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Credos Apostólico y Niceno-Constantinopla

El documento presenta el Credo de los Apóstoles y el Credo de Nicea-Constantinopla. El Credo de los Apóstoles data de los primeros días de la iglesia y fue establecido por los doce apóstoles para explicar las creencias centrales sobre Dios, Jesús y el Espíritu Santo. El Credo de Nicea-Constantinopla surgió en los siglos IV y V para contrarrestar las herejías sobre la naturaleza divina de Jesús y la Santísima Trinidad. Ambos credos siguen siendo declaraciones fundament

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Credos Apostólico y Niceno-Constantinopla

El documento presenta el Credo de los Apóstoles y el Credo de Nicea-Constantinopla. El Credo de los Apóstoles data de los primeros días de la iglesia y fue establecido por los doce apóstoles para explicar las creencias centrales sobre Dios, Jesús y el Espíritu Santo. El Credo de Nicea-Constantinopla surgió en los siglos IV y V para contrarrestar las herejías sobre la naturaleza divina de Jesús y la Santísima Trinidad. Ambos credos siguen siendo declaraciones fundament

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Credo Símbolo de los apóstoles

Credo de Nicea-Constantinopla
Lic Ramón Antonio Pavón
Expresión Oral Y Escrita
0805
Samantha Lisbeth Andino García
Tegucigalpa, 07/06/2021
Credo: Símbolo de los Apostales
Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor;
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos;
subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la
Comunión de los Santos; el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne; y la vida eterna.
Amén.
Resumen
La tradición señala que los doce apóstoles de Jesús establecieron el Credo en los primeros
días de la Iglesia.

Pablo, el primer misionero cristiano, menciona en una carta a una de las primeras iglesias
que lo que él les “transmitió” en sus enseñanzas y escritos fue aquello que le fue
transmitido a él. Las bases de la creencia cristiana, lo que él sostiene es de “primera
importancia”: “Que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue
sepultado, resucitó al tercer día según las Escrituras”.

Los primeros líderes de la iglesia en la primera generación después de los apóstoles


también hicieron declaraciones de fe concisas. Las ideas y la terminología usada por
escritores como Ignacio e Ireneo corresponden a lo que finalmente se transformó en el
Credo de los Apóstoles. Tertuliano llegó a denominarlo “la regla de fe”. El Credo de los
Apóstoles lo hace utilizando declaraciones “Creo” para explicar quién es Dios y qué está
haciendo en el mundo.

Creo en Dios: El Credo sigue refiriéndose a Dios como “creador del Cielo y de la Tierra”.
Llamar a Dios creador lo asimila a un artista o inventor que tras reflexión e invención hace
cosas nuevas. Dentro del Cristianismo, como creador, Dios Padre está separado, por
encima, y en control de todo lo que él ha hecho. Esto es lo que hace que Dios sea
“todopoderoso”.

Creo en Jesucristo: La mayor parte del Credo de los Apóstoles se centra en Jesús. Él es
plenamente humano y plenamente divino. Él es Señor, una posición que demanda más
respeto que el dado a los jefes, líderes o gobernantes. La historia de Jesús comienza con un
milagro: nacido de una virgen, por obra y gracia del Espíritu Santo. Su vida terminó en
crucifixión, una tortuosa ejecución a manos de Pilato, un gobernador romano. Pero a
diferencia de todos los que mueren, Jesús resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y
ahora reina con Dios Padre. Y eso no es todo: Jesús regresará de manera inminente como
juez de “los vivos y los muertos”.

Creo en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo aparece dos veces en el Credo de los
Apóstoles, primero como la potencia detrás de la concepción de la virgen y después como
el sujeto de la tercera afirmación “creo” del Credo. El espíritu es el poder detrás de la
Iglesia católica. Aquí, la palabra “católica” significa universal; es decir, el Credo está
diciendo que existe una Iglesia universal. El Espíritu habilita a los individuos para vivir
juntos en "comunión", un compartir abierto del corazón, las posesiones y la vida diaria de
uno. El Espíritu también da el perdón de los pecados (la mala conducta rebelde responsable
del quebrantamiento del mundo). Por último, el Credo afirma que el Espíritu tiene el poder
de proporcionar cuerpos resurrectos en los que nadie morirá.
Credo de Nicea-Constantinopla
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre,
por quien todo fue hecho; que, por nosotros los hombres
y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu
Santo se encarnó María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato:
padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día,
según las Escrituras y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.

Los apóstoles, animados por el Espíritu Santo, transmiten a través de él los elementos de fe
de los primeros cristianos. Encontramos mención de este símbolo en los primeros siglos,
especialmente en San Ignacio de Antioquía y Tertuliano. El credo niceno nació en el siglo
IV, como respuesta a la herejía arriana. Se formuló durante los concilios de Niceno y de
Constantinopla, y quisieron remarcar la fe en la Santísima trinidad, que Arrió había puesto
en cuestión. Este hombre puso en duda la divinidad de Cristo y es por ello que se explaya
más en la parte de Jesucristo y del Espíritu Santo.

Esta nueva religión y su aspecto trinitario podrían haber asustado a algunos ya que parecía
socavar el monoteísmo. Por lo tanto, era importante reafirmar este misterio de la Trinidad:
de un Dios, presente en tres personas distintas. Este es particularmente el objeto de estos
dos concilios que tuvieron lugar en el año 325 d. C. en Nicea y en el año 381 d. C. en
Constantinopla. El símbolo de Nicea-Constantinopla, una versión más larga y completa del
Credo, proviene de esos dos concilios ecuménicos. Es reconocido por los cristianos de
Occidente, así como por los de Oriente. Incluso hoy, también es reconocido por los
ortodoxos. En esta versión, dos elementos son particularmente detallados y profundizados:

La naturaleza divina de Jesús y su consustancialidad con Dios. En esa época, de hecho,


aparecieron diferentes corrientes que discutieron la naturaleza divina de Cristo, su vínculo
con Dios Padre. Esta hermosa oración del credo es compartida por todos los cristianos;
todos los hermanos en Cristo, con Hozana, rezan por la unidad de los cristianos.

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