "Guardaos de hacer las obras
buenas en público solamente para que los vean; de lo contrario no os recompensará vuestro
Padre del cielo. Cuando des limosna no hagas tocar la trompeta por delante, como hacen los
hipócritas en las sinagogas y en las calles para que los alabe la gente. La advertencia de
Jesús en contra de hacer el bien para ser visto por otros, refleja la naturaleza del Señor de la
humildad y sencillez de corazón, de aquello que se hace como para Dios y no por sobresalir
con interés propios que realzan la vanagloria del hombre. Él conociendo el corazón del ser
humano supo en sapiencia que esto iba a ser necesario para que los creyentes no fueran
arrastrados por este mal y por lo tanto alejados de Dios.
Jesús y la oración
(Mateo 6:5-15)
El Señor sabe lo que necesitamos, aún antes de que empecemos a orar.
Dios nos conoce en un nivel más profundo del que nosotros nos conocemos. Sabemos lo
que queremos, pero tal vez no lo que necesitamos. Dios siempre responde nuestras
oraciones de la forma que es mejor para nosotros, lo sepamos o no. Cuando ustedes oren,
no hagan como los hipócritas. A ellos les encanta que la gente los vea orar. Por eso oran de
pie en las sinagogas y en los lugares por donde pasa mucha gente. Jesús enseñó a Sus
discípulos a orar. Dijo que algunas personas oran sólo para que otros los vean orar, y
enseñó que debemos decir nuestras oraciones personales en un lugar donde podamos estar
solos, si es posible. Alejarnos del ajetreo y el bullicio de la vida para tener un tiempo
privado con el Señor no es opcional; nuestras vidas espirituales dependen de ello. Sin eso,
nuestra vida espiritual eventualmente se secará. Se nos hará difícil vivir para el Señor,
amarlo o vencer la tentación.
Jesús y el ayuno
(Mateo 6:16-18)
Junto con las limosnas y la oración, el ayuno ocupaba un ejercicio de piedad muy
apreciado entre los judíos. De hecho, en la actualidad aún es practicado entre los judíos y
musulmanes. En el Antiguo Testamento, los judíos consideraban que el ayuno era
obligatorio una vez al año durante el día de la Expiación, tomando de referencia el siguiente
texto: “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes,
afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora
entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de
todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis
vuestras almas; es estatuto perpetuo”, (Levítico 16:29-31). Aunque el pasaje no
menciona la palabra ayuno, la tradición asociaba las palabras afligiréis vuestras almas con
no comer, beber, bañarse, ungirse, llevar sandalias, y hacer uso del matrimonio, y este
duraba desde la salida del sol hasta la puesta del sol. Por tanto, el ayuno era visto por los
judíos como una señal de duelo y dolor por el pecado de sus almas, así como una señal de
arrepentimiento delante de Dios.
Tesoros en el cielo
(Mateo 6:19-21)
El Señor Jesús nos advierte que todos los tesoros que hagamos en esta tierra están
destinados a perecer. Primeramente les advierte a sus discípulos que sus tesoros terrenales
están expuestos a ser consumidos por la polilla. En los tiempos bíblicos, la ropa era
considerada una de las mayores posesiones en la vida de las personas. De hecho la mayoría
de las personas solo solían tener un par de mudadas, pero los ricos tenían una cantidad
mayor de mudadas. Por tal motivo las prendas de vestir eran codiciadas en gran manera.
Podemos ver en la Biblia que parte del pecado de Acán fue haber codiciado el manto
babilónico: “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos
siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y
he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello”
(Josué 7:21).
La lámpara de cuerpo
(Mateo 6:22-23)
Muchas veces se ha dicho que los ojos son la ventana del alma. Todos sabemos que si una
ventana se encuentra sucia, la luz del día no penetra bien a la casa y no alumbra bien a los
que la habitan. También dificulta la visualización de los que viven en ella. Así también lo
es en el caso del hombre y la mujer que han permitido que su visión espiritual sea
manchada y miope por el diablo el cual los ha enceguecido por la maldad de este mundo.
Frase: “El hombre que tiene los ojos sucios ve multiplicadas las luces, mientras que el ojo
simple y puro ve las cosas simples y puras”.
Podemos entender el uso de esta metáfora para hacer la comparación de que así como el
ojo es la lámpara del cuerpo, así lo es el corazón para el alma. Es del corazón de donde
manan todas las intenciones y sentimientos, por lo que si el corazón es malo, las
intenciones serán malas y por ende las acciones.
Dios y las riquezas
(Mateo 6:24)
Nuestro Señor Jesucristo va aterrizando su discurso en las consecuencias de tener un
corazón más enfocado en las riquezas de este mundo que en las cosas de Dios: la
esclavitud. La traducción literal del texto nos da una mejor comprensión de esto. La palabra
servir proviene del griego douleúo (δουλεύω), que a su mismo tiempo deriva de la
palabra doúlos (δοῦλος), que significa esclavo. Por otro lado la palabra utilizada para señor
es kúrios (κύριος), cuya mejor traducción seria amo, o dueño de todas las cosas. Por tanto
las palabras: Ninguno puede servir a dos señores, podría traducirse: Ninguno puede ser
esclavo de dos amos. En la antigüedad la esclavitud era muy común. Un esclavo era visto
como un objeto que pertenecía a su amo, el tal no tenía derechos, su amo podía disponer de
él como mejor le parecía, podía golpearlo e incluso matarlo y nadie podía decirle algo, ya
que al fin de acabo era una propiedad más. Así dice Jesús que no podemos nosotros ser
esclavos de dos amos. O amamos y servimos a Dios o a las riquezas.
Nuestro corazón no puede seguir a dos señores, nuestra fidelidad debe estar alineada a uno
solo. Nadie puede pensar que puede intentar agradar a Dios y a las riquezas ya que eso es
imposible. Es importante hacer notar que Jesús no está condenando el hecho de ser rico,
sino el amar más a las riquezas que el mismo Dios, ya que esto se convierte en idolatría y
Dios pasa a un segundo plano, cuando realmente nuestro Señor demanda todo nuestro
corazón. Pablo lo dice de la siguiente manera: “porque raíz de todos los males es el amor
al dinero (no el ser rico), el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron
traspasados de muchos dolores”, (1 Timoteo 6:10)
El afán y la ansiedad
(Mateo 6:25-34)
Como seres humanos la vida nos demanda de ciertos recursos básicos para poder subsistir
tales como el vestuario, la alimentación, vivienda, etc., y estos a su vez demandan de
nosotros cierta capacidad económica que nos lleva a trabajar y devengar un salario. Todo
esto nos puede llevar al afán con tal de pagar todas estas cosas y posiblemente a
preocuparnos por el mañana. No obstante, Jesús nos enseña a no preocuparnos por estas
cosas diciendo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento,
y el cuerpo más que el vestido? Si Dios es el creador de nuestra vida, ¿acaso Él no tendrá
cuidado de darnos lo que necesitamos para mantenerla? En este sentido nuestro Señor nos
alienta a no estar ansiosos por tres cosas elementales:
1. Porque somos más valiosos que la misma creación a la cual Él también cuida.
2. Porque la ansiedad es inútil.
3. Porque nuestra esperanza esté depositada en Dios y no en el mundo.
Realmente nos hemos detenido a pensar en las aves del cielo. Es un hecho que existen
millones de aves alrededor del mundo, y si pensáramos lo que se necesita para alimentarlas
día a día, posiblemente necesitaríamos una gran cantidad de graneros. Pero parece que este
no es un problema para Dios. Todos los días estas aves reciben de parte de su Creador el
alimento diario, no tiene necesidad de sembrar ni de recoger en graneros, pero aun así
reciben su alimento. Ahora bien, si Dios tiene este cuidado con las aves del cielo las cuales
son animales muy sencillos, Jesús pregunta: ¿No valéis vosotros mucho más que
ellas? La respuesta es ¡sí! Nosotros somos imagen y semejanza de Dios, por lo que el
tendrá cuidado de la corona de su creación.
El juzgar a los demás
(Mateos 7:6)
¿Qué es lo que realmente estaba enseñando Jesús en esta ocasión cuando prohibía a sus
discípulos el juzgar? ¿Es prohibido que los superiores juzguen a sus subordinados para
evaluar su desempeño? ¿Es prohibido señalar los errores de aquellos que dañan al pueblo
de Dios? ¿Es prohibido que los juzgados estatales juzguen y emitan sentencia contra los
malhechores? En definitiva no. Más bien Jesús advierte el hecho de juzgar los errores de los
demás de manera irresponsable y hace la mención que con la misma severidad que
juzguemos, en esa misma medida seremos juzgados por otros.
Nuestro Señor hace uso de esta figura literaria para conducirnos al verdadero significado de
sus palabras. Su verdadero énfasis está en observar nuestros propios errores antes de ver el
de los demás. El condena a aquel que mira la paja que está en el ojo de su hermano y no
considera la viga que está en su propio ojo. Lamentablemente el hombre tiende a criticar los
errores de los demás, sin considerar los suyos propios.
La oración y el regalo de oro
(Mateo 7:7-14)
No obstante, ahora vemos a nuestro Señor Jesucristo usando la misma costumbre de los
eruditos solo que de manera positiva: “Así que, todas las cosas que queráis que los
hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Con estas palabras el
gran Maestro no solo estaba otorgándonos la máxima de la ley moral, sino nos manda el
mayor desafío: Hacer el bien a los demás, antes que ellos hagan con nosotros. La regla
expresada en forma positiva exhorta a los ciudadanos del reino a actuar, mientras que la
forma negativa solo da la idea de no hacer mal, pero no actúa en beneficio de los
demás. Por tanto, la regla de oro en forma positiva nos impulsa a la acción. El uso de la
regla de oro en su forma negativa definitivamente puede cambiar el carácter de un hombre,
pero la forma positiva lo impulsa más allá de no dañar, a hacer el bien a los demás. Alguien
podría decir: “yo no exploto a los pobres porque yo no quiero que se me trate de esa
forma”, he aquí la regla de oro en forma negativa; pero alguien podría decir: “yo voy a
ayudar a los pobres porque si yo fuera uno de ellos querría que me ayudaran”. La forma
positiva de la regla de oro nos impulsa a la acción.
La puerta estrecha
(Mateo 7:13-14)
Contrario a la creencia popular que todas las religiones son buenas y conducen a Dios;
Jesús deja claro que no es así, y que solo hay un solo camino. Aquí se nos habla de dos
puertas y dos caminos. Uno de ellos tiene una puerta ancha y un camino espacioso el cual
es fácil de transitar y muchos son los que por él caminan; pero el otro posee una puerta
estrecha y un camino angosto, difícil de transitar y pocos son los que lo caminan. En el
evangelio según Lucas encontramos un pasaje parecido donde Jesús motivaba a sus
discípulos a esforzarse por entrar por esta puerta estrecha: “Esforzaos a entrar por la
puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán”, (Lucas
13:24).
Por sus frutos los conoceréis
(Mateo 7:15-20)
Una de las cosas con las que Israel tuvo que lidiar en los tiempos del Antiguo
Testamento fue la influencia de los falsos profetas. En el libro de Deuteronomio Dios les
advertía que aparecerían falsos profetas que los intentarían alejar de Él; pero que no los
escucharan ya que solo era una prueba para comprobar su fidelidad a Dios: (Deuteronomio
13:1-3). Además de eso también Dios les había dado dos formas de identificar a los falsos
profetas, el no cumplimiento de lo que ellos profetizaban o el hablar en nombre de otros
dioses. Para estos falsos profetas el castigo era la muerte: (Deuteronomio 18:20-22). Desde
los tiempos del profeta Elías podemos encontrar como los falsos profetas afectaron la fe del
pueblo de Israel, por ello Elías les desafío a invocar con fuego a Dios en el monte Carmelo,
a los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de Asera: “Entonces Acab convocó a todos
los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo”, (1 Reyes 18:20). También
vemos como fue el falso testimonio de los falsos profetas que condujo a Acab, rey de Israel,
a pelear en una batalla donde perdió la vida.
Nunca os conocí
(Mateo 7:21-23
Nos acercamos al final del Sermón del Monte y parece que Jesús terminara advirtiendo que
el juicio será lo que les espera a aquellos que no entren por la puerta estrecha. Parece que
en estos versículos concluirá con el destino que les espera a los falsos profetas los cuales
alejan del camino angosto a muchas personas, incluyéndolos a ellos mismo. Tristemente
será el final de muchos que hoy en el nombre de Dios han introducidos sus propias
doctrinas y lo único que buscan es su propio beneficio. En estos versículos encontramos
una verdad que debería alertarnos a todos: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará
en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre. Muchos son los que hoy
hablan en el nombre de Dios, pero sus obras son malas y así viven una completa mentira,
queriendo conducir a otros a Cristo y ofreciendo el camino de salvación, ellos mismo se
encuentran perdidos. “Un ministro inconverso envuelve en sí la más patente contradicción.
Un pastor destituido de gracia es semejante a un ciego elegido para dar clase de óptica,
que filosofara acerca de la luz y la visión, disertara sobre ese asunto, y tratara de hacer
distinguir a los demás las delicadas sombras y matices de los colores del prisma, estando
él sumergido en la más profunda oscuridad”.
Los dos cimientos
(Mateo 7:24-29)
Jesús deja claro la importancia de no solo escuchar sus palabras sino de llevarlas a la
práctica. Sin embargo, también agrega la importancia de la obediencia completa. Para esto
ilustra una parábola donde nos habla de dos personas. La primera la llama el hombre
prudente, el cual edifico su casa sobre la roca. Descendieron la lluvia y los ríos, golpearon
la casa, pero ésta no cayó. La palabra que se traduce en este texto como prudente
es frónimos (φρόνιμος), la cual describe a una persona sabia y sensata. Jesús aclara que el
hombre prudente es aquel que primeramente oye, es decir, procura poner atención a la
palabra de Dios dándole la mayor de la importancia. El escuchar la palabra de Dios es clave
para el creyente, de hecho, Pablo dice que esto ayuda a fortalecer nuestra fe: “Así que la fe
es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, (Romanos 10:17). Sin embargo, el hombre
prudente no solo presta gran atención a la palabra de Dios, sino que también la lleva a la
práctica: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en
ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo
que hace”, (Santiago 1:25). La consecuencia de poner en práctica la palabra de Dios trae
sobre él una bienaventuranza de acuerdo a Santiago. Esto concuerda con las palabras de
Jesús al decir que aquel que decide construir su casa sobre la roca, ésta permanecerá aun en
medio de las más grandes tempestades.