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Mery Yolanda Sánchez: Poesía y Literatura Colombiana

Mery Yolanda Sánchez es una poeta y novelista colombiana nacida en 1956 en Guamo, Tolima. Ha publicado varios libros de poesía y una novela. Ha recibido varios reconocimientos y becas por su trabajo. También ha dictado talleres de literatura y trabajado en varias instituciones culturales colombianas.
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Mery Yolanda Sánchez: Poesía y Literatura Colombiana

Mery Yolanda Sánchez es una poeta y novelista colombiana nacida en 1956 en Guamo, Tolima. Ha publicado varios libros de poesía y una novela. Ha recibido varios reconocimientos y becas por su trabajo. También ha dictado talleres de literatura y trabajado en varias instituciones culturales colombianas.
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Mery Yolanda Sánchez

Guamo –Tolima, Colombia: 1956.

Poeta y novelista colombiana. Ha publicado los libros de poesía La ciudad que me


habita (1989), Ritual para las noches (1997), Dios Sobra, estorba (2006), la
antología Un día maíz (2010), Gradaciones (2011) y la selección de poemas Rostro
de tierra. En 2012 su novela El Atajo recibió mención de Honor en el II concurso
de Novela Breve de la Universidad Javeriana y fue publicada en 2014. Obtuvo
mención de honor en el concurso El cuentista Inédito del Centro de Estudios Alejo
Carpentier en 1987 y en 1994. Fue beneficiada con la Beca Nacional 1998 del
Ministerio de Cultura por su proyecto Poesía en Escena (propuesta escénica para la
presentación de lecturas de poesía que se realiza en Bogotá desde 1993). Cuenta
con reflexiones sobre lectura y procesos creativos en literatura y la conferencia
Lecturas del Asombro –poéticas de la memoria-. Ha orientado talleres de poesía
para niños, jóvenes, población de internos en centros carcelarios y habitantes de la
calle. Dictó cursos de apreciación y creación literaria en la Universidad Nacional;
Diseñó y ejecutó para el Comité de Derechos Humanos de la Personería de Bogotá
el proyecto Puente Experimento Piloto (el teatro, la danza y la literatura como
liberadores de la violencia intrafamiliar). Ha sido jurado en concursos de literatura
en instituciones oficiales, universidades y colegios. Ha participado en festivales y
encuentros de Poesía en varias regiones del país y en 2008 fue invitada al
Encuentro de Mujeres poetas en el país de las Nubes, México. Trabajó en el Plan
Nacional de Lectura y Bibliotecas, en la Oficina de Publicaciones y Divulgación
Cultural de Colcultura, en la Coordinación de Literatura del Instituto Distrital de
Cultura y Turismo. Condujo el programa Leer para conversar de la Biblioteca Luis
Ángel Arango. Fue asesora de Literatura en la Secretaría de Cultura, Recreación y
Deportes de Bogotá y en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y en 2010, asesora
operativa de la Subdirección de Prácticas Artísticas y del Patrimonio de la
Secretaría de Cultura, Recreación y Deportes de Bogotá. Del 2012 al 2014 trabajó
en el programa Distrital Jornada Única en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño
y el Instituto Distrital de las Artes –IDARTES. En 2016 seleccionó, compiló y editó
el Libro Bogotá Cuenta, Universos de Tierra y tiempo con una muestra de la Red
de Talleres Locales y distritales del Instituto Distrital de las Artes –IDARTES

De perfil

Te acercas al espejo y ves la cicatriz abierta como un ojo de perro sobre tu mejilla
derecha, por ahí respiran los que te acompañaron, los que salieron en desbandada
y te dejaron con la mitad de un adiós en la boca que ya no se quiso abrir. Te dejaron
pedazos del vestido que llevaba una niña cuando la violaron tres hombres en la
esquina de la alegría, allí donde alguien te dio tu primer beso. Das la vuelta y el
espejo te enseña el lapo que quedó en la espalda cuando te colgaron de los pies para
que vomitaras tu nacimiento. En adelante, tendrás que usar media máscara para
salir a la calle. Tendrás que caminar despacio porque tu pierna derecha cojea y la
respiración atropellada en tu cuello será una preocupación más. Ya no te volverán a
hablar de la muerte, sabrás de ella por la luz en los ojos quietos de tus amigos. No
volverás a contar los silencios porque el dolor te partirá una vez más. Se reirán de ti
los que ven medio cuerpo en tu puerta y la justicia te volverá a expulsar porque tu
bandera es la camisa manchada que cuelgas en tu ventana. No regresarás al espejo,
porque te indica la ruina de tus dieciséis años con el mal y en tu frente las
predicciones del hombre que cruza firme en un caballo.

Si pasas

Perseguirás por los siglos de los siglos el pedazo de tu mano izquierda. En la punta
de tu lengua hallarás el sabor de otra traición, la que aparece en la última página de
tu silencio.

Te dolerá otra vez el olor de madre a tu lado. Te dolerá todo lo que quisiste hacer y
ahora ni siquiera puedes ver.

Te acostumbrarás a rodar para alcanzar esa luz que jamás volverás a tener, porque
tuyo será el reino de la oscuridad y sola tuya la esperanza de volver a tientas sobre
el calor.

Sin embargo, harás tu propia casa de la oscuridad y armarás uno a uno los cuerpos
que un día tocaste y tendrás otra vez el destello de sentir en tu alma la respiración
de alguien a tu lado.

Ya no suplicarás porque serás tan grande como tú quieras. Tendrás que inventar el
día y la noche y no importará estar solo, porque tropezarás contigo mismo mientras
cuentas las horas de más que estás viviendo.

Canción de cuna

Papá mezcla la tierra y dice que cubra mi pecho. Lunas nuevas diseñarán la medida
de la ropa, él no me contará historias y tendré llenos mis bolsillos de dudas.
Aprenderé con mis juguetes qué tan cerca está la vejez en la luz del espejo.
Mi padre me enseña a cernir la arena, a mostrarme el principio de una casa y el
camino donde los sueños se sientan a beber agua.

En la tarde, mi padre abre troncos de madera con un hacha y recuerda las tantas
veces en que fue llevado hasta el río, –tu madre me salvó– dice, mientras su mano
fría cae sobre mi cuerpo.

Encuentros

El teléfono timbra, pienso que es Dios y siento miedo. Una sombra azul cierra la
puerta y evita la salida. Otra vez, el bramar de la muerte. Observo la grieta interior:
es mi padre que se revuelca en mis entrañas y me hace pedirle perdón. Una sábana
verde oscurece la esquina, donde los suicidas retuercen sus sogas de luto. Un
hombre pasa y me mira en desconcierto, cree que son vacas y no ánimas las que
tengo de rodillas. En un escupitajo vuelco sus palabras, mientras aprieto su cuello
hasta sacarle la lengua. Vuelvo a la afonía de las respuestas. Una porción del cuerpo
que me palpo es subastada en el purgatorio de causas inconclusas.

En qué pensaste

Qué pensaste cuando al cerrar los ojos dejaste la carga de tu silencio en mil
cuerpos. Cuando descargaste tus ví-sceras en el baño y te sentiste liviano y liberado
de las quejas que eructa la tierra. En tu rostro quedaron señales, miradas pasadas y
ajenas. Habrá crecido en ti la cicatriz que resalta la arruga pedazos del juego en la
mitad del poniente. Ya ni siquiera eres un hombre común, ni sabrás nunca de los
que se han ido después de ti. No imaginarás las cartas que mordemos detrás del
muro, ni cómo aprendemos a separar consonantes y evitar adjetivos, porque en los
labios de los muertos, la verdad es un error más.

Los otros
No alcanzaron a sentir miedo. Cuando los cortaron el dolor llegó primero, la boca
de la bota en la cara. Pronto el susurro de la sierra fue lejano. Un pajarito almorzó
los pecados de las vísceras.
Sus sombras siguen y recogen los sombreros que atajó el viento.
Las mujeres orinan cualquier lugar.
Los niños se volvieron ancianos amarrados a los alambres de púa.
Tres territorios debajo de las carcajadas de los asesinos.
Y sus sombras también son perseguidas, señaladas y marcadas desde los pájaros
metálicos, dueños del cielo.

Miedo
Sentir por las piernas
la respiración
del compañero desaparecido.

Periódico viejo
Cuando ya no importa
que los muertos se mojen
es fácil cubrirnos de la lluvia
con un periódico viejo
las manchas de las noticias
se deslizan por el cuello
dejando nombres propios en la piel.
Recorremos el invierno
atragantados con los mismos titulares
de ayer, de mañana y de cien años más
con un hombre inmóvil en casa semáforo
como última señal
de que estamos cambiando de piel.

CARTA A CARLOS IVÁN

Pienso en ti
para contestar
el saludo a mis muertos.
Pienso en ti
para olvidar la rumba
donde los disparos
son la partitura
del himno nacional.

En tu nueva niñez
Recordarás Carlos, que alguien te recogió del frío de tu tierra en la boca. Volverás a
la palidez de tus lombrices nuevas. Te verás lejano en ese niño que caminaba por la
casa de la dificultad y pretendía los peldaños. Te obligarán a traicionar y a maldecir
las tantas madres que tuviste. No olvidarás pagar diezmos por los silencios de tu
vida. No, jamás olvidarás que para alcanzar el otro lado hay que aprender a estar de
rodillas.

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