Un género musical es una categoría que reúne composiciones musicales que
comparten distintos criterios de afinidad. Estos criterios pueden ser
específicamente musicales, como el ritmo, la instrumentación, las características
armónicas o melódicas o su estructura, y también basarse en características no
musicales, como la región geográfica de origen, el período histórico, el contexto
sociocultural u otros aspectos más amplios de una determinada cultura.
Los géneros a su vez se dividen en subgéneros. En algunos géneros
determinados como el flamenco el término subgénero se sustituye por otro que
determina cada una de las variedades denominándose de una forma propia, en
este caso palos. Una composición musical puede ser clasificada dentro de varios
de un género, y es expresada a través del estilo concreto del artista. En los casos
en que esta multiplicidad de géneros resulta evidente dentro del estilo del artista, o
es un objetivo buscado por el compositor, suele hablarse de música de fusión, que
si se llegan a generalizar lo suficiente pueden llegar a formar géneros de fusión
prácticamente independientes.
Existe cierta confusión entre los términos estilo musical y género musical. Un estilo
musical es el carácter propio que da a sus obras un artista o un músico (ejemplo: el
estilo de Rossini).
Cuando un estilo se diferencia lo suficiente y se generaliza en distintas obras y
múltiples artistas que toman rasgos comunes entre sí se forma una categoría que se
denomina género musical (ejemplo: el rock es un género musical de ritmo muy
marcado).
En otro sentido el término estilo también se puede utilizar para definir al conjunto de
características específicas en el caso de que se refiera en concreto a aquéllas que
individualizan la tendencia de una época (ejemplo: estilo neoclásico).[
Actualmente existen multitud de géneros musicales en constante evolución. Desde
géneros musicales demarcados conceptualmente que abarcan campo definido y
específico, y que presentan una asentada concepción (tango, blues, salsa, hip hop
...); hasta amplias y difusas categorías musicales que abarcan un marco
absolutamente heterogéneo musicalmente, de nueva creación por parte de las
discográficas para acercar la música al profano y facilitar su clasificación (música
rock, música universal o world music, música electrónica...).
La clasificación en géneros musicales suele realizarse según los siguientes
criterios:
Características melódicas, armónicas y rítmicas.
Instrumentación típica.
Lugar geográfico donde se desarrolla principalmente.
Origen histórico y sociocultural.
Estructura de las obras (canciones, movimientos, etc.).
Normas y técnicas de composición e interpretación.
Medios y métodos de difusión.
Problemática de la clasificación
Subjetividad
Uno de los inconvenientes al agrupar música por géneros reside en que se trata
de un proceso subjetivo que resulta muy influido por el conocimiento personal y la
forma de cada uno de sentir y escuchar la música. Esto es especialmente cierto en
las "grandes categorías" que clasifican a la música en culta o música popular,
debido al alto grado de abstracción que la complejidad del conjunto requiere para
encontrar características comunes, y -en el otro extremo- en el caso de
subgéneros por especificación detallada que contrasta también con la complejidad
de orígenes e influencias de una obra determinada. Un ejemplo de esto último es
la música de Led Zeppelin, que puede ser llamada heavy metal, hard rock, rock
clásico, en función de lo que cada uno interprete.
Cambio del contexto cultural
Este problema afecta especialmente al concepto de popularidad en la clasificación
por géneros. Por ejemplo, la música barroca o renacentista, que la mayoría de las
personas agruparía actualmente bajo el supra género de "música académica" - ya
que su difusión e interpretación está limitada a sectores especializados - fue en
realidad la "música popular" de aquella época.
Relatividad
Algunos géneros musicales son muy vagos, y pueden resultar relativizados o
ignorados por los críticos; el post rock, por ejemplo, es un término creado por
Simon Reynolds, resultando en una clasificación controvertida. Otro ejemplo es la
música de videojuegos, definida por su canal de difusión, que podría o no según el
criterio que se utilice, definir un género musical propio.
Resistencia
La categorización de la música, especialmente en géneros muy específicos o
subgéneros, puede resultar difícil para los nuevos estilos emergentes o para
piezas musicales que incorporan características de múltiples géneros. Los intentos
por circunscribir músicos individuales a un género determinado pueden inducir a
error, ya que es habitual que produzcan música en una variedad de géneros en el
transcurso de su carrera, o incluso, en una misma pieza musical. Algunas
personas sienten que la categorización de la música en géneros se basa más en
motivos comerciales y de mercado que en criterios musicales. Por ejemplo John
Zorn, un músico cuya obra ha cubierto una amplia gama de géneros, escribió que
estos son herramientas usadas para "hacer más cómoda y comercializable la
compleja visión personal de un artista".
Ventajas de la clasificación
Categorizar la música se hace necesario para facilitar el seguimiento de la historia
y los distintos géneros de la música, además de conceptualizar, distinguir y definir
más claramente cada uno de ellos. Además, el uso de etiquetas puede
actualmente dirigir el desarrollo de la nueva música al extremo de ayudar a cultivar
el interés y la participación de la audiencia en los estadios iniciales de una
tendencia.
Música popular
La música popular se opone a la música académica y es un conjunto de estilos
musicales que, a diferencia de la música tradicional o folclórica, no se identifican
con naciones o etnias específicas. Por su sencillez y corta duración, no suelen
requerir de conocimientos musicales elevados para ser interpretados y se
comercializan y difunden gracias a los medios de comunicación de masas.
Dicho brevemente, puede afirmarse que la música popular surge en Europa con la
llegada de la Revolución industrial en el siglo XVIII, cuando la mejora tecnológica
hace posible que los fabricantes puedan comenzar a producir instrumentos
musicales en serie y a venderlos a un precio razonable, llegando así a la clase
media.
Otro avance importante en el desarrollo de este tipo de música se produce en el
siglo XIX gracias al fonógrafo de Edison y al gramófono de Berliner, que permiten
al público en general grabar su propia música o escuchar la música compuesta por
los demás sin necesidad de asistir a un concierto en directo. De hecho, a finales
de los años veinte del siglo siguiente, muchos compositores prestigiosos e
intérpretes populares ya habían efectuado múltiples grabaciones que pudieron
difundir a través de otros inventos modernos de la época como la radio y,
posteriormente, la televisión.
Pero no será hasta la década de los cincuenta cuando la música popular alcance
realmente la divulgación que tiene hoy en día gracias al desarrollo del rock and roll
y a la popularidad que alcanzaron las gramolas en los bares, pubs, cafeterías y
restaurantes. Además, no tuvo que pasar mucho tiempo antes de que apareciesen
en el sector nuevos géneros y subgéneros como la música pop, música
electrónica, el heavy metal o el punk, hasta tal punto que actualmente los estilos
musicales son tantos y tan variados, y las fronteras tan difusas, que es difícil saber
cuando se está hablando de uno y cuando de otro.
Limitaciones formales
El mayor problema que conlleva dividir la música en categorías es que cada artista
tiene su propia historia, su propio estilo y su propio modo de hacer las cosas, con
lo que nunca es fácil poner etiquetas y muchas veces un mismo compositor puede
ser catalogado a la vez en dos o más de ellas. Así por ejemplo, muchos artistas
populares tienen una amplia formación musical, demuestran gran virtuosismo en
sus interpretaciones y se preocupan poco por las ventas, relegándolas a un
segundo plano. Del mismo modo, la música folclórica está cada vez más
extendida y más cerca de ser como la música popular, si bien todavía existen
diferencias importantes.