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EL CHEF Rodrigo Rey Rosa

El documento describe la vida de un vagabundo llamado 'El Chef' que vivía debajo de un puente en Manhattan. Cazaba pájaros y comida de la basura para alimentarse. Era popular entre otros vagabundos por sus pequeños banquetes. Fue asesinado por otro vagabundo celoso mientras dormía.
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EL CHEF Rodrigo Rey Rosa

El documento describe la vida de un vagabundo llamado 'El Chef' que vivía debajo de un puente en Manhattan. Cazaba pájaros y comida de la basura para alimentarse. Era popular entre otros vagabundos por sus pequeños banquetes. Fue asesinado por otro vagabundo celoso mientras dormía.
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“El chef”, Rodrigo Rey Rosa, en Ningún lugar sagrado

Durante tres años vivió debajo del Manhattan Bridge, en una covacha al borde del terraplén
sobre el río, y solía pasar buena parte de sus noches mirando por un ventanuco la telaraña de
luces del vasto y ruidoso puente tendido sobre el East River, los faros de los automóviles que
iban y venían. Cuando estaba decaído o perezoso, se alimentaba con los desperdicios de comida
que encontraba en los basureros de los restaurantes de Chinatown y Little Italy, por donde
deambulaba por las tardes y al amanecer. Cuando se sentía más emprendedor, atrapaba mirlos o
una especie de codorniz que a veces, durante el invierno, venían a refugiarse en los parques de la
ciudad. Los mirlos eran fáciles de atrapar, con cebo de miga y cuerda de pescar. También los
cazaba con una cerbatana de aluminio, que él mismo fabricó con los restos de una vieja antena de
televisión, armada de dardos hechos con agujas hipodérmicas, las que solía cargar con pequeñas
dosis de veneno o sedantes obtenidos en los vertederos del Beth Israel o el Bellevue, los grandes
hospitales. Las codornices requerían más paciencia e ingenio. Para ellas construía trampas con
cajas de plástico, elásticos usados y varillas de madera o de metal. Sea como fuere, si tenía un
poco de suerte, volvía a su covacha bajo el puente con sus presas y hacía una pequeña fogata
para cocinar.
Le llamaban el Chef porque sabía preparar varias salsas, y era enormemente popular por los
pequeños banquetes que celebraba. Entre sus visitantes se encontraban las chicas vagabundas
más atractivas, y uno que otro chico, dispuestos a todo por un buen manjar.
Celoso porque su compañera iba a cenar con el Chef muy a menudo, un malhumorado
vagabundo a quien llamaban Kentucky Matt, le partió el cráneo al Chef con un madero una
mañana mientras dormía. (Dormía cobijado con cartones, porque era pleno invierno, y parece
que, para ahogar los ruidos del tránsito del puente, se había acostado con su walkman y
escuchaba, cuando fue muerto, una fuga de Bach.)
La chica denunció el crimen, pero Kentucky Matt no fue capturado. Huyó de la ciudad -dicen-
como polizón en un vagón de ferrocarril.

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