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Dedicación del Altar en la Eucaristía

Este documento describe los rituales para la dedicación de un nuevo altar en una iglesia. Incluye la bendición del altar con agua bendita, la oración de dedicación del altar, la unción del altar con crisma y su iluminación con cirios. El objetivo es consagrar el altar para que sea el centro de la celebración eucarística y la mesa donde los fieles reciben el cuerpo y la sangre de Cristo.
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Dedicación del Altar en la Eucaristía

Este documento describe los rituales para la dedicación de un nuevo altar en una iglesia. Incluye la bendición del altar con agua bendita, la oración de dedicación del altar, la unción del altar con crisma y su iluminación con cirios. El objetivo es consagrar el altar para que sea el centro de la celebración eucarística y la mesa donde los fieles reciben el cuerpo y la sangre de Cristo.
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Celebración Eucarística

Dedicación del Altar


1
Del Pontifical Romano
Dedicación de un Altar

El Altar es signo de Cristo - #4


Los hijos de la Iglesia pueden, según las circunstancias, celebrar en
cualquier lugar el memorial de Cristo y acercarse a la mesa del
Señor. Pero conviene al misterio eucarístico que los fieles levanten
un altar estable para celebrar la Cena del Señor, como se viene
haciendo desde los tiempos antiguos.
El altar cristiano es, por su misma naturaleza, la mesa peculiar del
sacrificio y del convite pascual:
— Es el ara peculiar en la cual el sacrificio de la cruz se perpetúa
sacramentalmente para siempre hasta la venida de Cristo.
— Es la mesa junto a la cual se reúnen los hijos de la Iglesia para
dar gracias a Dios y recibir el cuerpo y la sangre de Cristo.
Así, pues, en todas las iglesias el altar es el «centro de la acción de
gracias que se realiza en la eucaristía», y el lugar a cuyo rededor
giran de un modo u otro las demás acciones litúrgicas.
Por el hecho de que el memorial del Señor se celebra en el altar y
allí se entrega a los fieles su cuerpo y su sangre, los escritores
eclesiásticos han visto en el altar como un signo del mismo Cristo.
De ahí la expresión: «El altar es Cristo».

2
Al llegar la procesión de entrada, no se hace reverencia
ni se besa el altar, de igual modo tampoco hay
incensación.

RITOS INICIALES

Saludo Inicial
La gracia y la paz estén con todos vosotros, en la santa
Iglesia de Dios.

El pueblo contesta: Y con tu espíritu.

Bendición y Aspersión con el Agua

Llenos de alegría, queridos hermanos, nos hemos reunido


para dedicar un nuevo altar con la celebración del
sacrificio del Señor. Participemos con atención, oyendo
con fe la palabra de Dios, acerquémonos con alegría a la
mesa del Señor y levantemos nuestros corazones hacia la
santa esperanza. Al congregarnos junto al mismo altar,
nos acercamos a Cristo, piedra viva, en el cual crecemos
para formar un templo santo. Pero antes dirijamos
nuestras súplicas a Dios, para que se digne bendecir esta
agua, creatura suya, con la cual seremos rociados, en
señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la
cual será purificado este altar.

Y todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el


obispo continúa:

3
Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida,
que tanto amas a los hombres
que no sólo los alimentas con solicitud paternal,
sino que los purificas del pecado con el rocío de la
caridad
y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza;
y así has querido, en tu designio misericordioso,
que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal,
mueran con Cristo y resuciten inocentes,
sean hechos miembros suyos y coherederos del premio
eterno;
santifica con tu bendición ✠ esta agua, creatura tuya,
para que, rociada, sobre nosotros,
sea señal del bautismo,
por el cual, lavados en Cristo,
llegamos a ser altar espiritual;
concédenos a nosotros
y a cuantos en este altar celebrarán los divinos
misterios
llegar a la celestial Jerusalén.
Por Jesucristo nuestro Señor.
℟ Amén.

El obispo rocía con agua bendita al pueblo y luego el


altar. Mientras tanto se canta.

Bendición de la Sede y el Ambón

Monición. Hoy se destinan por primera vez esta nueva


sede y este nuevo ambón para el uso litúrgico.

4
En esta sede, nuestro Dios y Señor, se digna hacerse
presente en sus ministros, dedicados a las funciones
sagradas, para enseñar, dirigir y santificar a los fieles, y
en este ambón se nos prepara la mesa de la Palabra de
Dios que nos ofrece el primer y necesario alimento de
nuestra vida cristiana.

Sede. (con las manos extendidas).


Oremos. Alabamos tu Nombre, Señor, unidos en una
sola voz, y te suplicamos humildemente a ti, que
viniste como buen Pastor para reunir en un solo redil
a tu rebaño disperso, por medio de aquellos que tú
has elegido como cooperadores en la propagación de
la verdad. Apacienta a tus fieles y llévalos por el
camino de la santidad, y así, pastores y ovejas podrán
un día entrar con gozo en los pastos eternos. Tú que
vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

El obispo rocía la sede con agua bendita.

Ambón. (con las manos extendidas)


Oremos. Oh, Dios, tú nos amas tanto que hasta te
dignas hablarnos como amigos; concédenos la gracia
del Espíritu Santo, para que, al gozar de la dulzura de
tu Palabra, nos llenemos del pleno conocimiento de tu
Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

El obispo rocía el ambón con agua bendita.

5
Luego de esto, el obispo regresa a la sede y continua la
celebración con el himno del Gloria y la Oración
colecta.

LITURGIA DE LA PALABRA

La Liturgia de la Palabra se lleva a cabo como de


costumbre.

Terminada la Homilía se dice el Credo.

6
ORACIÓN DE DEDICACIÓN

Terminado el Credo, el Obispo se sitúa tras el altar, y


sin mitra dice:

Te alabamos, Señor, te bendecimos,


porque en tu inefable designio de amor
determinaste que, superadas las diversas figuras
que en otro tiempo prefiguraban el altar definitivo,
fuese el mismo Cristo quien les diese cumplimiento.

Noé, segundo origen de la raza humana,


calmadas las aguas del diluvio,
construyó un altar y te ofreció un sacrificio
que tú, Padre, aceptaste como un calmante aroma,
renovando tu alianza de amor con los hombres.

Abraham, nuestro padre en la fe,


sometiéndose de corazón a tu mandato,
levantó un altar,
porque, en aras de tu voluntad,
7
no te negó a su hijo amado.
También Moisés, mediador de la Ley antigua,
erigió un altar y lo roció con la sangre del cordero,
como signo profético que anunciaba el ara de la cruz.

Todo ello Cristo, con su misterio pascual,


hizo que pasara de signo a realidad plena;
él, en efecto, sacerdote y víctima,
subió al árbol de la cruz

y se ofreció a ti, Padre, como oblación pura,


para borrar los pecados de todo el mundo
y establecer la nueva y eterna alianza.

Por eso, Señor, te rogamos


que derrames sobre este altar,
construido en el lugar de tu asamblea santa,
la plenitud de tu bendición celestial,
para que sea un ara dedicada para siempre al
sacrificio de Cristo y sea también la mesa del Señor,
donde tu pueblo se alimente en el convite sagrado.

Este altar sea para nosotros signo de Cristo,


de cuyo lado, traspasado en la cruz,
brotó sangre y agua,
inicio de los sacramentos de la Iglesia.

Sea la mesa del banquete gozoso,


a la que acudamos llenos de alegría,
obedientes a la invitación de Cristo, tu Hijo;

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y en ella, descargando en ti nuestras preocupaciones e
inquietudes, hallemos un renovado vigor para
reemprender nuestro camino.
Sea el lugar de la íntima comunión y paz contigo,
donde, nutridos con el cuerpo y sangre de tu Hijo
he imbuidos de su Espíritu,
crezcamos siempre en tu amor.

Sea fuente de unidad y de concordia


para todos los que formamos tu Iglesia santa;
fuente a la que tus hijos acudan hermanados
para beber en ella el espíritu de mutua caridad.

Sea el centro de nuestra alabanza y acción de gracias,


hasta que lleguemos jubilosos a la mansión eterna,
donde te ofreceremos el sacrificio de la alabanza
perenne,
unidos a Cristo, el sumo Sacerdote y altar vivo.
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.

℟ Amén. (Cantado)

9
Unción del Altar

Luego, el obispo se quita, la casulla y se coloca el


gremial. Luego va ante el altar y dice en voz alta:

El Señor santifique con su poder


este altar que vamos a ungir,
para que exprese con una señal visible
el misterio de Cristo
que se ofreció al Padre por la vida del mundo.

Para la unción usa la mitra.

Luego, vierte el crisma en el medio y en los cuatro


ángulos del altar, y es aconsejable que unja también
toda la mesa. Mientras se hace la unción se canta.

Terminada la unción del altar, el obispo se lava las


manos, se quita el gremial y se pone la casulla.

10
Incensación del Altar

El obispo, usando la mitra, delante del altar dice:

Suba, Señor, nuestra oración


como incienso en tu presencia
y, así como esta casa se llena de suave olor,
que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo.

Entonces, el obispo echa incienso en el incensario e


inciensa el altar con la mitra puesta.

Luego, vuelve el obispo a la sede, es incensado y se


sienta. Enseguida se inciensa al concelebrane y al
pueblo.

Mientras tanto se canta.

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Revestimiento e Iluminación del Altar.

Terminada la incensación, algunos fieles secan con


toallas la mesa del altar, luego, cubren el altar con el
mantel y lo adornan con cirios y flores.

Mientras tanto se canta.

Después, el obispo desde la sede, con la mitra puesta,


recibe un cirio encendido y dice:

La luz de Cristo ilumine la mesa del altar


y que, con ella, brillen los comensales de la Cena del
Señor.

Luego, se encienden los cirios del altar, al igual que las


lámparas de alrededor del altar, en señal de alegría.

Mientras tanto se canta.


12
LITURGIA EUCARÍSTICA

Bendición del Cáliz y la Patena

El cáliz y la patena que serán bendecidos se depositan


sobre el altar, aun sin los dones.

El obispo al llegar al altar lo besa y dice:

Oremos. Sobre tu altar, Señor Dios, colocamos,


alegres, este cáliz y esta patena, para celebrar el
Sacrificio de la nueva alianza; que el Cuerpo y la
Sangre de tu Hijo, que en ellos se ofrecen y se reciben,
santifiquen estos vasos. Concédenos, Señor Dios
nuestro, que, al celebrar el Sacrificio de tu Hijo, nos
fortalezcamos con tus sacramentos y seamos
penetrados por tu Espíritu, hasta que podamos gozar

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con tus santos del banquete del reino celestial. A ti la
gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Todos responden: Bendito seas por siempre, Señor.

Luego se extiende el corporal sobre el altar.

Algunos fieles traen el pan, el vino y el agua para la


Eucaristía.

Se colocan los dones sobre la patena y el cáliz recién


bendecidos, y se presenta como de costumbre.

No se inciensan los dones ni el altar.

Se dice la Plegaria Eucarística I o la III.

La Misa continua como de costumbre.

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Bendición final
El obispo se pone la mitra y dice:

El Señor esté con vosotros.


El pueblo contesta: Y con tu espíritu.

El obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, lo


bendice diciendo:

Dios, que os ha enriquecido con el sacerdocio real,


os conceda cumplir fielmente vuestros deberes
y participar dignamente del sacrificio de Cristo.
℟ Amén.
15
El que os ha reunido en torno a un mismo altar
y os ha alimentado con un mismo pan,
os conceda tener un solo corazón y una sola alma.
℟ Amén.

Y así, con el ejemplo de vuestro amor,


llevéis a Cristo
a aquellos a quienes se lo anunciáis.
℟ Amén.

El obispo toma el báculo y prosigue:

Y la bendición de Dios todopoderoso,


Padre ✠, Hijo ✠, y Espíritu ✠ Santo,
descienda sobre vosotros. ℟ Amén.

Podéis ir en Paz
El pueblo contesta: demos gracias a Dios.

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Diócesis de Cartago
Parroquia Nuestra Señora de la Paz – Miravalles

Comunidad Veredal de Riveralta


Sábado 18 de Febrero de 2023 – 4:00 P.M.

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