Vacunas: ¿Realmente nos protegen?
Vacunas: ¿Realmente nos protegen?
Eleanor McBEAN
(“Vaccines do not Protect”)
Le animamos a que haga copias de esta breve información y que se la pase a padres jóvenes
y futuros jóvenes padres.
PREFACIO
Este folleto fue escrito con el fin de responder, brevemente, alguna de las muchas
cuestiones que la gente me ha hecho a cerca de las vacunas. Durante 30 años he estado
investigando temas como las vacunas y otras materias relacionadas con la salud, además he escrito
seis libros en relación a ello ─algunos aparecen en la contraportada─.
Son muchas las personas que ya han encargado mi nuevo libro, Condena a las vacunas, y
otras quieren respuestas detalladas a sus preguntas sobre las vacunas. Para mí, sin embargo, es
imposible detenerme a escribir largas cartas al tiempo que trabajo en un libro, por lo que he
decidido contestarlas todas de una vez en este folleto que toca algunas de las cuestiones que se
preguntan con más frecuencia. Espero que esto pueda ayudarles hasta que mi libro nuevo termine
de ser imprimido y tendrán entonces respuestas más detalladas.
Ha habido muchos retrasos para finalizar este libro nuevo, en parte porque detuve el trabajo
para publicar otros tres libros pequeños que respondían a necesidades urgentes del momento. El
más famoso de esos libros es Exposición a la gripe porcina, publicado en 1977 con la esperanza
de poder advertir a la gente sobre el devastador ataque de la próxima vacuna contra la gripe
porcina, la cual ya había matado a mucha gente. A pesar de su gran aceptación (en la actualidad se
halla agotado), no sirvió para advertir a las personas con tiempo. No obstante, les puedo asegurar
que mi intención era firme y contundente.
Mi nuevo libro, Condena a las vacunas, será la obra más amplia y completa que se ha
escrito en nuestro país sobre los efectos nocivos de las vacunas.
ÍNDICE
Los medios de comunicación han condicionado a las personas para que crean que las
vacunas desarrollan anticuerpos que protegen a los que se vacunan de las enfermedades. Esto por
supuesto es erróneo y no tiene fundamento. Año tras año, los medios publicitarios se encargan de
transmitir a la opinión pública los beneficios que suponen las vacunas, pero no existe ninguna
prueba o evidencia que apoye las afirmaciones del valor de las vacunas. Lo que sí existen son
pruebas sustanciales de fuentes científicas, casos judiciales e informes médicos que sostienen que
todas las vacunas son peligrosas, e incluso mortales, y que nunca son beneficiosas, excepto para el
promotor de estas sustancias. A pesar de hechos tan obvios, todavía hay mucha gente que quiere
creer a los médicos y hacen cola para llenar sus vías sanguíneas de vacunas tóxicas. Es entonces
cuando aparecen los funestos efectos secundarios de esas sustancias tóxicas ─parálisis, daños
cerebrales, ceguera, enfermedades renales, problemas de corazón, degeneración nerviosa, o
incluso la muerte─. Los médicos no quieren aceptar sus responsabilidades y lo que es más, si
pueden, esconden cualquier prueba que demuestre lo contrario. Si no pueden ocultar la verdad,
afirman que el causante de la enfermedad era un virus que «estaba por allí»; que se trataba de una
enfermedad hereditaria, o que la adquirió antes de que se le vacunara. A veces, pienso que a la
gente le gusta que se le engañe; si el médico piensa por ellos, se evitan tener que pensar más de la
cuenta, así les entregan a sus hijos para intoxicarlos y experimentar con toda esa dudosa
medicación. No es de extrañar que tengamos una tasa tan alta de enfermedades mortales en
nuestro país y además estamos casi al final de la lista en lo que respecta a la salud nacional.
Los médicos saben que todas las vacunas son venenosas, ya que viven día tras días los
efectos devastadores que las vacunas originan en los hospitales. Sin embargo, los informes
emitidos por estos médicos casi nunca ven la luz pública. Si alguien duda de la verdad de estas
afirmaciones, pídanle a los médicos, a las enfermeras, a los que hacen las vacunas en los
hospitales o en los laboratorios que nos den una GARANTÍA DE LA SEGURIDAD Y LA
EFECTIVIDAD DE LAS VACUNAS.
TU VIDA ESTA EN JUEGO PERO ELLOS NO TE
DARÁN NINGUNA GARANTÍA
Si alguien compra un coche, una televisión o incluso una manguera para el jardín, recibe
inmediatamente una garantía que asegurará el cumplimiento de lo establecido en el contrato. Estos
artículos no están relacionados con la vida y la salud, pero las vacunas son una CUESTIÓN DE
VIDA O MUERTE. A pesar de la importancia de estas sustancias, las autoridades
gubernamentales no exigen a las empresas farmacológicas o a los médicos que entreguen al
paciente ninguna garantía de seguridad. Es más, ni siquiera se nos ofrece una garantía de
funcionamiento que nos asegure una prevención de la enfermedad.
Durante tres años, Morris Bealle (editor) ofreció públicamente una oferta de 30.000 dólares
para cualquier entidad médica o farmacológica que pudiera probar que las vacunas no son
peligrosas, ni mortales y sin importancia como medida de salud. Nadie aceptó la oferta.
SE ENGAÑA A LA GENTE CON PUBLICIDAD FRAUDULENTA
Cuando los empresarios deciden lanzar una vacuna al mercado, inician una campaña
propagandística con el objetivo de convencer a las personas que su utilización es imprescindible
para evitar enfermedades tan conocidas como la viruela, la polio, la difteria, las fiebres tifoideas o
la gripe. Sin embargo, esto no es cierto. La intoxicación sanguínea provocada por la
administración de vacunas no sólo no evita la enfermedad, sino que la agrava, originando otras
enfermedades como la parálisis, la ceguera, los daños cerebrales, el cáncer en el lugar donde se
puso la vacuna y enfermedades crónicas serias, todo ello como resultado de una corrosión
continuada de las toxinas inyectadas.
Los únicos países en el mundo que todavía hoy tienen establecida la vacunación obligatoria
son los únicos que todavía tienen epidemias de viruela. La mayoría de los países abolieron la
vacunación obligatoria después de comprobarse que éstas incrementan el riesgo de enfermedades.
Los lugares que rechazaron las vacunaciones permanecen prácticamente libres de enfermedad,
siempre que respeten una dieta y unas medidas sanitarias adecuadas. Se han recopilado e
imprimido datos gubernamentales verídicos, informes médicos y militares, expedientes de
hospitales y descubrimientos de laboratorio en los que se demuestran que las vacunas son
perjudiciales e inútiles para la prevención de enfermedades.
Gran Bretaña abolió la vacunación obligatoria después de haber intentado que funcionase
durante más de 100 años. Al final, después de miles de muertos y otros desastres a causa de las
inyecciones, la gente se reveló contra la tiranía que el mismo gobierno sostenía. Entablaron tantas
demandas judiciales contra el gobierno británico, que éste tuvo que admitir el fallo y se
suprimieron todas la vacunas obligatorias. Lo mismo sucedió en otros muchos países. Desde este
momento, enfermedades tan conocidas como la viruela y la peste disminuyeron paulatinamente
hasta desaparecer casi por completo.
Las vacunas están compuestas de fármacos tóxicos y proteínas podridas (tóxicas); por ello,
las vacunas no pueden hacer otra cosa sino envenenar a la gente que se somete a ellas. En realidad
fue la mejora de la sanidad y la nutrición del último siglo lo que pudo hacer decaer las tasas de la
viruela y la peste en Europa. El declive era proporcional a la mejora en las condiciones de vida.
LOS HISTORIALES MUESTRAN COMO LAS VACUNAS
CAUSAN Y NO PREVIENEN LAS ENFERMEDADES
El punto central que utilizan los promotores de las vacunas para potenciar sus ventas es
relacionar la desaparición de la epidemia de la viruela con la administración de vacunas. Esta
afirmación se escapa por completo de la realidad, ya que si analizamos todas las enfermedades,
descubriremos que su desaparición gradual y paulatina no va estrechamente ligada a la aparición
de la vacuna. Las causas de esta mejora no se encuentran en los propios fármacos, sino en la
creación de inodoros y otras mejoras sanitarias y nutritivas. Muchas de las epidemias y plagas que
desaparecieron hace tiempo en Europa han vuelto a aparecer hoy en día como consecuencia de las
vacunas.
ANALICEMOS ALGUNOS INFORMES PÚBLICOS
GRAN BRETAÑA
Edward Jenner puso su primera vacuna en 1796, año que las industrias farmacológicas
recordarán como el inicio de su gran negocio. A medida que las vacunas aumentaban, la viruela
cobró más importancia, hasta el punto que en 1939 se desató una epidemia que arrasó Gran
Bretaña y causó la muerte de 22.081 personas. A pesar de este error tan obvio, los promotores de
las vacunas influenciaron al gobierno lo suficiente como para implantar una ley de la vacunación
obligatoria en 1853. Las empresas farmacológicas convencieron a las autoridades
gubernamentales de la necesidad de vacunar al 100% de la población, sólo de esta forma
erradicarían por completo la viruela. Este incremento provocó la mayor epidemia de todos los
tiempos en 1872, tan sólo en Gran Bretaña fallecieron 44.840 personas como consecuencia de la
viruela. La gente no tuvo elección, vacunarse o ir a prisión.
En la actualidad, son muchos los estados que siguen esta misma política. Basta mencionar
la política de represión que se está realizando en los Estados Unidos, donde se está adoptando el
mismo sistema desfasado y brutal de enviar a los padres a prisión cuando rehúsan vacunar a sus
hijos.
En Gran Bretaña, la población luchó contra esta ley mortal de vacunación hasta que al final
se abolió en 1948 y desde entonces nunca han sufrido otra epidemia de viruela.
JAPÓN
Este país, siguiendo las directrices de Gran Bretaña, volvió a utilizar la vacunación
obligatoria a partir de 1872. Desde este momento, el número de afectados aumentó
vertiginosamente hasta situarse en los 165.774 casos (1892), de los cuales 29.979 no
sobrevivieron ─no en vano, debemos señalar que todos se habían vacunado con antelación─. A
pesar de convertirse en la mayor catástrofe recordada hasta el momento, el gobierno no dudó en
continuar con los programas obligatorios de vacunación.
Consulté recientemente en la Embajada japonesa en Los Ángeles para obtener datos, pero
no quisieron ofrecerme ninguna respuesta clara.
AUSTRALIA
Este país prohibió los programas de vacunación obligatoria cuando murieron dos niños
como consecuencia de las sustancias administradas. Esto ha permitido que el número de afectados
haya disminuido vertiginosamente en los últimos años. En los últimos quince años, sólo se tiene
constancia de tres casos mortales de viruela. Sin lugar a dudas, una cifra bastante inferior a la
ofrecida por el gobierno japonés, 29.979 casos mortales ─recuerde que el estado nipón obliga la
vacunación anual─.
ALEMANIA
El listado muestra los datos ofrecido por cuatro estados, comparándose los casos de 1958
(fecha en la que no era obligatorio el uso de vacunas) y 1959 (año en el que las autoridades
gubernamentales hicieron obligatoria su utilización).
TENNESSEE
OHIO
CONNECTICUT
En California la vacunación era obligatoria, pero los datos auténticos fueron destruidos y el
Departamento de Sanidad de California declaro que la vacuna extinguía la polio, aunque en
realidad sucedió todo lo contrario.
Casi todas las vacunas provocan alguna que otra calamidad, todo ello sin contar los
millones de pesetas que año tras año se utilizan para pagar juicios en contra de las vacunas. Sin ir
más lejos, basta recordar algunos de los juicios iniciados durante la década de los cincuenta, en los
que se demostró que eran las vacunas de la polio y no los virus los causantes de las parálisis,
encefalitis, trastornos renales e incluso la muerte.
Ahora bien, si el gobierno conoce todos estos datos, ¿por qué no suprime la ley que obliga
vacunarse a los escolares?. Esta «dictadura médica» ─por supuesto encubierta al resto de la
población─ ha tomado las riendas de nuestro gobierno y sociedad, sin permitir a la ciudadanía
emitir su opinión sobre la obligatoriedad de las vacunas. Recuerde que los fármacos y las vacunas
son sustancias tóxicas, y la medicación obligatoria (tal y como sucede hoy en día con las vacunas)
una herramienta para provocar una intoxicación masiva forzada.
Cuando la gente descubre que la vacunas están elaboradas a partir de elementos tóxicos que
provocan enfermedades, muchos se encuentran perdidos y no saben qué camino tomar para
protegerse de estas condiciones.
Desde su niñez, han leído y escuchado que los gérmenes, los virus y las bacterias surgen de
algún sitio (o de ningún sitio) y causan las enfermedades. Sin embargo, esta teoría es incierta, por
lo que no podemos caer en el error de preocuparnos por ello.
Muchos padres se preguntan: «ahora que sabemos que las vacunas no nos protegen de las
enfermedades, ¿cómo podemos evitar su aparición sin las inyecciones?»
Es cierto que nadie puede protegerse por medio de vacunas, porque los propios médicos y
los laboratorios farmacológicos han reconocido que están compuestas de elementos tóxicos muy
nocivos para el organismo.
Todas esas teorías lanzadas por los médicos relacionando la utilización de vacunas y el
aumento de anticuerpos necesarios para luchar contra los gérmenes, no son más que una
propaganda engañosa para vender vacunas.
He analizado los experimentos e informes emitidos por algunos de los especialistas más
prestigiosos en el campo de las vacunas y dicen que el aumento de anticuerpos no tiene nada que
ver con la prevención de ninguna enfermedad. Aquellos que tienen una reserva elevada de
anticuerpos desarrollan a menudo los peores casos de la enfermedad. Por el contrario, los que
poseen una tasa inferior pueden o no pueden enfermar y no existe certeza de seguridad ni
protección por medio de vacuna alguna.
Son un riesgo para los pacientes, ya que su administración puede provocar la aparición de
enfermedades prolongadas o incluso la muerte. Pero también son un riesgo para los médicos
porque los pleitos por negligencia son un resultado de los efectos de las vacunas.
Los médicos saben que las vacunas son peligrosas. Los doctores Salk y Sabin fueron
protagonistas de una disputa pública en la que se acusaban mutuamente de la fabricación de una
vacuna peligrosa. Por supuesto, la disputa no se entabló con la pregunta de quién estaba haciendo
la vacuna mortal. Los tribunales tuvieron que probar que los dos tipos de vacunas de polio habían
matado y paralizado a muchos inocentes y personas que tenían buena salud. Ninguno de los
doctores probaron, en sus propias carnes, las consecuencias de sus vacunas y tampoco se las
dieron a sus hijos, aunque uno de ellos aseguró que utilizaba inyecciones falsas (probablemente
con agua) con sus hijos con fines propagandísticos.
Incluso el mismo Edward Jenner (considerado como el padre de las vacunas) notó unos
patrones similares años atrás (desde 1796 a 1825). Su propio hijo y algunos otros niños vacunados
por él desarrollaron tuberculosis en el mismo período de tiempo, después de haber recibido las
vacunas. Con los resultados en la mano, intentó avisar al colectivo médico que suponía su
administración, aunque éstos no le permitieron revelar la verdad. La propaganda de la inmunidad
funcionaba y las vacunas incrementaron sus beneficios.
¿Por qué escucha la gente a los médicos y la fraudulenta propaganda de las vacunas?
Posiblemente, porque quieren creer que hay algo mágico en las vacunas, sin embargo, ¿les
mantendrán para siempre seguros de los efectos de su proceder erróneo? Si continúan comiendo
día y noche la misma comida basura que anuncia en la televisión y no transforman sus hábitos de
vida, seguramente desarrollarán más enfermedades.
Gracias a dios, poco a poco las personas se están dando cuenta de que pueden mejorar su
salud eliminando todos los alimentos y fármacos durante un cierto tiempo (le recomiendo consulte
la siguiente obra de Shelton, El ayuno puede salvar tu vida). A muchas personas, les da buen
resultado omitir todos los elementos excepto el caldo de col, cruda o cocinada, durante tres días o
hasta que los síntomas agudos desaparezcan.
LAS VACUNAS DESTRUYEN EL SISTEMA INMUNITARIO
Cualquier persona sana posee un sistema inmunitario que le regula las funciones del
organismo y combate las enfermedades. Si a esto le añadimos una buena nutrición que permita la
eliminación de las toxinas, gozaremos de un perfecto estado de salud.
Si no hubiera sido con este procedimiento interno de autocuración, ¿cómo podrían haber
sobrevivido todos estos miles de años las civilizaciones del mundo? Por supuesto, no ha sido a
causa de las vacunas, las drogas, los antibióticos o por medio de operaciones, porque aún no eran
conocidas. Los animales en su medio natural viven en un perfecto estado de salud sin necesidad
de vacunas ni otro tipo de alimentos y además viven mucho más que sus parientes en cautividad,
los cuales están obligados a vacunarse periódicamente contra la rabia y otras enfermedades.
Si fuera posible que los gérmenes, los virus, las bacterias, los microbios o los bacilos
pudieran atacar a los seres humanos, causándoles enfermedades, la humanidad entera habría sido
exterminada hace siglos.
Desde que se inventaron las vacunas, los fármacos y las medicinas comerciales, las
enfermedades han aumentando tanto que se hallan prácticamente fuera de control.
Cuando un individuo come o bebe alimentos de una naturaleza menos tóxica, como por
ejemplo las comidas rápidas, el sistema defensivo del organismo no los puede devolver de la
misma forma. Sin embargo, los riñones y el hígado jugarán un papel importante en el proceso de
dilución, con el fin de convertirlos en sustancias menos nocivas que puedan expulsarse a través de
las heces fecales.
Los médicos suelen confundir estas anomalías con enemigos, por lo que procederán a su
corte o quemadura, o taponarán el canal de salida con alimentos u otros métodos de supresión. No
cabe la menor duda que los médicos hacen todo lo que es erróneo porque no conocen los
principios curativos de la salud.
No es de extrañar que decaigan los porcentajes de mortandad y que los pacientes mejoren
cuando los médicos se ponen en huelga durante bastante tiempo. Las facultades no enseñan nada
sobre medicina, las únicas asignaturas importantes son aquellas que versan sobre el estudio de los
fármacos y la enfermedad. Por esta razón, la mayoría de la gente está volviendo a la lectura de
buenos libros sobre salud y médicos menos aficionados a los fármacos y más relacionados con las
curas naturales. Sin embargo, debemos señalar que estos médicos no abundan. Hay un plan de
creación de una escuela de salud para enseñar a la gente y a los practicantes, pero aún no está en
funcionamiento.
Lo que hizo que los médicos tomaran una dirección errónea fue su creencia en los gérmenes
como causantes de la enfermedad. Esto comenzó a suceder en las oscuras épocas pasadas en las
que se intentaban suprimir los síntomas de las enfermedades con drogas tóxicas, en lugar de sacar
provecho de los medios de curación naturales. Prefirieron seguir las directrices marcadas por sus
«falsos dioses del error» ─Pasteur, Jenner, Salk y Sabin─. Habrían hecho mucho mejor si hubieran
seguido las enseñanzas de los antiguos filósofos que impartieron métodos naturales de curación.
L
Los gérmenes no causan enfermedades porque son parte integral de toda célula viviente.
Estos organismos útiles permanecen en un estado de inactividad total, hasta que la célula finalice
su ciclo vital. Será entonces cuando el germen entre en acción para descomponer la célula muerta
y ayudar a eliminarla del organismo.
El sistema educativo ha errado en lo que respecta a los temas de salud; la razón, muy
simple, ni los propios médicos conocen la verdadera realidad de la salud humana.
Si la gente pudiera decidir, evitaría, sin lugar a dudas, las inyecciones. Pero la realidad es
bien distinta, año tras año sufren las consecuencias de una propaganda tremendista que les obliga
a acudir a los centros de vacunación. La vacunación involuntaria es ilegal porque viola nuestro
derechos constitucionales que nos garantizan una seguridad personal.
EPIDEMIAS CAUSADAS POR LA PROPIA MEDICINA
Uno de los trucos más utilizados por los promotores de las vacunas es aterrorizar a la
población mediante un comunicado en el que se advierte de la propagación de una nueva
enfermedad.
Ahora bien, si por algún motivo alguien descubriera que todo esto no es más que un
montaje y que el supuesto poder de las vacunas es sólo una farsa, sería imposible dar a conocer
este descubrimiento en los mismos medios de comunicación que propagaron la publicidad falsa.
Por esta razón, la gente nunca sabe la verdad y continúa yendo en masa a las oficinas de
vacunación para inyectarse sus dosis de veneno.
Hace poco, pudimos leer dos casos judiciales en los cuales se había descubierto la falsa
propaganda. Aunque los responsables acudieron al juicio, no fueron condenados hasta que el
proceso de vacunación no hubo finalizado. Demasiado tarde para salvar a la gente. Sin embargo,
la empresa farmacológica ya había obtenido millones de beneficios por la venta de las vacunas e
incluso más como consecuencia de las enfermedades producidas por las vacunas.
Aunque las empresas interesadas utilizan este tipo de propaganda para incrementar el
número de vacunas con bastante frecuencia, son pocos los médicos que finalizan su carrera como
consecuencia de una investigación judicial. Cada año, los medios de comunicación ponen en
marcha su maquinaria propagandística con el objetivo de aumentar el número de vacunaciones.
Lo único que deben hacer es presentar los beneficios de las vacunas y proclamar un hábil silencio
a cerca de los problemas.
A modo de ejemplo, basta recordar el caso de siete personas que murieron a causa de las
vacunas en un campamento militar en Birmingham, Alabama. Cuando intenté investigar y obtener
la verificación del asunto, rechazaron proporcionarme cualquier información, como si nada
hubiera sucedido. Sin embargo, después de remover cielo y tierra, logré un informe del Secretario
de Guerra, Henry L. Stimsom, en el que se demostraba que el número de víctimas superaba
considerablemente el publicado. En total, el número de afectados ascendía a 63 fallecidos y
28.595 casos graves de trastornos hepáticos (hepatitis), todo ello como consecuencia de una sola
inyección (finalmente se pusieron 25). Debemos señalar que el informe cubría sólo 6 meses. La
población se quejó de que los médicos estaban matando a más soldados con sus vacunas que el
enemigo con sus armas.
AVISO DE MUERTE
Con el paso de los años, las autoridades gubernativas han aumentado considerablemente el
número de artículos y reportajes en favor de las vacunas. Como muestra de ello, basta señalar un
artículo publicado en el periódico New York Times, cuyo objetivo era embaucar a todo aquel que
no estuviera en guardia. Con la ayuda de estos anuncios propagandísticos, el número de vacunas
utilizadas año tras año aumenta vertiginosamente, sin lugar a dudas, una noticia muy importante
para las industrias farmacológicas.
Durante la última campaña de vacunación de gripe porcina, los promotores recogieron 135
millones de dólares de los contribuyentes. Una suma bastante suculenta, si tenemos en cuenta que
sólo habían utilizado 11 millones en la elaboración de las vacunas. Esto supone un fraude a los
contribuyentes de 124 millones de dólares.
Nuestra Declaración de Independencia reclama que «todos los hombres están dotados por
su creador de algunas derechos intocables entre los que se encuentran la Vida, la Libertad y la
Felicidad.» La vacunación obligatoria viola estos tres derechos.
Blackstone, uno de los legalistas más renombrados en todo el mundo, afirmó: «No hay
leyes que obliguen al ser humano a dañar el cuerpo y a violar la consciencia».
El juez Cooley de la Corte Suprema de los Estados Unidos dijo: «No hay derecho que se
guarde de forma más sagrada y cuidadosa en el derecho consuetudinario que el derecho de todo
individuo a la posesión del control sobre su persona».
Thomas Jefferson, uno de los creadores de la Constitución estadounidense afirmó que «La
libertad es una necesidad esencial, no es un privilegio otorgado por el gobierno, sino un derecho
inherente que poseen todos los hombres». Por tanto, el jefe de gobierno tiene la obligación de
garantizar y hacer que se cumplan los derechos fundamentales y vigilar que éstos no sean violados
y así se evite satisfacer las teorías o dogmas que sean peligrosos y opresivos.
Los gobiernos que respaldan las vacunaciones violan estos derechos fundamentales.
Puesto que todas las vacunas son peligrosas ─e incluso mortales (como lo prueban los casos
judiciales)─, y ya que las vacunas obligatorias son inconstitucionales, cualquier colegio que
solicite algún tipo de vacunación está violando las leyes de nuestro país y la carta de los derechos
fundamentales. Por esta razón, la junta directiva de aquellos colegios que adopten la
obligatoriedad estarán sujetos a las cortes por violación de la ley y por someter a los niños a
intoxicaciones y enfermedades a causa de las vacunas.
Son muchas las ciudades que han logrado la neutralización total de las leyes de
obligatoriedad, después de ejercer una gran presión sobre las autoridades locales. El ejemplo más
significativo se encuentra en los propios Estados Unidos, especialmente en el estado de California,
una de las regiones que cuenta con las leyes más liberales del país. En dicho estado se ha aprobado
una declaración en la que se le da a la gente el derecho a rechazar toda vacuna sin un documento
justificativo del médico y sin sanción de la iglesia.
LA GENTE DEBE ESTAR EN GUARDIA
Los responsables de las vacunas, los departamentos de salud o los propios colegios no
permiten que la ciudadanía conozca en realidad qué es la cláusula de exención. Gracias a esta
maniobra de ocultación, la población todavía cree que las vacunas son obligatorias. La gente debe
estar sobre aviso y reclamar sus derechos a no ser vacunados.
Debe ser firmado por los padres o el tutor y rellenado junto con el director del colegio
tanto público como privado en el que el niño esté matriculado.
La carta debe rellenarse por cada alumno o por la persona que vaya a quedar exenta de la
vacunación. Se pondrá el nombre del alumno o ciudadano en la línea izquierda de la carta para tal
propósito, se firmará y registrará con la persona que el centro autorice tal y como se mencionó
anteriormente.
Fecha
De acuerdo con el proyecto de ley 942, número 3380, que aparece bajo el epígrafe de
EXENCIÓN DE INMUNIZACIÓN, declaro por la presente, que yo como padre (o tutor) y
ejerciendo responsabilidad sobre
Dirección
Teléfono
3380.- Este capítulo decreta que es la intención de la legislatura instaurar: (c) exención de
inmunización (vacunación) por razones médicas o creencias personales.
Solicite a la persona que le vacuna (enfermera, médico, etc.) que firme la garantía de
protección (véase página 20).
Saben que la vacuna es tóxica y por ello, si rechaza firmar, usted tiene el derecho de
impedir cualquier riesgo. Si la persona que le va a vacunar utiliza medios para obligarle, está
violando la ley y puede ser perseguido judicialmente.
GARANTÍA DE VACUNACIÓN
(para ser firmada por el médico)
Yo, el abajo firmante, por la presente garantizo que la vacuna que administro es segura y no
causará ninguna de las siguientes enfermedades parálisis, hepatitis, daños cerebrales
(encefalitis pos-vacuna), ceguera, cáncer la región vacunada, enfermedad renal, etc. o la
muerte. También garantiza que previene de la enfermedad para la que se administra. Si
apareciera cualquier daño físico o mental como resultado de la vacuna que he administrado,
pagaré sin falta a la víctima o a la familia, la indemnización de 1.000.000 de dólares (un
millón de dólares).
(La persona que vacuna tiene que enviar señal y dar fe de que es solvente antes de administrar la
vacuna).
Dirección
Nombre de la clínica (donde se administró la
vacuna)
Paciente
(Nombre y dirección de la persona que recibe de la vacuna)
Recuerde que todas las vacunas causan daño y no protegen de ninguna enfermedad.
Cualquier colegio o autoridad médica que intente obligar a la administración de una vacuna en
niños, soldados o cualquier otro ciudadano, está violando las leyes de su país y puede ser
perseguido judicialmente.
Durante muchos años, los organismos médicos y los fabricantes de vacunas han gozado con
el beneplácito de obtener la obligatoriedad de vacunas para viajar. Sin lugar a dudas, todo un
beneficio para las industrias farmacológicas.
Como todos sabemos (está probado y comprobado), el suero de las vacunas no protege ni
previene ninguna enfermedad, sino todo lo contrario, las vacunas han provocado la aparición de
tumores malignos en el lugar donde fueron administradas. También han sido responsables de
enfermedades tan virulentas como las parálisis, los daños cerebrales, los trastornos renales y los
problemas nerviosos (este tema se trata con mayor profundidad e informes oficiales además de
algunas fotografías en el libro titulado Condena a las vacunas).
Como ya afirmamos, los gérmenes no causan enfermedades. Por esta razón, la utilización
de vacunas sólo intoxica aún más al organismo, originando, con ello, nuevas enfermedades y
trastornos funcionales.
No obstante, los resultados hablan por sí sólo, y el aumento de muertes y afectados como
consecuencia de las vacunas ha originado un sentimiento contra esta práctica de envenenamiento
forzado. Como resultado de toda esta presión, la Organización Mundial de la Salud (OMS) tuvo
que redactar, en su normativa internacional, una cláusula adjunta en el artículo 83 de las Normas
Internacionales de Sanidad.
La cláusula de exención permite a las personas que viajan, entrar y salir de un país sin
vacunación, siempre y cuando los países sean miembros de la OMS.
«Artículo 83: Aquella persona que no pueda elaborar un certificado de vacunación válido y que
rechace la vacunación, puede someterse a vigilancia durante un período máximo de 14 días
desde la fecha de su salida hasta el último lugar que visitó antes de su llegada.»
Esta vigilancia es una medida inútil que tiene origen en la época oscura de ignorancia y
superstición, cuando se creía que las enfermedades eran causadas por gérmenes.
«Artículo 27: La persona bajo vigilancia no estará aislada y podrá moverse con total
libertad. Las autoridades sanitarias podrán requerir su presencia si lo consideran necesario,
siempre en intervalos concertados durante los 14 días de vigilancia. No se le obligará a someterse
a tratamiento, fármacos, drogas, inyecciones o reconocimientos.»
Muchos oficiales de aduana y varias compañías aéreas parecen no estar muy al corriente de
la realidad, por lo que le recomendamos viaje con una copia del informe de la OMS, al menos una
copia del artículo 83, para mostrarlo cuando se les interrogue a cerca de las vacunas. Si un viajero
pasa por una zona de epidemia, le pueden pedir que envíe informes a su departamento de sanidad
local cada cinco días. Esto no sirve de nada porque las enfermedades no son contagiosas, al igual
que no son producidas por gérmenes, virus u otros organismos.
Lleve siempre encima una tarjeta con su nombre y dirección en la que diga que si sufre un
accidente no quiere que le pongan vacunas; especifique también que no quiere transfusiones,
drogas, antibióticos, penicilina o cualquier otro veneno. Ponga el nombre y el teléfono de la
persona con la que contactar en caso de
emergencia.
CARTA ABIERTA AL JUEZ HAAS
Carta elaborada por la doctora Eleanor McBean en el que se especifica el peligro que
contrae la administración de vacunas.
Acabo de recibir noticias de su tribunal contra el Sr Donald Alley, su esposa Marie y sus
seis hijos de edad escolar, porque rechazaron someterse a una intoxicación sanguínea (vacuna),
situación obligatoria en el colegio ubicado en su estado.
Todos los laboratorios admiten, sin reservas, que las vacunas son altamente tóxicas (lo cual
significa muy venenosas). Ni los laboratorios oficiales ni los médicos dan garantía alguna de que
las vacunas sean seguras o efectivas a la hora de controlar una enfermedad. Ahora ustedes quieren
que la población se someta a la vacunación obligatoria.
Casi ningún médico se administra vacunas ni a sí mismos, ni a sus hijos. Ellos ven los
desastres que causan, pero les da igual ya que sólo aprecian el negocio que supone en hospitales y
clínicas. Un día decidí indagar sobre el tema y pregunté a varios médicos por qué insistían tanto
en que la gente se vacunara si además sabían las consecuencias que éstas traían. Todos me
contestaron lo siguiente: «Lo sé, pero aporta muchos beneficios».
Sr juez Haas, lea la carta adjunta que recoge algunos de los casos que el gobierno recoge de
vacunaciones que han provocado enfermedades tales como parálisis, daños cerebrales (encefalitis
pos-vacuna), ceguera, cáncer, esclerosis múltiple, trismo, alergia, trastornos renales, hepatitis,
enfermedades cardiovasculares y la muerte. En mis libros aparecen multitud de casos reales en los
que se manifiestan otras enfermedades secundarias. Asimismo, recogemos el caso de los 63
hombres que murieron a causa de las vacunas administradas en al Boot Camp junto con los
28.585 casos de trastornos renales provocados por la administración de una sola vacuna.
Son muchas las personas que padecen en hospitales militares las consecuencias de la
intoxicación originada por la administración de vacunas. No volverán a caminar, ni tendrán una
vida normal y, lo peor, es que su discapacidad no fue causada por heridas de guerra, ni por armas
del enemigo, sino por vacunas de los médicos.
Las vacunas son un negocio multimillonario. Durante más de treinta años, me he dedicado a
investigar sobre el tema y no he podido encontrar ni una sola prueba científica que mostrara algún
síntoma benigno de ellas. Sin embargo, los laboratorios y los médicos (y también usted, juez
Haas) están apoyando este fraude mortal.
Cuando la gente intenta hacer uso de sus derechos constitucionales y rechaza este ataque,
usted los envía a prisión como si fueran criminales comunes y les amenaza con la cárcel a menos
que acaten las demandas dictatoriales de su gobierno
dominado por el status médico.
¿Acaso son médicos los que aprueban la ley de vacunación obligatoria? Si lo son y
prescriben una medicación masiva con drogas peligrosas (vacunas), incluso sin ver a los
pacientes, eso significa la charlatanería más ruin. No tienen en consideración la sensibilidad
individual a los productos tóxicos que pueden desencadenar un desastre. Con el sólo movimiento
de un dedo, pueden dar la orden de que todos los niños sean envenenados o encarcelados, para ir a
la colegio. Las personas que aprueban esa ley de envenenamiento público no son médicos, ¿qué
derecho tienen a prescribir medicinas? Se les puede calificar de charlatanes que practican la
medicina sin licencia. Sin embargo, a lo largo de mi vida, he conocido a muchas personas que sin
utilizar ningún tipo de fármaco, curaban con éxito a los enfermos, sin licencia médica, pero fueron
enviados a la cárcel al carecer de licencia
Sus jueces deberían estar muy ocupados persiguiendo a los legalistas que han usurpado el
derecho divino sobre la vida y la muerte. Tan sólo la gente puede decidir sobre ellos mismos y no
los legalistas, ni los médicos.
He leído el sumario del caso de la familia de Donald Alley en el cual se les ordena vacunar
a sus hijos (envenenarlos) para que puedan entrar en el colegio.
Si los padres rechazan y desobedecen esta ley por considerarla una violación de sus
libertades y derechos constitucionales, sus leyes se llevarán a los hijos lejos de los padres y les
obligarán a envenenarlos con las vacunas tóxicas; además declararán a los padres incapaces de
cuidar de ellos, enviándoles a prisión.
¿Cómo podemos explicarnos que en pleno siglo veinte existan aberraciones como ésta? Al
parecer, nos encontramos de vuelta en los años oscuros de la Inquisición Española. Obra en mi
poder una carta de un conocido de la familia Alley, en la que se afirma que es una de las familias
más sanas de la comunidad.
Todo el país sigue con interés el transcurso del caso, ya que su intento por revivir la
vacunación obligatoria va en contra de las leyes del país. Algunos países han abolido esta ley, al
considerarla como una medida completamente inútil.
¿Por qué si no, Gran Bretaña suprimió la vacunación obligatoria entre la población civil y
en la militar? Si hubieran aportado algún beneficio, la habrían seguido utilizando ya que fue éste
el país donde Jenner comenzó el juego mortal. Los médicos y los fabricantes de vacunas lo siguen
haciendo desde hace casi 200 años porque sacan beneficio, pero la gente luchó contra esto porque
eran ellos y sus hijos las víctimas sacrificadas.
Desde su aparición en 1795, las vacunas han provocado más muertes que las epidemias. A
la vista de los resultados, podemos afirmar que las vacunas han matado a más personas que la
propia viruela. No en vano, debemos recordar que Edward Jenner administró su primera vacuna
en 1795, período en el que sólo existían algunos casos contados de viruelas. Prometió inmunidad
de por vida, la gente le creyó y se vacunaron; pero pronto se vio que la mayoría de los vacunados
cogieron la enfermedad, incluso más casos que entre los no vacunados y además de una forma
muy virulenta, incluso llegando a la muerte. Las vacunas aumentaron de tal forma la enfermedad
que en el año 1839 se desató la mayor epidemia de la historia, 22.081 personas fallecieron como
consecuencia de la enfermedad, curiosamente todas habían recibido la vacuna.
Ante los hechos, cabe preguntarse por qué el gobierno británico no paralizó esta práctica
mortal en ese momento. Las vacunas eran ─y lo siguen siendo─ un gran negocio, por lo que la
medicina dependía básicamente del gobierno y de la población. Gracias a la propaganda
publicitaria, las personas continúan comprando vacunas, lo que mantienen los hospitales llenos,
aunque, desafortunadamente, los cementerios también se llenan de ataúdes.
Las epidemias causadas por vacunas siguieron aumentando año tras años, hasta que en
1872, alcanzaron la terrible cifra de 44.840 muertes por viruela, todas ellas con previa
¿"protección"? (Si quiere comparar los datos de otros países consulte Condene a las vacunas)
Después de padecer los infortunios provocados por las vacunas, las personas decidieron
iniciar una campaña legal contra el gobierno. Como consecuencia de esta maniobra, el gobierno
decidió dar marcha atrás en su obligatoriedad. Habían comprobado que su administración era todo
un fracaso. En 1948, se abolió la vacunación pbligatoria en Gran Bretaña.
Juez Haas, ¿tiene idea de cómo se hacen las vacunas?, ¿y de los venenos añadidos al suero
tóxico recogido? Todas las vacunas se elaboran a partir de proteínas en descomposición, cuya
administración se convierte en todo un veneno. Además de las proteínas, las vacunas contienen
otras drogas tóxicas como el ácido carbónico (fenol) y otros venenos similares. Si acaso pone en
tela de juicio su naturaleza, compruébelo en cualquier laboratorio de vacunas y pida ver el envase
que viene con la ampolla. ¿De veras cree que todas estas sustancias venenosas pueden inyectarse
directamente en la sangre sin causar ningún daño?
El hecho de que no todas las personas mueran o sufran parálisis no significa que las
vacunas no sean dañinas en el 100% de los casos. Muchas enfermedades mortales crónicas nos
indican, muchos años después, las reacciones tóxicas de las vacunas.
Los médicos no estudian salud, ellos estudian patología. No saben cómo recomponer la
salud o cómo prevenir enfermedades, porque eso no se enseña en las facultades de medicina. Si la
gente quiere salud, le recomiendo que analicen y estudien aquellos libros que se alejan de la
medicina tradicional. Al mismo tiempo, le pido que acudan a verdaderos profesionales de la salud,
aunque son pocos los que alcanzan esta categoría. Pero las personas como usted están intentando,
por todo los medios, acabar con la salud de la población. La vacunación forzada destroza la
inmunidad y sienta las bases para enfermedades crónicas y una muerte prematura.
El origen de las enfermedades no son los gérmenes, los virus o las bacterias y el término
contagioso no existe. Los anticuerpos ─aquellas sustancias que supuestamente combaten los
gérmenes de las enfermedades─ no tienen nada que ver con la prevención de los estados
patológicos. Los antígenos inyectados con las vacunas se convierten en un irritante que evita la
curación y no ayuda a prevenir enfermedades.
Las enfermedades no son sino intentos purificadores de un sistema de curación interna, que
expulsa todas aquellas sustancias y elementos de desecho que interfieren en el perfecto
funcionamiento del organismo. Los resfriados, la fiebre, las vacunas, las erupciones y otros
síntomas que aparecen en las enfermedades infantiles agudas no son ningún factor de
preocupación. Las enfermedades normalmente se curan solas cuando se evitan los medicamentos,
las drogas, los médicos y los tratamientos caseros erróneos. Incluso los alimentos deberían ser
evitados estrictamente durante enfermedades graves como paperas, viruela, difteria, fiebre
tifoidea, tosferina, resfriados, etc.
Al vomitar, el organismo expulsa las sustancias tóxicas presente en el interior del estómago;
la diarrea hace fluir al exterior las toxinas de los intestinos; la tos, los estornudos y mucosidades
eliminan los elementos irritantes de la nariz, garganta y pulmones; por último, con el sudor
(fiebre), el cuerpo humano elimina parte de la orina y otros líquidos residuales a través de los
poros de la piel. Cuando los riñones están congestionados o no funcionan adecuadamente, se
utiliza la piel para eliminar un par de litros de residuos. No hay que administrar fármacos
supresivos ni otros tratamientos para detener estos esfuerzos purificadores, ya que, de lo contrario,
los desechos pueden acumularse en el organismo, provocando así la muerte o la aparición de
enfermedades crónicas.
Si partimos de la base de que la medicina no sabe nada a cerca de la salud ni de las formas
naturales de sanación, comencemos a estudiar las leyes naturales de la salud.
Nuestros enemigos naturales no son los gérmenes, sino los propios médicos y los juicios en
los que se obliga a la población a envenenarse. ¿No es triste todo este asunto? Debería estar
avergonzado de tal conspiración contra las personas.
La gente de mente sana como estas víctimas de la opresión médica deberían encontrarse
protegidos en lo referente a sus derechos constitucionales que dictan «seguridad personal, y el
derecho a la vida, a la libertad y a la persecución de la felicidad». ¿Pueden ser felices cuando se
les envenena o se les envía a prisión por rechazar la dictadura médica que lo que desea es que toda
la gente apoye su fraude?
La teoría de los gérmenes es falsa; incluso Pasteur se dio cuenta y confesó en su lecho de
muerte al profesor Renon, que había pasado la mayoría de su vida buscando las causas de la
enfermedad en la dirección equivocada. Dijo también que sabía que las causas no eran los
microbios y sin embargo toda la estructura médica depende de esta teoría falsa de los gérmenes.
Nunca funcionó y condujo a los médicos por el camino equivocado, alejándose de la salud. Pero
han sabido sacarle provecho. ¿Es esto lo que usted cree que son las bases válidas para una
sentencia de prisión, aplicada a una familia inocente que no ha cometido ningún crimen?
Los médicos no tienen curas seguras para estos trastornos ya que ni siquiera pueden curar
sus propias enfermedades, úlceras, artritis, diabetes, cáncer, desórdenes mentales y nerviosos, etc.
Las únicas personas que cuentan con la preparación necesaria para terminar con estas
enfermedades son los profesionales de la salud. Sin embargo, con medidas como las iniciadas por
su persona, es prácticamente imposible vivir de acuerdo con las leyes de la salud.
¿Acaso sabía que el cáncer es la enfermedad más virulenta y mortal entre la población
menor de quince años?
¿Qué cree usted que causa la esclerosis múltiple? Los médicos dicen no tener conocimiento
de ello, pero la verdad es que ellos no quieren saber y si lo supieran no lo dirían. Yo he tenido
acceso a investigaciones médicas que demuestran como las vacunas producen esclerosis múltiple.
¿Qué cree usted que causa los daños cerebrales en niños? La encefalitis pos-vacuna
(inflamación del cerebro) es un efecto normal tras las vacunas. Si las autoridades se decidieran por
eliminar las vacunas obligatorias y evitaran la comercialización de comidas nocivas,
prevendríamos el aumento de enfermedades mentales.
Juez Haas, ¿cómo puede usted obligar a una familia sana y feliz consumir un veneno tan
nocivo y peligroso?
Aún cuando las vacunas hicieran algún bien (cosa que no hacen), debemos recordar que las
personas sanas no tendrían porque consumirlas, puesto que sus hábitos de vida impiden la
aparición de cualquier enfermedad.
Si las vacunas fueran tan maravillosas como afirman, ¿por qué obligar a las personas? Si
fueran beneficiosas, la gente haría colas, pero casi todos saben los daños que produce; ésta no es
sólo mi opinión personal, hay muchos casos judiciales que lo prueban.
La intoxicación orgánica provoca cada una de las enfermedades. Los gérmenes son parte
natural de la célula y ayudan a su mantenimiento, al mismo tiempo que descomponen las células
muertas que quedan como sustancias útiles. Las sustancias que destruyen los gérmenes y los
insecticidas hacen mas daño que otra cosa por que contienen venenos peligrosos.
Probablemente, se preguntará sobre las causas que originaron el descenso de las epidemias.
Sin lugar a dudas, este descenso va relacionado con las reformas de las medidas sanitarias: las
mejoras infraestructurales (alcantarillado y sistemas de agua potable), nutricionales y el
encauzamiento hacia unas formas de salud naturales. Estas son las causas y no las vacunas. La
única enfermedad que continuó incrementando fue la viruela, hasta que se abolió la vacunación
obligatoria, momento en que inició su fase descendente. Los únicos países que aún poseen algún
que otro brote de viruela son los que todavía obligan a vacunarse: Italia, Egipto, Japón y Méjico.
Si estas plagas fueran contagiosas, todavía padeceríamos las consecuencias; sin embargo, sabemos
que su origen se halla en la intoxicación orgánica, por lo que el progreso han contribuido a su
eliminación.
¿No es cierto que debe existir algún problema en las mentes de aquellos, que aún creyendo
en la funcionalidad de las vacunas, temen enviar a prisión a personas sanas y saludables? ¿Si sus
propias vacunas no les protegen de las personas sanas que no se han vacunado, cómo pueden
protegerles de las enfermedades?
Como juez que es, debería informarse de los hechos antes de abrir un sumario. Me pregunto
si conoce las últimas normas emitidas por las máximas autoridades del país en temas de salud el
Health Education and Welfare, el Public Health Service y el Centro de Control y Prevención de
Enfermedades. Estos organismos emitieron un informe en 1977 con el título de Guía para los
padres sobre la inmunización de la infancia. En la página quinta aparece un párrafo donde se
advierte a los padres: «Está en sus manos vacunar o no a su hijo».
Ya ve usted, juez Haas, las máximas autoridades afirman, con bastante claridad, que las
vacunas no son obligatorias. Depende de los padre. Los 3 billones de dólares en daños por las
parálisis, muertes y otros efectos posteriores, tras la vacunación de gripe porcina del año pasado
han probado que las vacunas son peligrosas y mortales y que no deben ser obligatorias.
Después de comprobarse que las vacunas son, en muchos aspectos, dañinas para el cuerpo
humano, ¿por qué quiere volver a la época oscura e imponer la muerte a niños sanos? Debería
hacer todo lo contrario, apoyarles en el intento por evitar esa intoxicación en masa y además
mantener una buena salud a través de sus pensamientos y sus completos programas de salud. Las
personas que habitan en su estado gozarían de un perfecto estado de salud si siguieran el ejemplo
de ésta. Quizá no le hayan dicho que no tiene ningún derecho a castigar y encarcelar a nadie por
querer ser sanos. ¿Cómo puede esto dañar a nadie?
Debe haber algo oculto y siniestro en el interés de los estados, colegios y organismos
públicos al atacar a familias que están sanas y rechazan venenos médicos.
En 200 años, nuestro país cuenta con una de las poblaciones más insalubres del planeta,
principalmente por la mala alimentación.
Apuntábamos a ser uno de los más sanos, pero ahora el 92% de la población se encuentra
mal. ¿No es la gente como usted la que hace que sea ilegal la buena salud?
Al negar los derechos constitucionales, se condena a sí mismo.
Juez Haas, estoy seguro de que conoce la Constitución de los Estados Unidos y la
Declaración de Derechos Fundamentales. ¿Ha olvidado usted su Juramento Oficial en el que
apoya la Constitución? Para refrescarle la memoria, echemos un vistazo a las promesas que se nos
hicieron en la Constitución:
El artículo 14 garantiza que: «ningún estado hará o impondrá ley alguna que perjudique los
privilegios o inmunidades de los ciudadanos de los Estados Unidos, ni tampoco privará de
libertad o propiedad sin el consecuente proceso legal, ni negará a persona alguna dentro de
su jurisdicción la protección igualitaria legal».
Blackstone: «No puede existir ninguna ley que obligue al ser humano, ya que esto supondría un
ataque al cuerpo y una violación de la consciencia».
Juez Cooley: «No hay derecho que se forme de forma más sagrada y cuidadosa en el derecho
consuetudinario que el derecho de todo individuo a la posesión del control sobre su
persona».
Thomas Jefferson: «La libertad es una necesidad esencial, no es un privilegio donado por
un gobierno, sino que es un derecho inherente que poseen todos los hombres».
Los padres de los niños estarían justificados si le llevaran a juicio a usted, al colegio, a los
médicos y a los legisladores. El mínimo de indemnización que los padres deberían reclamar por
cada niño sería de un millón de dólares. Además deberían celebrarse juicios separados por cada
uno de los promotores de vacunas. De forma que si esta carta circula por todo el país y se recogen
fondos de ayuda financieras, podremos demandar a cada uno de los fabricantes. Si se realizaran
juicios contra este hecho, las industrias interesadas tendrían que declararse en bancarrota y
cesarían los crímenes. Podemos probar que mucha gente inocente muere cada día y la razón es
sólo dinero. De igual forma que se consiguió en Gran Bretaña, podemos hacerlo en nuestro país,
lo único que necesitamos son algunas acciones drásticas.
Sé que usted,juez Haas, puede quedarse detrás de su oficina diciendo que no es culpable
porque sólo es un juez que interpreta las leyes y no las hace. Pero usted es culpable desde el
momento en que toma parte en lo que llama justicia y condena a una familia valiente que tiene que
elegir entre la prisión o la muerte por envenenamiento; usted está usando su autoridad para
respaldar una ley hecha por corruptos a los que no les importa la salud y los derechos legales de la
gente.
Si condena el tipo de vida sana de esta familia sólo porque ejercen sus derechos
constitucionales de elegir la forma de vida que es buena para ellos, está echando piedras sobre su
propio tejado y recibirá el reproche y la condena de todas las personas razonables del mundo que
conozcan el caso y de muchos otros que lo conocerán. Lo constataré.
Eleanor McBean
P.D. Si desea comprobar mis palabras, consulte algunos de mis libros, donde encontrará informes
médicos, boletines del gobierno, etc.
A:
Los jueces (que aprueban los juicios contra gente inocente que rechaza las vacunas)
Los presidentes de los países (que dan fondos públicos para en envenenamiento en masa)
Los congresos (que votan por la aprobación del envenenamiento público)
Ustedes, envenenadores públicos, han tenido tiempo suficiente para darse cuenta de su
culpabilidad y parar este juego criminal, pero no han querido hacerlo; la gente puede ver que
depende de ellos lo que hagan para que paren de hacerle daño a sus hijos.
Gran Bretaña y otros países han acabado ya con el crimen fraudulento de la vacunación
obligatoria, todo ello gracias a los juicios millonarios. Si ellos pueden nosotros también podemos.
Los laboratorios de vacunas admiten que las vacunas son altamente tóxicas, por esta
razón niegan conceder ninguna garantía de funcionalidad. Miles de informes
gubernamentales, médicos y judiciales prueban que las vacunas causan enfermedades
graves y la muerte.
¿Por qué se supone que la gente debería arriesgarse, mientras los médicos obtienen los
beneficios?
EL VEREDICTO
A pesar las numerosas protestas, teorías y pruebas contra la vacunación, el Juez Haas
aprobó el caso contra la familia Alley y obligó la vacunación de sus hijos. Al emitir esta sentencia,
condenó a todos los niños del Estado de Mississipi a una contaminación obligada, lo que provocó
algunos casos de parálisis e incluso la muerte. Fue un duro golpe contra la salud ya que ésta no
puede existir en un cuerpo envenenado.
19 de octubre de 1978
Usted les negó sus derechos civiles y garantías constitucionales, todo para respaldar el
fraude de las vacunas.
La educación pública se sostiene gracias a los contribuyentes por lo que los niños tienen
derecho a una escolarización hasta los 18 años, y esta ley federal no está condicionada a las
vacunas o a ninguna otra forma de tiranía médica.
Las máximas autoridades sanitarias del país emitieron una norma en 1977 en la que se
afirmaba que no existía ley de vacunación obligatoria en este país.
Usted puede leer las palabras exactas en su folleto oficial sobre vacunaciones titulado: Guía
para los padres
acerca de la inmunización en la infancia. En la página 5 se afirma lo siguiente: "La decisión de
vacunar a sus hijos es suya y sólo suya."
Esta decisión no la pueden tomar los jueces ni los colegios, únicamente los padres. Juez
Haas, debería usted saber todo esto antes de condenar a inocentes a sufrir todas esas enfermedades
que mencioné en la carta anterior.
Por todos los daños provocados a los niños ─dolores, fiebre y otros síntomas─, usted está en
deuda con la familia Owe y debe pagar como mínimo 1.000 dólares por cada niño que usted ha
envenenado.
Además tendrá que hacer frente a un juicio multimillonario por daños y perjuicios por
inducir y obligar a realizar ese esquema de envenenamiento masivo en su estado.
Eleanor McBean
INVESTIGACIÓN ABIERTA PARA ESCLARECER LAS
MUERTES POR VACUNAS
Hasta la fecha (octubre de 1964), obran en mi poder 85 casos de meningitis (14 de los
cuales murieron) en Fort Ord. Esta cifra no hace más que aumentar los 250 casos que han tenido
lugar en nuestra ciudad durante los últimos tres años en Fort Ord. Aunque se han realizado varias
investigaciones al respecto, no sabemos nada sobre las causas que originaron este brote
epidémico. A pesar del hermetismo que rodea al caso, debemos señalar que las causas no son
gérmenes, ni el contagio ni la exposición a las enfermedades. Si no son contagiosas la cuarentena
no sirve de nada. Esta dirección es la equivocada.
He dedicado los últimos veinte años de mi vida a investigar y escribir libros sobre la salud y
los problemas sociales, y he descubierto algunos datos impresionantes en los que se demuestra
que las autoridades gubernamentales, militares y sanitarias saben que las vacunas son muy nocivas
para el ser humano. Sin embargo, estas pruebas han sido eliminadas.
A pesar de los muchos fallos que rodean su existencia, lo cierto es que la vacuna se ha
extendido por todo el planeta a una velocidad sorprendente. La razón es evidente, las industrias
farmacológicas poseen el control de los gobiernos y los medios de comunicación, las dos
herramientas básicas para potenciar su negocio.
Las enfermedades fueron desapareciendo poco a poco como consecuencia de las mejoras
nutritivas e higiénicas, no gracias a las vacunas. Pero los grupos interesados relacionaron el hecho,
para así aumentar sus beneficios.
Cualquiera con un poco de sentido común puede darse cuenta de que las vacunas no tienen
nada que ver con la prevención, cura o control de las enfermedades. Tan sólo hay que echar un
vistazo a la composición de las vacunas: drogas tóxicas, pus podrida de animales enfermos, para
descubrir su naturaleza nociva.
Las vacunas son altamente tóxicas, pero, paradójicamente, la propaganda promete una
inmunidad generada por la creación de anticuerpos en el interior del organismo. Esta teoría falsa
nunca ha funcionado en la práctica.
La teoría de los anticuerpos es tan obsoleta y errónea como la práctica de las efusiones
sanguíneas. Los gérmenes, las bacterias o los virus no son los causantes de las enfermedades, por
lo que las medidas contra estos no son efectivas a la hora de prevenir o curar enfermedades. Los
gérmenes además, no son enemigos o extraños en el organismo que se encargan de atacarnos, son
simplemente parte inherente y necesaria de la célula viviente. No se manifiestan como gérmenes
hasta un momento concreto de desarrollo o cambio de la célula y es entonces cuando como parte
activa, transforman la célula debilitada en otra forma útil.
Después de analizar todos los datos recogidos, descubrí bastante información procedente de
agencias gubernativas, militares, sanitarias y científicas. Estos documentos revelan el carácter
tóxico y nocivo de las vacunas.
«Durante los cinco últimos daños, he analizado más de 500 casos de personas gravemente
afectadas por las vacunas. Las víctimas murieron de enfermedades tan conocidas como la
hepatitis, la encefalitis pos-vacuna, convulsiones, el trismo, las eripselas, la polio, la
meningitis, la parálisis infantil, la viruela o la sífilis, enfermedades que poseen vacunas.»
Los informes médicos han demostrado que la sífilis puede aparecer como consecuencia de
la vacuna contra la viruela.
El diario de ámbito local, Boston Herald, publicó una lista con los nombres y direcciones
de 47 soldados que fueron asesinados cuando sólo llevaban un mes en el ejército. Los datos
provenían de los informes oficiales del campamento Merrit, en San Francisco, del campamento
Mulntauk y de tropas estacionadas en Manila.
MUERTES EN EL CUARTEL
No son muchos los soldados que pueden resistirse a la vacunación, sobre todo teniendo en
cuenta la fuerza empleada por los policías militares.
Después de analizar brevemente los datos, podemos afirmar que existen muchos casos de
militares que sucumben directamente en la misma sala de vacunación y otros sólo aguantan hasta
salir de pabellón. Muchos tienen que ser hospitalizados de por vida o enviados a casa con
minusvalías y deficiencias mentales, todo esto antes del primer día de batalla.
Hace tiempo hablé con un soldado que se encargaba de recoger los cuerpos de los
compañeros vacunados. Algunos testigos presenciales afirman que el número de bajas es mayor
como consecuencia directa de las vacunaciones que por culpa de los disparos enemigos.
Los padres nunca saben la verdad, ya que el informe médico dice que murieron como
consecuencia de un germen o un accidente.
A pesar del desastre en Fort Ord, no se ha dicho ni una palabra contra las vacunas. A la
mayoría de la gente se le ha hecho un lavado de cerebro y se le ha convencido para que crean que
las vacunas no hacen daño.
Todos los hombres gozaban de buena salud antes de someterse a la vacunación, pero tras
las inyecciones se vinieron abajo y enfermaron.
El porcentaje de enfermedad era cuatro veces más elevado entre los hombres vacunados
que entre los 4F y otros civiles no vacunados. Nadie había oído hablar de los veteranos
paralizados hasta el momento de la vacunación forzada. A veces les vemos intentando jugar a la
pelota en silla de ruedas. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué están así? ¿Cree que su parálisis es
consecuencia de la guerra? Nadie lo ha comprobado. ¿Por qué no investigan?
Hace tiempo, la prensa se hizo eco del caso de los siete hombres que cayeron muertos en la
sala de vacunación del Campamento Militar de Birmingham.
Un editor me pidió investigar el caso, pero cuando me personalicé en el lugar de los hechos,
nadie parecía recordar nada. Ante la negativa, decidí analizar profundamente el informe emitido
por el Ministro de Defensa, Henry L. Stimson. Para mi sorpresa, averigüé que el número de
afectados era de 63 muertes y 28.585 casos de hepatitis, todos ellos como resultado directo de las
vacunas de fiebre amarilla. Este informe cubría sólo 6 meses de guerra y la vacuna de fiebre
amarilla fue una de las 25 que se administraron a los soldados. Todas estas vacunas ocasionaron
trastornos secundarios.
GRAN BRETAÑA, 3.953 SOLDADOS VACUNADOS DESARROLLARON
LA VIRUELA, 391 MURIERON
Probablemente me tachen de oportunista por escribir esta carta, pero es cuestión de vida o
muerte, puesto que tengo una información que no es fácil conseguir. Si el negocio de las vacunas
no se para, puede que la gente se revele y pidan indemnizaciones por daños al gobierno tal y como
sucedió en Gran Bretaña, donde después de 200 años, consiguieron abolir la ley de vacunación
obligatoria. Uno de los informes más terribles y reveladores fue el del Cirujano Nash, quien reveló
que 3.953 soldados británicos vacunados y revacunados desarrollaron viruelas, de los cuales 391
murieron.
El doctor Nash creía firmemente en las vacunas, pero no pudo dar una respuesta a los
padres cuando le preguntaron: «Si las vacunas protegen contra la viruela y todos los hombres
están vacunados, ¿por qué no lo estaban nuestros hijos?» La vacunación ha sido siempre un
trágico error, pero el círculo vicioso existente alrededor (dependencia militar, beneficios
cuantiosos) no ha permitido su erradicación.
LA SÍFILIS, RESULTADO DIRECTO DE LAS VACUNAS DE VIRUELA.
Esta enfermedad tiene un porcentaje muy alto de incidencia en países con vacunación, a
pesar de los numerosos fármacos que se utilizan para combatirla. También se observa que hay
muchos casos de esta enfermedad en los hombres que hacen el servicio militar, aunque antes de
las vacunas fueran chicos muy "limpios".
En abril de 1941, en el Naval Medical Bulletin, el Capitán G.E. Thomas puso el ejemplo de
un caso típico para ilustrar este hecho: un soldado que tras dar negativo en las pruebas de Kahn al
llegar al campamento, dio tras las vacunaciones no sólo positivo en las pruebas de Kahn, sino
también en las de Warremann (era sifilítica).
Gobernador Brown, usted está al frente de uno de los estados más ricos y con más
criminales de la unión. La vacunación es un crimen peor que la administración de drogas, porque
da a los que la suministran el derecho a causar la muerte de los inocentes: niños de edad escolar,
bebés y padres confiados. Engañan y matan a nuestro soldados, lo mejor de nuestro jóvenes.
Si está interesado en nuestra lucha, por favor comience una investigación sobre el fraude
que suponen las vacunas. No sirve de nada llevar el asunto al Departamento de Sanidad, nunca
admitirán estar implicados en el asunto. Debemos ser honestos, independientes e investigadores
competentes.
Atentamente,
Eleanor McBean, Doctor en Filosofía
COMO MATAR AL DRAGÓN DE LAS VACUNAS
La carta que sigue aparece publicada en la revista del doctor Shelton, Hygienic Review
Espero que el negocio de las vacunaciones termine rápidamente y que llegue el final de las
vacunas, aunque algunos sólo dicen que es imposible que esto suceda. He trabajado muy duro por
ello durante 30 años y usted lo ha hecho antes; también otros han escrito libros sobre el tema.
Hasta ahora se ha expuesto gran cantidad de información sobre la corrupción y de esta forma la
gente puede saber la verdad, quizá también quieran unirse a la lucha.
Me han escrito muchas personas pidiendo ayuda contra las vacunas obligatorias en los
colegios, tengo tantas cartas que apenas tengo tiempo para contestarlas, por ello estoy escribiendo
un libro titulado Condena a las vacunas. Pero para contestar más rápido aquellas preguntas más
urgentes he escrito: Las vacunas no nos protegen. Le envío uno para usted.
Cuento el caso de una familia higienista de Mississippi que fue perseguida por el juez Haas
al no querer someterse a las vacunas obligatorias para sus hijos. La familia no tenía dinero para
pagarse un abogado de prestigio, así que recibieron asistencia de un abogado de oficio. Sin
embargo, éste tuvo que dejar el caso cuando el juez Haas le recriminó por su actuación.
Posteriormente, solicitaron asistencia a un abogado de las Libertades Civiles, que también dejó el
caso. El gran poder económico no podía permitir que una persona se revelara contra sus interese.
Finalmente, el juez Haas obligó la vacunación de los niños y amenazó a los padres con quitarle la
patria potestad, si continuaba con su negativa. El final es triste y suena como lo que podía suceder
en las películas de terror de épocas oscuras, pero ocurrió en noviembre de 1978 en Mississippi
donde el dominio de los estratos médicos es muy fuerte. Esta es la clase de injusticia brutal y
peligrosa que debemos evitar.
Un hombre de Arkansas está luchando por conseguir una cláusula de exención en la ley de
vacunación obligatoria de su estado. Escribí una nueva ley de vacunación para cuando el caso
salga en enero. No es una ley firme, es tan sólo el concepto de lo que debería mejorarse en las
leyes actuales de varios estados. Saldrá una copia en mi nuevo libro Condena a las vacunas.
Escribí a los gobernadores de 50 estados, 51 con Puerto Rico, pero todos parecen estar a favor de
las vacunas, en detrimento de la salud humana. Sólo ven la parte comercial del asunto y no les
importa la salud de la gente, excepto en Idaho, Wyoming y California.
Pero seguro que las organizaciones sanitarias no pensaron en las personas cuando
decidieron poner fin a la vacunación obligatoria.
Todo sucedió en 1977, cuando la vacuna de la gripe porcina mató y paralizó a mucha gente.
Se tuvieron que pagar, en conceptos de indemnizaciones, más de 6 mil millones de dólares, de los
cuales, 135.000 millones fueron embolsados por las industrias farmacológicas. Antes de que se
contabilizaran los daños y las muertes, la cifra rondaba los 5 mil millones. Querían solucionar ese
gasto multimillonario así es que rápidamente escribieron el folleto, dejando toda la
responsabilidad en manos de los padres. En caso de acusaciones se remiten a la página 5 que dice:
«nosotros no somos culpables, es a los padres a los que hay que culpar y también a la gente ya que
cuando les dimos la oportunidad de elegir, ellos eligieron las vacunas».
La gente sigue eligiendo las vacunas porque nadie les ha dicho que ha habido cambios en la
ley; e incluso se sigue diciendo en los departamentos de salud que para la admisión de los niños en
los colegios la vacunación es obligatoria y también para los bebés. Dr. Shelton le envío una copia
del «Gran Cambio» que aparece en la página 5 . Puede conseguir copias gratis en sus
departamentos de salud, pero no las dan a menos que la gente las pidan y como la gente no saben
que existen, no las piden. Use la información como crea más conveniente.
Atentamente,
Eleanor McBean
EPÍLOGO
«No hay más ciego que aquel que no quiere ver» y quizá haya algunos que rechacen la
información que aparece en este folleto porque no estén de acuerdo con las pautas de la medicina.
Sabemos que muchos médicos dirán que mis palabras no son verdad, pero no por ello dejaremos
de luchar.
Por otro lado, están aquellos que creen que la verdad les hará libres. Esta verdad, que se
halla en el interior de sus páginas, le liberará de la tiranía de los médicos que ha retrasado el
progreso de la salud en este país durante un siglo.
En este pequeño libro se han intentado solventar las dudas más importantes sobre el tema
porque es difícil cubrir toda la información en tan poco espacio; pero al menos habrá quedado
claro el modo de proceder de los ámbitos médicos.
También estos últimos necesitan de la información que aquí se detalla, además de la masa
desconocedora del tema de los peligros de las vacunas y los datos más recientes sobre la salud y
cómo mantenerla.
Si alguien cree que esta información no es suficiente, esperen a que salga mi próximo libro
de 400 páginas titulado Condena a las vacunas que ya se está imprimiendo. Se encontrarán aquí
con información ampliada sobre este tema el cual conlleva,
sin duda, mucha controversia.
Había pensado sacar a la luz este libro muchos meses antes, sin embargo ha habido muchos
obstáculos en el camino, el último de ellos fue productivo porque supuso muchos
descubrimientos.
Y datos importantes sobre la vacunas lo cual hará el libro más interesante. La nueva información
servirá para verificar datos y organizarlo bien en diferentes capítulos. El trabajo supondrá muchos
meses de esfuerzo, quizás para julio de 1980. Está destinado a salvar muchas vidas si la gente lo
lee y siguen sus enseñanzas.
El Autor