INTRODUCCION
Este capítulo se centra en el Espíritu Santo y la santicación. Su papel principal en este
proceso queda indicado por su título más frecuente, el de Espíritu Santo, y los símbolos de
purificación con los que se le representen las Escrituras: el agua y el fuego.
El título “Espíritu Santo” aparece noventa y cuatro veces en el Nuevo Testamento
(incluyendo la aparición única de “Espíritu de santidad” de Romanos 1:4). Todos los demás
títulos alternos del Espíritu aparecen con una frecuencia mucho menor.
Aunque algunos puedan alegar que “Espíritu Santo” es una simple abreviación de “Espíritu
del Santo”, no es posible limitarse a dar de él una explicación superficial. Dios Padre tiene
muchos atributos únicos; cualquiera de ellos — eternidad, omnipotencia omnisciencia —
habría podido servir para identificar al Espíritu, tanto como la santidad. Los escritores del
Nuevo Testamento usaron la expresión “Espíritu Santo” con tanta frecuencia porque
reconocían lo importante que es el Espíritu para la santificación del mundo.
Los símbolos que usaron estos escritores con respecto al Espíritu son también reveladores.
Los rituales de purificación del Antiguo Testamento (acerca de los cuales abundaremos
más adelante) usaban sangre, agua fuego. La primera señala hacia el ministerio de Jesús; la
segunda y (hasta cierto punto) la tercera, al ministerio del Espíritu Santo. Es frecuente que
se simbolice al Espíritu de Dios por medio del agua (Isaías 44:3–4Ezequiel 36:25–27; Joel
2:23; véanse 2:28; Juan 7:38–39; véase 19:34), que se hable de Él con términos reservados
generalmente a los ungidos “derramar” (Zacarías 12:10; Hechos 2:17–18; 10:45), “llenar”
(Lucas 1:15Hechos 2:4; Efesios 5:18), “ungir” (Isaías 61:1–2; véase Lucas 4:18); incluso
“bautizar” y “bautismo” (Juan 1:33; Hechos 1:5; 1 Corintios 12:13). Menos
frecuentemente, se simboliza al Espíritu con el fuego (Hechos 2:3 Apocalipsis 4:5) o se le
encuentra en una estrecha relación con él (Mateo3:11; Lucas 3:16). Estos símbolos eran
poderosos para los oyentes judíos, acostumbrados a los bautismos y a otros ritos de
purificación que había en el judaísmo del primer siglo. En parte, es posible que nuestros
malentendidos con respecto a la santicación y a la obra del Espíritu Santo se deban a
nuestra falta de conocimiento sobre esos ritos de purificación.
Se podrían formular de manera muy sencilla las preguntas prácticas acerca de la
santificación de una persona:
¿Qué es la santificación?
¿Se produce de un solo golpe, o es un proceso?
¿Cómo se relaciona con la salvación?
¿Qué significa ser santo (o “santificado”)?
¿Quién tiene la responsabilidad de hacernos santos, y qué se puede hacer si no
alcanzamos la santidad auténtica?
¿Llega alguna vez el creyente a alcanzar un estado en el que se le hace imposible
pecar, eso que algunas veces se llama “perfección cristiana”?
Antes de responder a estas preguntas, sería útil definir los términos, explicar los límites de
nuestro estudio y revisar la doctrina de la santificación a lo largo de la historia de la Iglesia.
DEFINICIÓN DE LA SANTIFICACIÓN
La santicación es el proceso por medio de la cual Dios está limpiando nuestro mundo y sus
habitantes. Su meta final es que todas las cosas animadas o inanimadas sean purificadas
de toda mancha de pecado o impureza. Con este propósito, nos ha proporcionado el
medio de salvación a través de Jesucristo. Al final de los tiempos, también ha planificado
entregar al fuego todo lo que no pueda o quiera ser purificado (Apocalipsis 20:11 a 21:1; 2
Pedro 3:10–13), limpiando así la tierra de todo cuanto es pecaminoso.
La misión del Espíritu Santo en la etapa presente de la historia de la salvación es cuádruple:
1. convencer al mundo
2. limpiar al creyente por medio de la sangre de Cristo cuando nace de nuevo
3. hacer real en la vida del creyente el pronunciamiento legal de justicia que Dios ha
hecho; y
4. llenar de poder al creyente para que ayude en el proceso de santicación de otros
por
a) la proclamación del evangelio a los no creyentes
b) la edificación de los creyentes.
La definición del término dada por Millard Erickson es la armación más clara de la forma en
que entendemos esta parte del proceso. Dice Erickson: “Es una continuación de lo que ha
comenzado en la regeneración, cuando le fue otorgada e impartida al creyente una
novedad de vida. En especial, la santicación es la aplicación por parte del Espíritu Santo a la
vida del creyente de la obra hecha por Jesucristo.”
Bibliografía:
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