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Introducción a la Pragmática

Este documento introduce el tema de la pragmática. Explica que la pragmática estudia el uso del lenguaje en la comunicación, considerando factores extralingüísticos como el contexto y la situación. Identifica tres problemas clave de la pragmática: 1) la distancia entre el significado literal y el significado pretendido, 2) cómo el contexto afecta la sintaxis, y 3) cómo se asigna la referencia. Finalmente, argumenta que la pragmática es necesaria para entender estos fenómenos que van más allá de la gramática.
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Introducción a la Pragmática

Este documento introduce el tema de la pragmática. Explica que la pragmática estudia el uso del lenguaje en la comunicación, considerando factores extralingüísticos como el contexto y la situación. Identifica tres problemas clave de la pragmática: 1) la distancia entre el significado literal y el significado pretendido, 2) cómo el contexto afecta la sintaxis, y 3) cómo se asigna la referencia. Finalmente, argumenta que la pragmática es necesaria para entender estos fenómenos que van más allá de la gramática.
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INTRODUCCIÓN A LA PRAGMÁTICA.

MARIA VICTORIA ESCANDELL


Cap 1 LA PRAGMÁTICA.
La pragmática es una disciplina bastante reciente introducida por C. Morris que utilizó el término
de pragmática por primera vez para designar la ciencia de los signos en relación con sus
intérpretes. De este modo, la pragmática pasaba a ocupar un lugar junto a la semántica y la
sintaxis: la pragmática toma el lenguaje tal y como se manifiesta, es decir, inmerso en una
situación comunicativa concreta; hace abstracción de los usuarios y se centra en la relación entre
los signos y los objetos a los que aquellos representan, mientras la sintaxis atiende sólo a las
relaciones existentes entre los signos, prescindiendo de los usuarios y de los significados.
El concepto de pragmática resultaba demasiado amplio. Esta amplitud es la causa de que hoy no
se pueda hablar de una sola pragmática , sino tantas como centros de interés puedan aislarse.
La pragmática es una perspectiva diferente desde la que contemplar los fenómenos, una
perspectiva que parte de los datos ofrecidos por la gramática y toma luego en consideración los
elementos extralingüísticos que condicionan el uso efectivo del lenguaje. En este sentido, la
pragmática no pretende invadir el terreno de la investigación gramatical, sino, en todo caso,
complementarlo.

1. ¿Qué es la pragmática?
Se entiende por pragmática el estudio de los principios que regulan el uso del lenguaje en la
comunicación, es decir, las consideraciones que determinan tanto el empleo de un enunciado
concreto por parte de un hablante concreto en una situación comunicativa concreta, como su
interpretación por parte del destinatario. La pragmática es, por lo tanto, una disciplina que toma
en consideración los factores extralingüísticos que determinan el uso del lenguaje
2. Tres problemas de pragmática.

2.1. El PROBLEMA DEL SIGNIFICADO NO CONVENCIONAL.


Hay dos ideas que gozan de gran popularidad y difusión (la de que las lenguas son códigos, y la de
que comunicarse consiste en codificar y descodificar información) y que pueden resultar útiles en
algunos momentos, pero dibujan sólo un esquema muy simplificado de la comunicación. En la pag.
15, Escandell ilustra con dos textos de Voltaire y de Lewis Carrol que se pueden dar distintos
significados a una misma palabra según quien la use y en qué ocasiones.

Contamos siempre con la posibilidad de que haya una cierta separación entre lo que se dice (entre
los significados literales de las palabras que se pronuncian) y lo que se quiere decir (la intención
comunicativa subyacente). Hemos credo complejos mecanismos de inferencia que entran en
funcionamiento automáticamente para hacernos recuperar lo que nuestros interlocutores
quisieron decir a partir de lo que realmente dijeron. Estamos usando constantemente estrategias
que nos conducen a contextualizarlo todo de la mejor manera posible para que encaje y tenga
sentido.

2.2. SINTAXIS Y CONTEXTO.


El español es una lengua de orden de palabras relativamente libre. Es verdad que hay una relación
entre grado de caracterización morfológica y orden de palabras, pero es ilegítimo extraer de ahí la
conclusión de que , en las lenguas cuyo orden de palabras no viene fijado de manera estricta por la
sintaxis, todas las variantes posibles son absolutamente equivalentes en todos los contextos.
En resumen, si contemplamos los hechos desde un punto de vista general, resulta evidente que
incluso algunos aspectos típicamente gramaticales, como el orden de las palabras, están
1
determinados por factores de tipo contextual o situacional, especialmente a lo que se refiere al
contraste entre la información que se presenta como compartida por los interlocutores y la que se
considera nueva. La cuestión no puede, pues, plantearse exclusivamente en términos de
corrección gramatical, sino también de adecuación discursiva.

2.3. REFERENCIA Y DEIXIS.


Desde el punto de vista de la comunicación, comprender una frase no consiste simplemente en
recuperar significados, sino también en identificar referentes. No basta con entender las palabras;
hay que saber a qué objetos, hechos o situaciones se refieren.
La asignación de referencia constituye, pues, un paso previo e imprescindible para la adecuada
comprensión de las frases, y sólo la situación puede proporcionar los datos necesarios para que el
destinatario comprenda perfectamente la realidad a la que se está refiriendo su interlocutor.
Todos los datos que faltan dependen directamente de la situación comunicativa.
Si no cierras la puerta, Kiko se escapará. (pag. 20).
Sólo la situación comunicativa me puede señalar a qué puerta exactamente se está refiriendo y
quién es exactamente Kiko.
Todas las lenguas tienen formas especiales para hacer referencia a los diferentes elementos de la
situación: son los deícticos. Entre ellos no sólo se encuentran los pronombres personales de
primera y segunda persona en todas sus formas, los demostrativos, los posesivos, y muchos
adverbios de lugar y tiempo; debemos contar también los morfemas de tiempo de la flexión
verbal y las fórmulas de tratamiento, además de todas las formas anafóricas y catafóricas.
De nuevo, requisitos imprescindibles para conseguir una interpretación plena son los factores
extralingüísticos, como conocer la identidad del emisor o del destinatario y conocer las
circunstancias de lugar y tiempo de emisión.

3. La necesidad de la pragmática.
La distancia que existe a veces entre lo que literalmente se dice y lo que realmente se quiere
decir, la adecuación de las secuencias gramaticales al contexto y a la situación, o la asignación
correcta de referente como paso previo para la comprensión total de los enunciados son tres
tipos de fenómenos que escapan a una caracterización precisa en términos estrictamente
gramaticales.
Así, una teoría general del lenguaje deberá dar respuesta adecuada, al menos, a las siguientes
preguntas:
¿Cómo es posible que lo que decimos y lo que queremos decir puedan no coincidir?• ¿Cómo es
posible que, a pesar de todo, nos sigamos entendiendo?• ¿Qué parte de lo que entendemos
depende del significado de las palabras que usamos?• ¿Qué parte depende de otra cosa?• ¿De
qué otra cosa?•
Estos problemas constituyen el centro de interés de la pragmática. Maria Victoria Escandell quiere
dejar bien claro que su intención no es que la pragmática sustituya a la reflexión gramatical, ni
tampoco que haya que mezclar indiscriminadamente ambos enfoques, sino que las explicaciones
que ofrecen la gramática y la pragmática deben entenderse siempre como complementarias.

Cap 2 CONCEPTOS BÁSICOS DE PRAGMÁTICA


Es necesario proporcionar una caracterización precisa de los diferentes tipos de elementos que
configuran la situación comunicativa. El modelo de análisis pragmático que vamos a proponer
está constituido por dos clases de elementos:

2
-De naturaleza material, física, en cuanto que son entidades objetivas, descriptibles
externamente.
De naturaleza inmaterial, ya que se trata de los diferentes tipos de relaciones que se establecen
entre los primeros. •
Los componentes materiales.

EL EMISOR
Con el nombre de emisor se designa a la persona que produce intencionalmente una expresión
lingüística en un momento dado, ya sea oralmente o por escrito. El concepto de emisor está
entendido aquí refiriéndose a un sujeto real, con sus conocimientos, creencia y actitudes, capaz de
establecer toda un red de diferentes relaciones con su entorno.
Un emisor es el hablante que está haciendo uso de la palabra en un determinado momento, y lo
es sólo cuando emite su mensaje. Mientras que la condición del hablante es de carácter
abstracto, y usualmente no se pierde nunca (un hablante de una lengua es alguien que tiene los
conocimientos de dicha lengua y sigue siendo hablante incluso si está callado), la de emisor es
mucho más concreta y está en función de una situación y un tiempo precisos. Con emisor no nos
referimos a una categoría absoluta, sino a una posición determinada por las circunstancias.

EL DESTINATARIO
Con el nombre de destinatario se designa a la persona (o personas) a la(s) que el emisor dirige su
enunciado y con la(s) que normalmente suele intercambiar su papel en la comunicación de tipo
dialogante. Frente a receptor, la palabra destinatario sólo se refiere a sujetos, y no a simples
mecanismos de descodificación. Por otra parte, destinatario se opone a oyente en el mismo
sentido en que emisor se opone a hablante: un oyente es todo aquel que tiene la capacidad
abstracta de comprender un determinado código lingüístico; el destinatario es la persona a la que
se ha dirigido un mensaje.
La intencionalidad se convierte también en una nota distintiva. No puede considerarse
destinatario a un receptor cualquiera, o a un oyente ocasional: alguien que capta por casualidad
una conversación no es su destinatario. El destinatario es siempre el receptor elegido por el
emisor; además, el mensaje está construido específicamente para él. Este hecho es de capital
importancia, ya que nuestro mensaje variará en función del destinatario que escojamos (no es lo
mismo hablar a un niño o a un adulto, a un amigo a alguien que apenas se conoce,... incluso el
escritor que no conoce a sus posibles receptores prefigura una imagen ideal del tipo de personas a
quienes le gustaría que estuviera dirigida su obra, y se construye un modelo de destinatario. Una
de las tareas del emisor consistirá en analizar y evaluar adecuadamente las circunstancias que
concurren en su interlocutor para poder calcular con éxito su intervención.

EL ENUNCIADO
Se trata de la producción lingüística que produce el emisor. El término enunciado se usa
específicamente para hacer referencia a un mensaje construido según un código lingüístico.
Cada una de las intervenciones de un emisor es un enunciado; su extensión es paralela a la de la
condición de emisor. El enunciado está, por tanto, enmarcado entre dos pausas, y delimitado por
el cambio de emisor. Ello implica que no hay límites gramaticales a la noción de enunciado. Los
únicos criterios que resultan válidos son los de naturaleza discursiva, los que vienen dados por
cada hecho comunicativo particular.
La actualización de una oración (unidad abstracta, estructural, definida según criterios formales)
puede constituir en muchos casos un enunciado, pero no todo enunciado es la actualización de
una oración. Se establece, de nuevo, una distinción entre un concepto gramatical (oración) y otro
3
pragmático (enunciado). El vocabulario pragmático va cobrando entidad e independencia frente a
la terminología que usualmente se emplea para describir hechos y fenómenos gramaticales.

EL ENTORNO (O SITUACIÓN ESPACIO−TEMPORAL)


Es el soporte físico, el decorado en el que se realiza la enunciación (el contexto físico). Incluye
como factores principales las coordenadas de espacio y tiempo. En muchos casos es un factor
determinante: las circunstancias que imponen el aquí y el ahora influyen decisivamente en la
forma del enunciado.
2. Los componentes relacionales (inmateriales).
Más significativos que los propios elementos son las relaciones que se establecen entre ellos que
dan lugar a conceptualizaciones subjetivas; éstas, a su vez, generan principios reguladores de la
conducta que se objetivan en forma de leyes empíricas (es decir, de regularidades observables de
naturaleza no prescriptiva).

2.1. LA INFORMACIÓN PRAGMÁTICA.


Por información pragmática entenderemos el conjunto de conocimientos, creencias, supuestos,
opiniones y sentimientos de un individuo en un momento cualquiera de la interacción verbal.
Emisor y destinatario, en cuanto sujetos, poseen una serie de experiencias anteriores relativas al
mundo, a los demás, a lo que les rodea... La información pragmática comprende todo lo que
constituye nuestro universo mental, desde lo más objetivo a las manías más personales.
Siguiendo a Dik (1989), puede decirse que la información pragmática consta de tres
subcomponentes:
 general: comprende el conocimiento del mundo, de sus características naturales,
culturales,...;
• situacional: abarca el conocimiento derivado de lo que los interlocutores perciben durante la
interacción; y
• contextual: incluye lo que se deriva de las expresiones lingüísticas intercambiadas en el discurso
inmediatamente precedente.
La información pragmática, por lo tanto, es de naturaleza claramente subjetiva (interiorización del
mundo); ello no implica, sin embargo, que la información pragmática de cada individuo sea
radicalmente diferente de la de los otros.
De hecho, los interlocutores suelen compartir enormes parcelas de información, que comprenden
los conocimientos científicos, las opiniones estereotipadas, o la visión del mundo que impone la
pertenencia a una determinada cultura. El lenguaje, sin duda, es otra de esas parcelas que se
suponen comunes.
La idea de que los interlocutores comparten una parcela de información pragmática, conocida
como hipótesis del conocimiento mutuo, no se ha visto libre de críticas. Sperber y Wilson
sostienen que es prácticamente imposible delimitar con precisión esa parcela y sobre todo, saber
exactamente qué se comparte y qué se sabe que se comparte. Su propuesta consiste en sustituir
esta hipótesis por la del entorno cognoscitivo compartido, según la cual lo que los interlocutores
comparten es un conjunto de hechos cuya representación mental dan como verdadera por ser
directamente perceptible o inferible. Esta teoría es demasiado restrictiva.

De todos modos, no es preciso tener una certeza del 100% sobre lo que se comparte; lo que se da
por supuesto suele ser suficiente para asegurar la inteligibilidad en la mayoría de los casos.
Puede aceptarse, pues, sin grandes reparos que los interlocutores comparten una parcela de
información pragmática de dimensiones variables y que, además, cada uno construye una

4
hipótesis sobre dicha parcela y sobre la información del otro. De lo adecuado de estas hipótesis
dependerá en gran medida el éxito y la comprensión.
El punto central de la comunicación, en cambio, se sitúa con mucha frecuencia fuera de esa
parcela común: esto ocurre ,por ejemplo, en los casos en los que el emisor informa al destinatario
de algo que éste ignora. Ahora bien, incluso la información nueva debe poder ser identificada y
situada correctamente a partir de los conocimientos de esa parcela común. Según Auwera, si no
tuviéramos ningún tipo de información previa a la que ligar lo nuevo que se nos dice, todo
enunciado resultaría ininterpretable.
El conjunto de conocimientos y creencias de los interlocutores desempeña, pues, un papel
fundamental, ya que hace posible la comunicación. Y decimos que es un principio regulador de la
conducta porque tanto la propia información pragmática como las teorías sobre el otro
determinan y condicionan el contenido y la forma del enunciado.

2.2. LA INTENCIÓN.
Se trata de la relación entre el emisor y su información pragmática, de un lado, y el destinatario y
el entorno, del otro. Se muestra siempre como una relación de dinámica, de voluntad de cambio.
La postura más extendida hoy día es que dicha relación es un relación de causa / efecto: la
intención se explica a partir del hecho de que todo discurso es un tipo de acción; dicho de otro
modo, de las marcas y resultados de la acción se deduce la intención.
La comunicación humana tiene como finalidad fundamental el alcanzar ciertos objetivos en
relación con otras personas: hablamos con una determinada intención y el instrumento utilizado
para conseguir esa intención es el lenguaje.
La intención funciona como un principio regulador de la conducta en el sentido de que conduce al
hablante a utilizar los medios que considere más idóneos para alcanzar sus fines.
Parret distingue entre intención y acción intencional: mientras que la primera puede ser
simplemente privada, interior, y no llegar a manifestarse externamente, la acción intencional
siempre se manifiesta, y debe entenderse como la puesta en práctica efectiva de una intención.
El silencio, en cuanto acción voluntaria y consciente, puede ser también un medio indirecto para
conseguir determinados objetivos. El silencio tiene auténtico valor comunicativo cuando se
presenta como alternativa real al uso de la palabra.
De todos modos, la decisión de hablar suele hacerse de manera rápida y espontánea, no suele ser
una tarea larga y laboriosa. Normalmente es más lenta le decisión de no hablar que la de hacerlo.
Existe una segunda perspectiva desde la que se puede contemplar también el concepto de
intención, y es aquella que adopta el destinatario. Es necesario tratar de descubrir la intención
concreta con que fueron elegidas las formas utilizadas por el emisor para la correcta
interpretación de los enunciados.

2.3. LA RELACIÓN SOCIAL.


El tercer tipo de relación que tomamos en cuenta es la que existe entre los interlocutores por el
mero hecho de pertenecer a una sociedad. Su papel es fundamental en la comunicación ya que el
emisor construye un enunciado a la medida del destinatario. Se debe tener en cuenta, por lo
tanto, el grado de relación social entre ambos.
2. Significado e interpretación.
El significado (o contenido semántico) es la información codificada en la expresión lingüística. Se
trata, por tanto, de un significado determinado por las reglas internas del propio sistema
lingüístico.

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La interpretación, en cambio, pone ya en juego los mecanismos pragmáticos. Puede definirse
como la función entre el significado codificado en la expresión lingüística utilizada, de un lado, y la
información pragmática con que cuenta el destinatario, del otro.
La tarea del destinatario consiste, pues, en intentar reconstruir en cada caso la intención
comunicativa del emisor de acuerdo con los datos que le proporciona su información pragmática.
Para ello, evalúa el contexto verbal y no verbal del intercambio comunicativo, buscando la
información suplementaria que necesite para poder inferir un mensaje adecuado al propósito
común de la comunicación.
En consecuencia, la interpretación concreta de un enunciado en una situación dada no podrá ser
objeto del análisis semántico, ya que para determinarlo es necesario hacer intervenir elementos
extralingüísticos.

CAPITULO 3
AUSTIN Y LA FILOSOFIA DEL LENGUAJE CORRIENTE
Sin duda una de las líneas de investigación prágmatica más importantes dentro del pensamiento
contemporáneo es la iniciada por Austin. Sus ideas sobre el interés de estudiar el lenguaje
corriente comienzan a fraguarse rededor de los años 40 y cuentan hoy entre las más influyentes
no solo dentro del campo de la lingüística sino especialmente dentro de la filosofía del lenguaje.

LOS PUNTOS DE PARTIDA


El interés que Austin siente por los aspectos lingüísticos que hoy consideramos pragmáticos tienes
su raíz en una una actitud de especial ante el lenguaje de cada día.
Cómo es bien sabido, una parte de la filosofía ha dedicadosu atención a mostrar que las lenguas
naturales son altamente perfectas y que nos pueden servir como metalenguaje de las
especulaciones científicas y filosóficas.
Frente a esta postura Austin defiende la tesis de que el lenguaje que usamos en nuestra
comunicación ordinaria es un instrumento empleado de generaciones y generaciones qué ha sido
ajustado paulatinamente a las necesidades del hombre en cada momento.
Austin admite que siempre debe buscarse un lenguaje de toda la tarea que se debe realizar, pero
añade que la base de cualquier lenguaje filosófico científico debe ser el lenguaje corriente.
Observando los distinciones dentro de nuestra lengua cotidiana unas propiedades interesantes de
cierto tipos de enunciados le llevará a formular su teoría de los predicados realizativos.

CONTRA EL VERIFICACIONALISMO
Austin se sitúa fuera de la línea en que suelen colocarse los filósofos con respecto a la verdad o a
la falsedad:
Para ellos, las proposiciones se caracterizan siempre como verdaderas o falsas, y sobre estas
nociones está edificada una buena parte de la lógica y de la filosofía del lenguaje.
Austin señala que a la hora de evaluar la correspondencia entre un enunciado y un hecho hay que
tomar en consideración el grado de correspondencia con la realidad y el propósito general con
que se describe dicha realidad ( las circunstancias en que se emite). Queda así perfilado uno de los
conceptos que resultan fundamentales en la teoría pragmática: la idea de adecuación del
enunciado.

LA FALACIA DESCRIPTIVA
Intimamente ligado a la convinción de que los enunciados no son solo verdaderos o falsos, nace la
idea de que el lenguaje no es exclusivamente descriptivo. Un enunciado puede desempeñar

6
diferentes funciones una de las cuales es describir un estado de cosas pero en otras ocasiones
puede ser parte importante del cumplimiento de una acción.
Esta es la principal diferencia con los filósofos que normalmente se ocupaban del lenguaje
tomando en consideración una faceta descriptiva.

LOS ENUNCIADOS REALIZATIVOS


Austin señala que ser verdaderas o falsas no es una propiedad intrínseca de las oraciones sino de
los enunciados. Es necesario establecer una distinción precisa entre ambos conceptos.
Una oración es un tipo de estructura gramatical abstracta, no realizada.
Un enunciado es la realización concreta de una oración por un hablante concreto en unas
cunstancias determinadas.
Por tanto una oración en cuanto unidad gramatical, puede evaluarse en términos estrictamente
formales. Los enunciados son tipos de acciones: tipos de oraciones pero cada una de las emisiones
constituye un enunciado diferente

Los enunciados realizativos o performativos se usan para llevar a cabo acciones más o menos
ritualizadas o convencionales que requieren de ciertas condiciones para ser considerados
adecuados o desafortunados.

PALABRAS Y ACCIONES

Los enunciados realizativos se oponen a los enunciados constatativos que describen estados de
cosas y que suelen evaluarse en términos de verdad o falsedad.
Un ejemplo de enunciado realizativo es " le pido disculpas" : al emitir este enunciado, el
interlocutor realmente está realizando la acción de pedirle disculpas.
Es su carácter de acción que distingue estos enunciados. Puesto que las expresiones no son
descriptivas, no pueden considerarse ni verdaderas ni falsas sino adecuadas o inadecuadas y
suelen aparecer en primera persona del singular del presente de indicativo. Si por ejemplo, en el
caso de le pido disculpas, quién pronuncia este enunciado no quiere realmente disculparse, no se
puede decir que el enunciado era falso, sino que la petición no fue insincera.

LOS INFORTUNIOS
La idea de que los enunciados realizativos o pueden ser inadecuados o desafortunados, lleva a
Austin a desarrollar la teoría de los infortunios. en muchos casos enunciados realizativos
paralización de tipo de acciones convencionales y si estás tienen que emitirse siempre las
condiciones requeridas. un fallo o una violación de cualquiera de estas condiciones da lugar a un
infortunio.
Las reglas o condiciones que según Austin se aplican a los actos realizados son:
- existencia de un procedimiento convencional que incluya la emisión de determinadas palabras
- estas últimas deben ser apropiadas para el procedimiento
-todos los participantes deben actuar de la forma requerida por el procedimiento
- el procedimiento requiere que las personas se comporten de acuerdo con los pensamientos y sus
disposiciones de ánimo.

● si no existe el procedimiento, el infortunio se denomina mala apelación al procedimiento 🡪


"Me divorcio de ti” (esta fórmula, no sirve para divorciarse efectivamente; el resultado
sería un acto nulo, sin validez)
7
● sí los pasos requeridos se llevan a cabo incorrectamente, se habla de mala ejecución
del procedimiento 🡪 por ejemplo si el oficiante de una cerimonia de boda invierte el orden
de las diferentes partes de que consta el acto.
escasos fecha en que el acto realizado es nulo o carente de efecto, que anula la validez del acto
realizado: a esta clase Austin les da el nombre de desaciertos

si no todos los participantes actúan de la forma requerida por el procedimiento se produce un


acto hueco es decir aparentemente válido en la forma externa, pero sin el contenido necesario.
Entre las diferentes clases de infortunios Austin llama abusos al conjunto de los infortunios que
producen acto huecos 🡪 “Te felicito por tu ascenso” : se espera que la afirmación sea sincera; pero
si en el fondo está lamentando su buena suerte, el acto es simulado e insincero.

REALIZATIVOS FRENTE A CONSTATIVOS


Hay algunas expresiones que aunque parecen enunciados realizativos efectivamente no lo son:

1. enunciados que no aparecen en 1ª persona de singular del presente de indicativo


Por ejemplo:
- Se advierte a los pasajeros que.., La compañia advierte a los pasajeros que, Advierto a los
pasajeros que...

2. sólo anuncian el acto que describen, no lo realizan:


Me río de tí

3. enunciados en 1ª persona de singular del presente de indicativo que solo son


descripciones de acciones habituales
Yo sólo prometo una cosa cuando sé que puedo cumplirla

4. usos históricos o narrativos 🡪 y después de aquello, apeló contra la sentencia...

5. usos descriptivos de verbos típicamente realizativos (llamar, dar el nombre de..., etc.) »
Llamó inflación al exceso de dinero..

6. actos que no tienen un verbo realizativo correspondiente

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¡Gire! – Le ordeno que gire – (casos en los que no es necesario utilizar el predicado realizativo
para que el acto se realice)

Este úlitmo caso, en el que en unos enunciados puede haber un predicado realizativo implícito, dio
lugar en los años 70 la llamada hipótesis realizativa: muchos de las propiedades de un enunciado
derivan directamente de su caracter de acción. Ahora bien el propio Austin, reconoce que la
equiparación se presta a errores. no hay absoluta correspondencia entre enunciados cómo
“estaré allí” y “prometo estar allí”: en el primer caso, el interlocutor puede preguntar si el
enunciado es o no una promesa . Además no puede decirse que haya una correspondencia
constante entre forma lingüística y tipo de acto realizado: un imperativo, puede utilizarse para
ordenar, autorizar sugerir, recomendar, advertir...

LOCUTIVO-ILOCUTIVO-PERLOCUTIVO
La distinción entre enunciados realizativos y constatativos no es una distinción precisa: muchos
enunciados tienen algunos rasgos comunes que parecen depender del carácter de accion que
poseen todos los enunciados.
Partiendo de este supuesto, Austin elaboró su famosísima tricotomia: acto locativo, ilocutivo y
perlocutivo.

ACTO LOCUTIVO
El acto locutivo es el que realizamos por el mero hecho de decir algo y que comprende a su vez
tres tipos de acciones diferentes:
1) acto fónico, el de emitir ciertos sonidos
2) un acto fático, el de emitir palabras, secuencias de sonidos pertenecientes al léxico de una
determinada lengua, organizadas en estructuras gramaticales precisas
3) acto rético, el de emitir tales secuencias con un sonido y una referencia más o menos definido,
es decir, un significado de terminado.

ACTO ILOCUTIVO
El acto ilocutivo o intención (la realización de una función comunicativa, como afirmar,
prometer, etc.) se realiza al decir algo y es el que posee fuerza.

ACTO PERLOCUTIVO
El acto perlocutivo si realiza por haber dicho algo y se refiere a los efectos producidos, y es el que
logra los efectos.

A) Me dijo: “Dáselo a ella”


B) Me aconsejó que se lo diera a ella
C) Me convenció de que se lo diera a ella

En el primer caso está simplemente reproduciendo el acto locutivo de otra persona


En el segundo, recoge la fuerza del enunciado
En el tercero, hace explícito el acto perlocutivo, el efecto logrado.

CAPITULO 4
SEARLE Y LA TEORIA DE LOS ACTOS DE HABLA

9
Los trabajos de Searle continúan la línea de investigación iniciada por Austin, integrando sus ideas
en un modelo más desarrollado y llevando hasta sus últimas consecuencias muchas de las
intuiciones de Austin.
Aunque él está más cerca de la filosofía que la lingüística, lo cierto es que sus teorías supusieron
una popularización y difusión o de ciertos temas filosóficos entre los estudiosos del lenguaje.

PUNTOS DE PARTIDA
La idea de base de la teoría de Searle es que: " hablar una lengua es tomar parte en una forma de
conducta gobernada por reglas; aprender y dominar una lengua es haber aprendido y dominado
tales reglas. "
Sigue habiendo en su hipótesis una clara identificación entre acción y lenguaje en el sentido de
que el uso del lenguaje la comunicación, se concibe como un tipo particular de acción. De hecho
él, reconoce que la teoría del lenguaje forma parte de una teoría general de la acción y llega a
afirmar que un estudio exclusivamente formal de la lengua no tendría sentido si no va
acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas.
Segun Searle, toda la actividad es convencional, en el sentido de que está controlada por reglas.
Los trabajos de serlo continúa en la línea de investigación iniciada por Austin integrando sus ideas
en un modelo más desarrollado y aunque se encuentra más cerca de la filosofía.

La idea que sirve de base a toda la teoría de Searle, es que hablar una lengua es tomar parte en
una forma de conducta gobernada por reglas. Aprender y dominar una lengua es haber aprendido
y dominado tales reglas.

En su hipótesis se sigue habiendo una clara identificación entre acción y lenguaje, en el sentido de
que el uso de lenguaje en la comunicación se concibe como un tipo particular de acción. De hecho
él reconoce que la teoría de lenguaje, forma parte de una teoría general de la acción y llega
afirmar que un estudio de las propiedades exclusivamente formales de una lengua no tendría
sentido si no va acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas.

Searle afirma que toda la actividad lingüística es convencional, y está controlada por reglas: Por lo
tanto hablar significa realizar actos de habla, actos tales como: hacer afirmaciones, dar órdenes,
plantear preguntas...

El acto de habla, es la emisión de una oración hecha en las condiciones apropiadas y es la unidad
mínima de la comunicación lingüística. Las oraciones, en cuanto unidades abstractas y no
realizadas, no pueden ser las unidades paticas de la comunicación humana porque no son
producidas. La noción de acto de habla se convierte, de este modo, en el centro de la teoría de
Searle.

La teoría de los actos de habla

El uso de lenguaje está regulado por las reglas y principios y junto a las reglas propiamente dichas
deben existir determinadas actitudes por parte de los participantes. Para analizar a cualquier tipo
de acto ilocutivo Searle propone un modelo que le recoge las características formales de la oración
emitida como las condiciones que deben darse en las circunstancias de misión para poder realizar
un determinado tipo de acto con éxito.

Fuerza ilocultiva y forma lingüística

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Para Searle fuerza ilocultiva y forma lingüística están íntimamente unidos por una relación regular
y constante. Ello implica, por ejemplo que hay una relación sistemática entre (por ejemplo)
- la forma lingüística de imperativo y el acto de habla de mandato
- oración interrogativa y pregunta.
La identificación entre fuerza y ilocutiva de forma lingüística da mayor alcance a desdibujar la
frontera entre semantica y pragmática. Por tanto el estudio de los actos ilocultivos, llega a ser una
parcela de la semántica.
Para Searle, la diferencia que suele establecerse entre semántica y pragmática es artificial y no
debe ser mantenida, ya que cada uno de los tipos de actos de habla está convencionalmente
asociado con una determinada extructura lingüística.

El distingue entre contenido proposicional y fuerza ilocutiva: en la producción de un enunciado se


puede individualizar tres tipos de actos diferentes:

● Acto de emisión: emitir palabras, morfemas, oraciones


● Acto proposicional: referir y predicar
● Acto ilocutivo: enunciar preguntar mandar prometer

De otro lado cualquiera oración podrá analizarse en dos partes:

● Indicador proposicional que es el contenido expresado por la proposición


● Indicador de la fuerza ilocutiva que muestra en qué sentido debe interpretarse la proposición y
cuál es el acto ilocutivo que está realizando el hablante.
La fuerza ilocutiva puede tomar diferentes variantes entrelas cuales: aserción promesa, petición,
pregunta general…
Entre los indicadores de fuerza ilocutiva se pueden señalar la curva de la entonación, el enfásis
prosódico, el orden de palabras...

Un acto ilocutivo se presenta como una función entre una fuerza ilocutiva y un contenido
proposicional. Searle propone una clasificación de los diferentes actos y, en cuanto al contenido
los reduce a cinco categorías principales.

En cuanto al contenido cuando la proposición consta de sujeto, predicado, y el mismo contenido


proposicional puede realizarse con diferentes fuerzas ilocutivas. Veamos un ejemplo:
- Juan viene
- Prometo que viene Juan
- Viene Juan?

La hipótesis realizativa
La hipótesis realizativa es una propuesta de searle sino una adaptación radical de sus teorías
elaborada en los años 70.
La hipótesis realizativa propugna una identificación entre el acto que el habla realiza al emitirla y
su fuerza ilocutiva. Ejemplo:
- ¿Bajan los precios?
- yo te pregunto si bajan los precios

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las consecuencias más importantes son que la fuerza ilocutiva se considera una parte del
significado profundo de la oración y está asimilada a su estructura sintáctica.

Condiciones de adecuación de los actos ilocutivos


Searle distinguen cuatro tipos de condiciones que gobiernan la adecuación de las enunciados:

● Condiciones de contenido proposicional: se refieren a las características del significado de la


proposición empleada en el acto de habla.
● Condiciones preparatorias: son preparatorias todas las condiciones que deben darse para que
tenga sentido de realizar el acto ilocutivo.
Por ejemplo al ordenar a alguien que preste atención hay que tener sobre esa persona algún tipo
de autoridad de aquí es necesario que no estuviera prestando atención antes. Su cumplimiento se
presupone por el mero hecho de llevar a cabo este acto.

● Condiciones de sinceridad: estas condiciones se centran en el estado psicológico del hablante y


expresan lo que él siente a realizar el acto ilocutivo.
● Condiciones esenciales: caracterizan tipológicamente el acto realizado. Se trata de la emisión
de cierto contenido proposicional de la en las condiciones adecuadas

De esta manera él intenta identificar los principios que regulan la emisión de todos los actos
ilocutivos, en virtud de las diferentes posibilidades de combinación de las variables que los
integran.
Cuando las condiciones estipuladas no se cumplen en alguno de los aspectos, el resultado es
también un cierto tipo de infortunio. Por ejemplo en el acto de pedir, el no cumplir a la condición
esencial (desear que el oyente realice una determinada acción) da lugar a una misión
contradictoria. De lo contrario fallar alguna de las condiciones preparatoria sería por ejemplo
cuando el oyente es incapaz de realizar la acción que se le pide.

ACTOS DE HABLA INDIRECTOS


Hasta ahora, hemos estudiado casos en los que se han emitido enunciados en sentido literal en las
que el hablante quiere decir lo que dice. En estos casos, la fuerza ilocutiva deriva directamente
del conocimiento que el oyente tiene de las reglas que gobiernan la emisión de una oración. Por lo
tanto, hay en estos enunciados una coincidencia directa entre un tipo de oración y una fuerza
ilocutiva.

Sin embargo, hay muchos usos en los que el hablante quiere decir algo ligeramente (o
radicalmente) distinto de lo que realmente expresa: estos usos reciben el nombre de actos de
habla indirectos. Puede decirse que, en estos casos, no hay una relación directa entre el tipo de
oración y la fuerza ilocutiva.
- Podrìas hacerme este favor?
- Me gustarìa que me hicieras esto
Estas dos oraciones no expresan meramente una pregunta y una aserción, sino una petición en
ambos casos.
Estamos por tanto frente a un enunciado que realiza un acto ilocutivo diferente de lo que la forma
linguistica haría prever.

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Más tarde, Searle sugiere una explicación en los siguientes términos: el hablante comunica al
oyente más que lo que dice, basándose en la información de fondo compartida tanto en forma l
come en forma no ling.
Para explicar la interpretación de una interrogativa como: "puedes pasarme la sal?" Searle
propone unos pasos:
- El emisor me ha preguntado si soy capaz de pasarle la sal
- Supongo que su comportamiento es cooperativo y que su comportamiento
responde a una intención determinada (principio de cooperación)
- El contexto de la conversación no indica ningún interés o teórico en mi habilidad
para pasar la sal
- Además el emisor probablemente ya sabe que la respuesta a la pregunta es sí
(información contextual)
- Por lo tanto su enunciado no es una simple pregunta;probablemente tiene alguna
finalidad ilocutiva ulterior
- una condición preparatoria para cualquier acto ilocutivo directivo es la capacidad
del oyente para realizar el acto en cuestión
- Por lo tanto el emisor me ha hecho una pregunta cuya respuesta afirmativa indica
que se satisfece la condición preparatoria
- Sabemos que en la mesa se utiliza la sal y las personas se la pasan las unas a las
otras.
- El emisor por lo tanto está probablemente pidiéndome que le pase la sal.
Finalmente otros autores como Morgan sostienen que los actos indirectos son tipos de actos
convencionales.
La lengua está gobernada por dos tipos de conexiones: las propias del sistema lingüístico (como
por ejemplo la relación entre la forma de la palabra y su significado) y las convenciones de uso que
son de naturaleza cultural y que se sitúan a mitad entre lo convencional y natural.
En este tipo de preguntas la relación entre pregunta y peticiones muy directa. Hay que suponer
que los mecanismos de inferencia pueden sufrir unos procesos de institucionalización. Entre
estos casos Morgan utiliza el nombre de implicaturas cortocircuitadas:
A - Puedes dejarme mil pesetas por favor?
B – Eres capaz de dejarme mil pesetas (por favor)?
Solo en el primer caso resulta una petición natural, y una fórmula convencionalizada, mientras
que la otra respuesta sería inadecuada.

Inferencia

Se entiende por inferencia el proceso interpretativo efectuado por el interlocutor  para deducir el


significado implícito de un enunciado, teniendo en cuenta los datos que posee del contexto.
Dicho de otro modo, mediante la inferencia, el destinatario pone en relación lo que se dice
explícitamente y lo que se dice de modo implícito. Por lo tanto, la inferencia es el proceso que
lleva a la implicatura, esto es, al significado implícito.

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EL DESARROLLO DE LA PRAGMÁTICA
GRICE Y EL PRINCIPIO DE COOPERACIÓN.
1.− Puntos de partida.
Grice se centra en el estudio de ls principios que regulan la interpretación de los enunciados.

2.1. EL PRINCIPIO DE COOPERACIÓN Y LAS MÁXIMAS.


Grice propone una serie de principios no normativos, que se suponen aceptados tácitamente por
cuantos participan de buen grado en una conversación. Todos ellos se incluyen en lo que él llama
principio de cooperación. Se podría establecer un principio general, los participantes deberìan
observar: haga que su contribución a la conversación sea, en cada momento, la requerida por el
propósito o la dirección del intercambio comunicativo en el que está usted involucrado.
No se trata de un principio prescriptivo, sino de un principio descriptivo: es simplemente una
condición de racionalidad que resulta básica para que el discurso inteligible y tenga sentido.
De hecho, el principio de cooperación de Grice es, en el fondo, un cierto tipo de condición
preparatoria que se espera que los participantes observen. Cuando los participantes no se ajustan
a él, la conversación es inconexa y absurda.
Este principio se desarrolla en otras normas de menor rango que, a su vez, se subdividen en
máximas más específicas:
• Cantidad: se relaciona con la cantidad de información que debe darse. Comprende las siguientes
máximas: que su contribución sea todo lo informativa que requiera el propósito del diálogo, pero
que no sea más informativa de lo necesario.
• Cualidad: intente que su contribución sea verdadera.
• Modalidad: sea claro: evite la oscuridad de la expresión, evite la ambigüedad, sea breve, sea
ordenado.
El incumplimiento de estas normas y máximas produce o ciertos de sentido, o ciertas sanciones
sociales ajustadas a la gravedad de la transgresión.

2.2. TIPOS DE CONTENIDOS IMPLÍCITOS.


Una distinción fundamental en la teoría de Grice es la que establece entre lo que se dice:
corresponde básicamente al contenido proposicional del enunciado; y lo que se comunica: es toda
la información que se transmite con el enunciado, pero que es diferente de su contenido
proposicional. Se trata por tanto de un contenido implícito, y recibe el nombre de implicatura.
Existen dos tipos de implicaturas:
Implicaturas convencionales: son aquellas que derivan directamente de los significados de las
palabras, y no de factores contextuales o situacionales.
• Implicaturas no convencionales: se generan por la intervención interpuesta de otros principios.
Pueden ser de dos tipos:
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• conversacionales: cuando los principios que hay que invocar son los que regulan la conversación
(el principio de cooperación y sus máximas).
♦No conversacionales: cuando los principios en juego son de otra naturaleza (estética, social o
moral). Éstas, a su vez, pueden ser:
◊ generalizadas: las que no dependen directamente del contexto de emisión.
◊ Particularizadas: las que sí dependen decisivamente de dicho contexto.◊
3.− Las implicaturas conversacionales.

3.1. EL INCUMPLIMIENTO DE LAS MÁXIMAS.


Las implicaturas conversacionales se generan combinando tres clases de elementos:
- la información contenida en el enunciado
- los factores que configuran el contexto y la situación de emisión
- los principios conversacionales.
La implicatura se convierte, así, en el camino necesario para reconstruir el auténtico contenido
que se ha tratado de comunicar.

3.2. IMPLICATURAS Y MÁXIMAS.


Las implicaturas pueden surgir para tender el puente necesario entre la aparente violación de una
máxima y la presunción de que, a pesar de ello, el principio de cooperación sigue vigente.

3.3. IMPLICATURAS Y CONTEXTO.


En la relación de las implicaturas con el contexto, Grice distingue entre implicaturas
particularizadas e implicaturas generalizadas.
Implicaturas Particularizadas: se producen por el hecho de decir algo en un determinado contexto
Implicaturas generalizadas: tienen lugar independientemente de cuál sea el contexto en que se
emiten. Las implicaturas que dependen de la máxima de relación suelen ser particularizadas, ya
que necesitan actuar sobre los conocimientos contextuales compartidos.

3.4. PROPIEDADES CARACTERÍSTICAS DE LAS IMPLICATURAS CONVERSACIONALES.


Las propiedades propuestas por Grice son las siguientes:
Cancelabilidad: las implicaturas conversacionales son cancelables, sea añadiendo al enunciado en
que aparecen una cláusula que las invalide de manera explícita, sea emitiendo dicho enunciado en
un contexto que indique claramente que se está violando de manera flagrante el principio de
cooperación.
• No separabilidad: las implicaturas conversacionales que no se basan en la violación de las
máximas de manera dependen del contenido expresado, y no del particular modo de expresarlo.
• No convencionalidad: las implicaturas conversacionales no forman parte del significado
convencional de las expresiones a las que se ligan.
• No deducibilidad lógica: las implicaturas conversacionales no son propiedades lógicamente
deducibles o inferibles a partir de lo dicho; es decir, no dependen de lo que se dice, sino más bien
del hecho de decir lo que se dice.
• Indeterminación: lo que se implica conversacionalmente posee un cierto grado de
indeterminación, ya que las maneras de conseguir restaurar la vigencia del principio de
cooperación y de las máximas pueden ser varias y diversas.

4.− Algunas críticas.
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Se considera que, mientras no se demuestre lo contrario, el principio de cooperación y las
máximas están siendo observados por todos los participantes en el diálogo. Y cuando
aparentemente esto no es así con respecto sólo a una de las máximas, opera otra estrategia que
trata de restituir su cumplimiento, reinterpretando lo dicho, de tal manera que se obtiene, por
medio de una implicatura conversacional, un nuevo contenido significativo no contradictorio con
el principio de cooperación.
De este modo, la noción de implicatura permite cubrir la distancia que separa lo que se dice y lo
que efectivamente se comunica (es decir, explicar un tipo de significado del que la semántica no
puede dar cuenta).
A pesar de su interés, el enfoque de Grice resulta, en parte, reduccionista. Hablar no es sólo
desarrollar una actividad casi puramente mecánica destinada a transmitir una información
objetiva de la mejor manera posible; es decir, no consiste en proporcionar sin ambigüedad la
cantidad precisa de datos necesarios y verdaderos. Sin embargo, tal sería el resultado obtenido
por una aplicación estricta de las máximas que integran el principio de cooperación. El propio
autor se dio cuenta de que su formulación era insuficiente.

SPERBER Y WILSON
LA TEORÍA DE LA RELEVANCIA.
Esta teoría se alinea claramente con aquellas teorías que ponen el énfasis en la idea de que lo que
decimos no coincide siempre con lo que queremos decir.
1.− Algunos puntos de partida.
Sperber y Wilson parten de dos ideas: la de que comunicarse no consiste simplemente en
empaquetar los pensamientos o ideas en forma de palabras y enviarlos al destinatario para que, al
desempaquetarlos, recupere los pensamientos e ideas que estaban en la mente del emisor; y la de
que la comunicación no es simplemente una cuestión de codificar y descodificar información.
2.− El modelo.

2.1. CODIFICACIÓN/DESCODIFICACIÓN Y OSTENSIÓN/INFERENCIA.


Según Sperber y Wilson, la comunicación humana pone en funcionamiento dos tipos de
mecanismos diferentes: uno basado en la codificación y descodificación, y otro basado en la
ostensión y la inferencia. Los humanos, por tanto, nos comunicamos por medios diferentes: el
primero es de tipo convencional, y consiste en utilizar correspondencias constantes y previamente
establecidas entre señales y mensajes; y el segundo es de naturaleza no convencional, y se basa en
atraer la atención del interlocutor sobre algún hecho concreto para
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hacerle ver e inferir el contenido que se quiere comunicar.
A su vez, se denomina ostensivo a cualquier comportamiento que hace manifiesta la intención de
hacer manifiesto algo. La inferencia es el proceso por el cual se otorga validez a un supuesto sobre
la base de validez de otro supuesto.

2.2. EL PROCESO DE INFERENCIA.


La inferencia es el proceso que nos hace aceptar como verdadero un supuesto sobre la base de la
verdad de otro supuesto.
Un supuesto es cada uno de los pensamientos que un individuo tiene catalogados como
representaciones del mundo real, son representaciones que un individuo acepta como
verdaderas (esto es, representaciones diferentes de las opiniones personales, las creencias, los
deseos, etc.). Una inferencia es, por tanto, un proceso de tipo deductivo, aunque no
necesariamente ajustado a las leyes de la lógica clásica. Sin embargo, no todos los supuestos son
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igualmente verdaderos ( cuando hay contradicción entre dos supuestos, nos decantamos por el
que nos parece más verosímil; y cuando nos hallamos ante dos posibilidades, tendemos a elegir la
que nos parece más segura). El mayor o menor peso de un supuesto procede de la propia historia
de supuesto. En principio, la fuerza de un supuesto depende de la manera en que éste se ha
adquirido: cuando es fruto de la experiencia directa del individuo, su peso es mayor. Le siguen en
importancia aquellos que han sido transmitidos por otras personas, y, en este caso, la fuerza del
supuesto está en relación directa con el mayor o menor crédito que le otorguemos a quien nos lo
ha transmitido. Pero el peso de los supuestos puede variar por con el tiempo y con las
circunstancias.
La importancia relativa de los supuestos es decisiva a la hora de extraer inferencias: si hemos
convenido en que una inferencia produce un supuesto a partir de otro, parece claro que la
primera restricción que actúa sobre las inferencias tendrá que ver con el grado de fuerza del
supuesto que le sirve de base. Un supuesto cuya veracidad es absoluta dará lugar a una inferencia
más fuerte que la que pueda obtenerse de un supuesto dudoso.
Para Sperber y Wilson, se generarían a través de un sistema formal de deducciones. Una de las
funciones más importantes del mecanismo deductivo es la de derivar automáticamente las
implicaciones de cualquier información nueva en relación con los supuestos e informaciones que
ya se poseen. A este tipo de inferencia se le conoce como implicación contextual, porque en esta
teoría se denomina contexto al conjunto de premisas que se usan en la interpretación de un
enunciado. Así, toda nueva pieza de información que se nos ofrece es automáticamente procesada
por nuestro sistema deductivo en relación con los supuestos contenidos en nuestra mente. No
basta, por tanto, con identificar el contenido del enunciado.

2.3. LA RELEVANCIA.
De la información que no da lugar a efectos contextuales de ningún tipo se dice que es irrelevante.
Hay tres casos típicos en los que una información no origina cambios en el contexto: cuando la
información es nueva, pero de una naturaleza tal que no permite ninguna clase de interacción con
la información previa; cuando la información ya se conocía, y el nuevo supuesto no modifica la
fuerza de los supuestos anteriores; y cuando la información es claramente incoherente con
respecto al contexto y, además, su fuerza es tan débil que no lo modifica.
Contrariamente, una información resulta relevante en un contexto si da lugar a efectos
contextuales.
Sin embargo, esta caracterización sobre lo que es relevante o no resulta todavía insuficiente por
dos razones: la relevancia es cuestión de grado y la relevancia deriva de la relación entre un
supuesto que nos viene dado y un contexto; lo que no está especificado es la forma en que se
determina dicho contexto.
Para resolver el primer problema, Sperber y Wilson sugieren que no basta con calcular el efecto,
es necessario relacionarlo también con el esfuerzo que ha sido necesario invertir para lograr dicho
efecto.
Para resolver el segundo problema, dicen que el contexto no viene dado de antemano, sino que el
destinatario de un enunciado lo elige en cada momento. Lo dado, por tanto, no es el contexto,
sino la presunción de que lo que se ha dicho es relevante. De todos los estímulos que recibimos,
procesamos sólo una mínima parte: precisamente aquella que, en principio, nos parece más
relevante.
Ser relevante no es una característica intrínseca de los enunciados. Se trata más bien de una
propiedad que surge de la relación entre enunciado y contexto, esto es, entre el enunciado, por
una parte, y un individuo con su particular conjunto de supuestos en una situación concreta, por

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otra. Lo que puede ser relevante para alguien en un momento dado, puede no serlo para otra
persona, o puede no serlo para él mismo en otras circunstancias.
El principio de relevancia supone que el que comunica utiliza el estímulo que le parece más
relevante para la persona cuyo entorno trata de modificar. Este principio debe considerarse no
como una máxima que puede seguirse o violarse, sino más bien como una generalización sobre el
funcionamiento de la comunicación ostensivo−inferencial: se aplica sin excepción, se sigue aunque
no se conozca, y no podría violarse ni aun queriendo.
3.− El funcionamiento de la comunicación verbal.
Sperber y Wilson distinguen aquí explicatura e implicatura. Por explicatura entienden el contenido
que se comunica explícitamente por medio del enunciado. Implicatura se refiere, en cambio, al
contenido que se deduce y construye basándose en supuestos anteriores. No hay que identificar
directamente explicatura con contenido descodificado, e implicatura con contenido inferido.

3.1. LA DETERMINACIÓN DE LAS EXPLICATURAS.


La primera tarea del destinatario para interpretar un enunciado es recuperar las explicaturas de
dicho enunciado y asignarle una forma proposicional única. Para ello, el primer paso es
descodificarlo correctamente. Tras la descodificación tiene que entrar en funcionamiento un
proceso inferencial que consta de tres subtareas: desambiguación, asignación de referentes y
enriquecimiento o especificación de referencia de las expresiones vagas.
Sólo si la elección más evidente no funciona por alguna razón, entramos en un proceso consciente
de decisión. Parece que nuestro cerebro filtra inmediatamente toda la información y sólo nos da
acceso a la que mejor cumple con los requisitos de la situación. El principio general que rige estos
tres procesos es, lógicamente, el de relevancia: el destinatario elige, en cada caso, la opción que
implica menor esfuerzo y que, a la vez, da lugar a mayores efectos contextuales.

3.2. LA DETERMINACIÓN DE LAS IMPLICATURAS.


Para Sperber y Wilson las implicaturas son representaciones de algún hecho del mundo real que
el emisor trata de hacer manifiesto a su interlocutor sin expresarlo explícitamente. Las fuentes de
las que proceden las implicaturas pueden ser de varios tipos: pueden tomarse directamente del
contexto, recuperarse del conocimiento enciclopédico almacenado en la memoria o deducirse por
inferencia a partir de las explicaturas y el contexto.
Tanto las premisas elaboradas como las conclusiones sacadas para la perfecta interpretación de un
enunciado están predeterminadas por el emisor: el emisor las ha calculado y espera que su
interlocutor las recupere exactamente. Así, el emisor es responsable de su veracidad: puesto que
sólo recuperando esas premisas, y no otras, se puede obtener una interpretación que resulte
coherente con el principio de relevancia.

Las implicaturas existen porque la interpretación que se logra resulta mucho más rica que la que
se obtendría simplemente con una respuesta totalmente directa. En este sentido, la relevancia
aumenta, porque procesando un solo enunciado se hace manifiesta una gran cantidad de
supuestos.
4.− Consecuencias de la teoría.

La comunicación verbal y la comunicación no verbal, en el fondo, no son dos tipos de


comunicación radicalmente diferentes.
• Se demuestra que entre lengua y comunicación no hay una relación de correspondencia
biunívoca. No es el único medio del que se sirve la comunicación humana.

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• La comunicación humana pone en marcha a la vez dos clases de procesos comunicativos: el de
codificación/descodificación y el de ostensión/inferencia.
• 5.− Algunas críticas al modelo de relevancia.
Es una teoría claramente reduccionista: la comunicación se entiende en términos de
procesamiento e intercambio de información.
• El enfoque exclusivamente cognoscitivo borra o desdibuja la dimensión social de la
comunicación.

EL ESTUDIO DE LA CORTESÍA.
1.− la variante social de la comunicación.
El lenguaje es el más poderoso medio de relación interpersonal. Por ello, lo utilizamos cuando
pretendemos determinados objetivos, cuya consecución depende más o menos directamente de
otras personas. No se trata tan sólo de que el lenguaje sirva de vehículo para las propias
intenciones, sino que debe serlo también de una interacción con los demás.
Conseguir la colaboración del destinatario es una de las tareas fundamentales de la comunicación,
y constituye el objetivo intermedio que hay que lograr para alcanzar el resultado final.
La naturaleza de esta relación que debe darse entre el emisor y el destinatario depende de la
interacción de una compleja serie de factores sociales: la edad, el sexo, el grado de conocimiento
previo, la posición social, la autoridad, la jerarquía...
2.− La cortesía, norma social o estrategia conversacional.
En primer lugar, la cortesía puede entenderse como un conjunto de normas sociales, establecidas
por cada sociedad, que regulan el comportamiento adecuado de sus miembros, prohibiendo
algunas formas de conducta y favoreciendo otras: lo que se ajusta a las normas se considera cortés
y lo que no se ajusta a ellas es sancionado como descortés. Puesto que se trata de normas
externas, es esperable que lo que puede ser cortés en una sociedad sea descortés en otra.
Uno de los aspectos en que resulta más patente la interrelación entre cortesía y formas lingüísticas
es la que se refiere a las formas de tratamiento o dícticos sociales. Cada uno debe tratar al otro de
acuerdo con las posiciones que ambos ocupen dentro de la escala social. Toda modificación
imprevista tiene consecuencias sociales inmediatas. La inadecuación viene dada tanto cuando se
trata a la otra persona con un tono familiar cuando ésta pertenece a un rango social superior,
como cuando se utiliza un trato excesivamente formal con una persona con la que siempre se ha
tenido un trato cordial y familiar, ya que es signo evidente de una voluntad de distanciamiento y
enfriamiento de esa relación.
En segundo lugar, la cortesía puede entenderse como un conjunto de estrategias
conversacionales. El emisor
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debe tener en cuenta que su enunciado se adapte no sólo a sus intenciones y a sus objetivos, sino
también a la categoría y al papel social del destinatario. Por ello, no es difícil imaginar la
importancia de utilizar convenientemente todos los medios que posee el lenguaje para mantener
una relación cordial, especialmente cuando el hablante debe enfrentarse a un conflicto entre sus
objetivos y los de su destinatario, y quiere, a la vez, no romper sus buenas relaciones con él.

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2.1. LA TENSIÓN ENTRE LA CORTESÍA Y LOS PRINCIPIOS CONVERSACIONALES.
El principio de cooperación tenía como meta asegurar una transmisión de información eficaz. La
cortesía, sin embargo, es una estrategia al servicio de las relaciones sociales. Puesto que se trata
de objetivos diversos, es esperable que entre ellos se puedan crear conflictos de interés.
Así, hay ciertos enunciados que pueden transgredir las máximas del principio de cooperación y
que se explica y se hace legítima al considerar la cortesía como un principio superior. Por tanto, en
ocasiones, como cuando transmitimos una mala noticia, se preferirá el circunloquio en lugar de
una formulación clara y directa. Incluso cuando las situaciones no son tan graves, el uso de
estrategias de cortesía sirve para atenuar el carácter negativo de algunas afirmaciones. Sin
embargo, cuando lo importante es transmitir eficazmente una información, y especialmente
cuando esa información interesa en particular al destinatario, la necesidad de concisión y claridad
hacen prevalecer los principios conversacionales por encima de la cortesía.
Esto contrastes sugieren que hay una diferencia clara motivada por el tipo de discurso y por sus
objetivos prioritarios. Se dice que el intercambio es interaccional, cuando lo que importa es el
mantenimiento de las relaciones sociales, y vence la cortesía; y es transaccional, cuando lo
importante es la transmisión eficaz de información, y tienen prioridad los principios
conversacionales.

LAS EXPLICACIONES PRAGMÁTICAS


CONECTIVAS: EL CASO DE LA CONJUNCIÓN Y
No basta con unir por medio de y dos oraciones cualesquiera para que el resultado sea aceptable:
# Un triángulo tiene tres lados y ayer comí pollo.
• Se casó y tuvo un hijo " Tuvo un hijo y se casó.•
La conjunción copulativa no es simplemente una marca de suma o adición; su significado
convencional comprende, al menos, dos valores más: conexión (las dos proposiciones son parte de
la misma situación) y sucesión (el primer acontecimiento es anterior al segundo).
Además, la conjunción y puede adquirir nuevos valores de causalidad, condicionalidad, lugar,
resultado,...
El primer problema es que la lista de valores no está cerrada, y podría alargarse aún más. Como
consecuencia de ello, la definición del significado de y no tiene el grado de explicitud y precisión
requerido. En segundo lugar, nos hallamos también con problemas de inadecuación descriptiva.
En tercer lugar, en la mayor parte de los casos puede eliminarse la y. Por último, en cuanto a los
valores de y, la coincidencia entre lenguas muy diferentes es absoluta.
Sin embargo, el que la y adquiera uno u otro valor depende de las capacidades de inferencia
propias de la especie humana y no de propiedades particulares de los diferentes códigos
lingüísticos. La explicación es que cada una de las diferentes interpretaciones que obtenemos es
consecuencia de nuestro conocimiento del mundo y del contexto y la situación comunicativa en
que se emite el enunciado. La solución es, por tanto, pragmática.

LOS ENUNCIADOS INTERROGATIVOS.


Las oraciones interrogativas aparecen caracterizadas de la manera siguiente: cuando nos
dirigimos a uno o varios oyentes para que nos resuelvan una duda o nos digan algo que
ignoramos, formulamos oraciones interrogativas directas, caracterizadas por su entonación
inconfundible (RAE).
Sin embargo, aplicando este criterio, nos encontramos con oraciones interrogativas en las que no
aparece ningún tipo de duda o ignorancia y, en cambio, se entienden como una petición, una
oferta, un mandato, una afirmación enfática,...

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Por una parte, las características formales que sirven para diferenciar externamente una oración
interrogativa de otras modalidades oracionales son portadoras de un significado fijo, general,
común a todas las realizaciones particulares de uan oración interrogativa. Por otra parte, los
diferentes valores que un enunciado interrogativo puede tener (pregunta, petición de
confirmación, ofrecimiento, sugerencia, afirmación enfática,...) no dependen sólo de la
configuración oracional, sino de la conjunción entre el significado que deriva de la estructura
gramatical, de un lado, y de ciertos factores pragmáticos que rodean y conforman el acto de
enunciación. De esta manera, serán los elementos precisos de la situación comunicativa (objetivo,
conocimientos compartidos, entorno de emisión, relación entre los interlocutores,...) los que
determinen el valor concreto.

LA METÁFORA.
Uno de los principales problemas que debe tratar de resolver la pragmática es el de cómo es
posible que no siempre haya coincidencia entre lo que decimos y lo que queremos decir. Nuestro
lenguaje cotidiano está lleno de metáforas que se reconocen sin necesidad de tener que recurrir a
ningún contexto o situación particular, ni a ningún supuesto sobre las intenciones del emisor. Hay
dos teorías que explican cuál es el mecanismo concreto que hace esto posible: la teoría de la
interacción de rasgos y la teoría de la comparación elidida.
La semántica debe ocuparse del significado de las oraciones, y debe asignar a cada oración un
significado determinado por sus propias reglas, sin traspasar el umbral de lo lingüístico. Lo único
que puede decir una teoría semántica es que una oración como Este hombre es un buitre es una
falsedad categorial porque establece una clasificación anómala. Por ello, el ámbito adecuado para
dar cuenta de los principios y estrategias que regulan el uso y la interpretación de las metáforas es
el de la pragmática. La necesidad de un enfoque pragmático se basa, por tanto, en la
comprobación de que, para interpretar las metáforas, no basta con los mecanismos de
descodificación, sino que se requiere el concurso de principios deductivos más generales.
Grice propone una solución basada en el concepto de implicatura. Grice concibe las metáforas
como violaciones abiertas de la máxima de cualidad. Si se quiere mantener la suposición de que el
emisor está siendo cooperativo, hay que buscar la implicatura que restaure la vigencia de la
máxima.
Para Searle, la interpretación de las metáforas se basa en la existencia de ciertos patrones de
inferencia que funcionan regularmente. En ellos pueden distinguirse tres tipos de estrategias
diferentes: de reconocimiento, de cálculo y de restricción. El modelo de Searle muestra con
claridad que las interpretaciones dependen decisivamente de estrategias, informaciones y
conocimientos que no son estrictamente gramaticales.
Para Sperber y Wilson, las metáforas se consideran como consecuencia de una búsqueda de
mayor relevancia. Todos los tropos se caracterizan por ser tipos de enunciados en que el emisor
expresa abiertamente una creencia que espera que nadie considere literalmente verdadera.

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