LA POSVERDAD
1. ¿Qué es?
La posverdad es una distorsión de la realidad que se hace de manera deliberada. Se emplea para señalar
aquellos hechos en los que son más influyentes los sentimientos o creencias personales que los hechos en sí
mismos. Los especialistas relacionan el uso del término posverdad, con los diferentes acontecimientos
políticos que han ocurrido en los últimos años.
La posverdad se vincula como una técnica empleada en campañas electorales, en especial en la que hizo el
presidente Donald Trump cuando acusó a los medios de comunicación por publicar noticias falsas. Es decir,
las mentiras se asumen como si fuesen verdad porque así se asumen como reales porque una gran
colectividad las cree como verdaderas.
Asimismo, hay quienes opinan que la posverdad se ha extendido con el crecimiento que ha tenido la
tecnología y el uso de las redes sociales. Esto es posible porque en la actualidad se da a conocer gran
número de información a través de las redes sociales que, más allá de ser ciertas o falsas, las personas
defienden y critican desde sus emociones y no desde la objetividad de los hechos. En este sentido, la
situación se vuelve aún más grave porque los usuarios no saben distinguir entre una noticia real y una falsa.
Por ello, el peligro de la posverdad está en que las personas, lentamente, dejen a un lado la honestidad y el
pensamiento objetivo, para darle lugar a la credibilidad a las noticias falsas y sin sentido.
2. ¿Cuándo y dónde aparece?
Su origen es de principios de la década de 1990, se empleó por primera vez en 1992 por el dramaturgo
serbio estadounidense Steve Tesich, en un artículo publicado en la revista The Nation. En el artículo,
Tesich decía “Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo
en donde reina la posverdad.” Tesich reflexionaba en este texto sobre el escándalo Irán-Contra y la guerra
del Golfo Pérsico.
3. Consecuencias negativas y positivas.
La posverdad es un arma política, comercial, ideológica y social que se emplea para crear, cambiar y
mantener verdades y realidades favorables o desfavorables a determinados intereses y propósitos. Es,
además, un medio para falsear la realidad e incidir en el pensamiento, las decisiones, las percepciones, las
opiniones y el comportamiento de las personas. Por lo general, detrás de los efectos de la posverdad hay
ganadores y perdedores.
En la actualidad, la posverdad es una plataforma de control y manipulación social. La esencia de la
posverdad es legitimar lo conseguido por la fuerza, justificar malas prácticas, legitimar conductas
incorrectas, limpiar imagen pública. Los simpatizantes de la posverdad son mitómanos y manipulares. Ellos
siempre tienen un motivo para falsear la verdad y distorsionar la realidad. El tanto mentir, los incapacita
para actuar y hablar en el marco de la verdad. Los amantes de la posverdad adulteran la verdad de los
hechos, de las informaciones, la autenticidad de los números y la veracidad de las estadísticas. En fin, los
usuarios de la posverdad se creen sus propias mentiras, fabrican sus verdades y construyen realidades para
inducir percepciones favorables a sus propósitos e intereses.
La posverdad es el intento deliberado de transformar mentiras en verdades, de cambiar la subjetividad por
la objetividad, de suplantar la realidad por la ficción, de importantizar más la estética que la ética. Además,
es la acción consciente de crear, mantener y cambiar las percepciones, actitudes, decisiones y opiniones
individuales y colectivas, buscando con ello manipular e incidir determinadas verdades y realidades. Hoy
más que nunca los ciudadanos tienen que desarrollar competencias y habilidades que les permitan ser
lectores críticos de los múltiples mensajes que elabora y difunde la posverdad.
Detrás de la posverdad siempre hay propósitos, cuyo impacto perjudica a unos y beneficia a otros.
Alrededor de la posverdad, siempre hay una intención malsana de maquillar las verdades y las realidades.
La sistematicidad e intención de los mensajes y acciones de la posverdad, son factores que inciden en la
conciencia social y en la capacidad crítica de los ciudadanos para entender y abordar sus propias verdades y
realidades.
Otro de los efectos de la posverdad es facilitar que los ciudadanos se comporten como manada o pingüinos.
Hoy y siempre, es y será imprescindible defender la verdad en todo momento, circunstancia y lugar,
independientemente de que a importantes segmentos de las audiencias se sientan bien escuchando y
consumiendo mentiras que parecen verdades y creyendo en ficciones que pretenden suplantar la realidad
auténtica de los hechos y acontecimientos.
4. ¿Es lo mismo la posverdad que el escepticismo?
A diferencia de lo que se suele repetir, los escépticos no son quienes siembran incredulidad. En la
antigüedad, el escéptico era reconocido como un buscador de la verdad, antagonista del dogmatismo de las
escuelas filosóficas. La vida del filósofo se concebía como una interminable odisea, donde la certeza era un
animal peligroso. La verdad se representaba como una metáfora del viaje. Lo importante no era la meta, el
lugar a donde quieres llegar. La búsqueda se convierte en el único objetivo. Como lo ha escrito Claudio
Magris, “no se viaja para llegar, se viaja para viajar”. El escepticismo antiguo fue un arte nómada, con
itinerarios móviles y a salto de mata. Cuando no se tiene un final, tampoco hay un punto de salida, solo
existe el movimiento continuo.
A partir del siglo XVI, en coincidencia con la difusión del pensamiento renacentista, surgió el escepticismo
moderno. Su tarea crítica inventa un nuevo ejercicio de la duda. Los escépticos renacentistas —el mayor
testimonio son los Ensayos de Michel de Montaigne— cuestionan la doctrina clásica. Su designio ya no es
una interminable exploración del cosmos, sino otra pasión, quizá menos ambiciosa. Abandonan el
nomadismo de sus antepasados y disparan sus dudas como un arma de conocimiento. Su escepticismo
renacentista radica en una suspensión del juicio. El conocimiento ya no se sostiene en un andamio de
certezas sino en el persistente desafío de la crítica. Más que la verdad, lo fundamental es falsear nuestras
pálidas certidumbres. Su idea de la reflexión gravita en torno al ensayo de la duda y la escuela de la
sospecha. La filosofía debe tratar de demoler nuestros prejuicios, tanto como amenazar y hostigar nuestras
seguridades. La tarea del escéptico moderno consiste en ajustar cuentas con nuestras “sospechosas
certezas”, para drenar el pensamiento de los desechos que lo obstruyen. Más que recorrer los senderos de la
razón establecida, abrir caminos al pensar. En el caso de los antiguos: la verdad es una búsqueda infinita;
para los modernos, el valor de la verdad está en la refutación de las certidumbres o los prejuicios.
Nietzsche plantea un nuevo paradigma que atañe no a la relación con los objetos de conocimiento, sino a la
conducta frente a la mentira y la simulación. Quien aspira a la verdad, no pretende la libertad o la sabiduría;
aspira a algo más mundano: evitar ser perjudicado por el engaño:
“Los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este
estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases
de embustes. El hombre nada más desea la verdad en un sentido limitado: ansía las consecuencias
agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida; es indiferente al conocimiento puro y sin
consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos”.
5. Ejemplos.
1. Reino Unido. Triunfo del brexit.
En junio de 2016, cuando se realizó el referendo en Reino Unido que definió la salida del país de la
Unión Europea. Los británicos votaron a favor argumentando que la UE ha cambiado mucho en las
últimas décadas y que tiene cada vez más control sobre su vida diaria, sienten además que las
autoridades deben recuperar el completo control de sus fronteras y que se reduzca el número de
extranjeros que llegan al país en busca de trabajo.
2. EEUU. Triunfo de Donald Trump.
La sensación anti-establishment catapultó a Donald Trump a la presidencia de EE.UU. El 70% de las
declaraciones que hizo durante su campaña electoral, según análisis de Politifact, fueron falsas.
"Trump es el máximo exponente de la política 'post-verdad', una confianza en afirmaciones que se
'sienten verdad' pero no se apoyan en la realidad", escribió la revista The Economist. Otro recuento,
del diario The Washington Post, sostiene que, en 200 días de gestión como presidente de Estados
Unidos, hizo 1.318 afirmaciones de ese tipo. Algunos de los últimos ejemplos son sostener que
Estados Unidos es el país que paga más impuestos del mundo o exagerar los impactos de los huracanes
Harvey y María.
3. Colombia. Ganó el no en el plebiscito sobre los acuerdos de la paz.
El 50,2% decidió votar en contra del acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC. Hubo
varios rumores difundidos durante la campaña en contra del acuerdo de paz, en primer lugar, que los
exguerrilleros entrarían en la política y convertirían a Colombia en una "dictadura de izquierdas". Otro
era que quienes eran responsables de crímenes no serían castigados. El acuerdo de paz fue firmado
posteriormente, el 24 de noviembre de 2016, tras el rechazo del primer documento. El acuerdo marcó
un giro importante en la historia de la nación suramericana, pues puso fin al conflicto armado de más
de 50 años que dejó ocho millones de víctimas.