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Brígida Silva de Ochoa

Brígida Silva de Ochoa fue una patriota peruana que ayudó a los revolucionarios encarcelados durante la lucha por la independencia del Perú, arriesgando su seguridad para transmitir mensajes y suministros. Más tarde fue reconocida oficialmente por sus contribuciones a la causa independentista.
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Brígida Silva de Ochoa

Brígida Silva de Ochoa fue una patriota peruana que ayudó a los revolucionarios encarcelados durante la lucha por la independencia del Perú, arriesgando su seguridad para transmitir mensajes y suministros. Más tarde fue reconocida oficialmente por sus contribuciones a la causa independentista.
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Brígida Silva de Ochoa (1767-1840)

Doña Brígida Silva compartía el probado patriotismo de toda su familia. En 1785, a los 18 años,
se casó con el caballero cusqueño Francisco Ochoa Camargo, a quien imbuyó su amor patrio;
de tal manera que alentó los auxilios que su esposa brindaba a cuantos cayeron en prisión
durante la lucha por la libertad.

Prestó especial protección a los patriotas enviados presos a España, por su complicidad en el
frustrado levantamiento de Aguilar y Ubalde en el Cusco.

Cuando fracasaron los planes de su hermano Mateo para formar una Junta de Gobierno,
pretendiendo anular la autoridad de Abascal, ella fue quien sirvió de intermedio para llevar y
traer las comunicaciones entre los patriotas, situados en las inmediaciones de la capital, para
que estuvieran al tanto de los movimientos de los realistas que se aprestaban para el combate.

Esta labor patriótica era tanto más difícil en aquellos días, cuanto que, como es sabido, el
virrey Abascal imprimió severa vigilancia en su ya tambaleante dominio virreinal y se daba
maña para descubrir la más mínima labor libertaria.

Pero nuestra heroína tenía entrada en todas partes, porque nadie se atrevía a sospechar de
ella, por lo mismo que el mayor de sus hijos, Manuel Ochoa, prestaba sus servicios como oficial
del cuerpo de artillería, acuartelado en Santa Catalina, al servicio del rey. Esta circunstancia la
hacía insospechable y se le permitía la entrada franca al cuartel donde estaba prisionero su
hermano, el coronel don Remigio Silva. Fue así como los patriotas tenían una noticia diaria de
cuanto se disponía para sofocar el anhelo de libertad. Ello contribuyó a que los jefes de la
escuadra optaran por un movimiento rápido que contribuyó a la victoria de Maipú.

Ella solo fue el enlace entre los patriotas y el coronel Torres en 1807; ella fue la que facilitó la
evasión del párroco de Sica, José Medina, después del fracaso de los sucesos del Alto Perú, por
lo que fue conducido a prisión su hijo menor, José Ochoa que, de la misma calidad espartana
de su madre, no declaró el lugar donde se ocultaba su hermano José María Ochoa y los
hermanos de doña Brígida; y en 1810, ella transmitió la palabra de orden a Anchoris y al cura
Tagle.

Este último, refiriéndose al patriotismo de doña Brígida decía:“Ojalá todas las de su sexo
hubieran coadyuvado como ella a formar la opinión pública, el patriotismo acendrado y el odio
profundo a la tiranía”.

Ofrendó a su patria los más eficaces servicios, sirviendo a aquellos que, encerrados en oscuras
prisiones e inmundos calabozos, esperaban que alumbre el sol de la libertad para que se
abrieran las rejas que los guardaban. Sacrificó el último centavo de su fortuna en proporcionar
víveres y vestidos a los prisioneros.

Declarada la Independencia, la junta de Purificación, declaró que doña Brígida Silva de Ochoa
había prestado grandes servicios a la causa de la Patria. Y por decreto del 11 de diciembre de
1822, firmado por el general José de San Martín, fue declarada patriota, concediéndole el
diploma consiguiente y la divisa del patriotismo.

Falleció en Lima a los 83 años después de una ancianidad gloriosa, pero dolida por su situación
económica, pues se le había concedido una pensión de 30 pesos que nunca fue pagada con
puntualidad.

El Ministerio de Educación ha hecho justicia a su memoria. El Colegio Nacional de Mujeres de


Chorrillos que lleva su nombre es el monumento perdurable de su gloria.

Brígida Silva de Ochoa (1767-1840)
Doña Brígida Silva compartía el probado patriotismo de toda su familia. En 1785, a los 18
abrieran las rejas que los guardaban. Sacrificó el último centavo de su fortuna en proporcionar 
víveres y vestidos a los pri

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