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Leyendas y mitos de la tradición popular

Los documentos presentan varias leyendas latinoamericanas sobre criaturas sobrenaturales como el Mohán, el Guando, el Casador, el Sombrerón, el Hombre Caimán, el Silvador y el Patas. Cada leyenda describe las características, habilidades y comportamientos atribuidos a estas criaturas, así como historias sobre sus apariciones y efectos en los seres humanos.

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Leyendas y mitos de la tradición popular

Los documentos presentan varias leyendas latinoamericanas sobre criaturas sobrenaturales como el Mohán, el Guando, el Casador, el Sombrerón, el Hombre Caimán, el Silvador y el Patas. Cada leyenda describe las características, habilidades y comportamientos atribuidos a estas criaturas, así como historias sobre sus apariciones y efectos en los seres humanos.

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- El MOHAN: Describen al 

Mohán con barba espesa y larga, como la de un patriarca terrible que


infunde autoridad y a la vez una sensación de malicia diabólica, Cuentan que el cabello del Mohán
es abundante y largo y que evidencian su formidable fuerza, capaz de sostener el peso de la luna.
Por eso los pescadores, remeros, bravucones y malhechores le tienen un miedo cerval. Afirman
que para el Mohán las cuevas de oro son sagradas, porque las considera su hogar y refugio. Y
que en ellas, él como curandero prepara bebidas salutíferas, elíxir prodigioso y bálsamo
salvavidas, con frutas tropicales, plantas medicinales e hiervas aromáticas. el Mohán se embriaga
con aguardiente de caña y chicha de maíz, que el mismo [Link] que el Mohán hace
largos tabacos negros, que los prende con cocuyos o luciérnagas, que los chupa y expulsa
bocanadas de humo más grandes que las fumarolas de un volcán, Dicen que con una mirada las
hipnotiza y con su dentadura de oro las hechiza, porque con sus ojos lee la mente de las chicas,
averigua su pasado, ve su presente y vaticina el porvenir.
- EL GUANDO: Las apariciones de este macabro espectáculo en la mayoría de las veces
conmueve, no sólo por creer que en realidad llevan al difunto por ir los familiares acompañándolo,
sino por el murmullo coral del rezo del Rosario y el Réquien por su alma.  Hace muchícimos años
vivía un hombre muy avaro, incivil, terco y malgeniado, que no le gustaba hacer obras de caridad,
ni se compadecía de las desgracias de su prójimo. Los pobres del campo acudían a él a implorar
ayuda para sepultar a algún vecino, pero contestaba que él no tenía obligación con nadie y que
tampoco iba a cargar un mortecino. Que les advertía, que cuando él se muriese, lo echaran al río
o lo botaran a un zanjón donde los gallinazos cargaran con él. Por fin se murió el desalmado, solo
y sin consuelo de una oración. Los vecinos que eran de buen corazón, se reunieron y aportaron
los gastos del entierro. Construyeron la camilla y cuando lo fueron a levantar casi no pueden por
el peso tan extremado. Convinieron en hacer relevos cada cuadra, a fin de no fatigarse durante el
largo camino al pueblo. Al pasar el puente de madera, sobre el río, su peso aumentó
considerablemente, se les zafó de las manos y el golpe sobre la madera fue tan fuerte que partió
el puente y el muerto cayó a las enfurecidas aguas que se lo tragaron en un instante. Al momento
los hombres acompañantes bajaron a la corriente y buscaron detenidamente pero no lo hallaron
ni a él ni al andamio. Lo que sí ha quedado por el mundo es su aparición fantasmagórica que
atormenta a los vivos, haciendo estremecer al más valiente con el ruido de los lazos sobre la
madera en un continuo y rechinante "chiqui, chiqui, chiquicha...". Sus apariciones más seguras se
verifican en la víspera de los difuntos, o sea en las fiestas de las Animas; en los lugares aledaños
a los cementerios, causando gran pavor a la tétrica procesión, portando sus acompañantes
coronas, cirios y rezando en voz alta: de vez en cuando se oye una voz cavernosa e imperativa
que dice: "meta el hombro compañero" 
- EL CASADOR En aquel caserío tenían una capilla donde celebraban las ceremonias más
solemnes del calendario religioso. Tenía unas ventanas bajas y anchas que dejaban ver el
panorama y para que el aire fuera el purificador del ambiente en las grandes festividades. Llegó la
celebración de la Semana Santa. Los fieles apretujados llenaban la capilla, oyendo con atención el
sermón de "las siete palabras". Los feligreses estaban conmovidos. Reinaba el silencio... apenas
se percibían los sollozos de los pecadores arrepentidos y los golpes de pecho. Allí estaba el
cazador, en actitud reverente, uniendo sus plegarias a las del Ministro de Dios, que en elocución
persuasiva y laudatoria hacía inclinar las cabezas respetuosamente. De pronto, como tentación
satánica, entró un airecillo que le hizo levantar la cabeza y mirar hacia la ventana. Por ella vio,
pastando en el prado, un venado manso y hermoso. Que maravilla! Esto era como un regalo del
cielo! estaba a su alcance... a pocos pasos de distancia. Rápido salió por entre la multitud en
dirección a su cabaña. Fue tanta la emoción del hallazgo que no se acordó del momento
grandioso que significa para los cristianos el día de Viernes Santo. Tampoco se fijó en el momento
sagrado de la pasión de Cristo. Salió con su escopeta y su perro en busca de la presa. Ya el
animal había avanzado unas cuadras hacia el manantial. El cervatillo al verse acosado paró las
orejas y se quedó inmóvil, como esperando la actitud del hombre. Este al verlo plantado le
disparó, pero en ese mismo instante el animal huyó. Perro y amo siguieron las pistas, lo
alcanzaron y, al dispararle de nuevo, se realizaba el mismo truco. El afiebrado cazador no medía
ni el tiempo, ni la distancia. Seguía... seguía... cruzaba llanos, montañas, cañadas, colinas,
despeñaderos, riscos y sierras. Llegó por fin a la montaña cuando las tinieblas de la noche
dominaban la tierra. La montaña abrió sus fauces horripilantes..! El cazador penetró... y nunca
más volvió a salir de ella. Dicen que la montaña lo devoró.
- EL SOMBRERON: En los viejos caminos y las calles olvidadas de los pueblos de la Región
Andina deambula el Sombrerón, un hombre Infernal que lleva un inmenso sombrero, que le cubre
toda su cara y cuello. El fantasmal ser, viste ruana y guantes negros. Y va acompañado por dos
perros negruzcos de mirada endemoniada y dientes  furiosos, quienes arrastran pesadas cadenas
sonoras, mientras "ladran a la luna". De repente, el Sombrerón se evapora y luego aparece
montado en un caballo rojo que colea, caracolea, relincha y estornuda, anunciando devastación y
muerte. En donde pisan los cancerberos y la bestia herrada, brotan chispas y sale humo y si
topan con algún mortal lo convierte en cenizas, las cuales echa el Sombrerón en  las alforjas,
luego el espectro cabalga en su corcel apocalíptico, escoltado por los monstruos aullantes y se
dirigen aun cementerio. Allí el hombre Sombrerón vacía las pavesas fúnebres en un sepulcro
abierto que está hambriento. Enseguida se quita el Sombrerón y queda descubierta una calavera
espeluznante que se acuesta en la tumba con los tres animales; ipso facto se metamorfosean
en un sapo, un buitre y un ratón.
- EL HOMBRE CAIMAN: Cuenta la leyenda que en la localidad de plato vivía un hombre pescador,
al que le gustaba mirar a las mujeres que lavaban y se bañaban en las aguas del río Magdalena.
Tenía tanto interés por observarlas, pero a la vez tanto miedo de ser descubierto que fue en
busca de un brujo a la alta guajira (cuya capital conocemos, Riohacha). Este brujo le dio como
solución dos pócimas, una roja y otra blanca. Con la poción roja se convertiría en caimán, y podía
observar de cerca a las muchachas sin peligro de que lo descubrieran y luego, lógicamente, le
fueran a dar un escarmiento. La poción blanca en cambio lo devolvería a su estado natural
humano y un amigo debía suministrársela a la vuelta de sus correrías. Durante un tiempo el
hombre disfruto de su condición y de sus correrías, observando a las mujeres mientras se
bañaban, inocentes, en el río. Un día su compinche no pudo acompañarlo, pero envió a otra
persona que era la encargada de suministrarle la pócima que lo haría hombre. Al ver el caimán de
cerca, el hombre se asusto y dejo caer la botella, derramándose su contenido. Se perdió el
antídoto, pero unas gotas cayeron sobre la cabeza del hombre caimán, dejándolo mitad hombre,
mitad caimán. A partir de ahí el hombre no pudo espiar a más mujeres mientras se bañaban por
que se convirtió en el terror del lugar. Nadie se baño mas en esa parte del río y el hombre caimán
solo era visitado por su madre, quien le preparaba y llevaba sus alimentos favoritos. A la muerte
su madre el hombre caimán decidió dejarse arrastrar por el río hasta su desembocadura, donde
desapareció. Aun hoy los pescadores tienen la esperanza de cazarlo 

- EL SILVADOR: representada en el cantar de un pájaro de  mal agüero, invisible, siniestro y muy


temido. Dicen que es un compañero de las brujas, que solo predice desgracias con su tétrico
silbido, aseguran que en su forma es un pájaro corriente de color gris, su silbido es largo,
lastimero y lúgubre, pero ninguno de los que han escuchado su triste aviso lo ha podido ver, pues
casi siempre su canto es lejano, misterioso, que se oye en la inmensidad del llano, de las
montañas o de los ríos, entre las lóbregas tinieblas de la noche o en medio de la niebla. Siempre
oye su canto aquella persona a quien le va a suceder o le esta sucediendo en este instante alguna
terrible desgracia y con preferencia la muerte de algún ser querido. El terrible aviso que da son
tres silbidos prolongados y tristes con algún intervalo entre cada uno.
- EL PATAS: Este selvático ser, como lo quieren representar nuestro pueblo, tiene su origen más
desconocido aún que los otros mitos. Para lgunos es un ser mitad hombre, mitad caballo como los
clásicos centauros otros lo quieren como un hipogrífo. Quienes más lo imaginan androide o
simiesco, con extremidades enormes y velludas. Algunos dicen que es un ser musgoso del que
salen ramas y hojarascas, de patas velludas, grandes y de pies planos que semejan intrincadas
raices. Se le supone de comportamiento raro y huidizo, y más es espantapájaros o coco para
asustar a niños malcriados, que ser con alguna dosis de malignidad. Sus apariciones son
episódicas y cortas sin ninguna trama. Algunos campesinos le ponen algo de jocoso al
Hojarasquín del Monte, y por ejemplo decían: " El Hojarasquín depende de la borrachera que
tengas, o de los árboles vistos a la luz de la luna" Algunos le atribuyen a este simpático
duendecillo, condiciones ecológicas y proctetoras. Dicen que deja huellas para guiar a quienes se
pierden en el monte y poder encontrar el camino. Por eso no dudamos en considerarlo como mito
ecológico o naturista
- EL DUENDE: Se dice que es un niño que murió sin ser bautizado o un niño malo que golpeó a su
madre. Es muy pequeño, lleva un sombrero grande y llora como una criatura. Tiene una mano de
hierro y otra de lana, cuando se acerca a alguien le pregunta si con cuál mano desea ser
golpeado. Algunos dicen que, sin importar la elección, el duende golpeará siempre con la de
hierro. Otros, en cambio, aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la que
en realidad más duele. Posee unos ojos muy malignos y dientes muy agudos. Suele aparecer a la
hora de la siesta o en la noche en los cañadones o quebradas. Tiene predilección para con los
niños de corta edad, aunque también golpea sin piedad a los mayores. En la zona de los Valles
Calchaquíes existen dos historias muy curiosas con respecto al duende: Una cuenta que un
arqueólogo, internándose en el cerro a horas de la siesta escuchó el llanto de un niño. Al
acercarse vio un párvulo en cuclillas y con la cabeza gacha. Cuando le preguntó si qué le sucedía,
el niño alzó su maligno rostro y mostrando sus agudísimos dientes al tiempo que sonreía, le dijo:
Tatita, mírame los dientes... El "gringo" salió corriendo tan veloz como las piernas le daban y
nunca regresó. La otra historia, narrada por Lucindo Mamaní, de Tafí del Valle, cuenta que se vió
al duende conversando en un zanjón con un niño que estaba a su cuidado (actualmente un
prominente médico). Al acercarse don Lucindo, el duende -llamado "enano del zanjón" por los
lugareños- salió huyendo.
- LA LLORONA: En las altas horas de la noche, cuando todo parece dormido y sólo se escuchan
los gritos rudos con que los boyeros avivan la marcha lenta de sus animales, dicen los campesinos
que allá, por el río, alejándose y acercándose con intervalos, deteniéndose en los frescos
remansos que sirven de aguada a los bueyes y caballos de las cercanías, una voz lastimera llama
la atención de los viajeros. Es una voz de mujer que solloza, que vaga por las márgenes del río
buscando algo, algo que ha perdido y que no hallará jamás. Atemoriza a los chicuelos que han
oído, contada por los labios marchitos de la abuela, la historia enternecedora de aquella mujer
que vive en los potreros, interrumpiendo el silencio de la noche con su gemido eterno. Era una
pobre campesina cuya adolescencia se había deslizado en medio de la tranquilidad escuchando
con agrado los pajarillos que se columpiaban alegres en las ramas de los higuerones. Abandonaba
su lecho cuando el canto del gallo anunciaba la aurora, y se dirigía hacia el río a traer agua con
sus tinajas de barro, despertando, al pasar, a las vacas que descansaban en el camino. Era feliz
amando la naturaleza; pero una vez que llegó a la hacienda de la familia del patrón en la época
de verano, la hermosa campesina pudo observar el lujo y la coquetería de las señoritas que
venían de San José. Hizo la comparación entre los encantos de aquellas mujeres y los suyos; vio
que su cuerpo era tan cimbreante como el de ellas, que poseían una bonita cara, una sonrisa
trastornadora, y se dedicó a imitarías. Como era hacendosa, la patrona la tomó a su servicio y la
trajo a la capital donde, al poco tiempo, fue corrompida por sus compañeras y los grandes vicios
que se tienen en las capitales, y el grado de libertinaje en el que son absorbidas por las
metrópolis. Fue seducida por un jovencito de esos que en los salones se dan tono con su cultura y
que, con frecuencia, amanecen completamente ebrios en las casas de tolerancia. Cuando sintió
que iba a ser madre, se retiró “de la capital y volvió a la casa paterna. A escondidas de su familia
dio a luz a una preciosa niñita que arrojó enseguida al sitio en donde el río era mas profundo, en
un momento de incapacidad y temor a enfrentar a un padre o una sociedad que actuó de esa
forma. Después se volvió loca y, según los campesinos, el arrepentimiento la hace vagar ahora
por las orillas de los riachuelos buscando siempre el cadáver de su hija que no volverá a
encontrar. Esta triste leyenda que, día a día la vemos con más frecuencia que ayer, debido al
crecimiento de la sociedad, de que ya no son los ríos, sino las letrinas y tanques sépticos donde el
respeto por la vida ha pasado a otro plano, nos lleva a pensar que estamos obligados a educar
más a nuestros hijos e hijas, para evitar lamentarnos y ser más consecuentes con lo que nos
rodea. De entonces acá, oye el viajero a la orilla de los ríos, cuando en callada noche atraviesa el
bosque, aves quejumbrosos, desgarradores y terribles que paralizan la sangre. Es la Llorona que
busca a su hija
- EL TUNJO DE ORO: En los caminos serpenteados, bosques perfumados, Quebradas cristalinas y
rocas míticas, se aparece un niño abandonado, llorando e implorando protección, alimento y
abrigo a los viajeros. Algunos caminantes son invadidos por un miedo cerval y
huyen rápidamente. Otros controlan su terror y se acercan a prestarle socorro, entonces el niño le
dice que ya tiene dientes y cuando abre la boca vomita fuego de santelmo. Sí el samaritano se
asusta se escapa raudo como el viento; pero sí ha roído del Tunjo de Oro, le muestra una cruz, lo
bendice y persigna; pon arte de magia la criatura se convierte en un muñeco de oro, lo cual es* I
anuncio de bonanza. A veces se ve al Tunjo o Muñeco de Oro, sentado sobre un arco iris, en "el
trono de Dios" Sobre su cabeza se ve Una aureola dorada en forma üe almendra irradiando rayos
solares inmortales.  El Tunjo, parece la encarnación de una deidad en figura humana con carnes
áureas, un fantasma visible, un ídolo a quienes los mortales quieren poseer, atesorar y adorar. Al
observar al Tunjo maravilloso, se ven sus ojos rojos de rubí y su corazón brillante de diamante; el
magnetizante Tunjo, empuña en una mano una flor de oro y en la otra sostiene, la lámpara de la
inteligencia, la sabiduría y el discernimiento. Extrañamente cuando aparece el espectro del Tunjo
de Oro, canta el gallo, el ave de la mañana y de la abundancia. Algunos creen que el Tunjo de
Oro es evidencia de ambición febril de sueños fantásticos e ilusiones quiméricas. Otros creen que
el Tunjo de Oro es como "la fortuna: casual, caprichosa y dialéctica, quien a ciegas
distribuye bienes y males." Lo cierto es que los aventureros que han tenido la dicha ele
encontrarse al portentoso Tunjo de Oro y han cumplido con el ritual para convertirlo en muñeco
de metal precioso y lo han guardado en un baúl acorazado, junto a un casco, a una espada, un
escudo, una cruz de plata y un objeto de marfil, reciben muy pronto la gracia de posesión de
riquezas con poderes en el cielo, el mar y la tierra. El Tunjo de Oro, se convierte en una mina de
oro y en un yacimiento de piedras preciosas para su mentor. Las lágrimas del Tunjo de Oro curan
cualquier enfermedad del alma y del cuerpo. El poder sobrenatural del Tunjo de Oro, sana las
penas, los pesares y los sufrimientos de quienes tienen paciencia y resignación; porque vienen las
bienaventuranzas, la gracia de salvación, la redención de la salud,: la felicidad, el éxito en
los negocios y la prosperidad. Poseer el mítico Tunjo de Oro es mejor que ganarse la lotería,
porque defeca bolas de oro, premia y glorifica a su protector con los tesoros de El Dorado, del
país de la esmeraldas, del reino de las guacas y de las tumbas de caciques. Sí el beneficiado con
las riquezas derivadas del Tunjo de Oro, luego de obtener honores, dignidades y fama, descuida
sus ritos, y alimentos; cosecha peste, hambruna, ruinas y pesares; y por ingrato, solo la muerte
puede poner fin a su fatal hado.
- EL GRITÓN es un ser que habita la propicia de la rioja se le describe como un gran bulto peludo
sin cabeza y de color gris, el gritón impide el paso en los caminos de los senderos justo cuando
cae la noche, algunos valientes intentaron aventurarse por los senderos en los que el solía
aparecer, primero se escuchaba un grito lejano que se repetía cada vez mas cerca hasta que el
gritón se plantaba en medio del camino cerrando el paso. Se dice que un hombre haciendo
cruces con su cuchillo logro pasar pero llego exhausto y en muy malas condicione a su casa, el
gritón grita desde lejos y si sé le contesta se aparece como un torbellino rápidamente, por esto si
caminan por un sendero en la noche en la provincia de la rioja argentina y escuchan un grito
lejano tengan mucho cuidado.
- LA DAMA VERDE: También alumbra o sea que produce luz, y con esto damos a entender que con
su presencia produce algún maleficio Se le confunde con La dama Verde, pues en ambas
versiones se representa igualmente como una dama anciana vestido de negro, con una mantilla
verde o con un sayal verde y cubierta la cara con un largo velo también verde. En ambas
versiones: Viudita-dama Verda, se le describe como un ser manso, doliente, en actitud devota,
portando entre sus manos un rosario cuyas cuentas pasan rápido y nerviosamente. Es un
espanto urbano de casas derruídas, desvanes, callejuelas, y se pretende que su presencia
significa para quien la ve, un pronto duelo de la familia. Otros dicen haberla visto como un
cuerpo de mujer, de estatura regular, cubierto con una sábana blanca, desde la cabeza hasta los
pies, dejando ver la frente, el rostro, las manos y los pies de un esqueleto disecado. En Antioquia
se le conoce mas como Dama verde y se le describe como una anciana de estatura más bien alta,
de porte y compostura distinguidos, vestida con un largo sayal verde. Siempre lleva en sus manos
un rosario, y algunas versiones agregan que este rosario es fosforecente y de ahí la luz que
desprende. Siempre se le ha asociado con el encuentro de entierros y guacas, pues por último
punto por donde desaparece su lumínica figura, debe empezar a cavarse y allí cerca esta el
entierro. La personifica la leyenda con ser una antigua dama de alcurnia, que por un pecado
oculto de infanticidio, "Después de matar a su hijo lo escondió en una tapia que volvió a
recavar", debe vagar eternamente purgando y sirviendo de guí para encontrar objetos preciosos
ocultos por los muertos, y con cuyo desenterramiento, ellos descansarán en paz.
- LA INDIA CATALINA es uno de los personajes indígenas de la historia de  Colombia.
Perteneciente a la etnia calamarí, fue una de las mujeres más ricas de  Cartagena de Indias.
Durante el periodo de Colonia española en el actual  departamento de Bolívar, fue evangelizada,
estableció orden y relación cercana principalmente con  Pedro de Heredia. Catalina fue raptada
en 1509, cuando tenía 14 años por el conquistador español  Diego de Nicuesa en un pueblo
conocido como Galerazamba, actual municipio de Santa Catalina en el  departamento del
Bolivar, cuando se proponía la conquista y dominio del Golfo de  Urabá. Era la hija del Cacique
Zamba, gobernante de una tribu de la etnia Caribe llamada Mokana. Fue conducida a  Santo
Domingo, donde adquirió los hábitos, costumbres y creencias religiosas de sus captores.
Contaban los cronistas Fernández de Oviedo y Juan De Castellanos, que en uno de sus viajes
envió a dos hombres por una "india lengua" o "india traductora" de la lengua de origen al
español. Catalina regresaría a sus tierras en  1528 con el madrileño Pedro de Heredia cuando
tenia aproximadamente 30 años, en calidad de intérprete. Como intérprete de Heredia logró la
pacificación de numerosas tribus indígenas, como los indios yurbacos actual turbacos, que
habían eliminado en combate a  Pepito Matrufenco años atrás, y a los caciques de Carex y
Bahaire, y había conocido para los españoles la ubicación de tesoros de oro como los de Zipacóa
y Mahates. Alrededor de junio de 1533 Heredia llevó a la india Catalina a una expedición al norte
de la Provincia de Cartagena, y en aquella marcha logró llegar a Zamba y reencontrarse con sus
familiares, quienes ahora en señal de agradecimiento se sometieron al mandato de Pedro de
Heredia. Años más tarde se casaría con Alonso Montañez, sobrino de Don Pedro. Con quien
posteriormente se fue a vivir a Sevilla y nunca se volvió a saber nada de ella. Un mito cuenta que
murió en aquella ciudad viuda, centenaria y rodeada de hijos y nietos. Se le conoce como la
"India Lengua", como una "pacificadora" y traductora entre las tribus indígenas. Las bondades
con que se ve el término "pacificadora" son criticados por algunos historiadores, puesto que al
final de toda esta campaña donde Catalina sirvió de "pacificadora" terminaron aniquilados por
completo los indios Calamarí, quienes habitaban la zona donde hoy se encuentra Cartagena. Por
un lado se presenta a Catalina como un símbolo de la raza nativa (y se presenta como una mujer
dócil y pacífica, al servicio de la colonización) siendo la única imagen indígena a la que hoy en día
se le muestran honores.
- JUAN MACHETE: Cuentan que había un hombre que decidió ofrecer a su mujer y a sus hijos a
santanas a cambio de que este lo hiciera ser el hombre más poderoso del llano, para este pacto
aquel hombre un jueves santo había cocido los ojos de un sapo y una gallina negra para luego
enterrarlos vivos y esperar todo un año para hacer su petición; lanzó los huesos al viento y llamo
a gritos tres veces a Satanás, finalmente hiso su petición diciéndole que si no se presentaba para
hacer el pacto, que lo volviera entonces el hombre más poderoso y rico. Aquel día no sucedió
nada pero a partir de ese momento Juan machete empezó a tener mucha suerte sus tierras se
volvieron las más fértiles y su ganado paria de a doble cría, incrédulo Juan creía que solo tenía
suerte hasta que una noche oyó el mugir de un padrote y al despertar mientras ensillaba su
caballo diviso al más hermoso padrón que alguna ves allá podido ver era negro de cascos y astas
blancas, aquel día Juan para conciliar con el sueño lo único que pudo hacer fue imaginar que ese
animal fuera de algún vecino. Al día siguiente tras haber recorrido todos los hatos cercanos
descubrió que ese padrón no era de nadie, y que todas las reses se alejaban de aquel padrón que
era como si fuera el, el dueño y señor del rebaño. Juan ese día solo pudo dormir hasta el filo de
la media noche cuando nuevamente el padrón volvió a mugir, al despertase y ver sus tierras Juan
machete vio que habían miles de reces y que ese era el gesto que Satanás le había mandado para
mostrarle que ya era el ganadero mas poderoso de la región.
- MADRE DE AGUA: Es un ser anfibio que prefiere vivir la mayor parte del tiempo bajo el agua. Allí,
en las profundidades de los ríos, entre las algas, recorre sus viviendas de obsidiana y de despojos
de crustáceos. Allí como una ninfa acuátil, apoyada en un bastón de coral, desteje la red de su
amargura. Con la mirada perdida busca a su joven amante indio, al hijo que fuera arrojado a la
corriente por el abuelo español que nunca aprobó su amor por el aborigen. Madre del río,
pequeña sonámbula de los silenciosos arrecifes, además de su inclinación por la transparencia,
las nubes y los pájaros, la Madre de Agua desea a los niños. Con sonidos de caracol, con
mensajes de mariposa de cristal, con ramos de flores blancas que alumbran en recámaras de
sílice, los atrae hasta el borde del río. Aquellos que han visto los visajes del rostro en los espejos
del agua, enferman y sin poder olvidar corren al abismo en busca de los cabellos de oro y del
espejismo de la cantora de ojos azules.
- FRANCISCO EL HOMBRE: La leyenda de Francisco el Hombre cuenta la historia de un juglar
vallenato que se batió en duelo con el diablo; un duelo de acordeón del cual saldría victorioso
Francisco al interpretar el credo al revés. Era una noche de penumbra, Francisco el Hombre se
dirige a su pueblo, luego de una parranda de varios días. Iba como siempre, sacando notas a su
acordeón, cantando para aligerar el camino. De repente Francisco se dio cuenta que cada
melodía que interpretaba era respondida por una melodía mejor la cual era interpretada por
alguien que él jamás había escuchado. El interpretaba una melodía y esta era respondida
nuevamente por una mejor. Luego de casi dos horas Francisco se encontraba atónito por la
interpretación de su contendor, éste le estaba ganando. Francisco se fue siguiendo la melodía de
su adversario hasta que por fin lo divisó entre la penumbra de la noche, sin embargo no lograda
identificar plenamente a su contendor. De pronto un rayo de luz penetró por entre la penumbra
y la silueta de su contendor se hizo evidente: era el diablo, fue entonces cuando comprendió lo
que estaba sucediendo y por qué estaba siendo derrotado en una disciplina en la cual era el
mejor. Francisco también comprendió lo que debía hacer, acercó el acordeón a su pecho, miró
hacia el cielo, abrió el acordeón y entonó el credo al revés. En ese instante la penumbra
desapareció y se llevó consigo al diablo el cual fue contundentemente derrotado por la habilidad
y destreza del desde ese entonces legendario Francisco el Hombre

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