Felipe Andrés Castillo Belmar, Diego Ignacio Vásquez Hermosilla.
Cuento
Raimundo, El Bombero Más Valiente Del Mundo
Lo llamaban así simplemente porque "mundo" rima con "Raimundo", pero no porque
fuese tan valiente. Más bien era tímido y pequeñito y de ninguna manera parecía
uno de esos héroes, intrépidos, valientes y audaces.
Sin embargo, Raimundo sabía cumplir muy bien con su deber y era el primero en
vestirse y subir al camión de bomberos cuando sonaba la alarma.
Todos creen que los bomberos sólo apagan los incendios, pero no es así: también
los llaman para resolver otro tipo de problemas.
Por ejemplo, los llamaron cuando el pero del Sr. González corrió al gato de doña
Etelvina y el animal se asustó tanto que se trepó al árbol más alto del vecindario.
Después no se pudo bajar y se pasó toda la noche maullando allá arriba. Y fue
Raimundo quien lo rescató.
Cuando el hijo de doña Ágata metió la cabeza entre los barrotes del balcón y se
quedó allí atorado, también llamaron a los bomberos y hubo que desarmar medio
balcón para sacar al travieso.
Y aquella vez que se rompió un caño en la casa de doña Eduviges y se inundó el
sótano, ¿a quienes llamaron? Sí, a los bomberos y fueron ellos quienes lo
desagotaron.
Lo mismo sucedió cuando el Sr. Galimbertti quedó atrapado en el ascensor, entre el
noveno y el décimo piso... por supuesto fueron los bomberos los que solucionaron el
problema y lo rescataron, ¡siempre los bomberos!
Raimundo, era un bombero cumplidor y servicial, siempre dispuesto a socorrer a
quien lo necesitara y no le gustaba que se rieran de él llamándolo "Raimundo, el
bombero más valiente del mundo". Era una burla porque después de todo no es
necesario ser un gigantón lleno de músculos para ser valiente. Y Raimundo
esperaba poder demostrarlo algún día.
Y ese día llegó sin que nadie lo esperase.
En el cuartel de bomberos recibieron una llamada urgente: ¡el circo se estaba
incendiando!
Era una situación realmente grave, las llamas eran enormes y todos trabajaban para
apagarlas y, para salvar a los animales, alguien les había abierto las jaulas. Las
fieras sueltas se habían escapado y andaban por toda la ciudad.
Alguien tenía que atraparlas, pero todos tenían miedo de hacerlo. Finalmente, el
capitán ordenó a Raimundo que se ocupara del asunto.
El momento de demostrar que era valiente de verdad, ¡había llegado! ¡Por fin una
situación bien difícil que necesitaba audacia y valentía!
Raimundo recordó haber oído que "la música amansa a las fieras" y corrió a su casa
en busca de su violín. Su única preocupación era que entre tantas fieras hubiese
alguna sorda, pero por suerte todas tenían buen oído.
Raimundo recorrió las calles tocando el violín y las fieras comenzaron a seguirlo
para escuchar su música.
Así llegó hasta el circo, cuando ya estaba apagado el incendio y pudieron hacer
entrar a cada animal en su jaula.
Al día siguiente la foto de "Raimundo, el bombero más valiente del mundo" estaba
en la televisión, los diarios y, ¡hasta en Internet!