a, nadie lo puede probar por ti
Por: Arturo Guerra, LC | Fuente: [Link]
Del salmo 33
¡Hagan la prueba y verán qué bueno es el Señor! Es uno de los
versículos más populares de los salmos. Se ha convertido en canciones
y durante siglos ha estado en los labios de muchos cristianos. También
se puede decir así: ¡gusten y vean qué bueno es el Señor!
Y es que se trata de una invitación tan inocente, tan sencilla y tan
entusiasta que desarma a cualquiera. No te dice: “pobre de ti si no
crees en Dios” o “más te vale seguir a Dios” o “prohibido dudar de que
Dios sea bueno”. No. Nada de eso. El salmista nos invita simplemente
a hacer la prueba.
¿No es lo que hace cualquier comerciante que confía en las bondades de
su producto? ¡Claro!, se la va a pasar invitando a la gente: “mira,
prueba mi producto; es más, te regalo una muestra y, si llegas a
comprarlo y no quedaras a gusto, te devuelvo tu dinero”.
Lo que quiere el salmista es contagiarnos su experiencia: “yo ya hice la
prueba y quedé contento, así que te animo a que tú hagas la prueba,
nadie lo puede probar por ti.” Ojalá que, si no nos hemos animado, nos
animemos a hacer la prueba desde la inocencia, la sencillez y el
entusiasmo y entonces tal vez comenzaremos a descubrir al Señor en su
Palabra, en la oración, en los sacramentos, en el prójimo, en la
entrega… Nuestra amistad con Él se fortalecerá, y veremos qué bueno
es el Señor.
Centrándonos en el análisis del Salmo 34 en sí mismo, vemos que es
un salmo en el que el autor, el rey David, busca la protección de Dios
en uno de sus episodios de persecución.
Nosotros muchas veces también requerimos la protección de Dios ante
algunas amenazas de nuestro día a día como pueden ser los miedos y
las dificultades. Este salmo pretende infundir la confianza en Dios al
que lo escucha o lee y te aseguramos que lo consigue.
Salmo 34 1-3
Los tres primeros versículos dejan claro el mensaje: debemos bendecir
al Señor todo el tiempo, ya que gracias a Dios, nuestra alma es
liberada del pecado y la tentación. Es fácil identificar el tono de
motivación y la fuerza del mensaje en estas palabras.
Salmo 34 4-10
Los siguientes seis versículos, del 4 al 10, David se dedica a hacernos
reflexionar en el por qué Dios permite que ocurran cosas malas en
el mundo y muchas veces tengamos debilidades. Insinúa que
debemos rezar como si todo estuviera en las manos de Dios, pero
esforzarnos como si solo dependiera de nosotros.
Cuando rezamos, el Señor nos libera de nuestros peores temores. Lo
vemos reflejado en el versículo 4:
“Busqué al Señor, y él me respondió;
me libró de todos mis temores.”
Últimos versículos del Salmo 34
Finalmente, los versículos que quedan hasta el final nos instan a
confiar en el Señor. Dios suplirá nuestras necesidades si confiamos en
Él plenamente. Este mensaje es primordial para los cristianos, por qué
nuestra fe se basa en esto. El amor y la fuerza de Dios son infinitos y
conseguirá que vivamos felices aunque muchas veces nos parezca
imposible.
Vemos que hay tres versículos, el 11, 12 y 13, que muestran la belleza
de este mensaje. Te los ponemos aquí para que no tengas que buscarlos
en el texto completo:
“El que quiera amar la vida y gozar de días felices,
que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños;
que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.”
Vemos como, si seguimos el camino del Señor y amamos con todo
nuestro corazón, seremos recompensados con una vida feliz.
Este mensaje debería ser el estandarte de todo cristiano, debemos
esforzarnos todos para hacer un mundo mejor y enseñar la Palabra
de Dios a aquellos que la desconocen. Solo así terminaremos con el
egoísmo y la maldad que hay en el mundo. Este es el único camino.
Este mensaje de confianza y fe en Dios culmina en el versículo 17, una
frase que debemos interiorizar y creer en ella con toda el alma. Te la
dejamos aquí para terminar esta reflexión, deseando que te dé fuerzas
para continuar con tu vida diaria y afrontar las dificultades con muchas
más ganas.
“Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias.”
Señor, con este hermoso salmo, me lleno de júbilo al saber que Tú ayudas al que
actúa justamente y al que clama por tu ayuda.
Que no nos dejas desfallecer ni pasar necesidades, si en verdad estamos
entregados a tu amor y nuestra fe esta puesta solo en Ti.
Te pido Señor, que mi fortaleza espiritual sea cada día más grande, que mis
acciones no te defrauden, que pueda permanecer siempre en el camino recto; y te
pido Señor, que me perdones cuando no lo logre hacer.
Te prometo Señor, que estaré atento con todos mis sentidos para agradarte y
servirte y que mi vida sea testimonio de las promesas que David nos regala en
este hermoso salmo 34.
Alabado seas por siempre Señor.
Amén.