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Conflictos de Honor y Deseo en Yerma

Este documento presenta un diálogo entre Juan y Yerma, un matrimonio que no ha podido tener hijos. Juan le dice a Yerma que nunca ha pensado en tener hijos y que no le importa su deseo de ser madre. Esto lleva a Yerma a estrangular a Juan en un ataque de ira y desesperación. Luego tiene una conversación con Víctor, en la que expresa su soledad y deseo frustrado de ser madre.

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Conflictos de Honor y Deseo en Yerma

Este documento presenta un diálogo entre Juan y Yerma, un matrimonio que no ha podido tener hijos. Juan le dice a Yerma que nunca ha pensado en tener hijos y que no le importa su deseo de ser madre. Esto lleva a Yerma a estrangular a Juan en un ataque de ira y desesperación. Luego tiene una conversación con Víctor, en la que expresa su soledad y deseo frustrado de ser madre.

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VI) FRAN, DANIELA, CHAYMAE, CHRISTIAN, ÈRICA, LUCÍA y MARIA

JUAN
¿Qué haces en este sitio? Si pudiera dar voces levantaría a todo el pueblo para que viera dónde iba la
honra de mi casa; pero he de ahogarlo todo y callarme porque eres mi mujer.
Me engañas, me envuelves y cono soy un hombre que trabaja la tierra no tengo ideas para tus astucias.
Y no puedo más. Porque se necesita ser de bronce para ver a tu lado una mujer que te quiere meter los
dedos dentro del corazón y que sale de noche fuera de su casa, ¿en busca de qué? ¡Dime! ¿buscando
qué? Las calles están llenas de machos. En las calles no hay flores que cortar.

YERMA
No te dejo hablar ni una sola palabra. Ni una más. Te figuras tú y tu gente que sois los únicos que
guardáis honra, y no sabes que mi casta no ha tenido nunca nada que ocultar. Anda. Acércate a mí y
huele mis vestidos; ¡Acércate! A ver dónde encuentras un olor que no sea el tuyo, que no sea de tu
cuerpo. Me pones desnuda en mitad de la plaza y me escupes. Haz conmigo lo que quieras, que soy tu
mujer, pero guárdate de poner nombre de varón sobre mis pechos.

JUAN
No soy yo quien lo pone, lo pones tú con tu conducta y el pueblo lo empieza a decir. Lo empieza a
decir claramente. Cuando llego a un corro, todos callan; cuando voy a pesar la harina, todos callan, y
hasta de noche, en el campo, cuando despierto me parece que también se callan las ramas de los
árboles.
No sé yo lo que busca una mujer a todas horas fuera de su tejado.

YERMA
Te busco a ti. Te busco a ti, es a ti a quien busco día y noche sin encontrar sombra donde respirar. Es
tu sombra y tu amparo lo que deseo.

JUAN
Apártate.

YERMA
No me apartes y quiere conmigo.

JUAN
Quita.

YERMA
Mira que me quedo sola. Como si la luna se buscara a ella misma en el cielo. ¡Mírame!

JUAN
Déjame de una vez!

YERMA
Cuando salía por mis claveles me tropecé con el muro. ¡Ay! ¡Ay! Es en ese muro dónde tengo que
estrellar mi cabeza.

JUAN
¡Calla!

YERMA
Déjame libre siquiera la voz, ahora que voy entrando en lo más profundo del pozo.

JUAN
¡Calla, he dicho!

YERMA
Deja que de mi cuerpo salga siquiera esta cosa hermosa y que llene el aire.

JUAN
Silencio.

YERMA
¡Eso! ¡Eso! Silencio.
¡Ya está! ¡Ya está!
¡Y es inútil que me retuerza las manos! Una cosa es querer con la cabeza…

JUAN
Calla.

YERMA
Una cosa es querer con la cabeza y otra cosa es que el cuerpo, ¡maldito sea el cuerpo!, no nos
responda.
¡Ya está! ¡Que mi boca se quede muda!.
VII) GERARD, YOR, JORDI, MONTSE, MÓNICA y VESI

YERMA
¡Marchita, sí, ya lo sé!
¡Marchita!
¡No es preciso que me lo refrieguen por la boca!
Desde que me casé estoy dándole vueltas a esa palabra, pero es la primera vez que la oigo, la primera
vez que me la dicen a la cara. La primera vez que veo que es verdad.

(escucha un ruido)

¿Juan, Juan? ¿Estabas ahí?

JUAN
Estaba.

YERMA
¿Acechando?

JUAN
Acechando.

YERMA
¿Y has oído?

JUAN
Sí.

YERMA
¿Y qué? Déjame y vete a los cantos.

JUAN
También es hora de que yo hable.

YERMA
¡Habla!

JUAN
Y que me queje.

YERMA
¿Con qué motivos?

JUAN
Que tengo el amargor en la garganta.

YERMA
Y yo en los huesos.

JUAN
Ha llegado el último minuto de resistir este continuo lamento por cosas oscuras, fuera de la vida, por
cosas que están en el aire.

YERMA
¿Fuera de la vida, dices? ¿En el aire, dices?

JUAN
Por cosas que no han pasado y ni tú ni yo dirigimos.

YERMA
¡Sigue! ¡Sigue!

JUAN
Por cosas que a mí no me importan. ¿Lo oyes?
Que a mí no me importan. Ya es necesario que te lo diga.
A mí me importa lo que tengo entre las manos. Lo que veo por mis ojos.

YERMA
Así, así. Eso es lo que yo quería oír de tus labios. No se siente la verdad cuando está dentro de una
misma, pero, ¡Qué grande y cómo grita cuando se pone fuera y levanta los brazos! ¡No te importa! ¡Ya
lo he oído!

JUAN
Piensa que tenía que pasar así. Óyeme. Muchas mujeres serían felices de llevar tu vida. Sin hijos es la
vida más dulce. Yo soy feliz no teniéndolos. No tenemos culpa ninguna.

YERMA
¿Y qué buscabas en mí?

JUAN
A ti misma.

YERMA
Eso. ¡Buscabas la casa, la tranquilidad y una mujer! Pero nada más. ¿Es verdad lo que digo?

JUAN
Es verdad. Como todos.

YERMA
¿Y lo demás? ¿Y tu hijo?

JUAN
¿No oyes que no me importa? ¡No me preguntes más! ¡Que te lo tengo que gritar al oído para que lo
sepas, a ver si de una vez vives ya tranquila!
YERMA
¿Y nunca has pensado en él cuando me has visto desearlo?

JUAN
Nunca.

YERMA
¿Y no podré esperarlo?

JUAN
No.

YERMA
¿Ni tú?

JUAN
Ni yo tampoco. Resígnate.

YERMA
¡Marchita!

JUAN
Y a vivir en paz. Uno y otro, con suavidad, con agrado.
¡Abrázame!

YERMA
¿Qué buscas?

JUAN
A ti busco. Con la luna estás hermosa.

YERMA
Me buscas como cuando te quieres comer una paloma.

JUAN
Bésame… Así…

YERMA
Eso nunca. Nunca.
(Yerma da un grito y aprieta la garganta de su esposo, que cae hacia atrás. Le aprieta hasta matarle)
Marchita. Marchita, pero segura. Ahora sí que lo sé de cierto. Y sola. Voy a descansar sin despertarme
sobresaltada, para ver si la sangre me anuncia otra sangre nueva. Con el cuerpo seco para siempre.
¿Qué queréis saber? No os acerquéis, porque he matado a mi hijo, yo misma he matado a mi hijo!
VIII) LUCAS, CARLA, FERRAN, AINA, VERA y NEREA

VÍCTOR
¿Está Juan?

YERMA
Si. Siéntate.

VÍCTOR
Estoy bien así.

YERMA
¡Juan!

VÍCTOR
Vengo a despedirme.

YERMA
¿Te vas con tus hermanos?

VÍCTOR
Así lo quiere mi padre.

YERMA
Ya debe estar viejo.

VÍCTOR
Sí, muy viejo.

YERMA
Haces bien de cambiar de campos.

VÍCTOR
Todos los campos son iguales.

YERMA
No. Yo me iría muy lejos.

VÍCTOR
Es todo lo mismo. Las mismas ovejas tienen la misma lana.

YERMA.
Para los hombres si; pero para las mujeres somos otra cosa. Nunca oí decir a un hombre comiendo:
qué buenas son estas manzanas. Vais a lo vuestro sin reparar en las delicadezas.. yo he aborrecido el
agua de estos pozos.

VÍCTOR
Puede ser.
YERMA
Víctor.

VÍCTOR
Dime.

YERMA
¿Por qué te vas? Aquí las gentes te quieren.

VÍCTOR
Yo me porté bien.

YERMA
Te portaste bien. Siendo zagalón me llevaste una vez en brazos. ¿no recuerdas? Nunca se sabe lo que
va a pasar.

VÍCTOR
Todo cambia.

YERMA
Algunas cosas no cambian. Hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque
nadie las oye.

VÍCTOR
Así es.

YERMA
Pero que si salieran de pronto y gritaran, llenarían el mundo.

VÍCTOR
(Le da la mano a Yerma)
Deseo la mayor felicidad para esta casa.

YERMA
(Susurro)
Dios te oiga. Salud.

VÍCTOR
¿Decías algo?

YERMA
Salud, dije.

VÍCTOR
Gracias.

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