Introducción a la Pragmática
Introducción a la Pragmática
1. ¿Qué es la pragmática?
Se entiende por pragmática el estudio de los principios que regulan el uso del lenguaje en la
comunicación, es decir, las consideraciones que determinan tanto el empleo de un enunciado
concreto por parte de un hablante concreto en una situación comunicativa concreta, como su
interpretación por parte del destinatario. La pragmática es, por lo tanto, una disciplina que toma
en consideración los factores extralingüísticos que determinan el uso del lenguaje
2. Tres problemas de pragmática.
Contamos siempre con la posibilidad de que haya una cierta separación entre lo que se dice (entre
los significados literales de las palabras que se pronuncian) y lo que se quiere decir (la intención
comunicativa subyacente). Hemos credo complejos mecanismos de inferencia que entran en
funcionamiento automáticamente para hacernos recuperar lo que nuestros interlocutores
quisieron decir a partir de lo que realmente dijeron. Estamos usando constantemente estrategias
que nos conducen a contextualizarlo todo de la mejor manera posible para que encaje y tenga
sentido.
3. La necesidad de la pragmática.
La distancia que existe a veces entre lo que literalmente se dice y lo que realmente se quiere
decir, la adecuación de las secuencias gramaticales al contexto y a la situación, o la asignación
correcta de referente como paso previo para la comprensión total de los enunciados son tres
tipos de fenómenos que escapan a una caracterización precisa en términos estrictamente
gramaticales.
Así, una teoría general del lenguaje deberá dar respuesta adecuada, al menos, a las siguientes
preguntas:
¿Cómo es posible que lo que decimos y lo que queremos decir puedan no coincidir?• ¿Cómo es
posible que, a pesar de todo, nos sigamos entendiendo?• ¿Qué parte de lo que entendemos
depende del significado de las palabras que usamos?• ¿Qué parte depende de otra cosa?• ¿De
qué otra cosa?•
Estos problemas constituyen el centro de interés de la pragmática. Maria Victoria Escandell quiere
dejar bien claro que su intención no es que la pragmática sustituya a la reflexión gramatical, ni
tampoco que haya que mezclar indiscriminadamente ambos enfoques, sino que las explicaciones
que ofrecen la gramática y la pragmática deben entenderse siempre como complementarias.
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-De naturaleza material, física, en cuanto que son entidades objetivas, descriptibles
externamente.
De naturaleza inmaterial, ya que se trata de los diferentes tipos de relaciones que se establecen
entre los primeros. •
Los componentes materiales.
EL EMISOR
Con el nombre de emisor se designa a la persona que produce intencionalmente una expresión
lingüística en un momento dado, ya sea oralmente o por escrito. El concepto de emisor está
entendido aquí refiriéndose a un sujeto real, con sus conocimientos, creencia y actitudes, capaz de
establecer toda un red de diferentes relaciones con su entorno.
Un emisor es el hablante que está haciendo uso de la palabra en un determinado momento, y lo
es sólo cuando emite su mensaje. Mientras que la condición del hablante es de carácter
abstracto, y usualmente no se pierde nunca (un hablante de una lengua es alguien que tiene los
conocimientos de dicha lengua y sigue siendo hablante incluso si está callado), la de emisor es
mucho más concreta y está en función de una situación y un tiempo precisos. Con emisor no nos
referimos a una categoría absoluta, sino a una posición determinada por las circunstancias.
EL DESTINATARIO
Con el nombre de destinatario se designa a la persona (o personas) a la(s) que el emisor dirige su
enunciado y con la(s) que normalmente suele intercambiar su papel en la comunicación de tipo
dialogante. Frente a receptor, la palabra destinatario sólo se refiere a sujetos, y no a simples
mecanismos de descodificación. Por otra parte, destinatario se opone a oyente en el mismo
sentido en que emisor se opone a hablante: un oyente es todo aquel que tiene la capacidad
abstracta de comprender un determinado código lingüístico; el destinatario es la persona a la que
se ha dirigido un mensaje.
La intencionalidad se convierte también en una nota distintiva. No puede considerarse
destinatario a un receptor cualquiera, o a un oyente ocasional: alguien que capta por casualidad
una conversación no es su destinatario. El destinatario es siempre el receptor elegido por el
emisor; además, el mensaje está construido específicamente para él. Este hecho es de capital
importancia, ya que nuestro mensaje variará en función del destinatario que escojamos (no es lo
mismo hablar a un niño o a un adulto, a un amigo a alguien que apenas se conoce,... incluso el
escritor que no conoce a sus posibles receptores prefigura una imagen ideal del tipo de personas a
quienes le gustaría que estuviera dirigida su obra, y se construye un modelo de destinatario. Una
de las tareas del emisor consistirá en analizar y evaluar adecuadamente las circunstancias que
concurren en su interlocutor para poder calcular con éxito su intervención.
EL ENUNCIADO
Se trata de la producción lingüística que produce el emisor. El término enunciado se usa
específicamente para hacer referencia a un mensaje construido según un código lingüístico.
Cada una de las intervenciones de un emisor es un enunciado; su extensión es paralela a la de la
condición de emisor. El enunciado está, por tanto, enmarcado entre dos pausas, y delimitado por
el cambio de emisor. Ello implica que no hay límites gramaticales a la noción de enunciado. Los
únicos criterios que resultan válidos son los de naturaleza discursiva, los que vienen dados por
cada hecho comunicativo particular.
La actualización de una oración (unidad abstracta, estructural, definida según criterios formales)
puede constituir en muchos casos un enunciado, pero no todo enunciado es la actualización de
una oración. Se establece, de nuevo, una distinción entre un concepto gramatical (oración) y otro
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pragmático (enunciado). El vocabulario pragmático va cobrando entidad e independencia frente a
la terminología que usualmente se emplea para describir hechos y fenómenos gramaticales.
De todos modos, no es preciso tener una certeza del 100% sobre lo que se comparte; lo que se da
por supuesto suele ser suficiente para asegurar la inteligibilidad en la mayoría de los casos.
Puede aceptarse, pues, sin grandes reparos que los interlocutores comparten una parcela de
información pragmática de dimensiones variables y que, además, cada uno construye una
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hipótesis sobre dicha parcela y sobre la información del otro. De lo adecuado de estas hipótesis
dependerá en gran medida el éxito y la comprensión.
El punto central de la comunicación, en cambio, se sitúa con mucha frecuencia fuera de esa
parcela común: esto ocurre ,por ejemplo, en los casos en los que el emisor informa al destinatario
de algo que éste ignora. Ahora bien, incluso la información nueva debe poder ser identificada y
situada correctamente a partir de los conocimientos de esa parcela común. Según Auwera, si no
tuviéramos ningún tipo de información previa a la que ligar lo nuevo que se nos dice, todo
enunciado resultaría ininterpretable.
El conjunto de conocimientos y creencias de los interlocutores desempeña, pues, un papel
fundamental, ya que hace posible la comunicación. Y decimos que es un principio regulador de la
conducta porque tanto la propia información pragmática como las teorías sobre el otro
determinan y condicionan el contenido y la forma del enunciado.
2.2. LA INTENCIÓN.
Se trata de la relación entre el emisor y su información pragmática, de un lado, y el destinatario y
el entorno, del otro. Se muestra siempre como una relación de dinámica, de voluntad de cambio.
La postura más extendida hoy día es que dicha relación es un relación de causa / efecto: la
intención se explica a partir del hecho de que todo discurso es un tipo de acción; dicho de otro
modo, de las marcas y resultados de la acción se deduce la intención.
La comunicación humana tiene como finalidad fundamental el alcanzar ciertos objetivos en
relación con otras personas: hablamos con una determinada intención y el instrumento utilizado
para conseguir esa intención es el lenguaje.
La intención funciona como un principio regulador de la conducta en el sentido de que conduce al
hablante a utilizar los medios que considere más idóneos para alcanzar sus fines.
Parret distingue entre intención y acción intencional: mientras que la primera puede ser
simplemente privada, interior, y no llegar a manifestarse externamente, la acción intencional
siempre se manifiesta, y debe entenderse como la puesta en práctica efectiva de una intención.
El silencio, en cuanto acción voluntaria y consciente, puede ser también un medio indirecto para
conseguir determinados objetivos. El silencio tiene auténtico valor comunicativo cuando se
presenta como alternativa real al uso de la palabra.
De todos modos, la decisión de hablar suele hacerse de manera rápida y espontánea, no suele ser
una tarea larga y laboriosa. Normalmente es más lenta le decisión de no hablar que la de hacerlo.
Existe una segunda perspectiva desde la que se puede contemplar también el concepto de
intención, y es aquella que adopta el destinatario. Es necesario tratar de descubrir la intención
concreta con que fueron elegidas las formas utilizadas por el emisor para la correcta
interpretación de los enunciados.
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La interpretación, en cambio, pone ya en juego los mecanismos pragmáticos. Puede definirse
como la función entre el significado codificado en la expresión lingüística utilizada, de un lado, y la
información pragmática con que cuenta el destinatario, del otro.
La tarea del destinatario consiste, pues, en intentar reconstruir en cada caso la intención
comunicativa del emisor de acuerdo con los datos que le proporciona su información pragmática.
Para ello, evalúa el contexto verbal y no verbal del intercambio comunicativo, buscando la
información suplementaria que necesite para poder inferir un mensaje adecuado al propósito
común de la comunicación.
En consecuencia, la interpretación concreta de un enunciado en una situación dada no podrá ser
objeto del análisis semántico, ya que para determinarlo es necesario hacer intervenir elementos
extralingüísticos.
CAPITULO 3
AUSTIN Y LA FILOSOFIA DEL LENGUAJE CORRIENTE
Sin duda una de las líneas de investigación prágmatica más importantes dentro del pensamiento
contemporáneo es la iniciada por Austin. Sus ideas sobre el interés de estudiar el lenguaje
corriente comienzan a fraguarse rededor de los años 40 y cuentan hoy entre las más influyentes
no solo dentro del campo de la lingüística sino especialmente dentro de la filosofía del lenguaje.
CONTRA EL VERIFICACIONALISMO
Austin se sitúa fuera de la línea en que suelen colocarse los filósofos con respecto a la verdad o a
la falsedad:
Para ellos, las proposiciones se caracterizan siempre como verdaderas o falsas, y sobre estas
nociones está edificada una buena parte de la lógica y de la filosofía del lenguaje.
Austin señala que a la hora de evaluar la correspondencia entre un enunciado y un hecho hay que
tomar en consideración el grado de correspondencia con la realidad y el propósito general con
que se describe dicha realidad ( las circunstancias en que se emite). Queda así perfilado uno de los
conceptos que resultan fundamentales en la teoría pragmática: la idea de adecuación del
enunciado.
LA FALACIA DESCRIPTIVA
Intimamente ligado a la convinción de que los enunciados no son solo verdaderos o falsos, nace la
idea de que el lenguaje no es exclusivamente descriptivo. Un enunciado puede desempeñar
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diferentes funciones una de las cuales es describir un estado de cosas pero en otras ocasiones
puede ser parte importante del cumplimiento de una acción.
Esta es la principal diferencia con los filósofos que normalmente se ocupaban del lenguaje
tomando en consideración una faceta descriptiva.
Los enunciados realizativos o performativos se usan para llevar a cabo acciones más o menos
ritualizadas o convencionales que requieren de ciertas condiciones para ser considerados
adecuados o desafortunados.
PALABRAS Y ACCIONES
Los enunciados realizativos se oponen a los enunciados constatativos que describen estados de
cosas y que suelen evaluarse en términos de verdad o falsedad.
Un ejemplo de enunciado realizativo es " le pido disculpas" : al emitir este enunciado, el
interlocutor realmente está realizando la acción de pedirle disculpas.
Es su carácter de acción que distingue estos enunciados. Puesto que las expresiones no son
descriptivas, no pueden considerarse ni verdaderas ni falsas sino adecuadas o inadecuadas y
suelen aparecer en primera persona del singular del presente de indicativo. Si por ejemplo, en el
caso de le pido disculpas, quién pronuncia este enunciado no quiere realmente disculparse, no se
puede decir que el enunciado era falso, sino que la petición no fue insincera.
LOS INFORTUNIOS
La idea de que los enunciados realizativos o pueden ser inadecuados o desafortunados, lleva a
Austin a desarrollar la teoría de los infortunios. en muchos casos enunciados realizativos
paralización de tipo de acciones convencionales y si estás tienen que emitirse siempre las
condiciones requeridas. un fallo o una violación de cualquiera de estas condiciones da lugar a un
infortunio.
Las reglas o condiciones que según Austin se aplican a los actos realizados son:
- existencia de un procedimiento convencional que incluya la emisión de determinadas palabras
- estas últimas deben ser apropiadas para el procedimiento
-todos los participantes deben actuar de la forma requerida por el procedimiento
- el procedimiento requiere que las personas se comporten de acuerdo con los pensamientos y sus
disposiciones de ánimo.
5. usos descriptivos de verbos típicamente realizativos (llamar, dar el nombre de..., etc.) »
Llamó inflación al exceso de dinero..
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¡Gire! – Le ordeno que gire – (casos en los que no es necesario utilizar el predicado realizativo
para que el acto se realice)
Este úlitmo caso, en el que en unos enunciados puede haber un predicado realizativo implícito, dio
lugar en los años 70 la llamada hipótesis realizativa: muchos de las propiedades de un enunciado
derivan directamente de su caracter de acción. Ahora bien el propio Austin, reconoce que la
equiparación se presta a errores. no hay absoluta correspondencia entre enunciados cómo
“estaré allí” y “prometo estar allí”: en el primer caso, el interlocutor puede preguntar si el
enunciado es o no una promesa . Además no puede decirse que haya una correspondencia
constante entre forma lingüística y tipo de acto realizado: un imperativo, puede utilizarse para
ordenar, autorizar sugerir, recomendar, advertir...
LOCUTIVO-ILOCUTIVO-PERLOCUTIVO
La distinción entre enunciados realizativos y constatativos no es una distinción precisa: muchos
enunciados tienen algunos rasgos comunes que parecen depender del carácter de accion que
poseen todos los enunciados.
Partiendo de este supuesto, Austin elaboró su famosísima tricotomia: acto locativo, ilocutivo y
perlocutivo.
ACTO LOCUTIVO
El acto locutivo es el que realizamos por el mero hecho de decir algo y que comprende a su vez
tres tipos de acciones diferentes:
1) acto fónico, el de emitir ciertos sonidos
2) un acto fático, el de emitir palabras, secuencias de sonidos pertenecientes al léxico de una
determinada lengua, organizadas en estructuras gramaticales precisas
3) acto rético, el de emitir tales secuencias con un sonido y una referencia más o menos definido,
es decir, un significado de terminado.
ACTO ILOCUTIVO
El acto ilocutivo o intención (la realización de una función comunicativa, como afirmar,
prometer, etc.) se realiza al decir algo y es el que posee fuerza.
ACTO PERLOCUTIVO
El acto perlocutivo si realiza por haber dicho algo y se refiere a los efectos producidos, y es el que
logra los efectos.
CAPITULO 4
SEARLE Y LA TEORIA DE LOS ACTOS DE HABLA
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Los trabajos de Searle continúan la línea de investigación iniciada por Austin, integrando sus ideas
en un modelo más desarrollado y llevando hasta sus últimas consecuencias muchas de las
intuiciones de Austin.
Aunque él está más cerca de la filosofía que la lingüística, lo cierto es que sus teorías supusieron
una popularización y difusión o de ciertos temas filosóficos entre los estudiosos del lenguaje.
PUNTOS DE PARTIDA
La idea de base de la teoría de Searle es que: " hablar una lengua es tomar parte en una forma de
conducta gobernada por reglas; aprender y dominar una lengua es haber aprendido y dominado
tales reglas. "
Sigue habiendo en su hipótesis una clara identificación entre acción y lenguaje en el sentido de
que el uso del lenguaje la comunicación, se concibe como un tipo particular de acción. De hecho
él, reconoce que la teoría del lenguaje forma parte de una teoría general de la acción y llega a
afirmar que un estudio exclusivamente formal de la lengua no tendría sentido si no va
acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas.
Segun Searle, toda la actividad es convencional, en el sentido de que está controlada por reglas.
Los trabajos de serlo continúa en la línea de investigación iniciada por Austin integrando sus ideas
en un modelo más desarrollado y aunque se encuentra más cerca de la filosofía.
La idea que sirve de base a toda la teoría de Searle, es que hablar una lengua es tomar parte en
una forma de conducta gobernada por reglas. Aprender y dominar una lengua es haber aprendido
y dominado tales reglas.
En su hipótesis se sigue habiendo una clara identificación entre acción y lenguaje, en el sentido de
que el uso de lenguaje en la comunicación se concibe como un tipo particular de acción. De hecho
él reconoce que la teoría de lenguaje, forma parte de una teoría general de la acción y llega
afirmar que un estudio de las propiedades exclusivamente formales de una lengua no tendría
sentido si no va acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas.
Searle afirma que toda la actividad lingüística es convencional, y está controlada por reglas: Por lo
tanto hablar significa realizar actos de habla, actos tales como: hacer afirmaciones, dar órdenes,
plantear preguntas...
El acto de habla, es la emisión de una oración hecha en las condiciones apropiadas y es la unidad
mínima de la comunicación lingüística. Las oraciones, en cuanto unidades abstractas y no
realizadas, no pueden ser las unidades paticas de la comunicación humana porque no son
producidas. La noción de acto de habla se convierte, de este modo, en el centro de la teoría de
Searle.
El uso de lenguaje está regulado por las reglas y principios y junto a las reglas propiamente dichas
deben existir determinadas actitudes por parte de los participantes. Para analizar a cualquier tipo
de acto ilocutivo Searle propone un modelo que le recoge las características formales de la oración
emitida como las condiciones que deben darse en las circunstancias de misión para poder realizar
un determinado tipo de acto con éxito.
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Para Searle fuerza ilocultiva y forma lingüística están íntimamente unidos por una relación regular
y constante. Ello implica, por ejemplo que hay una relación sistemática entre (por ejemplo)
- la forma lingüística de imperativo y el acto de habla de mandato
- oración interrogativa y pregunta.
La identificación entre fuerza y ilocutiva de forma lingüística da mayor alcance a desdibujar la
frontera entre semantica y pragmática. Por tanto el estudio de los actos ilocultivos, llega a ser una
parcela de la semántica.
Para Searle, la diferencia que suele establecerse entre semántica y pragmática es artificial y no
debe ser mantenida, ya que cada uno de los tipos de actos de habla está convencionalmente
asociado con una determinada extructura lingüística.
Un acto ilocutivo se presenta como una función entre una fuerza ilocutiva y un contenido
proposicional. Searle propone una clasificación de los diferentes actos y, en cuanto al contenido
los reduce a cinco categorías principales.
La hipótesis realizativa
La hipótesis realizativa es una propuesta de searle sino una adaptación radical de sus teorías
elaborada en los años 70.
La hipótesis realizativa propugna una identificación entre el acto que el habla realiza al emitirla y
su fuerza ilocutiva. Ejemplo:
- ¿Bajan los precios?
- yo te pregunto si bajan los precios
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las consecuencias más importantes son que la fuerza ilocutiva se considera una parte del
significado profundo de la oración y está asimilada a su estructura sintáctica.
De esta manera él intenta identificar los principios que regulan la emisión de todos los actos
ilocutivos, en virtud de las diferentes posibilidades de combinación de las variables que los
integran.
Cuando las condiciones estipuladas no se cumplen en alguno de los aspectos, el resultado es
también un cierto tipo de infortunio. Por ejemplo en el acto de pedir, el no cumplir a la condición
esencial (desear que el oyente realice una determinada acción) da lugar a una misión
contradictoria. De lo contrario fallar alguna de las condiciones preparatoria sería por ejemplo
cuando el oyente es incapaz de realizar la acción que se le pide.
Sin embargo, hay muchos usos en los que el hablante quiere decir algo ligeramente (o
radicalmente) distinto de lo que realmente expresa: estos usos reciben el nombre de actos de
habla indirectos. Puede decirse que, en estos casos, no hay una relación directa entre el tipo de
oración y la fuerza ilocutiva.
- Podrìas hacerme este favor?
- Me gustarìa que me hicieras esto
Estas dos oraciones no expresan meramente una pregunta y una aserción, sino una petición en
ambos casos.
Estamos por tanto frente a un enunciado que realiza un acto ilocutivo diferente de lo que la forma
linguistica haría prever.
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Más tarde, Searle sugiere una explicación en los siguientes términos: el hablante comunica al
oyente más que lo que dice, basándose en la información de fondo compartida tanto en forma l
come en forma no ling.
Para explicar la interpretación de una interrogativa como: "puedes pasarme la sal?" Searle
propone unos pasos:
- El emisor me ha preguntado si soy capaz de pasarle la sal
- Supongo que su comportamiento es cooperativo y que su comportamiento
responde a una intención determinada (principio de cooperación)
- El contexto de la conversación no indica ningún interés o teórico en mi habilidad
para pasar la sal
- Además el emisor probablemente ya sabe que la respuesta a la pregunta es sí
(información contextual)
- Por lo tanto su enunciado no es una simple pregunta;probablemente tiene alguna
finalidad ilocutiva ulterior
- una condición preparatoria para cualquier acto ilocutivo directivo es la capacidad
del oyente para realizar el acto en cuestión
- Por lo tanto el emisor me ha hecho una pregunta cuya respuesta afirmativa indica
que se satisfece la condición preparatoria
- Sabemos que en la mesa se utiliza la sal y las personas se la pasan las unas a las
otras.
- El emisor por lo tanto está probablemente pidiéndome que le pase la sal.
Finalmente otros autores como Morgan sostienen que los actos indirectos son tipos de actos
convencionales.
La lengua está gobernada por dos tipos de conexiones: las propias del sistema lingüístico (como
por ejemplo la relación entre la forma de la palabra y su significado) y las convenciones de uso que
son de naturaleza cultural y que se sitúan a mitad entre lo convencional y natural.
En este tipo de preguntas la relación entre pregunta y peticiones muy directa. Hay que suponer
que los mecanismos de inferencia pueden sufrir unos procesos de institucionalización. Entre
estos casos Morgan utiliza el nombre de implicaturas cortocircuitadas:
A - Puedes dejarme mil pesetas por favor?
B – Eres capaz de dejarme mil pesetas (por favor)?
Solo en el primer caso resulta una petición natural, y una fórmula convencionalizada, mientras
que la otra respuesta sería inadecuada.
Inferencia
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EL DESARROLLO DE LA PRAGMÁTICA
GRICE Y EL PRINCIPIO DE COOPERACIÓN.
1.− Puntos de partida.
Grice se centra en el estudio de ls principios que regulan la interpretación de los enunciados.
SPERBER Y WILSON
LA TEORÍA DE LA RELEVANCIA.
Esta teoría se alinea claramente con aquellas teorías que ponen el énfasis en la idea de que lo que
decimos no coincide siempre con lo que queremos decir.
1.− Algunos puntos de partida.
Sperber y Wilson parten de dos ideas: la de que comunicarse no consiste simplemente en
empaquetar los pensamientos o ideas en forma de palabras y enviarlos al destinatario para que, al
desempaquetarlos, recupere los pensamientos e ideas que estaban en la mente del emisor; y la de
que la comunicación no es simplemente una cuestión de codificar y descodificar información.
2.− El modelo.
2.3. LA RELEVANCIA.
De la información que no da lugar a efectos contextuales de ningún tipo se dice que es irrelevante.
Hay tres casos típicos en los que una información no origina cambios en el contexto: cuando la
información es nueva, pero de una naturaleza tal que no permite ninguna clase de interacción con
la información previa; cuando la información ya se conocía, y el nuevo supuesto no modifica la
fuerza de los supuestos anteriores; y cuando la información es claramente incoherente con
respecto al contexto y, además, su fuerza es tan débil que no lo modifica.
Contrariamente, una información resulta relevante en un contexto si da lugar a efectos
contextuales.
Sin embargo, esta caracterización sobre lo que es relevante o no resulta todavía insuficiente por
dos razones: la relevancia es cuestión de grado y la relevancia deriva de la relación entre un
supuesto que nos viene dado y un contexto; lo que no está especificado es la forma en que se
determina dicho contexto.
Para resolver el primer problema, Sperber y Wilson sugieren que no basta con calcular el efecto,
es necessario relacionarlo también con el esfuerzo que ha sido necesario invertir para lograr dicho
efecto.
Para resolver el segundo problema, dicen que el contexto no viene dado de antemano, sino que el
destinatario de un enunciado lo elige en cada momento. Lo dado, por tanto, no es el contexto,
sino la presunción de que lo que se ha dicho es relevante. De todos los estímulos que recibimos,
procesamos sólo una mínima parte: precisamente aquella que, en principio, nos parece más
relevante.
Ser relevante no es una característica intrínseca de los enunciados. Se trata más bien de una
propiedad que surge de la relación entre enunciado y contexto, esto es, entre el enunciado, por
una parte, y un individuo con su particular conjunto de supuestos en una situación concreta, por
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otra. Lo que puede ser relevante para alguien en un momento dado, puede no serlo para otra
persona, o puede no serlo para él mismo en otras circunstancias.
El principio de relevancia supone que el que comunica utiliza el estímulo que le parece más
relevante para la persona cuyo entorno trata de modificar. Este principio debe considerarse no
como una máxima que puede seguirse o violarse, sino más bien como una generalización sobre el
funcionamiento de la comunicación ostensivo−inferencial: se aplica sin excepción, se sigue aunque
no se conozca, y no podría violarse ni aun queriendo.
3.− El funcionamiento de la comunicación verbal.
Sperber y Wilson distinguen aquí explicatura e implicatura. Por explicatura entienden el contenido
que se comunica explícitamente por medio del enunciado. Implicatura se refiere, en cambio, al
contenido que se deduce y construye basándose en supuestos anteriores. No hay que identificar
directamente explicatura con contenido descodificado, e implicatura con contenido inferido.
Las implicaturas existen porque la interpretación que se logra resulta mucho más rica que la que
se obtendría simplemente con una respuesta totalmente directa. En este sentido, la relevancia
aumenta, porque procesando un solo enunciado se hace manifiesta una gran cantidad de
supuestos.
4.− Consecuencias de la teoría.
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• La comunicación humana pone en marcha a la vez dos clases de procesos comunicativos: el de
codificación/descodificación y el de ostensión/inferencia.
• 5.− Algunas críticas al modelo de relevancia.
Es una teoría claramente reduccionista: la comunicación se entiende en términos de
procesamiento e intercambio de información.
• El enfoque exclusivamente cognoscitivo borra o desdibuja la dimensión social de la
comunicación.
EL ESTUDIO DE LA CORTESÍA.
1.− la variante social de la comunicación.
El lenguaje es el más poderoso medio de relación interpersonal. Por ello, lo utilizamos cuando
pretendemos determinados objetivos, cuya consecución depende más o menos directamente de
otras personas. No se trata tan sólo de que el lenguaje sirva de vehículo para las propias
intenciones, sino que debe serlo también de una interacción con los demás.
Conseguir la colaboración del destinatario es una de las tareas fundamentales de la comunicación,
y constituye el objetivo intermedio que hay que lograr para alcanzar el resultado final.
La naturaleza de esta relación que debe darse entre el emisor y el destinatario depende de la
interacción de una compleja serie de factores sociales: la edad, el sexo, el grado de conocimiento
previo, la posición social, la autoridad, la jerarquía...
2.− La cortesía, norma social o estrategia conversacional.
En primer lugar, la cortesía puede entenderse como un conjunto de normas sociales, establecidas
por cada sociedad, que regulan el comportamiento adecuado de sus miembros, prohibiendo
algunas formas de conducta y favoreciendo otras: lo que se ajusta a las normas se considera cortés
y lo que no se ajusta a ellas es sancionado como descortés. Puesto que se trata de normas
externas, es esperable que lo que puede ser cortés en una sociedad sea descortés en otra.
Uno de los aspectos en que resulta más patente la interrelación entre cortesía y formas lingüísticas
es la que se refiere a las formas de tratamiento o dícticos sociales. Cada uno debe tratar al otro de
acuerdo con las posiciones que ambos ocupen dentro de la escala social. Toda modificación
imprevista tiene consecuencias sociales inmediatas. La inadecuación viene dada tanto cuando se
trata a la otra persona con un tono familiar cuando ésta pertenece a un rango social superior,
como cuando se utiliza un trato excesivamente formal con una persona con la que siempre se ha
tenido un trato cordial y familiar, ya que es signo evidente de una voluntad de distanciamiento y
enfriamiento de esa relación.
En segundo lugar, la cortesía puede entenderse como un conjunto de estrategias
conversacionales. El emisor
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debe tener en cuenta que su enunciado se adapte no sólo a sus intenciones y a sus objetivos, sino
también a la categoría y al papel social del destinatario. Por ello, no es difícil imaginar la
importancia de utilizar convenientemente todos los medios que posee el lenguaje para mantener
una relación cordial, especialmente cuando el hablante debe enfrentarse a un conflicto entre sus
objetivos y los de su destinatario, y quiere, a la vez, no romper sus buenas relaciones con él.
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2.1. LA TENSIÓN ENTRE LA CORTESÍA Y LOS PRINCIPIOS CONVERSACIONALES.
El principio de cooperación tenía como meta asegurar una transmisión de información eficaz. La
cortesía, sin embargo, es una estrategia al servicio de las relaciones sociales. Puesto que se trata
de objetivos diversos, es esperable que entre ellos se puedan crear conflictos de interés.
Así, hay ciertos enunciados que pueden transgredir las máximas del principio de cooperación y
que se explica y se hace legítima al considerar la cortesía como un principio superior. Por tanto, en
ocasiones, como cuando transmitimos una mala noticia, se preferirá el circunloquio en lugar de
una formulación clara y directa. Incluso cuando las situaciones no son tan graves, el uso de
estrategias de cortesía sirve para atenuar el carácter negativo de algunas afirmaciones. Sin
embargo, cuando lo importante es transmitir eficazmente una información, y especialmente
cuando esa información interesa en particular al destinatario, la necesidad de concisión y claridad
hacen prevalecer los principios conversacionales por encima de la cortesía.
Esto contrastes sugieren que hay una diferencia clara motivada por el tipo de discurso y por sus
objetivos prioritarios. Se dice que el intercambio es interaccional, cuando lo que importa es el
mantenimiento de las relaciones sociales, y vence la cortesía; y es transaccional, cuando lo
importante es la transmisión eficaz de información, y tienen prioridad los principios
conversacionales.
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Por una parte, las características formales que sirven para diferenciar externamente una oración
interrogativa de otras modalidades oracionales son portadoras de un significado fijo, general,
común a todas las realizaciones particulares de uan oración interrogativa. Por otra parte, los
diferentes valores que un enunciado interrogativo puede tener (pregunta, petición de
confirmación, ofrecimiento, sugerencia, afirmación enfática,...) no dependen sólo de la
configuración oracional, sino de la conjunción entre el significado que deriva de la estructura
gramatical, de un lado, y de ciertos factores pragmáticos que rodean y conforman el acto de
enunciación. De esta manera, serán los elementos precisos de la situación comunicativa (objetivo,
conocimientos compartidos, entorno de emisión, relación entre los interlocutores,...) los que
determinen el valor concreto.
LA METÁFORA.
Uno de los principales problemas que debe tratar de resolver la pragmática es el de cómo es
posible que no siempre haya coincidencia entre lo que decimos y lo que queremos decir. Nuestro
lenguaje cotidiano está lleno de metáforas que se reconocen sin necesidad de tener que recurrir a
ningún contexto o situación particular, ni a ningún supuesto sobre las intenciones del emisor. Hay
dos teorías que explican cuál es el mecanismo concreto que hace esto posible: la teoría de la
interacción de rasgos y la teoría de la comparación elidida.
La semántica debe ocuparse del significado de las oraciones, y debe asignar a cada oración un
significado determinado por sus propias reglas, sin traspasar el umbral de lo lingüístico. Lo único
que puede decir una teoría semántica es que una oración como Este hombre es un buitre es una
falsedad categorial porque establece una clasificación anómala. Por ello, el ámbito adecuado para
dar cuenta de los principios y estrategias que regulan el uso y la interpretación de las metáforas es
el de la pragmática. La necesidad de un enfoque pragmático se basa, por tanto, en la
comprobación de que, para interpretar las metáforas, no basta con los mecanismos de
descodificación, sino que se requiere el concurso de principios deductivos más generales.
Grice propone una solución basada en el concepto de implicatura. Grice concibe las metáforas
como violaciones abiertas de la máxima de cualidad. Si se quiere mantener la suposición de que el
emisor está siendo cooperativo, hay que buscar la implicatura que restaure la vigencia de la
máxima.
Para Searle, la interpretación de las metáforas se basa en la existencia de ciertos patrones de
inferencia que funcionan regularmente. En ellos pueden distinguirse tres tipos de estrategias
diferentes: de reconocimiento, de cálculo y de restricción. El modelo de Searle muestra con
claridad que las interpretaciones dependen decisivamente de estrategias, informaciones y
conocimientos que no son estrictamente gramaticales.
Para Sperber y Wilson, las metáforas se consideran como consecuencia de una búsqueda de
mayor relevancia. Todos los tropos se caracterizan por ser tipos de enunciados en que el emisor
expresa abiertamente una creencia que espera que nadie considere literalmente verdadera.
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